Jesús
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Mariano Canales.
Salu2 sabrosos.
Iosu escribió en mensaje <785hbf$a9v$1...@diana.bcn.ttd.net>...
La castañera era vieja, siempre era igual de vieja, año tras año, en la esquina de la Plaza de
La Merced, junto al cine donde proyectaban "La Cenicienta", mientras en el recinto de la plaza los
quioskeros de navidad hacían un bullicio enorme que apagaban la voz de la castañera: "A pesetita,
pesetita, doy tres ricas castañitas", aunque no hacía falta el sonsonete, que el aroma de las
castañas asadas, humo gris claro, viajaba hasta el mercado, junto a la casa de Picasso, y mi
padre, que era un rumboso, compraba ¡Dos duros! señores, treinta castañas renegridas y calientes
en un cucurucho -página de deportes del "SUR" con foto de Viberti en camiseta blanquiazul (si
hubiera sido en colores, que no lo era)-.
La cáscara de las castañas crujía en la mano y me la dejaba tiznada. A mi me gustaba quitarle
la piel reseca con la uña hasta dejarla enteramente desnuda, dorada y brillante -¿sería una
fijación sexual de mi incipiente adolescencia?- y las treinta castañas duraban (parada obligatoria
en los puestos de figuritas de belén) justo hasta lo alto de calle Refino donde vivían mis
abuelos, adonde solo llegaba el cucurucho informativo lleno de caparazones muertos forrados de
pelusilla.
Muchas, muchas veces he intentado reproducir aquellas castañas, pero no lo logré: cacharro de
hierro agujereado, castañas rajadas con un cuchillo patatero, sal marina, mover y remover sobre el
fuego chispeante, pero, ay, me faltan elementos, como el horno-chimenea a leña, carbón y
periódico, negro, tubular, estrecho y trípode, pero sobre todo me falta aquella paleta de palma
trenzada con forma de espumadera con la que la vieja avivaba la brasa y que ya hoy me reafirma en
mi juvenil idea de que la viejecita no era sino un hada madrina y aquel extraño artilugio, su
varita mágica.
Un Amigo
Miguel A. Román
cf...@correo.rcanaria.es
"Miguel A. Román" ha escrit:
> La castañera era vieja, siempre era igual de vieja, año tras año, en la
> esquina de la Plaza de
> La Merced, junto al cine donde proyectaban "La Cenicienta", mientras en > (...)
> La cáscara de las castañas crujía en la mano y me la dejaba tiznada.
Yo no sé si Barcelona es la única ciudad de España donde todavía quedan
castañeras --diría que de Cataluña sí-- como las que describes. En el
ensanche aparecen sus chiringuitos color verde primavera a finales de
septiembre y aguantan vendiendo castañas y boniatos (además de chucherías
gomosas, palos de regaliz y latas de refrescos, que con algo hay que
redondear el negocio) hasta finales de marzo. Al ladito de mi casa tengo
una, y a mi me pierde el olor de los boniatos cuando vuelvo de la uni a la
hora de la merienda... :-)
Ah, y por aquí las varitas mágicas esas se llaman 'ventalls' y se
encuentran en cualquier pueblo donde haya casas con chimenea y en la ciudad
en cualquier cestería)
Laia
Eulalia de Bobes Soler wrote:
> Yo no sé si Barcelona es la única ciudad de España donde todavía quedan
> castañeras --diría que de Cataluña sí-- como las que describes.
Alguna quedará, pero la mayor parte de nuestra geografía se las han ido cargando los munícipes
celosos con malinterpretadas medidas sanitarias y comerciales.
> Ah, y por aquí las varitas mágicas esas se llaman 'ventalls' y se
> encuentran en cualquier pueblo donde haya casas con chimenea y en la ciudad
> en cualquier cestería)
Lo que no quedan son cesterías, y como ya tampoco hay hornillos de carbón y en Canarias no hay
chimeneas...