Araceli Currás Bermúdez, alias 'Celia'.
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Recogía animales abandonados en un pequeño pueblo de Mallorca
La Guardia Civil sostiene que fue un suicidio, sus hijos que murió
envenenada. Araceli había denunciado amenazas de muerte
LUCAS DE LA CAL
@Lucasdelacal
08/07/2016 18:00
http://www.elmundo.es/cronica/2016/07/08/577788a3ca4741c41e8b4601.html
Para muchos vecinos de Montuïri, Celia, la del refugio de animales,
estaba loca. Era una señora que vivía sola en una finca en medio del
campo sin luz ni agua. Una señora que recogía todo tipo de animales
moribundos de las calles y los cuidaba. Una señora que denunciaba lo que
le parecía corrupto, ilegal y poco ético. Por ello decía que en
cualquier momento la iban a matar. "No paraba de asegurarme que en poco
tiempo leería su nombre en la sección de obituarios de algún periódico
local. Que había molestado a gente muy peligrosa. Yo nunca le di
importancia, pensaba que se había montado una película. Hasta ahora". La
cajera del supermercado de este pequeño pueblo de la isla de Mallorca
tiene claro que la muerte de Araceli Currás Bermúdez -Celia para los
amigos- ha sido un asesinato.
Dos vecinas encontraron el pasado 1 de mayo a esta gallega de 55 años
tirada boca abajo en un charco de sangre, con los brazos y las piernas
llenas de arañazos de sus gatos. Llevaba tres días así. Al principio, la
Guardia Civil dijo que había sido una muerte natural. Después, la
autopsia reveló que en su organismo había una sustancia tóxica. "Todo
apunta a un suicidio. Caso cerrado", dijeron los agentes a Gerard y
Desireé, los hijos de Araceli. Si la historia hubiera acabado así,
seguramente no tendría espacio en este suplemento de reportajes. Pero,
para desgracia de la familia de nuestra protagonista, las incógnitas de
su muerte podrían servir de argumento para un best seller de suspense.
Conocimos la historia gracias a una petición en la plataforma
Change.org. "Investiguen el posible envenenamiento y muerte de mi
madre", reza el titular escrito por los hijos de Araceli, que ya han
recogido más de 17.000 firmas dirigidas a la Guardia Civil para que
reabran el caso. "Está claro que hay muchas cosas que no encajan en la
muerte de mi madre. Tenemos pruebas y evidencias para creer que no ha
sido un simple suicidio y hemos contratado investigadores privados para
llegar hasta el final", nos explica enfadada su hija, Desireé Moreno,
una operaria de cámara de 31 años que vive en Madrid. Su hermano,
Gerard, de 37, trabaja en la recepción de un hotel en Ibiza.
Empecemos por la noche anterior a la muerte de Araceli. La mujer llamó a
una amiga para contarle que había visto a dos hombres merodeando por su
finca. Vivía en un terreno de 1.600 metros cuadrados. Tenía una especie
de refugio de animales donde ha llegado a cuidar hasta a 50 perros y
gatos que encontraba vagando por las carreteras. Su amor por los
animales la llevó a interponer varias denuncias a vecinos por abandono y
envenenamiento de sus mascotas. Pero ahora, su batalla se centraba en
denunciar a dos familias del pueblo de las que decía que se dedicaban al
tráfico de drogas. Un rumor que es vox populi en Montuïri, donde dos
vecinos anónimos nos reconocen haberles comprado cocaína un par de
veces. "Viven cerca de la finca de Araceli y allí tienen una nave con
toda la droga que suministran a varios camellos repartidos por la isla",
aseguran. Araceli guardaba en una maleta en su casa 500 papeles escritos
a mano, que había presentado varias veces ante la Fiscalía de Palma, en
los que aseguraba que estas personas distribuían la droga y que la
Guardia Civil les dejaba moverse libremente.
La mujer murió en la mañana del 27 de abril. Antes había ido a la
gasolinera con su viejo Seat y le dijo a la dependienta que por la tarde
le llevaría unos huevos. También mandó un mensaje a un amigo suyo para
que le acompañara a media mañana a Palma, donde había pedido cita en el
servicio de empleo para solicitar una ampliación de los 400 euros de
pensión que recibía.
Tras su muerte, forzaron la puerta de casa, revolvieron sus cajones y
quemaron los animales muertos
"Si te vas a suicidar, no haces todos esos planes", dice Desireé. A ella
y a su hermano Gerard les avisaron de la muerte casualmente el Día de la
Madre, el domingo 1 de mayo, a las nueve de la noche. Habían encontrado
su cuerpo por la mañana. Al día siguiente, ellos dos y su padre, que
estaba divorciado de Araceli, cogieron un avión hasta la isla. Al llegar
al cuartel de la Guardia Civil, lo primero que les dijeron es que había
sido una muerte natural. Los llevaron hasta la finca para recoger sus
cosas. "Allí vimos algo muy raro. De repente, algunos ratones y gatos
que había cayeron muertos al suelo. Los metimos en un saco, cogimos el
móvil de mi madre, también los papeles que guardaba y nos fuimos",
cuenta la hija.
El 4 de mayo, la autopsia reveló que su madre, una mujer amante de la
medicina natural que estaba totalmente en contra de los medicamentos
tradicionales, había fallecido por una intoxicación medicamentosa.
Todavía están esperando a saber qué sustancia ingirió. No han recibido
aún la autopsia ni han podido enterrar a su madre.
Regresaron a la casa para entregar los ocho perros con los que vivía
Araceli a una protectora de animales. Su sorpresa fue cuando vieron que
alguien había entrado por la noche. Una escalera estaba puesta en la
pared hasta el balcón y la puerta estaba forzada. La habitación de
Araceli tenía todos los cajones revueltos, la ropa por el suelo y el
colchón levantado. Pero lo que más les extrañó fue ver, en la parte de
atrás de la casa, que a los animales que habían recogido muertos los
habían quemado.
"Los agentes nos confirmaron al llegar que alguien había entrado.
Sospechamos que buscaban los papeles de mi madre y quemaron los restos
de los animales para eliminar las pruebas del veneno. Pero son sólo
especulaciones porque por ahora no tenemos pruebas claras", afirman los
hijos. "La Guardia Civil ha hecho un juicio de valor contaminado con
este caso. Conocían muy bien a mi madre porque era muy reivindicativa y
cada dos por tres iba a la comisaría y ponía alguna denuncia. No la
tomaban en serio, pero aun así es muy raro todo el procedimiento que han
llevado a cabo".
Desde el cuartel de la Guardia Civil del municipio de Vilafranca de
Bonany, que cubre el área de Montuïri, oficialmente nos dicen que los
agentes hicieron una inspección ocular, que determinaron que había sido
un suicidio y que a esa misma conclusión llegó la forense que hizo la
autopsia al cuerpo en Manacor. Extraoficialmente, un agente cuenta que
él no cree que la muerte de Araceli haya sido una simple intoxicación
voluntaria y que no entiende por qué no se abre una investigación.
"Me tiran piedras"
Tenemos acceso a algunas de las cartas que la fallecida guardaba. "Me
tiran piedras y me amenazan. Llevo años denunciándoles, pidiendo
protección para mí, y nadie me hace caso", se puede leer en una de
ellas, donde escribe varias veces el nombre y los apellidos de los
supuestos traficantes.
En los municipios de Montuïri y Vilafranca conocían bien a Araceli. La
mujer que caminaba coja sobre un bastón y que iba todas las semanas a
llenar 50 garrafas de agua al pueblo de al lado. Que cocinaba todos los
días arroz con pollo sobre fuego de leña y que se quedaba sin comer
muchas veces para alimentar a sus animales. Tenía enemigos que no la
soportaban, a los que había denunciado por tratar mal a sus mascotas.
También amigos, pero que no sabían casi nada de su vida, ni siquiera que
tenía hijos.
"Iba siempre muy desaliñada y sólo se preocupaba de los animales",
cuenta una vecina. "Yo creía que estaba loca porque me dijo un par de
veces que peligraba su vida. Pero ahora, después de lo que ha pasado,
está claro que algo huele mal en la historia", dice otro hombre del
pueblo. "Hace algo más de un año se fue un tiempo a Galicia. Me dijo que
si no se marchaba la iban a matar. Pero luego regresó", sentencia una amiga.
Han pasado dos meses y el misterio de la muerte de la protectora de
animales de Montuïri sigue sin resolverse. Los hijos ni siquiera han
podido ver el cuerpo de su madre ni enterrarla. Y a ellos no les gustan
las historias con finales abierto