On 23 mayo, 23:59, Jean Mallart <
jpmallartFRAKYOUCYLONS...@terra.es>
wrote:
> No recuerdo el de (Delany), pero me has hecho accordarme de "Camino a
> Bizancio", de Robert Silverberg, donde el protagonista llega a ver
> amenazada su existencia (sea eso lo que sea) por preocuparse demasiado
> en un remoto futuro dominado por una humanidad ociosa que poco tiene ya
> que ver con nosotros, seres primitivos en comparación.
Ah, muy bueno ese apunte. De hecho, todas esas grandes ciudades, Roma,
Bizancio, Mohenjo Daro, que lucen como parques de atracciones, en su
estado original y auténtico debían de ser valles de lágrimas. Pero que
tire la primera piedra aquel de nosotros que no haya usado para
relajarse a media tarde un documental de La Dos sobre la vida y la
muerte de las pobres bestias ignorantes del Serengueti, ignorantes
pese a que saben y viven todos los días cosas que nosotros olvidamos
hace mucho.
Una vuelta de tuerca en este juego de buenos sabios salvajes: en
historias como Avatar de James Cameron (o sea, en un montón de
historias anteriores y similares a ella) se presenta al salvaje,
henchido de precariedad humana y fatalismo, como paladín y ejemplo en
la oposición a ese tipo de pensamiento positivo que redunda casi
necesariamente en una mayor potencia de la sociedad en la que rige en
las áreas de producción y de consumo. Los terrestres malvados qe
invaden Pandora no nos parecen excesivamente llevados de lo chupiguay
debido a que se los enfoca inmersos en las mismísimas cloacas del
sistema, pero habría que ver cómo viven y piensan sus congéneres en la
Tierra, o esos mismos colonos llevados allí de vuelta. Los obreros de
Henry Ford que salían al campo a dominguear montados en sus flamantes
modelos T fueron grandes iconos de las bondades del Mundo Feliz, pero
esa cualidad icónica nacía del sesgo de que las fotos se las tomaban
domingueando, y no en la jornada de ocho a cinco cuando remachaban
pernos y se cagaban en la madre que parió al humo, al ruido y a las
prensas machacadoras de manos y de pies.
Pero, al mismo tiempo, todo el sistema de consumo de contenidos
culturales generada en torno a ese "primitivismo" es inherentemente
positivo-chupiguay, porque facilita la sensación de pertenencia a un
sistema de valores externo, anticonsumista, pero al mismo tiempo
difumina la exigencia de responsabilidad que conlleva necesariamente
toda elección ética.
"¡Hoygan", me podrían decir, "que no se puede hilar tan fino con las
implicaciones éticas de las ficciones de entretenimiento, o se corre
el riesgo de acabar viendo conspiraciones judeo-homo-masónicas hasta
en los Teletubbies!". Bueno, soy consciente de ello, pero la mayor
parte de las ficciones de buenos y malos, o no van muy allá en la
descripción del sistema del mundo que defienden, o recurren a la
defensa más o menos abstracta de ciertas normas fácilmente
"escalables", en el sentido de que son susceptibles de arrojar
resultados apreciables en iniciativas tanto a pequeña escala como a
mediana o a grande. La caridad y la alegría de "A Christsmas Carol" de
Dickens es un buen ejemplo.
Pero, aunque parezca increíble, y aunque nació en torno a ese
movimiento, el motto de "piensa globalmente, actúa localmente" es
extremadamente difícil de aplicar de forma útil en favor de unos
valores "naturalistas" y "ecológicos". Lo impide la misma estructura
económica de nuestra sociedad, que hace que ahorrar electricidad sólo
sirva para que suba la factura de la luz [1] y que reciclar la basura
sólo sirva para que el trapero y el viejecito recogedor de cartones
sean expulsados del sistema económico por medio del crowding out [2].
Resumiendo mucho, a la hora de la verdad, Avatar, la ecología y los
documentales del Serengueti sólo sirven para infundir en los fieles
una (falsa) sensación de virtud, de preocupación, sin más precio que
una actitud pasiva. Dormir la siesta con TVE2 es como ir a misa.
Sigo más tarde, y más tarde cumplimento las notas a pie de página.
Ignatius el chico trabajador sólo tiene hasta las dos y media para
sacar todo el trabajo del día. Dichosos funcionarios parásitos.