J†A
JMJ
Pax
El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 34-38; 9, 1
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijo:
"El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que
cargue con su
cruz y que me siga.
Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que
pierda su vida por
mí y por el Evangelio, la salvará.
¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su vida?
¿Y qué podrá
dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de mí
y de mis
palabras ante esta gente idólatra y pecadora, también el Hijo de
hombre se
avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre
los santos
ángeles".
Y añadió:
"Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin
haber
visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su
poder".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Nota: es una película protestante, por eso falta LA MADRE.
El Misterio de la Misa en 2 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=0QCx-5Aqyrk
El que no valora una obra de arte es porque necesita cultura: https://www.youtube.com/watch? HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mTKKaT-KaKw"v=mTKKaT-KaKw
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/media/y3hgYNp23xu
El Gran Milagro (película completa): http://www.gloria. HYPERLINK "http://www.gloria.tv/media/hYyhhps7cqX"tv/media/hYyhhps7cqX
Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!
San Leonardo, "El GRAN tesoro oculto de la Santa Misa": http: HYPERLINK "http://iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc"//iteadjmj.com/LIBROSW/lpm1.doc
Audio (1/5): https://www.youtube.com/watch?v=2NjKuVnxH58
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). La Misa es lo mínimo para salvarnos. Es como si un padre dijera "si no comes, te mueres, así que come al menos una vez por semana". Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice al otro: “Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso”? ¿Le ama realmente?
Faltar a Misa viola los principales mandamientos: el primero (“Amar a Dios sobre todas las cosas”) y tercero (“Santificar las fiestas”). Por nuestro propio bien y evitar el infierno eterno, Dios sólo nos pide que nos regalemos 1 de las 168 horas de vida que Él nos regala cada semana: 0,6% ¡No seamos ingratos! Idolatramos aquello que preferimos a Él: los “dioses” son el descanso, entretenimiento, comida, trabajo, compañía, flojera. Prefieren baratijas al oro. Si en la Misa repartieran 1 millón de dólares a cada uno, ¿qué no harías para asistir? ¡Pues recibes infinitamente más! “Una misa vale más que todos los tesoros del mundo”… Por todo esto, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
Si rechazamos la Misa, ¿cómo vamos a decir “Padre Nuestro” si rechazamos volver a la Casa del Padre? ¿cómo decir “Santificado sea Tu Nombre”, “Venga a nosotros Tu Reino”, “Hágase Tu Voluntad”, “Danos hoy nuestro pan supersubstancial de cada día” y “no nos dejes caer en la tentación más líbranos del malo”, si todo eso lo obtenemos de la Misa?
Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es imprescindible la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html
Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa (Jn 15,22).
† Misal
Señor Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofrezco de corazón un sacrificio y te doy gracias, Señor, porque eres bueno.
Oremos:
Míranos, Señor, con amor y multiplica en nosotros los dones de
tu gracia; para
que, llenos de fe, esperanza y caridad, permanezcamos siempre
fieles en el
cumplimiento de tus mandatos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
La fe sin obras está muerta
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-24.26
Hermanos míos: ¿De qué
le sirve a uno decir que tiene
fe, si no la demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa
fe?
Supongamos que algún hermano o hermana carece de ropa y del
alimento necesario
para el día, y que uno de ustedes le dice: "Que te vaya bien;
abrígate y
come", pero no le da lo necesario para el cuerpo; ¿de qué le
sirve que le
digan esto? Así pasa con la fe: si no se traduce en obras,
está completamente
muerta.
Quizá alguien podría decir:
"Tú tienes fe y yo tengo obras, a ver cómo, sin obras, me
demuestras tu
fe; yo, en cambio, con mis obras te demostraré mi fe".
Tú crees, por ejemplo, que hay un solo Dios; y haces bien,
pero los demonios
también creen eso y, sin embargo, tiemblan. ¿Quieres saber,
hombre ignorante,
por qué la fe sin obras es estéril? ¿Acaso nuestro padre
Abrahán no fue
justificado por sus obras, cuando ofreció a su hijo Isaac
sobre el altar?
Fíjate cómo su fe colaboraba con sus obras y por las obras se
perfeccionaba su
fe.
Así se cumplió lo que dice aquel pasaje de la Escritura:
Abrahán tuvo fe en
Dios y eso le valió la justificación, y por eso se le llamó
"amigo de
Dios".
Ya ven cómo la persona es justificada por las obras, no por la
fe sola. Pues
así como un cuerpo que no respira es un cadáver, la fe sin
obras está muerta.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 111
Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos
los que temen al Señor y aman
de corazón sus mandamientos; poderosos serán sus
descendientes. Dios bendice a
los hijos de los buenos.
Dichosos los que temen al Señor.
Fortuna y
bienestar habrá en su casa,
siempre obrarán conforme a la justicia. Quien es justo,
clemente y compasivo,
como una luz en las tinieblas brilla.
Dichosos los que temen al Señor.
Quienes,
compadecidos, prestan y llevan
su negocio honradamente jamás se desviarán; vivirá su recuerdo
para siempre.
Dichosos los que temen al Señor.
Aleluya, aleluya.
A ustedes los llamo amigos, dice el Señor, porque les he dado
a conocer todo lo
que le he oído a mi Padre.
Aleluya.
El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 34-38; 9, 1
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús
llamó a la multitud y a sus
discípulos y les dijo:
"El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que
cargue con su
cruz y que me siga.
Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que
pierda su vida por
mí y por el Evangelio, la salvará.
¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su
vida? ¿Y qué podrá
dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de
mí y de mis
palabras ante esta gente idólatra y pecadora, también el Hijo
de hombre se
avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre
los santos
ángeles".
Y añadió:
"Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán
sin haber
visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su
poder".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Dios nuestro, que con la
muerte de tu Hijo llevaste a
término y perfección los sacrificios de la antigua alianza;
acepta y bendice
estos dones, como aceptaste y bendijiste los de Abel, para que
lo que cada uno
te ofrece sea de provecho para la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Jesús, buen samaritano.
En verdad es justo darte
gracias, y deber nuestro
alabarte, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos
los momentos y circunstancias
de la vida, en la salud y en la enfermedad, en el sufrimiento
y en el gozo, por
tu siervo, Jesús, nuestro Redentor. Porque él, en su vida
terrena, pasó
haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal. También
hoy, como buen
samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o
en su espíritu, y
cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la
esperanza.
Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos
en la noche del
dolor, vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y
resucitado.
Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos, cantamos a una voz el
himno de tu gloria:
Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su alianza.
Oremos:
Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía,
míranos con
bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana para
poder vivir como
hijos tuyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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† Meditación diaria
6ª SEMANA. VIERNES
HUMILDAD
- Contar con Dios.
- El egoísmo y la soberbia.
- Para crecer en la humildad.
I. Leemos en el Génesis (1) cómo los hombres se habían empeñado en un colosal proyecto que debería ser, a la vez, un símbolo y el centro de unidad del género humano, mediante la construcción de la gran ciudad de Babel y de una formidable torre. Pero aquella obra no se llevó a término, y los hombres se encontraron más dispersos que antes, divididos entre sí, confundido su lenguaje, incapaces de ponerse de acuerdo... “¿Por qué falló aquel ambicioso proyecto? ¿Por qué se cansaron en vano los constructores? Porque los hombres habían puesto como señal y garantía de la deseada unidad solamente una obra de sus manos, olvidando la acción del Señor” (2). El Papa Juan Pablo II, al comentar este texto de la Sagrada Escritura, relaciona el pecado de estos hombres, “que quieren ser fuertes y poderosos sin Dios, o incluso contra Dios”, con el de nuestros primeros padres, que tuvieron la pretensión engañosa de ser como Él (3); es la soberbia, que está en la raíz de todo pecado y que tiene manifestaciones tan diversas. En la narración de Babel, la exclusión de Dios no aparece como enfrentamiento con Dios, “sino como olvido e indiferencia ante Él; como si Dios no mereciese ningún interés por el ámbito del proyecto operativo y asociativo. Pero en ambos casos la relación con Dios es rota con violencia” (4).
Nosotros debemos recordar con frecuencia que Dios ha de ser en todo momento la referencia constante de nuestros deseos y proyectos, y que la tendencia a dejarse llevar por la soberbia perdura en el corazón de todo hombre, de toda mujer, hasta el momento mismo de su muerte. Esa soberbia nos incita a “ser como Dios”, aunque sea en el pequeño ámbito de nuestros intereses, o a prescindir de Él, como si no fuera nuestro Creador y Salvador, del que dependemos en el ser y en el existir. Lo mismo que en la narración de los hechos de Babel, una de las primeras consecuencias de la soberbia es la desunión: en la misma familia, entre hermanos, amigos, colegas, vecinos...
El soberbio tiende a apoyarse exclusivamente -como los constructores de Babel- en sus propias fuerzas, y es incapaz de levantar su mirada por encima de sus cualidades y éxitos; por eso se queda siempre a ras de tierra. De hecho, el soberbio excluye a Dios de su vida, “como si no mereciese ningún interés”: no le pide ayuda, no le da gracias; tampoco experimenta la necesidad de pedir apoyo y consejo en la dirección espiritual, a través de la cual llega en tantas ocasiones la fuerza y la luz de Dios. Se encuentra solo y débil, aunque él se crea fuerte y capaz de grandes obras; también por eso es imprudente y no evita las ocasiones en las que pone en peligro la salud del alma. Dios -enseña el Apóstol Santiago- da su gracia a los humildes y resiste a los soberbios (5). Muchas veces se ha dicho que la soberbia es el mayor enemigo de la santidad, por ser origen de gran número de pecados y porque priva de innumerables gracias y méritos delante del Señor (6); es, a la vez, el gran enemigo de la amistad, de la alegría, de la verdadera fortaleza...
No queramos prescindir del Señor en nuestros proyectos. “Él es el fundamento y nosotros el edificio; Él es el tallo de la cepa y nosotros las ramas (...). Él es la vida y nosotros vivimos por Él (...); es la luz y disipa nuestra oscuridad” (7). Nuestra vida no tiene sentido sin Cristo; no debe tener otro fundamento. Todo quedaría desunido y roto si no acudiéramos a Él en nuestras obras.
II. La humildad está en el fundamento de todas las virtudes y constituye el soporte de la vida cristiana. A esta virtud se opone la soberbia y su secuela inevitable de egoísmo. La persona egoísta hace de sí la medida de todas las cosas, hasta llegar a la actitud que San Agustín señala como el origen de toda desviación moral: “el amor propio hasta el desprecio de Dios” (8). El egoísta no sabe amar: busca siempre recibir, porque en el fondo sólo se quiere a sí mismo. No sabe ser generoso ni agradecido, y cuando da, lo hace calculando el posible beneficio que le reportará. No sabe dar sin esperar nada a cambio. En el fondo, el egoísta desprecia a los demás.
La soberbia es, en efecto, la raíz del egoísmo, que es una de sus primeras manifestaciones; en este vicio se encuentra el principio de toda maldad (9). El egoísta (mirar todo en cuanto me reporta algún beneficio) y la soberbia (la falsa valoración de las cualidades propias y el deseo desordenado de gloria) son vicios que se confunden frecuentemente, y en ellos se encuentra de alguna manera el desorden radical de donde arrancan todos los pecados, porque el origen de todo pecado es la soberbia (10), y el comienzo de la soberbia del hombre es apartarse de Dios (11).
Cuántas veces hemos experimentado en nuestra vida personal la realidad de aquella enseñanza de Santa Catalina de Siena: el alma no puede vivir sin amar y cuando no ama a Dios se ama desordenadamente a sí misma, y este amor desgraciado “oscurece y encoge la mirada de la inteligencia, que deja de ver claro y sólo se mueve en una falsa claridad. La luz con que la inteligencia ve en adelante las cosas es un engañoso brillo del bien, del falso placer al cual se inclina ahora el amor... De él no saca el alma otro fruto que soberbia e impaciencia” (12).
Con la gracia de Dios, hemos de vivir vigilantes, combatiendo la soberbia en sus variadas manifestaciones: la vanidad y la vanagloria (a veces muy señaladas en los pensamientos inútiles, en los que se es frecuentemente el centro, el héroe, el que triunfa en toda situación), el desprecio de los demás (manifestado en burlas, ironías, juicios negativos..., intervenciones intemperantes en la conversación, sintiéndose siempre en la necesidad de puntualizar o de poner el punto final). El soberbio suele ser desagradecido, y no habla sino de sí, de su persona y de sus cosas, que es en el fondo lo único que le interesa...
“Hemos de pedir al Señor que no nos deje caer en esta tentación. La soberbia es el peor de los pecados y el más ridículo. Si logra atenazar con sus múltiples alucinaciones, la persona atacada se viste de apariencia, se llena de vacío, se engríe como el sapo de la fábula, que hinchaba el buche, presumiendo, hasta que estalló. La soberbia es desagradable, también humanamente: el que se considera superior a todos y a todo, está continuamente contemplándose a sí mismo y despreciando a los demás, que le corresponden burlándose de su vana fatuidad” (13).
No permitas, Señor, que caiga en ese desgraciado estado, en el que no contemplo tu rostro amable ni veo tampoco tantas virtudes y buenas cualidades que poseen quienes me rodean.
III. Para levantar el elevado edificio de la vida cristiana debemos tener un gran deseo de ahondar en la virtud de la humildad: pidiéndosela al Señor, siendo sinceros ante nuestras equivocaciones, errores y pecados, ejercitándonos en actos concretos de desasimiento del propio yo... De ella nacen incontables frutos y está relacionada con todas las virtudes, pero de modo particular con la alegría, la fortaleza, la castidad, la sinceridad, la sencillez, la afabilidad y la magnanimidad; la persona humilde tiene una especial facilidad para la amistad y, por tanto, para el apostolado; sin humildad no es posible vivir la caridad.
Para ser más humildes debemos estar dispuestos a aceptar la humillación que suponen aquellos defectos que no logramos superar, las flaquezas diarias... Muchos días, quizá con más atención en determinadas temporadas, nos puede ayudar a la hora del examen alguna de estas preguntas: “¿supe ofrecer al Señor, como expiación, el mismo dolor, que siento, de haberle ofendido ¡tantas veces!?; ¿le ofrecí la vergüenza de mis interiores sonrojos y humillaciones, al considerar lo poco que adelanto en el camino de las virtudes?” (14). Y luego, las humillaciones de fuera, las que no esperábamos o las que nos parecen injustas, ¿las llevamos por Cristo? (15).
Si buscamos la roca firme para edificar que es la humildad de Nuestro Señor, cada día encontramos incontables ocasiones para ejercitarla: hablar sólo lo necesario -o mejor un poco menos- de nosotros mismos, ser agradecidos por los pequeños favores de quienes están a nuestro lado, considerando que nada merecemos, agradecer a Dios los innumerables beneficios que recibimos, querer hacer la vida más amable a quienes encontramos a lo largo de la jornada, rechazar los pensamientos inútiles de vanidad o de vanagloria, no perder las ocasiones de prestar pequeños servicios en la vida familiar, en el trabajo, en cualquier parte; dejarse ayudar, pedir consejo, ser muy sincero con uno mismo -pidiendo ayuda al Señor para no justificar los pecados y las faltas, aquellas cosas que nos humillan y de las que tenemos que pedir perdón, a veces, a los demás-, con Dios y en la dirección espiritual, donde también encontramos a Jesús...
Poniendo los ojos en Cristo, encontramos también el desasimiento necesario para rectificar, que es camino de humildad, en las muchas cosas en que podemos habernos equivocado (porque nos faltaban datos, o ha cambiado alguno de ellos, o no habíamos profundizado en el problema...).
Aprendamos esta virtud contemplando la vida de Santa María. Dios hizo en Ella cosas grandes “"quia respexit humilitatem ancillae suae" -porque vio la bajeza de su esclava...
“-¡Cada día me persuado más de que la humildad auténtica es la base sobrenatural de todas las virtudes! “Hablad con Nuestra Señora, para que Ella nos adiestre a caminar por esa senda” (16).
(1) Primera lectura,. Año I. Gen 11, 1-9.- (2) JUAN PABLO II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 13.- (3) Cfr. Gen 3, 5.- (4) JUAN PABLO II, o. c., 14.- (5) Sant 4, 6.- (6) Cfr. R. GARRIGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, vol. I, pp. 445-446.- (7) SAN JUAN CRISOSTOMO, Homilía sobre la 1ª Epístola a los Corintios, 8.- (8) SAN AGUSTIN, Sobre la ciudad de Dios, 14, 28.- (9) SANTO TOMAS, Suma Teológica, 1-2, q. 77, a. 4 c.- (10) Eclo 10, 15.- (11) Ibídem, 10, 14.- (12) SANTA CATALINA DE SIENA, El Diálogo, 51.- (13) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 100.- (14) IDEM, Forja, n. 153.- (15) Cfr. IDEM, Camino, n. 594.- (16) IDEM, Surco, n. 289.
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† Santoral (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)
Santa Bernardita
Soubirous
(1879)
Nació en Lourdes (Francia) en
1844. Hija de padres
supremamente pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María
Bernarda
(nombre que ella empleará después cuando sea religiosa) pero
todos la llamaban
Bernardita.
Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.
Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15).
En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: "Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo". Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. Un día ve unas ovejas con una mancha verde sobre la lana y pregunta al papá: ¿Por qué tienen esa mancha verde? El papá queriendo chancearse, le responde: "Es que se indigestaron por comer demasiado pasto". La muchachita se pone a llorar y exclama: "Pobres ovejas, se van a reventar". Y entonces el señor Soubirous le dice que era una mentirilla. Una compañera le dice: "Es necesario ser muy tonta para creer que eso que le dijo su padre era verdad". Y Bernardita le responde: ¡Es que como yo jamás he dicho una mentira, me imaginé que los demás tampoco las decían nunca!
Desde el 11 de febrero de 1859
hasta el 16 de julio del
mismo año, la Sma. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita.
Las apariciones
las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero. Nuestra
Señora le dijo:
"No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra". Y
así
sucedió . La vida de la jovencita, después de las apariciones
estuvo llena de
enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto
fue adquiriendo
un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para
el cielo.
Las gentes le llevaban dinero, después de que supieron que la Virgen Santísima se le había aparecido, pero ella jamás quiso recibir nada. Nuestra Señora le había contado tres secretos, que ella jamás quiso contar a nadie. Probablemente uno de estos secretos era que no debería recibir dineros ni regalos de nadie y el otro, que no hiciera nunca nada que atrajera hacia ella las miradas. Por eso se conservó siempre muy pobre y apartada de toda exhibición. Ella no era hermosa, pero después de las apariciones, sus ojos tenían un brillo que admiraba a todos.
Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. "Vaya ", le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.
Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el sr. alcalde le dijo: ¿Es que la confundieron con una ternera? Y la niña le respondió: ¿Señor alcalde, a usted si le sirven lechugas en el almuerzo? "Claro que sí" ¿Y es que lo confunden con un ternero? Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.
Bernardita pidió ser admitida en
la Comunidad de Hijas de
la Caridad de Nevers. Demoraron en admitirla porque su salud era
muy débil.
Pero al fin la admitieron. A los 4 meses de estar en la
comunidad estuvo a
punto de morir por un ataque de asma, y le recibieron sus votos
religiosos,
pero enseguida curó.
En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Cuando le llegaban los más terribles ataques exclamaba: "Lo que le pido a Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Sma. Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores".
Uno de los medios que Dios tiene para que las personas santas lleguen a un altísimo grado de perfección, consiste en permitir que les llegue la incomprensión, y muchas veces de parte de personas que están en altos puestos y que al hacerles la persecución piensan que con esto están haciendo una obra buena.
Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: "No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra".
Duró quince años de religiosa. Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Cuando llegaba el invierno, con un frío de varios grados bajo cero, se ahogaba continuamente y su vida era un continuo sufrir.
Deseaba mucho volver a Lourdes,
pero desde el día en que
fue a visitar la Gruta por última vez para irse de religiosa,
jamás volvió por
allí. Ella repetía: "Ah quién pudiera ir hasta allá, sin ser
vista. Cuando
se ha visto una vez a la Sma. Virgen, se estaría dispuesto a
cualquier
sacrificio con tal de volverla a ver. Tan bella es".
Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.
Cuando ya le faltaba poco para morir, llegó un obispo a visitarla y le dijo que iba camino de Roma, que le escribiera una carta al Santo Padre para que le enviara una bendición, y que él la llevaría personalmente. Bernardita, con mano temblorosa, escribe: "Santo Padre, qué atrevimiento, que yo una pobre hermanita le escriba al Sumo Pontífice. Pero el Sr. Obispo me ha mandado que lo haga. Le pido una bendición especial para esta pobre enferma". A vuelta del viaje el Sr. Obispo le trajo una bendición especialísima del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo el Santo Padre.
El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: "Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!" Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: "Ruega Señora por esta pobre pecadora", y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.
A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. Y el 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío Once la declaró santa.
Bernardita: tú que tuviste la dicha de ver a la Sma. Virgen aquí en la tierra, haz que nosotros tengamos la dicha de verla y acompañarla para siempre en el cielo.
MAS SOBRE LA HISTORIA DE LA VIRGEN DE LOURDES
http://www.ewtn.com/spanish/Maria/lourdes.htm
Fuente:
Archidiócesis de Madrid
Eladio, Santo
Arzobispo, 18 de
febrero del 632.
Arzobispo
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Fray Angelico, San Pintor, 18 de febrero
Febrero
18
Etimológicamente significa “mensajero”. Viene
de la lengua griega. |
Angilberto de Centula Abad, 18 de febrero
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Febrero
18
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El Evangelio de San Mateo describe a San Simeón como uno de los parientes o hermanos del Señor. Su padre era Cleofás, hermano de San José, y su madre, era hermana de la Virgen María, siendo Simeón primo carnal del Señor. Sin duda, el santo fue uno de los hermanos de Jesús que recibió el Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Siendo asesinado Santiago el menor por lo judíos, los apóstoles y discípulos se reunieron para elegir a su sucesor en la sede de Jerusalén y por unanimidad escogieron a Simeón. El año 66 estalló en Palestina la guerra civil a consecuencia de la oposición de los judíos a los romanos y parece que los cristianos de Jerusalén recibieron del cielo el aviso de que la ciudad sería destruida y que debían salir de ella sin tardanza, refugiándose con el santo en la ciudad de Pela.
Después de la toma y destrucción de Jerusalén, los cristianos volvieron y se establecieron en las ruinas, hasta que el emperador Adriano arrasó con los escombros, pero este hecho permitió que la Iglesia floreciera grandemente y que numerosos judíos se convirtieran al cristianismo debido a los milagros obrados por los santos. Vaspaciano y Domiciano mandaron a matar a todos los miembros descendientes de David, pero Simeón consiguió escapar.
Sin embargo, durante la persecución de Trajano, fue denunciado como cristiano y descendiente de David, siendo sentenciado a muerte por el gobernador romano Atico. Fue torturado y crucificado, soportando con fortaleza y valentía el suplicio, pese a que contaba con 120 años.
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Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; hablarcondios.org, Catholic.net, misalpalm.com
Mensajes anteriores en: http://iesvs-org.blogspot.com/
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