Por qué no creo en dios

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Juan Pablo Saenz

unread,
May 21, 2007, 2:08:10 PM5/21/07
to
He caído, una vez más, en una trampa del lenguaje. Estríctamente
hablando, el título de este artículo es incorrecto, ya que mi
no-creencia no es tal: no creo en dios no porque me falte fé o porque
haya elejido creer en otra cosa, en la ciencia, por ejemplo. O porque el
no-creer sea comparable con el creer, como si un acto de fé fuera lo
mismo que un acto de no-fé, como si existiera tal cosa como un „acto de
no-fé“. Más que "falta de fé", es un grado de certeza. Por eso, afirmar
que no creo en dios es falaz: tengo la certeza casi absoluta [1] de que
dios no existe. Por otra parte, esta aclaración debería no ser
necesaria; como todas las trampas del lenguaje, ésta también exige un
interlocutor atento y leal: capaz de no caer en ella y noble para no
dejar de entenderla como un resumen de lo expuesto más arriba. Capacidad
y nobleza son cualidades (lamentablemente) no compartidas por todos los
integrantes de este grupo, he aquí el porqué de esta aclaración.

Además, la imposibilidad de tener fé es una caracteristica válida para
cualquier postulado científico: no puede "creerse" en la teoría
darwinista de la evolución, ni en la teoría de la Relatividad, ni en la
fuerza de la gravedad, ni en el Principio de Incertidumbre; estas son
teorías más o menos aceptadas, más o menos plausibles, más o menos
útiles y que están en mayor o menor concordancia con el resto de las
teorías cuyo conjunto denominamos „ciencia“.

Ningún físico digno de respeto cree en el principio de incertidumbre de
Heisenberg, ningún biólogo cree en la evolución darwiniana, ningún
matemático cree en la conjetura de Poincaré. Por el contrario, la
dinámica interna de la producción del saber científico impulsa a los
científicos de todo el mundo a controlarse, exigirse y competir entre
sí, con lo cual cada teoría es desmenuzada y analizada hasta el
cansancio por diferentes personas, expertas en el área, cuyo principal
interés es (además de, asumámoslo gratuitamente, la búsqueda de la
verdad) encontrar algún error en la teoría del colega/competidor. No
hace falta decirlo, pero dentro de un esquema como el aquí expusto, la
fé sería lo más contraproducente que uno pueda imaginar; de hecho, lo
primero que se hace con cualquier teoría científica, como acabo de
esbozar, es asumir una posición escéptica ante ella, si se quiere
„no-creer“. Evidentemente, que muchos escépticos expertos (que no lo son
porque el título les quede lindo, sino que se lo han ganado dedicado
décadas a aprender el lenguaje de una disiplina científica y otros
muchos años en profundizar el análisis sobre un problema específico),
hayan tratado de invalidar una teoría sin conseguirlo y se pongan de
acuerdo en la plausibilidad de la misma, no la convierte en verdad, pero
convendrán conmigo que es una de los mejores acercamientos posibles a
ella. Así y todo, nunca nada es aceptado dogmáticamente: cuando la
ciencia habla, siempre habla de mayores o menores grados de
plausibilidad, que pueden fluctuar, invertirse o desaparecer, según los
elementos de control internos (es decir: el autoexamen permanente) así
lo indiquen.

Es interesante cómo ésta, siendo una de las características más
interesantes de la ciencia y el principal elemento constituyente de
verdad con el que cuenta, sea, a su vez, uno de sus aparentes puntos
débiles: el neófito es, por un lado, incapaz de discernir entre un grado
alto de plausibilidad y uno bajo, y se encuentra permanentemente
enfrentado con mensajes encontrados, con contradicciones aparentes que
le hacen, aquí sí, perder „su fé“ en la ciencia. Por el otro, ignorante
y ciego, confunde corrección con imprecisión, precisión con altanería,
teoría audaz con aceptación científica, en fin: temeridad con
conservadurismo y al fin, ciencia con pseudociencia. Dije que este es un
aparente punto débil porque, a la ciencia, esto le tiene sin cuidado: el
neófito no forma parte de su sistema ni participa de su comunicación;
socialmente, el neófito es parte del entorno de la ciencia [2], así como
lo es el ganador del Gran Hermano o del último premio nobel de Literatura.

Pero sirve para tratar de entender por qué en muchas discusiones sobre
religión, siempre, tarde o temprano, mi interlocutor me recuerda que „mi
fé en la ciencia“ es comparable con „su fé en dios“, como si la ciencia
y la religión o la decisión de no-creer y la fé fueran estructuralmente
idénticas; o aclama que mi ignorancia sobre la existencia de dios es
comparable a la suya, con la diferencia en en que él cree y yo no. Como
traté de esbozar más arriba, es absolutamente imposible tener fé en la
ciencia, así como es absolutamente imposible encontrar argumentos
racionales para la fé [3]. Siendo la fé inherentemente irracional, por
qué ese afán de algunos creyentes en querer encontrar argumentos
racionales para su fé? Por qué no les basta la fé en sí misma, siendo
que ésta, por definición, es autosuficiente y autoreferencial?

Sin pretender reafirmar la Ley de Goldwin, el comportamiento de los
creyentes que, por un lado, tratan de convencerme de que mi espíritu
analítico y mi raciocinio son una especie de „fé en la ciencia“ y por el
otro, al mismo tiempo y sin que se les mueva un pelo ni se les tuerza el
rostro de vergüenza, pretenden convencerme de que hay argumentos
racionales en los que puede apoyarse su fé [4], me hace acordar al de
aquellos parlamentarios neonazis alemanes, quienes calificaron al
último bombardeo aliado contra la ciudad alemana de Dresde, ya
finalizada la segunda guerra mundial (a todas luces atroz, brutal e
inecesario) con el adjetivo de „Holocausto“, comparándolo con algo que,
según ellos mismos, nunca ocurrió, pero que sin embargo, también según
ellos mismos, tendría que ocurrir. Entienden la contradicción?

Así como la fé es contraproducente para la ciencia, la razón es
contraproducente para la religión y para la fé en general. Nadie puede
creer en dios razonando; la fé es un acto de voluntad que elimina a la
razón automáticamente; en nuestro intelecto no hay lugar para ámbas a la
vez. Con esto no quiero decir que todos los creyentes sean personas
irracionales, pero en el momento de abrazar su fé, y aunque sea solo por
ese instante, tienen que dejar a la razón de lado, pues la razón nos
indica que no hay más motivos para creer en dios que para creer en
cualquier otra cosa, incluyendo el Mounstro Spaghetti Volador, Superman
y a los Unicornios Azules. La existencia del universo, el amor, la
complejidad del ADN, el fuego y las mareas NO son indicios racionales a
favor de la existencia de dios; algunos de éstos fenómenos tienen causas
conocidas y otros no, pero uno no puede afirmar cualquier cosa solo
porque desconoce otra completamente distinta. Uno puede afirmar
cualquier cosa diciendo que cree en ello, sin más y sin ningún tipo de
justificación (y eso es irracional, y así funciona la fé).

Es obvio que el adjetivo "irracional", en la sociedad contemporánea y
occidental, tiene una fuerte carga negativa, e inconcientemente, todos
quienes siguen aferrados a una fé irracional (lo lamento, pero es así y
no se puede describir de otra manera) se dan cuenta de ello y se
enfrentan a un conflicto imposible de dilucidar: o dejan la fé de lado o
dejan la razón de lado. No pueden recionalizar la fé y quedarse con ámbas.

--

NOTAS

[1] El "casi" es simplemente un tecnisismo propio del lenguaje racional
indicado para explicar el ateísmo: ya que todo lo imaginable es posible,
la certeza de que, por ejemplo, la humanidad no exista dentro de una
matriz informática y que cada uno de nosotros sea, en lugar de un
idividuo biológico, un ente de información dentro de un superordenador
cuántico que simula nuestro universo como parte de un experimento
extraterrestre, es también "casi" absoluta. Por otra parte, esto no
quiere decir que dicho tecnisismo deba o pueda ser tomado en serio; si
todo lo imaginable es posible, nada es imposible, con lo cual esta
discusión (y con ella, todas las demás) carecería de sentido.

[2] Aunque pueda dejar de serlo y pasar a ser un experto: gracias a la
evolución (y no gracias a dios), estamos en un momento de la historia de
la humanidad en la que cualquier carpintero puede ir a cualquier
biblioteca y aprender lo que le plazca.

[3] No me refiero aquí a las posibles causas biológicas, sociales o
psicológicas de la „fé“, ni intentaré analizar dicho fenómento desde una
metaperspectiva en cuanto a su grado de importancia para nuestra
especie, si bien sería una cuestión por demás interesante.

[4] Son muchos y muy graciosos los supuestos „argumentos“ de los que se
deduciría „racionalmente“ la existencia de un Dios: la existencia del
cosmos, su complejidad, el delicado equilibrio de las fuerzas físicas,
la estructura del ADN, la función del ojo humano... o bien el fuego, los
truenos, la energía eléctrica, el viento, las mareas y el dolor
estomacal (dependiendo de la época y origen del interlocutor de turno)

Algenib

unread,
May 22, 2007, 10:43:45 AM5/22/07
to
Magistral leccion, pero inútil. ¿Sabes que reacción tendrás a tu magnífico
post?

Esa es tu fe y ese tu ídolo. La desvergüenza es la condición necesaria
para defender lo indefendible.

Aún has sido demasiado generoso. Los payasos que por aquí circulan se
corren de gusto cuando leen que la relatividad supera a la ley de Newton,
interpretan que la de Newton estaba equivocada y esa es la prueba de
error en la ciencia. Pues, no. La de Newton tiene su ámbito de aplicación.
Quien construye automóviles y los calcula solo le interesa la mecánica
newtoniana y por muchos siglos.
Las ciencias exactas se mueven dentro de márgenes de error controlados. La
topología y la teoría de estabilidad, se han desarrollado para es fin,
para ver cuando las aproximaciones son válidas.

Pero es más fácil creer que pensar, así que es inútil. El único método
adecuado con este gente es el método cínico-evangélico que puse en
practica hace poco.

Fearless

unread,
May 22, 2007, 3:40:04 PM5/22/07
to
"Juan Pablo Saenz" <jps...@gmail.com> escribió

Amén ;-)
--
Saludos.
Fearless.


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