LA RESPUESTA…
A CASI TODAS LAS PREGUNTAS
Con gentil movimiento de cintura, uno va adaptándose a los cambios que se producen en la cotidianeidad. Modificamos actitudes por la gripe “A”; por la delincuencia; por los “Barras brava” en acción; por la inflación; por las cifras del INDEC; por los tarifazos; por los cierres de avenidas; por reclamos salariales, políticos y etc.; por el pozo en la vereda, el perro que ensucia la calle, el humor del portero… Y claro! Llega un día en que nos damos cuenta que estamos entre la espada y la pared. No participamos de nada, pero nos incluyen en todo.
Grandes ejercitantes del “tómelo-con-calma” solo nos queda formular preguntas: ¿Por qué la delincuencia de hoy es tan innecesariamente cruel? ¿Por qué se mata como si las personas fueran figuritas? ¿Por qué tanta indiferencia? ¿Por qué la droga y el alcohol hacen estragos? ¿Por qué crece la pornografía infantil? ¿Por qué se está perdiendo el sentido de la maternidad? ¿Por qué hay tanta indisciplina en los colegios? ¿Dónde fue a parar el sentido de vida de los jóvenes? ¿Por qué molestan los viejos? El mundo nunca fue un Paraíso, pero esto se está pareciendo a un infierno. ¿Qué nos pasa?
Encontramos una pista para responder esta y muchas otras preguntas en un libro de Antonio Medrano, titulado “La lucha contra el Dragón” de editorial Yatay. De el escaneamos el capítulo 8 “Similitud entre el ego y el dragón” para regalarle un do, un inicio de meditación acerca de lo que nos pasa, por qué y como resolverlo. Si lo lee, pensando en todos esos interrogantes que nos ocupan y preocupan, es posible que encuentre una perla.
Como siempre, escuchamos sus reflexiones. Lo saluda con cordialidad y respeto
EL OBSERVADOR IMPARCIAL
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