Vicisitudes sobre mi operación de Corazón

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José Damián García Rivero

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Dec 30, 2017, 8:17:02 AM12/30/17
to Grupo exalumnos Escolapios
Adjunto envío el escrito que realicé el pasado 12 de Noviembre por petición de muchos interesados que dicen que no la recibieron. Helo aquí:

Aunque muchos de vosotros ya lo sabréis, escribo estas líneas para contaros mis peripecias desde el nefasto día en que decidieron operarme. Desde que me dio el primer infarto a los 38 años, me habían puesto hasta 9 stents (muelles) con lo  que mi corazón tenía más muelles que la cheira de Curro Ximenez. Sabía que tarde o temprano tendría que pasar por el quirófano. Ingresé en el hospital el día 19 de Julio y me dieron el alta el 3 de Noviembre, lo que no es moco de pavo. Me pusieron 4 bypass y me cambiaron la válvula mitral, que más pareció que fuese la doble, de lo que incordió. La operación duró entre 9 y 10 horas. Resultó que cuando quisieron desentubarme no pudieron porque mis pulmones no respondían. Al final me tuvieron 28 días en coma inducido. En medio de este proceso me dio un derrame cerebral que no fue muy severo y otros derrames que al final me dañaron algún nervio relacionado con la pierna derecha.

En todo este tiempo lo único que recuerdo son unos sueños extraños con una sensación de desasosiego. Aún ahora de vez en cuando se me vienen a la mente imágenes. De resultas de todo este proceso salí de la UVI sin poder moverme con una atrofia muscular severa. Me sentaban y se me caía la cabeza hacia un lado. No podía mover ni brazos ni piernas ni prácticamente ningún músculo. Estaba tan confundido que ni siquiera me percataba de mi situación de invalidez extrema. Solamente al cuarto día le pregunté a mi mujer por qué no podía moverme, ved lo avispado que andaba. Poco a poco fui recuperando el tono muscular aunque la pierna derecha se sigue resistiendo.

El primer paso en la recuperación fue cuando logré sentarme en la cama, eso sí,  ayudado por dos auxiliares más mi mujer. La primera vez que me pusieron de pie fue en una máquina a la que me unía una cincha, como acémila, y que se levantaba hasta ponerme vertical siendo así que aguanté hasta 10 minutos antes de empezar a marearme. Llegó el día que titubeando y agarrándome a la cama fuí capaz de dar unos pasos para acercarme a la ventana, la abrí y dí un grito hipohuracanado que casi apea de la cama al nonagenario que compartía la habitación conmigo. Fué un grito de bestia salvaje que reclama su sitio en este desgraciado mundo, un grito que reclamaba mi puesto en esta procelosa pero anhelada vida.

Mi peor vivencia fue el dolor. Cuando apenas podía moverme se empeñaban en sentarme en un sillón. Se valían de una grúa a la que me unían por unos correajes, como mercancía portuaria. Al poco de estar sentado empezaba a sentir un dolor en la espalda/riñones/culo insoportable. Cuando reclamaba que me tornasen a la cama me decían que debía de estar una hora al menos. Creedme si os digo que lloraba de dolor, pero que si quieres, seguían empeñados en que siguiera en el sillón y cumpliera el horario. Las normas no se saltan a la torera en un hospital, y los quejicas no tienen cabida en la sociedad civilizada. Si no, no haberte operado, pringao. Tantos fueron mis gritos y plegarias que al final me mandaron a lo que han dado en llama Unidad del Dolor. Después de mucho subir y bajar dosis dieron con la que me calmó, unos cuantos miligramos de un derivado opiáceo. Corrían historias por el hospital de que la tal droga creaba adicción pero cuando hube de dejarla no noté nada. Lo que sí me hacía al tomarla era sumergirme en una duermevela constante lo que era una bendición porque mientras duermes no piensas ni tienes que hablar con el vecino ni incluso con las visitas

 Actualmente estoy en mi casa y llevo muletas porque sigo teniendo la pata chula. Hago fisioterapia todos los días en el hospital y dicen que a la postre recuperaré mi pierna. Ya veremos.

El creyente

Lo más desesperante de la estancia en el hospital es que tienes que compartir habitación con otro, que invariablemente está también enfermo, con lo que o tú le molestas a él o él te molesta a tí o ambos simultáneamente. Siendo que necesitas tranquilidad y relajación te dan una ración de lo contrario y tienes que apurar hasta el fondo ese cáliz

Pues bien, tuve un compañero que cuando llegó, me pidió permiso para colgar una bandera de España encima de su cama. Yo no estaba para remilgos y le dije que podía colgar lo que le pluguiese incluso a él mismo, aunque esto último me lo callé, claro. Resultó que era el vicepresidente de la asociación nacional de alféreces provisionales o algo así. Con voz recia aseguró que había hecho las paces con Dios y que si no salía por sus medios le encomendaba a su familia que se encargaran de envolverle con su adorada bandera. Me sorprendió mucho que tuviera tratos directos con Dios como para hacer acuerdos pero me cuidé de decir nada. Le operaban para ponerle una válvula al día siguiente. Por la noche oí murmullos y agucé el oído. Al cabo me percaté que él, sus hijas y algún yerno estaban rezando el Rosario.

Consideré que quizá era lo que me había faltado a mí para evitarme todas mis cuitas. Observé que a los pocos días él y su bandera salían gozosos del hospital con lo que os recomiendo que si os veis en alguna tesitura como la mía no olvidéis de rezar el Rosario a ser posible en latín (ora pro nobis).  Aunque ahora que lo pienso puede que la ayuda viniese por la bandera y no por el rezo. O quizá por ambos.

Roncador   

Una tarde a eso de las 5 ingresó un chino. Venía acompañado de 2 de sus hijas. El tal chino no sabía una palabra de español y las hijas hablaban como las dependientas de las tiendas de chinos , como no podía ser de otra forma. Pues bien, fue tumbarse en la cama y empezar a roncar. No eran unos ronquidos normales. Eran como los rugidos de una fiera acorralada, desacompasados y feroces. Toda la tarde, toda la noche, a la mañana siguiente, sin parar. Yo desesperaba considerando mi maldita suerte que llevaba a un amarillo nacido en las riberas del Yang-se a aposentarse en la cama contigua a la mía. Estaba entonces yo sin poder mover las manos, que de haber podido le habría lanzado la bacinilla que cada cual teníamos. Le deseé mil males y me consolé imaginando innumerables métodos de tortura.

A la mañana siguiente empeoró la salud del chino y lo llevaron a cuidados intensivos. Respiré aliviado. Estuve unos días solo y luego me dijeron que entraría un compañero nuevo. Al poco entró el nuevo compañero y casi me caí de la cama cuando ví que se trataba del odiado chino. Me derrumbé. Llamé a la enfermera y le dije que si no se llevaban al susodicho me tomaba el alta por fuga. No sé cómo pero me hicieron caso y se lo llevaron a otra habitación. Vino la supervisora y me dijo que lo habían hecho porque había muchas camas libres pero que no me creyera que me iban a hacer caso otra vez. Me relajé y rogué al Altísimo que tuviera a bien mandar al chino roncador a la habitación del  creyente recalcitrante y su bandera. No sé si esto fue así porque no podía moverme pero aún me regocijo en pensar que pudo haber sido.

Apestado

Me encasquetaron a un compañero recién operado de una válvula. Se quedó mudo porque le había afectado a las cuerdas vocales al entubarle. No me preocupé por eso puesto que su mujer hablaba por los dos, y aún más. El desgraciado en vez de mejorar empeoraba cada día. Después de muchas pruebas le detectaron una bacteria denominada blea de esas que sobreviven en los quirófanos y que traen a maltraer a todos.

Estaba una tarde durmiendo plácidamente la siesta cuando vino una enfermera y me dijo:

-Damián, date la vuelta que te voy a hacer un exudado anal.

Entre el sueño y la noticia me quedé mudo. No tuve arrestos para hacer sino lo que me decía. Le ofrecí mis temblorosas nalgas y alargando una especie de palo me lo restregó a discreción por mi avergonzado y hasta ese momento incólume agujero. Solamente pude responder cuando se alejaba:

-Pues que sepas que no me ha gustado nada.

Cuando pregunté el porqué de esa violación traicionera fue cuando me enteré que mi compañero estaba afectado por la bacteria y me hicieron la cruenta prueba para ver si yo la tenía también.

No quedó ahí la cosa. Pusieron la habitación en aislamiento preventivo. Hasta que no llegaron los resultados de mi sufrido exudado no me sacaron de la habitación. Cuando me llevaban al gimnasio me ponían una especie de vestimenta de color verde para indicar bien a las claras que nadie debía tocarme, como a apestado medieval. Era de ver cómo los compañeros del gimnasio no se atrevía a acercarse a menos de 10 metros. Lo que antes eran amenas charlas (ya iba yo en silla de ruedas) se convirtieron en acusadores silencios. Todo lo que yo tocaba lo separaban para luego esterilizarlo. El que entraba en nuestra habitación debía esterilizarse al entrar y al salir y vestirse con el hato.  

Poco antes de que me sacaran de aquella habitación que no era para mí sino un Gólgota, me disponía a dar buena cuenta del desayuno especial de los domingos que consistía en dos magdalenas, cuando el compañero afectado por la bacteria se levantó de nuevo. Digo de nuevo porque había pasado toda la noche yendo y viniendo al váter aquejado de una diarrea galopante e incontenible. Cuando llegaba a la altura de mi cama se paró súbitamente porque se le había trabado el suero en un esquinazo. Mientras su mujer porfiaba para soltarle él decía todo lo alto que podía, que no era mucho, que se iba de bareta, apremiando a su mujer a que le ayudara. Al final se le escapó el contenido de sus entrañas en el suelo al lado de mi cama arruinándome mi desayuno y metiéndome el miedo en el cuerpo puesto que la bacteria la tenía en los intestinos. Este fue mi peor momento en el hospital.  

Sorderas

Me llevaron a otra habitación en la que campaba uno que hablaba muy bajito. Luego me dijo que era sordo y que como su padre, su tío y su abuelo llevaba el aparato en el bolsillo, lo cual me cayó muy en gracia viendo la inutilidad de la adquisición y el alarde de no usarlo. Era de ver sus discusiones con la parienta. Ésta tenía que repetirle todo unas cuantas veces. Parece una minucia lo que cuento pero cuando estás al lado escuchándolo todo te pone de los nervios. Tenía la costumbre de pedir que se dejara la puerta abierta. Como él era sordo no se enteraba de la algarabía de los pasillos. Por mucho que yo protestaba no me valía porque la enfermera cuando había discrepancias optaba por la media. En este caso no la dejaba abierta ni cerrada sino entornada con lo que el condenado sordo se salía con la suya.

La vengativa

Me ha maravillado la dedicación y voluntad de las auxiliares. Parece mentira lo que llegan a hacer poniendo siempre buena cara. Cuando me limpiaban solía pedir disculpas de lo cual se reían haciéndome ver que era algo natural. Pero de todo hay en la viña del Señor.

Un día defequé y vino una auxiliar a limpiarme. Con cara de pocos amigos hizo su trabajo y al limpiarme me aclaró con agua fría. Dí un respingo y lo único que replicó fué que tampoco era para tanto.

Otro día misma operación. Me encargué de advertirla que usara agua caliente, de resultas de lo cual casi me abrasa mis partes pudendas. Como postre cuando finalizaba me roció la espalda con colonia, que era como echarme carámbanos de hielo. Se lo dije y me comentó con toda desfachatez que ya que tenía que limpiarme, que me aguantara, quid pro quo.

La muy puta.

Moraleja

  • Si te van a operar del corazón, asegúrate de que no te dejen cojo. Este lema puede generalizarse a cualquier dupla de órganos del cuerpo humano.

  • Independencia significa poder levantarte del váter sin ayuda. Ni por asomo significa lo que creen esos españoles mentecatos del NorEste.

  • No hay mayor humillación para una persona que tener que defecar encima de sí mismo.

  • No hay mayor soledad que vivir con un sordo

  • Libertad es poder levantarte cuando te parezca y largarte do quiera que te plazca.

  • Nunca des la espalda a una enfermera que porte un palitroque.

  • Cuando algún médico te recomiende operarte, piénsatelo antes mil veces.



Nota:

Los que me conocéis sabéis que en mis escritos suelo fantasear e inventarme cosas por el bien del relato, pero os aseguro que todo lo que cuento en éste es la pura verdad. La realidad hospitalaria supera en mucho a la ficción.


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José Damián García Rivero

Miguel Guerrero

unread,
Dec 31, 2017, 6:31:11 AM12/31/17
to escolap...@googlegroups.com

Damián, eres el número uno. 

Sólo una persona como tú es capaz de soportar todo lo que cuentas (y muchííííísimo más que solamente tú conoces) y trasladarlo al papel como lo haces. Ni el mismo Cervantes sería capaz de superarlo; si acaso y lo dudo, igualarlo.

Te agradezco un montón que me hayas hecho partícipe de tus muchos padecimientos y de tu envidiable forma de afrontarlos. Eres un ejemplo para todos.

Un fuerte abrazo.




De: escolap...@googlegroups.com <escolap...@googlegroups.com> en nombre de José Damián García Rivero <damian...@gmail.com>
Enviado: sábado, 30 de diciembre de 2017 14:16
Para: Grupo exalumnos Escolapios
Asunto: Vicisitudes sobre mi operación de Corazón
 
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carlos rios tejada

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Dec 31, 2017, 6:53:09 AM12/31/17
to escolap...@googlegroups.com
Queridos amigos :
Gracias por enviarme éste magnífico relato. 
Además de felicitar al protagonista por su valentía, paciencia y sabia y prolija   
descripción de sucedido , tomo buena nota, buena nota !!
Para no repetir  la experiencia.
Espero y deseo una total y pronta recuperación.
Que Dios nos libre de un Hospital Público.
Y lo dice con conocimiento el Presidente de la Junta de Personal del Sindicato Médico del Distrito Costa del Sol.
Un abrazo y Feliz Año.

El 31 dic. 2017 12:31, "Miguel Guerrero" <miguelguer...@hotmail.com> escribió:

Damián, eres el número uno. 

Sólo una persona como tú es capaz de soportar todo lo que cuentas (y muchííííísimo más que solamente tú conoces) y trasladarlo al papel como lo haces. Ni el mismo Cervantes sería capaz de superarlo; si acaso y lo dudo, igualarlo.

Te agradezco un montón que me hayas hecho partícipe de tus muchos padecimientos y de tu envidiable forma de afrontarlos. Eres un ejemplo para todos.

Un fuerte abrazo.



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