LA
PRENSA,
LOS
OVNIs Y LA PARAPSICOLOGÍA
escribe: GUSTAVO FERNÁNDEZ
Debo admitir que cuando
me senté a escribir estas reflexiones lo hice con el sincero propósito de ser
especialmente leído por los periodistas, amén de un público segmentado habitual
destinatario de mis líneas. Y no alenté tanto la esperanza de ver publicado este
artículo como de confiar en que sería lentamente digerido por ese "target"
especializado en el cual pensaba cuando comencé. Porque de lo que tratarán los
párrafos siguientes es de reclamar un espacio de expresión, el derecho de
nosotros, ovnílogos o parapsicólogos (y en ocasiones, ambas cosas a la vez) a
merecer de la prensa un poco más de seriedad antes que de
atención.
De lo que estoy hablando
es de cuestionar a muchos medios de prensa considerar tanto a la temática
ovnilógica como parapsicológica algo atractivo en términos de números de
lectores pero no de calidad de los mismos. Quizás subproducto de cierta
avispada intelectualidad que, entre ironías y encicplopedismos, considera que
todo aquello que orille el "misterio" y las "creencias", carente quizás de
componentes sociales o políticos es apenas pasto amarillista para ignorantes,
ese periodismo –que también recibe por Internet diariamente decenas de
testimonios de avistajes OVNIs así como resúmenes de progresos en las
investigaciones parapsicológicas– alienta la difusión de estas disciplinas
cuando compulsa la opinión pública y ve cierto exitismo sensacionalista en la
difusión masiva de hipotéticos contactos o encuentros con el Más Allá. Pero que
ignora, con soberbia cultural (que no intelectual) digna de mejor causa cuanto
esfuerzo, pequeño y persistente, hagamos cotidianamente para reclamar un poquito
así de espacio mediático. Un periodismo que aplaude gozoso la presencia en
cualquier "reality show" de todo pobre maniático que se sienta a caballo de
múltiples dimensiones, pero que excluye por "aburrido" (en holocausto a una
letanía sagrada en los estudios y "platós": "lo que no puede decirse en
treinta segundos no sirve") a un enjundioso y poco atractivo investigador
cargado con años de ostracismo. Un periodismo que, corporativista al fin, sale a
defender el derecho de "libertad de expresión" cuando cualquier colega es
víctima real o supuesto de oscuras maquinaciones, pero eclipsa esa misma
libertad de expresión cuando, mes tras mes, años tras año, gastamos las suelas
acercándoles resúmenes de los progresos, de las evidencias obtenidas en nuestros
análisis. Un periodismo que, con la ignorancia propia del gordito que se sabe
dueño de la pelota, hace bromas previsibles alrededor de cualquier sonado suceso
insólito. Un periodismo que ante estas apreciaciones podría reaccionar
argumentando que, si esto ocurre, después de todo es responsabilidad nuestra por
no saber darle un marco de "seriedad" y "cientificismo" a lo que hacemos pero
nos niega y prejuzga gozosamente. Un periodismo que se enlista fácilmente con
los escépticos profesionales de turno, quizás para lustrar ciertos galones de
"racionales y avispados", ignorando la compleja telaraña de intereses creados
que se mueve detrás de ellos y, lo que es peor, desinteresándose totalmente en
conocerla, lo cual es doble pecado en el caso de un informador público. Un
periodismo donde, respetado por los ciudadanos (en muchas ocasiones, por méritos
bien ganados; en muchas otras, también, sólo por inercia), gozan del privilegio
de modelar la conciencia de la sociedad sin medir en ocasiones –en demasiadas
ocasiones– las consecuencias últimas de sus actos, en virtud de boicotear lo que
por derecho de esa misma conciencia los otros tienen la prebenda de
conocer.
¿Dos anécdotas?. Una; el
periodista de policiales Enrique Sdrech (a quien sé por lo demás una excelente
persona) no trepidó en acentuar los aspectos de "culto esotérico" que rodeaba la
vida de las hermanas parricidas del barrio porteño de Saavedra, o que una de las
víctimas del tristemente célebre asesino serial de la ciudad de Mar del Plata
"solía vivir entre velas y sahumerios". Sería bueno preguntarle –yo no he tenido
todavía la oportunidad– si en cualquier otro asesinato y crimen de los que
investiga a diario concede la misma importancia mediática a la cantidad de veces
que concurrió víctima o criminal a misa el último año, las semanales visitas de
su pastor o la fecha de su Bar-Mitzvá.
Y, como decimos en
nuestras tierras, se va la segunda. Otro hombre de prensa, Luis Majul, en
ocasión de una entrevista televisiva con el conocido doctor Mariano Grondona
alrededor de los escándalos políticos subsiguientes al asesinato de la joven
catamarqueña María Soledad Morales, ataca la figura del primer juez que
intervino en la causa, el doctor Luis Ventimiglia. ¿Por excederse en sus
atribuciones jurídicas?. No. ¿Por ineptitud e ineficacia procesal?. Tampoco.
¿Por contubernios políticos?. Menos. ¿Saben por qué?. Porque le había escuchado
decir, en el transcurso de un asado en la provincia de Jujuy en casa de comunes
amigos y en virtud de algunas "bromas" que otros colegas le hacían por haberse
tomado el trabajo de escuchar y abrir una causa frente a un "loco" que
sostenía haber presenciado un aterrizaje OVNI en vez de ponerle simplemente de
patitas en la calle, el doctor Ventimiglia, decía, simplemente los había mirado
serio, muy serio, y respondido: "¿Y si fuese verdad?".
Yo no sé si Ventimiglia
cree en los OVNIs, o no. Lo que sí sé es que la actitud que en cualquier otra
circunstancia (una denuncia de cohecho, una infidencia de infiltración
terrorista) aun con un alto grado de improbabilidad le habría hecho decir a
Majul que estaba frente a un hombre probo que cumplía objetivamente su papel de
juez, en este caso le venía como anillo al dedo para poner en entredicho su
seriedad –o equilibrio– de cara al impacto mediático fácil.
Ciertamente, quizás no
debería ser yo quien encuentre muchos motivos de queja. He participado y
conducido infinidad de programas televisivos y radiales y, ciertamente, no sólo
creo tener un discreto "manejo de escenario" ante las cámaras sino también
siempre he tenido aceptable (dentro de un discreto margen de eventuales matices)
espacio para expresar mis ideas... cuando he sido invitado. Pero conozco
demasiados casos de honestos investigadores que han quedado históricamente
excluidos, a la par de padecer la histeria exhibicionista de ciertos científicos
y "científicos" (nótese la sutil diferencia) que, puestos frente al ojo de la
TV, no daban tanta lástima por la aun más pobre imagen de los conductores
televisivos que les acompañaban, decididos a ganar matrícula de
"respetables".
Así que resumo el
espíritu de este trabajo con un desafío: señálenme un ejemplo, un sólo
ejemplo –especialmente de cara al periodismo argentino– donde un
investigador de OVNIs o un parapsicólogo haya tenido la oportunidad de asistir,
por ejemplo, a un programa de televisión, de radio o a una columna de periodismo
gráfico, para expresar sin limitaciones (de tiempo o de contenido) sus
argumentos en pro de la temática que defiende. Un sólo ejemplo donde con la
excusa de que "el tiempo es tirano" –como si algo con la suficiente
gravedad pudiese ser expuesto y probado en tres minutos; ¿lo imaginan a Einstein
explicando la Teoría de la Relatividad ante una cámara en un segundo?
seguramente, como diría Sábato, si lo hiciera ya no sería la Teoría de
la Relatividad– los gestos del productor en
las sombras que pide "más emoción" (más gritos, en realidad), la necesidad de
interrumpir el monólogo porque "hay que ir a comerciales" o el recortar párrafos
de un artículo porque "el espacio es tirano", un sólo ejemplo, decía, donde se
haya podido exponer mediáticamente las abultadas carpetas de lo que nosotros
consideramos evidencias. Un sólo ejemplo.
El problema se agrava
cuando esos mismos medios de prensa, niegan el comentar obras literarias –o
electrónicas– sobre estas disciplinas, donde el interesado en profundizar podría
remitirse para ampliar su información. Así, existimos un gran número de
apasionados que estamos más o menos al tanto de las novedades, y un número
infinitamente más grande que no se apasiona porque se le niega la oportunidad de
conocer la existencia de esas evidencias. Que sea por poco atractivo
periodístico, falta de tiempo o espacio, la queja de la Iglesia más cercana o lo
que fuere no es excusa suficiente. Porque el periodista medio –en lo que a estos
temas respecta– campea por el peor defecto. Comparte la humildad implícita en la
ignorancia con la pedantería del que cree tenerlo "todo claro". Y encima se
ofende cuando uno se lo señala.
Así que invertiremos los
próximos párrafos en señalar ciertas taras, debilidades y chapuzas de los medios
de prensa, reivindicando un derecho básico, de ellos y nosotros (juntos): si van
a considerarnos un atado de alucinados, ociosos ignorantes, débiles
supersticiosos o explotadores de la credulidad ajena, reivindicamos
primero el derecho a exponer libremente nuestras ideas. Ideas que el periodismo
del planeta, salvo honrosas (y escasísimas excepciones) hasta ahora nos ha
negado. Libremente, es decir, no acotados por el cronómetro o constreñidos a
hablar sólo de lo que el moderador desea.
No hay peor ciego que el que no
quiere ver
Antes de invitar como
necesario "complemento" a un escéptico en cualquiera de estos debates, actitud
que no comprendo, digo, esa excusa habitual que escuchamos de periodistas que
nos convocan pero aclaran sobre la presencia de un "refutador" porque "la
gente necesita escuchar las dos campanas". ¿Las dos campanas de qué, si
nunca acabamos de tañir la nuestra?. ¿Imaginan ustedes al moderador televisivo
invitando, cuando visita el estudio un médico especialista en cáncer para hablar
de los últimos progresos, a un fundamentalista talibanés o a un hechicero tribal
para "que la gente escuche las dos campanas"?. No, jamás lo harían. ¿Y saben por
qué?. Porque para este paradigma cultural perimido, el científico es "serio", y
sería una falta de respeto opacarlo con la colorida presencia de los otros
señores citados. Pero como un curandero, un ovnílogo, un astrólogo o un
parapsicólogo "no lo es", entonces cabe la posibilidad de hacer una carnicería
mediática redituable en "rating", antes de invitar a un escéptico –decía antes
de irme por las ramas– sería bueno que los periodistas nos (se) respondieran
estas preguntas:
¿Por qué, mientras,
convencidos de que hacer profilaxis mental en la población es una urgencia
científica, atacan a grupos religiosos minoritarios, contactados, simples
estudiosos del fenómeno OVNI, los escépticos jamás han organizado una
confrontación televisiva, publicado artículos desmitificadores o irrumpido
polémicamente en las reuniones de los grandes y poderosos grupos religiosos, aun
cuando en muchos de ellos medran individuos que ejercen las mismas "funciones"
que critican en otros ámbitos, como sanación, profecías, o acuden a los mismos,
dudosos métodos de tipo sectario que les escandaliza en cualquier otro contexto,
como es el caso específico del Opus Dei?
¿Por qué debemos creer
que ello está estrechamente relacionado con que esas monolíticas instituciones
tienen probados fundamentos lógicos y científicos en todas y cada una de sus
prácticas, y que no se trata, simplemente, de
cobardía?
¿Por qué si ellos gastan
su tiempo y dinero de sus bolsillos en difundir sus convicciones racionalistas
eso es amor al conocimiento y la verdad, y si los ovnílogos y parapsicólogos
históricamente hemos gastado más tiempo y más dinero en difundir las nuestras,
es fraude y paranoia?
¿Por qué no pueden
diferenciar entre el contenido de sus afirmaciones y el continente
con que las presentan, evitando caer en lo que critican en sus oponentes
intelectuales: fanatismo, estrechez ideológica, soberbia, improvisación,
prejuzgamiento?
¿Por qué no aceptar que
su conducta hacia nosotros es tan emocional como la nuestra hacia
ellos?.
Si los periodistas
(administradores de la difusión pública) se hubieran planteado estas
observaciones con anterioridad, seguramente este artículo nunca habría tenido
necesidad de ser escrito. Y mientras hace no mucho tiempo atrás me prometí no
caer en polémicas estériles, la escalada de agresividad manifiesta por parte de
quienes, en otro orden, invocan permanentemente la necesidad de "objetividad",
"mesura" y "equilibrio en los juicios" hacen necesario mantener viva la llama de
la discusión pública, no aquí en cuanto a si Ovnis, fenómenos extrasensoriales,
zodíacos varios o mancias diversas tienen alguna validez, sino respecto a
preguntarnos si todos estos temas no son más que una excusa intelectual
para dirimir otras diferencias, un campo de batalla anecdótico donde lo que se
discute es más profundo: la crisis espiritual dominante, la caída de modelos
culturales y la angustia del ser ante la Nada.
Un ejemplo
paradigmático
Debo a mi amigo el
investigador estadounidense Scott Corrales la siguiente noticia, que para
una mejor comprensión de mis reflexiones merece ser reproducida
íntegramente:
FUENTE: Frankfurter Allemaine
Zeitung
FECHA: 26 de abril de
2001
El "Azote de los Ovnis" Brinda
Identidad a los No Identificados
por Christian
Siedenbeidel
MANNHEIM,- Werner Walter ha estado bajo
tensión desde comienzos de febrero. "Se ha desatado una nueva psicosis OVNI en
Alemania," se queja el hombre de 43 años de edad quien ha encabezado la oficina
alemana de matriculación OVNI desde hace 10 años. "Cuarenta objetos voladores no
identificados en espacio de seis semanas, eso es más que todos los avistamientos
de 1999 y el 2000 juntos".
El Sr. Walter culpa de esta marejada de
histeria OVNI a la cobertura televisiva de la estación espacial rusa MIR,
cuya misión finalizó el mes pasado cuando cayó en el Pacifico. El planeta Venus
también reluce con más brillantez en el cielo nocturno. "Eso casi siempre
incrementa la cantidad de avistamientos ovnis," agrega.
La gente puede comunicarse con la
oficina en Mannheim llamando al (0621) 701370, donde se anotan cuidadosamente
todos los avistamientos de supuestos platívolos y se hace el intento por buscar
explicaciones naturales para dichos eventos. La oficina también ha desarrollado
un formulario en colaboración con la universidad de Giessen, y se solicita que
los testigos de OVNIS lo rellenen. "¿Ha leído muchos libros sobre OVNIS? ¿Cree
en los extraterrestres?" pregunta el formulario.
Estas investigaciones a menudo tienen
resultados extraños: la gerente de una tienda en la población de Halle informó
en fechas recientes que había detectado un OVNI durante varias noches
consecutivas. Hasta llegó a pedir prestada una cámara de video para filmar el
objeto. Los expertos en la oficina de registro ovni le echaron un vistazo a la
película y vieron que se trataba de Venus a la primera. La sencillez de la
explicación fue motivo de risa para la gerente, y devolvió la cámara
prestada.
El Sr. Walter explica
que los informes sobre OVNIs aparecen en "oleadas". A
principios de los años '90 –dice– sintió la tentación de
descolgar el teléfono los fines de semana. Fue entonces que muchas discotecas
comenzaron a hacer uso de enormes reflectores como medio publicitario, a tal
grado que la policía llegó a llamarlo en una ocasión, alegando haber perseguido
un OVNI en su auto patrulla.
No obstante, algunos casos permanecen en
el misterio, aun para la oficina. Por ejemplo, una mujer en el pueblo de
Konstanz dijo haber visto un objeto cilíndrico de varios cientos de metros de
largo directamente sobre la plaza pública del pueblo a la luz del día. Otra
persona en Hamburgo llegó a observar un platívolo "clásico" con diámetro de 30
metros (99 pies). Ninguna de las pesquisas con autoridades de la
aviación civil y llamadas a las agencias noticiosas produjeron resultados
satisfactorios.
Por otro lado, la oficina pudo resolver
el misterio de la "formación OVNI de Greifswald". En agosto de 1990, varios
cientos de testigos en la costa del mar Baltico dijeron haber visto varios haces
de luz viajando en formación por un espacio de 10 a 15 minutos. Después de que
el fenómeno fue dado a conocer en un programa de televisión, se recibieron
llamadas telefónicas de los espectadores locales que insistían que todos los
testigos eran alemanes del oeste que habían venido a visitar las costas de la
antigua Alemania Oriental después de la caída del Muro de Berlín. Los lugareños
sabían que los testigos sólo habían visto las luces de señalización empleadas
durante una de las ultimas maniobras realizadas por el Pacto de Varsovia. Las
luces estaban suspendidas por paracaídas y servían como blancos para los
proyectiles antiaéreos infrarrojos.
Según el Sr. Walter, los primeros OVNIs
fueron vistos por un piloto estadounidense en 1947. El piloto manifestó haber
visto nueve objetos con forma de hoz que resplandecían en la luz del sol y que
volaban tan rápido como cualquier avión. Se cree ahora que el piloto
sólo llegó a ver los prototipos del interceptor F-84, que integraba un
nuevo diseño de ala en flecha.
Uno de los fenómenos descritos con mayor
frecuencia en el mundo ovni lo es el mito de Roswell. Roswell era una base
militar secreta en el desierto de Nuevo México en donde el gobierno de los EEUU
supuestamente reparó un platívolo que se había estrellado en dicho lugar en
1947. El Sr. Walter insiste en que el objeto era, en efecto, un globo
estratosférico de 100 metros en diámetro.
El gobierno estadounidense
–explica– no negó el rumor OVNI adrede para no poner en
jaque sus proyectos. Hasta el día de hoy, hordas de creyentes en los
OVNI hacen peregrinajes hasta el desierto. De igual manera, los entusiastas
OVNI en Inglaterra visitan los misteriosos círculos que aparecen en los
campos de trigo cada año. El Sr. Walter cree que estos diseños son artísticos.
"La gente pinta toda Nueva York con graffiti, así que en Inglaterra les da
por pisotear el trigo. Mientras más grandes les queden los círculos,
mejor".
El Sr. Walter dice que su trabajo le ha
convertido en un escéptico de los OVNIs después de haber sido creyente. Aunque
imagina que si existe vida alienígena en alguna parte –algo como "un
lodo verde en alguna parte del cosmos"– se le hace difícil pensar que
existan platillos voladores que contengan seres capaces de filosofar sobre sí
mismos y que hayan visitado la Tierra.
"Marte es un mundo muerto. Y nos tomaría
millones de años llegar a la galaxia más cercana". Extiende su escepticismo a
los "gurúes" de la ufología quienes han logrado lucrar con sus libros,
individuos como Erich Von Däniken, Johannes von Buttlar y Michael Hessemann. Lo
mismo va para las cadenas televisivas alemanas como RTL y SAT 1, que han
descubierto que el tema está muy de moda y aumenta los "ratings", y que además
han dedicado programas al Sr. Walter.
Se está construyendo un "parque de
diversiones extraterrestre" en el Berner Oberland de Suiza, una verdadera
"Disneylandia para los ufólogos", segun la descripción que ofrece Walter. Y en
Frankfurt, 2000 autoproclamados ufólogos se dieron cita para el congreso OVNI
más grande celebrado hasta ahora.
Hasta los niños parecen preferir jugar a
los extraterrestres que a los vaqueros. "Recibí una llamada telefónica de unos
chicos en el norte de Alemania que hacían uso de un teléfono móvil. Estaban
jugando a "Expedientes X" y querían informarme a mí, antes que al FBI, de que
los alienígenas habían aterrizado. Querían que me subiese a un helicóptero y
volara hasta donde estaban enseguida". declara Walter.
Me he tomado el trabajo
(y he ocupado el tiempo de ustedes) en reproducir íntegro este artículo
traducido por el mismo Scott, ya que creo que es ejemplificador respecto del
"síndrome de escepticismo" que parece estar, lenta pero serenamente, ganando
ciertos espacios de poder. Y sin querer parecer demasiado conspiranoico,
entiendo que ese espacio no ha sido lícitamente ganado (lo que sería justo en
una contienda de iguales) sino apelando a formas subrepticias de manipulación
ideológica de la opinión pública y con el concurso de oscuros intereses. Y por
ello centraremos aquí nuestra atención.
El bucólico señor Walter,
seguramente con gesto cansino y hastiado, ha ido desgranando frente al cronista
un discurso mefistofélico. Se presenta, a título de etérea garantía de
honestidad intelectual, como un "ex-creyente" que se ha vuelto escéptico,
seguramente desilusionado por las sandeces privilegiadas que tuvo que observar
desde su escritorio gubernamental. Así, sutilmente, juega con las palabras:
pregunta a los testigos si "han leído libros de OVNIs" o "creen en
extraterrestres", perverso juego –muy habitual en todas las latitudes– que
consiste en descalificar un testigo potencial en razón de sus creencias previas.
En consecuencia, sólo los escépticos racionalistas tienen derecho a ver un
OVNI.
Abusando de la honestidad
del público que –aunque no sea muy científico, es mucho más honesto– cree que no
tiene porqué desconfiar. A priori del prójimo, recurre por quincuagésima vez a
la explicación de un planeta Venus que cierta señora tal vez jamás había visto
en toda su vida anterior para "demostrar" lo endeble de las visualizaciones de
no identificados, y desde Mannheim, seguramente el ombligo del Universo desde
donde el inefable Walter tiene una perspectiva omnipresente del mundo, se llega
a explicar el enigma de Roswell no como globos-sonda ni Mogul, sino como un
nuevo y hasta ahora desconocido –hasta por los otros escépticos– globo de cien
metros de diámetro. Los "agrogramas" o círculos en los campos de cereal como
"manifestaciones artísticas" (supongo que la Bauhaus de enteléquicos personajes entrevistos por don Walter en sus
divagaciones) y extiende sus apreciaciones a la economía de mercado (habla de
los "lucrativos resultados" de escribir libros sobre el tema; es evidente que él
nunca lo hizo) y la exobiología, ya que desde su modesta oficina él sabe no sólo
que Marte "es un planeta muerto" sino que "apenas un lodo verde" se extiende por
la Galaxia" como máxima manifestación de vida.
No muy afecto al trabajo
que le pagan los contribuyentes (él mismo admite haber estado tentado de
"desconectar el teléfono" cuando han arreciado los informes, algo que provocaría
náuseas a cualquier investigador de cuño cuya razón de ser y emoción existe
precisamente cuando fluyen más casos que investigar) lo imagino con gesto
displicente despidiendo al cronista sorprendido de que su tarea sea del interés
de alguien. Repitiendo perimidos conceptos ("Los niños inventan bromas todo el
tiempo" ergo, "los niños son poco fiables"), ignorando profundizar en los casos
que no pudo explicar, sutilmente despectivo (quien acepta la realidad de
los OVNIs es un "creyente" –¿cuánto demorarán en tildarnos de "secta"?– y, si se
agrupan varios, una "horda") a Werner Walter lo sospecho de estar cumpliendo a
pie juntillas un papel bien elaborado. ¿Cuál?. El de desentendido, quien se
lamenta del tiempo y dinero gastado en una "tontería", más interesado en
permanecer sentado al teléfono desmintiendo versiones "antojadizas" para llevar
tranquilidad a la población que en investigar en el terreno. Pero, como solemos
decir en mi país, "la culpa no es del chancho, sino de quien le da de
comer". Porque estas operaciones periodísticas de "desalentamiento" (por
proponer un neologismo) no existirían si, obviamente, no hubiera un periodista
de por medio. Un (una) periodista que en demasiadas ocasiones se considera un
tipo esclarecido, informado, de mentalidad abierta, y en tantas demasiadas
ocasiones no sólo peca por superficialidad en la recabación de información sino
–lo que es peor– de frivolidad analítica. Muchos periodistas –no todos, por
suerte– parecen particularmente sagaces (yo diría, casi exageran la pose de
"perpiscaces") frente a políticos cuestionados en sus funciones administrativas,
pero, quizás inconscientes de las proyecciones que la sola admisión de
incursiones extraterrestres en nuestro mundo podría tener cuando son tal vez
esos mismos políticos los que desacreditan las apariciones OVNI. Lo digo una vez
más: para poder avanzar en la investigación del fenómeno OVNI, debemos superar
una valla cultural. No podremos presentar pruebas de nada, mientras el consenso
de los que deciden no nos deje el espacio suficiente para trabajar cómodamente
en su presentación.
Creo que la sociedad
pasiva, receptora de información periodística, está –a grandes rasgos–
idiotizada. Que en éste, como en muchos otros temas, sólo percibe lo que se le
manipula desde las sombras, sutilmente, en programas de condicionamiento de
largo aliento. ¿Cómo explicar, por ejemplo –y cito un caso local a título
ilustrativo– que mientras la "Comisión Condon difundiera en 1969 sus
"conclusiones" descalificativas de la validez científica de los OVNIs, durante
la "oleada" americana de 1978 la USAF (Fuerza Aérea de los Estados Unidos)
transmitiera a todas las agencias noticiosas del mundo exactamente el mismo
texto como resultado de "recientes investigaciones propias" (sin referencia
alguna al trabajo de nueve años antes) y nadie, ni siquiera uno de los
innumerables medios periodísticos de todo el mundo que lo reprodujeron se diera
cuenta de nada?.
O tal vez algo
peor. Sí se dieron cuenta. Pero participaban de ello.
Un "lavado de
cerebro"
En una sociedad donde la
"información es poder", es obvio que los medios de comunicación son ciertamente
los más eficaces modeladores del pensamiento colectivo. A veces me resultaría
cómico –si no fuera en verdad trágico– escuchar a la gente hablar de sus "Libres
elecciones", de la "concientización" y la "clarificación del pensamiento del
pueblo" si no fuera tan delgada la línea que separa tan nobles intenciones de
una forma dictatorial de condicionamiento de las masas. Sin duda más de un
periodista que cree en la transparencia de su profesión se sentirá incómodo
antes estas palabras, y es lógico que lo esté; pero ese mismo periodista no
podrá negar que no existe en última instancia una verdadera libertad de
prensa: todos sus representantes están esclavizados a su puesto laboral, a la
ideología que representan (impuesta o meditada, es otro cantar), al subsidio
político, el "sponsoreo" y su matriz cultural.
Así que mientras muchos
periodistas creen gozar de esa "libertad" como las ratas que en el laberinto del
laboratorio creen que eligen libremente por qué camino tomar, otros saben que
responden a ciertos intereses. Y si esos intereses ganan algún beneficio con el
descrédito de los OVNIs y la Parapsicología, lo sepan o no, serán instrumento de
ello, y a su servicio pondrán todas las formas de sutiles e intangibles "lavados
de cerebro" que los medios periodísticos puedan hacer sobre las masas. El
argumento de independencia ideológica que se repite como un sonsonete la mayor
parte de los periodistas, es algo aprendido en el oficio o la universidad no por
caminos empíricos sino como una forma de reforzar su autoestima, fortalecer el
"esprit de corps" de la corporación y, "last but not least" (N. del
E.: en inglés, significa "al final, pero no menos importante") el
no haberse dado de narices las suficientes veces contra la
realidad.
Y a consecuencia de esto,
las ideas que la masa en conjunto o el individuo en particular tienen, salvo que
se trate de estamentos poco significativos, es más producto de la manipulación
que de los procesos sociales de su génesis pueden hacer ciertas clases de
periodismo. Citando al lingüista Noam Chomsky:
"Es un totatiltarismo
invisible" lo que llamo un "totalitarismo democrático". Los ejemplos que doy
indican que los responsables de la política norteamericana usan eficientemente
los medios de comunicación. En otras palabras, cuando deciden intervenir en el
extranjero, primero aprovechan la magia irresistible de los mismos para
preparar la opinión pública. Antes que nada, los dirigentes norteamericanos
presentan al público como "demonios" los objetivos que quieren atacar, como
Saddam, Noriega, grupos islámicos, los sandinistas, etc. Para ello usan
eficientemente distintos métodos de propaganda o técnicas psicológicas. En
consecuencia, el público aplaude la invasión de un país extranjero por los
soldados norteamericanos y da su consentimiento a las políticas formuladas por
las distintas administraciones, aunque en realidad ese consentimiento lo
establecen los aparatos políticos. Por esta razón yo defino este sofisticado
mecanismo totalitario como "elaboración del
consentimiento"."
"Uno de los más formidables ejemplos de
este método tuvo lugar durante el período gubernamental de Woodrow Wilson. Este
ejemplo, considerado como "la primer operación de propaganda moderna de un
gobierno", se lo puede esbozar como un plan para convencer al pueblo de que dé
el consentimiento para que el país marche a la guerra en la primera
conflagración mundial. Durante los primeros años de la misma la mayoría de los
norteamericanos estaban determinados a no participar. Sin embargo, a los centros
de poder, que tenían una profunda influencia sobre el gobierno, les interesaba
que se interviniese en el conflicto armado. Por lo tanto se formó una comisión,
llamada Creel Comission, que se hizo cargo de la propaganda por cuenta del
gobierno. La Creel Comission logró transformar en sólo seis meses a ese pueblo
pasivo en otro de características histéricas con una fuerte voluntad por
destruir a la nación alemana, ir a la guerra y salvar al mundo. Como producto de
ese programa Norteamérica fue a la guerra."
"Un teórico prominente de esta técnica
totalitaria es Walter Lippmann, uno de los más conocidos columnistas
norteamericanos. Es uno de los fundadores del Concejo de Relaciones Exteriores,
importante institución extraoficial ocupada de la política exterior de los EEUU.
Este señor se esforzó al máximo por desarrollar los mejores sistemas de control
de las sociedades a través de las élites y sin que nada se le interponga en la
tarea. Es por eso que considero a Lippmann "el arquitecto de la teoría de la
'elaboración del consentimiento' para conseguir que el pueblo apruebe incluso
decisiones no deseadas bajo la influencia de nuevas técnicas de propaganda".
Lippmann argumenta que el gobierno de un estado debería ser manejado solamente
por "un grupo especial de gente inteligente que sea capaz de asumir la
responsabilidad, en tanto que la masa poblacional debería ser mantenida
totalmente al margen de los mecanismos de decisión". De acuerdo con Lippmann, la
gente no es más que "un rebaño estúpido" y no debe participar del proceso de
administración (gubernamental) sino que tiene que permanecer como obediente
seguidora de las decisiones."
"Sin duda, esta situación señala una
realidad acerca de las actuales democracias representadas por los EEUU y los
países occidentales: en estos países la "soberanía" no está en manos de sus
respectivos pueblos sino capturada, evidentemente, por el poder que controla el
proceso de las ideas a nivel masivo."
"En este contexto, los medios de
comunicación son usados como una de las herramientas más importantes para
controlar el proceso de pensamiento. Por supuesto, no se puede poner bajo
esta categoría a todos los medios de comunicación. No obstante, "los gigantes de
entre los medios de comunicación", presentes en casi todos los países del mundo
hoy día, caen en esa categoría de "herramientas controladoras". A esto se debe
que en algunos casos, a pesar de la supuesta abierta oposición a los gobiernos,
los medios de comunicación tienen íntimas relaciones con los poderes que están a
cargo de los "gobiernos".
Es el momento entonces de
pensar seriamente acerca de lo que los medios de comunicación imponen sobre la
gente. Si éstos, como dice Chomsky, se usan como "un mecanismo de control del
pensamiento", la respuesta a la pregunta de cuáles son los métodos de los que se
valen para controlar nuestras formas de pensar, pasa a constituirse en algo muy
importante.
Chomsky habla
extensamente acerca de métodos de lavado de cerebros usados por los medios de
comunicación en materia política. De todos modos, el "control sobre las ideas"
no se limita solamente a cuestiones políticas puesto que los centros de poder
que mantienen la supremacía del mundo occidental no representan solamente al
sistema político sino también a los distintos puntos de vista que apoyan y
sostienen al anterior. El poder que hoy día está establecido en muchos países
del Tercer Mundo –y del Primero también– con una perspectiva religiosa
fundamentalista, es el que abolió el verdadero disenso espiritual y cultural. Y
ese poder puede seguir manteniéndose solamente si la sociedad continúa aceptando
de manera generalizada los puntos de vista fanáticos del fundamentalismo, tanto
de la Iglesia como de la Ciencia. La aceptación de los puntos de vista
alternativos y el ver a éstos como lo que para muchos es una fuente legítima de
conocimiento, es totalmente inaceptable para el sistema establecido.
Por ende, es inevitable
que los medios de comunicación sean usados en contra de los OVNIs y la
Parapsicología como la herramienta más eficiente para el control de los procesos
de pensamiento en las sociedades occidentales.
Y si ustedes se peguntan
"por qué" o "para qué", entonces quizás sea hora de que empiecen, sin falsos
prejuicios culturales, a profundizar en estos temas.
Si usted comparte los conceptos
y las propuestas expresadas en este artículo, le invitamos a participar de una
cruzada de clarificación mediática: si en su libreta de direcciones ha apuntado
los datos de algún periodista gráfico, radial o televisivo, de su país o del
extranjero, reenvíele este trabajo, quizás con alguna observación introductoria
suya y/o los enlaces que figuran al final de esta revista y, de ser posible,
notifíquenos del destinatario. Habrá aportado usted un grano de arena en la
tarea de concientización de la opinión pública.