Bueno, continúo.
Una vez en la cola (¿una cola bien hecha, ordenada y sin tercera dimensión? ¿En Madrid? Se nota que los roleros somos gente seria y de fiar) y a punto de sumirme en torpor por el sol que pegaba, aquello empezó a moverse y entramos relativamente rápido y con orden. La espera no se hizo pesada, pues el desfile de roleros de pro y de camisetas friki era digno de ver y disfrutar.
Varios clérigos en camiseta naranja se dedicaban a echar hechizos de orden y tranquilidad que desterraban el caos e hicieron que no hubiera estampidas ni malos modos ni el aglutinamiento inherente a largas colas y largas esperas (¿ya he dicho que los roleros somos gente guay y que sabe controlarse y mantener la calma en la más adversa de las situaciones?).
¡Y por fin pudimos entrar!
¡Por fin en la meca de nuestra pasión! ¡Por fin cumplimos el peregrinaje que todo aficionado ha de hacer una vez en su vida si es posible! Las conversaciones frikis zumbaban en los oídos. Los sonidos de los dados siendo tirados restallaban por todo el pabellón. ¡Las fundas de las cartas! ¡Los manuales con su inefable olor a tinta nueva! ¡El rasgar de los lápices en el papel! Sentía que renacía de nuevo, que estaba alcanzando la Golconda (otra vez). Y lo mejor de todo es que estaba con la sangre de mi sangre, compartiendo ese momento. Y le miré a los ojos. Y él miro alrededor, con los ojos iluminados, ilusionados, como un master ante un libro de monstruos nuevo. Y su mirada se clavó, ardiendo de pasión, en una mesa. Y yo seguí su mirada, con una sonrisa beática y compresiva en mis labios... ...que se congeló en un rictus de horror y estupefacción cuando me di cuenta del deseo de su corazón. Dos grandes dioramas de ciudades en ruinas se alzaban en medio de las mesas dedicadas al wargame y simulación, obrando una funesta y execrable fascinación en mi retoño que, hipnotizado por su bella canción, se dirigió directo allí, sin poder evitarlo de modo alguno...
Y la piedra que tenía en el pecho rezumó sangre, viendo cómo a mi izquierda quedaban los manuales y los lápices, los dados y las hojas de personaje, mientras me zambullía en un mundo de figuritas, reglas y dioramas siguiendo a mi descendencia, sin esperanza de escapatoria alguna. Al menos tenían dados, magro consuelo.
En definitiva, que el pabellón tenía a mano izquierda la zona dedicada a rol y a la derecha la zona dedicada a juegos de figuras, wargames y similares. Y mi hijo se empecinó en estar allí todo el rato, mientras yo me dedicaba a mirar suspirando, a lo lejos, la partida de Conan JdR (por cierto, buena pinta). Pude pasearme viendo a la gente jugar, experimentar sus alegrías y tristezas, rezumando de sus hojas y dados, expandiéndose en el pabellón y dotándolo de un aura que sólo se puede apreciar tras años y años de juego. Puede recrearme en los puestos de las librerías, viendo las últimas novedades como Conan, Witcher, cómo resurgía con fuerza D&D5, Mago, Vampiro, o el ínclito Marca del Este (había leído sobre él, pero nunca le había puesto la vista encima), etc...
Ahora en serio, dado que mi hijo "me dejó en la estacada" y como padre ejem!! responsable ¡¡ejem!! no podía dejarle solo, no pude jugar a rol como deseaba, pero sí aspirar el ambiente, ver cómo hay todo un nuevo fandom tomando fuerza y que nos ha sobrepasado totalmente. También me dediqué a jugar a wargames (DBA, 2GM, +++ y se me quedó en el tintero Stalingrado) y a disfrutar del ambiente que había en la convención en general. Me tire mucho tiempo acompañando y jugando con mi hijo, alucinando con el cubo Borg del juego de guerra de Star Trek (4 mesas, con un tapete con simulación del espacio, campo de asteroides, planetas..., con figuras de naves por toda la mesa de tamaño pequeño al cubo de más de 25 cm de lado), disfrutando como un enano con partidas de estrategia junto a mi retoño, viendo cómo me la liaba una y otra vez y debía esforzarme para ganarle.. En fin, toda una pasada de día, aunque no hubiese rol. El punto malo es que a mi hijo le han encantado no, lo siguiente, las figuras de plomo, con su pintura y su preparación, etc. Me parece que me va a arruinar...
Me dio tristeza que sólo hubiese podido ir un día, y que no pudiese tocar una hoja de personaje (dados tiré y unos cuantos...). Pero la pasión de mi hijo y su ilusión con esos "nuevos juegos" se me hace fácil encarar el ir a las siguientes jornadas. ¡Y quién sabe! ¡A lo mejor hasta juego a rol y todo!
Sir Brain Colward
Puedo seguir más, pero ya sólo a petición popular