OVNIs:
¿QUÉ OCULTA LA IGLESIA CATÓLICA?
escribe: GUSTAVO FERNÁNDEZ
Dedicado a esos millones de espíritus
caritativos, humildes y bienintencionados, feligreses católicos, sacerdotes
y monjas sacrificados que siguen creyendo en un camino de Fe que construyen
todos los días con sus sanas intenciones, ignorantes de los oscuros manejos
de las más altas y secretas Jerarquías.
Sé que
necesariamente estas reflexiones incomodarán a muchos, sin duda me ganaré
la animadversión y, lo que es peor, el rechazo sin discusión ni evaluación
crítica de algunos de mis lectores. Tal vez hubiera sido más sensato no
escribirlo. Pero alguna vez (no hace tanto, realmente) me impuse la promesa de
escribir cómo pensaba, porque creo que esa es mi razón de ser más allá de las
consecuencias. Así que, simplemente, estas líneas son un intento de ser
coherente conmigo mismo. Y en este tráfago de información, investigaciones y
meditaciones en las que uno se ve envuelto, suelo dedicar bastanbte tiempo a
clarificar las campañas de intoxicación, desinformación y ocultamiento que las
más poderosas organizaciones han implementado alrededor del tema OVNI. Tan
luego, ahora, es el turno de la Iglesia. Cualquiera, en realidad, aunque los
argentinos debemos remitirnos indefectiblemente a la Católica. La que si bien ha
tenido algunos aislados miembros interesados en la Ovnilogía –en Argentina, el
jesuita Segundo Benito Reyna; en España, el padre Puig; ahora, ¿no llama la
atención que sean precisamente los jesuitas los únicos que parecen interesarse
en ella, estos aristócratas del conocimiento, aún vistos con resquemor histórico
por otras órdenes de quienes deberían ser sus amorosos hermanos?– es evidente el
disgusto que en muchos de sus frentes (carismáticos, por ejemplo) la sola
mención de la palabra OVNI provoca. Una Iglesia que apoya investigaciones entre
los alumnos de la escuela católica donde, a la par de evaluar el "impacto" de
las múltiples creencias de la Nueva Era, ladinamente desliza la Ovnilogía entre
ellas, esperando masificarlas en un solo conjunto de cara a una repercusión
periodística que no ha aprendido a separar la paja del trigo. Una religión que
se escandaliza de las suposiciones de que Jesús fuera un extraterrestre, que
Ezequiel viera una nave espacial. Una institución que se refiere despectivamente
(con un acento propio de "hermano mayor" orwelliano) sobre la necesidad de
regresar a la "madre" Iglesia ante este avance de "pensamiento mágico", como si
sus rituales dominicales y sus libros de catecismo estuvieran fundamentados
científicamente y abundaran en razonamientos lógicos, empíricos y objetivamente
comprobables. Una Iglesia que está ocultando algo. Trataremos de descubrir
qué.
Sospecho que existe un Cristianismo Esotérico, y que
éste es el reservorio, debidamente codificado, de evidencias de una ciencia
legada por seres extraterrestres, algunos de ellos “no materiales” (si
energéticos o espirituales, discútanlo ustedes) que contactaron en distintas
épocas a los humanos para provocar saltos cuánticos en la evolución de la
humanidad, saltos que respondían a sus propios intereses y beneficios, saltos
cuánticos cíclicamente alentados u obstaculizados por sociedades humanas con
intereses muy afines a este ajedrez cósmico.
A los pies de la
Virgen
Esta ciencia se expresa, a mi criterio, con un
"metalenguaje": el simbólico. Dicho de otra forma, no esperemos hallar –aunque
sería bonito hacerlo– un arca sepultada bajo un radiofaro estelar donde en
discos de material ultraterreno nuestros hermanos del cosmos nos leguen la
enciclopedia virtual de sus conocimientos. A fin de cuentas, ese arca y ese
radiofaro podría ser destruido por algún cataclismo, natural o artificial, y
adiós herencia interplanetaria. Nada mejor que dejar la información a la vista:
en los monumentos, en las culturas, en las costumbres, en las creencias. Quien
tiene oídos para oír, que oiga. Uno de los símbolos que han llamado mi atención
es la representación –varias de ellas– de la Virgen María en la iconografía
católica. Independientemente del ropaje y la oración así como de la advocación
que se le atribuya, es común que se encuentre dibujada con un semicírculo de
doce estrellas por encima de su cabeza y de pie sobre una Luna. O una media
luna, lo que es lo mismo. ¿Por qué?. ¿Ha sido sólo la febril imaginación de un
artista aburrido o se nos ha querido transmitir alguna instrucción en ese
dibujo?.
De siempre sabemos la erisipela que a los teólogos
católicos les provoca la Astrología. La sola posibilidad de que el común de los
mortales pueda conocer algo de las tendencias por venir les enerva, quizás
porque su difusión le haría perder el control de las masas ignorantes, aún
crédulas en que el hombre necesita intermediarios para comunicarse con
Dios.
Por cierto, admitida la Astrología como probable (sí,
ya sé que este artículo no era sobre la ciencia de los horóscopos; pero es
necesario ser un poco interdisciplinario para comprender a dónde quiero llegar),
no es peligrosa en el sentido que se le adjudica en los estamentos
eclesiásticos: cualquier buen astrólogo hará especial hincapié en que la misma
sólo muestra tendencias, no determinismos, y así es cuando más se debe luchar
para jerarquizar la propia calidad de vida, de forma tal que el argumento de que
la Astrología empujaría al ser humano a una inacción espiritual y material por
creerse absolutamente en manos de un destino irreductible, es sólo una expresión
de ignorancia, cuando no de insidia. Cierto es que algunos "astrólogos" juegan
con la debilidad de algunos consultantes garantizando lo "providente" de sus
lecturas, pero aquí la falla no está en la disciplina, sino en el cultor que la
profesa; nada desagradaría más a la Iglesia que un racconto de los asesinatos,
individuales y colectivos, en que por error, elección u omisión muchos de
sus ministros han estado envueltos. Pero las Iglesias –todas– existen, tienen
poder, sólo en función del miedo. Tomemos el caso de la Iglesia Católica, pero
esta referencia podríamos hacerla extensiva a cualquiera dominante en cualquier
cultura: ¿dónde reside su poder?. No en la fuerza de las armas; ese es atributo
de los ejércitos. No en el dinero; ello queda en manos de los "trusts" y las
multinacionales. Tampoco en el de las ideologías y sus manejos de compraventa de
voluntades, exigencia de los partidos políticos. ¿Es el poder del conocimiento?.
No ciertamente, salvo en el caso de los intelectuales que optan por la Iglesia
creo yo más por las conveniencias o el control sobre terceros que ello les
otorga. Numéricamente, las Iglesias dominan más el pensamiento de los poco
instruídos (y poco pensantes, lo que es peor) que el de las sociedades
esclarecidas. Tiene más fuerza entre los desesperados que entre los reflexivos.
Y si hacemos abstracción de su respaldo económico (que no es poco) y su
penetración histórico-cultural, su poder deviene del miedo. Desde el
miedo al infierno hasta el miedo a ser mal visto en el medio social por no
acatar las instrucciones de un sacerdote sobre el matrimonio, la educación de
los hijos, la buena o mala convivencia con los vecinos. El poder de la Iglesia
es una entelequia: es la proyección de lo que se le teme en lugar de lo
que es: una sociedad de mentalidad retrógrada y fanática, que se
adjudica el derecho a la única Verdad, hipócrita, militarista, más preocupada
por las relaciones prematrimoniales "pecadoras" de los adolescentes que por las
matanzas realizadas con armas a las que ellos mismos dieron su bendición. Y si
realmente los popes eclesiásticos saben que milenariamente han venido ocultando
"algo más" a la Humanidad, de allí su crítica necesidad de desalentar la
curiosidad de la gente sobre las probabilidades de la vida extraterrestre.
Empero, ¿dónde está ese conocimiento?.
Hay que saber leer los símbolos, insisto. La Virgen
"pisa" una Luna, así como en otras imágenes pisa una serpiente: un claro ejemplo
de dominación. Bien, la serpiente es el Maligno y ahí se entiende a quién domina
pero, ¿y la Luna?. Pues la Luna es el símbolo de los matriarcados de la
antigüedad remota, los cultos a la fertilidad de las vestales y las sibilas,
la dominación del hombre por la mujer, algo apoyado por las modernas
investigaciones arqueológicas. En la ciudad más antigua hasta ahora descubierta,
Catal-Hüyuk, en la Anatolia, la sociedad estaba en manos de las mujeres:
gobernaban, hablaban con los dioses, mandaban en el hogar. Obsérvese cómo el
Catolicismo es, en cambio, una religión fuertemente machista: no sólo la mujer
no puede llegar a los más altos estamentos de ella, sino que hasta el medioevo
se discutía si tenía alma, que es tanto como decir si se trata de un ser humano.
Su sometimiento –bíblico– al varón, su oscurantismo social, hacen del
Cristianismo una religión solar. La persecución despiadada y ciertamente
"diabólica" en un sentido moral de la brujería de antaño, ¿encuentra explicación
en los crímenes que supuestamente se le atribuían a ésta o en que se trataba de
un renacimiento de antiguos cultos paganos fuertemente feministas?. La sola
posibilidad de que la mujer volviera al poder aterra a las culturas solares:
hace apenas un siglo y medio, en Argentina se fusilaba a Camila O’Gorman por
tener amoríos con un apasionado cura...
Detrás del
símbolo "Virgen" puede subyacer otra cosa. Como un ser extraterrestre, una
fuente de inteligencia allende nuestro planeta que usa ese "disfraz" para
adaptarse al marco cultural dentro del cual espera manifestarse y hacerse
comprensible. Que una campesina esté segura de que "la Virgen le ha hablado"
nada demuestra: la percepción siempre deforma la realidad, y de hecho, nada
evita suponer que esa inteligencia se presenta como desee. Creer que es lo que
dice ser es, cuanto menos, un acto de ingenuidad. ¿Por qué la Virgen sólo se
aparece a quienes ya creen en ella, personas que, en ocasiones, no son tan
"espirituales" como para recibir un premio especial por su conducta?. Porque si
la inteligencia se manifestara ante una mujer de escasa instrucción como
"Khrisna" o "Buda", no sólo no sería comprendido su mensaje, sino también sería
susceptible de ser asimilada como una manifestación demoníaca. A fin de cuentas,
es natural en el ser humano temer lo que se desconoce, y seguramente esa pobre
mujer jamás habrá oído hablar del Baghavad Gita, pero sí de la Biblia. Ni
digamos si la inteligencia apareciera con traje plateado, antenitas y en
platillo volante... el aspecto que sí adopta cuando se cruza en el camino de un
más o menos instruído viajante de comercio solitario en una ruta nocturna,
pongamos por caso. Casi todos los ovnílogos estamos seguros de que el fenómeno
"elige" a sus testigos, por lo menos, en muchas ocasiones. ¿Por qué no iba,
entonces, a elegir también previamente el "guardarropas" que habría de usar para
la ocasión?.
Pero
también, ese símbolo, "Virgen", encierra un secreto: su sugerencia de una
puerta a las estrellas.
Por lo menos
para quienes somos afectos a estos temas, no nos asombra especialmente la
suposición de una conexión, por ejemplo, entre los antiguos egipcios y otros
habitantes del Cosmos, y no regresaré ahora gratuitamente a los miles de
evidencias acumuladas, desde la magnificencia (estética y técnica) de sus
construcciones hasta los secretos de su religión. Pero lo que es particularmente
interesante para este estudio, es el descubrimiento, confirmado astronómica y
matemáticamente, de que la posición de las tres grandes pirámides de Gizeh se
corresponde con exactitud con la posición de las tres estrellas que forman el
cinturón de Orión. Tal precisión, además de los interrogantes que plantea en
vista de los conocimientos necesarios para tal ubicación, ha sido discutido en
el contexto de la Astroarqueología hasta el hartazgo. Esto, desde hace años, es
una verdad aceptada.
Pues bien.
En Francia, cinco de las más importantes catedrales góticas, según una
investigación llevada a cabo en 1969 por Louis Charpentier y recientemente
ampliada por Javier Sierra, reproducen a la perfección ese rombo deforme que es
la constelación de Virgo. Así, la estrella Gamma Virginis está
representada por la catedral de Chartres (edificada en 1194), Alfa virginis por la catedral de
Reims (1211); Épsilon Virginis por Bayeaux (1206),
Virginis 484 por Évreux (1248) y Zeta Virginis por
Amiens (1220). La distribución sobre el mapa es exacta, y esto viene a
sumar una incógnita más a las que de por sí acumula esta explosión de arte
gótico, enigmas arquitectónicos, astrológicos y alquímicos.
¿Qué nos
quisieron decir sus constructores?. Ciertamente, muchos investigadores suponen
que detrás de ellas está el espíritu de los Templarios, por lo cual el mensaje
no responde sólo a las enseñanzas vaticanas sino que hunde sus raíces en el
Oriente. Pero estas catedrales (de todas formas, puestas bajo la regencia de
"Nuestra Señora", para más datos) perpetúan la enseñanza de que en ese lugar del
cielo hay algo de importancia. Virgo-Virgen. Así como los egipcios
suponían que en Orión estaba la entrada al Amenti, el reino de los
muertos... ¿la entrada a qué suponían esos antiguos cristianos se escondía en
la constelación de Virgo?.
Tengo la
sospecha de que la ubicación por parte de los hombres del Nilo de un "mundo"
para los muertos en un lugar específico del Cosmos sea quizás el resabio del
conocimiento, deformado a través de los milenios, de que existen seres
"sobrenaturales" (no necesariamente "muertos", es decir, seres de otro plano
dimensional) que viven en otros puntos del universo. Con lo cual el culto a la
Virgen no sería, después de todo, mas que una codificación simbólica,
fuertemente emocional e impresa en el Inconsciente Colectivo de la humanidad,
para empujarnos, como una orden proveniente del fondo de los siglos, a buscar a
nuestros hermanos en ese lugar del espacio cuando las condiciones estén dadas. Y
las "apariciones marianas", ya sean "explosiones simbólicas" del Inconsciente
Colectivo o metamensajes enviados por una fuente inteligente exterior, nos
realimentan periódicamente con una carga similar... conceptos todos sumamente
peligrosos para el catolicismo, que perdería así su "exclusividad", si esto
fuera cierto, con la "madre del Señor" que no sería tal, después de todo. Casi,
casi, como si un moderno teléfono celular cayera en manos de indígenas bantués y
éstos, porque alguna vez le escucharon emitir extraños y maravillosos sonidos,
creyeran que es en sí una manifestación divina, cuando en realidad sólo es una
herramienta (cuyo funcionamiento se les escaparía por completo) para comunicarse
con algo muy distinto a "eso" que sostienen reverentemente entre sus
manos.
También
habría que preguntarse, ya casi fronterizos con una Ovnilogía esotérica, si en
realidad las "traslaciones espaciales" no se efectuarían sin "tuercas y
tornillos", es decir, a fuerza de pura mente y puro espíritu en lugar de
máquinas habitables y sofisticadas tecnologías. Si esto fuera cierto, es posible
que las "bases de lanzamiento" para el espíritu sean lugares donde la
confluencia de factores astrológicos (esa obsesión de los antiguos para
comunicarse con los dioses, siempre supeditados a determinadas fechas del año)
con edificaciones potenciadoras de facetas de nuestra personalidad que aún no
dominamos y apenas intuímos, sirvieran para "teletransportarse" en esencia a
otros mundos. A veces me pregunto, yo, que no soy católico pero no puedo evitar
sentir la "energía" de templos religiosos de toda creencia, si mis sensaciones
no son como las que preceden una cuenta regresiva...
¿Y si de
pronto los seres humanos pudiéramos bilocarnos, o transportarnos telepáticamente
a otros mundos habitados a través de lugares y fechas especiales?. Y si ciertas
catedrales provocaran ese efecto, tan distinto a aquél para el cual los sórdidos
libros de Historia quieren hacernos creer que fueron construídas?. ¡Qué golpe
para la Iglesia Católica, desplazada en un santiamén de su autoproclamado papel
de intermediarios con Dios a una cachonda NASA metafísica!.
Escribe
Javier Sierra: “Según un tratado fechado en el siglo I y llamado el Koré
Kosmou, y perteneciente a los llamados escritos herméticos, Isis dio cuenta
a su hijo Horus de cómo el dios de la sabiduría Toth reveló “los grandes
misterios del cielo” en una serie de libros que un día serían descubiertos por
los hombres. Aparentemente, el descubrimiento de esos libros no se produjo
nunca, pero bien es cierto que durante el dominio árabe de Egipto y durante el
Renacimiento corrió el rumor de que los textos de Toth –al que los griegos
llamaron Hermes– comenzaron a circular en manos de iniciados. Es incluso
probable que lo que descubrieran los templarios en el solar del antiguo Templo
de Salomón fueran parte de esos libros, tal vez las célebres Tablas de la Ley de
Moisés, que él mismo pudo haber robado de Egipto antes del Éxodo. Hipótesis
aparte, uno de esos libros inspirados en los escritos de Toth-Hermes se redactó
precisamente en España. Nos referimos a un tratado de magia conocido como
Picatrix, fechado en torno al siglo XII, y en el que su autor recoge un
método para fabricar talismanes siguiendo un complejo sistema de vigilancia de
las estrellas. Los talismanes de los que habla el Picatrix son mucho más que
medallitas; se trata de supertalismanes en forma de edificios y hasta de
ciudades, que imitan ciertas estrellas del firmamento para obtener de ellas todo
su “poder”. Su autor, Abul Kasim Maslama, propuso incluso edificar una
ciudad que tuviera en cuenta esas correlaciones con estrellas para elaborar así
una fabulosa fuente de poder”.
Ejercicio
para el intelecto de mis lectores: consíganse un mapa del Vaticano y ya verán
las conclusiones que pueden obtener.
Agreguemos
aquí algo de mi propia cosecha: en mi ensayo
“¿Fue Moisés yerno de Akhenatón
y “esposo” de Tutankhamón?” (
AFR
#20) cabe entroncar la posibilidad que plantea Sierra: si Moisés huyó de
Egipto llevándose ya las Tablas de la Ley, sería sencillo fabricar un supuesto
"encuentro con Dios" en el monte para hacer aparecer las Tablas como algo
original. Es posible, entonces, que Moisés, el egipcio, supiera del origen
extraterrestre de estos conocimientos y eligiera a un pueblo derrengado y sin
esperanzas para perpetuar una religión y, a través de una etnia, una filiación
cósmica. Pero el Jehová bíblico poco parece tener que ver con Dios, es posible
–y remito a ese ensayo– que el "segundo Moisés", el yerno del pastor, conociera
un dios menor, sangriento, llamado "Jehová" y lo entronizara, siendo
absorbido como símbolo y fetiche por el pueblo errante. La historia siempre la
escriben los vencedores: tanto es posible que el dios que se impuso no fuera el
Dios de Amor cósmico que intuimos (cabe preguntarse entonces:
¿a quién o a
qué estamos adorando?), como que el pueblo de Israel o, cuanto menos,
algunos de sus jerarcas a través de los tiempos, tengan conciencia de esta
"paternidad" interplanetaria más que sobrenatural y por razones más que
religiosas, cósmicas, sobrevivan en una pureza racial más propia de especímenes
en cuarentena o de... cadenas de experimentos genéticos con fines últimos que se
nos escapan.
La jerarquía
católica y la hebrea, ambas, deben conocer esta hilación, en el caso, quizás
improbable, quizás no, de que resulte ser algo más que un delirio personal.
Habría entonces un mutuo "pacto de silencio", o, tal vez, una extorsión
recíproca que los conmina a ocultar estas evidencias a ambas feligresías.
Creo
asimismo que la Iglesia (o, cuanto menos, muchos de sus cerebros) conocen estas
y otras implicancias. Saben sin duda que muchas de sus prácticas tienen raíces
egipcias como la elevación de la hostia durante la misa, una práctica de los
sacerdotes de Akhenatón, o el movimiento en forma de la cruz de la misma
simbolizando los cuatro puntos cardinales. Otra similitud con el cristianismo es
el uso del pez como símbolo, que se usó en los días de Cristo. Véase el
siguiente pasaje de tiempos faraónicos: “Estamos ahora en el signo del
Carnero, su opuesto es el signo de Libra, un horizonte que representa la
balanza. Pero cuando el Sol se levante en el signo del Pez, el Pez será el
signo del nuevo evangelio y el signo que estará frente a él será el de la mujer
virgen”.
En el centro
de la cámara subterránea o "cámara del caos" ubicada bajo la Gran Pirámide se
encuentra un foso conectado al Nilo. ¿Con qué objeto?. Suponiendo que la
pirámide y todo su sistema subterráneo de galerías estuvo al servicio de
iniciaciones esotéricas, podemos continuar especulando que el ritual comenzaría
con un baño purificador en el Nilo y luego de superar diversas pruebas se
llegaría a la cámara de la iniciación. De aquí a vislumbrar el tardío bautismo
por inmersión hebreo –y el bautismo por agua asperjada del cristianismo– hay
sólo un paso. Claro que al masivo público ignaro que asiste a las
representaciones dramáticas del mundo espiritual que es toda liturgia
–Catolicismo incluido– le está vedado estos conocimientos reveladores, pues
conocimiento es igual a libertad, y quien es libre no necesita intermediarios
con la Divinidad.
No estoy
pensando en naves extraterrestres con escalerillas, ventanillas, controles de
mando y luces de posición. Estoy pensando en "naves" como vehículos de pura
energía o naturaleza espiritual, para seres que han trascendido las limitaciones
del cuerpo físico. Es en este contexto, entonces, que la estrella de Belén es un
OVNI. Alguna vez adscribí a la idea astronómica de una conjunción planetaria,
por otra parte, existente en aquellas fechas. Hoy, pausadamente, releo este
pasaje bíblico:
Mateo, capítulo 2: “Y como
fue nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí que
unos magos vinieron del Oriente a Jerusalem, diciendo: “¿Dónde está el Rey de
los Judíos, que ha nacido?, porque su estrella hemos visto en Oriente y
venimos a dorarle. Y oyendo esto el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalem con
él. Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes y los escribas del
pueblo, les preguntó dónde habría de nacer el Cristo. Y ellos dijeron: “En
Bethlehem de Judea, porque así está escrito por el profeta”. Entonces Herodes,
llamando en secreto a los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo
del aparecimiento de la estrella. Y enviándolos a Bethlehem, dijo: “Andad
allá, y preguntad con diligencia por el niño, y después que lo halléis,
hacédmelo saber, para que yo también vaya y lo adore”.
Obsérvese que nadie más en el pueblo, entonces, había visto la "estrella", y
evidentemente Herodes se extrañó porque nada sabía de este extraño fenómeno.
Esto invalida tanto la hipótesis del "meteorito" –ya que el recorrido de los
magos excede con mucho la duración de éste– como toda otra hipótesis
astronómica que no hubiera pasado desapercibida en una época en que los
fenómenos cósmicos eran muy tenidos en cuenta como anunciadores de épocas
difíciles. Así queda claro el aspecto "local" del fenómeno; por ende su tamaño
reducido y su baja altura de "vuelo".
Como
ya vimos, el mismo Cristianismo le debe mucho a la cultura del Nilo. El Nilo. Un
río que, según los expertos, tiene tal talla e importancia y atraviesa zonas tan
desérticas que es geológicamente imposible que se haya abierto cauce por sí
mismo según se le conoce, puesto que en más de mil kilómetros de tórrido
desierto no recibe nuevos afluentes. Seguramente, otro legado –ignominiosamente
olvidado– de una cultura que lo concibió como "canal" antes que aceptarlo como
"río". Una cultura que, según cálculos detallistas, tuvo en su época de apogeo
más oro que el que en todos los siglos posteriores ha sido extraído de todas las
minas en todo el mundo, lo que sólo puede explicarse si además estos geniales
constructores hubieran sido poderosos y reales alquimistas. Un pueblo que, a mi
criterio, recibió influencia extraterrestre a principios del advenimiento del
primer faraón propiamente "humano", Menes I, también llamado "El tinita",
precedido por una casta de dioses y semidioses gobernantes, hecho que ocurrió
alrededor del año 3.000 A.C, coincidentemente, la misma fecha que, en otro
calendario (el 4 Ahau 8 Cumku del Bactum 13) fue señalada por los mayas como del
comienzo de su Era. Posiblemente seres de Sirio, con un líder llamado (o
interpretado) como Enoch. La Historia, sagrada o profana, no lo olvidó: mientras
que la Biblia nos habla de su profeta Enoch, quien habría existido entre el 3875
y el 3504 A.C. (el texto dice, específicamente, que vivió 365 años, esto no
puede ser otra cosa que un símbolo para expresar un mito solar; el del Eterno
Retorno), aun cuando leemos que Caín en tierras desérticas (¿Egipto?) construyó
una ciudad de ese nombre (la relación Enoch = Sol supone que hubo una remotísima
Heliópolis). Luego, sobrevienen las leyendas que lo hacen constructor de la Gran
Pirámide (no físicamente, sino como "iniciador" de sus posteriores
constructores, por eso los egipcios llamaban a la Gran Pirámide "Pilar de
Enoch"), y se le devociona a través del Ciclo del Fénix (otra vez la imagen del eterno Retorno) o
Año de Años, un período de 1.461 años vinculado al movimiento cíclico de
la estrella Sirio. Sirio, conocida como "Sothis" ("Perro") entre los egipcios,
un punto cósmico de tanta importancia que ha sido perpetuado hasta en el Tarot
(el Arcano número 18 muestra uno o dos perros ladrándole al cielo). Y
casualmente encontramos un Tenoch, según la mitología mexica, como uno de los
cuatro primeros hombres del mundo, creado por los dioses luego de la muerte del
Sol.
Lo que NO dijo Balducci
Durante el bienio 2000-2001, muchos centímetros de la prensa fueron
acaparados por Moseñor Corrado Balducci. Reconocido exorcista y experto en
“demonología”, ha escrito, con la anuencia del Papa, dos libros sobre Satanás y
realizado declaraciones públicas donde afirma: “debemos enfatizar que los encuentros con
extraterrestres NO son demoníacos, estos NO son debido a deterioros
psicológicos, estos NO son un caso de posesión de entidades, sin embargo estos
encuentros merecen ser estudiados cuidadosamente."
“Es razonable creer y poder afirmar que los
extraterrestres existen, señaló. "La
existencia de ellos no puede seguir negándose, porque hay mucha evidencia sobre
ellos y los platos voladores". En una entrevista publicada en el libro
“Confirmation” de W. Strieber (sí, el mismo de “Comunión”), Balducci dijo: “Recordemos un párrafo del Nuevo Testamento
donde El Santo Pablo se refiere de Cristo como Rey del universo, y no solo como
Rey del mundo. Eso quiere decir que todos los seres del universo, incluyendo los
extraterrestres y los OVNIS (?), son reconciliables con Dios". Nominado en
el Vaticano "Padre de Honor", desde 1964, Balducci es un miembro oficial de la
familia del Papa.
Bien, pero, ¿qué es lo que nos resulta interesante de estos comentarios
de Balducci, además de lo que se deviene obviamente de sus palabras?. Porque
sabemos a ciencia cierta que todo alto prelado de la Iglesia Católica no sólo no
realiza afirmaciones públicas –especialmente sobre cuestiones tan espinosas- si
no es con el visto bueno de su jerarquía, sino que tampoco ha habido desmentidas
posteriores. Si bien cualquier miembro del Colegio Cardenalicio saldría del paso
diciendo que la madre iglesia respeta las opiniones personales de sus hijos, se
cae por su propio peso que por cuestiones menos conflictivas más de un teólogo
ha sido ordenado a silencio por muchos años. Y si no, recordemos al conocido
padre Oscar González Quevedo, S.J., con su tarea divulgativa de la
Parapsicología.
Pero lo que también sabemos, es que estos altos dignatarios suelen ser
verdaderos maestros de la semántica, exquisitos orfebres de las palabras. A fin
de cuentas, es parte de su entrenamiento. Por lo tanto, me es más interesante
analizar los “actos fallidos” de Balducci, para deducir, por caso, en qué estaba
realmente pensando al hablar con la
prensa. Y rescato nuevamente una frase : “incluyendo los extraterrestres y los OVNIS
...”.
Es claro que Balducci piensa que los extraterrestres, entonces, son una
cosa, y los ovnis, otra. Descartada –según sus propias afirmaciones- la
demonización de los mismos –y supongo que también su “angelización”- es evidente
que Balducci (y recordemos que, siguiendo sus palabras, todo esto es seguido de
cerca por el Vaticano dado el revisionismo que ello traería aparejado) ve a los
ovnis como entes en sí mismos, lo
cual, por un lado, se reconcilia con el enfoque que hemos dado a estas
Inteligencias en otros trabajos de nuestra autoría y, por otro lado, nos
demuestra que sus reflexiones están sólidamente asentadas sobre bases
investigativas. De allí a concluir que en el Vaticano hay una actualizada
Oficina de Investigación OVNI (o como se llame) hay un solo paso. Pero nada de
eso figura en el sitio oficial de la Curia en Internet, ni es conocida por sus
representantes de base. Es, por ende, secreta. Y si es secreta, es porque oculta
algo que puede considerar peligroso para los demás o para sí misma. Saquen
ustedes sus propias conclusiones.
Podría, innecesaria y repetitivamente, extenderme en otras correlaciones
obvias para el lector informado. Re – interpretar, por enésima vez, ciertos
pasajes del antiguo Testamento, que otros autores (Däniken, Faber Kaiser,
Thomas, Creighton, Carpentier, Dayans, Bergier supieron hacer mucho mejor que yo
y a quienes remito). Volver a plantear la discusión sobre la verdadera naturaleza de Jesús (¿humano?.
¿Semidiós?. ¿Clon?. ¿Posesión?) y la estrella de Belén (para mi escarnio y
escándalo de mis allegados, no soy de quienes se subieron a la “hipótesis
astronómica” –conjunción planetaria, nova o cometa, según el gusto- creo que,
cuando menos semánticamente, la estrella de Belén sí fue un ovni. Y me baso en
el sencillo relato de una “estrella” que se adelanta a los Reyes Magos y se
detiene justo sobre aquél pesebre –
cueva. Una estrella real, o nova, o lo que fuese, estaría sobre cualquier punto
de la superficie terrestre. Si el escriba pudo asegurar que este fenómeno en
particular se estacionó sobre el pesebre y no sobre ningún otro punto, es que su
altura de vuelo era suficientemente baja. Y ello sólo puede hacerlo un objeto
volador de reducidas dimensiones, a baja, muy baja altitud y controlado
inteligentemente. Un ovni, en suma.
Pero prefiero centrar mi interés en otras reflexiones que me llevan a
preguntarme cuánto sabe y cuánto oculta la Iglesia Católica. Como el camino
iniciático a Santiago de Compostela, el camino entre las estrellas de comps stella, un camino para el que hace
falta una concha, un objeto natural demasiado parecido a un ovni. En los pilares
que decorar la credencia que se puede admirar en la mansión Lallemant, en
Bourges, Francia, la susodicha
concha aparece rematada por un desconcertante par de alas... en otro de los motivos
decorativos de la citada mansión, se puede ver una concha grande en la que
surgen, al parecer, otras conchas menudas... Es un fenómeno familiar para los
que nos interesamos por el estudio de los OVNI.
Dejaremos para otra ocasión –o para cerebros más dotados que el nuestro-
abundar en la discusión respecto si las “apariciones marianas” son siempre tales
o –para escándalo de creyentes y conversos.- sólo la interpretación subjetiva,
parcial y en ocasiones tergiversada adrede de apariciones de entidades de otro
origen, extraterrestre o extradimensional, para focalizar nuestra atención en un
conjunto de observaciones que vienen a cuento de presumir que la jerarquía
católica sabe más de lo que dice, a pesar de afirmaciones como las de Balducci
que, a fin de cuentas, son mera pirotecnia dialéctica.