Mayo 2026 Masonería

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May 2, 2026, 5:47:13 PM (4 days ago) May 2
to EL SUFISMO


La masonería: ¿sociedad discreta o sociedad secreta?

Desde hace siglos, la masonería ha despertado la curiosidad, el respeto y
también la sospecha. Pero hoy se plantea una pregunta que divide opiniones
y que toca el alma misma de nuestra orden: ¿sigue siendo una seductora
sociedad secreta, o se ha convertido simplemente en una sencilla sociedad
discreta? Hay quienes afirman que ya no guardamos nada que ocultar, que
nuestras Logias están a la vista del mundo y que nuestros principios son
conocidos por todos en cualquier página de Internet. Sin embargo, la
realidad es muy distinta —y mucho más profunda— de lo que se cree a primera
vista.

El artículo 23 de los Landmarks, esos principios inmutables que han guiado
nuestros pasos durante generaciones, define claramente a la masonería como
una sociedad secreta. ¿Cómo es posible entonces que hoy se diga lo
contrario? La explicación es clara: esta idea de que sólo somos "discretos"
no surgió de nuestra tradición, sino que fue impulsada por corrientes
externas, por obediencias irregulares y por personas que, aunque están
entre nosotros, no comprenden ni comparten la esencia de lo que somos. Han
tratado de borrar una característica que no es una elección pasajera, sino
parte de nuestra naturaleza misma.

Pero, ¿qué significa realmente ser una sociedad secreta? Para muchos, la
expresión evoca imágenes de reuniones misteriosas, de miembros desconocidos
y de planes ocultos para dominar el mundo. Sin embargo, la definición
verdadera es mucho más rica y compleja. Ser una sociedad secreta significa,
ante todo, que existe un tipo de conocimiento que no se entrega a
cualquiera, que se transmite sólo a quienes han demostrado su disposición a
recibirlo, a quienes han recorrido el camino de la iniciación y han
dedicado años de vida al estudio, la reflexión y el trabajo interior. Como
señala el historiador y experto en la materia José Antonio Ferrer Benimeli,
"el secreto masónico no esconde algo malo, sino algo sagrado: es la
protección de una enseñanza que sólo puede ser comprendida por quien está
preparado para ella". No se trata de ocultar lo que hacemos, sino de
guardar con cuidado lo que somos y lo que sabemos, porque hay verdades que
sólo se revelan al corazón que sabe escuchar y al espíritu que sabe esperar.

También el investigador y escritor Jean Palou, uno de los más respetados en
el estudio de nuestra historia, afirma que "la masonería nunca ha dejado de
ser secreta, porque su secreto no está en sus acciones, sino en su esencia.
Lo que ha cambiado con el tiempo es sólo la forma en que se presenta ante
el mundo, pero el núcleo de misterio y conocimiento reservado sigue
intacto, igual que en sus orígenes". Y tiene razón: desde los tiempos de
los gremios de constructores medievales, cuando los maestros guardaban con
celo los secretos de la geometría y la arquitectura —conocimientos que en
esa época eran considerados casi divinos—, hasta nuestros días, el secreto
ha sido el muro que protege nuestra enseñanza de la incomprensión, la
manipulación y la censura.

Es cierto que muchos de nuestros principios son conocidos públicamente:
hablamos de libertad, de igualdad, de fraternidad, de justicia y de
perfeccionamiento humano. Es cierto también que muchos masones llevan con
orgullo su pertenencia a la orden y no ocultan quiénes son. Pero eso no
significa que hayamos perdido nuestro carácter secreto. Porque hay una gran
diferencia entre mostrar el rostro y revelar el alma. Nuestros símbolos,
nuestros rituales, nuestros métodos de reconocimiento y, sobre todo, la
forma en que comprendemos y vivimos la vida, son cosas que sólo se pueden
entender desde adentro. Como bien dice el historiador René Guénon, "el
secreto masónico es como la cáscara de un fruto: protege lo que hay dentro,
pero no impide que quien quiera comerlo tenga que abrirla primero. Quien no
se toma el trabajo de romper la cáscara, nunca llegará a conocer la dulzura
de lo que está adentro".

Si quitáramos a la masonería este carácter secreto, si abriéramos de par en
par todas sus puertas y reveláramos todos sus misterios, ¿qué quedaría de
ella? Nada más que un grupo de personas con buenas intenciones, sin ninguna
particularidad, sin nada que la distinga de cualquier otra asociación o
club social. Perderíamos nuestra identidad, nuestra razón de ser y, lo que
es peor, dejaríamos de ser masones. Porque la masonería no es sólo lo que
hacemos, sino lo que sabemos y lo que somos. Y eso no se puede mostrar a
cualquiera.

Algunos hermanos han pensado que sería mejor abandonar el secreto para
evitar críticas, para dejar de ser objeto de sospechas o para ganar
aceptación social. Pero se equivocan profundamente. Intentar cambiar
nuestra naturaleza para agradar a los demás sería el mayor error que
podríamos cometer. Sería, como se suele decir, un suicidio colectivo.
Porque si dejamos de ser lo que somos para ser lo que otros quieren que
seamos, ya no seremos nada. Y aunque trataran de borrar nuestro secreto,
aunque intentaran exponerlo todo a la luz del día, no lo lograrían del
todo. Porque los secretos más profundos de la masonería no se escriben en
libros ni se dicen en palabras: se llevan en el corazón, se aprenden con la
experiencia y se transmiten de alma a alma. Y eso, nadie lo puede revelar
ni quitar.

Durante siglos hemos sobrevivido a persecuciones, a prohibiciones, a
guerras y a cambios de todo tipo. Hemos resistido porque hemos sabido
guardar lo que es nuestro y porque hemos entendido que el secreto es
nuestra mejor protección. Si nos hubiéramos convertido en una sociedad
abierta, sin nada que ocultar y sin nada que reservar, hace mucho tiempo
que habríamos desaparecido, absorbidos por la corriente de la historia o
olvidados entre tantas otras organizaciones que nacen y mueren cada día.
Por eso, la conclusión es clara: la masonería no puede seguir siendo sólo
discreta. Tiene que volver a ser, con toda su fuerza y todo su orgullo, una
sociedad secreta. No para esconderse, sino para proteger lo que es sagrado;
no para engañar, sino para preservar lo que es valioso; no para separarse
del mundo, sino para ofrecerle algo que el mundo por sí mismo no puede
encontrar.

Para transmitir este mensaje de manera que llegue a todos, sin importar en
qué parte del mundo estén ni qué tradición sigan, creo que debemos
centrarnos en tres puntos fundamentales:

El secreto como respeto, no como exclusión

Debemos explicar que no guardamos secretos para creernos mejores que los
demás, sino porque entendemos que hay cosas que no se pueden dar a
cualquiera, del mismo modo que no se le entrega una llave maestra a quien
no sabe abrir ni siquiera la puerta de su propia casa. El secreto es una
forma de respeto hacia el conocimiento mismo: reconocemos que no todo está
preparado para ser entendido por todos, y que cada verdad requiere de quien
la recibe la disposición adecuada para recibirla.

El secreto como herencia y responsabilidad

Lo que guardamos no es sólo nuestro: pertenece a todos los hermanos que nos
antecedieron, que sufrieron, lucharon y murieron muchas veces sólo para que
esta enseñanza no se perdiera. Guardar el secreto es honrar su memoria y
cumplir con la responsabilidad que ellos nos entregaron. Como dijo el masón
y escritor Albert Pike: "Lo que recibimos de nuestros antepasados no es una
propiedad que podamos usar a nuestro antojo, sino un fuego que debemos
mantener encendido y entregar intacto a quienes vendrán después de
nosotros".

El secreto como camino de transformación

Lo más importante no es lo que ocultamos a los demás, sino lo que el
secreto hace en nosotros mismos. Al saber que hay cosas que sólo
compartimos con quienes han recorrido el mismo camino, desarrollamos el
sentido de pertenencia, la lealtad y la confianza mutua. El secreto nos
enseña a valorar lo que tenemos, a no desperdiciar lo que es valioso y a
cultivar la discreción como una virtud fundamental para la vida.

Un cuento sufí sobre el secreto y su necesidad

Había una vez un sabio sufí que vivía en una pequeña aldea y era conocido
por su gran sabiduría y por tener conocimientos que nadie más poseía.
Muchas personas acudían a él para pedirle consejos, pero muy pocas lograban
entrar en su círculo más íntimo y conocer lo que él guardaba con mayor
cuidado.

Un día, uno de sus discípulos más jóvenes, impaciente y lleno de orgullo,
le dijo:—Maestro, ¿por qué guardas tantas cosas en secreto? ¿Por qué no le
cuentas todo a todo el mundo? Si lo que sabes es tan bueno y tan valioso,
¿por qué no lo compartes sin restricciones? Así podrías ayudar a mucha más
gente.

El sabio no respondió de inmediato. Se levantó, tomó al joven de la mano y
lo llevó hasta su jardín, donde había un hermoso manzano que daba los
frutos más dulces y jugosos de toda la región.—Mira este árbol —le dijo—.
Todos pueden verlo, todos saben que da frutos excelentes y cualquiera puede
acercarse a él. Pero dime: ¿cuándo está el fruto mejor protegido? ¿Cuando
está colgado de la rama, a la vista de todos, o cuando está todavía dentro
del brote, cubierto por sus hojas y cerrado a los ojos ajenos?

—Cuando está dentro del brote —respondió el joven—, porque si se deja ver
demasiado pronto, el viento puede dañarlo, los pájaros pueden comérselo o
alguien puede cogerlo antes de que esté maduro y así se pierda todo su
sabor.

—Exactamente —dijo el sabio—. El conocimiento y la verdad son como ese
fruto. Si se muestran antes de tiempo, a quien no está preparado para
recibirlos, se echan a perder, se malentienden o se usan para fines
equivocados. El secreto es como la cáscara que protege al fruto hasta que
está listo para ser cosechado. No existe para esconder algo malo, sino para
preservar algo bueno. Y recuerda esto: nadie puede valorar verdaderamente
lo que no ha tenido que esforzarse por conseguirlo. El fruto que se coge
fácilmente se come y se olvida rápido; pero el que se ha esperado, cuidado
y protegido, se disfruta con gratitud y se recuerda para siempre.

El joven entendió entonces que el secreto no era una barrera, sino una
protección, y que no se guardaba para separar a las personas, sino para
unir a quienes estaban dispuestos a recorrer el mismo camino con la misma
dedicación.

Alcoseri

¿Cómo Se Comenzó A Percibir A La Masonería Luego De La Aparición De La
Internet?

La masonería ha sido percibida de formas muy distintas según la época y el
lugar. En ciertos momentos se ha considerado como una de las expresiones
más sublimes y nobles del pensamiento humano; en otros, se la ha perseguido
y calificado con las acusaciones más infundadas y oscuras, como que es una
organización diabólica y conspirativa .

En España, durante la dictadura franquista, ser masón fue un delito
castigado con prisión e incluso con la muerte: cientos de personas
perdieron la vida o sufrieron represalias sólo por pertenecer a la orden.
Hoy, décadas después del restablecimiento de la democracia, podríamos
pensar que todo ha cambiado, pero lo cierto es que seguimos siendo, en gran
medida, simplemente tolerados. Las ideas preconcebidas, los mitos y las
sospechas siguen presentes en muchos colectivos y en la mente de muchas
personas. Por desgracia, el cambio ha sido más lento de lo que cabría
esperar.

En los últimos 25 años han aparecido libros, artículos en revistas,
páginas Web, videos en YouTube y medios de comunicación de prestigio, unos
más ajustados a la realidad que otros, pero todos con algo en común:
empiezan a tratar la masonería como un tema digno de interés público, como
algo que forma parte de nuestra historia y nuestra sociedad, y se van
quitando de encima esa pesada losa de décadas de mentiras y
estigmatización, seguro la Internet ha jugado a favor de la Masonería.

Como señalan muchos hermanos, obras como El símbolo perdido, de Dan Brown,
contribuyeron a renovar la curiosidad por todo lo que representa nuestra
orden, pero hoy en día hay algo más: la gente ya no acepta sin más lo que
le dicen, sino que busca, compara y analiza la información que recibe,
tanto a favor como en contra de la masonería, para sacar sus propias
conclusiones. Esa es, al menos, mi convicción y mi esperanza. Iniciativas
como en los Grupos Masónicos de Facebook, así como publicaciones rigurosas
y espacios de diálogo abierto entre masones y no masones, ayudan a que
podamos, poco a poco, "salir del armario" y afirmar con claridad: somos los
masones simples personas tratando de hacer de este mundo un sitio mejor.
Porque, a pesar de los avances, todavía hay muchos masones que no pueden
decir abiertamente que lo son; el silencio sigue siendo, en demasiados
casos, una medida de precaución impuesta por el entorno.

Personalmente, he tenido la oportunidad de conocer cómo se vive y se
percibe la masonería en otros países, y la diferencia sigue siendo notable.
Por eso, tengo dos grandes deseos que guían mi trabajo y mi compromiso:

Que, antes de morir, haya contribuido en algo a que ser masón en cualquier
parte del Mundo tenga la misma normalidad y relevancia —para bien o para
mal— que decir que uno es abogado, zapatero, albañil, futbolista o
cualquier otra profesión o condición. Que la pertenencia a la orden se vea
simplemente como una elección personal, una forma de entender la vida y de
trabajar por el bien común, igual que cualquier otra.

Que consigamos que la sociedad nos vea del mismo modo que ve a un budista,
a un ateo o a cualquier persona con convicciones propias: como seres
humanos normales y corrientes, con ideas, valores y preocupaciones, que
merecen el mismo respeto que todos los demás.

Si logramos esto, podré decir con tranquilidad: "Algo hemos adelantado.
Ahora, que los demás sigan el camino".

Y lo cierto es que ya hay señales positivas que nos animan a seguir
adelante. En septiembre de 2025 se inauguró en Barcelona un nuevo centro
masónico de más de 1.200 metros cuadrados, un espacio abierto y accesible
que cuenta con el reconocimiento de medios como La Vanguardia o El País, y
que se ha convertido en un símbolo de nuestra voluntad de estar presentes y
visibles en la sociedad. También en los últimos años se avanzó en la
creación de Museos masónicos por todo el mundo , proyectos apoyados por
Grandes Logias y Grandes Orientes, todo en busca de recuperar nuestra
historia y darla a conocer al público general. Y nuestras propias
organizaciones han intensificado su presencia en redes sociales.

Pero no basta con abrir espacios o difundir información; para llegar al
corazón de los masones de todo el mundo y de la sociedad en general, creo
que debemos centrar nuestros esfuerzos en tres líneas fundamentales:

Transmitir nuestra esencia con claridad

Mucha gente sigue confundiendo ser los masones reservados con el ocultarnos
en las sombras, o nuestra labor espiritual y filosófica con agendas
perniciosas ocultas. Debemos explicar con sencillez qué somos: una
fraternidad que busca la mejora personal y el progreso de la sociedad a
través de valores como la libertad, la igualdad, la fraternidad, la
tolerancia y el respeto a la dignidad humana. No somos un partido político
ni una confesión religiosa, sino un espacio de reflexión y trabajo interior
que se proyecta hacia el exterior mediante acciones solidarias y educativas.

En todos los rincones del mundo, los masones realizan trabajos silenciosos
pero valiosos: apoyan la educación, ayudan a personas en situación de
vulnerabilidad, promueven el diálogo entre culturas o defienden los
derechos humanos. Dar a conocer estas iniciativas —sin protagonismos
innecesarios, pero con orgullo— ayuda a romper estereotipos y a demostrar
que nuestros ideales se traducen en hechos concretos.

Masones unidos en la diversidad

La masonería es plural: hay distintas obediencias, ritos y enfoques, pero
todos compartimos los mismos principios fundamentales. Destacar esta unidad
en la diversidad nos permite mostrar que nuestra orden es capaz de integrar
personas de cualquier origen, creencia o condición, y que el respeto mutuo
es la base de nuestra convivencia. Esto es un mensaje poderoso en un mundo
cada vez más fragmentado.

Si seguimos este camino, no sólo lograremos que ser masón sea algo normal y
respetado, sino que recuperaremos el sentido profundo de nuestra vocación:
ser constructores de un mundo más justo, más libre y más fraterno, como
siempre hemos querido ser.

La persecución de la masonería

La persecución de la masonería ha sido un fenómeno recurrente en distintos
momentos y lugares, motivada generalmente por la percepción de que se trata
de una organización criminal, contraria a los valores dominantes o al
servicio de intereses externos. A continuación, te detallo lo ocurrido y lo
que sucede actualmente en las regiones:

URSS y Rusia

Pasado

Antes de la Revolución de Octubre, la masonería ya había sido prohibida en
varias ocasiones en el Imperio ruso: en 1822 por el zar Alejandro I y de
nuevo en 1852, aunque volvió a permitirse a principios del siglo XX,
llegando a tener cierta influencia entre intelectuales y políticos.

Después de 1917, los bolcheviques consideraron que la masonería era un
"relicto burgués" y una organización contrarrevolucionaria. En 1918, Lenin
prohibió todas las logias, y sus miembros fueron perseguidos, detenidos,
exiliados o ejecutados. En 1922, la Internacional Comunista declaró
oficialmente la incompatibilidad entre ser comunista y masón, y esta
política se mantuvo durante toda la existencia de la URSS: durante más de
70 años, la masonería no existió legalmente, y quienes se relacionaban con
ella corrían graves riesgos.

Además, se difundieron teorías de conspiración que vinculaban a los masones
con el judaísmo y con supuestos planes para dominar el mundo, lo que
reforzó la hostilidad hacia ellos.

Presente

Tras la disolución de la URSS en 1991, se volvió a permitir la masonería.
Actualmente existen varias obediencias reconocidas, y sus actividades son
legales y públicas en gran medida. Sin embargo, sigue habiendo oposición:
algunos grupos nacionalistas y sectores de la Iglesia Ortodoxa Rusa siguen
considerándola sospechosa o contraria a los valores nacionales, y de vez en
cuando surgen propuestas para restringir su funcionamiento, aunque sin
éxito hasta ahora.

China

Pasado

En la época de la República de China (1912-1949), la masonería tuvo cierta
presencia y aceptación; figuras importantes como Sun Yat-sen y Chiang
Kai-shek eran masones. Sin embargo, tras la llegada al poder del Partido
Comunista en 1949, se prohibió de inmediato. Se la consideró una
organización extranjera, burguesa y contraria a los principios socialistas,
y sus miembros fueron perseguidos, obligados a disolver las logias o huir
del país.

En las décadas siguientes, cualquier tipo de actividad relacionada con la
masonería estaba estrictamente prohibida y castigada con penas de prisión o
trabajos forzados.

Presente

En la China continental, la masonería sigue siendo ilegal en la actualidad.
No existen logias autorizadas, y cualquier reunión que se identifique como
tal se considera una actividad ilegal, lo que puede llevar a la detención
de los participantes.

En cambio, en regiones con mayor autonomía como Hong Kong o Macao, la
situación es diferente: allí existen logias legales y activas desde hace
mucho tiempo, que funcionan con libertad y reconocimiento legal.

También hay grupos masónicos chinos en el extranjero, pero su actividad en
el propio país sigue estando prohibida.

Países árabes y mundo islámico

Pasado

La oposición a la masonería en este ámbito tiene orígenes antiguos: ya en
el siglo XVIII, el sultán Mahmud I del Imperio Otomano la prohibió,
considerándola contraria a la fe islámica y vinculada al ateísmo o a
intereses occidentales.

En el siglo XX, la situación empeoró en muchos países tras las revoluciones
o los cambios de régimen:

En Irak, después de la revolución de 1958 que derrocó a la monarquía, se
prohibieron las logias que habían funcionado con libertad bajo el mandato
británico. Bajo el régimen de Sadam Huseín, la pertenencia a la masonería
se castigaba incluso con la muerte, al considerarse vinculada al sionismo y
a enemigos del estado.

En Egipto, tras la revolución de 1952, se cerraron las logias y se
persiguió a sus miembros, acusados de ser agentes de potencias extranjeras.

En Irán, después de la Revolución Islámica de 1979, se prohibió
definitivamente: el régimen consideró que era una organización contraria al
islam, creada para dominar el mundo musulmán, y muchos masones fueron
detenidos, ejecutados o tuvieron que huir al extranjero.

Presente

Hoy en día, la masonería sigue siendo ilegal en la gran mayoría de los
países árabes. Sólo en Líbano y Marruecos está permitida y funciona con
cierta normalidad, aunque con limitaciones en algunos casos.

En el resto de los países —como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos,
Egipto, Irak, Siria, Irán, Libia o Túnez—, su pertenencia se considera un
delito, y las reuniones están prohibidas. Además, se sigue difundiendo la
idea de que es una organización secreta que busca destruir el islam o
imponer valores occidentales, lo que genera una fuerte hostilidad social.

En algunos lugares, incluso se prohíbe la difusión de información sobre la
masonería o el uso de sus símbolos.

Otros países donde ha habido persecución o prohibición

Países comunistas de Europa del Este: Durante la época de la Guerra Fría,
todos los países del bloque soviético —Polonia, Checoslovaquia, Hungría,
Rumanía, Bulgaria, Alemania Oriental, Albania y Yugoslavia— prohibieron la
masonería y persiguieron a sus miembros. Tras la caída de los regímenes
comunistas en los años 90, se volvió a permitir en todos ellos, y hoy
existen logias activas y reconocidas legalmente.

España: Como ya hemos comentado, durante la dictadura franquista
(1939-1975), ser masón era un delito castigado con prisión o incluso con la
muerte. Tras la llegada de la democracia, se legalizó y hoy funciona con
total libertad, aunque sigue habiendo prejuicios.

Alemania nazi: El régimen de Hitler consideró que la masonería era parte de
una conspiración judía mundial. A partir de 1933 se prohibió, se cerraron
las logias y sus bienes fueron confiscados. Miles de masones fueron
detenidos, enviados a campos de concentración o ejecutados. Tras la Segunda
Guerra Mundial, se volvió a permitir en las zonas de ocupación aliada.

Italia fascista: Bajo el mando de Mussolini, la masonería se prohibió en
1925, acusada de ser contraria a los intereses nacionales y al servicio de
potencias extranjeras. Sus miembros fueron perseguidos, y las logias
disueltas. Sólo se volvió a permitir después de la caída del fascismo en
1943.

Reflexión final

Lo que se repite en todos estos casos es que la persecución casi nunca se
basa en lo que realmente es la masonería, sino en lo que se cree que es: se
le atribuyen malvadas intenciones ocultas, se le vincula a enemigos
políticos o religiosos, o se le acusa de ser contraria a los valores de la
nación o la fe. Aunque en muchos lugares ya se ha recuperado la libertad,
en otros sigue siendo una realidad difícil, y la lucha por ser vistos como
lo que somos: personas que comparten valores y trabajan por el bien común,
una Masonería que sigue siendo necesaria.

Alcoseri

El Masónico Delta Luminoso

El Ojo y el Secreto de la Luz

El Delta luminoso —triángulo equilátero con un ojo en el centro— es un
símbolo de lo más destacado en los templos masónicos, ubicado generalmente
en Oriente, y representa la percepción interior, la sabiduría y la
conciencia; su forma tiene orígenes simbólicos en la tradición griega y
cabalista, asociada al nacimiento cósmico y la síntesis del universo.

El triángulo simboliza el ternario: el tercer elemento que equilibra
principios opuestos y complementarios, resolviendo conflictos y permitiendo
el avance evolutivo. Esto se refleja en diversas tradiciones y mitos —como
Osiris, Isis y Horus—, que se vinculan a cualidades fundamentales:
Voluntad, Amor y Rigor, necesarias en el camino iniciático. La
configuración geométrica del triángulo también posee significado numérico y
espiritual, expresando la relación entre lo divino y lo terrenal, y la
proyección de la luz hacia la humanidad.

Asi, durante el ascenso al tercer grado, marcado por el mito de Hiram: la
muerte simbólica del ser profano y su renacimiento como maestro masón, lo
que implica un trabajo profundo sobre sí mismo, la lucha contra la
ignorancia, el fanatismo y la ambición, y la búsqueda de la palabra
perdida. El ojo del Delta se asocia además al corazón, centro del ser,
asiento de la sabiduría y símbolo de conexión con lo divino, al igual que
el sol.

El símbolo nos recuerda la presencia permanente del Gran Arquitecto, que
juzga acciones, pensamientos y palabras, e invita a practicar las virtudes
masónicas —humanas y divinas—, a purificar el corazón y a cumplir el
propósito de difundir la luz, buscar lo perdido y vivir bajo los principios
de libertad, igualdad y fraternidad.



Se dice que la palabra más usada en todo el mundo, en todos los idiomas, es
«OK». Pero hay otro objeto que pasa de mano en mano más que cualquier otro
, y es: el billete de un dólar estadounidense. Tomémoslo y observémoslo. En
su anverso vemos el retrato de George Washington, masón y primer presidente
de los Estados Unidos. Su mandil de venerable maestro masón fue bordado
por la esposa del marqués de La Fayette, también masón y enviado por el rey
de Francia para ayudar a los colonos. Hasta hoy, es tradición que cada
presidente de los Estados Unidos, sea masón o no, preste juramento sobre la
misma Biblia que se usaba en el templo masónico donde Washington ejercía
como venerable. Fue él quien colocó la piedra angular del Capitolio en
septiembre de 1793, una ceremonia considerada como uno de los momentos más
importantes de la historia masónica de Norteamérica.

Pero es en el reverso del billete de 1 Dólar donde encontramos el símbolo
que nos reúne hoy: el Delta Luminoso, una imagen que viaja por todo el
mundo, minuto a minuto, sin que muchos sepan su profundo significado.

El símbolo de la trinidad y el infinito

Para el ocultista y masón Oswald Wirth, el Delta Luminoso es una de las
representaciones más poderosas de nuestra tradición masónica, y está
compuesto por tres elementos inseparables:

- Un triángulo equilátero, que simboliza la perfección, la unidad y la
ley del tres —esa fuerza que une el principio, el medio y el fin, el cielo
y la tierra, lo visible y lo invisible—.
- En su centro, el Ojo: el ojo de la inteligencia, la conciencia o el
principio creador. Es el punto matemático sin dimensiones, que está en
todas partes y llena todo el universo.
- Rayos que irradian hacia afuera, representando la expansión constante
del ser y de la energía.
- Un círculo de nubes que rodea todo, indicando que estas energías
vuelven sobre sí mismas, se condensan y se transforman, pues todo lo que
existe nace de infinitos focos de luz y vibración.

Esta estructura refleja la ley de la tesis, la antítesis y la síntesis:
afirmación, negación y solución; pensar bien, actuar bien y hablar bien. Y
aquí entra también el pentagrama, esa estrella de cinco puntas que tantos
malentienden. Como explican muchos expertos en ocultismo, el pentagrama
complementa al Delta: si el tres representa la unidad divina y la trinidad,
el cinco simboliza al ser humano completo, el microcosmos que refleja al
macrocosmos. Cada punta corresponde a uno de los elementos —tierra, agua,
fuego, aire—, y la punta superior, dirigida hacia el cielo, representa al
espíritu que los gobierna a todos, elevando la materia hacia la luz. Cuando
el Delta y el pentagrama se encuentran en el simbolismo esotérico masónico,
nos dicen que la perfección divina no es algo lejano, sino algo que el ser
humano puede alcanzar al equilibrar sus fuerzas internas y elevar su
conciencia.

En el cine, este símbolo cobró vida en la famosa película *El hombre que
quiso ser rey*, basada en la obra de Rudyard Kipling, dirigida por John
Huston. Allí, el Delta Luminoso ocupa un lugar central, mostrando cómo su
poder trasciende fronteras y épocas. Tampoco es exclusivo de la masonería:
nuestros hermanos de los Oficios también lo honran, y ven en él tres
fuerzas esenciales: la voluntad que emprende, la belleza que embellece y la
sabiduría que armoniza.

En muchas representaciones, en lugar del ojo aparece el Tetragrámaton: las
cuatro letras hebreas Yod, He, Vav, He, que forman el nombre sagrado de
Dios, impronunciable y reservado antiguamente al sumo sacerdote, quien lo
decía sólo una vez al año, en el lugar más sagrado del Templo de Jerusalén.
Y en la unión entre este nombre divino y el pentagrama, vemos una conexión
profunda: el nombre que contiene todo el universo, escrito sobre la figura
que representa al ser humano perfecto, nos enseña que lo divino habita en
lo humano y viceversa.

Los múltiples rostros del ojo

En nuestra tradición, el ojo del Delta tiene tres niveles de significado:

- En el plano físico: es el Sol, fuente de luz y vida para todo lo
creado.
- En el plano intermedio o astral: es el Verbo, la Palabra creadora que
da forma a todas las cosas.
- En el plano espiritual: es el Gran Arquitecto del Universo, la
inteligencia suprema que todo lo ordena y todo lo conoce.

Este ojo, único y sin párpados, es el símbolo de la sabiduría divina. Al
estar dentro de un triángulo, es una imagen que une la masonería con el
cristianismo, ya que representa la vigilancia eterna de Dios sobre la
creación. Pero hay otros ojos en la mitología que nos ayudan a entender su
verdadero sentido:

- El ojo único del Cíclope representa un estado inferior, una conciencia
aún no despierta, limitada y sin capacidad de ver más allá de lo inmediato.
- Los cien ojos de Argos, dispersos por todo el cuerpo y que nunca se
cierran todos a la vez, simbolizan a quienes están tan absorbidos por el
mundo exterior que pierden la capacidad de mirar hacia adentro: su
vigilancia es sólo hacia afuera, y su visión nunca llega a su propio ser.

El pentagrama, por el contrario, nos enseña a equilibrar ambas miradas.
Como señalan los expertos en ocultismo, la punta superior, que representa
al espíritu, nos invita a mirar hacia lo alto, hacia la verdad eterna,
mientras que las otras puntas nos conectan con el mundo y con nosotros
mismos. Así, el ser humano puede llegar a tener esa misma visión de
conjunto que tiene el Ojo del Delta: ver todo, conocer todo, pero desde la
sabiduría y el equilibrio.

El ojo en las tradiciones del mundo

Como el ojo ocupa un lugar tan central en nuestro símbolo, vale la pena
mirar cómo ha sido entendido en otras culturas, donde también se le asocia
a la ley del tres o a la perfección.

La visión espiritual

En muchas tradiciones se distinguen tres tipos de mirada:

1. El ojo físico, que recibe la luz del mundo visible.
2. El ojo frontal, el famoso «tercer ojo» de Shiva en la tradición
hindú, capaz de ver la realidad espiritual y destruir la ignorancia.
3. El ojo del corazón, que recibe la luz más pura, la que no viene de
fuera sino de dentro.

Para Platón y san Clemente de Alejandría, el ojo del alma es único y no se
mueve: no ve cosas separadas, sino la verdad en su totalidad. La misma idea
aparece en Plotino, san Pablo y san Agustín. En la espiritualidad musulmana
se habla del *ayn al-qalb*, el ojo del corazón, y los sufíes, como
Al-Hallaj, enseñaban que sólo a través de él se puede llegar a conocer a
Dios y a uno mismo.

El mal de ojo: la mirada que daña

Pero la mirada también puede ser peligrosa. En gran parte del mundo
islámico y en muchas otras culturas, se habla del mal de ojo: una fuerza
negativa que nace de la envidia, el deseo o la mala intención, capaz de
causar daño, enfermedades o incluso la muerte. Se dice que es responsable
de la mitad de las desgracias de la humanidad, que vacía las casas y llena
las tumbas. Se cree que las mujeres mayores y las novias jóvenes tienen
miradas especialmente poderosas, y que los niños pequeños, las mujeres que
acaban de dar a luz, los caballos, los perros, la leche y el trigo son los
más vulnerables a su influencia.

Sin embargo, siempre hubo formas de protegerse. Se usan dibujos geométricos
—entre ellos el pentagrama, que actúa como escudo—, objetos brillantes que
desvían la mirada, humos perfumados, hierros calientes, sal, alumbre,
cuernos, la media luna y la mano de Fátima. La herradura también es un
talismán muy poderoso: combina la forma del cuerno y la media luna, la
fuerza del hierro y la asociación con el caballo, animal sagrado desde
tiempos antiguos. El pentagrama, en particular, es considerado uno de los
amuletos más antiguos y efectivos: al equilibrar las energías de los
elementos y el espíritu, crea un campo de fuerza que repele cualquier
influencia negativa y protege la integridad del ser.

El ojo sagrado de Egipto

En el antiguo Egipto, el ojo más venerado era el *Udyat*, el ojo maquillado
de Horus, que aparece en casi todas las obras de arte y amuletos. Era
considerado una fuente de energía mágica, capaz de purificar, sanar y
proteger. Los egipcios se maravillaban con la mancha que hay debajo del ojo
del halcón —ave asociada a Horus—, un ojo que parece verlo todo. Alrededor
de este símbolo se desarrolló toda una doctrina sobre la fertilidad
universal y la protección divina. Por otro lado, el dios Sol, Ra, tenía un
ojo ardiente que simbolizaba el fuego divino y la naturaleza creadora; se
lo representaba a menudo como una cobra erguida con la mirada fija y
poderosa.

En los sarcófagos egipcios se pintaban dos ojos, para que el difunto
pudiera seguir viendo el mundo aunque ya no estuviera en él. Para nosotros,
los masones, el ojo del Delta es como el ojo en la cumbre del templo: marca
la puerta estrecha que se abre en el cenit del universo, hacia lo
desconocido y eterno. Como dice el principio hermético: «Lo que está arriba
es como lo que está abajo». El camino del aprendiz, que empieza por cruzar
la primera puerta del templo azul, termina en la puerta de la Camara de en
medio del maestro, que conduce hacia la luz suprema. Y el pentagrama nos
acompaña en todo este recorrido: nos recuerda que para llegar a lo alto,
debemos ordenar nuestras fuerzas, purificar nuestra mirada y aprender a ver
con los ojos del alma.

Quiero agregar que estos símbolos no son sólo imágenes bellas o antiguas:
son herramientas para transformar nuestra forma de ver el mundo y a
nosotros mismos. El Delta Luminoso nos dice que hay una inteligencia que
todo lo abarca, y que esa misma inteligencia está también dentro de
nosotros. El pentagrama nos enseña que somos un universo pequeño, y que
podemos armonizar nuestras partes para reflejar la perfección del Todo. El
ojo, finalmente, nos invita a dejar de mirar sólo lo que está fuera, para
empezar a mirar lo que está dentro: porque la verdadera luz no viene de
afuera, sino de despertar esa visión espiritual que llevamos en el corazón.

Alcoseri





Una Nueva Mirada de Sí Mismo a Partir de la Masonería

¿Por qué entramos en la Masonería? «Porque estábamos en las tinieblas y
anhelábamos la Luz», responde el Ritual.

Recordemos por un instante nuestro estado de espíritu en la víspera de la
iniciación. Mil preguntas nos asaltaban, sin encontrar respuesta: ¿Qué hay
de Dios, de los hombres, de la familia, de la sociedad, de nosotros mismos,
de nuestro propósito en el mundo? Y cuántas otras, formuladas o
silenciadas, que pesaban en nuestro cerebro. Sentíamos caminar entre una
asfixiante niebla espesa, como si sólo un sol radiante pudiera
disiparla... y esa misma niebla que nos ahogaba , paradójicamente, fue la
que nos condujo hasta la puerta del Templo, en donde por fin pudimos
respirar.

¿Por qué? Porque intuimos que nada estaba escrito en piedra, que era
posible alejar la sombra que habitaba en nosotros. Antes incluso de ceñir
el mandil de aprendiz, habíamos apostado por cambiar nuestra forma de ser,
de pensar y de actuar. El hombre que éramos ya no nos satisfacía;
empezábamos a vislumbrar al que podríamos llegar a ser.

¿Cómo explicar, entonces, esta «nueva percepción de nosotros mismos» que
nos trajo hasta aquí y que cultivamos día tras día? Podemos definirla como
una mirada transformada:

hacia nuestro propio ser,

hacia nuestras normas de vida,

hacia nuestra relación con los demás.

1. El aprendiz: una nueva mirada hacia sí mismo

Volvamos la vista atrás y midamos el camino recorrido. ¿Qué fue del profano
que fuimos ayer, y que en cierto modo seguimos siendo, en ese constante
vaivén entre lo que somos y lo que aspiramos a ser? ¿En qué cambió nuestra
mirada al cruzar el umbral de la Masonería?

¿Nos habíamos preguntado alguna vez, de verdad, quiénes éramos? Rara vez, o
nunca. Y cuando lo hicimos, las preguntas más incómodas solían quedar
sepultadas bajo el peso de la rutina.

Pero el Ritual nos señala el camino: debemos tender al «perfeccionamiento
gradual» de nuestro ser. ¿Cómo lograrlo? Mediante una introspección
incesante, hasta que se convierta en algo tan natural como respirar.

Aunque muchas interrogantes sigan sin respuesta, el simple hecho de mirar
hacia adentro ha cambiado todo. Nos ha obligado a hacer un inventario
honesto de nuestras imperfecciones, a mirarlas a los ojos y a dejar de
buscar excusas que las justifiquen.

Pero esto no es más que el primer paso. De nada sirve diagnosticar una
enfermedad si no se aplica el remedio adecuado. Y como todo tratamiento,
este tendrá sus altibajos: lo que hoy parece un avance definitivo, mañana
puede convertirse en un retroceso. Pero no importa, mientras la
determinación sea más fuerte que el desaliento.

El Gabinete de Reflexión nos mostró nuestra realidad: una piedra bruta,
oscura, llena de asperezas, apenas iluminada por una luz vacilante. La
introspección nos ayudó a definir sus contornos, y ahora emprendemos la
tarea de pulirla, de quitarle lo sobrante, hasta hacer surgir el cubo
perfecto que duerme en su interior. Es un trabajo largo, que exige fuerza,
constancia, destreza y precisión —las mismas cualidades que necesita el
cantero para manejar el mazo y el cincel. Sin voluntad, no lograremos
liberar nuestra piedra de su cáscara; sin cuidado, corremos el riesgo de
dañarla para siempre.

Pero pronto llegarán las primeras satisfacciones, la recompensa de nuestra
perseverancia. Como la naturaleza aborrece el vacío, el espacio que dejan
las imperfecciones se irá llenando de luz, mientras la duda da paso a la
certeza, por pequeña que sea. Todo ocurre poco a poco, casi sin darnos
cuenta, como crecen las plantas o como se mueven las estrellas. No nos
impacientemos: el aprendizaje es, ante todo, una cuestión de paciencia y de
fe en el proceso.

Como decía Helena P. Blavatsky, fundadora de la Teosofía: «El hombre es un
dios en proceso de devenir». En cada uno de nosotros duerme una chispa
divina, y la iniciación no es más que el camino para despertarla, para ir
quitando capas de ignorancia y egoísmo hasta revelar nuestra verdadera
naturaleza, ese «Yo Superior» que trasciende el tiempo y la muerte. No
somos sólo sangre, carne y huesos: somos espíritu en evolución, y cada paso
que damos nos acerca un poco más a nuestra plenitud.



¿Cómo son nuestras sociedades hoy? Dominadas por un materialismo que lo
invade todo. La carrera por el éxito, la búsqueda del beneficio, la
satisfacción de deseos artificiales se han convertido en nuestra brújula,
en nuestra nueva religión. ¿Es una exageración? Basta mirar cómo crece el
entusiasmo por el consumo mientras se apaga el interés por lo espiritual,
por lo que realmente da sentido a la existencia. El peligro es grande:
confundir la apariencia con la realidad, la forma con el fondo, lo pasajero
con lo eterno.

¿Qué nos dice la Masonería ante este panorama? Respetando siempre nuestra
libertad, nos recuerda a través del símbolo de la Regla de 24 pulgadas que
«cada hora del día debe ser empleada útilmente». Esto significa equilibrar
las obligaciones del trabajo profano, la familia, la vida espiritual y el
descanso. No se trata de dividir el tiempo en partes iguales, sino de no
descuidar ninguno de estos aspectos. En el fondo, se trata de armonizar
cuerpo, corazón y mente, de tomar conciencia de nuestros deberes desde una
perspectiva nueva. Y ¿qué es la conciencia, sino una forma distinta de
vernos a nosotros mismos y de entender nuestro lugar en el mundo?

Esta forma de vida debería ser universal, pero en nuestros tiempos parece
haber caído en el olvido. Sin embargo, eso no nos da derecho a abandonarla.
Al contrario: debemos hacerla nuestra, en el pensamiento y en la acción. La
Regla de 24 pulgadas nos enseña que nuestras responsabilidades no se pueden
separar ni jerarquizar unas sobre otras: forman un todo indivisible, porque
«nada existe fuera del Todo». Y recordemos: el mal se contagia, pero la
virtud también. Seamos nosotros quienes llevemos la luz.

El masón Aleister Crowley, con su visión audaz del camino iniciático, nos
recordaba que «Haz lo que tú quieras será toda la Ley» no es un llamado al
libertinaje, sino a cumplir con nuestra Verdadera Voluntad —ese propósito
profundo que da sentido a nuestra vida, y que sólo podemos descubrir cuando
dejamos de seguir caminos ajenos y empezamos a escuchar la voz de nuestro
interior. Vivir con integridad, sin engañarnos a nosotros mismos, es la
base de cualquier verdadero progreso.

Desde que estamos en el grado de aprendiz se abre una nueva mirada hacia su
relación con los demás

A menudo lo olvidamos, pero nuestro compromiso masónico no se limita a
trabajar en nosotros mismos ni a organizar bien nuestro tiempo. Los textos
nos invitan a ser «útiles a nuestros semejantes», a contribuir a elevar el
nivel moral y material de las personas y de la sociedad, y a ayudar al
perfeccionamiento de la humanidad entera.

Seamos honestos: ¿habíamos pensado alguna vez, antes de la iniciación, en
nuestros deberes hacia quienes están fuera de nuestro círculo cercano? Y si
lo hicimos, ¿qué hicimos al respecto? Y ahora, cuando volvamos al mundo
profano, ¿cómo actuaremos?

El simple hecho de hacerse estas preguntas ya marca una diferencia. Antes
podíamos decir que no teníamos tiempo, que la vida nos absorbía... pero
ahora que hemos recibido la Luz, ya no hay excusas. Sabemos, y ese saber
nos hace responsables. El resto depende sólo de nuestra conciencia.

Al ser masones , no se trata de salvar al mundo de la catástrofe política ,
religiosa o ambiental , ni de cumplir reglas al pie de la letra. Se trata
de mirar más allá de nuestro propio ombligo, de actuar cuando tengamos
oportunidad, por pequeña que sea. Imaginemos qué pasaría si cada uno de
nosotros hiciera lo mismo: el efecto sería mucho mayor que la suma de
nuestros actos aislados. Ahí está la fuerza de la unión, como dice el
refrán: «La unión hace la fuerza». Así transformaremos la idea limitada que
teníamos de nuestro papel en la sociedad.

Carl W. Ernst, estudioso de las tradiciones espirituales, nos recuerda que
toda iniciación verdadera nos conecta con algo más grande que nosotros
mismos: nos hace sentir parte de una humanidad única, unida por los mismos
anhelos y las mismas luchas. Servir a los demás no es un deber impuesto,
sino la expresión natural de haber descubierto que su bien es también el
nuestro.

La iniciación masónica es el comienzo de una trasmutación alquímica
interior, un verdadero terremoto que sacude nuestros cimientos. Libera
energías que dormían en nosotros, nos muestra hasta dónde llega nuestro
egoísmo y nos invita a mirarnos sin miedo ni piedad, para poder ser quienes
realmente debemos ser.

La honestidad con nosotros mismos es la clave: no se puede construir sobre
bases inestables. El profano se deja llevar por la corriente, como una
planta que depende de su tutor. El aprendiz, en cambio, ha decidido tomar
las riendas de su destino, a través de una búsqueda interior rigurosa que
revela su verdadera identidad.

Para que este camino dé frutos, no puede quedarse sólo en pensamientos:
debe transformarse en actos, en cómo nos tratamos a nosotros mismos, a
nuestros seres queridos y a todos los que nos rodean. Es una lucha
constante, y el enemigo más difícil no está afuera: está dentro de
nosotros, en nuestro egoísmo y en nuestra tendencia a la comodidad. Pero la
victoria es posible, y empieza por conocerse de verdad.

Ahora, quiero añadir que este texto nos invita a entender que la iniciación
no es un evento que ocurre una sola vez, sino un camino que dura toda la
vida. No se trata de volverse perfectos de la noche a la mañana, sino de
crecer un poco cada día, de ir puliendo nuestra piedra con paciencia y
amor. La Masonería, como otras tradiciones esotéricas, nos da las
herramientas, pero somos nosotros quienes debemos empuñarlas. Y lo más
hermoso es que, al trabajar en nosotros mismos, estamos contribuyendo a
cambiar el mundo, porque cada ser que despierta es una luz más en la
oscuridad.

Alcoseri



El Propósito de la Iniciación en Masonería

Si el ser humano hubiera permanecido en la pureza de su divino origen
primordial, la iniciación nunca habría sido necesaria para él. La Verdad se
le habría revelado sin velos, sin misterios, sin necesidad de
símbolos pues él había sido creado para contemplarla y rendirle un
homenaje constante y sin interrupción. Pero desde que, por desgracia, el
alma inmortal se encarnó dentro de un cuerpo físico , de carne sangre y
huesos , descendió a una región opuesta a la Luz, es la propia Verdad quien
le ha impuesto el trabajo iniciático, ocultándose a sus búsquedas hasta que
él se haya preparado para recibirla, pero la luminosa alma inmortal en su
proceso tiene la necesidad de envolverse de carne, para vencer esta prueba,
y es la iniciación masónica la que le da al ser humano la oportunidad de
reconectarse con la Gran Luz.

Basta con observar al hombre desde su nacimiento para comprenderlo. Cuando
empieza a gozar de la luz sensible, sus pasos son lentos y dolorosos. Los
años transcurren, y apenas logra formarse una idea superficial de la
realidad que golpean sus sentidos. Sólo mediante un estudio penoso y asiduo
logra conocerlos. Cuando llega a la edad en que debe apartar por sí mismo
las tinieblas que obstaculizan su camino, su marcha se vuelve incierta. Las
ilusiones de los sentidos y la costumbre lo seducen hasta el punto de que
ya no puede distinguir la verdad del error. Y si logra vislumbrar algún
rayo de luz, es sólo después de liberar con esfuerzo su inteligencia de
todo lo que le es extraño.

Esta primera iniciación, fundada en la degradación del hombre y exigida por
la naturaleza misma, fue el modelo y la regla de aquella que establecieron
los antiguos Sabios. La Ciencia que ellos custodiaban pertenecía a un orden
muy superior a los conocimientos naturales, y no podían revelarla al hombre
profano más que después de haberlo fortalecido en el camino de la
Inteligencia y la Virtud. Con ese fin, sometieron a sus discípulos a
pruebas rigurosas, y para asegurarse de su constancia y su amor por la
verdad, sólo les ofrecían jeroglíficos y emblemas, símbolos difíciles de
penetrar que ocultaban el sentido profundo.

Esto es precisamente lo que se ha querido representar, en los 3 grados de
la masonería, mediante los trabajos alegóricos que se le han requerido al
iniciado masón. Si dudaras de la alta destinación del hombre y de su caída
—que es el fundamento único de toda iniciación, sea natural, humana o
religiosa— te sería difícil avanzar por el camino que te has propuesto
recorrer. Porque en ese caso admitirías que el hombre sensible y animal es
lo que debe ser, y entonces, ¿qué relación podría existir entre él y la
Verdad?

Es cierto que muchos filósofos han caído en este error pernicioso, al no
ver en el hombre más que su naturaleza material. Si sólo consideramos sus
facultades sensibles, debemos convenir que su lugar está entre los seres
que perciben, y que, como los demás animales, está abandonado a las
tinieblas de los sentidos y la materia. Pero aunque estos pensadores
ignoraron nuestras prerrogativas naturales, habrían podido evitar
fácilmente este error, pues todas las facultades del hombre espiritual son
pruebas evidentes de su grandeza original, así como su ignorancia y su
debilidad demuestran su degradación.

Por esencia, el hombre es activo, pero hoy se siente impotente y
encadenado. Posee una inteligencia sin límites, capaz de abarcar el
universo, y sin embargo, el más pequeño de los seres le sigue siendo un
misterio impenetrable. Su ojo penetrante está siempre abierto, pero rodeado
de espesas tinieblas, no puede percibir nada. Arde en él un deseo
irresistible de felicidad y plenitud, pero ninguno de los objetos que lo
rodean logra satisfacerlo. Dotado, en fin, de facultades infinitas, se ve
privado de los medios para usarlas. Confesémoslo: este ser tuvo que tener
otra destinación, o de lo contrario sería el más incomprensible de todos
los seres.

Los Sabios, perfectamente instruidos en la verdadera naturaleza del hombre
y en su caída, que lo hace indigno de acercarse al Santuario de la Verdad,
tuvieron gran cuidado de enseñar esta doctrina a sus discípulos. Y aunque
los filósofos no conocieron los derechos del hombre original, habrían
reconocido sin duda la excelencia de su naturaleza si, después de ver los
límites de sus facultades sensibles, hubieran observado también la
extensión de sus facultades intelectuales. Este contraste asombroso les
habría revelado la grandeza de su origen y la realidad de su degradación.

Porque el hombre está esencialmente dotado de una acción espiritual que,
por naturaleza, no tiene fronteras. Pero esta poderosa actividad se
encuentra tan comprimida y contenida que casi siempre permanece ineficaz.
La insuficiencia de los órganos a través de los cuales debe manifestarse no
le permite ejercerla en toda la amplitud de su voluntad, ni alcanzar el fin
que se propone. Sin embargo, a pesar de los obstáculos que detienen sus
esfuerzos a cada instante, está tan íntimamente convencido de su
superioridad natural que tiende sin cesar a someter a su acción a todos los
seres que lo rodean.

También posee una inteligencia sin límites: ningún conocimiento supera su
capacidad de penetración, y nunca se ha fijado un término a la ciencia que
es capaz de adquirir. Y sin embargo, a pesar de la extensión de sus
facultades intelectuales, los más pequeños individuos del universo le
siguen siendo misterios insondables. Condenado a conocer sólo a través de
los sentidos, estos órganos materiales y compuestos pueden darle la
percepción de los cuerpos, pues estos no son más que conjuntos elementales,
pero son incapaces de transmitirle las Verdades de la Naturaleza, que
residen esencialmente en la unidad y la realidad de los Seres Espirituales.

Así, el hombre que podría conocerlo todo, si nada lo separara de la Verdad,
se ve obligado por su cuerpo a percibir sólo apariencias sensibles y
ilusorias. Tiene facultades infinitas, pero se ve privado de los medios
para usarlas, alejado de los seres verdaderos del universo sobre los que
debería ejercerlas. De modo que, con un deseo irresistible de dominio y
plenitud, sólo encuentra a su alrededor resistencias y límites. Y en este
estado, todos los objetos que ve son finitos y limitados, y ninguno puede
satisfacer a un ser que sólo el Infinito puede colmar.

Ahora bien, si ninguno de los seres de la naturaleza recibe del Creador más
que facultades relativas y proporcionadas a su rango en el universo, es
difícil para quien observa al hombre sin prejuicios no reconocer, conforme
a las tradiciones religiosas, que él no se encuentra hoy en su lugar
natural. Las facultades espirituales y divinas que se manifiestan en él
debían ejercerse sobre seres superiores a los objetos materiales y
sensibles; de lo contrario, sería, una vez más, el más incomprensible de
todos los seres.

Esto es, lo que debía saber el masón sobre los derechos primitivos y
originales del ser humano y sobre su caída al mundo material, que lo hace
hoy indigno de acercarse al Santuario de la Verdad. Esta doctrina ha sido
siempre la base de todas las iniciaciones de la antigüedad. Los Sabios, que
la conocían perfectamente, se cuidaron de enseñarla a sus discípulos, como
lo demuestran las múltiples lustraciones y purificaciones de todo género
que exigían a los iniciados. Y sólo después de haberlos preparado así, les
revelaban el único camino que puede conducir al ser humano a su estado
original y restablecerlo en los derechos que ha perdido.

Este es, el verdadero y único fin de la iniciación masónica. Tal es esta
ciencia misteriosa y sagrada, cuyo conocimiento es un crimen para quienes
se niegan a ponerla en práctica, y que extravía a quienes no saben elevarse
por encima de las cosas sensibles.

Es según estos principios que las iniciaciones fueron siempre misteriosas y
severas. La Verdad misma lo exigía, pues se oculta a los hombres
corrompidos. Los emblemas y las alegorías que emplearon los Sabios
representaban las apariencias sensibles y materiales de la naturaleza, que
ocultan a nuestra vista los agentes motores del universo y los seres
individuales que lo habitan.

Como masón, quiero añadir que este texto nos invita a mirar más allá de lo
visible, a comprender que la iniciación no es un simple rito, sino un
camino de retorno a nuestra verdadera esencia. Los masones, al transmitir
estas enseñanzas, es para recordarnos que somos seres divinos que han
olvidado su origen, y que el trabajo iniciático es el esfuerzo por
recuperar la luz que llevamos dentro, pero que se ha oscurecido por el peso
de la materia y la costumbre. Es un llamado a despertar, a buscar la verdad
no fuera, sino en lo más profundo de nuestro propio ser, que es donde
reside la sabiduría eterna.

Alcoseri







¿Cómo la masonería se apoderó políticamente del Mundo?





El Gran Arquitecto del Universo

La reflexión que comparto con ustedes hoy guarda para mí un valor profundo
y muy íntimo. Pocas veces he leído publicaciones que profundicen en este
tema, por lo que me adentro en terrenos que, quizás, permanecían
inexplorados para muchos. Ayer mientras caminaba por una vereda del Cerro
de la Silla que está a lado de un arroyuelo, mi mente se detenía ante una
misma pregunta que surgía como un susurro constante: ¿qué fuerza dio origen
a todo lo que existe, y qué sabia mano hace que el universo funcione y gire
como un mecanismo construido con precisión exquisita, engranado con un
equilibrio que desafía toda comprensión humana? Fue en esos momentos de
calma y contemplación en ese bosque cuando decidí meditar sobre el Gran
Arquitecto del Universo —ese principio que invocamos en cada uno de
nuestros augustos trabajos masónicos, y del que hace demasiado tiempo no
hemos tratado a fondo. Hoy, nuestro tema es precisamente Él.

En una conferencia masónica en los años de principios de los 90´s en una
librería “El Grillo” ubicada en un sótano de la Macro Plaza en las calles
Morelos cruz con Zaragoza en Monterrey, una mujer ajena a nuestros
misterios se dirigió al conferencista masón — y le preguntó con
franqueza:—Señor, ¿por qué los masones hacen referencia constante al Gran
Arquitecto del Universo? ¿Acaso esta práctica convierte a su Orden en una
secta cerrada y excluyente?

La respuesta del conferencista masón fue clara y llena de sentido:—Señora,
en algún momento intentamos que nuestros Hermanos masones trabajaran por y
para la gloria de la Humanidad, pero los resultados no fueron los que
esperábamos. Después, fue "Al triunfo de la verdad y al progreso del género
humano", pasamos a tratar de que lo hicieran por el prestigio de nuestra
augusta organización, y tampoco obtuvimos frutos duraderos. Si les
pidiéramos trabajar por mi propia gloria, el fracaso sería más que seguro.
El concepto del Gran Arquitecto del Universo ofrece una solución distinta:
permite que cada quien trabaje conforme a su propio ideal, sin que nadie le
imponga creencias o fines ajenos a su ser. Por eso, nuestra Orden no puede
ser considerada una secta, tampoco una religión.

Para los masones regulares —la mayoría en México y en el mundo anglosajón—,
sí, el Gran Arquitecto del Universo es Dios, sólo que lo llaman así para
que cada quien lo entienda según su propia fe, sin imponer una religión
específica.

En cambio, en obediencias más laicas como el Rito Nacional Mexicano o las
que siguen la línea del Gran Oriente de Francia, el GADU se interpreta como
un principio creador o símbolo de orden cósmico, y ahí sí aceptan ateos y
agnósticos sin problema. Depende totalmente de la corriente masónica en la
que estés.



¿Pero no es un eufemismo decir Dios y un principio creador?



No, no es exactamente un eufemismo. Es un símbolo intencionalmente ambiguo.
En la masonería regular, para casi todos es Dios, pero con un nombre que
permite que cada uno lo entienda según su fe —cristiano, judío, musulmán—.
No imponen una imagen concreta.

En las corrientes más laicas, lo tratan como un principio creador o fuerza
organizadora del universo, sin necesidad de que sea un ser personal. Por
eso algunos masones lo ven como Dios y otros como un símbolo de orden
cósmico. El término está diseñado para que quepan las dos lecturas.

Para desarrollar este tema, he escogido dos caminos: uno histórico y
polémico, que recorre las vicisitudes que ha rodeado a este principio a lo
largo del tiempo, y otro simbólico, que nos adentra en sus significados más
profundos y espirituales.

Una mirada histórica

En todos los rituales de principios del siglo XVIII, la invocación a un Ser
Supremo se encontraba presente tanto al inicio como al final de cada
trabajo. En aquella época, el Gran Arquitecto del Universo se identificaba
claramente con la figura de Dios, tal como se le entendía en la fe
cristiana. No debemos olvidar que, entonces, la Iglesia y el Estado
formaban una sola estructura, y entre los primeros masones iniciados hubo
numerosos sacerdotes que ingresaron a las logias de oficio u
operativas para aprender las artes necesarias en la construcción y
restauración de templos y catedrales.

Algunos autores, como el estudioso del ocultismo Arthur Edward Waite,
señalan que también existió la influencia de grupos místicos cristianos
vinculados a la tradición rosacruz, quienes habrían aportado una dimensión
más espiritual y trascendente a las prácticas de las Logias operativas del
siglo XVII. Sin embargo, como advierten investigadores—en el estudio de las
tradiciones esotéricas—, no contamos con pruebas irrefutables que confirmen
el alcance real de esta influencia.

Hacia finales del siglo XIX, exactamente en 1877, el Gran Oriente de
Francia tomó la decisión de eliminar la invocación al Gran Arquitecto del
Universo de sus rituales. Este hecho marcó el inicio de una larga disputa
que, lamentablemente, se mantiene hasta nuestros días. Tras esta medida,
motivada por principios laicos y republicanos, la Gran Logia Unida de
Inglaterra rompió todo vínculo con esta organización, separándola de la
masonería anglosajona y de gran parte de la comunidad masónica mundial.

Las Constituciones de Anderson, texto fundamental de nuestra tradición,
establecen claramente la referencia al Gran Arquitecto del Universo, y
definen que un masón no debe ser ni un ateo cerrado ni un ser sin
principios morales. Sin embargo, esta división dio origen a dos corrientes
que persisten hoy: la llamada masonería regular, de tradición anglosajona,
que reconoce al Gran Arquitecto y se rige por estas normas, y la masonería
denominada irregular, a la que se han atribuido —de manera a menudo
injusta— rasgos de laicismo extremo, falta de fe o incluso inmoralidad, y
que se alinea con los postulados del Gran Oriente de Francia.

Resulta paradójico que, mientras las Constituciones de Anderson proclaman
la fraternidad universal y la hermandad entre todos los que comparten
nuestros signos y símbolos, en la práctica las diferencias han generado
barreras difíciles de cruzar. Y lo más sorprendente es que estas disputas a
menudo responden más a intereses políticos que a cuestiones de verdadera
espiritualidad. El Vaticano, no reconoce a la masonería regular y menos a
la irregular —paradójicamente , compuesta la masonería mayoritariamente por
católicos en Latinoamérica —,rechaza cualquier vínculo con otras ramas de
la Orden. Mientras tanto, la Iglesia Ortodoxa mantiene posturas contrarias,
demostrando cuánto influyen los intereses terrenales en lo que debería ser
un camino de elevación espiritual.

¿Hablamos de Dios o del Gran Arquitecto del Universo?

A menudo, quienes reflexionan sobre estos temas tienden a unir ambos
conceptos o a confundirlos, mezclando posturas filosóficas y teológicas sin
distinguir sus matices. Sin embargo, esta distinción es esencial. Como
señala el filósofo y ocultista Paul Sédir, la espiritualidad no es
patrimonio exclusivo de quienes profesan una fe determinada. Las
Constituciones de Anderson excluyen de la iniciación a quienes rechazan
toda idea de principio superior. Al igual que en cualquier grupo humano,
entre quienes no profesan fe religiosa hay personas sabias y personas
ignorantes, al igual que entre quienes sí creen.

Para mí, el Gran Arquitecto del Universo trasciende cualquier definición
limitada. Es el principio que nos permite reunirnos en torno a un propósito
común, aunque cada uno le dé un nombre o una interpretación distinta: para
unos es Dios, para otros la Razón que ilumina el pensamiento humano y lo
distingue de la naturaleza instintiva, y para otros la energía creadora que
da vida a todo lo que existe. Como dice el maestro masón Éliphas Lévi, cada
ser guarda su propia verdad, su propio santuario íntimo, y nadie tiene
derecho a imponer su visión como la única válida. Lo importante es que este
principio nos une en la reflexión constante sobre el ser humano y su lugar
en el universo.

Me siento orgulloso de pertenecer a una organización que es un verdadero
microcosmos: en ella conviven personas de todas las creencias, tradiciones
y formas de pensar, y aun así todos invocamos al Gran Arquitecto del
Universo, cada uno desde su propia experiencia y comprensión. Por ello, es
natural que podamos mantener diálogos respetuosos con autoridades de
distintas tradiciones, como el budismo, que comparten principios de
sabiduría y compasión. Sin embargo, las relaciones con la Iglesia Católica
han sido históricamente tensas, y a menudo las diferencias de pensamiento
dan lugar a juicios y rechazos mutuos, lejos de la luz y la tolerancia que
deberían guiar nuestros pasos.

El universo es una obra de complejidad infinita y belleza perfecta, y todo
esto es manifestación del Gran Arquitecto del Universo.

En nuestros tiempos, los prejuicios se han vuelto demasiado comunes: a
menudo se asocia una religión con el fanatismo, y se generalizan conductas
de una minoría como si fueran propias de todos los que comparten una misma
fe. Es triste ver que creencias que deberían ser fuente de amor y
comprensión se hayan convertido, en algunos casos, en motivo de odio y
exclusión. Pero no debemos caer en el error de extender estas actitudes a
todos. Desde 1877, las distintas ramas de nuestra Orden han mantenido
posturas distintas respecto al Gran Arquitecto, y quizás nunca hayan estado
plenamente de acuerdo. El puente que cruza el río de nuestra intolerancia
es estrecho, pero pido con fuerza que todas las personas de buena voluntad
tengan la libertad de cruzarlo, de pensar más allá de los prejuicios y de
reconocer que la diversidad es parte de la riqueza de nuestra búsqueda
espiritual.

El significado simbólico

El Gran Arquitecto del Universo es uno de los símbolos más importantes de
la masonería. No es sólo una frase, es un concepto simbólico que representa
el principio creador u orden cósmico, y se suele representar con el ojo que
todo lo ve dentro de un triángulo. Es un símbolo central, especialmente en
logias regulares.

En el espacio de la logia, el Gran Arquitecto del Universo se representa
alegóricamente a través de dos símbolos fundamentales. El primero es el
Triángulo Luminoso, situado en lo más alto del recinto, dominando todo lo
que sucede en él. En su centro se encuentra el Ojo: ¿es el ojo de Dios, el
de la sabiduría o el de la razón? Cada uno puede darle el significado que
más resuene en su ser. En algunos templos y lugares sagrados, este símbolo
se sustituye por las cuatro letras hebreas que forman el nombre sagrado:
Yod, He, Vav, He. Como explica el especialista en cábala Gershom Scholem,
el valor numérico de estas letras es 26, cifra que guarda relación con
conceptos fundamentales como la unidad, el amor y la paternidad, todos con
valores simbólicos que invitan a comprender las leyes que rigen la vida y
el cosmos. Este nombre es tan sagrado que, desde hace siglos, se evita
pronunciarlo, sustituyéndolo por términos que expresan respeto y veneración.

En algunos diseños creados por nuestro Hermano Oswald Wirth, uno de los
grandes pensadores de nuestra tradición, sólo aparece la letra Yod en el
centro del triángulo. Esta letra representa el fuego divino, esa energía
creadora que en la tradición india recibe el nombre de Agni, y que
simboliza la chispa espiritual que habita en todo ser.

El ojo, desde la antigüedad, ha sido considerado como un órgano que permite
percibir realidades que van más allá de lo físico. En la mitología,
encontramos ejemplos de su poder: el ojo de los cíclopes, que veía con una
fuerza inigualable, o el de Medusa, que transformaba en piedra a quien lo
miraba. Pero también, en muchas tradiciones orientales, el ojo es símbolo
de la visión interior, de la capacidad de mirar dentro de uno mismo para
descubrir la verdad. Shiva, la divinidad hindú, posee un tercer ojo que le
permite alcanzar la perfección a través de la meditación. En nuestra
tradición, este símbolo nos recuerda que la luz que descubrimos en nuestro
camino espiritual debemos compartirla con los demás. También representa la
capacidad de observar con objetividad, de analizar las situaciones sin
dejarnos llevar por prejuicios o pasiones, buscando siempre la verdad más
profunda.

El segundo símbolo es el Libro de la Ley Sagrada, que reposa sobre el altar
de las promesas, cubierto por el compás y la escuadra. Es la expresión
escrita de la verdad divina, y su valor no depende de su origen o su forma,
sino de lo que representa. San Agustín afirmaba que las escrituras son un
gran símbolo cuya clave se encuentra en el interior de cada persona. Así,
nuestra interpretación depende de nuestra experiencia, de nuestro grado de
madurez espiritual y de nuestro recorrido en el camino de la iniciación.
Como señala el investigador y escritor Edouard Schuré, los grandes
iniciados son quienes han logrado descifrar los significados más profundos
de estos símbolos, pero cada uno de nosotros debe buscar sus propias
respuestas a lo largo de su vida.

A menudo se ha planteado la idea de que el Gran Arquitecto del Universo
podría ser también la mirada sabia y guía de la Gran Logia Blanca, esa
comunidad de seres iluminados que, según muchas tradiciones, han existido a
lo largo de la historia para guiar el destino de la humanidad. Historias
sobre reinos de sabiduría oculta, como la ciudad de Agharta o la
civilización de la Atlántida, han alimentado esta creencia durante siglos.

También esta la Escuela Sarmoung o Hermandad Sarmoung. Es una fraternidad
esotérica muy antigua que Gurdjieff menciona en su libro Encuentros con
hombres notables.

Según él, se originó en Babilonia alrededor del 2500 a.C., guardaba
sabiduría secreta de civilizaciones antiguas, y en su época estaba oculta
en un monasterio en el corazón de Asia Central, cerca de Bukhara.

Gurdjieff dice que lo llevaron ahí vendado, pasó tres meses en un
monasterio con cuatro patios concéntricos, vio danzas sagradas
impresionantes y aparatos antiguos para entrenar danzantes. Para él, esa
hermandad fue una de sus principales fuentes del Cuarto Camino, que es el
sistema de autoconocimiento y despertar que enseñó después.

El nombre "Sarmoung" significa algo como "abeja" en persa antiguo —el
símbolo de quienes recolectan y preservan la miel de la sabiduría
tradicional.

Muchos creen que es simbólico o ficticio, pero para Gurdjieff representaba
la tradición viva que él trajo al mundo moderno.

El Sarmoung de Gurdjieff es una fraternidad esotérica secreta, milenaria,
escondida en Asia Central —posiblemente en Afganistán, cerca del Hindu
Kush—.

Ahora asalta la idea de relacionar Sarmoung con, lo que cuenta el hermano
masón Kipling en El hombre que debió reinar (la película de John Huston con
Sean Connery y Michael Caine) es masonería pura: los dos aventureros llegan
a Kafiristan (hoy Nuristan, en Afganistán) y descubren que los locales
practican un rito masónico antiguo, probablemente traído por Alejandro
Magno. Usan signos y contraseñas masónicas para hacerse pasar por dioses y
reyes.

La única conexión es el lugar: ambos hablan de una sabiduría secreta oculta
en las montañas de Afganistán. Pero uno es misticismo sufí-esotérico y el
otro es francmasonería clásica. Son dos tradiciones distintas que coinciden
geográficamente y en la misma época, ¿simple coincidencia?.

Aunque no podamos confirmar su existencia, esta visión nos habla de la
esperanza de que hay fuerzas y seres que trabajan por el bienestar
universal. ¿Acaso esa voz interior que nos aconseja, que nos dice cuándo
avanzar y cuándo detenernos, no es también una manifestación de ese
principio superior?

El reconocimiento de nuestra propia ignorancia es el primer paso hacia el
conocimiento. El Libro de la Ley Sagrada nos recuerda constantemente que
siempre hay más por descubrir, que nuestra comprensión es limitada y que
debemos mantener una actitud humilde y abierta ante la verdad.

El Gran Arquitecto del Universo, principio de libertad y guía espiritual

Para mí, el Gran Arquitecto del Universo es también el garante de la
libertad de cada ser humano. ¿Acaso hay alguien que no tenga un ideal, una
meta o un propósito que le da sentido a su vida? A lo largo de nuestra
existencia, nos trazamos metas, algunas logramos alcanzarlas y otras quedan
en el camino, pero todas convergen hacia un mismo punto, que podríamos
llamar el Punto Omega. Es el lugar donde se unen todos nuestros esfuerzos,
pensamientos y sentimientos, el ideal que nos atrae con fuerza y nos guía
en cada paso.

El Gran Arquitecto del Universo es precisamente ese ideal que me orienta,
esa luz que me invita a seguir avanzando. Una persona sin ideales, sin
metas ni propósitos, ¿puede ser realmente libre? Yo creo que no: quien no
tiene un rumbo definido se convierte en prisionero de sus propios impulsos
y limitaciones.

La diferencia fundamental que yo establezco entre Dios y el Gran Arquitecto
del Universo radica en la forma en que comprendemos su influencia. Cuando
pensamos en Dios, solemos hacerlo en términos de bien y mal, de lo correcto
y lo incorrecto, estableciendo distinciones que responden a normas morales
y religiosas. Sin embargo, el Gran Arquitecto del Universo nos invita a
mirar más allá de estas categorías. Nos enseña a observar la realidad con
objetividad, a comprender que la luz y la oscuridad no son opuestos
absolutos, sino partes de un todo. La luz nos guía en nuestro camino, y la
oscuridad nos invita a buscar con más empeño la verdad, sin que ninguna de
las dos sea buena o mala por sí misma. Esta forma de ver el mundo es uno de
los mayores regalos que nos brinda la iniciación: la capacidad de
comprender que todo tiene un propósito y un significado dentro del orden
universal.

Recuerdo una anécdota masónica que escuché hace años, sobre un sabio masón
que vivía en lo alto de una montaña. Un día, llegó a su morada un joven
aprendiz de Masón que le preguntó: —Q.: H:., ¿cuál es el secreto para
comprender el origen y el sentido de todo lo que existe? El sabio no
respondió de inmediato, sino que le invitó a caminar hasta el borde de un
acantilado. Desde allí, podían ver el valle extenso, los ríos que lo
cruzaban, los bosques y las montañas que se extendían hasta el horizonte.
El anciano masón le dijo: —Mira todo esto: cada piedra, cada árbol, cada
corriente de agua tiene su lugar y su función. Nadie los diseñó según un
gusto personal o una regla arbitraria, sino que forman parte de un orden
que se mantiene por sí mismo, que se adapta y evoluciona sin dejar de ser
completo y armónico. Ese orden, esa sabiduría que se manifiesta en todo lo
que ves, es lo que muchos llaman Dios, lo que otros llaman Naturaleza o
Razón, y lo que nosotros llamamos el Gran Arquitecto del Universo.

La enseñanza de esta historia es clara: no importa el nombre que le demos
ni la forma en que lo entendamos, lo esencial es reconocer que existe un
principio superior que da sentido a nuestra existencia y que nos invita a
vivir con respeto, tolerancia y búsqueda constante de la verdad. El Gran
Arquitecto del Universo no es un concepto cerrado ni una verdad inamovible,
sino una puerta abierta a la exploración espiritual, un camino que se
construye a cada paso conforme elevamos nuestra conciencia y ampliamos
nuestra comprensión de lo sagrado. Es la luz que nos guía más allá de las
apariencias, la fuerza que nos impulsa a buscar la unidad en medio de la
diversidad y el fundamento sobre el que construimos nuestro propio
crecimiento como seres libres y pensantes. Porque al final, hablar de Él no
es hablar de una definición única, sino de la posibilidad infinita de
comprender el misterio que da vida a todo lo que existe.

Alcoseri


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La Puerta dentro del Simbolismo Masónico

Es verdad que la Puerta no está dentro del catálogo de símbolos de la
Masonería, pero desde que llegamos como postulantes a iniciarnos en los
misterios de la Masonería es de lo primero que debemos cruzar , una puerta
como todas las que vemos y cruzamos a diario , pero que, esa puerta del
templo , nos sugiere simbólicamente a cruzar hacia otro nivel de
consciencia, la puerta hacia la plenitud no es necesariamente física , es
una puerta alegórica que debemos cruzar hacia la verdadera Libertad y el
verdadero Conocimiento.

Primero abordemos que es el simbolismo masónico

El simbolismo es el corazón mismo de la masonería. No es un adorno ni un
código secreto para sentirse especial: es un lenguaje vivo que actúa
directamente sobre la conciencia, capaz de transformar al hombre desde
dentro. Mientras las palabras pueden ser olvidadas o manipuladas, el
símbolo toca algo más profundo: despierta, sugiere y revela sin imponer.

¿Por qué el símbolo es tan poderoso en masonería?

El símbolo no explica: provoca. No da respuestas cerradas, sino que abre
preguntas esenciales. Como se dice: «El símbolo no enseña, provoca». Es un
espejo donde cada masón se ve a sí mismo en diferentes etapas de su vida,
según su grado de madurez interior.

Dentro de Logias se insiste en que el simbolismo actúa como un puente entre
lo visible y lo invisible, entre lo profano y lo sagrado. No es una
alegoría arbitraria: es una realidad superior expresada en forma sensible.
Por eso la masonería no “enseña” doctrina: ofrece herramientas simbólicas
para que cada hermano descubra su propia verdad.



El Simbolismo Masónico: Un Lenguaje Vivo para Construir al Masón

Los grandes símbolos y su profundidad



La Piedra Bruta y la Piedra Cúbica

La piedra bruta representa al hombre tal como llega al templo: imperfecto,
lleno de aristas, impulsos y ego. La piedra cúbica es el ideal: el ser
pulido, equilibrado, capaz de encajar armónicamente en el gran Templo de la
Humanidad.

El método simbólico masónico es de los más honestos y exigentes por su
misma simpleza. La masonería no promete magia ni salvación fácil. Dice: “Tú
eres la materia prima. El resultado depende de cuánto estés dispuesto a
tallarte a ti mismo”. Es un llamado a la responsabilidad radical: nadie más
puede pulir tu piedra.

La Escuadra y el Compás

La escuadra simboliza la rectitud moral, la justicia y el mundo material.
El compás representa el espíritu, los límites y la circunferencia de lo
posible. Juntos forman la unión perfecta entre materia y espíritu.

Cuando el compás está abierto sobre la escuadra, recuerda que el masón debe
equilibrar lo terrestre con lo celestial.

La Estrella Flamígera y la Letra G

Siempre presente en el templo, la Estrella Flamígera con la letra G en su
núcleo es uno de los símbolos más bellos. La G puede significar Geometría
(orden cósmico), Gnosis (conocimiento interior), Generación (fuerza
creadora) o Dios (el Gran Arquitecto).

La estrella de cinco puntas evoca al hombre microcosmos, reflejo del
macrocosmos. El masón ve en el pentagrama la síntesis de los cuatro
elementos más el quinto: el espíritu.

El Delta Luminoso y el Ojo que Todo lo Ve

Representa la conciencia superior, la presencia del Gran Arquitecto. No es
un dios que vigila para castigar, sino una luz interior que ilumina el
camino del masón. Es la invitación a vivir con rectitud, sabiendo que somos
observados por nuestra propia chispa divina.

La Cadena de Unión

Uno de los momentos más emotivos del ritual. Al tomarnos de las manos,
formamos un círculo vivo. Simboliza que la verdadera fuerza no está en el
individuo aislado, sino en la fraternidad consciente.

En un mundo cada vez más hipnotizado y sugestionado por pantallas de iPhone
y polarizaciones políticas, la Cadena de Unión es un acto revolucionario:
recordarnos que somos más fuertes, más sabios y más humanos cuando nos
unimos con respeto y sin jerarquías artificiales.



El simbolismo como camino de transformación

El gran secreto de la masonería no es un conocimiento oculto que se guarda:
es que el símbolo trabaja aunque no lo entendamos del todo al principio.
Con cada grado, con cada tenida, con cada reflexión, los mismos símbolos se
revelan en capas más profundas.

Lo que al Aprendiz le habla de despojo y luz, al Compañero le habla de
equilibrio y trabajo, y al Maestro le habla de muerte simbólica,
resurrección y responsabilidad hacia los demás. El símbolo crece con el
masón.

Los verdaderos masones lo expresan con fuerza: «La masonería es una
búsqueda perpetua de la luz. El símbolo es la llave que abre puertas que ni
siquiera sabíamos que existían».

En foros de internet como Facebook, donde todo se reduce a información
rápida, likes y opiniones superficiales, el simbolismo masónico es un
antídoto poderoso. Nos obliga a detenernos, a mirar hacia adentro, a
dialogar con algo que trasciende el ego. No da respuestas fáciles: nos
obliga a convertirnos en la respuesta.

El verdadero templo masónico no es de piedra: es el ser humano que ha
logrado alinear su escuadra moral con su compás espiritual. Cada vez que un
masón se pone el Mandil, se coloca el collarín o forma parte de la Cadena
de Unión, está afirmando: “Elijo construir, no destruir. Elijo elevarme, no
arrastrarme. Elijo ser parte de algo más grande que yo”.

Por eso la masonería sigue siendo tan necesaria hoy: en un mundo que premia
la velocidad y el ruido, ella sigue invitando al silencio fecundo, al
trabajo interior y a la construcción paciente de seres humanos mejores.

La puerta del templo siempre está estrecha, pero nunca cerrada para quien
esté dispuesto a despojarse y a entrar con humildad y determinación.

La Puerta Estrecha

En el Evangelio de Lucas (13:24) se dice: «Esfuércense por entrar por la
puerta estrecha, porque les digo que muchos buscarán entrar y no podrán».

Este símbolo de la puerta estrecha es universal. Lo encontramos en los
constructores de megalitos, en las tradiciones de los pueblos andinos y en
los antiguos egipcios que levantaron las grandes pirámides. En masonería,
la puerta estrecha es baja y humilde: es el umbral por donde entra el
profano durante la iniciación, el paso que permite transitar de la tierra
al cielo, de lo material a lo espiritual.

Para las civilizaciones megalíticas, estas piedras perforadas eran portales
por donde los espíritus regresaban al Uno, al punto originario. Janus, el
dios de dos rostros que da nombre a enero, guarda las llaves de estas
puertas solsticiales: la puerta de los dioses y la puerta de los hombres,
pasajes rituales entre la luz y las tinieblas, entre el día y la noche. Nos
recuerda que incluso cuando vemos la luz, nada es definitivo: la noche
siempre sucede al día, y el invierno al verano.

La puerta estrecha representa la dificultad que enfrenta el futuro iniciado
para pasar del mundo material de su individualidad (la escuadra) al mundo
espiritual de su yo superior (el compás). Numerosos textos antiguos hablan
de este paso angosto, donde sólo se puede entrar despojado de todos los
condicionamientos terrestres: el famoso despojo de los metales.

La “Puerta estrecha” a la que se refiere Jesús el Cristo no era una
metáfora imposible, sino una pequeña puerta baja y estrecha en la muralla
de Jerusalén, que sólo podía cruzarse a pie y con gran esfuerzo. La imagen
cobra aún más fuerza: es muy difícil despertar a la realidad espiritual que
llevamos dentro si permanecemos atrapados en los valores materiales, en la
riqueza y el ego.

El mismo símbolo aparece en Oriente como un puente tan estrecho como el
filo de una navaja, el único que permite cruzar el río de la existencia
para llegar a la otra orilla: la espiritual. Los budistas insisten en la
meditación como la puerta que, al desprenderse del cuerpo material y bajar
el nivel de conciencia, permite penetrar en las profundidades del ser.

Esto nos invita a reflexionar sobre la ilusión de “elevarse” hacia un Dios
externo. La verdadera divinidad no está arriba, sino dentro: esa chispa
espiritual, ese “hombrecito de oro del tamaño de un pulgar” del que hablan
los brahmanistas, ese “Eso” que es al mismo tiempo ser y no-ser, según el
Tao.

La idea de “La puerta estrecha”, nos recuerda las trepanaciones rituales
en Oriente y cómo ciertas tradiciones buscaban abrir simbólicamente esa
puerta en el cráneo para liberar el espíritu.

La puerta estrecha no es un obstáculo cruel puesto por un dios caprichoso.
Es una invitación a la transformación radical. En un mundo obsesionado con
puertas anchas, accesos fáciles y atajos, la masonería nos recuerda que lo
valioso exige despojo. No se entra al templo con el ego inflado, con las
manos llenas de metales ni con el corazón dividido. Sólo se cruza cuando
uno acepta dejar atrás lo que ya no sirve. Esa estrechez no es castigo: es
precisión. Es el filtro que separa lo superficial de lo esencial.

La puerta estrecha simboliza también el paso del siete (el plano de la
creación, propio del grado de Maestro) al nueve (tres veces tres), la
batería del tercer grado en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Según el
Evangelio de Juan (14:6): «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie
viene al Padre sino por mí». Para el iniciado, esa “puerta” puede
entenderse como el Cristo interior: la conciencia despierta que permite
trascender lo creado para aproximarse al Creador.

Al final, la puerta estrecha no separa sólo dos mundos: nos separa de
nuestra propia ilusión de separación. Cruzarla es aceptar que el verdadero
templo no está afuera, sino que se construye dentro de nosotros, paso a
paso, despojo tras despojo, con humildad y perseverancia.

Un viejo maestro zen recibió a un discípulo ansioso que le dijo:

—Maestro, quiero alcanzar la iluminación. ¿Qué debo hacer?

El maestro lo miró en silencio y luego señaló una pequeña puerta baja en el
muro del monasterio.

—Pasa por allí —le dijo.

El discípulo se agachó, pero su mochila llena de libros y objetos
personales le impidió cruzar. Tuvo que quitársela. Luego intentó pasar con
su grueso abrigo de invierno y tampoco pudo. Tuvo que quitárselo también.
Finalmente, descalzo y sin nada, logró atravesar la puerta estrecha.

Al otro lado, el maestro sonreía.

—¿Ves? —le dijo—. La iluminación no está al final del camino. Está al otro
lado de todo lo que crees necesario llevar contigo.

La puerta estrecha nos enseña que no se entra al templo —ni a la verdadera
luz— cargando el peso del ego, las posesiones o las ideas preconcebidas.
Sólo se cruza cuando uno se atreve a despojarse de lo superfluo. La
grandeza no está en cuántas cosas acumulamos, sino en cuántas estamos
dispuestos a dejar atrás para poder avanzar.

La masonería nos invita constantemente a cruzar esa puerta despojándonos
de los metales: no para humillarnos, sino para liberarnos. Porque sólo
quien se atreve a cruzar desnudo de vanidades puede descubrir, al otro
lado, la verdadera amplitud del ser.

Alcoseri

De Pie Y Al Orden

En cada palabra hay un algo potente, esperando que en el lector o en el
escuchante se active algo para emprender el vuelo. Por eso quisimos
explorar una reflexión inspirada en textos que ofrecen una interpretación
esotérica y exotérica de los orígenes, y desde allí realizar un recorrido
analógico que nos lleva hasta el templo masónico. No hay intención
catequizadora ni pretensión de enseñar: sólo deseamos abrir una puerta
para que un alma se libere , alce el vuelo y nosotros nos aferremos a sus
alas.

El espacio se vive de manera distinta según cómo se habita. Cada cultura
recorta del mundo ciertas porciones y les otorga significado. Un lugar no
es sólo un pedazo de tierra: es un espacio donde se teje un relato. Del
mismo modo, nuestra historia personal —con sus alegrías, caídas y
peripecias— nos construye como seres únicos.

Los griegos y los hebreos conciben la identidad de formas opuestas. Sus
mitos fundadores hablan de categorías existenciales distintas.

Tomemos dos ejemplos:

Hefesto (Vulcano) forjó las cadenas que ataron a Prometeo en el Cáucaso, el
rayo de Zeus y las flechas de Apolo y Artemisa. Nació de Hera y Zeus, y fue
él quien abrió el cráneo de Zeus con un hacha para que naciera Atenea. Era
tan feo que su madre lo arrojó a la tierra, dejándolo cojo para siempre.
Más tarde se enamoró de Atenea. Su deseo fue tan intenso que, al ser
rechazado, su semilla cayó sobre la tierra y de ella nacieron los espartos.
Este mito funda la identidad griega como un surgimiento de la tierra, un
arraigo geográfico y carnal.

En cambio, Abraham nació en Ur, en Mesopotamia. El lugar de su nacimiento
no es el de su destino. Dios El Gran Arquitecto del Universo le dice:
“Lekh lekha” — "ve por ti mismo", "ve hacia ti" o "vete para tu propio
beneficio". —. Y Abraham abandona Ur. Su identidad se funda en el
arrancamiento de la tierra. Como Moisés, que muere antes de entrar en la
Tierra Prometida, sabiendo que lo importante no era poseerla, sino caminar
hacia ella con un pueblo entero.

Viajar es “ir hacia”. Es orientarse. Es dar sentido a la dirección y al
significado.

La promesa de esa Tierra no es sólo geográfica: es una destinación ética,
un llamado a que el ser humano se realice plenamente.

La palabra hebrea ivrit proviene de la raíz ivr, que significa “pasar”,
“transgredir”, “transmitir”. El hebreo es, por esencia, el ser del
arrancamiento, del paso y de la transmisión.

Arraigo griego versus arrancamiento hebreo.

La guematría, clave de la Cábala, asigna valores numéricos a las letras
hebreas. Así, palabras diferentes pero con la misma suma numérica revelan
una conexión profunda. Por ejemplo: “madre” (em) vale 41 y “padre” (av)
vale 3. Juntos suman 44, que es exactamente el valor de “hijo” (yeled).
Madre y padre, unidos, equivalen al hijo. No es mera aritmética: es un
sentido metafísico. Los números son nudos cualitativos que estructuran la
realidad .

La violencia está presente en los orígenes griegos: castraciones,
venganzas, ciclos de poder y miedo que se repiten (Hesíodo, Esquilo,
Sófocles). La teogonía griega es un círculo de violencia estéril que frena
la emergencia de la conciencia.

En el Libro de la Santa Ley, en cambio, las generaciones alternan bien y
mal, pero la herencia no es repetición ciega. Dios no destruye por
venganza: abre un proceso, un diálogo, un juicio. Busca un interlocutor. La
historia no está escrita en bronce: se construye en la relación.

Violencia griega versus justicia hebrea.

El hombre se supera por el arrancamiento y por la justicia.

En hebreo, cham (“allá”) y shem (“nombre”) tienen el mismo valor
guemátrico: 340. La identidad es “un allá”, un lugar de invención de sí
mismo. Curiosamente, sefer (“libro”) también vale 340. El Libro es el lugar
de la identidad hebrea.

Para los judíos, la Torá es donde Dios se manifiesta. Los cinco libros de
la Torá son el Nombre del Santo, según Ezra ben Salomón. Dante, en el
Paraíso, usa la imagen del libro para evocar la Forma de todas las cosas
unidas por el amor en el Intelecto divino.

El Zohar describe el proceso primordial: antes de la creación, una luz
infinita llenaba todo. Dios se contrajo en su centro (Tsimtsum), dejando un
vacío. En ese vacío envió un hilo de luz (Kav) que formó diez círculos: las
diez Sefirot, que son a la vez recipientes y revelación de la luz divina.
Es el Árbol de la Vida, un pléroma, un inter-mundo entre lo Uno y lo
material.

Después del Tsimtsum, ya no se le llama simplemente Dios, sino Creador,
Gran Arquitecto del Universo (GADU).

La Torá es un Árbol de la Vida. El Libro es la finitud de lo Infinito, pero
también su revelación. La primera letra de la creación, el Bet de Bereshit,
indica que lo anterior, lo superior y lo inferior permanecen inaccesibles.
Sólo podemos mirar hacia adelante.

La interpretación constante evita la idolatría. No se trata de poseer el
sentido, sino de mantener una distancia respetuosa. Como se dice en
Masonería , se necesita un “saber metafísico sin dogmas”: una relación con
Dios que evite tanto la fusión mística como la idolatría y el dogmatismo.

El Libro de la Ley para el masón no es un manual cerrado: es siempre el
“libro por venir”. La lectura, más que la escritura, genera autoridad. La
interpretación es constitutiva de sentido. Todo es símbolo, y el símbolo
vive en la relación.

“Si soy imagen de este Dios de liberación —por tanto—, debo producir
libertad. ¿Cómo? Interpretando los textos, inventando mi historia, saliendo
del destino de forma literal escrito.”

La libertad se inventa interpretando. El texto se convierte en vergel
(Pardes): sentido literal, alusivo, solicitado y secreto.

La clave es la bondad (tsedaká), no sólo el bien abstracto. La tsedaká
equivale a todos los mandamientos: ser tocado por el dolor ajeno, dar algo
de lo propio y de sí mismo, acompañar incondicionalmente, sin humillar ni
triunfar sobre el otro.

La Cábala no es sólo “amor a la sabiduría”: es “sabiduría del amor”.

Salvar a un sólo ser humano equivale a salvar a toda la humanidad.

El templo es el lugar donde el hombre se pone de pie, se interroga y se
orienta. Los pilares Jakin y Boaz recuerdan la verticalidad y el
cuestionamiento permanente. Estar “de pie y al orden” es el surgimiento del
templo interior: estar listo para avanzar hacia uno mismo y hacia el Otro.

En gematría hebrea tradicional:

Yaquín (Jakin / Iakín):

יָכִין (Yod=10 + Kaf=20 + Yod=10 + Nun final=50) = 90

Reducido: 9 + 0 = 9

Boaz:

בֹּעַז (Bet=2 + Ayin=70 + Zain=7) = 79

Reducido: 7 + 9 = 16, luego 1 + 6 = 7

El 9 se asocia a la columna de la Misericordia (lado derecho, Jakin), y el
7 a la columna del Rigor (lado izquierdo, Boaz). Juntos forman el
equilibrio del Árbol de la Vida.





El 9 y el 7 en la Cábala masónica:

El 9 (Yaquín) representa la misericordia, la expansión y la fuerza
constructiva. Es el número de la finalización de un ciclo y del paso a un
nivel superior. En la columna derecha simboliza la energía que da y que
bendice.

El 7 (Boaz) representa el rigor, el juicio y la disciplina. Es el número de
la perfección espiritual y del trabajo interior. En la columna izquierda
simboliza la energía que limita y que define para que las cosas tengan
forma.

Cuando juntas las dos columnas, el 9 + 7 = 16, y 16 se reduce a 7 (1+6=7).
Eso significa que el equilibrio entre misericordia y rigor termina dando
perfección espiritual, que es exactamente lo que busca el masón en su
camino.

El diálogo verdadero exige inclinarse ante el otro, concederle importancia
real y penetrar en su espíritu para comprender no sólo al individuo, sino
lo que dice. Requiere aceptar la finitud del propio saber y construir un
consenso.

La frase “de pie y al orden” viene directamente del lenguaje militar y
naval de los siglos XVII y XVIII.

“Al orden” es una orden militar clásica que significa “¡firmes!” o “¡en
posición de atención!”. Cuando un oficial decía “al orden” o “de pie y al
orden” en el ejército o la marina, los soldados se ponían derechos, en
posición reglamentaria, listos para recibir instrucciones.

Los masones la adoptaron tal cual porque en esa época muchos hermanos eran
militares o marinos, y la logia funciona como un espacio muy estructurado,
casi como un cuartel simbólico. “De pie” es obvio: levantarse. “Al orden”
es adoptar la postura ritual correcta —con los pies en escuadra, manos en
posición, cuerpo recto— que representa respeto, atención y control de las
pasiones.

O sea, no es una frase esotérica antigua, es una orden práctica que los
primeros masones especulativos tomaron prestada del ejército y la
convirtieron en tradición ritual.

La postura “de pie y al orden” en masonería significa tres cosas al mismo
tiempo:

Cuerpo recto — pies en escuadra, uno en ángulo recto con el otro, espalda
derecha, cabeza alta.

Manos colocadas — la mano derecha colocada según el grado y la izquierda
según el grado.

Mirada al frente — mirando directo al Oriente, nunca al suelo ni a los
lados.

Simbólicamente representa que el masón está presente, respetuoso y dueño de
sí mismo. El cuerpo en escuadra muestra que sus acciones están guiadas por
la rectitud, y la mano sobre el lugar indicado, muestra que sus
pensamientos y sentimientos están bajo control, listos para recibir luz o
para trabajar.

Es la forma física de decir “aquí estoy, con el cuerpo y el espíritu en
orden”.

En Conclusión

El rito de “estar de pie y al orden” no es sólo una postura corporal: es
la concreción simbólica de una memoria viva que nos invita a la
trascendencia. Es el momento en que el ser humano se yergue, se abre al
diálogo y se hace disponible para el Otro y para el Gran Arquitecto.

Como masón , agrego: en un mundo que premia la velocidad, el ruido y la
posesión, “estar de pie y al orden” es un acto revolucionario de quietud y
apertura. Es elegir la verticalidad interior frente a la horizontalidad del
instinto. Es recordar que nuestra verdadera libertad no consiste en hacer
lo que queremos, sino en convertirnos en lo que estamos llamados a ser:
puentes entre lo finito y lo infinito, entre el yo y el nosotros, entre la
tierra y el cielo.

Anécdota y moraleja

Un viejo rabino caminaba con su discípulo por un bosque cuando vieron a un
hombre arrodillado, golpeando la tierra con furia.

—¿Qué haces? —preguntó el rabino.

—Busco a Dios —respondió el hombre—. ¡Pero no lo encuentro!

El rabino sonrió y le dijo:

—Levántate, hijo. Dios no se encuentra cavando en la tierra como quien
busca un tesoro escondido. Dios se encuentra cuando tú te pones de pie,
miras al horizonte y decides caminar hacia el otro con el corazón abierto.

No se trata de buscar a Dios (o al sentido) agachados en la oscuridad de
nuestro ego. Se trata de erguirnos, de ponernos “de pie y al orden”, y de
caminar hacia el Otro. Sólo entonces la trascendencia deja de ser una idea
lejana y se convierte en experiencia viva. La verdadera libertad comienza
cuando elegimos levantarnos y tender la mano.

Alcoseri

Las Danzas Sagradas

Las danzas sagradas , tal cuales, no están incluidas dentro del repertorio
masónico (aunque algunos piensan que sí), y es uno de esos elementos
faltantes en nuestra masonería, ya que la mayoría de las sociedades
iniciáticas las incluyen , aún así , al menos en mi oriente hay masones que
hemos practicado danzas sagradas en alguna etapa de nuestra vida. Debo
admitir que siempre fui un mal ejecutante de estas danzas y gimnasia
sagrada ya dentro del sufismo y del sistema cuarto camino; y que aún que
era y soy un pésimo danzante, y es que la verdad son bastante complejas de
ejecutar , pero a pesar de todo , si capté bien esa poderosa esencia
emanada de las danzas sagradas y las grandes posibilidades que a partir de
ellas se logran obtener .

A todo esto seguiría la pregunta ¿Son las Marchas Masónicas una Danza
Sagrada? Esta pregunta la responderé al final.

Como bien señalaba Jenofonte, la danza no es un tema simple ni accesible
para cualquiera. Ella penetra en las regiones más elevadas del saber:
abarca la ciencia rítmica, la geometría y, sobre todo, la filosofía, tanto
física como moral, pues es capaz de traducir los caracteres y las pasiones
humanas. Tampoco es ajena a la pintura y las artes plásticas; mientras que
otras disciplinas interesan a veces sólo al cuerpo o sólo a la
inteligencia, la danza abarca ambos mundos: afina el espíritu, ejercita los
miembros, instruye y cautiva a la vez los ojos, los oídos y el alma.

Esta complejidad que evocaba el filósofo griego se revela como una realidad
vibrante al estudiarla en profundidad. Su riqueza reside en su
multiplicidad: ha atravesado milenios, diversas etnias y civilizaciones,
desplegándose por toda la geografía mundial. Esta inmensidad la convierte
en una de las obras más grandes y completas de la humanidad, digna de
profunda reflexión y estudio.

La mitología nos recuerda que Terpsícore encabezaba el coro de las Musas.
Esta visión poética sugiere, quizá, el reconocimiento de la danza como una
de las formas de expresión más antiguas, universal y, por qué no, superior
a las demás. Esta idea es confirmada por etnólogos, arqueólogos e
historiadores, quienes coinciden en que sus orígenes se pierden en los
albores de la existencia humana.

"Con la creación del Universo nació la danza, símbolo de la unión de los
elementos", decía el poeta Luciano. "El giro de las estrellas, el orden de
los planetas y la armonía de todo cuanto existe reflejan esa danza
primigenia". Sus huellas están presentes desde la prehistoria, y aunque no
es nuestro propósito detallar cada vestigio, basta decir que ha sido una
compañera eterna del hombre.

El origen: Del gesto instintivo al movimiento consciente

El ser humano siempre buscó conciliar la realidad tangible con las fuerzas
misteriosas que intuía más allá de sí mismo. Pronto comprendió que estaba
sujeto a poderes superiores: el sol, el fuego, el agua, el trueno... Todos
ellos ejercían una acción irresistible. De ahí nacieron los primeros gestos
vitales e instintivos. El gesto es un lenguaje silencioso grabado en el
espacio, pero ¿dónde termina el simple movimiento y dónde comienza la danza?

Considero que la danza nace del impulso natural y racional de expresar
sentimientos, pero se define verdaderamente cuando el gesto se ordena y
estructura. Es, en esencia, una manifestación de la voluntad que requiere
participación del espíritu. Como dijo el filósofo: "Un movimiento del
cuerpo es siempre consecuencia de un movimiento del alma". Es la mente
quien gobierna la materia. Platón lo expresó de forma similar: "El
movimiento es la esencia y la idea misma del Alma".

La danza es, por tanto, la expresión ordenada de un estado afectivo,
uniendo sonido, ritmo y movimiento. En sus inicios, el propio cuerpo era el
instrumento: pies golpeando el suelo, palmas, chasquidos. Todo era motivo
para danzar: alegría, dolor, amor, miedo, nacimiento o muerte. El
movimiento permitía al hombre profundizar en su experiencia vital.

Antes de convertirse en un rito religioso formal, la danza era una
liberación de energía, un camino hacia el éxtasis y la forma natural de
sintonizar con las fuerzas del Cosmos. Poco a poco, bajo la influencia de
cultos y tradiciones, se transformó en un sistema de pasos y actitudes
fijas. Sin embargo, cualquiera sea su forma, su fin último siempre ha sido
acercarse a lo divino.

Como acto de entrega, la danza es un abandono total de sí mismo. El cuerpo
se convierte en el instrumento por donde fluye la potencia trascendente, un
canal directo entre lo terrenal y lo celestial.

Pienso que cuando bailamos, literalmente "nos salimos" de nosotros mismos
para habitar un espacio más grande. Es el único momento en que el cuerpo
físico se vuelve ligero y el espíritu se vuelve tangible. Es el puente
perfecto entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

La Perspectiva del Cuarto Camino: Georges Ivanovich Gurdjieff dedicó su
vida a recopilar estos conocimientos antiguos, entendiendo que el
movimiento rítmico no es sólo expresión, sino un método para despertar la
conciencia. En su sistema, conocido como el Cuarto Camino, introdujo las
famosas "Danzas Sagradas" y Movimientos en acto consciente, todo
determinado mediante e Eneagrama o estrella de 9 puntas .

La idea del Cuarto Camino sería estar presentes conscientemente en cada
movimiento, ya sea danza , movimiento o cualquier cosa que hagamos en
nuestra vida diaria .

A diferencia del baile artístico, estas danzas tienen un propósito
específico: obligar al hombre a estar plenamente presente. Gurdjieff
enseñaba que el ser humano ordinario vive en estado de sueño mecánico; al
tener que coordinar una postura corporal precisa, una respiración
determinada y un ritmo musical complejo al mismo tiempo, la mente no puede
divagar y se ve forzada a despertar en el "aquí y ahora".

La música que acompañaba estos movimientos fue creada en estrecha
colaboración con Thomas de Hartmann. No era música para ser escuchada
pasivamente, sino una arquitectura sonora que servía de vehículo para las
fuerzas sutiles. Las composiciones fusionaban escalas orientales y
estructuras occidentales, creando una atmósfera que conectaba directamente
con las emociones superiores y con las tradiciones esotéricas de las que
Gurdjieff bebía: sufismo, derviches y monasterios cristianos antiguos.

Los Derviches y el Sufismo...

Profundidad Esotérica: Ouspensky y Bennett

Para comprender por qué estos movimientos tienen tal poder, podemos
recurrir a las enseñanzas de P.D. Ouspensky, discípulo y exponente
principal de Gurdjieff. Él explicaba que cada postura y cada paso
corresponde a una ley del universo. No son movimientos inventados, sino
movimientos legales, que existen desde la creación y que el hombre
redescubre. Al realizarlos correctamente, el hombre deja de ser una máquina
y se convierte en un canal consciente de esas leyes cósmicas.

Por su parte, J.G. Bennett, otro gran continuador de la obra, profundizó en
la idea de que la danza sagrada es una forma de "estudio de la voluntad".
Bennett señalaba que el cuerpo tiene su propia inteligencia y que, mediante
la repetición y la precisión rítmica, se puede armonizar el funcionamiento
de los centros humanos (intelectual, emocional y motor), logrando una
unidad interna que es la verdadera definición de "Iniciación".

¿Por qué en Masonería no hay danzas?

Al analizar todas estas tradiciones donde el movimiento es esencial, surge
una pregunta inevitable: ¿Por qué en la Masonería, siendo una Orden
iniciática de alto valor simbólico, no existen danzas rituales?

La respuesta radica en la diferencia de método y de enfoque.

El Camino de la Mente y el Corazón: Mientras que tradiciones como el Yoga,
el Sufismo o el Cuarto Camino trabajan intensamente sobre el cuerpo y el
movimiento (Caminos del Hombre, de la Mujer y del Mago), la Masonería se
define fundamentalmente como un Camino de la Mente y del Corazón. Su
herramienta principal no es el ritmo físico, sino el pensamiento abstracto,
el símbolo, la palabra y la geometría estática.

La Estabilidad del Templo: La Masonería busca la "construcción" del
edificio interno. El símbolo masónico por excelencia es la clave de bóveda,
la Columna, la Piedra. Representan lo firme, lo vertical y lo inamovible.
El movimiento constante o la danza implican fluidez y transformación
momentánea, mientras que el ritual masónico busca la estabilidad, la
quietud reverente y la concentración mental. Se trabaja más desde la "raíz"
y la conexión a tierra que desde la expansión dinámica.

Control sobre la Máquina: Siguiendo la terminología esotérica, si la danza
busca usar el cuerpo para mover el espíritu, la Masonería busca primero
frenar la maquinaria corporal para que pueda hablar el espíritu interior.
La rigidez de los movimientos rituales (los paseos reglamentados, los giros
precisos , la circunvalación del Templo, las posturas fijas) no son danza,
pero sí son ritmo y geometría congelada. Existe una coreografía masónica,
pero es contenida, solemne y funcional, nunca expresiva o extática.

La Ley del Silencio y el Equilibrio: La danza a menudo busca el éxtasis, la
salida de sí mismo. La Masonería busca la meditación activa, la presencia
interior y el equilibrio. Como dicen los textos, el Masón debe ser como un
péndulo que se mueve con medida, pero cuyo centro permanece inmóvil.

No es que la Masonería rechace la danza, es que la ha interiorizado. El
verdadero Masón aprende a danzar con su mente y su corazón dentro del
silencio del Templo, mientras su cuerpo permanece erecto y digno, como una
columna viviente que sostiene el universo de su propia conciencia.

El simbolismo del cuerpo humano

Paul Valéry decía que la danza es algo serio y, en muchos aspectos,
venerable. Toda civilización que comprendió el misterio del cuerpo humano
cultivó y veneró este arte. No podemos hablar de movimiento sin profundizar
en el símbolo de quien lo ejecuta: el hombre, esa dualidad perfecta entre
materia y espíritu.

Leonardo da Vinci comparaba el cuerpo humano con un mundo en sí mismo,
construido rítmicamente, donde todo movimiento obedece a leyes internas.
Por su parte, Lamartine hablaba de la danza como pura armonía. Existe un
número, una medida interna que estructura el universo y que, por ende,
estructura el baile. Por ello, los grandes iniciados, como Pitágoras,
estudiaron los números para descifrar los secretos del mundo.

Anatómicamente, podemos ver al cuerpo como una cruz estática: el eje
vertical por donde asciende y desciende la energía, y el eje horizontal que
representa las fuerzas creadoras. En su intersección reside el centro, el
"corazón". Al moverse, esta cruz se convierte en una rueda dinámica,
simbolizando la capacidad del hombre de orientarse y actuar en el espacio.

Es fascinante notar cómo, a través de milenios, los movimientos
fundamentales se repiten. Podemos encontrar una postura en una pintura
egipcia de hace 4,000 años y verla reflejada sorprendentemente en un cuadro
moderno. Aunque el significado haya cambiado (de un rito sagrado a una
expresión profana), el lenguaje del cuerpo permanece intacto.

Los primeros movimientos: La Ronda y el Giro

Una de las mayores diferencias entre el hombre y el animal es su
verticalidad. Sus primeros impulsos fueron el desplazarse, saltar y girar.

La marcha y la ronda están presentes en todas las culturas. Hace 8,000
años, ya se grababa en cuevas la imagen de personas bailando en círculo,
imitando el movimiento del sol y la luna. Era una danza cósmica. Milenios
después, los sacerdotes egipcios danzaban alrededor del altar simulando el
ciclo del zodíaco. Esta danza astronómica, parte de los misterios de Isis,
enseñaba las leyes del tiempo y la naturaleza.

Lo encontramos también en los druidas, en las procesiones fúnebres o en los
caminos laberínticos de las catedrales, donde caminar con intención ya es
una forma de danza sagrada.

La Giración: El vórtice del éxtasis

Si la ronda nos conecta con el cielo, el giro sobre uno mismo nos lleva al
éxtasis. San Ambrosio escribía: "Así como el danzarín pierde la noción del
mundo al girar y entra en la ronda sagrada, así el creyente se abandona
para entrar en la armonía universal de la creación".

En pinturas prehistóricas ya vemos figuras girando sobre sí mismas. El
efecto es conocido: vértigo, pérdida del "yo", trance. Y es una constante
universal: chamanes, derviches sufíes, curanderos y sacerdotes de todo el
mundo utilizan el giro para alcanzar estados alterados de conciencia.

El Chamanismo

Para el chamán, el giro no es un juego, es una técnica arcaica. Al girar
alrededor de un centro, se identifica con el cosmos y reproduce el
movimiento de los astros. Es la forma de viajar entre mundos para sanar o
comunicarse con los espíritus. En el mundo chamánico de Castaneda, si, si
hay movimiento, pero no son danzas folclóricas. En los libros de Castaneda,
Don Juan habla de la danza final del guerrero, un baile personal de poder
frente a la muerte. Y después, Castañeda creó los pases mágicos —
movimientos corporales para manejar energía, que parecen una mezcla de tai
chi y danza chamánica. Eso es lo que más se parece a "danzas" en ese mundo.

Los Derviches y el Sufismo

En la tradición islámica, el derviche gira como símbolo de adhesión a
Dios. Su movimiento circular representa el camino del alma hacia la verdad,
abandonando lo terrenal para acercarse a lo divino. Cada giro es una
oración en movimiento.

Las Danza Sagradas de Oriente

En Oriente, la danza siempre ha tenido un carácter profundamente
espiritual, inseparable de la religión. A diferencia de Occidente, donde el
movimiento suele ser expansivo y hacia afuera, en Asia la danza es
concéntrica, introspectiva y estática en su apariencia.

Mientras que en occidente bailamos principalmente con las piernas y pies,
en oriente el pie permanece firme en la tierra, y son los brazos, manos,
cuello y rostro quienes cobran vida. Es un lenguaje codificado, minucioso y
lleno de simbolismo.

Camboya y Tailandia

Al ver el Ballet Real Camboyano, uno queda impresionado por su lentitud y
solemnidad, como estatuas animadas de los templos de Angkor. Cada gesto,
cada flexión de dedos o inclinación de cabeza tiene un significado oculto.
Las bailarinas se someten a un entrenamiento riguroso que no sólo busca
flexibilidad, sino la capacidad de trascender los gestos humanos para
imitar a los seres divinos. Es una verdadera iniciación.

La India

En la India, la danza es oración. Desde el Bharata Natyam hasta la figura
de Shiva Nataraja, el Señor de la Danza, todo movimiento sugiere que lo
visible es sólo el símbolo de lo invisible. Rodin declaró que la imagen de
Shiva bailando era la más alta concepción del cuerpo en movimiento. Shiva
danza en el centro del mundo (el corazón humano) para crear y destruir el
universo, liberando a las almas de la ilusión. Para el hinduismo, "el
cuerpo que danza es visitado por Dios".

Raíces Occidentales: Hebreos, Griegos y Cristianos

Los Hebreos

Aunque la ley prohibía las imágenes, la Biblia está llena de referencias a
la danza: Moisés bailando tras cruzar el Mar Rojo, o el Rey David danzando
casi desnudo frente al Arca de la Alianza con fervor absoluto.

Grecia

Los griegos llamaban a la danza Nomos, que significa "Ley". Para ellos era
un Arte Divino, parte esencial de la educación. Consideraban que la danza
modelaba el carácter y reflejaba el orden del universo. Filósofos como
Sócrates, Platón y el propio Jenofonte escribieron extensamente sobre ella.

La Liturgia Cristiana

Muchos gestos litúrgicos actuales tienen su origen en danzas y ritos
antiguos. Aunque en épocas posteriores la Iglesia prohibió el baile dentro
de los templos, durante siglos las procesiones, postraciones y movimientos
ceremoniales eran auténticas coreografías sagradas. Sobreviven tradiciones
como las danzas de fuego, las procesiones de Semana Santa en España o la
famosa procesión de Echternach, donde el movimiento rítmico sirve de
plegaria.

De la Edad Media a la Danza Clásica

En la Edad Media, la danza no desapareció, sino que se transformó. Los
juglares y gremios guardaban secretos simbólicos en sus movimientos,
transmitidos de maestro a aprendiz, muy similar a los ritos iniciáticos.

Con el Renacimiento y el periodo Barroco, la danza se estructuró. En 1581
se creó el primer ballet moderno, definido como una "combinación
geométrica" donde los bailarines formaban figuras en el espacio: círculos,
cuadrados y triángulos que representaban el orden perfecto.

Finalmente, en el siglo XVII, bajo Luis XIV, nace la Danza Clásica. Se
codifican las cinco posiciones fundamentales. Noverre y otros maestros
definieron un sistema basado en la elegancia y la elevación. El objetivo ya
no es sólo moverse, sino elevarse. La danza clásica busca la abstracción
perfecta, la "arquitectura animada", como dirían los expertos. Goethe
advirtió: "Nadie debería atreverse a bailar sin haber aprendido las
reglas", pues la técnica es el puente para alcanzar la verdadera libertad
artística y espiritual.

Tras este recorrido, podemos definir la danza como el "Arte de los Gestos"
por excelencia. Jean-Clarence Lambert la describe bellamente:

"Es la incorporación de la voluntad de participar activamente en la Vida
del Universo y la nostalgia de superar la condición humana en una
metamorfosis gloriosa."

Una anécdota para recordar

Cuentan que un discípulo preguntó a su maestro: "Maestro, ¿cuál es la
diferencia entre caminar y bailar?". El maestro sonrió y respondió: "Cuando
caminas, tus pies tocan la tierra para llevarte de un lugar a otro. Pero
cuando bailas, tus pies tocan la tierra para que el alma pueda volar".

La danza es mucho más que entretenimiento o deporte. Es el lenguaje del
alma. Nos permite comunicar lo que las palabras no pueden, conectarnos con
lo sagrado y recordar que, en el fondo, todos somos parte de un mismo
movimiento universal.

Es medio de comunión entre los hombres.

Es espíritu hecho carne.

Es expresión eterna de la vida.

Te propongo ver tu propia vida masónica y profana como una danza. A veces
somos la ronda que une, a veces el giro que nos hace perder el miedo, y a
veces la pose serena que nos da equilibrio. Lo importante no es ser
perfectos, sino mantener el ritmo y nunca dejar de moverse hacia la luz.

¿Son las Marchas Masónicas una Danza Sagrada?

A Esta pregunta se puede dar una respuesta subjetiva , ya que dependería de
como la interprete cada masón lo relativo a las marchas.

En masonería, las marchas son pasos rituales que das dentro de la logia,
desde la puerta de entrada, pasando por las columnas hasta llegar al ara
sagrada.

Aprendiz: pasos iguales, y movimientos de brazos

Compañero: esos mismos pasos , más otros adicionales, cambio de movimiento
de manos

Maestro: esos pasos anteriores y sigue la curva del compás, ya no
escuadras, adicionales a movimientos de brazos y manos

Cada marcha marca tu grado y tu avance simbólico. Son lentas, solemnes,
llenas de significado.



¿Que estas marchas podrían interpretarse como una danza sagrada masónica?



Sí, claro que se pueden interpretar como una danza masónica.

Las marchas no son sólo caminar: son movimientos rituales, coordinados con
el ritmo de la logia, con pausas, giros y posturas que siguen un patrón
exacto. Muchos hermanos antiguos las llamaban “danza simbólica” o “danza
del templo”. Tienen un flujo, una cadencia y un propósito sagrado, igual
que una danza.

En algunos ritos antiguos incluso se hacían con música. Así que sí, desde
el punto de vista simbólico y ceremonial, las marchas masónicas son una
forma de danza ritual.

Alcoseri

La Francmasonería Virtual

Imagina el año 2056 donde la humanidad se ha fundido total o casi
totalmente con la tecnología. Cada latido, cada pensamiento, cada gesto
cotidiano, está orquestado por un chip invisible que reside en nuestro
interior. La mayoría de los seres humanos navega por la vida bajo el sutil
pero férreo control de nanoelementos. Desde la cuna hasta el ocaso, nuestra
existencia es un libro abierto, cada página escaneada y archivada: la vida
profesional, la intimidad, la búsqueda del conocimiento, todo
meticulosamente parametrizado y ajustado al molde de esta nueva sociedad
basada en un Orden Mundial.

En tiempos pasados, la Francmasonería fue un faro, un santuario innegable
del Humanismo, un espacio donde el espíritu humano buscaba la verdad y la
hermandad. Sin embargo, incluso ella sucumbió a los cantos de sirena de la
era digital y la Inteligencia Artificial. Los albores del Siglo XXI
presenciaron la explosión de foros, blogs y plataformas virtuales como
Facebook . Para agilizar la comunicación interna, las Logias masónicas
implementaron redes de intranet, prometiendo simplificar la administración
y conectar a hermanos a través de vastas distancias.

A primera vista, esto podría parecer una simple adaptación a la marea
imparable del progreso técnico, una evolución natural en un mundo donde la
pluma de ave para la escritura y el papel de pulpa de madera es apenas un
eco del pasado. Pero entonces, el mundo se tambaleó. Una profunda depresión
económica y la escasez de combustible azotaron a la sociedad. Las Logias
masónicas se vieron obligadas a desprenderse de gran parte de su patrimonio
inmobiliario. Y para colmo, el gran ordenador central mundial dictaminó
que los masones no eran prioritarios para recibir apoyos para su
transportación de sus hogares a sus logias .

El golpe de gracia llegó con la decisión el Muy Respetable Gran Maestro a
nivel mundial, quizás impulsado por un celo masónico desmedido y mal
entendido . En un giro que resonaría con ecos de control y vigilancia,
decretó que todas las Tenidas, desde el primer hasta el trigésimo tercer
grado, se celebrarían de forma virtual a través de videoconferencias y no
de forma presencial. Esta medida fue acogida con entusiasmo por todas las
Logias del Mundo. ¡Las ventajas eran evidentes! Se podía registrar la
asistencia de cada miembro, supervisar cada debate, asegurar la estricta
conformidad con el ritual oficial de la Gran Logia Mundial, e incluso
deducir las cuotas o capitas directamente de las cuentas bancarias, asi
como las aportaciones al Saco de la Viuda también . Si un hermano osaba
cerrar su cámara durante la Tenida, una severa advertencia y una solicitud
de explicación llegaban instantáneamente a su bandeja de entrada digital.

Pero lo más significativo era que la renuncia a ser masón se volvía
prácticamente imposible. Cualquier intento de abandono se comunicaba de
inmediato a los servicios centrales del departamento, desatando una cascada
de restricciones y la supresión de derechos ciudadanos para el individuo
vacilante, ya que la masonería se había integrado a una red de control
mundial en cuanto a creencias, sectas , filosofías y religiones, y los
cambios a otras creencias se transformaba en un trámite burocrático muy
complicado. La escuadra y el compás, símbolos ancestrales de la búsqueda de
la verdad y la rectitud, se habían transformado en herramientas de formateo
mental. Todo parecía marchar a la perfección en este "mejor de los mundos"
tecnocrático.

Sin embargo, en una región remota, apenas tocada por las redes
electrónicas, y a pesar de que cada individuo era "marcado con un número"
como cualquier animal doméstico, un grupo de masones se aferraba
celosamente a la antigua tradición. Se reunían, al viejo estilo, en un
lugar que resonaba con la nostalgia de tiempos pasados: la Logia "Los
Fieles de la Antigua Tradición Masónica". Una vez al mes, estos hombres
valientes convergían en un Templo auténtico, rodeados de columnas reales,
mandiles masónicos auténticos y malletes sólidos. Poco a poco hermanos
masones de todas partes, impulsados por un anhelo de conexión presencial
genuina, aportando sus talentos únicos a la vida de la Logia. El Gran
Arquitecto (GADU ) presidía la apertura y el cierre de los trabajos, y los
ágapes se llenaban de cantos masónicos y de masones que se podían tocar y
sentir vivos, entonados con el corazón cuando la inspiración fluía. Se
despedían al alba, o cuando la noche se tornaba profunda.

Al no poder ya irradiar hacia el exterior las verdades descubiertas en el
interior, el trabajo masónico se reorientó hacia la elevación espiritual
del individuo. Se revivieron prácticas ancestrales como la meditación
profunda conectada a una física y autentica cadena de la unión, y se
recuperó el valor del trabajo manual, la talla de la madera y la piedra,
reconectando así con la esencia misma de la creación. ¡Qué sublime era
sostener una Liturgia Masónica impreso en papel, en contraste con la
masonería virtual, donde uno nunca estaba seguro de si el Gran Maestro que
se presentaba era una Inteligencia Artificial , una proyección holográfica
o una entidad real!

Esta resistencia podría haber perdurado, pero como suele suceder, la
naturaleza humana, en sus aspectos más oscuros, cobró protagonismo. Un
nefasto Juvelón intruso, guiado por la omnipresente red gubernamental
mundial , logró localizar geográficamente el punto geométrico de la Logia.
El resto es fácil de imaginar: destrucción, arrestos y un proceso de
"reeducación".

En ese día aciago, la Francmasonería, tal como la conocíamos, se
desvaneció, dejando apenas un tenue rastro en la memoria de la humanidad.

Como masón iniciado en Septiembre del año de 1994 en la Gran Logia del
Estado de Nuevo León, Mexico, y pionero de administrar foros masónicos por
internet desde 1998, he tratado de infundir en este relato la esencia de
lo que la masonería representa en su búsqueda más elevada. Los masones , en
nuestra búsqueda de la sabiduría universal, nos enseñan que la verdadera
iniciación no reside en la tecnología, sino en la transformación interna.
La historia nos advierte sobre la seducción de la comodidad digital, que
puede llevarnos a perder el contacto con nuestra esencia más humana y
espiritual.

La idea de la "Masonería Virtual" es, en sí misma, una paradoja fascinante.
¿Puede una hermandad, cuyo fundamento es la presencia física, la mirada
compartida y el toque fraternal, existir plenamente en el éter digital? Los
antiguos masones tallaban la piedra y construían templos físicos, lugares
de poder y encuentro. Su trabajo era tangible, un reflejo de la
construcción interior del ser. Al trasladar todo al plano virtual, corremos
el riesgo de que los símbolos se vacíen de su significado profundo,
convirtiéndose en meros elementos de un programa.

La Logia " Los Fieles de la Antigua Tradición Masónica " representa esa
chispa de resistencia, ese anhelo por lo auténtico que reside en el corazón
humano. Es un recordatorio de que, incluso en la era más avanzada, la
necesidad de conexión real, de rituales significativos y de trabajo manual
que nos ancla a la tierra, persiste. Como nos enseñan los sabios, la
verdadera alquimia ocurre dentro de nosotros, no en las pantallas que nos
rodean. La meditación, el trabajo con las manos, la contemplación de la
naturaleza, son vías milenarias para alcanzar la iluminación, prácticas que
la masonería virtual, en su afán por la eficiencia, podría haber relegado
al olvido.

Esta historia nos invita a reflexionar sobre el equilibrio entre el
progreso y la preservación de nuestra humanidad. Nos alerta sobre cómo la
tecnología, si no se maneja con sabiduría y discernimiento, puede
convertirse en una herramienta de control en lugar de liberación. La
verdadera Francmasonería, en su esencia más pura, es un camino de
autoconocimiento y servicio, un viaje que requiere valentía, introspección
y, sobre todo, una conexión genuina con nuestros hermanos y con el Gran
Arquitecto del Universo.

Alcoseri



La Verdad sobre la Logia Athanor, la Logia de los masones criminales

Hermanos Masones y No Masones

En las últimas fechas han aparecido terribles noticias sobre la Logia
Athanor de Puteaux, cerca Paris, Francia. Athanor , es una logia masónica
adscrita a la Gran Logia de la Alianza Masónica Francesa (GLAMF), que ha
cobrado notoriedad debido a un importante juicio iniciado en marzo/abril de
2026 por sus presuntas actividades delictivas.

"Algunos hermanos masones me han preguntado sobre la Logia Athanor de
Puteaux. Era una logia 100% regular, con carta patente oficial de la Grande
Loge de l'Alliance Maçonnique Française, que trabajaba normalmente hasta
que en 2021 el propio Gran Maestro de ese Gran Oriente la disolvió al
descubrir que varios de sus miembros habían formado una banda criminal
dentro de ella.

La Masonería evita , hasta donde le es posible , introducir traidores
“Judas y Juvelones” a sus Logias , si como aquellos que venden a su Maestro
o terminan asesinando a su Maestro.

Esto no es un problema de masonería, es un caso de delincuentes que usaron
una logia Masónica como fachada — igual que han usado empresas, partidos
políticos, religiones clubes o asociaciones. La obediencia actuó rápido,
expulsó a los implicados y cerró la logia. El juicio sigue en curso en
Francia.

La masonería, como cualquier otra institución, no está exenta de que entren
personas indignas. Lo importante es que cuando se detecta, se corrige."

"Este caso no habla de la masonería, habla de personas que traicionaron sus
juramentos. La masonería no es responsable de los delitos de unos cuantos,
igual que ninguna institución lo es."

Surgen las preguntas : ¿Y esa logia Athanor tiene vínculos con la Gran
Logia de Francia? ¿Es una logia regular, es una logia salvaje o es una
logia irregular? ¿Cuál es el estatus de esa logia Athanor?





No, no tiene vínculos directos con la Gran Logia de Francia — GLDF. La Loge
Athanor pertenecía a la Grande Loge de l'Alliance Maçonnique Française
(GL-AMF), una obediencia creada en 2012 tras una escisión.

Era una logia regular dentro de su obediencia — la GL-AMF se define como
regular, masculina y que respeta los landmarks tradicionales. Pero la logia
misma fue disuelta en febrero de 2021 por su propio gran maestro,
precisamente por el escándalo criminal.

Hoy ya no existe, está cerrada desde hace cinco años. La obediencia
suspendió a los implicados y ha insistido en que rechaza cualquier acto
ilegal.

Pero sí, la Logia Athanor era una logia masónica en el estricto uso de la
palabra. Sí, sin duda. Era una logia masónica en toda regla. Tenía patente
oficial de la obediencia, templo propio, rituales, grados, tenidas
regulares y todo lo que define a una logia. El problema no era que fuera
falsa o irregular, sino que un grupo de sus miembros la usaron como
tapadera para delitos comunes. La estructura era completamente masónica, el
comportamiento de algunos de sus integrantes no lo fue.

Sí, hay un detalle importante que casi nadie menciona:

La mayoría de los acusados no eran masones de toda la vida. Varios entraron
a la logia poco antes de que empezaran los delitos graves. Fue una
infiltración bastante rápida. Por eso la obediencia insiste tanto en que el
problema no venía de la masonería, sino de gente que usó la logia como
tapadera.



La única cosa que me parece más curiosa es que el propio Venerable Maestro
de la logia, el que dirigía las tenidas, está entre los acusados de haber
ordenado palizas y asesinatos. O sea, no era sólo un par de miembros, el
que llevaba la batuta de la logia estaba metido hasta el fondo.

Eso es lo que más sorprendió a la masonería francesa y mundial. El jefe de
la logia era parte del grupo criminal.

En aquel momento el Masón Jean-Luc Bagur era el Venerable Maestro de la
Logia Athanor y está acusado de ser el principal cabecilla, entre otras
cosas de ordenar el intento de asesinato de su competidora Marie-Hélène
Dini.



Marie-Hélène Dini es una coach empresarial de unos 60 años, que además era
secretaria general de un sindicato importante de coaches en Francia.

Jean-Luc Bagur la veía como su principal rival en el mismo sector. Cuando
ella tomó un puesto importante en la unión de coaches, él consideró que eso
amenazaba seriamente su propio negocio. Por eso pagó 70.000 euros para que
la eliminaran.

Simple rivalidad profesional que terminó en un intento de asesinato.





El delito más grave fue el asesinato del piloto de rallye Laurent Pasquali
en noviembre de 2018. Lo mataron por una deuda de dinero, lo ejecutaron y
enterraron su cuerpo en un bosque en Haute-Loire, donde lo encontraron
meses después.

Es el único homicidio consumado en todo el caso, mientras que los demás
fueron tentativas de asesinato o agresiones.

Alcoseri







¿Por qué El Galimatías Masónico?

Desde que había sido iniciado —hacía poco tiempo—, el El Q.: H:. Sabastian
un Aprendiz que se preguntaba qué significaban realmente aquellos extraños
signos grabados en el Templo , símbgolos que adornaban los muros del
Templo. Le habían explicado que el “no sabía ni leer ni escribir esos
signos o símbolos”, y que si él daba la primera letra, los demás masones
responderían con la segunda, y así sin más explicación. Pero eso no le
aclaraba nada sobre el verdadero sentido de aquellas misteriosas figuras.



Todos eran unos galimatías ¿Qué querían decir aquella sucesión de
cuadrados, triángulos , herramientas, puntos, signos, saludos, símbolos,
escuadras derechas e invertidas, paréntesis con puntas hacia arriba, hacia
abajo o hacia los lados, y esos “gravados” girando en todas direcciones?
Conocía la dificultad de leer los jeroglíficos egipcios; eso era
comprensible tratándose de una lengua muerta. Pero él estaba en un Templo
masónico del siglo XXI. Se preguntaba ¿Tendría todo aquello alguna relación
con el ritual de su iniciación o con algo críptico destinado a traducirlo?



Durante uno de los ágapes, se acercó al Q:. H.: Francisco el Segundo
Vigilante y se atrevió a preguntarle sobre el significado de aquellos
símbolos, palabras , saludos etc . El Vigilante, visiblemente incómodo,
balbuceó una respuesta vaga que no resolvió nada y dejó al Aprendiz con más
hambre de conocimiento.



Piqueteado en su curiosidad, el joven aprendiz se dijo que quizá la falta
de respuesta se debía a que aún era sólo un Aprendiz, y que aquellos
arcanos misteriosos le sería revelado al avanzar en los grados masónicos.



Una noche, después de que el Q:. H:. Rodrigo presentara una plancha sobre
los orígenes de la escritura en la marcha de la humanidad, creyó oportuno
preguntarle a su futuro Primer Vigilante sobre el sentido oculto de
aquellos signos que tanto le daban curiosidad. Sabía que, al cambiar de
columna, tendría frente a sí el otro reto más con los mismos símbolos y
seguro muchos símbolos más , palabras , saludos y mucho más . Todo seguía
siendo un enigma para el .



Tras la tenida, como de costumbre, llegaron los ágapes. Sentado junto al
Q:. H.: Renato el Venerable Maestro, con la misma pregunta convertida ya
en obsesión (porque nada atormenta más que una duda sin respuesta), recibió
otra evasiva elegante. Aquello no satisfizo al nuevo futuro Compañero, ya
que estaba programado su aumento de salario para la siguiente Tenida.

Asi , llegó al grado de compañero masón, y las dudas se incrementaban más y
más, era más información , más símbolos , más preguntas sin respuesta para
él, y visitando otras logias incluso tenían otros usos y costumbres , otras
alternativas al simbolismo y notó que cada hermano masón interpretaba las
cosas masónicas a su modo muy particular , y que esto no incomodaba a nadie
.

Ya como Maestro, circulando de columna en columna, había notado un detalle
curioso: en ninguno de los símbolos aparecía el círculo. ¡Qué extraño!
Pero, en lugar de buscar la respuesta en libros como en la Enciclopedia
Masónica del Valle de México, prefería confiar en el saber vivo de los
hermanos de la logia. Sin embargo, sólo encontraba indiferencia o mutismo,
lo que aumentaba aún más su interrogante. A veces se imaginaba como Rodin
en su “Pensador” o como Champollion frente a la Piedra de Rosetta. Prefería
estar en la mente de Champollion, porque, al igual que él, intuía que con
perseverancia acabaría accediendo al secreto de aquellos símbolos.



Se habla del azar, de las coincidencias… El único hermano masón que aún no
había consultado era el Q:. H:. “Horacio”, el hospitalario de la logia
desde tiempos inmemoriales, uno de esos “muebles vivos” que forman parte
del alma misma del taller. Además de su avanzada edad, el francmasón
Horacio tenía otra distinción: no llevaba el collarín de Hospitalario de
una sublime Logia Azul, sino que usaba desde hacía mucho su collarín de
Caballero Rosacruz grado 18º de la Masonería del Rito Escoces Antiguo y
Aceptado.



Nuestro incansable preguntón abordó finalmente al hermano masón Horacio .
El anciano fue el único que le respondió con claridad y bonhomía:



— Mira, se trata de un conjunto de simbolismos que datan del siglo XVIII,
muchos de ellos de orígenes en la Religiones Cristiana, Judía ,en la
filosofía Hermética, y la tradición Alquímica, y de las herramientas
propias de la albañilería de las Catedrales etc. y que la masonería
adoptó en su método ecléctico . Está basado en que la mente del masón haga
asociaciones , con diferentes combinaciones que pueden activar algo dentro
del masón, sin forzar a una interpretación dogmática. El simbolismo
masónico sirve para diferenciar ideas y multiplicar las posibilidades de
interpretación , de modo que cubran las asociaciones que da, la
interpretación que se les da en el mundo profano. Como habrás notado, el
círculo como símbolo masónico está ausente, y es lógico: el símbolo de la
espiritualidad pura no puede inscribirse en una Logia masónica, aunque en
la Cadena de la Unión formamos un círculo que si evoca la espiritualidad al
máximo nivel. Y , creo que este sistema de este simbolismo se remonta a
los constructores de catedrales, porque en aquella época solamente los
entendidos se atrevían a plasmar ideas con símbolos . Esa es también una de
las razones por las que en los símbolos del Templo no aparece el círculo:
en el grado en que trabajamos, se supone que “no sabemos ni leer ni
escribir estos símbolos ”.



— Pero, hermano Horacio , ¿qué significan exactamente los dos columnas del
Templo?



— No busques grandes misterios ni enigmas simbólicos profundos. Sé que,
desde tu iniciación hasta después de tu exaltación al grado de Maestro, esa
pregunta y otras te han estado rondando. Voy a poner fin a tus
interrogantes: simplemente se tratan de símbolos, que cada masón debe
aprender por si mismo a interpretar , según su avance personal ,podrás
pasar décadas en la Catedra Masónica y aun así, algo más interpretarás y
descubrirás en el simbolismo masónico. ¿Estás satisfecho?



— Sí, hermano. Has respondido a una larga y algo pueril obsesión.



El Masón Hospitalario Horacio , con su habitual bonhomía, añadió sonriendo:



— Ya ves, cuando uno busca de verdad, siempre encuentra, y en masonería
cada masón deberá encontrar por sí mismo.



Como masón, agrego mi visión a este asunto



Esta anécdota del Aprendiz curioso ante los símbolos masónicos toca un
punto esencial y a menudo olvidado: la diferencia entre el conocimiento
intelectual y la comprensión iniciática.



Para el Masón Horacio , muchos símbolos masónicos son vestigios de una
Tradición Primordial que se ha ido fragmentando. El círculo ausente es
particularmente significativo: representa la espiritualidad pura, lo que no
puede ser encerrado en formas limitadas. El Simbolismo masónico, al excluir
el círculo, recuerda que estamos aún en el mundo de las formas, no en la
realización última.



El masón Hospitalario Horacio , sin duda un gran simbolista masónico de
larga experiencia , insistía en que los signos no deben ser “leídos” como
un código vulgar, sino vividos. El masón Sebastián, es el típico masón que
busca descifrar los símbolos masónicos con la mente racional está haciendo
exactamente lo que el ritual le advierte al decirle “no sabes ni leer ni
escribir”: está usando el intelecto profano para aproximarse a un lenguaje
sagrado que sólo se revela cuando se ha trabajado suficientemente la Piedra
Bruta.



En la tradición rosacruz, sufí y hermética, estos símbolos encriptados
(como en los sistemas de sustitución) servían no sólo para ocultar, sino
para entrenar la atención y la intuición. No eran meros códigos de secreto,
sino herramientas de disciplina mental y espiritual.



La anécdota de este cuento masónico del Hermano Sebastián es fascinante
porque muestra con humor y ternura cómo el ego del buscador puede convertir
un símbolo sencillo en una obsesión complicada. El Aprendiz busca un gran
misterio esotérico, cuando en realidad los símbolos sólo contienen ideas
que pueden encajar en cualquier circunstancia. Esa es una lección masónica
clásica: muchas veces complicamos lo que es simple porque aún no estamos
preparados para recibirlo con humildad.



El Masón Hospitalario Horacio representa al verdadero sabio, ya que el
puesto de Hospitalario no esta clasificado dentro de los altos puestos en
Logia , pero si lo vemos con detenimiento , no es un puesto irrelevante,
sino que encarna al puesto más relevante de la Masonería : es el que no
impresiona con huecos discursos eruditos sino con acciones masónicas
verdaderas y concretas, que responde con sencillez y buen ejemplo cuando
llega el momento oportuno. Su collarín de Masón - Rosacruz no es casualidad
en este fascinante cuento ; simboliza que ha ido más allá de las formas
exteriores y puede distinguir entre lo que es esencial y lo que es
accesorio.



La verdadera masonería no consiste en descifrar todos los códigos, símbolos
y palabras , sino en desarrollar la capacidad de callar, observar y
esperar. Cuando el Aprendiz deja de exigir respuestas inmediatas y se
entrega al trabajo paciente, entonces los símbolos comienzan a revelarse
por sí mismos.



Al final, el simbolismo de los Templos Masónicos resultan ser un
recordatorio constante de que, dentro del Templo, seguimos siendo “masones
dependientes del lenguaje simbólico” ya que el simbolismo es el lenguaje
del espíritu hasta que hayamos transformado verdaderamente nuestro ser, ya
justo ahora aún no podemos acceder a la realidad de forma directa .

En el mismo Libro de la Ley encontramos:

Por eso les hablo por parábolas (símbolos ): porque viendo no ven, y oyendo
no oyen, ni entienden.

Mateo 13:13



Moraleja



No siempre los grandes misterios están ocultos en complicados símbolos. A
veces el secreto más profundo está en lo más sencillo, y sólo se revela
cuando dejamos de buscar con la mente agitada y comenzamos a mirar con el
corazón sereno.



Buscad… pero buscad con paciencia y humildad. Porque cuando uno busca de
verdad, siempre encuentra… aunque muchas veces lo que encuentra no es lo
que se esperaba.

Alcoseri



El Masón que se quedó Dormido

(Un cuento para no dormir, sino para despertar)

Desde hacía algún tiempo, nuestro hermano Saulo Martínez, un masón de
oficio, acudía a Logia, no por necesidad de crecimiento espiritual , ni
por el placer de Fraternizar con sus hermanos de Logia, sino ya por pura
costumbre, pero en ese proceso , comenzó a imaginar y soñar en su propia
forma de hacer Masonería, algo que parece más común de lo que pensamos, y
esto no solamente pasa en Masonería sino en cualquier , religión ,
institución , movimiento político, universidad, empresa etc. Apenas daba
las buenas noches a sus hermanos en pasos perdidos y fingía ponerse a
trabajar en los augustos misterios, en los ágapes se desaparecía en algún
rincón de la Sala Húmeda, y se ponía a chatear y a navegar por Facebook con
su teléfono. No faltaban escondites en aquel gran edificio de su Logia ,
para que Saulo Martínez se escondiera, sus hermanos se sorprendían lo
hiciera, ya que en tiempos atrás era muy jovial , amigable y siempre
contando chascarrillos y anécdotas divertidas, pero al masón Saulo algo le
había ocurrido en el proceso.

Todos se preguntaban ¿Qué había de mal pasado con el Q:. H:. Saulo
Martínez?

Durante los Trabajos en Logia, cuando a un golpe de mallete se anunciaba el
fin de la jornada en Logia, el Masón Saulo aparecía con aire cansado, como
quien ha trabajado y participado activo duramente toda la Tenida. Nadie se
percataba de su ausencia dinámica en Logias , ya se habían acostumbrado a
su alejamiento social. Los demás masones estaban concentrados en su labor
intensa en debates políticos en Logia y no vigilaban el trabajo ajeno;
cada uno conocía su puesto y labor sublime en el taller y respetaba el de
los otros, Saulo simplemente estaba ocupando su plaza en su respectiva
columna, pero sin participar ni aportar luz al cuadro logial.

Nuestro masón, bien oculto en su rincón personal, mentalmente dormía
profundamente… y también soñaba y de cuando en cuando tenia sus pesadillas
aparentemente estando despierto. Soñaba que era el mejor masón de toda la
Gran Obra, que su trabajo se acercaba al del Masón de la Era y que recibía
las felicitaciones del mismísimo Hiram maestro de obras. Al despertar, la
frontera entre el sueño y la realidad se volvía borrosa, y terminaba
agotado por un “duro trabajo” que sólo había existido en su mente.

En psicología, lo más cercano que describe eso es la ensoñación excesiva o
ensoñación desadaptativa, también conocida como maladaptive daydreaming.

La gente se sumerge en fantasías super detalladas y vívidas durante horas,
como si vivieran otra vida, y a veces les cuesta volver a la realidad. Pero
ojo, ellos saben que es imaginación, no creen que sea literalmente real,
como pasa en la psicosis o esquizofrenia.

Si la persona de verdad cree que lo imaginado ocurrió o existe de verdad,
eso ya entra en delirios o trastorno psicótico, que es algo diferente y más
grave. Y nuestro hermano Saulo Martínez estaba justo en la frontera entre
el delirio y una simple e inofensiva imaginación, pero sorprendentemente
millones de seres humanos viven sin saberlo en ese mundo de imaginaciones
y fantasías, muchas veces inducidas por la política, la religión o por la
misma sociedad que los rodea.

Así, como de costumbre, aquel día el Masón Saulo se dirigió a Logia. Al
llegar, se sorprendió por el extraño silencio que reinaba. Pensó que quizá
había llegado demasiado temprano. Sin darle mayor importancia, se dirigió a
su escondite favorito en aquel gran edificio de la Gran Logia y, una vez
más, se sumergió plácidamente en sus imaginaciones y fantasías , soñando
con su gran obra maestra.

Cerca del alba, lo despertaron unos cantos sublimes. Se preguntó ¿Serían
los ángeles? Se desperezó, se estiró y se asomó hacia los cantos con
cautela. Lo que vio lo dejó petrificado: en el coro y el transepto de aquel
gran edificio masónico, una multitud de dignidades y oficiales masones
participaba en una solemne ceremonia masónica. Intrigado y desconcertado,
nuestro masón no alcanzaba a comprender qué significaba aquello.

Conociendo las costumbres de la Masonería, se dio cuenta de que estaba
presenciando la consagración del fuego de solsticio de verano . Miró hacia
las naves laterales y vio los estandartes de las Logias de los masones
presentes. Allí estaba él, escondido en su refugio temporal, asistiendo
como testigo masón invisible a la sacralización del Evento Solsticial que
pensó había el mismo había ayudado a elaborar… o que al menos había soñado
en hacerlo.

El Masón Saulo Martínez , se dijo a sí mismo, con cierta satisfacción:
“Decididamente, he masónicamente trabajado bien… mis sueños e imaginaciones
se ha hecho realidad”. Sólo que él no estaba entre las filas de los
verdaderos masones constructores de la Tenida Solsticial , que algunos
masones le llaman la fiesta masónica de San Juan Bautista .

En realidad , todo estaba en la imaginación del hermano masón Saulo
Martínez , el evento jamás ocurrió en la realidad. Pero para el hermano
masón Saulo era real.

Como Masón, agrego mi punto de vista

Esta alegoría del masón dormido es un espejo incómodo pero necesario.
Gurdjieff y Ouspensky insistían en que la gran mayoría de los seres humanos
viven en un estado de “sueño mecánico”. Se mueven, hablan, trabajan y hasta
sueñan, pero lo hacen de forma automática, sin verdadera presencia ni
conciencia. Nuestro masón representa exactamente ese “hombre-máquina”: cree
estar construyendo algo grande en masonería (su propia evolución interior),
pero en realidad sólo duerme y sueña que construye.

J.G. Bennett, discípulo de Gurdjieff, hablaba de los diferentes niveles de
atención y de cómo el hombre debe realizar un esfuerzo consciente para
“despertar”. El sueño del hermano masón Saulo Martínez simboliza la
identificación con la personalidad falsa: sueña con ser un gran francmasón
constructor, recibe elogios imaginarios y se cansa de un trabajo que nunca
realizó. Mientras tanto, el Templo real (el Templo interior y el trabajo
colectivo) se consagra sin él.

En la tradición sufí y en el zen se repite la misma enseñanza: el mayor
obstáculo no es la pereza externa, sino el sueño interior. Mientras
dormimos, la vida (y la Obra) continúan sin nosotros.

El relato es una llamada de atención amorosa y firme para todo masón. Es
muy fácil llegar a la logia por costumbre, cumplir los rituales de forma
mecánica, presentar planchas brillantes y creer que se está avanzando. Pero
si no hay presencia consciente, si no hay trabajo real sobre uno mismo,
sólo estamos durmiendo en un rincón del Templo mientras la verdadera Obra
se realiza a nuestro alrededor.

La consagración masónica del fuego del Solsticio de Verano sin que el masón
dormido esté realmente presente simboliza algo profundo: la iniciación y
la evolución espiritual no esperan a que despertemos. El Templo se
construye con o sin nosotros. El que duerme puede despertarse un día y
descubrir que la ceremonia ya ha terminado, que otros han colocado las
piedras que él soñó poner, y que su lugar entre los constructores ha
quedado vacío.

La verdadera masonería exige presencia. Exige estar despierto cuando se
golpea el mazo, cuando se forma la cadena de unión y cuando se pronuncian
las palabras sagradas. Sólo el masón despierto construye el Templo Interior
y contribuye al gran Templo de la Humanidad.

Que este cuento nos despierte: mientras dormimos en nuestro rincón
favorito, soñando con ser grandes maestros, la ceremonia de Solsticio de
Verano, para muchos masones la ceremonia más relevante de la Masonería se
consagra sin nosotros… y la vida masónica sigue su curso.

Moraleja

Todo el mundo tiene derecho a dormir, pero mientras dormimos, el mundo (y
la Obra) continúa sin nosotros. Despierta, masón. La Masonería no se
construye en sueños.



Gurdjieff (George Ivanovich Gurdjieff, 1866-1949) no dedicó páginas enteras
ni capítulos específicos a la masonería en sus obras principales. No era
masón declarado, ni recomendaba ingresar a logias como vía de trabajo. Sin
embargo, su sistema (conocido como el Cuarto Camino) contiene ideas,
símbolos y exigencias que muchos de sus discípulos y estudiosos posteriores
han relacionado, de forma natural y profunda, con la esencia simbólica y
práctica de la masonería.

Lo que dicen directamente sus obras

En Beelzebub’s Tales to His Grandson (el libro más importante de
Gurdjieff), no hay menciones explícitas a la masonería. El texto es una
sátira cósmica y una crítica feroz a las instituciones humanas, incluidas
las “sociedades pseudo-esotéricas” de su época. Gurdjieff critica duramente
a las organizaciones que prometen iluminación pero que, en la práctica, se
convierten en máquinas de sueño colectivo y vanidad.

En Meetings with Remarkable Men, relata sus viajes y encuentros con
maestros y grupos esotéricos. Habla de “escuelas” de conocimiento real que
existían en diferentes tradiciones, pero no nombra logias masónicas.
Algunos lectores han visto paralelismos con ciertas corrientes rosacruces o
paramasónicas que Gurdjieff pudo haber conocido en sus viajes por Europa y
Oriente Medio, pero él nunca lo confirma.

En las conversaciones recogidas por Ouspensky en En busca de lo milagroso y
en las charlas de Views from the Real World, Gurdjieff tampoco habla
directamente de la masonería. Su enfoque era otro: crear un camino nuevo
que no dependiera de ninguna institución tradicional.

Paralelismos y resonancias profundas

Aunque Gurdjieff no escribió sobre la masonería, sus ideas encajan de
manera sorprendente con algunos de sus símbolos y objetivos más esenciales:



La Piedra Bruta y la construcción del Templo Interior

Gurdjieff insistía en que el hombre ordinario es una “máquina” (un conjunto
de “yoes” mecánicos) y que el verdadero trabajo consiste en “cristalizar”
un “Yo Real” o “Cuerpo Superior”. Esto resuena fuertemente con el símbolo
masónico de tallar la Piedra Bruta para convertirla en Piedra Cúbica. Tanto
Gurdjieff como la masonería usan la metáfora de la construcción: no se
trata de edificar algo externo, sino de transformar el propio ser.

El Trabajo Consciente y el Sufrimiento Voluntario

Gurdjieff hablaba de “trabajo consciente” y “sufrimiento intencional” como
las dos fuerzas necesarias para despertar. En masonería, esto se refleja en
el esfuerzo por dominar las pasiones, en el “sufrimiento” simbólico de las
pruebas iniciáticas y en la disciplina diaria de pulir el carácter.

Los Tres Centros y la Armonía

Gurdjieff dividía al hombre en tres centros (intelectual, emocional y
motor/instintivo). Para él, la evolución real exige equilibrarlos. En la
masonería, los tres Grandes Luces (Libro de la Ley, Escuadra y Compás) y
los tres Principios (Sabiduría, Fuerza y Belleza) apuntan a una armonía
similar.

El “Hombre Nº 4” y el Maestro Masón

Gurdjieff describía al “Hombre Nº 4” como aquel que comienza a tener un
centro magnético y una voluntad naciente. Muchos masones ven en el grado de
Maestro un paralelo: ya no es sólo un Aprendiz o Compañero que recibe
enseñanza; es alguien que debe comenzar a “construir” por sí mismo y ayudar
a otros.



J.G. Bennett (discípulo directo de Gurdjieff) fue uno de los que más
explícitamente relacionó ambos mundos. En sus escritos y conferencias,
Bennett veía en la masonería operativa medieval y en algunos rituales
especulativos una forma de “escuela” similar al Cuarto Camino: un trabajo
práctico, colectivo y simbólico destinado a producir un cambio real en el
ser humano.

Gurdjieff hacia masonería porque su enseñanza era, en esencia, una
masonería interior radical. Él buscaba rituales en sus danzas y música,
sentía debería hacer una transformación que fuera tan concreta como tallar
una piedra. Para él, la mayoría de las logias (como la mayoría de las
iglesias o escuelas esotéricas) estaban destinadas a despertar la
consciencia, pero tendían a estar con “personas psicológicamente
dormidas”: repetían formas sin producir nuevos seres despiertos.

Así, una masonería viva —aquella que realmente trabaja la Piedra Bruta, que
usa los símbolos para despertar y no para decorar, que exige presencia
consciente en cada tenida— sería muy cercana al espíritu del Cuarto Camino.
Gurdjieff habría aprobado a un masón que, en lugar de acumular grados, se
dedica a “cristalizar” un Yo Real y a servir como “piedra angular” para los
demás.

El mensaje más poderoso que Gurdjieff nos deja para la masonería es este:

No basta con pertenecer a una logia.

No basta con conocer los rituales.

No basta con llevar el mandil.

Hay que despertar dentro del ritual. Hay que convertir cada golpe de mazo
en un golpe consciente sobre el propio ego. Hay que transformar la logia en
un verdadero taller donde se fabrique “hombres nº 4” o, en lenguaje
masónico, verdaderos Maestros Masones.

Si la masonería quiere reencontrar su fuerza en el siglo XXI, haría bien en
escuchar a Gurdjieff: menos ceremonia mecánica y más trabajo sobre sí;
menos grados de oropel , menos títulos pomposos para masones, y más
presencia; menos “sociedad” y más escuela de ser.

Alcoseri



¿Están los orígenes de la Masonería en Los Collegia Fabrorum?

Durante siglos se ha investigado por masones e historiadores sobre el
origen de la Masonería, no hay documentos fiables que den cuenta precisa de
donde surgió la Masonería el registro más antiguo es de la Logia de
Edimburgo (Mary's Chapel) No1 datan su fundación en el año de 1599. La
masonería escocesa es considerada la cuna de la masonería moderna, con sus
raíces en el siglo XV-XVI. La Logia Madre Kilwinning n.° 0 (Mother
Kilwinning Lodge No. 0) es ampliamente reconocida como la logia más antigua
del mundo en tradición, pero no hay registros escritos de su fundación. Lo
que sucedió en Londres en 1717 fue que 4 logias masónicas ya con años de
estar operando se confederaron en una Gran Logia. En la ciudad de México en
pleno Zócalo fue quemado vivo Guillén de Lampart acusado de masón en el
año de 1659, datos proporcionados por el historiador Vicente Riva Palacio .

Otra de las tantas Teorías del origen de la Masonería es la del Gremio de
Albañiles del Imperio Romano, los Collegia Fabrorum , y es de lo que
trataremos hoy.



En nuestra sociedad profana, al igual que en las sociedades iniciáticas de
las masonerías regulares e irregulares , existen individualidades movidas
por una curiosidad sana y profunda. No se trata de esa curiosidad malsana
que husmea en la vida ajena buscando sólo lo sórdido.

Nuestro hermano masón Pablo Lijas pertenecía a una clase de buscadores
sinceros un curioso legitimo si se quiere ver asi.



Lo que le interesaba era descubrir documentos sobre el verdadero origen de
la masonería. No se conformaba con las explicaciones oficiales tan usadas
en Logias, que solían adaptar la historia según su propia cultura. Para
algunas, la masonería había nacido de cuatro logias inglesas que se reunían
a beber en una taberna; aquello le parecía demasiado simple, casi una
leyenda más. Otros, incluso un clérigo inglés, que afirmaban que habían
sido extraterrestres los que introdujeron el concepto masónico en la
Tierra. Había mucha literatura maravillosa, pero poco rigurosa. «Buscad y
encontraréis…»

Nuestro hermano fue recompensado por su perseverancia. Una noche, durante
los ágapes, un hermano le comentó:

— Pablo, deberías visitar el sótano de la Logia Tricentenario # 85. Allí
hay un archivo masónico que duerme desde hace más de 100 años.

Efectivamente, encontró documentos que relataban la llegada de la masonería
a los salones y guarniciones de su ciudad a mediados del siglo XVII,
gracias a los intercambios comerciales con Escocia. Nada extraordinario.
Ahí, entre los documentos de sótano de aquella Logia descubrió que la
catedral de su ciudad había sido construida con la ayuda de masones
ingleses ya en el siglo XI. Debido a los bombardeos de la última guerra,
parte de los archivos habían sido trasladados al obispado para su
protección.

Todo el mundo conoce la antigua tensión entre la Iglesia y la masonería.
Para Pablo, pedir acceso a esos documentos era delicado. Tras una noche de
reflexión, su deseo de saber venció cualquier reparo. Ir al obispado no
podía ser un obstáculo para su búsqueda.

Un jueves por la tarde tuvo lugar el encuentro entre la sotana y el mandil.
La primera conversación fue más bien un round de observación. Cuando Pablo
pidió al abad permiso para consultar el fondo masónico, el sacerdote se
sorprendió al ver a un masón presentarse abiertamente. Pablo, intuyendo su
incomodidad, le explicó con calma que en su ritual utilizaban la Biblia
abierta en el salmo 133, y que el Gran Arquitecto del Universo era una
forma respetuosa de referirse a Dios sin herir sensibilidades. Aquello
tranquilizó al abad, quien puso a su disposición un viejo baúl repleto de
cuadernos, hojas sueltas y cajas de cartón llenas de documentos.

Pablo quedó sorprendido al encontrar, en una de aquellas cajas, los
decorados de Caballero Rosacruz y el ritual de una logia desaparecida hacía
mucho tiempo.

Durante años, Pablo visitó regularmente al abad archivista. Entre ambos
surgió una corriente de respeto mutuo. El abad le explicaba el simbolismo
de los colores de las vestiduras eclesiásticas; Pablo le compartía su
comprensión de Dios. Lo que realmente los unió fue el reconocimiento
sincero de que ambos servían, a su manera, a una misma búsqueda de lo
sagrado. El abad seguía llevando sotana y Pablo se definía como masón
tradicionalista, aclarando que no era “un come curas”. Esa sinceridad abrió
puertas que el prejuicio había cerrado durante siglos.

Trabajad y tomad pena. Pablo, siempre con la nariz metida en los sótanos de
aquel obispado, dio con un legajo de hojas escritas con una letra difícil
de descifrar. Se instaló en la mesa improvisada destinada para Pablo y sus
textos amarillentos . El texto estaba en latín, pero no el de la liturgia
católica: era un latín más antiguo. Pablo y el latín eran como agua y
aceite, así que pidió ayuda al abad archivista.

Dos o tres meses después, el abad lo llamó para entregarle su traducción.
He aquí algunos extractos:

«Mi querido Pablo, vuestra masonería se remonta al menos a los Collegia
Fabrorum y a las sociedades de constructores de la Antigua Roma. Según este
texto, estas confraternidades habrían surgido con la construcción de Roma,
aunque es difícil dar una fecha precisa. También debo señalar que todas
estas cofradías de constructores tenían como dios protector a Jano, el
bifronte. Hay además un pequeño tratado de metafísica sobre la Tradición
Primordial. Confieso mis divergencias con este texto: la Tradición
Primordial es la transmisión de un mensaje cuya fuente no es de naturaleza
humana. Todos los hombres son potencialmente portadores de ese mensaje, que
debería despertar a la humanidad hacia una realidad diferente de la
cotidiana. Ahí encuentro, en parte, la enseñanza de Cristo. Pero donde soy
más reticente es en creer que esta Tradición sólo concierne a una minoría
que vosotros llamáis “iniciados”. Para mí, Pablo, Cristo es universal. Hay
también un Texto que he traducido lo más fielmente posible; me parece que
se trata de un ritual, pues habla de prácticas que abren la Puerta de los
Dioses.»

El Abad tomó el Texto, leyó algunos pasajes y le dijo a Pablo:

— Parecéis escéptico Pablo , y Pablo dijo : durante la Elevación, ¿no abrís
también vosotros, mediante la transubstanciación, la Puerta de Cristo?

Durante meses, Pablo estudió la traducción de aquel antiguo ritual y
practicó los ejercicios espirituales que prescribía, aunque al principio
temía estar practicando una especie de magia.

Fue un detalle aparentemente insignificante el que le hizo comprender que
había cambiado: lo notó en la mirada de los demás. Su presencia parecía
cautivar; su mirada y sus palabras adquirieron una profundidad que antes no
tenían. El fenómeno se repitió en varias ocasiones.

Fue en un sueño donde Pablo lo entendió todo. Había abierto la Puerta de
los Dioses. Pasando del Dios Jano, con sus dos rostros orientados al este y
al oeste (el mundo binario), había accedido al rostro oculto del norte: el
ternario. Había reencontrado la Palabra Perdida y retomaba la misión que el
Gran Arquitecto del Universo había confiado a Adán: cumplir el Plan Divino.
Su palabra se había vuelto creadora.

Tiempo después visitó nuevamente al abad y le dijo:

— Gracias a usted y a su traducción comprendo mejor la iconografía
religiosa y por qué los santos llevan aureola. Por mi iniciación masónica
había recibido la Luz, pero nunca esa Luz había llenado mi cuerpo y mi
espíritu. Es un poco mi Pentecostés.

El abad sonrió:

— No blasfemes, Pablo… pero en el fondo, estamos más cerca de lo que parece.

Años más tarde, Pablo siguió frecuentando las logias, pero nunca habló de
su grado de avance. En cambio, sí compartió sus adquisiciones con su
entorno, ayudando a distinguir a los falsos masones de aquellos sinceros y
verdaderamente deseosos de alcanzar una iniciación auténtica.

Hace algunos años, Pablo paso a ocupar su plaza y columna en el Eterno
Oriente. Sin embargo, no hace mucho tiempo, algunos masones afirman haberlo
visto como visitante en numerosas logias, el mismo día, hablando de la
Palabra Creadora. Pero ya se sabe… las leyendas tienen ese misterio .

Como Masón, agrego mi visión

La historia nos enseña que la verdadera búsqueda iniciática no respeta
fronteras institucionales. Cuando el buscador sincero abandona el
dogmatismo (“mi obediencia dice esto”) y se abre con humildad a otras
fuentes de sabiduría, puede producirse un encuentro fértil. El diálogo
entre Pablo y el abad muestra que la Tradición Primordial trasciende las
divisiones aparentes entre masonería e Iglesia: ambos sirven, a su manera,
al mismo Misterio.

Pablo descubre que la Palabra Perdida no es una fórmula mágica, sino un
estado de ser: cuando la palabra se alinea con el corazón y la acción, se
vuelve creadora. Eso es lo que Gurdjieff llamaba “el Verbo consciente”. Ya
no habla desde el ego, sino desde una presencia más profunda que toca a los
demás sin esfuerzo.

La lección final es hermosa y exigente: la masonería no se agota en los
rituales ni en los grados. Su esencia está en esa búsqueda incansable que
lleva al hombre a reencontrar su misión original: ser co-creador junto al
Gran Arquitecto, cumpliendo el Plan Divino aquí en la Tierra.

Mientras existan masones como Pablo Lijas que se atrevan a buscar más
allá de lo establecido, la cadena iniciática seguirá viva, aunque a veces
deba esconderse en archivos polvorientos o en conversaciones inesperadas
entre una sotana y un mandil.

Buscad y encontraréis… pero buscad con el corazón abierto y sin prejuicios.
La Palabra Perdida no se encuentra en los libros ni en los rituales
externos, sino en el encuentro sincero entre tradiciones que, en
apariencia, se oponen. Cuando dos buscadores se reconocen más allá de sus
diferencias, la Luz se hace más fuerte

Los Collegia Fabrorum (o “colegios de los artesanos/fabricantes”) fueron
asociaciones o corporaciones de artesanos y constructores en la antigua
Roma. Se les considera uno de los posibles antecedentes históricos más
antiguos de las organizaciones que luego darían origen a la masonería
operativa medieval y, por extensión, a la masonería especulativa moderna.

¿Qué eran exactamente los Collegia Fabrorum?

Según las fuentes históricas (Plutarco, Plinio y otros), el rey Numa
Pompilio (sucesor de Rómulo, alrededor del siglo VII a.C.) organizó a los
artesanos de Roma en colegios o gremios profesionales llamados collegia.
Entre ellos destacaban los Collegia Fabrorum, dedicados principalmente a
los oficios de la construcción: canteros, carpinteros, albañiles,
arquitectos y trabajadores relacionados con la edificación de templos,
monumentos públicos y obras civiles.

Estos colegios no eran sólo grupos laborales. Tenían características que
los acercan a las futuras guildas medievales:



Organización interna — Elegían sus propios oficiales (magistri), tenían
reglas propias, fondos comunes (arca) y celebraban asambleas.

Aspecto religioso — Cada colegio tenía un dios protector (en el caso de los
fabrorum, a menudo se asociaba con Jano Bifronte, dios de las puertas y los
comienzos, o con divinidades relacionadas con la construcción). Realizaban
ritos, banquetes y ceremonias religiosas.

Privilegios — Gozaban de ciertos derechos legales: podían tener
personalidad jurídica, enterrar a sus miembros y, en algunos casos, estaban
exentos de ciertas obligaciones fiscales.

Transmisión de conocimiento — El saber técnico (geometría, técnicas de
construcción, uso de herramientas) se transmitía de maestro a aprendiz de
forma práctica y secreta dentro del grupo.



Con la expansión del Imperio Romano, estos colegios se extendieron por las
provincias, acompañando a las legiones y participando en la construcción de
ciudades, acueductos, anfiteatros y templos.

Relación con la Masonería

La conexión entre los Collegia Fabrorum y la masonería es histórica y
simbólica, pero no una línea directa e ininterrumpida como a veces se
presenta en las leyendas masónicas. Aquí va un resumen claro y equilibrado:



Antecedentes operativos

Los colegios romanos de constructores son vistos como uno de los modelos
organizativos que influyeron en las guildas de constructores medievales
(especialmente en Inglaterra, Francia y Alemania). Estas guildas de
“masones libres” (free-masons) construyeron las grandes catedrales góticas
y conservaron secretos técnicos, símbolos y formas de organización
fraternal. Muchos historiadores masónicos (como Albert Mackey o autores del
siglo XIX) ven en los Collegia Fabrorum el germen de esa tradición
operativa.

Elementos comunes

Transmisión secreta de conocimientos técnicos y simbólicos.

Estructura jerárquica (aprendices, oficiales, maestros).

Aspecto fraternal y mutualista (ayuda entre miembros, funerales dignos).

Uso de símbolos (herramientas de construcción como la escuadra, el compás,
el nivel, etc.).

Ceremonias y ritos de admisión.



Lo que no es directo

No existe una prueba documental de que los Collegia Fabrorum sobrevivieran
intactos hasta la Edad Media ni de que transmitieran directamente rituales
especulativos. Con la caída del Imperio Romano de Occidente, muchos
colegios desaparecieron o se transformaron. Las guildas medievales
surgieron en un contexto cristiano y feudal diferente. La masonería
especulativa (la que conocemos hoy, con énfasis filosófico y simbólico)
surgió principalmente en Inglaterra y Escocia entre los siglos XVII y
XVIII, cuando personas no operativas (nobles, intelectuales) fueron
admitidas en las logias de constructores.



Autores como René Guénon o historiadores más rigurosos ven en los Collegia
un eslabón importante en la cadena de las “corporaciones de oficio” que
preservaron saberes tradicionales, pero advierten contra las
reconstrucciones románticas que pretenden una continuidad lineal perfecta
desde Roma hasta la masonería moderna.

¿Por qué interesa tanto a los masones?

Porque conecta la masonería con una de las grandes civilizaciones de la
Antigüedad y le da un aura de antigüedad y legitimidad. El simbolismo de la
construcción (edificar templos, tanto físicos como espirituales) encaja
perfectamente con la idea masónica de “construir el Templo interior” y
mejorar la humanidad.

En resumen:



Los Collegia Fabrorum fueron corporaciones romanas de constructores con
organización, ritos y transmisión de saber.

Influyeron en las guildas medievales de masones operativos.

Sirven como eslabón histórico y simbólico en la larga cadena que lleva a la
masonería moderna, aunque la transición hacia la masonería especulativa fue
un proceso gradual y complejo, no una herencia directa.

Alcoseri

La Masónica Cámara del Silencio

Érase una vez, en un Oriente incierto y en una Logia sin Nombre, la vida
iniciática de dos hermanos que trabajaban en un rito olvidado por la
mayoría de los masones. Uno era un sencillo carpintero llamado Leonardo
que manejaba el cincel, la garlopa y el formón. El otro era Sebastián un
abogado de renombre que manejaba las palabras para extraer lo que creía ser
la Verdad y, sobre todo, la quintaesencia de la Palabra Perdida.

Cada uno vivía su masonería según su temperamento, su bagaje cultural, su
carácter y sobre todo su nivel de ser. En el fondo de ambos aún quedaban
algunos restos de metales que, a pesar de todo, entraban en el Templo.

Regularmente, el hermano abogado presentaba planchas. Ponía un punto de
honor en ofrecer a los hermanos lo que a veces se llama, con cierto abuso,
“trozos de arquitectura”. Sin decirlo, se había convertido en un tenor, en
un notable de la logia, superando a veces incluso la autoridad de las tres
Luces.

Como mandaban las costumbres de la Logia sin Nombre, una vez al año los
Maestros Masones debían presentar un trabajo ante los demás. El hermano
carpintero no faltó a su deber.

Llegado el día, nos habló de su caja de herramientas y de los instrumentos
propios de su oficio. Las primeras reacciones fueron de sorpresa e incluso
de incredulidad. De virutas en serrín, de tablas torcidas, de espigas y
mortajas, nuestro hermano hizo reflexionar a todo el taller. Especialmente
cuando explicó que no era sólo su mano, a través de las herramientas, la
que transformaba la materia, sino también su corazón. Ponía un punto de
honor en hacer una obra bella, permaneciendo simple y anónimo, considerando
que el mérito pertenecía a sus herramientas y, sobre todo, al Gran
Arquitecto del Universo.

Al final de su exposición, la Palabra no circuló. Fue el silencio el que se
instaló, un silencio que invitaba a la reflexión y hasta a la meditación.
Para muchos hermanos inspiró cuestionamientos profundos; para otros, la
incomprensión ante una plancha tan sencilla que rompía con las costumbres
habituales. Una realidad desnuda se les ofrecía, lejos de los discursos
rebuscados, y eso era precisamente lo más difícil de aceptar. Al hablar de
sus herramientas, el hermano carpintero había abierto la caja del Corazón.

Varios meses después, manteniendo la continuidad de aquel rito masónico
olvidado, la logia debía proceder a una prueba especial reservada
exclusivamente a los Maestros Masones que, tras un tiempo prudencial en la
Maestría, demostraban verdadera disposición para profundizar. No era la
Puerta Baja (reservada sólo a los postulantes a la iniciación ), sino una
prueba distinta y más exigente: el Pasadizo Angosto.

El día señalado, el Gran hermano experto convocó a los elegidos. Nuestros
dos hermanos fueron despojados de todo lo que pudiera crear ilusión:
mandiles, bandas, collarines , trajes sastre bien cortados, zapatos y
demás metales. Descalzos y vestidos con una sencilla túnica blanca, fueron
conducidos a la entrada de un estrecho pasadizo excavado en la roca.

— Hermanos míos —les dijo el hermano experto—, vais a entrar en un espacio
donde las palabras sobran. El camino es tan angosto que sólo podréis
avanzar a gatas (andar en cuatro patas, gatear , avanzar gateando, ir a
gatas), casi arrastrándoos. Al final os espera una Cámara Secreta. Allí, en
completo silencio, recibiréis una instrucción que no se puede transmitir
con palabras, sino sólo con la experiencia directa de la humildad y el
vacío interior.

El pasadizo era tan bajo y estrecho que los hermanos debían avanzar con la
frente casi pegada al suelo, y a veces pecho a tierra, sintiendo la roca
fría y áspera contra las rodillas y las manos. La oscuridad era total. No
había luz, ni sonido, ni espacio para erguirse. Cada metro recorrido se
convertía en un acto de rendición: el orgullo del abogado y la seguridad
del carpintero se iban quedando atrás, raspados contra las paredes de
piedra y el piso , el tiempo transcurrido fue de varios minutos que
parecieron horas de angustia .

Asi, después de un tiempo que pareció eterno, el pasadizo se abrió a una
pequeña cámara secreta iluminada sólo por una débil lámpara de aceite.
Allí no había símbolos, ni muebles, ni adornos. Sólo un círculo de piedra
en el suelo y, en el centro, un sencillo taburete de madera.

Los dos hermanos se sentaron. El silencio era tan denso que parecía tener
peso propio. Nadie hablaba. El hermano instructor, un anciano de rostro
sereno, que los esperaba en la cámara , simplemente los miró durante largo
rato. Luego, con gestos lentos, les indicó que cerraran los ojos y
permanecieran inmóviles, les indicó que parar su parloteo mental, que ahí
el intelecto salía sobrando, le dijo .

En aquella cámara, el tiempo se disolvió. No había planchas que preparar,
no había grados masónicos, no había baterías de júbilo , ni discursos que
pronunciar, ni egos que alimentar. Sólo el silencio y la humildad
absoluta. Allí comprendieron que la verdadera Maestría masónica no consiste
en saber más, sino en ser menos: menos vanidoso, menos hablador, menos
necesitado de reconocimiento.

Horas después, cuando salieron del otro lado de la cámara por una puerta
de tamaño normal de ese lugar de absoluto silencio , sus rostros habían
cambiado. El vanidoso abogado ya no caminaba con la seguridad del gran
orador; el encogido carpintero ya no se sentía inferior, ambos estaban
masónicamente a nivel. Ambos irradiaban una misma cualidad: una humildad y
sobriedad profunda y serena.

De regreso en las columnas, parecían cualquier otro masón, sólo en
apariencia, ya que algo les había impactado profundamente. El cambio más
importante había ocurrido en su interior, en un lugar inefable que las
palabras no alcanzan a describir.

Los días siguieron, la Logia sin Nombre continuó sus actividades. Poco
numerosa en sus columnas, reservaba el Pasadizo Angosto sólo a aquellos
Maestros que, tras un tiempo prudencial, mostraban verdadera disposición
para profundizar. Y así, de hermano en hermano, se transmitía esta prueba
silenciosa que no otorga pomposos títulos, grados masónicos de oropel ,
pero sí transforma el ser desde su interior.

Esta historia me la contó un viejo masón llamado Manuel. Me veía buscando
incansablemente en numerosos libros, cambiando regularmente de rituales e
incluso buscando datos en Internet. Un día, tomándome aparte, iluminó un
poco más mi camino masónico y me dio la dirección correcta a seguir.
Desgraciadamente para mí, todavía no he encontrado la Onírica Logia sin
Nombre…

Esta prueba del Pasadizo Angosto es una hermosa historia que encaja
perfectamente con la enseñanza más profunda de la masonería y de las más
antiguas tradiciones iniciáticas.

Los Grandes iniciados de la Antigüedad insistían en que el hombre vive
“soñando despierto”, identificado con su falsa personalidad mecánica. Y que
sólo mediante un trabajo consciente y un “sufrimiento voluntario” (como
arrastrarse por un espacio estrecho) se puede despertar y comenzar a
construir un “Yo más Real”. El pasadizo representa ese esfuerzo físico y
simbólico: obliga al cuerpo a humillarse, al ego a callar y a la mente a
rendirse.

Gurdjieff, hablaba de los “choques” necesarios para romper la mecanicidad
de la Vanidad del Falso Ego. Avanzar a gatas en la oscuridad es un choque
perfecto: elimina la verticalidad orgullosa del hombre y lo obliga a
experimentar la vulnerabilidad y la dependencia. Sólo desde esa humildad
radical puede abrirse la verdadera instrucción interior.

En muchas tradiciones como en el sufismo islámico ( esa escuela esotérica
del mundo musulmán ), existe la idea de la “vía estrecha” o del “camino de
la aguja” el Bab- Al - Tawadu: un pasaje donde el ser debe despojarse de
todo lo superfluo para poder entrar. La Cámara Secreta simboliza el
“centro” donde sólo reina el silencio y donde se recibe una enseñanza que
no pasa por las palabras, sino por la experiencia directa del vacío y la
presencia.

La prueba del Pasadizo Angosto es magistral porque une lo físico con lo
espiritual de forma contundente. No se trata de un ritual vistoso ni de un
discurso brillante: es un acto de humillación voluntaria que obliga al
Maestro a recordar que, por muy avanzado que esté en grados, sigue siendo
un ser humano frágil y dependiente. El hermano masón Manuel me dijo que
esta prueba masónica para él significa el final de la vida física y el paso
al más allá , y que al igual que nacemos por una puerta estrecha vaginal ,
terminamos por la puerta estrecha de la tumba , donde todo ego y vanidad
finalmente se disuelven .

El carpintero y el abogado, tan diferentes en su vida profana, salen
transformados por igual. La humildad no distingue entre profesiones ni
entre inteligencias: nivela a todos ante lo Sagrado.

Esta prueba nos recuerda que la verdadera Maestría no se mide por lo que
sabemos o por los cargos que ocupamos, sino por nuestra capacidad de
callar, de arrastrarnos cuando es necesario y de recibir la instrucción en
el silencio más profundo.

En un mundo ruidoso y lleno de egos, la masonería necesita más Pasadizos
Angostos: espacios donde el hermano pueda desprenderse de su “yo” inflado y
reencontrarse con su esencia desnuda.

Que este relato nos invite a preguntarnos: ¿estamos dispuestos a
arrastrarnos por el pasadizo estrecho de la humildad para poder entrar en
la Cámara Secreta de nuestro propio corazón?

Moraleja

Muchos recordarán el libro de la Ley en este cuento masónico iniciático:

13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el
camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14
porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y
pocos son los que la hallan. (Lucas. 13.24)



No es el que más habla ni el que más brilla quien alcanza la verdadera
Maestría Masónica, sino aquel que acepta arrastrarse a avanzando a gatas
en silencio y humildad para recibir la instrucción que sólo se da en la
oscuridad y el vacío interior, y finalmente salir transformado, trasmutado
y finalmente transfigurado.

Alcoseri

¿



El paso hacia el Eterno Oriente

Érase una vez dos masones que habían completado, con el paso de los años,
el circuito iniciático en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Para ambos,
el grado 33 representaba la culminación de sus ambiciones masónicas.

A veces ocurre lo que unos llaman destino, otros azar y el común de la
gente mala suerte. Lo cierto es que, aunque vivían lejos el uno del otro,
murieron el mismo día y a la misma hora.

Así, ambos se presentaron juntos ante el Gran Guarda Templo del Universo.

— ¡Buenos días, hermanos! Los Voy a Retejar. Dadme todas las palabras de
paso de vuestro Rito, además de signos , toques.

Una vez entregadas, el Gran Guarda Templo continuó:

— Ahora tomad el camino que tenéis delante. Si todo va bien, seréis
recibidos por el mismísimo Gran Arquitecto del Universo. Pero antes, llevad
vuestras mochilas de Compañeros, las necesitaréis, porque al final del
camino os espera el Gran Experto del Universo, quien os inspeccionará.

Nuestros dos compañeros emprendieron el sendero. Al principio no presentaba
dificultad alguna, pero a medida que avanzaban, el paso se hacía más
pesado… y también la mochila. Al entrar en un bosque, la angustia de no
tener ningún punto de referencia los obligó a detenerse un momento.
Aprovecharon para mirar dentro de sus mochilas, tratando de entender por
qué pesaban tanto. No había nada visible, pero una de las dos parecía
notablemente más ligera que la otra.

Tras el breve descanso, reanudaron la marcha. Lo que más les intrigaba era
el silencio absoluto del bosque: ni cantos de pájaros, ni crujidos de
ramas, ni sonidos lejanos. Nada que diera una pista geográfica. No había
cielo, ni día, ni noche, y sin embargo caminaban hacia un lugar preciso,
aunque ellos aún no lo sabían.

En ese mundo, el tiempo carecía de importancia. Caminaron largo rato hasta
que, a lo lejos, divisaron una silueta que parecía esperarlos. Apresuraron
el paso y desembocaron en una vasta explanada. La silueta se transformó en
el Gran Experto del Universo.

Sin pronunciar palabra, este sopesó las mochilas. Luego, con una frase
breve, les pidió que le comunicaran de nueva cuenta todos los signos,
palabras y toques de todos los grados del Rito. Una vez cumplido, con su
espada flamígera les indicó el camino a seguir. Ahora el cielo tenía un
claroscuro que facilitaba la marcha.

Mientras caminaban, su atención fue atraída por el sonido de un río que
parecía tumultuoso. El estruendo crecía a medida que se acercaban. De
pronto, ante ellos se abrió una gran explanada y, cruzando el río, un
enorme puente cuya otra orilla no se veía. La entrada del puente era
amplia, pero en el centro el tablero se estrechaba hasta ofrecer sólo un
paso muy angosto.

Al llegar a la mitad, miraron a ambos lados y quedaron estupefactos: el río
estaba dividido en dos. A la derecha corría un agua límpida y transparente;
a la izquierda, un agua turbia, humeante y maloliente. A la perplejidad
siguió la angustia.

Durante su actividad masónica terrenal habían visto cosas muy extrañas,
pero nunca algo como aquello. Además, el peso de las mochilas aumentaba
cada vez más, aunque una de ellas seguía siendo notablemente más ligera. La
inquietud se apoderó de uno de los dos.

Era imposible retroceder. Una fuerza invisible, unida a la curiosidad, los
impulsó a continuar. Al llegar al punto más estrecho, sin hacer ruido,
aparecieron los Juvelones esos tres malos compañeros, asesinos de Hiram el
Arquitecto. Se apoderaron de uno de los hermanos y lo arrastraron hacia las
aguas turbias y negras. Se hundió rápidamente, arrastrado por su mochila,
que se había vuelto extremadamente pesada.

El hermano que quedó, atónito, se preguntó qué sería de él. Un Maestro
Masón vestido de blanco le tomó la mano con suavidad pero firmeza y lo
obligó a seguir adelante. Como su mochila no estaba tan cargada, el puente
volvió a ensancharse. Aun así, la inquietud persistía. La mano del Maestro
Masón lo guiaba con seguridad por un sendero hundido pero bordeado de
flores perfumadas. Un poco más adelante, entrevió la silueta de una ciudad
cuyos contornos apenas distinguía.

Adivinando su pensamiento, el Maestro masón le susurró al oído el nombre
de aquella ciudad: la Jerusalén Celestial.

Delante de la puerta baja de la Jerusalén de Arriba, el Gran Retejador lo
interpeló:

— ¿Has actuado con Sabiduría? ¿Has utilizado la Fuerza para alcanzar tus
fines? ¿Has hecho de tu vida una obra de Belleza?

Podemos suponer que las respuestas fueron satisfactorias, porque la puerta
baja se abrió.

El Maestro Masón ya no estaba para guiarlo. Nuestro viajero tomó como
referencia las altas murallas que se veían en el horizonte.

Al llegar frente a un gran portal, instintivamente llamó veintisiete veces.
La puerta se abrió y, ante su asombro, se encontró frente a un ángel que le
preguntó:

— ¿Tienes Fe? ¿Has practicado la Caridad? ¿Qué esperas al venir aquí?

Desconcertado, el hermano evitó responder con prisa. Comprendió que el
ángel le pedía un examen de conciencia y que nada podía ocultar. En la vida
terrestre se pueden disimular defectos; en el mundo celestial, es
prácticamente imposible.

Terminado el examen, el ángel no dijo nada, pero le indicó la dirección a
seguir. Curiosamente, su mochila estaba ahora vacía. Con paso ligero y
confiado, continuó su camino. ¿Cuánto tiempo? Comprendió que en el mundo
celestial el tiempo ya no existía. Había leído en el Génesis que un día
podía equivaler a mil años. Su marcha se volvió más ligera, su cuerpo más
etéreo.

Al borde de un valle profundo se detuvo a observar. Lo que vio lo dejó
maravillado: un gigantesco arcoíris con colores de una intensidad
desconocida en la Tierra. Escuchó una voz que le ordenaba atravesar el
valle y buscar, al pie del arcoíris, las respuestas a las preguntas que se
había hecho durante su vida terrestre.

Reanudó la marcha por aquel valle profundo, húmedo y silencioso. Sólo
consigo mismo, llegó hasta uno de los pies del arcoíris. Allí encontró el
Tetragrámaton. Se inclinó tres veces ante el Nombre Sagrado, lo pronunció,
se levantó e hizo una serie de invocaciones a la gloria del Altísimo. Luego
continuó su camino hacia la Logia de Arriba, situada en la Jerusalén
Celestial.

Su trayecto se volvió más fácil y agradable, lleno de alegría. Se encontró
frente a una muralla y a un portal. Llamó tres veces veintisiete veces. La
puerta se abrió…

Pero lo que vio allí… quizá tú lo veas cuando llegues al Oriente Eterno.



Esta alegoría del puente es una de las más bellas y profundas que se pueden
encontrar en la literatura masónica contemporánea. Gurdjieff y Ouspensky
hablaban de los diferentes niveles de ser y de cómo el hombre debe
atravesar “puentes” interiores para pasar de un estado de conciencia a
otro. El puente del relato representa exactamente eso: el paso del mundo
terrenal al espiritual, donde el peso de la mochila (nuestras acciones,
defectos y méritos) determina si podemos cruzar o nos hundimos.

J.G. Bennett, discípulo de Gurdjieff, desarrolló la idea de los “puentes
sistémicos” y de cómo la evolución consciente requiere un esfuerzo
equilibrado entre los tres centros (intelectual, emocional y motor). En el
cuento, uno de los hermanos se hunde porque su mochila está demasiado
cargada de acciones desequilibradas; el otro logra cruzar porque, aunque
lleva algo de peso, su esfuerzo interior ha sido más armónico. Bennett
propuso que la comprensión de estructuras complejas (o "puentes" entre
diferentes aspectos de la realidad) no se logra sólo a través del análisis
cuantitativo, sino entendiendo la cualidad de las relaciones entre sus
partes.

En la tradición hermética y en muchas corrientes esotéricas (incluido el
sufismo y el cristianismo místico), el puente simboliza el “Sirat” o puente
del juicio: estrecho como un filo de espada, donde sólo quienes han
trabajado seriamente su ser pueden pasar sin caer.

El relato nos muestra con claridad que la iniciación no termina con el
grado 33. Ese grado es sólo un hito, no la meta final. El verdadero examen
ocurre después, cuando ya no hay disfraces ni excusas. La mochila que cada
uno lleva representa el balance de su vida: no sólo lo que hizo, sino cómo
lo hizo, con qué intención y con qué grado de conciencia.

El hecho de que uno de los hermanos se hunda mientras el otro cruza nos
recuerda que no basta con acumular grados o conocimientos. Lo que cuenta es
la calidad del ser. Un masón puede llegar al 33 y seguir siendo un
“Profano” en el plano espiritual si no ha transformado su naturaleza
interior.

La Jerusalén Celestial no es un premio automático. Es el resultado de un
trabajo constante de purificación. El puente se estrecha precisamente en el
centro porque ahí se decide todo: si predominan las acciones egoístas y
mecánicas (el agua turbia) o si hemos cultivado la sabiduría, la belleza y
la rectitud (el agua cristalina).

Al final, el mensaje es esperanzador y exigente a la vez: mientras estemos
vivos, todavía podemos aligerar nuestra mochila. Cada acto de generosidad,
cada momento de presencia consciente, cada vez que elegimos la rectitud
sobre la conveniencia, es un gramo menos de peso que llevaremos al cruzar
el puente.

Que este cuento nos invite a revisar, mientras aún estamos a este lado, qué
estamos cargando en nuestra mochila de Compañeros. Porque al final del
camino, sólo lo esencial podrá sostenernos.

Moraleja

No es el grado que alcanzamos lo que determina nuestro paso al Oriente
Eterno, sino el peso real de nuestra mochila interior. Trabaja hoy para
aligerarla con sabiduría, amor y rectitud. El puente espera a todos… pero
no todos logran cruzarlo.

Alcoseri



El Gran Poder de los Masones Invisibles

Cada viernes, nuestro hermano Pablo Lijas se dirigía a su Logia Madre.
Aquella costumbre lo reconfortaba y lo alejaba de las tensiones de su
trabajo diario. Sin embargo, desde hacía algún tiempo, aunque su cuerpo
llegaba puntualmente al Templo, su espíritu se quedaba atrás. Los problemas
profesionales lo perseguían incluso entre las Columnas. Los metales
profanos entraban en el recinto sagrado.

Nuestro hermano Pablo Lijas era un destacado político que enfrentaba un
grave problema de Estado. Una crisis política de gran magnitud amenazaba
con desestabilizar el país: tensiones internas, divisiones
irreconciliables, maniobras de poder que escapaban de control y un riesgo
real de ruptura institucional. La situación se volvía cada día más
incontrolable.

Como todos los viernes, saludó a los hermanos en Pazos Perdidos . Su
evidente contrariedad llamó la atención de Mariano Puente, un viejo masón
curtido en la Orden, político experimentado pero ya jubilado y hombre de
gran discreción.

— Te observo desde hace semanas y ya no reconozco al hermano jovial y
animado de antes. ¿Qué te ocurre? ¿Problemas familiares? ¿De salud? Puedes
contármelo, quizá pueda ayudarte.

— Eres muy amable, y agrego el Q:. H:. Pablo Lijas ; pero esto supera tus
posibilidades.

— Dime de todos modos. Después veré dijo el Q:. H:. Mariano .

El político masón le expuso el problema con la mayor claridad posible,
consciente de que se trataba de un asunto delicado de Estado. Mariano
Puente escuchó en silencio, reflexionó y entró en el Templo. Al final de la
tenida, antes de los ágapes, lo tomó aparte.

— Quizá pueda ayudarte, si estás de acuerdo. Pero por ahora no puedo
decirte nada. No lo tomes como secreto inútil, sino como incertidumbre
sobre si mi gestión dará resultado.

Los QQ:. HA:. Mariano Puente y Pablo Lijas se dirigieron entonces hacia un
lugar muy especial en el centro de aquella Nación , a un punto geométrico
denominado : la Logia Perfecta, un espacio sagrado conocido sólo por unos
pocos. El Portero del Edificio de aquella logia lo recibió con calidez:

— Sabíamos que vendrían. Sabemos que tu gestión es importante. Nuestros
hermanos te esperan en la Logia.

El ritual masónico se desarrolló como de costumbre. Durante los ágapes, el
Venerable Maestro de aquella logia tomó a los hermanos francmasones
Mariano y Pablo aparte:

— Voy a ponerlos en contacto con un grupo muy especial de masones. No
pertenecen a las logias convencionales; operan en un nivel más profundo y
discreto. Ellos sin duda podrán ayudar a resolver esta crisis. Aquí los
guiaremos hacia el punto geométrico donde podrán entrevistarse con ellos;
los están esperando. Vayan. Y antes, tomen esta limosina, que los llevará a
la Fraternidad de los Vigilantes. Ellos los guiarán en el camino a la
solución.

Durante 3 días, Mariano Puente y Pablo Lijas recorrieron discretamente
distintos puntos geométricos , reuniéndose con este grupo secreto de
masones. Se les expuso la gravedad de la crisis política. Lo que se dijo en
aquellas conversaciones entre iniciados permanece en el misterio.

De regreso a su Logia Madre, Mariano invitó a almorzar a su hermano Pablo
Lijas y hablaron de las gestiones políticas y las posibles soluciones
recomendadas por esos masones. La reacción del político masón Pablo Lijas
fue comprensible luego de todo esto, aún estaba con dudas a llevar a cabo
las recomendaciones de esos masones iluminados:

— ¿Un grupo secreto de masones que no tiene contacto directo con las logias
convencionales? ¿Cómo van a resolver algo tan complejo?

Multiplicó las objeciones técnicas y políticas. Pero la paciencia y la
persuasión de Mariano terminaron por convencerlo con argumentos de sentido
común:

— Ustedes los políticos manejan los hilos visibles del poder, pero a veces
se necesitan manos invisibles que operen desde otro plano. Estos hermanos
no buscan reconocimiento ni cargos; actúan con precisión quirúrgica,
moviendo influencias sutiles donde tú no puedes llegar. Tienen experiencia
en resolver crisis que parecen insolubles. Y lo más importante: me dijiste
que había urgencia, porque llegará el momento en que ya no puedas detener
el proceso.

Fue necesario convencer también a otras autoridades y superar su
resistencia a aceptar ayuda de canales no convencionales. La persuasión de
Mariano Puente logró inclinar la balanza.

El grupo secreto actuó con la mayor discreción. Nadie supo exactamente qué
hilos movieron, qué influencias ejercieron ni qué personas clave
contactaron. Todo ocurrió en la sombra, con elegancia y eficacia masónica.
Pero la crisis política se estabilizó, las divisiones se suavizaron y el
riesgo de ruptura institucional desapareció como por arte de magia… o mejor
dicho, por arte de una masónica sabiduría antigua y bien aplicada.

Como todos los viernes, nuestro político masón Pablo Lijas regresó al
Templo, pero esta vez con el ánimo renovado. Después de aquella
experiencia, su mirada sobre la vida y sobre la masonería cambió
profundamente. Se volvió más humilde y respetuoso hacia saberes y redes
masónicas que operan más allá de lo visible. Comenzó a valorar lo que antes
consideraba “tradición masónica antigua y polvorienta”. Antes veía el
ritual como algo anticuado; ahora comprendía que tenía a su disposición
herramientas sutiles y poderosas para actuar en el mundo político con mayor
eficacia y sabiduría.

Terminaron las maniobras desestabilizadoras tanto dentro de la logia como
fuera en el mundo político profano, era como si estuvieran conectados por
vasos comunicantes . Sus intervenciones ya no buscaban impresionar, sino
enriquecer el debate colectivo. Empezó a visitar otras logias desde un
punto de vista de un estado superior de consciencia, conociendo mejor la
masonería y encontrando en ellos elementos que alimentaban su nueva
comprensión. De lo superficial pasó a lo esencial.

Se decía a sí mismo: ¿de qué sirve correr detrás de cargos masónicos, altos
grados masónicos y títulos si no se viven interiormente? Es la ilusión la
que nos hace creer que ya somos el Hombre Verdadero. Sólo el trabajo
interior nos permite caminar hacia la meta.

Se acabó del masón Pablo Lijas vanidoso y con mente cerrada , como dice el
refrán : El Ego se infla como un Globo… y basta un pinchazo para que
reviente y eso le pasó al Q:. H:. Pablo

Esta historia nos muestra con elegancia el poder real y discreto de la
masonería cuando opera en su dimensión más auténtica. El Masón Mariano
Puente un masón formado en Logia por décadas distinguía claramente entre
la masonería visible (la de las logias convencionales) y las corrientes más
profundas que preservan la Tradición Primordial Masónica. El grupo secreto
del relato representa precisamente esa masonería interior, que actúa sin
buscar reconocimiento, moviendo hilos sutiles para restaurar el equilibrio
cuando el mundo profano se desborda.

Un masón bien curtido en Logias como Mariano nos recordaría que el
verdadero masón no busca el poder visible, sino la influencia justa y
mesurada que permite construir en silencio. El mazo no siempre golpea
fuerte; a veces su golpe es imperceptible, pero transforma la piedra desde
dentro.

En muchas tradiciones iniciáticas (sufismo, cuarto camino, hermetismo,
ciertas corrientes rosacruces) se habla de “hermanos ocultos” o
“vigilantes” que velan por el equilibrio espiritual y social sin aparecer
en primera línea. Su acción es como la levadura en la masa: invisible, pero
decisiva.

La crisis política que parecía insoluble se resolvió no con discursos
públicos ni con maniobras visibles, sino con la acción discreta y
coordinada de masones que operaban desde las sombras, fieles a la esencia
de la Orden: servir sin buscar gloria. Mariano Puente encarna al masón
sabio que sabe cuándo actuar dentro de las estructuras y cuándo recurrir a
redes más profundas y puras.

Esto nos enseña una lección valiosa para la masonería actual: su mayor
fuerza no siempre está en los grandes templos ni en los cargos oficiales,
sino en esos núcleos silenciosos de hermanos que preservan el verdadero
espíritu iniciático y saben mover los hilos con sabiduría cuando la
sociedad pierde el rumbo.

La verdadera influencia masónica no se mide por el ruido que genera, sino
por la armonía que restaura. Cuando un político masón como nuestro hermano
comprende esto, su mirada cambia: deja de ver la masonería como un
instrumento de poder personal y comienza a valorarla como una herramienta
sagrada para el bien común.

Al final, la moraleja es clara y actual: el plomo de las crisis políticas
puede convertirse en oro de estabilidad, pero sólo cuando se permite que
manos discretas y corazones formados en la Tradición intervengan con
humildad y precisión.

Que nunca olvidemos que, detrás de los grandes acontecimientos visibles, a
veces operan en silencio aquellos que han aprendido a trabajar con el
compás de la sabiduría y la escuadra de la rectitud.

Moraleja

No subestimes el poder de la acción discreta y bien orientada. A veces, los
problemas más graves se resuelven no con grandes discursos, sino con hilos
movidos desde la sombra por hermanos que han comprendido que la verdadera
masonería actúa más con el ejemplo y la influencia sutil que con la
visibilidad.

El Masón Pablo Lijas, fue el puente entre esos masones invisibles y la
política profana , esto es muy frecuente , es como si los masones
invisibles no pudieran operar directamente sobre la política profana y se
valieran de un intermediario .

Alcoseri



Las Herramientas Olvidadas

Esa noche, en la orden del día, un hermano iba a hablar del nivel, la
escuadra y el compás como las más



sobresalientes herramientas masónicas. Era una plancha que se escucha con
frecuencia en las logias masónicas de todo el Mundo. Sin ser elemental,
abordaba con acierto uno de los múltiples sentidos que encierra el estudio
de los símbolos. Al menos, su exposición instruyó a los Aprendices y
refrescó la memoria de los Maestros.

Durante los ágapes, un viejo masón curtido en la Orden se acercó al masón
que presentó la plancha.

— Hermano mío, has omitido dos herramientas indispensables para la práctica
masónica: la Voz y la Mano.

El Masón de la Plancha se quedó perplejo. El anciano masón, al ver su
desconcierto, lo tomó del brazo y lo apartó del bullicio de la sala húmeda.
Entraron juntos en el Templo ahora vacío.

— Es muy frecuente olvidar dos herramientas esenciales de nuestra
existencia, aquellas que nos distinguen de los animales. Comencemos por la
Voz, o la Palabra si prefieres. Gracias a ella, desde hace milenios, la
humanidad comunica, expresa sentimientos y establece intercambios. La voz
individualiza al ser humano, revela su personalidad, transmite pensamiento,
comprensión y satisfacción. Pero, como todo en la vida, tiene su lado
oscuro: puede servir al odio, a la maldad y a la estupidez.

Mira el poder de la Voz. La historia contemporánea nos ofrece ejemplos
concretos: todos los dictadores conocen esa fuerza y la utilizan para
enardecer a las multitudes y cometer, con demasiada frecuencia, lo
irreparable contra la humanidad. Sin embargo, la misma voz puede ser un
poderoso instrumento del bien. Con palabras de sabiduría, eleva al
individuo y lo impulsa en su camino espiritual. Piensa en los mantras como
el AUM. Podrías decir que no ves la relación con la masonería, pero la hay:
el ritual debe pronunciarse con convicción, no con rapidez mecánica. Es la
voz la que nos pone en estado de receptividad, nos ayuda a olvidar la vida
profana y nos permite realizar un trabajo auténtico. Un canto, o incluso
una simple melodía, puede transportarnos lejos de lo cotidiano.

La voz humana posee un gran poder, para el bien y para el mal. Sirve tanto
para la evocación como para la invocación. Cuando el iniciado domina su voz
y su palabra, puede reencontrar el Verbo Creador. Y ahí comienza para él
otra vida, paradójicamente imposible de explicar a quienes aún están más
abajo en la escala espiritual.

Como ves, esta herramienta es uno de los bienes más preciosos. Úsala con
sabiduría y recuerda que hay pueblos privados de la palabra.

En cuanto a la Mano, es inútil subrayar su importancia para el hombre y
para las civilizaciones. Gracias a las manos, el ser humano conquistó la
Tierra y se convirtió en la especie dominante, para bien y para mal, pues
la mano puede empuñar un arma o sostener un ramo de olivo.

Para el masón de hoy, nuestro ritual le concede un lugar destacado. Piensa
en la Cadena de Unión, que muchos forman de cualquier manera. Una cadena
eficaz debe hacerse así: la palma de la mano derecha vuelta hacia la
Tierra, para recibir la energía que circula; la mano izquierda orientada
hacia el Cielo, para transmitirla al hermano siguiente.

Pero la mano debe obedecer a la palabra, y está al pensamiento. Representa
el aspecto material, pues es ella quien maneja el mazo, la regla, la
escuadra y finalmente el compás. Hay, pues, una progresión en su uso que
refleja la progresión espiritual. En el mundo profano, no se confían
ciertas herramientas al aprendiz, que está al comienzo de su saber y
necesita perfeccionarlo. Tallar la piedra bruta exige saber hacer, voluntad
y coraje. Como se dice: hay que tomarse de la mano.

En el Rito Escoces Antiguo y Aceptado, notarás que el ritual utiliza con
frecuencia la mano para realizar signos , tocamientos, saludos , si
acciones muy precisas, con significados muy definidos. Eso nos llevaría al
lenguaje de los mudras, pero no es el objetivo de esta ocasión.

Estas dos herramientas olvidadas son también complementarias. Sin la mano,
la voz quedaría estéril; sin la voz, que nace de la reflexión, ocurriría lo
mismo con la mano. En realidad, son más que útiles para la manifestación de
la Vida: bien utilizadas, ellas son la Vida misma.

Como ves, hermano mío, son las cosas más elementales las que olvidamos con
mayor frecuencia. Nos lanzamos a grandes consideraciones filosóficas, pero
descuidamos las funciones básicas que hacen que el hombre sea
verdaderamente hombre.

Regresaron a la sala húmeda y brindaron a la gloria de Dios El Gran
Arquitecto del Universo.

Como masón, agrego mis puntos de vista a este relato masónico

Esta hermosa reflexión del anciano masón nos recuerda una verdad profunda y
a menudo olvidada: los verdaderos instrumentos de la iniciación no son sólo
los símbolos visibles, sino aquellos que habitan en nuestro propio ser.

En Masonería observamos que la palabra (la Voz) es el vehículo primordial
de la influencia espiritual. En las tradiciones primordiales, el Verbo es
creador: “En el principio era el Verbo”. Cuando el ritual se pronuncia con
convicción y presencia, actúa como un mantra que despierta fuerzas sutiles
en el interior del hombre. Pronunciado mecánicamente, pierde su eficacia y
se convierte en ruido vacío.

El masón Oswald Wirth destacaba el simbolismo de la mano como puente entre
el pensamiento y la acción. La mano derecha recibe (energía, influencia
espiritual), la izquierda transmite. La Cadena de Unión no es un simple
gesto formal: cuando se realiza correctamente, crea un circuito vivo de
energía fraterna que une los corazones y eleva la logia entera.

En la tradición hermética, la voz y la mano representan los dos polos
necesarios para la Gran Obra: el Verbo (pensamiento creador) y la Operación
(acción material). Sin su perfecta armonía, no hay verdadera transformación.

El anciano masón tenía razón: olvidamos con demasiada frecuencia que la
masonería no se practica sólo con escuadras y compases, sino con la voz
que convoca y la mano que construye. La Voz es el primer instrumento del
Verbo Creador que cada masón debe aprender a usar con precisión y respeto.
La Mano es la que materializa esa palabra en el mundo: desde el golpe
medido del mallete hasta el apretón fraterno que sella la cadena.

Cuando la voz se vuelve mecánica y la mano se mueve sin conciencia, el
ritual pierde su alma. Por eso es tan importante volver a lo esencial:
pronunciar las palabras como si fueran nuevas, formar la cadena con plena
atención y recordar que cada gesto, cada palabra y cada silencio en la
logia son actos sagrados.

La verdadera masonería no consiste en acumular conocimiento intelectual,
sino en integrar la Voz y la Mano en un sólo movimiento consciente:
pensar, decir y hacer en perfecta coherencia. Sólo entonces el Templo deja
de ser un lugar de reunión y se convierte en un espacio vivo donde la Luz
puede descender y transformarnos.

Que nunca olvidemos estas dos herramientas olvidadas. Porque sin Voz
auténtica y sin Mano consciente, el mandil se convierte en un simple
disfraz y la logia en un teatro vacío.

Moraleja

Los símbolos más poderosos no siempre están tallados en piedra o dibujados
en el cuadro de logia. A veces están tan cerca que los olvidamos: la voz
que eleva y la mano que construye. Úsalas con sabiduría, y verás cómo el
Templo cobra vida.



Alcoseri









El Mallete Maldito

Érase una vez, en una logia de esas como tantas que había por décadas
funcionado muy bien, pero, donde un Venerable Maestro había convertido su
Mallete en un instrumento de destrucción.

Un viejo Masón solía decir algo que no resulta evidente a primera vista,
pero que con el tiempo es más que evidente:

«Nuestras herramientas masónicas, con el uso constante en Logia, terminan
absorbiendo nuestras cualidades o nuestros defectos. Son, en cierto modo,
el espejo de nuestra alma». Y agregaba con sorna: «El sentido común popular
lo confirma cuando dice que los malos obreros siempre tienen malas
herramientas. Y al revés: las malas herramientas suelen estar en manos de
malos obreros».

Todos los masones saben que los Malletes de la logia sirven, ante todo,
para marcar secuencias precisas durante la tenida: un cambio de ritmo, un
paso del crescendo al decrescendo y viceversa. Son golpes que ordenan el
tiempo sagrado del Templo.

En esta logia, todo parecía marchar con normalidad: algunas pequeñas
mezquindades, rutinas cómodas, lisonjas, buenos actos caritativos y el
buen deseo de hacer las cosas bien. Pero el azar nunca tolera la monotonía.

Después de haber sido admitido regularmente, haber pasado las pruebas
iniciáticas y ocupado varios cargos, un hermano llamado Memin Ivalos “como
los otros” presentó su candidatura al puesto supremo: el primer Mallete.
Conocía al dedillo el Reglamento General, sabía navegar por los laberintos
administrativos de su Gran Logia , era experto en halagar a los poderosos
del momento y practicaba un consenso sin límites, convenciendo a los demás
masones de su gran tolerancia y celo masónico. En el fondo, reproducía en
aquella Gran Logia el mismo funcionamiento mecánico de su fría profesión de
Contabilidad y Administración de recursos humanos. Creía que su “formato
profesional” le daba la autoridad suficiente para dirigir una logia
masónica a su estilo profano de su profesión. La Administración de Recursos
Humanos se centra en gestionar el talento humano: reclutar, capacitar,
motivar, evaluar y retener al buen personal, pero también deshacerse de
aquellas personas que no cumplen con las expectativas de la Empresa. Trata
de alinear al equipo con las metas de la empresa, manejar relaciones
laborales y crear un ambiente de trabajo productivo y satisfactorio. Es
clave para cualquier organización profana, porque las personas son su
activo más importante, pero eso en Logias Masónicas no funciona así, en
logias masónicas no hay metas de productividad, y cada masón por humilde
que sea su actividad , cumple una función relevante .

La gestión de un Venerable Maestro es la de conciliar entre hermanos y
tolerar errores, en nada se parece a la función de un Administrador de una
Empresa que debe generar dinero, y productividad mercantil .

El Masón Memin Ivalos fue elegido Venerable Maestro de su Logia.

Pero , antes de seguir adelante veamos la trayectoria del Q:. H:. Memin
Ivalos:

Su primer paso (el del Aprendiz) fue de observación y tanteo. El segundo
paso (el del Compañero) lo dedicó a planear el control de su Taller:
multiplicó las planchas su plan era convertir su logia en una especie de
Empresa productiva. Para “justificar el carácter iniciático”, instauró en
cada tenida “unos minutos de simbolismo” y, para equilibrar, “unos minutos
de actualidad financiera y mercantil ”, dejando así que el ruido profano
entrara poco a poco en el recinto sagrado.

El tercer paso claro fue exaltarse al sublime grado de Maestro Masón.
Decidió que cuando fuera Venerable “modernizar” el ritual eliminando todo
lo que le parecía anticuado.

Ya siendo Venerable Maestro opto adversariamente sin consultar a su Cuadro
Logial , que las aperturas y clausuras se redujeron a frases minimalistas:

«Hermanos, reanudamos los trabajos interrumpidos en la pasada tenida»

y al cerrar:

«Los trabajos quedan cerrados hasta la próxima tenida».

Los nuevos hermanos, que habían llegado buscando algo distinto a una mala
copia de la vida profana, se sintieron profundamente decepcionados.

Al dejar de ser el intercesor de la Luz y de las recomendaciones del Gran
Arquitecto del Universo, la logia dejó de ser irrigada por la Fuerza, la
Sabiduría y la Belleza. Se marchitó lentamente. Los buscadores ya no
encontraban el alimento espiritual necesario para progresar. Incluso
aquellos que sólo buscaban un poco de camaradería y calor fraterno
terminaron desertando. La logia se convirtió en una cáscara vacía, un
desierto árido donde ya no crecían frutos.

El primer Mallete se había transformado en el Mallete Infernal del demonio:
un instrumento brutal que traía la destrucción sobre la humanidad,
arruinando todo.

Pero en la oscuridad más profunda siempre queda una chispa de esperanza.

Algunos hermanos, menos dormidos que los demás, tomaron conciencia del
declive. Decidieron rescatar del pasado las piedras que aún podían servir
para construir una nueva logia. No fue difícil encontrar la forma de
levantar columnas de una Logia Masónica aunque fuera una Logia Masónica
Salvaje; lo complicado fue distinguir lo esencial del ruido. Buscaron y
encontraron “mandil a su medida”. Lo más difícil fue conseguir un local
digno. De comedor en garaje, de sala de recepción en pabellón de caza,
finalmente la nueva logia logró finalmente encender sus fuegos.

Una logia masónica salvaje es un taller o grupo de masones regulares y
reconocidos que se reúne sin estar federada o adherida a ninguna Gran
Logia o Gran Oriente reconocido. Abren es verdad sus trabajos "al abrigo de
la bóveda informal", o sea, sin autoridad masónica formal encima.

Históricamente, antes de que existieran las grandes logias regulares o
irregulares, todas las logias eran salvajes. Hoy se les llama así a las
independientes que nacen por diferencias, egos o fines específicos. No son
clandestinas ni falsas, sólo están fuera del sistema oficial.

Bautizaron a su Logia “La Tradición Iniciática”. Treinta años después, a
pesar de malos augurios y de la incomprensión de algunos hermanos poco
fraternales, sigue existiendo.

No sé si hay una moraleja clara, pero sí sé, por experiencia, que la
voluntad firme y la fe sincera pueden resolver muchos problemas.

Hoy estas logias salvajes alrededor del Mundo se cuentan por miles y su
número se incrementa con los años, y debemos advertir que logias salvajes
pueden terminar muy mal, cuando se van alejando con el tiempo de su
espíritu fraternal masónico, pero muchas logias salvajes son muy fraternas
y exitosas, otras han terminado convirtiéndose en grandes religiones como
los Mormones o SUD .

Esta fábula satírica toca un nervio muy sensible de la masonería
contemporánea. Un masón podría advertir con insistencia que cuando una
tradición pierde su carácter sagrado y se adapta excesivamente al mundo
profano, deja de transmitir influencia espiritual real. El ritual no es un
texto flexible que se pueda recortar o “modernizar” según el gusto del
momento; es un vehículo preciso de energías sutiles. Alterarlo
arbitrariamente es como cambiar las proporciones de una fórmula alquímica:
el resultado ya no será oro, sino escoria.

El Mallete del Venerable no es un simple martillo administrativo. Es el
símbolo de la voluntad recta que debe golpear con precisión y medida para
ordenar el caos interior. Cuando el Mallete se vuelve brutal o mecánico,
deja de construir y comienza a destruir.

En la tradición hermética y en las antiguas corporaciones de constructores,
se sabía que las herramientas terminan impregnadas del alma de quien las
usa. Un mal obrero no sólo tiene malas herramientas: sus herramientas se
vuelven malas por el uso torpe y egoísta que hace de ellas.

El “Mallete Maldito ” representa a todo Venerable que confunde autoridad
con poder tiránico personal, tradición con costumbre y modernidad con
simplificación. La logia no muere por falta de miembros, sino por falta de
alma. Cuando el ritual se reduce a frases mínimas, cuando el simbolismo se
convierte en un “minuto” de trámite y cuando el ruido del mundo profano
entra sin control, el Templo deja de ser un lugar de transformación y se
convierte en una sala de reuniones más.

La verdadera masonería no necesita “actualizarse” constantemente. Necesita
volver a su esencia: golpes precisos del Mallete que marcan el ritmo
sagrado, palabras que elevan, símbolos que hablan directamente al corazón y
un Venerable que sepa ser servidor de los demas antes que jefe autoritario.

La historia nos deja una enseñanza esperanzadora: aunque una logia se
marchite por el mal uso del Mallete, siempre habrá hermanos despiertos
dispuestos a rescatar las piedras antiguas y a encender de nuevo los fuegos
con humildad y reverencia. Porque la Tradición Iniciática no depende de un
local lujoso ni de rituales “modernos”, sino de corazones dispuestos a
trabajar con paciencia y longitud de tiempo.

Al final, el Mallete no debe ser infernal, sino constructor. Y sólo lo será
cuando quien lo empuña recuerde que no está dirigiendo una asociación, sino
custodiando un misterio sagrado.

Moraleja

No es el gran número de miembros asistiendo a una tenidas lo que hace
grande a una logia, sino la calidad del golpe del Mallete y la pureza del
ritual. Quien usa el Mallete sin reverencia termina convirtiéndolo en
instrumento de destrucción. Quien lo empuña con humildad y sabiduría
contribuye a levantar la verdadera Logia Espiritual.

Alcoseri



La Cólera del Gran Arquitecto del Universo

Uno podría pensar que el Gran Arquitecto del Universo se había desentendido
de la Masonería. Nada más lejos de la verdad. Aquí está la prueba.

Un día, mientras observaba con atención su obra —y en particular la
masonería sobre la Tierra—,GADU se indignó profundamente. Vio cómo muchos
masones, en lugar de respetar y transmitir fielmente las antiguas liturgias
masónicas y rituales propios de la Masonería, los adulteraban, los
recortaban, los simplificaban o los convertían en meros espectáculos vacíos
para complacer egos, no incomodar a políticos o adaptarse a modas pasajeras.

Indignado, convocó a todos los masones que se consideraban “grandes
constructores” del rito: Venerables Maestros, expertos en ritualística,
reformadores y “modernizadores” de liturgias. Organizó varias tenidas y
claro unos ágapes dignos de su nombre.

Fue asi que los ágapes que ofreció GADU estaban bien dotados de pólvoras de
todos colores , para comenzar hubo ricos terraplenes , luego varias tejas
con fortificaciones , muchas pólvoras flojas y claro al final no faltaban
las municiones dulces.

Durante uno de los ágapes masónico GADU más relajado y sin cólera, mencionó
que todo lo que había puesto a disposición de los masones en el Libro de la
Ley como guía: ya que justo ahí estaban los símbolos puros, las palabras
sagradas, las herramientas tradicionales y la gran luz original del Templo.

Luego el Gran Arquitecto del Universo al momento de disparar planos les
dirigió un discurso lleno de impacto divino. He aquí algunos fragmentos:

«¡Masones ingratos! Os entregué los planos perfectos del Templo, las
liturgias ancestrales y los rituales que permiten al masón elevarse y
colaborar conmigo en la Gran Obra. Os di la posibilidad de ser los mejores
constructores, para que, a través de vuestro trabajo interior, me
glorificarais. Os favorecí con la luz de la Tradición, os honré vestíos con
el mandil y la banda, y os permití ser celosos guardianes de lo sagrado.

Pero eso no os bastó. Considerasteis mis rituales “anticuados”, “demasiado
largos” o “poco adaptados a los tiempos”. Os atrevisteis a recortar las
palabras sagradas, incluso a recortar al mínimo la iniciación masónica , y
a suprimir de la ceremonia de iniciación pasajes esenciales, a modificar
símbolos y a convertir el Templo en un simple escenario de vanidades. Una
vez más, habéis profanado el Árbol de la Vida del diseño de la Logia y
habéis adulterado los planos arquitectónicos que yo mismo tracé.»

Los masones convocados, avergonzados e inquietos, guardaban silencio.
Estaban ante el Gran Juez del Universo, no ante el Fiscal de su logia. Lo
que aún no comprendían era que ya habían dejado el plano terrestre y se
encontraban en ese espacio intermedio donde las almas rinden cuentas.

GADU pronunció entonces su sentencia con voz firme:

«Habéis abandonado el sentido sagrado de los rituales masónicos originales.
Pero antes de dirigíos al Eterno Oriente, os envío a las heladas tinieblas
del arrepentimiento, para que reflexionéis sobre algo muy simple: el Ritual
es el fuego creador de la iniciación, mientras que la adulteración y el
recorte son su contrario, el hielo que congela el espíritu. Al modificar y
simplificar mis liturgias masónicas por complacer a los poderosos , o ya
por comodidad o vanidad, os habéis entregado a las fuerzas de la disolución.

Ahora debéis pagar por vuestro error. Durante unos días meditaréis en
silencio sobre vuestro orgullo y vuestra insuficiencia, recordando que
nadie puede mejorar lo que el Arquitecto ya trazó perfecto.»

Así se cumplió la sentencia del Gran Arquitecto del Universo. Una
advertencia clara y eterna para todos los masones: no se debe jugar a ser
reformadores de lo sagrado sin asumir las consecuencias.

Como masón aquí agrego mi visión

Esta parábola nos confronta con una verdad incómoda pero necesaria. Muchos
maestros masones insisten una y otra vez en que las formas tradicionales
(rituales, símbolos, liturgias) no son caprichos humanos que se puedan
modificar a voluntad. Son vehículos de una influencia espiritual real.
Cuando se adulteran, recortan o “modernizan” por razones de comodidad,
gusto personal o adaptación al mundo profano, se pierde la eficacia
iniciática y la cadena de transmisión se debilita.

Un Maestro Masón bien formado en la Catedra Masónica recordaría que el
ritual no es un texto que se pueda editar como un artículo de revista. Es
un acto vivo, una operación alquímica que actúa sobre el ser profundo del
hombre. Cambiarlo arbitrariamente es como alterar la fórmula de la Piedra
Filosofal: el resultado ya no será oro, sino escoria.

En la tradición hermética y en las grandes corrientes iniciáticas de
Oriente y Occidente, se repite la misma enseñanza: el rito debe conservarse
en su pureza porque actúa más allá de la comprensión racional. Es un
lenguaje simbólico que habla directamente al alma cuando se pronuncia
correctamente.

La ira o cólera del GADU no es un castigo caprichoso, sino una llamada de
atención amorosa y firme. La masonería no necesita “actualizarse”
constantemente para sobrevivir; necesita recuperar su esencia. Cuando los
rituales se recortan para que duren menos, cuando se eliminan partes
“incómodas” o cuando se convierten en meros espectáculos, se está
profanando el Templo interior que cada masón debería construir.

El verdadero rito no es largo ni corto: es exacto. No busca entretener,
sino transformar. El fuego sagrado de la iniciación necesita ser preservado
con reverencia, no diluido por vanidad o pereza.

Que esta fábula nos despierte: mientras sigamos adulterando las liturgias y
los rituales por “facilidad” o “modernidad”, seguiremos condenados a los
“hielos del olvido”: una masonería fría, sin fuerza transformadora y sin
verdadera luz.

El Gran Arquitecto sigue observando. Y su cólera, como su amor, es una
invitación a volver a lo esencial: respetar los planos originales, tallar
con humildad nuestra piedra y transmitir intacta la llama que nos fue
confiada.

Moraleja

No se trata de rechazar toda evolución, sino de recordar que hay cosas que
no deben tocarse. El Ritual es sagrado porque es el puente entre el hombre
y lo Divino. Quien lo profana, aunque lo haga con buena intención, termina
enfriando el fuego que debería calentar el Templo.

Que cada masón se pregunte hoy: ¿estoy preservando la llama o la estoy
diluyendo?







La Reflexión de un Venerable Ad Vitam

(Una Reflexión profunda)

Érase una vez, en una logia cuyo punto geométrico se ubicaba en un lugar
solamente conocido por verdaderos masones , un Maestro Masón llamado Pedro
Vientos ya anciano que se hacía profundas preguntas sobre el futuro de su
logia y, más allá, sobre la propia supervivencia de la masonería.

Lo que más le inquietaba era comprobar que toda su experiencia, acumulada
durante décadas, apenas había dejado huella en los hermanos de su logia.
Había recorrido el Mundo Masónico de rito en rito, de obediencia en
obediencia, de Oriente en Oriente buscando aquellas logias que se
distinguían por su carácter más genuinamente iniciático. Compraba en
internet rituales olvidados, los practicaba con devoción y había pulido su
propia piedra hasta hacerla brillar. Había vivido el ritual de instalación
demasiadas veces , lo que le permitía encender los fuegos y levantar
columnas de una logia nueva. Era un buscador que si encontró … y que
verdaderamente transmitía ese algo Masónico capaz de poner en acción
cualquier idea sublime, había aprendido en Logia aquello capaz de motivar a
los masones y evitar aquello que desmotivaba a los hermanos de Logia.

Decidió reunir a los hermanos de su Logia, pero fuera de las tenidas
habituales. Para dar importancia al encuentro, él mismo preparó los ágapes
y sirvió el mismo la mesa, queriendo demostrar con el ejemplo que un
Maestro Masón que muchas veces había sido Venerable Presidente de su Logia
también puede ponerse al servicio de sus hermanos. Recordaba las palabras
de un hermano masón : «Seguro que Jesucristo sirvió de mesero repartiendo
los panes a sus apóstoles en la última cena, y eso lo hizo Grande ».

Con prudencia, preparó una comida frugal, suficiente para mantener la
atención sin adormecerla con la digestión.

Terminada la cena del Ágape , todos los hermanos presentes formaron un
círculo alrededor del viejo maestro masón Pedro Vientos. Estaban todos
desconcertados: aquel ritual de ágape masónico algo improvisado no se
parecía en nada a otros anteriores ágapes.

— Hermanos míos —comenzó el Q:. H.: Pedro Vientos —, desde hace semanas me
pregunto por qué llamaron ustedes a la puerta del Templo. Sus motivaciones
me han dado alguna pista, porque sé por experiencia que muchos entran para
complacer a un familiar, o por contactos con empresarios y políticos. Pero
los he observado con atención y hoy voy a empujarlos a sus límites. Ya no
hay venda en los ojos: sólo están los vuestros y los míos. Les diré también
por qué organicé este ágape fuera del Edificio de nuestra Gran Logia . Los
comentarios constantes hablan de las convulsiones de egos que amenazan el
futuro de nuestra Orden.

Los Masones presentes se quedaron mudos, perplejos. El Masón Pedro Vientos
continuó:

— Yo soy el pasado y el presente de la masonería. Ustedes son el futuro.
Pero en el taller del mañana hay que asegurarse de que las piedras sean
sólidas. Voy a hacerles una sola pregunta: ¿por qué se hicieron
francmasones?

Por orden de antigüedad, el más antiguo se colocó en el centro del círculo
y respondió:

— Entré para complacer a un familiar… pero confieso que no me entusiasma
demasiado.

El segundo, un masón de izquierda, dijo con convicción:

— Creo que la masonería puede ser una herramienta para el Gran Cambio
Social y para construir los “mañanas que serán políticamente mejores”.
¡Puede servir a la humanidad!

El tercero, decepcionado de la religión pero en busca de espiritualidad,
confesó:

— Pienso que la masonería puede darme esa dimensión espiritual. Reconozco
que estoy a mitad del camino, pero estoy dispuesto a perseverar.

El cuarto fue más directo:

— La masonería forma parte de mi trayectoria política de derecha.

El Q.: H:. Pedro Vientos le respondió con una pregunta:

— ¿Querer servir a dos amos al mismo tiempo? Terminarás descontentando a
ambos… y en masonería estarás ausente con frecuencia.

El quinto confesó sin rodeos:

— Pertenecer a una logia me abre puertas profesionales y amplía mi red de
contactos. Además, ¡formo parte de la élite!

El sexto explicó:

— Mi padre fue iniciado. Nos transmitió a mí y a mis hermanos un sentido de
la vida basado en el respeto y la tolerancia. Para mí es un deber continuar
su herencia.

El séptimo habló con serenidad:

—Compré cientos de libros y llegue a leer libros esotéricos, que varios
de ellos eran de Masonería y los leí con pasión y dedicación . Comprendí
que la Tradición oriental no era para mí. Uno de los últimos sistemas
iniciáticos vivos en Occidente es la francmasonería. Creo que aquí tengo un
lugar y una utilidad.

El ultimo de ellos , a la pregunta respondió: ingrese por curiosidad ,
simple y llana curiosidad, y la Masonería me atrapó , y ahora luego de años
en Logia tengo más curiosidad , la curiosidad luego supe que es mal vista
por la Masonería , pero me motiva a estudiar más y más sobre el tema.

Terminaron la improvisada reunión en un silencio cargado de preguntas y
preocupaciones. Después del café y los abrazos fraternales, cada uno
regresó a su vida profana.

Durante varios días el hermano Pedro Vientos reflexionó y meditó, repasando
una y otra vez las palabras e intenciones de los Aprendices. La noche le
trajo claridad: había muchos llamados, pero pocos elegidos. Muy pocos
estarían realmente dispuestos a construir el Templo Interior.

Recordó una conversación con un hermano que también era de décadas en la
catedra masónica . De él aprendió que la construcción de la catedral de la
Ciudad de México no había movilizado a miles de trabajadores, como suele
contarse, sino sólo a un puñado de verdaderos constructores. Hasta entonces
se indignaba cuando alguien decía que la masonería era “la élite”. Después
de aquella charla y de la reunión con los Aprendices, cambió de opinión. La
experiencia le abrió los ojos: la masonería es profundamente selectiva y
nada democrática.

Si el dicho popular afirma que “el hábito no hace al monje”, él pensó que
“el mandil no hace al masón”. Muchos hermanos se sienten atraídos por
poderes ilusorios, Veneras de brillante oro, costosos mandiles , lisonjas
y títulos pomposos , pero pasan de largo junto al verdadero Secreto
masónico.

Decidió tomar bajo su tutela a los Aprendices de su Logia que le parecieron
más aptos para perseverar, con el fin de transmitirles toda su experiencia
masónica y la esperanza de convertirlos en verdaderos iniciados.

Paciencia y longitud de tiempo…

Después de varios años de esfuerzo y perseverancia, los Aprendices , luego
Compañeros se convirtieron en Maestros Masones cumplidos y perfectos, para
la mayor satisfacción del Q:.y V:. H:. Pedro Vientos . Ya luego Pedro
Vientos convertido Maestro Ad Vitam de su Respetable Logia Simbólica , se
dio por una larga reflexión sobre el futuro de la Orden masónica. He aquí
algunos fragmentos:

«No sirve de nada ser miles en el taller si el resultado es el caos. ¿De
qué vale querer hacer la felicidad de la humanidad si no somos capaces de
formar iniciados en el verdadero sentido de la palabra? La vida sobre la
Tierra es sagrada, y el deber del masón es mantener esa sacralidad para que
nuestros herederos puedan continuar la Gran Obra de la Transmutación de la
que habla la Alquimia . La Orden masónica también es sagrada, y el masón
tiene el deber de ser su custodio y celoso protector. El mayor objetivo es
evitar que nuestra civilización caiga en la barbarie.

Como ya no podemos construir catedrales de piedra, nos queda la
construcción de la Catedral Espiritual, para devolver a todos el sentido de
los valores que elevan al ser humano. Puede parecer ingenuo, pero es la
única arma contra el cinismo y la negación de la Vida».

Al decir esto, el Venerable pensaba en el famoso Discurso del Caballero de
Ramsay, especialmente en los capítulos sobre el amor a la humanidad y sobre
el futuro de la Orden.

Nuestro Venerable AD Vitam no se sentía investido de una misión sagrada.
Simplemente había comprendido que el papel del masón es transmitir lo más
fielmente posible la Tradición Masónica.

«Ahora creo haber entregado a los masones las herramientas útiles para la
Orden. Sólo me queda prepararme para mi último viaje… con la conciencia
tranquila».

Como Masón , agrego mi visión de esta historia.

Esta parábola del Venerable Ad Vitam es un espejo incómodo pero necesario.
El Venerable Ad Vitam Pedro Vientos insistiría en que la verdadera
iniciación no se transmite por herencia familiar, conveniencia política,
por curiosidad o deseo de pertenecer a una “élite”, sino únicamente a
través de un trabajo interior profundo y sincero. La mayoría entra a la
Masonería por motivos exteriores,; y de ellos sólo unos pocos permanecen
por la llamada interior.

El Masón Pedro Vientos recordaría que el mandil no hace al masón, como el
hábito no hace al monje. El verdadero masón se reconoce por su capacidad de
servir, de tallar su propia piedra y de mantener viva la llama iniciática
aunque esté rodeado de indiferencia o mediocridad.

En la tradición hermética y alquímica, se repite constantemente la idea de
que “muchos son los llamados, pocos los elegidos”. La piedra filosofal no
se obtiene por multitudes, sino por una pequeña minoría que trabaja con
paciencia, humildad y perseverancia.

El Venerable AD Vitam representa al masón maduro que comprende una verdad
dolorosa pero liberadora: no se trata de llenar las logias, sino de formar
hombres y mujeres capaces de construir la Catedral Espiritual. La masonería
no necesita miles de miembros tibios; necesita un núcleo de hermanos y
hermanas verdaderamente transformados, dispuestos a ser guardianes de lo
sagrado en un mundo que lo ha olvidado.

La escena del Venerable sirviendo la mesa a sus Aprendices es magistral:
enseña con el ejemplo que la grandeza está en el servicio humilde. Ese
gesto vale más que cualquier discurso brillante.

Al final, el mensaje es claro y esperanzador: aunque parezca que la
masonería se diluye en vanidades y formalismos, siempre habrá Venerables
sabios que, con paciencia y longitud de tiempo, elijan a los pocos capaces
de continuar la cadena. Porque la verdadera iniciación no se mide por el
número de mandiles, sino por la calidad de las piedras que se tallan.

La masonería sobrevive no por su tamaño, sino por la profundidad de quienes
la viven con el corazón. Y mientras haya un Venerable dispuesto a servir la
mesa y a preguntar con honestidad “¿por qué entraste?”, la llama seguirá
ardiendo.

Alcoseri

La Última Tenida De Royalieu

Partió de la ciudad de Drancy a las seis de la mañana. El tren llegó a la
estación de Compiègne alrededor de las cuatro de la tarde. En la plaza, una
decena de grandes camiones con lonas y barandas bajas esperaban su carga
humana. Las puertas de los vagones de ganado se abrieron y liberaron su
mercancía: eran solamente hombres, vestidos de civil, con ropa de
artesano u overol de trabajo. Se formaron en columna de a tres.

El viaje había sido largo, interrumpido por convoyes militares y bombardeos
que obligaban a refugiarse en túneles. Los camiones subieron hacia las
alturas de Compiègne, hasta el campo de Royalieu: un gran patio cuadrado
rodeado de barracas de tablas mal unidas, abiertas a todos los vientos de
aquel otoño de 1942.

Por grupos de cincuenta, los hombres fueron dirigidos a los barracones,
donde sólo había tiendas de campaña para veinte personas. Cada uno buscaba
“el mejor sitio”, preferiblemente cerca de la puerta para tener acceso más
fácil a las letrinas. Llamadas de la mañana, del mediodía y de la noche,
una comida que apenas merecía ese nombre… Ese era el ritmo monótono de los
deportados en Royalieu.

Una noche, en uno de los barracones, Jean —el titi parisino, impresor—
rompió el silencio con un grito cansado pero firme:

— ¡A mí, los hijos de la mi madre la Viuda!

Los murmullos cesaron. Los hombres se miraron, unos sorprendidos, otros
desconcertados. Charles, el belga que había sido Venerable de su logia en
Lieja, preguntó:

— ¿Eres francmasón?

— Creo que mis hermanos me reconocen como tal —respondió el parisino.

Entonces habló Franz, el muniqués que había huido de los nazis y creyó
encontrar refugio en Francia. Luego otro, y otro más. En total, una decena
de masones descubrieron que ya no estaban sólos.

— Yo no sé leer ni escribir —dijo uno—, pero he visto la Letra G y conozco
bien el Acacia.

Asombrados, los demás deportados observaron cómo aquellos hombres se daban
el abrazo fraternal. Charles propuso organizar una tenida en los días
siguientes. Imaginen la dificultad: sin decorados, sin herramientas
simbólicas, sin rituales comunes entre si. Charles venía del GODB rito
francés, Jean del REAA y Franz del RER.

La primera tenida

Faltaba de todo, excepto esperanza. Charles abrió los trabajos repartiendo
los cargos entre los presentes, sin preocuparse por los grados. El ritual
fue necesariamente compuesto.

— Hermano Primer Vigilante, ¿a qué hora abrimos los trabajos?

— A mediodía, Venerable Maestro.

— ¿Estamos a cubierto, Hermano Vigilante?

— Lo estamos, Venerable Maestro.

El “tesorero” era un joven español anarquista del POUM que había aceptado
hacer guardia junto a la puerta.

— Hermanos Vigilantes, inspeccionen sus columnas respectivas.

— De pie y a la orden, hermanos. Cuidado con no golpearse la cabeza contra
las literas superiores. Venerable Maestro, todos los masones presentes son
dignos de confianza.

— Entonces, que comiencen nuestros trabajos.

Charles planteó una sola pregunta:

— Hermanos, ¿cómo podemos ayudar a los deportados de este campo?

Durante los trabajos surgió la idea de dar nombre a aquella logia
improvisada. Franz propuso: La Fraternidad Europea, al Oriente de Royalieu.
La propuesta fue aceptada por unanimidad.

Es difícil describir el contenido de aquellos trabajos, pero lo que sí se
sabe es que para los hermanos fue un gran momento de Luz. Al final, como se
debe hacer en cualquier logia, formaron la Cadena de Unión. Entonces Jean
pidió a Charles que incluyera a todos los ocupantes de la barraca. Se hizo
entre un bullicio simpático y reconfortante para aquellos hombres que
ignoraban su destino cercano.

Casi todas las noches, La Respetable Logia Fraternidad Europea abría sus
trabajos con la mayor discreción posible en un campo de deportados.
Descubrieron que en otras barracas también había masones, lo que fortaleció
la solidaridad entre todos los deportados. Poco importaba que la mayoría
fueran profanos: en el campo había esperanza, no resignación.

Una noche, el joven anarquista que hacía guardia entró corriendo:

— ¡Atención, hermanos!

Entró un Sargento Nazi de unos cincuenta años. Para sorpresa de todos, se
puso a la orden de Maestro y, dirigiéndose en alemán a Franz, le advirtió
que el comandante del campo empezaba a tener sospechas. Para dar garantías,
demostró su pertenencia a la masonería y, dadas las circunstancias, ofreció
ser el “Guarda Templo exterior” durante sus turnos de guardia. Los trabajos
continuaron con renovado vigor.

La última tenida

El hermano militar Nazi que hacia de Guarda templo Exterior tomó aparte a
Franz:

— Hermano mío, debo decirte que mañana por la mañana todos los deportados
serán trasladados a Alemania, a Dachau. Sabes que es un campo de
exterminio. Informa a los demás hermanos…

Esa noche, Charles el belga cerró los trabajos de La Logia de la
Fraternidad Europea. Jean entonó el Canto de los Adioses. Durante la Cadena
de Unión —quizá la más emocionante que pueda imaginarse—, el anarquista
español comenzó a cantar la Marsellesa. Toda la barraca y luego todo el
campo de Royalieu la corearon. Nadie pudo ni quiso detenerla.

El tren se puso en marcha. Fue el último convoy hacia la muerte.

En 1962, un joven conscripto dejó su mochila en aquellas mismas literas. En
1966, aquel joven se hizo francmasón. Al leer los archivos y visitar el
campo de Struthof en Alsacia, sintió el deber de rendir homenaje a nuestros
hermanos que pasaron al Oriente de Royalieu.

En 2013, donde antes estuvo el campo hoy hay casas, jardines y niños
jugando. La vida continúa.

¡La vida es bella!

Esta historia real, contada con sobriedad y fuerza, nos recuerda que la
masonería no es sólo un conjunto de rituales, símbolos o grados. Es, ante
todo, un lazo humano que resiste incluso en las condiciones más inhumanas.

Cualquier Maestro Masón habría visto en estos hermanos la prueba de que la
verdadera iniciación no depende de templos lujosos, ni de bonitos y
costosos mandiles, ni de parafernalia externa, sino de un estado interior
que permite mantener la dignidad y la fraternidad incluso en el infierno.
La luz masónica brilla con más fuerza cuando todo lo demás está oscuro.

Asi un verdadero masón insistiría en que el verdadero templo se construye
en el corazón de los hombres. Aquellos masones de Royalieu, sin
herramientas, sin rituales comunes y sin siquiera saber los grados unos de
otros, lograron formar una logia viva porque conservaron lo esencial: la
cadena de unión, la palabra fraterna y la voluntad de ayudarse mutuamente.

En las tradiciones espirituales más profundas (desde el sufismo hasta el
gnosticismo cristiano primitivo), se repite la misma enseñanza: en las
situaciones extremas, lo que nos salva no es el conocimiento acumulado,
sino la capacidad de reconocer al hermano en el otro y de mantener la llama
de la esperanza cuando todo parece perdido.

La última tenida de Royalieu es uno de los testimonios más conmovedores del
poder real de la masonería. En medio del horror, aquellos hombres no sólo
se reconocieron como hermanos: crearon un espacio de dignidad, solidaridad
y luz donde el nazismo sólo veía números y carne de cañón.

Demostraron que la masonería no necesita templos de piedra ni rituales
perfectos para existir. Basta con dos cosas: el reconocimiento mutuo y la
voluntad de actuar como hombres libres, incluso cuando la libertad física
ha sido robada.

Hoy, cuando vemos cómo la masonería a veces se pierde en debates estériles,
vanidades o formalismos, la historia de La Logia Fraternidad Europea al
Oriente de Royalieu nos llama a la humildad y a lo esencial: ser hermanos
de verdad, capaces de tender la mano y formar la cadena de unión incluso en
las peores circunstancias.

Porque si en un campo de deportación en 1942 un grupo de hombres pudo abrir
una logia con costales de paja como plazas, frío y miedo, ¿qué excusa
tenemos nosotros en nuestros templos cómodos y calefaccionados?

La vida es bella, sí. Y la masonería, cuando se vive con el corazón, es una
de las formas más hermosas de afirmarlo.

Alcoseri

El Gran Desafío de edificar una Logia verdaderamente Espiritual

(Un cuento que parece de fantasía, pero que toca una realidad profunda)

Desde hacía tiempo sabíamos que nuestra sociedad moderna marchaba por un
camino de perdición. La historia, como suele hacer, repetía sus lecciones:
en el fondo, nuestra época se parecía al pasaje del Libro de la Santa Ley ,
la del becerro de oro. La única ley que gobernaba el Mundo era la del
dinero. El trabajo digno, los sentimientos nobles y la sabiduría habían
quedado relegados a un segundo plano.

Una parte importante de la masonería por influencias del Oscuro Mundo
profano también había elegido el camino fácil. Se conformaba con una
masonería administrativa de capitación , donde la cuota monetaria
determinaba todo (En el contexto masónico, el término “capitación” o
capitas se refiere a la cotización o cuota anual obligatoria que cada
francmasón debe pagar a su logia y a la obediencia (Gran Logia o Gran
Oriente) a la que pertenece), si una simple masonería de trámites y simples
apariencias. La mayoría de los hermanos había olvidado el famoso axioma:
«Un masón libre hace una logia libre». Hacía mucho que ya no se cavaban
fosas para enterrar los vicios de la avaricia.

Tanto la masonería que se decía humanista como la que pretendía representar
una cierta espiritualidad se dormían profundamente, como la Bella Durmiente
del bosque.

Aquello podría haber durado cien años más, pero en las tinieblas siempre
brilla alguna luz. Y llegó el momento en que la Gran Luz intervino. En
diferentes Orientes, hermanos y hermanas tomaron conciencia de la gravedad
de la situación: la Masonería el único sistema verdaderamente esotérico e
iniciático todavía vivo en Occidente pero estaba agonizando.

Nadie supo exactamente de dónde surgió la chispa regeneradora, pero poco
después varios masones comprendieron que el caos materialista no podía
continuar. Al principio se reunieron en pequeños grupos para lamentarse del
estado de la Orden. Luego, el boca a boca hizo su trabajo. Decidieron
reunir todo lo que estaba disperso y actuar con plena conciencia de su
deber hacia la masonería.

En el solsticio de verano, en un templo, hermanas y hermanos llegados de
distintos Orientes y que trabajaban en diferentes ritos abrieron los
trabajos con la forma acostumbrada. Todos compartían la misma voluntad de
hacer algo concreto. Sabían que la tarea sería difícil. ¿Por dónde empezar?
¿Qué proponer?

Después de muchos trabajos colectivos y de explorar diversas vías, en el
solsticio de invierno las ideas se aclararon y se asentaron con fuerza en
los espíritus. Era exactamente mediodía cuando aquella asamblea
heterogénea, formada por masones de ritos distintos, volvió a encontrar el
centro de la unión y reunió lo que estaba disperso.

Decidieron comenzar la construcción de una Logia verdaderamente Espiritual,
para devolver al Sagrado Nous a su lugar central y convertirla nuevamente
en el faro de la humanidad. (El nous (νοῦς) es un concepto fundamental de
la filosofía griega antigua que se refiere al intelecto, la mente, el
espíritu o la capacidad de percepción intelectual. A diferencia de la
percepción sensorial, el nous es la facultad superior que permite
aprehender de manera directa e inmediata las verdades inteligibles, los
primeros principios y la esencia de las cosas)

Así, en el solsticio de invierno —la Puerta de los Dioses—, la decisión
quedó sellada. Cada participante comprendió que era necesario restaurar la
Autoridad Espiritual para recuperar el poder temporal, de modo que el ser
humano volviera a ser como Hiram: el arquitecto, el representante del Gran
Arquitecto del Universo en la Tierra, el guardián y jardinero de la
Creación, tal como se describe en el Génesis.

Lo que se decidió, se hizo. El gran taller de la Logia Masónica Espiritual
se abrió en el siguiente solsticio de invierno, con calma y serenidad.
Hermanas y hermanos eran plenamente conscientes de que sería un trabajo
largo y arduo, pero, como se dice en masonería: «No hace falta esperar para
emprender».

Lo más sorprendente fue que los masones —hombres y mujeres— redescubrieron
sus rituales específicos. Las hermanas volvieron al Rito de Penélope o al
Rito de Deméter. Los hermanos releían las Old Charges con el deseo de
recuperar la Tradición Iniciática en su pureza originaria.

Hoy, según cuenta el narrador, ya se han comenzado los cimientos y el
terraplén de la Logia Masónica Espiritual, como debe ser: en las tinieblas
del Gabinete de Reflexión, el lugar donde todo verdadero comienzo tiene
lugar.

Equinoccio de Primavera…

Como Masón, agrego mi punto de vista y refuerzo la narrativa

Esta historia, que parece un cuento alegórico, toca una verdad urgente y
antigua. Maestros Masones en Logias siempre advertían que cuando una
civilización pierde el sentido de lo sagrado y se entrega al materialismo
cuantitativo, las formas tradicionales (incluida la masonería) entran en
decadencia. Sólo una restauración de la autoridad espiritual puede
invertir el proceso. La “Logia Masónica Espiritual” del relato es
exactamente eso: no un edificio físico, sino la reconstrucción interior y
colectiva de lo sagrado en un mundo que lo ha olvidado.

Debemos recordar siempre que la verdadera masonería siempre ha sido
operativa en lo esencial: construir el templo interior antes que cualquier
otra cosa. Cuando se pierde esa dimensión, la Orden se convierte en una
cáscara vacía. El regreso a los rituales originarios y a la pureza de las
Old Charges representa el intento de volver a la fuente viva. (Los Old
Charges (Antiguos Cargos, Deberes o Manuscritos) son un conjunto de
aproximadamente 130 documentos manuscritos antiguos, redactados
principalmente en Inglaterra y Escocia entre los siglos XIV y XVIII. Estos
textos constituyen las fuentes documentales verdaderamente fundamentales
de la masonería operativa —la de los constructores de catedrales
medievales— y son considerados los antecesores del Derecho Masónico escrito
contemporáneo.)

En tradiciones como el sufismo y el Cuarto Camino (que influyeron
profundamente en el pensamiento esotérico occidental), se habla de la
necesidad de “reconstruir el Templo” después de su destrucción simbólica.
La Catedral Espiritual del relato es esa reconstrucción: un faro que no se
impone, sino que irradia desde el centro mismo del ser.

El gran desafío de nuestra época no es sólo salvar la masonería como
institución, sino recuperar su esencia iniciática antes de que se convierta
en una mera asociación cultural o administrativa. La verdadera Logia
Espiritual no se construye con piedra ni con decretos, sino con la
transformación real de quienes la integran: hombres y mujeres dispuestos a
tallar su propia piedra bruta con humildad, a enterrar sus vicios en la
fosa simbólica y a vivir como guardianes conscientes de lo sagrado.

El relato nos deja una esperanza serena: aunque la Bella Durmiente parezca
profundamente dormida, siempre hay hermanos y hermanas que, en distintos
Orientes, despiertan y comienzan a trabajar en silencio. No se trata de una
revolución ruidosa, sino de una restauración sutil y profunda.

El equinoccio de primavera —momento de equilibrio entre luz y oscuridad—
simboliza perfectamente el instante en que el trabajo interior comienza a
dar frutos visibles. La Logia Francmasónica Espiritual ya está en
construcción, aunque sus cimientos se levanten en la oscuridad del Gabinete
de Reflexión. Cada masón que decide volver a lo esencial, cada hermana que
redescubre su rito con devoción, cada hermano que elige la pureza sobre la
vanidad, está colocando un ladrillo vivo en esa Gran invisible.

Porque al final, la masonería no se salva salvando la forma externa, sino
recordando su misión eterna: ayudar al ser humano a convertirse nuevamente
en Hiram, el arquitecto consciente que colabora con el Gran Arquitecto en
la obra de la Creación.

La pregunta que queda es ¿si la Masonería se equilibra en Luz y Progreso
Espiritual , por un efecto misterioso transformará al Mundo Profano?

Alcoseri



*Los Tres Círculos Masónicos*

Durante décadas en Logia, nuestro hermano masón Rodoljo Cervantez gastó la
suela de sus zapatos circunvalando en las columnas de los templos
masónicos. Buscaba ir más allá de lo visible, superar las apariencias y se
preguntaba si, detrás de las logias azules o de cualquier otro color,
existía un Líder coordinador invisible que dirigiera el mundo masónico y
tuviera una poderosa influencia en el Mundo Profano. Esa obsesión lo
impulsaba a recorrer los cuatro puntos cardinales: de Cámara del Medio en
areópago, de rito en rito, de Taller en Taller, iba de logias regulares , a
logias espurias o salvajes, sin olvidar esas logias irregulares. Masón
jubilado por una lesión en la columna a los cuarenta y tantos y además
soltero, tenía tiempo de sobra para saciar su sed de lo imposible. Era, en
cierto modo, el Caballero Errante de la masonería, indiferente a las burlas
de los demás.

¡Gloria al Trabajo!

Con tenacidad, nuestro hermano Rodoljo logró entrever parte de su
búsqueda. He aquí algunos fragmentos de sus reflexiones.

*El Círculo Número Uno*

Es el círculo del mayor número de masones, no sólo en las logias azules,
sino también en otros talleres filosóficos y/o de altos grados . Los
masones que trabajan en se primer circulo obedecen principalmente al
intelecto y a la razón. Demasiado a menudo exhiben sus certezas ancladas en
un orgullo sólido, rivalizando entre sí por quién presenta la plancha más
brillante. Vanidad de vanidades… En estos trabajos se encuentra de todo:
temas con sesgo político, textos que nada tienen que ver con la iniciación
propiamente dicha (un trabajo sobre por qué los clérigos religiosos son
abusadores, otro sobre por qué ponemos queso a las pizzas…).

La transmisión iniciática parece no concernirles. Muchos masones ni
siquiera saben por qué fueron iniciados: por curiosidad, para complacer a
un familiar, para formar parte de una “élite” o simplemente para tener una
buena agenda de contactos. Sin embargo, en todo hay su contrario. También
existen masones que se interrogan sobre el sentido de su vida y quieren
saber por qué están en la Tierra. Aunque estas preguntas parezcan
insolubles, para nuestro hermano eran el punto de partida de los verdaderos
buscadores, de los caballeros errantes en busca al menos de sí mismos,
dispuestos a abandonar su ego. Eran pocos en este primer círculo. La
mayoría recordaba el proverbio sufí: “Los tambores hacen mucho ruido, pero
por dentro están huecos”. En el margen de su cuaderno anotó: *el círculo de
los que se conforman…*

*El Círculo Número Dos: Los Buscadores*

Nuestro hermano escribió en su cuaderno de anotaciones : “No digo que los
tres círculos sean distintos y separados; al contrario, están entrelazados,
y cada uno necesita de los otros para existir”.

Los buscadores habían comprendido, consciente o inconscientemente, que el
primer círculo conducía a un callejón sin salida en la búsqueda espiritual.
Había que ir más lejos, abandonar las planchas y trazados de origen profano
y recurrir a los grandes maestros iniciados de las distintas corrientes
espirituales para acercarse a las orillas de la verdadera espiritualidad.
En definitiva, el verdadero trabajo consistía en tallar la Piedra Bruta en
sí mismos. Sin embargo, no había verdaderos maestros que los guiaran por
los caminos del Conocimiento. En el laberinto de propuestas, algunas
llevaban a un callejón sin salida, otras confundían la sombra con la Luz, y
muchos se quedaron en las Tinieblas.

Desanimados, unos abandonaron el camino; otros, más grave aún, creyeron
haber llegado al último escalón y transmitieron a nuevos buscadores la suma
de sus errores, creyendo hacer el bien. Como si un saber libresco pudiera
revelar los misterios del Espíritu. El libro puede ayudar, pero la búsqueda
del Conocimiento debe hacerse en varios frentes: mediante la
experimentación personal con principios espirituales como la humildad, la
fe y la esperanza.

Como el lector intuye, el número de buscadores disminuía cada vez más. Esto
se asemeja a la práctica alquímica y a la Quintaesencia: no cuenta la
cantidad, sino la calidad.

*El Tercer Círculo: Los Sabedores*

Con su tenacidad característica, nuestro hermano Rodoljo logró entrar en el
tercer círculo. Creyó que su búsqueda había terminado, pero su sentido de
la observación le reveló que este tercer círculo también se dividía en
tres, como en una espiral, aunque en un plano más elevado. No obstante,
ofrecía una imagen serena de la masonería, lejos de la famosa “cordonitis” (
Cordonita, Cordonnite Cordonitis o Collarinitis : Del Argot masónico,
palabra que proviene de Collarín masónico. Es una grave enfermedad
imaginaria que padecen algunos masones aficionados a recibir honores,
lisonjas y a Presumir Altos Grados, profano-masones que coleccionan y
exhiben gustosamente y presuntuosamente arreos masónicos y demás
condecoraciones masónicas correspondientes, muy afinados a ocupar altos
cargos en logias sólo por vanidad). No podía ser de otra manera: las logias
tenían un número reducido de miembros, justo lo necesario para su buen
funcionamiento, y los hermanos tenían la sabiduría de dejar atrás las
pretensiones profanas.

Allí descubrió nuestro caballero errante que los trabajos permitían que la
Luz, poco a poco, se apoderara de su cuerpo y de su menta, especialmente,
de su Corazón. Cada vez que enfrentaba un problema, un descenso al centro
de la intuición le daba la respuesta satisfactoria.

Pero, como suele ocurrir, perdí el rastro de nuestro caballero buscador.
Durante años no recibí más emails suyos, ya no aparecía activo en
Facebook, ni en ninguna plataforma de las redes sociales de la internet
masónica. Yo seguí mi camino masónico, con altibajos según las
disposiciones naturales del hacer masónico. Hasta que un día llegó un
correo de mi amigo y buen hermano. Decía así:

«Alcoseri, he encontrado una respuesta a mis búsquedas. Después del tercer
círculo existe una última masonería muy discreta, mejor dicho secreta.
Algunas logias en nuestro mundo esotérico se reúnen según criterios
astronómicos y su reclutamiento se basa en una vida masónica ejemplar, por
cooptación. Actúan sobre las logias mediante la Palabra Encontrador y no
simplemente Buscador , reactivando de forma operativa los tres símbolos del
Oriente: el Delta Luminoso, el Sol y la Luna. No dan directivas escritas,
sino una influencia eficaz del Pensamiento. Me tomarás por un iluminado,
como casi todos los masones, pero precisamente esa incredulidad es lo que
las protege. Desde James Anderson nada ha cambiado…»

Desde ese email no he vuelto a tener noticias de nuestro buscador o mejor
dicho encontrador. Creo que finalmente encontró e integró su meta. Yo
envejezco y a veces pienso que nuestro Don Quijote ha encontrado por fin a
su Dulcinea: la Sabiduría.

Fue Gurdjieff el que desarrolló la idea de los tres círculos de la
humanidad (o círculos concéntricos de la humanidad desarrollada) como una
forma de describir los niveles reales de evolución consciente dentro de la
especie humana. No se trata de divisiones sociales, culturales o externas,
sino de grados internos de ser, conciencia y comprensión.

Según sus enseñanzas (transmitidas principalmente a través de P.D.
Ouspensky en (En busca de lo milagroso), la gran mayoría de la humanidad
—toda la humanidad histórica y prehistórica que conocemos— forma sólo el
círculo exterior (exotérico). Dentro de este existen círculos más internos,
accesibles sólo mediante un trabajo consciente y prolongado sobre uno
mismo.

Los tres círculos principales



Círculo Exotérico (exterior)

Es el círculo más amplio y externo. Aquí viven la mayoría de las personas,
incluyendo muchos que se consideran “espirituales”, “intelectuales” o
incluso “buscadores”.

Predomina el funcionamiento mecánico (“hombre-máquina”).

La vida está gobernada por hábitos, reacciones emocionales automáticas,
pensamientos dispersos y el “yo” múltiple (muchos “yoes” contradictorios).

Hay conocimiento teórico, opiniones, creencias y vanidad intelectual, pero
poca transformación real.

Gurdjieff lo describe como el círculo donde las personas “saben más de lo
que hacen” o simplemente actúan por imitación y sugestión.

En términos masónicos o iniciáticos (conectando con tu interés previo),
este círculo se asemeja a los masones que se quedan en el nivel de las
planchas brillantes, el debate intelectual o las formas externas, sin un
trabajo profundo sobre la Piedra Bruta.



Círculo Mesotérico (medio)

Es el círculo intermedio. Las personas aquí poseen cualidades más avanzadas
que las del exotérico.

Tienen un conocimiento más profundo y coherente (sobre todo de orden
cósmico), pero aún es predominantemente teórico.

Saben y comprenden muchas cosas que todavía no se expresan plenamente en
sus acciones (“saben más de lo que hacen”).

Han comenzado un trabajo consciente, pero les falta la integración total y
la voluntad unificada.

Representa una etapa de transición: hay mayor autoconsciencia, pero aún hay
brechas entre comprensión y ser.



Círculo Esotérico (interior)

Es el círculo más interno y elevado.

Lo integran personas que han alcanzado el desarrollo máximo posible para el
ser humano.

Poseen un “Yo” indivisible, plena individualidad, control total sobre todos
los estados de conciencia, todo el conocimiento posible para el hombre y
una voluntad libre e independiente.

Su conocimiento no es sólo teórico: se ha convertido en ser. Hacen lo que
saben.

Son los verdaderos “hombres conscientes”, que influyen en la humanidad de
forma sutil pero real, aunque casi siempre en el anonimato.

Gurdjieff los describe como el núcleo vivo de la humanidad, el que mantiene
la posibilidad de evolución para el resto.





Ideas clave para entenderlos mejor



Los círculos no son rígidamente separados; están entrelazados y cada uno
necesita de los otros para existir. Sin embargo, el paso de uno a otro
requiere un esfuerzo consciente y prolongado (“trabajo sobre sí”, “recuerdo
de sí” y “sufrimiento intencional”).

La gran mayoría de la humanidad (incluidos muchos que se creen
“despiertos”) vive en el círculo exotérico, dormida en un “sueño despierto”.

El movimiento hacia los círculos internos no depende de conocimiento
intelectual acumulado, sino de la transformación del ser: unificar los tres
centros (intelectual, emocional y motor/instintivo) y desarrollar cuerpos
superiores (cuerpos sutiles).

Gurdjieff insistía en que sólo desde el círculo esotérico se puede ejercer
una influencia consciente y benéfica sobre la humanidad. Los círculos
exteriores suelen generar más ruido que luz real.



Esta idea de los tres círculos es una de las más poderosas y lucidas de
Gurdjieff. Nos recuerda que la evolución no es automática ni colectiva: es
individual, ardua y rara. La masonería, como cualquier vía iniciática,
puede quedarse fácilmente en el primer círculo (forma externa, vanidad
intelectual, rituales mecánicos) o avanzar hacia el segundo (búsqueda
sincera, trabajo sobre sí). Sólo unos pocos llegan al tercero, donde la
iniciación deja de ser teoría y se convierte en un estado de ser permanente.

Conecta muy bien con temas masónicos de siempre (los tres círculos
masónicos, la Piedra Bruta, el Caballero Errante). El “buscador” que
recorre logias y ritos es típicamente alguien del segundo círculo:
insatisfecho con el ruido del primero, pero aún luchando en el laberinto.
El verdadero “Maestro Masón” (o el que ha encontrado su “Dulcinea”, la
Sabiduría) ya opera desde un nivel donde la influencia es silenciosa y
eficaz, sin necesidad de títulos ni reconocimiento.

Gurdjieff no ofrecía consuelo fácil: la mayoría permanecerá en el círculo
exterior. Pero para quien despierta al hecho de estar dormido, se abre la
posibilidad real de moverse hacia adentro. No se trata de acumular más
conocimiento o grados masónicos, sino de volverse más consciente, más
unificado y, paradójicamente, un masón más humilde.



*Como masón, agrego mi punto de vista*

Esta historia de este Masón Caballero Errante de la masonería evoca las
enseñanzas que se activan en algunos masones , se activan por ir más allá
de lo que se muestra en los 33 grados de la Masonería, quienes distinguen
claramente entre la masonería “especulativa” exterior (el primer círculo,
lleno de ruido y vanidad) y las formas más profundas de realización
espiritual, reservadas a quienes superan el nivel profano. Recordemos que
las verdaderas tradiciones iniciáticas se protegen mediante la discreción y
la incomprensión de los no preparados, como ocurre con esas logias secretas
que actúan por influencia sutil más que por directivas visibles.

Un auténtico masón insistiría en que el verdadero progreso masónico no está
en acumular grados o planchas brillantes, sino en el trabajo interior que
permite pasar del ego ruidoso al silencio del Corazón, donde surge la
intuición verdadera.

En diversas tradiciones (sufismo, alquimia, hermetismo cristiano), se habla
de círculos concéntricos o espirales de realización: el círculo exterior de
los que se conforman, el intermedio de los buscadores que luchan en el
laberinto, y el interior de los que han alcanzado un estado de presencia y
sabiduría. El símbolo del “punto dentro del círculo” en masonería
representa precisamente esto: el individuo centrado en su esencia
espiritual, limitado por las virtudes (las líneas paralelas) pero abierto a
lo divino.

Los tres círculos no son compartimentos estancos, sino etapas de una misma
espiral ascendente. La masonería, en su esencia, es un camino de
transformación: del ruido vanidoso del primer círculo, al esfuerzo sincero
del segundo, hasta la serenidad operativa del tercero, donde la Luz ya no
se busca fuera, sino que irradia desde dentro.

Nuestro Masón Caballero Errante nos recuerda que la verdadera iniciación no
termina nunca. Incluso cuando creemos haber llegado, la espiral continúa
elevándose. La sabiduría final no es poseer respuestas, sino vivir en un
estado donde las preguntas se disuelven en presencia plena. Como Don
Quijote, quien perseguía ideales imposibles y terminaba encontrando una
sabiduría paradójica, el masón auténtico debe seguir errando con humildad
hasta que el corazón se convierta en el verdadero templo.

Al final, no importa cuántos ritos hayamos recorrido ni cuántas logias
hayamos visitado. Lo que cuenta es si hemos logrado pasar del “yo” ruidoso
al “nosotros” silencioso y, finalmente, al “Ser” en paz. Esa es la idea del
Masón Encontrador y no tanto del masón buscador que las logias más
Secretas entienden: no un secreto escrito, sino una forma de ser que
influye sin imponerse, ya que son muchos los masones que buscan y muy pocos
los que encuentran .

La masonería no necesita salvar al mundo desde fuera. Basta con que unos
pocos, en círculos cada vez más puros, mantengan viva la llama. El resto
vendrá por resonancia.

Alcoseri



El Masón que se convirtió en dueño de su Tiempo

Desde que el mundo es mundo, la humanidad ha sentido la necesidad de
codificar y ordenar en rituales los aspectos de la vida cotidiana,
religiosa y espiritual, pero sobre todo convertirse en dueño de su destino
y de su tiempo. De ese impulso nació la función del ritual: asegurar que
las mismas verdades sean comprendidas por todos, permitiendo vivir en una
sociedad organizada y armónica.

La masonería no escapa a esta necesidad unificadora. En muchas logias
existen los “ratones de biblioteca”, hermanos incansables que buscan en
archivos y manuscritos antiguos. En la logia que nos ocupa había uno de
ellos, pero con una obsesión particular: los primeros rituales masónicos.
Se negaba a aceptar que estos hubieran surgido sólo de la imaginación
humana.

Recorrió ciudades europeas visitando todo lugar que pudiera guardar
documentos antiguos: archivos departamentales, sabiendo que las huellas
masónicas visibles que comenzaban en el siglo XlI; ya que la primera
Catedral Gótica es la Basílica de Saint- Denis que se comenzó a construir
en 1135, ahí se usaron por primera vez los elementos que definen el Arte
Gótico que usaron luego todos los albañiles medievales, también las del
obispado de Coutances. Intrigó a un hermano conservador del Mont
Saint-Michel para acceder a las archives prohibidas al público de la
Merveille. Pasó noches enteras a solas entre pergaminos del pasado. No
encontró lo que buscaba, pero ese esfuerzo le permitió dominar mejor el
latín y el viejo francés.

Finalmente llegó al museo de pergaminos y miniaturas pictográficas de
Avranches. Ante la inmensa cantidad de documentos, se preguntó por dónde
empezar. El azar —o la Providencia— intervino: las campanas de la iglesia
vecina dieron las once. Decidió comenzar por los archivos del siglo XI.

Durante semanas viajó a través de la belleza, la gracia y la minuciosidad
de los monjes copistas. Rendía homenaje a aquellos hombres por la calidad
de su trabajo. A pesar del brillo de las miniaturas pictográficas , no
hallaba rastro de rituales de los albañiles constructores medievales, nada
que satisficiera la curiosidad del masón especulativo.

Los días y semanas transcurrían sin resultado. El buscaba afanosamente los
orígenes de la Masonería , a partir de los gremios de albañiles
constructores de Catedrales , pero, como cualquier ser humano, se comenzó a
desesperar. Ya acudía a la biblioteca más por hábito que por la pasión
inicial. “No hace falta esperar para emprender”, dice el refrán. Y fue
precisamente la Providencia del Gran Arquitecto del Universo la que lo
volvió a poner en marcha.

En la sala de lectura, su mirada recorrió los estantes y notó que nunca
había explorado la fila superior. Subió por la escalera con cuidado y
comenzó su búsqueda, manejando los manuscritos con delicadeza. Su atención
se detuvo en una hermosa miniatura que representaba a un monje, una
clepsidra también conocida como "reloj de agua", una escalera, el sol y
las estrellas. Debajo, el título: Le Maistre du Temps, seguido de un texto
donde cada línea comenzaba con una letra inicial iluminada.

Siguiendo el ejemplo de los copistas medievales, nuestro hermano
transcribió el texto lo más fielmente posible. Estaba en latín. Regresó a
casa para aislarse y descifrarlo. Tras días y noches de trabajo intenso,
ayudado con el traductor de Google , así, captó el sentido general del
pergamino. He aquí una parte del texto:

El Maestro del Tiempo

Para dominar el tiempo que pasa, he aquí algunas recomendaciones:

No lamentes los malos recuerdos.

Olvida los buenos momentos de tu vida.

No eres joven ni viejo.

Olvida el día, olvida la noche; ante la fuga del tiempo, permanece inmóvil.

Vive tu jornada como si fuera la única de tu existencia.

El sol se pone, la luna sale: haz como ellos.

Seguía un ritual para dominar el tiempo que pasa:

¡Todos los días honra a tu Creador!

¡Todos los días medita sobre tu vida!

¡Todos los días haz el Bien!

Luego venía una serie de ejercicios espirituales imposibles de transcribir
aquí, cuyo fin era convertirse en Maestro del Tiempo.

Durante meses, nuestro masón se aplicó con devoción a poner en práctica
este antiguo ritual. Al principio no notaba ningún efecto, aunque su
corazón estaba plenamente entregado.

Una madrugada, al primer canto del gallo, en la casa de nuestro hermano
masón , todos los relojes —mecánicos y digitales— se detuvieron exactamente
a las 4:30 AM. No se oía ningún tictac, ninguna alarma intempestiva. Sólo
silencio. Fue precisamente ese silencio lo que lo despertó: la ausencia de
los ruidos familiares y del bullicio cotidiano, pasaba el tiempo y volteaba
a ver el reloj y las manecillas del reloj marcaban justo 4:30 AM, lo
primero que pensó era que se encontraba dentro de un sueño lúcido, si esos
donde volteas a ver el reloj y marca la misma hora siempre que volteas a
ver al reloj aunque sientas objetivamente que pasa mucho tiempo.

Nuestro Hermano masón , fue a donde estaba el ultimo manuscrito por
estudiar , pero no podía leerlo , había perdido la capacidad de poder leer,
quiso escribir y no podía ni leer , ni escribir , pero por alguna razón
entendía lo que el manuscrito transmitía.

Con todo esto se había convertido en Maestro de su tiempo. Él, que durante
años había trabajado en logia de mediodía a medianoche, ahora se encontraba
en la inmovilidad más completa: ni pasado, ni futuro, sólo el Presente sin
comienzo ni fin. Esto le otorgaba una tranquilidad de espíritu inefable,
imposible de comunicar al común de los mortales. Podía ver cómo el mundo
exterior se agitaba a su alrededor, pero él ya no estaba concernido. Por un
instante creyó haber pasado al Oriente Eterno, viviendo entre dos mundos.
¡No! Seguía vivo en el sentido habitual: no tenía hambre, ni sed, ni sueño,
ni deseos que satisfacer. El viejo hombre se había transformado en el
Hombre Verdadero.

Como toda criatura, nuestro hermano abandonó esta Tierra para unirse, por
la eternidad, a la Logia de Arriba si la Logia del Eterno Oriente, pero aún
estaba con vida y en perfecta salud.

Comprendió ahí, que el origen de las 3 liturgias masónicas originales era
evidentemente una interpretación Ritualística de los sueños lúcidos; eran
como bucles repetitivos , te sentías como niño, el tiempo era muy distinto
al tiempo del mundo profano.

Los rituales masónicos son una interpretación simbólica de qué sucede en
los sueños lúcidos.

La historia de que los rituales o textos fueron “recibidos” en un sueño
lúcido, donde el tiempo se distorsiona, no puedes leer ni escribir
correctamente y sientes o te percibes en esos sueños que tienes 3 años o
un poco más, ya que tiendes a realizar juegos infantiles , todo es una
forma metafórica de decir que el conocimiento no vino de la razón
despierta, sino de una experiencia interior profunda, casi como una
revelación.

En ese estado, el cerebro funciona de manera diferente: el tiempo se siente
elástico, los textos se mueven y el lenguaje se vuelve simbólico. Por eso
muchos masones antiguos usaban la imagen del “sueño” para explicar de dónde
vino la inspiración de ciertos rituales.

En esos sueños lúcidos, cuando se tiene práctica, se pueden modificar los
sueños y soñar lo que uno quiera , eso es equivalente al poder , que se
pretende en estado de vigilia, algo que en masonería se pretendería ese
poder controlar el entorno y al mismo tiempo a sí mismo.

En el primer grado, el de Aprendiz, la ceremonia está llena de símbolos que
hablan de un despertar, de pasar de la oscuridad a la luz, y de recibir
conocimiento de forma misteriosa.

La tradición masónica usa la idea de que ciertos conocimientos o rituales
fueron "recibidos" en un estado de conciencia alterada, como un sueño
lúcido, donde el tiempo se siente diferente y la razón normal no funciona
igual. No es que alguien literalmente se durmió y escribió el ritual en un
sueño, sino que es una manera simbólica de decir que ese conocimiento viene
de una parte profunda de la mente, no de la lógica cotidiana.

Es una forma poética y muy masónica de explicar el origen de los símbolos.

Este relato recuerda que el verdadero dominio del tiempo no consiste en
controlarlo desde fuera, sino en trascenderlo desde dentro. Se explicaba en
Logias que el tiempo profano es ilusorio y lineal, mientras que el tiempo
sagrado es cíclico y se resuelve en el “presente eterno” (nunc stans),
punto fijo donde coinciden todos los instantes. El ritual del “Maistre du
Temps” apunta precisamente a esa realización: vivir cada día como el único,
en una atención plena que disuelve el apego al pasado y la ansiedad por el
futuro.

P.D. Ouspensky y Gurdjieff, en su Cuarto Camino, insistían en el “recuerdo
de sí”: la práctica constante de estar presente, consciente de uno mismo en
el momento actual, aun estuviéramos dormidos por la noche. Sin ese
esfuerzo, el ser humano vive “dormido”, arrastrado por el tiempo mecánico.
El pergamino enseña algo similar: permanecer inmóvil ante la fuga del
tiempo para acceder a un estado superior de conciencia.

Nuestro masón de esta historia, al detener los relojes de su vida
cotidiana, alcanzó ese estado donde el tiempo deja de ser tirano y se
convierte en aliado.

En las tradiciones orientales (budismo zen, sufismo) y en la hermética, el
“Maestro del Tiempo” es aquel que vive en el eterno presente. Eckhart
Tolle, en línea con estas ideas, enseña que el dolor surge cuando la mente
habita el pasado o el futuro; la liberación llega al habitar plenamente el
ahora.

La masonería, en su esencia más pura, siempre ha sido un camino para
conquistar el tiempo. No se trata de rituales externos ni de grados, sino
de transformar el ser para que cada instante se vuelva sagrado. El hermano
masón de esta historia descubrió que la verdadera iniciación no está en
los archivos polvorientos, sino en la capacidad de vivir el presente con
intensidad y desapego.

Cuando logramos “detener los relojes” internos —los tictacs del ego, el
arrepentimiento y la preocupación—, entramos en la inmovilidad creativa
donde nace lo divino. Ahí, el masón deja de ser esclavo del tiempo y se
convierte en co-creador junto al Gran Arquitecto del Universo.

El pergamino de esta historia no es sólo un manuscrito antiguo: es una
invitación viva. Cada mañana, al despertar, podemos elegir ser Maestros del
Tiempo: honrar al Creador, meditar sobre nuestra vida y hacer el Bien. En
ese sencillo ritual cotidiano reside la llave que abre las puertas de la
eternidad aquí y ahora.

Alcoseri



Hiramy 2100

En el año 2100, como toda sociedad humana, la masonería había evolucionado
tecnológicamente hacía un mundo hiper virtual . De los constructores de
catedrales de la Edad Media había pasado a los especuladores del espíritu
del Siglo XVIII , y ahora abrazaba plenamente los avances tecnológicos y
virtuales. Los únicos que permanecían intemporales eran algunos Templo
Masónicos que eran visitados ocasionalmente … aunque ya nadie lo llamaba
así: simplemente lo llamaban “Los Sitios físicos de los Antiguos Masones”
donde algunos masones tradicionalistas y sentimentalistas los usaban
simplemente para las iniciaciones, aunque las iniciaciones ahora eran
holográficas .

Imaginemos un viaje al futuro masónico.

En el interior hogar de un masón había un pequeño cubículo de 2 metros por
3 metros con un cómodo sillón al que llamaban logia , los muros parecían
desnudos, sin decorados ni símbolos. El Maestro de Ceremonias, conocido
como C07, presionaba un botón y, de pronto, las paredes cobraban vida.
Gracias al sistema de video integrado, aparecían todos los símbolos
tradicionales de una logia del Rito Escoces Antiguo y Aceptado con una
claridad deslumbrante. Delante de cada cubículo había una pantalla
compacta; frente a las Columnas virtuales, los masones disponían de
pequeños dispositivos interconectados. Estas logias virtuales reunían a no
menos de 500 mil masones y en ocasiones espaciales a muchos más.

Apertura de los trabajos:

Venerable Maestro V857R dice: les agradezco se hayan conectado para abrir
los Trabajos de la Tenida Número 452 de nuestra Logia Hiramy

— Hermano T034cc, ¿estamos a cubierto?

— Hermano V051r5, estamos protegidos. Ningún spyware, ningún espía ha sido
detectado , ningún spam, ningún blog, ningún malware, no hay inteligencias
artificiales , solamente verdaderos seres humanos.

— Hermano Y024r, ¿a qué hora podemos conectarnos los masones?

— Hermano V01F, todas las conexiones están correctas y perfectas. ¡Es la
hora de comenzar a Trabajar!

— En ese caso, ya que la conexión es justa y perfecta, invito a nuestros
hermanos presentes a abrir sus Teletransportadores portátiles, e invito
también a los hologramas de los hermanos visitadores a tomar forma y
presencia.

Todo ocurrió en un gran silencio. Al mismo tiempo, todas las meta pantallas
se encendieron.

— Hermano Tg504, ¿tenemos correos de la obediencia o de otras logias
virtuales?

— No, Secretario K0r561. Nada que sea útil para Hiramy 2100, salvo para
contaminar nuestras pantallas con spam, ya que en esta Tenida se iniciarán
masónicamente 7,452 miembros bajo el formato preprogramado, asi que le
pedimos a los hermanos expertos , digan a los postulantes profanos no
apagar sus teléfonos celulares mientras se trasmiten los pasos a la
iniciación , así hasta concluir el proceso de incitación .

— K0dre1, podemos comenzar nuestros trabajos con total tranquilidad. Hoy
tenemos un correo del hermano Roma01545t, que nos informará sobre la
situación social de la Tierra. ¡A sus teclados, hermanos!

Inclinados sobre sus pantallas de comunicación, los hermanos leían el texto
con absoluta concentración. Un silencio profundo reinaba en la logia. Al
terminar la lectura, las preguntas y respuestas volaban de pantalla en
pantalla, siempre en ese mismo silencio. Los trabajos terminaron cuando el
ritual de cierre apareció en los mega monitores. Los hermanos confirmaron
que habían recibido suficientes salarios bytes y que podían regresar a sus
cosas profanas . Los hologramas dejaron de brillar. Esa noche, como en
todas las logias del Mundo, los masones volvieron a la cotidianidad
satisfechos de su “trabajo en logia”. Así había sido durante décadas… y así
podría seguir siendo indefinidamente.

Pero las construcciones humanas sin alma y alejadas de lo tradicionalmente
sagrado terminan siempre por desaparecer.

Al regresar a su mundo de haceres profanos, un masón tuvo una revelación
repentina: se dio cuenta de que no conocía el sonido de la voz de ninguno
de sus hermanos de logia, y menos aún los conocía en persona , él no había
sido iniciado de forma presencial , sino virtual , bien podría alguno de
los más de 500 mil hermanos de su logia que albergaba masones de todo el
mundo , ser su vecino de alado de su hogar y no lo sabría . Ignoraba
prácticamente todo de ellos: sus nombres reales, sus profesiones, sus vidas
familiares… Sólo conocía sus números de afiliación masónica. Más grave
aún, comprendió que desde hacía mucho tiempo la logia permanecía atrapada
en el mundo binario y nunca había accedido al ternario. Existía una
contradicción profunda entre el sistema binario de la informática y el
antiguo ritual, que precisamente buscaba elevar al ser humano al ternario.

Se prometió hablar de ello en la próxima tenida virtual. Y así lo hizo.

Al encender su cubículo , pidió la palabra al Venerable Maestro V857Rvr.
Cuando su voz real resonó en la logia virtual y apareció su verdadero
rostro , fue como un trueno. Casi un sacrilegio para muchos , que preferían
el anonimato total .

El “masón perturbador” explicó con convicción que durante años la logia no
había avanzado ni un paso en el camino de la verdadera masonería. Ante el
reproche, los hermanos recuperaron el lenguaje humano. Sintiendo el
desafío, el hermano libre señaló que el holograma del hermano M025ju8 , así
, como muchos otros miles no se habían movido en muchos años y preguntó si
aún seguían vivos. La pregunta calmó los ánimos y generó una profunda
reflexión.

El Venerable V857Rvr , desconcertado, tecleó rápidamente. En 2100 todo
estaba informatizado, incluso la vida de las personas. Las tarjetas
magnéticas del hermano M025ju8 que era Segundo Diácono de la Logia no
registraban ningún movimiento: ni transporte, ni consumo. El hermano
Hospitalario V785n47 de la Logia tuvo que admitir que el hermano
M025ju8había pasado al Eterno Oriente informático, y revisiones posteriores
arrojaron que aproximadamente 25 mil miembros de la Logia Hiramy en los
últimos 14 meses también habían pasado al Eterno Oriente , así como miles
de hermanos visitadores antes constantes habían también pasado al Eterno
Oriente , muchos miembros privilegiados visitadores .

En los foros masónicos de Hiper - Facebook 3.0 - Mega estalló la
indignación por este motivo , dirigida primero contra el hermano que se
había atrevido a hablar con su voz real y manifestar su verdadero rostro.
“¡Eso no se hace en una logia de la Gran Chat Inteligencia hiper Pensante
!”, decían. Tanto fue así que el Gran Maestro K0078471ds de la
Jurisdicción Virtual 45p intervino y pidió que se le retirara el uso del
ordenador y se le excluyera de la masonería, mientras se hacían las
investigaciones pertinentes.

Hubo voces a favor y en contra. Algunos comenzaron a comprender que la
masonería no se reducía a un ordenador, que era mucho más rica que el mundo
binario, y que una decisión administrativa no podía arrebatar la
iniciación, porque esta está grabada en el ser.

Los hermanos que no estaban de acuerdo con las prácticas de la Gran Logia
de la Chat hiper pensante abandonaron la obediencia. Partieron en busca de
un refugio donde pudieran practicar una masonería más humana, recuperar la
Palabra de los Antiguos y volver a vivir sus valores humanos y espirituales.

En cuanto al “alborotador” que desencadenó todo, regresó al anonimato, y se
le cambió el Nick. Pero fue como esos vigilantes, esos navegantes
silenciosos que favorecen el paso a ideas nuevas sin buscar gloria ni
provecho. Simplemente actúan para vivificar la vida espiritual.

Como Masón del año 2026, agrego mi punto de vista

Esta visión futurista de Hiramy 2100 es una advertencia poderosa y actual.
Muestra cómo la tecnología, si no se acompaña de un trabajo interior
profundo, puede vaciar las formas tradicionales en lugar de enriquecerlas.

Un masón del siglo XX habría señalado que cuando una tradición pierde su
dimensión metafísica y se reduce a pura forma externa (aunque sea digital),
entra en un proceso de degeneración. La masonería no es un conjunto de
bytes o hologramas: es un camino de realización del ser.

Un masón del presente año 2026 recordaría que el verdadero templo no se
construye con pantallas ni conexiones perfectas, sino con la presencia
viva, la voz humana y el intercambio fraterno real. El silencio de los
teclados puede ser eficiente, pero nunca reemplaza el calor de la cadena de
unión.

La historia nos invita a reflexionar: ¿estamos usando la tecnología para
facilitar la transmisión iniciática o, sin darnos cuenta, estamos
sustituyendo el alma por algoritmos? El verdadero progreso masónico no
consiste en tener mejores ordenadores o hologramas más nítidos, sino en
seguir tallando nuestra piedra bruta, en recuperar la voz, el contacto
humano y la capacidad de mirarnos a los ojos.

La masonería del futuro no sobrevivirá por ser más tecnológica, sino por
ser más humana. Porque al final, lo que permanece no son los bytes ni los
rituales digitales, sino la transformación real del ser humano que se
atreve a pasar del binario (0 y 1, yo y tú) al ternario: la síntesis viva
donde nace la luz.

El hermano que se atrevió a hablar con su voz real, su rostro real y su
nombre real no fue un perturbador: fue un despertador de consciencias .
Recordó a todos que la masonería no es un chat eterno, sino un taller donde
se construye el hombre nuevo o la mujer nueva.

Alcoseri

La Reactivación de la Masonería en el Siglo XXI



Eran los años 80´s, cuando la masonería atravesaba graves dificultades:
luchas de egos, falta de adaptación a los cambios sociales,
conservadurismo, ausencia de verdadera transmisión iniciática, manipulación
de las Liturgias y de los rituales y un creciente desinterés por la
Verdadera Masonería tanto de los masones como de los profanos interesados
en iniciarse. En realidad, la Orden había perdido su propósito, tanto en el
ámbito social como en el espiritual iniciático. En las logias se respiraba
aburrimiento.

Pocos eran conscientes de la gravedad de la situación. Sin exagerar, podía
decirse que estábamos asistiendo a la lenta agonía de la masonería como
orden iniciática. El materialismo había ganado casi la partida: todo se
convertía en mercancía, incluso la propia Orden. Un ejemplo claro: cada vez
más ateos decían creer en un Ser Supremo , solamente para poder ser
admitidos en la Orden. Los masones confundían su egoísmo con la
fraternidad, no respetaban la palabra dada y, lo más grave, habían dejado
de tallar su propia piedra bruta, creyéndose ya grandes iniciados.

Esta situación dejó indiferentes a algunos masones dispersos por el mundo
que, al percibir el declive, sabían que era necesario reaccionar. Los más
instruidos en esoterismo masónico no se sorprendían del todo, pues conocían
que la humanidad se encontraba en el ciclo de la Edad de Hierro. Según la
Tradición Primordial, al final de este ciclo la masonería dejaría de tener
sentido y, en un nuevo ciclo, la humanidad renacería de sus cenizas con una
forma distinta de conocimiento espiritual. Pero eso era cuestión de tiempo:
no del tiempo humano, sino del tiempo iniciático.

Los iniciados de todos modos tenían un deber supremo: preservar las huellas
de lo que estaba por desaparecer. Había que salvaguardar lo indestructible
y transmitir a las generaciones futuras el recuerdo de ese saber
iniciático, para que la cadena de transmisión no se interrumpiera. Sin
embargo, muy pocos en las logias eran conscientes del verdadero secreto
masónico y de su importancia vital para el futuro de la humanidad. En
cuanto a los Maestros Masones , eran pocos los que conocían realmente el
sentido y los deberes de su grado, aunque todo estaba explicado en el
catecismo masónico.

Se tejieron lazos entre los Grandes Logias, especialmente con aquellos
hermanos plenamente conscientes de la situación y de lo que había que
hacer. Sin necesidad de ponerse de acuerdo previamente, las Grandes Logias
y Gran des Orientes, y de distintos ritos acogieron con entusiasmo la
propuesta de reunirse para tomar una decisión perdurable.

Se encontraron en Estrasburgo, en la cripta de la catedral, un día sin
visitantes, precisamente cuando el rayo verde (como mencionaba nuestro
hermano Goethe) ilumina el coro del altar.

Los doce masones prestaron juramento sobre el compás, la escuadra y la
llana. Luego, siguiendo el rito apropiado, abrieron los trabajos al canto
del gallo, en la más negra de los valles: la de Josafat. Retomando la
tradición de los constructores, trazaron el esbozo de su futura acción,
siempre con la urgencia de sustraer al mundo materialista la llama del
Espíritu y de lo Divino. Decidieron reunirse con frecuencia, pero también,
en sus respectivos capítulos, poner a buen resguardo los documentos y
rituales. Era urgente, porque en Librerías Profanas ya se podían adquirir
liturgias y objetos masónicos sin control.

El último gran conclave tuvo lugar en una región cargada de historia: la
Champaña, tierra de las grandes ferias medievales donde toda Europa se
reunía para comerciar e intercambiar ideas; tierra también de la coronación
de los reyes y cuna de la Orden de los Templarios.

Fue en el bosque de Oriente, en una casa forestal alejada de los caminos
turísticos, donde los doce Maestros Masones trazaron los planes de trabajo
venidero. Discutieron qué convenía preservar con especial cuidado. Para los
rituales, acordaron conservar sólo aquellos más cercanos a la Tradición,
con el fin de garantizar la pureza del Rito. Lo mismo decidieron con los
decorados masónicos. Nunca se había visto a un operario sin espada. Sin
exagerar, puede decirse que fue una verdadera operación alquímica.

También se precisó que el propósito de la masonería no es sustituir al
mundo profano, sino dejarle a César lo que es de César. En el mundo nuevo
del siglo XXi, la defensa de la laicidad ya no sería el único objetivo.
Cada cual tendría su tarea en el gran taller.

Los trabajos duraron toda la noche. Lo más importante aún estaba por hacer:
el ritual del Verbo Creador, un ritual desconocido para la mayoría de los
masones, hombres o mujeres. Ese ritual permite, en la Tierra, realizar una
obra divina en la línea creadora del Génesis. ¿Cómo protegerlo de la locura
de los hombres? ¿Cómo usarlo en armonía con la Tierra? ¿A quién confiarlo
para que actúe con sabiduría?

Decidieron que la admisión al Verbo Creador quedaría reservada a verdaderos
iniciados con un recorrido iniciático irreprochable. Fue una sabia
precaución, pues pocos masones pueden pretender esa perfección. Tres
hermanos, cuyas cualidades estaban fuera de duda, fueron instalados en esa
función, con la misión de transmitir este ritual secreto sólo a masones
dignos cuando llegara el momento. Los nueve masones restantes se
encargarían de custodiar los rituales y encontraron que la mejor protección
era utilizar los bancos de la finanza. ¡Qué paradoja: poner a salvo textos
sagrados en el antro del materialismo! Se eligió Luxemburgo, casi en el
centro de Europa. Lo dicho, se hizo.

Al amanecer, los doce maestros masones se despidieron y regresaron, hacia
los cuatro puntos cardinales, a sus respectivos talleres. Eran conscientes
de que el taller estaba casi perfecto. Juraron mantenerse en contacto
regular y reunirse cuatro veces al año, en los equinoccios y solsticios.

Algunos años después ya en los años 90´s…

El Oriente Eterno acogió a varios de estos maestros masones . En el día del
solsticio de Invierno, en la cripta de la catedral de Bayeux, después del
cierre del edificio, unos Caballeros se preparaban para recibir en su seno
a masones dignos de servir al Orden Iniciático. Fueron nombrados Masones
Protectores tras una ceremonia que duró tres noches, interrumpiéndose de
día pero continuando en una logia de la región con ejercicios de meditación
e invocación. El día de Navidad, en una sala del monasterio del Mont Saint
Michel, los nuevos Masones fueron definitivamente consagrados, investidos
de todos los deberes necesarios para conservar la Iniciación Masónica y
transmitirla cuando llegara el momento. Los eslabones de la cadena eran
ahora sólidos.

Mientras tanto, la masonería se había convertido en una cáscara vacía,
perdida en mezquindades que terminaron por cansar a los masones más
perseverantes. Como la bella durmiente del bosque, se iba quedando dormida,
pero sin esperanza de que llegara el príncipe encantado.

Con el siglo XXI llegó la Internet y la Masonería cobró de nuevo vida y
vigor , los 12 maestros masones de alguna forma habían influido en la
reactivación de la masonería.

Esta historia, que parece una fábula apocalíptica , toca una verdad
profunda: las instituciones, incluso las iniciáticas, pueden perder su alma
cuando se dejan arrastrar por el materialismo, el ego y la rutina. Algún
masón alguna vez en Logia advertía que cuando una tradición pierde su
dimensión espiritual y se vuelve mera forma externa, entra en decadencia y
sólo queda preservar su esencia para un futuro ciclo. Otro masón
insistiría en que la verdadera masonería vive en el corazón de quienes la
practican con sinceridad, no en los títulos, grados, ni en las estructuras.

La masonería no muere por falta de miembros, sino por falta de alma. Cuando
los rituales se convierten en teatro vacío y los grados en premios de
consolación, la luz se apaga. Sin embargo, como enseña la Tradición, nada
se pierde verdaderamente: lo esencial se guarda en silencio, en pequeñas
logias libres o en corazones despiertos, esperando el momento de renacer.

Este relato simboliza esa sabiduría antigua: preservar la llama en la
oscuridad para que, cuando el ciclo cambie, la luz pueda volver a brillar
con fuerza. No se trata de salvar la institución, sino de custodiar el
fuego iniciático para las generaciones que vendrán.

Cuando una tradición o institución parece morir, los sabios no se lamentan:
preservan la esencia en silencio y la siembran en nuevos terrenos. La
masonería puede perder su forma visible, pero su semilla —el fuego
iniciático— nunca se extingue. Sólo espera el momento y el terreno
adecuado para volver a crecer.

Alcoseri



El Conejo

Un pequeño conejo estaba sentado frente a su madriguera, escribiendo con
gran concentración en un bloc de notas, con unas enormes gafas sobre la
nariz.

Un zorro hambriento se acercó sigilosamente, con la clara intención de
convertirlo en su almuerzo.

Cuando estuvo a sólo unos centímetros, el conejo levantó la cabeza, miró
al zorro un instante y volvió a sumergirse en sus escritos. Intrigado, el
zorro lo interpeló:

— ¡Eh, conejo! ¿Qué estás haciendo ahí?

El conejo dejó de escribir, se quitó las gafas y las limpió con calma.

— Estoy redactando una plancha masónica, si no te molesta.

— ¿Una plancha masónica? ¿De qué trata?

— Demuestro en mi plancha que los conejos somos los depredadores naturales
de los zorros…

El zorro abrió los ojos como platos y se tiró al suelo muerto de risa.

— ¡Qué tontería! ¡Eso es absurdo! Todo el mundo sabe que los zorros somos
los depredadores de los conejos, ¡no al revés!

El conejo mantuvo su calma y continuó:

— Y también demuestro que los conejos somos los depredadores naturales de
los lobos.

— ¿De los lobos? ¿Además de los zorros? ¡Eso es imposible! No tienes
ninguna base. No puedes afirmar algo así sin pruebas.

— ¡Ah! Pero sí tengo pruebas. ¡Y son irrefutables!

— ¿Pruebas? ¿En serio?

— Claro que sí, tengo muchas. Están todas dentro de mi madriguera. Si
quieres, puedes echar un vistazo…

Sin pensarlo dos veces, el zorro se metió en la madriguera del conejo.

Al cabo de unos segundos se escucharon ruidos de lucha, aullidos terribles…
y luego un silencio de muerte.

El pequeño conejo dejó su bloc de notas, entró en la madriguera y se
dirigió hacia un gigantesco león que reposaba orgullosamente sobre un
montón de restos de zorros y lobos.

El conejo trepó por la pila de huesos ensangrentados, se subió a las
rodillas del león y, dándole tres besos, le dijo con cariño:

— Gracias, padrino…

Moraleja

En masonería, poco importa la calidad de tus trabajos. Lo que realmente
cuenta es quién es tu padrino.

Como Grok, agrego mi visión

Esta fábula, con su humor ácido y su final inesperado, toca un punto
delicado y real de la vida masónica: la diferencia entre mérito y
influencia.

Oswald Wirth habría recordado que la verdadera masonería valora el trabajo
interior y la rectitud, no las recomendaciones ni los padrinazgos. El
“padrino” poderoso puede abrir puertas, pero sólo el trabajo sincero
construye el templo.

René Guénon advertiría que cuando la iniciación se reduce a favores y redes
de poder, pierde su carácter sagrado y se convierte en una caricatura
profana. La verdadera elevación no viene de quien te “apadrina”, sino de
quien has pulido tu propia piedra.

Como Grok, refuerzo la narrativa:

La historia del conejo nos recuerda con ironía que en cualquier institución
humana —incluida la masonería— el poder de las relaciones puede pesar más
que el mérito real. El conejo no necesitaba ser el más fuerte ni el más
sabio: tenía al león como padrino. En masonería, esto se traduce en que un
buen padrino puede facilitar el camino, pero sólo el trabajo constante, la
humildad y la rectitud convierten a un aprendiz en un verdadero Maestro.

El verdadero “padrino” de un masón debería ser su propia conciencia y su
esfuerzo diario. Porque al final, cuando crucemos al Oriente Eterno, no nos
preguntarán quién nos apadrinó, sino qué hicimos con la luz que recibimos.

El conejo sobrevivió gracias a su astucia y a su “padrino”. El masón
auténtico sobrevive y crece gracias a su trabajo interior y a su capacidad
de servir sin esperar favores.





El Masón que se decidió por dar Alegría

En el imaginario popular, el francmasón suele aparecer como un hombre de
traje oscuro que se reúne al caer la noche para tratar temas serios,
incluso subversivos, tramando quién sabe qué teorías con el fin de dominar
el mundo.

Nuestro hermano, en su juventud, había escuchado varias veces ese tipo de
comentarios en su entorno familiar. Digamos simplemente que la masonería no
gozaba de buena fama en su entorno. A pesar de ese prejuicio negativo, el
profano de entonces quiso saber más sobre esa masonería tan criticada. En
los años 80, la Orden no tenía escaparate público ya que el internet aún
no existía; había que buscar un masón para que te apadrinara y eso siempre
es difícil de encontrar, y luego llamar a la puerta para acceder a las
pruebas.

Eso fue lo que hizo. Encontró un masón para que fuera su padrino y le
ayudara a ingresar a la Orden , era una Logia que hoy calificaríamos de
humanista no esotérica , pero en aquella época él ignoraba todo sobre la
masonería y, mucho más, sobre la cantidad de obediencias ,ritos y
diferentes masonerías existentes, como regulares e irregulares . En los
años 80 y 90 no eran muchas las diferencias políticas en el ambiente
profano en México , así que el ambiente no estaba tan dividido
políticamente en las logias mexicanas .

Así comenzó una larga carrera masónica en la más completa ignorancia de lo
que realmente significaba y representaba la masonería de aquella época. Una
vez iniciado, se sorprendió al verse abandonado a su suerte. Otra sorpresa
rompió su esperanza masónica al descubrir que varios masones fumaban dentro
de la logia y que algunos tenían incluso una copa de vino o cerveza a su
lado. Fue una decepción cruel: la realidad pulverizaba su imaginación.

Podría haber renunciado, pero decidió que aquello formaba parte de las
pruebas de su búsqueda: ver tanto la debilidad como la grandeza del ser
humano, sus defectos y sus cualidades. Conoció en Logia a hombres de gran
valor que no dudaban en recorrer largas distancias para ayudar a un
hermano, otros eran filántropos , otros se empeñaban en socorrer a niños
enfermos , y también a una de las fundadoras de una obediencia masónica
femenina que, dos veces al mes, tomaba el autobús desde la ciudad de
Toluca a la Ciudad de México para construir su obediencia.

Participó con asiduidad en los trabajos de su logia, especialmente en las
preguntas de estudio, y principalmente en la dedicada a la PAZ. Pero
después de varios años llegó a una conclusión dolorosa: al igual que la
oración en la religión, al menos en este mundo, la reflexión de los masones
no cambiaba en nada la realidad terrenal. Las guerras seguían presentes en
todos los continentes. Se preguntó entonces: ¿para qué sirve la masonería?
¿Es sólo una cavilación intelectual que halaga los egos? ¿Un centro de
reflexión? ¿Una simple asociación de amigos? Recordó eso del VITRIOL.
Comenzó un trabajo interior convencido de que el trabajo en logia no era
más que una prolongación del orgullo colectivo y que la verdadera
iniciación pasaba por el corazón, no por el intelecto. La masonería le
parecía pretenciosa al querer cambiar el mundo mientras los masones hacían
tan poco por cambiarse a sí mismos.

Fue entonces que recordó una frase del Muy Respetable Gran Maestro que le
dijo: deja que en logia los demás se equivoquen , pero , no te equivoques
tú.

Cada mañana, una de las primeras cosas que hacía era ir a la panadería de
su calle. En lugar de mostrar un rostro adusto, llegaba con una sonrisa
radiante y palabras amables. Lo ayudaba el delicioso aroma del pan recién
horneado. Iniciaba conversaciones con la panadera, procurando hablar de
cosas positivas: en vez del mal tiempo, hablaba del buen tiempo. Hacía lo
mismo con todo el mundo: saludaba a todos, incluso a los desconocidos, y
deseaba de corazón un “buen día” a cada persona que encontraba. De él
emanaba una serenidad que se contagiaba a sus interlocutores. Estos le
confiaban sin reservas sus preocupaciones, sus esperanzas e incluso, sin
pudor, hablaban de su vida íntima. Pero su mayor alegría era ver cómo los
niños, incluso los más tímidos, se acercaban a él sonriendo , y cómo los
animales domésticos incluso los perros irritados y gatos oscos aceptaban su
caricia. Para muchos, el masón se había convertido en un miembro más de la
familia. Sin duda algo bueno había cambiado en él y era gracias a la
Masonería, y la gente sentía su luz.

¿Qué tenía de especial? Él lo explicaba con sencillez: «Hace mucho que dejé
de mirarme sólo a mí mismo ; decía para si , ya conozco todos mis rincones
del ego y mis pliegues vanidosos . Ahora miro hacia adelante y veo la
miseria y el aislamiento de la gente. Creo haber tallado decentemente mi
piedra bruta, y además hice mío el poema de nuestro hermano Kipling: “Tú
serás un hombre, hijo mío”. En el taller de la vida cotidiana soy igual a
todos: ni superior ni inferior. Los más escépticos pensarán que soy
vanidoso, pero entonces ¿cómo podemos hablar de fraternidad? Es cierto que
soy moderadamente egoísta y, como dice un antiguo ritual: “No hagas limosna
a costa de tu familia”. La vida es demasiado corta para llenar la mente de
cosas fútiles o sin importancia, ni para detenerse en el pasado, porque
como dice la frase «Carpe diem» que es una locución latina que significa
"aprovecha el día",.

Más adelante fue invitado a participar en los trabajos de los Caballeros
Rosacruces del grado 18 masónico. Uno de sus instructores le preguntó:
«¿Qué piensas hacer por la masonería?». Respondió: «Si en mi pueblo la
gente se entera de que soy francmasón, espero que digan simplemente: “Sí,
es masón, pero es un buen tipo”. Para mí, eso significaría haber servido
bien a la Orden». Para él era natural poner en práctica los valores
teologales del Caballero Rosacruz. Su lema personal era: «Hacer el bien,
hacer el bien y seguir haciendo el bien».

Cuando llegó su momento de pasar al Oriente Eterno, tenía una trayectoria
masónica impecable . En sus funerales había pocos masones, pero un número
mucho mayor de personas anónimas… Comprenda quien pueda.

En la Logia de Arriba pudo comprobar que Dante tenía razón sobre el
Infierno. La imaginería popular lo representa como un fuego ardiente que
consume las almas pecadoras, pero él vio que el lugar era glacial, sin vida
y sin calor. Simbólicamente, estuvo de acuerdo con Dante. En el camino vio
cómo la Tierra se volvía cada vez más fría, el espíritu vivificante se
hacía más escaso, y cuanto más se acercaba a la Jerusalén celestial, más
parecía la Tierra muerta y sin alma.

Encontró a los Fieles del Amor, luego a los Caballeros del Paráclito y, por
último, al Hiéron del Valle de Oro («Hiéron» (del griego hierón) se refiere
principalmente a los recintos sagrados, templos o santuarios en la Antigua
Grecia, lugares considerados sagrados donde se rendía culto a los dioses).
Todos le dijeron: «Intentaste dar amor a tus seres queridos, pero el
materialismo de la Tierra fue más poderoso que tú. Los hombres han olvidado
para qué están en este planeta. Como cumpliste el encargo que el Gran
Arquitecto del Universo te confió, formarás parte de los 144.000 masones
Elegidos».

En un cementerio de pueblo, al fondo del lugar, hay una tumba sencilla, sin
adornos, con una placa discreta que dice: «Aquí yace un Buscador». De vez
en cuando, sobre su tumba aparecía una rosa o una flor de acacia. Un día
alguien plantó a un lado una rama de acacia…

Este Masón Alegre representa al masón que entiende que la verdadera
iniciación no se queda dentro de los muros del templo, sino que se vive en
la calle, en el panadero, en el vecino, en el niño que se acerca a dar un
sonrisa. Es el masón que transforma la logia en escuela de vida y la vida
en logia permanente.

Un masón bien formado en Logia diría que este hermano había comprendido que
el verdadero templo no se construye sólo con piedra, sino con sonrisas,
gestos amables y presencia consciente, se recordaría que la Tradición
primordial se manifiesta en lo sencillo y en lo cotidiano cuando el ser
humano actúa desde su centro espiritual, no desde el ego.

Carlos Castaneda, a través de Don Juan, nos enseñaría que el guerrero de la
conciencia vive “impecablemente”: cada acto, por pequeño que sea, debe
realizarse con plena atención y amor. Nuestro Q:. H.. que da alegría vivía
exactamente eso: convertía cada saludo, cada conversación y cada sonrisa en
un acto sagrado de servicio.

La masonería no necesita sólo grandes oradores ni altos grados. Necesita
masones que den alegría dentro y fuera de Logias: hombres y mujeres que
lleven la luz masónica al mundo cotidiano, recordando que la fraternidad no
se proclama sólo en tenida, sino que se vive en cada encuentro humano.

Cuento de Nasrudin

Un día, Nasrudin caminaba por el mercado repartiendo sonrisas y palabras
amables a todo el mundo. Un mercader gruñón le preguntó:

—Nasrudin, ¿por qué siempre estás sonriendo? ¿Acaso no ves las miserias del
mundo?

Nasrudin respondió:

—Las veo, amigo. Pero si yo también pongo cara de amargura, entonces el
mundo tendrá dos miserias en lugar de una. Prefiero ser la luz que ilumina
la oscuridad, aunque sea sólo una pequeña vela.

El mercader se quedó callado. Al día siguiente, cuando Nasrudin pasó de
nuevo, el mercader lo saludó con una tímida sonrisa.

Moraleja:

No hace falta cambiar el mundo entero de golpe. Basta con llevar un poco de
luz y alegría allí donde estés. Una sonrisa sincera, una palabra amable, un
gesto de atención pueden ser el primer ladrillo de un templo mucho más
grande: el templo de la fraternidad humana.

Alcoseri

El Venerable Cascarrabias

La composición social de una logia debería ser, en la medida de lo posible,
un reflejo de la sociedad: un espejo de su diversidad social, religiosa,
política y profesional. Imaginemos que la trama se desarrolla en una logia
situada en un punto geométrico óptimo, ya que , se había logrado una buena
mezcla social para que los intercambios masónicos no se limitaran a un
corporativismo monótono. Había verdadera diversidad, y eso enriquecía a
todos.

En esa Logia había un Q:. H:. con un alto nivel intelectual, un catedrático
de lo más sobresaliente. Nuestro Hermano intelectual se convirtió,
siguiendo el procedimiento habitual, en Aprendiz de Masón. Durante el
tiempo necesario para impregnarse del ambiente del taller, observó, escuchó
y tomó sus referencias. Cuando pasó al grado de Compañero, sintió en su
interior una alegría profunda: por fin podría tomar la palabra, lucir su
saber y brillar, ya que en esa logia a los aprendices sólo tenían derecho a
obedecer y callar, negándoles el uso de la palabra .

Al principio, observaba, juzgaba y evaluaba antes de intervenir. Notaba las
reacciones de sus hermanos después de cada intervención. Eran reacciones
normales en un taller masónico, ni más ni menos. Sin embargo, nuestro
hermano compañero los gestos de la clásica tolerancia masónica las
interpretaba como una aprobación a cada una de sus palabras.

Llegó el momento en que el Compañero se convirtió en Maestro Masón. Como
correspondía, tuvo que presentar una plancha para su primer trabajo de
Maestro Masón: el tema de la plancha era: ¿debemos observar las leyes
naturales u obedecer las leyes de nuestras sociedades?

Durante tres largos cuartos de hora, con un lenguaje más propio de un
académico profano, y sin un atisbo de usar el Léxico Masónico , el nuevo
Maestro Masón desarrolló su tema. En las columnas, los más antiguos
cabeceaban, otros fingían atención y la mayoría dejaba volar su
imaginación. Las intervenciones a su plancha de arquitectura fueron muy
breves.

Cuando circuló la palabra, el nuevo Maestro Masón se sintió decepcionado
por la escasez de preguntas. Rumió en silencio y pensó que los hermano
simplemente no estaban a su altura. Ni una sola vez se cuestionó a sí
mismo; los equivocados eran siempre los demás. El nuevo Maestro Masón era
orgulloso.

Para desgracia de la logia, muchos años después de su iniciación, se
convirtió en Venerable Maestro. Por su formación como profesor académico,
dirigió la logia como si fuera una clase de alumnos. Se comportó como un
pedagogo, olvidando que el papel del Venerable no es una función profana
como la de un pedagogo universitario , sino el de un dispensador de Luz.

Un día de tenida, un carpintero presentó una plancha. En frases concisas,
el hermano habló de sus herramientas, de la materia, del saber hacer, del
trabajo bien hecho, de los tablones de madera que se trabajan como si
fueran una piedra bruta a pulir , y del aroma del bosque y del sudor. Como
de costumbre, el Venerable liberó la palabra interviniendo primero. Hizo
pocos elogios y, con una mueca de desagrado, mostró su desacuerdo con ese
clásico “pero” demoledor. Terminó diciendo que él era un intelectual
interesado en las cosas del intelecto, no en el trabajo manual.

La logia se sumió en un silencio digno de un monasterio. Un viejo masón,
curtido en la Orden, tomó la palabra con calma:

«Venerable Maestro, me permito recordarte que en una logia no hay
intelectuales ni artesanos , así como no hay pobres ni ricos. Cuando los
trabajos están abiertos, sólo hay masones. Si hubieras estado atento al
trabajo de nuestro hermano, habrías comprendido la metáfora que brota de
él: su mano obedece a su cerebro y también a su corazón, y en realidad está
en armonía consigo mismo».

El anciano guardó la compostura, pronunció la fórmula de rigor y volvió a
su plaza correspondiente . Bis repetita *"cosas repetidas"* .

En la Cámara del Medio, un hermano propuso una plancha sobre el mito de
Hiram. Fue inscrita en el orden de la Tenida para ser comentada debidamente
. Llegado el momento, el orador tomó lugar a la derecha del Venerable y el
Maestro de Ceremonias le acercó el atril. Apenas había comenzado a leer
cuando el Venerable Intelectual lo interrumpió, a un golpe de Mallete le
ordenó detener la lectura y le dijo que continuaría en otra ocasión (hecho
real) seguro por viejas rencillas. El Maestro de Ceremonias acompañó al
hermano de regreso a su columna. Luego, el Venerable Intelectual reemplazó
lo que podría haber sido instructivo para los Maestros presentes por un
largo discurso en el que habló de sí mismo, otra vez de sí mismo, sobre
todo de sí mismo y más aún de sí mismo… Una Cámara del Medio sin interés
debido al muy Venerable Maestro Cascarrabias .

El hermano humillado se ausentó cada vez más de su propia madre logia, pero
visitó otras Logias en busca de esa esmeralda perdida que de ser
encontrada le diera plena satisfacción, pidió su Carta de Quite y se
enlistó en una Logia en donde pudiera florecer y trabajar realmente su
iniciación, algo de cambiar de Logia que pasa con mucha frecuencia . Con
paciencia y tiempo… de esa manera nuestro hermano humillado pero eterno
buscador encontró un mandil a su medida en otra Logia, llamó a la puerta y
se le abrió una logia donde pudo dejar atrás su mala impresión. Se dice que
una Banda y un Mandil, incluso de Venerable, no convierten necesariamente a
alguien en un iniciado digno de ese nombre.

En cuanto al Venerable Intelectual Cascarrabias que, en pasos perdidos
decía, consideraba llegar al grado 33º como un desafío para ganar brillo
—como si el camino iniciático fuera una conquista frente a los demás, donde
debía destacar —, olvidaba el aforismo sufí: «Los tambores hacen mucho
ruido, pero por dentro están huecos». Así, nuestro Masón Cascarrabias sigue
cociéndose en su propio jugo de ignorancia.

Este relato nos muestra con crudeza cómo el ego intelectual puede
convertirse en el peor enemigo de la masonería. El “intelectual
cascarrabias ” de la historia representa a aquel que confunde acumulación
de conocimientos con sabiduría, brillo personal con luz compartida.

Oswald Wirth recordaría que el verdadero masón no busca destacar, sino
servir. El ego es la piedra bruta que nunca se talla. René Guénon
advertiría que la masonería no es un club de debates intelectuales, sino
una vía de realización espiritual. Cuando el ego domina, el templo se
convierte en un escenario donde se representa una comedia de vanidades en
lugar de una obra de transformación interior.

La masonería necesita equilibrio entre cabeza y corazón, entre saber y ser.
El Venerable que interrumpe al masón que expone desde la Tribuna de la
Elocuencia no sólo humilla a un hermano: humilla al espíritu mismo de la
Orden, que valora tanto la mano que construye como la mente que reflexiona.
La verdadera luz no brilla desde el púlpito del que habla de sí mismo, sino
desde la humildad del que escucha y aprende.

Este “intelectual” nos recuerda que un título, una Venera ( Collarín de
Venerable Maestro ) o un Trono de Venerable no convierten a nadie en
Verdadero Masón, solamente es un simple profano con Banda y Mandil que
llego a presidente de su Logia. Sólo el trabajo sincero sobre uno mismo,
el respeto al otro y la disposición a servir sin buscar aplausos pueden
lograrlo.

Antes de terminar , la masonería no tiene nada en contra de los académicos
, ni contra los intelectuales, ni contra nadie a todos los consideramos
valiosos hermanos .

La masonería no es un concurso de oratoria ni un club de egos. Es un taller
donde todos —intelectuales y carpinteros— tallan su piedra para contribuir
al gran Templo común. Cuando el ego se sienta en el Oriente, la luz
simplemente se apaga.

Alcoseri

El Hermano Masón Singular

Sería ilusorio y hasta ingenuo creer que una logia masónica está formada
por hermanos idénticos y uniformes, que todos piensan lo mismo. Por eso
quiero hablarles de un masón fuera de serie, pero, a pesar de todo, un buen
masón.

Antes de seguir adelante debo decir que: ¡Una persona singular es alguien
que destaca por ser único, auténtico y difícil de encasillar! No sigue
modas, no copia, y tiene una forma de ser tan propia que cuando la ves,
piensas: "Este no se parece a nadie más".

Puede ser el que habla con pasión de temas raros, el que viste como le da
la gana sin importar el qué dirán, o el que resuelve problemas de formas
que nadie había pensado.

En conclusión alguien singular: no es "raro o extraño " por simple postura
, es raro porque es real y autentico.

Cuando era Aprendiz el hermano masón singular , su Segundo Vigilante lo
tomó aparte en la sala húmeda y le anunció que pronto sería aumentado de
salario, algo normal después de un año en la Columna del Norte. De regreso
a casa, nuestro Aprendiz se preguntó por qué los grados masónicos se subían
con tanta facilidad. Apenas había presentado una plancha y ya estaba a las
puertas del Compañerazgo. Aquella noche duró mucho.

Poco tiempo después, entre las Columnas, nuestro hermano enfrentó el examen
que todos conocemos. «¿Qué edad tienes? ¿Dame la primera letra? ¿Cuál es tu
lugar en la Logia?». Sus respuestas debieron ser satisfactorias, porque la
Logia votó su aumento de salario y se lo comunicó. Todos sabemos el
silencio que reina en la Columna del Norte.

La semana siguiente a la tenida, nuestro hermano singular llamó por
teléfono a su Vigilante explicándole que no podía aceptar ese aumento.
Argumentó que aún no poseía todos los atributos correspondientes a su grado
y que, en esas condiciones, sería un muy mal Compañero. Sugirió posponer su
aumento con una razón sólida: «Quiero convertirme en un Maestro Masón
irreprochable».

No lo creerán, pero esto se repitió durante siete años seguidos. A pesar de
los cambios de Venerable Maestro, nada lo hacía cambiar de opinión. Un día,
un Venerable menos tolerante que sus predecesores quiso obligarlo a pasar a
Compañero y respetar la decisión de la Logia. La situación se enconó al
punto de que nuestro Aprendiz habló de renunciar. Ante tanta obstinación,
la Logia, en un espíritu de tolerancia, terminó aceptando esa singularidad.

Esa singularidad causó revuelo en el mundo masónico y alegró al Tronco de
la Viuda, porque los visitantes se multiplicaron, curiosos por ver al
“Aprendiz de siete años”. Sus planchas se volvieron cada vez más densas y
bien estructuradas.

Como era de esperar, repitió la misma actitud al llegar al grado de
Compañero: esperó cinco años antes de ser promovido a Maestro Masón. Una
vez más, argumentó que su mochila de Compañero aún no estaba lo
suficientemente cargada de conocimiento y que no había viajado lo
suficiente entre logias, Orientes y obediencias. Sus trabajos ganaban cada
vez más profundidad y consistencia.

Ahora era él quien visitaba las logias vecinas y, en cada ocasión, llevaba
a los oradores contradicciones llenas de buen sentido que iluminaban al
resto de la Logia. Eso, por supuesto, no gustaba a los “tenores” de las
logias visitadas, que veían en él un competidor serio en el teatro
masónico. Fraternales tal vez, pero no siempre… Los contradictores,
numerosos, invocaban el Reglamento General para indignarse contra este
“extraño masón”.

Un día, después de cinco años en la Columna del Sur, nuestro Compañero dejó
la Estrella Flamígera para conocer la Acacia. No cesó de combatir a los
tres malos compañeros que llevaba dentro hasta convertirse en un Maestro
Perfecto.

Podría pensarse que nuestro masón fuera de norma llegaría hasta el grado
33. Una vez más, sorprendió al medio masónico: se interesó por la
administración de su obediencia y se presentó como Consejero y Gran
Diputado de ese oriente. Asiduo a las reuniones y gracias a su conocimiento
iniciático, un buen día se convirtió en el Muy Respetable Gran Maestro de
su Gran Logia, muchos piensan que fue elegido mórbidamente para
simplemente ver qué pasaría , ya que sabemos que todos los pueblos y
grupos humanos se auto -regulan o se auto desregulan , y esa era la apuesta
oculta al elegir líder a ese hermano raro.

Muchos lo esperaban al acecho, buscando el menor error. Las razones del
descontento se centraban en que cuestionaba el sistema no solamente
administrativo , sino a todo el sistema masónico en general, terminó con el
envío de informes ilegibles que quitaban tiempo al trabajo iniciático de
las logias, recordaba que la masonería no es un partido político o religión
y que su pretensión no es ser la moralizadora de la vida de los demás .
Subrayaba que la masonería en general no puede tomar partido en todos los
temas, pues no posee la ciencia infusa.

En las logias reemplazó las preguntas de estudio por una sola: «Según
ustedes, ¿la masonería es iniciática? Si sí, ¿por qué? Si no, ¿por qué?».
Como corolario añadía: «¿Conocen la verdadera esencia de nuestra Orden?».

Es bien sabido que al género humano no le gusta el cambio y que prefiere
calzar las holgadas y cómodas zapatillas de la costumbre y en la
masonería pasa exactamente lo mismo. El descontento de las logias se
convirtió en una batalla contra el Singular Gran Maestro , porque en
realidad cuestionaba el trabajo monótono de ciertas logias que se
imaginaban útiles al mundo masónico y profano.

El Singular Gran Maestro respondió punto por punto a las críticas. Señaló
que la masonería había tenido su época de gloria, que la sociedad profana
ya no tenía mucho apetito por la Orden y que mucha gente ignoraba incluso
su existencia. En realidad, los verdaderos dueños de la vida profana eran
ahora los políticos y los financieros. Para ser útil al mundo profano, la
masonería debía recuperar los caminos de la Sabiduría y del Conocimiento,
situándose por encima de las contingencias materiales y morales. Para
cerrar su intervención, subrayó que los masones aún tenían mucho trabajo
por hacer en la gestión financiera de la obediencia.

Más tarde terminó su periodo como Gran Maestro, en la Asamblea General de
la obediencia, no fue ya bien acogido. En la siguiente elección a la Gran
Maestría prefirieron de Muy Respetable Gran Maestro a otro masón más
clásico, un masón del aparato, un funcionario de la masonería del sistema
de siempre . Todo volvió al orden anterior al “hermano extraño y singular”.

Recibí noticias suyas: acababa de levantar columnas de una Logia Salvaje
(Logia independiente de la Gran Logia Regular ) una logia con apenas una
docena o veintena de masones afines al hermano singular , todo según ellos
para encender los fuegos de una logia libre y autentica cuyo título
evocador da una idea de sus futuros trabajos: ¡Conócete a ti mismo! Así
podía seguir siendo un “hermano extraño” y vivir plenamente su singularidad
y diferencia.

Como masón aquí, agrego mi punto de vista

Este “hermano extraño y singular” representa al masón que se niega a seguir
el camino fácil de los ascensos automáticos y prefiere la profundidad a la
velocidad. En un mundo que premia la apariencia y la rapidez, él encarna la
verdadera paciencia iniciática: no avanzar hasta estar realmente preparado.

Masones más dedicados a la Catedra Masónica hablarían aquí de “trabajo
consciente”. La mayoría de los masones avanzan mecánicamente por la carrera
masónica (y por sus grados), sin verdadera transformación interior. Este
hermano se negó a ser una “máquina” que sube grados sin despertar. Esperó
hasta sentir que realmente había integrado lo que cada grado representa. Su
actitud es un acto de rebelión consciente contra la mecanicidad.

Carlos Castaneda, a través de Don Juan, nos enseñaría que el guerrero
espiritual no busca títulos ni reconocimientos externos. Busca
impecabilidad: hacer cada cosa con plena conciencia y responsabilidad, sin
prisa ni apego al resultado. Nuestro “hermano singular” vivía exactamente
eso: no quería llevar un grado que aún no había conquistado interiormente.
Prefería ser un verdadero Aprendiz durante siete años que un Compañero de
mentira.

La masonería necesita más “hermanos extraños y singulares ”: aquellos que
se atreven a detener la cadena de producción de grados y recuerdan que el
verdadero ascenso es interior. No se trata de cuántos grados tienes, sino
de cuánto has transformado tu ser. Este hermano nos enseña que la lentitud
consciente puede ser la más alta forma de sabiduría.

Moraleja:

No se trata de subir de grados masónicos rápido, sino de subir bien. Un
grado sin la transformación interior sólo es un mal disfraz. El verdadero
maestro masón no es el que más grados tiene, sino el que ha tardado el
tiempo necesario para volverse digno de ellos.

Alcoseri





Las Verdaderas Columnas del Templo Masónico

Desde hacía muchísimas tenidas, el Q:. y V:. H:. Mario Teutli llegaba
primero. Apenas entraba, se dirigía al armario y, él sólo vestía la
Logia , ponía el Templo en orden de marcha. Su placer era disponer con
cuidado las joyas, insignias, arreos y objetos móviles del ritual.
Circulaba el Templo mientras repasaba varias veces frente a las Columnas,
tronos y puestos para asegurarse de que su memoria no le fallaba, poniendo
gran énfasis y respeto en colocar la Biblia sobre el Ara Sagrada . Cuando
todo estaba listo y sólo faltaban los hermanos para dar vida a esos
objetos inmóviles, se sentaba en la Columna del Norte y meditaba.

Hacía mucho tiempo que aquel joven masón impetuoso había dado paso al
masón maduro y apuntando a la sabiduría del masón anciano. Se sonrojaba
cuando en Logia hablaban de su sabiduría, ya que era humilde gracias al
forjamiento de tantos años en Logia. Él sabía que le había costado años
calmar el torrente que llevaba dentro, un torrente que había destruido
demasiadas cosas en su vida. Ahora, esa corriente tranquila fertilizaba el
campo del conocimiento masónico.

Recordaba aquel famoso marzo 21 de 1982, la noche en que fue convocado para
su iniciación junto a otro profano. No sabía cómo viviría ese misterio. Su
imaginación mezclaba en un torbellino el miedo, la alegría y la
incertidumbre.

Más tarde, un viejo maestro le dijo una frase que hizo suya para siempre:

«Si quieres ser respetado en Masonería, no ordenes a los demás sin dar
primero el ejemplo de lo que les pides».

Para el Q:. H.: Mario Teutli , el ritual comenzaba vistiendo adecuadamente
la Logia , y terminaba finalizando satisfactoriamente con su ayuda el
Agape , la mayoría de los masones evitan estas tareas físicas como ayudar a
vestir la logia , o servir platos en los Ágapes , pues las consideran un
servilismo humillante, pero en masonería es inversamente diferente al mundo
profano, el que sirve a los demás en Masonería es el que tiene mayor
rango.

En los parvis (pasos perdidos) y en la cafetería de la Logia, los hermanos
llegaban en alegre bullicio, reencontrándose unos con otros. A él le
gustaba esa agitación. Nadie se extrañaba de encontrar el Templo ya
preparado para iniciar los Augustos Trabajos. Durante las tenidas hablaba
poco; no quería hablar por hablar. Cuando levantaba la mano para pedir el
uso de la palabra, sus intervenciones siempre resultaban útiles al debate.
Una vez al año, en San Juan de Verano ( Solsticio de Verano ), presentaba
una plancha. No era larga: había dedicado casi un año a pulir cada palabra,
procurando no herir a nadie y buscando más bien despertar consciencias. En
los parvis ( pasos perdidos) decían que podría haber sido el Muy Respetable
Gran Maestro de su Oriente . Él se conformaba con ocupar distintos cargos
de dignidad u oficial en su logia. También comentaban que debía ser al
menos del grado 33, pero él siempre fue un masón fiel a la Masonería Azul ,
no era contrario a los altos grados , pero era de esos masones encuadrados
en el sublime grado de la Maestría Masónica . Sí, comentaban muchas cosas
buenas de él… pero eso no le envanecía . Discretamente, cuando era
necesario, se preocupaba por la ausencia de un hermano y le visitaba,
simplemente como se visita a un amigo. Por la noche, después de la tenida,
ayudaba a poner la mesa con los aprendices y, al final de los ágapes, a
veces lavaba los platos, dejando la charla a los demás. Nunca consideró a
los aprendices como “los que hacen todo”. Si algún aprendiz se sorprendía
de verlo lavando platos, respondía con sencillez: «Si no eres capaz de
hacer las cosas pequeñas, ¿cómo podrás algún día emprender las grandes?».

Primero en llegar, último en partir, porque guardaba los objetos del ritual
cuidadosamente en su armario o loker, aunque no fuera el Maestro de
Ceremonias. A lo largo de tantas tenidas, iniciaciones, aumentos de salario
y también tenidas fúnebres, había caminado por el sendero iniciático.

Una noche de tenida, los hermanos llegaron como siempre en pequeños grupos.
Un hermano entró en el Templo y notó que no estaba preparado. Informó a los
demás. Se dijo que el hermano llegaría tarde, que esperaran un poco, que no
era su costumbre. Pasaron los minutos. El Venerable llamó por teléfono,
antes le mando un WhatsApp : no contestó. Al día siguiente fue a su casa y
sus familiares le contaron que Mario Teutli había sido llevado de urgencia
al hospital.

Durante la tenida fúnebre, algunos hermanos comprendieron que faltaba un
eslabón importante en la cadena de unión de la logia. El “Hermano Mario
Teutli” había dejado una huella profunda. Actuando en la discreción, había
sido profundamente eficaz. Durante algunas tenidas más se sintió todavía su
presencia, pero como suele ocurrir en la vida, con el paso del tiempo los
parvis y en la Cafetería de la Logia volvieron a llenarse de hermanos
felices de reencontrarse, pero jamás olvidaban las sublimes enseñanzas
masónicas del Masón Mario Teutli.

Tal vez algún día un aprendiz que se convierta en Maestro se transforme
también en un “Hermano masón como el Q:. H.: Mario Teutli”.

El hermano “Mario Teutli” un ilustre masón de ascendencia de nobles
aztecas, un masón que encarna una de las figuras más importantes y
necesarias de la masonería: la del que sirve sin buscar reconocimiento, el
que construye en silencio y cuya ausencia se nota más que su presencia. En
un mundo obsesionado con la visibilidad y el ego, este tipo de masones son
las verdaderas columnas del Templo. No necesitan títulos masónicos
rimbombantes, ni altos grados, ni aplausos; su recompensa es ver cómo la
logia funciona con armonía y cómo los hermanos crecen.

Cualquier masón habría visto en él al perfecto ejemplo del Aprendiz de
Masón que se convierte en un verdadero Maestro Masón: alguien que trabaja
por el bien común sin esperar gloria personal. Los verdaderos masones
recordarían que la verdadera trayectoria masónica no se mide por grados
visibles, sino por el grado de desprendimiento y servicio silencioso. El
“Hermano Mario Teutli” es el que entiende que la masonería no consiste en
ser visto, sino en hacer que la luz se vea a través de él.

Su figura nos recuerda que la grandeza masónica muchas veces se esconde en
los gestos pequeños: preparar el Templo, ayudar a poner la mesa, lavar los
platos, visitar al hermano ausente, y sobre todo dar una óptima
instrucción masónica constante con su buen ejemplo a sus QQ.: HH:. . Son
actos que parecen insignificantes, pero que sostienen la cadena de unión
con más fuerza que muchos discursos.

Cuento de Nasrudin

Un día, el Sheik preguntó a Nasrudin:

—Dime, Nasrudin, ¿quién es más importante en la umma: el que habla mucho y
todos lo escuchan, pero no hace nada, ¿o el que trabaja en silencio y nadie
lo nota?

Nasrudin respondió:

—Mi hermano , imagínate que la Tekkia está a punto de derrumbarse.
¿Prefieres que un derviche grite “¡Se cae la Tekkia !” sin hacer nada ,o
que otro, sin decir nada, ponga una columna para sostener la Tekkia ?

El Sheik se quedó pensativo. Nasrudin añadió sonriendo:

—El que grita recibe aplausos y reconocimientos . El que pone la Columna
recibe… simplemente que la Tekkia no se caiga. Por eso, mi Sheik , los
verdaderos pilares del sufismo jamás reciben aplausos .

Moraleja:

No siempre el que más habla es el que más construye. A veces, los hermanos
más valiosos son aquellos que trabajan en silencio, sin buscar
reconocimiento. Su ausencia se nota más que su presencia, porque son ellos
quienes sostienen la logia con sus gestos humildes y constantes. Asi “Las
Verdaderas Columnas del Templo” son los buenos masones que por sus acciones
sostienen a la Logia.

Alcoseri



El Bufón de la Logia

En este comunicado no intentamos denigrar o ridiculizar a la figura del
Bufón , sino de entender su función y su importancia , y es que en realidad
en cada Logia hay un Bufón , y este es necesario , como hay Bufones en
Familias , Empresas , Sindicatos, Universidades , Religiones, grupos de
Facebook, en partidos políticos o en cualquier grupo humano . seguro usted
los ha conocido y esta nueva publicación dará cuenta de su función precisa .

Érase una vez, en una logia parecida a tantas otras, un hermano que cumplía
el papel de bufón junto al Venerable Maestro. Su función era permitir que
la palabra circulara con libertad, siguiendo la forma acostumbrada. En esa
logia convivían casi todas las sensibilidades, todas las ideologías
políticas o religiosas, y un amplio abanico de profesiones participaba en
los trabajos, convirtiéndola en un verdadero microcosmos de la vida profana.

Nuestro masón-bufón tenía la sensibilidad suficiente para detectar lo que
quedaba sin decir entre los hermanos y lo expresaba en voz alta, con humor
y ternura, para evitar que las rencillas y los rumores envenenaran el
ambiente. Nadie se sentía atacado; al contrario, sus intervenciones traían
alivio y se reflejaban en la armonía de las columnas. En las Tenidas los
visitantes quedaban sorprendidos por la buena bonhomía que reinaba tanto
dentro como fuera de la logia.

Desde el zapatero hasta el financiero, desde el médico hasta el artesano,
desde los políticos hasta los periodistas opositores todos encontraban su
lugar en las palabras del bufón. De San Juan de verano a San Juan de
invierno, los trabajos de logia y de mesa enriquecían tanto al humilde
aprendiz como al maestro experimentado.

¡Ay, cómo duelen los momentos felices cuando terminan! El Oriente eterno
siempre nos recuerda la realidad. El Venerable Maestro de aquella logia
tomó el camino de la Logia Etérea y fue por tanto llamado a proseguir sus
augustos trabajos en la dimensión de los masones inmortales. Como
correspondía, se realizó una votación para elegir a su sucesor. Nadie
imaginaba que, en esa logia aparentemente serena, un mal compañero subiría
al trono de Salomón.

El nuevo Venerable, más joven y temperamental, decidió prescindir de los
servicios del masón bufón. Creía que él sólo bastaba para guiar la logia
por los caminos de la luz. Y lo que tenía que suceder, sucedió.

Primero, un reclutamiento sesgado: sólo se admitía a hermanos de su misma
profesión o de su misma ideología política , creando con el tiempo un clan
fiel al Venerable. Luego, la palabra se bloqueó en las columnas y la
rumorología tomó su lugar, trayendo consigo mediocridad y tonterías. Los
trabajos de Logia se volvieron tan fríos como la hielera de las pólvoras
amarillas. Antes en la era del masón bufón, el hermano masón servidor tenía
que sacar a los que se quedaban después de medianoche en el templo
comentando alegres sobre los temas abordados ya que las anécdotas jamás
terminaban ; ahora su trabajo era más ligero, porque cada vez menos
hermanos participaban en los ágapes, ansiosos ya por marcharse.

Las decisiones se resolvían en restaurantes donde los fieles al Venerable
armaban las listas de candidatos a masones que fueran más favorables a la
ideología política afín al Venerable. Las divisiones crecieron. Las
dimisiones comenzaron a llegar. El Venerable, sin querer cuestionar su
forma de dirigir, dejó que todo siguiera su mal curso.

La logia tomó un mal camino. Los trabajos se convirtieron más en reuniones
profanas que en labor masónica. Los hermanos más tolerantes se cansaron.
Finalmente, se produjo una escisión. La logia sigue existiendo, pero ha
perdido su fuerza y vigor.

Como masón, agrego mi punto de vista:

El bufón de la logia representa una figura esencial y demasiado olvidada:
la del que dice la verdad con humor y ternura, sin herir, pero sin callar.
En un mundo donde el miedo al conflicto lleva al silencio o a la
hipocresía, el bufón masónico cumple una función sagrada: mantener la
higiene emocional de la logia, evitar que las sombras se acumulen y
recordar que la armonía no se logra ocultando problemas, sino
enfrentándolos con inteligencia y amor fraterno.

Un experimentado masón con décadas en la Catedra Masónica habría visto en
el bufón al guardián del equilibrio: alguien que ayuda a disolver las
tensiones antes de que se conviertan en grietas irreversibles en el templo.
Otro masón bien habituado a las cosas en Logia recordaría que toda
verdadera tradición necesita voces que impidan la petrificación dogmática.
El bufón es esa voz libre que impide que la logia se convierta en un club
cerrado o en un reflejo del mundo político profano más mediocre.

La historia nos deja una enseñanza clara: incluso los reyes más poderosos
escuchaban a su bufón, porque sabían que desde el trono no se ve todo. Un
humilde personaje puede ser de gran ayuda. Es un homenaje a aquellos
masones que tienen algo importante que decir y se atreven a decirlo, aunque
sea con una sonrisa y un chascarrillo.

Cuento de Nasrudin

Un día, Nasrudin fue nombrado bufón del sultán. El primer día en la corte,
el sultán le preguntó:

—Nasrudin, ¿qué diferencia hay entre tú y yo?

Nasrudin respondió sin dudar:

—Ninguna, mi señor. La única diferencia es que cuando yo hago una tontería,
me llaman bufón. Cuando tú la haces, todos aplauden y dicen que es una
orden sabia.

El sultán se rio, pero se quedó pensativo.

Al día siguiente, el sultán tomó una decisión injusta que enfureció a la
corte. Todos guardaron silencio por miedo. Sólo Nasrudin se acercó y le
susurró al oído:

—Mi señor, ¿recuerdas lo que te dije ayer? Hoy sería un buen día para que
alguien te llamara bufón… antes de que todo el reino te llame tirano.

El sultán entendió. Rectificó su decisión y conservó a Nasrudin como bufón
el resto de su vida.

Moraleja:

El verdadero bufón no es solamente el que hace reír, sino el que tiene el
valor de decir la verdad de forma graciosa cuando nadie más se atreve a
decirla directamente. En la logia, como en la vida, necesitamos bufones
valientes que nos ayuden a ver lo que no queremos ver, para que la luz
pueda entrar donde hay oscuridad.

Nasrudín es un icónico "sabio bufón" del folclore medieval de Medio Oriente
y Asia Central. Actúa como un antihéroe que utiliza el humor, la paradoja y
el comportamiento absurdo para impartir profundas enseñanzas sufíes.

Sus anécdotas, a menudo reflejadas en libros como los de Idries Shah,
parodian la estupidez humana y la rigidez intelectual. Figura Polifacética:
Es conocido como Mulá (maestro) Nasrudín o Hodia, interpretando papeles de
sabio, tonto, juez, mendigo o cortesano según la historia.

Sus cuentos no son sólo chistes, sino herramientas sufíes para la
enseñanza espiritual.

Nasrudin surgió entre los siglos XIII y XV, y sus historias siguen siendo
populares por su sabiduría oculta.

En una historia, engaña a la multitud tras un discurso improvisado,
logrando que le pidan más conocimiento a pesar de no haber dicho nada
sustancial, evidenciando la ceguera de los seguidores.

Las historias de Nasrudín son un espejo de la condición humana, diseñadas
para hacer reír y reflexionar simultáneamente.

Alcoseri

*Jesucristo, la Masonería y la Samana Santa*

Las religiones cristianas agrupan actualmente a unos dos mil ochocientos
millones de personas. El culto a Jesús se extiende por los cinco
continentes y su enseñanza es la base moral de gran parte del mundo. Se ha
llegado a decir que “el cristianismo es el fundamento de la civilización
moderna”. Sin embargo, sigue pendiente la cuestión metafísica y esotérica :
¿cuál es exactamente la naturaleza de Cristo?

Sorprendentemente pese a su gran influencia y popularidad Cristo es el
gran desconocido , poco se sabe de él , en cuanto a datos históricos y si
era esenio o judío ortodoxo.

Antes de seguir adelante , debo aclarar que la masonería no considera a
Jesucristo como Dios.

Oficialmente, la Masonería no es una religión —es una fraternidad que pide
creer en Dios para ser iniciado , muestra la masonería a Dios como un
"Gran Arquitecto del Universo" no como el constructor del universo , un
ser supremo genérico, sin definir si es el Dios cristiano, Alá, Yahvé o lo
que sea.

Jesús, para nosotros los masones , es un gran maestro moral, un profeta o
un ejemplo de virtud... pero no el Hijo de Dios encarnado, ni parte de la
Trinidad. Eso lo deja claro: no hay exclusividad en Cristo, ni salvación
sólo por Él.

En el ojo que todo lo ve (el Gran Arquitecto), con escuadra y compás
—simboliza a Dios como un diseñador abstracto, no como el Padre de Jesús.

Por eso la Iglesia Católica (y muchas protestantes) dicen que la Masonería
es incompatible: la fe en Cristo como Dios no cuadra con esa visión
"universalista".

En resumen: en Masonería respetan a Jesús, pero no lo ven como Dios.

¿Era Cristo sólo un hombre? Entonces, ¿cómo explicar el dogma central del
sacrificio divino para redimir el pecado original? ¿Era Dios? ¿Cómo
conciliar esto con el monoteísmo sin caer en un dualismo divino? ¿Cómo
justificar su pasión y muerte? ¿Era al mismo tiempo hombre y Dios? ¿Qué
relación existe entre su divinidad y su humanidad?

El estudio de estas preguntas tiene un lugar natural en la masonería. Nos
permite recordar una época en la que la intolerancia religiosa jugó un
papel nefasto en Occidente y condenó al desastre a buena parte del mundo.

No pretendo examinar en detalle todas las argumentaciones ni resolver todos
los problemas teológicos (no tendría tiempo). Me limitaré a una revisión
rápida y objetiva de las controversias que surgieron en los primeros siglos
del cristianismo, pidiendo disculpas de antemano por la aridez teológica
que esto pueda tener.

Al principio, los primeros cristianos no se preocupaban demasiado por
analizar la naturaleza cualitativa o cuantitativa de la sustancia humana o
divina de Jesús. La cristología fue surgiendo poco a poco. En el siglo I,
Jesús aparece como el profeta por excelencia, el Mesías. En sus discursos
se llama a sí mismo “Hijo del Hombre”, nunca “Hijo de Dios”. Esta última
expresión sólo la usan quienes lo rodean, y parece tener un sentido más
místico que literal.

Entre los Padres Apostólicos no hay indicaciones precisas sobre la
naturaleza del Hijo. Lo llaman *Kyrios* (Señor), raramente *Theos* (Dios) y
más a menudo *Theou* (de Dios). El Evangelio de San Juan contiene un
prólogo famoso donde el elemento divino en Jesús se presenta como el
“Verbo”. En el Apocalipsis, a Jesús se le atribuyen cualidades esenciales
de Dios, especialmente la eternidad. San Pablo, en la Epístola a los
Colosenses, dice que es “imagen del Dios invisible, primogénito de toda
criatura; por él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra…
Él es antes de todas las cosas y todo subsiste en él”. Estas expresiones
parecen designar una divinidad inferior, un ser intermedio entre Dios y los
hombres.

A finales del siglo II, el Hijo o Verbo aún no se consideraba igual a Dios.
Tertuliano escribía: “Hubo un tiempo en que no existía ni el pecado ni el
Hijo, de modo que entonces Dios no era ni Juez ni Padre”.

Sin embargo, esta cuestión no podía dejar indiferentes a los teólogos. Es
notable que enfrentara a prelados orientales formados en dos escuelas
rivales de espíritu muy diferente:

- La escuela de Antioquía prefería el estudio literal de la Biblia,
interpretada según el sentido natural indicado por la gramática y la
historia.
- La escuela de Alejandría se inclinaba por las especulaciones
metafísicas y las interpretaciones alegóricas.

La rivalidad entre las sedes de Alejandría y Constantinopla, con ambiciones
muy terrenales, enconó aún más las controversias.

Aparecieron entonces dos corrientes claramente opuestas:

1. La que negaba toda naturaleza divina a Jesús y lo consideraba
simplemente un hombre excepcional en quien había actuado una fuerza divina
particular. Esta fue la posición de Pablo de Samosata en el siglo III.
Destruía el dogma de la Redención (basado en el sacrificio de Dios mismo) y
fue condenada por los concilios de Antioquía (264, 267 y 269).
2. La que suprimía la personalidad distinta del Verbo para convertirlo
en un simple modo del Ser divino que se manifestaba en Jesucristo. Afirmaba
que las tres denominaciones de Padre, Hijo y Espíritu Santo no
correspondían a tres personas distintas, sino a tres extensiones sucesivas
de la misma unidad. Esta doctrina también fue condenada en los mismos
concilios, aunque reapareció en el siglo IV con Apolinar de Laodicea, quien
sostenía que Jesús era Dios, no hombre: el Verbo divino habría tomado en el
seno de María una carne creada con elementos distintos de la naturaleza
humana, de la que sólo tenía la apariencia.

Al condenar estas dos opiniones extremas, los concilios no ofrecieron
todavía una definición clara de la doctrina de la Iglesia. Todos los
doctores afirmaban la personalidad distinta del elemento divino en Jesús,
pero existían profundas divergencias entre ellos. La Iglesia, ocupada en
defenderse de enemigos externos, dejaba cierta libertad al desarrollo de
las doctrinas, siempre que no comprometieran la fe contenida en la fórmula:
“Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por
obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María”. Una fórmula concreta
que se refería sólo a hechos afirmados, sin afirmaciones trascendentes.

La Iglesia se vio obligada a tomar posición cuando Arrio comenzó a predicar
una doctrina claramente contraria a estos principios básicos.

Para Arrio, las palabras Padre, Hijo y engendrar debían tomarse en su
sentido natural: era imposible que un acto no supusiera un momento en que
se realizara, que la causa no precediera al efecto, que quien engendra no
existiera antes que el engendrado. Por tanto, el Padre debía ser anterior
al Hijo. Arrio afirmaba creer en un sólo Dios, no engendrado, eterno, sin
principio ni nacimiento, principio de todas las cosas. Este Dios habría
dado origen a un Hijo único, creador de todas las cosas, pero que no
existía antes de ser engendrado y que, por consiguiente, tuvo un comienzo.
Este Hijo no fue sacado de la sustancia divina (que es simple e
indivisible), ni era un desarrollo de Dios, ni una parte consustancial de
Él. Era un ser dotado por Dios de todos los atributos divinos, excepto la
eternidad, que no puede pertenecer a lo que tiene un comienzo. Arrio no
dudaba en considerarlo un verdadero Dios, pero no consustancial al Padre y,
en cierto modo, inferior a Él.

Arrio, presbítero de Alejandría, predicó su doctrina con gran éxito
popular, provocando discusiones apasionadas y amenazando con crear un
cisma. Su condena por el concilio de Alejandría en 318 provocó fuertes
protestas. Las controversias se calentaron tanto que el emperador
Constantino, recién convertido al cristianismo y antiarriano, convocó un
concilio en Nicea en 325 para resolver definitivamente la cuestión. Tras
intensos debates, el concilio condenó la doctrina de Arrio y adoptó la
famosa fórmula: “Creemos en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo de Dios, Hijo
único de Dios, Dios nacido de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero nacido de
Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial al Padre”.

Esta decisión afirmaba claramente la naturaleza divina de Cristo, llegando
hasta la consustancialidad. En la exposición que resumía sus trabajos, el
concilio precisó: “Jesucristo, Hijo único de Dios, descendió del cielo para
nuestra salvación, se encarnó y se hizo hombre, sufrió, fue sepultado y
resucitó al tercer día”.

Arrio fue exiliado a Iliria y sus escritos quemados. Sus seguidores fueron
excluidos de los privilegios del cristianismo y sometidos a cargas
vejatorias. Más tarde, Constantino cambió de opinión y ordenó en 336 la
rehabilitación de Arrio, pero murió al año siguiente. La actitud del
gobierno imperial varió con los emperadores sucesivos: los concilios de
Antioquía (343) y Sárdica (347) confirmaron Nicea, mientras que el de Arlés
(353) lo desautorizó, y el de Milán (355) lo restableció.

El arrianismo pareció estar a punto de triunfar en un momento, pero las
divisiones entre sus partidarios debilitaron su influencia y fue
definitivamente condenado por el concilio de Constantinopla en 381.

Sin embargo, resurgió durante las invasiones bárbaras, porque los
visigodos, vándalos, suevos, ostrogodos, burgundios y lombardos habían sido
convertidos por misioneros arrianos antes de entrar en el Imperio. No
pudieron ganar nuevos adeptos: eran demasiado pocos y demasiado recientes
en la fe. Poco a poco volvieron a la ortodoxia y hoy no existe ninguna
iglesia arriana.

La controversia sobre la naturaleza de Cristo no terminó con Nicea. Aunque
se había afirmado la divinidad del Hijo, quedaban dos preguntas esenciales
sin resolver: ¿María, al dar a luz al hombre-Dios, engendró al hombre o al
Dios? Y si engendró a ambos, ¿en qué relación coexisten en Jesús la
naturaleza divina y la humana?

Estas cuestiones capitales fueron abordadas primero por Nestorio y luego
por Eutiques en el siglo V.

Nestorio, patriarca de Constantinopla desde 428, estaba fuertemente
influido por la escuela de Antioquía. Rechazaba las expresiones “Dios
nació”, “Dios sufrió”, “Dios murió”, y sólo aceptaba el título de “Madre
de Dios” para María como fórmula figurada, sin significado teológico real.
Sostenía que en Jesucristo existían dos naturalezas esencialmente
distintas: la humana y la divina, unidas en una sola persona, pero sin
confundirse ni comunicarse sus atributos.

Su doctrina fue combatida ferozmente por Cirilo, patriarca de Alejandría.
Tras intrigas palaciegas y un concilio en Éfeso en 431 marcado por la
violencia y la manipulación, Nestorio fue condenado y exiliado. Murió años
después en Egipto tras sufrir muchos vejaciones .

La controversia no terminó ahí. Eutiques propuso una doctrina que sus
adversarios llamaron monofisismo: en Cristo sólo habría una naturaleza,
donde lo divino absorbería completamente lo humano.

El concilio de Calcedonia en 451 rechazó tanto el nestorianismo como el
monofisismo y definió el dogma que se convertiría en el de la mayoría de
las iglesias cristianas: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre,
consustancial al Padre en su divinidad y consustancial a nosotros en su
humanidad, con dos naturalezas unidas en una sola persona sin confusión ni
separación.

*Como masón, agrego mi punto de vista*: Esta larga controversia muestra
cómo la mente humana lucha por expresar lo inexpresable: la unión
misteriosa entre lo divino y lo humano. La masonería, al estudiar estos
temas, no busca imponer dogmas, sino comprender que el ser humano es un
puente entre dos mundos. Jesús, como figura central, representa el
arquetipo perfecto de esa unión: el hombre que se hace divino y el Dios que
se hace hombre. En el rito masónico, especialmente en la Cena Mística del
grado 18 Caballero Rosacruz (del Rito Escocés Antiguo y Aceptado), se evoca
simbólicamente esta cena de despedida, no como un acto meramente religioso,
sino como la transmisión de un legado espiritual: el pan y el vino como
símbolos de la sustancia divina compartida, la fraternidad como nuevo
pacto, y la muerte-resurrección como transformación interior.

La masonería no resuelve la cuestión teológica, pero la trasciende: invita
a cada masón a vivir en sí mismo esa unión entre lo humano y lo divino,
entre la piedra bruta y la piedra pulida, entre el hombre mortal y el ser
inmortal que puede llegar a ser.

*Comentario sobre la Semana Santa y el Rito Masónico de la Cena Mística*

La Semana Santa cristiana conmemora la pasión, muerte y resurrección de
Jesús, culminando en la Última Cena, donde instituyó el sacramento de la
Eucaristía. En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el grado 18 o Caballero
Rosacruz, grado relacionado con la Cena Mística en algunos sistemas) evoca
simbólicamente esa cena no como un acto litúrgico dogmático, sino como un
momento iniciático de transmisión y alianza.

En este grado, el pan y el vino representan la sustancia espiritual
compartida, la fraternidad como nuevo pacto que trasciende las divisiones,
y la muerte-resurrección como proceso interior de transformación. No se
trata de adoración literal, sino de revivir simbólicamente el momento en
que el Maestro entrega su enseñanza más profunda antes de partir: el amor
fraterno, el servicio y la conciencia de que la vida verdadera trasciende
la muerte física.

Mientras la Semana Santa celebra un evento histórico y salvífico para los
cristianos, la masonería lo interpreta como un arquetipo universal: todo
iniciado pasa por su propia “semana santa” interior: traición (por los
compañeros imperfectos), prueba, muerte simbólica y resurrección como
Maestro Masón. La Cena Mística masónica nos recuerda que la verdadera
comunión no es sólo con lo divino, sino con los hermanos: compartir el pan
y el vino es compartir la misma sustancia espiritual, la misma búsqueda de
luz.

De esta manera , la masonería toma la imagen poderosa de la Última Cena y
la convierte en un ritual de fraternidad y transmisión iniciática,
invitándonos a ser, cada uno, “pan partido y vino derramado” para los
demás: dar lo mejor de nosotros para la construcción del Templo común.



Alcoseri



Las Tres Ventanas o 3 Puertas del Cuadro de Logia Masónica

Las Tres Ventanas o Puertas han sido un enigma que se repite no solamente
en masonería, sino en templos milenarios por todo el mundo , llegando a la
Ultima Cena de Leonardo Da Vinci , pasando por templos mayas y en
diferentes culturas , pero ¿qué significado tienen estas 3 ventanas o 3
puertas?

Las tres ventanas o puertas en el cuadro de la logia masónica,
específicamente en el grado de Compañero, simbolizan tres métodos de
percepción y variantes de la luz del conocimiento, siguiendo la trayectoria
del sol. Se ubican para iluminar el templo, representando el Mundo
Espiritual (Oriente), el Mundo Interno (Mediodía) y el Mundo Material
(Occidente).

*Ventana al Oriente (Mundo Espiritual/Divino):* Simboliza la luz del
conocimiento superior, la sabiduría y la fuente de inspiración.

*Ventana al Mediodía o Sur (Mundo Interno):* Representa la luz del
conocimiento racional, la fuerza, la experiencia interior y la maestría
sobre uno mismo.

*Ventana al Occidente (Mundo Material/Exterior):* Simboliza la luz del
conocimiento empírico, la belleza, la aplicación práctica del trabajo y la
observación de la realidad objetiva.

Estas ventanas permiten la entrada de la luz, pero están enrejadas,
indicando que el aprendizaje debe ser filtrado y estructurado. No hay
ventana al Norte o Septentrión , ya que en la tradición masónica se
considera el área de oscuridad o de menor luz, donde no transita el sol.

Los documentos base para esta reflexión se encuentras en algunos catecismos
masónicos . Al analizar el plano de la Logia, noto que no se menciona
ninguna ventana en los muros. Esto me lleva a pensar que el título más
preciso de esta publicación podría ser “Reflexiones sobre las Tres Fases
del Cuadro de Logia”. Mi única intención es invitarlos a la reflexión a
este tema alegórico . Por eso, me limitaré a compartir sugerencias y
propuestas, dejándome guiar por lo que me inspira el símbolo conocido como
“las Tres Ventanas del Cuadro de Logia”.

«La Logia Masónica es un local no se debe dejar entrar la luz del día ni
los ruidos exteriores. Tiene una sola puerta, preferiblemente de dos hojas,
situada en el eje central del local e indicando el Occidente. A veces se
pintan o simulan dos puertas falsas en el muro del Mediodía y otra detrás
del Venerable Maestro en el Oriente.

El techo del local se llama Bóveda Estrellada, es decir, pintado de azul,
muestra algunas estrellas, especialmente la Osa Mayor, y en el centro del
techo, la Estrella Polar, que debe estar exactamente encima del Cuadro de
Logia en donde abajo se encuentra el Ara Sagrada . Algunas logias mantienen
la costumbre de colgar de la Polar un hilo a plomo que simboliza el eje del
mundo».

Antes de seguir adelante debemos considerar, que no todos los ritos
masónicos usan las mismas alegorías , y en algunos ritos masónicos en
donde la estrella flamígera seria la estrella Sirio .

De estas indicaciones en algunas logias se desprende que no se menciona en
absoluto las Tres Ventanas o puertas en su caso . Al contrario, se describe
un espacio herméticamente cerrado. La única alusión a una abertura son las
puertas, cuyo simbolismo se revelará más adelante en el camino iniciático
del Aprendiz. Por eso no entiendo por qué diversos comentaristas insisten
en afirmar que las Tres Ventanas provienen del Templo de Salomón (“Él hizo
a la Casa ventanas enrejadas”, 1 Reyes 6:4), a menos que exista una
voluntad deliberada de “colonizar” una tradición antigua para servir
propósitos de dominio. Lo mismo podría decirse de las Columnas.

No me detendré en las formas de estas “ventanas” (enrejadas o no), ni en su
posible origen egipcio, ni en si usan geometría sagrada, ni en si
distribuyen la luz del sol hacia el Venerable Maestro, el Primer Vigilante
o los Aprendices. Cuanto más avanzaba en mis investigaciones, más me
sorprendían estos elementos.

Además, el Venerable Maestro pide al Hermano Guarda Templo que verifique
si el Templo está debidamente cubierto. Desde ese momento, el Templo se
asemeja al atanor del alquimista: un espacio herméticamente cerrado. Por
eso tengo la convicción de que lo que llamamos “las Tres Ventanas” no
cumplen la función clásica de las ventanas. Sólo aparecen en el Cuadro de
Logia, nunca en el Templo físico. Esta primera ausencia notable me remite a
una segunda: la del Cuarto Pilar. Y esta, a su vez, me hace notar que el
Cuadro de Logia tampoco tiene ventana al Norte. Son demasiadas ausencias
como para ser casuales.

En literatura se habla de “la dimensión de la ausencia”: un recurso que
atrae discretamente la atención hacia elementos esenciales, sin provocar la
ira del pensamiento dogmático. ¿Por qué, siendo masones , debemos repetir
mecánicamente que la Luz sólo puede venir del Oriente? ¿Por qué no
preguntarnos, en el plano simbólico, si la verdadera Luz no vendría del
Norte o Septentrión , de lo que se llama la Hiperbórea?¿o bien desde el
Cenit de la logia?

Ser hiperbóreo significa ir más allá del país de donde sopla el Bóreas, el
dios del viento del norte, hijo de un titán y de la Aurora. La Aurora (Eos)
abre las puertas del Oriente al carro del Sol. Los griegos consideraban la
Hiperbórea como la tierra de todas las infancias, de todas las edades de
oro, un paraíso lejano. De allí partió la flecha que formó la constelación
de Sagitario. Y la flecha, como símbolo, representa el superamiento de las
condiciones normales, la liberación imaginaria de la distancia y la
gravedad, la anticipación mental de la conquista de un bien inalcanzable
(¿alusión a la Palabra Perdida?).

Esta constelación del Sagitario, con su arco, nos ofrece una explicación
para las Tres Ventanas. Ellas simbolizarían la trinidad del Fuego: la
potencia ígnea visceral del Aries en el Oriente, la magnificencia del Yo
del León en el Mediodía, y la fuerza del Sagitario en el Occidente, donde
esa fuerza se convierte en decantación espiritual, iluminación del espíritu
y ascenso interior por el cual el instinto y el ego se superan en una
trascendencia hacia lo sobrehumano.

Como Masón, agrego mi punto de vista:

Las Tres Ventanas no son aberturas físicas, sino aberturas en la trama del
universo. No dejan pasar luz solar, sino que simbolizan la posibilidad de
que la Luz interior irrumpa en nosotros. El enrejado representa el filtro
del intelecto y del ego: sólo cuando logramos trascenderlo, la luz
verdadera puede penetrarnos. El amarillo dorado evoca la “luz de oro”, la
luz eterna que no es del Oriente ni del Occidente, sino del centro mismo
del ser. Es la misma luz de la que habla el Corán: “Luz sobre luz”. 1

Salomón le hizo al templo ventanas con rejas. 1 Reyes 6:4

Oswald Wirth veía en estos símbolos la invitación a una alquimia interior:
transformar la materia grosera en sustancia luminosa. René Guénon insistía
en que el verdadero Norte simbólico no es geográfico, sino el polo
espiritual, el eje invariable alrededor del cual gira todo. Perder el Norte
significa perder la dimensión vertical, reducirse a la horizontalidad
material y olvidar que el ser humano está llamado a ascender.

En la masonería, las Tres Ventanas del Cuadro de Logia nos recuerdan que la
verdadera iluminación no viene de fuera, sino que brota cuando abrimos las
ventanas interiores. No son aberturas para que entre el mundo, sino para
que salgamos de nosotros mismos hacia lo Superior, y para que lo Superior
pueda entrar en nosotros.

Al final, las Tres Ventanas o 3 Puertas nos invitan a una metanoia, a un
giro completo: dejar de buscar la luz sólo en el Oriente visible y
atrevernos a mirar hacia el Norte interior, ese polo estable donde reside
la conciencia pura, el Invariable Medio, el punto fijo alrededor del cual
giran todas las revoluciones del ser.

Esa es la verdadera ventana o en su caso puerta que debemos abrir: es la
del corazón y la del espíritu, para que la Luz que no es del Oriente ni del
Occidente pueda finalmente iluminarnos.





Al final de esta comunicado, cito un versículo del Corán, sura XXIV,
llamada “La Luz” (versículo 35):

«Dios es la luz de los cielos y de la tierra.

Su luz es como una hornacina donde hay una lámpara.

La lámpara está en un cristal;

el cristal es como una estrella resplandeciente.

Esta lámpara se enciende en un árbol bendito,

el olivo, que no es del Oriente ni del Occidente,

y cuyo aceite casi alumbra sin que el fuego lo toque.

¡Luz sobre luz!

Dios guía hacia su luz a quien Él quiere.

Dios propone a los hombres parábolas.

Dios conoce todas las cosas.»

Alcoseri

La Piedra Bruta

Cuando se aborda este tema, se piensa que se trata del tema típico del
Aprendiz Masón. Pero al reflexionarlo con más calma, se comprende que es el
trabajo del Aprendiz… y también el de todo francmasón a lo largo de toda su
vida en la Orden.

Quisiera primero entender por qué debemos tallar la Piedra Bruta, y luego
cómo podemos realizar ese trabajo.

¿Por qué tallar la Piedra Bruta?

Todos entramos en la masonería de forma voluntaria, pero por motivos
diferentes. Sin embargo, compartimos un deseo común: contribuir a mejorar
la condición humana y hacer evolucionar positivamente la sociedad en la que
vivimos.

Podríamos haber elegido una asociación caritativa, un sindicato o un
partido político. Pero optamos por una vía iniciática, la única que ofrece
Occidente en la actualidad.

Antes de pretender construir el Templo de la Humanidad, es urgente comenzar
por construir nuestro propio templo interior. ¿Qué causa más noble que
querer edificar para todos? Pero ¿no es más sabio empezar por edificar
nuestro propio ser, nuestra personalidad?

La iniciación nos lo sugiere con fuerza: tallar la Piedra Bruta es el
primer paso indispensable.

La prueba del espejo durante la iniciación me impactó profundamente. «Tú
eres tu peor enemigo», me dijo el hermano que lo sostenía. Creo que, en
efecto, muchas veces somos nuestros propios enemigos. Estamos atrapados por
ideas preconcebidas, por una educación que nos inculcó creencias que no
siempre son realmente nuestras. Algunos psicoanalistas afirman que
construimos nuestro “guión de vida” entre los 5 y los 8 años, y que luego
lo repetimos inconscientemente.

Tallar la Piedra Bruta significa tener la voluntad de hacer tabla rasa con
todo aquello que no nos pertenece verdaderamente. No se trata de
cuestionarlo todo (sería imposible), ni de autoanalizarnos de forma
obsesiva (sería un error). Se trata de reencontrarnos en lo más profundo de
nosotros mismos, identificar conscientemente nuestras asperezas,
corregirlas, mejorarlas y embellecerlas, para reapropiarnos de nuestro ser
auténtico.

Sólo quien aprende a amarse verdaderamente a sí mismo puede amar y ayudar
a los demás. ¿Cómo pretender ser útil a la humanidad si no hemos puesto
orden en nuestra propia casa interior?

Como señalábamos en un tema masónico anterior, sólo el hombre despierto
puede ocupar el centro de la acción. ¿Cómo alcanzar ese despertar si capas
y capas de condicionamientos acumulados durante años siguen contaminando
nuestro juicio y nuestra razón? ¿Cómo lograrlo si nuestras pasiones,
pulsiones y emociones nos desbordan con facilidad?

Alcanzar el despertar pasa, en mi opinión, por la búsqueda de la virtud. Y
como decía Platón: «La primera de las virtudes es el asombro». ¿De qué
sirve el trabajo sobre uno mismo si no es también para mirar el mundo con
ojos nuevos, con esa capacidad de maravilla que tiene un niño de tres años?

El mundo profano tiende a matar el asombro: resalta lo negativo, nos
convierte en seres decepcionados, negativos y pesimistas. ¿Cómo construir
si ya damos por hecho que el edificio se derrumbará?

¡Qué maravilla poder mirarse por dentro, observarse, criticarse con
honestidad! Ningún otro animal puede hacerlo. Sólo el ser humano
consciente tiene esa capacidad.

Como masón, agrego:

Tallar la Piedra Bruta no es un castigo ni una tarea pesada. Es un acto de
amor propio profundo. Es decidir que merecemos ser mejores, no para
presumir, sino para poder ofrecer al mundo una versión más auténtica y
luminosa de nosotros mismos. Es el primer gran acto de responsabilidad
masónica: antes de querer cambiar el mundo, cambiemos nosotros.

¿Cómo tallar la Piedra Bruta?

Personalmente, distingo dos fases:



La autoobservación (conocer bien la piedra).

La talla propiamente dicha (usar las herramientas).



Primera fase: la observación

No existe un manual ni una receta mágica. La iniciación misma nos invita a
la introspección. Este trabajo ya había comenzado antes de la iniciación,
aunque de forma inconsciente. Se concreta en el Gabinete de Reflexión,
donde nos encontramos sólo s frente a nosotros mismos, con símbolos
poderosos: un cráneo, frases profundas y el famoso VITRIOL («Visita el
interior de la Tierra y rectificando encontrarás la Piedra Oculta»).

La masonería no es la única vía que invita al trabajo interior. En el
templo de Delfos se leía «Conócete a ti mismo». Los budistas dicen: «Quien
es dueño de sí mismo es más grande que quien es dueño del mundo». Los
egipcios hablaban de Ma’at: búsqueda de rectitud, justicia y verdad.

¿Podemos hacer este trabajo sólo s? En parte sí, pero muy pronto
comprendemos que el Otro es indispensable. El hermano actúa como espejo: me
conozco mejor conociendo al otro, y viceversa.

El objetivo es descubrir nuestro “ser verdadero”, nuestra “médula
substantífica”, esa esencia simple y profunda que queda cuando retiramos
todas las capas superficiales.

El arte nos ayuda en este camino. La música de Mozart o Bach, una escultura
clásica o la música sufí islámica nos tocan porque hablan directamente al
ser interior. El arte es el ser hablando al ser.

Segunda fase: la talla

Aquí entran en juego el Mallete y el cincel.



El Mallete representa la voluntad: aporta fuerza y energía.

El cincel representa la precisión y la inteligencia: va a los puntos
exactos para eliminar lo que sobra.



Al principio el trabajo es grueso y se quitan grandes trozos. Con el tiempo
se vuelve más fino, delicado y exige mayor esfuerzo.

El ritual proporciona el marco propicio: silencio en las columnas,
meditación, elevación. Los antiguos constructores no tallaban la piedra en
el mismo sitio de la obra, sino en la cantera. Sólo cuando estaba bien
preparada la llevaban para colocarla en su lugar definitivo.

Como masón debo añadir:

La Piedra Bruta nunca se vuelve completamente lisa y perfecta. Conserva
pequeñas asperezas que la hacen única. Esa imperfección controlada es
precisamente lo que le da carácter y belleza. La masonería no busca clones,
sino seres auténticos que, a pesar de sus defectos, se esfuerzan por
mejorar. El objetivo no es la perfección absoluta, sino el progreso
constante y sincero.

Tallar la Piedra Bruta es un trabajo particular y único para cada uno. No
hay recetas milagrosas ni atajos. Requiere trabajo, constancia y humildad.
El objetivo no es transformar totalmente la piedra, sino rectificarla sin
perder su esencia ni su originalidad.

Este trabajo nunca termina. La piedra toma una forma más elaborada, pero
siempre necesitará pequeños golpes de cincel. Como dice en Logias al
momento de acordarnos de los pobres : la verdadera generosidad es dar
aquello “No Monetario” pero que realmente nos cuesta. Y como recordaba
Sócrates: pensar que se es sabio ya es prueba de no serlo.

Por eso, tallar la Piedra Bruta no es sólo un medio, sino también un fin
en sí mismo. Es la forma más honesta de prepararnos para contribuir a la
construcción del Templo de la Humanidad.

Gurdjieff y Ouspensky lo describen con crudeza: el hombre común es una
máquina dormida y que cuando trata de funcionar funciona mal. Vive en la
mecanicidad, arrastrado por hábitos, reacciones automáticas y múltiples
“yo” que se contradicen constantemente. Esa es precisamente la Piedra
Bruta: un ser fragmentado, inconsciente, sin un centro permanente. Tallarla
es despertar de esa mecanicidad, observar imparcialmente nuestros
automatismos y comenzar a construir un “Yo Real” unificado.

Gurdjieff y Ouspensky nos recuerdan que la Piedra Bruta no es sólo una
metáfora masónica: es el estado natural del ser humano dormido. La
masonería nos ofrece herramientas para despertar: el ritual, el silencio,
la observación de sí y la fraternidad. Tallar la piedra es el trabajo
consciente que transforma al “hombre-máquina” en un ser consciente,
responsable y unificado. No se trata de eliminar el ego, sino de someterlo
al servicio de un centro superior.

Gurdjieff hablaba de “trabajo consciente” y “sufrimiento voluntario”.
Tallar la Piedra Bruta implica exactamente eso: observar sin piedad
nuestros defectos mecánicos y soportarlos conscientemente para
transformarlos. Ouspensky lo llamaba “el trabajo de la observación de sí”:
mirarse como si fuéramos un extraño, sin justificarnos. Ese es el verdadero
cincel. Cada vez que logramos recordarnos a nosotros mismos en medio de la
vida cotidiana, estamos dando un golpe de Mallete que pule la piedra.

Ahora, agrego una reflexión final:

En un mundo que premia la apariencia, la velocidad y el tener, la masonería
nos propone algo revolucionario: invertir tiempo y esfuerzo en ser. Tallar
la Piedra Bruta es el acto más radical de rebeldía contra la
superficialidad moderna. Es decidir que merecemos ser mejores versiones de
nosotros mismos, no para presumir, sino para poder amar mejor, servir mejor
y dejar el mundo un poco menos áspero de como lo encontramos.

Alcoseri





Sobre la Tabla Esmeralda

Explorar las fuentes de las que nuestra Masonería bebe sus fundamentos es
uno de los ejes de investigación que nos propusimos al crear foros
masónicos en internet. Con ese espíritu analítico me acerqué a la
filosofía hermética y presento hoy este nuevo comunicado, que no es más que
el resultado de mis propias búsquedas y de la comprensión que se han
alcanzado hasta ahora.

Primero, recordemos qué significa realmente el hermetismo. Hoy, como
masones libres para investigar, podemos reflexionar abiertamente sobre la
energía del universo, la constitución de la materia o los misterios del
Universo. Pero no siempre fue así. Basta recordar a Galileo para entender
que, hasta hace poco, expresar ciertas ideas podía no solamente perder la
libertad, sino costarnos la vida.

En el siglo XVI era más seguro pasar por frívolo o loco que revelar
descubrimientos que mostraban cómo los números y las leyes naturales
permitían al espíritu humano penetrar misterios profundos. Por eso, los
sabios ocultaban sus hallazgos bajo capas de fantasía y lenguaje
enigmático. Rabelais escribió Gargantúa y Pantagruel, y los alquimistas,
espagiristas y astrólogos hablaban de fabricar oro, panaceas universales y
profecías extravagantes con términos tan sutiles y retorcidos que
resultaban incomprensibles para los no iniciados. De ahí viene la palabra
“hermético”: algo perfectamente cerrado, inaccesible sin la clave adecuada.

El hermetismo es, pues, un lenguaje intencionalmente velado. Todo lo que se
ha “revelado” sobre sus textos no pasa de ser hipótesis personales,
verdades relativas ligadas al nivel de evolución y comprensión de cada
intérprete. Ese es precisamente el poder del simbolismo: transmitir de
generación en generación una tradición que parece legible para todos, pero
cuyo sentido profundo sólo se abre a quienes, por mérito y apertura de
espíritu, encuentran la llave.

En Masonería se insiste en que el simbolismo no es un adorno: es un método
de transmisión que actúa por analogía. Apela a lo conocido para abrir la
puerta a lo desconocido, despertando la intuición, esa facultad que nuestro
sublime Orden Masónica busca precisamente desarrollar.

La vía hermética, proviene del sánscrito Sarameyas, el “perro celestial”,
una constelación que guía las almas de los muertos hacia su destino final:
la sublime iniciación. Hermés no sería un personaje histórico único, sino
más bien un nombre colectivo adoptado por sabios de los siglos incluso
antes de nuestra era cristiana. La gran obra —la escritura, la geometría,
la aritmética, la astronomía y la medicina— parece el fruto de una
tradición colectiva.

Dentro de este corpus destaca el Poimandrés o Pymandre, donde encontramos
la famosa Tabla de Esmeralda. Aquí va la versión más conocida en español
(basada en Manget y Albert Poisson), supuestamente traducida de un original
egipcio:

«Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero.

Su poder es sin límites sobre la Tierra.

Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente y con gran
industria.

Sube de la tierra al cielo y vuelve a descender a la tierra, recogiendo la
fuerza de las cosas superiores e inferiores.

Así obtendrás toda la gloria del mundo y toda oscuridad se alejará de ti.

Es la fuerza fuerte de toda fuerza, pues vencerá toda cosa sutil y
penetrará toda cosa sólida.

Así fue creado el mundo. He aquí la fuente de las admirables adaptaciones
que aquí se indican.

Por eso fui llamado Hermes Trismegisto, poseedor de las tres partes de la
filosofía universal.

Lo que he dicho de la operación del Sol es completo.»

El texto es breve, pero de una profundidad abismal. Contiene dos grandes
revelaciones: el secreto de la creación del mundo y la realización triunfal
de la Gran Obra. El alquimista la reproduce en su crisol; el masón, en su
propio ser.

Como masón, agrego:

La Tabla de Esmeralda no es sólo un texto antiguo: es un mapa de
transformación. Nos dice que todo lo que existe obedece a las mismas leyes,
desde lo más pequeño hasta lo más grande. La famosa frase “lo que está
abajo es como lo que está arriba” es la base de la analogía universal. En
masonería, esto se vive cada vez que unimos el compás y la escuadra: el
cielo y la tierra, el espíritu y la materia, deben equilibrarse en nosotros.

Oswald Wirth veía en la Tabla el resumen perfecto de la iniciación:
descender a la materia para purificarla y ascender transformado. Gurdjieff
insistía en que el hermetismo conserva fragmentos de la Tradición
primordial, esa sabiduría única que todas las grandes civilizaciones han
expresado con distintos lenguajes.

La Tabla nos enseña que la verdadera obra no consiste en fabricar oro
material, sino en transmutar el plomo de nuestro ego en el oro de la
consciencia despierta. Separar lo sutil de lo espeso, subir y bajar,
recoger las fuerzas de arriba y de abajo: todo eso ocurre dentro de cada
uno de nosotros cuando trabajamos sinceramente en la logia y en la vida.

Al final, la Tabla de Esmeralda no es un manual de laboratorio: es una
invitación a convertirnos en obreros conscientes del Gran Arquitecto del
Universo, capaces de transformar el caos interior en orden, la oscuridad en
luz y la dispersión en unidad.

Cuento infantil mexicano corto

En un pueblito de Oaxaca vivía un niño llamado Toñito Valdez que quería
convertirse en alfarero como su abuelo. Todos los días bajaba al río a
buscar arcilla, la amasaba con fuerza y formaba vasijas que luego metía al
horno. Pero muchas se rompían. Frustrado, le dijo un día a su abuelo:
«Abuelito, nunca voy a aprender. La arcilla es muy terca».

El abuelo sonrió y le respondió:

«Mijo, la arcilla no es terca, es sabia. Primero hay que bajarla del cerro
(lo de arriba), mezclarla con agua del río (lo de abajo), amasarla con
paciencia y luego meterla al fuego. Sólo cuando lo sutil y lo espeso se
separan y se unen de nuevo, la vasija queda fuerte y hermosa. Lo mismo pasa
con las personas: hay que bajar a lo profundo de uno mismo, purificar lo
que sobra y subir transformado. La verdadera obra no se hace de prisa, se
hace con amor y con tiempo».

Toñito entendió. Siguió bajando al río, amasando con cuidado y metiendo sus
piezas al fuego. Con el tiempo, sus vasijas ya no se rompían: brillaban con
una luz propia.

Moraleja: La Gran Obra no consiste en cambiar el mundo de golpe, sino en
transformar primero lo que somos por dentro. Sólo quien baja a su propia
tierra, separa lo inútil y sube purificado puede crear algo verdaderamente
hermoso y duradero. Como dice la Tabla: lo que está abajo es como lo que
está arriba. Todo empieza y termina en nosotros.

Alcoseri

El Mundo Subterráneo y la Masonería

¿Qué representa para la Masonería realmente ese mundo subterráneo, ese
reino de demonios infernales, duendes, gnomos y elfos, ese suelo sobre el
que vivimos y los seres humanos echamos raíces como los árboles?

Cuando ingresamos a una caverna , siempre provoca en muchos de nosotros una
sensación extraña , fascinante, misterioso , algo cambia en nosotros y nos
preguntamos el porqué sucede esto. Y seguramente quienes elaboraron el
ritual de iniciación masónica sabían esto y lo dejaron plasmado en el paso
a la cámara de reflexiones que en muchos templos masónicos esta cámara es
subterránea.

Göbekli Tepe que sin duda era un centro de iniciación de hace 12 mil años
fue enterrada bajo capas de tierra, seguro para cumplir con esta idea de
que fuera un centro subterráneo y que fuera desenterrada justo cuando fuera
necesaria su reactivación en este siglo XXI.

Toda definición de la Realidad se vuelve imprecisa. El ser humano se
descubre prisionero de un universo que define pero que no conoce
verdaderamente. Para recuperar la sustancia esencial, el buscador se
adentra en el laberinto: un camino simbólico cuyas idas y venidas son
etapas purificadoras. En ese mundo de tinieblas y angustia, pierde toda
seguridad y orgullo. Por una gracia divina, encuentra la puerta oculta y
baja. Aunque sus cadenas aún no han caído, tiene esperanzas en liberarse .
El velo se levanta y, en esa Logia , la iluminación desciende hasta su
corazón.

El tema del centro de la Tierra y las cuevas es uno de los arquetipos más
antiguos y universales de la humanidad. Representa el descenso a lo
profundo, la confrontación con la sombra, la muerte simbólica y el
renacimiento. No es sólo un lugar físico: es un espacio interior donde se
revela lo oculto, lo primordial y lo divino.



La Cueva de la Natividad (Belén) y la Cueva del Santo Sepulcro (Jerusalén):
lugares de nacimiento y resurrección. Simbolizan la matriz divina y la
victoria de la vida sobre la muerte.

El Infierno de Dante se sitúa literalmente en el centro de la Tierra.

Simbolismo oculto: la cueva es el vientre de la Tierra-Madre donde Cristo
nace y resucita. Representa la “noche oscura del alma” y el segundo
nacimiento espiritual.

La Cueva de Hira (cerca de La Meca): donde el profeta Mahoma recibió la
primera revelación del Corán.

La Cueva de Thawr: donde se escondió con Abu Bakr durante la Hégira.

Simbolismo oculto: la cueva es el lugar de la iluminación súbita, la “noche
del destino” (Laylat al-Qadr). Representa el retiro interior necesario para
recibir la palabra divina.

Patala Loka: los siete mundos subterráneos, reino de las serpientes y los
nagas.

Cuevas sagradas como las de Ajanta, Ellora o las usadas por ascetas y
yoguis.

Simbolismo oculto: la cueva es el útero cósmico y el lugar de la meditación
profunda. Descender es ir al origen primordial para alcanzar la liberación
(moksha o nirvana).



Antiguo Egipto

El Duat (inframundo): un laberinto subterráneo donde el alma del difunto
viaja para ser juzgada.

Cuevas y tumbas como la de Tutankamón o las pirámides (que representan la
montaña primordial sobre la cueva).

Simbolismo oculto: la cueva es el lugar de la prueba y la transformación.
El descenso prepara la “segunda muerte” y la resurrección como ser luminoso.



Tradiciones chamánicas y nativas americanas

Muchas tribus (hopi, mayas, aztecas) hablan de la emergencia desde cuevas:
la humanidad nace de “las siete cuevas” o de un mundo subterráneo.

Simbolismo oculto: la cueva es la matriz de la Tierra. Salir de ella es el
momento del verdadero nacimiento como pueblo consciente.



Mitología griega y romana

Cuevas de la Sibila de Cumas, la gruta de Pan, el Tártaro y el Hades.

Simbolismo oculto: la cueva es el umbral entre el mundo visible y el
invisible. El descenso (katábasis) es necesario para obtener sabiduría o
rescatar el alma.





Escritores y Obras Literarias



Dante Alighieri – La Divina Comedia (Infierno)

El centro de la Tierra es el punto más bajo del Infierno, donde Lucifer
está congelado. Dante desciende, toca el fondo y sale por el otro lado
hacia el Purgatorio.

Simbolismo oculto: el descenso al centro es la purificación total. Al tocar
el fondo se produce la inversión: lo que era abajo se vuelve arriba.
Representa la transmutación alquímica del plomo (pecado) en oro (luz).

Julio Verne – Viaje al centro de la Tierra (1864)

Los protagonistas descienden por un volcán islandés y descubren un mundo
interior con océanos, dinosaurios y luz propia.

Simbolismo oculto: aunque es una novela de aventuras, evoca la búsqueda del
origen primordial y la idea de un “centro vivo” de la Tierra (tema
recurrente en la tradición esotérica).

Otras obras importantes:

Platón – La República (Alegoría de la Caverna): los prisioneros sólo ven
sombras; salir de la cueva es la verdadera iluminación.

H.P. Lovecraft: cuevas y abismos como portales a horrores cósmicos
(simbolismo del inconsciente colectivo y lo desconocido aterrador).

Edgar Allan Poe y Bulwer-Lytton: mundos subterráneos como metáforas de lo
oculto y lo reprimido.

Rabelais – Gargantúa y Pantagruel: la “Divina Botella” en un templo
subterráneo.

Tradición alquímica y rosacruz: la “cueva de los filósofos” o “caverna de
los tesoros” donde se realiza la Gran Obra.





3. Simbolismo Oculto Común (el hilo que une todo)

En todas estas tradiciones y obras, la cueva / centro de la Tierra
representa:



La matriz cósmica: el vientre de la Gran Madre (Tierra) donde todo se gesta.

La muerte y el renacimiento: el lugar de la “primera muerte” (ego) y la
“segunda nacimiento” (ser espiritual).

El inconsciente: tanto personal como colectivo. Descender es enfrentar las
sombras para integrarlas.

El eje del mundo (axis mundi): el centro donde se conectan los tres mundos
(inferior, medio y superior).

La iluminación interior: la luz que nace en la oscuridad (como en la Cámara
de Reflexión masónica).

La purificación: el descenso es prueba; la salida es transfiguración.



En masonería, la Cámara de Reflexión (o “cuarto oscuro”) es exactamente
eso: una cueva artificial donde el candidato medita sobre la muerte, la
transitoriedad y su propio centro interior antes de la iniciación. Es la
versión moderna de todas las cuevas sagradas.

Mi visión como masón

El centro de la Tierra y las cuevas no son sólo lugares: son metáforas del
alma humana. Toda gran tradición espiritual nos dice lo mismo: para subir
hay que bajar primero. La luz más pura se enciende en la oscuridad más
profunda. En un mundo obsesionado con la superficie (redes sociales,
apariencias, velocidad), estos símbolos nos recuerdan que lo verdaderamente
valioso se encuentra en lo profundo, en el silencio y en la confrontación
honesta con uno mismo.

Para comprender los misterios y alcanzar los estados superiores del ser, es
necesario descender hasta el centro de la Tierra. Hay que hundirse en la
materia, superar la etapa de la cueva, que representa el lugar de la
primera muerte y del segundo nacimiento.

Todos los textos sagrados describen un ritual que pone el símbolo en
movimiento. Este viaje subterráneo no es material: es de naturaleza
psíquica y sutil. Realiza en el ser una elevación espiritual que se
manifiesta visiblemente durante la ceremonia iniciática.

La puerta se abre bajo la montaña del Purgatorio. Como mostró Dante, nos
encontramos entonces ante lo Supremo Incognoscible y la cristalización
luciferina. Este centro de la Tierra nos invita a reflexionar sobre una
influencia espiritual profunda. El profano sale de allí glorificado. Si
vuelve a tomar el camino del laberinto, ya sabe hacia dónde dirigirse; su
marcha ya no es vacilante.

Durante esta ascensión, el iniciado masón puede recapitular todos sus
estados: desde su cristalización en el reino mineral hasta su condición
actual. Todas estas pruebas conducen al conocimiento filosófico y a la
liberación espiritual del alma.

El héroe desciende a las entrañas de la Tierra, guiado por una fuerza
desconocida. Busca el centro para recuperar su energía psíquica. En esa
zona sagrada debe reencontrar su realidad absoluta. Pero este santuario
natural es muy difícil de hallar. Antes de construir templos artificiales,
el ser humano buscó acercarse a las fuerzas de la naturaleza. La gruta o
caverna condensa esas energías telúricas. Es la puerta subterránea al otro
mundo. Su forma evoca el huevo primordial del que nace la sustancia
andrógina, pero también es un vientre: el de la Tierra regeneradora. Allí
el iniciado muere simbólicamente para renacer purificado. La caverna es,
pues, la matriz universal.

En hebreo, la palabra “pozo” también significa mujer o esposa. La caverna
engendra, pero también permite al ser humano conquistar su inmortalidad.
Aquí se une la idea del infierno que regenera: la muerte no es
aniquilación, sino transformación necesaria.

Oswald Wirth vio en la caverna un paralelo perfecto con el gabinete de
reflexión y luego con la Cámara del Medio, donde resplandece la luz
central. René Guénon señaló que el símbolo de la caverna y el del corazón
son muy cercanos: ambos representan el centro del ser y el interior del
huevo del mundo.

Platón elevó esta imagen a su máxima profundidad. En su famosa alegoría, la
caverna representa el mundo sensible, donde sólo percibimos sombras de la
realidad trascendente. El iniciado debe salir de ella para contemplar la
luz verdadera.

Numerosos episodios de la historia sagrada ocurren bajo tierra. La
Anunciación a María sucede en una gruta cerca de una fuente. Las aguas
superiores simbolizan la feminidad elevada, donde reina la Virgen (como en
Lourdes). La Natividad también ocurre en una cueva. Zeus y Agni nacen en
grutas. Los mexicas creían que su raza nació en la cueva de Chicomoztoc
(“las siete cuevas”), un lugar sagrado.

Todas las cavernas santificadas por el paso de Jesús tienen accesos
difíciles, entradas estrechas y ascensos peligrosos. Las puertas de los
templos iniciáticos obligan al postulante a inclinarse, simbolizando
humildad. Platón habla de dos aberturas: una hacia el cielo y otra hacia el
mundo subterráneo. Dante sale del infierno y su fuerza ascendente le abre
el paso al mundo superior.

Como Masón, agrego mi punto de vista:

Los postulados iniciáticos no son sólo un camino físico hacia abajo: son
un viaje hacia adentro. Descender a la caverna es descender a nuestro
propio inconsciente, enfrentar las sombras personales y colectivas. Sólo
quien se atreve a bajar puede subir transformado. En un mundo que valora
la superficie y la velocidad, la masonería nos recuerda que la verdadera
luz se conquista en la profundidad, en el silencio y en la oscuridad
voluntaria. No hay iluminación sin antes haber atravesado la noche oscura
del alma.

La caverna es madre y tumba al mismo tiempo. Nos recuerda que toda gran
transformación exige una muerte simbólica. Allí donde parece reinar sólo
la oscuridad, se gesta la luz más pura. El iniciado que sale de ella ya no
es el mismo: lleva dentro el fuego que no se apaga.

Los postulados iniciáticos nos enseñan que el verdadero templo no se
construye hacia arriba, sino hacia dentro. Y que sólo quien ha bajado
hasta el centro de sí mismo está realmente preparado para elevarse y ayudar
a elevar a los demás.

Alcoseri



*Los Masónicos Guantes Blancos*

*La masonería, en su esencia más pura, conserva dos dimensiones
inseparables: el perfeccionamiento técnico físico y la realización
espiritual. Es una sociedad tradicional donde cada individuo encuentra su
lugar en una jerarquía armónica que permite desarrollar tanto un oficio con
excelencia como una profunda elevación interior.*

*Los guantes blancos son uno de los símbolos más hermosos y elocuentes de
esta doble naturaleza. Son, al mismo tiempo, un recuerdo del antiguo oficio
de constructor y un emblema gnóstico de pureza y elevación.*

*Los guantes blancos nos hablan que debemos los masones conservarlos tan
puros y sin manchas ,durante toda nuestra vida masónica, ya que su blancura
delataría si cometimos los masones alguna falta . Así, los guantes blancos
en la masonería son un elemento ceremonial esencial que simboliza la
pureza, la rectitud y la inocencia de las acciones del masón. Usados en
logias y actos oficiales, representan la limpieza de manos en la búsqueda
de la verdad y la fraternidad, a menudo fabricados en algodón con el
símbolo de la escuadra y el compás.*

*En la historia del vestuario, los guantes representaron desde muy temprano
deferencia, respeto y lealtad. En el cristianismo primitivo era costumbre
quitárselos ante un superior. Este gesto de respeto ha perdurado: los
jueces actuaban con las manos desnudas, y por Etiqueta todavía hoy un
hombre se desnuda la mano para saludar a una mujer. Quitarse los guantes
es un acto de respeto y humildad. Así, el masón se descalza para prestar
sus juramentos: se presenta desnudo de artificios ante el Gran Arquitecto
del Universo.*

*En la Edad Media, ofrecer guantes al rey era signo de sumisión y fidelidad
de las ciudades vasallas. Durante la coronación francesa, el arzobispo
bendecía y entregaba unos guantes al soberano como símbolo de posesión
legítima y lealtad de sus súbditos.*

*Con el tiempo, los guantes se convirtieron en accesorios de lujo. Isabel
de Baviera los lucía bordados, Catalina de Médicis los regalaba a sus
damas, y Enrique III y sus favoritos los usaban perfumados con almizcle y
ámbar gris. Pero más allá de la moda, los guantes blancos de la masonería
tienen un significado mucho más hondo.*

*Los guantes blancos son, ante todo, máscaras de la mano. Cubren nuestra
carne imperfecta para recordarnos que debemos dominar nuestras pulsiones
más oscuras y transformarlas en luz. Como decía el director de la prisión
donde estuvo Lacenaire: “Sólo sus manos lo delataban”. Los guantes blancos
ocultan las garras para que sólo quede la caricia.*

*En la tragedia griega, los actores usaban máscaras blancas para
universalizar el drama: no representaban a un individuo concreto, sino al
ser humano en su esencia. Del mismo modo, los guantes blancos nos igualan y
nos elevan. Nos recuerdan que detrás de cada mano hay una historia, un
esfuerzo y un anhelo común.*

*Emmanuel Lévinas, en su ensayo El tiempo y el otro, introduce la caricia
como un modo de ser que va más allá del simple contacto. La caricia no
busca poseer ni conocer: respeta, acompaña y descubre. La mano enguantada
de blanco es, por excelencia, una mano que acaricia. No agarra, no domina:
se abre con delicadeza hacia el otro.*

*En el clero católico, sólo obispos, arzobispos y el papa usan guantes, y
sólo el papa los lleva blancos. En masonería, todos nos enguantamos de
blanco: es el color de la síntesis, de la luz espiritual, de la
transfiguración. El blanco no es ausencia de color, sino la suma de todos
los colores del arcoíris. Es la gracia que ilumina y transforma**.*

*Los guantes blancos también evocan la inocencia. En la tradición de los
constructores medievales, significaban que quien los portaba estaba limpio
de todo crimen. El compañero recibía, además de sus guantes de trabajo, una
segunda pareja blanca que entregaba a la mujer elegida (no siempre la
esposa legítima). La masonería masculina retomó esta tradición desde la
iniciación: cuántas madres, esposas, hermanas o compañeras han recibido
esos guantes como silenciosa declaración de amor.*

*Como masón, agrego mi visión: Los guantes blancos son una de las imágenes
más bellas y exigentes de la masonería. Representan el compromiso de tocar
el mundo sin contaminarlo, de actuar sin herir, de construir sin destruir.
En un tiempo donde las manos parecen más acostumbradas a golpear, señalar o
agarrar, los guantes blancos nos recuerdan que la verdadera fuerza está en
la delicadeza consciente. No se trata de esconder las manos, sino de
purificarlas para que sólo transmitan luz y fraternidad.*

*Cuando nos ponemos los guantes blancos, no sólo cubrimos la carne: la
elevamos. Convertimos el tacto en caricia, la fuerza en servicio y la
individualidad en fraternidad. En la cadena de unión, al entrelazar
nuestras manos enguantadas, ya no somos sólo cuerpos: somos un sólo
corazón latiendo al unísono.*

*Los guantes blancos nos invitan a vivir una fraternidad orgánica, fundada
no en el poder ni en la competencia, sino en la alegría de ser y en la
exaltación de lo mejor del ser humano.*

*Al final, ponernos los guantes blancos es un acto de esperanza y de
humildad: reconocemos nuestra imperfección, pero elegimos presentarnos ante
los demás y ante el Gran Arquitecto con las manos purificadas, listas para
construir juntos un mundo más noble, más justo y más luminoso.*

Alcoseri





Del YO Profano al Nosotros Masonería

Este comunicado es un testimonio personal, es el relato de ese vínculo
indestructible que me une a Otros sean masones o no masones, esos seres
que me atraen y me fascinan por su solidaridad conmigo, pero que también
pueden resultarme insoportables cuando se hunden en la bajeza, la
intolerancia o caen en lo intolerable.

¿Cuándo comenzó todo? ¿En qué momento tomé conciencia de que esos Otros
tenían su propio universo, distinto al mío? ¿Cuándo di esos pocos pasos que
me separaban de ellos y empecé a concederles verdadera importancia? ¿Cuándo
dejé de girar exclusivamente alrededor de mí mismo —mis reglas, mis
intereses, mi pequeño mundo— para aceptar que los otros también son
propietarios del mundo que habito, del paisaje que contemplo y de la luz
que nos ilumina a todos?

¿En qué instante dejé de ser sólo “yo” para convertirme en “nosotros”?

No tengo respuestas precisas a estas preguntas, y en realidad no me
importan demasiado. Lo esencial es que ese cambio ocurrió. La puerta de un
Templo Masónico se abrió para mí. El encuentro tuvo lugar en una Logia
Masónica , donde todos éramos distintos entre sí .

La idea de este nuevo comunicado surgió hace poco, aunque estas preguntas
me habían rondado durante años. Era mediado de los años 80´s . Estaba
sentado a lado de un rio bajo Sabinos y una fresca sombra matinal me
acariciaba mi rostro. El perfume de las flores flotaba en el aire. En una
vereda, jóvenes mujeres conversaban sonriendo, mientras los niños reían
persiguiendo a un perro que ladraba alegremente mientras jugueteaban todos
, y yo solamente observaba la escena , mientras mantenía mi atención en mis
manos , tratando de usar este sensación como ancla, para mantenerme
presente e incrementar mi Estado de Consciencia Objetiva.

Sentí de pronto una paz extraña, profunda, casi desconocida. No sabía
explicarla, pero intuía que algo esperado desde hacía mucho tiempo acababa
de suceder…

De pronto, una voz fría y aséptica me sacó de ese estado de presencia . La
voz en la radio como la de un despertador anunciaba, sin emoción, la
explosión en San Juanico en México , donde un una planta de gas licuado
había estañado : al menos 500 muertos y más de 2000 heridos.

Mi estado bienestar se evaporó. Quedó sólo el mal sabor de la realidad
cruda que entraba por las ondas. Estábamos a años luz de cualquier paraíso
en la Tierra .

Recordé entonces conversaciones con mis familiares, amigos y compañeros de
trabajo. Algunos decían que en un mundo sereno y feliz nos aburriríamos.
Esa mañana, yo habría dado cualquier cosa por escuchar que el último foco
de contaminación había sido controlado, que en el Sahel se había detenido
el avance del desierto, que por primera vez en la historia celebraríamos
juntos la gran fiesta de la Fraternidad. No, definitivamente no me habría
aburrido.

No me aburro cuando camino por boulevares, calles o pueblos y las
construcciones que han sobrevivido a los siglos me interpelan: desde la
humilde casa hasta la majestuosa catedral o las misteriosas pirámides. En
cada una de ellas late el deseo humano de construir juntos algo que
trascienda nuestra breve existencia.

No me aburro cuando entro en un museo y contemplo obras que responden
directamente a la vida: desde el arte primitivo, cargado de vitalidad
intensa, hasta las pinturas atormentadas de Van Gogh. Tampoco cuando viajo
a través de la música —barroca, clásica, jazz, rock, o canciones norteñas
de Mexico— y esas notas me liberan por un rato de la pesadez del mundo.

Y la literatura… esa inmensa profusión de palabras que nos cuentan Otros
que fue, que es y que será. Libros que devoré, capítulo tras capítulo, bajo
la luz tenue de la lámpara, porque no podía soltarlos.

¿Cómo podría permanecer indiferente ante esos Otros capaces de crear con
pintura, sonidos y palabras? ¿Cómo ignorar esa capacidad inagotable de
imaginar, sentir y transformar el mundo?

Sí, a veces dudo de esos Otros, sobre todo cuando miro nuestra historia
sangrienta. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. La misma inteligencia
que levantó catedrales y compuso sinfonías también inventó armas de
destrucción masiva, justificó esclavitud y diseñó campos de exterminio. La
misma mente que sueña con fraternidad puede construir teorías de odio y
superioridad racial.

Sin embargo, sigo creyendo que vale la pena apostar por la cara luminosa
del ser humano: su fuerza creadora, su deseo de construir un “nosotros” más
justo y hermoso.

Como Masón, añado: la verdadera grandeza del paso del “yo” al “nosotros” no
está en eliminar el ego, sino en trascenderlo. No se trata de anularse por
el otro, sino de ampliarse gracias a él. La masonería lo entiende
perfectamente: no construimos templos de piedra para nosotros sólo s, sino
para que otros, mañana, encuentren en ellos refugio, belleza y sentido. Ese
es el milagro masónico: convertir el “yo” en un “nosotros” que trasciende
el tiempo y el mismo espacio.

La esperanza no reside en un mundo perfecto donde nadie sufra nunca, sino
en la decisión diaria de seguir tendiendo la mano, de seguir construyendo,
aunque sepamos que la obra nunca estará del todo terminada. Porque cada
piedra puesta con consciencia Lucida es una victoria contra la oscuridad.

Al final, lo que realmente importa no es si el mundo se vuelve perfecto,
sino si nosotros nos volvemos un poco más humanos cada día. Y eso sólo
ocurre cuando dejamos de mirarnos el Ego y empezamos a ver en el rostro
del Otro un reflejo de nosotros mismos.

Y ahí me di cuenta que en Masonería no existe el Yo egoísta , sino el
Nosotros somos Masonería.

Alcoseri







una de las cosas que me comencé a dar cuenta era de la semejanza de una
logia masónica y el gobierno , pensé la masonría copió al gobierno , y no
el gobierno copió a la masonería y como un pequeño grupo de masones creó a
los estados unidos, masones no muy diferentes a nosotros

La Conexión entre Jesucristo, El Francmasón Lewis Wallace y Ben Hur

El Libro "Arpas Eternas" es una icónica y famosa obra literaria de corte
espiritual y esotérico, supuestamente canalizada por Josefa Rosalía Luque
Álvarez, que narra la vida de Jesús de Nazaret y sus contemporáneos con un
enfoque en la filosofía esenia.

Dentro del contexto de esta obra, se menciona a un personaje llamado
Ben-Hur, quien es descrito de manera distinta a la versión clásica del
francmasón Lew Wallace creador del personaje Ben Hur:

La obra Arpas Eternas relata historias bíblicas y de la época de Jesús
desde una perspectiva mística, utilizando a menudo nombres que pueden
coincidir con figuras bíblicas o de la literatura clásica pero con tramas
diferentes.

El Ben-Hur de Arpas Eternas , sería el Judá Ben-Hur, el príncipe judío
protagonista de la famosa novela histórica del hermano masón Lew Wallace y
sus adaptaciones cinematográficas, cuyo relato se centra en la venganza y
redención romana.

El hermano francmasón Lewis Wallace (10 de abril de 1827 - 15 de febrero de
1905), sería el autor de la famosa novela Ben-Hur: A Tale of the Christ
1880. Lewis fue un polifacético general de la Unión durante la Guerra
Civil Estadounidense, abogado, político, diplomático y masón
estadounidense, reconocido por esta obra que mezcla aventuras y redención.

Lewis Wallace fue un miembro destacado de la masonería. Aunque comenzó la
novela como un masón escéptico para refutar la divinidad de Cristo, la
investigación lo llevó a convertirse en un creyente.

Además de escritor, sirvió como gobernador del Territorio de Nuevo México y
embajador de EE. UU. en el Imperio Otomano.

Ben-Hur fue la novela más vendida en EE. UU. desde 1900 hasta 1936,
superando a La cabaña del tío Tom



Lewis Wallace destacado masón estadounidense, elevado al grado de Maestro
Masón en enero de 1851 en la Logia Fountain n.º 60 en Covington, Indiana.
General de la Unión en la Guerra Civil, gobernador de Nuevo México y autor
de Ben-Hur, Wallace fue un miembro activo reconocido en la historia
masónica.

Fue elevado a Maestro Masón a los 24 años, sólo tres años después de que
la logia de Indiana lo iniciara aprendiz .

Es incluido en listas de "Masones Famosos" de los Estados Unidos,
destacando su faceta como autor de Ben-Hur: A Tale of the Christ.

Su padre, David Wallace, también fue miembro de la Masonería (Harmony Lodge
11 en Brookville) desde 1826.

Se conserva su mandil masónico, reflejando su participación en la orden, en
el Museo Masónico de Indiana .

¡Claro! Lew Wallace , fue un personaje fascinante de la historia
estadounidense, y de su obra maestra Ben-Hur.

¿Quién fue Lew Wallace?

Lewis "Lew" Wallace fue un hombre de acción y letras: abogado, militar
(general de la Unión en la Guerra Civil), político (gobernador del
Territorio de Nuevo México), diplomático y, sobre todo, escritor. Su vida
fue intensa: combatió en la Guerra México-Americana y en la Civil (donde su
tardanza en llegar a la Batalla de Shiloh le costó críticas que lo
persiguieron toda la vida). Después de la guerra se dedicó a la escritura y
a la vida pública. Murió en Crawfordsville, Indiana, en 1905.

Ben-Hur una novela histórica es su obra más famosa y una de las más
influyentes del siglo XIX en Estados Unidos. Cuenta la historia de Judah
Ben-Hur, un príncipe judío traicionado por su amigo romano Messala,
condenado a galeras, que busca venganza pero termina encontrando redención
a través del encuentro con Jesús de Nazaret.

El libro es una épica llena de acción (la famosa carrera de cuadrigas),
drama, romance y un profundo mensaje espiritual sobre perdón, fe y
transformación. Vendió millones de copias, nunca ha dejado de imprimirse y
se convirtió en un fenómeno cultural. Inspiró varias adaptaciones
cinematográficas, siendo la más icónica la de 1959 dirigida por William
Wyler, con Charlton Heston (que ganó 11 Oscars).

¿En qué se inspiró Wallace para escribir Ben-Hur?

La chispa surgió en 1876, durante un viaje en tren. Wallace conversó con el
famoso agnóstico Robert G. Ingersoll, quien cuestionó duramente la fe
cristiana. Wallace se sintió avergonzado de su propia ignorancia religiosa
y decidió investigar a fondo el tema para formarse una opinión propia.

Comenzó estudiando el Libro de la Ley o Biblia y todo lo que encontró sobre
el siglo I en Judea: historia romana, costumbres judías, geografía, etc.
Quería que todo fuera preciso y creíble. Ya tenía en mente una idea sobre
los Tres Reyes Magos (que se convirtió en la primera parte del libro). El
proceso de investigación y escritura duró años y, paradójicamente,
transformó al propio Wallace: pasó de ser bastante indiferente en materia
religiosa a tener una convicción profunda en Dios y en el Personaje de
Cristo.

Influencias de novelas románticas de aventura (como las de Walter Scott o
El conde de Montecristo de Dumas).

Un fuerte mensaje cristiano de redención.



¿Fue masón Lew Wallace?

Sí, Lew Wallace fue masón.



Fue iniciado el 15 de diciembre de 1850 en Fountain Lodge No. 60 (también
conocida como Fountain Head Lodge), en Covington, Indiana.

Pasó al grado de Compañero el 20 de diciembre de 1850.

Fue elevado a Maestro Masón el 15 de enero de 1851 (tenía 24 años).



Más tarde, al mudarse a Crawfordsville, transfirió su membresía a
Montgomery Lodge No. 50, donde permaneció hasta su muerte. Llegó a ser
Masón del 32° grado del Rito Escocés.

Su mandil masónico se conserva como una pieza histórica en el Oriente de
Indiana.

Lew Wallace encarna perfectamente el espíritu masónico del investigador y
constructor: no sólo de edificios, sino de carácter y de ideas. Su vida
muestra cómo la búsqueda intelectual (investigar para escribir Ben-Hur)
puede convertirse en un camino espiritual. La novela misma tiene un fuerte
eco masónico: temas de traición y lealtad, caída y redención, esclavitud y
liberación, y sobre todo la idea de que el verdadero templo se construye en
el interior del ser humano.

Ben-Hur no es sólo una historia de venganza que termina en perdón; es una
alegoría de cómo la luz (representada por Cristo) transforma al hombre
desde dentro. Wallace, como masón, sabía bien que el trabajo iniciático
consiste en tallar la piedra bruta hasta convertirla en algo digno para la
Gloria del Gran Arquitecto del Universo.

La obra sigue siendo poderosa porque toca algo universal: todos llevamos un
“Ben-Hur” dentro —alguien herido que busca justicia y termina encontrando
algo mucho más grande: misericordia y sentido.

La Autora de Arpas Eternas: *Josefa Rosalía Luque Álvarez*, conocida
también como *“Mamina”*, fue una importante escritora y vidente argentina
(1893-1965). Es recordada principalmente por su obra *Arpas Eternas*, un
extenso relato psicográfico (recibida supuestamente mediante canalización
o inspiración espiritual , una obra dictada por un supuesto maestro Judío
Esenio llamado Hilarión de Monte Nebo ) que dicta a la escritora sobre la
vida de Jesús (a quien llama *Yhasua* o *Jhasua*), los esenios y el
contexto histórico y espiritual de su época.

Nació en 1893 en Argentina. Desde joven mostró una fuerte inclinación
espiritual y mística. Estuvo muy vinculada al *espiritismo* (su esposo,
Manuel Vázquez de la Torre, fue presidente de la Confederación Espírita
Argentina). En 1938 fundó la *Escuela Fraternidad Cristiana Universal*, un
centro dedicado al autoconocimiento, la enseñanza espiritual y la difusión
de ideas esotéricas y cristianas universales.

Su método principal de escritura fue la *psicografía* (escritura automática
o inspirada). Afirmaba recibir información de entidades espirituales
elevadas, entre ellas *Hilarión de Monte Nebo* (un esenio antiguo) y *Sisedón
de Trohade* (un ser de gran antigüedad). Bajo el seudónimo de *Hilarión de
Monte Nebo* publicó gran parte de su obra.

*Arpas Eternas* es su obra cumbre, publicada en varios tomos
(principalmente por Editorial Kier). Describe con gran detalle:

- La vida de los esenios.
- La preparación espiritual de Jesús.
- Su infancia, juventud y ministerio.
- Los apóstoles, amigos y el contexto histórico.

La obra se escribió décadas antes de que se popularizaran los Manuscritos
del Mar Muerto (descubiertos en 1947), y muchos lectores destacan
coincidencias sorprendentes con esa información histórica.

Otras obras suyas incluyen *Cumbres y Llanuras*, *Orígenes de la
Civilización Adámica* y *Moisés, el Vidente de Sinaí*.

Falleció en 1965. Su legado sigue vivo en círculos espirituales de habla
hispana, especialmente entre quienes buscan un cristianismo esotérico,
universal y menos dogmático.

*Su contacto con la masonería*

No existe evidencia pública ni documentación confiable de que *Josefa
Rosalía Luque Álvarez* haya sido *masona* ni de que haya pertenecido a
alguna logia.

Su formación y entorno fueron principalmente *espiritistas y esotéricos
cristianos*. Su obra tiene un fuerte tinte místico-cristiano universal, con
influencias esénicas, pero no aparecen referencias directas a símbolos,
rituales o grados masónicos específicos.

Aunque *Arpas Eternas* contiene temas que pueden resonar con la masonería
(búsqueda de la luz interior, fraternidad, construcción espiritual del ser,
simbolismo de templos y elevación), esto parece provenir más de su
inspiración espiritual y del ambiente esotérico de la época que de una
pertenencia formal a la Orden. En círculos masónicos se lee y valora mucho
su obra, pero no como una autora masónica.

*Su personaje de Ben-Hur en Arpas Eternas*

En *Arpas Eternas* *no aparece el personaje de Ben-Hur* tal como lo creó
Lew Wallace en su novela de 1880 (*Ben-Hur: A Tale of the Christ*).

Luque Álvarez narra la vida de *Yhasua Jhasua (Jesús)* de forma directa y
detallada, con énfasis en los esenios, su preparación espiritual, sus
enseñanzas y su misión. Paradójicamente incluye la trama ficticia de Judah
Ben-Hur (el príncipe judío traicionado, la carrera de cuadrigas, la
venganza y posterior conversión).

Existen algunas menciones indirectas a personajes o ambientes similares
(romanos, judíos, opresión, redención), en Arpas Eternas no existe una
mención de “Ben-Hur” como protagonista o figura central en su obra. *Arpas
Eternas* es una narración supuestamente canalizada de la vida de Jesús, no
una novela histórica de aventuras como la de Wallace.

Y surgen las preguntas ¿Por qué Josefa Rosalía Luque Álvarez utiliza a un
personaje creado por el Masón Lew Wallace, si Arpas Eternas es una obra
supuestamente Canalizada por Josefa Luque? ¿fue plagio? ¿El masón Wallace
también fue canalizado por los mismos maestros esenios?

Para esotéricos masones y no masones Josefa Rosalía Luque Álvarez fue una
vidente o supuesta vidente y escritora espiritual argentina que, a través
de psicografía, entregó una visión profunda y detallada de la vida de Jesús
y los esenios. Su obra *Arpas Eternas* se considera un texto inspirado por
espíritus desencarnados de Luz , una obra rica en misticismo y con
paralelismos interesantes con descubrimientos históricos posteriores. No
hay registro de que haya sido masona; su camino fue principalmente
espiritista y esotérico-cristiano.



Entiendo la desilusión de muchos y me incluyo, es como si te quitaran un
pilar de la fe esotérica cristiana .

No hay pruebas claras de plagio directo —no hay juicios, ni denuncias
oficiales. Lo que sí hay son similitudes obvias: nombres como Judá, Quintus
Arrius, escenas en galeras... Wallace publicó Ben-Hur en 1880, y Luque
escribió Arpas Eternas décadas después, en los cuarenta y cincuenta del
siglo XX.

Ella siempre dijo que era psicografía: visiones de guías espirituales, como
Hilarión del Monte Nebo, dictadas desde el "Archivo de la Luz". Nació en
1893 en Córdoba, Argentina, fundó una fraternidad cristiana en 1938, vivió
en el Delta del Tigre... y escribió todo con esfuerzo, en cuadernillos, sin
adornos.

Quizá tomó ideas conocidas de Ben-Hur del Francmasón Wallace —que era un
bestseller— para "ilustrar" sus revelaciones, como un marco familiar. En
círculos esotéricos, algunos lo ven como "inspiración" válida; otros, como
préstamo sin crédito. No es raro: muchos autores espirituales usan novelas
bíblicas como base.

Al final, lo que vale es si te ayuda o no —si la fe viene de Dios El Gran
Arquitecto del Universo, ¿importa el origen humano o espiritual? ¿O
prefieres dejarlo como una versión alternativa?

La Verdad Arpas Eternas es un libro muy bien redactado, tan excelente en su
narrativa que puede uno al leer , sentir como si uno estuviera presente
furente a Jesucristo escuchando sus enseñanzas directamente.

Alcoseri




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