Hace ya bastantes años andaba yo de viaje por esas carreteras ibéricas
e iba escuchando un programa de Radio Nacional cuyo nombre no recuerdo
pero que estaba dedicado a nuestros amigos perrunos. Además de los
habituales consejos y comentarios sobre educación y alimentación de
nuestros amigos, había un apartado en el que se aceptaban llamadas de
oyentes que quisieran contar algo sobre el tema. Y llamó uno que
contó lo siguiente:
Él era natural de un pueblo de La Mancha cuyo nombre no recuerdo pero,
al igual que muchos otros en los años 60-70, emigró muy joven a Madrid
y se afincó allí. Y como él, sus demás hermanos, de forma que
finalmente quedaron solos sus padres en el pueblo.
Pasado un tiempo, murió la madre y quedó solo el padre y el perro que
tenía que, creo recordar, era un pastor alemán.
Pasaron unos años más y un invierno el padre, ya anciano, enfermó y
los hijos fueron a darle el último adiós. Después del entierro, este
hijo que llamaba a la emisora decidió quedarse con el perro y se lo
llevó a su piso de Madrid. Pero, al día siguiente de llegar, al abrir
la puerta para salir, el perro aprovechó y escapó escaleras abajo. Lo
anduvieron buscando varios días sin encontrar ni rastro de él, y no le
volvieron a ver.
En verano solía pasar las vacaciones en el pueblo, así que volvió por
allí el verano siguiente. Explicó por allí su aventura con el perro
y, para su sorpresa, le contaron que unos días más tarde de la
desaparición lo habían encontrado en el cementerio, sobre la tumba del
que había sido su amo. No consiguieron separarlo de allí y tampoco
consiguieron que comiera la comida que le fueron llevando los del
pueblo, de manera que a los pocos días apareció muerto allí mismo.
Y aquí acaba la historia. Si fue cierta o invento del que llamaba no
lo sé pero recuerdo que me impactó mucho cuando la oí.
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Saludos desde el Mediterráneo...
No te preocupes por evitar la tentación. A medida que vayas
envejeciendo, ella te evitará a ti.
(Winston Churchill)