Luchando por una última oportunidad en la vida

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Henry García

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Jun 1, 2009, 3:09:29 PM6/1/09
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Luchando por una última oportunidad en la vida

Células con enfermedad de Gehrig

 

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(30 de mayo de 2009).

  VIRGINIA BEACH, Virginia -- A medida que la enfermedad de Gehrig privaba a Joshua Thompson de su capacidad para moverse y hablar el otoño pasado, consistentemente planteaba una pregunta desde dentro de la prisión de su propio cuerpo. "Iplex", preguntaba, en un susurro que perforaba el corazón de su madre. "¿Cuándo?"

Iplex nunca había sido probada en personas con esclerosis lateral amiotrófica, el nombre formal de la enfermedad mortal que había afectado a Joshua, de 34 años, a fines de 2006. Desarrollada para un padecimiento diferente y prohibida en el ltente, no estaba a la venta al público en ninguna parte del mundo.

Pero Kathy Thompson había prometido conseguirla para su hijo. En el Internet, ella había encontrado críticas entusiastas de pacientes de ELA que habían conseguido una receta para Iplex cuando estaba disponible, junto con especulación de importantes investigadores en cuanto a por qué podría desacelerar la parálisis progresiva que caracteriza a la enfermedad. Y durante meses, mientras rogaba y presionaba a compañías de biotecnología, miembros del Congreso, médicos italianos y reguladores farmacéuticos federales, respondió a Joshua de la misma manera:
"Pronto", decía. "Pronto".

En una época en que los pacientes con enfermedades terminales tienen más acceso a la investigación médica que nunca antes, y quizá una convicción más profunda de su capacidad para curarlos, muchos están haciendo campaña en busca de la oportunidad de ser tratados con medicinas cuya seguridad y efectividad no son conocidas todavía.

Pero aún cuando avances en áreas como las células madres y la genética generan mayor esperanza para las terapias experimentales, hay poco consenso sobre cómo y cuándo ofrecerlas a pacientes moribundos cuyas vidas pudieran prolongarse -- o acortarse aún más -- al tratarlos.

Algunos defensores de pacientes están cabildeando a favor de leyes y políticas que sancionarían lo que ha llegado a conocerse como el "uso compasivo" de medicamentos experimentales por parte de pacientes gravemente enfermos a los que se les agotaron otras opciones. Pero por ahora, cada llamado a los guardianes de las medicinas no probadas es una improvisación.

Kathy descubrió Iplex al fondo de las páginas de su primera búsqueda en Google sobre "ELA y tratamiento" tarde una noche de la primavera de 2007, poco después del diagnóstico de Joshua.

Aún tenía problemas para creer que su hijo atlético y carismático tuviera la devastadora enfermedad de causa desconocida, que lleva el nombre de la estrella de los Yanquis de Nueva York cuya carrera fue interrumpida por el padecimiento.

Pero un especialista en ELA en la Universidad Johns Hopkins, el doctor Jeffrey D. Rothstein, había confirmado el diagnóstico. Como las otras 5,600 personas que reciben el diagnóstico cada año en Estados Unidos, dijo Rothstein, Joshua casi seguramente moriría por la enfermedad en entre dos y cinco años.

El médico prescribió la única medicina aprobada para la ELA, Rilutek, que típicamente prolonga la vida por unos cuantos meses. Joshua, dijo, sería elegible para participar en un ensayo clínico para otra medicina, Arimoclomol, que empezaría tan pronto como la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) diera el visto bueno. No había nada más. Excepto, quizá, Iplex.

Kathy se abrió paso a base de clics por boletines noticiosos en línea, blogs y artículos de publicaciones científicas. Se cree que Iplex, se enteró, protege a las neuronas motoras cuya muerte conduce a la parálisis en la ELA. Algunos pacientes habían convencido a sus médicos de recetarles la medicina cuando la FDA la aprobó a fines de 2006 para niños con deficiencias de crecimiento.

"Empecé el martes", había escrito Debbie Gattoni, una paciente de ELA en Nueva Jersey, en un foro de discusión en la Web, "y el domingo noté que mi índice derecho, que estaba doblado, se estiraba y movía por sí mismo".

Pero casi inmediatamente, el fabricante de la medicina, Insmed, perdió una demanda de violación de patente ante una empresa de biotecnología que ya estaba vendiendo una medicina para la corta estatura que tenía propiedades similares. Sin embargo, se pensaba que Iplex era más potente para tratar la ELA.

Insmed aceptó retirar su medicina del mercado. Sólo el Ministerio de Salud italiano, que había empezado a distribuir el medicamento a pacientes de ELA bajo un programa de uso compasivo, continuaría comprándolo. Kathy envío de inmediato una carta a la FDA.

"¿Hay alguna forma en que podamos conseguir Iplex", escribió, "antes de que sea demasiado tarde para mi hijo y otros como él?"

Pero la FDA no podía intervenir hasta que Insmed aceptara poner disponible la medicina. Y las manos de Insmed estaban atadas por el acuerdo extrajudicial.

A fines de julio, Joshua se cayó en la calle cerca de Times Square en un viaje a Nueva York con su esposa, Joy, y no pudo levantarse.

El acontecimiento fue traumático para Joshua. Mientras Joy le ayudaba con sus crecientes necesidades físicas y atendía a su hijo, Wyatt, que había nacido dos semanas después del diagnóstico de Joshua, la pareja presionaba a Kathy para que explorara opciones médicas para Joshua. Decidieron que intentarían lo que parecía lo mejor después de Iplex, la medicina que había triunfado sobre ella en la disputa por la patente.

Kathy encontró un médico que prescribió la medicina, llamada Increlex. Pero lloró después cuando leyó un mensaje de blog de un paciente de ELA que decía que había experimentado un mejoramiento "sísmico" con Iplex antes de que fuera retirado. Las dosis de Increlex que ahora estaba tomaando se sentían como "tratar de emborracharse con jarabe para la tos cuando hay una caja de whisky encerrada en el armario", escribió.

Adoptando el apodo en línea de "FightingMom", Kathy frecuentaba los foros en la Web dedicados a la enfermedad. Intercambiaba mensajes con varias docenas de pacientes y cuidadores que llegaron a llamarse a sí mismos "Equipo Iplex".

En otoño, un estudio importante en la Clínica Mayo concluyó que una hormona que es el agente activo en Increlex e Iplex no tenía efecto sobre las personas con ELA. Pero un importante investigador sugirió que una medicina como Iplex, que combinara la hormona con una proteína pudiera llevarla a las células más efectivamente, pudiera tener mejores resultados.

Kathy vio una oportunidad. Genentech, la compañía que tenía la patente de Increlex, ahora más probablemente no tendría mercado para su propia medicina entre los pacientes de ELA. Quizá liberaría a Iplex de las restricciones del acuerdo extrajudicial sobre la patente.

Kathy llevó su caso ante Genentech, pero no esperó su respuesta. Los miembros del Equipo Iplex fijaron una fecha para la protesta: el Día de los Veteranos, en el Capitolio en Washington. Harían saber a las compañías farmacéuticas que los medios noticiosos habían sido alertados. La noche del sábado anterior a la protesta, Kathy encontró un mensaje en su correo electrónico.

Las compañías en la disputa habían acordado poner Iplex a disposición de los pacientes de ELA mundialmente sobre una base de uso compasivo, pendiente de la aprobación de las agencias reguladoras. Todo lo que el Equipo Iplex necesitaba ahora era que sus médicos presentaran una solicitud formal de la medicina a la FDA.

El médico de Joshua en Johns Hopkins, Jeffrey Rothstein, creía que había una lógica razonable de por qué Iplex podría funcionar. Pero el procedimiento de revisión en Hopkins, le comunicó a Kathy, retrasaría solicitar la medicina a la agencia de medicamentos. En vez de ello, Kathy llevó el montón de papeleo al médico familiar local de su hijo, el doctor David L. Werwath, sólo para romper en llanto en su consultorio cuando él objetó.

La FDA tenía un mes para responder desde la fecha en que recibió la solicitud de Joshua el 16 de diciembre. Cuando Joshua preguntaba entonces por Iplex, Kathy le decía: "Debe ser cualquier día".

El 16 de enero, cuando Werwath llamó para decirle que la solicitud había sido rechazada, ella se resistió a creerlo. "¿Cómo puede ser?", preguntó, consternada.

Ella presentó una apelación administrativa, y se enteró el 10 de marzo que la FDA había dado marcha atrás. Werwath llegó con la primera ampolleta de Iplex de Joshua a las 9:10 de la mañana del miércoles 25 de marzo.

El médico se puso sus guantes y mostró a Kathy y Joy cómo extraer la medicina con una aguja. Luego las mujeres siguieron al médico a la recámara de Joshua y lo vieron aplicarle la inyección, lo cual una de ellas haría diariamente. Joshua durmió la mayor parte del día.

Pero cuando Kathy lo visitó unos días después, su hijo estaba sentado en una silla reclinable en la sala de estar, con buen ánimo. Vieron el final de un partido de basquetbol universitario juntos. Alrededor de las 11:30 siguió la película "Airplane" original. Joshua sonrió mucho. Eso la hizo sonreír a ella también.

EPILOGO: En abril, Joshua indicó que sentía que estaba tragando mejor, y para Joy y Kathy su voz pareció más fuerte. Pero el Domingo de Pascua, fue llevado apresuradamente al hospital con neumonía y sigue con un ventilador. Continúa recibiendo Iplex todos los días.

© 2009 – The New York Times News Service

 

 



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Henry García
 
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