DON PEDRO PÉREZ ZELEDÓN,
BENEMÉRITO DE LA PATRIA.
Luis Enrique Arce Navarro.
Educador- Escritor.
Decir de Don Pedro Pérez Zeledón es hablar de un forjador republicano de una importante época cuando se impulsan las ideas liberales de nación comandada por una pequeña élite de escritores, políticos e intelectuales, conocida como el “Olimpo”. Decir de Don Pedro es hablar de su destierro; de valores e identidad nacional; del agricultor que llevó por siempre en su alma; de uno de los pioneros desarrolladores de la educación y de las leyes; de la definición de nuestras fronteras, de la colonización y el desarrollo de la zona sur de nuestro país e incluso del primero y quizás el único señor que ha hecho un estudio serio de la esclavitud en Costa Rica, tiempo negro y doloroso en la Conquista y parte de la Colonia.
Don Pedro nació en un ambiente humilde en plena ciudad de San José, el 4 de enero de 1854; de madre soltera, situación terriblemente censurada en aquella época. Su infancia y adolescencia y gran parte del resto de su vida, supo decir SÍ, con trabajo y obras a aquella Costa Rica dominada en la política y la economía por los intereses de la oligarquía cafetalera.
Hombre de familia, bondadoso y bueno, creyente con firmeza en Dios, en la tecnología, en la investigación, en el conocimiento y las hipótesis; gran amigo de promover el sentido común de la vida, creyente en la voluntad para hacer del trabajo comunitario la herramienta principal de la vida en sociedad.
Fue desterrado a Santa María de Dota por el dictador Tomás Guardia; esto por las críticas severas que Don Pedro le dirige en 1880, desde el periódico El Ciudadano cuyo director fue el mismo Pérez Zeledón. En el destierro suspende su profesión de abogado y abraza el noble oficio de la agricultura, herencia materna.
Para la zona de Los Santos fue de mucho provecho la presencia de Don Pedro, porque ahí se dedicó al trabajo agrícola, al diálogo constructivo y a la instrucción de jóvenes que fueron líderes con base en la lectura, el análisis y la participación comunal activa en aquella Costa Rica ya lejana en el tiempo. Y así surgieron algunos colonizadores de la zona sur y del valle de El General; entre ellos Patrocinio Barrantes Vargas, fundador de San Isidro de El General y Emigdio Ureña Zúñiga que hizo de los pueblos de la zona de Los Santos y del Sur, comunidades productivas a la vida nacional.
En 1897, Don Pedro formó parte de la Comisión de Límites con Nicaragua, fue así como se logró la interpretación apropiada del Tratado Cañas Jerez y el trazado definitivo de la línea fronteriza. Su trabajo objetivo y de alta credibilidad, lo faculta para reconciliar intereses nacionales y nicaragüenses de aquel momento. Don Pedro es quien resuelve gran cantidad de diferendos limítrofes entre Costa Rica y Nicaragua y da la plataforma de entrada para los límites entre Costa Rica y Panamá. En estas misiones tan delicadas, tiene que leer, estudiar, interpretar y repasar la historia de las épocas de la Conquista y de la Colonia.
En otro momento fue enviado a Europa y a Estados Unidos a investigar las nuevas técnicas educativas y a la vez contratar profesores para que desempeñaran cargos docentes en el Colegio Superior de Señoritas y en el Liceo de Costa Rica, instituciones fundamentales (creadas en el gobierno de Soto Alfaro) en el giro que daría la educación nacional con las reformas que promovía la Ley de Educación Común de 1886. Con estas y otras acciones pro educación se inicia en Costa Rica la lucha contra el analfabetismo, lucha que se intensifica en todo el siglo XX, hasta lograr los frutos actuales reflejados en los bajos índices de analfabetismo. En aquellos tiempos el analfabetismo era del 80%, en la actualidad no sobrepasa el 4%.
Tanto que debemos agradecerle en esta Patria que hoy día necesita de líderes y no utilitarios de la política como medio de hacer riquezas y patrimonios familiares.
Él murió el 31 de mayo de 1930, pobrísimo como mueren los verdaderos servidores de la humanidad. José Martí nos dejó dicho que: Honor a quien honor merece. Entonces Costa Rica, en estos 190 noventa años de vida independiente, hagámosle Honores a Don Pedro Pérez Zeledón, que honor merece todo su trabajo, su entrega de vida a la causa republicana en favor de la Patria que por dicha, en la actualidad, se sostiene aunque sea en el filo del despeñadero feroz.
Con el eco y la resonancia de las palabras del insigne historiador Carlos Meléndez (1926-2000) doy fin a este trabajo: Es mucho lo que todavía queda por decir de él, pero ya habrá quizá otra oportunidad para hacerlo (…) a quien puede ser llamado con toda exactitud”Benemérito de la Patria”