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Los peligros de mil mundos: Gambolde, el insustancial (Parte primera de, aproximadamente, veinticinco)

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Ignacio

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Mar 30, 2013, 7:00:29 PM3/30/13
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Gambolde corre entre recovecos como un ratón. Repta entre las cortinas como una sombra. Como una sombra, desaparece ante la luz, aunque ésta no le afecta. Nada afecta a Gambolde. Ve, o tal vez capta, igualmente bien las cosas que ocurren a la luz y las que ocurren a la oscuridad, y por eso su reino es la penumbra, en la que no vive, sino pena, asustado y doliente, para siempre. Porque nada afecta a Gambolde, el indestructible. Salvo la pena.

Ignacio

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Mar 31, 2013, 8:27:05 AM3/31/13
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El domingo, 31 de marzo de 2013 00:00:29 UTC+1, Ignacio escribió:

> Gambolde corre entre recovecos como un ratón. Repta entre las cortinas como una sombra. Como una sombra, desaparece ante la luz, aunque ésta no le afecta. Nada afecta a Gambolde. Ve, o tal vez capta, igualmente bien las cosas que ocurren a la luz y las que ocurren a la oscuridad, y por eso su reino es la penumbra, en la que no vive, sino pena, asustado y doliente, para siempre. Porque nada afecta a Gambolde, el indestructible. Salvo la pena.

Pena de lo que pueda ver, tal vez oír. Tal vez oyó aquella noche los gritos y llantos en la alcoba. Los criados no oyeron nada, o eso dicen. Dicen también que a la mañana siguiente entraron a la alcoba a despertar a la damita, y sólo hallaron de ella sangre en la cama y en las cortinas del baldaquín. Eso sí lo oyó Gambolde, escondido entre las arrugas de las telas. Oye bien a la luz de la mañana. No puede evitar oir los gritos de la oscuridad. Las dos cosas le infunden pánico. Por eso elige, siempre que puede, la penumbra.

Ignacio

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Apr 1, 2013, 4:48:00 PM4/1/13
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Porque la oscuridad grita atronadora, como una tempestad de llantos y alaridos. La claridad, que es menos terrorífica, resuena, si la captas, con reproches a Gambolde y a los seres de su clase. Por eso también Gambolde la evita cuanto puede, aunque suele ser más piadosa con la gente que duerme en las alcobas, que en la clara mañana se alzan y viven, si es que no han desaparecido de sus cuartos dejando tras de sí sólo un rastro de sangre.

Lo que pasa cuando a la Cosa que Gambolde llama Oscuridad se le antoja estallar como una tormenta de las que derriban los árboles y las torres más sólidas y recorre la casa buscando algo sólido sobre lo que abatirse, momento en el que Gambolde gusta más que nunca de esconderse en los rincones, avergonzado y feliz de ser tan poco sólido que nunca un huracán ni un rayo lo partieran.
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