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El problema de Dios en la Masonería- por José A. Ferrer Benimeli

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May 26, 2010, 10:14:50 PM5/26/10
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El problema de Dios en la Masonería- por José A. Ferrer Benimeli
El Gran Oriente francés, el 28 de noviembre de 1885 -es decir, ocho
años
después de que suprimiera de sus Constituciones la fórmula del “Gran
Arquitecto del Universo”- intentó que la Gran Logia de Inglaterra
revocara la
excomunión lanzada con tal motivo. La respuesta que recibió fue la
siguiente:
“La Gran Logia de Inglaterra sostiene y siempre ha sostenido que la
creencia en
Dios es la primera gran señal de toda verdadera y auténtica Masonería,
y fuera
de esta creencia profesada como principio esencial de su existencia,
ninguna asociación
está en derecho de reclamar la herencia de las tradiciones y de las
prácticas
de la antigua y pura Masonería. El abandono de este Landmark, en la
opinión
de la Gran Logia de Inglaterra, suprime la piedra fundamental de todo
edificio
masónico”.
http://groups.google.com/group/secreto-masonico
En 1938 y de nuevo en 1949 las tres Grandes Logias de Inglaterra,
Irlanda y
Escocia declararon solemnemente que “la primera condición para ser
admitido
en la Orden y ser miembro es la fe en el Ser Supremo. Condición que se
considera
esencial y no admite compromiso. La segunda es “que la Biblia,
considerada
por los masones como el volumen de la Santa Ley, permanezca abierta en
la
Logia”. Finalmente, “quienquiera que entre en la Masonería sepa, desde
su admisión,
que está estrictamente prohibido sostener todo acto que tienda a
subvertir
la paz y el buen orden de la Sociedad; debe obediencia a las leyes del
Estado en
el que reside, y jamás ha de faltar al juramento de fidelidad que le
liga al
Soberano de su país natal”. Además, “ni en la logia, ni en calidad de
francmasón,
le está permitido discutir o propagar sus propios puntos de vista
acerca de cuestiones
teológicas o políticas”.
Esta doble obligación de creer en Dios y de prohibirse en la logia
toda discusión
religiosa o política, así como toda acción subversiva contra el orden
público es tan
importante que la Gran Logia de Inglaterra “rechaza absolutamente
tener relación
alguna y rehúsa considerar como francmasones a aquellas asociaciones
que se pretenden
tales, pero que no se adhieren a estos principios”.
Existen, pues, varias Masonerías en el mundo totalmente
independientes, pero,
sin embargo, con distintos matices, el espíritu masónico es único.
Las Obediencias tienen distintas inspiraciones. Algunas, hemos visto,
bajo la
influencia de la Gran Logia de Inglaterra son teístas. Sólo admiten en
su seno a
los que [cristianos, musulmanes, judíos, hindúes...] reconocen un Dios
como
principio creador -el Gran Arquitecto del Universo- y una fe en la
verdad revelada,
tal como se encuentra en la Biblia y otros libros sagrados, como el
Corán, los
Vedas, etc.
Otras Obediencias -en especial algunas de las llamadas masonerías
latinas- son
de inspiración racionalista o liberal [como algunos prefieren hoy
calificarlas] y
rechazan, como el Gran Oriente de Francia, la referencia al Gran
Arquitecto del
Universo y profesan un estricto laicismo, suprimiendo de sus rituales
incluso la
Biblia.
Entre ambos extremos hay posiciones intermedias, como la Gran Logia de
Francia, que, sin exigir la creencia en el G.A.D.U., sin embargo, lo
admiten como
un símbolo indeterminado, un poder tutelar y desconocido. La Biblia
tampoco
tiene el carácter de libro revelado, sino el de un libro sagrado entre
los demás, que
atestigua la sabiduría del hombre. Respetan la tradición sin tratar de
saber lo que
en realidad significa, lo que en ella se esconde.

Esta diversidad de Obediencias no impide, sin embargo, que el espíritu
masónico
tenga una profunda unidad. Todos los masones del mundo buscan la
verdad,
y exigen tolerancia, libertad y fraternidad, dentro de un marco de
igualdad.
El masón en cualquier caso puede vivir en la logia la experiencia
reconfortante
de la solidaridad y del saberse escuchar mutuamente, y experimenta la
importancia
del ritual. Que el acento propiamente litúrgico, a veces esotérico,
sea más marcado
en unas obediencias, o que sea mitigado por un aspecto más simplemente
cultural
o social en otras, el hecho es que la Masonería no abandona sus
signos, siglas, ritos
y símbolos. A través de esta solidaridad, estos intercambios, estos
rituales, un hombre
nuevo nace o, tomando la terminología masónica, la “piedra bruta”
accede a la
dignidad de “piedra tallada”.
Para comprender de qué hombre se trata aquí es preciso evocar la
visión del
mundo que cada obediencia tiene. Según las diversas interpretaciones,
ya apuntadas,
es lógicamente natural que se formarán hombres bien diferentes. En
cualquier
caso siempre será requerido el esfuerzo moral, si bien en un sentido
de perfeccionamiento
de todas las virtudes del humanismo laico, en unos casos, y en un
sentido
de iniciación espiritual en otros.

Libro Masones
José A. Ferrer Benimeli

http://groups.google.com/group/secreto-masonico

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