La revancha de Laura Legazcue
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Es la primera bailarina y directora del ballet Tango de la Orquesta Filarmónica del Uruguay. Con 32 años, Laura Legazcue es una de las diez mejores bailarinas de tango del mundo. Una figura consagrada y una coreógrafa que promete romper con las reglas del baile.
Aprendí mucho de bailarines muy destacados, aunque he sido “bailarina de otros”. Me tuve que acoplar a sus modos. El tango es un poco machista y me gustaría desarrollar mi estilo.
Tenía dieciocho años cuando vio por primera vez un espectáculo de tango. Pero apenas pudo disfrutarlo. A Laura Legozcue, el baile del dos por cuatro le pareció anticuado, “cosa de viejos”. Hasta que, tiempo después, esta uruguaya de sonrisa libre y piernas sólidas, estuvo frente a la compañía de Juan Carlos Copes y el hechizo fue instantáneo: “Esto es lo que yo quiero hacer”, se dijo. Hasta ese momento, Laura tenía una vasta experiencia en baile clásico y contemporáneo y el tango no figuraba entre sus intereses. Pero al ver las coreografias de Copes decidió apostarlo todo a desarrollar una carrera siguiendo esa dirección. En los movimientos de ese baile percibió algo nuevo y comenzó a amasar un deseo interno. “Lo que había visto antes no me atrapaba, pero cuando vi como Copes llevaba la coreografía al escenario, me fasciné. Me cautivó por el lado del show, de los saltos, la apertura de las piernas”, recrea.
Laura llevaba, por aquella época, una cómoda vida en Montevideo, había estudiado Ciencias de la Comunicación y disfrutaba de sus clases de baile. Cumplir el sueño de bailar tango e idear coreografías implicaba esfuerzo, estudio y un nuevo destino: Buenos Aires. Estaba convencida de que en esa ciudad encontraría a los mejores maestros y que con la experiencia acumulada y una gran cuota de tesón podría construir una nueva y mágica vida: codearse con los mejores, recorrer milongas en busca de diferentes estilos, mover su cuerpo sin pausa, bailar hasta ver su nombre en las marquesinas de los principales teatros. Laura inició entonces una vida de idas y vueltas: entre su departamento en Montevideo y la habitación de un hotel en el centro porteño.
Poco a poco, fue puliendo su futuro. Montó su propio ballet. Se consagró como coreógrafa, primera bailarina y directora del ballet Tango de la Orquesta Filarmónica de Uruguay. Montó la coregorafía para la asunción del presidente Tabaré Vázquez. En la Argentina, en tanto, ganó el Cóndor de Oro en la provincia de San Luis por el espectáculo Tango Attraction que diseñó para su compañía, el Ballet de Laura Legazcue. Hoy, la mujer que creía que el tango era “cosa de viejos”, se enorgullece de haber compartido el escenario con Juan Carlos Copes, Miguel Angel Zotto, Horacio Ferrer y María Graña. Bailó en gran parte de América Latina, Finlandia, Japón y Malasia. Bailarina de la compañía internacional “Cirque Goldbergs”, de Broadway, instalada en Buenos Aires, Laura pasa sus días ensayando un espectáculo que presentará durante este año en España.
-¿Cree que es imposible desarrollar una carrera internacional desde el Uruguay?
-Es muy complicado. Mientras vivía en Montevideo, viajaba una vez por mes a Buenos Aires para estudiar tango. Me quedaba una semana y hacía cursos intensivos con varios maestros. Después, en Uruguay, me internaba con un compañero para practicar los movimientos o trabajaba sola la técnica de la mujer, el eje, el cambio de peso, la postura. Siempre fui muy disciplinada en ese sentido, porque en Montevideo no hay tantos maestros ni tantos estilos de bailes.
-¿Cuál fue el motor para tomar la decisión de instalarse en Buenos Aires?
-Durante giras y festivales internacionales empecé a conocer bailarines argentinos y me di cuenta de que necesitaba estar más cerca de mis colegas. Por otro lado, tenía la enorme necesidad de buscar un compañero de baile. En Montevideo hay muy poca gente. El mercado es muy chico, tenés menos posibilidades. ¡Encontrar un compañero de baile es más difícil que encontrar un novio! Encima, el novio puede ser más alto, más bajo o más flaquito, pero el compañero de baile, no. En lo posible tiene que tener mayor altura y una contextura física parecida. Yo soy fibrosa, grandota… no soy un palito. Entonces mi compañero no puede ser alto y flaquito. Además tiene que saber bailar bien y uno tiene que congeniar porque estás más horas con él que con tu pareja. En esa búsqueda vine a Buenos Aires a conocer a un posible compañero que me habían recomendado. Pero una noche, en una milonga, conocí a un bailarín al que había visto bailar en algunos videos. Era Demian García. Le comenté que estaba buscando un compañero y ahí mismo empezamos a dar los primeros pasos.
-¿Cómo resultó esta unión artística?
-Genial. Al regresar de una gira por España, nos pusimos a ensayar y en cinco días aprendí tres coreografías, hicimos un show con Color Tango, me invitó a dar clases con él en la Escuela Argentina de Tango, en la milonga Grises. Poco a poco me fui quedando en Buenos Aires.
-¿Existen diferencias en cuanto a la técnica de los bailarines uruguayos y los argentinos?
-Sí, lamentablemente. En Buenos Aires la oferrta es infinita. Si quiero tomar clases con un maestro milonguero bien viejito, que baile en una baldocita, voy a Villa Urquiza y lo encuentro. Si quiero bailar tango nuevo, están Chicho y Fabián Salas, que son los creadores. Esto en Montevideo no existe. Por otro lado, en Buenos Aires hay más posibilidades y, por supuesto, también más competencia. Hay mucha gente y muy buena. Para poder acceder a ciertos lugares hay que hacer un gran esfuerzo pero yo creo que frente a los desafíos es cuando uno realmente se moviliza. En Montevideo mis amigos bailan dos veces al mes, con suerte y hay una milonga por noche. Acá tenés diez.
Laura tiene un original estilo que fascina a la prensa y el público donde fusiona la expresividad dramática con la alegría milonguera. En sus perfomances, despliega técnicas del tango tradicional, de danza clásica y contemporánea. Sus movimientos cautivan por su sensualidad, solidez y contundencia. Y hoy, la mujer que miraba con recelo al dos por cuatro, figura entre las diez mejores bailarinas de tango del mundo.
-¿Qué representa el tango para Laura?
-En el tango se ven las personalidades de la gente. Si una persona es tímida, seguramente bailará de manera introvertida; si es delicada, bailará de modo suave. A mi el tango me dio la posibilidad de ser quien soy. Yo tengo mucha personalidad, siempre voy para adelante. Me muevo mucho y así bailo, con mucha energía. En el tango hay interpretación y a la vez hay una conexión con el compañero donde hay que coordinar todos los movimientos para que salgan perfectos y para que puedan ser uno solo. Es la conexión, el abrazo, el momento íntimo con una persona.
-¿Es complicado mantener una relación de pareja estable en el mundo del tango?
-Es un tema difícil para el artista. Yo estuve casada y me separé. Ahora estoy de novia con un abogado que vive en Uruguay. Por un lado, me encanta viajar por mi trabajo, pero eso hace más complicado proyectar, tener hijos por ejemplo. Son dos amores: mi novio y el tango. Pero pese a las dificultades, me siento privilegiada de poder hacer lo que hago. Muchas personas desearían vivir de esto. Para mí es un sueño hecho realidad.
-¿Qué queda por hacer?
-¡Tanto! Me ofrecieron armar un show en Buenos Aires. Tengo que presentar un espectáculo en el Festival de Granada. Me gustaría ir a un maestro milonguero. Por mi formación de en baile clásico, la parte técnica la tengo muy pulida. Necesito más mugre. En la milonga no se piensa tanto en la técnica, es más libre. Ahí salen los adornos. Es como un juego que la mujer hace para embellecer el baile que no se lo marca el hombre. Es algo que ella pone dentro del espacio que deja el hombre. Aprendí mucho de bailarines muy destacados, pero he sido un poco “bailarina de otros”. Me tuve que acoplar siempre a sus modos. El tango es un poco machista y me gustaría desarrollar mi estilo.
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