La Piedra Imán de las Mil y Una Noches era un islote fabuloso en mitad
del océano que atraía y desencuadernaba a los barcos que se le
acercaban. De esa forma se explicaba en aquellos tiempos que las
agujas magnéticas, dejadas libres, se orientaran todas al mismo punto
situado en lo remoto, de la misma forma que las cabezas de los
musulmanes se dirigían a la hora de la oración hacia la Meca, Imán de
Todos Los Creyentes.
Tanto las limaduras, como el imán, como las agujas, como los
creyentes, atraen, o son atraídos, por la misma razón: porque Dios así
lo quiere. Punto.