Las buenas ideas de negocio, en
tanto sean “buenas” e innovadoras, siempre van a generar su mercado, atendiendo
al público que se identifica con ellas; siempre hay alguien (early adopters)
que piensa como nosotros o tiene las mismas necesidades. Una vez posicionadas, serán referenciadas con un crecimiento geométrico como ocurre con la
masificación de un servicio o producto (S/P). Creo que hay muchos servicios por
ofrecer o muchos productos que una gran población del mundo aún no conoce y los
necesita. En este orden de ideas, mi start-up estaría enfocado, desde antes de
iniciar la idea de negocio, en los hipotéticos early adopters o estudio de un
mercado inicial una vez hayamos detectado quiénes y donde necesitan nuestro S/P.
Si tenemos certeza de estos early adopters podremos iniciar nuestra idea con un
cuidadosamente diseñado roadmap con múltiples estaciones de evaluación y
control hasta obtener el famoso punto de equilibrio. Luego nuestra idea de
negocio será, sin objeción, sólo eso: un negocio.
Metodologías para arrancar una empresa hay muchas, modelos de creación y búsqueda de nichos de negocio hay cientos, y sin embargo, la gran duda que nos acecha y que nos impide desarrollar una empresa, es siempre la misma: ¿Qué hago para empezar?
Como decía al principio, metodologías hay muchas, pero partamos de una que seguramente tenemos bastante relegada al olvido, y que a mi entender es la premisa de casi todas las demás: El sentido común.
Seguramente habremos leído que todo comienza con una idea, con un brainstorming de ideas, etc. Evidentemente, al menos una hemos de tener, caso contrario mal nos va a ir, pero es realmente tan importante la idea en si misma? ^Pues la respuesta más obvia es que no. Pongamos por ejemplo que se me ocurre crear un sistema de comunicación basado en la tecnología móvil que me permita saber dónde están mis seres queridos y poder al instante comunicarme con ellos. Hay clientes potenciales a esa idea? La respuesta es que sí. Pero, hay mercado para esa idea? La respuesta es que no, pues es un mercado copado por compañías que de un modo u otro ya hacen esto, por lo que la idea, de querer llevarla a cabo, nos costaría mucho esfuerzo y dinero para arrancar un trocito muy pequeño de pastel.
Luego una idea sin análisis sobre clientes, mercado, aplicabilidad, etc., no nos conduce a nada.
Por tanto, el inicio debe ser una conjunción de elementos, una o varias ideas, y un estudio aplicativo de las mismas. Y esto sería solo una prefase, pues aquí solo estamos descartando las inviables y dejando aquellas que a priori tienen potencial.
Una vez obtenidas las ideas validadas, ahora ya podemos arrancar la start-up en sí misma. Y para ello vamos a revalidar, ahora sí, mas metódicamente esa idea.
Para ello ya empezaremos a usar diferentes métricas, de las cuales hay también miles, pero en este caso habremos de ser conscientes de que pretendemos llevar a cabo, quienes son nuestros potenciales clientes, y nuestro nicho de mercado, y adaptar por tanto las métricas a ese entorno. Estamos buscando feedback sobre el comportamiento de mi idea ante clientes y mercados, pues en esta etapa, donde aún la inversión es mínima es donde conviene descubrir lo máximo posible sobre la viabilidad.
Una vez desarrolladas las métricas buscaremos aquellos que estarían dispuestos a adquirir nuestra idea (nuestros early adopters) y deberemos dejar que sean sus críticas y consejos los que nos terminen de pulir la idea.
Ya podemos prototipar y pasar a la fase de análisis tangible sobre la realidad (Aquí ya estaremos invirtiendo dinero, por lo que igual necesitaremos financiación, si ese es el caso, preparemos un dossier completo de que pretendemos hacer, mercado potencial, expectativas, y el feedback obtenido, y preparémonos para lidiar con los inversores, cuya visión va a ser muy diferente de la de nuestro mercado potencial, pues la suya es económica, pero que también no es valedera desde el punto de vista financiero de nuestra futura empresa, por lo que es conveniente escuchar, y no desmoralizarse por las negativas)
Si hemos pasado esta fase de prototipado y financiación, y el feedback sigue siendo positivo, llega el momento de lanzarnos al mercado.
Y a partir de este punto, deja de ser una start-up y pasa a convertirse en un negocio, el cual ya se verá afecto de otras metodologías y procesos de marketing, planes, estrategias, etc., para hacerla viable, venderla o mantenerla.
¿Qué os parece nuestra idea? Si te gusta, vota por ella en la plataforma de IdeaScale de Emprende MOOC, tu opinión es muy importante para nosotros amigo emprendedor.