
Enemigos íntimos
La guerra que Texas libró contra México en 1836 constituyó un capítulo fundamental en la forja de los Estados Unidos de América. Los protagonistas del conflicto, el estadounidense Samuel Houston y el mexicano Antonio López de Santa Anna, fueron sin duda algo más que simples oponentes y, durante los meses que duró la contienda, estuvieron sujetos a determinadas vicisitudes que a la postre rubricaron la secesión tejana. La principal obsesión del general y presidente mexicano fue la de perseguir sin tregua a su enemigo, pasando por encima de obstáculos como el fuerte de El Álamo con sus 187 defensores. Sin embargo, tanta persecución acabó por debilitar las líneas de abastecimiento mexicanas y, el 21 de abril de ese mismo año, Santa Anna recibió un duró golpe en la batalla del río San Jacinto, donde él mismo fue apresado junto a 1.500 de sus hombres, viéndose obligado a firmar la independencia de Texas so pena de ser fusilado sin compasión por orden de Houston, quien, por cierto, en los instantes previos a la refriega utilizó para arengar a sus tropas una frase desde entonces muy célebre: “Recordad El Álamo”.