
Primer carnaval
El hombre es uno y
ninguno.
Carga desde hace años con su rostro pegado al cráneo y su
sombra cosida a los pies, y todavía no ha logrado comprender cuál de las dos
cosas pesa más. A veces experimenta el impulso irrefrenable de despegárselos,
colgarlos en un clavo y quedarse allí, sentado en el suelo, como una marioneta a
la cual una mano piadosa ha cortado los hilos.
Otras veces el cansancio
lo borra todo y le impide darse cuenta de que lo único razonable es abandonarse
a una carrera desenfrenada por el camino de la locura. A su alrededor no hay más
que un continuo acoso de rostros, sombras y voces, personas que ni siquiera se
plantean preguntas y aceptan pasivamente una vida sin respuestas pese al hastío
o el dolor del viaje, y que se conforman con enviar alguna postal estúpida de
vez en cuando.
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Faletti'...