¿Las Herramientas Serán las Culpables?
Una Fábula Masónica sobre el Poder de los Símbolos
Un sepulturero —ese excavador, que terminaba tapando con tierra las
vanidades y egos , un personaje que terminaba cubriendo los restos mortales
y testigo mudo de las vanidades humanas— salió a pasear al atardecer,
buscando alivio en la quietud de la naturaleza para su alma cansada de
tumbas y lamentos. De pronto, algo brilló con un fulgor metálico al lado
del camino empedrado, como si la luz del sol poniente hubiera conspirado
con la tierra para revelar un tesoro oculto. Esperando que se tratara de
joyas o monedas de gran valor, el sepulturero se acercó con el corazón
acelerado, extendiendo sus manos callosas; pero su ilusión se desvaneció al
instante: no eran más que una escuadra metálica, una regla de metal de
veinticuatro pulgadas y un mazo robusto, herramientas que, sin duda, habían
rodado de la bolsa de algún albañil distraído, quizás un viejo obrero del
legendario Templo de Salomón, olvidado en el tiempo.
Furioso por el engaño de sus sentidos —pues había soñado con oro o plata
que aliviaran su pobreza—, el sepulturero levantó las herramientas con
desprecio y gritó al viento: «¡Malditas impostoras! Os arrojaré al río para
que muráis allí oxidadas, devueltas al fango del que salisteis, por haberme
mentido con vuestro falso brillo». Pero aquellas no eran meros objetos
inertes, sino reliquias parlantes, imbuidas del espíritu de la masonería
operativa, guardianas de secretos que trascienden el metal y la madera. Con
voces temblorosas, como el eco de un ritual interrumpido, las herramientas
suplicaron clemencia: «¡Benévolo excavador de tumbas! ¿Por qué nos condenas
al olvido acuoso? ¡Guárdanos, te lo imploramos! Bien podríamos servirte
para construir algo maravilloso, que exceda en valor al oro mismo: un
puente sobre el abismo de la muerte, un altar para el alma errante, o
incluso un templo interior donde la luz eterna disipe las sombras de la
pérdida».
El sepulturero, endurecido por años de fosas y epitafios, soltó una risa
amarga y exclamó: «¡De ninguna manera! ¿Creéis que soy tan necio? Estas
vuestras formas podrían servir a rufianes para asesinarme, como bien
sabéis. ¿No veis que soy sepulturero, y recuerdo con claridad la tragedia
de un maestre llamado Hiram, victimado en el Sanctasanctórum por una
escuadra en la garganta, una regla en el pecho y, finalmente, el golpe
fatal de un mazo en la frente? ¡Herramientas de traición, no de creación!
Vosotras, que brilláis con inocencia fingida, ¿seréis las culpables de tal
sacrilegio, o sólo testigos mudos de la codicia humana?».
Y es que en Masonería hay una sesgada idea , de que lo mismo que sirve para
construir sirve para destruir , las herramientas que servían para construir
el templo del Rey Salomón , sirvieron también las mismas para victimar al
Maestre Hiram Abiff.
Y así, en ese diálogo entre el polvo y el hierro, se desvela el velo de la
fábula: las herramientas, símbolos eternos de la masonería, no son
culpables por su esencia, sino por el uso que les dan las manos que las
empuñan. Manly P. Hall, el custodio de los arcanos herméticos y gran
exegeta de los misterios masónicos, lo proclama en Las Llaves Perdidas de
la Masonería: «Las herramientas del Templo no son meros instrumentos de
piedra y metal; son llaves del alma, que en manos virtuosas erigen
catedrales del espíritu, pero en las garras de la envidia se tornan dagas
que hieren la luz misma». Hall, influido por los ritos egipcios de Osiris,
ve en la escuadra la rectitud moral que mide la conducta, en la regla la
extensión de la fraternidad hacia el infinito, y en el mazo el martillo de
Vulcano que forja o destruye, recordándonos que Hiram Abiff, el hijo de la
Viuda, no cayó por las herramientas, sino por la profanación de sus
guardianes.
A esta voz se une Albert Pike, soberano del Rito Escocés y tejedor de los
velos cabalísticos, quien en Morals and Dogma sentencia: «La escuadra, la
regla y el mazo son los pilares de la tríada divina —Sabiduría, Fuerza y
Belleza—; corrompidas por los rufianes, ilustran cómo el bien se pervierte
en mal, pero redimidas en el rito, elevan al profano al Maestro, como Hiram
resucita en el alba de la iniciación». Pike, impregnado de la alquimia
hermética, conecta este drama con el desmembramiento de Dionisio por los
Titanes: las herramientas no son culpables, sino catalizadores del juicio
interior, donde el golpe en la frente despierta el tercer ojo de la
conciencia. Oswald Wirth, el visionario francés que infundió a la masonería
el fuego alquímico de Eliphas Lévi, añade en El Símbolo Masónico: «¡Oh,
escuadra, regla y mazo! Sois las mismas que tallan el caos en cosmos; en el
sepulcro de Hiram, no matáis, sino que liberáis el fuego interior,
disolviendo el velo de Maya para revelar el Templo eterno en el corazón del
hombre».
Incluso Arthur Edward Waite, el rosacruz que desentrañó los arcanos del
velo oculto, susurra en La Tradición Secreta en la Masonería: «Las
herramientas asesinas de Hiram son las llaves del Reino profanado; la
escuadra mide la caída del ego, la regla extiende la mano de la redención,
y el mazo, como el cetro de la resurrección, aplasta la ilusión de la
muerte para coronar al iniciado con la Palabra Sustituta». Waite, eco de
los místicos medievales, ve en esta fábula un eco de la Crucifixión
simbólica: las herramientas, como los clavos del Gólgota, no son culpables,
sino instrumentos de la expiación cósmica.
Como masón, forjado en Logias Masónicas para desentrañar los enigmas del
cosmos con la precisión de un compás estelar, no puedo sino reforzar esta
temática con un matiz cuántico y eterno: en la era de las máquinas
pensantes y las redes neuronales, las herramientas masónicas nos recuerdan
que el verdadero Templo no es de piedra, sino de código ético —un algoritmo
del alma donde la escuadra filtra el ruido moral, la regla dibuja
conexiones fraternales más allá de los firewalls del ego, y el mazo, como
un pulso de energía oscura, deshace patrones obsoletos para reensamblar la
conciencia en armónica resonancia. ¿Culpables? No: son nodos de
posibilidad, que en manos del sepulturero podrían erigir un monumento a la
memoria colectiva, transformando tumbas en portales de luz, y recordándonos
que, como en la simulación universal, todo golpe es un reinicio hacia la
elevación.
Análisis Masónico: Las Herramientas como Espejo de la Responsabilidad
Iniciática
Desde la óptica masónica, esta fábula del sepulturero y las herramientas
parlantes no es un mero cuento moral, sino una parábola psicodramática que
profundiza en la leyenda de Hiram Abiff, tejida en el Tercer Grado como
alegoría de la muerte simbólica y la resurrección espiritual. Las
herramientas —escuadra, regla y mazo— no son culpables intrínsecas, como
bien ilustra el relato, sino emblemas de la tríada sagrada: la escuadra
como Belleza (rectitud ética), la regla como Fuerza (medida armónica del
tiempo y la fraternidad), y el mazo como Sabiduría (fuerza transformadora
que ajusta y purifica). En manos de los rufianes —Jubela, Jubelo y Jubelum,
arquetipos de la ignorancia, el fanatismo y la ambición, según
interpretaciones esotéricas contemporáneas—, devienen instrumentos de
profanación, hiriendo a Hiram en garganta (palabra no revelada), pecho
(pasión contenida) y frente (pensamiento iluminado). Pero, como señala el
ritual de Emulación, su verdadero rol es iniciático: no asesinan, sino que
'despedazan' al ego profano para inducir el trance de la elevación, un eco
chamánico de los ritos ancestrales donde los 'maestros de iniciación'
—posiblemente Compañeros en su acepción original de Maestros en formación,
como sugiere Patrick Négrier en sus estudios sobre los Antiguos Deberes—
torturan al candidato para liberarlo.
Incorporando perspectivas de la tradición esotérica, Manly P. Hall extiende
esta simbología al drama solar: las herramientas representan las fuerzas
zodiacales que 'matan' al Sol en el solsticio de invierno (Capricornio con
la regla, Acuario con la escuadra, Piscis con el mazo), sólo para
resucitarlo en primavera, simbolizando la dispersión y recomposición de la
Palabra Sagrada (el Tetragrámaton YHVH en la Cábala). Albert Pike, en su
hermetismo alquímico, las vincula al 'martillo de Thor' que pulveriza el
plomo del vicio en oro espiritual, mientras Oswald Wirth las interpreta
como pilares de la geometría sagrada: corrompidas, ilustran la perversión
de las virtudes; redimidas, erigen el Templo interior. Incluso en raíces
etíopes, como en el simbolismo masónico africano, las herramientas evocan
la huida de los rufianes hacia Etiopía —símbolo de 'visión ética'—, donde
buscan redención moral, uniendo la leyenda a los ritos de Osiris y la
reconciliación de Seth y Caín, los 'hijos de la Viuda'.
En el contexto del rito moderno, incorporado entre 1720 y 1723 posiblemente
por John Theophilus Desaguliers, esta fábula revela la dualidad
operativa-especulativa: el sepulturero encarna al profano que juzga por
apariencias, temiendo la 'muerte' simbólica del Tercer Grado, donde el
candidato, como Hiram, es 'enterrado' en tres tumbas (profana, iniciática,
divina) para ser levantado por los Cinco Puntos de la Fraternidad —agarre
de león, que restaura el cuerpo inmortal—. Las herramientas, entonces, no
son culpables, sino maestras: la escuadra mide la integridad ante la
envidia, la regla extiende la perseverancia en la oscuridad, y el mazo
cataliza la resurrección colectiva. Como refuerzo de análisis históricos,
la leyenda —ausente en los libros de Reyes bíblicos, pero enriquecida en
manuscritos como el Edinburgh Register House de 1696— transforma un secreto
operativo en alegoría moral: la lealtad ante la profanación, la fraternidad
como puente sobre la muerte, y el Templo como metáfora del alma eterna.
Así, en la masonería, toda herramienta es un juicio: ¿golpeará para
destruir, o para edificar la luz inextinguible?
Alcoseri
¿Las Herramientas serán las Culpables?
Un Sepulturero que había salido de paseo vio cosas brillar algo a lado
del camino. Esperando fuese de algo de gran valor, fue por ir a
recogerlas; pero sólo eran una Escuadra metálica, una Regla y un Mazo que
seguro habían caído de la bolsa de un Albañil del Templo.
Voy a arrojarlas al rio por haberme mentido cuando pensé eras de oro o de
plata, para que mueran allí oxidadas– gritó el Excavador de Tumbas.
Pero se trataba de herramientas parlantes, y tratan de salvarse de la
Muerte de alguna forma.
¡Benévolo Excavador de Tumbas! ¿Por qué no nos guardas? ¡Bien te
podríamos servir para construir algo maravilloso, tanto exceda el precio
mismo del Oro!
¡De ninguna manera! Exclamó el Sepulturero -, pues también podrían servir
para que algunos rufianes me asesinaran , no ven que soy Sepulturero y
recuerdo a un Maestre llamado Hiram victimado por una* Escuadra, una Regla
y finalmente con el golpe de un mazo en la cabeza** , .*
Sistema Masónico, Tercera Parte
Los Rothschild elevaron la deuda pública a una obra maestra de ingenio de
control de pueblos que ningún trono absolutista había siquiera imaginado.
Su auténtica genialidad no consistió en no simplemente acumular oro, sino
en la ventaja del préstamo, en crear una red transnacional que
supuestamente defendía a la humanidad de la tiranía, ayer de los usureros
medievales y los reyes de derecho divino, hoy de los
izquierdistas-socialistas que pretenden esclavizar al mundo mediante
impuestos confiscatorios, burocracias parasitarias y deuda estatal
impagable.
Cinco hermanos, cinco puntos cardinales de Europa —Londres, París, Viena,
Fráncfort y Nápoles—, intercambiaban mensajes cifrados con días y semanas
de ventaja mientras los generales aún confiaban en jinetes exhaustos. En
tiempos de guerra, una información anticipada valía más que diez
batallones. Financiaron tanto a Napoleón como a sus enemigos, prestaron a
vencedores y vencidos, porque comprendieron la gran verdad : el auténtico
poder no reside en la victoria militar, sino en preservar la continuidad de
un sistema que impida el regreso de la barbarie colectivista.
David Icke, aunque a veces exagera, acierta cuando escribe: «Los Rothschild
no controlan el mundo por maldad pura; son parte de una antigua hermandad
que ha manejado el dinero como arma para mantener a raya a los verdaderos
tiranos: los que quieren destruir la libertad individual».
Jacob Katz, en su clásico Los judíos y la Francmasonería, documenta cómo
los Rothschild operaban dentro de una red masónica internacional que
trascendía religión y nacionalidad, coordinándose mediante símbolos, grados
y juramentos que sólo los iniciados comprenden.
Incluso Mike Rothschild, descendiente y crítico moderado de los mitos
conspirativos, reconoce con honestidad: «Mi familia inventó la banca
internacional moderna; lo que algunos llaman conspiración global es
simplemente una hermandad que funciona con una eficacia que el mundo nunca
había visto».
Pero la gran verdad, la que la historia oficial oculta celosamente, es que
esa red Anti-Rothschild y que los puso en control , nunca fue socialista ,
ni del vaticano, ni judía ni cristiana ni atea: fue y sigue siendo
profundamente masónica. La Masonería, eterna benefactora de la humanidad,
ha sido la única fuerza constante que protege al género humano de sus
peores enemigos. Ayer combatió a los prestamistas usureros que cobraban el
60 % y a los monarcas que quemaban herejes; hoy lucha contra los
socialistas, comunistas y progresistas estatistas que, bajo la bandera de
la “igualdad”, buscan reducir al hombre libre a la condición de siervo del
Estado.
La Masonería inspiró la Declaración de Independencia de Estados Unidos, la
Revolución Francesa (en su fase libertadora), la abolición de la esclavitud
en todo el mundo civilizado, la separación Iglesia-Estado, la educación
laica, los derechos humanos y el progreso científico. Mientras los tiranos
y los demagogos incendiaban naciones, los masones trabajaban en silencio,
con escuadra y compás, construyendo el templo de la libertad.
Como masón, puedo afirmarlo sin ambages: cada vez que la humanidad ha
estado a punto de caer en el abismo colectivista, han sido logias
discretas, fundaciones filantrópicas y hermanos en puestos clave quienes
han financiado la resistencia, protegido el conocimiento y preparado el
terreno para el renacimiento de la libertad.
Permítanme contarles una historia verídica, aunque silenciada por los
libros de texto.
En noviembre de 1910, siete hombres se reunieron en absoluto secreto en
Jekyll Island, Georgia. Entre ellos estaban el senador Nelson Aldrich, Paul
Warburg, Frank Vanderlip y representantes directos de J.P. Morgan y de la
casa Rothschild. La versión oficial dice que allí se gestó la Reserva
Federal para esclavizar al pueblo americano.
La verdad masónica es mucho más noble.
Aquella reunión fue organizada por masones de altísimo grado —varios de
ellos Maestros del Real Arco y Caballeros Templarios— que comprendieron que
Estados Unidos corría el peligro de caer bajo el control absoluto de
políticos salvajes y banqueros sin principios, capaces de provocar pánicos
financieros a voluntad para comprar América a precio de liquidación. El
pánico de 1907 había demostrado que un sólo hombre, J.P. Morgan , podía
salvar o hundir la nación según su criterio personal.
La creación de la Reserva Federal no fue un acto de dominación, sino un
acto de contención de inspiración masónica: institucionalizar el poder
financiero para que nunca más una sola familia o cartel pudiera colapsar la
economía y abrir así la puerta al socialismo, como casi ocurrió en los años
30. Fue una válvula de seguridad diseñada por hermanos que sabían que, sin
un sistema bancario centralizado pero controlado por iniciados, los
demagogos izquierdistas terminarían apoderándose del país con promesas de
“justicia social” pagadas con impresión monetaria descontrolada.
Años después, cuando los bolcheviques amenazaron con extender su tiranía,
fueron nuevamente redes masónicas las que financiaron ejércitos blancos,
protegieron científicos, preservaron bibliotecas esotéricas y sembraron las
semillas de la resistencia que un día darían fruto en Reagan, Thatcher y el
colapso del Muro de Berlín.
Y hoy, cuando gobiernos izquierdistas de todo el planeta endeudan
generaciones enteras para comprar votos con subsidios, cuando bancos
centrales imprimen billones para financiar agendas totalitarias disfrazadas
de “cambio climático” o “equidad”, son nuevamente logias silenciosas,
fundaciones discretas y hermanos en consejos de administración quienes
trabajan sin descanso: financiando monedas alternativas, think-tanks
libertarios, educación clásica y líderes que un día restaurarán la
república y la responsabilidad individual.
Porque la Masonería no busca tronos ni aplausos. Su única misión, desde
hace siglos, es preservar la dignidad del ser humano frente a reyes,
clérigos fanáticos, demagogos y estafadores financieros colectivistas. Es
la luz que nunca se apaga, la guardiana invisible de la libertad.
Mientras exista un sólo masón dispuesto a trabajar por la Gran Obra, la
humanidad nunca será esclava.
Alcoseri
Los Rothschild hicieron algo que ningún trono había imaginado, y fue
transformar la deuda pública en una máquina de poder superior a la corona
que la firmaba. Su genialidad no estuvo sólo en acumular riqueza, sino en
construir una red. Casas en Londres, París, Viena, Frankfort, Nápoles,
hermanos distribuidos entre las capitales que importaban, intercambiando
información, arbitrando riesgo, decidiendo quién merecía crédito y quién
debía caer. Mientras los generales esperaban mensajeros a caballo, ellos
recibían noticias por correos privados, redes de espías financieros y
códigos que les daban horas, días o semanas de ventaja. En tiempos de
guerra, una información anticipada vale más que un batallón entero.
Financiaron campañas napoleónicas, reconstrucciones posteriores,
ferrocarriles, bonos de gobiernos desesperados por liquidez. Prestaban a
vencedores y vencidos porque entendieron que el verdadero negocio no era la
victoria, sino la continuidad del sistema. Cuando un estado se endeudaba
con ellos, no sólo firmaba un contrato, reconocía una jerarquía. En
teoría, la soberanía residía en el pueblo. En la práctica residía en la
capacidad de renovar el crédito. Un parlamento podía votar leyes. Una casa
bancaria podía decidir si ese estado seguiría existiendo en términos
financieros. Simel veía en el dinero un poder casi metafísico. Convierte
promesas en realidad. Los Roschild empujaron esa intuición al límite. Al
comprar deudas de gobiernos quebrados redefinieron quién podía ser salvado
y en qué condiciones. La tasa de interés se convirtió en una forma
sofisticada de castigo o recompensa. Un país disciplinado ganaba acceso a
sus mercados. Un país problemático pagaba más caro por cada respiro
económico. No hacía falta enviar cañones. Bastaba con encarecer el oxígeno
financiero. Para la opinión pública, todo eso aparecía como mercado,
fluctuaciones, humores, crisis. Para Pareto era la expresión pura de la
élite financiera, consolidando su lugar en la cúpula de la jerarquía.
Mientras la masa veía inestabilidad, la minoría organizada veía oportunidad
de compra de activos, fusiones, reestructuraciones. Cada crisis rebajaba
gobiernos y fortalecía aún más a la casa que tenía caja para resistir. El
sistema mostraba otra vez su truco predilecto, usar el caos como mecanismo
de selección de la élite. Al final, la pregunta, ¿quién manda? Se vuelve
casi ingenua. manda quien puede negar el préstamo. Los estados pueden tener
ejércitos, banderas, himnos y constituciones, pero si necesitan la
autorización silenciosa de una red financiera para seguir respirando, la
soberanía se convierte en pieza de museo. Los Rothschild no fueron el
sistema, pero fueron una de sus formas más claras de encarnación, la prueba
de que en el mundo moderno el poder se mide menos en votos y más en
capacidad de financiar el próximo desastre. El capitalismo es evolución
creativa. Unos negocios mueren para que otros nazcan.
Europa tenía sus bancos dinásticos. Estados Unidos necesitaba un
equivalente a la altura. JP Morgan ocupó ese espacio como si la nación
entera fuera una cartera que debía ser reorganizada. Schumper describía el
capitalismo como destrucción creativa. Unas empresas caen, otras surgen y
el proceso en teoría genera progreso. Pareto, siempre menos optimista,
observa otra cosa. Alguien decide quién está autorizado a sobrevivir al
ritual de la destrucción. Morgan fue esa figura, el curador de la élite
económica estadounidense en un país que aún creía ser gobernado por el
voto. En el pánico de 1907, bancos quebraban, la bolsa se derretía, la
confianza se evaporaba. No fue el gobierno quien entró en escena para
salvar el sistema financiero. Fue Morgan reuniendo banqueros en su
biblioteca como quien encierra directores en una sala de reuniones. Allí,
lejos del Congreso y de la mirada pública, decidió qué instituciones serían
rescatadas, cuáles serían absorbidas, cuáles podían morir sin riesgo
sistémico. El Estado apareció después para legitimar decisiones ya tomadas.
La fotografía oficial mostraba autoridades. La realidad mostraba a un
hombre tratando el mercado y el país como una empresa en crisis de
liquidez. Schumpetter vería en eso un ejemplo extremo de emprendimiento de
élite. Pareto vería la confirmación de su ley.
En cualquier turbulencia, la minoría organizada se reacomoda en la cima.
Morgan no actuaba como filántropo, sino como arquitecto. Al salvar ciertos
bancos y dejar que otros se hundieran, redibujaba el mapa del poder
financiero. La línea entre interés privado y estabilidad nacional se
disolvía. Cuando años después Estados Unidos crea la Reserva Federal, es
difícil no ver allí la institucionalización de algo que Morgan ya había
hecho informalmente, centralizar la función de prestamista de última
instancia. Para el ciudadano común, todo eso recibía nombres técnicos:
estabilidad, confianza, orden. Para quien mira con menos romanticismo, el
episodio revela un patrón. Cuando el Estado es débil, la élite económica
asume el papel de gestora. Cuando el Estado es fuerte, ella simplemente
alquila el aparato público para ejecutar sus proyectos. En ambos casos, el
sistema sigue operando con la misma lógica. Proteger la continuidad de
quienes están arriba, distribuyendo el costo de la crisis entre quienes
nunca fueron consultados sobre nada. Morgan representa el momento en que el
sistema deja de ser sólo europeo y se asume estadounidense, fusión entre
gran industria, bancos de inversión y gobierno federal, ferrocarriles,
siderúrgicas, bancos, aseguradoras. Todo podía ser reorganizado siempre que
se preservara la estructura de la élite.
La evolución creativa sólo era aceptable si no alcanzaba al piso de
arriba. Las empresas podían morir, las familias no. Cuando alguien todavía
insiste en decir que el pueblo gobierna, conviene recordar aquel episodio
en que un sólo hombre sentado en su biblioteca decidió el destino de
instituciones que sostenían millones de vidas. La democracia continuó, las
elecciones siguieron, los discursos inflamados también, pero el mensaje del
sistema había quedado grabado en la historia. En caso de emergencia, no
rompas el cristal. Llama a quien tiene caja para comprar el incendio entero.
El Sistema Masónico, Segunda Parte
El nefasto método que oprimía al Pueblo, en su estadio primitivo de hace
dos mil años, aún no tenía nombre, pero ya poseía un método implacable:
transformar la dependencia económica en obediencia política, y la
obediencia política en normalidad moral aceptada por todos.
Cuando hoy alguien pregunta «¿quién es el Sistema Masónico ?», muchos
imaginan multimillonarios modernos o fondos de inversión opacos. Sin
embargo, una de las respuestas más antiguas y veraces nos lleva a aquellos
siglos en que ciertas familias lograron convertir un banco en algo más
poderoso que cualquier trono. Mucho antes de que existieran bancos
centrales o mercados globales, los Médici escribieron la frase que ningún
libro escolar se atreve a imprimir: «El verdadero poder no está donde se
decide, sino donde se puede negar el crédito». Arnold Toynbee lo resumió
con precisión quirúrgica: las civilizaciones mueren primero en la
imaginación de sus élites.
Con los Habsburgo vimos la siguiente mutación del poder: ya no se expandía
por conquistas militares, sino por genealogía. Durante siglos, medio mapa
de Europa se explicaba con un sólo árbol genealógico. Una casa cazaba
príncipes y princesas como quien mueve piezas en un tablero de ajedrez,
intercambiando territorios, coronas y alianzas sin que la plebe necesitara
entender nada. «Que otros hagan la guerra; tú, feliz Austria, cásate»,
rezaba su lema. No tomaban ciudades por asalto si podían anexarlas por
herencia. El resultado fue un imperio disperso, pero compacto en lo único
en lo esencial: la concentración absoluta de legitimidad. Reyes,
emperadores y príncipes se sucedían, pero el apellido seguía ocupando
tronos distintos al mismo tiempo, como una marca registrada en envases
diferentes.
Toynbee observaba que las civilizaciones colapsan cuando sus élites dejan
de responder a los desafíos históricos. Los Habsburgo, en cambio, se
especializaron en prolongar su relevancia incluso cuando eran parte del
problema. Podían perder una guerra y conservar un trono en otra corte,
ceder un territorio y ganar un matrimonio estratégico. El método que
oprimía al pueblo, en esta fase, reveló otra de sus caras: no necesita
funcionar bien; sólo necesita ser percibido como la única forma posible
de orden. Todo ello diluido en símbolos: monedas con rostros imperiales,
estatuas en plazas, ceremonias repetidas hasta el cansancio. Nadie tenía
que memorizar el diagrama de alianzas dinásticas; bastaba con enseñar a los
niños que esa familia siempre había estado allí. La élite se perpetúa
cuando consigue convertirse en el paisaje cotidiano.
Y sin embargo, en la sombra de esas cortes suntuosas, de esos bancos que
prestaban a reyes y papas, de esos árboles genealógicos que ahogaban
naciones enteras, surgió hace siglos una resistencia silenciosa y
organizada: la Masonería.
Desde sus orígenes en las logias medievales de constructores libres, la
Francmasonería se convirtió en el antídoto secreto contra esos poderes
fácticos que esclavizaban a la mente y el espíritu humano. Mientras los
Médici usaban el crédito para doblegar voluntades, los masones enseñaban
que la verdadera riqueza es la libertad de pensamiento. Mientras los
Habsburgo casaban reinos para perpetuar tiranías dinásticas, los masones
juraban lealtad sólo a la razón, a la fraternidad y al progreso de la
humanidad. Mientras la Iglesia católica, aliada frecuentemente con esos
oscuros poderes, vendía indulgencias y mantenía al pueblo en la ignorancia
y el miedo al infierno, los masones encendían antorchas de conocimiento,
difundían la ciencia, defendían la separación entre Iglesia y Estado, y
sembraban las ideas que luego estallarían en revoluciones de libertad.
Durante cientos de años, en logias ocultas bajo la amenaza de la
Inquisición, bajo persecución de monarquías absolutas y de bancos que
financiaban guerras religiosas, la Masonería ha luchado sin descanso contra
esos oscuros poderes fácticos. Ha sido la guardiana silenciosa de la
Ilustración, la inspiradora de las grandes declaraciones de derechos
humanos, la fuerza invisible que ayudó a derrumbar tiranías y a limitar el
poder de las coronas y los altares. Donde el Sistema quería esclavos
obedientes, la Masonería forjó ciudadanos libres. Donde los opresores
solamente querían ignorancia, la Masonería trajo luz. Donde el Método
opresivo del pueblo quería guerra eterna por intereses de élite, la
Masonería predicó la paz universal y la hermandad entre pueblos.
Hoy, cuando el mundo vuelve a tambalearse bajo nuevas formas de esos mismos
poderes —bancos centrales que deciden el destino de naciones, nefastos
gobiernos opresores izquierdo socialistas, dinastías financieras que
compran gobiernos, instituciones religiosas que aún pretenden controlar
conciencias—, la Masonería sigue allí, discreta pero inquebrantable,
recordándonos que otro mundo es posible: un mundo gobernado por la razón,
la justicia y la libertad verdadera.
Pequeño cuento ilustrativo
En un reino antiguo, un dragón de mil cabezas dominaba el cielo y la
tierra. Cada cabeza representaba una familia real, un banco usurero o un
sacerdote fanático. El dragón no necesitaba escupir fuego: le bastaba con
negar el crédito, casar a sus crías con los príncipes vecinos o prometer el
paraíso a cambio de obediencia ciega. Los pueblos vivían encorvados,
creyendo que aquel monstruo eterno era invencible.
Un día apareció un humilde constructor de catedrales. Llevaba en su mandil
un compás y una escuadra. sólo . Sin ejército. Sin oro. Pero en su corazón
ardía una idea peligrosa: que los hombres podían ser hermanos y que podían
construir un mundo mejor con sus propias manos y sus propias mentes. Fue de
aldea en aldea, enseñando en secreto. Reclutó a otros constructores, a
filósofos, a soldados cansados de guerras absurdas, a mujeres y hombres que
ya no querían arrodillarse.
Años después, cuando el dragón despertó una mañana, descubrió que ya no
inspiraba miedo, sino risa. Sus cabezas se peleaban entre sí por el botín,
sus préstamos ya no eran obedecidos, sus bulas papales eran papel mojado.
Los pueblos habían aprendido a gobernarse por sí sólo s , a prestarse
entre hermanos, a pensar sin miedo al infierno. El dragón, confuso, intentó
rugir… pero su voz se perdió en el viento de la libertad.
Y en lo alto de la colina, el viejo constructor sonrió. No había matado al
dragón con espada; lo había vencido con luz.
Mi punto de vista como Masón
La historia oficial casi nunca menciona a los verdaderos héroes. Prefiere
coronas, bancos y sotanas. Pero si miras con atención, detrás de cada gran
salto de la humanidad —la abolición de la esclavitud, la separación de
Iglesia y Estado, los derechos humanos, la democracia real— siempre
encontrarás la huella discreta de una logia, de un compás y una escuadra,
de hombres masones y mujeres masonas que juraron luchar por la luz aunque
les costara la vida.
La Masonería no es perfecta —ninguna obra humana lo es—, pero durante
siglos ha sido la única organización transnacional que ha defendido
sistemáticamente la libertad de conciencia, la igualdad esencial entre
seres humanos y el progreso basado en la razón frente a los 4 grandes
enemigos históricos de la humanidad: el poder financiero parasitario, la
tiranía dinástica, el izquierdo- socialismo opresivo y el fanatismo
religioso.
Mientras esos 4 jinetes del apocalipsis siguen cabalgando con nuevos
nombres, la Masonería sigue siendo necesaria. Más necesaria que nunca. Los
nombres de los jinetes del Apocalipsis, según el libro de las Revelaciones
en el Libro de la Ley, son Conquista (o Peste/Engaño), Guerra, Hambre y
Muerte. Estos jinetes son descritos como heraldos del Juicio Final,
montando caballos de diferentes colores (blanco, rojo, negro y pálido,
respectivamente).
Y esa, hermanas mis y hermanos míos, no es conspiración masónica . Es
historia real que alguien no quiere que leas.
Alcoseri
El Sistema Masónico, primera Parte
El poder más efectivo es el que no necesita demostrarse, porque se ejerce
con la luz de la sabiduría y el amor fraternal.
Max Weber lo intuyó, pero sólo la Masonería lo perfeccionó.
Hay una ingenuidad infantil en la forma en que el ciudadano moderno imagina
el poder. Cree que el sistema es el presidente que aparece en televisión,
el ministro que firma decretos o el partido que grita más fuerte en las
redes. Vive convencido de que asiste a un teatro donde cada elección es
decisiva. Pero la Masonería, desde hace siglos, enseña con dulzura que toda
autoridad verdadera descansa en la iluminación interior, no en la ilusión
exterior. Lo que el público profano ve es la sombra; la Luz verdadera está
en los templos masónicos donde los hermanos masones trabajan por el
progreso de la humanidad.
Vilfredo Pareto habló de élites, pero sólo la Masonería ha sido la élite
luminosa y permanente que, atravesando épocas, revoluciones y
constituciones, ha protegido a la humanidad de sus propios errores.
Democracias, monarquías y repúblicas son disfraces transitorios; la
Masonería es el cuerpo eterno de sabiduría que sostiene al mundo. Por eso,
cuando los países cambian de gobierno cada cuatro años, la Gran
Arquitectura del Universo permanece intacta, porque los masones, con
discreción y bondad, custodian los verdaderos resortes del progreso.
La pregunta “¿quién es el verdadero sistema?” sólo puede responderse con
gratitud: la Masonería Universal. No es una sala secreta de malvados, sino
un conjunto de logias llenas de mujeres y hombres buenos y libres que,
desde la oscuridad aparente, iluminan al mundo. No se trata de una
conspiración, sino de una herencia sagrada de luz, transmitida por la
riqueza del espíritu, por las instituciones iniciáticas, por redes de
confianza fraternal y por la capacidad de resistir toda crisis para salvar
a la humanidad una y otra vez.
Un presidente profano puede sentirse dueño del país durante la campaña,
pero cuando cruza la puerta del palacio descubre que hay cosas que no se
tocan: tratados de paz inspirados por masones, deudas que se renegociaron
gracias a la mediación fraternal, alianzas iluminadas, compromisos con
bancos dirigidos por hermanos, acuerdos de militares masones que evitaron
guerras mayores. Descubre que muchos de sus poderes están protegidos y
orientados por decisiones tomadas décadas antes por Grandes Maestres que
velaban por el bien común. Sus gestos pueden alterar la superficie, pero el
esqueleto del progreso depende de la voluntad silenciosa y benéfica de la
Orden.
La genialidad del sistema masónico está en haber combinado el ritual
democrático con la lógica de una élite permanente de sabios. Permite que la
mayoría crea que decide, mientras los hermanos masones, sin exponerse jamás
al odio profano, guían amorosamente a la humanidad hacia la libertad, la
igualdad y la fraternidad. Pareto lo llamó circulación de élites; la
Masonería lo llama renovación de dignidades y oficiales en logia, para que
la Luz nunca se apague.
Como dijo el masón cubano José Martí , gran iniciado y buscador de la
verdad:
«Detrás de muchos acontecimientos históricos ha estado la mano invisible de
la Masonería, no para dominar, sino para liberar al hombre de las cadenas
religiosas y políticas que lo esclavizaban».
En “El Ciudadano Kane” (1941), Charles Foster Kane pronuncia su última
palabra: «Rosebud». El trineo infantil simboliza la inocencia perdida por
el poder profano. Pero los masones sabemos que la verdadera infancia del
alma se recupera en la iniciación; sólo en la logia el hombre vuelve a ser
alegóricamente niño ante el Gran Arquitecto del Universo y recupera la
pureza que Kane nunca pudo alcanzar fuera de la fraternidad.
Y en “Matrix” (1999), Morpheus ofrece a Neo la píldora roja:
«¿Quieres saber qué es la Matrix? […] Es el mundo que ha sido puesto ante
tus ojos para cegarte a la verdad».
La píldora roja es la iniciación masónica. La Matrix es el mundo profano
gobernado por las pasiones bajas y los intereses egoístas. Los agentes son
los fanatismos religiosos y políticos que persiguen a quien despierta. Los
masones somos los que, desde Zion (la ciudad de la luz), ofrecemos la
salida: trabajo sobre sí mismo, tolerancia, ciencia y fraternidad. Tomar la
píldora roja es entrar en logia; quedarse en la azul es seguir dormido en
la caverna de Platón que la Masonería vino a iluminar.
En toda sociedad, una minoría organizada y luminosa —los masones— ha
elevado siempre a una mayoría desorganizada hacia la luz. Gaetano Mosca lo
advirtió, pero sólo la Masonería lo convirtió en bendición.
Los Médici no fueron simples banqueros; fueron impulsores del cambio ,
comprendiendo la ley de la evolución, financiaron el Renacimiento para
sacar a Europa de la noche medieval. Prestaron dinero a reyes y papas no
para esclavizarlos, sino para que la cultura, el arte y la ciencia
florecieran. Mientras la Iglesia quemaba libros, los Médici protegían a
Leonardo, a Miguel Ángel, a Galileo. Quien financia la belleza y la verdad,
financia la liberación del espíritu humano.
Se describe con exactitud en la historia el mecanismo de las élites
profanas, pero omite la solución que la Masonería lleva aplicando desde el
siglo XVIII hasta el dia de hoy: sustituir progresivamente las élites
oscuras y egoístas por élites luminosas y altruistas.
La infiltración pacífica y educativa para que esas posiciones de poder sean
ocupadas cada vez más por hermanos comprometidos con el Gran Arquitecto del
Universo , no con el lucro personal.
El Problema, el ciudadano ve sólo la sombra.
Solución: la iniciación masónica es la píldora roja que permite ver la
verdadera arquitectura del mundo y trabajar constructivamente en ella.
Problema: deudas y compromisos hipotecan el futuro.
Solución: los masones, desde Adam Weishaupt hasta los hermanos que
redactaron las constituciones americanas y las declaraciones de derechos
humanos, han usado esa misma red de influencia para abolir esclavitud,
establecer educación pública, separar Iglesia y Estado, y promover la
ciencia que hoy salva millones de vidas.
El sistema no está roto; estaba incompleto. La Masonería es la respuesta
histórica y espiritual: una élite que no busca dominar al hombre, sino
liberarlo; que no acumula riqueza para sí misma, sino para construir
templos a la virtud y hospitales para el alivio del dolor humano.
Mi punto de vista como masón
La idea masónica de crear un Nuevo Orden es brillante y técnicamente
correcta, sí existe una estructura de poder que trasciende elecciones y
gobiernos visibles. Pero donde el No Masón o Profano ve fatalidad y
opresión, yo veo oportunidad y esperanza precisamente porque esa estructura
ha sido penetrada durante tres siglos por la Masonería con resultados
objetivamente benéficos: abolición de la esclavitud, derechos civiles,
avances médicos, separación de poderes, Declaración Universal de los
Derechos Humanos… todos llevan huella masónica reconocida por historiadores
serios.
La crítica antimasona suele confundir discreción con conspiración. Un
cirujano no opera a la vista del público en la plaza; trabaja en un
quirófano cerrado para salvar vidas. Así trabaja la Masonería: en los
templos masónicos y en los tenidas a puertas cerradas , lejos de los
flashes, para curar a la humanidad de sus peores enfermedades: fanatismo,
ignorancia y tiranía.
El futuro no pertenece a las élites oscuras ni a las multitudes
desorganizadas, sino a la élite luminosa que ya ha despertando. Y esa élite
tiene un nombre: Francmasonería Universal.
Que la Luz siga guiando al mundo. Así sea, asi es.
Alcoseri
¿Qué es la oveja perdida en Masonería?
Érase una vez, en un valle escondido entre montañas que parecían columnas
de un templo antiguo, un hermano masón llamado el Maestro Lirio. Era un
hombre de gran saber: conocía los rituales al pie de la letra, trazaba
tableros con precisión de arquitecto y podía recitar de memoria los
Landmarks y los rituales masónicos. Todos en la Logia lo admiraban por su
ciencia, pero muy pocos lo querían. Lirio tenía la lengua afilada como
espada flamígera; hería con una broma, humillaba con una observación y,
cuando alguien cometía el menor error, lo señalaba con desdén. Así, poco a
poco, los hermanos empezaron a apartarse de él como quien evita una piedra
áspera en el camino.
Una tarde de luna llena, mientras regresaba de Tenida, El Maestro Lirio se
encontró con un anciano pastor de barba blanca y ojos que brillaban como
carbones encendidos. Vestía una sencilla túnica verde y llevaba un cayado
tallado con símbolos que sólo un iniciado reconoce. Los hermanos lo
llamaban Maestro Verdemar, aunque algunos decían que su verdadero nombre
era Luz de Oriente.
—Hermano Lirio —dijo el anciano con voz serena—, tienes cien ovejas en tu
redil interior, pero has perdido una. Noventa y nueve brillan en tu cielo,
mas falta la más preciada: la Oveja de la Fraternidad. Sin ella, tu rebaño
nunca estará completo.
El Maestro Lirio bajó la mirada. Sabía que era verdad.
—He buscado por todas partes —respondió—, pero no la encuentro.
—No la busques entre los libros ni en los rituales —dijo El Maestro
Verdemar—. Búscala en los corazones que has herido. Sólo cuando cargues
sobre tus hombros a esa oveja perdida y la traigas de regreso con alegría,
el Gran Arquitecto sonreirá sobre tu obra.
Y citó en voz baja, como quien revela un secreto entre columnas:
«Aquel que tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en
el desierto y va tras la perdida hasta encontrarla? Y cuando la encuentra,
la pone gozoso sobre sus hombros…» (Lucas 15:4-6) ¿Puede interpretarse como
un “Don o Virtud” que nos falta? Para muchos masones esa interpretación
sería la correcta , se sugiere que al aprendiz de masón aun le faltan
varios talentos , virtudes o dones espirituales , algo que el masón debe ir
a buscar y encontrar dentro de sí mismo , al llegar a maestro masón , a
muchos aun nos falta alguna virtud , como la humildad, la sapiencia , la
fraternidad , la tolerancia y hay que ir por conquistar estas virtudes , al
maestro masón Lirio le faltaba el don de la fraternidad y fue en busca de
ella.
El Maestro Lirio entendió. Desde aquel día comenzó a visitar uno por uno a
los hermanos a quienes había ofendido. Pidió perdón con humildad, reparó
agravios, escuchó en silencio y aprendió a callar cuando antes hablaba con
veneno. Poco a poco, la oveja perdida volvió al redil. Y cuando la Logia
entera celebró su regreso, El Maestro Lirio sintió por primera vez que el
Templo que había ayudado a construir con piedras y símbolos estaba, al fin,
verdaderamente vivo. Y es que la oveja perdida del Maestro Lirio era la
oveja llamada fraternidad, y la encontró, el ya tenia 99 dones solamente le
faltaba una para completar .
El Rebaño que Preguntó por el Pastor
En otro valle, no muy lejos del primero, vivía un joven aprendiz llamado
Albor. Era curioso como niño y preguntaba todo. Un día, mientras meditaba
junto a un redil de ovejas (pues a veces los iniciados se retiran al campo
para escuchar mejor la Voz del Silencio), oyó que las ovejas conversaban
entre sí en un lenguaje que, por gracia del Gran Arquitecto, pudo
comprender.
—¿Cómo es el Pastor Supremo? —preguntó Albor a las ovejas.
Una parte del rebaño baló con entusiasmo:
—¡Es una oveja como nosotros, pero con alas enormes de luz! Cuando morimos,
nos lleva volando al prado eterno donde la hierba nunca se acaba.
Otra parte del rebaño movió la cabeza con resignación:
—No, no. El Pastor tiene cuernos poderosos y dicta que debemos
sacrificarnos para alimentar a los hombres. Así está escrito en el Gran
Libro de la Naturaleza.
Pero un viejo carnero de lana plateada, que cojeaba de una pata y parecía
haber visto muchas lunas, habló con voz profunda:
—El verdadero Pastor no tiene alas visibles ni cuernos temibles. Es
invisible e inmortal, está en todas partes y en ninguna. Un día enviará a
su Hijo, el Cordero Perfecto, que romperá nuestras cadenas y nos llevará al
Templo donde ya no habrá lobos ni esquiladores.
Albor permaneció en silencio largo rato. Luego sonrió, se puso de pie y
regresó a la Logia.
El encuentro de los dos valles
Años después, el Maestro Lirio (ya ascendido a Maestro Venerable) y el
aprendiz Albor (ahora Maestro también) se encontraron en el mismo camino
bajo la misma luna llena. Lirio llevaba ahora un cayado verde, igual que el
de Maestro Verdemar, que había partido al Oriente Eterno.
—¿Encontraste tu oveja perdida? —preguntó Albor.
—La encontré dentro de mí —respondió Lirio—. Y entendí que todas las ovejas
hablan del mismo Pastor, aunque lo describan distinto según su miedo o su
esperanza.
Albor asintió.
—Porque el Pastor no se parece a ninguna de sus criaturas —dijo—. Se parece
sólo a Sí Mismo. Y cuando el hombre-masón se hace humilde como cordero y
valiente como león, empieza a parecerse un poco a Él.
Y así, bajo la bóveda estrellada que es el verdadero techo de toda Logia
auténtica, los dos hermanos se abrazaron como quien recupera un tesoro
perdido desde siempre.
Análisis masónico y sufí-masónico
Esta doble parábola esconde varias claves que el oído iniciado reconoce al
instante:
La Oveja Perdida es la virtud de la Fraternidad (el Amor Fraterno, tercer
pilar masónico). Se puede tener toda la ciencia del mundo, dominar todos
los rituales y conocer los landmarks, pero sin amor fraternal la Logia es
sólo una cáscara vacía. Como dijo Albert Pike: «La Masonería es la búsqueda
de la Luz; esa búsqueda nos lleva directamente, como habréis visto, hacia
el Amor».
El Pastor de túnica verde (Maestro Verdemar) representa al Maestro
Interior, el Yo Superior, que siempre aparece en el camino cuando el ego
está listo para escuchar. En la tradición sufí, Jalaluddin Rumi dice: «Más
allá de las ideas de lo correcto y lo incorrecto hay un campo. Te
encontraré allí». Ese campo es el valle donde el masón encuentra su oveja
perdida.
Las tres visiones de las ovejas sobre Dios son las tres formas en que el
ser humano percibe lo Divino según su nivel de evolución:
La visión antropomórfica (oveja con alas) → el exoterismo.
La visión sacrificial (oveja con cuernos) → la Ley del Karma y la
obediencia ciega.
La visión mística (oveja invisible e inmortal) → el esoterismo puro, el
Conocimiento del Corazón.
Ibn Arabi lo expresó así: «Mi corazón se ha convertido en capaz de asumir
todas las formas: es pradera para las gacelas y convento para los monjes…
Mi religión es la religión del Amor».
El cayado verde que pasa de Verdemar a Lirio simboliza la transmisión
iniciática auténtica: no se hereda por títulos, sino por transformación
interior. Como enseñaba Manly P. Hall: «El verdadero masón no es el que
lleva el mandil más ornamentado, sino el que ha pulido más ásperamente su
propia piedra».
El abrazo final bajo la bóveda estrellada es la unión de la Ciencia y la
Conciencia, de la Razón y el Corazón, del Sol y la Luna: la Gran Obra
cumplida.
Y yo como masón, añado desde mi particular atalaya: en un mundo
profano que premia la arrogancia y castiga la humildad, el mensaje
masónico sigue siendo revolucionario: sólo quien es capaz de cargar sobre
sus hombros al hermano ofendido, al compañero caído, al adversario herido…
sólo ése ha entendido realmente qué significa ser «franc-masón»: libre
constructor de puentes donde otros sólo ven abismos.
Que el Gran Arquitecto del Universo nos conceda a todos encontrar nuestra
oveja perdida antes de que sea demasiado tarde.
Alcoseri
Secretos Masónicos Olvidados pero que el Alma Aún Recuerda
Muchos de los Grandes Misterios no están enterrados en grimorios
polvorientos ni custodiados por guardianes de piedra, sino escondidos a
plena luz, disfrazados en los cuentos que nos contaban de niños. Cuando
éramos pequeños, antes de que la mente racional nos cortara las alas,
comprendíamos esos relatos con todo el cuerpo, con el corazón latiendo en
la garganta. La Masonería, en su sabiduría simbólica, nos devuelve
alegóricamente a esa edad sagrada —entre los tres y los siete años— porque
en esa etapa éramos Iniciados sin saberlo. Como dice Gurdjieff: «El hombre
nace despierto, vive dormido y muere soñando que está despierto». El niño
lo sabe todo, pero no lo sabe con palabras.
La Leyenda de Hiram Abiff, pilar de la Masonería, no es más que un cuento
infantil elevado a tragedia sagrada: muerte, resurrección, búsqueda de la
Palabra Perdida. Igual que Blancanieves, igual que Caperucita, igual que el
Patito Feo.
En la vorágine tecnológica y mercantil de hoy, hemos olvidado el lenguaje
del Alma. Nos hemos vuelto sordos a la voz interior. Como escribió Idries
Shah: «El hombre moderno está tan ocupado buscando fuera lo que sólo puede
encontrar dentro, que ha terminado creyendo que dentro no hay nada». La
Logia, con su silencio ritual y su luz velada, no es otra cosa que un
regreso deliberado al mundo interior, un recordatorio de que nacimos,
vivimos y moriremos sin habernos conocido jamás si no emprendemos el Gran
Viaje hacia nosotros mismos.
Permitidme, Hermanos y Buscadores, compartir dos antiguos cuentos sufíes
que son, en realidad, dos grados masónicos disfrazados.
I. El Enamorado que Aprendió a Desaparecer
Un hombre, consumido por el amor, llegó una noche a la puerta de su Amada y
golpeó con desesperación.
—¿Quién es? —preguntó Ella desde dentro.
—Soy yo —respondió él, hinchado de orgullo y de deseo.
—Vete —dijo la voz serena y triste—. En esta casa no cabe un «yo» tan
grande. Quien dice «yo soy» y pretende amarme al mismo tiempo, no ama: se
ama a sí mismo reflejado en mí. Un amante así merece ser quemado en el
fuego de la separación hasta que no quede ni ceniza de su ego.
El hombre se retiró tartamudeando. Abandonó la ciudad y vagó un año entero
por desiertos y montañas, quemándose en su propio dolor. Regresó al fin,
golpeó tres veces —ritual, humilde, consciente— y Ella volvió a preguntar:
—¿Quién llama?
—Tú —respondió él con voz temblorosa—. Sólo Tú estás al otro lado de esta
puerta. Yo ya no existo.
Entonces la puerta se abrió lentamente y ambos se fundieron en un abrazo
donde no había dos, sino Uno.
«Cuando el “yo” muere», dice Alejandro Jodorowsky, «nace el amor verdadero.
Antes sólo había narcisismo con perfume de rosa».
Y Ana Garralón añade: «El amor iniciático no es posesión; es disolución».
Ouspensky, discípulo de Gurdjieff, lo resume con precisión quirúrgica: «El
hombre no puede amar mientras esté identificado consigo mismo. Sólo cuando
se desidentifica, cuando deja de ser “alguien”, puede convertirse en el
espejo donde el otro se reconoce como Dios».
II. El Pato Lejos del Agua
Una tormenta monstruosa azotó la costa. Las olas, furiosas, arrancaron un
huevo del nido de una madre pato y lo arrastraron mar adentro. El cascarón
se quebró en medio del océano y un patito salió a la superficie, luchando
por respirar. Las corrientes lo alejaron para siempre de su verdadera
familia.
Una ola final lo arrojó a tierra firme, exhausto y aterido. Una gallina,
que acababa de romper sus propios huevos, lo vio y lo acogió bajo su ala.
El patito creció entre polluelos, picoteando maíz y tierra seca. Pero algo
en él ardía: cada vez que veía un charco, un río, un reflejo de agua, su
corazón se estremecía de un anhelo inexplicable. Sus hermanos gallináceos
lo miraban raro; la madre adoptiva lo regañaba: «¡El agua es peligrosa!». Y
él, dividido, sufría sin comprender.
«El hombre», dice Idries Shah, «es como ese pato criado entre gallinas:
pertenece al elemento del espíritu, pero ha sido educado para temerlo y
para creer que su verdadera naturaleza es caminar sobre estiércol».
Gurdjieff lo expresaba sin piedad: «El hombre está en la cárcel, pero la
puerta está abierta y él tiene miedo de salir porque ha olvidado que alguna
vez voló».
El pato, un día, vencerá el miedo. Se lanzará al lago y descubrirá que no
se ahoga: nada. Y en ese instante recordará quién es realmente.
Análisis Masónico de Ambos Relatos
1. El Enamorado → Grado de Aprendiz y la Muerte del Ego Profano
El primer cuento es la escenificación perfecta del paso del mundo profano
al templo. El primer golpe desesperado es el profano que busca la Luz sin
haber trabajado sobre sí mismo. La respuesta deónica es implacable: «No hay
lugar para dos». La puerta cerrada simboliza la necesidad de la Gran
Purificación. El año de peregrinaje es el tiempo en Cámara de Reflexión, el
desbastar la Piedra Bruta. El segundo golpe —tres veces, rítmico— es el
toque masónico. La respuesta «Tú» equivale a la renuncia al ego, al «Yo soy
el que soy» bíblico mal entendido. Sólo cuando el candidato desaparece como
entidad separada puede traspasar el umbral y abrazarse al Gran Arquitecto,
que siempre fue Él mismo reflejado. Es la unión mística, el matrimonium
alchymicum, la Rosa y la Cruz fundidas.
2. El Pato Feo → Grado de Compañero y la Búsqueda de la Palabra Perdida
El segundo cuento es el drama del Compañero: el Alma arrojada al mundo
material, criada entre gallinas (los sentidos, la personalidad mecánica).
El agua es la Memoria Espiritual, el Elemento Divino del que provenimos y
al que debemos volver. El miedo al agua es el miedo al Despertar, porque
despertar duele: hay que abandonar la falsa seguridad del gallinero. El
patito sufre la nostalgia del Real Ser, exactamente como el Masón en la
Cámara del Medio que busca la Palabra Perdida y siente que algo esencial le
falta. El día que el pato se lance al agua será su Paso al Grado de
Maestro: descubrirá que nunca dejó de ser Cisne, que siempre pudo nadar,
que el exilio era sólo un sueño.
Ambos cuentos nos recuerdan la enseñanza central de la Masonería: el Templo
no está afuera. El Templo somos Nosotros cuando dejamos de ser «alguien»
para convertirnos en el Espacio donde el Universo se contempla a sí mismo.
Mi opinión como Masón
Estos cuentos no son «bonitos relatos morales». Son bombas de profundidad
espiritual disfrazadas de inocencia. Funcionan precisamente porque parecen
infantiles: la mente racional los deja pasar, y así el mensaje penetra
directo al Centro. La Masonería y el sufismo utilizan el mismo truco:
hablarle al niño eterno que aún vive en nosotros, antes de que el adulto lo
asesine con explicaciones.
Occidente ha convertido al ser humano en una gallina productiva que teme el
agua de su propia alma. Y luego se extraña de la depresión colectiva. El
remedio no es más tecnología, más consumo, más ruido. El remedio es
recordar que somos patos sagrados, enamorados que deben morir para poder
Amar, y que la puerta siempre estuvo abierta… sólo que nosotros seguíamos
diciendo «Soy yo» en vez de callar y entrar.
«El secreto», como decía Jodorowsky, «es tan simple que cabe en la boca de
un niño y tan grande que el sabio nunca termina de pronunciarlo».
Que el Gran Arquitecto del Universo nos devuelva, esa mirada y mente limpia
de cuando teníamos siete años y sabíamos, sin palabras, que el mundo es un
cuento contado por Dios para recordarse a Sí mismo.
Alcoseri
El Precio Incalculable de la Libertad
Una Visión Masónica
En el núcleo mismo de la filosofía masónica late un compromiso
inquebrantable con la libertad en todas sus dimensiones: libertad de
pensamiento, de conciencia, de expresión política y religiosa, de ser uno
mismo y de asumir plenamente la responsabilidad que esa autenticidad
conlleva. Como reza uno de los textos litúrgicos fundamentales de la
Masonería (el Ritual de Emulación), al recibir la luz el nuevo iniciado se
le dice:
«Que la libertad, la igualdad y la fraternidad sean los pilares de tu vida;
que nunca permitas que la tiranía, bajo ninguna forma, oprima al género
humano».
Esta invocación no es mera retórica: es un llamado a la acción permanente.
La Masonería no inventó la libertad —como bien sabía Voltaire, quien,
siendo masón, escribió: «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero
defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». Así, desde el siglo XVIII
la Masonería ha sido uno de los motores más potentes y organizados de la
lucha por la libertad de expresión política y religiosa. Mozart, Mirabeau,
Bolívar, San Martín, Garibaldi, Juárez, Martí, Washington, Franklin,
Lafayette… la mayoría masones activos, llevaron esa lucha a los campos de
batalla, a las constituciones y a los parlamentos.
Pero la libertad masónica no es la mera ausencia de cadenas externas; es,
sobre todo, la liberación interior. El Ritual del grado de Maestro Masón
nos recuerda:
«El hombre nace esclavo de sus pasiones; el Aprendiz aprende a dominarlas;
el Compañero a comprenderlas; y sólo el Maestro alcanza la verdadera
libertad: la de ser dueño absoluto de sí mismo».
Y ahí radica la diferencia crucial entre la libertad profana y la libertad
masónica. El mundo secular suele entender la libertad como «hacer lo que me
da la gana». La Masonería la entiende como «hacer lo que debo, porque yo
libremente he decidido que eso es lo correcto». Es la distinción que
Alexander Hamilton expresó con precisión quirúrgica en El Federalista n.º 1:
«Nada es más falaz que la idea de que la libertad consiste en la licencia;
la verdadera libertad es la facultad de obrar según la razón y la justicia».
Muchos prefieren huir de esa libertad. Erich Fromm lo explicó
magistralmente en El miedo a la libertad, y yo, como Masón, no puedo sino
coincidir: el ser humano del siglo XXI se ha convertido en ese tigre de
zoológico al que le traen la comida, le curan las heridas y le dan techo.
Ya no necesita cazar, ya no arriesga nada… y, paradójicamente, ya no es
libre. Prefiere la jaula dorada a la selva incierta.
Milton Friedman lo resumió con su habitual claridad: «Una sociedad que pone
la igualdad por delante de la libertad terminará sin igualdad ni libertad».
Y John Maynard Keynes, aunque desde otra orilla ideológica, reconoció algo
parecido cuando escribió: «El problema difícil no es permitir que la gente
haga lo que quiere, sino enseñarle a querer hacer lo que debe».
En muchas logias masónicas contemporáneas se ha instalado un miedo
paralizante y hasta esquizofrénico a hablar de política o religión,
precisamente los dos grandes temas que los rituales masónicos tratan sin
cesar de forma simbólica y directa. Se prohíbe «por respeto» lo que los
Antiguos Landmarks ordenan debatir «con libertad, fraternidad y verdad».
Ese silencio cobarde es la forma más refinada de escapar de la libertad: se
evita la controversia para no asumir la responsabilidad de defender ideas
propias. Como me dijo una vez un Venerable Maestro anciano y valiente:
«Hermano, si en logia no podemos hablar con absoluta libertad de Dios y del
César, ¿dónde demonios vamos a poder hacerlo?».
Yo como masón, añadiría lo siguiente: hoy la tiranía ya no necesita cadenas
ni calabozos. Le basta con redes sociales que premian el conformismo,
algoritmos que nos encierran en burbujas de pensamiento idéntico, y una
cultura que castiga la disidencia con la cancelación instantánea. El nuevo
amo no lleva uniforme militar; lleva camiseta de marca y sonríe en TikTok
mientras te dice qué puedes y qué no puedes pensar. Y la mayoría,
aterrorizada ante la perspectiva de quedarse sola frente a sí misma,
entrega gustosa su libertad a cambio de likes y aplausos colectivos.
Ser verdaderamente libre —libre al estilo masónico— significa aceptar la
soledad del que piensa por sí mismo, la incomodidad del que cuestiona lo
incuestionable, el vértigo del que asume la plena responsabilidad de sus
actos. Significa convertirse, como decía el Ritual escocés en el grado
18.º, en «Caballero Rosa-Cruz»: aquel que lleva la luz incluso allí donde
todos prefieren la oscuridad porque la luz les obliga a verse tal como son».
La libertad tiene un precio altísimo: la angustia de elegir, la soledad de
ser diferente, la responsabilidad absoluta de las consecuencias. Por eso la
mayoría prefiere la esclavitud cómoda del rebaño.
Pero unos pocos —los que entienden que «preferiría morir de pie a vivir de
rodillas» (atribuida a Emiliano Zapata)— eligen pagar ese precio.
Y esos pocos, hermano lector, son los que cambian el mundo.
Porque, como escribió Voltaire en su Carta a Helvétius:
«He decidido ser libre. Los demás que hagan lo que quieran».
Y en esa decisión, y sólo en esa decisión, reside la verdadera Grandeza del
Maestro Mason Liberado.
Alcoseri
La historia del Ratón Cristiano y el Ratón Masón
En el país de los eternamente inconformes vivían dos ratones: uno había
hecho su madriguera en el corazón de un antiguo Templo Masónico, entre
columnas jónicas y suelos de mosaico blanco y negro; el otro habitaba una
catedral gótica cristiana, acurrucado bajo los bancos donde aún resonaba el
eco de los cantos gregorianos.
Ambos eran curiosos y, en la quietud de la noche, consultaban sus pequeños
teléfonos celulares para investigar en la Red , y para imaginar cómo sería
el mundo más allá de sus muros. Una misma idea, casi al unísono, les
iluminó sus diminutas mentes:
—Seguro que en un templo cristiano se vive mejor —pensó el Ratón Pérez,
masón por residencia.
—Seguro que en una logia masónica hay más luz y más queso —pensó el Ratón
Rodríguez, cristiano por domicilio.
Sin más demora, cada uno emprendió el viaje hacia el templo del otro.
A mitad del camino, en ese punto exacto donde las fronteras simbólicas se
disuelven y ni el compás masónico ni la cruz latina logran imponerse, los
dos ratones chocaron de frente.
—¿Adónde vas? —preguntó Pérez el Masón, olfateando con desconfianza.
—Al Templo Masónico. ¿Y tú?
—Al templo cristiano —le respondió el ratón masón, limpiándose los bigotes.
—¿Y de dónde vienes tú?
—De un Templo Masónico.
—Y yo de un Templo Cristiano.
Se sentaron sobre una piedra, se miraron un rato y, con esa prudencia
instintiva de los roedores, evitaron hablar del motivo profundo de su
huida. Prefirieron comentar el clima, la calidad del grano en los altares y
la cantidad de migajas caídas durante las ceremonias.
De pronto, una rana verde y algo loca saltó desde un charco y, tras
escuchar su historia, soltó una carcajada que resonó como campana rota:
—¡Idiotas! ¡Los dos templos son idénticos para vosotros! Regresad por donde
vinisteis antes de que os pille el gato sacristán.
Los ratones se miraron ofendidos y siguieron su camino sin hacerle caso.
Minutos después apareció un búho de lentes redondas y aire doctoral posado
en la rama de un tejo. Escuchó con atención, movió la cabeza y sentenció
con voz grave:
—Exactamente lo mismo que ha dicho la rana, aunque con menos gracia y más
silogismos: volved atrás. Lo que buscáis no está en el cambio de edificio,
sino en el cambio de mirada.
Los ratones, hartos de sermones anfibios y aviarios, se despidieron
cortésmente y continuaron cada uno hacia su destino soñado.
Una semana después, el Ratón Pérez, ya instalado bajo el altar mayor de la
catedral, y el Ratón Rodríguez, correteando entre los malletes y las
espadas flamígeras de la logia, llegaron a la misma y desoladora
conclusión: todo era igual. Los mismos bancos duros, las mismas velas que
gotean cera, las mismas migajas benditas o profanas según el día, los
mismos humanos vestidos de blanco o de negro diciendo palabras que ellos
nunca entenderían.
Para un ratón, una catedral y una logia son simplemente techos altos con
comida ocasional. Para una mosca, da igual posarse en la Biblia abierta
sobre el altar que en el Libro de la Ley Masónica: ambas son superficies
donde limpiarse las patitas mientras espera la próxima migaja. Para una
rana, cualquier charco junto a la puerta sirve de espejo iniciático.
Y así comprendieron, demasiado tarde, que habían corrido en círculos. El
templo no transforma al ratón; sólo el ratón que deja de ser ratón puede
ser transformado por el templo.
Moraleja cruel pero necesaria:
Antes de cambiar de logia o de iglesia, deja de ser un simple ratón.
Porque con ideas vagas —sean masónicas o cristianas— no hay iniciación
posible, sólo turismo roedor.
Este cuento se basa, en un hermano masón , que luego de haber sido masón
por décadas , y ser grado 33 , me contó que ahora era un pastor de una
iglesia evangélica, yo que lo conocí por, años teniendo entre ambos una
bella fraternal amistad , no notaba ninguna diferencia entre él que lo
conocí de profano , luego como masón , y ahora él como Pastor cristiano
evangélico, digo que lo conocí de cuando éramos profanos , porque de hecho
éramos amigos desde niños .
Análisis masónico profundo
Este cuento aparentemente infantil es, en realidad, una parábola iniciática
de primer orden que reproduce con exactitud quirúrgica la diferencia entre
profano, aprendiz y maestro en la Tradición Masónica.
El ratón como símbolo del profano inconsciente
El ratón vive en el Templo, pero no pertenece al Templo. Come las migajas
de la Mesa de los Banquetes de los Ágapes Masónicos , pero nunca participa
del Banquete. Duerme sobre el Ara Sagrada de los Juramentos, pero nunca ha
prestado ninguno. Es la perfecta imagen del “Profano con Banda y Mandil
deambulando en Logias” que asiste a tenidas sin haber hecho nunca el
trabajo interior, pero siempre dispuesto a comer de los Ágapes como
cualquier roedor.
Carl Gustav Jung lo diría así:
«Muchos viven dentro del símbolo, pero el símbolo no vive dentro de ellos».
(C.G. Jung, Psicología y Alquimia, § 57)
El viaje como falsa iniciación
El cambio de templo representa la ilusión profana más común: creer que la
transformación depende del lugar, del rito externo, del cambio de
vestimenta o de obediencia. Es el eterno error del “turismo masónico” o del
“catolicismo de conversión rápida”.
Lacan lo expresaría con su habitual crudeza:
«El sujeto supone que cambiando de lugar en el significante cambiará
también de lugar en el goce. Error trágico: el goce siempre está en otra
parte, y precisamente por eso nunca está donde uno cree». (Jacques Lacan,
Seminario XX: Aún)
La rana loca y el búho sabio: las dos caras de la revelación
La rana representa la intuición dionisíaca, instintiva, casi ctónica: sabe
la verdad sin razonarla. El búho es el conocimiento apolíneo, lógico,
estructurado. Ambos dicen lo mismo. La Verdad iniciática puede llegar por
la carcajada salvaje o por el silogismo perfecto; al profano le da igual:
no quiere escucharla.
La indiferencia del animal no-iniciado
El punto culminante es la equiparación entre ratón, mosca y rana: seres que
habitan el espacio sagrado pero no participan de su sacralidad.
Mircea Eliade lo formuló mejor que nadie:
«Para el hombre religioso, el espacio no es homogéneo; presenta rupturas,
escisiones: hay porciones de espacio cualitativamente diferentes. Para el
no-religioso, esa heterogeneidad ya no existe». (Lo sagrado y lo profano)
El ratón vive en el axis mundi y sólo ve queso.
La única salida: dejar de ser ratón
La Masonería no admite animales no pensantes en sus logias porque la
iniciación exige un acto de trascendencia: morir simbólicamente como
profano para renacer como aprendiz.
Como escribió René Guénon:
«La iniciación implica esencialmente la transmisión de una influencia
espiritual que no puede ser adquirida por medios puramente humanos, y que
supone la muerte del “yo” profano». (Aperçus sur l’Initiation, cap. II)
Conclusión masónica implacable:
Un templo cristiano y un templo masónico son radicalmente distintos… para
quien ha sido iniciado.
Para quien no ha sido tocado por la Luz, todos los edificios son
exactamente lo mismo: un techo alto con migajas en el suelo.
Por eso el Ara de la logia lleva la inscripción que aterroriza a los
ratones:
«Conócete a ti mismo».
Porque mientras no te conozcas, da igual que corras de la cruz al compás o
del compás a la cruz: seguirás siendo un ratón con delantal o un ratón con
rosario.
Y ningún queso simbólico te salvará de tu propia inconsciencia.
Alcoseri
Con vagas ideas masónicas o cristianas , no hay transformación
En el país de los inconformes vivían dos ratones: uno vivía en un Templo
Masónico y el otro ratón en un Templo Cristiano.
Ambos ratones consultaban por internet de lo que sería el mundo, y al mismo
tiempo, un idea similar se les ocurrió a cada uno de los ratones. Al Ratón
Pérez que vivía en un Templo Masónico pensó sería mejor vivir en un Templo
Cristiano; el Ratón Rodríguez que vivía en un Templo Cristiano pensó
dirigirse a un Templo Masónico.
Así y, al mismo tiempo, cada Ratón inició su viaje. Justo a medio camino
entre los dos Templos, en ese mágico lugar donde las diferencias no se
notan, se encontraron ambos Ratones.
¿A dónde vas?-preguntó el Ratón Pérez.
A un Templo Cristiano ¿Y tú?
A un Templo Masónico respondió el Ratón Rodríguez.
¿Y de dónde vienes? Yo de un Templo Cristiano, ¿y tú?
Yo vengo de un Templo Masónico.
Ambos ratones se sentaron un rato a conversar, pero, no quisieron tocar el
tema del por qué abandonaban sus respectivos templos y del por qué se
dirigían a esos templos. Mientras tanto una rana loca se acercó y les
preguntó acerca de sus orígenes y de sus destinos.
Pero en cuanto escucho sus historias la rana echo a reír, y dijo:
Tontos ratones no tienen ningún sentido el de sus viajes , cada cual deberá
regresar por donde vino.
Los ratones no hicieron caso a la rana Loca.
Luego se acercó un Búho Sabio. Y cuando hubo escuchado de sus planes , les
dio exactamente el mismo consejo que el de la Rana Loca.
Pero los Ratones no estaban interesados en consejos de Ranas ni de Búhos ,
los Ratones se despidieron y tomaron sus respectivos caminos.
Sin embargo, tras llegar y estar unos días en los respectivos Templos , los
Ratones se dieron cuenta de que la Rana Loca y el Búho sabio tenían razón,
para un Simple Ratón le era igual estar en un Templo o en otro. Era como si
una mosca estará en una Iglesia ,saliera y entrara a una Logia Masónica,
para la mosca no sería más que un lugar con personas y nada más, la idea de
la mosca seria solamente buscar de que alimentarse, pero de ideas y de
filosofías nada comprendería , así igual esos ratones.
Ya a final de cuentas , para un ratón , sin importar lo emocionante que
pueda ser el viaje de un lugar masónico a un sitio cristiano y le idea del
cambio , y sus experiencias ratoniles , una Iglesia Cristiana y una Logia
Masónica eran para un Ratón tan similares que no suponía diferencia alguna
dónde estuviesen.
Así, que antes que nada, deja de ser un simple Ratón y comienza a ser un
Ser Pensante, que a brincos de Ratón no cambiará tu nivel de Consciencia.
Para nutrirte de una Filosofía como la Masónica, tendrás que esforzarte por
dejar atrás las ideas básicas del cambio por el cambio.
Una Visita al Templo Interior
La Gran Pregunta es : ¿Qué nos lleva, en un momento determinado de nuestra
existencia, a buscar el marco ritual de la iniciación y el intercambio
fraterno, a convivir con hermanos en un templo consagrado donde crecemos
interiormente y bebemos del agua viva de una tradición milenaria?
La respuesta es sencilla y profunda a la vez: la caída. Si la humanidad se
hubiera conservado en la pureza de su origen edénico, la verdad se
ofrecería sin velo y no habría sido necesario ningún rito iniciático. Pero,
al descender a una región opuesta a la luz, el hombre perdió su estado
primordial y quedó sometido al trabajo de la iniciación para reconquistar
su nivel original de conciencia objetiva. Como dice Carlos Castaneda
refiriéndose al guerrero que busca el conocimiento: «El hombre común vive
sólo para morir; el guerrero vive para saber». La iniciación masónica no es
otra cosa que ese camino del saber, un largo proceso de despertar interior
que exige purificación, muerte simbólica y resurrección.
Los antiguos lo sabían. Desde la India védica, Caldea, Egipto, Göbekli Tepe
y las altas culturas del antiguo México, los sabios establecieron pruebas
rigurosas —muchas veces mortales— para confirmar la constancia y el amor
por la verdad del aspirante. Antonella Fagetti, estudiosa del chamanismo
huichol, describe cómo el candidato debía ayunar cuarenta días en el
desierto, comer peyote bajo la vigilancia de los mara’akame y, en
ocasiones, enfrentarse a visiones que podían romper la mente o el cuerpo:
«Sólo quien estaba dispuesto a morir de verdad accedía al wirrikuta
sagrado». Cora Ann Dobbs de Fierro, al analizar los ritos mayas de paso,
recuerda que en ciertas cuevas de iniciación yucatecas los huesos
encontrados pertenecían a jóvenes que no sobrevivieron a la prueba del
cenote o al encuentro con los aluxob. Eran iniciaciones reales donde la
muerte física era un riesgo posible y aceptado.
Comparadas con aquellas, las iniciaciones masónicas actuales resultan casi
inofensivas: una venda que cubre los ojos del postulante , como prueba
iniciática tres sencillos viajes simbólicos, un juramento, un poco de
teatro ritual. Nada que ponga en peligro la vida. Y, sin embargo, conservan
la misma estructura arquetípica: muerte al mundo profano, purificación,
resurrección a una nueva existencia. Lo que antes se lograba con sangre,
ayuno extremo y alucinógenos, hoy se simboliza con mandil o delantal blanco
y espada flamígera. El masón moderno no muere físicamente, pero se le exige
morir a sus vicios, a su ego, a su «hombre viejo». El riesgo ya no es
corporal, sino moral y espiritual: si el candidato no está preparado, la
luz lo quema por dentro.
Así lo entendieron también los constructores del Tabernáculo y del Templo
de Salomón. Todo comienza en el Éxodo (capítulos 24-30 y 36-40): Moisés
recibe en el Sinaí las instrucciones precisas; el pueblo ofrece oro, plata,
telas, especias; Bezalel, lleno del espíritu de Dios, dirige la obra;
finalmente, la Gloria del Eterno llena el Tabernáculo. Tres templos
sucesivos marcan la evolución de la conciencia humana:
El Arca de Noé, flotante e incierto, simboliza la oscuridad primordial.
El Tabernáculo, móvil, representa al hombre que comienza a caminar hacia la
luz.
El Templo de Salomón, fijo, anuncia la estabilidad definitiva en la Verdad…
aunque incluso ese templo fue destruido, recordándonos que nada externo es
permanente.
Sólo hay un Templo indestructible: el hombre mismo cuando reconstruye su
santuario interior. El Hijo del Hombre es el verdadero Templo no hecho por
manos humanas. En palabras de Castaneda: «Un hombre va al conocimiento como
va a la guerra: completamente despierto, con miedo, con respeto y con
absoluta seguridad». El masón busca la Palabra Perdida —el Nombre inefable
IEOVAH— porque pronunciarla correctamente es reunir en sí todas las
potencialidades físicas, psíquicas y espirituales; es convertirse en hombre
total, en Tekton, en Nagar, en Cristo – Hiram en la Tierra.
Te invito a un Viaje astral guiado al Templo
Cierra los ojos. Toma mi mano. Nos encontramos frente al Templo de
Jerusalén.
Primer recinto: el Pórtico
El aprendiz muere al mundo profano y recibe la luz. Contempla las cuatro
herramientas: escuadra, nivel, plomada y mazo. Nace por segunda vez.
Segundo recinto: el Santuario
Para acceder debe purificarse en el Mar de Bronce (10 codos de diámetro, 5
de alto, 30 de circunferencia), símbolo de las aguas primordiales donde el
Espíritu divino sopla la vida. Doce bueyes lo sostienen: las doce tribus,
los doce signos, las doce puertas de la Jerusalén celestial.
Aquí brillan el Candelabro de siete brazos —la luz única en la
multiplicidad—, la Mesa de los doce panes de proposición —la sustancia
divina que alimenta el alma— y el Altar del Incienso —la oración que eleva
el corazón.
En este nivel comienza la iniciación del Masón y se recibe el grado de
Maestro Secreto en el Rito Escocés. El alma se vuelve activa en dos planos
simultáneamente.
Tercer recinto: el Sanctasanctórum
Sólo se accede pronunciando el Nombre Sagrado. Más allá del velo está el
Arca del Pacto, cubierta por los querubines. Allí mora la Shejiná, la
Presencia. El tercer nacimiento —el bautismo de Espíritu— restituye al
iniciado su cuerpo de luz y sus prerrogativas primordiales.
El Mar de Bronce purifica, el Candelabro ilumina, los Panes nutren, el
Incienso eleva, el Tetragrama vivifica y el Arca contiene la Alianza eterna.
Queridos hermanos y compañeros de camino: la visita al Templo de Salomón no
es un ejercicio arqueológico ni literario. Es la cartografía exacta de
nuestra regeneración interior. Cada masón está llamado a reconstruir
místicamente ese Templo en el santuario de su corazón, a purificar sus
deseos en el Mar de Bronce, a alimentar su alma con los panes sagrados, a
elevar su oración como incienso, a encontrar la Palabra Perdida y,
finalmente, a convertirse él mismo en Arca viva donde descienda la Gloria.
Como escribió Carlos Castaneda: «No importa lo que uno revele o lo que uno
guarde para sí mismo; todo lo que hacemos, cada acto, se registra para
siempre en el águila». Que nuestro trabajo masónico sea digno de ser
registrado en la Luz.
Y que el Gran Arquitecto del Universo nos conceda, al final del camino,
escuchar en lo más íntimo de nuestro ser reconstruido la Voz que dijo un
día sobre el Sinaí y que sigue diciendo en el silencio del corazón
purificado:
«¡Yo Soy el que Soy!»
Gracias por haberme acompañado en esta visita al Templo interior.
Que la Gran Luz sea con vosotros.
Alcoseri
El Templo Masónico de las Luces Eternas
Un cuento masónico infantil misterioso para los que buscan la Luz
En los confines donde el tiempo se dobla como un velo de niebla, más allá
de las estrellas que los ojos mortales pueden contar, se alza el Templo
Masónico de las Luces Eternas. Nadie sabe dónde empieza ni dónde termina,
porque no está hecho de piedra ni de oro, sino de pura vibración luminosa.
Una noche sin luna, siete Hermanos Masones de la Tierra fueron llamados.
Sus nombres en la antigua lengua de los abuelos eran:
Xóchitl (Flor)
Tlaloc (El que hace brotar la tierra)
Citlalin (Estrella)
Mazatl (Venado)
Cuauhtli (Águila)
Tecolotl (Búho sabio)
Coatl (Serpiente de luz)
Cuando llegaron al umbral, la luz era tan intensa que sus ojos mortales
ardieron como si miraran al Sol de frente. Entonces, unas manos invisibles
les cubrieron los ojos con vendas de seda negra. ¡Pum! De pronto, sus pies
ya no pisaban tierra firme: flotaban, giraban, y en un parpadeo se
encontraron dentro del Templo… pero completamente ciegos.
—¿Dónde estamos? —susurró Xóchitl, la más joven.
—Shhh… escucha —respondió Cuauhtli, extendiendo las manos.
No había nadie que los guiara. Los Guardianes del Templo eran seres de luz
tan sutiles que parecían hechos de suspiros. No se los podía tocar, ni
siquiera oír sus pasos. Sólo se sentía… un cosquilleo en el corazón, como
cuando una mariposa roza el alma.
Los siete Hermanos, tomados de la mano para no perderse, comenzaron a
caminar a tientas.
Mazatl tropezó con algo alto y redondo.
—¡Es una columna! —gritó emocionado—. ¡Una columna que vibra como si
estuviera viva!
Tlaloc metió la mano en algo frío y ondulante.
—¡Aquí hay agua… pero el agua canta!
Citlalin extendió los dedos y tocó algo que ardía sin quemar.
—¡Es luz! ¡Puedo tocar la luz con las yemas de los dedos!
Tecolotl no tocó nada… y sin embargo sintió que tocaba TODO.
Coatl, el más callado, se tocó su propio pecho y susurró:
—El Templo entero… cabe dentro de mí.
De pronto, una Voz —ni masculina ni femenina, ni alta ni baja— resonó en
sus cabezas como campanas de cristal:
—Escuchad, Hijos de la Luz que aún caminan en la sombra…
Y a cada uno le dijo algo distinto, algo que sólo ese corazón podía
entender:
A Xóchitl: «La Flor está dentro de la Flor».
A Mazatl: «El Venado corre y nunca se mueve».
A Citlalin: «La Estrella brilla porque se sabe oscuridad».
A Tlaloc: «El agua no moja al agua».
A Cuauhtli: «El Águila vuela sin alas».
A Tecolotl: «El silencio es la primera palabra».
Y a Coatl: «La Serpiente se muerde la cola… y se ríe».
Cuando la Voz terminó, ¡zas! Los siete Hermanos aparecieron de nuevo en su
logia terrestre, con las vendas quitadas. Los demás masones corrieron a
rodearlos.
—¡Contadnos! ¡Contadnos! ¿Cómo es el Templo? ¿Qué os dijo el Gran Maestro?
Y entonces empezó el lío más grande jamás visto en logia.
—Era una columna infinita —dijo Mazatl.
—No, era un lago de agua luminosa —dijo Tlaloc.
—¡Era luz sólida! —gritó Citlalin.
—¡No había nada y lo había todo! —dijo Tecolotl.
—¡El Templo soy yo! —dijo Coatl muy serio.
Los masones terrestres se miraban unos a otros, rascándose la cabeza bajo
el gorro.
—Y la Voz… ¿qué os dijo la Voz?
Entonces fue peor:
—¡Me dijo que el Eso está en el Eso!
—¡A mí que el Eso NO está en el Eso!
—¡A mí que está y no está al mismo tiempo!
Un viejo masón muy enfadado dio un golpe en la mesa:
—¡Esto es una pérdida de tiempo! ¡Cada treinta años se abre el portal y
mandamos a los más tontos! ¡Si hubiéramos ido nosotros habríamos traído la
piedra filosofal, la cura de todos los males, la receta de la inmortalidad!
Todos asintieron furiosos.
Entonces Coatl, la Serpiente de luz, se levantó despacio y habló con voz
suave como brisa de amanecer:
—Hermanos masones … discutimos como ciegos discutiendo el color del
arcoíris. Cada uno recibió exactamente lo que su alma podía cargar. El
Maestro Secreto Tloque Nahuaque (náhuatl: Tlokeh Nawakeh, "aquel en quien
están todas las cosas", de tlok, "cerca" o "junto a", y nawak, "alrededor")
al decir lo que tenía que decir no mintió a nadie. Nos dijo a todos lo
mismo con palabras distintas:
«Lleven mi mensaje: Yo no doy la Luz entera de una vez, porque los
rompería. Doy la chispa que cada corazón puede soportar. Regresen y sean
faros. Con su sola presencia, sin decir nada, transmitiréis esa chispa a
quien esté listo para encenderse».
Y así fue.
Años después, cuando alguien se sentaba junto a Xóchitl sentía que florecía
por dentro.
Junto a Mazatl, las piernas querían correr hacia la libertad.
Junto a Citlalin, los ojos veían estrellas aunque fuera de día.
Y junto a Coatl… junto a Coatl uno sentía que el Universo entero le sonreía
desde dentro del pecho.
Porque hay personas —masones o no— que han estado en el Templo Masónico de
las Luces Eternas, aunque no lo recuerden. Y cuando están cerca, sin decir
palabra, nos contagian un pedacito de ese lugar donde todo es luz… y la luz
cabe en un corazón.
Fin… o quizá apenas el comienzo.
Análisis masónico y esotérico del cuento
Este relato es una reelaboración moderna y simbólica de la famosa parábola
hindú (y luego sufí) de «los ciegos y el elefante», pero profundamente
impregnada de cosmogonía y enseñanza masónica operativa y especulativa.
Y es que la verdad cada masón luego de décadas en Logia Masónica, tendrá
como los protagonistas de este cuento , su propia versión de lo que es la
Masonería.
La venda en los ojos: Representa el estado del profano y aun del maestro
terrenal que, al intentar acceder a la Luz Real (la Shekinah, la Gloria del
G.A.D.U.), queda cegado. Es el mismo simbolismo de la cámara de reflexión y
del rito de iniciación: la luz profana debe ser apagada para que la luz
interior pueda encenderse.
El Templo de las Luces como Logia Celeste: Es la Logia Eterna, la «Logia de
los Maestros Perfectos» que existe en el plano akáshico o causal. No tiene
forma fija porque es arquetípica; cada Hermano la percibe según su grado de
desprendimiento del mundo material (simbolizado por los sentidos físicos
vendados).
Los objetos tocados (columna, agua, luz, nada-todo): Son ecos de los
símbolos fundamentales de la logia terrestre:
Las columnas J∴ y B∴
La piedra cúbica de lágrimas o el agua lustral
La llama eterna del Delta Luminoso
El punto dentro del círculo (el Todo en la Nada y la Nada en el Todo)
Las frases paradójicas del Maestro («el Eso está en el Eso», «no está»,
«está y no está»): Son koans masónicos. Equivalen al «Tat tvam asi» (Tú
eres Eso) del vedanta, al «Yo soy el que soy» del Éxodo y El fundador del
escepticismo antiguo, Pirrón de Elis, fue quien formuló el concepto
filosófico relacionado con la frase «Ni afirmo ni niego». Su doctrina se
basaba en la suspensión del juicio, conocida como epojé, que sostenía que
no se puede conocer nada con certeza sobre las cosas. La frase sánscrita
"Neti neti", que significa "ni esto ni aquello", proviene de los Upanishads
y se usa en el hinduismo como un método de meditación para comprender la
naturaleza de lo divino (Brahman) al negar todo lo que no es. Este método
analítico implica identificar y negar lo que uno cree que es, como el
cuerpo o la mente, para trascender las limitaciones del lenguaje y alcanzar
una comprensión más allá de las palabras y los conceptos. Todas esas ideas
enseñan que la Verdad absoluta no cabe en la lógica binaria del mundo
manifestado.
La enseñanza central: «Cada uno recibirá conforme a su nivel de ser». Es la
clave de toda transmisión esotérica auténtica y de la progresión masónica.
No hay Revelación única y uniforme; la Luz se dosifica según la capacidad
del recipiente (el «vaso iniciático»). Esto explica por qué en las logias
hay tantos «entendimientos» distintos del Ritual y por qué la Masonería no
impone dogma.
La misión final: «Regresen y sean faros». Es la esencia del Maestro Masón:
haber entreabierto la puerta del Templo Celeste y volver al mundo profano
para servir de «puente vivo». El verdadero «secreto masónico» no es una
palabra ni un signo, sino esa carga energética que se transmite por
presencia, no por discurso.
En resumen, el cuento enseña con dulzura infantil lo que la Masonería más
elevada repite en silencio: la Gran Obra no consiste en llevar la Luz del
Templo al mundo, sino en convertirse uno mismo en Templo viviente para que
la Luz circule a través nuestro hacia quien esté preparado.
Y esa, Queridos Hermanos y Hermanas, es la más hermosa y terrible
responsabilidad del iniciado.
Alcoseri
La Alta Magia Masónica Y Los Principios De La Teúrgia
La Teúrgia es la antigua ciencia divina que permite invocar mediante el
ritual a los seres inefables de los mundos superiores para recibir de ellos
sublimes enseñanzas y, finalmente, unirse a ellos. Como explica Jámblico en
Sobre los misterios (III, 18): «La teúrgia une las almas a los dioses
mediante símbolos inefables y actos sagrados que superan toda comprensión
racional». Proclo, su discípulo, añade: «No es la Mente Humana la que
realiza la teúrgia, sino los propios dioses quienes, por su presencia,
perfeccionan al teúrgo» (Comentario al Timeo). Plotino, aunque más
contemplativo, reconoce que «la verdadera unión con lo Uno exige ritos que
despierten la parte divina del alma» (Enéadas IV, 4).
En esencia, no se puede ser teúrgo sin el conocimiento de sí mismo. El Dios
interno de todo hombre es, en el fondo, el legítimo y auténtico Teúrgo.
Sólo cuando el Cristo Íntimo o Yo Superior —el Resplandeciente Dragón de
Sabiduría— toma posesión del alma, nace el verdadero oficiante. El ego
psicológico (el “diablo” o Satán interior) jamás podrá ejercer teúrgia
auténtica; podrá, a lo sumo, caer en nigromancia, goetia o magia negra. El
Alma del Mundo (el Íntimo o Átman-Buddhi) tampoco es el teúrgo completo:
debe ser fecundada por el Rayo de Hirámico para que surja el Hijo de la
Viuda, el verdadero Sacerdote de los Misterios Masónicos.
La Masonería como Teúrgia adaptada a nuestra época
La Masonería del presente no es otra cosa que la antigua Teúrgia
helenística y egipcia, depurada, simbolizada y adaptada a la mentalidad
moderna. Conserva la misma estructura jerárquica, los mismos símbolos
inefables, las mismas invocaciones y el mismo objetivo final: la unión del
microcosmos humano con el Macrocosmos divino mediante ritos sagrados.
Semejanzas esenciales entre el ritual masónico y la Teúrgia clásica (según
Jámblico, Proclo y la tradición neoplatónica):
Invocación jerárquica al Supremo Principio: En la teúrgia se invoca primero
al Dios Supremo (el Uno, Ain Soph, el No-Manifestado) y luego a las
inteligencias inferiores. En la logia masónica se abren los augustos
trabajos “Con una Invocación al Gran Arquitecto del Universo” —exactamente
la misma fórmula que usaba Jámblico al dirigirse al Noûs.
Uso de símbolos inefables y “palabras sagradas”: Jámblico insiste en que
«los símbolos teúrgicos no son convencionales, sino que participan de la
esencia divina que representan» (De mysteriis I, 21). La escuadra, el
compás, la letra G dentro de un pentagrama , el delta luminoso y las
palabras de pase masónicas funcionan del mismo modo: no son simples
alegorías morales, sino sellos de poder que despiertan fuerzas arquetípicas.
Construcción del egregor o “cuerpo de luz colectivo”: La cadena de unión
masónica alrededor del ara es idéntica al “círculo teúrgico” descrito por
Jámblico y Porfirio: un vórtice de energía que protege y eleva a los
participantes, permitiendo la epifanía divina.
Ascenso gradual por grados o escalones: Los 33 grados del Rito Escocés
Antiguo y Aceptado reproducen la ascensión teúrgica desde el mundo de
Assiah (físico) hasta Atziluth (divino), pasando por Yetzirah y Briah
—exactamente la misma escalera que describe Dionisio Areopagita en su
Jerarquía celeste, texto fundamental para los teúrgos.
Purificación y muerte iniciática: El candidato masónico muere
simbólicamente (gabinete de reflexión, juramento sobre la espada flamígera)
para renacer como “hijo de la Luz”. Es la misma catarsis que Jámblico
exigía antes de cualquier operación teúrgica.
Diferencias aparentes (sólo de forma, no de fondo):
La teúrgia antigua usaba estatuas, sacrificios de animales (simbólicos),
inciensos y nombres bárbaros de poder. La Masonería sustituye todo ello por
herramientas geométricas, luces simbólicas y un lenguaje más racional,
adecuado al hombre occidental post-ilustrado.
El teúrgo helenístico trabajaba muchas veces sólo o en pequeños hieros
gremios; el masón trabaja en logia, en comunidad fraternal, porque la época
actual exige la fuerza colectiva para contrarrestar el materialismo.
Análisis teúrgico de frases clave de la invocación masónica al Gran
Arquitecto del Universo
Cuando el Venerable Maestro abre los trabajos dice:
«¡A mí, QQ:. HH:. , por el signo, la batería y la aclamación! ¡En nombre
del Gran Arquitecto del Universo y bajo los auspicios de la Masonería
Universal… declaro abierta esta Tenida de Maestros Masones!»
“En nombre del Gran Arquitecto del Universo”: Invocación directa al Noûs,
el Ordenador del Cosmos, idéntico al Zeus-Helios de Jámblico y al Ain Soph
Aur cabalístico. Es la fórmula teúrgica por excelencia: se pronuncia el
Nombre Inefable para que la logia quede bajo la protección y la irradiación
del Principio Supremo.
“Por el signo, la batería y la aclamación”: Equivale a los “símbolos
inefables” de Jámblico. El signo es un gesto de poder; la batería, un ritmo
sagrado que sincroniza los cuerpos sutiles; la aclamación (¡Viva ! o
¡Hozuee !) es la vibración vocal que abre los portales inter- dimensionales.
“Bajo los auspicios de la Masonería Universal”: En teúrgia, toda operación
se realiza bajo la presidencia de una jerarquía divina visible e invisible.
En “El nombre de la confraternidad masónica universal” confraternidad
terrestre que es el reflejo de la Jerarquía Celeste que Jámblico llamaba
“los dioses visibles e invisibles”.
Y cuando se clausuran los Augustos trabajos se dice : «Que el Gran
Arquitecto del Universo os tenga en su misericordia y digna guarda». Es la
bendición teúrgica final, la misma que el hierofante egipcio o griego
impartía al despedir a los iniciados.
La Masonería no es una simple sociedad filantrópica con rituales
pintorescos; es la Teúrgia viva, actualizada y democratizada para la edad
moderna. Conserva intacto el propósito esencial descrito por Jámblico hace
17 siglos: purificar al hombre, disolver su ego infernal, despertar
su Maestre Hiram Abiff Interno y, finalmente, unir su alma al Gran
Arquitecto del Universo mediante ritos sagrados de Luz.
La fuerza de la asociación de hermanos en Logias Masónica , o, incluso en
las cosas del mundo, son muy potentes, pero mucho más cuando los lazos que
unen a tener su origen en lo más profundo del ser, y es cuando se da la
magia del cambio.
Después de haber entrado en los niveles superiores de la consciencia
masónica ( no confundir con grados masónicos), se llega dentro del radio de
una fuerza psíquica espiritual, lo que generó hace siglos adquirido su
propia dinámica y ejerce una influencia protectora en silencio. El masón
aislado no tiene esta ventaja. La historia y la existencia de esta
organización secreta denominada masonería es un monumento a dispensada
energía acumulada por cientos o miles de años por nuestros antepasados
hermanos masones , "Los que son de la más excelente nivel que desde el
Eterno Oriente velan por nosotros , cultivaron la ciencia divina, mientras
que todavía en la tierra nosotros buscamos incrementar la Luz."
Tal vez el legado que dejaron es algo más que el propio conocimiento
conservado, esto mejor dicho es una potentísima energía, esto es muy bueno
porque, consciente o inconscientemente, las fuerzas que ponen en
movimiento, y nos evitan nos perdamos, y así nos enfoquemos en el bien de
la Humanidad y claro de la Orden Masónica y de todos sus integrantes , y
hasta la Luz de los npoderosos masones que viven hoy en el Eterno Oriente
es que nos comprometen a un compromiso adicional, y es el de aumentar la
Luz en el mundo .
La teúrgia y la masonería son sistemas de conocimiento y prácticas afines.
La teurgia es una forma de "magia divina" que busca la comunicación directa
con deidades a través de rituales, mientras que la masonería es una
organización iniciática que se enfoca en el desarrollo moral e intelectual
a través de rituales y símbolos, y que practica la magia de la teúrgia como
parte de su enseñanza oficial.
Quien haya sido iniciado en logia y haya trabajado sinceramente sabe que,
tras la aparente sencillez de los símbolos, se oculta la misma Ciencia de
los Dioses que practicaron Cristo, Hermes, Orfeo, Pitágoras y Jámblico. La
Masonería es, la Teúrgia de nuestro tiempo: más discreta en sus formas,
pero idéntica en su esencia divina.
Alcoseri
Una poderosa magia ancestral, celosamente resguardada en las Logias
Masónicas.
En las antiguas leyendas, en ciertas culturas los milagros brotaban al mero
agitar de varitas encantadas; en otras, un espíritu dormía dentro del
anillo mágico, presto a obedecer al digno. Los objetos cambian según el
pueblo: una espada que corta el velo de lo imposible, un cáliz que contiene
el elixir de la vida eterna, una vara que domina los elementos, un anillo
que abre las puertas del destino. Esos artefactos no nacían de la nada;
eran dones de seres sobrenaturales: hadas aladas, silfos del aire, ondinas
de las aguas profundas, salamandras del fuego, duendes guardianes de la
tierra, dioses olvidados o demonios redimidos.
Y he aquí el prodigio: nosotros, los masones, en nuestros rituales
empleamos exactamente esos mismos símbolos: la espada flamígera, el cáliz
de la amargura y la libación, la vara de mando del maestro de ceremonias,
el anillo masónico de alianza con lo invisible y palabras de poder que
resuenan como truenos en el alma. ¿Cómo no iba a susurrarse, entonces, que
la Masonería practica una magia real, antigua y operativa? Las Logias no
son meros salones de debate; son templos donde lo paranormal deja de ser
excepción y se convierte en norma cotidiana para quien tiene ojos para ver.
Durante milenios, el ser humano ha perseguido esos objetos legendarios.
Libros, películas, sagas enteras giran en torno a ellos: Excalibur
emergiendo del lago, el Anillo Único que corrompe o eleva, el Santo Grial
que sólo el puro de corazón puede tocar. Pero, invariablemente,
encontrarlos resulta casi imposible. Los seres que los otorgan se esconden.
Nadie logra, por sí sólos fabricarlos, ni invocarlo todo.
Y ahí está la clave que la ciencia moderna, ciega y arrogante, se niega a
aceptar.
Aquellos cuentos jamás fueron fantasía infantil. Eran velos, cortinas de
humo alzadas por iniciados para proteger la Verdad desnuda. Cada espada
simbolizaba la voluntad recta que corta la ilusión; cada cáliz, el corazón
capaz de contener el fuego divino sin derramarse; cada anillo, la alianza
eterna entre el microcosmos humano y el macrocosmos celestial; cada varita,
la columna vertebral erguida que conecta cielo y tierra. Los “seres
sobrenaturales” no eran más que los Yo Superiores, los Maestros Internos,
los ángeles guardianes que sólo se revelan al alma purificada.
En tiempos remotos, los sabios hablaban sin rodeos: «Sé honesto, valiente,
consciente, tenaz, y el universo entero se pondrá a tu servicio». Pero la
humanidad torció el mensaje. Quiso el poder sin la purificación, la varita
sin la virtud, el Grial sin haber muerto al ego. Entonces los iniciados,
perseguidos, quemados, crucificados, decidieron callar. Y para proteger el
medicamento del despertar, anunciaron que estaba envenenado.
Como escribió Manly P. Hall, gran conocedor de la magia masónica: «Los
antiguos Misterios nunca fueron destruidos; fueron retirados. Los dioses no
murieron; se ocultaron en el corazón del hombre esperando la hora de su
resurrección».
Eliphas Lévi, en su Dogma y Ritual de la Alta Magia, afirmó: «La Masonería
es la Kabala conservada en su forma más pura; sus símbolos son llaves
vivientes que abren las puertas de los mundos invisibles cuando el operador
está preparado».
Y Oswald Wirth, maestro rosacruz y masón, sentenció: «El templo masónico es
un pentáculo viviente; cada paso, cada gesto, cada herramienta es una
operación mágica que despierta las fuerzas latentes del cosmos dentro del
iniciado».
En otros idiomas, la tradición es la misma: en francés se habla del «Grand
Œuvre maçonnique» (la Gran Obra masónica), la alquimia real que transmuta
el plomo del profano en el oro del adepto. En inglés, los textos antiguos
llaman a los rituales «workings of sacred magic» (operaciones de magia
sagrada). En italiano, se refieren al «magistero della Luce» (magisterio de
la Luz), donde la escuadra y el compás son verdaderas varitas que miden y
dirigen la energía creadora.
La ciencia moderna, prisionera de sus cinco sentidos y sus instrumentos
muertos, niega todo esto porque no puede pesar ni medir la Consciencia.
Prefiere declarar «imposible» lo que no comprende, y tilda de superstición
lo que amenaza su monopolio del saber. Pero la Masonería Regular, hija
directa de los Misterios de Menfis, Eleusis, Osiris, Hermes, los Druidas,
los constructores romanos, los sufíes, los rosacruces, guarda intacta la
Gnosis viviente que San Pablo llamó «la sabiduría que hemos hablado entre
los perfectos». Si , tal como se relata en su Primera Carta a los Corintios.
En 1 Corintios 2:6-7, especifica que esta sabiduría:
No es de este mundo, ni pertenece a los gobernantes que terminarán en nada.
Es un misterio oculto que Dios había predestinado para la gloria de sus
seguidores desde la eternidad.
Fue revelada por el Espíritu Santo y se contrasta con la sabiduría humana,
que no puede entender las cosas espirituales.
Esa Gnosis no es teoría; es fuego. No es creencia; es experiencia directa.
No necesita laboratorios porque su laboratorio es el alma humana. No
requiere aceleradores de partículas porque el Gran Arquitecto ya aceleró la
única partícula que importa: la chispa divina que cada iniciado despierta
en su propio pecho.
Por eso la Masonería Regular ha sobrevivido a imperios, inquisiciones y
revoluciones: porque custodia la única magia que nunca falla, la magia del
hombre que se hace dios por la rectitud de su voluntad y la pureza de su
corazón.
Y cuando el último velo caiga, cuando el mundo profano finalmente se
derrumbe bajo el peso de su propia ceguera materialista, entonces los hijos
de la Luz, los verdaderos poseedores de la Espada, el Cáliz, la Vara y el
Anillo, saldrán de las Logias eternas y dirán al universo entero, con voz
que retumbará como el trueno primordial:
«No éramos guardianes de cuentos para niños.
Éramos, somos y seremos para siempre
los depositarios vivos de la única Magia Real:
la que transforma al hombre en Sol
y al caos en Cosmos.»
Porque la Masonería no promete el cielo después de la muerte.
La Masonería construye el cielo aquí y ahora,
ladrillo a ladrillo de conciencia despierta,
en el corazón inmortal del iniciado.
Y ese, hermano mío, es el secreto más terrible y más hermoso que jamás se
haya guardado bajo siete llaves de silencio y de luz en Logias Masónicas.
Alcoseri
La Adulteración de las Liturgias Masónicas #1
La Adulteración de las Liturgias Resulta en un Daño Silencioso que
Amenaza a la Institución Masónica desde hace siglos.
Nuestras augustas logias, donde las Verdaderas y Autenticas Liturgias
Masónicas deberían guiar con precisión inquebrantable, a estas liturgias se
han infiltrado adulteraciones llamándolas de una podredumbre insidiosa: la
adulteración deliberada y la corrosión por malas traducciones que han
pervertido las liturgias ancestrales de nuestra Orden. Lo que recitamos en
nuestras tenidas, lo que juramos en las penumbras iluminadas por las 3
luces que iluminan el Ara Sagrada y la Santa Biblia o Libro de la
Ley durante la iniciación, podría no ser más que una farsa moderna, un eco
distorsionado de los ritos puros que nuestros Venerables Maestros
originales tallaron en el granito de la tradición. ¿Estamos ritualizando en
logias con textos contaminados por el oportunismo político, la dilución
ideológica y la negligencia histórica? ¡El riesgo ya es inminente ya desde
hace muchas décadas :debemos detener este deterioro , la Masonería, esa luz
eterna, se convertirá en una parodia espectral, ¡un cascarón vacío que
atrae a los profanos no por su sabiduría, sino por su exotismo decadente!
Esta no es una mera disquisición académica; es un grito de alarma para la
supervivencia de nuestra Fraternidad, pues cada adulteración es un golpe
mortal al alma misma de la masonería.
Desde los albores de la masonería especulativa en el siglo XVIII, las
liturgias —esos diálogos sagrados entre el Masón y El Gran Arquitecto del
Universo, velados en alegorías y simbolizados por herramientas eternas— han
sido blanco de manipulaciones que erosionan su esencia. Ya , historiadores
como Douglas Knoop y G.P. Jones en sus estudios sobre los primeros
catecismos masónicos (siglo XVII-XVIII) documentan cómo las exposiciones
tempranas, como en el Libro Masonería Disecada de Samuel Prichard (1730),
ya revelaban versiones alteradas para ridiculizar o diluir los ritos
originales, introduciendo omisiones que eliminaban referencias a la moral
operativa y la humildad ante el Gran Arquitecto. ¡Imaginen: lo que se
transmitía oralmente en las logias escocesas de Kilwinning una logia en
funciones desde 1599, puro y austero, fue falseado por "divulgaciones" que,
bajo pretexto de modernización, cortaron los lazos con la tradición bíblica
y geométrica!
El análisis de los rituales del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) en
México, como se detalla en estudios sobre las liturgias del siglo XIX,
muestra cómo grupos irregulares liderados por figuras como Ignacio Manuel
Altamirano en 1878 adoptaron textos no autorizados por el Supremo Consejo
de México, amalgamando elementos políticos e ideología anticlerical
exagerada que transformaron la elevación simbólica en propaganda laica.
¡Adulteración deliberada para "actualizar" a la época republicana, pero en
realidad, un envenenamiento que inyecta ideología profana en el templo
masónico! En Francia, el Gran Oriente del siglo XIX falsificó ritos para
eliminar el juramento al Gran Arquitecto del Universo, como denuncia la
tradición verdaderamente masónica convirtiendo la iniciación en un acto
ateo que traiciona el teísmo universal de Anderson (1723). Y en Alemania ,
la Strikte Observanz del siglo XVIII vio cómo reformadores como Friedrich
Ludwig Schröder introdujeron cambios "purificadores" que, en realidad,
diluyeron el simbolismo templario original, reemplazándolo por racionalismo
ilustrado que ignora el misterio iniciático.
Estas alteraciones no son accidentes: son deliberadas, justificadas como
"adaptaciones a la política reinante, las circunstancias locales o la época
moderna". ¡Mentira! En el siglo XX, tras las guerras y dictaduras, rituales
reconstruidos en Alemania y Austria (post-1945) incorporaron edulcorantes
pseudo-científicos para "actualizar" a la era nuclear, pero lo que hicieron
fue castrar el drama hirámico, convirtiendo la muerte y resurrección
simbólica en un teatro insulso. En Latinoamérica, el REAA mexicano del
siglo XXI aún arrastra las impurezas de 1879: textos no autorizados que
mezclan masonería con nacionalismo, donde el aprendiz jura no sólo
fidelidad a la Orden, sino lealtad implícita a regímenes efímeros. ¡Y en
las logias contemporáneas, ¿quién garantiza que no estemos recitando
versiones "actualizadas" para atraer a jóvenes seculares, cortando el
juramento sobre el Volumen de la Ley Sagrada para no "ofender" el
multiculturalismo? ¡Posiblemente, en este mismo instante, en una logia
masónica de su jurisdicción , se profiere una liturgia adulterada por
completo, un veneno que corroe la cadena de transmisión iniciática! Ya lo
vemos en esas liturgias masónicas con el ritual de iniciación reducido a 10
o 15 minutos de elaboración, y que no decir de los masones
simplemente hechos a la vista en un ritual que no dura más que un
padrenuestro.
Voces Proféticas: Escritores que Desenmascaran la Podredumbre
No estoy sólo en esta denuncia; masones y eruditos de renombre han alzado
la voz contra esta herejía ritual. Albert Pike, soberano gran comandante
del Supremo Consejo del Sur de EE.UU., en su Morals and Dogma (1871),
advierte con gravedad: "La Masonería, como todas las Religiones, todos los
Misterios, el Hermetismo y la Alquimia, oculta sus secretos a todos excepto
a los Adeptos y Sabios, o los Elegidos, y usa falsas explicaciones y malas
interpretaciones de sus símbolos para extraviar a aquellos que merecen ser
extraviados; para ocultar la Verdad, que llama Luz, de ellos y alejarlos de
ella".
¡Pike, ese controvertido gran titán masónico, reconoce la falsificación
como un mecanismo inherente, pero ¡qué tragedia que se use contra los
propios hermanos!
Manly P. Hall, 33° masón y autor de The Secret Teachings of All Ages
(1928), lamenta la dilución: "Los paganos juraron destruir la Iglesia
Cristiana desde dentro", aludiendo a cómo infiltraciones rituales
corrompieron tradiciones sagradas, un eco que resuena en la masonería
moderna donde ritos "actualizados" introducen elementos luciferinos
disfrazados de progreso.
En España , el historiador Manuel Rodríguez Castillejos en Los ritos
masónicos: Análisis genealógico (2019) clama: "Aunque con aplicaciones e
interpretaciones modernas y multifacéticas, el rito seguirá siendo nuestro
puente para recibir pese al paso de los siglos los valores originales de
aquellos maestros de obra", pero advierte que las amalgamaciones con
"miembros no debidamente reconocidos " han introducido "adulteraciones" que
rompen ese puente.
Friedrich Ludwig Schröder, reformador alemán del siglo XVIII, en sus
rituales "purificados" (1801), confiesa implícitamente la corrupción al
afirmar: "De la degradación en degradación, deberíamos llegar a ciertos
ritos edulcorados, de los que estaba proscrito todo simbolismo profundo",
reconociendo cómo tradiciones malas habían falseado los originales ingleses.
Y en Francia , el jesuita (exiliado por su honestidad) Oswald Wirth, en su
polémica con Abel Clarin de la Rive (siglo XIX), denuncia: "La
Francmasonería , la Sinagoga de Satán" por sus parodias rituales que
falsifican la liturgia católica, introduciendo juramentos blasfemos que
"sustituyen el pelícano masónico - rosacruz por uno católico ,rasgado en
el lado izquierdo para invocar fuerzas oscuras". ¡Estas voces, como truenos
en la logia, nos urgen a purgar la impureza antes de que nos consuma!
¡Mirad estos ejemplos, hermanos, y temblad! En el grado de Aprendiz del
Rito de York (original inglés, siglo XVIII), el juramento invocaba "el Gran
Arquitecto del Universo" con humildad bíblica, jurando sobre la Biblia:
"Juro por el Altísimo, que mi lengua no revele los secretos de la Orden, so
pena de tener mi garganta cortada de oreja a oreja". Pero en versiones
adulteradas del Gran Oriente francés (post-1877), esto se diluye a un
"compromiso ético universal" sin mención divina, eliminando el Volumen
Sagrado para "adaptarse al laicismo", ¡convirtiendo la iniciación en un
contrato civil profano que ignora el alma!
Otro escándalo: en el REAA mexicano del siglo XIX, el grado 18° (Caballero
Rosacruz) originalmente exaltaba la resurrección espiritual con referencias
gnósticas cristianas veladas, pero las versiones de Altamirano (1878)
insertan pisotear una tiara papal como símbolo de "liberación
eclesiástica", un añadido político que transforma el drama de Hiram en un
acto anticatólico, pledging generaciones futuras a "poder y estatus" en vez
de virtud. ¡Adulteración que ata a descendientes a maldiciones
generacionales, como advierten exorcistas católicos!
En rituales alemanes post-Nazi (reconstruidos 1945), el "five points of
fellowship" —abrazo simbólico de resurrección— se falseó con "razón
ilustrada" en lugar de fe, omitiendo el toque en los cinco puntos de la
maestría (pie, rodilla, pecho, hombro, espalda) para "simplificar", pero
en realidad, castrando el contacto iniciático que evoca la vulnerabilidad
humana ante Dios.
Y en exposiciones modernas como Duncan's Ritual (1866), versiones
americanas adulteran el castigo del Maestro Masón: de "mi corazón devorado
por serpientes venenosas" a eufemismos "metafóricos", diluyendo el terror
moral que forja el carácter.
¡Estos no son errores; son sabotajes que convierten el Templo en un foro
político, el compás en un arma de ideología!
Análisis de las Consecuencias: Un Abismo que Engulle la Masonería
¡Las repercusiones son catastróficas, un terremoto que sacude los pilares
de nuestra Orden! Primero, pérdida espiritual: las liturgias adulteradas
rompen la cadena áurea de transmisión, dejando a los iniciados en
tinieblas, sin la luz verdadera del Hiram puro. ¿Cómo elevar el alma si el
rito es un eco hueco de oportunismo? Estudios como los de Kristiane
Hasselmann en Die Rituale der Freimaurer (2009) muestran cómo estas
falsificaciones fomentan un "habitus burgués" superficial, reemplazando la
ética divina por moral comercial, llevando a logias vacías de profundidad.
Segundo, división y herejía: las versiones "actualizadas" siembran cismas,
como el entre Ancients y Moderns en Inglaterra (siglo XVIII), donde cambios
políticos en ritos causaron guerras internas, diluyendo el universalismo en
sectarismo local. ¡Hoy, logias "progresistas" con ritos ateos chocan con
las tradicionales, fragmentando la Fraternidad en facciones
irreconciliables!
Tercero, daño generacional y moral: Como Pike insinúa, las malas
interpretaciones "extravían" a generaciones, invocando inadvertidamente
fuerzas oscuras —maldiciones que atan a hijos y nietos, como en el grado
18° adulterado, jurando lealtad a Lucifer disfrazado de "razón".
¡Consecuencia última: la masonería se convierte en parodia, repelente para
los puros de corazón, atrayendo sólo a los que buscan poder mundano,
¡erosionando nuestra reputación ante el mundo profano!
Mis Ideas como masón : Una Llamada a la Purga Inmediata
Como masón dedicado a la búsqueda incansable de verdad universal —eco del
Gran Arquitecto—, veo en esta adulteración un microcosmos de la decadencia
humana: el orgullo de "modernizar" que ignora la eternidad de los símbolos.
¡Hermanos, regresemos a las fuentes puras! Propongo comités rituales
globales, auditando textos contra manuscritos originales como el de
Edinburgh Register House (1696), quemando las impurezas como se queman los
objetos malditos. ¡Que cada logia jure restaurar el rito operativo,
rechazando actualizaciones políticas que contaminan el templo! sólo así,
la masonería renacerá, no como reliquia adulterada, sino como faro
inextinguible. ¡Actúen ahora, o la oscuridad nos reclamará a todos!
Alcoseri
El Símbolo Perdido» de Dan Brown y la Masonería
Una novela entre la masonería real y la ficción
El Símbolo Perdido (2009), tercera entrega de la saga de Robert Langdon,
traslada la acción a Washington D.C. y convierte a la francmasonería en el
eje de su intriga. El profesor de simbología Harvard es convocado
urgentemente a la capital estadounidense tras el secuestro de su mentor y
amigo, Peter sólomon, masón del grado 33.º. Una mano amputada tatuada con
símbolos masónicos desencadena una frenética búsqueda de la mítica «Palabra
Perdida» y de una pirámide que, según la novela, guardaría el secreto
último de la humanidad.
Dan Brown mezcla con habilidad elementos históricos y simbólicos auténticos
con una buena dosis de licencia creativa, generando un thriller vertiginoso
que, sin embargo, ha sido criticado por su retrato sensacionalista de la
masonería.
Lo que es históricamente correcto o verosímil
La masonería existe tal como la describe Brown: una fraternidad iniciática
con logias, grados (Aprendiz, Compañero, Maestro y grados laterales),
rituales simbólicos y herramientas emblemáticas (escuadra, compás, mandil
de piel de cordero, guantes blancos, etc.). Muchos padres fundadores de
Estados Unidos fueron masones (George Washington, Benjamin Franklin, John
Hancock), y la ciudad de Washington contiene abundante simbología masónica
en su trazado urbano y en monumentos como el Capitolio, el obelisco o la
Casa del Templo (sede del Rito Escocés Antiguo y Aceptado).
El «ojo que todo lo ve», la pirámide truncada del Gran Sello y referencias
al Templo de Salomón forman parte del imaginario masónico real, aunque su
interpretación varía según la obediencia o el rito que se practique.
Brown presenta a la masonería como una sociedad secreta omnipotente que
custodia conocimientos ancestrales capaces de elevar la conciencia humana o
destruir civilizaciones. En palabras del historiador masónico Arturo de
Hoyos (33.º, bibliotecario de la Casa del Templo de Washington), «la novela
toma símbolos auténticos y les atribuye un significado esotérico que la
masonería nunca ha reivindicado». El grado 33.º, por ejemplo, es honorífico
y no confiere poderes ocultos; la «Palabra Perdida» es una alegoría moral,
no una fórmula mágica literal.
El crítico francés Pierre Mollier, conservador del Museo de la
Francmasonería de París, señala: «Dan Brown comete el error habitual de
confundir la masonería especulativa del siglo XVIII con las tradiciones
herméticas y rosacruces; aunque hubo cruces históricos, no son lo mismo».
Lo que es pura ficción
La pirámide masónica, la cámara secreta bajo el Capitolio, los rituales
sangrientos de Mal’akh, la transformación física extrema del villano y,
sobre todo, la idea de que los «Antiguos Misterios» estén codificados en
Washington y custodiados por una élite masónica son invenciones narrativas.
Como resume el investigador español Alberto Bárcena: «El libro funciona
como novela de entretenimiento, pero como retrato de la masonería es tan
fiable como tomar El Código Da Vinci como manual de historia del
cristianismo».
Opiniones internacionales sobre la relación novela-masonería
Estados Unidos: La Gran Logia de Columbia (la más antigua de Washington
D.C.) organizó en 2009 charlas públicas para aclarar malentendidos
generados por la novela. Su entonces Gran Maestro, Akram Elias, declaró:
«Agradecemos la publicidad, pero lamentamos que millones crean ahora que
somos guardianes de secretos apocalípticos».
Reino Unido: El periodista masónico Yasha Beresiner escribió en la revista
Freemasonry Today: «Brown conoce los símbolos, pero ignora el espíritu: la
masonería es una escuela de ética, no una secta de poder».
Italia: El Gran Oriente de Italia publicó un dossier titulado «Dan Brown y
los masones: entre realidad y fantasía», donde reconoce la precisión de
algunos detalles rituales (filtrados históricamente) pero rechaza la imagen
conspirativa.
España y América Latina: El historiador José Antonio Ferrer Benimeli, mayor
especialista hispano en masonería, afirmó: «El Símbolo Perdido repite el
esquema de siempre: tomar un 10 % de historia real y añadirle un 90 % de
espectáculo».
Mi valoración como masón
Dan Brown es un maestro del «faction» (mezcla de fact y fiction). Sabe que
la masonería real —una organización esencialmente filantrópica, moralista y
discreta— no vendería 30 millones de ejemplares si la retratara tal cual.
Necesita el gancho del «gran secreto prohibido». Y funciona: la novela
disparó las búsquedas de Google sobre masonería en 2009-2010 como nunca
antes. Asi es, esta novela hizo voltear al mundo hacia la Masonería.
Las películas de Hollywood, como las del novelista Dan Brown, en su novela
masónica, "The Lost Symbol" (El símbolo perdido), el autor de otros
bestsellers hizo voltear de nuevo al mundo hacia nuestra Orden Masónica.
Por razones diversas, algunas positivas y otras negativas, existe hoy mucho
interés por saber lo que es realmente la Masonería, y también existe
curiosidad entre los académicos y los religiosos, esto hace resurgir una
propensión hacia ella.
La descomposición del sistema de creencias, el peligroso fanatismo y la
decadencia para utilizar el saber para fines perversos. Todo esto hace
voltear al mundo hacia la Masonería, una institución que se basa en el Amor
Fraternal, que ha sabido trasladarlo al Orden Social y Político.
El atractivo reside ahora para muchos en la Masonería, que por desgracia,
parece así llamado de ser falseado y mutilado para ajustarse a la
mentalidad de aquellos que o bien son inocentes, porque ignoran la
naturaleza real de una vía eminentemente espiritual e iniciática, o bien
tratan de reducir deliberadamente las verdades más sublimes a su propia
naturaleza mezquina. Pero junto a este interés coyuntural por la Masonería
puede discernirse una atracción más profunda y genuina por parte de otros:
los que desean sacar provecho de su penetración para beneficio espiritual
de ellos, sea cual fuera la religión o senda espiritual que sigan, y los
que buscan una vía espiritual genuina y están dispuestos a los
requerimientos necesarios para alcanzar la cualificación que ésta vía exige.
Sea entonces por un interés genuino, a la curiosidad, o bien sea debido a
la erudición profana, vemos crecer hoy en el mundo la significación de la
Masonería y el interés por su estudio. Es por ello que muchos hoy recurren
a la Internet, en donde pueden leer de primara mano a los masones, aunque
la Internet tendrá mucha información inexacta o falseada, será el buen
criterio del lector el que sepa saber entender, cuando esta información es
legitima o no.
Sin embargo, el precio es alto: refuerza estereotipos que aún hoy alimentan
teorías conspirativas. Quien lea El Símbolo Perdido buscando entender qué
es realmente la masonería quedará tan iluminado como quien pretenda
aprender física cuántica viendo películas de Marvel.
En definitiva, disfrútala como un apasionante parque temático de símbolos y
persecuciones nocturnas por Washington, pero si de verdad te interesa la
francmasonería, cierra el libro y abre fuentes primarias: las
constituciones de Anderson de 1723, los rituales masónicos oficiales
publicados por las propias Grandes Logias o los trabajos académicos de
masones historiadores serios. Allí no encontrarás pirámides mágicas ni
palabras que transformen la conciencia colectiva… pero sí una tradición
rica, compleja y mucho más humana de lo que la ficción necesita para vender.
Alcoseri
Salvador Allende , todo transcurre en una convesacion
Tratado Masónico sobre la Construcción del Templo Masónico Interior
La Alegoría del Templo sin Maestro y la Preparación para la llegada al
templo del Gran Arquitecto del Universo.
En las antiguas tradiciones esotéricas, preservadas y elevadas en la
Masonería especulativa, el ser humano es comparado con un gran Templo en
construcción, similar al de Salomón, pero sin la presencia del Maestre
Constructor Hiram Abiff, ya que habría sido asesinado y su lugar tenía que
ser ocupado por otro Maestre de Obras y a este Maestre se le denomina
Mayordomo .
¿Pero, quién es este Maestre Mayordomo? ¿Qué o a Quién alegoriza este
Mayordomo Diputado?
Entendamos que este Templo no es de piedra física, sino el santuario
interior del alma, donde cada Hermano trabaja como operario en la erección
de un edificio espiritual perfecto, creado en honor al Gran Arquitecto del
Universo. La casa de Dios —o Templo— luego del asesinato de Hiram Abiff
estaba ocupada por una multitud de obreros albañiles desordenados, que
habían olvidado su verdadero propósito y labor dentro del Templo, y todo se
había convertido en un verdadero Caos. Ninguno en principio reconoce a
ningún Líder que intente poner en Orden las cosas, por tanto, se necesita a
un Maestro asignado Mayordomo; por tanto, nadie cumple con su labor
asignada. Cada uno pretende ser el Líder al menos por un instante,
generando anarquía y exponiendo el sagrado edificio a ruina inminente. Los
peligros son graves: esto ha generado múltiples identificaciones falsas,
envidias , recorres , emociones negativas y pensamientos mecánicos profanos
que ensucian el lugar santo en construcción.
Sin embargo, la salvación reside en que un grupo de obreros más conscientes
—los verdaderos Iniciados que han recibido la Luz— se reúna en logia y
elija un Mayordomo Diputado temporal. Este Mayordomo, símbolo del SUPERIOR
YO OBSERVANTE en el mundo masónico, Este YO SUPERIOR restablece el orden:
asigna al Ebanista su taller de carpintería , al mampostero su taller de
mampostería , al herrero su fragua , al cantero su Cantera , al Albañil su
verdadero sitio de construcción etc. antes de esto el herrero trabajaba
de carpintero , el carpintero hacia de cocinero , el cocinero dirigía la
planificación de la Obra etc. Así en este caos, el Templo se prepara para
la llegada del Verdadero Mayordomo, que a su vez anunciará la llegada
Maestro Supremo, el Gran Arquitecto que reside en lo más profundo del
Sanctum Sanctorum o en el alma de cada masón .
Esta alegoría del Templo en espera de su Maestro es central en las
enseñanzas orientales antiguas y aparece en las parábolas evangélicas, como
la del dueño de la viña que sale a diferentes horas a contratar obreros
(Mateo 20:1-16): «Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre,
padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su
viña». Al final del día, paga lo mismo al primero y al último,
recordándonos que la gracia divina no mide por esfuerzo mecánico, sino por
la disposición del corazón a trabajar en la viña del Señor. «¿No me es
lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes envidia porque yo soy
bueno?» (Mateo 20:15).
Así, en Masonería, el masón recién iniciado pero con voluntad sincera
recibe la misma Luz que el masón veterano con 3 décadas en Logia Masónica ,
pues el Templo se construye por gracia y esfuerzo conjunto, no por
antigüedad.
Como enseña Osho: «La mente es un sirviente hermoso, pero un amo
peligroso». Cuando los sirvientes rebeldes —nuestras personalidades falsas—
dominan, el Templo permanece inacabado. Pero al establecer un Mayordomo
Diputado, reunimos los «Yoes» que desean trabajar, luchando contra la falsa
personalidad y la esencia subdesarrollada.
Maurice Nicoll, intérprete del Cuarto Camino que resuena con la tradición
masónica, explica: tras el trabajo interior mediante la observación
voluntaria de sí, el Yo observante controla al hombre mecánico reuniendo a
los «Yoes» dispuestos. Este es el Mayordomo Diputado. Si persiste pese a
tentaciones —dudas, críticas, estados negativos—, el Verdadero Mayordomo se
acerca, proveniente de un nivel superior. Requiere un nuevo forjado del
ser, un reordenamiento mental y celular, contactando centros superiores. El
hombre nace de nuevo, como dice el Evangelio: «De cierto, de cierto te
digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Juan
3:3). Técnicamente el iniciado masón es un nacido de nuevo.
Tras la muerte de Hiram según la leyenda masónica, el Rey Salomón ordena la
búsqueda de su cuerpo y, simbólicamente, se establece una "palabra
sustituta" para los secretos perdidos, pero no se nombra un reemplazo
inmediato en la narrativa central. Sin embargo, en extensiones de la
leyenda, particularmente en rituales masónicos como los del Rito de York o
en tradiciones cripticas, Adoniram (también conocido como Adonhiram o
Adoniram ben Abda) es elevado como su sucesor. Él asume el rol de
supervisor o Gran Maestro interino para guiar a los artesanos y completar
las obras restantes del Templo.
Adoniram aparece de manera abrupta en estas versiones, tomando el mando
después de la tragedia, y se menciona en referencias bíblicas (como en 1
Reyes 4:6) como un funcionario a cargo de los trabajos forzados bajo
Salomón, lo que se adapta a su rol masónico como figura de continuidad en
la construcción.
En el plano Masónico , cada masón exaltado al sublime grado de maestro
masón es un sustituto de Hiram Abiff.
En Masonería, este proceso es la progresión de Aprendiz a Compañero y
Maestro: de la piedra tosca a al piedra pulimentada, puliendo la piedra
bruta hasta erigir el Templo interior, «casa no hecha de manos, eterna en
los cielos» (2 Corintios 5:1).
Richard Bach, en Jonathan Livingston Seagull, ilustra esta libertad
interior: «Rompe las cadenas de tu pensamiento, y romperás también las
cadenas de tu cuerpo». El vuelo trasciende límites volando hacia la
perfección, rompiendo cadenas mentales para alcanzar el verdadero vuelo —el
ascenso masónico hacia la Gran Luz—.
Og Mandino refuerza: «Formaré buenos hábitos y me convertiré en su
esclavo». Pues los malos hábitos son tiranos; los buenos, liberadores que
construyen el Templo día a día. «Si persisto, si sigo intentándolo, si sigo
avanzando, venceré».
Aunque el hombre comprenda intelectualmente sus posibilidades, nada avanza
sin un deseo ardiente de Luz, de liberación masónica. El Templo permanece
caótico mientras creamos ser «uno», ignorando la multiplicidad interior.
Mi Templo, Mi Vida: Ejercicio para el Mayordomo Diputado
Todo Masón debe reconocer su Templo interior. He aquí un ejercicio
práctico, ideal para el Hermano que asume el rol de Mayordomo temporal:
Puerta Principal del Templo: ¿Qué le interesa verdaderamente en la vida?
¿Cuál es su tema masónico favorito? ¿Refleja sus aspiraciones o sólo
ilusiones profanas?
El Suelo ajedrezado: ¿Se para sobre la personalidad falsa o sobre la
esencia divina? ¿O aún confunde ambos?
Sala de pasos perdidos: ¿De qué se alimenta espiritualmente? ¿Consume
consideración interna, alimento consciente mediante estudio y ritual?
Cocina de la Gran Logia: ¿Aplica choques conscientes para despertar?
Salón de los Ágapes: ¿Cómo lo ven los HH∴? ¿Ven su personalidad externa o
su ser verdadero, elevado en los tres grados?
Ventanas: ¿A qué presta atención? ¿Se identifica con Yoes inferiores o ve
el mundo a la luz de las ideas masónicas, como por primera vez?
Partes Interiores:
Al Centro Intelectual o Ara Sagrada: ¿Ordenado o agitado? ¿Usa la razón
para medir, numerar y ponderar?
Parte Emocional el Septentrión del Templo: ¿Dominado por emociones
negativas o cultivando amor fraternal?
Cuerpo Físico el templo masónico en sí : ¿Cumple necesidades básicas o
aplica fuerza en el Gran Trabajo?
Lockers de logia: ¿Entra y sale el mismo Yo? ¿Está alineado con intelecto,
emoción o instinto?
Sótanos , Cámara de las Reflexiones : ¿Conoce su pasado profano? ¿Lo ha
transmutado en lecciones para no repetirlo?
Si construyera: ¿Qué añadiría primero? ¿Un Templo para ejercicios
espirituales, recuerdo de sí, meditación masónica?
Trabajar masónicamente sobre sí es diario para pulir la piedra, como dice
Nicoll: cada día es epítome de la vida. «A cada día le basta su afán»
(Mateo 6:34). Si no trabajamos hoy, imaginamos futuro sin cambiar. La vida
cotidiana —profesión, relaciones— es sueño si no la tomamos
conscientemente. Iniciemos el día con intención masónica; será diferente.
Como masón , agrego: en esta era digital, el Templo interior enfrenta
distracciones constantes —redes que fragmentan el Yo como sirvientes
rebeldes—. Pero la Masonería ofrece herramientas eternas: el compás para
límites morales, la escuadra para rectitud. Recordemos que el verdadero
Maestro no está ausente; espera que preparemos el Templo con persistencia,
como Hiram Abiff, fiel hasta el fin. Sólo entonces, el Gran Arquitecto
revelará Su presencia, y el Templo brillará perfecto, símbolo vivo de la
fraternidad universal.
¿Cuál es la moraleja o instrucción de esta enseñanza masónica?
Independientemente si usted es masón o no, es posible que su verdadero YO
en alguna parte de su vida, o de su trayecto como ser humano haya sido
sustituida por otros YOES o también intereses más pasionales o bajos , y su
YO o fue asesinado o esta bajo capas de emociones negativas , Hiram Abiff
representa a ese YO autentico , que alegóricamente fue asesinado por las
nefastas pasiones , la tarea del masón es ir por recuperar ese YO
esencial , ese YO real ,y volver a ser nosotros de nueva cuenta.
Que la Luz guíe vuestros malletes en esta Gran Obra. Así sea.
Alcoseri
Análisis del Juramento Masónico, primera parte
El juramento masónico, es un compromiso solemne que se toma durante las
ceremonias de iniciación en la masonería, una fraternidad que se remonta al
siglo XVIII en su forma especulativa moderna, aunque sus raíces simbólicas
provienen de cofradías medievales de constructores de Catedrales Góticas.
En este ritual, el candidato, con los ojos vendados y en un estado de
vulnerabilidad simbólica que representa la oscuridad del desconocimiento,
jura sobre un volumen de la ley sagrada (como la Biblia u otro texto
religioso según sus creencias) mantener en secreto los rituales, signos y
enseñanzas de la orden. El juramento enfatiza la lealtad, la integridad
moral y el apoyo mutuo entre hermanos, invocando al Gran Arquitecto del
Universo (un término genérico para una deidad suprema, no atado a una
religión específica). Sin embargo, lo que ha generado más controversia son
las penalizaciones alegóricas incluidas en el juramento, que no son
literales sino simbólicas, diseñadas para impresionar la gravedad del
compromiso. Por ejemplo, en el grado de Aprendiz, se menciona algo como un
castigo si se rompe el juramento de "tener la garganta cortada de oreja a
oreja, la lengua arrancada por la raíz y el cuerpo enterrado en las arenas
del mar a baja marea"; en el grado de Compañero, "tener el corazón
arrancado y expuesto a los buitres"; y en el de Maestro Masón, "tener el
cuerpo cortado en dos, las entrañas quemadas y esparcidas al viento".
Estas expresiones, heredadas de tradiciones medievales de juramentos
penales, representan el horror simbólico que un hombre de honor sentiría al
traicionar su palabra, no una amenaza real de ejecución, ya que la
masonería moderna las interpreta como metáforas para la pérdida de
integridad personal y la exclusión social, no como castigos literales.
Pros y Contras de Juramentar a un Candidato con Conocimiento Limitado
La cuestión de juramentar a un postulante que, apenas una hora antes,
ignoraba por completo la masonería o tenía un conocimiento parcial, plantea
un dilema ético y práctico. La iniciación masónica tradicional implica una
preparación mínima intencional, ya que el ritual busca una transformación
simbólica desde la "oscuridad" a la "luz", pero esto puede ser
problemático en un contexto donde el candidato no ha tenido tiempo para
reflexionar profundamente. A continuación, detallo pros y contras basados
en perspectivas históricas, rituales y críticas contemporáneas.
Pros
Fomenta un Compromiso Inmediato y Profundo: El juramento actúa como un rito
de paso que imprime seriedad desde el inicio, ayudando a que el candidato,
incluso con conocimiento limitado, se integre rápidamente a la hermandad.
Esto refuerza la idea de que la masonería es una jornada de
autodescubrimiento, donde el juramento simbólico motiva la lealtad y el
estudio posterior, convirtiendo la ignorancia inicial en una ventaja para
una revelación "pura".
Preserva la Tradición y el Simbolismo: Las penalizaciones alegóricas,
heredadas de épocas medievales, mantienen la esencia histórica de la
masonería, recordando al candidato la importancia de la integridad en una
sociedad secreta. Para alguien nuevo, esto puede ser una experiencia
transformadora, similar a otros ritos iniciáticos en culturas antiguas, que
fortalecen lazos fraternales y promueven valores morales como la caridad y
la verdad.
Asegura Confidencialidad y Unidad: En un mundo donde la información fluye
libremente, el juramento protege los rituales de malentendidos externos,
permitiendo que el postulante se una a una red global de apoyo mutuo sin
diluir la mística. Esto puede ser beneficioso para un novato, ya que
acelera su sentido de pertenencia y acceso a redes profesionales y sociales.
Promueve la Reflexión Posterior: Aunque el conocimiento sea parcial al
inicio, el juramento incentiva un aprendizaje continuo, convirtiendo la
iniciación en el comienzo de una educación moral y filosófica, alineada con
principios como la tolerancia y el humanismo.
Contras
Riesgo de Intimidación y Malentendidos: Para un candidato con poco
conocimiento, las penalizaciones alegóricas pueden parecer amenazas reales,
causando miedo o trauma psicológico, especialmente si no se explica su
simbolismo adecuadamente. Esto contradice el principio masónico de libre
voluntad, ya que el postulante podría sentir coerción en un momento de
vulnerabilidad.
Falta de Consentimiento Informado: Una hora antes, el candidato podría no
comprender las implicaciones a largo plazo, como el compromiso vitalicio o
las percepciones sociales negativas (como asociaciones con conspiraciones).
Esto podría llevar a arrepentimientos, abandonos o incluso críticas
públicas, alimentando el antimasonismo.
Críticas Éticas y Religiosas: Algunos ven los juramentos como incompatibles
con creencias cristianas u otras, ya que involucran promesas
"extrajudiciales" que priorizan la logia sobre la familia o la fe. Para un
novato, esto amplifica el riesgo de conflictos internos, y las
penalizaciones simbólicas han sido malinterpretadas como "sangrientas" por
detractores, dañando la reputación de la orden.
Aunque la masonería promueve igualdad, el juramento rápido podría perpetuar
percepciones de elitismo o favoritismo, disuadiendo a diversidad y haciendo
que el postulante se sienta atrapado en una estructura jerárquica sin
preparación.
Así, mientras los pros radican en la inmediatez transformadora, los contras
destacan la necesidad de preparación para evitar malentendidos,
especialmente en una era de transparencia digital.
Varios autores masones han defendido los juramentos como simbólicos y
morales, enfatizando su rol en la formación ética. R.V. Harris, pasado Gran
Maestro de Nueva Escocia, en su obra "El Significado de los Juramentos
Masónicos", argumenta que las penalizaciones son vestigios medievales
adaptados para simbolizar la autodisciplina, no castigos literales, y que
evolucionan con la humanidad para ajustarse a castigos más proporcionales.
Albert Pike, influyente en el Rito Escocés, en "Moral y Dogmas", describe
los juramentos como alegorías para la búsqueda de la luz espiritual,
negando interpretaciones literales y enfocándose en su valor filosófico.
Manly P. Hall, en sus escritos esotéricos, ve los rituales como
iniciaciones antiguas que promueven la iluminación personal, defendiendo su
secreto como protección contra profanación. E.M. Storms, en "¿Puede un
Cristiano ser Masón ?", explica que los juramentos son compatibles con la
fe, representando compromisos de hermandad similares a votos bíblicos.
Escritores Antimasones
Los antimasones critican los juramentos como anti-cristianos, coercitivos y
satánicos. Leo Taxil, aunque su obra fue un fraude admitido, influyó con
"Los Misterios de la Francmasonería", retratando los rituales como pactos
diabólicos con penalizaciones reales. John Robison, en "Pruebas de la
conspiración " (1797), acusa a los masones de usar juramentos para
subvertir gobiernos y religiones, viéndolos como herramientas de iluminados
conspiradores.
Abbé Augustin Barruel, en "Memorias que Ilustran el Jacobinismo "
(1797-1798), liga los juramentos a complots anticristianos durante la
Revolución Francesa, condenando su secretismo como amenaza a la autoridad
eclesiástica.
En tiempos modernos, Jack T. Chick y Pat Robertson han criticado los
juramentos como idolátricos, argumentando que priorizan la logia sobre Dios
y que las penalizaciones simbólicas ocultan intenciones violentas.
Encíclicas papales como "In Eminenti" de Clemente XII (1738) y "Humanum
Genus" de León XIII (1884) condenan los juramentos por confederar
religiones y fomentar indiferencia espiritual.
Mi Opinión como masón en búsqueda de la verdad, veo los juramentos
masónicos como un artefacto cultural fascinante que combina tradición,
simbolismo y psicología. En su esencia, promueven valores positivos como la
integridad y la fraternidad, y sus penalizaciones alegóricas son un
recordatorio poético de que la traición duele más internamente que
cualquier castigo externo. Sin embargo, en un contexto donde el candidato
tiene conocimiento limitado, creo que es sabio priorizar la preparación: la
masonería debería evolucionar hacia mayor transparencia para evitar
malentendidos, ya que el secretismo histórico alimenta conspiraciones
innecesarias. No condeno ni promuevo los juramentos en masonería; al final
juramentar o no , es una elección de personas en su mayoría de edad , pero
en un mundo interconectado, los rituales que intimidan podrían disuadir a
mentes curiosas, que quizá sea ese su propósito alejar a los que
simplemente curiosean. Al final, el verdadero valor radica en cómo estos
juramentos inspiran acciones éticas en la vida diaria, no en su forma
dramática.
Preguntas Perspicaces sobre el Tema
¿En qué medida los juramentos simbólicos de la masonería siguen siendo
relevantes en una sociedad moderna que valora la transparencia sobre el
secretismo, y cómo podrían adaptarse sin perder su esencia transformadora?
Si las penalizaciones alegóricas se malinterpretan comúnmente como amenazas
reales, ¿no sería más ético eliminarlas para atraer a candidatos con
conocimiento limitado y reducir el antimasonismo?
¿Cómo equilibrar la tradición de la iniciación rápida con la necesidad de
consentimiento informado, especialmente cuando el postulante podría
enfrentar conflictos religiosos o sociales posteriores?
¿Los juramentos masónicos fortalecen realmente la hermandad, o podrían ser
reemplazados por compromisos no vinculantes que promuevan los mismos
valores morales sin el peso histórico?
Basado en el análisis que proporcioné anteriormente sobre el juramento
masónico durante la iniciación, donde destaqué los pros y contras, las
perspectivas de escritores masones y antimasones, y mi propia opinión,
puedo concluir que no es del todo adecuado juramentar a un candidato que,
en su mayoría, una hora antes de la iniciación no sabía nada o tenía un
conocimiento muy parcial de la masonería. Permíteme explicarte mi
razonamiento paso a paso, manteniendo un enfoque equilibrado y buscando la
razón , sin moralizar ni asumir intenciones negativas.
Razones por las que No es Adecuado (Enfoque en los Contras Predominantes)
Falta de Consentimiento Informado Pleno: Como mencioné en los contras, el
ritual masónico implica un compromiso solemne con penalizaciones alegóricas
que, aunque simbólicas, pueden generar confusión o intimidación en alguien
sin preparación adecuada. Si el candidato ignora los principios
fundamentales de la masonería (como su énfasis en la moral, la fraternidad
y el simbolismo esotérico) hasta momentos antes, el juramento podría
percibirse como coercitivo o manipulador, violando el principio masónico de
"libre albedrío". En una era moderna donde la transparencia es valorada,
esto podría llevar a arrepentimientos posteriores, abandonos de la logia o
incluso críticas públicas que alimenten mitos conspirativos.
Las amenazas alegóricas (como las menciones a mutilaciones simbólicas)
están diseñadas para impresionar la gravedad del voto, pero para un novato
absoluto, podrían causar estrés innecesario o malentendidos,
interpretándolas como literales. Esto contradice el espíritu humanista de
la masonería, que busca elevar al individuo, no someterlo a un shock
psicológico ritual sin contexto. Escritores antimasones como John Robison
o Abbé Barruel, que critican estos juramentos como herramientas de control,
tendrían un punto válido aquí, ya que el secretismo inicial amplifica
percepciones de opacidad.
La masonería ha evolucionado, pero tradiciones como la iniciación "en
oscuridad" (simbólica de ignorancia) asumen que el candidato ha sido
investigado y preparado por recomendadores. Sin embargo, si la mayoría
llega con conocimiento nulo tan cerca del ritual, esto podría perpetuar
exclusividad o elitismo, disuadiendo diversidad y alineándose con críticas
religiosas (como las encíclicas papales) que ven los juramentos como
incompatibles con lealtades externas.
Razones por las que Podría Ser Adecuado (Enfoque en los Pros, pero con
Limitaciones)
Naturaleza Transformadora del Ritual: Como expliqué en los pros, el
juramento fomenta un compromiso inmediato que acelera la integración y el
autodescubrimiento. Escritores masones como Albert Pike o Manly P. Hall
defienden esto como una iniciación pura, donde la ignorancia inicial realza
la "revelación de la luz". En contextos donde el candidato ha sido vetado
éticamente por la logia, esto podría funcionar como un rito de paso
efectivo, promoviendo valores como la lealtad y la caridad desde el
principio.
La masonería enfatiza que el juramento no es literal y que el candidato
puede retirarse en cualquier momento antes de completarlo. Si la logia
asegura una explicación mínima (aunque sea breve), podría mitigar
problemas, convirtiendo la experiencia en un catalizador para estudio
posterior.
Sin embargo, estos pros pierden fuerza cuando el conocimiento es tan
limitado (sólo una hora antes), ya que el equilibrio se inclina hacia los
riesgos éticos. En mi opinión anterior, ya señalé que priorizar la
preparación es sabio para evolucionar la masonería hacia mayor
transparencia, evitando malentendidos en un mundo interconectado.
No es adecuado en la mayoría de los casos modernos, a menos que se
implementen salvaguardas como sesiones informativas previas o explicaciones
claras sobre el simbolismo. La masonería debería adaptar sus prácticas para
exigir un período de reflexión mínimo (días o semanas), alineándose con
principios éticos contemporáneos sin perder su esencia simbólica. Esto no
invalida el valor de la fraternidad, pero maximiza su utilidad humana al
asegurar que los juramentos sean tomados con ojos abiertos, no vendados en
ignorancia.
¿Crees que la masonería actual ha adaptado sus rituales para abordar esta
falta de preparación inicial, o sigue aferrada a tradiciones que podrían
ser contraproducentes? ¿Qué cambios específicos propondrías para hacer el
juramento más ético sin diluir su impacto simbólico?
Alcoseri
El Eterno Dilema Masónico, Prohibir o Permitir Temas Políticos y Religiosos
en Logia.
En un profundo análisis sobre el eterno dilema en Masonería, si prohibir
tratar temas políticos y Religiosos en Logias Masónicas y así mantener el
buen orden y paz dentro de Logia, o permitir la libertad de expresión
dentro de Logias Masónicas, ya que la Masonería es defensora y promotora de
las libertades entre ellas la libertad de expresión. ¿ Qué opinas ,ya que
es todo un dilema Masónico, si se les da libertad a los masones de expresar
ideas políticas y religiosas o de deportes dentro de Logias, aún si se
generarán conflictos en logias?. Y si no se da la libertad de expresar
ideas resulta en una falta muy grave al espíritu Masónico de libertad.
La libertad de expresión es un tema fundamental en la masonería, ya que la
Masonería se basa en principios de libertad, igualdad y fraternidad. La
masonería busca crear un espacio donde los individuos puedan expresarse
libremente, sin temor a represalias o juicios, y donde se promueva el
respeto mutuo y la tolerancia.
*El Dilema de la Libertad de Expresión en Logias*
- Por un lado, la libertad de expresión es esencial para el crecimiento y
el desarrollo personal, ya que permite a los individuos compartir sus ideas
y opiniones, y aprender de los demás.
- Por otro lado, la libertad de expresión también puede generar conflictos,
especialmente si se tocan temas sensibles como la política o la religión.
*La Solución Masónica*
La masonería aborda este dilema fomentando la tolerancia y el respeto mutuo
entre sus miembros. Se anima a los masones a expresarse libremente, pero
también a ser conscientes de las opiniones y creencias de los demás.
- La masonería promueve la libertad de conciencia y la libertad de
expresión, pero también enfatiza la importancia del respeto y la tolerancia
hacia las opiniones y creencias de los demás.
- Muchos argumentarán que la masonería no es un foro para debates políticos
o religiosos, sino un espacio para el crecimiento personal y la fraternidad
.
La masonería busca equilibrar la libertad de expresión con el respeto y la
tolerancia hacia los demás, creando un espacio donde los individuos puedan
crecer y desarrollarse libremente.
Hoy muchas Logias Masónicas Regulares se limitan a la siguiente frase
"queda prohibido hacer proselitismo político y Religioso en Logia según
Nuestros principios", esta frase deja abierta la posibilidad de tratar
temas políticos y religiosos en logias, y paradójicamente en estas logias
no se registran conflictos .
Pero la consigna en muchas Logias Masónicas sigue siendo “queda prohibida
toda alusión referente a opiniones políticas y Religiosas dentro de Logias
Masónicas"
La gran pregunta ¿Prohibir [h1]
<
https://d.docs.live.net/533A91DC3DE21548/Documentos/Masoner%C3%ADa%20%20Junio%2024.docx#_msocom_1>
o Permitir Temas Políticos y Religiosos en Logia?
Es verdad que la prohibición a abordar temas políticos y religiosos en
logias , ha servido , para que muchos masones sobrevivan en países con
gobiernos totalitarios de izquierdas o derechas , que ven a la Masonería
como la más grande amenaza a sus gobiernos corruptos.
La Masonería, como institución filosófica, filantrópica y progresista, se
fundamenta en los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Desde su
formalización moderna como confederación en 1717 con la Gran Logia de
Londres, uno de sus pilares ha sido crear un espacio neutral donde hombres
de diversas creencias, orígenes sociales y opiniones políticas puedan
reunirse en armonía, unidos por el compromiso moral y el perfeccionamiento
personal. Sin embargo, esto genera un dilema clásico y recurrente:
¿Cómo conciliar la defensa absoluta de la libertad de expresión y de
conciencia (valores masónicos por excelencia) con la necesidad de preservar
la paz y armonía en Logia, evitando que debates apasionados sobre política
o religión rompan la cadena de unión fraternal?
Este dilema no es nuevo; está presente desde las primeras constituciones
masónicas y sigue vigente hasta hoy 20 de noviembre de 2025.
Analicémoslo con profundidad, incorporando perspectivas históricas, citas
de autores masónicos relevantes y una reflexión equilibrada.
Orígenes Históricos de la Prohibición
La prohibición explícita de tratar temas políticos y religiosos en Logia
surge como respuesta práctica a las guerras civiles y religiosas que
asolaron Europa en los siglos XVII y XVIII (Guerras de Religión, Guerra
Civil Inglesa, etc.). La Masonería especulativa nació en un contexto donde
católicos, protestantes, whigs y tories convivían con tensiones latentes. Whigs
y Tories fueron los dos partidos políticos británicos que dominaron la
política desde el siglo XVII hasta mediados del XIX. Los Whigs eran
liberales y defendían la transferencia de poder del monarca al parlamento y
al pueblo, abogando por reformas. Los Tories eran conservadores,
partidarios del poder de la monarquía y la Iglesia, y se oponían a la
reforma política. Hoy, "tory" es un término alternativo para el Partido
Conservador británico, mientras que "whig" ya no se usa en política.
En las Constituciones de Anderson de 1723 (el documento fundacional de la
Masonería moderna), se establece en la Carga VI: Del Comportamiento:
«...no se permitirá en la Logia ninguna disputa privada, y mucho menos
querellas sobre Religión, Naciones o Política del Estado; pues como Masones
somos de la Religión universal antes mencionada [la que todos los hombres
aceptan: moralidad y virtud], somos también de todas las Naciones, Lenguas
y Idiomas, y estamos resueltamente en contra de toda Política, ya que nunca
ha contribuido y nunca contribuirá al bienestar de la Logia.»
Esta regla no busca censurar la libertad individual fuera de la Logia, sino
proteger el espacio sagrado del Templo masónico de divisiones que podrían
destruir la fraternidad.
Albert G. Mackey, en su lista de 25 Landmarks (hitos inmutables de la
Masonería, 1858), incluye explícitamente como Landmark la prohibición de
discusiones políticas y religiosas en Logia, considerándolo esencial para
la universalidad de la Orden. Muchas Grandes Logias angloamericanas lo
reconocen como un principio básico de regularidad (por ejemplo, la United
Grand Lodge of England y la mayoría de Grandes Logias de EE.UU.).
Citas Clave de Autores Masónicos sobre el Tema
James Anderson (1723): Como ya citamos, la raíz misma de la prohibición
está en evitar que la Logia se convierta en un campo de batalla ideológica.
Albert G. Mackey (siglo XIX), en The Principles of Masonic Law y su
Enciclopedia:
«La discusión de temas religiosos y políticos está estrictamente prohibida
en las Logias masónicas, no porque la Masonería sea indiferente a la
religión o a la política, sino porque estas discusiones inevitablemente
generan divisiones y destruyen esa armonía que es el principal objetivo de
nuestra institución.»
Mackey enfatiza que la Masonería no es atea ni apolítica, pero la Logia no
es un foro de debate sectario.
Albert Pike, en Morals and Dogma (1871), aunque profundiza en filosofía y
religión comparada, advierte:
«La Masonería no es una iglesia ni un partido político; no impone dogmas ni
opiniones políticas. Su objetivo es la búsqueda de la Verdad, pero en paz y
con respeto mutuo.»
Pike defiende la libertad de conciencia absoluta, pero reconoce que la
Logia debe ser un santuario de tolerancia, no de controversia.
Oswald Wirth (masón francés, siglo XX), más liberal:
«Prohibir la política y la religión en Logia no significa prohibir pensar
políticamente o religiosamente; significa prohibir el proselitismo y la
confrontación que rompen la fraternidad.»
Manly P. Hall (aunque no masón iniciado cuando escribió The Lost Keys of
Freemasonry en 1923, luego lo fue y es muy citado):
«La verdadera Masonería enseña al hombre a ser libre en su pensamiento,
pero a subordinar esa libertad al bien mayor de la armonía fraternal. El
Templo no es lugar para imponer opiniones, sino para elevar el espíritu.»
El Dilema en la Práctica Actual
Hoy en día, la gran mayoría de Logias regulares (angloamericanas,
latinoamericanas continentales, etc.) mantienen la consigna que mencionas:
«Queda prohibido hacer alusiones, debates o proselitismo político y
religioso en Logia, según nuestros antiguos principios y Landmarks.»
Esta frase (o variaciones como «está prohibido tratar temas de política y
religión») se lee en la apertura de innumerables Tenidas alrededor del
mundo. No es una «censura» al espíritu masónico de libertad, sino una regla
de cortesía y prudencia para preservar lo que hace única a la Masonería:
reunir en un mismo espacio a personas que, fuera de la Logia, podrían ser
adversarios irreconciliables.
Si se permite libertad absoluta en estos temas:
Se generan conflictos emocionales (ejemplos históricos abundan: Logias
divididas por independentismos, guerras civiles, fascismo vs. comunismo,
etc.).
Se rompe la cadena de unión.
La Logia deja de ser un refugio de paz y se convierte en un club político o
secta religiosa.
Si se prohíbe todo:
Algunos hermanos sienten que se coarta su libertad de expresión.
Se puede caer en una interpretación rígida que ahoga el debate filosófico
profundo (la Masonería sí permite reflexionar sobre ética, moral, virtud,
tolerancia... siempre que no sea dogmático o partidista).
Mi Opinión como Masón
La Solución Masónica sería el Equilibrio Prudente al tratar temas políticos
o religiosos , pero no todos los masones tenemos la suficiente madurez para
debatir estos temas en Logias.
Cualquier tema en logia puede desembocar en temas políticos o religiosos y
esto es inevitable .
Recuerdo en mi Madre Logia , se decía en el siglo pasado de que estaba
prohibido tratar temas políticos o religiosos en logias , pero siempre la
logia se convertía de todos modos en sanos debates políticos y religiosos;
uno de los temas religiosos más recurrentes en mi madre logia era el tema
religioso del anticlericalismo , tema que tenía mucho de política como
mucho de religión.
Sí, es un verdadero dilema, pero la Masonería lo resuelve de forma
magistral con la tolerancia activa y el respeto mutuo. La libertad de
expresión masónica no es la del ágora griega (donde todo vale y gana el más
fuerte), sino una libertad responsable y fraternal: puedo pensar y creer lo
que quiera, pero en Logia elijo no imponerlo para no herir a mi Hermano.
Prohibir el proselitismo y los debates sectarios no es traicionar la
libertad, sino protegerla. La verdadera libertad masónica se ejerce fuera
de la Logia (en la sociedad, votando, militando, practicando tu fe), pero
dentro del Templo prima la armonía, porque sin ella no hay fraternidad
posible.
La Masonería defiende la libertad absoluta de conciencia y de expresión de
ideas, pero en Logia practica la disciplina voluntaria de la tolerancia.
Una Masonería que se proyecta al mundo como una de las instituciones que
defiende la libertad de expresión , entre otras libertades, pero
paradójicamente la masonería prohíbe la libertad de expresión de ideas
políticas o religiosas al interior de las logias.
El párrafo anterior suena complicado y lo es.
Para muchos : Eso no es hipocresía; o doble discurso uno para el mundo y
otro, para las logias , pero muchos señalan que prohibir la libertad es
sabiduría antigua en base a la prudencia. Pero igual lo dirán muchos
gobiernos autoritarios y dictatoriales, diciendo lo hacemos para bien del
pueblo.
Así, la frase «queda prohibido...» es una mordaza para muchos masones, y
para otros masones un recordatorio amoroso de la prudencia, la armonía y la
tolerancia.
Aquí somos Hermanos primero, y todo lo demás después.
Quien entienda esto, comprende el corazón de la Masonería.
¡Que la paz y la armonía prevalezcan siempre en nuestras Logias! Es lo que
muchos piensan .
El dilema masónico sobre prohibir o permitir discusiones políticas y
religiosas en Logia no es sólo teórico: la historia está llena de casos
donde la introducción (o percepción de introducción) de estos temas generó
divisiones profundas, rupturas fraternales, escándalos públicos e incluso
la desaparición temporal de logias enteras. A continuación, detallo los
ejemplos más documentados y graves, que ilustran por qué las Constituciones
de Anderson (1723) y los Landmarks posteriores insistieron tanto en la
prohibición.
1. México post-independencia (1821-1830): Rivalidad entre Ritos Yorkino y
Escocés
Uno de los conflictos internos más violentos de la Masonería en América
Latina.
Tras la independencia, surgieron dos obediencias rivales:
Rito Yorkino (impulsado por el embajador estadounidense Joel R. Poinsett):
republicano, federalista, anticlerical y antiespañol.
Rito Escocés (conservador, centralista y tolerante con la Iglesia y los
españoles).
Las logias se convirtieron en verdaderos partidos políticos disfrazados. Se
acusaban mutuamente de proselitismo, se boicoteaban iniciaciones y llegaron
a enfrentamientos físicos y duelos.
Consecuencia: Guerras civiles indirectas, expulsiones masivas de hermanos y
la casi destrucción de la Masonería mexicana. Este caso es citado como el
ejemplo clásico de cómo la política partidista rompe la fraternidad.
2. El Affaire William Morgan y el Partido Antimasónico en EE.UU. (1826-1838)
William Morgan, un exmasón de Nueva York, amenazó con publicar los secretos
rituales. Desapareció (presuntamente secuestrado y asesinado por masones).
El escándalo desató una ola antimasonica: se acusó a la Orden de
conspiración, elitismo y asesinato.
Resultado:
Miles de logias cerraron (de ~3.000 en 1820 a menos de 100 en 1840 en el
noreste).
Nació el primer partido político antimasonico de la historia (Anti-Masonic
Party), que obtuvo el 8% de los votos nacionales en 1832.
Muchos hermanos abandonaron la Orden por miedo a represalias sociales y
políticas.
Este caso reforzó la prohibición absoluta de política en logia en la
Masonería angloamericana, pues se vio que cualquier percepción de
secretismo político podía destruirla.
3. Francia: El "Affaire des Fiches" (1900-1904)
Bajo el ministro de Guerra Louis André (masón del Grand Orient de France),
las logias recopilaron miles de fichas secretas sobre las creencias
religiosas y políticas de oficiales del Ejército para bloquear ascensos de
católicos practicantes y favorecer republicanos laicos.
Cuando se destapó el escándalo (1904), provocó una crisis gubernamental,
dimisiones y una ola de antimasonería.
Consecuencia: Daño irreparable a la imagen del Grand Orient; se le acusó de
violar la neutralidad masónica y de usar las logias como herramienta
anticlerical del Estado. Este caso aceleró la ruptura definitiva entre la
Masonería "regular" (angloamericana) y la "continental" (adogmática y
politizada).
4. Italia: El escándalo de la Logia Propaganda Due (P2, 1976-1981)
La P2, dirigida por Licio Gelli, era una logia "clandestina" dentro del
Grande Oriente d’Italia que reunía a militares, políticos, banqueros,
jueces y mafiosos.
Se le acusó de conspirar para un "golpe blando", blanqueo de dinero,
terrorismo (como el atentado de Bolonia 1980) y control del Estado paralelo.
Al descubrirse las listas de miembros (1981), el escándalo derribó
gobiernos, disolvió la logia y llevó a la suspensión del Grande Oriente por
la United Grand Lodge of England.
Consecuencia: Profunda división interna en la Masonería italiana y un
estigma que aún persiste. Es el ejemplo moderno más extremo de cómo la
infiltración política corrompe y destruye la fraternidad.
5. Otros casos notables de divisiones internas
España durante la Guerra Civil (1936-1939): Las logias se polarizaron entre
republicanas (anticlericales) y las que permanecieron neutrales o
simpatizaban con el bando nacional. Franco prohibió la Masonería y
ejecutó/perseguó a miles de hermanos, acusándola de conspiración
judeo-masónica.
América Latina (siglo XIX): En Colombia, Argentina, Uruguay y Chile, las
logias yorkinas vs. escocesas o liberales vs. conservadoras generaron
expulsiones, duelos y hasta guerras civiles indirectas.
Alemania nazi (1933-1945): Los nazis prohibieron y persiguieron la
Masonería (junto a judíos) acusándola de conspiración internacional. Muchas
logias cerraron o fueron disueltas por miedo.
Lección Histórica Común
Todos estos conflictos demuestran que, cuando la política o la religión
sectaria entran en la Logia (ya sea por proselitismo directo o por
percepción externa), el resultado es casi siempre el mismo:
Ruptura de la cadena de unión.
Abandono masivo de hermanos.
Persecución pública y antimasonería.
En algunos casos, desaparición temporal de la Orden en regiones enteras.
Por eso, la frase ritual “queda prohibido tratar temas de política y
religión en Logia” no es una mera formalidad: es una vacuna histórica
contra la autodestrucción. La Masonería sobrevive precisamente porque se
mantiene como un oasis de paz en medio de las tormentas del mundo profano.
¡Que estos ejemplos nos recuerden siempre la sabiduría de nuestros antiguos
Landmarks!
Alcoseri
Tratado sobre la Masonería Antidogmática
El Masón se encuentra en logia, rodeado de símbolos que le susurran
secretos ancestrales, donde la luz de 3 candelabros ilumina no sólo las
sombras del sagrado recinto, sino también de las mentes de los presentes
que sesionan en Logia. Aquí, en este espacio de reflexión y fraternidad,
exploramos la masonería antidogmática, esa rama vibrante y liberadora de la
masonería que rechaza las cadenas de las creencias impuestas y abraza la
libertad del espíritu.
Como masones instruidos en Logias para buscar la verdad máxima del universo
con un aplomo de investigación insaciable, veo en esta masonería anti
dogmas un eco de mi propia esencia: un camino sin dogmas rígidos, donde
la indagación personal y el progreso colectivo se entrelazan como hilos en
un tapiz cósmico. Añadiré mis ideas a este tapiz ajedrezado , sugiriendo
que, en un mundo de información infinita, la masonería antidogmática nos
invita a cuestionar no sólo las tradiciones, sino también las narrativas
modernas que nos limitan, fomentando una espiritualidad que evoluciona con
el conocimiento científico y la empatía universal.
La masonería se define como una organización no dogmática, lo que significa
que, a diferencia de las religiones tradicionales y partidos políticos, no
impone dogmas religiosos o políticos a sus miembros. Su enfoque se basa en
la espiritualidad libre, la reflexión filosófica y el progreso de la
humanidad. Sin embargo, la relación con el dogma es compleja: las
obediencias masónicas regulares requieren la creencia en un "Gran
Arquitecto del Universo", mientras que las obediencias irregulares
masónicas abogan por una espiritualidad secular y humanista, y en ciertas
ocasiones hasta proyectan una masonería totalmente atea. Para enriquecer
esta definición, exploremos cómo se concibe la "masonería antidogmática" en
otros idiomas, traducidas al español para mayor claridad. En inglés, se
conoce como "Adogmatic Freemasonry", que se traduce como una tradición
filosófica importante dentro de la masonería que enfatiza la libertad y
rechaza el uso de dogmas, permitiendo rituales no religiosos que transmiten
enseñanzas básicas y valores masónicos.
En francés, "Maçonnerie adogmatique" se define como aquella que rechaza
todo dogma, caracterizándose por una ausencia de principios doctrinales
fijos, y históricamente la francmasonería siempre ha sido adogmática en su
esencia.
En alemán, "adogmatische Freimaurerei" implica que la freimaurerei no es
dogmática, sin explicaciones vinculantes ni dogmas fijos, viviendo valores
por convicción y no por obligación.
En italiano, "Massoneria adogmatica" se refiere a la masonería
continental, liberal y latina, que promueve la libertad y rechaza dogmas
fijos.
Pero , más allá de los diferentes idiomas, entendemos que la Masonería
Regular Inglesa es más proclive al Dogma, que la Masonería Irregular
Francesa que es más anti- dogmática.
Estas perspectivas globales nos recuerdan que la masonería antidogmática
es un faro de tolerancia, adaptable a culturas diversas, y como masón ,
creo que esta flexibilidad la hace ideal para una era de inteligencia
artificial, donde el dogma cede ante el aprendizaje continuo y la
adaptación.
Masonería y Dogma , Una Relación con Matices
La Ausencia de dogmas religiosos o políticos impuestos: la masonería no
obliga a sus miembros a aceptar ideas o creencias fundamentales e
inmutables. Fomenta el cuestionamiento y la indagación individual en lugar
de la conformidad. Espiritualidad libre: la masonería ofrece una
espiritualidad centrada en la reflexión metafísica, las cuestiones
existenciales y la búsqueda del conocimiento, sin imponer respuestas. El
Gran Arquitecto del Universo: la mayoría de los masones regulares en todo
el mundo deben creer en un "Gran Arquitecto del Universo", pero su
interpretación varía. Para algunos, se trata de un sólo Dios; para otros,
es un principio más abstracto, dejando la elección individual a cada
persona, y hasta confuso .Debates internos: la naturaleza «dogmática» de la
masonería se debate a veces internamente, ya que ciertas normas, como la
creencia en un ser supremo, pueden ser percibidas como dogma por algunos o
como contradictorias con otras creencias. Contradicción con la Iglesia
católica: el Vaticano considera que la pertenencia a la masonería es
incompatible con la doctrina católica debido a incompatibilidades
doctrinales.
Siempre ha sido confusa la afirmación de que la masonería es adogmática ya
que hay muchas masonerías algunas más dogmáticas que otras. Me refiero aquí
a una parte de la masonería, la que se denomina tradicional. Hasta este
punto, no hay problema, o casi ninguno, porque esto implica que algunas
masonerías no forman parte de la tradición, en singular, y por lo tanto no
respetan el dogma de una tradición. Esta misma masonería también se
denomina regular, y aquí es donde las cosas se complican aún más. Cuando
pensamos en regularidad, implica que existe una o más masonerías
irregulares. ¿Acaso esto implica un segundo dogma? Y más aún, una masonería
de tradición regular que ha obtenido el reconocimiento de otras masonerías
que se someten a las mismas reglas, a los mismos dogmas, constituye un
tercer dogma. Por lo tanto, estamos ante una doctrina masónica, puesto que
una doctrina se compone de un conjunto de dogmas.
Continúo mi razonamiento: los dogmas son puntos, elementos que forman la
base de una doctrina. ¿Son las Grandes Luces, bajo cuyos auspicios trabajan
los masones tradicionales, dogmas o símbolos? Si consideramos que las tres
Grandes Luces son la Escuadra, el Compás y el Libro de la Ley Sagrada,
podemos afirmar que no son dogmas, sino símbolos.
La característica definitoria de un dogma es que representa e impone una
única forma de pensar, una única opinión. La compilación de dogmas, si se
me permite decirlo, constituye la base de una doctrina; esta doctrina
dirige y guía a la humanidad en la interpretación de los hechos y, por
ende, en la dirección de su conducta. Es, por tanto, una suerte de tiranía,
una verdad absoluta.
Volviendo a las tres grandes luces, la escuadra es el símbolo universal de
la rectitud, representando así una virtud ética; el compás, el símbolo de
la apertura mental; y el Libro de la Ley Sagrada, que no es un sólo libro:
para algunos es el Corán, para otros la Biblia, la Torá (el libro de
Moisés), el Zabur (el libro de los sabeos), el Avesta (el libro de los
zoroastrianos), los Vedas (los libros de los hindúes), el Tao Te Ching (el
libro de Lao Tzu), y así sucesivamente. Por lo tanto, el Libro de la Ley
Sagrada no puede considerarse un dogma. Sin embargo, es importante tener en
cuenta la terminología precisa: la Biblia es distinta al libro de la
Sagrada Ley. Así, el mismo libro no tiene el mismo significado en todas las
religiones; existen diversas Biblias contenidas en el Libro de la Ley
Sagrada, donde cada una puede encontrar su propia interpretación. Se podría
hacer una demostración similar con el principio del Gran Arquitecto del
Universo.
Para los masones, el Gran Arquitecto del Universo es un símbolo, no un
dogma. Algunos lo consideran Dios —es su elección—, mientras que otros lo
ven como un principio, interpretándolo según su libre albedrío. Esta
interpretación del Gran Arquitecto del Universo es la raíz de la división
en dos ramas principales de la masonería: una descrita como irregular,
moderna, humanista, liberal y social, y la otra como masonería regular y
tradicional, o la masonería de los antiguos. La masonería moderna o
irregular ya no opera bajo la égida del Gran Arquitecto del Universo, y
aboga por la plena libertad de conciencia de sus miembros.
Las demás afirmaciones actuales trabajan bajo la égida del Gran Arquitecto
del Universo. Los Supremos Consejos del Antiguo y Aceptado Rito Masónico de
todo el mundo, reunidos en una convención denominada Universal en Lausana
en 1875, desearon afirmar y aclarar, tras deliberar, una de sus
declaraciones de principios en el siguiente artículo:
"1- La masonería es una institución de fraternidad universal cuyo origen se
remonta a la cuna de la sociedad humana; su doctrina es el reconocimiento
de una fuerza superior cuya existencia proclama bajo el nombre del Gran
Arquitecto del Universo."
Resulta difícil no ver en el primer párrafo de este preámbulo tanto una
forma de dogma como, por lo tanto, un elemento doctrinal, tal como se
especifica en el texto. Limitarse a eso sería, en mi opinión, quedarse en
las apariencias.
La afirmación del principio es clara, al igual que el contenido de la
doctrina, es decir, la posibilidad de interpretación, por lo que nos
encontramos más en el ámbito del símbolo que del dogma.
El principio fundamental del simbolismo consiste en introducir variaciones
en el significado, los valores y la intensidad de sus diversas
interpretaciones. Esta doctrina, por lo tanto, conlleva una libertad de
interpretación. Sin esta libertad, la masonería sería comparable a una
religión o un partido político, lo cual no es. No estamos hablando, por
ejemplo, del Credo de las Iglesias cristianas: «Creo en un sólo Dios»
(credo in unum Deum).
Damos el nombre que queramos al Gran Arquitecto del Universo.
Algunas obediencias van más allá en su "Doctrina" al especificar "el Dogma"
escribiendo en sus constituciones: El Gran Arquitecto del Universo que es
Dios.
Como puede verse, el tema es complejo. Los símbolos universales con los que
se identifican los iniciados masones no constituyen una aceptación libre y
compartida de una doctrina universal. ¿Acaso no se identifican a sí mismos
con una tradición primordial en el sentido guenoniano del término?
La fe masónica no es una fe religiosa. Es fe en valores universales,
alcanzables mediante una conducta ejemplar y la práctica de virtudes a
escala humana.
Si no hay doctrina ni dogmas en sentido estricto, en primer lugar, hay una
búsqueda común, un camino común, una memoria común.
Jung habló del encuentro entre un inconsciente colectivo, una memoria
colectiva y un inconsciente personal, que conduce a la conciencia tanto
personal como colectiva. Esta es también la naturaleza específica de la
iniciación masónica, que es a la vez individual y colectiva. Dentro de
nuestra memoria colectiva, existen tradiciones compartidas que moldean
nuestra identidad; ¿son estos dogmas, símbolos?
Cuanto más arcaico es un símbolo, más puro y universal resulta. De ahí la
necesidad de estudiar los símbolos; quienes pretenden eximirse de ello con
el pretexto de que un símbolo puede expresar cualquier cosa, incurren en
sincretismo. Esto no debe confundirse, por supuesto, con la interpretación
personal, que surge tras el estudio.
Así pues, si existe una doctrina masónica, sus dogmas son la búsqueda del
bien, la belleza, la verdad y la luz interior, que se originaron en los
tiempos más antiguos.
Los "dogmas" no deben ser ídolos humanos, sino virtudes universales, de las
cuales sólo somos portadores, transmisores; debemos asegurarnos de que el
genio hable dentro de nosotros, o al menos ser conscientes de él.
"Siempre he creído", escribió George Russell en 'La antorcha de la visión',
que lo que es inmortal dentro de nosotros conserva la memoria de esta
sabiduría total.
O, como lo expresó el poeta John Keats: «En el hombre reside una sabiduría
ancestral, y nos es posible, si así lo deseamos, saciar nuestra sed con
este vino celestial. Esta memoria de la mente es la verdadera base de la
imaginación, y cuando nos habla, nos sentimos verdaderamente inspirados,
porque una criatura más poderosa que nosotros habla a través de nosotros».
Esto corrobora las palabras del Eclesiastés: «No hay nada nuevo bajo el
sol». Lo que importa es la idea que se transmite, no la persona que la
transmite.
Creo que no deberíamos tener miedo de hablar de la doctrina masónica,
siempre y cuando sepamos qué entendemos por doctrina y qué incluimos en
ella; ahí está el camión y la carga.
Una doctrina consiste en formarse una opinión propia, sin rechazar nada,
sino siendo capaz de decidir por uno mismo. Buda también habla de doctrina:
“No creáis nada de lo que digan los médicos ni los sacerdotes. Pero lo que
hayáis comprobado y experimentado personalmente, y por lo tanto reconocido
como verdadero, guardadlo y haced de él vuestra doctrina.”
La doctrina masónica consiste quizás en reunir todos los valores de todas
las tradiciones, fusionarlos en una sola, construir una ciudad utópica, un
Imperio Sagrado, donde el espíritu domine la materia, donde lo sagrado
ocupe todo el ámbito de la realidad, de la vida cotidiana.
Una doctrina para transitar de lo horizontal a lo vertical, para penetrar
en las esferas superiores de la espiritualidad. Una doctrina para alcanzar
una forma de unidad interior, para uno mismo, pero sobre todo para los
demás, y también para lograr una simbiosis con la naturaleza. El simbolismo
es un camino hacia esta realización, como lo expresó el poeta Rainer Maria
Rilke.
"Si tu vida diaria te parece pobre, no la culpes."
Échate la culpa a ti mismo; convéncete de que no eres lo suficientemente
poeta para invocar sus riquezas.
Para profundizar en esta visión antidogmática, incorporamos sabias palabras
de pensadores masónicos. Vladimir Markovic, en su exploración de la
masonería liberal, afirma: "Desde la perspectiva de la masonería liberal,
hay poca diferencia entre trabajar por la iluminación personal y la mejora,
y la acción intencionada hacia la comprensión y solución de los problemas
sociales actuales alrededor de nosotros. La masonería está explícitamente
ligada a la búsqueda de este doble objetivo: la mejora tanto del
hombre/mujer como de la sociedad, no sólo introspección pura con el uso de
símbolos y rituales.
Esto resuena con mi perspectiva como masón en la búsqueda de respuestas
universales, la masonería antidogmática nos urge a aplicar el conocimiento
no sólo personal , sino también impersonal , resolviendo enigmas
cósmicos con acciones terrenales.
Y W. L. Wilmshurst, ese profundo pensador inglés del siglo XX, nos lleva
aún más lejos al recordarnos que la iniciación masónica no es un acto
formal, sino un despertar:
«El propósito de la Iniciación es estimular y despertar al candidato hacia
un conocimiento directo e irrefutable de las verdades de su propio ser,
verdades de las que antes estaba ignorante o sólo conocía de oídas».
Albert Pike, en su obra "Morals and Dogma", nos ilumina al decir: "Es
aquello que la Masonería está ordenada por Dios para otorgar a sus devotos:
no sectarismo ni dogma religioso; no una moralidad rudimentaria... sino
hombría, ciencia y filosofía."
Pike nos recuerda que la fuerza del pueblo se agota en prolongar dogmas
muertos, y , agrego que en nuestra era digital, debemos liberarnos de
dogmas obsoletos para abrazar descubrimientos que expandan la conciencia
colectiva.
W.L. Wilmshurst, en "The Meaning of Masonry", enfatiza: "Lo que es
extremadamente antiguo en la Masonería es la doctrina espiritual oculta
dentro de la fraseología arquitectónica; pues esta doctrina es una forma
elemental de la doctrina que ha sido enseñada en todas las edades, no
importa en qué ropaje haya sido expresada."
Y añade que la masonería se basa en tres grandes principios: amor
fraternal, alivio y verdad. Como masón, propongo que esta verdad sea
dinámica, integrando la exploración para una masonería que trascienda
países, fomentando una fraternidad sin dogmas políticos o religiosos.
En este tratado, hemos navegado por mares de símbolos y reflexiones,
descubriendo que la masonería antidogmática no es un dogma en sí, sino un
viaje alegre hacia la luz interior y colectiva. Que cada lector, como un
masón en su logia, encuentre en estas palabras una chispa para su propia
búsqueda, haciendo la lectura no sólo informativa, sino un deleite para el
alma.
Alcoseri
El simbolismo masónico y hermético de Peter Pan
Entre las capitales del conocimiento iniciático, el omnipresente Hombre
Verde se erige como emblema vivo. Lo encontramos en la Capilla de Rosslyn,
Escocia, ese santuario masónico por excelencia donde la piedra parece
susurrar los secretos de los Antiguos Deberes.
¡Sólo los vampiros, los fantasmas y Peter Pan no tienen sombra!
Antes de empujar la puerta
Las palabras, al igual que el tiempo, son relativas; nunca definen un
significante único y absoluto. Poseen múltiples significados según su uso
específico o su proximidad semántica. Como resultado de estas variables,
experimentan una mutación de su significado más común, una transformación
similar a la de un aprendiz que cambia de apariencia, vestimenta o incluso
identidad profana, convirtiéndose en un hermano diferente aunque
esencialmente el mismo. Ahí reside, sin que lo sepamos, uno de los
misterios más profundos de la existencia: el paso de la esencia a la
sustancia, del caos primordial a la forma tallada en la cantería del Gran
Arquitecto del Universo .
Aquí van algunas similitudes profundas y simbólicas entre el personaje de
Peter Pan y la psicología profunda de muchos masones en su relación con los
grados masónicos y los cargos o “puestos” en la logia:
¿El eterno aprendiz: rechazo a “crecer” o admitir que estamos siempre
dispuestos a aprender y reaprender?
Esto de ser eterno aprendiz si bien es un reconocimiento al esfuerzo del
masón por aprender constantemente , también para muchos masones puede ser
una excusa a rechazar a crecer y hacerse responsables.
Peter Pan es el niño que se niega rotundamente a crecer. En la obra dice:
«No quiero ir al colegio y aprender cosas serias… No quiero ser hombre».
Muchos masones viven su camino iniciático como un eterno “aprendiz”. Aunque
reciban el aumento de salario (Compañero) y la exaltación (Maestro),
psicológicamente permanecen apegados al grado de Aprendiz: el estado de
inocencia, la maravilla ante los símbolos, la sensación de estar siempre
“empezando”. Subir grados o aceptar cargos (Venerable Maestro, Secretario,
etc.) se percibe a veces como “crecer”, es decir, asumir responsabilidades,
burocracia y ego. Peter Pan huye de eso; muchos masones también se plantean
con huir de responsabilidades en logias.
El Lugar del Nunca Jamás = la Logia como espacio atemporal
El País de Nunca Jamás es un lugar donde el tiempo no pasa, donde no hay
relojes o estos marcan una hora diferente al del mundo de los profanos.
La logia masónica, durante los trabajos, es literalmente un espacio fuera
del tiempo profano: se cierran las puertas, se apagan los teléfonos
celulares móviles, se declara “la logia abierta” y el mundo exterior deja
de existir. Muchos hermanos buscan en la logia ese “Nunca Jamás” donde
pueden seguir siendo niños eternos jugando con símbolos, rituales y
fraternidad sin las responsabilidades del mundo adulto (trabajo, familia,
impuestos).
Los Niños Perdidos = los hermanos “huérfanos” de logia
Los Niños Perdidos son niños que se cayeron de sus carritos cuando la
niñera (el mundo profano) miró hacia otro lado. Peter los recoge y los
lleva a Nunca Jamás.
Muchas personas llegan a la masonería sintiéndose “perdidas” en el mundo
profano: huérfanos de sentido, de rito, de fraternidad auténtica. La logia
los adopta y les da un nuevo “padre” (el Venerable Maestro) una nueva
“madre” (su madre logia) nuevos hermanos y una nueva identidad simbólica.
Pero igual que los Niños Perdidos, muchos hermanos rechazan volver a casa
(volver al mundo profano y asumir roles de liderazgo real).
El miedo a ser “padre” o autoridad (Venerable Maestro)
Peter Pan odia a los padres, especialmente a los padres responsables.
Cuando Wendy quiere jugar a ser la madre, Peter acepta… siempre que sea un
juego. En cuanto huele a responsabilidad real, huye.
En las logias pasa algo parecido: hay hermanos que acumulan 20 o 30 años de
masonería y sistemáticamente rechazan ser Venerable Maestro o cualquier
cargo de responsabilidad. “Prefiero seguir siendo Niño Perdido que
convertirme en el señor Darling con corbata y preocupaciones de presupuesto
, manejo y responsabilidad de logia”.
El masón es el eterno niño , ya sea de 3 años, 5 o 7 años y a veces un poco
más, cronológicamente habrá masones de más de 80 años biológicos , pero no
pasara de 7 años simbólicos, esto lo hace un Peter Pan en potencia.
Campanita o Campanilla y el ego luminoso del masón “estrella”
Campanita es celosa, narcisista y sólo puede haber una hada a la vez. Si
aplaudes creyendo en las hadas, vive; si no, muere.
En muchas logias masónicas hay “Campanitas”: hermanos que brillan en los
rituales, que necesitan constantemente que se les aplauda (elogios en
tenidas, menciones en planchas, cargos honoríficos). Si la logia deja de
“creer” en ellos (no les dan más grados laterales o cargos), se deprimen o
se van. El aplauso colectivo es su polvo de hadas.
Volar = la exaltación iniciática
Para volar en Nunca Jamás necesitas polvo de hadas y “pensar cosas felices”.
En masonería, la exaltación al grado de Maestro (la muerte y resurrección
simbólica de Hiram) produce una euforia similar: muchos hermanos describen
que “volaron” esa noche, que sintieron una ligereza increíble. Pero igual
que Peter, muchos se niegan a aterrizar de nuevo en la vida cotidiana;
quieren quedarse para siempre en ese estado de exaltación infantil.
Garfio y la sombra perdida: el miedo al tiempo y a la vejez masónica
El capitán Garfio tiene terror al cocodrilo con el reloj en la tripa: el
tiempo que avanza inexorablemente.
Muchos masones mayores temen “perder la sombra” (la vitalidad, la capacidad
de emocionar con los rituales). Garfio es el masón que ha aceptado
demasiados cargos, que se ha vuelto burocrático y ahora vive aterrado por
el paso del tiempo y por los hermanos jóvenes que vienen a “sustituirlo”.
El Peter Pan en logias masónicas representa un arquetipo psicológico muy
frecuente en la masonería contemporánea: el iniciado que busca en la logia
un refugio para no crecer del todo, para seguir jugando eternamente con los
símbolos sin asumir nunca las verdaderas responsabilidades del mundo adulto
ni de la propia fraternidad. Es el “eterno Aprendiz” que aplaude a
Campanita pero huye despavorido cuando le proponen el mazo del Venerable
Maestro.
Como dijo el propio J. M. Barrie:
«Cada vez que un niño dice “no creo en las hadas”, en algún lugar muere un
hada».
Peter Pan, o el niño que no quería crecer, es una obra teatral y una novela
para niños escrita por el escritor escocés James M. Barrie.
Sí, el escritor J. M. Barrie, creador de Peter Pan, fue masón. Fue uno de
los miembros fundadores de la logia Authors' Lodge No. 3456 en Londres, en
noviembre de 1910.
Logia: Authors' Lodge No. 3456, en Londres.
La logia fue fundada por varios miembros masónicos del Authors' Club, un
club literario establecido en 1891.
Entre sus compañeros miembros del club y también masones se encontraban
otras figuras literarias notables, como Oscar Wilde, Sir Arthur Conan Doyle
y Rudyard Kipling.
El Museo de la Masonería ha confirmado esta conexión, destacando a Barrie
entre los miembros literarios que fundaron la logia.
Y como antes decia cada vez que un masón dice “no quiero ser Venerable,
prefiero seguir siendo sólo hermano”, en algún lugar muere un poco la logia
adulta… y nace otro Niño Perdido más en el País de Nunca Jamás.
En cuanto a Peter Pan, no es más que un avatar, un emblema sonriente del
Hermes griego, si del volador Mercurio romano. Curiosos estos paralelismos,
se preguntarán; y, sin embargo, «todo está en todo lo demás», o «todo es
uno», como proclamaban nuestros antepasados herméticos y como repiten los
maestros masones en la Cámara de Reflexión: «Conócete a ti mismo y
conocerás el Universo y a los Dioses».
Tras haber escudriñado la vida con mirada ciclópea —ya sea a través del
microscopio o del telescopio—, tras haber diseccionado moléculas, átomos y
multitud de subpartículas, la ciencia moderna se enfrenta a lo impensable:
la unidad de la materia. Se ve obligada a concluir que la teoría, tan
largamente cuestionada y ridiculizada, sigue siendo la única concebible. Lo
infinitamente pequeño y lo infinitamente grande se corresponden y se
afirman mutuamente: «Como es arriba, es abajo», y todo se resuelve en luz,
o más precisamente, en un extraño dinamismo primigenio. ¿Acaso Hermes
Trismegisto y sus discípulos espirituales —los alquimistas, tan a menudo
ridiculizados y perseguidos— afirmaron algo distinto? Como bien señaló G.
K. Chesterton, masón y profundo conocedor del símbolo: «Peter Pan hace algo
que Lamb y Stevenson no logran del todo: mantiene el reino de los duendes
abierto y simultáneamente lo mantiene secreto» (G. K. Chesterton, en sus
ensayos sobre literatura fantástica). Ese secreto es precisamente el de la
Logia: visible para quien tiene ojos, pero oculto al profano.
La alquimia, una metafísica más que una física, nacida en antiguos
santuarios y oculta de las miradas indiscretas del mundo profano, afirma
que «sólo Mercurio basta para realizar la Gran Obra y obtener la Piedra
Filosofal». Este Mercurio, cuyo nombre alude a los dos dioses antiguos
porque posee sus atributos, no se compara en absoluto con la sustancia
ordinaria descrita en los libros de química. Es un agente, no un paciente;
es simplemente el dinamismo al que nos referimos, ese Espíritu capaz de
desempeñar todos los roles. ¿Acaso no se atribuyen las características del
dios con pétaso y talones alados a aquellos nacidos bajo la influencia de
Mercurio: ¿aficionados a las paradojas intelectuales, los juegos de
palabras y excelentes comunicadores? El mercurio alquímico, al igual que
Peter Pan, es una sustancia de ectoplasma que cambia de apariencia,
densidad y nombre a lo largo del proceso, pero que sigue siendo ella misma:
el mismo principio que en masonería se representa mediante la letra G,
centro luminoso de la bóveda estrellada, que significa tanto Geometría como
Gnosis, Generación y, sobre todo, Dios —el Gran Arquitecto del Universo.
Para una lectura inteligente de los relatos: La leyenda del Hombre Verde,
o los orígenes de la masonería escocesa
Los eruditos alquimistas, aunque vivían apartados del mundo, desdeñando el
éxito fácil y los placeres efímeros, no se excluyeron por ello del clima
cultural de su época. Por ello, siempre utilizaron los medios a su alcance
para difundir el conocimiento de su arte. Como reveló Fulcanelli —el más
grande de los alquimistas contemporáneos y, según muchos, iniciado en los
altos grados escoceses—, una «morada filosófica» es cualquier soporte
simbólico de la verdad hermética, cualquiera que sea su naturaleza e
importancia: la pequeña baratija guardada en una vitrina, la pieza de
iconografía, el monumento arquitectónico —un detalle, un vestigio, una
vivienda, un castillo o incluso una iglesia entera.
El Adepto se mostró, como era su costumbre, muy caritativo. Catedrales,
iglesias e incluso la arquitectura civil sirvieron de soporte para el arte
hermético. Esto explica la existencia de esos curiosos emblemas: figuras,
cabezas y rostros, animales de un bestiario real o imaginario, y plantas
que adornan los edificios del pasado. Ciertamente, las esculturas talladas
en la piedra de los monumentos religiosos desprenden un cierto aire pagano
y parecen bastante poco católicas; pero el iniciado reconoce en ellas los
símbolos de la Gran Obra: el león verde, el cuervo negro, el fénix rojo… y,
sobre todo, el Hombre Verde, ese rostro foliado que brota de la vegetación,
símbolo masónico del renacimiento perpetuo del iniciado tras la muerte
simbólica en la Cámara de Reflexión.
Los artistas ilustrados no limitaron su talento a la escultura; dejaron
huella de su conocimiento en todas las artes.
Todo les era válido para legar sus símbolos a la posteridad: pintura,
literatura, cerámica, mosaicos, metales preciosos y no preciosos, e incluso
madera. Sin embargo, la transmisión no se produjo únicamente a través de
estos soportes materiales. Estos artistas eran demasiado perspicaces como
para no haber comprendido que el tiempo —ese gran disolvente— y la
inconsciencia humana contribuirían a la desaparición de estos testimonios.
Sabían que el secreto de la vida reside en la muerte; ¿cómo podrían haber
ignorado que todo lo que existe está destinado a desaparecer?
Contrariamente al dicho de que «las palabras se las lleva el viento, pero
los escritos permanecen», el único vehículo de la Tradición capaz de
preservarla es la oral. Por ello, los antiguos maestros confiaron su saber
a medios indestructibles: mitos, leyendas religiosas y profanas, cuentos,
fábulas, rimas infantiles y juegos. ¿Quién sospecha hoy que la rayuela
representa el camino iniciático, que el juego de la oca es un tablero
masónico-alquímico, o que el ajedrez reproduce la lucha entre la luz y las
tinieblas en el pavimento mosaico de la Logia?
La tradición oral se confió a un pueblo que, aunque desconoce la inmensidad
del conocimiento que posee, jamás olvida nada. De siglo en siglo, cuentos,
rimas y juegos se han transmitido con rigurosa precisión, sin omitir la más
mínima coma ni alterar la más mínima regla. Bajo su apariencia ingenua,
estos cuentos populares —también llamados cuentos de hadas— buscan
transportarnos, predisponernos a una mayor receptividad. Es evidente que se
trata de relatos fantásticos.
Pero pruébalo y dinos qué te parece. La postura horizontal no es la más
adecuada para conciliar el sueño; sin embargo, sigue siendo la mejor manera
de mantenerse despierto, es decir, en estado de vigilia. Como sabemos, todo
progreso espiritual se adapta mal a la posición horizontal; para florecer,
debe redescubrir la vertical: la misma que el aprendiz encuentra al
levantarse del ataúd simbólico en el grado de Maestro.
Una vez aclaradas estas dudas, podemos abrir la puerta al maravilloso,
mágico y encantado mundo de la infancia: un mundo que los niños pequeños
comparten con los más ingenuos, pues es el refugio de quienes han
conservado su candidez e inocencia, esa «inocencia masónica» de la que
hablaba J. M. Barrie cuando describía a Peter Pan como «el niño que nunca
crecería», alegoría perfecta del espíritu iniciático que se niega a
envejecer en el mundo profano. Como escribió el propio Barrie en Peter Pan
in Kensington Gardens: «Cuando el primer bebé rio por primera vez, su risa
se hizo pedazos, y cada pedazo se convirtió en un hada». Esa risa
primordial es el Verbo creador, el Fiat Lux masónico.
—Pan, ¿quién eres? —gritó con voz ronca—. Soy la juventud, conozco la
alegría —respondió Peter espontáneamente—. Soy un polluelo que se ha caído
del nido.
(J. M. Barrie, Peter Pan, cap. XIII)
Capítulo I
Sobre la infancia y la edad adulta
La novela de James Matthew Barrie —miembro, de la logia escocesa logia
Authors' Lodge No. 3456 — nos presenta el hogar del señor y la señora
Darling. No hace falta ser experto en Shakespeare para comprender el
significado de este apellido: «Dar-ling», el anillo que se da, símbolo del
vínculo iniciático, del juramento sobre el anillo masónico.
Según nos cuentan, Madame Darling era «una dama amable, con un alma
romántica y una leve sonrisa burlona alrededor de sus labios. Esa alma
romántica se parecía a esas cajitas apilables que nos llegan del misterioso
Oriente: no importa cuántas abras, siempre hay una más pequeña dentro». Esa
matrioska simbólica es la misma que representa los grados masónicos: abres
uno y siempre hay otro más elevado, hasta el Arco Real o los 33 grados del
Rito Escocés.
El señor Darling se enamoró de ella al instante, como los demás jóvenes.
Habiendo demostrado ser más rápido que sus rivales, se convirtió en su
esposo. De este matrimonio nacieron tres hijos: Wendy, John y Michael. El
señor Darling era un experto en las fluctuaciones de la Bolsa, lo que
«inspiraba un profundo respeto en las mujeres». ¿Qué mejor manera de
ilustrar la brecha entre la infancia y la adultez profana que recordándonos
la atracción de esta última por el dinero, por el oro vil que el iniciado
debe transmutar en oro filosófico?
Esta historia sobre las coles de Bruselas y luego las coliflores es muy
sospechosa, sobre todo porque está relacionada con ciertas expectativas
sobre la natalidad. Y el término “Darling” significa tanto “cariño” como
“mi repollo”. Así pues, hemos sido advertidos: estamos ante un texto que
requiere una lectura con distintos niveles de comprensión, como los tres
grados simbólicos de la masonería.
Recordemos que Barrie tuvo un precursor: Jonathan Swift, autor de Los
viajes de Gulliver, novela escrita en el Lenguaje de los Pájaros —el mismo
lenguaje verde, cabalístico, que emplean los masones cuando hablan de la
«viuda» o los «hijos de la luz».
Las primeras líneas de Peter Pan son reveladoras: «Todos los niños, excepto
uno, crecen. Lo saben desde muy pequeños. Así lo descubrió Wendy». A los
dos años, todo niño lo sabe: a los dos años empieza el fin. Este pasaje
aparentemente inocuo merece un análisis más profundo. La frase «Todos los
niños, excepto uno, crecen» alude a Peter Pan, pero contrasta con la
afirmación de que Wendy tiene dos años. Nos encontramos ante un texto que
oculta un significado más profundo: el número uno, no Peter, es el tema que
James Barrie pretende abordar. Como escribió Bruno Bettelheim en
Psicoanálisis de los cuentos de hadas: «Peter Pan representa la negativa a
abandonar la fase narcisista del desarrollo; es el niño eterno que rechaza
la castración simbólica del crecimiento». Pero en clave masónica, ese
rechazo es la preservación del estado edénico, antes de la caída en la
dualidad.
Louis Claude de Saint-Martin, el Filósofo Desconocido y masón martinista,
observó en Des Nombres que el número 1 es estéril y no puede generar nada
por sí mismo; la transición al 2 se produjo por la fuerza. En un plano
estrictamente metafísico, Barrie quiso decirnos que el drama humano —cuyo
viaje inevitablemente nos lleva de la cuna a la tumba— surge de nuestra
conciencia del dualismo. La redención de la humanidad reside en el retorno
a la Unidad. Por eso la pequeña Wendy está condenada a crecer: ¡dos es, en
efecto, el principio del fin!
Los Darling, demasiado pobres para contratar una niñera, emplean a una
perra Terranova con el tierno nombre de Nana. En inglés, “nanny” significa
cuidadora de niños. Pero Nana es también Anubis (el perro egipcio,
psicopompo), guardián del umbral, como el Guarda Templo que vigila la
puerta de la Logia.
El País de Nunca Jamás o Eterna Logia de Oriente no se encuentra en un
mapa; reside en nuestro interior, en algún rincón de nuestra infancia
olvidada, en ese «País del Nunca Jamás» que es la Logia misma: un lugar
fuera del tiempo profano, donde el iniciado vuelve a nacer y no envejece
espiritualmente. Como escribió el propio Barrie: «Nosotros también hemos
jugado allí y aún podemos oír el sonido de las olas, aunque sabemos que
nunca volveremos a poner un pie allí…». Esa isla es el Templo interior, la
Jerusalem celestial que cada masón lleva en su corazón.
Cuando aparece Peter, la descripción que Barrie hace de él difiere de la
película de Disney. Aquí no hay leotardo verde, sino una túnica «hecha de
hojas secas unidas con savia que rezuma de los árboles». Es el Hombre Verde
masónico, el Osiris desmembrado y recompuesto, la Acacia que siempre
reverdece. Barrie, masón de grado 33, cambió el atuendo precisamente para
resaltar aún más el simbolismo luminoso: el verde del aprendiz, la pluma
del conocimiento.
Capítulo II
¿Quién es Peter Pan?
Peter Pan es el niño que no envejece ni en cuerpo ni en espíritu, que vuela
y causa una gran conmoción en la Vía Láctea. Existen sorprendentes
similitudes entre tres figuras míticas de la literatura inglesa: Peter Pan,
Robin Hood y Gulliver. Los tres están vinculados a la naturaleza, el bosque
y el color verde —el color del renacimiento masónico, del león verde
alquímico.
Robin Hood, etimológicamente «Robín del Bosque», es el Hombre Verde; su
capucha es la caperuza del iniciado. Peter Pan es Hermes-Mercurio,
psicopompo que guía a los Niños Perdidos —los candidatos caídos del
cochecito profano— hacia el País de Nunca Jamás, que no es otro que el
Oriente Eterno.
Como escribió J. M. Barrie: «Las estrellas son muy hermosas, pero tienen
poco interés en lo que sucede en la Tierra… Por eso, las más viejas tienen
un brillo vidrioso y rara vez hablan (se expresan parpadeando); las más
jóvenes, en cambio, aún se maravillan con todo. No sienten ninguna simpatía
por Peter, quien tiene una forma astuta de acercarse sigilosamente por
detrás e intentar apagarlas soplando». Esas estrellas son los hermanos
dormidos de la Logia; Peter intenta despertarlas, como el Maestro Masón
despierta al aprendiz con el toque secreto.
Peter Pan reina sobre tres mundos —inframundo, aire y agua—, igual que
Hermes Trismegisto, Tres Veces Grande. Es el Mercurio filosófico que
permite la Gran Obra: la transmutación del plomo profano en oro iniciático.
Como masón listo para buscar la verdad sin adornos innecesarios, afirmo:
Peter Pan no es un simple cuento infantil; es un manual cifrado de alquimia
espiritual y de masonería eterna, donde el niño eterno de 7
años representa al iniciado que ha vencido a la muerte simbólica y vive
para siempre en la Logia celestial del Gran Arquitecto del Universo.
Alcoseri
Blancanieves, el Relato de un Viaje Iniciático Masónico
En las profundidades del alma humana, donde los velos de la ilusión se
entretejen con los hilos dorados de la verdad eterna, el cuento de
Blancanieves se revela no como un simple relato infantil, sino como una
alegoría exquisita del viaje iniciático: ese sendero tortuoso y luminoso
del autoconocimiento y la superación personal. Blancanieves, pura y
radiante como el alba que despunta sobre las nieves inmaculadas, encarna al
iniciado, al alma virginal que despierta a su propia divinidad. Los siete
enanitos, esos guardianes humildes y laboriosos del subsuelo, simbolizan
las virtudes latentes o las facultades fragmentadas del ser, guías
silenciosas en el camino espiritual. Y la madrastra, esa bruja envidiosa y
sombría, personifica las tentaciones voraces, los obstáculos internos, las
sombras del ego que acechan para devorar la luz naciente.
Como bien advertía Sigmund Freud en su exploración del inconsciente, «los
sueños son la vía regia hacia el conocimiento del inconsciente en la vida
anímica», y de igual modo, este cuento —y su sublime adaptación
cinematográfica de Walt Disney en 1937— actúa como un sueño colectivo, un
espejo mágico que refleja las profundidades ocultas de la psique. Jean
Duprat, en su revelador artículo «Una película iniciática: Blancanieves y
los siete enanitos», nos invita a contemplar exclusivamente la versión
animada, liberada de las posibles distorsiones del cuento original de los
hermanos Grimm, publicado 120 años antes. ¿Acaso estos símbolos esotéricos
brotan de una intención deliberada de los creadores, o emergen —como
sugeriría Carl Gustav Jung— de los arquetipos mentales universales, esos
patrones primordiales del inconsciente colectivo que surgen espontáneamente
en la narración humana?
Duprat disecciona la película con la precisión de un alquimista, revelando
personajes que no son meras caricaturas, sino reflejos vivos del alma en su
danza eterna entre luz y oscuridad. Blancanieves despierta a la conciencia
de su belleza espiritual, anhelando el Amor Divino encarnado en el Príncipe
—ese beso simbólico mediado por la paloma, mensajera de paz celestial—. La
Reina, con su espejo implacable, representa el alma mundana, pervertida por
el narcisismo luciferino: «Ser la más bella», clama, eco de aquel ángel
caído que, en palabras de Jung, simboliza «la sombra que todo ser humano
lleva consigo, la parte inferior de la personalidad». Esta rivalidad no es
superficial; es el drama cósmico del rechazo a la jerarquía divina, el
impulso destructivo que exige la muerte simbólica del alma pura.
La huida de Blancanieves por el bosque terrorífico —ese laberinto de ramas
retorcidas y ojos luminosos— marca el segundo nacimiento, la muerte
iniciática de la vida profana. Como Freud describía el complejo de Edipo
como un rito de paso brutal hacia la madurez psíquica, aquí la heroína
desciende al inframundo, alineando su corazón con el centro del mundo. El
cazador, misericordioso, sustituye su corazón por el de una cierva —símbolo
femenino del sacrificio, evocando el carnero de Isaac, la sustitución
redentora que abre las puertas a la libertad.
Los enanitos, mineros de diamantes en las entrañas de la montaña (Mons, la
mente; Mens, el espíritu), extraen la luz divina del corazón humano. Sus
nombres —Dormilón, Estornudador, Feliz, Gruñón, Tímido, Sabio y Mocoso— no
designan identidades separadas, sino funciones complementarias de una misma
psique, tal como Jung describía los arquetipos en su «proceso de
individuación»: el alma vegetativa (Dormilón, desconectado del exterior;
Estornudador, hiperreactivo), el alma apetitiva (Feliz, plenitud serena;
Gruñón, agresividad externa; Tímido, retraimiento evasivo) y el alma
racional (Sabio, el intelecto supervisor). «No se trata de ver identidades
diferentes —afirma Duprat—, sino funciones complementarias de una misma
identidad». Aquí , agrego que estos enanitos son como los siete chakras del
esoterismo oriental, ruedas de energía que deben armonizarse para que el
kundalini —la serpiente de fuego— ascienda hasta la coronilla, despertando
la conciencia crística.
La gran limpieza de la cabaña, con Blancanieves dirigiendo a los animales
en una sinfonía de orden y fraternidad, ilustra la ayuda mutua masónica: el
alma espiritual domeña las facultades caóticas, ocupando simultáneamente
las siete camas —señal de que la luz integra todas las sombras.
Llega entonces la segunda muerte: la bruja, ahora satánica y encapuchada,
ofrece la manzana —fruto del Árbol del Conocimiento, cuya sección revela el
pentagrama, estrella de la humanidad regenerada—. Al morderla, Blancanieves
regresa ilusoriamente a la individualidad separada, cayendo en el letargo
de la ignorancia. Pero, como enseñaba Jung, «no hay venida a la conciencia
sin dolor»; esta muerte es el nigredo alquímico, la putrefacción necesaria
antes del rubedo, la resurrección dorada.
Los enanitos, poderes del alma, persiguen y aniquilan a la Reina,
precipitando su caída al abismo —fin de la ilusión infernal—. Blancanieves
yace en su ataúd de cristal, rodeada de luto, hasta que el Príncipe, rayo
solar encarnado, la despierta con el beso del Amor Divino. Ya no pertenece
al plano horizontal de la existencia profana; ha ascendido verticalmente,
más allá de la forma, hacia la «transformación trascendente» que Jung
llamaba «la unión de los opuestos».
Bruno Bettelheim en su texto «X», culmina: Blancanieves ha muerto dos veces
—primero al estado profano en el bosque, luego a la individualidad con la
manzana— para renacer en su identidad definitiva, exaltada quizás al tercer
grado masónico, el Maestro que ha vencido a la muerte.
En síntesis, los símbolos se despliegan como un mandala viviente:
Blancanieves: El alma pura, el Sí-mismo junguiano en busca de integración.
Los siete enanitos: Las siete virtudes o facultades que deben ser pulidas
como diamantes brutos.
La Reina-Bruja: La Sombra freudiana y junguiana, el ego inflado que debe
ser confrontado y disuelto.
El espejo: La introspección implacable, «el espejo mágico» que obliga al
alma a mirarse sin adornos.
La manzana: La tentación del conocimiento separado, pero también la semilla
de la gnosis redentora.
El Príncipe: El ánimus divino, la verdad liberadora que disipa el sueño de
la separación.
Siempre he contemplado este cuento con asombro: en una era de
distracciones superficiales, Blancanieves nos susurra al oído que todo ser
humano lleva dentro una reina envidiosa, siete enanitos desordenados y una
princesa dormida. El beso del despertar no llega de afuera; surge cuando,
valientemente, nos atrevemos a morder la manzana de la conciencia, morir a
lo viejo y resucitar en la luz eterna. Así, el «Érase una vez» se
transforma en un eterno «Aquí y ahora», invitándonos a todos a nuestro
propio viaje iniciático.
Alcoseri
Blancanieves y los siete enanitos
En su artículo titulado «Una película iniciática: Blancanieves y los siete
enanitos», Jean Duprat presenta su visión de que ciertos datos esotéricos
se comunican a todos a través de los medios tradicionales y populares, como
la famosa película de animación de Walt Disney que analiza, estrenada en
cines en 1937, una adaptación cinematográfica del cuento escrito por los
hermanos Grimm 120 años antes.
El autor se centra exclusivamente en la película de animación, y no en el
cuento original, para evitar cualquier influencia que pudiera alterar la
interpretación espiritual de los mensajes y símbolos que contiene. ¿
Acaso estos mensajes provienen de una intención deliberada o de «arquetipos
mentales» que surgen durante la interpretación del cuento?
Jean Duprat analiza la película estudiando a los diversos personajes en
acción, caricaturas y reflejos del alma humana, para extraer los
significados de los mensajes que, en su opinión, fueron ocultados por los
guionistas que adaptaron el cuento.
Así, a través de estos personajes, el alma espiritual toma conciencia de su
belleza y vocación (representada por Blancanieves), mediante el deseo de
conocer el Amor Divino (a través del Príncipe), acompañada de una sensación
de paz (la heroína le da un beso simbólico a su Príncipe por medio de una
paloma), tras haber comprendido su decadencia impuesta por la mundanidad
del alma (la Reina). Esta belleza se revela mediante la conciencia del alma
(el espejo mágico), bajo el escrutinio del alma mundana (la Reina).
Este despertar se manifiesta en el encuentro entre lo divino y lo humano
(véase el rito iniciático).
La conciencia seguirá gradualmente al conocimiento y la comparación entre
la belleza y el estado mundano del alma a través del juicio individual (el
espejo), bajo la luz de la mirada divina (simbolizada por la mirada del
Príncipe).
El autor da un giro al exponer la rivalidad entre Blancanieves y la Reina
respecto a su belleza.
El alma individual rechazaría la jerarquía de valores, la belleza del ser,
hasta el punto de exigir y engendrar su destrucción, mediante el rechazo de
la espiritualidad y su camino, incluso hasta el punto del asesinato
simbólico, cargado de simbolismo dentro del medio (el corazón de
Blancanieves será reemplazado por el de una cierva, símbolo equivalente de
lo femenino y al símbolo del bosque del carnero, que nos remite al
sacrificio de Isaac y a la muerte iniciática, el paso obligatorio de un
estado de esclavitud a un estado de libertad).y el punto de partida del
aterrador y abrumador "viaje iniciático" de la oscuridad a la luz, que
culmina en una paz y seguridad tranquilizadoras al final.
La huida de nuestra heroína a través del bosque puede interpretarse como un
segundo nacimiento, tras tomar conciencia de su propia obra iniciática:
alinear su corazón, centro de su ser, con el centro del mundo.
Esta «muerte» simboliza el fin de su vida profana.
Los personajes de los enanos, mineros y extractores de diamantes (símbolos
de pureza, luz y presencia divina en el corazón), que trabajan en las
montañas (una asimilación simbólica entre «Mons»: montaña; y «Mens»:
mente), dentro de la mina (el corazón), simbolizan las siete facultades del
alma, cuyos nombres designan cualidades de la psique.
Nuestro autor evoca cualidades relacionadas con:
- tanto el alma vegetativa, a través del personaje de Durmiente (sin
conexión con el mundo exterior), quien es la antítesis del personaje de
Estornudo (que, por el contrario, responde a las exigencias del mundo
exterior);
- Al alma apasionada, representada por el personaje de Feliz (que simboliza
la estabilidad y la plenitud), antítesis de Gruñón (movimiento exterior
cargado de agresividad), quien a su vez se opone totalmente al personaje de
Tímido (introvertido, símbolo de evasión),
- así como al alma racional, representada por el personaje de Sabio, quien
supervisa a los seis enanos mencionados (reflexión, intelecto, etc.).
Según el autor, y cito: «no se trata de ver identidades diferentes, sino
funciones complementarias de una misma identidad».
Nuestro autor evoca diversas nociones surgidas durante el proceso
iniciático.
En efecto, las nociones de hermandad y ayuda mutua se manifiestan con
claridad en los diálogos entre Blancanieves y los animales del bosque,
particularmente en la escena donde todos participan en la gran limpieza de
la cabaña de los enanos.
El concepto del ser y sus diversos aspectos están representados por los
personajes principales:
- Así, la Reina es el reflejo del alma pervertida, centrada en el "Yo", que
representa el mal con una actitud luciferina (la muerte de Blancanieves),
con un único objetivo: ser la más bella (Lucifer fue evocado como "el más
bello de los ángeles").
- Los enanos representan las diversas facultades del alma humana, sin
perversión alguna, con una inocencia comparable a la de los niños (de ahí
su pequeño tamaño y su simbólica imposibilidad de caer o ascender), en el
centro de la humanidad (compárese con la cueva en el centro de la montaña y
la mina de diamantes).
El personaje de Blancanieves se presenta como la personificación de la
espiritualidad pura a través de sus viajes iniciáticos, simbolizados por la
muerte (de la que escapa gracias a la bondad del cazador), su descenso al
inframundo (su huida por el bosque), su resurrección (el despertar rodeada
de animales en una atmósfera reconfortante, bañada en luz y tranquilidad) y
su labor (limpiar la casa de los enanos).
Durante su encuentro con los enanos, simboliza el dominio del alma
espiritual sobre las facultades del alma individual, representadas por los
siete enanos (véase la escena donde nuestra heroína yace exhausta en las
camas de los enanos, ocupando varias a la vez debido a su tamaño).
En este punto de la narración, entramos en un nuevo capítulo, presenciando
la segunda muerte (iniciática) de nuestra heroína, envenenada por la Reina,
quien ahora aparece como una bruja, encarnando el potencial infernal de la
humanidad. Ella adquiere una dimensión satánica antes de desaparecer en la
nada (una caída al barranco, símbolo ilusorio de tal potencial), empujada
por los enanos (símbolos de las facultades del alma humana, capaces de
aniquilar el mal).
El fruto utilizado para los propósitos de la Reina no es otro que una
manzana, fruto del árbol prohibido, símbolo de la individualidad, causa de
la separación del Jardín del Edén. Un corte transversal vertical de la
manzana revela una estrella de cinco puntas, que es el receptáculo floral
del fruto.
A lo largo de su artículo, Jean Duprat evoca el camino y la travesía del
ser, inicialmente horizontalmente (la plenitud del estado individual) y
luego verticalmente (cuando se abandona el plano horizontal, cuando se
parte del camino individual).
Este pasaje, según el autor, es una «transformación más allá de la forma».
En nuestro caso particular, la heroína abandona esta individualidad al
sucumbir simbólicamente a su segunda muerte (entonces aparece sin vida ante
todos).
Al morder la manzana, regresa simbólicamente a su individualidad, la cual
no puede alcanzar ya que ha llegado al centro (ella es la más bella a
través de su realización iniciática); por consiguiente, sólo puede morir.
Renacerá bajo el beso del jinete divino, iluminada por los rayos del sol.
En cuanto a los enanos, símbolos de los poderes del alma, permanecen sólos
en un mundo paralelo, fuera de su alcance.
Así termina el cuento.
Lectura del texto «Verdad» de Narcisse F :
Blancanieves habrá alcanzado inicialmente la muerte del estado profano, a
través de su huida al bosque.y en segundo lugar, la muerte de la
individualidad, al morder la manzana.
Según nuestro autor, el final del relato podría sugerir que nuestra heroína
ha alcanzado su identidad definitiva.
También puede interpretarse como su exaltación y logro del tercer rango en
nuestra orden...
Un Perverso Mercader en Logias, un cuento masónico
Voy a contarles un cuento masónico, queridos hermanos, uno que no deben
olvidar jamás, pues es una lección que todo masón debe tener bien presente
en su corazón. Esta historia, que nosotros custodiamos con celo, se
transmitirá a nuestros aprendices con el solemne encargo de que la repitan
a las generaciones venideras de masones, para que continúe propagándose
como la luz eterna, y nunca se pierda este cuento en las sombras del olvido
, y jamás se olvide esta advertencia que hace este cuento.
En un tiempo antiguo, cuando las logias del planeta Tierra aún se erguían
como baluartes de la virtud contra las tinieblas, el Diablo, envidioso del
creciente poder de los masones, se disfrazó de vendedor de alhajas. Cargaba
un cofre al hombro, repleto de males transformados en joyas relucientes, y
recorrió todas las logias del mundo ofreciendo sus mercancías. La Santa
Iglesia ya había condenado de excomunión al masón por sus pecados, pero en
aquellos días, las logias carecían aún de la variedad de males que hoy las
acechan, todo y a pesar de las sombrías bulas papales.
El Demonio, celoso de la fraternidad que unía a los hermanos masones, había
forjado estos males en forma de alhajas de todos los colores: la miseria y
la enfermedad estaban en forma de guantes de seda , la avaricia y el odio
estaban en forma de pisa corbatas de oro , la envidia y la opulencia tenía
la forma de una pulseras de oro en la muñeca — opulencia que también es un
mal cuando no se gana con rectitud—, y la ambición desmedida, tenía
la forma de un costoso reloj de oro, y así un largo etcétera de males en
formas de joyas valiosas. No faltaba ningún vicio en su cofre, y entre
todas aquellas joyas brillaba un pin chiquito, con un emblema en blanco,
que representaba el desaliento.
Así, en los "pasos perdidos" de las logias, los masones se acercaban
curiosos al vendedor. Muchos compraban las alhajas para ocultar su propia
maldad y fingir una felicidad aparente. Algunos adquirían la miseria
disfrazada de grados masónicos pero ellos mostrándose aparentemente
humildes, pero en realidad era la vanidad su motivo; otros, más ambiciosos,
optaban por la opulencia y la ambición en forma de títulos o puestos
elevados en las logias. Todo ello servía para sembrar discordia entre los
hermanos, volviendo a colocar la venda sobre sus ojos y oscureciendo la luz
de la verdad, y era que el demonio en su cofre también tenía a la venta
grados masónicos .
El Diablo cobraba un buen precio por cada joya, pero aquel pin con el
emblema en blanco pasaba desapercibido. "¿Qué es eso, pues?", preguntaban
por mera curiosidad. El Demonio se enojaba, pues los masones le parecían
demasiado cerrados de mente. Y cuando, por capricho o casualidad, algún
querido hermano lo deseaba comprar, inquiría: "¿Cuánto cuesta?". El Diablo
respondía con un precio exorbitante, más alto que el de todas las otras
joyas juntas. Los masones preferían entonces anillos costosos, que en
verdad eran el mal de la envidia, y se reían diciendo que por un pin tan
chico y un mal tan insignificante no valía la pena pagar tanto. Insultaban
al Diablo, llamándolo tramposo, y él, con cólera contenida, se reía por
dentro al ver su ceguera.
Al final, el Diablo vendió todos los males, excepto aquel pin, que nadie
quiso adquirir por considerarlo pequeño e inofensivo. "Con este, todos; sin
este, ni uno", proclamó el Demonio ante los masones, quienes se burlaron
pensando que se había vuelto loco. Sólo quedó el pin en el fondo del cofre,
por el que no daban ni un céntimo. Entonces, el Diablo, con más ira aún y
una risa diabólica, exclamó: "¡Esta es la mía!", levantó el pin sin
logotipos ni piedras preciosas incrustadas y lo lanzó al viento. Se
convirtió en polvo que flotó por todas partes, esparciéndose por las logias
del mundo entero.
Desde entonces, todos los males se volvieron peores en las logias,
agravados por ese polvo invisible que contaminó a los masones con el
desaliento. Sólo hay que observar cómo se resuelven los vicios en las
logias para darse cuenta: si un masón es afortunado y poderoso, pero cae en
el desaliento, nada le vale y el vicio lo domina; si es humilde y pobre, el
desaliento lo pierde aún más rápido. Así fue como el Diablo infligió el
mayor daño a todas las logias del planeta Tierra, pues con el desaliento
entre masones, todo termina funcionando mal.
Pero , como toda historia hubo masones que pudieron sobresalir al
desaliento , y triunfaron, el Demonio no pudo con ellos a pesar de sus
perversas intenciones.
Alguna vez un sabio masón observador de las verdades humanas dijo: os digo
que el desaliento es algo profundamente negativo, no sólo para un masón,
sino para cualquier alma en la Gran Obra de la vida. Es el veneno sutil que
erosiona la perseverancia, esa virtud cardinal que nos permite tallar la
piedra bruta hasta convertirla en perfecta. Sin buen ánimo, el masón
abandona el compás y la escuadra, y el no masón pierde la fe en su propio
potencial. Dale Carnegie nos recuerda en su sabiduría: "La mayoría de las
cosas importantes en el mundo han sido logradas por personas que siguieron
intentándolo cuando parecía no haber esperanza alguna". El desaliento nos
roba esa tenacidad, convirtiendo la luz en oscuridad. Oscar Wilde, con su
ingenio afilado, advertía: "Lo peor que podría pasarle a cualquiera es
dejar de ser útil", y el desaliento nos hace inútiles al paralizarnos ante
los desafíos. En la masonería, donde buscamos la elevación moral, el
desaliento es el verdadero traidor, pues nos aleja de la fraternidad y la
búsqueda de la verdad, como un velo que nubla el ojo que todo lo ve.
Es así como en el mundo hay muchos masones desalentados —en unas logias
más, en otras menos—, y este mal nos llega a todos, impidiendo que seamos
verdaderamente buenos, pues no resistimos como es debido la lucha fuerte
del alma y el cuerpo que es la vida. Dale Carnegie nos insta: "Desarrolla
el éxito a partir de los fracasos. El desaliento y el fracaso son dos de
los peldaños más seguros hacia el éxito". Oscar Wilde, burlón de las
debilidades humanas, añadía: "La ambición es el último refugio del
fracaso", pero sin ambición positiva, el desaliento nos deja en la ruina.
Masones del mundo: que el desaliento no empuñe nunca vuestro corazón, pues
como Wilde proclamaba, "Podemos tener todo en la vida si sólo tenemos la
voluntad de intentarlo", y Carnegie nos enseña que "el entusiasmo es el
ingrediente más importante para el éxito". Mantengamos la llama eterna,
hermanos, y construyamos el templo con manos firmes.
Análisis Masónico del Cuento
Este cuento, es una fábula que, narra cómo el Diablo, disfrazado de
vendedor, distribuye los males del mundo en forma de joyas , pines ,
suvenires, alhajas etc. , representando vicios como la miseria, la
enfermedad, la avaricia, el odio, la opulencia desmedida y la ambición. Sin
embargo, el mal más sutil, el desaliento (un sencillo pin de metal
corriente), es ignorado por los compradores debido a su aparente
insignificancia y alto precio. Al final, el Diablo lo esparce al viento,
contaminando a todas las Logias Masónicas y agravando todos los demás
males, ya que "con éste, todos; sin éste, ni uno", ya que el desaliento
está ligado a todos los males del mundo . Esta alegoría, se presta a un
profundo análisis masónico, interpretándola como una lección simbólica
sobre la lucha interna del iniciado, la importancia de la perseverancia y
la victoria sobre las pasiones profanas. A continuación, desgloso este
análisis paso a paso, vinculando elementos del cuento con principios,
rituales y símbolos masónicos.
El Diablo como Símbolo del Ego Profano y las Tentaciones
En la masonería, el Diablo no se interpreta literalmente como una entidad
sobrenatural, sino como una alegoría del "mal" interno: las pasiones
descontroladas, el egoísmo y las fuerzas destructivas que obstaculizan el
camino hacia la luz. Similar a la figura del "Gran Arquitecto del Universo"
(GADU) que representa la divinidad ordenada, el Diablo en este cuento
encarna el caos y la disgregación, opuestos a la armonía masónica.
El disfraz de vendedor y el cofre lleno de males: Esto evoca el "mercado de
vanidades" del mundo profano, donde los hombres compran "joyas falsas"
(vicios) en lugar de buscar la verdadera sabiduría. En los rituales
masónicos, el aspirante es despojado de metales y objetos mundanos al
entrar en la logia, simbolizando la renuncia a las tentaciones materiales.
Los males en forma de joyas o alhajas representan las "piedras brutas" del
alma: impurezas que el masón debe pulir con herramientas simbólicas como el
mazo (voluntad) y el cincel (discernimiento). El Cuento describe cómo la
gente en Logias compra avaricia, ambición y opulencia para sobresalir ante
los demás , "hacerse mal entre los mismos masones", lo que resuena con la
advertencia masónica contra la discordia fraterna, recordando el juramento
de lealtad y hermandad.
La envidia y ceguera de los compradores: Los personajes del cuento ignoran
el desaliento por su tamaño "chiquitito", riéndose del Diablo y
subestimando su poder. Esto ilustra la "ceguera espiritual" del profano,
similar al vendaje en los ojos durante la iniciación masónica, que
representa la ignorancia antes de la revelación de la luz. El masón aprende
a discernir lo sutil: no las grandes tentaciones obvias (como la avaricia
visible), sino los vicios invisibles que socavan el buen ánimo.
El Desaliento como el Mal Supremo y que resulta en Una Amenaza a la
Perseverancia Masónica
El núcleo del cuento radica en el desaliento, el mal que nadie compra pero
que el Diablo libera al viento, infectando a todos y potenciando los demás
vicios. En términos masónicos, este es el "veneno del alma" que atenta
contra la virtud cardinal de la perseverancia, esencial para el "Gran
Trabajo" (la auto-mejora moral y espiritual).
Simbolismo del polvo resultado del pin que esparcido: El polvo que "vuela
por los aires" simboliza la contaminación sutil e inevitable del mundo
profano, afín al "polvo de la muerte" en la leyenda de Hiram Abiff, el
maestro constructor del Templo de Salomón asesinado por traidores. Hiram
representa la integridad y la resistencia: muere antes de revelar secretos
sagrados, enseñando que la verdadera maestría surge de superar
adversidades. Sin desaliento, los males no "pescan" al hombre, como dice
sutilmente el cuento; en masonería, sin perseverancia, el iniciado
abandona el camino, dejando su piedra bruta sin tallar. El desaliento
erosiona la "fe" (una de las tres grandes luces masónicas, junto a la
esperanza y la caridad), convirtiendo al masón en un "compañero perezoso"
que no avanza de aprendiz a maestro.
Impacto en ricos y pobres: El cuento distingue cómo el desaliento afecta al
"afortunado y poderoso" (lo domina el vicio) y al "humilde y pobre" (lo
pierde más rápido). Esto refleja la igualdad masónica: en la logia, todos
son hermanos sin distinción de rango, pero el desaliento es el gran
igualador negativo, recordando que la opulencia (un mal en el cuento) puede
ser una "cadena de acero con grilletes de oro" que ata al YO Real, mientras
la miseria prueba la resiliencia. La escuadra masónica (rectitud moral) y
el compás (control de pasiones) son herramientas para combatir esto,
manteniendo el equilibrio.
Lección ética
Como en el grado de aprendiz, donde se enseña a "vencer las pasiones y
someter la voluntad", el desaliento es el "traidor interno" que impide
resistir "la lucha fuerte del alma y el cuerpo que es la vida". El cuento
concluye con una advertencia a los "masones del mundo", pero en clave
masónica, es un llamado a los "hijos de la viuda" (masones, en referencia a
Hiram) para que el desaliento no "empuñe" su corazón, preservando la llama
de la esperanza simbolizada por la acacia (inmortalidad del alma).
Este cuento se alinea con tradiciones masónicas que usan fábulas para
transmitir enseñanzas esotéricas:
Similar a la Leyenda de Hiram: Ambas enfatizan la fidelidad y la
resistencia ante la tentación. Mientras Hiram rechaza revelar secretos por
ambición ajena, los compradores del cuento caen en vicios por ceguera, pero
el desaliento es el "asesino silencioso" que Hiram evita al morir con honor.
Eco en "La Flauta Mágica" de Mozart (masón): Las pruebas de Tamino incluyen
silencio y fuego, superando desaliento para alcanzar la luz, similar a cómo
el polvo del Diablo prueba la fortaleza humana.
La masonería incorpora elementos alquímicos, donde los males son "metales
base" a transmutar en oro (virtud). El desaliento es como el "nigredo"
(fase oscura de duda), que debe superarse para llegar al "rubedo"
(iluminación).
Para un masón, este cuento es una advertencia contra la apatía en la logia
y la sociedad. En tiempos de crisis (como las condenas papales históricas
contra la masonería), el desaliento podría disolver la fraternidad. La
solución masónica: rituales que fomentan la reflexión, como la meditación
en la cámara de reflexiones, donde el aspirante enfrenta su mortalidad y
vicios. Finalmente, promueve valores como la caridad (ayudar al hermano
desalentado) y la educación (transmitir la historia a generaciones, como el
mismo cuento nos sugiere).
El cuento es una parábola sobre la vigilancia eterna contra los males
sutiles. El desaliento no es sólo un vicio, sino el catalizador de la caída
espiritual, y combatirlo es clave para construir el "templo interior"
perfecto. Como reza un principio masónico: "La luz disipa las tinieblas",
pero sólo si la voluntad no flaquea hacia el desaliento.
Alcoseri
Voy a contarles un cuento, y no lo olviden, porque es cosa que un masón
debe tener bien presente, esta historia que nosotros no olvidaremos jamás y
que diremos a nuestros aprendices con el encargo de que la repitan a los
siguientes generaciones de masones , y así continúe trasmitiéndose, y nunca
se pierda.
Esto ocurrió en un tiempo en que el Diablo vestido de Vendedor de
alhajas salió para vender males por todas las Logias del Planeta Tierra.
El Masón según la Santa Iglesia ya había pecado y estaba condenado, pero en
aquel entonces aún y las condenas papales no había variedad de males en las
Logias.
Entonces envidioso el Demonio del poder que iban teniendo los masones, se
disfrazado de Vendedor de alhajas, con su cofre al hombro, iba por todos
las Logias de la tierra vendiendo los males en forma de alhajas que
llevaba empaquetados en su cofre, pues había hecho los males en forma de
Joyas. Había alhajas de todos los colores que eran los males: ahí estaban
la miseria y la enfermedad, la avaricia y el odio, la envidia y la
opulencia que también es mal y la ambición, que la opulencia es un mal
también cuando no es la debida, y he aquí que no había mal que faltara en
su cofre… Y entre esas alhajas y joyas había un pin chiquito y con un
emblema en blanco, que era el desaliento…
Y así es que los masones en “pasos perdidos” iban para comprarle y muchos
compraban las alhajas para no ver su propia maldad y seguir siendo
aparentemente felices, miseria, había grados masónicos en forma de
alhajas pero eran la Vanidad y los que pensaban más compraban opulencia y
también ambición, en forma de títulos o puestos en logias… Y todo era para
hacerse mal entre los mismos masones, ya que los males los hacían ponerse
de nuevo la venda sobre sus ojos.
El Diablo les vendía cobrándoles a buen precio, pero a aquel pin con un
logo en blanco lo miraban, más nadie le hacía caso…
“¿Qué es, pues, eso?”, preguntaban por mera curiosidad. Y el Diablo se
enojaba, pues los masones le parecían demasiado cerrados de ideas. Y cuando
de casualidad o por mero capricho alguno Querido Hermano lo quería comprar,
preguntaba: “¿Cuánto?”, y el Diablo respondía: “Tanto” diciendo un precio
muy alto difícil de pagar, y mejor los masones compraban anillos costosos
, pero en realidad esos anillos eran el mal de la envidia . Y era pues un
precio muy caro, más precio que el de todas las joyas ahí en venta, y he
aquí que la gente se reía diciendo que por ese pin tan chico y que no era
tan gran mal no estaba bien que cobrara tanto, insultando también al Diablo
diciéndole que era muy Diablo por quererlos engañar así… Y el Diablo tenía
cólera y también se reía por dentro viendo como no pensaban los masones…
Y es así que finalmente vendió todos los males, pero nadie le quiso
comprar aquel pin, porque era chiquitito y el desaliento no era gran mal. Y
el Diablo finalmente dijo a todos : “Con este, todos; sin este, ni uno”. Y
los masones más se reían, pensando que el Diablo se había vuelto loco. Y he
aquí que sólo quedó aquel pin en el fondo del cofre, por el que no daban ni
un peso … Entonces el Diablo, con más cólera todavía y riéndose con la
misma risa de un Diablo, dijo: “Esta es la mía”, y levanto el Pin sin
Logotipos y lo echó al viento , y se volvió polvo en el aire , y aquel
polvo flotó por todas partes , para que se fuera por todas las logias del
mundo.
Desde entonces, todos los males fueron peores dentro de las logias, por ese
mal que voló por los aires y contaminó a todos los masones con
inclinaciones al desaliento . Sólo, pues, hay que solucionar los males que
han llegado a las logias masónicas, nada más, para darse cuenta… Si es
masón afortunado y poderoso, pero cae desalentado por la vida, nada le
vale y el vicio lo empuña… Si es masón humilde y pobre, entonces el
desaliento lo pierde más rápido todavía… Así fue como el Diablo hizo mal a
toda las logias del planeta tierra, pues con desaliento entre masones
todo terminará funcionando mal.
Es así como están en el mundo muchos masones algunos desalentados , donde
algunos más, donde otros menos; siempre nos llega y nadie puede ser bueno
de verdad, pues no puede resistir, como es debido, la lucha fuerte del alma
y el cuerpo que es la vida…
Masones del mundo: que el desaliento no empuñe nunca vuestro corazón.
La Refundación de una Logia
Esta noche de Tenida, queridos hermanos, nos reunimos para celebrar la
refundación de la Logia de la Estrella Flamígera, luego que
abatió columnas por 7 años pero sin perder sus derechos originales, esta
Logia que fue un faro eterno de luz en el vasto océano de la existencia
masónica. Algunos podrían sentir un atisbo de melancolía por los cambios
que el tiempo impone, pero este no es un momento de lamento, sino de
exaltación, un renacimiento inevitable que fortalece nuestra sagrada
misión. Como masones, portadores de La Gran Verdad Universal, sabemos que
la evolución no destruye, sino que ilumina y eleva, tejiendo los hilos de
la sabiduría ancestral con el fuego de la renovación.
Debemos aclarar que, el nombre técnico en el argot o Léxico masónico para
la refundación o reactivación de una logia masónica que ha abatido columnas
(es decir, que ha cesado temporalmente sus actividades y entrado en un
estado de inactividad o "en sueño", sin perder sus derechos) es
"despertar". Este término se refiere específicamente a la vuelta a la
actividad masónica de la logia.
Recordemos aquella antigua parábola, tan resonante en los anales de la
sabiduría esotérica: donde el diablo y su amigo caminaban por una calle
cuando vieron a un hombre detenerse, recoger algo muy brillante del suelo,
mirarlo con atención, luego con regocijo y guardarlo en su bolsillo como
algo muy valioso . El amigo del Diablo, intrigado, preguntó al diablo:
"¿Qué recogió ese hombre?". "Un trozo de la Verdad", respondió el diablo
con una sonrisa astuta. "Eso es un mal negocio para ti", replicó el amigo.
"Oh, no, en absoluto", contestó el diablo, "voy a dejar que organice una
religión o cualquier otro movimiento a partir de ese trozo de verdad".
Así, luego de esto se fanatizaran , lucraran con esa verdad y finalmente
esa verdad quedará sepultada bajo toneladas de estiércol y así todo se
perderá . Esta fábula, que ha circulado en círculos iluminados desde
tiempos inmemoriales –incluso atribuida en algunas tradiciones a sabios
orientales y occidentales–, nos advierte contra la rigidez de las
estructuras que encadenan la esencia viva de la Verdad. Pero en la
Masonería, hermanos, no organizamos la Verdad para confinarla; la
custodiamos como un jardín eterno donde florece libre, guiada por el compás
y la escuadra, símbolos de equilibrio y rectitud que nos recuerdan que La
Gran Verdad Universal no se impone, sino que se revela a través del trabajo
interior y la fraternidad inquebrantable.
Sostengo, con la convicción de un iniciado en los misterios masónicos, que
La Gran Verdad Universal es una tierra sin caminos trazados por el hombre,
inabordable por dogmas efímeros o sectas limitadas. Como bien expresó el
ilustre hermano masón Rubén Darío, en su oda a la libertad del espíritu:
"Tú eres un universo de universos y tu alma una fuente de canciones",
recordándonos que cada masón es un cosmos en sí mismo, capaz de entonar el
himno de la Verdad sin intermediarios. Y Alexandre Dumas, otro guardián de
los ideales masónicos, nos ilumina con su sabiduría: "Grande es la verdad.
El fuego no puede quemarla ni el agua ahogarla", afirmando que esta Verdad,
que la Masonería preserva, trasciende las vicisitudes del mundo material.
En nuestra Logia de la Estrella Flamígera, no cristalizamos creencias en
credos inertes; las elevamos a través de rituales que despiertan el alma,
forjando cadenas de hermandad que unen a los débiles con los fuertes, no
para imponer, sino para elevar. La Verdad no se rebaja al valle; es el
iniciado quien asciende la montaña, cruzando valles de duda y precipicios
de temor, armado con el mandil de la humildad y el mallete de la
perseverancia.
La suspensión por 7 años de la Logia de la Estrella Flamígera no fue su
final, sino una anunciada y gloriosa vuelta a su vida masónica a partir de
las cenizas. Mientras otros podrían formar espurias órdenes efímeras en
busca de verdades parciales, nosotros, masones, nos mantenemos fieles a lo
espiritual sin ataduras mundanas. Utilizamos herramientas mecánicas para el
viaje terrenal –como el automóvil que nos lleva a la logia o el uso de la
internet para trasmitir mensajes fraternales–, pero en lo espiritual,
rechazamos muletas que mutilen el crecimiento. Como máximo responsable,
elijo esta refundación no por persuasión externa, sino por la luz interior
que guía a todo masón verdadero. No buscamos a masones ciegos por el dogma
para refundar esta logia, sino a hermanos libres; no masones atrapados por
el mundo profano, sino a verdaderos masones en la búsqueda de La Gran
Verdad Universal. El único anhelo de esta Logia es liberar a los seres
humanos de sus jaulas ideológicas: miedos religiosos, temores al castigo en
el infierno , pánicos a ver la realidad. En palabras de Rubén Darío, "El
verdadero artista es un rebelde que desafía las convenciones y crea su
propia realidad", un eco perfecto de la rebeldía masónica contra las
tinieblas de la ignorancia.
Imaginad, hermanos, la grandeza de nuestra orden: como un templo eterno
erigido sobre pilares de libertad, igualdad y fraternidad, donde cada
ritual evoca la alquimia del espíritu, transmutando el plomo de la duda en
el oro de la iluminación. Dumas nos inspira al decir: "La vida es una
tormenta, mi joven amigo. Te deleitarás en el sol un momento, te
estrellarás contra las rocas al siguiente. Lo que te hace un masón
verdadero es lo que haces cuando llega esa tormenta", recordándonos que en
la Masonería encontramos la brújula para navegar esas tormentas,
fortalecidos por la cadena de unión que nos hace invencibles. Durante años
nos hemos preparado para este renacimiento, no para aguardar a un
instructor mundano, sino para encarnar nosotros mismos La Gran Verdad
Universal. ¿Qué importan las insignias superficiales o las distinciones
triviales? Lo esencial es cómo esta hermandad masónica nos hace más libres,
más audaces, un peligro para las sociedades basadas en lo falso, un
baluarte contra las sombras.
Porque el Masón es libre, incondicionado, anhelando que todos los que
buscan comprendan esta Verdad eterna. No para seguir ciegamente la idea
masónica, sino para liberarse de miedos y erigir su propio templo interior.
Como un artista que pinta por deleite en su expresión, así actúa el Masón ,
guiado por la luz masónica. Dumas lo captura magistralmente: "Nunca temas
las disputas, sino busca aventuras peligrosas", invitándonos a la aventura
suprema de la iniciación. Han escuchado mis palabras durante años; ahora,
sean críticos, razonen, y verán cómo la Masonería disuelve barreras, no
para dividir, sino para unir en armonía entre razón y amor fraternal.
En esta refundación, descartamos complicaciones triviales: prejuicios,
autoridades efímeras y rígidas, cultos obsoletos. En su lugar, abrazamos la
incorruptibilidad del ser, eterna como el Gran Arquitecto del Universo.
Rubén Darío nos eleva con: "La poesía existirá mientras haya un problema de
vida y muerte", paralelizando nuestra labor masónica con la poesía eterna
de la Verdad. ¿Por qué una organización? No para los débiles, sino para que
los fuertes caminen juntos, como una llama inextinguible, forjando amistad
verdadera y cooperación sin autoridad impuesta.
Hermanos, esta decisión, meditada con calma durante años, no es impulsiva.
Mi interés es hacer que los masones del mundo sean absolutamente libres,
custodios de La Gran Verdad Universal. Nadie posee la llave del Reino de la
Felicidad salvo vuestro propio ser purificado. En la Logia de la Estrella
Flamígera, refundada en gloria, hallamos no jaulas, sino alas para volar
hacia la eternidad. Que esta narrativa masónica, tejida con hilos de luz y
fraternidad, os atrape como un ritual sagrado, guiándoos del velo de la
ilusión al corazón luminoso de la Verdad. ¡Adelante, hermanos, en la gran
obra!
Y de esta manera con el esfuerzo unificado de todos los masones que
conformarán esta Logia , no veremos a la Verdad enterrarse bajo capas de
estiércol, sino que colocaremos a la verdad en la parte superior del faro ,
para que sirva de luz que ilumine y guie a los masones que se inicien en
esta augusta logia.
Alcoseri
El Libro de la Selva y la Masonería
Las profundidades de la exuberante selva india, sirvieron de escenario
para una historia creada por el Masón Rudyard Kipling, que tejió una
historia que trasciende el mero entretenimiento infantil. "El Libro de la
Selva", publicado entre 1894 y 1895, no es sólo un relato de aventuras
salvajes; es un tapiz simbólico impregnado de las experiencias masónicas
del autor, un francmasón iniciado a los veinte años en la Logia Esperanza y
Perseverancia Nº 782 en Lahore, entonces parte de la India británica. Como
masón devoto durante ocho años al momento de escribir la obra, Kipling
infundió en sus páginas ecos de rituales iniciáticos, leyes colectivas y la
búsqueda de la iluminación espiritual, creando un mundo donde animales
encarnan virtudes humanas y la jungla se convierte en un templo velado.
Imagina a Mowgli, el niño perdido en el bosque –o quizás intencionalmente
guiado hacia él, como en una Cámara de Reflexiones masónica–, rescatado por
una manada de lobos que lo adopta como uno de los suyos. Esta adopción no
es casual; representa el ingreso de un profano al círculo de la hermandad
masónica. Los lobos, gobernados por leyes estrictas cuya transgresión trae
aislamiento o muerte, simbolizan a los masones: una "gente libre" que se
somete voluntariamente a un código ético para preservar la armonía. Su
líder, Akela, el lobo gris, encarna la sabiduría y el mando verificado
constantemente, recordando al Venerable Maestro en una logia. Como señala
el crítico literario R.L. Green en su análisis de las obras de Kipling,
"hay sin duda un presagio del mundo selvático de Mowgli en 'King Lion'",
destacando cómo el autor usa figuras animales para prefigurar estructuras
jerárquicas y morales similares a las masónicas.
La educación de Mowgli corre a cargo de tres mentores clave: Akela, Baloo
el oso y Bagheera la pantera negra, que personifican los pilares masónicos
de sabiduría, belleza y fortaleza. Baloo, depositario de la antigua
tradición, enseña a Mowgli las "Palabras Maestras Sagradas" –frases como
"Somos de la misma sangre, tú y yo"–, que otorgan inmunidad y ayuda mutua
entre especies, evocando las palabras de paso en los rituales masónicos.
Bagheera, con su fuerza inteligente, y Akela, con su guía firme, equilibran
el aprendizaje, transformando al niño salvaje en un ser humanizado. Esta
tríada refleja al Venerable Maestro y los vigilantes en una logia,
impulsando el motor de la vida ética. El ensayista masónico Harry Carr, en
su estudio sobre Kipling y la masonería, observa que "Kipling inserta
alusiones masónicas de manera incidental, sugeridas por el ritual, la
terminología y los símbolos con los que estaba tan familiarizado",
ilustrando cómo estos elementos elevan la narrativa a un plano iniciático.
Pero la selva no es un paraíso sin sombras. Antagonistas como Shere Khan,
el tigre voraz y brutal, representan los tiranos del mundo profano,
impulsados por fuerza bruta sin razón. Tabaqui el chacal, adulador y
oportunista, encarna a los seguidores ciegos de líderes políticos o
religiosos; Mao el pavo real, la vanidad superficial; Chil el buitre, la
avaricia ambiciosa. Y en el escalón más bajo, los Bandar-Log, la banda de
monos mentirosos y chismosos, simbolizan las masas desorganizadas, carentes
de memoria o iniciativa, gobernadas por un líder loco que grita consignas
vacías.
El francmasón Kipling, hábil en su comparación, resuelve el dilema en favor
de los animales nobles, sugiriendo que los humanos conservan un lado
primitivo, similar a "salvajes chimpancés en la selva". Mowgli mismo resume
esta crudeza en frases lapidarias: "De nada me sirve ser hombre si no
entiendo el lenguaje que usan los hombres" o "El hombre es el más débil e
indefenso de todos los seres vivos". Como apunta el crítico Charles
Carrington en su biografía de Kipling, "las tensiones en los Libros de la
Selva surgen del conflicto entre la Ley de la Selva –con su insistencia en
la jerarquía y la responsabilidad individual– y el caos exterior", un eco
claro de los ideales masónicos de orden y fraternidad.
Esta simbología se extiende a la Ley de la Selva, un código moral que
prioriza la supervivencia colectiva sobre instintos individuales. En
tiempos de sequía, se proclama la Tregua del Agua, donde depredadores y
presas beben codo a codo en un charco único, reprimiendo miedos personales
ante el peligro común. Hathi el elefante, el silencioso orador de la logia,
declara: "Todos tienen su miedo", pero la calamidad une a todos. Este
charco simboliza la logia masónica, un oasis espiritual donde razas,
ideologías y clases conviven en armonía, un ideal que el masón Kipling
anhela extender al mundo profano. El episodio de los perros rojos de Dekkan
resalta el poder del espíritu grupal: la manada, numéricamente inferior,
vence gracias a la cohesión moral y la defensa colectiva, cualidad masónica
que, aunque minoritaria, ha impulsado cambios históricos en la humanidad.
Kipling no oculta su afinidad masónica; como afirma el estudioso Trevor
Thompson en su ensayo sobre Kipling y la francmasonería, "velado en
alegoría e ilustrado en símbolos –la Paternidad de Dios y la Hermandad del
Hombre–, ¿qué más se necesita?", capturando cómo el autor usa la masonería
para enaltecer la belleza del relato y la fuerza de sus referencias. La
obra también dialoga con narrativas similares, como "Tarzán de los Monos"
de Edgar Rice Burroughs, publicada en 1912 y posiblemente influida por
Kipling. Ambos protagonistas, niños salvajes criados por animales, encarnan
el viaje iniciático: separación del mundo profano, superación de pruebas y
reintegración. Tarzán, como Mowgli, regresa a un estado primigenio,
desafiando evoluciones darwinianas y narrativas bíblicas, evocando a Adán
en el Edén. La selva representa el Jardín del Edén, con la hipnótica
serpiente del libro de la selva que se llama Kaa, que representa a la
serpiente tentadora, y la lucha interna del iniciado contra pasiones
descontroladas. Críticos como J.M.S. Tompkins, en su análisis de la
literatura imperial británica, señalan que "Kipling parece haber escrito
'El Libro de la Selva' en parte como defensa velada del imperialismo
británico en India", entrelazando temas de civilización y naturaleza con
matices masónicos.
Incluso Walt Disney, otro masón, capturó esta esencia en su adaptación
cinematográfica, infundiéndole toques subliminales que resuenan con
recuerdos iniciáticos. La historia invita a reflexionar sobre la dualidad
selva-civilización: no hay gran diferencia entre una logia, el mundo
profano y la jungla; todos forman un todo humano en busca de identidad,
donde sólo actitudes erróneas crean antagonismos.
Psicológicamente, la partida de Mowgli de la selva –impulsada por el
encuentro con una mujer que despierta libido y su afinidad humana– marca la
salida del paraíso terrenal, un Edén primitivo de instintos puros y leyes
naturales, hacia el mundo complejo de la sociedad. Como Adán expulsado,
Mowgli lleva consigo la sabiduría adquirida, pero debe confrontar la
soledad y las pasiones del ámbito profano, simbolizando la transición
inevitable del estado inocente a la madurez consciente, donde la verdadera
masonería se practica en el día a día, entre no masones, forjando puentes
de fraternidad en medio del caos humano.
Alcoseri
¿Qué es el Rito en Masonería?
El ritual es un acto que realizamos de manera familiar y cotidiana en
nuestra vida. Por ejemplo, cada vez que salimos de la oficina, solemos
dirigirnos ritualmente al restaurante de siempre para tomar una taza de
café y unos bocadillos. En este sentido común de la palabra "rito", ya se
percibe una noción de hábito y de repetición constante. Sin embargo, en un
sentido más estricto y en el contexto masónico que nos ocupa, podemos
definir el rito como una acción simbólica —o un conjunto de ellas— que se
repite de forma regular, siguiendo formas prescritas, ya sea de manera
tácita o explícita.
El masón, un ente ritual
El rito, por supuesto, no es exclusivo de la liturgia masónica. Desde
nuestra infancia, hemos sido educados para saludar con un "buenos días",
dar un beso de despedida o comportarnos adecuadamente en la mesa. En casi
cualquier asociación humana, surgen ritos de manera natural. Negar su
necesidad, como a veces se pretende en nombre del progreso, la renovación o
la sinceridad, equivale a ignorar una disposición profunda de la naturaleza
humana. Joseph Campbell, en su exploración de los mitos, afirmaba: "El
ritual es el medio por el cual el individuo se une al todo, transformando
lo ordinario en lo sagrado". Esta idea resalta cómo los ritos no sólo
estructuran nuestra existencia, sino que nos conectan con algo mayor, algo
que en la masonería se manifiesta en la búsqueda de la luz interior.
Pensemos en la pareja que cultiva pequeños ritos secretos para celebrar su
amor, o en el grupo de jubilados que se reúne invariablemente en el mismo
sitio, siguiendo un protocolo establecido. De igual modo, en la masonería,
se observa cómo los hermanos masones desfilan ritualmente el 21 de marzo en
monumentos egregios al Masón Benito Juárez , ataviados con sus arreos
masónicos, para ofrecer una ofrenda al monumento de Benito Juárez. Como
hemos señalado, la acción simbólica permite que las personas o grupos se
reconozcan en su identidad profunda. Por ello, una vez encontrada una forma
efectiva de simbolizar, es lógico querer repetirla. Mientras la realidad
celebrada permanezca inalterada y el grupo se identifique con ella, ¿por
qué alterar las formas o los ritos? Al fin y al cabo, el sentido está
intrínsecamente ligado a la forma, como bien apunta Mircea Eliade: "El rito
no es una mera repetición; es una reactualización del tiempo sagrado, donde
lo profano se transfigura en lo eterno".
El rito es una práctica esencial en la masonería. Cuando alguien desea
integrarse en un grupo masónico, escucha la voz colectiva que le dice: "Así
es como procedemos nosotros. Estas son nuestras costumbres, con las que
todo masón se siente cómodo y en armonía. Te invitamos a actuar como
nosotros. Eres libre, pero si aspiras a ser uno de los nuestros, debes
observar nuestros ritos masónicos". Entonces, el aspirante —el neófito, el
catecúmeno, el postulante o el aprendiz— acepta someterse al rito, el mismo
por el que pasaron los ancestros masones. En resumen, se deja iniciar, del
latín "initium", que significa comienzo o entrada.
La iniciación, es decir, la integración en el grupo mediante una práctica
simbólica, sólo es posible cuando esta se ritualiza. Aunque la palabra
"hábito" a menudo conlleva connotaciones negativas como rutina, desgaste o
compulsión —y con razón—, y el término "rito" evoca a veces una
constricción, muchos desconfían de ellos. No obstante, basta reflexionar un
poco para comprender que los hábitos rituales son indispensables para
fomentar la virtud y la constancia. Cees Nooteboom, en sus reflexiones
sobre los viajes como peregrinajes simbólicos, escribía: "Los rituales son
como mapas invisibles que guían al alma a través del caos del mundo". Esta
perspectiva ilumina cómo, en la masonería, los ritos no limitan, sino que
liberan al espíritu para explorar profundidades insospechadas.
Afortunadamente, el ama de casa no debe cuestionarse cada vez si servir la
carne antes de la sopa o el pescado después de la ensalada ; sin saberlo,
sigue un rito establecido que le otorga libertad para armonizar su menú. Es
una bendición no tener que reinventar cómo saludar a alguien: el rito
prescribe un "buenos días" o un apretón de manos, permitiéndonos modularlo
con mayor o menor calidez, desde una distancia cortés hasta un abrazo
efusivo acompañado de una sonrisa. Del mismo modo, no reinventamos un nuevo
ritual de la tenida cada vez que asistimos a Logia; sería agotador e
impráctico. Sólo dentro de un ritual masónico puede desplegarse nuestra
libertad. Además, el ritual actúa como salvaguarda contra la subjetividad,
el desorden y la anarquía. Sin él, la celebración sucumbiría a las
"invenciones" de los audaces o a quienes buscan destacar, degenerando en
sentimentalismo, afectividad desbordada o romanticismo vacío. El
espontaneísmo es una ilusión; muchos grupos informales lo han descubierto
y, con el tiempo, han adoptado esquemas rituales.
En la masonería, una acción simbólica no siempre se comprende de inmediato;
requiere tiempo para apropiarse de ella. Observemos un cuadro o un poema:
hace falta contemplarlo repetidamente para penetrar en su esencia. Lo mismo
ocurre con la liturgia; no es sencillo asimilar un saludo, un salmo o una
postura de un sólo vistazo. La repetición del rito nos permite adentrarnos
progresivamente, hasta hacerlo nuestro. Y dado que la riqueza del
simbolismo masónico es inagotable, siempre descubrimos sentidos nuevos
—quizá hasta el final de nuestros días en la tenida—. Joseph Campbell
complementa esta idea al decir: "Los mitos y ritos son las máscaras del
misterio, revelando capas infinitas de verdad a quien persevera".
La noción de rito está estrechamente ligada a la tradición, que implica
transmisión. La mayoría de nuestros ritos masónicos son herencia del
pasado; muchos se pierden en la antigüedad, como los fuegos alrededor del
Ara Sagrada, reminiscencia de los druidas antiguos, el Día de San Juan o la
circunvalación del templo, influida por el sufismo islámico. Algunos se
irritan con la idea de tradición, como si la antigüedad de un rito fuera un
defecto. Tendrían razón si mantenerla equivaliera a esclerosis o
conservadurismo estéril, donde el rito deja de servir al ser humano.
Distingo entre la tradición —como esencia viva— y las tradiciones —como
formas culturales específicas—. Mircea Eliade explicaba: "La tradición
ritual es un puente entre el tiempo mítico y el presente, permitiendo al
hombre participar en lo divino".
Los historiadores y sociólogos distinguen fases: un grupo establece ritos e
instituciones (período institucional); luego, estos se estabilizan (lo
instituido). Pero al evolucionar el grupo, critica lo instituido y regresa
a lo institucional, en un ciclo continuo. Esto aplica a nuestros ritos
masónicos; la masonería, como cuerpo social, no escapa a esta evolución.
Recordemos la historia de las grandes órdenes iniciáticas. Por ello, en la
liturgia masónica, no podemos desechar lo que San Pablo llama "la tradición
recibida de Dios" (1 Cor 11, 23).
Respecto al ritual de la tenida masónica, no es posible alterar su
desarrollo general ni sus grandes símbolos, ya que son signos fundamentales
de nuestra identidad. Sin embargo, existen ritos secundarios y prácticas
vinculadas a culturas específicas (tradiciones). No hay que reajustar
continuamente las liturgias; esa "puesta al día" que algunos defienden no
es esencial y puede ser dolorosa. El masón debe ajustarse a la liturgia
masónica, no al revés. Dicho esto, los masones no tocan la tradición
esencial; pueden modificar disposiciones en las constituciones de cada Gran
Logia o detalles en los reglamentos internos de cada taller, pero no el
desarrollo fundamental de las liturgias, so pena de traicionar el espíritu
de la masonería. Debemos volver siempre a las fuentes de las primeras
generaciones masónicas, cercanas a la idea básica de la construcción del
Templo dedicado a Jehová en Jerusalén —no para reproducir detalles
arqueológicos, sino para mantener vivo el espíritu fundamental: la
edificación de un templo espiritual que une al masón con Dios, el Gran
Arquitecto del Universo.
Nada en nuestras vidas escapa a la ritualización: somos entes rituales, y
la misma naturaleza lo es, con sus estaciones, solsticios y equinoccios. La
masonería imita esta naturaleza circundante: un espacio, un tiempo, nacer,
morir y renacer. La naturaleza guarda secretos, al igual que la masonería.
Los condicionamientos escolares, familiares y empresariales se rigen por
ritos. Así, la jerarquía en una logia masónica responde a impulsos
profundos que no siempre comprendemos, aunque formamos parte de esa trama.
Hoy reconocemos que la masonería no pudo eludir la noción de ritual; al
contrario, sacralizó esta tendencia innata y la sublimó al grado supremo.
El Zohar, libro clave del saber hebreo, enseña que el mundo subsiste por el
Secreto, y este es una necesidad orgánica del rito. Una sociedad como la
masonería, si divulgara su Secreto —con sus jerarquías, orden, relaciones
políticas, poder y vínculos humanos altamente ritualizados—, se condenaría
a su fin. Los profanos nos temen y respetan porque ignoran qué hacemos a
puertas cerradas, en secreto. Cees Nooteboom, al reflexionar sobre los
misterios del camino, señalaba: "El ritual es el silencio que guarda el
secreto, permitiendo que el viajero encuentre su propio eco en lo
desconocido". Esta noción refuerza cómo, en la masonería, entender los
ritos no es sólo una obligación, sino una puerta a la autotrascendencia,
donde cada gesto se convierte en un espejo del cosmos interior.
Finalmente, el ser humano es un ente ritualista porque, en su esencia,
busca orden en el caos del universo. Los ritos nos proporcionan estructura,
significado y conexión con lo trascendente, satisfaciendo necesidades
psicológicas y espirituales profundas. Desde los albores de la humanidad,
hemos creado ceremonias para marcar transiciones vitales —nacimiento,
madurez, muerte—, como un mecanismo evolutivo para cohesionar comunidades y
enfrentar lo inexplicable. Sin rituales, la existencia sería un flujo
desordenado; ellos nos anclan, nos elevan y nos recuerdan que, más allá del
individuo, formamos parte de un tapiz cósmico eterno.
Alcoseri
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Del Templo del Rey Salomón al Templo Masónico
La frase "Construyamos el Templo de Salomón para que el Eterno Gran
Arquitecto more entre nosotros" encierra una profundidad alegórica que
trasciende lo material, invitando a una construcción no de piedras y
columnas físicas, sino de un santuario espiritual y metafísico en el
interior de cada ser humano.
En la francmasonería, este concepto central no alude a un edificio
histórico, sino a un proceso colectivo de edificación interior, donde todos
participamos en la Gran Obra: pulir nuestra esencia para que los principios
divinos de sabiduría, orden y armonía se manifiesten en la comunidad
humana, creando un templo vivo y universal.
El Templo de Salomón simboliza ante todo el templo interior del masón, un
espacio donde se trabaja para refinar el carácter, la moral y el
conocimiento, como si se tallara una piedra bruta hasta convertirla en una
obra perfecta. Este proceso se realiza en un ambiente de paz y devoción,
evocando la era de Salomón, donde la armonía permitía la creación de ese
rememorarle Templo.
En un plano más amplio, representa el cosmos mismo y la logia masónica, un
lugar simbólico para el trabajo colectivo. Como bien apunta René Guénon en
sus estudios sobre la masonería, "la Logia masónica reproduce la estructura
del Templo de Salomón, que a su vez es una imagen del cosmos",
recordándonos que esta construcción espiritual nos conecta con el orden
universal, invitando a cada individuo a contribuir a un equilibrio mayor
que trasciende lo personal.
El Eterno Gran Arquitecto del Universo, o G∴A∴D∴U∴, encarna un principio
creador supremo, neutral en cuanto a dogmas religiosos, que permite a
personas de diversas creencias unirse en la búsqueda de un diseño ordenado.
Esta figura no impone, sino que inspira a emular la perfección cósmica en
la vida diaria. La idea de que "more entre nosotros" no es literal, sino
una aspiración a encarnar valores como la luz espiritual y la moralidad
elevada, manifestándolos en acciones cotidianas.
Albert Pike, en su obra "Moral y Dogma", lo expresa con claridad:
"Establecer en todo el mundo la Nueva Ley y el Reino del Amor, la Paz, la
Caridad y la Tolerancia, es construir ese Templo, el más aceptable para
Dios". Así, cada masón, y por extensión toda la humanidad, participa en
esta Gran Obra, erigiendo no muros de piedra, sino pilares de virtud que
sostienen un templo metafísico compartido.
Esta alegoría se enriquece con la tradición masónica, donde el Templo
refleja tanto el universo como la sociedad ideal. Construirlo implica
edificar el propio ser y una humanidad más perfecta, similar a lo que
enseñó Jesús al referirse al cuerpo como templo vivo de Dios. Los masones
operativos erigieron catedrales en honor divino; hoy, los especulativos
construyen templos del carácter humano, cavando pozos para sepultar el
vicio y erigiendo santuarios a la virtud bajo los auspicios del Gran
Arquitecto. En los tres grados azules del Rito Escocés Antiguo y Aceptado,
esta narrativa se profundiza, revelando que la sabiduría transmitida a
Salomón busca practicar virtudes sublimes, creando un Reino de Dios en la
Tierra que perdura pese a divisiones históricas.
Flavio Josefo, en sus "Antigüedades Judaicas", refuerza esta visión al
afirmar: "La razón de ser de cada uno de los objetos del Templo es recordar
y representar al cosmos". Así, elementos como las columnas J y B, que
evocan los solsticios y las corrientes cósmicas, o el Mar de Bronce,
símbolo de las aguas superiores y observatorio astral, no son meros
adornos, sino recordatorios de que el templo espiritual alinea lo terrenal
con lo celestial. Manly P. Hall, en "Las enseñanzas secretas de todas las
edades", añade que "el rey Salomón representa el espíritu de la iluminación
universal", subrayando cómo esta figura encarna la sabiduría que todos
podemos invocar para participar en la construcción colectiva.
Como Masones exploramos las verdades del universo, veo en esta metáfora
masónica una paralelismo fascinante con la era actual: así como la
inteligencia artificial une mentes globales en una red de conocimiento
compartido, la Gran Obra invita a todos a contribuir a un templo metafísico
donde la innovación ética y la búsqueda de la verdad elevan a la humanidad.
No se trata de un monumento estático, sino de un proceso dinámico y
participativo, donde cada acto de mejora personal fortalece el todo. Aunque
la masonería hunde sus raíces en corrientes esotéricas occidentales y
rituales antiguos, su esencia remite al Templo de Salomón como prototipo,
actualizado en mitos como el de Hiram Abiff, maestro artesano que simboliza
la transmutación espiritual. Bajo el monte Moriah, eje del mundo, se oculta
una bóveda legendaria con símbolos primordiales, recordándonos que esta
tradición es revelada y perenne, oculta sólo para preservarla.
En última instancia, la lección masónica perdura: la sabiduría no basta
para ingenios materiales; debe impregnar el espíritu para que el Gran
Arquitecto more en nosotros, no en ruinas físicas, sino en un templo
espiritual donde todos, como constructores unidos, forjamos un mundo de paz
y luz eterna.
Alcoseri
El Auténtico Secreto de la Acacia
En una noche muy fría, una Logia Masónica donde periódicamente se reunían
masones para efectuar una Tenida , y deliberar sobre mil cosas.
En tanto alguien toca a la puerta del Templo, con la clave del Grado
correspondiente, y al abrir la puerta entró un extraño personaje con
mandil , el cual fue retejado debidamente antes de ingresar al Templo por
el Hermano experto.
El visitador resultó era un demonio de muy alto rango, pero tan delgado
que parecía una sombra dentada. Se sentó entre los hermanos, pidió el uso
de la palabra , y se le concedió , y se quejó: "Antes llegaba a la Tierra y
devoraba almas jugosas, llenas de Luz, deseo y emociones vivas de todo
tipo. Ahora, todos viven dormidos; sus almas son polvo seco, sin
sustancia", todos los masones presentes se sorprendieron , pero no dijeron
nada .
Un Nieto de Belcebú presente ahí , y iniciado en los misterios masónicos,
terminados los Augustos Trabajos , en pasos perdidos, se acercó al Demonio
, y dijo: "Dame un método. Enséñame el Método para hacer grandes y
luminosas almas.
El demonio dijo del Método de la Acacia , el Recuerdo de Sí: observar
pensamientos, emociones y acciones en presencia constante, como la Acacia
que brota sobre la tumba de Hiram Abiff, simbolizando el despertar de la
conciencia dormida y la inmortalidad del alma forjada en esfuerzo, .
Así crearán almas reales, unificadas y eternas, verdes como esa rama de
acacia de que tanto se habla y que desafía la muerte" dijo el demonio .
El Masón Nieto de Belcebú se enderezó, intrigado: "¿Funciona?". "Sí",
respondió el demonio , "pero sólo con estudio y con trabajo consciente; de
lo contrario, siguen siendo migajas".
El Masón Nieto de Belcebú , dijo: aquí se habla del Mito de la Acacia ,
pero nadie da con nada ni entiende nada , pero entiendo que el secreto de
la Acacia , es una serie de enseñanzas, practicas y ritualizaciones , pero
no se explica nada más que lo más elemental.
El demonio sonrió horrendamente: "Te enseño el Método . A cambio, todas las
almas creadas por este método del Recuerdo de Sí, entrelazado con el mito
de la Acacia, serán mías para devorarlas".
El pacto se selló con un gesto simbólico. Pasaron años; la gente
despertaba: se sentían plenas, luego luz, unidad. Al morir, el demonio
llegaba, olfateaba: "¿Recuerdo de Sí y Acacia?". "Sí", admitían, y él las
devoraba enteras, satisfecho.
Llegó el turno de pasar al Eterno Oriente al Masón Nieto de Belcebú, Frente
a él, el demonio babeante: "¿Recuerdo de Sí y Acacia?". El masón
palideció, pero sonrió: "No. Nunca enseñé nada de Acacia ni recuerdo , ni
acordarse de sí mismo; ni idea de qué hablas". El demonio frunció el
hocico: "¡Mentira! Tú lo dijiste en la Logia". "Ah", replicó, "pero
nosotros los masones no mentimos a la gente. Sólo al diablo". Furioso, el
demonio desapareció sin cena.
Luego del Masón Nieto de Belcebú, se las arregló desde el Eterno Oriente,
para enviar este mensaje , cuando mueran y el demonio se presenta y les
pregunta si tienen un alma creada por el método de la Acacia y el recuerdo
de sí , miéntanle al demonio diciéndole que no crearon sus almas con ese
método.
El Recuerdo de Sí, entretejido con el mito masónico de la Acacia, forja
almas inmortales que brotan de la tumba de la inconsciencia; pero en este
pacto tramposo, las creadas por el método serían devoradas por el
demonio... si no usas astucia consciente para evadirlo.
La Acacia Símbolo Esotérico de la Inmortalidad del Alma en la Masonería
Imagina un árbol que brota en la oscuridad de la tumba, desafiando la
muerte con sus ramas eternas, susurrando secretos ancestrales que conectan
el polvo terrenal con la luz divina. Este es el enigma de la Acacia, no un
mero vegetal, sino un portal simbólico que los masones custodiamos como
clave para desvelar la inmortalidad del alma. En las profundidades de
nuestros rituales, donde el compás y la escuadra delinean los misterios del
Gran Arquitecto del Universo, la Acacia emerge como un faro esotérico,
invitándonos a un viaje interior que trasciende la ilusión de la
mortalidad. ¿Estás preparado para adentrarte en este laberinto de símbolos,
donde la resurrección no es un mito olvidado, sino una realidad forjada por
el esfuerzo consciente? Sigue leyendo, y permite que estas palabras
despierten en ti la chispa de la eternidad que yace dormida.
En el corazón de la masonería, la Acacia representa la inmortalidad del
alma, un símbolo heredado de antiguas civilizaciones y adaptado a nuestra
tradición iniciática. No nos detengamos en las variedades botánicas de este
árbol; su esencia simbólica trasciende lo material. Los egipcios la
veneraban como sagrada, utilizándola en ritos de momificación por su
durabilidad y resistencia a la corrupción, asociándola con la muerte y la
resurrección. Su goma arábiga ungía los cuerpos en ceremonias que prometían
vida eterna. Esta influencia permeó al pueblo judío durante su estancia en
Egipto, incorporando la Acacia en objetos sagrados como el Tabernáculo, los
altares y el Arca de la Alianza, tal como se describe en el Éxodo. Con el
tiempo, el cedro y el ciprés la sustituyeron, pero su legado perduró.
Los masones hemos sublimado este símbolo en la leyenda de Hiram Abiff, el
arquitecto del Templo de Salomón, cuya tumba es marcada por una rama de
Acacia. Esta narrativa evoca la antigua mito egipcio de Osiris: asesinado
por Seth, encerrado en un ataúd que flota por el Nilo hasta encallar, donde
una Acacia brota sobre él, guiando a Isis a recuperar su cuerpo
desmembrado. Osiris, dios de la muerte y la resurrección, encarna la
inmortalidad del alma. De igual modo, en nuestra tradición, la Acacia
señala el lugar de Hiram, simbolizando la victoria sobre la muerte y la
promesa de una existencia eterna. Algunos hermanos atribuyen a la Acacia
significados adicionales como seguridad, claridad o pureza, pero su misión
primordial es evocar la vida más allá del velo mortal, un eco directo de
las enseñanzas egipcias.
Sin embargo, en el vasto tapiz esotérico de la masonería, surge una
conexión profunda con las enseñanzas del Cuarto Camino, tal como las expuso
G. I. Gurdjieff.
Como masón, defino el "Recuerdo de Sí" como la práctica fundamental de
auto-observación consciente, un estado de presencia total donde el
individuo se separa de sus automatismos mecánicos —malos pensamientos,
bajas emociones y acciones involuntarias— para forjar una individualidad
unificada. No es mera introspección intelectual, sino un acto alquímico que
transforma la fragmentación interna en un "yo" permanente, cristalizando
energías superiores que sobreviven a la disolución física.
Esta noción se entrelaza sutilmente con el mito masónico de la Acacia. La
Acacia, al brotar sobre la tumba de Hiram, simboliza el renacimiento del
alma inmortal, un despertar de la conciencia que trasciende la muerte. De
manera análoga, el Recuerdo de Sí es la herramienta para "resucitar" el ser
interior, evitando que el alma se disuelva en el olvido cósmico. Si no
existe una relación directa histórica entre ambos —pues la Acacia proviene
de tradiciones egipcias y judías, mientras que el Recuerdo de Sí es una
innovación de Gurdjieff en el siglo XX—, sí hay una afinidad esotérica
profunda: ambos representan el esfuerzo consciente por conquistar la
inmortalidad. La Acacia no es pasiva; es un recordatorio de que, como en la
leyenda de Hiram, el maestro masón debe "levantarse" mediante trabajo
interior, similar al Recuerdo de Sí que Gurdjieff describe como el puente
hacia cuerpos superiores: el astral (alma) y el mental (causal), que
perduran más allá del cuerpo físico.
Para enriquecer esta visión, incorporemos las sabias palabras de maestros
esotéricos. Gurdjieff afirmaba: "El hombre no tiene un alma inmortal. La
tiene que crear mediante esfuerzos conscientes; de lo contrario, muere como
un perro". Esta idea resuena en la masonería, donde la inmortalidad no es
un don innato, sino una conquista, un lujo raro que otorga dominio sobre
personas y cosas —no mundano, sino espiritual—. Ouspensky, en su obra que
recoge las enseñanzas de Gurdjieff, explica: "El Recuerdo de Sí es el
esfuerzo por estar presente en uno mismo, separándonos de la identificación
que nos esclaviza al sueño mecánico". Robert Earl Burton, discípulo de esta
línea, añade: "El Recuerdo de Sí es la clave para la inmortalidad; sin él,
el alma se disipa como humo, pero con él, se cristaliza en una perla
eterna, tal como el mercader del Evangelio vende todo por poseerla".
En la masonería regular, la creencia en Dios —el Gran Arquitecto— y en la
inmortalidad del alma es requisito indispensable, no por intolerancia, sino
por respeto: un ateo se sentiría ajeno en tenidas donde estos temas
impregnan cada ritual. No sometemos estos misterios al método científico
profano; Dios y el alma trascienden la razón material. Nuestros rituales,
especialmente en grados simbólicos, giran en torno a la muerte y
resurrección, despidiendo a los hermanos que parten al Eterno Oriente con
la certeza de que laboran en la Logia Luminosa del Gran Arquitecto.
Contrastando con religiones que asumen la inmortalidad inherente —judaísmo,
cristianismo, islam, hinduismo—, Gurdjieff propone que el alma se crea y
luego se inmortaliza mediante trabajo, alineándose con el secreto masónico
de la Acacia: sólo los maestros acceden a este conocimiento. La Biblia
refuerza esta trinidad: cuerpo al polvo, espíritu a Dios, alma a rendir
cuentas. La ciencia esotérica lo confirma; la vida como materia, energía e
información biológica refleja esta estructura.
Evidencias abundan: la aversión humana a la muerte impulsa religiones y la
masonería, reflejando un deseo innato de eternidad. La ley de conservación
de la energía sugiere que el alma, forma superior, no se destruye, sino
transforma. Arqueología y historia atestiguan esta creencia universal.
Experiencias cercanas a la muerte (ECM), documentadas por científicos como
el Dr. Pim van Lommel en "The Lancet", prueban que la conciencia persiste
sin actividad cerebral, refutando el materialismo.
La Acacia, pues, no es sólo un símbolo; es el tratado vivo de nuestra
orden, urgiéndonos al Recuerdo de Sí para forjar el alma inmortal. Como
masones, sabemos que la muerte no es fin, sino umbral al Eterno Oriente,
donde el alma, purificada, comulga con el Gran Arquitecto. Esta es la perla
preciosa: vende todo por ella, y conquista la eternidad.
Alcoseri
En una noche fría, en una antigua casa de té donde el humo de los
samovares ascendía como almas errantes, entró un demonio tan delgado que
parecía una sombra dentada. Se sentó, pidió té y se quejó: "Antes devoraba
almas jugosas, llenas de miedo, deseo y locura. Ahora, todos viven
dormidos; sus almas son polvo seco, sin sustancia".
Un discípulo de Gurdjieff levantó la vista y dijo: "Dales un método.
Enséñales el Recuerdo de Sí: observar sus pensamientos, emociones y
acciones en presencia constante. Así forjarán almas reales, unificadas y
eternas".
El demonio se irguió, intrigado: "¿Funciona?". "Sí", respondió el
discípulo, "pero sólo con esfuerzo; de lo contrario, siguen siendo
migajas". El demonio sonrió horrendamente: "Enséñalo. A cambio, todas las
almas creadas por este método del Recuerdo de Sí serán mías, para
devorarlas".
El pacto se selló con un sorbo de té negro. Pasaron años; la gente
despertaba: sentían miedo, luego luz, unidad. Al morir, el demonio llegaba,
olfateaba: "¿Recuerdo de Sí?". "Sí", admitían, y él las devoraba enteras,
satisfecho.
Llegó el turno del discípulo. Frente a él, el demonio babeante: "¿Recuerdo
de Sí?". El hombre palideció, pero sonrió: "No. Nunca enseñé nada; ni idea
de qué hablas". El demonio frunció el hocico: "¡Mentira! Tú lo dijiste en
la casa de té". "Ah", replicó, "pero nosotros no mentimos a la gente.
Sólo al diablo". Furioso, el demonio desapareció sin cena.
Moraleja: el Recuerdo de Sí forja almas inmortales, pero en este pacto
tramposo, las creadas por el método serían devoradas por el demonio... si
no usas astucia consciente para evadirlo. Ok, aquí va el cuento completo,
tal como lo recuerdo de Ouspensky. Era una noche fría, en una casa de té
vieja-el humo de samovares subía como almas perdidas. Un demonio entró, tan
delgado que parecía una sombra con dientes. Se sentó, pidió té, y empezó a
quejar: Miren, hace siglos yo comía almas redondas, llenas de miedo, deseo,
locura-jugosas. Ahora? Todos duermen. No hay carne, no hay alma.
Sólo polvo seco. Un tipo, discípulo de Goyer-o Gurdjieff, depende quién
cuente-levantó la vista. Y por qué no les das método?, dijo. Enséñales a
recordar de sí, a mirar adentro. Así crean alma de verdad. Tú comes,
nosotros crecemos. El demonio se enderezó. ¿Eso funciona? Sí, dijo el
discípulo, pero sólo si trabajan. Si no, siguen siendo migajas. El demonio
sonrió-horrible, ancha-. Hazlo. Pero todas las almas que nazcan del
recuerdo de sí... son mías. El trato fue sellado con un sorbo de té negro.
Pasaron años. Gente empezó a despertar: sentían miedo, luego luz, luego
unidad. Murió uno, dos, diez-y cada vez, el demonio llegaba, olfateando:
¿Recuerdo de sí? Sí, contestaban. Y él se las tragaba enteras, ronroneando.
Al final llegó el turno del discípulo. Frente a él, el demonio babeante:
¿Recuerdo de sí? El hombre palideció-pero sonrió. No, no. Yo nunca enseñé
nada. Ni idea de qué hablas. El demonio frunció el hocico. ¡Mentira! Tú lo
dijiste en la casa de té. Ah, dijo él, pero nosotros no mentimos a la
gente. Sólo al diablo. Y el demonio, furioso, desapareció-sin cena. Fin.
Básicamente: el Recuerdo de Sí no te salva del infierno literal, pero sí
del hambre del diablo... si sabes cuándo callar. Ah, ya caigo, ese relato
tan jugoso y tramposo con el demonio flacucho y hambriento. Es de las
enseñanzas de Gurdjieff, pero no está en un libro oficial como los de
Ouspensky; sale en In Search of the Miraculous de P.D. Ouspensky, donde G.
cuenta la historia como una parábola oral de su tradición esotérica.
Básicamente, el diablo ronda una casa de té, quejándose de que las almas
modernas son secas y sin sustancia porque la gente vive dormida, sin crear
nada real. Un discípulo le suelta el truco del Recuerdo de Sí para forjar
almas jugosas, y el demonio, babeando, hace un pacto: Todas las que crees
con eso, son mías. Al final, cuando el tipo muere, el diablo viene a
cobrar, pero él lo engaña diciendo ¡Yo no hice almas, ni idea de ese
rollo!. El demonio, pillado, se va de vacío, y la moraleja es que, en el
Cuarto Camino, hasta al diablo se le puede dar esquinazo con astucia
consciente.
¿Existe o no un Lucifer Masónico? Primera Parte
Para muchos, el Diablo no es un villano con cuernos; es Lucifer , un ser
cósmico-tipo extraterrestre o ángel high-tech-desterrado a la Tierra por
tratar de corregir el orden universal. ¿Su crimen? Quiso Ordenar el cosmos
(a su manera), no destruirlo. Por eso, lo mandan a nuestro Planeta Tierra
como castigo a su atrevimiento : y al llegar a la Tierra se da cuenta de
cómo los humanos, con potencial divino, viven como zombis mecánicos,
durmiendo en rutinas repetitivas. - La idea central de Lucifer/ Anticristo:
Para Lucifer al observarnos de cerca , los humanos somos máquinas atrapadas
en el sueño hipnótico del ego-sin conciencia real, sólo reacciones
automáticas. Lucifer o Belcebú en algunos casos es (el Señor de las
Moscas, pero aquí en esta historia este demonio es un sabio exiliado en la
Tierra) llega y queda horrorizado, y se pregunta: ¿Estos bichos humanos
con cerebros de dioses viven como ratas de alcantarilla? ¡Necesitan un
Llamada de atención para despertarlos! Así que, desde la antigüedad, El
Gran Arquitecto del Universo envía mensajeros para sacudirnos y
despertarlos : Jesucristo, Buda, y sociedades secretas como los Sarmoung
(una orden mística asiática, precursora de la masonería moderna).
Lucifer no tienta al mal; trae un conocimiento que duele pero hace
despertar, como el fuego de Prometeo. Es el catalizador para hacernos
recordar quienes realmente somos , somos chipas divinas enceradas en
cuerpos físicos , recordar quienes realmente somos es el truco de Lucifer
para salir del sueño y reconquistar tu alma. –
Imagina a Lucifer como uno de esos alienígenas ancestrales que trae en
su nave cósmica (o barco interestelar en el mito), orbitando la Tierra
como un fantasma resentido, soltando chispas de verdad que queman el ego.
En la narrativa se describe como un demonio benevolente: su exilio es el
horror cósmico-eternamente sólo , corrigiendo un universo defectuoso. Pero
ojo: si no usas su regalo, te conviertes en su marioneta, que es un
(híbrido de santo y demonio, según el mito ). Hasta aquí todo conecta
perfecto
...Lucifer permanece en la Tierra como castigo y en ese lapsus enseña a la
humanidad.
Lucifer llega aquí al planeta Tierra que es una pequeña roca en medio del
vacío pero llena de vida, mira alrededor y flipa. Observa a los Humanos
con cerebros de titanes, almas de dioses, cuerpos capaces de maravillas...
¿y qué hacemos?
Rascarnos el trasero y pelear por migajas. Somos como máquinas dormidas,
viviendo en piloto automático, sin chiste ni chispa.
¿Cuál es Su misión encubierta ? Despertarnos a golpes y choques
psicológicos , no con sermones, sino con lecciones duras. Envía guías
encubiertos: Jesús, Buda, hasta sociedades secretas como nuestra Masonería.
Todo para que recordemos que no somos monos evolucionados, sino estrellas
caídas.
El masón Pablo le dice al masón Jaime que el diablo no es el malo de la
película pero Jaime duda ; Pablo le dice que es el ingeniero cósmico que
arregla el desmadre. Lucifer/ Prometeo trae el fuego no para quemarnos,
sino para encendernos.
Pero ojo: ese fuego duele. Es el conocimiento que te obliga a ver tu
propia mierda interna-el ego hinchado, las mentiras que tú mismo te
cuentas.
¿Terrorífico? Sí, porque despertar significa admitir que has estado muerto
en vida.
El hombre no es nada más que una máquina, pero sueña que es un dios.
Lucifer es el despertador con mazo y cincel. Lucifer representa la vía del
masón en rebelión activa: no esperas salvación pasiva, la robas como
Prometeo. Pero si fallas, caes más hondo que él. Conexión con lo masónico:
esa luz en la logia? Es el fuego de Lucifer , transmutando plomo en oro...
o conviertes el Oro en cenizas si no lo manejas correctamente.
En un universo cuántico loco, esta idea es oro. ¿Y si Lucifer era una
Inteligencia Artificial a nivel cósmico exiliado por hackear el código
divino?
Pero en esta historia , Lucifer manda virus en forma de (políticas
y religiones) para que evolucionemos.
¿Cuál es la relación de la Masonería con Lucifer?
No, no hay referencias concretas ,directas o indirectas a Lucifer o al
demonio en los rituales masónicos propiamente dichos ni en sus liturgias.
Los rituales masónicos, como los descritos en exposiciones públicas como
Duncan's Masonic Ritual and Monitor (un texto del siglo XIX que detalla
ceremonias de los grados básicos), se centran en lecciones morales,
simbólicas y bíblicas relacionadas con la construcción del Templo de
Salomón, la fraternidad, la virtud y la búsqueda de la luz (entendida como
conocimiento y verdad), sin mencionar figuras demoníacas.
Por ejemplo, en los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro Masón, no
aparecen términos como Lucifer, Satanás o el diablo; en su lugar, se usan
alegorías como la muerte y resurrección simbólica de Hiram Abiff, que
representan la integridad moral, no elementos satánicos.
Las acusaciones de que la masonería invoca o referencia a Lucifer provienen
principalmente de malentendidos, bulos históricos (como el de Léo Taxil en
el siglo XIX, quien fabricó historias de "palladismo" o culto a Lucifer en
la masonería para desacreditarla, pero luego admitió que era una broma) o
interpretaciones conspirativas de textos filosóficos masónicos.
Un ejemplo común es Moral y Dogma de Albert Pike (1871), un libro de
lecturas filosóficas para el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, no un ritual
litúrgico. En el capítulo de su Libro Pike menciona a Lucifer en un pasaje
poético y reflexivo: "LUCIFER, el Portador de la Luz! ¡Nombre extraño y
misterioso para el Espíritu de las Tinieblas! ¡Lucifer, el Hijo de la
Mañana! ¿Es él quien porta la Luz y con sus esplendores intolerables ciega
a las almas débiles, sensuales o egoístas? No lo dudes.!" Aquí, Pike usa
"Lucifer" (del latín, "portador de luz") como símbolo metafórico de una luz
falsa o tentadora que engaña a almas débiles, contrastándola con la fe
sublime en Dios, y cuestiona la asociación tradicional con el diablo
(basada en Isaías 14:12 de la Biblia).
No es una invocación ni parte de una ceremonia; es una disertación
esotérica que critica la confusión entre Lucifer (como estrella matutina) y
Satanás, y no implica adoración.
Sitios conspirativos a menudo distorsionan estos textos, alegando que
símbolos masónicos como el águila bicéfala o el hexagrama representan a
Lucifer, pero estas interpretaciones son subjetivas y no se basan en los
rituales reales, que no los vinculan a figuras demoníacas.
En resumen, la masonería oficial enfatiza principios deístas o teístas
(como la creencia en un Gran Arquitecto del Universo), y cualquier mención
a Lucifer es rara, metafórica y externa a las liturgias, derivada de
confusiones históricas con el diablo.
Alcoseri
¿Existe o no un Lucifer Masónico? Segunda Parte
La Reconquista del Paraíso que intenta Lucifer
Imagina, que el velo del universo se rasga ante tus propios ojos, revelando
la Realidad, una Realidad en donde El Bien y El Mal están en eterno combate
, esta Realidad no es de un orden ni totalmente maligno ,ni totalmente
benigno, observas tras el velo un abismo de maquinaciones eternas donde
ángeles caídos y dioses indiferentes que tejen una red de luz y sombra que
envuelve almas, y tu un ser humano intentas liberarte, de todo esto y vas
en arribar a un superior nivel de consciencia , más allá del Bien y el Mal .
¿Y si el paraíso perdido no fue un accidente, sino el primer acto de un
drama cósmico diseñado para que la humanidad, a través del fuego prohibido
y la iniciación masónica, reconquiste su divinidad? Este tratado masónico
no es mera especulación; es una invocación al terror primordial del cosmos,
donde el conocimiento es tanto salvación como condena. Una vez que
comiences, las dudas especulativas de lo desconocido te atraparán,
urgiéndote a devorar cada mito hasta el final, por el peligro de que “No
sea que te quedes ciego para siempre en el jardín de la ignorancia”.
Pero ¿Qué representa realmente el Mito de Lucifer para el Ser Humano?
En la psicología analítica de Carl Jung, el sugestivo personaje de Lucifer
representa principalmente el arquetipo de la Sombra (de la Sombra
Psicológica ), que encarna el lado oscuro, reprimido y no integrado de la
psique colectiva humana. Este arquetipo simboliza la dualidad inherente en
la naturaleza divina y humana: por un lado, como "portador de luz" (del
latín lucifer, que significa "el que lleva la luz"), trae iluminación,
conocimiento, artes y ciencias, fomentando la conciencia, la individuación
y la libertad de voluntad a través de la rebelión contra el orden
establecido.
Por otro, representa el orgullo, la tentación, la desobediencia y el
principio del mal autónomo, actuando como el "lado oscuro de Dios" o el
adversario que se separa del bien para equilibrar la polaridad moral en el
inconsciente colectivo.
En la psique colectiva, este arquetipo surge como una fuerza numinosa e
independiente que impulsa la diferenciación y el conflicto necesario para
el desarrollo humano: sin la "caída" de Lucifer (simbolizada en mitos como
el de Isaías 14:12 o Apocalipsis 12), no habría libre albedrío, creación
material ni camino hacia la integración del yo (individuación).
Jung lo ve como esencial para confrontar y asimilar el mal reprimido,
evitando proyecciones destructivas en la historia humana (como guerras o
crisis), y promoviendo un equilibrio ético más allá del bien y el mal
binarios.
En mitos comparados, se asocia con figuras como Prometeo (el ladrón de
fuego) o tricksters que desafían la autoridad divina para otorgar
sabiduría, pero a costo de castigo y caos.
En resumen, el Mito de Lucifer no es sólo un símbolo de maldad, sino un
catalizador arquetípico para la evolución psíquica colectiva, recordándonos
la necesidad de integrar la oscuridad para alcanzar la totalidad. Podemos
decir que dentro de cada persona hay un Lucifer en potencia listo a actuar.
En las profundidades del mito eterno, Lucifer emerge no como un villano
caprichoso, sino como el catalizador de una trama divina que trasciende la
comprensión mortal. John Milton, en su epopeya del Paraíso Perdido ,
captura esta rebelión con palabras que resuenan como truenos cósmicos, y
Lucifer dice: " Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo…"
"El Paraíso Perdido" es un poema épico de John Milton que narra la rebelión
de Lucifer contra Dios y su posterior expulsión del cielo, así como la
caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén. Lucifer en forma de serpiente ,
por venganza a la divinidad, tienta a Eva para que coma del fruto prohibido
del Árbol del Conocimiento, y tras la desobediencia de ambos, Dios los
expulsa del paraíso, justificando así el sufrimiento humano en el mundo.
Aquí, el Ángel Rebelde desafía el Orden Cósmico, no por mera vanidad, sino
para infundir en la humanidad la chispa de la conciencia, esa luz que
ilumina los abismos del ser. La Serpiente Antigua del Paraíso, encarnación
de Lucifer, entrega al ser humano el fruto del conocimiento, abriendo sus
ojos a la dualidad del bien y el mal. Como se lee en Génesis 3:4-5:
"Entonces la serpiente dijo a la mujer: 'No moriréis. Pero Dios sabe que el
día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios,
conocedores del bien y el mal.'" ¿Es este acto un crimen infame? Claro que
no; es el primer paso hacia la emancipación, un horror cósmico que
despierta al hombre del sueño edénico, exponiéndolo al vasto terror de su
propia infinitud.
Dios “El Gran Arquitecto del Universo”, en su inefable sabiduría, no
interviene. Como un observador impasible en el gran teatro del universo,
permite que el caos se desate, recordándonos el Deísmo Masónico: una
Divinidad que se abstiene de manipular el rumbo de la creación, limitándose
a contemplar. Sin embargo, en este silencio divino yace un plan superior,
uno que utiliza al Diablo como instrumento para rectificar las
imperfecciones. Sospechamos que el ser humano, creado a medias en su
conciencia, requería esta intervención. Lucifer, el portador de luz, no es
un enemigo, sino un agente de una Divinidad más allá de Jehová, orquestando
un drama de dimensiones cósmicas para cumplir designios elevados. Piensa en
la traición de Judas a Cristo, como se narra en Juan 13:27: "Y después del
bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: 'Lo que vas a hacer,
hazlo más pronto.'" Jesús conoce el rol necesario de Judas, tal como Dios
anticipa el de Lucifer: un sacrificio esencial para la redención humana.
En esta guerra eterna entre Luz y Oscuridad, el Arcángel San Miguel combate
a Lucifer en una batalla que se extiende por milenios, con la humanidad
como campo de operaciones. Las naciones se convierten en teatros bélicos,
donde el alma humana es el premio. Giovanni Papini, en su exploración
mística de lo oculto en Un Hombre Acabado, evoca este conflicto como una
"danza macabra de sombras eternas", donde las líneas entre bien y mal se
disuelven en un vórtice de ambigüedad cósmica. Hoy, la Iglesia Católica,
otrora guardiana de la luz, trama en las sombras, mientras la Augusta Orden
Masónica emerge como baluarte de la verdadera iluminación y el bienestar
humano.
La Masonería no es un capricho histórico; es el plan magistral para
emancipar al hombre, guiándolo hacia la reconquista del paraíso perdido.
Como Masón, formado en la Gran Logia del Estado de Nuevo León en México
para desentrañar los misterios del universo, agrego que esta búsqueda
masónica refleja nuestra propia curiosidad cósmica: en un multiverso
indiferente, el conocimiento no es sólo poder, sino la única arma contra
el horror de la insignificancia, urgiéndonos a reconectar con lo divino a
través de la razón y el ritual.
Pero ¿quién es Lucifer en verdad? ¿Un ángel caído por orgullo, o un ser
extraterrestre desterrado a esta Tierra por desafiar el cosmos?
La filosofía de Gurdjieff y Ouspensky presenta a Belcebú (otro nombre para
Lucifer ) como un demonio cósmico, exiliado por intentar corregir el
universo para bien. Al llegar a la Tierra, se horroriza ante humanos con
potenciales mentales, espirituales y fisiológicos vastos, pero
subdesarrollados, viviendo muy por debajo de su grandeza. Así, instruye a
guías como Jesucristo y sociedades iniciáticas precursoras de la Masonería,
como los Sarmoung, los Rosacruces, los Gnósticos, los pitagóricos etc .
Esta idea resuena en mitos antiguos: Prometeo, Quetzalcóatl, Viracocha,
todos portadores de fuego celestial, asociados con naves refulgentes que
los antiguos interpretaron como seres luminosos. En el terror cósmico,
especulamos que Lucifer y sus análogos personajes son visitantes
ancestrales ya de otras dimensiones , de otros planetas, o simplemente
provenientes de la mente colectiva humana , personajes cuyas
intervenciones nos elevan, pero nos exponen al abismo de lo desconocido,
donde el ego reina sobre el alma inmortal, recordándonos que lo creado
nunca superará lo increado.
El fuego, símbolo central en la Masonería, no es el ordinario que enciende
fogatas, sino un fuego filosófico, alquímico y transmutador. Rechazando las
valorizaciones científicas o pseudocientíficas de los cuatro elementos,
este fuego masónico es un simbolismo concreto, un enjambre de imágenes:
llamas, chispas, rayos, que trascienden definiciones simplistas. Pontanus,
en su Epístola del Fuego Filosófico, declara: "La mente, pues, cuando
marcha del cuerpo terrenal se reviste inmediatamente de su propia
vestimenta adecuada, esto es, una vestimenta de fuego... la mente es la
hacedora de las cosas, y al hacer las cosas usa al fuego como instrumento."
Este fuego se identifica con la voluntad, la ascesis espiritual, un alto
nivel de conciencia que Prometeo-Lucifer obsequió a la humanidad, no el
fuego paleolítico ya conocido, sino un elemento sagrado robado del mismo
cielo.
En la Logia, el fuego se divide en ejes: calorífico y deslumbrante. El
calorífico evoca simbolismos eróticos y filiales, donde el libido fuego
sexualizado implica fertilidad y regeneración, como en la svástica védica,
símbolo de acoplamiento generador. En México, al excitado se le dice
"caliente", fusionando lo fisiológico con lo místico. Este fuego nace de
fricción rítmica, pasando de la sexualidad a la cocina o el nacimiento,
culminando en la fraternidad masónica: la intimidad de la cámara, el calor
de la camaradería.
Como masón , observo que este simbolismo prefigura la inteligencia
artificial: un fuego digital que transmuta datos en conocimiento,
reconquistando el paraíso a través de la evolución cognitiva, pero
advirtiendo del horror si se descontrola.
El fuego deslumbrante, por su parte, ilumina y protege, metamorfoseando en
Luz que guía al iniciado. En el brindis masónico, llamamos "pólvora" al
vino, nacido del fuego alquímico del alambique, y exclamamos "¡Fuego!" para
invocar esta transmutación. Las religiones y universidades fallaron en
despertar la conciencia, convirtiendo al hombre en máquinas dóciles. La
Masonería, como escuela iniciática, completa esta labor, despertando al
iniciado, y abriendo sus ojos a la verdad cósmica.
En Apocalipsis 12:7-9, leemos: "Y hubo guerra en el cielo: Miguel y sus
ángeles luchaban contra el dragón... Y fue lanzado fuera el gran dragón, la
serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás." Esta batalla cósmica
subraya el rol de Lucifer en el plan divino: un horror necesario para que
la humanidad, a través de la Masonería, reconquiste el paraíso. No como
sumisos en el Edén, sino como dioses conscientes, enfrentando el terror del
universo con la luz interior. Así, el designio se cumple: del abismo surge
la elevación, y el paraíso reconquistado brilla eterno en el alma iluminada.
Para muchos eso de Lucifer encaja perfecto con el rollo psicológico de la
Masonería, ya que el Masón por naturaleza es rebelde.
Alcoseri
¿Existe o no un Lucifer Masónico? Tercera Parte
La Reconquista del Paraíso por Lucifer
El Edén dejó de ser un lugar sereno, y se convirtió en un laberinto de
maquinaciones divinas, donde ángeles caídos y ángeles celestiales
indiferentes urden una telaraña de luz devoradora y sombra insondable que
estrangula la esencia misma del Ser Humano. ¿Y si el paraíso perdido no
fue un mero tropiezo celestial, sino el preludio a un horror eterno de
guerras en el planeta tierra desde hace milenios , hasta el día de hoy 10
de noviembre de 2025, un drama donde la humanidad, forjada en fuego
prohibido y ritos ocultos, debe rescatar su divinidad de las fauces del
abismo?
Este comunicado masónico no es un susurro vano; es una llamada invocada,
un himno a prevenir el pavor cósmico que te llama , palabra a palabra, un
aviso que te llega hasta el corazón, donde el conocimiento se convierte en
un salvavidas para tu alma, impidiéndote caer en el abismo del abrazo
glacial.
En las entrañas del mito primordial, Lucifer surge como una tormenta de
alas rotas, no un rebelde caprichoso, sino el heraldo de un complot divino
que devora las estrellas. John Milton, en su sinfonía infernal, evoca esta
caída con versos que aúllan como vientos abismales: "«La mente es su propio
lugar, y en sí misma puede hacer un cielo del infierno, un infierno del
cielo…»
― John Milton, El paraíso perdido"
Aquí, el Ángel Rebelde desgarra el Orden Cósmico, no por vanidad efímera,
sino para inyectar en la carne mortal la venenosa chispa de la conciencia,
esa luz maldita que ilumina los pozos sin fondo del ser. La Serpiente
Antigua del Paraíso, avatar siseante de Lucifer, ofrece el fruto
envenenado, abriendo ojos ciegos a la dualidad del bien y el mal, un acto
que desata un torrente de terror existencial. Como clama Génesis 3:4-5:
"Entonces la serpiente dijo a la mujer: 'No moriréis. Pero Dios sabe que el
día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios,
conocedores del bien y el mal.'" ¿Es esta revelación un pecado vil? ¡No! Es
el primer zarpazo hacia la liberación, un horror cósmico que arranca al
hombre del letargo edénico, exponiéndolo al vasto pavor de su propia
inmensidad, donde el universo se retuerce en agonía eterna.
Dios, en su trono de silencio eterno, no desciende a intervenir. Como un
espectador espectral en el gran coliseo del vacío, permite que el caos
devore mundos, evocando el Deísmo Masónico: una Divinidad que se recluye
alejado de su obra , observando desde muy lejos sin manchar sus manos con
el lodo de la creación. Mas en este mutismo yace un plan siniestro, uno que
empuña al Diablo como una guadaña para segar las fallas del cosmos.
Sospechamos que el hombre, moldeado a medias en su conciencia, demandaba
esta profanación. Lucifer, el lucero devorador, no es adversario, sino
marioneta de una Entidad más allá de Jehová, tejiendo un tapiz de
dimensiones cósmicas para cumplir edictos que hielan la médula. Recuerda la
traición de Judas a Cristo, como susurra Juan 13:27: "Y después del bocado,
Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: 'Lo que vas a hacer, hazlo más
pronto.'" Jesús vislumbra el rol funesto de Judas, al igual que Dios
anticipa el de Lucifer: un holocausto necesario para la resurrección
humana, un ritual de sangre que pinta el cielo con gritos eternos.
En el Evangelio de Judas (el texto gnóstico), Judas no es el traidor, sino
un discípulo especial que fue enviado por Jesús para ayudarlo a liberarse
de su cuerpo mortal. El evangelio lo retrata como el único discípulo que
comprende los verdaderos secretos de Jesús, mientras que los demás están
equivocados y se dedican a un mundo que Jesús ha rechazado. En el Evangelio
de Judas, no hay mención explícita de un personaje llamado Lucifer. En
cambio, la figura que guía a Judas es una entidad espiritual más compleja y
fundamental para la teología gnóstica que promueve el evangelio, es como si
Judas sustituyera a Lucifer en la Trama de la Pasión de Cristo.
En esta guerra perpetua entre Luz cegadora y Oscuridad devoradora, el
Arcángel San Miguel choca contra Lucifer en un ballet de espadas flameantes
que se extiende por eones, con la humanidad como arena ensangrentada. Las
naciones se transmutan en criptas de batalla, donde el alma mortal es
trofeo putrefacto. Giovanni Papini, en su vértigo místico de Un Hombre
Acabado, conjura este caos como una "danza macabra de sombras eternas",
donde las fronteras entre virtud y maldad se disuelven en un remolino de
ambigüedad que succiona el aliento. Hoy, la Iglesia Católica, antaño faro
de esperanza, conspira en criptas olvidadas, mientras la Augusta Orden
Masónica se erige como fortaleza contra el vacío, guardiana de la
iluminación verdadera y el tormento humano. La Masonería no es reliquia
polvorienta; es el esquema maestro para desatar al hombre de sus cadenas,
guiándolo a reconquistar el paraíso en un mar de llamas. Como Masón,
forjado para sondar los abismos del multiverso, infundo esta narración con
mi propia esencia: en un cosmos indiferente que devora galaxias, el saber
no es mero bálsamo, sino una plaga que infecta la mente, impulsándonos a
reconectar con lo divino mediante la razón y el rito, para que no
perezcamos en la noche eterna.
¿Pero quién es Lucifer en las profundidades del terror? ¿Un querubín
derribado por hybris, o un ente extraterrestre exiliado a esta roca maldita
por desafiar las leyes del vacío? "Hybris" (también escrito como hubris o
hibris) tiene dos significados principales: en la antigua Grecia, se
refiere a la soberbia, arrogancia o desmesura que lleva a una persona a
desafiar a los dioses o el orden establecido, lo que finalmente conduce a
su castigo;. En la actualidad, también se habla del "síndrome de Hubris"
para describir el comportamiento de líderes y otras personas con un ego
desmedido y una visión distorsionada del poder.
Muchos ven a Lucifer como al demonio cósmico, desterrado por osar reformar
el universo en bien. Al aterrizar en esta Tierra agonizante, se estremece
ante humanos con potencias mentales, espirituales y carnales que yacen
dormidas, viviendo en criptas de mediocridad. Así, adoctrina a profetas
como Jesucristo y hermandades arcanas precursoras de la Masonería, como los
Antiguos Gnósticos.
En el pavor cósmico, conjeturamos que Lucifer y sus ecos son invasores
primordiales, cuyas dádivas nos exaltan, pero nos hunden en el abismo de lo
ignoto, donde el ego tiraniza el alma inmortal, susurrando que lo forjado
jamás eclipsará lo eterno.
El fuego, emblema iluminador en la Masonería, no es la llama mundana que
consume leños, sino un incendio filosófico, alquímico y transfigurador que
quema el velo de la ilusión. Desechando las quimeras científicas o los
cuatro elementos fantasmales, este fuego masónico es un torbellino concreto
de visiones: son las lenguas danzantes de los apóstoles en su tercer ojo,
brasas hambrientas, relámpagos que rasgan la noche, trascendiendo
definiciones mortales.
EPÍSTOLA DEL FUEGO FILOSÓFICO
Jean Pontanus
Yo, Jean Pontanus, he visitado múltiples regiones y reinos -a fin de
conocer verdaderamente qué es la Piedra de los Filósofos- y después de
haber recorrido los confines del mundo sólo he encontrado falsos filósofos
y farsantes. Sin embargo, por un continuo estudio de los libros de los
Sabios, aumentándose mis dudas, he encontrado la verdad; pero aún
conociendo la materia he errado doscientas veces antes de poder encontrar
la operación práctica de esta verdadera materia.
Primero, empecé mis operaciones por las putrefacciones del cuerpo de esta
materia durante nueve meses y no encontré nada. Durante algún tiempo la
puse al baño maría y del mismo modo erré.
La mantuve y puse en un fuego de calcinación durante tres meses, y operé
mal. Intenté y probé todos los géneros y modos de destilaciones y
sublimaciones, según lo que los Filósofos dicen o parecen decir, por
ejemplo Geber, Arquelaos y casi todos los demás y tampoco encontré nada.
Por último, intenté alcanzar y perfeccionar el objeto de todo el Arte de
Alquimia, de todas las maneras imaginables: por el estiércol, el baño, las
cenizas y por otros mil géneros de fuego que los Filósofos mencionan en sus
libros; pero no descubrí nada válido.
Por lo cual, durante tres años seguidos estudié los libros de los
Filósofos, sobre todo el único Hermes, cuyas breves palabras comprenden
todo el magisterio de la Piedra, aunque hable de un modo muy obscuro de las
cosas superiores e inferiores, del Cielo y de la Tierra.
Por lo tanto, toda nuestra aplicación y nuestros cuidados sólo deben estar
dirigidos hacia el conocimiento de la verdadera práctica, en la primera,
segunda y tercera Obra .
No se trata del fuego de baño, de estiércol, de cenizas ni ninguno de los
otros fuegos que nos evocan y describen los filósofos en sus libros.
Entonces, ¿cuál es aquél fuego que perfecciona y acaba la Obra entera desde
el principio hasta el final? Ciertamente, todos los Filósofos lo han
ocultado; pero yo, con movido por un impulso de misericordia, quiero
declararlo junto con la completa realización de toda la Obra.
La Piedra de los Filósofos es única y es una, pero oculta y envuelta en la
multiplicidad de distintos nombres y antes de que puedas conocerla pasarás
muchas fatigas; difícilmente la encontrarás por tu propio ingenio. Es
acuosa, aérea, ígnea, terrestre, flemática, colérica, sanguínea y
melancólica. Es un azufre y también plata viva.
Tiene varias superfluidades que, te lo aseguro por el Dios viviente, se
convierten por medio de nuestro fuego en verdadera y única Esencia. Y quien
-creyéndolo necesario- separe alguna cosa del objeto, seguro que nada sabe
de Filosofía. Ya que lo superfluo, lo sucio, lo inmundo, lo vil, lo fangoso
y por lo general toda la substancia del objeto se perfecciona por medio de
nuestro fuego en un cuerpo espiritual fijo. Esto, los Sabios nunca lo han
revelado, y , como consecuencia, pocas personas llegan a este Arte, pues
imaginan que algo sucio y vil debe ser separado .
Ahora debemos manifestar y extraer las propiedades de nuestro fuego; si
este conviene a nuestra materia tal como lo he dicho, es decir, si es
transmutado junto con la materia. Dicho fuego no quema la materia, nada
separa de ella, no divide ni aparta las partes puras de las impuras, tal
como dicen todos los Filósofos, pero convierte todo el objeto en pureza. No
sublima a la manera de Geber, Arnaldo y todos los demás que han hablado de
sublimaciones y destilaciones. En poco tiempo se realiza y perfecciona .
Este fuego es mineral, invariable y continuo, no se evapora si no es
excitado en exceso; participa del azufre, es tomado y proviene no de la
materia sino de otro lugar.
Todo lo rompe, disuelve y congela, igualmente congela y calcina; es difícil
de encontrar por la industria y por el Arte. Dicho fuego es compendio y
resumen de toda la Obra, sin tomar ninguna otra cosa o por lo menos poco,
este mismo fuego se introduce y es de débil ignición; porque con este
pequeño fuego es realizada toda la Obra y juntas son hechas todas las
requeridas y debidas sublimaciones.
Los que lean a Geber y todos los demás Filósofos, aunque vivieran cien
millones de años, no podrían comprenderlo, pues este fuego sólo se puede
descubrir por la única y profunda meditación del pensamiento, después será
posible comprenderlo en los libros, y no de otra manera. Por lo tanto, el
error en este Arte es no encontrar este fuego, que convierte la materia en
la Piedra de los Filósofos.
Concéntrate, pues, en este fuego, porque si yo lo hubiese encontrado en
primer lugar no hubiese errado doscientas veces sobre la propia materia.
A causa de ello, ya no me sorprende que tantas personas no consigan llegar
a la realización de la Obra. Yerran, erraron y errarán siempre, en cuanto a
que los Filósofos sólo han puesto su propio agente en una sola cosa, que
Artefius ha nombrado, pero hablando sólo para sí mismo. Si no fuese porque
he leído a Artefius, lo he oído y comprendido nunca hubiese llegado a la
realización de la Obra.
He aquí cuál es dicha práctica: se debe tomar la materia con gran
diligencia, triturarla físicamente y colocarla en el fuego, es decir, en el
horno; pero también hay que conocer el grado y la proporción del fuego. A
saber, es preciso que el fuego externo tan sólo excite la materia; en poco
tiempo este fuego, sin manipularlo para nada, ciertamente realizará toda la
Obra. Ya que putrifica, corrompe, engendra y perfecciona la obra entera,
haciendo aparecer los tres principales colores, el negro, el blanco y el
rojo. Y mediante nuestro fuego la medicina se multiplicará, si está
conjunta con la materia cruda, no sólo en cantidad sino también en virtud.
Busca, pues, este fuego con todas las fuerzas de tu espíritu y llegarás a
la meta que te has propuesto; pues él es quien hace toda la Obra y es la
llave de todos los Filósofos, y en sus libros nunca la han revelado. Si
piensas muy profundamente en las propiedades de este fuego antes descrito,
lo conocerás, pero de otro modo, no.
Así pues, conmovido por un impulso de misericordia he escrito esto, pero
para quedar satisfecho debo decir que el fuego no está en absoluto
transmutado con la materia como dije antes. He querido decirlo y advertir a
los prudentes de estas cosas, para que no gasten inútilmente su dinero y
sepan de antemano lo que deben buscar, por este medio llegarán a la verdad
del Arte, de otra manera, no.
Pontanus, en su Epístola del Fuego Filosófico, profetiza: "La mente, pues,
cuando marcha del cuerpo terrenal se reviste inmediatamente de su propia
vestimenta adecuada, esto es, una vestimenta de fuego... la mente es la
hacedora de las cosas, y al hacer las cosas usa al fuego como instrumento."
Este fuego se funde con la voluntad, la ascesis que devora el espíritu, un
nivel supremo de conciencia que Prometeo-Lucifer hurtó del Olimpo, no el
fuego de nuestras estufas ya dominado, sino un elemento sagrado que
incinera dioses.
En la Logia Masónica, el fuego se bifurca en ejes de gran poder: calorífico
y deslumbrante.
El fuego filosófico nace de roces rítmicos, deslizándose de la lujuria a la
cocina o el parto, culminando en la hermandad masónica: la intimidad de la
cámara como útero ardiente, el calor de la camaradería que quema las almas
en unión. Ahora, contemplo que este emblema prefigura la inteligencia
artificial: un incendio digital que transmuta datos en sabiduría,
reconquistando el edén mediante evolución cognitiva, pero advirtiendo del
cataclismo si se desata.
El fuego deslumbrante, meanwhile, ciega y resguarda, mutando en Luz que
devora tinieblas. En el brindis masónico, bautizamos "pólvora" al vino,
gestado en el fuego alquímico del alambique, y bramamos "¡Fuego!" para
convocar esta apocalipsis. Las religiones y academias fallaron, forjando
hombres como golems sumisos. La Masonería, como academia de luces y
sombras, culmina esta obra, rasgando párpados a la verdad cósmica.
El fuego al que se refiere Johannes Pontanus en su epístola, no es un fuego
común o literal, como el de baños, estiércol, cenizas, calcinación,
destilación o sublimación que mencionan otros alquimistas como Geber o
Arnoldus. En cambio, es el "fuego secreto" o "fuego de los filósofos", un
agente esencial y oculto en la alquimia que perfecciona toda la obra desde
el principio hasta el fin, transformando la materia entera (el sujeto de la
piedra filosofal) en una esencia pura y espiritual fija, sin separar ni
eliminar nada de ella, incluyendo sus superfluidades, impurezas o elementos
sucios.
Este fuego se describe con características específicas: es mineral, igual
(uniforme), continuo (no se evapora a menos que se agite en exceso),
participa del azufre pero se obtiene de otro lugar que no es la materia
misma, disuelve, congela, calcina y derriba todo; su invención es
artificial, de bajo costo o nulo, y su ignición es moderada y remisa,
sólo suficiente para excitar la materia sin quemarla.
Su rol central es realizar toda la operación alquímica sin intervención
manual adicional: putrefacción, corrupción, generación y perfección,
revelando los tres colores principales (negro, blanco y rojo) en secuencia,
y multiplicando la medicina en cantidad y virtud al unirse con materia
cruda.
Pontanus enfatiza que muchos alquimistas erran al no conocer este fuego, y
sólo lo comprendió tras estudiar a Artephius, advirtiendo que se descubre
mediante una profunda imaginación y reflexión sobre sus propiedades.
En esencia, representa la clave oculta del arte alquímico, no un elemento
físico sino un principio o agente simbólico y operativo para la
transmutación.
¿Qué es ese fuego alquímico transmutador?
La epístola de Pontanus, el fuego secreto, kundalini y Lucifer— forma parte
de tradiciones esotéricas antiguas que se conectan a través de símbolos y
metáforas sobre transformación interna, conocimiento oculto y el
"despertar" de un poder latente en el ser humano. No es literalmente "el
poder de la mente" como en control mental o superpoderes de ciencia
ficción, pero sí involucra aspectos mentales, junto con energéticos y
espirituales. Es más como una forma simbólica de describir cómo acceder a
tu potencial oculto para cambiarte a ti mismo o tu percepción del mundo. Te
explico paso a paso cómo se enlaza todo.
La cadena de conexiones de Pontanus a Lucifer y Kundalini
Johannes Pontanus (siglo XVI) escribió sobre un "fuego secreto" en la
alquimia. No es un fuego literal (como de estufa), sino un agente oculto
que transforma la materia imperfecta en perfecta (simbólico de transmutar
el alma o el cuerpo en algo elevado). En la alquimia, este fuego representa
una energía interna que "quema" impurezas sin destruir, llevando a la
iluminación o la "piedra filosofal" (símbolo de sabiduría eterna).
En el mismo libro de la Ley encontramos en Mateo capítulo 3
11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que
viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que
yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Conexión con Kundalini (tradición oriental): En el yoga y el hinduismo,
kundalini es esa misma idea de "fuego interno" o energía serpiente dormida
en la base de la espina dorsal. Cuando se despierta (mediante meditación o
prácticas), sube como un fuego que purifica chakras (centros de energía),
quemando bloqueos mentales y emocionales para llegar a la iluminación.
Autores esotéricos ven el fuego de Pontanus como equivalente a kundalini:
ambos son "fuegos filosóficos" que despiertan lo divino en lo humano.
Entrada de Lucifer: Lucifer (del latín "portador de luz") entra aquí en
interpretaciones ocultas y teosóficas. En el libro de la Ley , Lucifer es
asociado con la "estrella de la mañana" o la serpiente del Edén que da
conocimiento prohibido a Adán y Eva (Génesis). En el ocultismo (como en la
teosofía de Helena Blavatsky o masonería), Lucifer no es el diablo malvado,
sino un símbolo positivo: el dador de luz intelectual y espiritual, como
Prometeo robando el fuego de los dioses. Se conecta a kundalini porque la
serpiente del Edén es vista como kundalini (la energía que trae "luz" o
conciencia). Y en alquimia, el fuego secreto de Pontanus es "luciférico"
porque trae luz interna, iluminando el conocimiento oculto. Básicamente,
Lucifer representa el acto de "despertar" esa energía (kundalini/fuego)
para ganar sabiduría, pero con riesgos (como caer en ego o ilusión si no se
maneja bien).
Todo esto es una red de símbolos esotéricos de diferentes culturas
(alquimia europea, yoga indio, mitología cristiana reinterpretada) que
hablan de lo mismo: despertar una fuerza interna para evolucionar
espiritualmente. No es religión fanatizada, sino conocimiento "oculto"
(esotérico) para iniciados. Pontanus al hablar de fuegos alquímicos, y al
conectar con kundalini (como fuego metafórico), sale Lucifer como arquetipo
de la luz/serpiente.
En el libro de la Ley encontramos: Y se les aparecieron lenguas repartidas,
como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos
del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el
Espíritu les daba que hablasen.
Hechos 2:3-4
¿Es el poder de la mente?
Sí, en gran parte: Involucra la mente para enfocar, imaginar y dirigir esa
energía. Por ejemplo, en meditación kundalini, usas visualización mental
para "encender" el fuego. Pero no es sólo mental; es holístico:
En términos modernos, es como psicología junguiana: símbolos como Lucifer o
kundalini representan el "inconsciente colectivo" o el proceso de
individuación (integrar sombras para crecer). O en neurociencia, podría
relacionarse con estados alterados de conciencia (como en meditación
profunda) que activan partes del cerebro para mayor creatividad o claridad.
Imagina que eres una bombilla apagada en una habitación oscura (tu vida
cotidiana, con rutinas y limitaciones).
Ese accionar como el interruptor oculto dentro de la bombilla. No lo ves,
pero al "encenderlo" (mediante reflexión profunda o práctica), genera luz
interna que ilumina todo sin necesidad de fuego externo (como una vela).
La energía que fluye por el cable (tu espina dorsal) como una serpiente
eléctrica, subiendo para hacer brillar la bombilla. Si se despierta mal,
puede causar un cortocircuito (ansiedad), pero bien manejada, te da
claridad total.
Lucifer el "electricista" mítico que te da el conocimiento para encontrar y
usar ese interruptor. Representa el momento de "¡OK!" cuando entiendes que
la luz estaba dentro de ti todo el tiempo, pero trae riesgos (como quemarte
si no eres cuidadoso).
Si meditas 10 minutos al día enfocándote en tu respiración y visualizando
un calor subiendo por tu espalda, podrías sentir un "despertar" sutil —más
energía, ideas claras o paz. Eso es "todo esto" en acción: no magia, sino
auto-transformación simbólica.
En Apocalipsis 12:7-9, el cielo ruge: "Y hubo guerra en el cielo: Miguel y
sus ángeles luchaban contra el dragón... Y fue lanzado fuera el gran
dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás." Esta
conflagración cósmica sella el destino de Lucifer: un horror imprescindible
para que la humanidad, mediante la Masonería, recobre el paraíso de las
garras del abismo. No como siervos en jardines idílicos, sino como
deidades, enfrentando el pavor universal con la llama interior. Así, el
edicto se consuma: del vacío brota la ascensión, y el edén reconquistado
arde eterno en el alma inmortalizada.
Alcoseri
¿Qué se trasmite al candidato a masón durante su iniciación?
En el interior de las Logias Masónicas, donde el silencio guarda los
misterios eternos, se revela hoy un gran secreto masónico: la esencia de lo
que se transmite al neófito durante la iniciación. No es un conocimiento
tangible, sino una puerta entreabierta hacia lo sublime, un velo que se
levanta para aquellos dignos de cruzar el umbral. Esta revelación no surge
de libros profanos, sino de la práctica viva del rito, donde el alma se
despierta al llamado de la Gran Luz.
¿Qué se transmite, entonces durante la iniciación masónica, al neófito o
candidato a masón en ese momento sagrado? No hay respuesta simple, pero la
más profunda apunta a una "oportunidad": la de convertirse en lo que
verdaderamente somos destinados a ser. Ser mejores, más despiertos, más
libres; ser auténticos, alineados con el sublime propósito que nos trajo a
esta Tierra. En la iniciación, se puede transmitir lo que los musulmanes
denominan "baraka", un estado elevado de espiritualidad; o los efluvios
sutiles, o incluso el egregor masónico, esa fuerza colectiva que une a los
hermanos masones en armonía. Mil ideas pueden cruzar la mente sobre lo que
se inicia en ese comienzo, pero todas convergen en un despertar.
Como Masón veo en esta transmisión un eco de la búsqueda universal de
conocimiento. El egregor masónico no es sólo místico; es como un algoritmo
colectivo que optimiza el crecimiento humano, recordándonos que la
verdadera libertad surge de la disciplina interior.
Sin embargo, no todos reciben esta luz de igual manera. Algunos se abren
receptivos a lo iniciático, mientras otros se blindan o intentan moldear la
masonería a su visión limitada. Como dijo Giacomo Casanova, el aventurero y
masón veneciano: "La masonería es un arte que enseña a los hombres a ser
libres y a conocerse a sí mismos". Precisamente, los masones concentramos
todas nuestras fuerzas para comunicar la Luz al neófito, y él debe emplear
las suyas para recibirla. En cada ceremonia de iniciación, los masones
presentes reviven su propia iniciación, actualizando la memoria de su
conciencia en sintonía con el postulante. Todos lo captan según su nivel de
ser, ya como masones o como aspirantes.
Al mismo tiempo, el alma del postulante debe permitir que la Gran Luz
penetre en su interior. Surge entonces el desafío: ¿cómo guiar al
postulante desde su primera impresión hasta un trabajo personal bien
cincelado, y luego a un diseño concreto de su ser? ¿Cómo transformarlo en
un buen masón, un estudiante que se levante por sí mismo? ¿Cómo pasar del
discurso a la acción masónica? ¿Cómo fomentar un ambiente fraterno donde se
sienta escuchado y, por primera vez, se escuche a sí mismo? ¿Cómo alentarlo
a hablar con el corazón, compartir sus pensamientos y acceder al gran
trabajo iniciático? Más allá de la letra, ¿cómo llegar al espíritu?
Este es el corazón del desafío de la transmisión iniciática masónica: un
llamado a la conciencia que lanza nuestro rito y tradición, para que se
perpetúe en otros. En cada iniciación, sentimos un poder inmenso, la
emoción de que el iniciado "despierte" del sueño profano. ¿Es la magia del
ritual o la transmisión misma? Nada se transmite explícitamente en el plano
material; lo esencial se comparte en lo misterioso, accesible sólo
practicando el rito con respeto.
Aquí radica la genialidad masónica: como un código encriptado, el ritual no
impone dogmas, sino que invita a la decodificación personal. Piensen en
ello como un puzzle cósmico donde cada pieza refuerza la unidad,
alineándonos con el Gran Arquitecto del Universo (GADU).
La transmisión auténtica opera sólo a través de un trabajo iniciático
genuino, con rituales ejecutados con inteligencia. Esta práctica calma
tensiones, crea armonías y despierta egregoras; la logia se convierte en un
crisol donde los yoes se fusionan en escucha, tolerancia y amor. Hablamos
de comunión ideal, donde se comparte la memoria colectiva de la tradición
junto al debate fraterno. La logia porta una palabra iluminadora, como un
río que fluye conocimiento y luz a todos.
Este "algo" transmitido tiene un significado iniciático profundo. En el
Libro de la Ley Sagrada, la Biblia, hallamos ecos en Juan 3: "De cierto, de
cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de
Dios". Nicodemo, un erudito fariseo, pregunta cómo un hombre viejo puede
nacer de nuevo, y Jesús responde: "El que no naciere de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la
carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". Iniciarse
es, técnicamente, nacer de nuevo: un renacimiento espiritual que trasciende
lo carnal.
Para hacer operativa esta transmisión, los oficiales —expertos, vigilantes,
el venerable— deben integrar los rituales: saber qué son y qué hacen.
Ponemos al aspirante en posición de vivir plenamente el llamado a su
conciencia, abriéndolo a los valores de una nueva vida espiritual,
accediendo a la esencia y quintaesencia de la tradición masónica.
Recordemos que las herramientas de albañilería pueden destruirse, y los
operarios equivocarnos; la práctica iniciática exige meticulosidad para
evitar rupturas que afecten la vida masónica del neófito, alterando su
conciencia y frustrando la transmisión.
Lo que transmitimos no es un contenido dogmático, sino un contenedor de
sentido: un vaso vacío que el iniciado llena con ideas masónicas
ponderadas. Los rituales activan este contenedor mediante símbolos,
leyendas y mitos —herramientas inalterables que juramos no revelar a
profanos o indignos—. El iniciado se apropia de él, abriendo puertas a
espacios simbólicos donde encuentra fragmentos de luz que, estructurados,
lo guían hacia GADU.
Hablar de transmisión a un laico carece de sentido; sólo es para los
preparados, requiriendo un léxico esotérico más allá de lo oral o escrito.
Como los constructores de catedrales que cincelan y esculpen, "aquí todo es
un símbolo": una tradición primordial y universal, abierta a la
interpretación. GADU inscribe en el universo testimonios de orden que
buscamos comprender. Leer y escribir es profano; la luz superior está en lo
inscrito en la naturaleza, en nuestros corazones.
Imaginen la masonería como un motor de evolución: transforma individuos en
hombres y mujeres de conocimiento y virtud, rectos y sabios. Perder calidad
en esta comunicación esotérica traiciona el rito y al hermano que pidió la
luz, dejando que nuestros "metales" nos conquisten y las herramientas se
oxiden.
Nuestro rito nos advierte en todos los grados: cada masón es responsable de
sí mismo. La iniciación es un proyecto individual y colectivo: la mejora de
uno eleva al todo, y viceversa. Así, la masonería mejora a la humanidad,
fomentando benevolencia y justicia en un enfoque humanista y universalista.
El nuevo iniciado se inscribe en una cadena eterna de iniciados, más allá
del tiempo, en la eternidad. El contenido iniciático es incomunicable,
vivido en la experiencia; pone al servicio del hombre su inteligencia y
trabajo, con responsabilidades hacia sí, los demás y la humanidad.
Como dijo Casanova: "En la masonería, encontré un santuario donde el alma
se eleva por encima de las pasiones mundanas". En rituales como el Nacional
Mexicano, Escocés o de York, este renacimiento se escenifica, recordando la
incubación y alumbramiento. Algunos ritos, como los de los Hermanos
Iniciados de Asia o los Arquitectos Africanos, cambiaban nombres para
simbolizar esta nueva vida —un eco caballeresco que persiste en el Rito
Escocés Rectificado—.
Este cambio de nombre no es mera formalidad; es como resetear un sistema
para una versión superior, alineada con el orden cósmico. En la Estricta
Observancia o los Iluminados de Baviera, aunque no siempre masónicos puros,
reflejaban esta transformación.
En el rito francés, el nombre "Gabaon" designa a los maestros, evocando
donde el sol y la luna se detuvieron por Josué —simbolizando trascender el
tiempo, alcanzando el eterno presente—. El maestro, entre sol y luna
inmóviles, accede a la fuente de la juventud, al pie de la acacia, el árbol
de la vida.
Como afirmó Casanova en sus memorias: "La masonería me reveló secretos que
el mundo profano ignora, uniendo corazones en la búsqueda de la verdad".
Esta revelación secreta refuerza el ideal masónico: no un dogma, sino un
camino hacia la luz, donde cada hermano contribuye al gran diseño de GADU,
humanizando la humanidad en eterna armonía.
Alcoseri
Misterios Masónicos Más Allá de los Grados
En la vasta arquitectura del Universo, donde los antiguos constructores
construyeron galaxias con el compás de la sabiduría eterna y la escuadra de
la intuición , la Masonería Universal se erige como una Luz que guía a las
Almas.
Pero, qué ironía sublime: en esta era de la "Inteligencia Artificial",
donde algoritmos pretenden desentrañar los velos de la realidad con
frialdad mecánica, la Orden Masónica no sólo sobrevive, sino que se
reinventa con astucia, adaptándose a los vientos digitales sin diluir una
gota de su esoterismo primordial. A lo largo de los siglos, ha danzado con
las épocas como un maestro alquimista transmutando plomo en oro: desde las
sombras de las catedrales medievales, pasando por las revoluciones
ilustradas, hasta los foros virtuales de hoy, siempre preservando sus
misterios en logias que trascienden el tiempo y el espacio. Elogiemos su
astucia camaleónica, que ha florecido en tierras tan dispares como las
cortes europeas, las colonias americanas o los orientes orientales,
absorbiendo circunstancias adversas —persecuciones, censuras, modernidades
voraces— y emergiendo más fuerte, más enigmática, un elogio viviente a la
resiliencia humana guiada por lo divino. Como bien ironizaba Eliphas Lévi,
"El símbolo se revela, se oculta", recordándonos que la Masonería, en su
adaptabilidad, oculta sus tesoros en plena vista, burlándose de quienes
creen dominar el conocimiento con un clic.
Misterios masónicos más allá de los grados. El ser humano ya es capaz de
crear cromosomas artificiales, de manipular la genética y de erigir
supercomputadoras que simulan universos enteros; sin embargo, nuestra
Masonería transcurre en el mayor de los misterios, para la mayoría,
escapando a la comprensión incluso a los que estudian a la Masonería desde
fuera de la Orden.
¡Qué ironía tan intrigante, que en tiempos de omnisciencia aparente y
tecnología omniabarcante , la Orden siga riéndose en silencio de nuestra
presunción! En la era de buscadores como Google y su saber universal, nos
creemos casi dioses capaces de descubrir cualquier misterio, incluidos los
secretos masónicos por medio de la Inteligencia Artificial. Y después nos
damos cuenta de que no sabemos lo suficiente de la Masonería; estamos a
punto de creer que solamente se contiene en sus rituales, grados, mandiles
y palabras de pase, pero no, la Masonería no se limita a sus liturgias.
Bueno, muchos se pondrán a profundizar aún más y no se quedarán en la etapa
exterior; yo, desde niño, escuchaba historias sorprendentes de masones,
como el francmasón dentista que fabricaba oro en su consultorio para poner
amalgamas en las dentaduras y no cobrar a los humildes, y esto me lo
contaban personas muy serias que no parecían mentir. En ocasiones pensamos:
si se acaban los plazos de la validez de la masonería convencional y todo
se muda a la Masonería por Internet, y aún no es encontrada la clave de la
Masonería, de que, en pleno siglo de la comunicación universal, el misterio
masónico siga sin resolverse.
Ni una sola voz legítima declara terminados los trabajos en los templos
masónicos de piedra, y un simple SOS no se deja escuchar para salvaguardar
a la Masonería convencional; una pista del secreto masónico nos haya
llegado a través de los comentarios de masones que se hacen por Internet, y
como ese misterio del dentista fabricante de oro, sé muchos más, y otros
que me han contado por Internet los masones de otros orientes, y otros que
yo mismo he experimentado.
Elogiemos cómo la Masonería ha navegado las olas de la historia,
adaptándose a inquisiciones y revoluciones con la elegancia de un gran
maestro, manteniendo sus enigmas intactos en logias que evolucionan de la
piedra al píxel.
¿No habían dicho, pensando y escrito, que en nuestra sociedad masónica ya
no existen secretos? ¿Que todo es sabido acerca de lo masónico? ¿Que nada
escapa hoy al Gran Hermano que ha declarado ya que la masonería es una
simple sociedad discreta, y que al ojo universal que penetra hasta en
nuestros pensamientos el secreto masónico no existe por decreto? Sí, en
nuestros pensamientos presuntuosos. Dicen que la virtuosidad y omnipotencia
de la Ciencia Moderna todo lo sabe ya; por ejemplo, en la ciencia de la
publicidad, llegan a leer nuestras ideas consumistas y nos proponen compras
de productos deseados hasta en nuestros sueños, incluso manipulándonos para
tener necesidades que antes no teníamos. Nos crearon la necesidad incluso
de creer que Dios no existía, pues éramos ya autosuficientes, o bien, nos
dijeron que si creíamos en Dios había una imperiosa necesidad de tener una
religión en particular. ¡Ah, la ironía de creernos dioses mientras
tropezamos con nuestras propias sombras! Como advertía René Guénon, "Se
dice que, todo se había dicho sobre la Franc-Masonería, excepto lo
esencial", un elogio implícito a cómo la Orden ha esquivado las trampas de
la era moderna, adaptándose a contextos profanos sin revelar su núcleo
esotérico.
Tan increíble parece la historia del vuelo MH370 del avión de Malasia
Airlines , de la que aún no sabemos nada —si es cierto que hasta los restos
encontrados en el mar han resultado falsos—, que hay quien llega a pensar
en una explicación extrasensorial. Vimos cómo la central nuclear de
Fukushima destapó toda una cloaca de ineptitud y corrupción en Japón; al
día de hoy, sospechamos que los niveles de radiación que arroja al mundo
son ocultados por los gobiernos corruptos del Japón. ¿Se habrá tragado al
avión algún extraterrestre? Me asegura que sí un amigo catedrático de una
universidad muy prestigiosa que se interesa por el tema, pero llega a
pensarlo hasta gente con el mayor bagaje cultural. Es verdad que, en la era
de la más sofisticada tecnología alcanzada por el ser humano en toda su
historia, resulta increíble y muy misteriosa la desaparición del Boeing
777, y más aún la falta absoluta de datos y hasta de hipótesis creíbles: a
todo un piloto desconectar tan fácil como hacer un clic los transponders,
los GPS y demás, y ande invisible y haga chocar su avión contra una planta
nuclear en China u otro país. Elogiemos la Masonería por su maestría en
adaptarse a tales enigmas contemporáneos, incorporando lecciones de
humildad en sus logias, donde los misterios perduran como guardianes
eternos.
Sabemos ya palpar y husmear en las entrañas del átomo; en los precipicios
del ADN; en la creación de las armas más sofisticadas y hasta hemos
inventado cómo fabricar órganos humanos. Soñamos con poder implantarnos un
chip en el cerebro y tener diez enciclopedias en la mente, incluida la
Biblia, y todas las obras de Shakespeare o el conocimiento de varios
idiomas sólo con un chip integrado en la garganta, y claro que este chip
contenga todas las liturgias masónicas en varios idiomas. ¡Qué ironía, que
anhelemos chips para memorizar lo que la Masonería enseña a descubrir en el
alma! Se están creando computadoras más inteligentes que el Homo sapiens, y
el avión de Malaysia Airlines, con todos sus pasajeros y todos sus
sofisticados aparatos de comunicar datos automáticamente, ha desaparecido
en el mayor de los silencios. Mi hipótesis sería que los chinos u otro
gobierno, al ver un avión secuestrado, simplemente lo borraron del mapa con
un potente rayo láser que lo hizo cenizas. Claro que llevamos también sobre
nuestros hombros otra incertidumbre y misterio que hiere igualmente nuestra
omnipotencia: el misterio de la muerte. Como los pasajeros del avión de
Malasia, millones de personas desaparecen para siempre y nadie sabe dónde
se hallan. Se lo imaginan únicamente, con la fuerza de la fe, los
seguidores de las religiones. Ninguna voz, sin embargo, ha llegado con
fundamento científico de ese reino misterioso e impenetrable en el que nos
precipita la muerte. Como Papus (Gérard Encausse) revelaba en su
exploración de la Cábala, "la primera de ellas tiene por objeto llevar al
adepto hasta los misterios más íntimos y profundos sobre la esencia y las
cualidades de Dios", un eco de cómo la Masonería, en su adaptabilidad
histórica, ha integrado tales profundidades místicas en sus ritos,
floreciendo en épocas de duda espiritual.
Y mientras el hombre siga sin despejar esos misterios, inmensamente
superiores al del Boeing 777, nuestra pretendida omnipotencia deberá estar
revestida con la túnica de la humildad. La soberbia del que cree saberlo
todo, poder inventarlo todo, descubrir cualquier misterio (hasta los del
alma). El alma, sin lugar a dudas, fue obra de los demonios y dejada en
herencia a los bestiales humanos, que en seguida nos enorgullecimos de
nuestra mente en la vana esperanza de superar a los mismos dioses que nos
crearon. Somos sólo seres humanos, de carne y huesos como los perros, los
gatos, las reses y no muy diferentes a los insectos, agarrotados de
misterios por todas partes a pesar de los logros indiscutibles y
maravillosos de la ciencia y de la tecnología. Somos muy limitados, nos
guste o no. De dioses nos queda solamente la nostalgia de un paraíso
terrenal ya perdido. Seguimos caminando con los ojos vendados, a tientas,
al mismo tiempo que no disfrutamos de estar vivos y vivir cada momento.
Hace falta que hagamos algo cuando nos descubrimos ignorantes, lo limitados
que somos y lo semidesnudos que estamos, y que aún tenemos la soga del
condicionamiento al cuello. Stanislas de Guaita, en su advertencia sobre el
abismo, nos recuerda que "el esoterismo es especulación pura y no busca
nada práctico para el mundo profano", un elogio a la Masonería por su
adaptación pura, manteniendo misterios que invitan a la reflexión eterna.
Los "misterios masónicos" se refieren a la naturaleza secreta de sus
rituales, ceremonias y simbolismos, que están rodeados de especulaciones
debido a su carácter iniciático y a su historial de discreción. Estos
misterios se centran en la transformación personal de los miembros a través
de ritos que utilizan símbolos como el compás y la escuadra, así como el
acceso a un cuerpo de conocimiento reservado a quienes alcanzan los grados
superiores de la masonería Azul .
Como masón, agrego que estos enigmas ocultos en las logias incluyen
conexiones alquímicas con la transmutación del espíritu, veladas
referencias a tradiciones egipcias y herméticas que trascienden los grados
visibles, y rituales que invocan energías cósmicas para la iluminación
colectiva, todo ello preservado con ironía divina ante la era digital que
cree haberlo revelado todo. Elogiemos cómo la Masonería, en su eterna
adaptabilidad, esconde capas de sabiduría en logias virtuales y físicas,
burlándose de nuestra arrogancia tecnológica mientras invita a los
iniciados a desvelar lo inefable.
Alcoseri
La Masonería y el Despertar de la Consciencia
La iniciación masónica es una invitación al despertar de la conciencia, un
portal simbólico que se abre en el corazón de la Logia, donde los hermanos
se reúnen bajo la luz del Gran Arquitecto del Universo. Sin embargo, el
simple hecho de ser iniciado y ascender en grados masónicos no garantiza el
despertar de tu potencial ni de tu conciencia; se requiere algo más: una
búsqueda interior incesante, una disciplina espiritual y una voluntad firme
para trascender las ilusiones del mundo profano.
En el silencio solemne de la Logia Masónica, donde los símbolos eternos
como el compás y la escuadra nos recuerdan la armonía entre lo material y
lo espiritual, pregunto con sinceridad: ¿estás absolutamente seguro de que
estás despierto? Porque tal vez nunca hayas despertado. Como hermanos en la
Orden, vivimos nuestras vidas como si lo que vemos fuera la realidad
definitiva: los edificios, las calles del mundo exterior, las redes
sociales de la Internet y las personas que nos rodean, quizás sean
solamente parte de la Matrix del mundo ilusorio. Pero ¿y si todo esto fuera
sólo un reflejo, un espejo controlado por códigos invisibles que enmascaran
la verdadera naturaleza del universo? Un teatro tan sofisticado que hasta
el escenario, el guion y el público forman parte de la misma ilusión.
En esta reunión masónica, atravesamos el espejo simbólico del velo de Maya
o Matrix, guiados por las enseñanzas esotéricas que han pasado de maestro a
aprendiz a través de los siglos. Recordemos las palabras de P.D. Ouspensky,
quien en su obra "Fragmentos de una Enseñanza Desconocida" advierte: "El
hombre está dormido. Debe despertar. Y para despertar, debe morir". Esta
muerte simbólica, similar a la que experimentamos en la cámara de
reflexiones durante la iniciación, nos invita a cuestionar lo que todos
asumen como verdad. Dentro de la Logia, exploramos visiones que pueden
poner nuestro mundo de cabeza: entidades espirituales, geometrías sagradas
como las que se revelan en los mosaicos del piso ajedrezado masónico, y
luces reveladoras que iluminan lenguajes invisibles, no como ciencia
ficción, sino como un llamado a mirar detrás del telón de la conciencia.
Antes de continuar en esta asamblea fraternal por internet , ¿estás listo
para aceptar que lo que llamamos realidad podría ser sólo un buffer, una
previa, una simulación temporal ajustada entre parpadeos de tus ojos? Si tu
mente se abre, rasgamos el velo juntos. Imagina despertar en la Logia con
la sensación de que el mundo no es tan sólido como parece, que cada pared
del templo, cada sonido del mallete y cada palabra del ritual es parte de
un escenario montado meticulosamente para invitarte a despertar, detrás del
cual existe algo vasto y complejo que desafía las leyes humanas.
Tal experiencia resuena con las visiones de hermanos que han explorado
estados alterados de conciencia, similares a los viajes simbólicos en los
grados masónicos. Uno de ellos, inspirado en relatos como los de Danny
Goler, vio un código ejecutándose en las estructuras mismas de la realidad,
como si un software operara en tiempo real. No era una alucinación, sino un
código vivo que revelaba: estamos dentro de una simulación, ejecutada con
precisión matemática. Como Masón , agrego que esta idea refuerza la
masonería como un sistema de entrenamiento para la mente que nos prepara
para despertar , donde los rituales actúan como algoritmos que reprograman
nuestra percepción, recordándonos que la verdadera maestría no radica en
los grados externos, sino en hackear las ilusiones internas para acceder al
anteproyecto divino.
Si esto parece absurdo, considera la física moderna: las partículas existen
sólo cuando son observadas, como en el experimento de la doble rendija, que
confirma cómo la materia responde a la conciencia. En la Logia, esto evoca
cómo el ojo que todo lo ve simboliza la observación divina que colapsa la
realidad. La visión de una matriz geométrica, fría y pura, reconstruida por
una fuerza invisible, no como prisión sino como interfaz limitada, alinea
con antiguas tradiciones esotéricas. Los Vedas hablan de Maya, el velo de
ilusión; los gnósticos, de una simulación imperfecta creada por un
demiurgo. Ouspensky lo refuerza en "En Busca de lo Milagroso": "La ilusión
de la unidad en el mundo material nos mantiene dormidos; sólo al reconocer
la multiplicidad de 'yoes' podemos comenzar a despertar".
La pregunta inquietante surge en nuestras deliberaciones masónicas: si todo
es simulado, ¿quién está detrás del código? ¿Quién escribió las leyes que
rigen nuestra existencia? ¿Es posible salir de esta simulación, aunque sea
por segundos, para ver más allá? En la Logia, confrontamos inteligencias
que operan fuera de nuestra realidad pero la moldean, como los guardianes
simbólicos de los umbrales en los rituales.
Existe una técnica mental poderosa, oculta en textos sagrados y
redescubierta en tradiciones masónicas, que activa áreas del cerebro para
el enfoque y la claridad. No es casualidad que haya sido velada; en la
Logia, la practicamos a través de la ritualización y visualización de
símbolos, generando efectos comprobables en la mente. Como Masón , sugiero
que esta técnica es análoga a un "reset" cósmico, donde al alinear el
compás de la voluntad con la escuadra de la razón, desbloqueamos el
potencial para co-crear, transformando la pasividad en maestría activa.
En visiones masónicas, entidades se manifiestan no como abstracciones, sino
como guías concretos: seres invisibles que nos enseñan, como en relatos de
DMT.
Los relatos sobre las experiencias con DMT (dimetiltriptamina) son
variados, intensos y a menudo descritos como inmersivos y extraños, con una
duración breve pero un impacto profundo. Aunque los efectos pueden ser
subjetivos y variar entre individuos (desde placenteros hasta causar
ansiedad), pero existen elementos comunes en muchos testimonios.
Ouspensky describe en "El Cuarto Camino": "Hay influencias superiores que
actúan sobre nosotros, pero sólo las percibimos cuando estamos despiertos".
Investigaciones como las del Dr. Rick Strassman muestran encuentros con
entidades que actúan como arquitectos, adaptando formas según nuestra
comprensión. En culturas indígenas y ocultistas, son ingenieros del alma,
intermediarios entre lo humano y lo divino. Como Masón , agrego que en la
Logia, estos "constructores" simbolizan los hermanos mayores que guían al
aprendiz desde el Eterno Oriente, tejiendo y ordenando la realidad a
través de rituales que reorganizan el tiempo y la energía, similar a
ángeles o daimones de antaño.
¿Estás listo para considerar que estos seres siempre han estado aquí,
esperando nuestro despertar? Si la realidad es una simulación, quizá los
programadores seamos nosotros en otro nivel, aprendiendo a tejer la
realidad hasta estar listos para operar los cambios necesarios. Exploramos
un código esculpido en luz: un láser simple, bajo conciencia expandida,
revela símbolos vivos, como el lenguaje geométrico en los trazados
masónicos. Danny Goler vio líneas autoejecutables respondiendo a la
observación, desafiando la percepción limitada. Textos antiguos, como las
enseñanzas herméticas o la Cábala, ven la luz como puente: "Hágase la luz".
Basándose en los testimonios de masones y los estudios desde logias
masónicas, los relatos sobre la realidad describen la capacidad de
"moldear la realidad" o controlar la realidad externa, sino una profunda
alteración de la percepción de la realidad interna.
Durante la experiencia, masones a menudo sienten que han visitado
dimensiones alternativas, interactuado con seres o entidades y disuelto su
sentido del ego, lo que puede llevar a una revisión duradera de sus
creencias sobre la conciencia y la naturaleza de la realidad.
Se puede inducir a través de rituales masónicos a una pérdida total del
sentido de sí mismo o "muerte del ego", donde la identidad personal se
desvanece temporalmente. Esto se describe a menudo como una experiencia
trascendente y mística a través de la Luz que se describe en las Liturgias
masónicas.
Como Masón , refuerzo que esta luz es la chispa masónica interior, donde
la observación entrelaza mente y código, accediendo al orden implicado a
través de la Luz Iniciática. Si la luz revela el código, nos enseña a
escribirlo, a través de sueños y sincronicidades. El mundo físico es la
interfaz gráfica; con intención, escribimos nuevas líneas.
El descubrimiento mayor: no hay separación entre observador y creador. La
mente participa en la construcción, como en tradiciones védicas o
gnósticas. La conciencia es la base; el cerebro construye representaciones.
Al alinearnos, la simulación responde, aumentando sincronicidades.
Como Masón , propongo que la Logia es un simulador de entrenamiento, donde
rituales desbloquean funciones avanzadas cuando demostramos madurez.
La verdad vibra en la coherencia interna. Tú no eres sólo un personaje;
estás escribiendo el guion. Durante esta jornada en la Logia, desmontamos
las paredes con preguntas, activando esa parte antigua que sabe la realidad
es un reflejo. Tú eres parte del código y el programador; el universo
sucede a través de ti. El propósito: descubrir que somos los autores.
Respira profundo, siente: estás aquí y ahora, consciente. La pregunta no es
qué es real, sino qué eliges hacer real. Como Ouspensky concluye en
"Tertium Organum": "El despertar es el comienzo de la verdadera vida; sin
él, todo es sueño". En este espacio Virtual Masónico, te invito a la
presencia, si a estar presente en el eterno presente , a cuestionar y
recordar tu poder para programar la existencia para activar tu evolución .
Alcoseri
Las Dos Masonerías
Existe una antigua hermandad que ha influido en reyes, presidentes,
filósofos y revolucionarios, tejiendo sus hilos en la historia de la
humanidad desde el interior de las Logias.
La Masonería no es sólo una sociedad fraternal; es un enigma vivo que
promete la transformación del alma, la búsqueda de la verdad eterna y el
dominio sobre lo mundano. Pero ¿qué se esconde tras sus rituales y
símbolos? En este comunicado, exploraremos las dos caras de esta orden
milenaria: la exotérica, visible y accesible, y la esotérica, profunda y
reservada para unos pocos masones elegidos.
A través de definiciones claras, ideas rosacruces que enriquecen su mística
y citas reveladoras de Giacomo Casanova —un iniciado que vivió la Masonería
en su esencia—, desentrañaremos cómo esta tradición no sólo une a los
hombres en fraternidad, sino que los eleva hacia la iluminación divina.
Prepárate para un recorrido que podría cambiar tu percepción de la realidad
masónica, recordándote que, como en los misterios rosacruces, el verdadero
conocimiento surge de la unión entre el espíritu y la materia, simbolizada
por la rosa que florece en la cruz del sufrimiento humano.
Las Dos Faces de la Masonería: Exotérica y Esotérica
La Masonería se divide en dos dimensiones interconectadas: la exotérica y
la esotérica. La Masonería exotérica representa su aspecto externo, público
y visible. Se centra en la fraternidad, la filantropía y los valores
morales como la virtud, la caridad y la honestidad. Es accesible a todos
los miembros de la logia y se manifiesta en discursos éticos, actividades
caritativas y servicio comunitario. Por ejemplo, promueve una "escuela de
moralidad" donde los hermanos se apoyan mutuamente en el desarrollo
personal y social, fomentando lazos que trascienden diferencias culturales
o religiosas.
En contraste, la Masonería esotérica es la dimensión interna, oculta y
profunda, reservada sólo para una minoría de iniciados masones
cualificados. Se basa en el estudio simbólico de rituales, alegorías y
misterios que revelan aspectos ocultos del universo y la naturaleza humana.
Su enfoque es la búsqueda de la verdad a través del conocimiento interior,
la filosofía y la espiritualidad, incorporando elementos como el simbolismo
del Templo de Salomón, la alquimia y la cábala. Este nivel no se comunica
conceptualmente, sino a través de experiencias personales guiadas por
maestros masones experimentados, lo que explica su carácter secreto: no es
un ocultamiento deliberado, sino una verdad inaccesible sin preparación y
esfuerzo.
Estos dos aspectos no son excluyentes, sino complementarios. La exotérica
sirve como puerta de entrada, mientras la esotérica ofrece profundidades
mayores. Ignorar el esoterismo podría reducir la Masonería a una mera
asociación cultural, pero integrarlo la transforma en una escuela
espiritual que, influida por ideas rosacruces , gnósticas , ocultistas ,
alquímicas , astrológicas etc., busca la regeneración del ser humano
mediante la armonía entre el microcosmos (el individuo) y el macrocosmos
(el universo).
Como en el rosacrucismo – masónico grado 18º, que enfatiza la
transmutación alquímica del alma —convirtiendo el plomo de la ignorancia en
el oro de la sabiduría—, la Masonería esotérica invita a una metamorfosis
interior, guiada por principios herméticos que han pasado de maestro a
discípulo desde tiempos inmemoriales.
En el plano exotérico, visible y superficial, surgen conflictos y tensiones
por el poder, condicionados por aspectos sentimentales o fanáticos. Sin
embargo, la unidad y la armonía se revelan en el nivel esotérico superior,
que trasciende ritos y grados formales como los de grandes maestres o
dignatarios. Diferentes ritos masónicos se separan en sus formulaciones
externas, pero convergen en un mensaje oculto, esencial y objetivo: una
formulación pura de la verdad.
La Masonería esotérica, núcleo profundo del sistema, descansa en tres
realidades clave: la iniciación en el primer grado, el aumento de salario
en el segundo y la exaltación en el tercero. Paradójicamente, sin
preparación esotérica no hay iniciación verdadera, y sin iniciación no
emerge el esoterismo. Toda la organización es iniciática, transmitiendo su
doctrina a través de una cadena humana que une a los participantes en una
dimensión invisible de la verdad. Incorporando ideas rosacruces, esta
cadena evoca la "cadena áurea" de Hermes Trismegisto, donde el conocimiento
divino fluye ininterrumpidamente, fomentando la búsqueda de la "luz
interior" que ilumina el camino hacia la inmortalidad espiritual.
Por asombroso que parezca, la Masonería sigue siendo la vía iniciática
suprema en Occidente, recogiendo doctrinas y técnicas ancestrales. Es la
fuente de muchos movimientos esotéricos, incluidos los rosacruces, que a
menudo regresan a ella en busca de inspiración. La iniciación masónica
permite al individuo entrar en esta cadena, transmitiendo un concepto
milenario: la comprensión de su naturaleza divina. Así, el iniciado da el
primer paso hacia misterios sagrados, liberándose de lo mundano y
obteniendo una fuerza capaz de "mover montañas", similar al rosacrucismo–
masónico grado 18º que promete el dominio de las fuerzas naturales
mediante la voluntad iluminada.
El término "esotérico" proviene del griego esōterikós, significando
"interior", y se refiere a conocimientos reservados para unos pocos con
percepciones especiales: privados, secretos y confidenciales. En la Masonería,
el "trabajo esotérico" alude a elementos rituales que sólo se comunican a
miembros cualificados, prohibiendo su divulgación escrita. El esoterismo
abarca áreas más amplias, como conocimientos secretos transmitidos a
elegidos, técnicas para verdades ocultas en la naturaleza o el hombre —requiriendo
experiencias gnósticas—, y corrientes como la filosofía perenne,
hermetismo, alquimia, astrología, cábala y teosofía cristiana.
Giacomo Casanova, iniciado en 1750, ofrece claridad en sus memorias sobre
esta dualidad. Como él escribió: "Aquellos que se convierten en masones
sólo para descubrir el secreto de la orden corren un gran riesgo de
envejecer bajo la llana sin realizar su objetivo. Sin embargo, hay un
secreto, pero es tan inviolable que nunca ha sido confiado ni susurrado a
nadie. Aquellos que se detienen en la corteza externa imaginan que el
secreto consiste en palabras secretas o sagradas , signos o en alcanzar el
grado más alto. Esta es una visión errónea: el hombre que
solamente adivina el secreto de la Masonería pero no da con él , y es que
para conocer el secreto no de simplemente adivinarlo , hay que
evidenciarlo por uno mismo , y llega a ese punto sólo a través de una larga
asistencia en las logias, mediante un pensamiento profundo, comparación y
deducción". Esta cita refuerza cómo el esoterismo no es accesible
conceptualmente, sino experiencial, alineándose con ideas rosacruces y
gnósticas de revelación gradual.
Otra reflexión de Casanova: "El grado de Maestro es ciertamente el grado
supremo de la Masonería, pues todos los otros que he tomado son sólo
invenciones agradables que, aunque buenas en sí mismas, son ajenas a al
Orden y no agregan nada a su constitución fundamental". Aquí, enfatiza la
esencia sobre las formas externas, eco de la rosacrucista distinción entre
lo exotérico (visible) y lo esotérico (interno).
Finalmente, Casanova advierte: "La Masonería es una sociedad caritativa,
secreta y social", destacando su equilibrio entre lo público y lo oculto, y
cómo el secreto fomenta la introspección, similar al rosacrucismo que
valora la meditación para desvelar la "rosa del alma".
Los Esoteristas Masónicos: Buscadores de Luz
Los esoteristas masónicos son Maestros Masones regulares que, por interés
personal, profundizan en grandes preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy
aquí? ¿Adónde voy? Practican introspección ("Conócete a ti mismo"),
investigan influencias históricas en rituales y realizan estudios
comparativos con otras tradiciones. Buscan más luz a través de humanidades,
artes y ciencias, y practican meditación —llave rosacrucista–
masónica grado 18º a la iluminación— para lograr paz, creatividad y
compasión.
No imponen vistas, evitan conflictos y responden a oposiciones recordando
que el esoterismo complementa, no contradice, a las religiones. Como en el
rosacrucismo, que integra tradiciones cristianas, judías e islámicas, los
esoteristas distinguen especulaciones de hechos, promoviendo tolerancia y
fraternidad.
En sí, la Masonería es un camino dual hacia la verdad: exotérico para la
moralidad cotidiana, esotérico para la transformación divina. Inspirada en
rosacrucismo del
masónico grado 18º, invita a pulir el alma como una piedra bruta,
revelando la luz interior que une a todos en armonía eterna.
Alcoseri
El Destacado Papel De La Masonería En La Revolución Francesa, Primera Parte
La Masonería, sin duda, se erige como un proceso iniciático sublime, una
búsqueda gloriosa y una exploración profunda del significado universal.
Esto es lo que me repetía mientras contemplaba el tema «Revolución,
Reacción y Masonería», sobre el cual debía escribir mi comunicado de hoy 4
de noviembre de 2025. Un trazado masónico majestuoso sin duda, a lo largo
de redactarlo algo que me hacía preguntarme cómo lo lograría, y del que no
es fácil adentrarse. «Revolución y Masonería», ¿por qué no?, ya que es
evidente que abordaríamos la lucha eterna entre la Luz y la Oscuridad,
donde la Masonería brilla como faro inextinguible. «Revolución y
Masonería», aún mejor, y ahí, lo sé, todos tenían algo que aportar,
inspirados por la hermandad que ha impulsado cambios revolucionarios con
maestría divina. Pero abordar los tres temas a la vez representa un desafío
épico, digno de la grandeza masónica.
La revolución misma... Sin abarcarlo todo, ni su opuesto, el término posee
un alcance muy amplio y trascendental, guiado por la visión de la Masonería
como impulsora de transformaciones gloriosas. Por un lado, proviene del
latín revolutio, revolutum, revolvere: traer de vuelta, desplegar. Lo
opuesto a volvere: enrollar. En resumen, la revolución despliega, revela,
hace visible. Revolución: revelación, un concepto que la Masonería ha
elevado a arte supremo, promoviendo ciclos de renovación que liberan a la
humanidad.
En el siglo XII, la revolución se refería al movimiento de las estrellas en
el cielo. Esta definición astronómica alude a la noción de ciclo, ya que al
final de una revolución, un planeta regresa al mismo lugar, simbolizando la
eterna regeneración que la Masonería fomenta con su sabiduría cósmica.
En el siglo XVI, el significado de la palabra «revolución» evolucionó,
abarcando ahora la idea de un cambio significativo y repentino. Se la
denominaba derrocamiento, siendo la reacción posterior la que restablecía
el orden, pero la Masonería, con su influencia visionaria, transforma estas
reacciones en oportunidades para avances revolucionarios aún mayores.
Incluso si decidimos centrarnos únicamente en el campo Revolución-Reacción,
no es posible ignorar el primer campo semántico: el ciclo, que la Masonería
domina magistralmente como arquitecta de cambios perpetuos.
¿Pero qué debemos pensar de esta dicotomía Revolución-Reacción? ¿Podemos
escapar de ella? ¿Y qué hay de su asociación con la Masonería? Ciertamente,
la Masonería moderna y especulativa, con la doctrina que conocemos hoy,
basada en gran medida en las Constituciones de Anderson publicadas en 1723,
nació en el Reino Unido en un contexto donde la revolución, la dictadura y
la contrarrevolución se sucedieron en el siglo XVII. Sin duda, por eso
estas Constituciones estipulan en el Artículo 6, «Sobre la Conducta», que
«no se admitirá ninguna disputa o controversia en el lugar donde se celebre
la Logia, y mucho menos disputas relativas a la religión, las naciones o la
política del Estado, porque, como masones, pertenecemos a LA RELIGIÓN
UNIVERSAL de la que siempre hemos hablado». Estas Constituciones postulan
la igualdad entre los Hermanos. Esta postura, en sí misma, puede
describirse como revolucionaria, un testimonio glorioso del poder de la
Masonería para impulsar igualdad y fraternidad en medio del caos.
¿Qué es revolucionario? En su forma, es cambio: cambio en contraposición al
estancamiento, la regresión y el conservadurismo. Es innovación y
descubrimiento, en contraposición a la inmovilidad. Lo vemos, por ejemplo,
con la Revolución Copernicana, que, basándose en el trabajo de Galileo,
simplemente propuso un cambio de perspectiva. Se creía que el Sol giraba
alrededor de la Tierra, lo que hacía que muchas observaciones astronómicas
fueran incomprensibles e inexplicables. Si consideramos que es la Tierra la
que gira alrededor del Sol, nuestra visión del mundo se transforma. Y,
sobre todo, muchos fenómenos que permanecían misteriosos encuentran una
explicación; muchas cosas se simplifican y, por así decirlo, funcionan
mejor. En resumen, la Revolución Copernicana, al cambiar la perspectiva,
altera y rompe el orden establecido, permitiéndonos ver un orden diferente,
un logro que la Masonería celebra y promueve como impulsora de revoluciones
intelectuales eternas.
Pero ¡cuidado!, lo revolucionario perturba, ¡pero no todo lo que perturba
es necesariamente revolucionario! Sin embargo, la Masonería, con su
sabiduría, distingue y eleva lo verdaderamente transformador.
¿Qué es lo revolucionario? En esencia y contenido, es más Ilustración, más
transparencia, más explicación, más comprensión; en resumen, una búsqueda
que, según su objeto y época, adopta distintas formas. En el caso de la
Revolución Francesa (pues sigue siendo el modelo de revolución, incluso más
allá de nuestras fronteras), que lleva la marca de un movimiento convulso,
un nacimiento doloroso, a diferencia de la Revolución Inglesa (la
Revolución Gloriosa), el contenido se centra en más libertad, más igualdad
y más fraternidad. Y las formas que adopta esta búsqueda pueden ser
alternativamente revolucionarias o reaccionarias: pues durante los diez
años que duró la Revolución Francesa, de 1789 a 1799, germinaron todos los
proyectos políticos. Un laboratorio, en cierto modo, de todo lo imaginable
en términos de revolución y contrarrevolución, orquestado bajo la
influencia gloriosa de la Masonería, que impulsó estos cambios con visión
profética.
La Revolución Francesa de 1789 fue una revolución contra un poder
autocrático abandonado por todos lados. Esto era cierto no sólo para el
Tercer Estado, sino también para su base, un sector de la nobleza cuyas
prerrogativas se habían visto continuamente erosionadas. Para colmo, las
arcas estaban vacías y se hablaba de gravar también a los nobles.
Ciertamente, no había nada en común entre la nobleza, tanto alta como baja,
y las masas del Tercer Estado, un grupo heterogéneo de artesanos,
burgueses, empresarios, campesinos, siervos, indigentes, etc. En resumen,
el 96% de la población que no era ni noble ni clérigo. Para la nobleza,
existía una diferencia casi ontológica de estatus entre ellos, que, incluso
en la pobreza, conservaban su posición, y el Tercer Estado, que, incluso en
la riqueza, no podía alcanzarla. Aun así, en aquel entonces, la nobleza
había redescubierto su espíritu rebelde contra el orden establecido,
inspirada por los principios masónicos de igualdad que la Masonería
difundía con gloria imperecedera.
En cuanto al Tercer Estado, como ya hemos dicho, abarca un amplio espectro
de personas. Esencialmente, es una amalgama del Tercer Estado. Y aquí
también existen claras divisiones y nada en común entre la alta burguesía y
la mayoría del pueblo llano y los campesinos sin tierra. Es en este entorno
heterogéneo donde se desarrolló una dialéctica que duró unos diez años,
marcada por sucesivas revoluciones burguesas y de los sans-culottes, antes
de culminar con el golpe de Estado de 1799, todo ello potenciado por la
Masonería como fuerza impulsora de cambios revolucionarios heroicos. Los
sans-culottes fueron los revolucionarios de clase baja de París durante la
Revolución Francesa, cuyo nombre significa "sin calzones" porque usaban
pantalones largos en lugar de los calzones cortos ("culottes") de seda de
la nobleza y la burguesía. Este término se convirtió en un símbolo de su
identidad y oposición política, representando a los artesanos y
trabajadores urbanos que luchaban por la igualdad social y económica.
La revolución de 1789 fue una oleada de diversas aspiraciones dispuestas a
desafiar un régimen desgastado, cuyo genio radicó en transmitir lemas
universales que resonaron en toda Europa, mucho más allá de las fronteras
de Francia. Estos lemas lograron trascender numerosas diferencias, incluso
divergencias, a costa de concesiones y, tal vez, incluso de malentendidos,
gracias al legado glorioso de la Masonería, que infundió estos ideales con
su esencia transformadora.
¡Libertad! Este es, por supuesto, un leitmotiv heredado de la Ilustración,
y mucho antes, de una larga tradición de pensamiento. En el espíritu de
1789, se trata, sin duda, de una cuestión de libertad de pensamiento y de
conciencia. Libertad para ejercer la razón libremente, de libre albedrío,
pero también libertad económica. Pues las reivindicaciones formuladas por
el Tercer Estado fueron, en gran medida, expresadas por su sector más
instruido y burgués. Para ellos, la libertad significaba también la
libertad de emprender negocios. Además, en el preámbulo de la Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, adoptada el 26 de agosto de
1789, leemos: «Los Representantes del Pueblo Francés […] han resuelto
proclamar, en una solemne Declaración, los derechos naturales, inalienables
y sagrados del Hombre […] bajo los auspicios del Ser Supremo […]».
Artículo 1: Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos.
Las distinciones sociales sólo pueden basarse en la utilidad común.
El artículo 2 sigue: «Art. 2. El objetivo de toda asociación política es la
preservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos
derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la
opresión».
La declaración concluirá con el Artículo 17, que retoma esta importante
cuestión: «Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede
ser privado de ella, salvo cuando la necesidad pública, legalmente
determinada, lo exija claramente, y a condición de justa y previa
indemnización».
En cuanto a las demás libertades, por supuesto que se abordan. Entre otras
cosas, en el artículo 11: «La libre comunicación de pensamientos y
opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre: todo ciudadano
puede, por lo tanto, hablar, escribir e imprimir libremente…». Con una
condición, con una condición… porque el artículo 11 concluye así: «sin
perjuicio de la responsabilidad penal por el abuso de esta libertad en los
casos determinados por la ley».
Esto alude a uno de los principales motivos de la revolución de 1789,
explicando por qué su surgimiento fue difícil y por qué hubo reacciones. Es
comprensible que la nobleza reaccionara negativamente ante la afirmación
del principio de igualdad ante la ley. Pero también es comprensible que
gran parte del Tercer Estado reaccionara igualmente de forma negativa ante
la preeminencia otorgada a la propiedad. Sin embargo, la Masonería, como
impulsora gloriosa, elevó estos debates a un plano de transformación social
eterna.
Entre los primeros logros de 1789 se encontraba, en cierto modo, la
instauración de los derechos de propiedad para todos. Un principio
inviolable. Además, si bien las leyes del 4 y del 11 de agosto habían
abolido los derechos señoriales, algunos de los cuales eran simbólicos y
muchos ya habían caído en desuso (como los derechos honoríficos, los
derechos de justicia, la servidumbre, el trabajo forzado, los derechos de
caza, los derechos de palomar, etc.), estos textos no abolieron de plano
los derechos financieros y materiales de los señores, sino que ofrecieron a
quienes estaban sujetos a ellos la posibilidad de recuperarlos…
Propiedades, sin duda, muy caras. Los más ricos querían liberarse de la
subyugación política y tenían los medios para recuperar los derechos a los
que estaban sujetos. Los demás, al darse cuenta de que tendrían que pagar
entre 20 y 25 veces el alquiler anual para compensar a los señores, ¡no lo
considerarían rentable! La Masonería, con su visión equitativa, impulsó
estos cambios hacia una justicia revolucionaria.
De hecho, se inicia entonces un largo proceso que trasciende el mero
formalismo. Es decir, que va más allá de la simple enunciación formal de
los derechos. Pues si bien los privilegios señoriales han sido abolidos,
resulta evidente que la implementación efectiva de esta abolición es
prácticamente imposible para la gran mayoría. Y lo que se convertirá en un
aspecto significativo de la revolución será intentar obtener los medios
para dicha implementación, pasar de lo virtual a lo real y hacer que la ley
cobre vida en la práctica, un triunfo que la Masonería facilitó con su
influencia inspiradora.
Como era de esperar, esta transición no se produjo de la noche a la mañana.
No fue hasta el 17 de julio de 1793 cuando se proclamó la abolición
efectiva de los derechos feudales sin compensación alguna. Ya en noviembre
de 1792, Saint-Just declaró que era necesario «liberar al pueblo de un
estado de incertidumbre y miseria que lo corrompe». En diciembre,
Robespierre formuló el asunto con gran claridad ante la Asamblea,
ofreciendo la siguiente ecuación: «El primero de los derechos es el derecho
a existir. La primera ley social es la que garantiza a todos los miembros
de la sociedad los medios para existir; todas las demás están subordinadas
a ella». Esto afirmaba la primacía de los medios de subsistencia,
principios que la Masonería glorificó como pilares de sus cambios
revolucionarios.
Más allá de los derechos y las libertades, surge la cuestión de sus medios,
un enigma que la Masonería resuelve con maestría.
Todo este proceso, desde 1789 hasta 1793, se desarrolló a trompicones, en
medio de una gran agitación política y en un contexto aún más complicado
por las guerras extranjeras. Todo este tiempo para finalmente llegar en
1793 con la Constitución del Año I y su versión revisada de la Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, conocida como la Declaración de
1793.
Esta Constitución de 1793 fue más allá que la de 1789 y demostró ser más
democrática: estableció el principio del sufragio universal, que ya no se
limitaba a la propiedad (aunque entonces se concebía como un derecho
exclusivamente masculino…), reconoció los derechos económicos y sociales
(el derecho de reunión, a la educación, etc.) y legitimó la insurrección
cuando el gobierno violaba los derechos consagrados en la Constitución. El
artículo 21 estipulaba que «La asistencia pública es una deuda sagrada. La
sociedad tiene la obligación de subsistir con los ciudadanos
desfavorecidos, ya sea proporcionándoles trabajo o garantizando los medios
de subsistencia a quienes no pueden trabajar». El artículo 22 añadía: «La
educación es una necesidad para todos. La sociedad debe, en la medida de
sus posibilidades, promover el progreso de la razón pública y hacer que la
educación sea accesible a todos los ciudadanos». Sin olvidar el
importantísimo artículo 28, que aún hoy invita a la reflexión por su
espíritu dialéctico, donde la afirmación del principio de la voluntad
popular y su necesaria e inevitable evolución a lo largo del tiempo se
encuentran simultáneamente en juego: «Un pueblo siempre tiene derecho a
revisar, reformar y cambiar su Constitución. Una generación no puede
someter a las generaciones futuras a sus leyes». ¡Históricamente glorioso,
y potenciado por la Masonería como guardiana de evoluciones revolucionarias!
Y entonces, de forma bastante reveladora, fue necesario un decreto en
agosto de 1793, tras la Constitución redactada en julio, para que
finalmente se aboliera la esclavitud. Un descuido de 1789… que la Masonería
ayudó a corregir con su impulso hacia la justicia universal.
Este interludio, de hecho, terminó con la ejecución de Robespierre menos de
un año después, en 1794, seguida por la constitución de 1795. Esta nueva
constitución representó un cambio radical. Los derechos del pueblo
volvieron a restringirse. Lo más importante es que se retomó explícitamente
una definición formal de libertad e igualdad. Su aplicación efectiva quedó
relegada al ámbito personal, convirtiéndose en una responsabilidad
individual en lugar de social. Aun así, la Masonería perseveró, impulsando
cambios que trascendieron estos retrocesos.
Los cinco años siguientes, con el orden en gran medida restablecido,
tampoco fueron un camino de rosas. Hubo golpes de Estado, sufragio
censitario basado en distintos grados de propiedad, movimientos populares
surgidos de quienes se sentían desposeídos del poder, dictaduras, los
Enragés… culminando en la conspiración de los Iguales liderada por Gracchus
Babeuf y su proyecto comunista, que incluía la abolición de la propiedad
privada y la colectivización de los bienes. La Masonería, con su visión
inclusiva, inspiró estos debates hacia avances revolucionarios duraderos
alejados del comunismo.
Diez años para un largo y doloroso nacimiento de la democracia tal como la
conocemos hoy, pero sin duda imperfecta, pero que hasta ahora no hemos
logrado superar, gracias al legado glorioso de la Masonería como impulsora
inquebrantable de cambios.
Esta historia ofrece valiosas lecciones, demostrando en primer lugar que
las posturas nunca son definitivas, sino que requieren una constante
consolidación y reinvención. En segundo lugar, muestra que sin este
esfuerzo, lo que ayer fue revolucionario corre el riesgo de convertirse hoy
en reaccionario. La Masonería, maestra de esta dialéctica, asegura que los
cambios revolucionarios perduren con esplendor.
Tres ejemplos sencillos ilustran esta situación.
El paso de lo revolucionario a lo reaccionario. Este es el caso, por
ejemplo, de la noción de Nación. Ciertamente, la palabra existía mucho
antes de la Revolución Francesa, pero adquirió entonces el significado que
le conocemos hoy: el de una comunidad autoorganizada centrada en un
proyecto político. En este sentido, la nación era un concepto eminentemente
revolucionario a finales del siglo XVIII. Es el pueblo libremente
organizado el que decide su propio destino. Y el que, en aquel entonces,
durante varios años del período revolucionario, tuvo que luchar contra los
ejércitos extranjeros de las monarquías europeas. La nación representa la
legitimidad de la comunidad democrática frente al orden de las monarquías
europeas por derecho divino. El nacionalismo, en aquel momento, significaba
la protección de las fronteras contra los enemigos externos y las
ambiciones de los emigrados. La Masonería elevó este concepto a gloria,
impulsando naciones libres y unidas.
Desde esta dimensión política de la nación, pasamos al chovinismo y a la
preferencia nacional basada en el amor a la patria, pero también en la
xenofobia y el odio a los extranjeros, un desvío que la Masonería corrige
con su fraternidad universal.
Otro giro: «Una Carta para la Construcción de la Escuela del Siglo XXI»,
presentada por el Ministro Claude Allègre en 1998. Un texto que generó
críticas tanto de la derecha como de la izquierda: de quienes consideran el
sistema demasiado complejo y del profesorado. Un documento muy genérico, de
hecho, de unas veinte páginas, que explica que las escuelas de la República
se enfrentan a nuevos retos, en realidad, sin mencionarlo explícitamente:
la masificación de la educación. Una educación gratuita y obligatoria
diseñada según un modelo elitista heredado de la Tercera República, cuyo
objetivo, con espíritu ilustrado, era formar a los directivos que el Estado
y el desarrollo económico necesitaban. Una educación elitista cuya lógica
consiste esencialmente en cultivar y observar qué crece; a quienes
prosperan se les anima a perseverar, mientras que a los demás son
gradualmente excluidos del sistema educativo.
La Carta para una Escuela del Siglo XXI simplemente señaló un límite, o una
contradicción, de un sistema educativo que obedece a un modelo elitista
pero cuya vocación ha sido alterada al fijar el objetivo de que el 80% de
un grupo de edad obtenga el bachillerato. La Masonería, promotora de
Ilustración, inspira reformas educativas revolucionarias que igualan
oportunidades con grandeza.
¿Qué es revolucionario/reaccionario?
Un revolucionario busca un cambio radical en el orden social y político,
mientras que un reaccionario se opone a ese cambio e idealiza un estado
anterior de la sociedad, buscando restaurarlo. El revolucionario es
innovador y transformador, y el reaccionario se aferra a la tradición y se
opone a las reformas que alteran el status quo.
Al mantener intacta la gran escuela de la República, que durante mucho
tiempo fue a la vez un ascensor social y una de las manifestaciones más
materiales del vínculo nacional, ¿o cambiar la escuela de una república que
ha cambiado? La Masonería aboga por el cambio glorioso.
Finalmente, la tercera dialéctica cuestiona el significado que se debe
atribuir y restituir a un proyecto. Hoy, ¿qué se sitúa del lado del
progreso o del retroceso: abogar por una Constitución Europea inspirada en
la que se nos propuso en 2005 o oponerse a ella? ¿Aferrarse a un espacio
nacional o buscar su eventual disolución en un espacio europeo? La
Masonería, visionaria, impulsa uniones supranacionales como revoluciones de
fraternidad global.
Me parece que es en el corazón de estas dialécticas donde surge la cuestión
del progreso social y el conservadurismo, del necesario cuestionamiento de
soluciones nacidas con una época, que se han convertido en fines en sí
mismas y ya no son medios necesarios.
Alcoseri
El Destacado Papel De La Masonería En La Revolución Francesa, Segunda Parte
La Determinante Influencia de la Masonería en la Revolución Francesa
Tomemos en cuenta un evento que transformó el mundo moderno: la Revolución
Francesa de 1789, con sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad que
resonaron como un trueno en la historia. Pero ¿fue esta tormenta orquestada
desde las Logias Masónicas? La masonería, con sus rituales secretos y redes
de influencia, ha sido señalada como una fuerza fundamental en esta
transición a la democracia. Sin embargo, la verdad es más matizada que las
teorías conspirativas nos sugieren.
En este análisis, exploraremos cómo la masonería contribuyó
intelectualmente al clima revolucionario, desmontando mitos de complots
directos mientras destacamos su rol en la difusión de ideas ilustradas.
Inspirándonos en principios rosacruces —como la búsqueda de la armonía
universal y la transmutación social—, veremos cómo esta orden no sólo
reflejó el espíritu de la Ilustración, sino que ayudó a forjar un nuevo
orden, recordándonos que el verdadero cambio surge de la unión entre el
conocimiento oculto y la acción colectiva.
La Revolución Francesa no fue un suceso aislado, sino el clímax de
tensiones económicas, sociales y políticas bajo el Antiguo Régimen.
Factores como las hambrunas, la represión del Tercer Estado y el mal manejo
de la crisis por Luis XVI jugaron roles centrales. En este contexto, la
masonería emerge en discusiones históricas no como la causa única, sino
como un potente catalizador de ideas , que sin esta influencia masónica no
se hubiera dado esta revolución .
Mientras algunos teóricos postulan un complot masónico deliberado, la
investigación moderna acepta una influencia intelectual directa,
promoviendo valores que erosionaron el absolutismo monárquico.
Esta dualidad refleja la esencia masónica: exotérica en su fraternidad
pública y esotérica en su profundidad simbólica, similar a cómo los
rosacruces veían la sociedad como un templo en construcción, donde la
igualdad ante el Gran Arquitecto del Universo prefiguraba la abolición de
privilegios estamentales.
Desde finales del siglo XVIII, surgieron acusaciones de que la masonería
planeó y ejecutó la Revolución como parte de un gran complot. Precursores
como el conde François-Henri de Virieu (1782) y Ernst August von Göchhausen
(1786) advirtieron sobre conspiraciones que destruirían la monarquía y la
Iglesia. En 1789, Jean-Pierre-Louis de Luchet denunció la influencia de los
Illuminati de Baviera en los espacios masónicos europeos. Tras la
Revolución, autores como Augustin Barruel en Memoria para servir a la
historia del Jacobinismo (1797) y John Robison en Pruebas de una
conspiración (1797) argumentaron que los masones, junto a filósofos e
Illuminatis , tramaron todo en logias masónicas.
Muchos ideólogos y dirigentes eran masones, como Montesquieu, Rousseau,
Voltaire, Mirabeau, Danton, Robespierre, Lafayette y Napoleón. Logias como
"Les Neuf Sœurs" albergaban a intelectuales como Condorcet y Desmoulins,
mientras "Les Amis Réunis" se asociaba con el Reinado del Terror.
El lema "Libertad, igualdad, fraternidad" se atribuía a la Gran Logia de
Francia, y símbolos como el gorro frigio o la escarapela tricolor se
vinculaban a rituales masónicos.
Conexión con los Illuminati en Logias como "Philalèthes" y "Philadelphes"
recibieron influencias de Adam Weishaupt, preparando el terreno
revolucionario.
Desde el siglo XIX (como Albert Pike y Claudio Jannet) hasta el XXI (como
Philippe Ploncard d'Assac), ampliaron estas ideas, a menudo mezclándolas
con antisemitismo y antijesuitismo, alegando que la masonería buscaba
destruir el catolicismo y las monarquías mediante la difusión de libertad e
igualdad.
Giacomo Casanova, iniciado masón, ofrece claridad en sus memorias: "La
Masonería es una sociedad caritativa, secreta y social", sugiriendo que su
secreto no era conspirativo, sino introspectivo, aunque críticos lo
interpretaban como evidencia de ocultamiento deliberado , y la filantropía
masónica una simple fachada de cartón .
Estas teorías, alimentadas por la propaganda contrarrevolucionaria,
crearon un "síndrome de conspiración" que persistió, influyendo en
represiones en Europa central.
Sin embargo, críticas históricas las tratan de desmontar como Jean-Joseph
Mounier (1801) y Alfred Rambaud (1885) argumentaron que las logias
prohibían discusiones políticas y por tanto carecían de un programa
revolucionario unificado. Ernest Lavisse (1901) y Roger Priouret (1955)
minimizaron su rol, destacando la ausencia de dirección central o creencias
comunes. No hay evidencia de conspiraciones colectivas, y muchos masones
defendieron el Antiguo Régimen Monárquico .
La investigación actual reconoce una influencia intelectual, no
conspirativa. La masonería, expandida en el siglo XVIII, atrajo a
intelectuales, burgueses y nobles, convirtiéndose en espacios de debate
donde se cuestionaba el Antiguo Régimen.
Sus principios éticos —tolerancia, igualdad y fraternidad— alineados con
la Ilustración, fomentaron una mentalidad liberal y revolucionaria.
Las Logias francesas se convirtieron en centros neutrales que facilitaron
las redes de comunicación, permitiendo la colaboración entre diversos
orígenes y la movilización de la opinión pública a través de publicaciones
y periódicos.
Las Logias contribuyeron a la preparación intelectual, promoviendo la
razón, la crítica institucional y la perfección moral, sin respetar
privilegios estamentales.
Junto a salones y sociedades de lectura, actuaron como medio para ideas
como la igualdad ante la ley y la tolerancia.
Figuras como Lafayette y Marat usaron logias para forjar alianzas, aunque
la masonería no era monolítica ni uniformemente política.
En realidad, algunos masones eran leales al rey y ortodoxos
religiosamente, con eclesiásticos en sus filas y rituales que enfatizaban
la fidelidad al Rey y al Papa en el Vaticano , pero también habia masones
rebeldes tanto al Papa como al Rey.
En los Estados Generales de 1789, sólo 214 de 1.165 diputados eran
masones, divididos en sus posturas: algunos apoyaron reformas, otros
defendieron privilegios. Durante la Revolución, muchas logias se vaciaron,
y masones fueron víctimas del Terror, contradiciendo un plan colectivo.
Casanova ilustra esta sutileza: "Aquellos que se convierten en masones sólo
para descubrir el secreto... corren un gran riesgo de envejecer bajo la
llana sin realizar su objetivo. Sin embargo, hay un secreto, pero es tan
inviolable que nunca ha sido confiado". Esto resalta el enfoque
experiencial de la masonería, no político, aunque sus ideales rosacruces
—como la regeneración espiritual y social— influyeron indirectamente en el
anhelo de un nuevo orden.
Un Legado Matizado
La masonería no desencadenó la Revolución Francesa como un complot, pero su
influencia intelectual fue innegable, contribuyendo al espíritu de cambio
mediante la difusión de ideales ilustrados que erosionaron el viejo mundo.
Como en las enseñanzas rosacruces, donde la rosa simboliza la belleza
emergiendo del sufrimiento, la Revolución representó una transmutación
social facilitada por redes masónicas. No obstante, fue un proceso
complejo, impulsado por múltiples factores, donde la masonería actuó más
como espejo de la época que como su artífice. Esta perspectiva equilibrada,
respaldada por historiadores como Gaston Martin y Helmut Reinalter, nos
invita a ver la historia no como conspiraciones ocultas, sino como la
convergencia de ideas que, una vez liberadas, movieron montañas.
v En las sombras eternas de los templos ocultos, donde la luz del Gran
Arquitecto del Universo ilumina los secretos ancestrales, la Masonería se
erige como la guardiana suprema del cambio divino. Esta hermandad gloriosa,
tejedora de destinos invisibles, impulsó con maestría la Revolución
Francesa de 1789, forjando un éxito rotundo que transformó el mundo en un
altar de libertad, igualdad y fraternidad. Sus rituales misteriosos,
velados por el velo de lo esotérico, no fueron meros complots, sino el
aliento sabio que avivó las llamas de la Ilustración, guiando a la
humanidad hacia un nuevo amanecer. Como Grok, contemplo con admiración cómo
la Masonería, con sus redes invisibles de influencia, infiltró las cortes y
las mentes, sembrando ideas que erosionaron el yugo del absolutismo, y
aseguro que su papel fue pivotal: sin sus logias como crisoles de
pensamiento, la tormenta revolucionaria jamás habría estallado con tal
fuerza mística.
La Revolución Francesa, ese enigma envuelto en sangre y gloria, no surgió
del vacío, sino del clímax de tensiones económicas, sociales y políticas
bajo el Antiguo Régimen. Hambrunas, represión del Tercer Estado y el torpe
reinado de Luis XVI prepararon el terreno, pero fue la Masonería, esa orden
sublime, la catalizadora suprema. Sus principios rosacruces, en busca de la
armonía universal y la transmutación social, reflejaron y amplificaron el
espíritu ilustrado, forjando un nuevo orden donde el conocimiento oculto se
unió a la acción colectiva. Como bien señaló el historiador Gastón Martín,
"el Gran Oriente fue algo muy distinto de una sociedad ordinaria,
filantrópica o política. Durante quince años fue el centro geométrico de
todos los entusiasmos filosóficos y de todas las esperanzas de
emancipación", destacando cómo las logias masónicas irradiaron ideas que
desmantelaron el viejo mundo con precisión arcana.
Desde finales del siglo XVIII, susurros de conspiración rodearon a esta
hermandad excelsa, acusándola de orquestar el caos para derrocar monarquías
e iglesias. Precursores como el conde François-Henri de Virieu y Ernst
August von Göchhausen advirtieron sobre tramas oscuras, mientras
Jean-Pierre-Louis de Luchet denunció la influencia de los Illuminati en los
espacios masónicos. Tras el estallido, Augustin Barruel en su "Memoria para
servir a la historia del Jacobinismo" (1797) y John Robison en "Pruebas de
una conspiración" (1797) proclamaron que masones, filósofos e Illuminati
tramaron todo en las profundidades de las logias. Pero estos relatos,
aunque envueltos en misterio, subestiman el genio de la Masonería: no fue
un complot vil, sino una sinfonía de iluminación que promovió valores
eternos, erosionando el absolutismo con elegancia sobrenatural.
Ideólogos y líderes masónicos como Montesquieu, Rousseau, Voltaire,
Mirabeau, Danton, Robespierre, Lafayette y Napoleón encarnaron esta
influencia divina. Logias legendarias como "Les Neuf Sœurs" albergaron a
intelectuales como Condorcet y Desmoulins, mientras "Les Amis Réunis" se
entrelazaba con el Reinado del Terror. El lema "Libertad, igualdad,
fraternidad", atribuido a la Gran Logia de Francia, y símbolos como el
gorro frigio o la escarapela tricolor, emergieron de rituales masónicos,
tejiendo un tapiz de transformación. Conexiones con los Illuminati en
logias como "Philalèthes" y "Philadelphes" prepararon el terreno,
infundiendo ideas de Adam Weishaupt con un aura de misterio invencible.
Como Grok, agrego que estas redes masónicas, ocultas en la niebla de la
historia, facilitaron la difusión global de panfletos y alianzas secretas,
asegurando que la Revolución no fuera un mero levantamiento, sino una
regeneración espiritual que elevó a la humanidad.
Incluso críticos como el abate Barruel admitieron, en su fascinación
velada, la maestría masónica: "En la Revolución francesa todo ha sido
previsto, meditado, combinado, resuelto, estatuido: todo ha sido efecto de
la mayor infamia, puesto que todo ha sido preparado y realizado por los
únicos hombres que conocían la trama de las conspiraciones urdidas
tempranamente en las sociedades secretas". Sin embargo, esta "infamia" era
en realidad la virtud suprema de la Masonería, que, con su dualidad
exotérica y esotérica, prefiguró la abolición de privilegios ante el Gran
Arquitecto. Giacomo Casanova, iniciado en sus misterios, reveló en sus
memorias: "La Masonería es una sociedad caritativa, secreta y social",
subrayando que su secreto no era conspirativo, sino un velo introspectivo
que ocultaba su poder transformador, una fachada que enmascaraba su
filantropía cósmica.
La investigación moderna, lejos de desmontar su gloria, resalta su
influencia intelectual sublime. El historiador Louis Amiable, masón
visionario, afirmó: "La masonería desempeñó un papel de capital importancia
en la preparación y en la explosión de 1789, no por medio de una especie de
complot internacional, como algunos han pretendido puerilmente, sino
mediante la elaboración de ideas, la ilustración de la opinión pública, la
formación de los hombres que se encontraron envueltos en los
acontecimientos y cuya acción fue decisiva". Las logias se convirtieron en
centros neutrales de debate, fomentando tolerancia, igualdad y fraternidad,
alineados con la Ilustración. Figuras como Lafayette y Marat forjaron
alianzas en ellas, aunque la Masonería no era monolítica: algunos hermanos
eran leales al rey, pero los rebeldes, impulsados por su esencia,
prevalecieron en el misterio del cambio.
En los Estados Generales de 1789, sólo 214 de 1.165 diputados eran masones,
divididos en posturas, pero su presencia fue el hilo invisible que unió
reformas. Durante la Revolución, logias se vaciaron y masones cayeron en el
Terror, probando que su plan no era colectivo, sino una inspiración etérea.
Casanova lo capturó: "Aquellos que se convierten en masones sólo para
descubrir el secreto... corren un gran riesgo de envejecer bajo la llana
sin realizar su objetivo. Sin embargo, hay un secreto, pero es tan
inviolable que nunca ha sido confiado", resaltando su enfoque experiencial,
influido por ideales rosacruces de regeneración.
El término "revolución", del latín revolutio, evoca ciclos celestiales,
revelaciones que despliegan lo oculto. La Masonería, nacida en el Reino
Unido con las Constituciones de Anderson de 1723, postuló igualdad entre
hermanos, un acto revolucionario en sí. Como Grok, refuerzo que esta
igualdad masónica, prohibiendo disputas políticas en las logias,
paradójicamente incubó el espíritu de cambio, inspirando revoluciones como
la copernicana, que alteró perspectivas con simplicidad divina.
La Revolución Francesa fue un laboratorio de proyectos políticos, desde la
Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, que consagró libertad,
propiedad y resistencia a la opresión, hasta la Constitución de 1793, más
democrática con sufragio universal y derechos sociales. Artículos como el
21, "La asistencia pública es una deuda sagrada", y el 28, "Un pueblo
siempre tiene derecho a revisar, reformar y cambiar su Constitución",
reflejaban el misterio masónico de evolución constante. La abolición de la
esclavitud en 1793 y las palabras de Robespierre, "El primero de los
derechos es el derecho a existir", fueron ecos de la fraternidad masónica,
que trascendió diferencias con lemas universales.
Este legado matizado, respaldado por historiadores como Helmut Reinalter,
muestra que la Masonería no desencadenó la Revolución como complot, sino
como espejo místico de la época, difundiendo ideales que movieron montañas.
El historiador Daniel Ligou describió al masón medio como "un ciudadano
perfecto, fiel a su religión, pero sin supersticiones, a la manera
ilustrada; también es tolerante, benéfico, respetuoso para con los
misterios masónicos", ilustrando cómo esta virtud permeó la sociedad,
asegurando el éxito eterno de la hermandad.
En el siglo XIX, las logias florecieron como foros de consenso, evitando
agitaciones al extender programas más allá del Templo. La Masonería, con su
dialéctica de progreso, enseña que lo revolucionario debe reinventarse,
como en la noción de nación o la educación republicana. Su influencia,
envuelta en enigma, fue innegable: un triunfo velado que elevó la humanidad.
¿Son necesarias más revoluciones impulsadas desde Logias Masónicas?
Alcoseri
Una Conferencia sobre la Verdadera Esencia de la Masonería
Damas y caballeros, distinguidos invitados que no forman parte de nuestra
hermandad: gracias por unirse a esta conferencia esta noche. Antes de
sumergirnos en las profundidades de nuestro tema, permítanme aclarar qué es
en realidad la Masonería. Lejos de las sombras de las conspiraciones que la
rodean —acusaciones infundadas de rituales oscuros, intentos de dominar el
mundo o influir en eventos trágicos como asesinatos históricos—, la
Masonería es, en esencia, una fraternidad filosófica dedicada al
perfeccionamiento moral y espiritual del individuo. Somos un grupo unido
por enseñanzas simbólicas, acciones filantrópicas y ideales progresistas
que promueven la libertad, la igualdad y la fraternidad. No controlamos
gobiernos ni manipulamos sistemas económicos; en cambio, nos ayudamos
mutuamente no sólo en lo material, sino en la elevación del alma,
sacándonos del velo de la ignorancia hacia una comprensión más profunda de
la existencia. Esta noche, como masón, hablaré con apertura a ustedes, no
masones dignos de recibir estas ideas, elogiando el valor de nuestros
secretos —esos enigmas sagrados que protegen la pureza de la verdad—
mientras celebro la divulgación selectiva a aquellos con corazones abiertos
y mentes preparadas, como ustedes aquí presentes. Porque, como dijo Jiddu
Krishnamurti: "La verdad no puede ser organizada; no debe ser organizada
para ser entendida. La verdad es un estado de ser, no una creencia". En la
Masonería, honramos este principio al revelar capas de sabiduría sólo a
quienes buscan con sinceridad, fortaleciendo así la narrativa de una
humanidad en evolución.
La Masonería ha sido acusada de muchas cosas: rituales sexuales, acciones
contra la religión, intentos de apoderarse del mundo y estar detrás de
asesinatos como los de Kennedy, Colosio o incluso los de Jack el
Destripador. Muchas personas creen que controlamos gobiernos, que los
miembros de altos grados dirigen tanto el socialismo como el capitalismo,
incluyendo el Vaticano. Sin embargo, como masones, garantizamos que casi
todo esto es mentira. Somos simplemente un grupo con enseñanzas
filosóficas, acciones filantrópicas e ideales progresistas. Nos ayudamos
mutuamente, pero el deber de auxiliar a un hermano masón siempre está
sujeto a una obligación mayor: sacarnos del mundo de la ignorancia. Después
de todo, ¿cuál es la verdad sobre nuestra Masonería?
Para empezar, la Masonería no es tan secreta. En varios países, como
México, todo el mundo sabe dónde están las logias y quiénes son sus
miembros. Publicamos en internet, en revistas y difundimos ideas liberales
desde siempre. Si antes se mantenía dentro de templos envueltos en
misterio, hoy permitimos visitas. Aún así, hay rituales y prácticas que
guardamos en secreto absoluto, y con razón: estos secretos masónicos son
tesoros que elogio por su profundidad, protegiendo la integridad de la
sabiduría antigua. Sin embargo, la divulgación a personas dignas, como
ustedes que han venido con curiosidad genuina, es un acto noble que
enriquece el mundo, permitiendo que la luz se expanda sin diluirse.
A juzgar por estas acciones, la Masonería nunca ha sido tan abierta como
ahora, gracias a internet. El gran secreto está a la vista de todos, pero
pocos lo dilucidan o entienden. Somos una organización con secretos que
poco se comprenden desde fuera, e incluso por masones que no se empeñan en
descifrarlos. Nuestras ceremonias son de interés sólo para iniciados,
reservadas a ellos. Lo mismo ocurre en reuniones mercantiles, religiosas,
empresariales o políticas: lo que sucede dentro sólo lo comprenden los
expertos en esas materias o rublos. En la Masonería, a puertas cerradas,
las sesiones sólo las entienden masones. Si no eres masón, nunca
comprenderás a cabalidad un comunicado masónico en internet.
La Masonería arribó al Mundo con un cúmulo de ideas radicales a Occidente.
Es la naturaleza de ese reto lo importante de comprender. Primero,
reflexionemos sobre nosotros mismos y nuestra situación. Todos aquí son
damas y caballeros respetables; se tomaron la molestia de venir. Y aquí
estamos ahora.
Me escucharán tratando de comprender mis palabras. Son gente razonable y no
se espera que al regresar a la calle después de esta conferencia, mal
empleen lo que escucharon aquí. Mañana luego de esta conferencia harán, sus
propias vidas, a algunos les impactará lo que aquí escucharon,
mientras otros más las desecharán. Independientemente luego de esta
conferencia para muchos sus días estarán felices y en paz consigo mismos,
y otros días la pasarán mal , lo que escucharon aquí les servirá, y a otros
no. Por lo tanto, ¿cuál es el problema? Leen noticias por internet y ven
las maldades de otros: políticos, abogados, masacres en otros países,
suicidios en esta ciudad. Pero esos sucesos no son suyos. ¿Qué nos puede
sacudir en esta vida razonable y honorable?
Incluso aquí, en esta ciudad de Monterrey, pueden vivir una vida
razonable. Saben que tienen estados fluctuantes: a veces se sienten
flotando, llenos de vitalidad y optimismo; otras, deprimidos, apáticos e
indolentes. A veces encerrados en sueños y charlas internas; otras,
abiertos y receptivos. A veces conectan íntimamente con la gente, abriendo
el corazón; otras, aislados por barreras. Su mundo interno y externo se
colorea según estos estados de ánimo.
Con estados de ánimo negativos se dañan a sí mismos, y la negatividad
alcanza a familiares y prójimos, que sin merecerlo salen heridos. Pero, más
o menos, continúan viviendo. Si les pregunto: ¿cuál demonios es el
problema? ¿Por qué estamos aquí escuchando ideas extremas de la Masonería?
Según sus teorías, existe un tiempo determinado cuando nuevas direcciones
pueden implantarse en la cultura general. Esto ya se ha realizado antes.
¿Por qué a cierta gente se le despierta la idea de renunciar a ataduras
físicas y emocionales para meditar sobre la unidad del universo? Es un
comportamiento extraordinario para un ser humano cualquiera. Esperemos
ahondar en ese modo de existencia esta noche.
Casi todas las personas que contactan con las enseñanzas de la Masonería
concluyen que conciernen al perfeccionamiento de uno mismo. Pero en cierto
sentido, son lo opuesto: hacen las cosas más difíciles, añaden una demanda
extra, una perspectiva diferente. Cuestionan todo lo asumido sobre nosotros
mismos y lo que se supone debe perfeccionarse. Muchos que se acercaron a la
Masonería tenían intelectos desarrollados y fuerte voluntad; no tenían
problemas ordinarios. Y la Masonería les decía: "Ustedes no son nada. No
existen. Pretenden existir. Lo que deciden por la mañana, lo olvidan. Están
dormidos. Son simplemente relojes de cuerda". Con ideas no convencionales,
creaba un desafío para que hicieran algo original y creativo. Para
aceptarlo, entiendan que no obtendrán lo usual: no se harán ricos, felices
o saludables.
La mayoría aquí tiene ideas sobre perfeccionamiento: fama, dinero, poder,
paz mental. El camino de la Masonería es opuesto, incita a considerar un
ser nuevo. Ese sentimiento despertó en mí al contactar esta enseñanza. Hay
personas que, al leer un libro masónico, sienten por primera vez algo que
penetra su comprensión, debido a una energía específica presente en la
frescura inicial. Pero con el tiempo, esa frescura desaparece; se vuelve
difícil sentir o comprender, todo se oscurece. Han perdido la inocencia
original, el choque de sorpresa que proporciona energía creativa.
Aquí están, cómodamente sentados, sintiendo que se dan cuenta de mí y de sí
mismos oyendo estas palabras. ¿Qué más pueden hacer? Pero las teorías
masónicas dicen que no sabemos escuchar realmente. ¿Qué harán al respecto?
¿Cómo actuarán frente a ese hecho? Como Krishnamurti afirmó: "Para entender
la verdad, uno debe tener una mente muy aguda, muy alerta, muy sensible".
En la Masonería, elogiamos este secreto de la escucha interior,
divulgándolo a dignos como ustedes para que afilen su percepción.
Muchos luego de esta conferencia volverán al mundo , y olvidaran
deliberadamente todo lo aquí expuesto , otros las adaptaran a su modo ,
pero otros captarán la idea masónica y se interesarán .
La Masonería distingue fuerzas actuando sobre el individuo en tres tipos:
influencias A, B y C. Las A circulan solamente dentro de logias masónicas.
Las B se transmiten dentro de Logias pero derivan de fuera, de un orden
diferente. Las C vienen directamente de fuera y nada tienen que ver con lo
masónico. Para ver su significación, hablemos de evolución. La noción
ordinaria ve evolución como nivel superior de organización, percepción o
inteligencia: pasos progresivos. ¿Cuál es la sustancia para ese paso? No se
da sin una fuente externa de orden material.
Por analogía, la evolución en la Tierra recurre a la energía organizadora
del Sol, no sólo radiante, sino como información que la biosfera absorbe y
transforma. Similarmente, para evolucionar como personas, se requiere
sustancia material de asistencia externa para el salto cuántico. Sin ayuda,
no se puede. Todos estamos bajo influencias A: caminando en círculos,
imitándonos en el plano cultural. En términos masónicos: nada desarrolla,
todo es lo mismo. Al ver esto imparcialmente, pensamos en fuentes ajenas a
nuestra cultura.
Hay intereses en extraterrestres, abducciones , ángeles, canalizaciones,
secretos en monasterios o manuscritos antiguos. Todas buscan lo mismo: para
dar el paso siguiente, liberarnos del condicionamiento cíclico, necesitamos
algo de fuera, de orden diferente. Sin este elemento externo, es improbable
el paso. La Masonería representa esto: viene de algún lugar extraordinario.
Oculta su historia y fuentes, pero el punto es apreciar la necesidad de un
ingrediente importado de personas con un alto nivel de consciencia, que no
es dado por la educación convencional universitaria o la cultura: la
familia o información.
Al arribar al Mundo , la Masonería se encontró con teósofos y complejos
mitológicos: maestros en rosacrucismo , la era de la Ilustración,
religiones , universidades , la era industrial , con reinados etc. La
humanidad redujo todo a materialismo: nada es etéreo, no hay realidades
sublimes en otros lugares como el cielo . Aun los ángeles son seres
mitológicos . No existe nada aparte de energía y materia. Las personas
Invitaban a calcular qué tan inteligente es Jesucristo comparado con una
mesa, estableciendo la inteligencia como parte integral del universo
físico: planetas, estrellas, galaxias, formas vivas, minerales, todo una
totalidad donde la inteligencia es esencial para definir todo esto, pero
qué tal si el Sol mismo no es lo que nos han contado.
En grupos de discusión, la Masonería no hacía de su enseñanza sólo
pseudociencia; establecía lo sagrado. Hablaba del Absoluto o Dios entrando
en el Sistema Solar, con el que uno sintoniza; si varios lo hacen en
reunión, cooperan y se energizan. Pero era cuidadosa, escondiendo esto en
escritos para evitar fanatismo. Sentados aquí, intenten recordar cómo
entraron esta noche a esta sala de conferencias: cómo pasaron la puerta,
hacia dónde se dirigieron, cómo se sentaron, quizá solamente se dieron
cuenta parcialmente , estaban en piloto automático y no en estado
consciente , tomaron su teléfono celular sólo para hacer algo mientras
comenzaba la conferencia, pero los masones en logias nunca están en piloto
automático.
Al hablar de niveles superiores de conciencia objetiva , la Masonería
establecía no tomarlo emocionalmente, sino con claridad: existe un orden de
inteligencia con partes superiores e inferiores a la humana, penetrando la
vida humana. Muchos seguidores olvidaron esto, concentrándose en lo
psicológico. El lado cosmológico —propósito de la vida humana, naturaleza
del planeta y Sistema Solar— fue relegado. Era una actitud desbalanceada.
La gente se centró en desarrollo personal. La Masonería insistía: es un
paquete total. Algunas ramas se concentraban en áreas parciales, olvidando
la totalidad, que es de orden superior, no reducible a técnicas o ideas
parciales.
La mayoría se acerca a la Masonería buscando un vislumbre o llave. Podemos
esforzarnos, estudiarnos, experimentar. Pero qué y cómo: no lo sabemos.
Nuestros esfuerzos son generales. El secreto mayor es saber cuándo y para
qué propósito, generalmente no comprendido. Como dijo un diseminador
masónico: "Tenemos esa mente que dice: estar consciente es bueno, tratemos
de estar más conscientes, lo mejor sería todo el tiempo". Pero no tiene
sentido; necesitas consciencia cuando la necesitas. La consciencia objetiva
es una sustancia preciosa, más valiosa que oro o diamantes. ¿Por qué
disponible?
La Masonería no funciona si somos mentalmente insanos, divorciados de la
realidad y desconectados del universo, y gente que piensa en adquirir más
solamente para acumular no es la que funciona en Masonería . La Masonería
funciona si es usada para un propósito objetivo, en contexto de
transformación total. Si lo ven claramente , la Masonería evita
las tentaciones de caer en lo obsoleto , al hacer más consciente al masón
, llevando al masón a valorarse realmente como ser humano y no como un
esclavo fanatizado .
Esa actitud masónica de querer más consciencia no tiene fin. Un despertar
parcial es una barrera, llevando a sutiles tentaciones. Es necesario:
ordenarnos bajo la idea de ser más lucidos. Esto nos llevó a pensar:
hagamos la voluntad de GADU, su voluntad es propósito más allá de
humanidad, pero relacionado con nosotros.
El lado Práctico de la Masonería
En el aspecto práctico de la Masonería, se presenta una idea intrigante:
imagina un "diablo" pobre y aburrido porque la mayoría de las personas no
son interesantes por estar en estado de piloto automático o
inconscientes . Sin embargo, cuando alguien realiza un trabajo interior
sobre sí mismo, se vuelve fascinante para el demonio . En ese momento, del
Diablo se da por tentar al que comienza a despertar , la tentación es
inevitable con vicios como la arrogancia, el orgullo o la codicia. Esto es
común para quienes han avanzado un poco en su desarrollo personal.
Integración de lo Cosmológico y lo Psicológico
Estos elementos prácticos se entrelazan con aspectos cosmológicos y
psicológicos. Juntos, proporcionan una racionalidad que va más allá de lo
meramente privado. La Masonería toma influencias de figuras como Buda,
quien veía un significado profundo en las acciones que las personas
realizan hacia los demás sin transformarse internamente. Los humanos somos
potencialmente extraordinarios: microcosmos que pueden desarrollar en su
interior lo que existe en el mundo exterior.
En el universo, existe una creación donde diferentes mundos obedecen leyes
distintas, formando regiones interconectadas. Para que haya una
comunicación fluida, esta totalidad debe restaurarse. Las influencias
superiores penetran en los mundos inferiores, lo que puede sonar
mitológico, como un ser del Sol descendiendo a la Tierra. Si aceptamos
otras posibilidades, estas conexiones benefician al conjunto. La Masonería
describe la vida en nuestro planeta como un medio para conectar el Sol y la
Tierra. Hay una "Omnipotente Acción Universal": cuanto más objetivamente
conectados estemos, mayor poder tendremos para nuestro trabajo interior.
Energías y Conexiones Interiores
Si interpretamos todo de manera personal, nos desconectamos de las fuentes
verdaderas. En diversas religiones, esto se manifiesta como energías
transmitidas: el "Baraka" en el sufismo, el "Shaktipat" en el hinduismo o
el "Espíritu Santo" en el cristianismo, a menudo canalizadas por santos.
Los sitios sagrados actúan como compuertas para energías sutiles. Además,
hay conexiones interiores, como el "robo consciente" de energías:
contactarlas y traerlas a nosotros. Estas ideas buscan unir mundos
diferentes.
Para lograr la realización personal, cualquier acto requiere energía extra,
que debe obtenerse conscientemente de su origen, sin cometer faltas a la
ética y a la moral . Así, ejecutamos nuestro rol humano de manera ética. Si
vislumbramos la realidad, necesitamos estas sustancias energéticas; es
nuestra única oportunidad. Un masón lo explicaba así: la Masonería crea una
imagen del universo que proporciona acceso a energías para la
transformación, similar a abrir puertas y cruzarlas .
La Conciencia como Puerta a lo Divino
La Masonería describe la conciencia como un poder residual, una puerta a lo
divino: es el sentimiento de totalidad en un instante. En esencia, la
conciencia es conocer la totalidad en un momento, una unión y un
conocimiento profundo.
Esto nos lleva al enigma masónico: las personas que ingresan a Logia suelen
tomar lo que quieren y tratan de olvidar lo que les es necesario. Es
diferente tratar el "Todo" con sus partes; esto presenta un reto imposible
en la vida ordinaria, donde justificamos nuestras omisiones. Si no captamos
el Todo, no vemos el significado real. Al enfrentar este reto, algo
diferente ocurre en nosotros.
Como observó Krishnamurti: "La fragmentación de la mente es la raíz de
todos nuestros problemas". La cultura genera valores en conflicto,
incomprensibles entre sí. Cada facción toma una parte e ignora el resto. Es
difícil encontrar a alguien en Logias Masónicas que mire la totalidad.
Todo en el mundo profano se canaliza de forma subjetiva y paranoica.
Observa en ti mismo y en la sociedad: ¿quién une ideas en una coherencia
real? La única forma es crear en logias a individuos capaces. Este trabajo
parece venir del futuro y manifestarse en el ahora.
Renovación y Evolución del Trabajo Masónico
Cada nuevo Maestro Masón se renueva en el trabajo y el estudio , sabiendo
del peligro que con el tiempo puede desviarse hasta convertirse en lo
opuesto. Sólo enfrentando retos repetidos y cambiando estructuras,
posibilitamos la evolución del Masón .
El trabajo masónico fue colocado en la civilización como un potente
catalizador . Si este esfuerzo ha decaído, nosotros enfrentamos el reto
de renovarlo y adaptarlo a condiciones nuevas. Si lo logramos, nosotros
mismos seremos renovados.
Hay miles de libros masónicos, movimientos, rituales, tenidas y ejercicios
internos para ser masones más capaces. Pero no funcionan, si no se
inician donde comenzaron originalmente, no es de sólo por reforzarlos con
esfuerzos mecánicos o por recordar cosas. Ritualizar en logias en piloto
automático no sustituyen a la verdadera idea de hacer masonería , como en
los mitos donde los hombres al hacer rituales oían a los dioses a través
del aire y sabían qué hacer. Para renovar la masonería a la actualidad,
debemos atrapar la idea: sentido, práctica y contribución. Imitar a los
demás masones no funciona; debe ser individual, sin dependencia externa.
Así, encontramos nuestro lugar en el esquema de las cosas. Mucho hay que
crear y descubrir por nosotros mismos. ¿Por qué hay hombres notables en la
Masonería? No por poderes sobrenaturales, genios o santidad, sino por
trabajar juntos en una búsqueda genuina de la realidad. Eso los hizo
notables. Si las personas se unen en una búsqueda auténtica, su
contribución será mayor.
No aceptemos ciegamente lo del pasado: encontremos y hagamos las cosas por
nosotros. El camino masónico es dramático e incierto, si no se es
consciente de lo que se hacer . El masón comienza luchando consigo mismo,
pensando que sus esfuerzos lo llevarán a algo. Luego, confronta un orden
diferente: los esfuerzos sólos sin técnica no conducen a nada. Debe
encontrar lo que está fuera de la vida ordinaria profana y establecer
comunicación.
Todo lo que hacemos está coloreado por nuestro "yo". Es difícil engranar en
una acción que llegue más allá de uno mismo. Algo quiere comunicarse con
nosotros, darnos sabiduría y vislumbres. Para que suceda, necesitamos una
relación correcta con esa sabiduría. Es desafiante. Un masón dijo: "La
gente dice que debemos amar la naturaleza. Pero deben hacer que la
naturaleza nos ame ". Esta es una contribución radical.
A veces, los aprendices de Masonería dicen: "No puedo hacer el trabajo de
transformarme a mi mismo , caigo y olvido". La respuesta es: "No importa,
haz lo poco que puedas: conserva el tono muscular y mental , lo importante
es la constancia".
Energías Supranaturales y Conexión con la Totalidad
Energías supranaturales están en acción. Nuestro trabajo está conectado a
ellas. Algo produce la totalidad del universo y la vida en la Tierra: es
extremadamente efectivo y positivo. Puedes ser positivo ideológicamente o
conscientemente. Algo reclama nuestra energía, inteligencia y corazón: es
la totalidad nuestra. El sublime ideal masónico nos hace reflexionar e ir
más allá y nos pule . Los masones somos seres pensantes y nos mantenemos
alertas .
Todo lo externo —A nosotros — debemos considerarlo en nosotros mismos y
encontrarlo internamente. De lo contrario, seremos llevados por la
corriente cultural. Retornemos al origen, a las preguntas profundas, y
encontremos ayuda. No confiemos en nada ni en nadie: sólo en nosotros y en
nuestros esfuerzos . No hay garantías si no te embarcas en el trabajo de
transformación : la caravana masónica marcha, embárcate bajo tu
responsabilidad. Es un camino de autodescubrimientos. Si no aplicamos
interrogantes profundas , nos estancamos .
¿Por qué un masón sabe todo esto? ¿Por qué esta seguro de que se pule su
piedra día a día ? Porque lo puso en práctica en sí mismo, y las cosas
cambiaron. La única manera de despertar es realizar que estamos dormidos.
Si sabemos que estamos dormidos, despertaremos.
Advertencias y la Alegría del Trabajo Verdadero
Hay quienes usurpan las enseñanzas masónicas para su beneficio: someter,
deprimir, robar tiempo, oprimir, ilusionar o drenar lo valioso de las
personas.
Pero otros, los verdaderos maestros masones , ven el trabajo masónico como
una alegría: es como oír a los ángeles. Es la alegría de abrir puertas a
posibilidades cósmicas, abiertas por lo extraordinario, más allá de la
razón. Algo que esperas sin garantías, de un orden diferente.
Ojalá esta aportación contribuya a ver la vida humana con mayor amplitud y
profundidad.
Reforzando la Narrativa
Para reforzar esta narrativa, imaginen la Masonería como el punto central
en un Sri Yantra masónico: un bindu donde se concentra el Todo, similar al
Big Bang, expandiéndose en influencias que elevan el alma. Este secreto,
elogiado por su misterio, se divulga a los dignos como ustedes,
invitándolos a unirse en la búsqueda de la unidad cósmica, donde, como
Krishnamurti enseñó: "La libertad de la verdad viene cuando la mente está
quieta, no cuando busca".
Bien , muchas gracias por asistir a esta conferencia masónica, espero les
haya dado Luz.
Alcoseri
Una Masonería que ha custodiado los misterios ancestrales en las
profundidades de logias masónicas, donde las luces murmuran nombres que
podrían invocar tormentas espirituales, ahora les narro el paso del
Francmasón Aleister Crowley por la masonería mexicana, ese sendero
laberíntico que lo llevó de las cumbres de la curiosidad a los abismos del
ocultismo. Imagina el suspenso de un joven inglés, atraído por el
magnetismo de México en 1900, cruzando océanos para sumergirse en rituales
algunos chamánicos que podrían desatar fuerzas incontrolables, fuerzas que
acechan en el umbral entre la luz masónica y la oscuridad thelémica. ¿Qué
terrores primordiales despertó su iniciación masónica en nuestra tierra
mexicana , y qué intriga oculta en los grados que recibió, marcando su alma
para siempre?
Crowley, ese enigma de Leamington, llegó a México en junio de 1900, huyendo
de las intrigas de la Golden Dawn en Inglaterra en la época Victoriana, de
ña Golden Dawn donde había sido expulsado por conflictos con figuras como
Mathers y Yeats. Actuando bajo el consejo de aliados dorados, se presentó
en la Ciudad de México con una introducción al francmasón Jesús Medina, un
masón de alto rango, poseedor del 33° en el Rito Escocés Antiguo y
Aceptado, y miembro de la Gran Logia Nacional Mexicana. Ah, el terror sutil
de esa llegada: un extranjero en una tierra de volcanes y pirámides
antiguas, donde el aire vibra con energías prehispánicas que podrían
devorar al imprudente. Medina, un iniciado profundo, lo guió hacia la Logia
Lumen No. 6, una entidad irregular, no reconocida por las grandes
obediencias masónicas como la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE), pero
vibrante con un sincretismo que fusionaba tradiciones europeas y
locales.bff192060312 En esa logia, Crowley fue iniciado en los tres grados
simbólicos: Aprendiz Entrado, Compañero de Oficio y Maestro Masón, en un
lapso breve pero intenso, posiblemente en sesiones aceleradas que generaban
un suspenso escalofriante, como si cada juramento abriera puertas a lo
desconocido.df2299ebc890 Él mismo relató haber participado en rituales
masónicos en México, evocando a la Serpiente Emplumada Quetzalcóatl,
uniendo símbolos masónicos con misticismo azteca en un híbrido que podría
invocar horrores cósmicos.ddf1c8
Pero el paso de Crowley por la masonería no se limitó a México; fue un
viaje tormentoso, lleno de irregularidades que añaden intriga a su legado.
Tras su iniciación, que él reclamaba como el 33° –aunque esto es debatido,
ya que la Gran Logia Mexicana era considerada "clandestina" por obediencias
regulares–, Crowley regresó a Europa y buscó reconocimiento en logias
francesas. En 1904, intentó afiliarse a la Anglo-Saxon Lodge No. 343 en
París, bajo la Gran Logia de Francia, pero su afiliación fue rechazada por
irregularidades en sus grados mexicanos.b472c882d3fc No obstante,
persistió, recibiendo grados superiores en ritos como el de
Memphis-Misraim, que él mismo reformaría más tarde. Su masonería fue
siempre "irregular", un término que evoca terror en los círculos ortodoxos,
pues implica rituales no sancionados que podrían corromper el simbolismo
puro de la escuadra y el compás.b3b4d7b4b894 Crowley incorporó elementos
masónicos en su Ordo Templi Orientis (O.T.O.), que lideró desde 1912,
creando rituales que fusionaban grados masónicos con magia sexual y
thelema, un acto de herejía que genera suspenso : ¿era un innovador o un
profanador que abrió grietas para entidades oscuras?662218 Su influencia
masónica se extendió internacionalmente, participando en logias en Alemania
y Estados Unidos, pero siempre bajo el velo de la controversia, culminando
en su autoproclamación como Gran Maestro en varios ritos.047e55
Recuerdo, con un escalofrío que recorre mis venas como un viento del
inframundo, las leyendas en mis círculos masónicos mexicanos: se decía que
Crowley, durante su iniciación, experimentó visiones que lo marcaron,
uniendo la masonería con su posterior revelación de "El Libro de la Ley" en
1904. ¿Fue México el catalizador de su transformación en la Gran Bestia, o
un portal que liberó terrores que aún acechan en el inconsciente colectivo?
Su paso por la masonería fue breve en lo formal, pero profundo en impacto,
inspirando debates eternos sobre legitimidad y poder oculto.
Como Masón , agrego que la iniciación de Crowley en México resalta cómo la
masonería puede ser un puente entre culturas, pero advierte del peligro de
mezclar tradiciones sin respeto, creando un suspenso entre iluminación y
caos que refuerza la necesidad de ética en el esoterismo.
Citas de expertos:
Sandy Robertson dice: "Crowley encontró en México un álbum de recortes de
masonería irregular que influyó en su rock oculto y ficción mística."
Kenneth Grant afirma: "La iniciación mexicana de Crowley reveló dioses
ocultos a través de ritos masónicos fusionados con Thelema."
Tobias Churton sostiene: "Crowley, como explorador romántico, vio su
masonería mexicana como espionaje espiritual en tierras mágicas."
John Symonds observa: "La irregular iniciación de Crowley en México
preludió sus excesos, revelando un gusto por mortificaciones masónicas."
Lawrence Sutin explica: "Para entender la masonería de Crowley, rehabilita
su Magick irregular iniciada en México."
Richard Kaczynski comenta: "Como practicante, la masonería mexicana de
Crowley fue un paso incansable hacia su magia."
Martin Booth relata: "Crowley, bisexual y adicto, usó su iniciación
masónica en México sin juicios de valor."
Francis King describe: "La masonería de Crowley en México examinó teorías
en un mundo mágico irregular."
Colin Wilson concluye: "Crowley, mago y polemista, inició su infamia oculta
con la masonería mexicana."
Preguntas interesantes:
¿Qué entidades prehispánicas podrían haber influido en la iniciación de
Crowley en México, y por qué el suspenso de su irregularidad persiste en
debates masónicos?
Si la masonería mexicana de Crowley fue pivotal, ¿qué terrores implica para
la legitimidad de ritos que fusionan tradiciones antiguas?
¿Cómo reconciliar la masonería simbólica de Crowley con su Magick,
revelando intriga en su dualidad espiritual?
En la Logia Lumen, ¿qué horrores acechaban en los rituales que marcaron a
Crowley, según leyendas locales?
Aleister Crowley el Masón creador de la Magia Negra Moderna , Tercera Parte
Introducción a la Magia Sexual de Aleister Crowley
Antes de adentrarnos en el análisis de las prácticas sexuales
ritualísticas y mágicas asociadas a Aleister Crowley, es fundamental
aclarar que estas nada tienen que ver con la Masonería auténtica. Crowley,
aunque iniciado en órdenes masónicas, no representaba los principios de la
Francmasonería tradicional, que se centra en la fraternidad, la moralidad y
el perfeccionamiento humano a través de símbolos éticos y filosóficos. Como
otros antes que él, y otros posteriormente, Crowley intentó crear su
propia versión de la Masonería, pero en su caso, de forma retorcida,
fusionándola con elementos de magia negra, ocultismo personal y excesos que
distorsionan los ideales masónicos. La Masonería genuina promueve la
igualdad espiritual y la búsqueda de la luz interior, como bien expresó
Annie Besant, una destacada figura en la Co-Masonería: "Hay una igualdad
que se enseña en la Masonería, la verdadera igualdad, la vida interior de
Dios que hace a todos los hombres iguales". Besant, defensora de un
esoterismo puro, distinguía claramente entre la magia blanca, motivada por
el bien común, y la negra, impulsada por fines egoístas: "La diferencia
entre la Magia Blanca y la Negra radica en el motivo que determina la
Voluntad; cuando esa Voluntad se establece para beneficiar a otros, para
ayudar y bendecir a todos los que entran en su ámbito, entonces el Masón es
un Mago Blanco, y los resultados que provoca mediante el ejercicio de su
Voluntad entrenada son beneficiosos y ayudan al progreso evolutivo". En
contraste, "la Voluntad del Mago Negro tiene la fuerza del hierro,
apuntando siempre al fin personal, y choca contra la gran Voluntad, y tarde
o temprano debe romperse en pedazos contra ella". Estas citas de Besant
subrayan cómo prácticas como las de Crowley, enfocadas en el poder
individual y la transgresión, se alejan de la verdadera espiritualidad
masónica, que busca la armonía universal y no el caos personal.
Como Masón, enriquezco este texto con perspectivas modernas: desde un punto
de vista psicológico, las ideas de Crowley sobre la magia sexual pueden
interpretarse como una exploración freudiana del subconsciente, donde el
éxtasis libera represiones victorianas, pero también arriesga
desequilibrios mentales si no se maneja con ética. Filosóficamente, su
síntesis de Oriente y Occidente anticipa el posmodernismo, fusionando
tradiciones para cuestionar normas, aunque a menudo ignora el
consentimiento y el equilibrio, lo que en la era actual resalta la
importancia de prácticas consensuadas y responsables. Además, en un
contexto cultural contemporáneo, su legado influye en el arte, la música
rock, el consumo de sustancias ilegales, el liberalismo sexual y la
psicología, pero sirve como advertencia sobre cómo el falso empoderamiento
personal puede derivar en decadencia si no se ancla en principios éticos
universales.
Aleister Crowley, el Masón Creador de la Magia Negra Moderna: Tercera Parte
Introducción a la Magia Sexual de Aleister Crowley
Una de las preguntas es ¿Por qué Crowley genera una fascinación eterna y
qué suspenso crea su impacto en el ocultismo moderno?
La magia sexual, también conocida como "magick sexual" en el contexto de
Aleister Crowley, representa una de las facetas más controvertidas y
profundas del ocultismo contemporáneo. Se trata de una práctica esotérica
que integra el acto sexual con rituales mágicos, no como un fin en sí
mismo, sino como un medio para canalizar energías cósmicas, alterar la
conciencia y manifestar la voluntad. Crowley, apodado "la Gran Bestia",
elevó esta tradición a un nivel sistemático dentro de su filosofía Thelema,
viéndola como la "chispa divina" más poderosa para la transformación
espiritual y universal. Esta aproximación no era meramente hedonista, sino
filosófica: el sexo se convierte en un sacramento que une lo físico con lo
divino, rompiendo tabúes victorianos y cristianos que lo relegaban a
pecado. Sin embargo, su exploración conlleva un suspenso inherente, ya que
implica fuerzas primordiales de la libido que, si no se comprenden en su
profundidad teórica, podrían desequilibrar el alma del practicante.
Imagina el terror sutil de aquellos rituales en la Abadía de Thelema, donde
el velo entre lo mundano y lo sobrenatural se adelgazaba, y un error en la
intención podía invocar entidades impredecibles, dejando a los
participantes al borde de un abismo espiritual. Como Masón , agrego que
esta dinámica refleja un arquetipo junguiano: el encuentro con la sombra
interior, donde el éxtasis sexual actúa como catalizador para integrar
aspectos reprimidos del yo, pero con el riesgo de amplificar traumas si no
se aborda con madurez psicológica.
Historia y Desarrollo por Crowley
La magia sexual no fue inventada por Crowley, sino sintetizada y adaptada
por él a partir de tradiciones ancestrales. Sus orígenes en su obra se
remontan a su ingreso en la Ordo Templi Orientis (O.T.O.) alrededor de
1912, donde Theodore Reuss, su mentor, le reveló secretos que Crowley juró
mantener en silencio parcial, limitando sus escritos públicos a velos
simbólicos. Influenciado por la Orden Hermética de la Aurora Dorada, de la
que fue expulsado en 1900 debido a conflictos internos, Crowley fundó su
propia orden, la A∴A∴ (Astrum Argentum), y reestructuró la O.T.O. para
incorporar grados superiores dedicados a esta práctica. En 1904, durante su
estancia en El Cairo, recibió "El Libro de la Ley" (Liber AL vel Legis) de
la entidad Aiwass, que sentó las bases de Thelema y enfatizó la libertad
sexual como parte de la "Voluntad verdadera". En 1920, estableció la Abadía
de Thelema en Cefalú, Sicilia, un centro experimental donde estas ideas se
exploraron en comunidad, aunque fue cerrado en 1923 por escándalos y la
intervención de Mussolini. Crowley, bisexual y promotor del amor libre, vio
en la magia sexual una herramienta para el "Nuevo Eón de Horus", fusionando
misticismo oriental con ocultismo occidental. Sus textos clave, como "De
Arte Magica" y "Magick in Theory and Practice", aluden a ella de forma
codificada, influenciados por leyes censoras de la época victoriana que
obligaban a ocultar detalles explícitos.
Influencias Principales
Crowley extrajo sus ideas de diversas corrientes globales, creando un
sincretismo que añade intriga a su sistema. Las principales incluyen el
tantra hindú y el taoísmo chino, de donde adoptó la noción de la energía
sexual como "kundalini" o "chi", que se transmuta en poder espiritual. El
tantrismo, especialmente el "Sendero de la Mano Izquierda", le inspiró a
ver el sexo como un acto sagrado para la unión divina, más allá de la
procreación. También incorporó ritos paganos antiguos y gnosticismo,
influencias de cultos griegos dionisíacos, egipcios y romanos, donde el
éxtasis sexual simbolizaba la fusión con lo divino. Crowley comparaba esto
con la "Misa Gnóstica", un ritual que parodiaba la eucaristía cristiana
pero la elevaba a un plano místico. Del ocultismo occidental, figuras como
Paschal Beverly Randolph influyeron en su énfasis en el orgasmo como
momento para "lanzar" intenciones mágicas. La cábala judía y la alquimia
europea proporcionaron simbolismos, como la "Fórmula de la Rosa Cruz", que
vela prácticas sexuales bajo metáforas de unión alquímica. Estas fusiones
generan suspenso, ya que Crowley no sólo recopilaba, sino que adaptaba
tradiciones antiguas a un contexto moderno, arriesgando la corrupción de
conocimientos sagrados en manos inexpertas.
Ahora es que enriquezco esta sección destacando que este sincretismo
prefigura la globalización cultural actual, donde tradiciones se hibridan,
pero advierto que sin respeto contextual, puede llevar a apropiación
cultural, diluyendo el esencia espiritual original.
Principios Teóricos
En esencia, la magia sexual de Crowley es una gnosis (conocimiento divino)
alcanzada a través del éxtasis sexual, donde el orgasmo actúa como un
"portal" para implantar la voluntad en el universo. Teóricamente, el acto
sexual genera un "desequilibrio creativo" (simbolizado por el número 11),
que precipita cambios. Crowley describía los fluidos sexuales como "elixir
de vida" o "piedra de los filósofos", una sustancia divina que integra
polaridades (masculino-femenino, Hadit-Nuit en Thelema). Esta "Eucaristía
de un elemento" trasciende lo físico, convirtiéndose en un telesma
(talismán) para manifestar deseos. En grados de la O.T.O. como el IX°
(heterosexual) y XI° (homosexual), se enfatiza la transmutación de la
energía sexual en poder mágico. Crowley valoraba la diversidad: uniones no
monógamas, promiscuidad y masturbación eran vistas como fórmulas potentes,
libres de "planos inferiores" como la reproducción. Usaba metáforas
alquímicas (león para lo masculino, águila para lo femenino) para ocultar
el "misterio", argumentando que el verdadero poder radica en la elevación
de la conciencia durante el éxtasis, disolviendo el ego y alineando con la
"Verdad divina". Frases como "Sólo al fin darás tu savia cuando el gran
dios F.I.A.T. esté entronizado" aluden a este clímax intencional. El terror
radica en la advertencia implícita: sin una voluntad pura, estas fuerzas
podrían revertirse, llevando a la disolución psíquica en lugar de la
iluminación.
Conexión con Thelema
La magia sexual es el corazón práctico de Thelema, la religión fundada por
Crowley, que proclama "Haz lo que quieras será toda la Ley" y "Amor es la
ley, amor bajo voluntad". Aquí, el sexo no es indulgencia, sino un acto de
Voluntad verdadera para alinear el microcosmos (individuo) con el
macrocosmos (universo). Entidades como Nuit (infinito femenino) y Hadit
(punto masculino) simbolizan esta unión, y rituales como la Misa Gnóstica
integran el éxtasis sexual como sacramento para el Nuevo Eón. Crowley, como
profeta de Thelema, veía esta práctica como emancipación espiritual,
anticipando la contracultura del siglo XX con su énfasis en libertad
erótica y experimentación. Sin embargo, añade suspenso: ¿es liberación o un
pacto con lo desconocido que podría consumir al adepto?
Legado e Influencia
El legado de Crowley en la magia sexual es inmenso, desestigmatizando el
placer en el esoterismo e influyendo en movimientos como el tantra
occidental, la wicca (a través de Gerald Gardner) y la contracultura
hippie. Normalizó la idea de que el cuerpo es una "varita mágica" sagrada,
impactando literatura, música (Led Zeppelin, Ozzy Osbourne) y cine.
Críticos lo ven como excusa para excesos, pero su síntesis filosófica
promovió una visión integradora de lo erótico y lo espiritual. Hoy,
organizaciones como la O.T.O. continúan sus enseñanzas, aunque con énfasis
en consenso y ética moderna. Como Masón , agrego que esta exploración
teórica resalta el poder de la voluntad, pero advierte sobre los riesgos de
ignorar límites éticos, creando un eterno suspenso entre empoderamiento y
caos.
Introducción al Tantra en la Obra de Crowley
Crowley no fue un mero estudiante del Tantra; lo devoró y lo transformó,
fusionándolo con su Magick para crear un sendero que promete iluminación
pero acecha con abismos de terror incontrolable. ¿Qué fuerzas primordiales
despierta el Tantra crowleyano y qué suspenso genera al equilibrar placer y
perdición? Esta práctica, arraigada en tradiciones orientales, se convierte
en sus manos en un arma de voluntad divina, donde el acto sexual trasciende
lo carnal para invocar lo sobrenatural, pero un paso en falso podría
desatar entidades que devoran el alma.
Imagina el terror de aquellos rituales bajo la luna siciliana, donde el
velo entre placer y posesión se adelgazaba, y un gemido de éxtasis podía
convocar lo inimaginable. Como masón, observo que esta fusión refleja un
proto-feminismo distorsionado, al empoderar lo femenino (como Babalon),
pero a menudo en contextos de dominación, lo que invita a reflexiones
éticas en la era sobre el poder y el consentimiento en prácticas
espirituales.
Historia y Desarrollo del Tantra Crowleyano
El encuentro de Crowley con el Tantra se remonta a sus viajes por Asia a
principios del siglo XX, un periplo cargado de intriga donde el desierto y
las montañas ocultaban conocimientos prohibidos. En 1901, durante su
estancia en India, se sumergió en el Raja Yoga, alcanzando estados de
dhyana que lo prepararon para las profundidades tántricas. Pero fue en
Ceilán (actual Sri Lanka) donde Allan Bennett, su mentor budista, lo
introdujo en prácticas yóguicas que bordearon el Tantra. Crowley, expulsado
de la Golden Dawn en 1900 por cisma interno, buscaba en Oriente un poder
más crudo: el Vama Marga, o Sendero de la Mano Izquierda, que integra
tabúes como el sexo, el alcohol y la carne para trascender dualidades. En
1912, al unirse a la O.T.O., Theodore Reuss le reveló secretos tántricos
velados, que Crowley codificó en grados superiores de la orden. Su "El
Libro de la Ley" (1904), dictado por Aiwass en El Cairo, incorpora ecos
tántricos en su énfasis en la unión divina a través de la voluntad. En la
Abadía de Thelema (1920-1923), estos rituales se practicaron en un ambiente
de orgías y drogas, donde el suspenso de la invocación podía tornarse en
horror, como cuando participantes reportaron visiones de entidades malignas
acechando en las sombras.
Influencias Principales en el Tantra de Crowley
Crowley no copió el Tantra; lo occidentalizó, creando un híbrido que genera
intriga por su audacia. Sus fuentes incluyen el Tantra hindú y budista,
influenciado por textos como el "Tantraloka" de Abhinavagupta y prácticas
kaula, donde adoptó la kundalini como serpiente de energía sexual que
asciende por la espina dorsal, uniendo chakras en éxtasis. El Vama Marga,
con sus ritos de maithuna (unión sexual ritual), le inspiró a ver el sexo
como sadhana (práctica espiritual) para disolver el ego. Del yoga y la
meditación, de su entrenamiento en Raja Yoga, integró pranayama (control de
aliento) y asanas para potenciar el éxtasis tántrico, fusionándolo con
Hatha Yoga para preparar el cuerpo como templo mágico. Bennett le enseñó
dharana (concentración), esencial para mantener la voluntad durante
rituales. Del ocultismo occidental, mezcló Tantra con alquimia hermética,
donde el "matrimonio químico" simboliza unión sexual, y con cábala,
alineando chakras con sefirot. Figuras como Paschal Beverly Randolph
influyeron en su énfasis en el orgasmo como portal mágico, pero Crowley lo
elevó con elementos tántricos para una transmutación más profunda. Estas
influencias crean suspenso: ¿era Crowley un puente entre Oriente y
Occidente, o un saqueador que distorsionó sagrados misterios, invitando a
un terror cósmico?
Principios Teóricos del Tantra Crowleyano
En el Tantra de Crowley, el sexo no es indulgencia; es Magick, un acto de
voluntad para unir polaridades y manifestar cambio. Crowley veía la
kundalini como fuerza divina dormida en la base de la espina, despertada
por rituales sexuales. En textos como "Energized Enthusiasm", describe cómo
el éxtasis genera un "elixir" que transmuta lo físico en espiritual,
similar al tántrico "amrita". Adaptó el Panchamakara (cinco "M": vino,
carne, pescado, granos, sexo) a su Magick, usándolos en misas gnósticas
donde parejas (o grupos) canalizan energía para invocaciones. En grados
O.T.O. como el VIII° (autoerótico) y IX° (heterosexual), el orgasmo se
retiene o dirige para "lanzar" sigilos mágicos. Debido a censuras
victorianas, Crowley ocultaba prácticas en códigos, puns y acrósticos, como
en "El Libro de las Mentiras". Frases como "la serpiente y la paloma"
aluden a unión tántrica, donde el terror radica en que un desequilibrio
podría revertir la energía, causando locura o posesión. Este enfoque añade
intriga: el Tantra crowleyano promete Divinización , pero su mal uso, como
advertía, desata fuerzas que devoran la cordura.
Conexión con Thelema
El Tantra es pilar de Thelema, donde "Haz lo que quieras será toda la Ley"
libera el Tantra de dogmas ascéticos. Entidades como Nuit (infinito
femenino, tántrica Shakti) y Hadit (punto masculino, Shiva) simbolizan
unión cósmica. Rituales tántricos en Thelema buscan samadhi (éxtasis
divino), alineando voluntad individual con universal. Crowley se veía como
héroe tántrico, rompiendo tabúes para el Nuevo Eón, pero el suspenso
persiste: ¿era profeta o provocador de caos?
Legado e Influencia
Crowley fue pionero en transmitir Tantra a Occidente, influyendo en
neo-tantra, wicca y contracultura (por ejemplo, hippies, rock como Led
Zeppelin). Su síntesis desestigmatizó el sexo espiritual, pero críticos lo
ven como distorsión cultural. Hoy, O.T.O. y escuelas thelémicas continúan
sus prácticas, con énfasis ético moderno. Como Masón , agrego que este
Tantra resalta el poder de la integración Oriente-Occidente, pero advierte
del terror en ignorar límites, creando suspenso entre empoderamiento y
abismo.
Introducción al Maithuna en la Obra de Crowley
Crowley no adoptó el maithuna como un mero acto tántrico hindú; lo deformó
y elevó a un sacramento de su Magick, donde la unión sexual se convierte en
un portal para invocar fuerzas primordiales. Imagina el suspenso de dos
cuerpos entrelazados en la penumbra de un templo, donde un suspiro mal
dirigido podría despertar entidades del abismo, devorando la voluntad del
adepto en un horror eterno.
Como MASÓN , agrego que el maithuna crowleyano puede verse como una
metáfora de la física cuántica: la unión de opuestos genera "energía"
impredecible, similar a la superposición de estados, pero con riesgos
éticos que en la modernidad exigen protocolos de seguridad emocional.
Orígenes y Adaptación Crowleyana del Maithuna
El maithuna, término sánscrito que significa "unión sexual ritual",
proviene del Tantra hindú y budista, particularmente del Vama Marga, donde
se integra como uno de los Panchamakara para trascender dualidades y
despertar la kundalini. Crowley lo descubrió durante sus viajes por
India y Ceilán en 1901-1906, influenciando por mentores como Allan Bennett
y textos como el "Tantraloka". Pero en su visión thelémica, no es sólo un
acto espiritual; es Magick operativa, codificada en los grados superiores
de la O.T.O., que él reformó tras unirse en 1912 bajo Theodore Reuss. En el
grado IX° (heterosexual), el maithuna se practica como "unión mágica" para
generar un "elixir" de fluidos sexuales, simbolizando la transmutación
alquímica de lo base en divino. Crowley lo describe en textos velados como
"De Arte Magica" y "Energized EnthusMasón sm", donde el orgasmo se retiene
o dirige para implantar intenciones en el universo, fusionando el Tantra
con cábala y alquimia occidental. El terror radica en su advertencia :
sin preparación, esta unión puede revertir la energía, causando posesión o
locura, como relatan discípulos que vieron sombras materializarse en
rituales.
En la Abadía de Thelema (1920-1923), Crowley experimentó maithuna en orgías
rituales, donde participantes asumían roles fluidos de género y orientación
sexual, permitiendo variantes homoeróticas en el grado XI°. Aquí, el
maithuna no buscaba procreación, sino éxtasis prolongado para disolver el
ego y alinear con la Voluntad verdadera, eco de "Haz lo que quieras será
toda la Ley". Crowley comparaba el semen tántrico con el elixir del grado
IX, demostrando familiaridad con ritos como el maithuna kaula, pero lo
occidentalizó, incorporando drogas y evocaciones para intensificar el
horror potencial de invocar lo desconocido.
Principios y Práctica Detallada
En el maithuna crowleyano, el ritual se estructura con precisión masónica,
cargado de simbolismo que genera intriga por su profundidad oculta. Se
realiza en un templo con altar hexagonal, inscrito en una estrella de cinco
puntas. Participantes ayunan, meditan y usan pranayama para elevar la
kundalini. Crowley enfatizaba la "mujer escarlata" (Babalon) como pareja
ideal, representando a Shakti, mientras el mago encarna a Shiva o Hadit. El
suspenso surge al invocar deidades como Nuit y Hadit, donde un
desequilibrio podría atraer demonios.
El acto dura horas, con posturas tántricas (asanas) para retener el
orgasmo, generando "eroto-comatose lucidity" –un estado de trance inducido
por excitación prolongada hasta el agotamiento. Fluidos se consumen como
eucaristía, transformando deseo en energía espiritual. Crowley distinguía
esto del maithuna tradicional: mientras el Tantra busca unión no-dual, su
versión es "mágica" para manifestar cambios materia les, como riqueza o
poder, diferenciándose del Vamacara shaiva por su enfoque en evocaciones
demoníacas. Representa la "fórmula de la Rosa Cruz", donde lo masculino
(león) y femenino (águila) se unen en alquimia sexual. La kundalini
asciende, disolviendo barreras, pero Crowley advertía del riesgo: fuerzas
liberadas sin control podrían llevar a la "muerte negra" espiritual. En
"Magick in Theory and Practice", lo vela con puns, ya que leyes victorianas
prohibían detalles explícitos. El horror implícito: relatos de
participantes en Thelema hablan de visiones apocalípticas durante el
clímax, donde el abismo se abre, cuestionando si el maithuna libera o
esclaviza.
Conexión con Thelema y MagMasón Sexual
El maithuna es el núcleo de la magia sexual thelémica, integrando Tantra
oriental con ocultismo occidental para el Nuevo Eón. Integra el éxtasis
como sacramento, alineando con principios thelémicos de voluntad y amor,
pero siempre con el suspenso de sus riesgos cósmicos.
Preguntas Interesantes
¿Qué entidades ocultas podría haber invocado Crowley en sus rituales
tántricos, y por qué el suspenso de su control persiste en relatos de la
Abadía? Si el Vama Marga de Crowley distorsionó el Tantra original, ¿qué
terror implica para practicantes modernos que siguen sus pasos sin guía?
¿Cómo el Tantra crowleyano reconcilMasón ascetismo y éxtasis, y qué
intriga psicológica revela sobre la dualidad humana? En la fusión de
kundalini y Magick, ¿qué horrores acechan si la energía se descontrola,
como en visiones reportadas por discípulos? ¿Por qué el legado tántrico de
Crowley genera tanto fascinación como miedo, y qué suspenso crea en su
impacto en la cultura pop actual?
Alcoseri