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El museo sin atributos. Ángela Molina

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Cayetano Lupenna [NR]

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Apr 2, 2012, 4:40:25 AM4/2/12
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El museo sin atributos

Al Guggenheim le sigue faltando un interés teórico por la cultura

Por Ángela Molina
Diario El Pais - 1 abril 2012
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/03/31/paisvasco/1333213426_965345.html


El Guggenheim Bilbao es el primer museo sin atributos de la era global,
gestionado por un equipo con muy pocas atribuciones y dirigido a un
público escasamente dotado, a no ser que consideremos a los miles de
turistas, estudiantes y arquitectos que lo visitan cada año algo más que
individuos imbuidos de un profundo respeto por un edificio cuya
imponente aura debería sacrificarse por un proyecto que posibilite una
aventura intelectual, donde el acto de ver (una obra de arte) tenga un
carácter activo y estructurante. Esta autolesiva aridez, su carácter
escindido y narcisista —que le ha llevado a falsificar su propio retrato
en bodegas y museos del rock and roll— le ha impedido liberarse de su
matriz americana, que no le deja ni un momento de persuasión, vaciando
su realidad inmediata de cualquier impedimento.

Los conceptos son inestables, caminos móviles dibujados en mapas de
relaciones que se mueven. Desde su apertura en 1997, el concepto de
museo que se ha querido aplicar al Guggenheim Bilbao es el de un centro
funcionalista, icono y catalizador de una renovación urbanística
dedicado a hacer circular su colección de arte americano, a la que se
sumarán exposiciones temporales de “grandes nombres” dirigidas a
“multitudes”. Es evidente que el mapa cultural de la metrópolis se ha
movido desde entonces, pero al Guggenheim le sigue faltando un interés
teórico por la cultura.

Lo que le ha interesado, teóricamente, bajo el nombre de la política es
propiamente la relación de poder del Gobierno vasco con los modos de
gestión de una comunidad —líneas de reparto de inclusiones y
exclusiones— bajo la apariencia de una operación identitaria, pero
entregada al único dictado de los despachos neoyorquinos. Es una de las
consecuencias de la sumisión de la infrapolítica nacional a la
ultrapolítica —cultural y económica— global.

Un ejemplo de lo que aquí se plantea es la muestra El espejo invertido
—hasta el 2 de septiembre—, con obras de las colecciones del Museo de
Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) y la Fundación La Caixa. Antes
que nada, habría que preguntarse por el sentido de esta exposición en
Bilbao, que bien podría responder el slogan de la entidad bancaria: Tu
ets l’Estrella (Tú eres la estrella). Y es precisamente en forma de
estrella, con continuas y estériles idas y venidas, el movimiento al que
nos obliga un recorrido sin destello alguno. La singular visión del arte
internacional a partir de los cincuenta que el Macba ha ido defendiendo
durante años queda aquí reducida a un detritus escolar, mezclado con
otras obras que nos transportan a los peores tiempos de la burbuja
artística, cuando los grandes formatos pictóricos y fotográficos
arrojaron a la trastienda un tipo de prácticas que hundían sus raíces en
un pensamiento romántico de relación del arte con la vida, con trabajos
de sensitiva y brillante radicalidad.

El mosaico de piezas reunidas por el canario Álvaro Rodríguez Fominaya,
conservador a sueldo del museo neoyorquino desde 2011 y recientemente
incorporado al staff del Guggenheim Bilbao, desconoce los valores de la
reflexión. ¿Por qué no se quiso un comisariado desde el Macba? ¿No es su
director quien mejor conoce la colección? ¿O es que el Guggenheim no
quería arriesgarse con una exposición solo para enterados? Un prejuicio
intolerable. Si ha habido en España un museo cuya singularidad y
exquisita programación le ha permitido traspasar su particular entorno
geográfico y ganar prestigio internacional, ese es el Macba. La
operación de liaison, firmada en 2010 entre el museo barcelonés y la
Fundación La Caixa (que uniría temporalmente las dos colecciones) fue el
primer paso que desvirtuó un modelo exitoso que habría podido preservar
su director, Bartomeu Marí, si no fuera por los famosos recortes y por
la cicatería de su socia, que se ha encargado de estigmatizar lo
diferente, la visión insospechada de la realidad desde el arte. La de la
fundación barcelonesa es una operación publicitaria sin fronteras, de
Barcelona a Nueva York pasando por Bilbao. Una sucursal bancaria
instalada en el pistilo de la rosa de titanio de Frank O. Gerhy.

Si Rodríguez Fominaya ha sido capaz de simplificar un conjunto de 5.500
obras en esta galería de espejos deformados, pervertidos —como La
Architettura dello Specchio (1990), de Michelangelo Pistoletto,
penosamente instalada al lado de las Gomme de Enzo Cucchi, las telas de
Schnabel y las transparencias de Signar Polke—, de partida podrá
presumir de que ha alcanzado el envidiable récord: defender fielmente
ante sus patronos la monolítica unidad del sistema del arte que mantiene
compacta una marca, un estilo museográfico, siempre para el bien del
gran público, aunque éste no lo sepa o tenga más bien la impresión de
que Mr. Marshall ya no es tan bienvenido.

Por Ángela Molina
Diario El Pais - 1 abril 2012
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/03/31/paisvasco/1333213426_965345.html

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Cayetano Lupeña
http://cayetano.boj.org
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