Aquí va algún trozo de mi lectura que me ha parecido interesante
reseñar:
"los catalanes han dado nombre a un centenar de especies de hongos (...)
en nuestra introducción el estudio de los macromicetes de Cataluña, que
vio la luz en 1931, dábamos 220 nombres catalanes de hongos (...) Desde
1936 hacia acá, los tiempos no se mostraron propicios para continuar con
el mismo ritmo, ni muchos menos, nuestros trabajos micológicos. Pero a
pesar de todo, hemos podido ampliar la primera lista hasta 250 nombres
que figuran en Los hongos de Cataluña y su nomenclatura popular
(Memorias de la Real Academia de Ciencias de Barcelona 1960)"
"La España micófoba, que abarca principalmente todas las provincias de
habla castellana, tienen tan escasos nombres populares de hongos, que en
la indicada edición de la Flora Española, Lázaro Ibiza sólo trae una
veintena"
"(...) la micofóbia se extiende entre los celtas y los frisios a lo
largo de las costas del Atlántico y del mar de Norte y, por otra parte,
en Grecia. Los ingleses sólo conocen la Pslliota campestris y los
noruegos el Cantharellus cibarios. Los españoles de Castilla, añaden,
comen dos especies: en mízcalo que es un lactario y la seta de cardo
(Pleurotus eryngii), en contraste con el vasto repertorio de los
catalanes."
"Recelo de los micófilos: Ante hongos desconocidos, los micófilos
desconfían tanto como puedan recelar los micófobos, si no más. La
micofilia no es ninguna manifestación de atrevimiento, sino de sensatez
y circunspección.
En Cataluña mismo, ciertas especies inofensivas, y aun excelentes, que
los catalanes no comen, es muy difícil que las admitan en la cocina
quienes no las tienen por buenas o no las conocen, no con todas las
ponderaciones de los doctos; como podrá advertir el lector del siguiente
sucedido.
Durante el primer año del plan quinquenal micológico de Cataluña, el día
21 de octubre de 1931, estábamos en el Montseny con el profesor Maire,
venido expresamente para dirigir la campaña de aquel otoño. (...) La
recolección de hongos fue excelente y llegamos a Sant Marçal con los
cestos rebosantes. Uno de ellos de una amanita que los catalanes no
comen, ni siquiera tiene nombre usual, la Amanita rubescens.
Acompañábamos al doctor René Maire, el médico don Joaquín Codina, de La
Cellera, el más entendido de nosotros en Micología, los profesores de
las Universidades de Madrid y Barcelona doctores Cuatrecasas y Fernández
Riofrío, la señorita Ángeles Ferrer, actualmente profesora del Instituto
Nacional de Mataró, y el que esto escribe: todos catalanes salvo
Riofrío.
Llegamos a Sant Marçal, encargamos la comida y entregamos las amanitas
para que con ellas aderezaran no recuerdo qué guiso. pero, renuentes, se
negaron en redondo. Aquellas setas, nos decían, eran malas y no las
admitían en la cocina. No querían hacerse responsables de cuanto pudiese
ocurrir. Y tuve yo mismo que insistir y hacer valer mi ascendiente en la
casa, porque todos ellos eran harto conocidos míos; y les dije que el
profesor Maire era uno de los más sabios micólogos del mundo, y que
cuando él recomendaba la seta como excelente había que creerlo a cierra
ojos; y todos por el estilo, excepto quizá Riofrío, que no se acababa de
decidir, insistimos hasta tal punto, que por fin accedieron a nuestras
exigencias, no sin recelos difíciles de desvanecer, y una a modo de
resignación que venía a significar: ¡sea lo que Dios quiera!"
Espero que os haya parecido interesante.
un saludo
Gemma