Es verdad que al perro flaco todo se le hacen pulgas y al sufrimiento
derivado de una decepción, suele unirse una conducta posterior poco
recomendable. La gente que ha sufrido una experiencia traumática en la
que ha sido rechazada por los demás, puede caer en unas formas de
comportarse en las que se daña a sí misma todavía más. Puede
entregarse a una búsqueda de placer desmedido a través del abuso en
la comida, la bebida o la droga, o mediante un abandono de sus
obligaciones laborales para divertirse de continuo. Lo que están
haciendo estas personas, y en ello hemos caído todos alguna vez, es
perder la visión de las cosas a largo plazo y encerrarse en el corto
plazo de una rememoración obsesiva con un descontrol emotivo de lo que
les acaba de suceder. Para superarlo se entregan al impulso del placer
momentáneo.
Esas conductas son dañinas por varias causas: la primera es porque
una vez que han cumplido su pasajera misión, nos hacen sumirnos en la
tristeza y la depresión; la segunda es porque ponen en riesgo nuestra
salud, o bien nuestro trabajo, o el logro de cualquier otra meta
vinculada al cumplimiento de nuestras obligaciones; la tercera, porque
en el fondo nos hacen fortalecer la falsa convicción de que éramos
merecedores de ese fracaso, de modo que no nos queda otro remedio que
encerrarnos en la soledad de nuestra habitación y apartarnos de la
relación social.
Una actitud indispensable es la de romper ese enclaustramiento en la
soledad y buscar una alternativa a la misma. La persona que ha sufrido
una decepción personal debe hacer todo menos encerrarse y entregarse a
un descontrol personal. Es recomendable que emprenda actividades de
relación social diversa. Actividades en las que el cuerpo se mueva y
se emplee con intensidad; la dinámica corporal es muy importante para
superar esas situaciones de apoltronamiento derivadas de un
anonadamiento de origen psicológico.
INFORMACION Y TEMAS SIMILARES EN
HTTP://WONDEROK.BITACORAS.COM