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unread,Jul 9, 2008, 10:59:41 AM7/9/08Sign in to reply to author
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to Movimiento el Cibao Sigue con Leonel
Estados Unidos, todavía inmersos en una crisis sin fin en Irak, no
cede sobre lo que cree ser su derecho de intervenir en la vida de los
países latinoamericanos. Ahora, en un típico arreglo modelo CIA, acaba
de ayudar al gobierno de Álvaro Uribe a liberar a Ingrid Betancourt,
secuestrada desde hace años por las FARC. El anuncio de la liberación
de la ex candidata presidencial, junto con otros rehenes
estadounidenses - mercenarios a soldo de los EUA - , se aproxima a los
efectos especiales de películas como Rambo y Duro de Matar. Como
siempre, es reforzado el mito del héroe americano. Pero es bueno
recordar que son figuras "místicas" como Rambo o el personaje de Bruce
Willis los responsables por ríos de sangre provocados en la caída de
Salvador Allende, en las dictaduras argentinas, brasileñas y haitianas
o en los miles de golpes de Estado que ya sucedieron en "nuestra
América", siempre capitaneados por los intereses económicos de los
Estados Unidos.
En Colombia no es diferente. Desde que el país entró en la era
republicana, pos independencia, la propensión de su elite por el
vasallaje se viene registrando en grados elevados. Su primer
presidente, Santander, cuando el país todavía se llamaba Nueva
Granada, practicó el primer gesto al traicionar a Bolívar y aliarse a
los intereses de Inglaterra. Desde entonces, en sucesivos gobiernos
democráticos o autoritarios, el pueblo colombiano no tiene encontrado
cobertura para sus demandas. No por nada que surgieron las FARC y
otros grupos revolucionarios que tienen como objetivo la creación de
una Colombia democrático-popular, en la que todos puedan tener una
vida digna. Porque, al final, Colombia no logró su verdadera
independencia.
Desde 1948, después del asesinato de Jorge Gaitán, un político que era
capaz de oír al pueblo, el país fue zambullido en una red de violencia
que parece que no acaba más. Pero es importante que se diga: los
mayores estimuladores de este estado de cosas son los gobiernos que
insisten en no incorporar las demandas populares a la vida nacional.
Así, si no bastase el caldo de terror provocado por las insanas luchas
entre los liberales y los conservadores, el pueblo colombiano precisa
enfrentar la saña opresora del imperio estadounidense que no quiere
ver en la punta noroeste de América del Sur otro país fuera de su
planilla de pagos. De allí la cortina de humo que desparrama con su
famosa "guerra contra las drogas".
¿ Por qué combatir as drogas?
En el libro Drogas, Terrorismo e Insurgencia, el escritor ecuatoriano
Manuel Salgado Tamayo, cuenta el origen de esta "cruzada"
estadounidense, lo que muestra bien cuales son los intereses que está
por tras de toda la "bondad" que aparece en el discurso que convoca a
la lucha contra las drogas. Tamayo cuenta que hasta el inicio del
siglo XX drogas como el opio y la cocaína eran bastante utilizadas con
fines medicinales. La cocaína, por ejemplo, estaba hasta en la Coca
Cola y era vendida legalmente como tónico revitalizador. Fue alrededor
de 1903 que las autoridades comenzaron a asociar la droga a las luchas
de las llamadas clases subalternas. Como no había argumentos para
reprimir la lucha de los negros en el sur de Estados Unidos, que
insistían en luchar por cosas "absurdas" como derechos iguales a los
de los blancos, se llegó a la conclusión de que eran los tónicos a
base de cocaína que tornaban a los negros muy rebeldes. Además, las
mujeres estadounidenses empezaron a hacer sexo con los chinos
inmigrantes y eso, decían las autoridades, sólo podía pasar por causa
del uso del opio. ¿Pues, al fin y al cabo, que otro motivo llevaría
una mujer blanca, de buena familia, a acostarse con un chino? Y
también estaban los mexicanos que se empezaban a poner muy violentos.
El motivo parecía obvio: era el uso de la marihuana. Nada que ver con
las condiciones deshumanas a la que estaban sometidos los inmigrantes
dichos ilegales. Y fue con base en estas premisas que comenzaron a ser
creadas leyes de criminalización de estas drogas específicas. El
alcohol y el tabaco, porque movían una industria gigantesca y porque
eran también consumidos por la clase dominante no sufrieron muchas
restricciones.
Ahora, en Colombia, la historia sigue repitiéndose. Las luchas
llevadas adelantes por las FARC y otros grupos revolucionarios en el
país no tienen absolutamente nada que ver con la cocaína. Estos
movimientos nacieron allá en el inicio de la década del 50, fruto de
la inestabilidad y de la violencia generadas por el propio estado. Y
más, estos grupos tienen la osadía de reivindicar ideas "muy
ultrapasadas" como el socialismo, la participación popular, la reforma
agraria, otro tipo de organización de la vida.
El cultivo de la coca, que para algunas familias es la única
posibilidad que resta en medio de una guerra sin fin, no tiene la
finalidad de drogar al mundo. Todo el proceso de refinamiento y
transformación de la droga queda a cargo de otras gentes, con otros
acentos, que mueven ríos de dinero los cuales nunca son vistos por los
pobres campesinos colombianos acosados entre el estado, los
paramilitares, los traficantes y la miseria.
Pero es justamente la cocaína el motivo que lleva al gobierno
colombiano a asociarse con el gobierno de Estados Unidos para "salvar"
al mundo. El Plan Colombia, nacido en 1998, durante la campaña
presidencial de Andrés Pastrana, que buscaba una negociación para la
paz política acabó, a través del gobierno de Bill Clinton,
transformando-se en una cruzada antidrogas, como si todo el problema
colombiano se resumiese a eso. De verdad, el plano, arreglado por los
estadounidenses y siquiera apreciado por el congreso colombiano, sólo
tenía una preocupación: destruir el foco socialista que representaban
las FARC y el ELN.
Los últimos hechos
No es por acaso que la media cortesana insiste en divulgar por todos
los rincones la tesis de que las FARC y el narcotráfico son lo mismo.
Es como el argumento de que los negros se ponían rebeldes por causa de
la cocaína, que los chinos seducían a las blancas por causa del opio y
que los mexicanos se ponían violentos por efectos de la marihuana. Los
motivos de la guerra contra los pobres son otros, se esconden, y la
gran masa va absorbiendo las mentiras. No fue por gusto que Hugo
Chávez, el presidente venezolano, convocó a las FARAC para que
liberasen a los rehenes. Curtido en las artimañas del imperio él ya
debería haber intuido que la CIA estaba muy próxima de lograr una
victoria contra la guerrilla. Pues, ahí está.
Ahora, el gobierno colombiano va a despejar en el mundo, vía media
estadounidense, que él es quien está "limpiando" a Colombia, que las
FARC están derrotadas, que no existe más el liderazgo de Marulanda,
que todo está fragilizado con está nueva victoria gubernamental.
Entonces, destruidas las FARC, el pueblo habrá de tener nuevamente la
paz soñada. De nuevo, las mentiras cubren todo con su manto azul.
Jamás le contarán al mundo que las FARC y el ELN sólo nacieron por
causa de la violencia del Estado contra las gentes, y que sólo siguen
luchando porque esta violencia sigue creciendo. Para tener una idea,
el desgraciado plan Colombia ha desalojado a millones de familias a lo
largo de estos años, almas que vagan por el territorio colombiano sin
lugar, sin casa, sin tierras, sin nada. El mismo plan de liberación es
el responsable por las fumigaciones que destruyen la tierra, las
plantaciones y la posibilidad de una vida mejor para los campesinos.
La cortina de humo de la liberación de la ex senadora va a alimentar a
la media durante días. Ya hablan hasta de elecciones y de que ella
puede ser la sucesora de Uribe en la presidencia. Una gerente más del
imperio. Nada más que "negocios". Mientras, las gentes colombianas
seguirán siendo la carne de cañón de una guerra que no quieren. El
tráfico de drogas es una gran industria, una más de las grandes
transnacionales que le chupan la vida a las gentes de Abya Yala, y
permanecerá intocado mientras el pueblo no enfrente el verdadero
monstruo: el sistema capitalista y su lógica de explotación y
destrucción. Ese es enemigo que hay que enfrentar porque, al fin de
cuentas, nosotros, los pobres, los negros, los chinos, los mexicanos y
todos los demás "subalternos", no nos ponemos rebeldes por causa de la
cocaína, del opio o de la marihuana. Nosotros nos ponemos rebeldes
porque sabemos que otra sociedad puede ser construida, con
solidaridad, con justicia y riquezas repartidas.
Traducción: Raul Fitipaldi de América Latina Palabra Viva.
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