Así, pues, a semejanza de nuestros ilustres antepasados, como CCab.·.
ROSACRUZ, HH.·. en el mismo ideal, pasemos a la sala de los Ágapes, a
sellar una vez mas nuestra íntima fraternidad, comiendo del mismo pan
y bebiendo del mismo vino, llenos nuestros corazones de franca
alegría, fruto de la felicidad indecibles que nos une.
(Da los golpes del Gr.·. todos se ponen en pie. El Doct.·. M.·. Se
dirige a la Sala de Ágapes, seguido del Cap.·. De uno en uno, según
su
rango y antigüedad.
De preferencia la cena se verificará en una terraza descubierta o
cubierta, pero ampliamente abierta al oriente.
El Ecónomo entregará a cada uno de los DDg.·. una caña de seis a
siete
pies de largo (bordones) que tomarán con la mano izquierda. De ser
posible todos vestirán de gala, luciendo sus condecoraciones. El acto
no es de luto, sino de solemne regocijo.
Entrando al Cenáculo dan siete vueltas alrededor de la mesa. A la
tercera, queda al Or.·. el Doct.·. M.·. , a la cuarta, los VVig.·. ,
al lado del Doct.·. , a la quinta, los demás dignatarios, a la sexta
los CCab.·. Y al séptima, los dos caballeros últimamente recibidos).
(La mesa para la cena estará cubierta con un mantel blanco. En el
Or.·. (o una cabecera de la mesa) se colocará un papel rojo
triangular
con la inicial en blanco de la P.·. S.·. ; una copa, vino y pan).
A Or.·. y al Occ.·. (o sea a las dos cabeceras de la mesa) se
colocarán dos candelabros triangulares de siete luces con bujías
rojas
encendidas en el de Or.·. y apagadas en el de Occ.·.
Se procurará que la mesa sea ancha, a fin de que quepan en cada uno
de
los extremos tres asientos; por que lo clásico sería que los asientos
fueran divanes en los cuales cupieran tres HH.·. en cada uno, de
manera que, alrededor de la mesa, formaran como grupos de tres HH.·.
El Doct.·. M.·. Designará previamente a siete HH.·. , de preferencia
a
los candidatos en las próximas elecciones o, en su defecto, a HH.·.
de
altos grados para que ocupen los asientos de Occ.·. , presididos por
el de mayor graduación. Estos HH.·. serán los encargados de encender
las luces del candelabro de Occ.·. En el orden que señale el que los
presida y conforme lo vaya requiriendo el Ritual).
Cuando todos los HH.·. estén convenientemente instalados (habiendo
dejado los bordones), se verificará el acto de la cena.
Cuando ésta ha terminado dice el:
DOCT.·. M.·. EEXC.·. y PP.·. CCAB.·. , habiendo sellado una vez más
nuestro pacto, compartiendo nuestro pan y nuestro vino, es propicia
la
hora para dirigir nuestro pensamiento hacia las edades que nos han
precedido, y admirar las luces que durante ellas han iluminado el
camino de los hombres. Me refiero a nuestros HH.·. Mayores los
iniciados de todos los tiempos, las mas espléndidas flores que ha
creado el G.·.
A.·. D.·. U.·. , Tenéis la pal.·.
M.·. de CER.·. (Poniéndose de pie).
El Primer Gran Instructor de la raza aria de que tenemos memoria fue
Rama, Profeta de los Vedas. Condujo a los arios a la conquista de
Egipto, dominado antes por Instructores negros Atlantes (los hijos de
la Negra).
Desde entonces Rama es el Mago Blanco frente al Mago Negro, de quien
siempre resulta vencedor en los distintos lances de su perenne duelo.
A él debemos los signos del Zodiaco. Este fue el testamento del
patriarca de los Iniciados. Extraño libro, escrito con estrellas, en
jeroglíficos celestes, en el firmamento sin fondo y sin límites! Al
fijar los doce signos del Zodiaco, Rama les atribuyó un triple
sentido: el primero se relaciona con las influencias del Sol en los
doce meses del año; el segundo relataba en cierto modo su propia
historia; y el tercero indicaba los medios ocultos de que se había
valido para alcanzar al Inic.·. Así fue Rama, cuando nos dejó (apaga
la bujía mas baja de la izquierda del candelabro de
Or.·. y se sienta).
El H.·. DESIGNADO EN OCC.·. (poniéndose de pie)
Pero por siempre la luz brillará en sus Himnos Védicos.
(enciende la bujía mas baja de la izquierda del candelabro de Occ.·.
y
continúa):
¡OH Agni, Fuego Sagrado! ¡Fuego purificador! ¡Tú que duermes en el
leño y subes en llamas brillantes sobre el Altar; tú eres el corazón
del sacrificio, el vuelo osado de la plegaria, la chispa encendida en
todas las cosas y el alma gloriosa del Sol!”
(se sienta)
EL TESORERO: (poniéndose de pie)
Los arios, conquistadores de la raza pura, se encontraron en la India
en presencia de razas muy mezcladas y muy inferiores. Los reyes arios
se decían descendientes del Sol, de una dinastía solar. Los reyes de
la India se decían hijos de la Luna, de una dinastía lunar. En la
lucha entablada entre los hijos del Sol y los hijos de la Luna, entre
los Pandavas y los Kurubas, los primeros fueron destronados y
proscritos. Desterrados se escondieron en los bosques entre los
anacoretas con trajes de corteza de árbol y bastones de ermitaño.
Pero
del seno de esta nueva cofradía de anacoretas, debía salir mas tarde
la revolución sacerdotal que hizo de la India la más formidable de
las
teocracias. La victoria del poder espiritual sobre el poder temporal,
del anacoreta sobre el rey, de donde naciera la potencia del
Brahamanismo, fue lograda por un reformador de primer orden.
Reconciliando los dos genios en lucha, el de la raza blanca y el de
la
raza negra, los cultos solares y los cultos lunares, ese hombre
divino
fue el verdadero creador de la religión nacional de la India.
Además, con su doctrina, ese potente genio lanzó al mundo una idea
nueva, de un alcance
inmenso: la del Verbo divino, o de una divinidad encarnada y
manifestada en el hombre. Este primer Mesías, este H.·. Mayor de los
hijos de Dios, fue Krishna. Pero, ¡ay!, igualmente el gran Krishna
nos
dejó.
(Apaga la bujía mas baja de la derecha del candelabro de Or.·. y se
sienta)
El H.·. DESIGNADO EN OCC.·. (poniéndose de pie)
Pero la espléndida claridad con que iluminó las tinieblas interiores
del hombre, permanece.
(Enciende la bujía mas baja de la derecha del candelabro de Occ.·. y
continúa):
Tú llevas en ti mismo un amigo sublime que no conoces. Porque Dios
reside en el interior de todo hombre, pero pocos saben encontrarle.
El
hombre que hace el sacrificio de sus deseos y de sus obras al Ser de
donde proceden los principios de toda cosa y por quien el universo ha
sido formado, obtiene por tal sacrificio la perfección. Por que quien
encuentra en sí mismo su felicidad, su gozo, y en sí mismo también su
luz, es uno con Dios, y sábelo: el alma que ha encontrado a Dios se
libra del renacimiento y de la muerte, de la vejez y del dolor, y
bebe
el agua de la inmortalidad”.
(Se sienta).
SECRETARIO: (Poniéndose de pie)
Desde la época aria, a través del período turbulento que siguió a los
tiempos védicos hasta la conquista Persa y la época Alejandrina, es
decir: durante un lapso de más de cinco mil años, Egipto fue la
fortaleza de las puras y altas doctrinas cuyo conjunto constituye la
ciencia de los principios, y que pudiera llamarse la ortodoxia
esotérica de la antigüedad. El nombre de Hermes Toth, ese misterioso
iniciador del Egipto en las doctrinas sagradas, se relaciona sin duda
con una primera y pacífica mezcla de la raza blanca y de la raza
negra
en las regiones de Etiopía y del alto Egipto. Hermes es nombre
genérico como Manú y Buda, pues designa a la vez, a un hombre, a una
casta y a un dios.
Como hombre, Hermes es el primero, el gran iniciador del Egipto; como
casta, es el sacerdote depositario de las tradiciones ocultas; como
dios, es el planeta Mercurio, asimilado con su esfera a una categoría
de espíritus, de iniciadores divinos; en una palabra: Hermes preside
la región supra terrena de la Inic.·. celeste.
En la economía espiritual del mundo, todas esas cosas están ligadas
por secretas afinidades como por un hilo invisible. El nombre de
Hermes es un talismán que las resume, un sonido mágico que las evoca.
De ahí su prestigio. Los griegos, discípulos de los egipcios, le
llamaron Hermes Trimegisto o tres veces grande, por que era
considerado como rey, legislador y sacerdote. La cronología egipcia
de
Manethón llama a su época el reino de los dioses.
Pero, ¡OH, HH.·. Míos!, también Hermes Trimegisto nos abandonó.
(Apaga la luz inmediata de la Izquierda del candelabro de Or.·. y se
sienta).
El H.·. DESIGNADO EN OCC.·. (Poniéndose de pie)
Pero la luz que atrajo del cielo para nosotros, brillará eternamente.
(Enciende la inmediata a la izquierda del candelabro de Occ.·. y
continúa):
¡OH, alma ciega! Ármate con antorchas de los Misterios, y en la noche
terrestre, descubrirás tu doble luminoso, tu alma celeste. Sigue a
ese
divino guía y que él sea tu Genio. Por que él tiene la clave de tus
existencias pasadas y futuras”.
“Escuchad en vosotros mismos, mirad en el Infinito del espacio y del
tiempo. Allí se oye el canto de los astros, la voz de los números, la
armonía de las esferas”.
“Cada sol es un pensamiento de dios, y cada planeta un modo de este
pensamiento. Para conocer el pensamiento divino ¡OH almas! Es para lo
que bajáis y subís penosamente el camino de los 7 planetas y de sus 7
cielos”.
“¡Qué hacen los Astros? ¿Qué dicen los números? ¿Qué ruedan las
esferas? ¡OH almas perdidas o salvadas!: ¡Ellos dicen, ellos cantan,
ellas ruedan, vuestros destinos.”
(Se sienta).
ORADOR: (Poniéndose en pie)
En la época a que hemos llegado, en el siglo XII A.C., el Asia se
hundía en el culto de la materia. La India marchaba ya a grandes
pasos
hacia su decadencia. Un poderoso imperio se había levantado en las
orillas del Éufrates y del Tigris. Babilonia, esa ciudad colosal y
monstruosa, producía vértigos a los pueblos nómadas que merodeaban
alrededor. Ni derecho de gentes, ni respeto humano, ni principio
religioso; sino la ambición personal sin freno: tal era la ley de los
sucesores de Ninus y Semíramis.
¿Qué podía hacer Egipto contra el torrente invasor? Los Hycsos habían
estado a punto de hacerlo desaparecer como foco civilizador.
Transcurridos seis siglos, el ciclón persa, que sucedió al ciclón
babilónico, por fin barrió con sus templos y sus Faraones. Sin
embargo, dos pueblos de genio opuesto pudieron encender sus antorchas
en sus santuarios; antorchas de rayos diversos; de los que una aclara
las profundidades del cielo, mientras que la otra ilumina y
transfigura la tierra: Israel y Grecia.
La importancia del pueblo de Israel para la historia de la humanidad
resalta a primera vista, por dos razones. La primera es que
representa
el Monoteísmo; la segunda, es que dio nacimiento al Cristianismo. Ese
pueblo forma así el eslabón necesario entre el Oriente y el
Occidente.
Moisés, iniciado egipcio y sacerdote de Osiris, fue
incontestablemente
el organizador del monoteísmo. Por él, ese principio hasta allí
oculto
bajo el triple velo de los misterios, salió del fondo del templo para
entrar en el círculus de la historia.
Moisés tuvo la audacia de hacer del más alto principio de la
iniciación el dogma único de una religión nacional, y la prudencia de
no revelar sus consecuencias más que a un pequeño número de
iniciados,
imponiéndolo a las masas por el temor.
Así fue Moisés, el Profeta de Israel, quien se extinguió.
(Apaga la siguiente luz de la derecha del candelabro de Or.·. y se
sienta).
EL H.·. DESIGNADO EN OCC.·. (Poniéndose de pie)
Pero la Ley Mosaica todavía sigue siendo la fuerza espiritual que
alienta una de las razas humanas más fuertes que en el mundo existen.
(Enciende la siguiente luz de la derecha del candelabro de Occ.·. y
continúa):
Las últimas palabras de Moisés fueron: “Volved a Israel”. “Cuando el
tiempo llegue, el Eterno os enviará un profeta como yo de entre
vuestros HH.·. y pondrá su verbo en su boca y ese profeta os dirá
todo
lo que el Eterno haya ordenado. Y a quien no escuche las palabras que
os diga, el Eterno le pedirá cuentas”.
Después de estas palabras proféticas, Moisés entregó el espíritu.
El Ángel Solar de la espada de fuego, que antes le había aparecido en
el Sinaí, le esperaba. El le llevó al seno profundo de la Isis
celeste, a las ondas de esa luz que es la Esposa de Dios. Lejos de
las
regiones terrestres, atravesaron círculos de almas de creciente
esplendor. Por fin, el Ángel del Señor le mostró un espíritu de
maravillosa belleza y de una dulzura celeste, pero de tal radiación y
de claridad tan fulgurante, que la suya propia no era más que una
sombra al lado de ella. No llevaba él la espada del castigo, sino la
palma del sacrificio y de la Victoria. Moisés comprendió que, aquél,
terminaría su obra y conduciría a los hombres hacia el padre, por el
poder del Eterno-Femenino, por la gracia divina y por el amor
perfecto. Entonces el Legislador se prosternó ante el redentor, y
Moisés adoró a Jesucristo.
(Se sienta).
SEG.·. VIG.·. (Poniéndose de pie)
Eran aún los tiempos de Moisés: cinco siglos antes de Homero, tres
siglos antes de Cristo. La India se hundía en su ciclo de tinieblas,
y
no ofrecía sino una sombra de su antiguo esplendor. Asiria tiranizaba
al Asia, Egipto y sus Faraones aún resistían a la creciente
descomposición Universal. Israel iba a levantar en el desierto el
principio del Dios
masculino y de la unidad divina. Grecia estaba profundamente dividida
por la religión y por la política.
Pero tras la Grecia estaba Tracia salvaje y ruda; sin embargo, ¿por
qué Tracia fue siempre considerada por los griegos como un país santo
por excelencia, el país de la luz y la verdadera patria de las
musas?... tal vez, por que aquellas altas montañas tenían los más
antiguos Santuarios de Kronos, de Zeus y de Urano...
Lo cierto es, que en esta época había aparecido en Tracia un hombre
joven de raza real y dotado de una seducción maravillosa. Se decía
que
era hijo de una sacerdotisa de Apolo. Su voz tenía un encanto
extraño.
Hablaba de los dioses en un ritmo nuevo y parecía inspirado. Su
blonda
cabellera, orgullo de los Dorios, caía en ondas doradas sobre sus
hombros y la música que fluía de sus labios prestaba un contorno
suave
y triste a su faz. Sus ojos de un profundo azul, irradiaban fuerza,
dulzura y magia.
Los feroces tracios evitaban su mirada; pero las mujeres versadas en
el arte de los encantos decían que aquellos ojos mezclaban, en su
filtro azul, las flechas del sol con las caricias de la luna. Las
mismas Bacantes, curiosas de su belleza merodeaban a su alrededor
como
panteras amorosas, y sonreían a sus palabras incomprensibles.
De pronto, aquel joven, que llamaban el hijo de Apolo, desapareció.
Se
dijo que había muerto. En realidad había huido secretamente a
Samotracia luego a Egipto, donde había pedido asilo a los sacerdotes
de Memphis.
Después de atravesar sus misterios, volvió al cabo de veinte años
bajo
un nombre de iniciación que había conquistado por sus pruebas y
recibido de sus maestros. Se llamaba “Orfeo” o “Arpha”, lo que quiere
decir: Aquel que cura por la luz.
El más viejo santuario de Júpiter se elevaba entonces sobre el monte
de Kaukaión. En otros tiempos sus hierofantes habían sido grandes
pontífices. Desde la cumbre de aquella montaña, al abrigo de un golpe
de mano, habían reinado sobre toda la Tracia, pero desde que las
divinidades de abajo habían dominado, sus adeptos eran escasos, su
templo estaba casi abandonado. Los sacerdotes del monte Kaukaión
acogieron como un salvador al iniciado de Egipto. Por su ciencia y
por
su entusiasmo, Orfeo arrastró tras si a la mayor parte de los
Tracios,
transformó completamente el culto de Baco y subyugó a las vacantes.
Pronto su influencia penetró en todos los santuarios de Grecia. El
fue
quien consagró la majestad de Zeus en Tracia, la de Apolo en Delfos,
donde instituyó las bases del tribunal de los anfictiones, que llegó
a
ser la unidad social de Grecia. En fin: Por la creación de los
misterios, formó el alma religiosa de su patria.
De este modo Orfeo pudo ser pontífice de Tracia, gran sacerdote del
Zeus Olímpico y, para los iniciados, el revelador del Dionysos
celeste. Pero, terminada su ingente labor, Orfeo nos abandonó.
(Apaga la luz que sigue a la izquierda del candelabro de Or .·. y se
sienta). 8
EL H.·. DESIGNADO EN OCC.·. (Poniéndose en pie)
Pero en los santuarios de Apolo que aún poseen la tradición Órfica,
una fiesta misteriosa se celebra en el Equinoccio de la primavera...
Es el momento en que los narcisos florecen al lado de la fuente
Castalia. Los trípodes, las liras del Templo vibran por si mismas y,
dícese, que el Dios invisible vuelve del país de los Hiperbóreos,
sobre un carro tirado por cisnes. Entonces la gran Sacerdotisa
vestida
de musa, coronada de laureles, la frente ceñida por cintas sagradas,
canto solo ante los iniciados el nacimiento de Orfeo, hijo de Apolo
de
una de sus sacerdotisas. Ella invoca luego el alma de Orfeo, salvador
de los hombres, soberano inmortal y tres veces coronado en los
infiernos, en la tierra y en los cielos: el que marcha con una
estrella en la frente por entre los astros y los dioses...
Entonces, escuchase la voz del maestro al joven discípulo:
“Repliégate
hasta el fondo de ti mismo para elevarte al principio de las cosas, a
la grande Triada que resplandece en el Éter inmaculado. Consume tu
cuerpo por el fuego de tu pensamiento; sal de la materia como la
llama
de la madera que ella devora. Entonces tu espíritu se lanzará en el
puro éter de las causas eternas como el águila en el trono de Júpiter
“.
“...Voy a revelarte el secreto de los mundos, el alma de la
naturaleza, la esencia de Dios.
Escucha por lo pronto al arcano. Un solo ser reina en el cielo
profundo y en el abismo de la tierra, Zeus tonante, Zeus etéreo. El
es
el consejo profundo, el poderoso odio y el amor delicioso. El reina
en
la profundidad de la tierra y en las alturas del cielo estrellado.
Soplo de las cosas, fuego indómito, varón y hembra; un Rey, un poder,
un Dios, un Gran maestro“.
“Júpiter es el Esposo y la Esposa divina, Hombre y Mujer, Padre y
Madre. De su matrimonio sagrado de sus eternos esponsales salen
incesantemente el Fuego y el Agua, la Tierra y el Éter, la Noche y el
Día, los fieros titanes, los Dioses inmutables y la semilla flotante
de los hombres”.
“...y así, Orfeo, a través de las edades aún nos sigue revelando los
arcanos más profundos... por eso vuelvo a encender su Luz”.
(Enciende la luz que sigue a la izquierda del candelabro de Occ.·. y
se sienta).
PR.·. VIGILANTE: (Poniéndose en pie)
Sin embargo, aquella Grecia de Orfeo que tenía por intelecto una
doctrina guardada en los templos; por alma una religión plástica, y
por cuerpo un alto tribunal de justicia centralizado en Delfos,
aquella Grecia comenzaba a decaer: los misterios mismos comenzaban a
corromperse, cuando Pitágoras nació entre 592 y 572 A.D.C.; es decir,
en ese sexto siglo que vio a Gautama el Buda, a Zoroastro, a Confucio
y a Lao-Tsé, formar con nuestro Maestro de Samos una péntada
esplendorosa de súper-hombres, semidioses o “Daimones”, para emplear
el término caro a los discípulos de este último.
De larga cabellera aún y vestido de púrpura, Pitágoras adolescente
participa en los juegos de la 48 Olimpiada y conquista en pugilatos
de
“peso completo” adulto la inestimable rama de olivo. Después parte en
largos viajes. Su estancia en Egipto y si Inic.·. En los Grandes
Misterios están confirmados por todas las fuentes, así como que sus
estudios y peregrinaciones duraron muy largo tiempo, ya que contaba
más de 50 años cuando volvió a Samos. El éxito de sus lecciones, le
atrajo una multitud creciente de adeptos y también la enemistad del
tirano Policrato, quien lo obliga a desterrarse, dirigiéndose a
Crotona, Italia, donde se establece definitivamente.
Desde esta pequeña ciudad de la parte sur de Italia, denominada
entonces la “Gran Grecia”, Pitágoras irradió la imperecedera luz de
su
doctrina. La influencia del Pitagorismo en el mundo antiguo fue
prodigiosa así como también en el subsecuente desarrollo del
pensamiento europeo. Y aun que son escasas las referencias históricas
acerca de la doctrina directa o personal del Maestro, sin embargo a
través del Yero-Logos y de algunos datos relativos a su enseñanza,
así
como a través de Platón y de todos los pitagóricos, se le percibe en
toda su grandeza, en toda su trascendencia, única para los masones.
En efecto, Pitágoras aparece como el Primer Hierofante de los
Misterios Masónicos, tales como los adivinamos en los profundos y
lejanos asertos de nuestros despojados Rituales. Podemos afirmar en
realidad de verdad, que toda nuestra doctrina con su filosofía y su
ropaje; nuestros números, nuestros símbolos geométricos, nuestros
signos sagrados, nuestro sigilo, nuestras ceremonias, nuestras
tradiciones y nuestras concepciones del hombre y del Universo, fueron
balbucidos por los labios o rubricados por las actitudes de nuestro
Maestro de Samos y Crotona, el gran Pitágoras, Instructor y Guía de
los Masones.
Pitágoras fue el primero que aplicó al Universo percibido la
denominación de Cosmos, con el significado de “Orden”. De él son
también los principales apotegmas con que nos enorgullecemos:
Ordo Ab Chao, “Del Caos, Por la creación, nace el orden”,
“Conócete a ti mismo”;
“Como es arriba es abajo”, etc.
Pitágoras enseñó en el campo espiritual, que las almas están
sometidas
a reencarnaciones sucesivas, hasta que, durante el curso de esta
sucesión de ciclos de vida, logran la liberación por su esfuerzo
propio.
En el campo que llamaremos de la enciclopedia o del saber humano, de
la ciencia y de la filosofía de la vida, Pitágoras aparece en el
pináculo del origen de todos esos conocimientos, tales como los
concebimos y los amamos nosotros los Occidentales: Sajones, Galos,
Latinos, Hispano-americanos, etc. Por eso, ¡OH Masones leales del
mundo entero!, no olvidemos jamás que Pitágoras, nuestro Maestro,
murió entre 570 y 480 A.D.C.
(Apaga la siguiente luz de la derecha del candelabro de Or.·. y se
sienta) 10
EL H.·. DESIGANDO EN OCCIDENTE (poniéndose de pié)
Pero la luz imperecedera de su doctrina brillará eternamente en
nuestros Templos y Logias y más allá, en el mundo entero.
(Enciende la siguiente luz de la derecha del candelabro de Occ.·. y
continúa):
Escuchad y oiréis aún la voz del Maestro. Cómo pintar la llegada de
una alma pura a un mundo propio de ella... la tierra ha desaparecido
como una pesadilla. Un sueño nuevo, un desvanecimiento delicioso la
envuelve como una caricia. Ella no ve más que a su guía alado que la
lleva con la rapidez del relámpago por las profundidades del espacio.
¿Qué decir de su despertar en los valles de un astro etéreo, sin
atmósfera elemental, donde todo, montañas flores, vegetación, esta
formado en una naturaleza exquisita, sensible y parlante? ¿Qué decir
sobre todo, de esas formas luminosas hombres y mujeres, que lo rodean
en sagrado grupo para iniciarle en el misterio de su nueva vida? ¿Son
dioses o diosas? No; son almas como ella, y la maravilla es que su
pensamiento íntimo florece sobre su semblante, que la ternura, el
amor, el deseo o el temor irradian a través de aquellos cuerpos
diáfanos en una gama de coloraciones luminosas. Aquí, cuerpos y
rostros no son ya las caretas del alma, sino que el alma transparente
aparece en su forma verdadera y brilla en plena luz de su verdad
pura.
Psiquis ha vuelto a encontrar su divina patria. Por que la luz
secreta
donde se baña, que emana de ella misma y a ella vuelve en la sonrisa
de los seres amados, esa luz de felicidad... es el alma del mundo...
y
en ella siente la presencia de dios.
“Ahora ya no hay obstáculos; ella amará, sabrá, vivirá sin otro
límite
que su propia capacidad, su propio vuelo... Luego, temblorosa, se
lanzará a la luz de arriba, al llamamiento de los Enviados, de
aquellos que se llaman dioses por que han escapado del círculo de las
generaciones. Conducida por esas inteligencias sublimes, tratará de
deletrear el gran poema del Verbo oculto, de comprender lo que pueda
distinguir de la sinfonía del Universo... y cuando vuelva azorada de
esos viajes deslumbradores, oirá de lejos la llamada de las voces
amadas y volverá a caer en las playas doradas de su astro bajo el
velo
rosado de un sueño ondulante lleno de formas blancas, de perfumes y
de
melodía”.
Tal es la vida celeste, según nuestro Gran Maestro.
(Se sienta).
DOC.·. M.·. (Poniéndose de pie)
Así llegamos a los tiempos de Jesús de Nazaret. A pesar del esfuerzo
de los Iniciados, la tiranía y la disolución de las clases dirigentes
había conducido en Asia, en África y en Europa a un desastre de la
civilización. Todos tenemos fresca en la memoria la historia y la
doctrina de Cristo, por que varias Iglesias Cristianas militantes se
disputan, ante la indiferencia de las clases cultas del mundo, el
derecho de exclusividad en la propaganda de su religión; por eso me
abstendré de esbozarla y tan solo haré notar que el Cristo predicó la
doctrina del Verbo Divino, ya enseñado por Krishna en la India, por
los sacerdotes de Osiris en Egipto, por Orfeo y Pitágoras en la
Grecia, y conocida entre los profetas por el nombre de Misterio del
Hijo del Hombre y del Hijo de Dios; y que esta enseñanza fue
proclamada por el Cristo a través, a trasluz de su tónica o
idiosincrasia personal (como han hecho todos los Iniciados ), que fue
el Amor hacia la humanidad sintetizada en su famoso mandamiento:
“Amaos los unos a los otros”. Pero Jesús el Cristo, el dulcísimo
señor
del amor, también murió.
(Apaga la última luz del candelabro de Oriente y se sienta).
El H.·. DESIGNADO EN OCCIDENTE (Poniéndose de pie)
Sin embargo, la luz del Cristianismo alumbra aún los senderos de la
humanidad en Occidente; y el sermón de la montaña permanecerá como
antorcha internacional y humana, como lo son y permanecen las
enseñanzas de cada uno de los Grandes Iniciados del pasado y del
porvenir, en el cósmico lampadario que a través de las edades, el
G.·.
A.·. ha venido encendiendo, para mostrar el sendero de retorno a los
hombres.
(Enciende la última luz del candelabro de Occidente y continúa):
Y viendo Jesús las multitudes, subió a un monte y desde él les enseñó
diciendo:
“Bienaventurados los pobres de espíritu; por que de ellos es el reino
de los cielos”.
“Bienaventurados los tristes, por que ellos serán consolados”.
“Bienaventurados los mansos; por que ellos recibirán la tierra por
heredad”.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia; por que
ellos serán hartos”.
“Bienaventurados los de limpio corazón; por que ellos verán a
dios”...
“Oísteis que fue dicho a los antiguos: Ojo por Ojo y Diente por
Diente. Mas yo os digo: no resistáis al mal; antes a cualquiera que
te
hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo; y aborrecerás a tu
enemigo. Yo pues os digo:
Amad a vuestros enemigos; Bendecid a los que os maldicen; Haced bien
al los que os aborrecen, y orad por los que os calumnian y os
persiguen”.
“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos; que
hace que su Sol salga sobre los malos y buenos; y llueva sobre justos
e injustos: sed pues vosotros perfectos, como vuestro
Padre que esta en los Cielos, es perfecto”.
“No juzguéis para que tampoco seáis juzgados; y con la medida que
midiereis seréis medidos”. “¿Por qué miráis la arista en el ojo de
vuestro hermano y no miráis la viga que tiene el vuestro?”.
“No deis lo santo a los perros; ni echéis margaritas a los cerdos;
por
que no las despedacen con sus hocicos y se vuelvan y os despedacen”.
“Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y se os abrirá”.
Así que todas las cosas que queráis que los hombres hicieren con
vosotros, así también haced vosotros con ellos: por que esta es la
Ley
y los Profetas”.
(Se sienta).
DOCT.·. M.·. (Poniéndose de pie da: OOOOOO-O y todos lo imitan)
Regocijémonos, EExc.·. y PP.·. CC.·. Regocijémonos, por que en
Occidente se conservan encendidas las luces de nuestros Grandes
Maestros.
Para terminar esta Cer.·. , nosotros los masones libres del mundo
entero, debemos recordar, si los cristianos de todas las sectas
afirman que el alma de la civilización actual es su religión,
nosotros
podemos demostrar que no solamente el alma, sino que todo lo que
constituye la totalidad íntegra de nuestra civilización, de nuestra
cultura y progreso presentes, son frutos indiscutibles de las
enseñanzas enciclopédicas y de la doctrina espiritual de nuestro
Maestro Pitágoras: el plantó la simiente de todas las ciencias
matemáticas, físicas, biológicas y sociales de nuestros días.
Muy distinto de lo que es, sería el mundo Occidental, si solo hubiese
sido guiado por las enseñanzas de los católicos, por ejemplo, cuyo
exclusivo tipo de civilización pudo imponerse y dar de si todo lo que
podía, durante la era medieval.
El Pitagorismo salvó al mundo de la época medieval, y el Pitagorismo
es el que ha impreso a los hombres de hoy el amor a las cosas de la
tierra; les ha enseñado ha obtener los óptimos frutos del esfuerzo
humano en los vastos campos terrestres, y ha suprimido con su
sabiduría y su belleza y con su optimismo las tristes lobregueces del
ascetismo de los católicos y la intolerancia de las distintas
iglesias
que se dicen herederas de Jesús de Nazaret.
Pues, como os podéis dar cuenta EExc.·. y PP.·. CC.·. , el sempiterno
“Duelo de los Magos” continúa: y tal parece que los contendientes
actuales son el Catolicismo y el Pitagorismo. ¿Cuál de los dos es el
Blanco, cual el hijo de la Negra?
Cuando el catolicismo dispuso del poder, lo empleó para establecer el
Tribunal del santo
Oficio y la Inquisición; mientras que el Pitagorismo, siempre ha
procurado mejorar el bienestar humano fomentando el adelanto de todas
las ciencias y las artes teóricas y aplicadas, y creando la
portentosa
técnica de nuestros días.
Por lo demás, y desde el punto de vista exclusivamente espiritual,
los
hombres siempre han dispuesto de dos vías para acercarse al G.·.
A.·. . La vía del Misticismo y la vía del Ocultismo. Son
representativos de estas dos vías en nuestra civilización occidental;
por la primera, tal vez el cristianismo y sus distintas sectas; y por
la segunda, el Pitagorismo en cuya prolija descendencia se cuentan
desde las academias y universidades, hasta cada uno de los sabios y
hombres de estudio y de investigación del mundo entero; sin omitir la
Orden de los Francmasones, legítima herencia del Maestro de Samos y
la
única, cuyos miembros buscan su evolución por la vía del Ocultismo.
¡Hosanna a todos los Grandes Iniciados de la humanidad!
¡Hosanna a Pitágoras, Padre y Maestro de los Franc-Masones!
TODOS.- ¡HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA!
( Se quema la Pal.·. Sag.·. , se corre el Saco de Benef.·. , se exige
el Juramento de secreto y se suspende la Asamblea).
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