Carta de una mujer de 83 años a su amiga. Sabiduría que no encontrarás en ningún libro.
“Querida Bárbara:
Leo cada vez más y quito el polvo cada vez menos. Me siento en el jardín y disfruto del paisaje sin preocuparme por las malas hierbas. Paso más tiempo con mi familia y mis amigas, y menos tiempo ocupada con tareas o trabajo.
La vida hay que saborearla, no simplemente soportarla. Estoy aprendiendo a vivir el momento y a valorarlo.
Ya no ‘guardo’ nada para después. Uso la vajilla de porcelana de la familia incluso si solo estoy celebrando haber destapado el fregadero. Me pongo mi mejor blazer para ir al mercado. Ya no reservo mis perfumes buenos para ocasiones especiales — me los pongo para ir al supermercado o al banco.
Las palabras “algún día” y “quizás después” están desapareciendo de mi vocabulario. Si algo vale la pena ver, escuchar o hacer, quiero hacerlo ahora.
No sé qué harían otras personas si supieran que no estarán aquí mañana. Pero creo que llamarían a sus seres queridos. Tal vez pedirían disculpas a viejas amistades. Tal vez pedirían comida china, o su plato favorito.
Probablemente nunca lo sabré. Pero sí sé esto: me enojaría si me diera cuenta de que mi tiempo se acabó y no escribí las cartas que quería escribir. O que no le dije lo suficiente a mi esposo y a mis padres cuánto los amaba.
Así que intento no posponer las cosas que dan alegría. No retrasar lo que da brillo a la vida. Cada mañana, cuando abro los ojos, me repito que este día es especial. Cada minuto, cada respiración, es un regalo.
La vida no puede ser una fiesta constante… pero mientras estemos aquí, ¡bailemos!”
💌 Si estás leyendo esto, tómalo como una señal. No guardes tu amor para más tarde.