El domingo, 31 de marzo de 2013 00:00:29 UTC+1, Ignacio escribió:
> Gambolde corre entre recovecos como un ratón. Repta entre las cortinas como una sombra. Como una sombra, desaparece ante la luz, aunque ésta no le afecta. Nada afecta a Gambolde. Ve, o tal vez capta, igualmente bien las cosas que ocurren a la luz y las que ocurren a la oscuridad, y por eso su reino es la penumbra, en la que no vive, sino pena, asustado y doliente, para siempre. Porque nada afecta a Gambolde, el indestructible. Salvo la pena.
Pena de lo que pueda ver, tal vez oír. Tal vez oyó aquella noche los gritos y llantos en la alcoba. Los criados no oyeron nada, o eso dicen. Dicen también que a la mañana siguiente entraron a la alcoba a despertar a la damita, y sólo hallaron de ella sangre en la cama y en las cortinas del baldaquín. Eso sí lo oyó Gambolde, escondido entre las arrugas de las telas. Oye bien a la luz de la mañana. No puede evitar oir los gritos de la oscuridad. Las dos cosas le infunden pánico. Por eso elige, siempre que puede, la penumbra.