J†A
JMJ
Pax
† Lectura del santo Evangelio según Marcos 9, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un
monte alto y se transfiguró
en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente
blancas, con una
blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se
les aparecieron
Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro le dijo a
Jesús:
"Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas: una
para ti,
otra para Moisés y otra para Elías".
En realidad no sabía lo que decía porque estaban asustados. Se
formó entonces
una nube que los cubrió con su sombra y de esta nube salió una
voz que decía:
"Este es mi Hijo amado; escúchenlo".
En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a
Jesús, que estaba
solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña Jesús les mandó
que no contaran a
nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre
resucitara de entre los
muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre
sí qué querría
decir eso de resucitar de entre los muertos. Le preguntaron a
Jesús:
"Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir
Elías?"
El les contestó:
"Si fuera cierto que Elías tiene que venir primero y tiene que
poner todo
en orden, entonces, ¿cómo es que está escrito que el Hijo del
hombre tiene que
padecer mucho y ser despreciado? Por lo demás, yo les aseguro
que Elías ha
venido ya y lo trataron a su antojo, como estaba escrito de
él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio, acompáñame y guíame.
Oremos:
Señor nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada en los
corazones rectos y
sinceros, concédenos la rectitud y sinceridad de vida que
nos hagan dignos de
esa presencia tuya.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Ningún hombre ha podido domar la lengua
Lectura
de la carta del apóstol Santiago
3, 1-10
Hermanos míos: Que no
se pongan tantos de ustedes a
enseñar como maestros, pues a los que enseñamos se nos
juzgará con mayor
severidad.
Todos fallamos en muchas cosas y quien no falla al hablar es
hombre perfecto,
capaz de dominar todo su cuerpo. Piensen que a los caballos
les ponemos el
freno en el hocico para hacerlos obedecer y para dirigir,
así, todo su cuerpo.
Fíjense también en los barcos: son muy grandes, los empujan
vientos muy fuertes
y, sin embargo, el piloto los dirige a su arbitrio por medio
de un pequeñísimo
timón. Pues lo mismo pasa con la lengua: es un órgano muy
pequeño y se cree
capaz de grandes cosas.
Bien saben ustedes, además, que un fuego insignificante
incendia todo un
bosque, pues la lengua es un fuego y encierra en sí todo un
mundo de maldad. Es
uno de nuestros órganos y, sin embargo, contamina al cuerpo
entero: prendida
por el infierno, incendia todo el curso de nuestra
existencia.
Por otra parte, toda clase de fieras y aves, de reptiles y
animales marinos se
pueden domar y han sido domados por el hombre; pero ningún
hombre ha podido
domar la lengua, que es una constante amenaza, cargada de
veneno mortal.
Con la lengua bendecimos al que es nuestro Señor y Padre, y
con ella maldecimos
a los hombres, creados a imagen de Dios. De la misma boca
salen bendiciones y
maldiciones. Hermanos míos, esto no deber ser así.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 11
Tú nos protegerás, Señor.
Sálvanos
tú, Señor, porque ya no hay ni bondad
ni lealtad entre los hombres; no hacen más que mentirse unos
a otros, siempre
hablan con doblez sus corazones.
Tú nos protegerás, Señor.
Extermina,
Señor, a los hipócritas y a
los que dicen fanfarrones: "La lengua es nuestra fuerza:
¿quién será el que
se atreva a darnos órdenes?"
Tú nos protegerás, Señor.
Tus
palabras, Señor, sí son sinceras,
son plata refinada siete veces. Tú nos protegerás, Señor,
nos librarás de esta
gente para siempre.
Tú nos protegerás, Señor.
Aleluya, aleluya.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que
decía: "Este es mi
Hijo amado, escúchenlo".
Aleluya.
Se transfiguró en presencia de ellos
† Lectura del santo Evangelio según Marcos 9, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
tomó aparte a Pedro, a Santiago
y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró
en su presencia. Sus
vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una
blancura que nadie
puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron
Elías y Moisés
conversando con Jesús. Entonces Pedro le dijo a Jesús:
"Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas:
una para ti,
otra para Moisés y otra para Elías".
En realidad no sabía lo que decía porque estaban asustados.
Se formó entonces una
nube que los cubrió con su sombra y de esta nube salió una
voz que decía:
"Este es mi Hijo amado; escúchenlo".
En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a
Jesús, que estaba
solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña Jesús les mandó
que no contaran a
nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre
resucitara de entre los
muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían
entre sí qué querría
decir eso de resucitar de entre los muertos. Le preguntaron
a Jesús:
"Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir
Elías?"
El les contestó:
"Si fuera cierto que Elías tiene que venir primero y tiene
que poner todo
en orden, entonces, ¿cómo es que está escrito que el Hijo
del hombre tiene que
padecer mucho y ser despreciado? Por lo demás, yo les
aseguro que Elías ha
venido ya y lo trataron a su antojo, como estaba escrito de
él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Que este sacrificio,
Señor, que vamos a ofrecerte, nos
purifique y no renueve y nos ayude a obtener la recompensa
eterna, prometida a
quienes cumplen tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Jesús, buen samaritano.
En verdad es justo
darte gracias, y deber nuestro
alabarte, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos
los momentos y circunstancias
de la vida, en la salud y en la enfermedad, en el
sufrimiento y en el gozo, por
tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y
curando a los oprimidos
por el mal. También hoy, como buen samaritano, se acerca a
todo hombre que
sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con
el aceite del
consuelo y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos
sumergidos en la noche del
dolor, vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y
resucitado.
Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos, cantamos a una voz el
himno de tu gloria:
El Señor colmó el deseo de su pueblo: comieron y quedaron satisfechos.
Oremos:
Señor, aviva cada vez más en nosotros el deseo de recibir
este pan eucarístico,
por medio del cual nos comunicas tú la vida verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
6ª SEMANA. SABADO
LOS PROPOSITOS DE LA ORACION
- Jesús nos habla en la oración.
- No desalentarnos si alguna vez parece que el Señor no nos oye... Él nos atiende siempre y llena el alma de frutos.
- Propósitos concretos y bien determinados.
I. Subió Jesús al Tabor con tres de sus discípulos más íntimos, Pedro, Santiago y Juan, que más tarde habrían de acompañarle en Getsemaní (1). Allí oyeron la voz inefable del Padre: Éste es mi hijo, el Amado, escuchadle. Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie, sino a Jesús con ellos.
En Cristo tiene lugar la plenitud de la Revelación. En su palabra y en su vida se contiene todo lo que Dios ha querido decir a la humanidad y a cada hombre. En Jesús encontramos todo lo que debemos saber acerca de nuestra propia existencia, en Él entendemos el sentido de nuestro vivir diario. En Cristo se nos ha dicho todo; a nosotros nos toca escucharle y seguir el consejo de Santa María: Haced lo que Él os diga (2). Ésa es nuestra vida: oír lo que Jesús nos dice en la intimidad de la oración, en los consejos de la dirección espiritual y a través de los acontecimientos y sucesos que Él manda o permite, y llevar a cabo lo que Él quiere de nosotros. “Por esto -enseña San Juan de la Cruz-, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad. Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: "Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en Él, porque en Él te lo tengo dicho y revelado, y hallarás en Él aún más de lo que pides y deseas (...); oídle a Él, porque ya no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar"“ (3).
A la oración hemos de ir a hablar con Dios, pero también a escuchar sus consejos, inspiraciones y deseos acerca del trabajo, de la familia, de los amigos, a quienes debemos acercar a Él. Porque en la oración hablamos a Dios y Él nos habla mediante esos impulsos que nos llevan a mejorar en el cumplimiento de los deberes diarios, a ser más audaces en el apostolado, y nos da luces para resolver -según su querer divino- las cuestiones que se presentan.
Nuestra Madre Santa María -a quien por ser hoy sábado podemos honrar con particular cariño a lo largo del día- nos enseña a escuchar a su Hijo, a considerar las cosas en nuestro corazón como Ella, según lo hace constar por dos veces el Evangelio (4). “Fue la ponderación de las cosas en el corazón lo que hizo que, a compás del tiempo, fuera creciendo la Virgen María en la comprensión del misterio, en santidad, en unión de Dios. Nuestra Señora, contrariamente a la impresión habitual que existe entre nosotros, no se lo encontró todo hecho en su camino hacia Dios, pues le fueron exigidos esfuerzos y fue sometida a pruebas que ningún nacido de mujer -excepto su Hijo- hubiera podido atravesar” (5). En la intimidad con Dios, conoció lo que quería de Ella; allí penetró más y más en el misterio de la Redención, y en la oración encontró sentido a los acontecimientos de su vida: la alegría inmensa e incomparable de su vocación, la misión de José, la pobreza de Belén, la llegada de los Magos, la zozobra de la huida precipitada a Egipto, la búsqueda dolorosa y el feliz encuentro de Jesús cuando éste tenía doce años, la normalidad de los días de Nazaret... La Virgen oraba y comprendía. Así nos ocurrirá a nosotros si aprendemos a tratar con intimidad a Jesús.
II. Éste es mi Hijo, el Amado, escuchadle... Muchas veces debemos oírle, y también preguntarle sobre aquello que no entendemos, que nos sorprende, o sobre las decisiones que hayamos de tomar. Le preguntaremos: Señor, en este asunto, ¿qué quieres que haga?, ¿qué te es más grato?, ¿cómo puedo vivir mejor mi trabajo?, ¿qué esperas de este amigo?, ¿cómo puedo ayudarle?... Y si sabemos estar atentos, oiremos esas palabras de Jesús que nos invitan a una mayor generosidad y nos alumbran para movernos según el querer de Dios. Verdaderamente, podemos decir a Jesús en nuestra oración de hoy: Tu palabra es para mis pies una lámpara, la luz de mi sendero (6), sin la cual andaría dando tropezones, sin rumbo y sin sentido. Guíame, Señor, en mis caminos y no me dejes en medio de tanta oscuridad.
A la oración sincera, con rectitud de intención, y sencilla, como habla un hijo con su padre, un amigo con su amigo, “están siempre atentos los oídos de Dios” (7). Él nos oye siempre, aunque en alguna ocasión tengamos la impresión de que no nos atiende. Como cuando Bartimeo gritaba a Jesús a la salida de Jericó y éste seguía adelante sin pararse ante los ruegos del ciego (8), o en aquella otra ocasión en la que los discípulos piden al Señor que atienda a la mujer sirofenicia que les sigue sin dejar de suplicar por su hija enferma (9). Jesús conocía muy bien el deseo de estas personas y la fe que, con aquella perseverancia en la oración, se hacía más firme y sincera. Él está atento a lo que decimos, interesado en nuestros asuntos, recibe las alabanzas, las acciones de gracias que le dirigimos, los actos de amor, las peticiones, y nos habla, nos abre caminos nuevos, nos sugiere propósitos... En ocasiones será la oración una conversación sin palabras, como ocurre a veces con amigos que se aprecian y se conocen de verdad. Pero, aun sin palabras, ¡se pueden decir tantas cosas!...
Con frecuencia nos ayudará considerar en la oración que somos los amigos más íntimos de Jesús, como los Apóstoles, que nos ha llamado a servirle desde nuestro lugar de trabajo, y con quien hemos de tratar muchos asuntos, como aquellos que le seguían. “El Señor, después de enviar a sus discípulos a predicar, a su vuelta, los reúne y les invita a que vayan con Él a un lugar solitario para descansar... ¡Qué cosas les preguntaría y les contaría Jesús ! Pues... el Evangelio sigue siendo actual” (10). Y también nosotros debemos prestar atención a Jesús que nos habla en la intimidad de la oración.
El Señor deja en el alma abundantes frutos, aunque a veces nos pasen inadvertidos; habla entonces de modo apenas perceptible, pero nos da siempre su luz y su ayuda, sin la cual no saldríamos adelante. Procuremos rechazar cualquier distracción voluntaria, veamos qué debemos cuidar para mejorar ese rato de conversación con el Señor (guarda de los sentidos, mortificación en lo habitual de cada día, poner más atención en la oración preparatoria, pedir más ayudas...) y seguir el ejemplo de los santos, que perseveraron en su oración a pesar de las dificultades. “Muy muchas veces -recuerda Santa Teresa-algunos años tenía más cuenta con desear se acabase la hora que tenía por mí de estar y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no sé qué penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oración” (11). No la dejemos nunca nosotros, aunque alguna vez nos resulte árida, seca y costosa.
“También aprovecha -señala San Pedro de Alcántara- considerar que tenemos el Angel de la guarda a nuestro lado, y en la oración mejor que en otra parte, porque allí está él para ayudarnos y llevar nuestras oraciones al Cielo y defendernos del enemigo” (12).
Éste es mi Hijo, el Amado, escuchadle... Jesús nos habla en la oración. Y la Virgen, nuestra Madre, nos señala cómo hemos de proceder: Haced lo que Él os diga..., nos aconseja, como a los sirvientes de Caná. Porque hacer lo que Jesús nos va diciendo cada día en la oración personal y a través de la dirección espiritual es encontrar la llave que permite abrir las puertas del Reino de los Cielos, es situarse en la línea de esos deseos de Dios sobre la propia existencia. Y cuando somos dóciles a esas insinuaciones y consejos hallamos que nuestra vida se colma de frutos, como aquellos sirvientes de Caná, quienes, por su obediencia a las palabras de nuestra Madre Santa María, encontraron las tinajas de piedra llenas de espléndido vino.
Acudamos a Ella y pidámosle que nos enseñe a hablar con Jesús y a saber escucharle; renovemos el propósito firme de poner cada vez más empeño en la oración; examinemos si estamos atentos a lo que quiera decirnos en ese diálogo.
III. Haced lo que Él os diga... Las palabras de la Virgen son una invitación permanente para llevar a cabo los propósitos que cada día nos sugiere el Señor en nuestra oración personal.
Estos propósitos deben estar bien determinados para que sean eficaces, para que se plasmen en realidades o, al menos, en el empeño porque así sea: “planes concretos, no de sábado a sábado, sino de hoy a mañana, y de ahora a luego” (13).
Muchas veces se referirán a cosas pequeñas de mejora en el trabajo, en el trato con los demás, en procurar aumentar en ese día la presencia de Dios al ir por la calle o en medio de la familia...
Otras veces nos habla el Señor a través de los consejos recibidos en la dirección espiritual, que serán de ordinario el principal empeño por mejorar y tema frecuente de oración. Así cada día, cada semana, casi sin darnos cuenta, el querer divino irá señalando nuestros pasos como una brújula indica al caminante el sendero que lleva hasta la meta. El fin de nuestro viaje es Dios, a Él queremos encaminarnos con seguridad, sin titubeos, sin retrasos, con toda nuestra voluntad. Nuestra primera misión es aprender a escuchar, a conocer esa voz divina que se va manifestando en la vida. Los propósitos diarios y esos puntos de lucha bien determinados -el examen particular- nos llevarán de la mano hasta la santidad, si no dejamos de luchar con empeño.
Hoy podemos ir hasta el Señor a través de Nuestra Señora, quizá diciendo más jaculatorias, rezando mejor el Santo Rosario, deteniéndonos con más amor en la breve contemplación de cada misterio. “Cómo enamora la escena de la Anunciación. -María -¡cuántas veces lo hemos meditado! -está recogida en oración..., pone sus cinco sentidos y todas sus potencias al hablar con Dios. En la oración conoce la Voluntad divina; y con la oración la hace vida de su vida: ¡no olvides el ejemplo de la Virgen!” (14). A Ella le suplicamos hoy que nos dé un oído atento para escuchar la voz de su Hijo, que se nos manifiesta en momentos bien determinados. Éste es mi Hijo, el Amado, escuchadle. También a Ella le pedimos un mayor empeño por llevar a la práctica los propósitos de la oración y los consejos recibidos en la dirección espiritual.
(1) Mc 9, 1-2.- (2) Jn 2, 5.- (3) SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida al Monte Carmelo, 2, 22, 5.- (4) Lc 2, 19; 2, 51.- (5) F. SUAREZ, La Virgen Nuestra Señora, pp. 198-199.- (6) Prov 30, 5.- (7) SAN PEDRO DE ALCANTARA, Tratado de la oración y meditación, 1, 4.- (8) Cfr. Mc 10, 46 ss.- (9) Cfr. Mt 15, 21 ss.- (10) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Surco, n. 470.- (11) SANTA TERESA, Vida, 8, 3.- (12) SAN PEDRO DE ALCANTARA, o. c., II, 4, aviso 51.- (13) Cfr. J. ESCRIVA DE BALAGUER, o. c., n. 222.- (14) Ibídem, n. 481.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San Auxibio, primer Obispo de Chipre
Auxibio nació en Roma, de padres idólatras y tenía carácter dulce y honesto. Para asegurarle un puesto en el desempeño de los cargos públicos, su padre quiso que contrajera un matrimonio ventajoso, pero el santo tenía otros propósitos y pensaba en hacerse cristiano, huyendo de la ciudad y embarcándose en secreto hacia la isla de Chipre. En dicho lugar, Auxibio encontró a Juan Marcos, pariente de San Bernabé quien lo bautizó, confirmó y lo instruyó sobre como predicar para luego ordenarlo sacerdote y obispo. Juan Marco le confió también la misión de predicar en la ciudad de Soles, donde fue acogido favorablemente por un sacerdote de Júpiter, a quien lo edificó con su vida santa, hasta llegar a convertirlo. El Apóstol Pablo supo por Juan Marcos los progresos que hacía la fe en Chipre y le confió a Heracles el poder de instituir más obispo y de construir una nueva Iglesia. Auxibio empezó a predicar la fe en pleno día y luego de la construcción y consagración del nuevo edificio, comenzó su obra de apostolado a la vista de todos. La gracia de Dios lo sostuvo y los milagros corroboraron su predicación de modo que llegó a formar en Soles una comunidad cristiana floreciente. Después de un episcopado de 50 años, Auxibio sintió que se aproximaba su fin y reunió a su clero y los exhortó a permanecer firme en la fe.
En el siglo primero de la era cristiana San Auxibio sirvió como el primer obispo de la isla de Chipre por cerca de 50 años. La isla está ubicada en el mar Mediterráneo, a 113 kilómetros al sur de la actual Turquía, y hoy forma parte de la Unión Europea.
Según la tradición falleció en el año 102
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Conrado de Piacenza Confalonieri, Santo Eremita Franciscano, Febrero 19
Eremita Martirologio Romano:
En Neto, en
Sicilia, san Conrado de Piacenza Confalonieri,
eremita de la Tercera Orden de San Francisco, que,
abandonando los placeres seculares, perseveró
durante más de cuarenta años en una vida austera de
oración y penitencia (1351). |
___________________________________________________________________________________________
Fuente:
Parroquiabeatoalvaro.org
Álvaro de Zamora de
Córdoba, Beato
Predicador Dominico, Febrero 19
Predicador Dominico Martirologio Romano:
En Córdoba, en
la región española de Andalucía, conmemoración del
beato Álvaro de Zamora, presbítero de la Orden de
Predicadores, que se hizo célebre por su modo de
predicar y contemplar la Pasión del Señor (c. 1430). |
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Fuente:
Servitascadiz.com
Isabel Picenardi, Beata
Virgen
Servita, Febrero 19
Virgen Servita Martirologio Romano:
En Mantua, en
Lombardía, beata Isabel Picenardi, virgen, la cual,
habiendo revestido el hábito de la Orden de los
Siervos de María, se consagró a Dios en su casa
paterna, recibiendo frecuentemente la comunión
eucarística, dedicándose a la celebración de la
Liturgia de las Horas, a la meditación de las
Sagradas Escrituras y a la devoción a la Santísima
Virgen (1468). |
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Fuente:
Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando
santoral de este día, Febrero 19
San Quodvultdeus, obispo y mártir |
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Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; hablarcondios.org, Catholic.net, misalpalm.com
Mensajes anteriores en: http://iesvs-org.blogspot.com/
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