|
|
Agustín Legido, profesor de Neurología y Pediatría en la Universidad Drexler (Filadelfia).
|
|
MADRID
|
Fecha de publicación: Martes, 10 de Noviembre de 2009
irene fernández
Se
sabe que la epilepsia, en particular determinados tipos como el
síndrome de West, puede desarrollar trastornos del espectro autista
(TEA). La forma de entender esta relación puede ser por una causa
común, entre varias de ellas el factor de crecimiento de la insulina
—hay datos de que los niños con ambas patologías tienen una disminución
de este factor—. Por tanto, "hay bases para atreverse hoy en día a
intentar hacer un estudio utilizando estos factores de crecimiento para
tratar a estos niños y ver qué ocurre", instó Agustín Legido, jefe de
la Unidad de Neuropediatría del Hospital Niños St. Cristopher's de
Filadelfia, en el marco del 3er Congreso Internacional Fundación
Síndrome de West, celebrado la semana pasada en Madrid.
Este
investigador también resaltó la existencia de determinados genes que
predisponen a la epilepsia y al autismo al afectar al desarrollo de las
sinapsias cerebrales, como el MECP2 del síndrome Rett, el gen del
síndrome X-frágil, el CDKL5, el ASMT o el PTEN.
Para un buen
abordaje de estos pacientes incidió en el diagnóstico precoz y en el
hecho de que no sólo hay que pensar en controlar la epilepsia, también
en mejorar el pronóstico neurológico del autismo. "Sugiero que hay que
hacer estudios controlados con distintos fármacos pensando no sólo en
tratar las convulsiones", dijo. Así, propuso la consideración de
biterapias. Por ejemplo, la combinación de la corticotropina (ACTH),
que sigue siendo el tratamiento de elección para controlar los espasmos
infantiles, con otros fármacos como el ácido valproico o la vigabatrina.
Metabolismo mitocondrial
La
alteración del metabolismo mitocondrial en niños autistas es una
cuestión que está en el aire. No hay datos sobre el tema. Por eso, el
grupo de Legida acaba de iniciar un estudio epidemiológico con un
porcentaje alto de niños con TEA para observar estas alteraciones
—aprovechando una nueva técnica que están desarrollando en la que no es
necesario biopsia muscular, sino que mide los complejos de la cadena
respiratoria de las mitocondrias en muestras bucales—.
Esperan
observar una población importante en dos años. Lo que supondría un paso
inicial para valorar si la presencia de una alteración mitocondrial es
factor de riesgo a desarrollar una reacción anormal a una vacuna,
después de la polémica suscitada en EEUU de que ciertas vacunas podían
desarrollar autismo o retraso mental, como ha sucedido en un paciente
con una alteración mitocondrial subyacente. |