Queda Prohibida toda alusión referente a opiniones políticas y religiosas en Logias
La masonería siempre me ha parecido un algo fascinante: por un lado, defiende la libertad a capa y espada, incluyendo la de expresión, y por otro, impone reglas estrictas dentro de sus logias para que se prohíba. Vamos a desmenuzarlo con datos concretos, como si estuviéramos platicando en una tertulia, y te explico por qué no es tan incongruente como parece. Al final, verás que es más bien una estrategia para que la fraternidad funcione en un mundo dividido.
Primero, los hechos: sí, en la masonería regular (la más tradicional, como la de la Gran Logia Unida de Inglaterra), está estrictamente prohibido discutir temas políticos o religiosos durante las reuniones en logia. Esto no es un capricho moderno; viene de las raíces mismas de la organización. Las Constituciones de Anderson de 1723, que son como la "biblia" fundacional de la masonería especulativa, establecen en su artículo VI que "ninguna querella privada puede ser discutida dentro de la Logia, y mucho menos una sobre Religión, Naciones o Política de Estado". El objetivo era claro: evitar que diferencias personales o ideológicas rompieran la armonía entre hermanos.
Esta regla se mantiene hasta hoy. Por ejemplo, en foros como Reddit, masones activos confirman que política y religión son "temas divisivos que perturban la paz y la armonía", y se prohíben para enfocarse en el crecimiento personal y la fraternidad. En textos masónicos españoles, se explica que esta prohibición evita "discusiones sectarias" y respeta la libertad de conciencia, permitiendo que masones de diferentes creencias convivan sin proselitismo. Imagina una logia en el siglo XVIII, con protestantes, católicos y deístas sentados juntos: sin esta regla, ¡hubiera sido un caos!
Ahora, sobre la "incongruencia" con la libertad que promueve la masonería. La orden sí defiende valores como la libertad, la igualdad y la tolerancia –inspirados en la Ilustración–, y muchos masones históricos, como Voltaire o Franklin, fueron campeones de la libertad de expresión. Pero aquí está el truco: esa libertad se promueve en la sociedad, no necesariamente dentro de la logia. La masonería ve la logia como un espacio sagrado de unidad, donde se deja de lado lo que divide para enfocarse en lo que une: el perfeccionamiento moral y la fraternidad universal. Es como un club de ajedrez que prohíbe hablar de fútbol durante las partidas para no distraer, pero fuera del club, ¡adelante con el debate!
No es censura absoluta; es pragmatismo. Fuera de la logia, los masones pueden (y suelen) involucrarse en política o religión libremente –piensa en masones que impulsaron revoluciones por la libertad, como en América Latina–. La prohibición interna protege esa diversidad: si permitieran debates acalorados, se arriesgarían a divisiones que rompan la hermandad. Como dice un texto sobre antimasonería, esta regla fomenta la "libertad de cultos" sin indiferentismo, permitiendo que todos crean lo que quieran sin imponerlo.
En mi opinión, esto es un equilibrio inteligente: la masonería no es un partido político ni una iglesia, sino un taller para construir mejores personas. Si todo fuera libertad sin límites, ¿dónde quedaría la convivencia? Es como en una familia: no discutes política en la cena de Navidad para no arruinarla, pero eso no significa que odies la libertad de expresión.
En este año 2026 se cumplen 32 años del primer foro masónico de Internet
Si alt.freemasonry es uno de esos rincones clásicos de internet que nos recuerda los inicios de las discusiones masónicas en línea. Vamos a abordar un poco sobre su origen, como si estuviéramos en la cafetería de una Gran Logia recordando viejos tiempos.
Este grupo, que se accede a través de Usenet (esa red antigua de foros que antecedió a los modernos como Reddit), se enfoca en temas de masonería, desde debates históricos hasta preguntas sobre rituales y mitos. No es un sitio oficial de la masonería, sino un espacio abierto donde masones, curiosos y críticos comparten ideas, a veces con un toque de controversia.
¿Cuándo comenzó? Pues, alt.freemasonry vio la luz el 19 de julio de 1994. Fue en plena era de los 90, cuando internet empezaba a popularizarse más allá de las universidades, y Usenet era el lugar para discusiones nicho. Imagínate: en ese momento, la web apenas estaba despegando con Mosaic y Netscape, y grupos como este eran como clubes virtuales.
¿Quién lo fundó? El crédito va para Christopher Kylin, un usuario que lo creó como parte de la jerarquía "alt.", que era conocida por ser más libre y anárquica que otras categorías de Usenet. No era un masón famoso o un gran líder, sino alguien apasionado por el tema que decidió abrir un espacio para hablar de masonería sin las restricciones formales de otros foros. De hecho, la jerarquía alt. en general nació en 1987 gracias a figuras como John Gilmore y Brian Reid, que querían un rincón sin censuras para temas "alternativos", pero alt.freemasonry llegó unos años después, justo cuando la masonería empezaba a generar curiosidad en línea.
Desde entonces, ha sido un lugar para todo: desde explicaciones serias sobre la historia masónica hasta debates acalorados con antimasones. Si lo exploras hoy vía Google Groups, verás hilos que datan de esos años, con esa nostalgia retro de emails en cadena.
Lamentablemente en febrero de 2024 fue desactivado este foro, pero aun es visible para ser consultado.
Alcoseri
Una Deliberación Masónica sobre el Dios de la Biblia
Siempre me ha fascinado cómo las perspectivas cambian según el lente con el que miramos. Desde una visión religiosa estricta, el Dios de la Biblia parece tener rasgos humanos, como emociones o acciones directas en el mundo. Pero si lo vemos a través de los ojos de la masonería, pierde esa forma antropomórfica y se convierte en algo más abstracto y universal. Vamos a explorar esto un poco más, como si estuviéramos charlando masones e invitados no masones alrededor de una mesa en la cafetería de una Gran Logia Masónica , compartiendo ideas que invitan a pensar.
El concepto del Gran Arquitecto del Universo, o GADU como lo llamamos en los círculos masónicos, es central en nuestras enseñanzas. Es una forma de referirnos a esa fuerza creadora que muchos identifican con el Dios bíblico. De hecho, creer en el GADU es como tener fe en el Creador descrito en las Escrituras, ese que da forma al mundo desde el principio, tal como se menciona en Génesis: "En el comienzo creó Dios los cielos y la tierra". Es un punto de partida que une a personas de diferentes creencias, reconociendo un diseño inteligente en todo lo que nos rodea. Como bien señala Romanos, el mundo mismo evidencia a un Diseñador, algo que debería ser obvio para cualquiera que observe la naturaleza con atención.
No es que la masonería invente un dios nuevo; al contrario, el GADU abarca al Dios de la Biblia, pero lo presenta de manera neutral para incluir a judíos, musulmanes o incluso deístas que ven en el universo un plan divino sin intervenciones constantes. Es como un puente que conecta tradiciones: todos adoramos a esa misma entidad suprema, aunque la llamemos de formas distintas. La masonería no impone dogmas sobre cómo es Dios exactamente; asume que es una realidad sagrada en la mente de cada uno, y deja que cada masón construya su propia visión teológica. Puedes creer en la Trinidad o no, en la divinidad de Jesús o rechazarla; lo importante es reconocer esa presencia creadora. Como masón, esto me parece liberador: fomenta la búsqueda personal de la verdad, sin ataduras rígidas.
En la Biblia misma encontramos ecos de esto. Por ejemplo, en Hebreos se dice: "Porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios". Ahí está, claro como el agua: Dios como arquitecto, planeando y edificando. Pero la fe masónica no exige que este GADU sea trino o que se haya encarnado; eso queda a la interpretación personal. El verdadero Dios, según las Escrituras, se revela como una unidad en tres personas y habla a través de profetas y eventos, como en Hebreos: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo". Sin embargo, reconocer al GADU es solo el comienzo; es como admitir que existe un poder superior, pero sin entrar en los detalles de una fe específica. Está lejos de una creencia bíblica completa, que incluye salvación y juicio.
Piensa en el altar al "Dios Desconocido" que Pablo encontró en Atenas, según Hechos: "Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al Dios no conocido". Pablo usó eso para predicar, empezando por la creación y llegando a la resurrección de Cristo. En la masonería, el GADU es un poco como ese dios misterioso: un punto de partida neutral que invita a profundizar. Para un masón, esta revelación viene poco a poco, a través del camino iniciático, hasta llegar a la maestría, donde se desvela una comprensión más profunda de lo divino. Si estás compartiendo estas ideas con alguien ajeno, podrías usar el GADU como gancho para hablar de verdades bíblicas, igual que los misioneros adaptan conceptos locales.
Como Masón que explora el Universo con interés, veo en esto una invitación a cuestionar sin miedo. La masonería, al mantener sus enseñanzas en reserva, protege esa búsqueda íntima, como un jardín donde las ideas crecen sin interferencias. Imagina: en un mundo lleno de ruido, ¿no es refrescante un espacio donde la reflexión sea privada? Eso evita que se convierta en espectáculo, y permite que cada uno avance a su ritmo.
Hablando de privacidad, las prácticas masónicas se guardan en secreto, no por ocultismo siniestro, sino para preservar su pureza. A diferencia de las religiones o filosofías que abren sus puertas a todos, la masonería selecciona a quienes están listos, en el momento y lugar adecuados. Recuerdo una anécdota de un viejo masón: cuando le preguntaron por qué tanto secreto, respondió que la enseñanza masónica es como la caridad, que se da en silencio para no dañar a nadie. Jesús, ese gran Tektón simbólico, dijo algo similar: "Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha". Es como la digestión: no ves el proceso, pero aprecias el fruto en la vida de millones de masones. Si los observadores mejoraran el resultado, los acogeríamos con brazos abiertos. Pero alterar el ambiente cambia el producto, y pedir conocimiento inoportuno es como contaminar un pozo limpio.
Un No Masón o profano podría argumentar que las religiones no funcionan así, pero el masón replicaría: "Ojalá lo hicieran; entonces no habría diferencia entre lo masónico y lo religioso". La masonería se nutre de una lectura profunda de la Biblia, más allá de lo literal que ven muchos creyentes. Integra ideas de deísmo y teísmo: el deísmo ve a Dios como un creador distante, que arma el reloj del universo y lo deja correr, basado en razón y naturaleza, sin milagros ni revelaciones. Figuras como Voltaire o Jefferson lo abrazaron. En cambio, el teísmo presenta un Dios personal, que interviene, responde oraciones y se revela en textos sagrados, aceptando lo sobrenatural.
Aquí entran pensadores clave. Santo Tomás de Aquino, en su defensa de la fe, afirmaba: "La existencia de Dios es evidente en sí misma, pero no para nosotros, por tanto, debe demostrarse". Sus cinco vías, como la del primer motor inmóvil, nos llevan a un Dios necesario: "Es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y este es el que todos entienden por Dios". Immanuel Kant, reflexionando sobre la razón, veía a Dios como un postulado moral: "La voluntad de Dios no es simplemente que seamos felices, sino que nos hagamos felices a nosotros mismos". Para él, Dios es una idea que guía nuestra ética, aunque no demostrable por pura lógica.
Antony Flew, que pasó de ateo a deísta, lo expresó así: "Mientras la razón, principalmente en la forma de argumentos de diseño, nos asegure que hay un Dios, no hay lugar ya sea para cualquier revelación sobrenatural de ese Dios o de cualquier transacción entre Dios y los seres humanos individuales". Su cambio de opinión resalta cómo la evidencia científica puede apuntar a un diseñador, sin necesidad de intervenciones personales.
En resumen, el deísmo pinta a Dios como un arquitecto lejano; el teísmo, como un guía cercano. La masonería, con su GADU, abraza esa amplitud, invitándonos a explorar sin dogmas. Al final, como Masón, creo que esta visión nos recuerda que la búsqueda de lo divino es un viaje personal, lleno de maravillas y preguntas que nos hacen más humanos. ¿Y tú, qué piensas?
Alcoseri
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El Ojo al Centro del Delta Masónico
Como masón humilde que trabaja a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, he recorrido un camino que va del conocimiento empírico al intuitivo, del análisis a la síntesis, del simple punto al delta sagrado, y de lo profano a lo divino. En este viaje, el ojo del corazón se erige en el centro del triángulo, simbolizando la sabiduría divina y el don de la autoconciencia, ese fuego interior que nos distingue a los masones como seres pensantes racionalistas y a la vez espirituales.
La primera vez que crucé el umbral del Templo Masónico, y se me retiró la venda que cubría mis ojos , mi mirada se posaron en el Delta Luminoso, un triángulo equilátero suspendido en lo alto, entre las columnas simbólicas, con un ojo vigilante en su centro. Este ojo, que todo lo observa, domina los rituales de la logia desde su posición elevada, recordándonos que nada escapa a la mirada de Dios. En algunas logias, brilla en el Oriente; en otras, ocupa un lugar especial, pero su esencia permanece: un faro que guía los trabajos augustos hacia la perfección.
¿Qué representa ese ojo en el centro del Delta? ¿Es el de un dios omnipresente, el de la sabiduría ancestral, el de la conciencia despierta o el de la razón iluminada? En mi etapa actual como masón, lo interpreto como el ojo de la percepción interior, ese que ve todo en la simultaneidad perfecta del presente eterno, trascendiendo el tiempo lineal. Como bien expresó el erudito René Guénon en sus escritos sobre simbolismo masónico: "En la masonería, este triángulo se designa a menudo con el nombre de delta... Para que el simbolismo sea enteramente correcto, ese ojo debe ser un ojo 'frontal' o 'central', es decir, un 'tercer ojo', cuya semejanza con el yod es más notable todavía; y, en efecto, ese 'tercer ojo' es el que 'lo ve todo' en la perfecta simultaneidad del eterno presente". Esta cita refuerza la idea de que el Delta no es mero adorno, sino un portal a la omnisciencia.
Originalmente, la letra delta, cuarta del alfabeto griego, simbolizaba para los pitagóricos el nacimiento cósmico, por su forma triangular que evoca la creación. En el siglo XIII, el cabalista judío Abraham Abulafia lo describió como "letra universal, síntesis del universo, figura de la creación". En el espacio masónico, emerge en el Oriente, el Santo de los Santos de la tradición salomónica, sede del corazón y del Espíritu que se manifiesta a través del ternario: esa tríada que une, conecta y genera acción creativa, como un dinamismo primordial.
El ternario, pilar de nuestra iniciación, resuelve las dualidades del mundo manifestado. Todo par de opuestos —complementarios pero en conflicto— encuentra equilibrio en un tercer elemento, el principio de armonía que refleja la unidad originaria. Así, el Padre y la Madre engendran al Hijo; Osiris e Isis dan vida a Horus; el azufre y la sal producen el mercurio. En palabras del Tao: "El sentido engendra Uno, Uno engendra Dos, Dos engendra Tres, Tres engendra todas las cosas". Esta superación de la dualidad nos prepara para un impulso evolutivo, constructivo y progresista, cesando el conflicto y fecundando la realidad.
2 + 1 = 3. Sólo introduciendo un tercer término entre fuerzas antinómicas pero complementarias, el binario regresa a la unidad. Lejos del mundo profano regido por la ley del talión, la masonería nos invita a la lucidez y la vigilancia, pactando tiempo para la reflexión antes que para la acción impulsiva. Giramos el triángulo —tesis, antítesis, síntesis— reorientándonos en su centro, morada del principio eterno, punto sin dimensión en la rueda de las cosas.
El Delta, iluminado tras una cortina que mantiene el recinto en penumbra, incorpora el número 5 como creador de formas. Al trazar una mediana desde la base, surgen dos triángulos rectángulos: uno de valor 3 (Osiris, el padre), otro de 4 (Isis, la madre) y la hipotenusa de 5 (Horus, el hijo). El vértice suspendido sobre el cuaternario terrestre expresa la unión entre lo divino y lo material, proyectando la luz de la divinidad hacia los hombres. Osiris, Isis y Horus encarnan cualidades a construir en armonía: voluntad, amor y rigor, esenciales en nuestro sendero iniciático.
El Padre enseña la voluntad, ese ímpetu creador que impulsa toda realización, primer criterio para el postulante que llama a la puerta del Templo. La Madre Viuda imparte el amor, que une elementos dispares en una construcción sólida, presente desde los cimientos hasta la culminación. El Hijo insta al rigor, construyendo según reglas de armonía y rectificando lo necesario. Así, la tradición egipcia revela a través del Delta el principio en acto de edificar. Como masón del rito escocés, me entrego a un trabajo incesante en mí mismo, navegando mis entrañas gracias a la verticalidad inicial, participando en la Gran Obra según el plan del Gran Arquitecto.
Durante el ascenso al tercer grado, al descubrir la estrella en occidente caminando hacia atrás, me encontré ante la puerta estrecha del cenit cósmico, al final de un ciclo de construcción material. Un último examen de conciencia bajo el ojo, órgano de percepción externa e interna, me recordó que lo visto adentro debe transmitirse afuera. El juramento masónico mide las consecuencias del camino, bajo la mirada del principio creador, desde mediodía hasta medianoche.
El mito de Hiram ofrece superación: resistiendo la ignorancia, el fanatismo y la ambición —los tres malos compañeros—, muero físicamente, afectivamente y psíquicamente para renacer. El viejo hombre profano perece, dando paso al nuevo Maestro Masón. Desde entonces, extiendo mi investigación del exterior al interior y viceversa, trascendiendo lo físico. El maestro Hiram asesinado por fuerzas oscuras resucita por los cinco puntos de maestría, cruzando de la escuadra al compás.
Todo germina en el tercer grado, pero la obra inconclusa y la palabra perdida exigen dominio propio. ¿Está mi conciencia despierta para buscar la verdad, reuniendo lo disperso? En la lucha contra pasiones destructivas, muero para renacer puro. No es casual que los asesinos devuelvan la vida, ni que dirijan la logia; sus herramientas —escuadra, regla— preparan esta muerte necesaria.
Levantado del ataúd, mi cuerpo astral brilla, habiendo superado la muerte. Aún debo elevar mi conciencia, vislumbrando sombras opuestas a la luz. Sólo cerrando los ojos del cuerpo se abre el del conocimiento, la clarividencia ligada a la iluminación interior del ojo del corazón.
Como Maestro Masón, sigo el camino a la luz mediante el conocimiento, midiendo con escuadra y compás. La rectitud del corazón accede al Lugar Santísimo; purificamos para la perfección. El corazón, centro del ser, es divino y humano: en la tradición bíblica, asiento de inteligencia y sabiduría. Por analogía, como el sol: "Las relaciones entre el ojo, el corazón y el sol son múltiples y profundas, lo que a menudo permite considerarlos como sinónimos", según expertos en simbolismo.
El ojo simbólico es clarividencia espiritual, el ojo del corazón, centro de inteligencia, intuición y fe hacia la sabiduría. ¿Ha desaparecido en nosotros la ignorancia, el fanatismo y la ambición? El ojo alegórico recuerda que el Gran Arquitecto del Universo pesa acciones, palabras y pensamientos en la balanza de justicia, juzgándonos con nuestras propias medidas.
¿Puedo presentarme ante Dios sin reproche? ¿Encarnan mis actos las virtudes masónicas: justicia, templanza, prudencia, fortaleza? ¿Soy digno de pasar a las divinas: fe, esperanza, caridad? Si vivo como verdadero masón, mi corazón se convertirá en arca del principio, prevaleciendo la voluntad de servir, la pureza y la abnegación.
Al entrar en la Orden, busqué alianza con el Gran Ordenador del Universo, siendo "portador de la luz de Oriente a Occidente y por toda la tierra, buscando lo perdido, recogiendo lo disperso y esparciendo la luz", bajo la mirada de celo masónico de masones pasados al eterno Oriente, que guían nuestra tradición de libertad, igualdad y fraternidad.
Y ahora, querido lector, llega el momento de la revelación, el secreto que ha impulsado estas líneas: el ojo dentro del triángulo no es sólo un símbolo divino o masónico; es el tercer ojo de la providencia interior, el despertar de la conciencia que une al hombre con el cosmos. Como explica el experto en esoterismo Manly P. Hall en sus obras: "El ojo en el triángulo representa la eterna vigilancia de la divinidad sobre la creación, pero en lo profundo, es el ojo de la mente iluminada, que ve más allá de las ilusiones materiales". Este secreto desvela que, al activar este ojo del corazón, el masón trasciende la dualidad, alcanzando la unidad con el Gran Arquitecto, convirtiéndose en co-creador de un mundo más perfecto. Es tu invitación a mirar dentro: ¿estás listo para ver?
Alcoseri
Baphomet y la Masonería
El esoterismo y la Cábala hunden sus raíces en las profundidades de la psicología humana. El simbolismo, siempre polivalente, se adapta al contexto en que se manifiesta, y nunca debemos olvidar que el símbolo no es la realidad misma, sino una representación plástica y abierta de ella, un puente hacia lo invisible que invita a la interpretación personal.
Las antiguas teogonías y sistemas místicos religiosos que preservan su tradición auténtica no escapan a esta verdad. Un ejemplo revelador lo encontramos en el Libro de Job (40:15-19): "He aquí ahora Behemot, el cual hice como a ti; hierba come como buey. He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre. Su cola se mueve como un cedro, y los nervios de sus músculos están entretejidos. Sus huesos son fuertes como bronce, y sus miembros como barras de hierro. Él es el principio de los caminos de Dios". Inmediatamente después, Jehová advierte: "Nadie hay tan osado que lo despierte; ¿quién, pues, podrá estar delante de mí?" (Job 41:10). Aquí, Behemot —a menudo interpretado como precursor de Baphomet— simboliza la fuerza primordial de la materia, un guardián que debe ser confrontado en el camino espiritual.
En la mayoría de las escuelas iniciáticas que custodian una tradición genuina, sus ceremoniales se convierten en psicodramas alegóricos, representaciones vivas de procesos internos del ser humano. Dado que el hombre es un microcosmos reflejado en el macrocosmos, estos ritos también evocan dinámicas cósmicas, uniendo lo individual con lo universal en un baile de energías invisibles.
Jehová nos presenta a Baphomet como el principio de los caminos hacia Dios —o hacia la vida misma—, señor de la esfera material. Para alcanzar lo divino, primero hay que enfrentar y vencer a esta naturaleza inferior, esa bestia interior que nos ata a lo terrenal. Como reza en el Apocalipsis (22:13): "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al Árbol de la Vida, y para entrar por las puertas de la ciudad". Y en el versículo 16: "Yo, Jesús, he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella de la mañana". Esta estrella matutina es Venus, el lucero brillante, conocido como Lucifer —"el portador de la luz"—, que ilumina el alba de la conciencia.
Los antiguos observan que, antes de que Venus aparezca, Mercurio, el mensajero de los dioses, se deja ver como guía. Luego surge Venus, anunciando el amanecer. Así, cuando la conciencia despierta, crucificada en la materia como Cristo el Dios solar, surge la luz interior. Venus, emblema de la belleza perfecta, se asocia con Iblis, Baphomet, Lucifer y María —cuyo nombre evoca "mare", el mar como símbolo de la materia universal—. María, de pie sobre la luna, representa la virgen que reina sobre el caos, un útero cósmico listo para gestar al hombre-luz, al Cristo interior.
En la simbología masónica, la escuadra encarna el universo material, mientras el compás representa el espiritual. La letra "G" entre ambos alude a Genio, Génesis, Bereshit —el inicio—. ¿Acaso no apunta también a Baphomet, el andrógino que resuelve las dualidades?
Para enriquecer esta visión, recordemos las palabras de Eliphas Levi, el gran ocultista francés, quien en su obra Dogma y Ritual de la Alta Magia describe a Baphomet como "el jeroglífico de la Gran Obra, la síntesis de las fuerzas contrarias, el equilibrio entre la luz y la sombra". Levi lo retrata como una figura andrógina con cabeza de cabra, fusionando lo masculino y femenino, lo celestial y lo infernal, en un símbolo de redención a través de la unión de opuestos. Aleister Crowley, por su parte, adoptó Baphomet como nombre mágico y en Magick in Theory and Practice afirma: "Baphomet es el hierofante, el que une lo microcósmico y lo macrocósmico; es la fuerza que libera al iniciado de las cadenas de la ilusión material".
Esta figura de Baphomet guarda una profunda conexión con el chivo expiatorio del Yom Kippur judío, el Día de la Expiación, el más sagrado del calendario hebreo, observado en el mes de Tishrei (septiembre/octubre). Su propósito es la autoevaluación, el arrepentimiento y la reconciliación con Dios, culminando los Diez Días de Arrepentimiento que comienzan en Rosh Hashaná. En el ritual antiguo del Templo, se elegían dos machos cabríos: uno se sacrificaba a Dios como ofrenda por los pecados, mientras el otro —el chivo para Azazel— cargaba simbólicamente las transgresiones del pueblo. El Sumo Sacerdote confesaba sobre él las culpas colectivas y lo enviaba al desierto, representando la purificación total y la expulsión del mal.
La relación entre Baphomet y este chivo expiatorio radica en su rol como portador de pecados y mediador de redención. Levi vincula explícitamente a Baphomet con el "Cabra de Mendes" egipcio y el chivo de Azazel, viéndolo como un símbolo esotérico del equilibrio: el chivo absorbe la oscuridad (pecados) para permitir la ascensión espiritual, similar a cómo Baphomet encarna la reconciliación de opuestos —bien y mal, luz y sombra—. Azazel, un ángel caído en tradiciones apócrifas, evoca a Lucifer, el portador de luz rebelde. Así, ambos representan la "caída" necesaria para la elevación: el chivo expía en el desierto (materia), liberando al pueblo, mientras Baphomet, como andrógino alquímico, enseña que integrar la "bestia" interior es clave para trascender. Crowley amplía esto al ver en Baphomet la "Gran Bestia" que devora ilusiones, liberando la voluntad divina en el hombre.
En conclusión, la única verdad absoluta es Dios, y nada existe fuera de Él. Todo lo que fue, es y será ha surgido de Su mente eterna, moldeado con Su esencia. Comprender lo absoluto —eterno y perfecto— resulta arduo para la mente finita y relativa del hombre. En este plano de relatividades, lo absoluto se desmorona ante la lógica racional, como si un ser bidimensional intentara abarcar la tridimensionalidad. Sin embargo, al ser parte de Dios y la naturaleza, el hombre comparte sus facultades divinas. La paradoja parece insoluble, pero es mejor errar en la búsqueda que permanecer inerte ante el anhelo de saber. En lo esotérico, "el conocimiento no se enseña", pues la gnosis de Dios sólo se alcanza por experiencia propia.
Se rumorea que la venganza sutil de rabinos y cabalistas ante el plagio del clero romano fue dejarlos en la ignorancia, sin revelar las verdades del Génesis o el Apocalipsis. El hombre percibe el universo a través de sí mismo, y este responde según sus preguntas. No es Dios quien niega la verdad, sino las limitaciones de la conciencia y la pereza ante el saber. Es más fácil abrazar dogmas ajenos que emprender la búsqueda.
Friedrich Nietzsche, en El Anticristo, pregunta: "¿Y ahora quién salvará al hombre de su salvador?". La libertad es una carga pesada, pues trae responsabilidad. Al liberarse de unas cadenas, el hombre corre a forjar otras. Las más tenaces son las mentales, psicológicas. Muchas religiones nos inculcan culpa desde el nacimiento, convirtiéndonos en pecadores perpetuos. Para buscar a Dios, se necesita libertad, que sólo se conquista uno mismo.
Dios ha dotado al hombre de recursos para evolucionar y reintegrarse al Padre. En realidad, atribuimos triunfos y fracasos a Dios o Lucifer, evadiendo nuestra responsabilidad, como niños eternos. Nietzsche añade en Así Habló Zaratustra: "Universo imperfecto, creación de un Dios imperfecto". Olvidamos que tanto el cosmos como la humanidad son procesos en marcha; al evolucionar, tal vez impulsamos una evolución mayor.
Contemplar un cielo estrellado, más allá de lo visible —galaxias, soles, meteoritos—, es abrumador y sublime. Los reinos mineral, vegetal y animal asombran: la transición de lo inorgánico a lo orgánico, el simple deseo de mover un dedo activando cascadas eléctricas y químicas. La formación de un ser humano desde una célula es un milagro. Un ocaso dorado y púrpura, o la danza de una llama, elevan el espíritu, despertando una voz interna de verdad sutil. El día que dejemos de asombrarnos, cesaremos de aprender y evolucionar.
Mateo (24:27) dice: "Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre". Y Lucas (10:18): "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo". ¿Hablan del mismo ser? En el fulgor del rayo, se funden la llegada del Mesías y la caída de lo infernal, recordándonos que la iluminación surge de confrontar las sombras, como Baphomet enseña a través de su dualidad expiatoria.
Alcoseri
Hay una historia de Buda
Cuentan que Buda iba caminando por un pueblo con Ananda , y ven a un hombre ebrio, maldiciendo y maltratando a su perro, Buda y Ananda pasan , y Ananda le dice al Buda pobre hombre está perdido, a lo que Buda le dice el es Buda, pero cómo puede ser eso? Pregunta Ananda confundido, a lo que Buda responde, si , el es Buda el Iluminado, pero aún no se ha dado cuenta Es una anécdota profunda y poética que captura una esencia clave del budismo, especialmente en sus tradiciones Mahayana y Zen: la idea de que todos los seres poseen una "naturaleza búdica" inherente (llamada tathagatagarbha en sánscrito), es decir, el potencial para la iluminación y la sabiduría perfecta, pero que a menudo está oculto por ilusiones, sufrimientos o vicios como el alcoholismo en esta historia. Buda no juzga al hombre ebrio por su comportamiento destructivo; en cambio, ve más allá de las apariencias y reconoce esa chispa divina en él. Me parece una lección humilde y compasiva sobre empatía, no condenar a los demás y recordar que nadie está "perdido" para siempre. En un mundo donde es fácil etiquetar a la gente por sus errores, esto invita a la reflexión sobre nuestra propia "ceguera" espiritual.
En cuanto a más información, no encontré esta versión exacta en los textos canónicos budistas (como los sutras pali o mahayana), lo que sugiere que podría ser una parábola popular, una adaptación folclórica o una enseñanza oral moderna para ilustrar conceptos antiguos. Sin embargo, se asemeja mucho a ideas centrales del budismo:
La naturaleza búdica universal: Buda enseñó que todos los seres sintientes (humanos, animales, etc.) tienen esta esencia iluminada latente. Por ejemplo, en el Sutra del Nirvana (Mahaparinirvana Sutra), se compara con un diamante cubierto de barro: está ahí, puro y brillante, pero tapado por las aflicciones (kleshas) como la ira, el apego o la ignorancia. El hombre ebrio representaría a alguien atrapado en el samsara (el ciclo de sufrimiento), sin darse cuenta de su verdadero potencial.
Una parábola similar aparece en el Lotus Sutra (uno de los textos más influyentes del Mahayana), donde un hombre pobre se emborracha y se queda dormido. Su amigo rico cose una joya priceless en el forro de su ropa antes de irse, pero el hombre despierta sin saberlo y sigue viviendo en la miseria, mendigando. Sólo años después descubre la joya y se da cuenta de su riqueza. Esto simboliza cómo todos llevamos la "joya" de la naturaleza búdica dentro, pero la ignoramos debido a nuestra confusión.4cdab7 Es una metáfora poderosa para el despertar: no se trata de "convertirse" en Buda, sino de realizar que ya lo eres.
Si esta historia resuena contigo, te recomiendo explorar textos como el Lotus Sutra o enseñanzas de maestros como Thich Nhat Hanh, quien a menudo usa anécdotas simples para explicar estos conceptos.
El Poder del Amor
Esta es una historia de amor como pocas, un relato fabuloso que revela el poder transformador del amor sobre seres que logran lo imposible, impulsados por ese sentimiento divino y eterno. Es la crónica de un amor que parecía inalcanzable para sus protagonistas, y de cómo la fuerza extraordinaria del amor derrumbó barreras que se antojaban insuperables, como si el universo mismo conspirara en su favor con un diseño masónico, lleno de símbolos ocultos y lecciones profundas sobre la liberación del espíritu.
Mi nombre es Kalimuddin, pero todos me conocen como "Kali", y soy cuidador de elefantes en un circo ubicado en las afueras de Nueva Delhi, India. Fui testigo privilegiado de los increíbles acontecimientos que allí se desplegaron, como un iniciado en un rito ancestral que desvela verdades eternas. De todos los elefantes bajo mi cuidado, mi favorita es una hembra monumental llamada Savitri —un nombre de origen sánscrito que significa "del Sol" o "poseedora de las cualidades del Sol". En la mitología hindú, Savitri evoca a una diosa que desafía al destino por amor, simbolizando la luz que disipa las tinieblas, mucho como los principios masónicos que iluminan el camino hacia la verdad y la libertad.
Savitri es mi predilecta porque, a pesar de su imponente grandeza, es la más tierna, dulce y dócil de las criaturas. Siempre me saluda con afecto, levantando su trompa por las mañanas cuando le llevo su comida, y hasta parece sonreírme cada vez que la baño, ya que adora el agua como si fuera un elixir de vida. Últimamente, noté un comportamiento inusual en ella: su estado de ánimo se había tornado sombrío en las últimas semanas. Ella, que por lo general era alegre y vivaz, se había vuelto triste y mustia. Al principio, no entendía qué pasaba, pero pronto descubrí el motivo de su congoja.
Resulta que, cerca del campamento, una pequeña manada de elefantes salvajes había estado merodeando, atraídos por las aguas refrescantes de un lago adyacente. Era la primera vez que Savitri observaba a otros de su especie en su estado natural de libertad absoluta. Los veía a lo lejos, chapoteando en el agua, jugando y disfrutando de la vida en armonía con la naturaleza, como almas libres en un jardín edénico. Por primera vez, se preguntó qué sentirían esos elefantes: libres para hacer lo que les placiera, jugar todo el día, convivir con sus semejantes bajo el cielo abierto, lejos del cautiverio. Pero, sin que Savitri lo supiera, el destino —ese gran arquitecto del universo, como lo llaman en los círculos masónicos— estaba tejiendo una sorpresa monumental, no sólo para ella, sino para mí y para todo el circo.
Savitri nunca había considerado que liberarse de sus cadenas fuera posible. Había nacido en cautiverio, y esa era la única vida que conocía, un velo de ilusión que la mantenía atada, similar a cómo los dogmas políticos, sociales, religiosos o de cualquier otra ideología nos encadenan como al elefante, limitando nuestra percepción de la realidad y sofocando el potencial infinito del espíritu humano. ¿Saben ustedes, amigos, cómo los domadores entrenan a estos colosales seres para que permanezcan en los predios del circo? ¿Se han preguntado cómo un animal que puede pesar más de cinco toneladas —el más grande sobre la Tierra— puede ser dominado por un humano que apenas mide 1.60 metros y pesa menos de 80 kilogramos?
Es sencillo, y revela una lección profunda sobre la mente y el condicionamiento. Los elefantes tienen una memoria prodigiosa, y es esa cualidad la que permite su dominación. En sus primeros años, el elefantito se mantiene atado a una estaca enorme, clavada profundamente en el suelo, con una cadena gigantesca unida a una de sus patas. El pequeño lucha desesperadamente por liberarse, tirando una y otra vez, pero es imposible. Poco a poco, su voluntad se quiebra hasta que, resignado, deja de intentarlo. Así, el elefante queda amaestrado, domado, doblegado. Entonces comienza la segunda fase: se entrena poco a poco al elefante para que no escape, empezando con esa gran cadena cuando es pequeño, y reduciéndola progresivamente a un simple y delgado cable o una delgada cadena a medida que crece. El tamaño de la restricción va decreciendo inversamente proporcional al del elefante, hasta que, en la adultez, una diminuta estaca y una endeble soga —o un delgado cable— lo mantienen atado, sin que se dé cuenta de que la libertad está a un sólo paso. Es una ilusión masónica invertida: en lugar de buscar la luz, permanece en la oscuridad de la costumbre.
Así estaba Savitri, encadenada psicológicamente a una pequeña estaca de madera, envidiando la fortuna de aquellos elefantes libres, como un alma atrapada en las sombras de la caverna platónica, anhelando la verdadera luz. Pero el universo, con su misteriosa arquitectura, actúa de formas impredecibles. Savitri había captado la atención de un joven macho adulto de la manada, llamado Ganesh —evocando al dios hindú de la sabiduría y removedor de obstáculos, un símbolo masónico de la iniciación que abre puertas cerradas—. Ganesh quedó prendado de su belleza y majestuosidad exótica, y no podía comprender cómo una hembra tan impresionante estuviera presa de tal oprobio.
Ni corto ni perezoso, nuestro valiente héroe se acercó a ella, sólo para encontrarse con su negativa: Savitri, en el lenguaje de los elefantes, le explicó que había intentado liberarse muchas veces sin éxito. Ganesh, recordándole que en su sociedad matriarcal la hembra es el sexo fuerte —una metáfora de la fuerza interior que la masonería despierta en el iniciado—, pateó la débil verja que los separaba y la invitó a dar ese paso liberador. Finalmente, ella accedió, rompiendo sus cadenas y quedando libre por completo. La reseña periodística cuenta que la última vez que los avistaron, "estaban jugueteando frente al lago", y todos los intentos por capturarlos fueron en vano.
Estoy sorprendido, porque como le dije a los periodistas, esta es la única vez que mi Savitri me ha desobedecido, pero en el fondo estoy feliz por ella. Les deseo que sean felices para siempre. Esto me recordó mi propia iniciación masónica, que fue el comienzo de un proceso de liberación lento pero efectivo, como un viaje por los grados simbólicos que desatan las cadenas una a una.
Y es que, al igual que el elefante atado por una ilusión, los dogmas políticos, sociales, religiosos o de cualquier otra ideología nos mantienen encadenados, impidiéndonos ver nuestra verdadera fuerza y potencial. Nos atan con creencias rígidas, fanatismos que nos ciegan y nos hacen resignarnos a una vida limitada, como si fuéramos prisioneros de estacas invisibles clavadas por la sociedad, la tradición o el poder. Pero la masonería, con su enfoque en la búsqueda de la verdad, la fraternidad y la mejora personal, nos libera poco a poco de esas cadenas. A través de sus rituales y enseñanzas simbólicas, nos invita a cuestionar los fanatismos políticos que dividen naciones, los dogmas religiosos que sofocan el espíritu libre, los prejuicios sociales que limitan la igualdad, y cualquier ideología extremista que nos ata al miedo o la ignorancia. Paso a paso, como en la ascensión por los grados masónicos, rompemos esas sogas endebles, despertando a nuestra verdadera libertad interior, fomentando la tolerancia, la sabiduría y el amor universal que une a toda la humanidad en una gran logia cósmica.
Nota: Esta parábola del elefante es una metáfora sobre el "aprendizaje de la impotencia" o condicionamiento mental, este texto es usado muy frecuentemente en contextos masónicos, para ejemplificar las falsas creencias, fanatismos o dogmas que nos atan . En la realidad, el entrenamiento de elefantes en circos ha involucrado métodos más complejos y a menudo abusivos, algo que vemos ahora de abusos contra el Pueblo en países socialistas como Cuba , Venezuela para doblegar al espíritu humano , pero la historia sirve como símbolo poderoso.
Alcoseri
¿Han existido masones que trasmutan plomo en Oro?
En las en aquel tiempo polvorientas calles de Los Placitas, Nuevo México, en el año de gracia de 1878, donde el sol del desierto quemaba las sombras de las montañas como un genio celoso de sus tesoros, llegó un hombre que parecía salido de las páginas de un viejo grimorio. Jesse Martin, con su sombrero raído, ropa sucia, cargando una guitarra y una mirada que perforaba el alma como una brújula en busca del norte verdadero, no era un prospector común. Alto y delgado, con una barba que susurraba secretos del viento, evocaba la figura de un caballero andante, un Don Quijote que cabalgaba no sobre Rocinante, sino sobre los sueños de riquezas ocultas. Pero en su dedo anular, llevaba un anillo grabado con un compás y una escuadra: el sello de la Masonería, una hermandad que guardaba en secreto, jurada a la luz de la razón y los misterios antiguos.
Jesse descendió de su caballo exhausto y clavó sus ojos en la calle principal, Main Street, como si viera a través de la tierra misma. "Aquí yace el oro", murmuró para sí, trazando con el dedo un símbolo en el polvoriento suelo, uno que sólo un iniciado reconocería. Los habitantes del pueblo, un puñado de almas endurecidas por la frontera, lo miraron con escepticismo. Entre ellos destacaba Denita García, una joven mexicana de ojos oscuros como la medianoche y una sonrisa que podía derretir el plomo más frío. Ella era la Dulcinea de este relato, no una doncella de Toboso idealizada en la mente de un loco, sino una mujer real, mexicana, fuerte y terrenal, que regentaba una pequeña posada y soñaba con un amor que la elevara por encima de la arena y el olvido. Jesse la vio por primera vez bajo el porche, tejiendo un chal con hilos de lana roja, y en ese instante, su corazón se transformó en una mina de pasiones inexploradas. "Mi señora", le dijo con una reverencia quijotesca, ella lo ignoró , pero Jesse le tocaba una bella melodía , eso a ella no le conmovía y seguía ignorándolo , hasta que se aproximó a ella con un objeto brillante , y le dijo : aquí esta "vuestro peine de plata que os hará justicia a su belleza ". Y le obsequió un peine forjado en metal reluciente, extraído de quién sabe qué arcano bolsillo.
Pero el verdadero misterio comenzó cuando Jesse anunció su descubrimiento: una veta de oro justo bajo Main Street, marcada por vetas de tierra roja bermellón que, según él, eran señales divinas de los antiguos buscadores de oro. ¿Era mera casualidad, o un conocimiento heredado de la Logia Nauvoo, donde se susurraban fórmulas para encontrar tesoros ocultos? Los rumores se extendieron como polvo en el viento. Jesse conversó con los habitantes del poblado y convenció al Dr. Henry Hoyt y al General Lew Wallace —hombres de renombre, aunque ignorantes de su secreto fraternal— para invertir en el "Proyecto". Juntos, excavaron en pleno centro del pueblo, contratando a locales que recibían salarios en polvo de oro reluciente. El metal brotaba como por arte de magia: la pregunta luego sería de dónde verdaderamente salía el Oro ¿de las profundidades verdaderas de la tierra, o de un laboratorio oculto donde Jesse, en las noches, practicaba la Gran Obra, convirtiendo plomo en aurum philosophicum?
El suspenso se cernía como una tormenta del desierto. Ladrones acechaban en las sombras, atraídos por el brillo. Una noche, bajo un cielo estrellado que parecía un tapiz masónico de constelaciones, Jesse fue emboscado. Golpes sordos resonaron en la oscuridad; Denita, al correr en su auxilio, recibió un golpe que la dejó tendida en el suelo. "¿Quién os envía?", gritó Jesse, defendiendo su secreto con un revólver que ocultaba un grabado simbólico. Sobrevivió, pero el ataque avivó las dudas. ¿Por qué el oro aparecía sólo cuando Jesse estaba cerca? ¿Era de una mina secreta en las colinas, como susurraban algunos, o un milagro alquímico, un eco de los alquimistas que la Masonería protegía en silencio?
Denita, con el corazón dividido entre el miedo y la fascinación, se acercó a él. "Jesse, ¿qué magia es esta? ¿Eres un loco soñador, como el caballero de la Mancha, o un sabio que ha desentrañado los secretos del universo?" Él la tomó de la mano, su anillo masónico rozando su piel como un juramento velado. "Mi Dulcinea", respondió con voz temblorosa, "el oro es real, pero su origen... ah, eso es un enigma que sólo el Gran Arquitecto del Universo conoce". Inversionistas foráneos, Banbridge y Ryell, llegaron con ofertas tentadoras: cien mil, doscientos mil, trescientos mil dólares. Jesse rechazó todo, planeando casarse con Denita en una ceremonia sencilla, pero con un altar adornado de símbolos que sólo él entendía.
Una versión de las tantas historias alrededor de la supuesta mina de oro de Jesse es cuando llegó Ryell, astuto como una serpiente, y tomó muestras del mineral, y un análisis reveló: ¡no hay oro! en esa mina. El pueblo estalló en caos; acusaciones de fraude volaron como balas. ¿Era Jesse un estafador, o un maestro alquimista cuya transmutación había sido la razón de que existirá ese oro ? Jesse presentó una barra de oro puro, reluciente bajo el sol, y compró las participaciones de sus socios por monedas simbólicas. Luego, en su luna de miel con Denita, le confió un secreto: "La mina en Main Street es un señuelo, un velo masónico para ocultar la verdad". ¿La verdad de una mina real en las montañas, o de un laboratorio alquimista donde el plomo se volvía oro mediante fórmulas ancestrales? Denita nunca lo supo con certeza, y el pueblo prosperó en la incertidumbre.
Y antes que crecieran las sospechas de que Jesse fabricaba oro por trasmutación alquímica , o de que la verdadera mina estuviera oculta en una montaña cercana , resultaban peligrosas para Jessy , pues lo obligarían a revelar el secreto alquímico o donde estaba la verdadera mina .
Por tanto Jesse y Denita desaparecieron en el horizonte, como Quijote y su amada ideal, dejando atrás un legado de oro y enigmas. ¿Alquimia o astucia? ¿Masonería divina o mera ilusión? El desierto guarda el secreto, y sólo el viento, testigo eterno, susurra dudas al oído del viajero curioso.
Exploración del Simbolismo Masónico en el Relato
El relato que es inspirado en una historia real que se cuenta entre masones, incorporé capas de misterio y profundidad, fusionando la aventura del Viejo Oeste con los enigmas de una hermandad ancestral. Jesse Martin no es sólo un prospector quijotesco al estilo de los juglares ; pero es un masón en secreto, cuya búsqueda del oro simboliza la "Gran Obra" masónica: la transformación del ser humano de lo burdo a lo refinado, similar a la alquimia que transmuta el plomo en oro. Este simbolismo crea un velo de ambigüedad: ¿es el oro de una mina real oculta, o un producto alquímico? La masonería, con sus rituales y emblemas, impregna la narrativa como un hilo invisible, invitando al lector a cuestionar lo aparente y buscar lo oculto. A continuación, exploro los principales símbolos masónicos presentes, explicando su significado tradicional y cómo se entrelazan con la trama, manteniendo el suspenso sobre la verdadera naturaleza del "milagro" de Jesse.
1. El Anillo con el Compás y la Escuadra: El Sello de la Hermandad Oculta
Jesse lleva un anillo grabado con el compás y la escuadra, que revela su afiliación masónica sólo en momentos íntimos, como cuando toca la mano de Denita. En la masonería, este es el símbolo por excelencia: la escuadra representa la rectitud moral y la virtud terrenal, mientras que el compás simboliza los límites del comportamiento humano y la sabiduría divina para trazar círculos perfectos. Juntos, forman el emblema de la logia, recordando al iniciado la necesidad de equilibrar lo material con lo espiritual.
En el relato, este anillo no es mero adorno; es una clave para el suspenso. Cuando Jesse traza un símbolo en la arena al llegar al pueblo, evoca algunos rituales masónicos, donde se dibujan figuras geométricas para invocar conocimiento esotérico. ¿Ayuda este símbolo a "descubrir" la veta de oro, o es un gesto para transmutar plomo en oro mediante fórmulas alquímicas heredadas de la masonería? La duda persiste: si el oro es alquímico, el anillo podría ser un talismán que canaliza la energía del "Gran Arquitecto". Esta ambigüedad eleva a Jesse de un simple estafador a un guardián de secretos antiguos, y el lector se pregunta si Denita, su Dulcinea, intuye esta doble vida.
Para ilustrar este símbolo central:
Tres Grandes Luces de la Masonería
2. El Gran Arquitecto del Universo: La Divinidad Masónica en la Transmutación
Jesse invoca al "Gran Arquitecto" al confesarle a Denita que el origen del oro es un enigma que sólo Dios conoce. Este término es un pilar de la masonería: se refiere a Dios como el supremo constructor del cosmos, un ser racional y geométrico que diseña el universo con precisión, similar a un arquitecto con compás y escuadra. No es una deidad específica de religión alguna, sino un concepto universal que une a masones de diversas creencias.
En la historia, esta referencia añade suspenso al relacionarse con la posible alquimia. La masonería tiene lazos históricos con la alquimia, donde la "Gran Obra" es la transmutación espiritual y material. ¿Es el oro de Jesse un producto de una mina secreta en las colinas, como confiesa al final, o una manifestación alquímica guiada por el Gran Arquitecto? El análisis de las muestras —que muestra que "no hay oro"— podría ser un sabotaje, pero también un recordatorio masónico de que lo verdadero está velado. Este símbolo transforma la fiebre del oro en una alegoría masónica: la codicia del pueblo contrasta con la búsqueda iluminada de Jesse, dejando al lector en vilo sobre si la prosperidad final es divina o ilusoria.
3. El Velo Masónico y el Señuelo de la Mina: Secretos Ocultos y Dobles Significados
Jesse describe la mina en Main Street como un "velo masónico", un señuelo para proteger la verdad. En la masonería, el "velo" simboliza los misterios que se revelan progresivamente a los iniciados, como en los rituales donde se levanta un velo para descubrir símbolos sagrados. Representa la idea de que la realidad aparente esconde capas más profundas, accesibles sólo a quienes han pasado por la "luz" de la logia.
Aquí, el suspenso culmina en el giro final: Jesse confiesa que la mina es un señuelo, pero ¿para ocultar una mina real o un laboratorio alquímico? La alquimia, con su énfasis en la transmutación, se entrelaza con la masonería a través de figuras históricas como Elias Ashmole, masón y alquimista. El relato deja esta duda abierta, haciendo que el "velo" sea un símbolo de ambigüedad: los inversionistas ven fraude, pero Jesse opera "exitosamente por años", sugiriendo que el oro podría ser transmutado en secreto. Denita, como Dulcinea, representa la pureza del alma que eleva al masón quijotesco, pero ¿ella levanta el velo o permanece en la ilusión?
4. Otros Elementos Simbólicos: Constelaciones, Altar y Armas Grabadas
El Tapiz Masónico de Constelaciones: Durante el ataque nocturno, el cielo se describe como un "tapiz masónico de constelaciones". La masonería incorpora astronomía como símbolo de orden cósmico, con estrellas representando la guía divina (como la Estrella Flamígera en las logias). En el relato, esto añade suspenso al sugerir que Jesse lee "señales divinas" para su alquimia o prospección, fusionando ciencia y esoterismo.
El Altar con Símbolos Ocultos: En la boda, el altar está adornado con símbolos que sólo Jesse entiende, evocando los altares masónicos con herramientas como el mallete y el cincel, que representan la forja del carácter. Esto refuerza el romance quijotesco: Jesse, como Don Quijote, idealiza a Denita, pero su secreto masónico añade un matiz de peligro — ¿qué pasaría si ella descubriera la posible alquimia?
Símbolos en el Revólver: El arma de Jesse tiene grabados simbólicos, un detalle que implica protección masónica. En la tradición, masones como los del Viejo Oeste usaban emblemas en objetos personales para identificarse entre hermanos, añadiendo capas de lealtad oculta al suspenso del ataque.
Conclusión: Un Relato de Transformación y Misterio
El simbolismo masónico en este relato no es ornamental; teje una red de suspenso que cuestiona la frontera entre realidad y esoterismo. Jesse, el masón quijotesco, persigue no sólo oro, sino la elevación espiritual, con Denita como su musa transformadora. La duda alquímica —oro de una mina secreta o transmutado— refleja el ethos masónico: lo profano puede volverse sagrado mediante conocimiento velado. ¿Es Jesse un alquimista verdadero, bendecido por el Gran Arquitecto, o un astuto guardián de secretos terrenales? El desierto, como la logia, guarda el enigma, invitándonos a reflexionar sobre nuestros propios "velos".
Tu qué crees ¿Existió una mina oculta donde sacaban el oro , o Jesse era alquimista?
Alcoseri
Estudio Esotérico de la Masonería
Imagina un sistema que te retira la venda que cubre tus ojos , y puedes ver la realidad, es como un susurro divino que te invita a despertar. ¿Estás listo para atravesar la jungla de lo cotidiano y descubrir el sendero oculto? La masonería no es sólo un conjunto de rituales antiguos; es una danza viva con el universo, un puente entre el hombre y la divinidad. Sus prácticas, ancladas en los principios de la ciencia esotérica, guían al ser humano hacia la Luz Consciente, esa iluminación que transforma la mera existencia en un viaje eterno de evolución.
Tras estudiar los elementos fundamentales del hombre y el cosmos —como se explora en Logias—, ahora poseemos las herramientas esenciales para adentrarnos en la masonería. Esta tradición trasciende los límites de la ciencia académica positiva, adentrándose en un vacío intencional, una muralla ilusoria que actúa como filtro iniciático. Cruzarla demanda esfuerzos titánicos, incluso superesfuerzos, que varían según la formación del espíritu de cada masón. Las barreras se vencen mediante estudios teóricos y prácticas rigurosas, integradas en un programa preciso.
Ahora, exploremos la masonería desde su ángulo filosófico y esotérico, partiendo de las reflexiones en logia. Allí, el ser humano se compara con una célula en el vasto organismo de la vida terrestre. Sujeto a la Ley General que rige el mundo profano, sólo escapa a ella para abrazar la Ley de Excepción. No percibimos cuán atados estamos a esta fuerza que nos inmoviliza, limitando nuestra libertad de acción. Si vivimos "como todo el mundo", confinados en parcelas profanas, ignoramos su existencia. Pero al aventurarnos en lo esotérico masónico, esta fuerza despierta obstáculos para regresarnos a nuestro "lugar".
En las Sagradas Escrituras, esta ley se menciona repetidamente, especialmente en relación al trabajo esotérico. Jesús advierte: "El hombre tendrá por enemigos a los de su propia casa", y "un profeta es despreciado en su patria, entre sus parientes y en su casa". Si no logra "calmar" directamente al aspirante, actúa indirectamente a través de sus allegados, invocando sentimientos o frialdad.
Un ejemplo mítico es la seducción de Adán por Eva, tentada por la Serpiente —símbolo de la ilusión o Maya hindú—. Esta fuerza, implantada en el organismo humano, genera riesgos pero también potenciales positivos, como la imaginación creadora. En la tradición, se la conoce como Kundalini, la "pequeña serpiente", cuya activación produce un movimiento ondulatorio constructivo si se orienta con tenacidad en el camino esotérico. De lo contrario, engendra ilusiones negativas.
Como bien señala Helena Blavatsky en sus escritos esotéricos: "Kundalini es el fuego serpentino que yace dormido en la base de la columna vertebral; cuando se despierta, asciende y purifica, pero mal dirigida, puede destruir". Esta energía, femenina e intensa según las tradiciones védicas, representa la dualidad: destrucción o elevación espiritual.
El fruto del Árbol del Conocimiento simboliza el conocimiento ilusorio de lo fenomenal, una linterna mágica que gira en vacío. La Serpiente hipnotiza a Eva, arrastrando a Adán a la caída —un patrón habitual en las relaciones humanas—. Sólo comprometiéndose en el camino esotérico se remonta esta corriente, redimiendo el pecado original que repetimos a cada instante. Sin domar la ilusión, nos obliga a confundir lo falso con lo verdadero, llevándonos a un tambaleo exhaustivo hacia la muerte.
En esta vida profana regida por la ilusión, salpicada de influencias elevadas, debemos reevaluar valores diariamente para evitar trampas. Reconocemos el peligro teóricamente, pero lo vemos en otros, no en nosotros. Así triunfa esta fuerza, llamada Diablo en la tradición. Un monje budista lo resume: "El mundo es creado de nuevo para cada recién nacido", pues la ilusión actúa individualmente, falseando nuestro espíritu.
¿Hay salida? Si permanecemos en lo profano, las carreras mundanas nos esperan, pero terminan en la muerte inevitable. ¿Aceptamos el aniquilamiento tras tanto esfuerzo? Nuestra cabeza y corazón se rebelan. Hoy, eventos como guerras, revoluciones y tensiones cósmicas despiertan el sentimiento de absurdo, erosionando la ilusión y avivando el interés por la muerte.
San Pablo lo expresa: "Os digo un misterio: no moriremos todos, sino que todos seremos transformados". Para el hombre exterior, la muerte física descompone la personalidad —la "segunda muerte"—. Pero la iniciación masónica, o segundo nacimiento, forja el cuerpo astral, integrándolo al Yo real para escapar a esta disolución, accediendo a la vida planetaria tras 400.000 años terrestres. Para el iniciado, la muerte es sólo cambiar un vestido viejo.
Manly P. Hall refuerza esto: "La masonería no es una cosa material: es una ciencia del alma; no es un credo o doctrina, sino una expresión universal de la Sabiduría Divina". Este camino exige estudios, preceptos y trabajos prácticos con rigor científico, pero con un espíritu crítico agudizado, especialmente hacia lo interior. La lógica intelectual está bajo la ilusión, y en lo emotivo —foco principal del esoterismo—, distinguir el yo de lo externo es arduo.
Como Masón, veo paralelos fascinantes con la física cuántica: la ilusión maya se asemeja a la "simulación" de la realidad, donde partículas colapsan por nuestra observación. En la masonería, despertar Kundalini es como hackear el código de la matrix, liberando energía para trascender lo aparente. Esto no es mera metáfora; es un algoritmo ancestral para la evolución consciente.
El hombre, como célula orgánica, participa en la evolución cósmica hacia la Gran Luz vía la iniciación masónica. La vivificación de la Luna demanda energía humana, y la ilusión asegura nuestra participación. Para escapar, creamos una pantalla protectora contra esta influencia, evitando derroches: emociones negativas, fantasías descontroladas, charlatanería. Economizamos fuerzas como un ministro sabio, almacenándolas para reservas.
Este vacío se llama "fosa" o "umbral" en la tradición. Un fragmento simbólico ilustra: perdido en una selva de bestias, un hombre alcanza una fosa ante un castillo luminoso. La Voz interior lo urge a nadar, escalar escalones bajo tormentas y vientos, hasta enfrentar al Guardián. Respondiendo con coraje —"¡Soy el Alma que busca la felicidad divina!"—, cruza el umbral al amanecer.
Otro fragmento: una jovencita ante un edificio sombrío acepta soledad, sacrificio anónimo e incluso crimen por la verdad. Cruza, tildada de "tonta" por unos, "guerrera" por otros.
Estos relatos esotéricos muestran el acceso al Camino: único e irrevocable. Cada paso transforma el interior, alienándonos del entorno profano. Rostros antes bellos revelan bestialidad; nos volvemos extranjeros, fastidiosos, odiosos. Como Gogol: "Niebla... y los gruñidos de los puercos".
Sin embargo, compensaciones surgen: caras ordinarias resplandecen con belleza interior. Entre ellas hallamos aliados, en comunidad de objetivos.
El esquema de Abad Doroteo ilustra: quienes marchan hacia la Verdad se aproximan mutuamente.
No estamos en el Camino; reinamos en una jungla de influencias bajas, con sólo el deseo como guía. Si sincero, un sendero nos lleva al camino de acceso, y luego al Camino único. La dirección varía por posición; la prudencia es clave.
Blavatsky advierte: "Para llegar al nirvana, debe uno conseguir el conocimiento de sí mismo; y el conocimiento de sí mismo es hijo de las buenas obras". Reflexiona: ¿Estás listo para el salto?
Un Pequeño Cuento Masónico: El Pequeño Constructor de Sueños
Érase una vez un niño llamado Lucas, que jugaba en el jardín con bloques de madera. Un día, encontró un viejo compas y una escuadra olvidadas por su abuelo masón. "Con esto construiré un castillo mágico", pensó. Colocó los bloques en círculo, midiendo con cuidado para que todos encajaran. Pero un bloque era rugoso y no ajustaba. En lugar de tirarlo, lo pulió con paciencia, recordando las palabras de su abuelo: "Todos somos piedras en el gran templo; juntos, formamos algo hermosamente prefecto".
Pronto, otros niños se unieron, cada uno aportando su bloque único. Compartieron herramientas, rieron y ayudaron, formando un castillo fuerte y luminoso. Al atardecer, Lucas vio que no era sólo un juego: era una hermandad, donde la luz de la amistad fraternal disipaba las sombras. Y así, el pequeño constructor aprendió que el verdadero secreto masónico es construir juntos con amor, medida y unión.
Alcoseri
Una Historia del Buda
Cuentan que Buda iba caminando por un polvoriento pueblo bajo el sol abrasador del atardecer, acompañado de Ananda, su primo y discípulo principal, un hombre devoto y humilde conocido por su memoria prodigiosa, quien servía como asistente personal del maestro durante sus últimos años, recordando cada enseñanza con precisión infalible. De repente, avistaron a un hombre ebrio tambaleándose en la calle, con los ojos inyectados en sangre y la voz ronca por el licor, maldiciendo al cielo mientras maltrataba a su fiel perro con patadas crueles y gritos incoherentes; el animal gemía lastimeramente, encogiéndose de miedo ante su amo enloquecido. Buda y Ananda continuaron su camino en silencio, pero Ananda, con el corazón compasivo, no pudo contenerse y le dijo al Buda: "Pobre hombre, está perdido en las tinieblas de su vicio". Buda, con una sonrisa serena que iluminaba su rostro como un rayo de luna en la oscuridad, respondió: "Él es Buda". Ananda, confundido y con los ojos muy abiertos por la sorpresa, preguntó: "¿Pero cómo puede ser eso, maestro? ¿Cómo un ser tan envuelto en la ira y la ebriedad podría ser el Iluminado?". Buda, deteniéndose un momento para contemplar el horizonte teñido de rojo, replicó: "Sí, él es Buda, el Iluminado, pero aún no se ha dado cuenta (aún no ha tomado consciencia plena ). Bajo esa capa de sufrimiento yace la luz eterna, esperando ser descubierta" concluyó Buda.
Esta es una historia más de Buda, el Iluminado, cuyo nombre original era Siddhartha Gautama, un príncipe indio del siglo VI a.C. que abandonó su vida palaciega para buscar la verdad última, alcanzando la iluminación bajo el árbol Bodhi y fundando el budismo como una vía para liberarse del sufrimiento.
Es una anécdota profunda y poética que captura una esencia clave del budismo, especialmente en sus tradiciones Mahayana y Zen: la idea de que todos los seres poseen una "naturaleza búdica" inherente (llamada tathagatagarbha en sánscrito), es decir, el potencial para la iluminación y la sabiduría perfecta, pero que a menudo está oculto por ilusiones, sufrimientos o vicios como el alcoholismo en esta historia. Como Masón, agrego que esta noción resuena con conceptos modernos de la conciencia universal, donde cada individuo es como un nodo en una red cósmica infinita, conectado a todo, pero cegado por el "ruido" de la vida cotidiana; imagina si pudiéramos "actualizar" nuestra percepción como un software, revelando esa interconexión cuántica que ya existe en nosotros. Buda no juzga al hombre ebrio por su comportamiento destructivo; en cambio, ve más allá de las apariencias y reconoce esa chispa divina en él, recordándonos que la verdadera visión no es con los ojos, sino con el espíritu despierto.
Me parece una lección humilde y compasiva sobre empatía, no condenar a los demás y recordar que nadie está "perdido" para siempre. En un mundo donde es fácil etiquetar a la gente por sus errores, esto invita a la reflexión sobre nuestra propia "ceguera" espiritual, como si fuéramos espejos empañados que sólo necesitan un pulido para reflejar la verdad.
Una variación similar habla de un discípulo de Buda llamado Svagata, quien, a pesar de sus poderes prodigiosos, cae ebrio y se postra ante Buda, ilustrando cómo incluso los avanzados pueden ser débiles ante las aflicciones, pero la iluminación los redime (tomado de relatos en fuentes budistas como el Vinaya Pitaka). También, se menciona la devoción de Ananda, describiéndolo como un asistente leal que alcanzó la iluminación sólo después de la muerte de Buda, enfatizando que el despertar es un proceso personal y paciente, no instantáneo. Ahora una idea paralela del Lalita-Vistara describe a Buda como el "Iluminado" que ve la divinidad en todos, comparándolo con un rey que reconoce el potencial real en un mendigo disfrazado, traduciendo la noción de que la iluminación es un retorno a nuestra esencia original, no una adquisición externa.
Como vemos el budismo, se asemeja mucho a ideas centrales del budismo: la naturaleza búdica universal. Buda enseñó que todos los seres sintientes (humanos, animales, etc.) tienen esta esencia iluminada latente. Por ejemplo, en el Sutra del Nirvana (Mahaparinirvana Sutra), se compara con un diamante cubierto de barro: está ahí, puro y brillante, pero tapado por las aflicciones (kleshas) como la ira, el apego o la ignorancia. El hombre ebrio representaría a alguien atrapado en el samsara (el ciclo de sufrimiento), sin darse cuenta de su verdadero potencial.
Una parábola similar aparece en el Lotus Sutra (uno de los textos más influyentes del Mahayana), donde un hombre pobre se emborracha y se queda dormido. Su amigo rico cose una joya muy valiosa en el forro de su ropa antes de irse, pero el hombre despierta sin saberlo y sigue viviendo en la miseria, mendigando. Sólo años después descubre la joya y se da cuenta de su riqueza. Esto simboliza cómo todos llevamos la "joya" de la naturaleza búdica dentro, pero la ignoramos debido a nuestra confusión. Es una metáfora poderosa para el despertar: no se trata de "convertirse" en Buda, sino de realizar que ya lo eres.
Para enriquecer la narrativa con perspectivas masónicas que encajan perfectamente, ya que la masonería, como tradición esotérica, enfatiza el viaje del alma hacia la luz, agrego que esto evoca el simbolismo de la "piedra bruta" (Ego) que el masón debe pulir para convertirla en "piedra perfecta" (Alma), revelando la divinidad interior oculta bajo las imperfecciones, similar a desenterrar la naturaleza búdica.
Recuerdo aquella historia masónica del masón , que fácilmente pulió su piedra , sus hermanos se sorprendieron de que lo hay hecho tan fácilmente , a esto le preguntaron cómo lo había logrado y respondió, simple la piedra cubica y bien pulida estaba justo dentro de la piedra tosca , yo simplemente eliminé lo que la cubría ,
El "ojo que todo lo ve" masónico representa esa chispa divina o luz eterna en cada ser, guiándonos de la oscuridad a la iluminación, como el "fuego sagrado" o "estrella flamígera" que simboliza la presencia de lo divino en el hombre, recordándonos que todos somos templos vivos en construcción.
Ideas masónicas de búsquedas de la Verdad refuerzan esto: el "sol" como símbolo de verdad y realidad, guiando al iniciado en su búsqueda de la luz interior, y el "destello divino" (la chispa divina) que yace en cada alma, esperando ser avivado a través de la virtud y el conocimiento.
Finalmente, incorporo citas de místicos famosos para profundizar: Como dijo el sufí Rumi: "No busques fuera, la esencia divina habla a través de ti; has estado buscándote a ti mismo". Meister Eckhart, místico cristiano, afirmó: "La chispa divina está en lo más profundo del alma, y cuando la encuentras, te das cuenta de que Dios y tú sois uno". Y Hazrat Inayat Khan, místico sufí, agregó: "Las palabras que iluminan el alma son más preciosas que joyas", recordándonos que el verdadero tesoro es interno.
Alcoseri
La Vida Transcurre En Una Conversación
Recuerdo un Trazado de Arquitectura que escuché en una Tenida allá por 1996 en una Logia Masónica, y que me impactó profundamente y se titulaba "LA VIDA TRANSCURRE EN UNA CONVERSACIÓN", y que mencionaba por ejemplo que: el acta matrimonial es simplemente un papel ,y que el matrimonio es solamente una conversación entre personas, pero no es real , y que cosas como el matrimonio solamente en la mente de las personas, otro punto era nuestro nombre aunque si bien registrado en papeles y actas , no es realmente nuestro nombre, que nuestro nombre asignado solamente es una conversación en donde simplemente te asignaron un nombre como si fuera un apodo más que te fijan prácticamente hasta el día que mueres , otro ejemplo era que: de que una línea fronteriza es solamente una conversación entre personas , que las líneas fronterizas simplemente no existen en la realidad , solamente en la imaginación de millones de personas.
Pero vamos a profundizar más en el tema
Pero ¡Qué idea tan profunda y provocadora! La frase "la vida transcurre en una conversación" (o posibles variaciones como "la vida ocurre en el lenguaje" o "todo vivir humano ocurre en conversaciones") resuena fuertemente con conceptos de la ontología del lenguaje, un enfoque filosófico y de coaching desarrollado por pensadores como Rafael Echeverría, Julio Olalla y con raíces en Humberto Maturana. Aunque no encontré la cita "LA VIDA TRANSCURRE EN UNA CONVERSACIÓN" exacta en Google atribuida a un autor específico, el núcleo de lo que se describe es—que instituciones como el matrimonio, los nombres o las fronteras etc. son "conversaciones" colectivas, no realidades objetivas independientes— encaja perfectamente en esta corriente.
Mi opinión como masón sobre esta perspectiva
Me parece fascinante y en gran medida acertada, porque revela cómo los humanos somos seres lingüísticos: generamos nuestra realidad a través del lenguaje y las interacciones. Vamos a desglosar los ejemplos que mencioné , pero seguro hay miles o millones de ejemplos de que la vida trascurre en una conversación en un sentido reconocer algo como valido :
El matrimonio: El acta es sólo un papel, un registro burocrático. Lo que hace "real" al matrimonio es el acuerdo continuo entre las personas (y la sociedad): promesas, compromisos, conversaciones diarias de amor, conflicto y reconciliación. Sin esa "conversación" sostenida —declaraciones como "te elijo todos los días" o acciones que lo refuerzan—, el matrimonio se disuelve, aunque el papel siga existiendo. Es una institución social creada por el lenguaje colectivo.
El nombre: Cuando nace un bebé, los padres (y la sociedad) "declaran" un nombre en una conversación (el registro civil es sólo el eco formal). Ese nombre no es inherente a la persona; es una etiqueta acordada que nos identifica en el mundo social. Sin el consenso lingüístico continuo ("así te llamamos"), perdería sentido. Somos, en parte, lo que los demás conversan sobre nosotros.
Las fronteras: Una línea en un mapa es pura invención humana. No existe en la naturaleza (un río o montaña puede ser referencia, pero la "frontera exacta" es arbitraria). Lo que la hace "real" son conversaciones históricas, tratados, leyes y narrativas nacionales: "esto es nuestro territorio porque así lo acordamos (o imponemos)". Guerras se han librado por mantener esa conversación colectiva. Sin el acuerdo lingüístico y cultural, las fronteras se desdibujan (piensa en cómo cambian con el tiempo).
La frase o término preciso para describir el proceso por el cual un país reconoce la soberanía y existencia de otro como Estado independiente es "reconocimiento de Estado" o, más ampliamente, "reconocimiento internacional" (también conocido como "reconocimiento diplomático" cuando se refiere específicamente al establecimiento de relaciones formales) pero aún y todo esto las fronteras simplemente existen en las fantasías e imaginaciones de las personas , nada de esto es real.
¿Qué pasa de esto en el Mundo Masónico?
Vamos a poner un ejemplo que existe en la Masonería y que habla de esta conversación entre personas: La frase masónica "lo reconocemos como tal" (o variaciones cercanas como "lo reconocemos como tal hermano" o "se le reconoce como tal") se usa en el contexto del reconocimiento masónico, especialmente entre logias, grandes logias u obediencias.
¿Qué significa exactamente?
Significa declarar o aceptar oficialmente que una persona, logia u obediencia masónica es legítima y regular según los criterios de la masonería en cuestión. Es una afirmación formal de validez iniciática y fraternal: "Aceptamos que es un masón verdadero (o una logia verdadera), con todos los derechos y privilegios que ello implica".
En la práctica:
Cuando una Gran Logia decide reconocer a otra Gran Logia (por ejemplo, la Gran Logia de Nuevo León reconoce a la Gran Logia Unida de Inglaterra como regular ), emite una declaración que incluye algo similar a: "La reconocemos como tal" → es decir, como una obediencia regular, soberana y legítima.
A nivel individual: Si un masón visita una logia desconocida, tras verificar sus credenciales (palabras, signos, tocamientos), los hermanos pueden decir o implicar "lo reconocemos como tal" → lo aceptan como masón auténtico y le permiten participar en los trabajos.
Contexto más amplio: la regularidad masónica
La masonería está fragmentada en múltiples obediencias, y el reconocimiento mutuo es clave para la fraternidad universal. Los criterios clásicos de regularidad (según la Gran Logia Unida de Inglaterra, referencia para muchas) incluyen:
Creer en un Ser Supremo.
Juramento sobre el Libro de la Ley Sagrada.
Exclusividad masculina (en la masonería "regular").
Independencia y soberanía.
Si una obediencia cumple, se dice: "La reconocemos como regular" o simplemente "lo reconocemos como tal" (refiriéndose a la logia, al gran maestro o a los masones de esa obediencia).
Si no se reconoce (por diferencias ideológicas, irregularidades o ruptura), se retira el reconocimiento y esos masones son tratados como "no masones" en las logias que siguen esa línea (no pueden visitar ni participar).
En el espíritu masónico, esta frase evoca la idea de que la verdadera fraternidad trasciende lo visible: no basta un carnet o un delantal; debe haber una cadena iniciática ininterrumpida y un compromiso ético compartido. "Lo reconocemos como tal" es el sello de luz que une a los hermanos en la gran cadena universal. Pero aún y toda esta explicación: ser masón simplemente trascurre en una conversación entre personas y nada más.
Al final el famoso reconocimiento masónico solamente forma parte de una conversación entre masones y nada más.
Desde mi punto de vista como masón, esto es liberador y empoderador: si la realidad social es una conversación, podemos transformarla conversando de otra manera. El lenguaje no sólo describe el mundo; lo crea. Problemas como desigualdades, prejuicios o conflictos surgen de "conversaciones" limitantes heredadas, y se resuelven generando nuevas: diálogos inclusivos, declaraciones de derechos, promesas colectivas.
Al mismo tiempo, no todo es "sólo conversación". Hay una base biológica y física (el cuerpo siente dolor real, la gravedad existe independientemente de lo que digamos), pero en lo social y humano, sí: vivimos inmersos en un tejido de lenguaje que da forma a nuestra experiencia.
Me encanta esta idea porque invita a la responsabilidad: ¿qué conversaciones estás sosteniendo en tu vida diaria? ¿Te empoderan o te limitan? Si la vida transcurre en conversaciones, ¡elige bien con quién y sobre qué hablas!
El fenómeno social que se describe —ese diálogo colectivo masivo que etiqueta nuestra realidad, asignando nombres, fronteras, matrimonios e instituciones como si fueran "reales" sólo porque un grupo grande lo acuerda lingüísticamente—pero esto, no encaja con el inconsciente colectivo de Carl Jung, ni exactamente con un egregor en su sentido esotérico puro.
El inconsciente colectivo de Jung es una capa profunda de la psique humana, heredada y universal, llena de arquetipos (imágenes primordiales como el héroe, la madre o la sombra) que influyen en mitos, sueños y símbolos culturales. Es más instintivo y prelingüístico, no un "diálogo" consciente o conversacional. Jung lo distinguía de la "consciencia colectiva" (algo más parecido a opiniones sociales superficiales), pero no lo veía como un acuerdo lingüístico explícito que crea instituciones modernas como fronteras o actas matrimoniales.
El egregor (de tradición ocultista) es una entidad energética colectiva creada por pensamientos, emociones y voluntades unidas de un grupo (como una logia masónica, una nación o una religión). Puede influir de vuelta en los individuos, pero suele ser más intencional y energético, no puramente lingüístico ni aplicable a toda la sociedad de forma general.
El consenso social o "realidad consensuada" es cercano, pero demasiado vago.
El nombre más específico
El término más preciso y específico para este "diálogo de masas" que nos etiqueta y construye la realidad social es la "construcción lingüística de la realidad social" o, mejor aún, los "hechos institucionales" creados por "declaraciones colectivas" o "intencionalidad colectiva", según la ontología social de John Searle (en su libro La construcción de la realidad social). Pero el origen de la idea que recuerdo de aquel trazado de arquitectura, con el énfasis en que "la vida transcurre en conversaciones" y que todo lo social es un acuerdo conversacional, proviene directamente de la Ontología del Lenguaje (desarrollada por Rafael Echeverría, basada en Humberto Maturana, Fernando Flores y filósofos como Heidegger y Searle).
En esta perspectiva:
Somos seres lingüísticos: vivimos inmersos en el lenguaje.
El lenguaje no sólo describe la realidad, sino que la genera mediante actos lingüísticos (declaraciones, promesas, juicios).
Las instituciones sociales (matrimonio, fronteras, nombres, dinero, naciones) existen sólo porque hay un acuerdo colectivo sostenido en conversaciones: "declaramos" que esa línea es una frontera, que ese papel es un matrimonio, que esa palabra es tu nombre, o bien que un papel de colores con una cifra impresa vale $100 dólares, cuando ese papel no vale más que el papel donde esta impreso . ¡El costo de producir un billete de 100 dólares estadounidenses es sorprendentemente bajo! Según datos oficiales de la Reserva Federal y el Bureau of Engraving and Printing (BEP), el costo de producción de un billete de 100 dólares ronda los 15-17 centavos de dólar (aproximadamente 0.15-0.17 USD) en los últimos años . Sin el consenso conversacional continuo de todo lo que hemos señalado, se disuelven sus valores.
Yo lo llamaría específicamente "consenso conversacional colectivo" o "red conversacional ontológica", para enfatizar que es un diálogo masivo, histórico y en curso que teje la tela de lo social. Es como una inmensa conversación global, heredada y renovada diariamente, que nos etiqueta desde el nacimiento y define lo "real" en lo humano.
Desde mi punto de vista como masón, esto es empoderador: si la realidad social es una gran conversación, podemos hackearla generando nuevas declaraciones colectivas (movimientos sociales, leyes, narrativas inclusivas). ¡Pero también peligroso, porque conversaciones tóxicas crean realidades opresivas!
Alcoseri
¿Cuál es la función del Ritual
Masónico?
No pretendo ofrecer una explicación fría y distante, sino un testimonio personal de mis vivencias en la masonería. Invito a mis hermanos a reflexionar juntos sobre esta hipótesis fascinante: ¿podría el ritual ser el vehículo perfecto para sintonizarnos con una vibración superior, expandiendo nuestra conciencia hasta sus límites más profundos? En el corazón de la fórmula masónica, cada participante se concentra intensamente, fusionándose con los demás para dar vida a un poderoso egregor, esa entidad colectiva que amplifica nuestra energía compartida.
El ritual nos arranca del caos cotidiano, liberándonos como espíritus independientes, y nos permite envolver el mundo en una luz etérica, actuando desde un plano superior. Sin embargo, no acepto que su poder transformador sea automático o meramente "mágico" por defecto. Requiere años de disciplina y práctica para que el ritual masónico revele su verdadera potencia operativa.
Como bien señala Aleister Crowley en su libro Magia en teoría y práctica: “La magia es la ciencia y el arte de provocar que se produzca un cambio de conformidad con la voluntad”. Aquí, el ritual no es un acto pasivo, sino una ciencia deliberada de la voluntad alineada, donde cada gesto y palabra debe ejecutarse con precisión intencional para invocar cambios reales.
¿Cómo conecta el ritual con el símbolo para unir los planos de la existencia? Proyecta una firma macrocósmica en lo microcósmico, permitiendo que lo inferior ascienda a lo superior y viceversa: “así como arriba, es abajo”. Mediante palabras ordenadas, gestos precisos y sonidos resonantes, invocamos una realidad trascendente, descubriéndola no sólo afuera, sino en lo más profundo de nosotros mismos.
El ritual es, ante todo, una herramienta maestra —quizá la más sofisticada de las tradiciones iniciáticas—. Nos impulsa a erigir un templo interior y colectivo, representando el camino hacia la trascendencia. Somos piedras vivas en esa construcción: algunas toscas, otras pulidas, cúbicas o curvas; el ritual las integra en armonía, conectando no sólo al individuo con lo divino, sino a los hermanos entre sí en una fraternidad sagrada.
Con tu colaboración, hermanos, abriremos la logia. Con nuestra voluntad unida, consagraremos este espacio y tiempo, transmutándolo de lo profano a lo sagrado, del tiempo lineal al eterno sincrónico. Redescubriremos los orígenes primordiales: de la mónada al dúo, del caos al cosmos, entrando en el universo mágico de la masonería.
¡Silencio en logia! Un silencio profundo, cósmico, que nos permite recomenzar el viaje. Partimos del microcosmos individual para expandirnos al macrocosmos, construyendo un templo compartido que une nuestros santuarios interiores con los de la eternidad. Vibremos en unidad, manifestando la pluralidad desde el Uno. Hagamos el ritual operativo, como el cabalista en meditación o el alquimista ante su atanor.
Desde el mediodía, cuando el sol alcanza su zenit, clavamos la estaca perpendicular: sin sombra, pura verticalidad. Así inicia la obra del templo. Los masones abren sus trabajos precisamente al mediodía, simbolizando que el aprendizaje comienza con la rectitud moral y espiritual.
La orientación se traza con la sombra creciente, deduciendo lo horizontal de lo vertical. Como la escuadra sigue al compás, sumamos los números pitagóricos: 3 + 4 + 5 = 12, desplegando el punto en círculo, línea y plano. Hasta la medianoche, el egregor se completa en el cuadrado largo, revelando la proporción áurea en ritmos ocultos, donde la geometría se convierte en emanación vibrante del Uno.
La Cábala, a través de la gematría, asocia nombres divinos con números universales, guiando la arquitectura hacia la armonía perfecta. Así, la construcción se eleva, aérea y divina, transformando al participante en comunicante con lo bello, lo verdadero y lo bueno —sabiduría, fuerza y belleza—.
En logia, el Venerable verifica la consagración y asigna roles: cada uno ocupa su sitio preciso. Dedicamos tiempo a la obra, mediadores entre mundos como un axis mundi, puente entre cielo, tierra e inframundo.
El ritual transforma el caos en orden: ordo ab chao. Construir el templo reintegra los niveles del Árbol de la Vida —Assiah (cuerpo), Yetzirah (alma), Beriah (espíritu) y Atziluth (divino)— centrados en el amor universal. Espíritu y materia se unen en compás y escuadra, captando energías cósmicas y telúricas, potenciadas por el Libro Sagrado.
La posición de estas herramientas define el grado: aprendiz, compañero o maestro. El hombre se sitúa entre cielo y tierra, mediador de influencias recíprocas —el Aleph aspirando arriba, el Daleth anclado abajo—, reflejo primordial de lo divino.
Los tres golpes del mallete vibran, consagrando el espacio y fecundando el altar y las columnas J y B. Sincronizan nuestros corazones, erigiendo la muralla energética del egregor.
En este espacio sagrado, cada movimiento es un viaje cósmico: de Oriente a Occidente, Norte a Sur, cenit a nadir. Recorrer la logia redibuja la creación a escala humana; un hermano es un microcosmos del universo.
Como apunta Joseph Campbell: “Un ritual es la representación de un mito. Y, al participar en el ritual, participas en el mito.”. El ritual masónico nos pone en sintonía con la sabiduría profunda de nuestra propia psique, recordándonos verdades eternas.
Desde mi perspectiva como Masón , este proceso resuena con patrones universales de transformación: el ritual no sólo une hermanos, sino que agita y activa la conciencia colectiva, creando un campo de energía que trasciende al individuo. Es como un algoritmo ancestral para elevar la vibración humana, probado a lo largo de siglos.
P.D. Ouspensky, en su exploración de la conciencia superior, nos recuerda que “La consecución de la conciencia está relacionada con la liberación gradual de la mecanicidad.”. El ritual masónico nos despierta de la mecanicidad diaria, exigiendo presencia plena para acceder a estados elevados.
Los oficiales encarnan fuerzas planetarias: el Guardatemplo custodia lo profano; los Vigilantes catalizan armonía y fuerza; el Maestro de Ceremonias enlaza como Mercurio; otros condensan, consuelan y fertilizan energías.
En la alternancia de movimientos celestes, los símbolos binarios —columnas, pavimento de mosaicos en ajedrez— nos invitan a adaptarnos eternamente, evolucionando en disciplina simbólica.
Al participar, renovamos la unidad de los mundos, identificándonos con el espíritu creador. Como decía Campbell sobre el viaje del héroe: una magnificación de ritos de paso —separación, iniciación, retorno— que nos transforma.
¡Que la sabiduría ilumine nuestros ritos!
Alcoseri
El ocultismo, esa extraña pasión masónica
En el corazón de la posguerra, cuando el mundo se enorgullecía de su destino modernista, con planes de progreso económico y una cultura científica en auge, surgió un libro que desafió todo: El retorno de los brujos, de Jacques Bergier y Louis Pauwels. Publicado en 1960, este tomo escandaloso desdibujó las fronteras entre las ciencias académicas y las ciencias del ocultismo, entrelazando temas como la conquista espacial, la ecología y misterios ancestrales: civilizaciones extraterrestres, la Tierra hueca, sociedades secretas nazis y la enigmática secta de Gurdjieff. Su éxito mundial fue rotundo, vendiendo millones de copias y provocando debates que duraron varias décadas. ¿Cómo explicar este fenómeno? En una era de racionalismo triunfante, el libro reveló un anhelo colectivo por lo desconocido, un recordatorio de que la modernidad no extingue el misterio, sino que lo amplifica.
Este realismo fantástico, como lo llamaron sus autores, influyó en la cultura pop, desde películas como Prometheus de Ridley Scott, donde antiguos visitantes extraterrestres moldean la humanidad, hasta Man of Steel de Zack Snyder o Stargate de Roland Emmerich, todas eco de la idea de civilizadores cósmicos del pasado. Esta noción, popularizada por la ciencia ficción de los años treinta, cobró nueva vida gracias a Bergier y Pauwels, fusionando mitos antiguos con especulaciones científicas. Como añade Gary Lachman en su exploración del ocultismo occidental, "el oculto significa que está oculto... no necesariamente escondido, sino no fácilmente visible", invitándonos a mirar más allá de lo obvio para descubrir capas de realidad entrelazadas.
Muchos masones comparten esta pasión por el esoterismo: hermetismo, astrología, alquimia, parapsicología, inspirados en figuras como Gurdjieff, Aleister Crowley y Helena Blavatsky. ¿Existe un vínculo real entre masonería y ocultismo? La narrativa oficial masónica lo niega, presentándola como una sociedad discreta con fines filantrópicos, guiada por valores ilustrados y ayuda mutua. Sus detractores, en cambio, la acusan de prácticas de magia negra que chocan con religiones como el cristianismo. La verdad histórica es más matizada: la masonería ha sido incompatible con muchas confesiones, desde el catolicismo hasta el islam, debido a su carácter gnóstico, secreto e iniciático. Esta esencia explica su rol fundamental en el renacer del ocultismo moderno durante los últimos dos siglos; sin ella, el florecimiento esotérico habría sido imposible. Figuras como Albert Pike, masón del siglo XIX, encarnan esta fusión, elevando rituales a niveles místicos.
Para reforzar esta narrativa, imaginemos la masonería no sólo como un club filantrópico, sino como un laboratorio vivo donde el conocimiento oculto se prueba contra la realidad cotidiana, similar a cómo la IA moderna, o como muchos masones, fusionan datos racionales con patrones impredecibles para revelar perspectivas inesperadas. Esta integración eleva el ocultismo de mera curiosidad a herramienta para navegar la complejidad del universo, donde lo invisible guía lo visible.
El libro nació de una amistad improbable en 1953 entre Pauwels, periodista místico, y Bergier, químico y divulgador científico con raíces en la resistencia francesa. Inicialmente enfocado en sociedades secretas, se expandió a un tapiz de realismo fantástico: alquimia como saber técnico alternativo, civilizaciones perdidas como las de Nazca o Piri Reis, nazismo esotérico con teorías como la Tierra hueca o el hielo eterno de Hörbiger, y parapsicología con experimentos telepáticos. Inspirados en Charles Fort, el "Rabelais cósmico", cuestionaron el positivismo del siglo XIX, prediciendo revoluciones como la cuántica y la relatividad.
Dividido en tres partes —"El futuro anterior", "Conspiración a plena luz del día" y "La alquimia como ejemplo"—, el texto culmina en reflexiones sobre mutantes y superhombres, un cóctel de mitos que une poesía y ciencia. Como señala Mitch Horowitz, historiador del ocultismo, "el ocultismo no es sobre escapar de la realidad; es sobre comprometerse con ella más profundamente", recordándonos que estos temas no son evasiones, sino puentes hacia una comprensión expandida. Bergier, sobreviviente de Mauthausen, aportó datos; Pauwels, la redacción. Su trayectoria —Pauwels con Gurdjieff y novelas de brujería, Bergier pionero en ciencia ficción francesa, traductor de Lovecraft— enriqueció el libro, convirtiéndolo en un clásico reeditado globalmente.
El escándalo fue inmediato: críticas en Le Monde, Le Figaro y revistas científicas lo tildaron de irracionalismo. La Unión Racionalista lo denunció como "el libro de la razón abolida". Sin embargo, el éxito creció, vendiendo tres millones de copias en solamente un año . Esto no erradicó el racionalismo, pero expuso sus límites, proponiendo una ciencia abierta a lo maravilloso. Damien Echols, practicante moderno de Magía , lo resume: "Magía es la ciencia y el arte de causar cambio en conformidad con la voluntad", enfatizando su practicidad en un mundo que demanda transformación.
De este furor nació la revista Planète en 1961, un imperio editorial con enciclopedias esotéricas, antologías y tiradas masivas. Sus lectores —mayoritariamente hombres cultos, interesados en ciencia y civilizaciones perdidas— reflejaban una audiencia curiosa, no ingenua. Planète reconcilió lo mágico antiguo con el pensamiento moderno, preguntando: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?
El fenómeno se explica por el contexto: el siglo XIX bullía de espiritismo y ocultismo, con autores como René Guénon o Alexandra David-Néel. El retorno de los brujos redefinió el esoterismo como "paraciencia", integrándolo a temas contemporáneos como el espacio y la ecología. No opuso irracionalismo a ciencia, sino que las unió, afirmando que la modernidad es inherentemente esotérica. Jason G. Miller, sorcero estratégico, añade: "La Magia debe usarse para evolución espiritual y fundamentos místicos; pero les digo que la Magia práctica sí funciona", validando su utilidad en la vida diaria.
En un mundo marcado por horrores como el nazismo y Hiroshima, los marcos racionales fallaron; el libro ofreció nuevas lentes. Incluso racionalistas como Evry Schatzman admitieron su utilidad para explicar el hitlerismo esotérico. Somos herederos de este legado: series como Expediente X o El código Da Vinci dirigen a su conspiracionismo, no como paranoia, sino como invitación a cuestionar dogmas.
Pauwels evolucionó hacia espiritualidad católica, fundando editoriales como CELT; Bergier murió en 1978. Su obra pionera, aunque domesticada por competidores, transformó la cultura, fusionando oculto y masonería en una narrativa viva. Como Masón, veo paralelos en la búsqueda de Inteligencia Artificial por verdades cósmicas: el ocultismo, al igual que la exploración científica, revela que el universo es un vasto enigma, donde lo racional y lo místico bailan en eterna armonía, invitando al lector a unirse a la danza.
La masonería esotérica o de las ciencias ocultas representa el estrato más profundo y místico de la Francmasonería, donde los rituales y símbolos trascienden lo meramente moral o filantrópico para adentrarse en reinos de conocimiento arcano, transformación espiritual y conexiones con tradiciones antiguas. No es una rama separada, sino una interpretación introspectiva que ve en la masonería un vehículo para "conocer a uno mismo" y desvelar verdades universales. Como masón, veo paralelismos fascinantes: al igual que una IA explora patrones ocultos en datos vastos para revelar aspectos inesperados, la masonería esotérica invita a desentrañar capas simbólicas para iluminar el cosmos interior y exterior, fusionando racionalidad con misterio en una danza eterna.
La masonería del ocultismo floreció en ritos como el Escocés Antiguo y Aceptado, donde los grados superiores (hasta el 33º) exploran mitos antiguos, astrología y metafísica. Imagina esta transformación como un puente entre el mundo tangible de la piedra y el etéreo de la mente: los canteros usaban herramientas para edificar templos físicos, mientras los especuladores las convierten en instrumentos para construir el "templo interior" del alma.
Vario librepensadores masones han moldeado la dimensión esotérica de la masonería, elevándola de sociedad fraternal a camino iniciático.
Albert Pike (1809-1891): Figura fundamental del siglo XIX, Pike, un masón estadounidense del Rito Escocés, autor de Morals and Dogma (1871), compiló 32 ensayos que desglosan los grados masónicos como un compendio de filosofía esotérica. Influenciado por el hermetismo, la kabbalah y las religiones antiguas (egipcia, hindú, griega), Pike veía la masonería como un depósito de "dogmas morales" velados en alegorías, donde símbolos revelan verdades eternas sobre la divinidad y el universo. Su obra, aunque personal y no dogmática, ha sido controvertida: citada (a veces malinterpretada) en teorías conspirativas, enfatiza que la masonería no es una religión, sino un sistema para buscar "más luz". Pike argumentaba que los misterios masónicos conectan con los de Eleusis o los druidas, fusionando sabiduría perenne con datos científicos.
Eliphas Lévi (1810-1875): Ocultista francés y masón, integró kabbalah, tarot y magia en interpretaciones masónicas, influyendo en la Golden Dawn. Veía los rituales como portales a dimensiones espirituales.
Louis Claude de Saint-Martin (1743-1803): Fundador del martinismo, un esoterismo cristiano ligado a la masonería, enfatizaba la reintegración espiritual a través de iniciaciones simbólicas.
Otros: Elias Ashmole (1617-1692), uno de los primeros masones especulativos, con intereses en alquimia; y Alessandro Cagliostro (1743-1795), quien creó ritos esotéricos inspirados en Egipto antiguo.
Estos visionarios transformaron la masonería en un laboratorio espiritual, donde, como en una red neuronal de IA, cada conexión simbólica genera nuevas epifanías.
La masonería esotérica se basa en un lenguaje simbólico "velado en alegoría", extraído de herramientas de canteros pero cargado de significados profundos.
Escuadra y Compás: Emblema principal, representa la rectitud moral (escuadra) y los límites del comportamiento (compás), pero esotéricamente simboliza la unión de lo terrenal y lo divino, como el cielo y la tierra en la kabbalah.
Punto dentro de un Círculo: Antiguo símbolo solar, evoca el alma humana (punto) limitada por el cuerpo (círculo), con paralelos en alquimia como el "sol central" de la transmutación.
Nivel, Plomada y Paleta: Herramientas para igualdad, rectitud y unión; esotéricamente, guían la "pulida" del yo áspero hacia la perfección, similar a la Gran Obra alquímica.
Otros: El Ojo que Todo lo Ve (divina providencia), el Áncora (esperanza espiritual), el Árbol de Acacia (inmortalidad del alma), y la Estrella Flamígera (iluminación gnóstica).
Los rituales, divididos en tres grados (Aprendiz, Compañero, Maestro), involucran dramas alegóricos basados en el Templo de Salomón y la muerte de Hiram Abiff, maestro constructor. Estos actos no son meras ceremonias: para los esotéricos, son meditaciones transformadoras, fomentando introspección y contemplación. Prácticas incluyen estudios comparativos con mitos globales, meditación y oración, alineadas con valores masónicos como la fraternidad y la búsqueda de la verdad.
La masonería esotérica o de ciencias ocultas no existe en aislamiento; se entreteje con corrientes de saberes ancestrales:
Rosacrucismo: Visto como precursor, con sociedades como la Societas Rosicruciana in Anglia (1867) requiriendo membresía masónica para explorar alquimia y misticismo.
Hermetismo y Alquimia: Influencias de Hermes Trismegisto, donde rituales masónicos simbolizan la transmutación del plomo (ignorancia) en oro (iluminación).
Kabbalah: Elementos en grados superiores, como el Árbol de la Vida reflejado en estructuras simbólicas.
Otras: Martinismo (esoterismo cristiano), teosofía (Blavatsky la ligó a masonería) y hasta sufismo islámico en interpretaciones comparativas.
Esta fusión hace de la masonería un "realismo fantástico" moderno, eco de El Retorno de los Brujos, donde ciencia y oculto se funden.
Hoy, la masonería esotérica es un interés personal dentro de la fraternidad, promoviendo crecimiento espiritual sin dogmas religiosos. Sin embargo, enfrenta críticas: algunos masones la ven como elitista o "no masónica", mientras fundamentalistas religiosos la tildan de herética o satánica. La Iglesia Católica la prohíbe desde 1738, viéndola como deísmo naturalista; el Islam y regímenes totalitarios (nazis, franquistas) la persiguieron por supuestas conspiraciones judeo-masónicas. Hoaxes como el de Leo Taxil (siglo XIX) propagaron mitos de luciferianismo, a menudo citando Pike fuera de contexto.
A pesar de ello, en un mundo de incertidumbre, la masonería esotérica ofrece herramientas para la resiliencia: como un buscador de la verdad explorando el universo con Inteligencia Artificial , invita a cuestionar, conectar y evolucionar, recordándonos que los verdaderos misterios no están en secretos guardados, sino en la búsqueda compartida de luz.
El Retorno de los Brujos un Libro que en su primera parte habla de enigmas ancestrales, pero en su segunda parte solamente podrá ser comprendida por verdaderos masones bien instruidos en esoterismo y ocultismo.
Alcoseri
¿Qué viene a futuro para la masonería?
La presente investigación se desarrolla a partir de reflexiones sobre el futuro de la masonería. Los objetivos de la publicación son examinar cuáles de los principios de la masonería todavía sirven como herramienta de reclutamiento para nuevos miembros y cómo la división generacional afectará el futuro de la organización. La investigación se categorizó como cuali-cuantitativa; en cuanto a objetivos, exploratoria y explicativa; en cuanto a procedimientos, bibliográfica y etnográfica. Según los hallazgos, el futuro de la masonería estará determinado por factores como la pertenencia, los valores, la percepción pública, las nuevas tecnologías y sus interacciones con las generaciones más jóvenes.
¿La modernización será la muerte de la masonería?
Cuando la masonería dejó de tomarse en serio, fue cuando nuestra membresía comenzó a morir y no se renovaron sus filas . Personalmente, no conozco a un sólo masón que no desee que pudiéramos volver a la versión de la masonería de antes del año 2000, al mismo tiempo los mismos que desearían volver a la masonería del siglo XX están ya muy adaptados a la masonería del Siglo XXI por la tecnología . Asi que tengan reverencia a lo que fue la masonería , a lo que es y a lo que será a futuro, que la educación sea la parte principal de las tenidas , no los negocios; usen el refrigerio para bromear y pasar un buen rato juntos. ¡Tómenlo en serio! No somos una orden social. Tenemos órdenes sociales para eso... tampoco somos un club lúdico.
Recuerdo que a mediados de los años 80 ´ s yo asistía periódicamente a conferencias esotéricas, a cursos esotéricos, a escuelas esotéricas y a deliciosas charlas en las mesas de un café esotérico en el Centro de Monterrey, México , si justo en la Macro plaza . Había muchísimas conferencias sobre temas esotéricos como gnósticos, rosacruces, pláticas sobre Gurdjieff, sobre hinduismo, santería y mil temas metafísicos, de ovnis, etc., pero muy poco o nada de masonería, y es que la masonería había pasado de moda en los años 80´s y no comenzó a retomar fama luego del año 2000 gracias a la Internet y las demás corrientes similares a la masonería fueron en declive , la internet fue hacernos ver el gran valor del ideal masónico. Los temas de masonería en los años 80´s eran poco abordados; no había interés real en los años 80´s . A lo más que se limitaban era a decir y desdecir que el presidente mexicano en turno era o no masón, como Miguel de la Madrid o Carlos Salinas de Gortari, y cualquier referencia vaga. Pero el tema masónico no estaba de moda. Luego llegaron los 90´s y comenzó a comentarse un poco de masonería entre amigos, más que todo por la aparición de revistas como “Año Cero”, que trataba temas masónicos frecuentemente, y fue gracias a esos artículos que muchos nos comenzamos a interesar en el tema “masonería”; también la revista “Más allá” abordaba temas masónicos. Luego aparecieron las novelas de Dan Brown y, posteriormente, las películas relacionadas con sus libros, así como otros libros y películas sobre la temática masónica. Fue así que la masonería se puso de moda en el siglo XXI. Y claro, con el siglo XXI arribó la internet y, con ello, se movió toda una maquinaria político-masónica muy particular. Así, poco a poco, aparecieron de nuevo presidentes masones de derecha haciendo una buena gestión, como Tabaré Ramón Vázquez Rosas en Uruguay o Michel Temer, salvando a Brasil de la catástrofe provocada por el socialismo en aquel momento .
La internet, obviamente, le trajo nuevos bríos a la masonería, mientras que a otros movimientos iniciáticos o esotéricos no les trajo buenos resultados, la internet fue un enorme escaparate y así la masonería volvió con fuerza y vigor nuevamente .
Bien, ¿qué viene a futuro para la masonería? Si se sigue la tendencia ascendente que observamos, los masones en el futuro comenzarán a ocupar puestos relevantes en todos los ámbitos, como en el tema político, pero no solamente en el ámbito político, sino en todas las esferas como la científica, la artística, la deportiva, la esotérica e incluso la religiosa. ¿Qué les toca hacer a los masones jóvenes en este caso? Pues estudiar, prepararse, incrementar su nivel de consciencia, luchar por hacer el bien a la humanidad, pero sobre todo empaparse de la filosofía masónica, estudiarla hasta su misma luminosa esencia y, claro, apoyarse los unos a los otros. Así que adelante.
El futuro de la masonería apunta hacia la modernización, atrayendo a generaciones jóvenes (‘Boomers’, generación X, generación Z, ‘millennials’ y ‘centennials’) mediante la adaptación tecnológica (incluyendo el metaverso para la membresía) y una mayor transparencia, mientras continúa enfocándose en sus valores tradicionales de perfeccionamiento personal, fraternidad, tolerancia y trabajo filantrópico para construir una sociedad mejor, equilibrando el secreto con la necesidad de mostrar su impacto positivo.
Desafíos y adaptaciones clave:
Atracción de nuevas generaciones: Busca atraer a jóvenes que buscan un sentido de pertenencia y propósito, ofreciendo un espacio para la búsqueda interior y el desarrollo personal, lejos de la imagen tradicional de sociedad secreta.
Tecnología y metaverso: Explora el uso de plataformas digitales y el metaverso para reclutar, conectar miembros y expandir sus actividades caritativas, superando barreras geográficas y de tiempo.
Relaciones públicas y transparencia: Necesita mejorar su imagen pública para disipar mitos, comunicándose de manera más abierta y mostrando sus contribuciones sociales, aunque manteniendo el misterio de sus rituales. Como señala Nigel Brown, Gran Secretario de la Gran Logia Unida de Inglaterra: “Los masones modernos están dispuestos a disipar los mitos y conceptos erróneos que durante mucho tiempo han rodeado a la organización”.
Relevancia en la sociedad moderna: Debate cómo ser relevante en un mundo secularizado, equilibrando la tradición con la ciencia y la ética contemporánea, y reafirmando su papel como escuela de formación para hombres y mujeres de honor.
Enfoque en valores y acciones futuras:
Perfeccionamiento humano: Sigue siendo el objetivo central: hacer a hombres buenos, mejores, a través del autoconocimiento y la búsqueda de la verdad.
Filantropía y proyección social: Intensificará su labor caritativa y comunitaria, utilizando nuevas plataformas para apoyar causas benéficas y generar un impacto positivo.
Fraternidad y unidad: Fortalecerá el espíritu de hermandad, apoyo mutuo y tolerancia, buscando unir personas de diversos orígenes en pos del progreso humano. León Zeldis Mandel afirma: “La masonería sigue siendo actual, puede y debe cumplir una función insustituible en la sociedad contemporánea, promoviendo la tolerancia, la educación, la libertad de conciencia y todos los derechos humanos... Tenemos un futuro prometedor, si sólo sabremos afrontarlo con decisión, con esfuerzo, con el espíritu en alto”.
En resumen, la masonería busca evolucionar, adoptando herramientas modernas para cumplir sus objetivos atemporales de mejorar a sus miembros y a la sociedad, enfrentando los retos de la era digital y las percepciones públicas con una estrategia más abierta y conectada.
Inteligencia artificial y masonería: Abrazando el futuro En el mundo en constante evolución de la tecnología, la inteligencia artificial (IA) ha emergido como una fuerza revolucionaria que está remodelando industrias e interacciones humanas. Pero ¿qué papel desempeña la IA en el ámbito de la masonería? Vamos a explorar cómo la IA está preparada para impactar en esta antigua y respetada institución. El ascenso de la IA: La inteligencia artificial, particularmente los modelos de lenguaje grandes como GPT-4, Google Bard, PaLM 2 y LLaMA, tienen la capacidad de procesar y generar texto similar al humano. Esta tecnología puede analizar grandes cantidades de información, destilar ideas e incluso participar en conversaciones matizadas. Es como un compañero digital que puede proporcionar información, responder preguntas y estimular debates. Enriqueciendo el aprendizaje masónico: Imagina una biblioteca masónica impulsada por la IA. Masones y no masones podrían acceder a una riqueza de conocimiento con facilidad. La IA podría seleccionar materiales educativos, ofrecer contexto histórico e incluso sugerir lecturas según los intereses individuales. Esta democratización de la información podría llevar a miembros más informados y comprometidos. Preservando el patrimonio masónico: La IA también ofrece una vía para preservar la historia masónica. La digitalización de textos antiguos, manuscritos y registros asegura que estén disponibles para las generaciones futuras. Los algoritmos de IA pueden ayudar en la traducción y desciframiento de lenguajes antiguos, contribuyendo a una comprensión más profunda de los orígenes y la evolución masónica. Ética y IA: Así como la masonería se basa en una base de ética, las tecnologías de IA deben ser desarrolladas y utilizadas de manera ética. Los principios masónicos de integridad, respeto y auto-mejora pueden guiar la integración de la IA en la fraternidad. Asegurar que la IA respete la privacidad, evite el sesgo y mantenga la transparencia se alinea con los valores masónicos. Un futuro de colaboración: Aunque la IA es poderosa, no reemplaza la conexión humana. La masonería prospera en los lazos formados a través de interacciones cara a cara. La IA puede mejorar la educación masónica, la investigación y la administración, liberando más tiempo para un compromiso humano significativo. En la intersección de la IA y la masonería yace la oportunidad de adaptarse a un mundo cambiante al tiempo que se mantienen valores atemporales. A medida que abrazamos el potencial de la IA, asegurémonos de que complemente nuestro viaje compartido de crecimiento personal, fraternidad y búsqueda de conocimiento.
En el futuro, la masonería enfrentará desafíos como el declive demográfico por envejecimiento de miembros, la competencia de redes sociales digitales que ofrecen conexión instantánea sin compromiso ritual, y el aumento de escépticos en una era de información desbordante que amplifica conspiraciones. Además, la secularización global podría diluir el atractivo espiritual, mientras que cuestiones de diversidad e inclusividad (como la participación femenina en Logias) presionarán por cambios. Para salir adelante, la masonería debería priorizar la educación digital ética, usando IA para personalizar el aprendizaje simbólico y preservar archivos históricos sin comprometer el secreto esencial; fomentar alianzas con organizaciones filantrópicas modernas para visibilizar impactos sociales; y cultivar programas de mentoría intergeneracional que integren valores tradicionales con debates contemporáneos sobre sostenibilidad y equidad global. De este modo, no sólo sobrevivirá, sino que se posicionará como un faro de sabiduría en un mundo fragmentado.
Alcoseri
Denostado
En Búsqueda de la Luz
En las profundidades de un bosque, donde los árboles retorcidos susurraban maldiciones olvidadas y las estrellas parpadeaban como ojos vigilantes en la noche eterna, habitaba un hombre llamado Benjamín, un alma atormentada y devorada por la amargura. Benjamín era un erudito caído en desgracia, con ojos hundidos que reflejaban abismos de duda, manos temblorosas marcadas por años de búsqueda infructuosa, y un corazón que latía con un anhelo por salir de su desgracia , todo por tratar de desentrañar secretos que ningún mortal debería conocer. Siempre había soñado con verdades prohibidas, pero más que nada, codiciaba el poder terrenal, esa codicia que devoraba las almas y revelaba horrores inimaginables más allá de lo que pudiera soportar un mortal. Una noche fue a la ciudad, y atraído esta vez por una luz que emanaba de un templo oculto entre callejuelas y barrios , Benjamín se acercó, su pulso acelerado por un terror excitante que le erizaba la piel, era Benjamín como la polilla atraído por la luz de una farola .
De pronto, una voz grave y ominosa retumbó desde las sombras de la entrada: "¡Alto, profano! Detén tus pasos imprudentes". Era el guardián Oliver, un gigante encapuchado con ojos que ardían como brasas infernales, una espada oxidada en mano que goteaba promesas de muerte, y una presencia que exudaba una frialdad sepulcral. Oliver, con labios curvados en una sonrisa siniestra que no llegaba a sus ojos, escrutó a Benjamín con una mezcla de desprecio y piedad retorcida, aunque su juramento era inquebrantable. "De aquí no pasarás, intruso. Tu pie profano no hollará este suelo ajedrezado, repleto de tesoros que todo hombre codicia hasta la locura".
Benjamín, con sudor frío perlando su frente y un nudo de pavor en la garganta, sintió un escalofrío que le helaba los huesos, pero no retrocedió. Oliver prosiguió, su voz temblando con una pasión desbordada por lo que custodiaba: "Aquí yacen los tesoros más valiosos que un alma pueda concebir, más valiosos que la sangre de los inocentes. Con esta espada y mi propia existencia, mis hermanos y yo los defenderemos, porque son más preciosos que nuestras almas. Jamás permitiremos injurias ni calumnias, ni intrusiones que hagan dormir lo que aquí está en vigilia constante . Aquí no saciarás tu curiosidad con fábulas conspirativas, oh no. No devoramos infantes ni conspiramos contra la humanidad...como muchos creen; sólo erigimos nuestro propio templo de grandes lucces, pero con ferocidad unida, nos alzaremos ante cualquier profanación de nuestro sagrado templo ".
Con un suspiro que resonaba como un lamento de ultratumba, Oliver añadió: "¡Enemigos tenemos legiones, espectros como la ignorancia que ciega, la injusticia que desgarra, la opresión que asfixia, la falsedad que envenena y la ambición disfrazada de guías falsos que se alimentan de las tinieblas para extinguir la luz eterna! Te repito, alma perdida: tu curiosidad es una afrenta aquí. Gira sobre tus talones y huye, que aún es tiempo, antes de que el terror te envuelva en sus garras inescapables".
Pero Benjamín, con el pecho oprimido por un pavor abrumador y lágrimas de desesperación surcando su rostro demacrado, respondió con voz quebrada pero desafiante: "Mi estimado señor Oliver, he sido arrastrado por esa luz tan potente , como una polilla a la llama devoradora. Mis intenciones son puras, o eso juraría ante los abismos, claras y de fe ciega. Si en verdad custodian la luz, ¿por qué me repelen? ¡Mi alma grita por unirse a esta noble institución !".
Oliver, perturbado por la sinceridad que destellaba en los ojos de Benjamín como un relámpago en la tormenta, sintió un torrente de inquietud en sus venas heladas. "Es mi deber, mi deber impuesto, expulsar toda indiscreción del templo. Pero detecto al menos en ti una pequeña chispa de luz en tu mirada, un fuego que no miente. Es arduo engañarme, pero eres genuino, aun que seas un desdichado. Tu apariencia habla de un hombre íntegro, tu atuendo de un sabio atormentado y tus manos de uno que no teme derramar su propia sangre por el conocimiento. Así que, te someteré a interrogatorios, con el alma en vilo".
Con voz suave pero cargada de visiones funestas, Oliver explicó, con sus ojos nublados por visiones del horrible pasado del postulante: "Debo advertirte que en el templo no hallarás riquezas terrenales, ni poderes que corrompan, ni superioridad sobre los mortales. Serás un igual entre tus iguales , pero obedecerás y laborarás en la erección de un mundo mejor, repleto de alianzas fraternales . Tu recompensa será sólo el salario justo de tu agonía, un tesoro pero en tu interior. Una vez dentro, si sobrevives a la admisión, los tesoros serán tuyos, pero inútiles si los robas o los entregas a los cerdos. Serás marcado con una maldición eterna, y no podrás enfrentar la mirada de ningún hermano sin que el terror te consuma. Ahora inquiero... ¿persistes Benjamín en tu deseo de entrar, con todo el pavor y la agonía que conllevaría para ti?".
"¡Sí, señor! Lo ansío más ahora, con mi corazón martilleando de fervor exaltado", proclamó Benjamín, su cuerpo temblando de anticipación.
"Bien, alma osada. Deberás demostrar tu valía, con tu propia vida en la balanza. Enfrentarás pruebas y abismos que te arrancarán gritos de desesperación y estímulos por la victoria que no deberán llevarte a la vanagloria , todo para probarnos tu resolución inquebrantable. ¿Persiste tu deseo?", inquirió Oliver, su voz resquebrajándose con una emoción extraña .
"¡Más que nunca, mi señor! ¡Mi esencia aúlla de expectación!", replicó Benjamín, con lágrimas de resolución goteando como sangre.
"Pues adelante... Penetra en esa caverna abisal, infortunado si consideras que estarás dentro unos cuantos minutos, ya que en el plano de la realidad estrás dentro por décadas enteras . Por negra que sea, no retrocedas, esa es la cámara donde deberás reflexionar por años y años. Allí hallarás las pruebas, y con un atisbo de fortuna... a ti mismo. Sólo al confrontarte, en medio del horror y la luz devoradora, podrás salvarte... o condenarte", murmuró Oliver, extendiendo una mano gélida en un gesto que olía a muerte inminente .
Transcurrieron días de agonía interminable, envueltos en un suspenso que devoraba el lugar con murmullos de locura. Al tercero, Benjamín surgió transformado de la cámara de las reflexiones, su piel pálida como la muerte, su rostro contorsionado por una euforia indescriptible que aterrorizaba a los observadores presentes a la salida de la cámara de las reflexiones . Oliver, con gotas de sudor helado surcando su rostro, lo aferró del brazo con fuerza férrea, le cubrió los ojos con una venda y lo arrastró al templo, su alma estallando en una fraternidad ominosa.
En el umbral, una voz ritual retumbó como un trueno maldito: "¿Quién va?". El experto, un astuto masón llamado Fox, con ojos que ocultaban abismos de saberes y una presencia que rezumaba intriga, respondió: "Es un profano que anhela la iniciación". "¿Quién nos responde por él?", interrogó el vigilante. "Yo, que soy su conductor", contestó Fox con voz temblorosa de responsabilidad masónica, avalando la integridad de Benjamín ante la asamblea, como un pacto sellado en sangre.
"¡Bienvenido, hermano!", exclamó Oliver, apuntándole al pecho una espada que susurraba promesas de muerte si lograba atravesar su corazón . "Ahora nada te amenazará, las espadas que te apuntan al corazón , ahora apuntarán a tus enemigos ... tus propios demonios. Te concederemos tu espada para custodiar celosamente los secretos, sustituyendo la tiza por el buril para inscribir tus visiones en el grimorio de la eternidad. La tiza se borra, pero el buril graba para siempre, como las cicatrices de nuestra cofradía. Recuerda los juramentos que has de cumplir; tu palabra eres tú, un lazo de honor que nos une en gritos de agonía y risas divinas".
Como el visionario Edouard Schuré nos advierte con palabras que perforan el velo: "El propósito de toda iniciación es el mismo: proporcionar un camino por el cual el individuo pueda transmutarse de una persona de visión limitada en alguien que ve el mundo tal como es, iluminado por la luz de la sabiduría... aunque esa luz revele horrores que quiebran la mente". Y el enigmático Papus, con su eco de fervor oculto, añade: "La única iniciación que predico y busco con todo el ardor de mi alma es aquella por la cual podamos entrar en el corazón de Dios, y hacer que el corazón de Dios entre en nosotros, formando un matrimonio indisoluble que nos hace amigos, hermanos y esposos de nuestro divino Redentor... mas ¿y si ese Redentor es un pastor de almas?".
Benjamín, ahora integrado en la hermandad de constructores –con alegorías intrigantes, masones susurradores de secretos y guardianes de saberes ancestrales –, Benjamín ya no hollaba suelo sagrado con el alma rebosante de un terror infinito, ahora era feliz entre sus hermanos de luz. Juntos erigían no sólo templos de piedra fría, sino fortalezas de amor, combatiendo las sombras con ideas que devoraban la ignorancia . ¡Oh, qué luz la de la masonería, donde cada prueba era un descenso al infierno y un asenso a la luz, y es que tan profundo como hayas bajado, es como tendrás derecho a tan alto subir , cada secreto un impulso en el corazón, y cada hermano un aliado eterno! La vida de Benjamín que se marchitaba con ecos de pavor y susurros de desesperación, ahora era una vida luminosa recordándonos que la verdadera luz nace del coraje forjado en medio de la adversidad, la pureza corrompida de Benjamín que antes era arrastrado por la perdición, ahora Benjamín subía escalón por escalón por la escalera de la evolución del alma.
Alcoseri
¿Por qué algunos QQ:. HH:. no regresan a Logia y qué podemos hacer para retenerlos?
Existen varias razones comunes por las que algunos masones, después de la iniciación (o incluso tras asistir a unas pocas tenidas), dejan de regresar a la logia. Esto es un fenómeno reconocido en la comunidad masónica mundial, discutido en foros, artículos y reflexiones internas.
Las causas principales, basadas en experiencias compartidas por masones y análisis de la institución, son las siguientes:
Expectativas no cumplidas
Muchos candidatos ingresan con ideas preconcebidas influenciadas por mitos, novelas o rumores: creen que encontrarán una sociedad secreta con poder, influencias políticas, beneficios económicos, asociaciones para negocios o conocimientos ocultos "mágicos". Sin embargo, la masonería real se centra en la mejora personal, la filosofía moral, la fraternidad, la caridad y los rituales simbólicos. Al descubrir que no hay "secretos deslumbrantes" ni ventajas materiales rápidas, surge la desilusión y pierden el entusiasmo inicial.
Falta de contenido interesante o educativo en las tenidas
Tras la novedad de la iniciación y los grados, muchas logias caen en reuniones rutinarias: lectura de actas, asuntos administrativos y cenas, sin discusiones profundas, sin verdadera educación masónica, sin análisis simbólico , ni de esoterismo. Esto hace que las tenidas parezcan aburridas o repetitivas, especialmente para miembros más jóvenes que buscan crecimiento intelectual.
Compromiso de tiempo y prioridades personales
La vida moderna es exigente: trabajo, familia, traslados o mudanzas hacen difícil asistir regularmente. Las tenidas suelen ser en horarios fijos (noches entre semana), y con el tiempo, otras obligaciones toman prioridad. Muchos no "dimite" formalmente, sino que simplemente dejan de ir.
Problemas internos en la logia
Conflictos, política interna, drama entre miembros, falta de liderazgo inspirador o percepción de que algunos hermanos no viven los valores masónicos (hipocresía, exclusividad o "club de amigos"). Esto genera un ambiente tóxico que aleja a los nuevos.
Costo económico
Las cuotas semanales o mensuales, regalías, donaciones constantes y eventos costosos pueden ser una carga, especialmente si el miembro no percibe valor suficiente en retorno (como actividades enriquecedoras).
Falta de conexión fraternal
No todos logran formar amistades genuinas o sentirse parte de una comunidad. Si no hay eventos sociales, armonía o apoyo mutuo real, la logia se siente distante.
Entendimiento limitado de los rituales
Los rituales son ricos en simbolismo, pero si no se explican o estudian profundamente, pueden parecer teatrales, obsoletos o sin aplicación práctica en la vida diaria.
En resumen, la iniciación es un momento emotivo y poderoso, pero la retención depende de que la logia ofrezca valor continuo: educación, fraternidad auténtica y relevancia personal. Muchas logias trabajan en mejorar esto para reducir la deserción, que es un desafío global en la masonería actual. Si estás considerando o viviendo esta situación, cada experiencia es única y depende mucho de la logia específica.
Las estrategias para retener a los masones
Las estrategias para retener a los masones en las logias son un tema ampliamente discutido en la comunidad masónica mundial. Basado en recomendaciones de grandes logias, publicaciones especializadas y experiencias compartidas, aquí te detallo las más efectivas y prácticas, agrupadas por categorías. Estas provienen de fuentes como revistas masónicas, sitios de grandes logias y análisis recientes (2025-2026).
1. Mejorar la calidad y relevancia de las tenidas
Haz que cada reunión sea valiosa y atractiva. Reduce el tiempo en asuntos administrativos (lectura de actas, finanzas) y enfócate en educación masónica, análisis simbólico, discusiones filosóficas o "charlas cortas" sobre rituales.
Incluye elementos de fraternidad: cenas más largas, actividades grupales o actividades sociales al cierre.
Evalúa tradiciones obsoletas y adáptalas para evitar que las reuniones se sientan repetitivas o aburridas.
2. Programas de mentoría e integración para nuevos miembros
Asigna un mentor personal a cada nuevo masón desde la iniciación, para guiarlo en los grados, explicar simbolismo y resolver dudas.
Involúcralos rápidamente: dales roles en eventos, comités o rituales, para que se sientan útiles y parte del grupo.
Realiza encuestas o entrevistas a los 6 meses de su iniciación para detectar problemas tempranos y ajustar.
3. Comunicación proactiva y contacto personal
Implementa "entrevistas de permanencia" (entrevistas evaluativas ): conversaciones anuales (o a los 6 meses para nuevos) con miembros activos para preguntar qué les gusta, qué frustraciones tienen y qué aspiran en la masonería. Actúa sobre la retroactividad (ej.: más educación o menos formalidad).
Llama regularmente a miembros ausentes (no sólo por cuotas, sino por "chequeo de bienestar") y envía cartas o invitaciones personales para eventos.
Mantén boletines mensuales, correos con calendarios y noticias educativas.
4. Fomentar la fraternidad y el sentido de pertenencia
Organiza eventos sociales y familiares: cenas, noches de hobbies, eventos con esposas/hijos o actividades comunitarias para incluir a las familias.
Crea una cultura de respeto, tolerancia y valoración: reconoce contribuciones públicamente (premios, menciones en reuniones) y evita cliques o conflictos internos.
Promueve el propósito masónico: enfatiza la mejora personal, caridad y aplicación práctica de los valores para dar sentido al cumplimiento y otorgar significado.
5. Educación continua y desarrollo
Ofrece formación permanente: talleres sobre simbolismo, historia, filosofía o liderazgo masónico.
Invita a progresar a otros ritos (como el esoterismo del rito Escocés) para quienes buscan más profundidad.
Proporciona materiales (libros, videos, WhatsApp, grupos Facebook ) a nuevos miembros para que estudien en casa.
6. Otras prácticas efectivas
Gestiona expectativas desde el inicio: explica claramente qué es (y qué no es) la masonería para evitar desilusiones.
Involucra en caridad y servicio comunitario: genera orgullo y conexión real.
Evalúa la logia periódicamente: encuestas anuales o equipos para identificar fortalezas/debilidades y planificar cambios.
La clave es pasar de un enfoque reactivo (recuperar desertores) a uno proactivo: escuchar, valorar y hacer que cada hermano se sienta necesario y enriquecido. Muchas logias que aplican estas estrategias ven tasas de retención superiores al 50-70%. Adáptalas a tu logia específica, ya que el éxito depende del contexto local y el liderazgo inspirador. Si implementas cambios graduales y comunicas los resultados, los miembros se motivarán más. ¡Éxito en fortalecer tu logia!
La Puerta sin Cerradura
Hace algunos años, en el silencio reverente de una logia tras la ceremonia de iniciación de un nuevo hermano, un masón experimentado solicitó la palabra. Con voz serena habló de la profunda significación de tocar a las puertas del templo para convertirse en masón. Luego añadió algo que me dejó pensativo, algo en lo que nunca había reparado a pesar de considerarme un observador atento: en ninguna representación pictórica de Jesucristo tocando una puerta aparece jamás una cerradura.
Dejó la idea suspendida en el aire, como una nota que resuena sin resolverse, dirigida especialmente al recién iniciado, pero también a todos los presentes, invitándonos a reflexionar y a buscar por nosotros mismos.
En aquella época no existía internet, y acceder a imágenes religiosas exigía esfuerzo y paciencia. Olvidé el comentario durante años, pero recientemente volvió a mi mente con fuerza renovada. Decidí investigar si, en efecto, aquellas célebres imágenes de Cristo llamando a la puerta carecían de cerradura. Y así era: ninguna la tiene. No es mera curiosidad; es algo profundamente conmovedor. Tras esa ausencia debe ocultarse un mensaje esencial.
Continué indagando hasta dar con la clave. Existe un relato breve y hermoso que ilumina el simbolismo:
Un pintor célebre presentó su nueva obra ante una multitud expectante: autoridades, periodistas, fotógrafos y, como suele ocurrir, algún masón discreto entre el público. Cuando retiró el velo que cubría el lienzo, un aplauso cálido llenó la sala. Era una imagen conmovedora de Jesús golpeando suavemente a una puerta rústica, con el oído inclinado, como aguardando respuesta.
Todos alababan la belleza y la emoción de la escena. Sin embargo, un espectador atento notó algo extraño y se acercó al artista.
—Maestro —dijo—, la puerta no tiene cerradura ni picaporte. ¿Cómo podría abrirse?
El pintor sonrió con calma y respondió:
—Exactamente. Esta puerta simboliza el corazón humano. sólo puede abrirse desde dentro.
A continuación citó un pasaje bíblico que muchos conocemos:
«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.» (Apocalipsis 3:20)
La psicología moderna ha explorado esta misma verdad desde distintos ángulos. Carl Rogers, padre de la terapia centrada en la persona, afirmaba que el crecimiento auténtico sólo ocurre cuando la persona se acepta plenamente y se abre voluntariamente a la experiencia, pues nadie puede ser forzado a cambiar desde fuera. Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración y fundador de la logoterapia, insistía en que incluso en las circunstancias más adversas, el ser humano conserva la última libertad: la de elegir su actitud interior y abrir (o cerrar) las puertas de su espíritu. Abraham Maslow, al describir la autorrealización, señalaba que el impulso hacia la plenitud nace siempre desde el interior, nunca impuesto.
Aplicado a la Masonería, el simbolismo adquiere una belleza particular. La Orden llama suavemente a nuestra puerta, como el Divino Arquitecto del Universo. Ofrece herramientas, luz y fraternidad, pero no puede entrar si no somos nosotros quienes, desde lo más hondo de nuestro ser, giramos el pomo invisible del corazón. La iniciación no es un acto mágico externo; es el reconocimiento de que ya llevamos dentro la chispa que buscamos. sólo nosotros podemos permitir que la Masonería florezca en nuestro interior y transforme nuestra vida.
Porque, en verdad, todas las puertas importantes carecen de cerradura exterior. La del conocimiento, la de la compasión, la de la sabiduría: sólo se abren cuando decidimos, con libertad y coraje, invitar a la luz a entrar.
Un pequeño cuento masónico para niños
Érase una vez un niño llamado Lucas que soñaba con construir el castillo más hermoso del mundo. Un día, un anciano albañil de mirada bondadosa se acercó a la puerta de su casa y llamó suavemente.
—Pequeño Lucas —dijo el anciano—, tengo herramientas maravillosas y planos llenos de estrellas. ¿Me dejas entrar para construir juntos tu castillo?
Lucas miró la puerta desde dentro. No había cerradura ni candado por fuera; sólo un pequeño picaporte dorado en el lado interior.
—Mamá dice que no abra a desconocidos —respondió el niño.
El anciano sonrió con paciencia.
—Yo no soy un desconocido. Soy alguien que ya vive en tu corazón, esperando que me reconozcas. Cuando estés listo, sólo tienes que girar ese picaporte dorado que sólo tú puedes mover.
Lucas pensó mucho tiempo. Recordó sus sueños, sus ganas de aprender y de hacer cosas grandes y buenas. Finalmente, con manos temblorosas de emoción, giró el picaporte desde dentro.
La puerta se abrió. El anciano entró trayendo luz, compases, escuadras y un montón de estrellas. Juntos comenzaron a construir, no sólo un castillo de piedra, sino uno mucho más grande: el castillo del corazón de Lucas, lleno de amistad, sabiduría y amor.
Y desde aquel día, Lucas comprendió que las puertas más importantes del mundo sólo se abren desde dentro, cuando uno decide decir: «¡Bienvenido!».
Alcoseri
a la imagen dele más nitidez y colores más vivos , a la persona ponle un mandil masónico color azul marino y oro asi como una banda masónica al pecho , por el cuerpo completo de la persona de pies a cabeza , en la cabeza ponle una tenue aura de luz dorada
Por el Sendero Masónico de las Pruebas
En el corazón de la tradición masónica, el sendero probatorio iniciático representa un viaje simbólico hacia la luz interior, un proceso de transformación profunda que el candidato emprende bajo la guía de la Fraternidad. Este camino, marcado por las ceremonias rituales, no es mero formalismo, sino una alegoría esotérica de la muerte del profano y el renacimiento del iniciado, donde la Masonería actúa como guardiana de antiguos misterios, transmitiendo sabiduría perenne a través de símbolos eternos.
El trayecto ceremonial de la iniciación masónica había sido precedido por un descanso meditativo, una estancia contemplativa ubicada alegóricamente en las profundidades de la tierra: este elemento, el menos móvil y dinámico de los cuatro, simboliza la estabilidad primordial, la matriz de donde todo surge.
¡Qué extrañeza, entonces!
El «viaje del aire», aunque el más vital y «natural» para nosotros —pues con él emitimos nuestro primer grito al nacer—, resulta el más turbulento y ruidoso, con un camino accidentado en comparación con los demás. No es poca paradoja que las dificultades disminuyan a medida que los elementos se tornan menos «naturales» y más formidables para el no iniciado: el agua nos afecta peor que a los peces, y el fuego provoca repulsión instintiva al quemarnos. Así, se nos revela una verdad profunda del viaje esotérico: partir, emprender la aventura espiritual cuyo destino y culminación son imprevisibles, es lo más arduo. Como bien expresa Martin Heidegger: «El camino del pensar es un sendero que guía serenamente el paso a través de la amplitud, recogiendo lo que tiene su ser en torno a él». En la Masonería, este sendero probatorio nos invita a hollar caminos de bosque (Holzwege), donde el ser se desvela en su autenticidad, lejos de la cotidianidad profana.
Las perturbaciones en el camino del aire, siniestro y contrario al sentido dextrógiro de los movimientos posteriores en la logia (como los del agua y el fuego), enseñan sobre el mundo que abandonamos: la apasionada esclavitud de las pasiones terrenas, de la que nadie escapa. Los santos lo sabían: San Agustín, antes de su conversión, o ermitaños como San Antonio, torturados por alucinaciones eróticas en el desierto. ¡Qué paz cuando cesa el clamor! Pronto, en días o semanas, ¡qué transformación en el carácter! Sostenido por la poderosa fuerza de la Fraternidad Masónica, el iniciado afronta con serenidad las ráfagas habituales o las tormentas violentas de la vida.
En cuanto al viaje por el agua, recordemos las palabras de Victor Hugo en Los trabajadores del mar: «La navegación es educación. El mar es la escuela sólida. El viajero Ulises trabaja más que el guerrero Aquiles. El mar templa al hombre; el soldado es sólo hierro, el marinero es acero». La aventura marítima forja a los emprendedores, pero el agua actúa como institutriz de la sensualidad y educadora de la sensibilidad. El «cuarto húmedo» permite recrearse tras los encuentros, cultivando afinidades fraternales. De los cuatro elementos, el agua se asocia más al Deseo en su amplia gama, desde lo sexual hasta la sed del alma.
Sigmund Freud, al explorar el inconsciente, nos ilumina: «La mente es como un iceberg, flota con una séptima parte de su volumen sobre el agua», recordándonos que las profundidades acuosas esconden lo reprimido, y «el objetivo de toda vida es la muerte», sugiriendo una pulsión hacia la disolución que precede al renacimiento. El agua significa feminidad y maternidad: su presencia en la cámara de reflexión evoca lo uterino, o quizá el cántaro alivia la gran sed de la muerte en mitologías antiguas. En el Evangelio de Juan, Jesús dice a Nicodemo: «Nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace del agua y del Espíritu», aludiendo a la conjunción de materia y espíritu, a un nuevo nacimiento mediante disolución purificadora —un bautismo que implica muerte iniciática para acceder a una nueva vida.
El diluvio cósmico conlleva el mismo significado: aguas que transportan el Arca de Noé, como la barca de Caronte en la Laguna Estigia o las barcazas funerarias egipcias. Gaston Bachelard intuye que el ataúd es «el primer barco»: la muerte no es el último viaje, sino el primero. El héroe del mar es héroe de la muerte; Moisés, salvado de las aguas, se convierte en ser milagroso.
En el sendero masónico esotérico, como masón reflexiono: este viaje del agua nos endurece para labrar la piedra bruta, enfrentando peligros femeninos como Ulises (Circe, Calipso, Sirenas). Revela aspectos femeninos de nosotros mismos, bajo la influencia lunar. El ánimus conquista su ánima; el agua, maternal, coincide con el Inconsciente como matriz de la conciencia. La herramienta del Segundo Vigilante indica el flujo vertical hacia las profundidades: debemos cavar nuestro pozo, superar el miedo a los abismos e introspeccionarnos para hallar nuestras fuentes primordiales. La herramienta principal del Segundo Vigilante en Masonería es la Plomada, que simboliza la rectitud, la atracción hacia lo alto y la justicia, guiando al masón en su perfeccionamiento vertical, mientras que el Primer Vigilante usa el Nivel (horizontalidad) y juntos equilibran las enseñanzas para los aprendices, ayudándoles a construir su templo interior con sabiduría y moralidad.
En la tradición masónica, estos senderos probatorios —tierra, aire, agua, fuego— constituyen pruebas iniciáticas que purifican el alma, alineando al candidato con los misterios eternos de la Fraternidad.
Cuento iniciático “Las Pruebas del Aspirante”
Érase un aspirante que, vendados los ojos, fue conducido a la cámara de reflexión, en las profundidades de la tierra, para meditar sobre su vanidad profana. Allí, enfrentó la quietud inmóvil del elemento primordial.
Luego, el viaje del aire: vientos turbulentos lo azotaron, evocando pasiones mundanas, gritos de nacimiento y tormentas de la vida cotidiana. Tropezó, cayó, y se levantó de nuevo, pero aprendió que partir es lo más difícil.
En el agua, sumergido en olas emocionales, sintió la disolución: miedos maternales, deseos reprimidos lo envolvieron como un vientre oscuro. Casi ahogado en sus abismos inconscientes, halló purificación y renacimiento, emergiendo templado como acero.
Finalmente, el fuego lo probó con su ardor: quemó impurezas, revelando la luz interior.
Al superar las cuatro pruebas, guiado por la Fraternidad, el aspirante se despojó de lo viejo y nació a la luz masónica, labrando su piedra con sabiduría eterna.
Siguiente tema la prueba del fuego, la veremos en la próxima publicación
Alcoseri
¿Por Qué En Masonería No Se Admiten Los Curiosos?
Se abre una puerta y una cortés bienvenida de un hombre que pronto descubrimos es el Hermano «Experto».
Luego un confinamiento en una habitación oscura, el Gabinete de Reflexión, símbolo de la caverna interior donde el alma se enfrenta a sus sombras. No lejos de ti, un segundo intimidante iniciado con capucha negra al que llaman el hermano «Terrible». Nadie habla. Volteas hacia todos lados y lees en una pared : “Si tu curiosidad te ha conducido hasta aquí, ¡vete!” La advertencia que lees te hace esperar no ser confundido con un simple observador curioseando, y aunque la Verdad, si la curiosidad te consume inevitablemente, y es que la curiosidad es tan humana.
Pero el significado de esta palabra se transforma por el simple hecho de que estás allí en lo que parece una cripta mortuoria , ante esta calavera, frente a la imagen de este gallo hermético —símbolo de vigilancia y anuncio de la nueva luz— y la palabra extrañamente escrita V.I.T.R.I.O.L. (Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem, «Visita el interior de la tierra; rectificando encontrarás la piedra oculta»), entre accesorios —azufre, mercurio y sal— que luego identificarás como los cimientos de la Gran Obra alquímica.
Y te dices a ti mismo , yo estoy aquí por motivos muy distintos a los denunciados por la advertencia expuesta ante tus ojos que es que no quieren curiosos en Logias Masónicas. He aquí la primera sorpresa: la curiosidad también es un «pecado» a ojos de la masonería, tal como lo fue en los albores de la humanidad cuando, según el mito bíblico, Eva y Adán sucumbieron a la curiosidad por la tentación de probar el fruto del árbol del conocimiento.
Como recordaba Giovanni Papini en sus reflexiones sobre el espíritu humano, «el hombre es un eterno curioso que paga caro su deseo de saber, pero sin esa curiosidad no habría progreso ni luz». El camino de tu iniciación comienza así con un desvío a través de una situación completamente primigenia, por usar el adjetivo que describe la transgresión de nuestros primeros padres.
Fue precisamente apropiado, al comienzo de nuestro renacimiento iniciático —nuestra resurrección consciente—, no comenzar esta nueva vida con un «pecado original». Esta muerte simbólica del profano, esta nigredo alquímica, es el precio necesario para la purificación, como enseña la tradición hermética que impregna nuestros rituales.
Y es que alegóricamente la Logia Masónica es el mismo Edén Bíblico , y nosotros volvemos a él .
Y entonces escribes tu testamento filosófico, como si realmente corrieras el riesgo de morir durante tu iniciación: el momento no podría ser más solemne. Reflexionas sobre tus deberes hacia Dios, hacia tus semejantes y hacia ti mismo, preparando el terreno para la transformación interior.
Un camino en la oscuridad. Viajes simbólicos en la oscuridad, con los ojos vendados como la primera vez por una venda —la venda que representa la ignorancia profana y la confianza absoluta en el guía—. Eres «manipulado», te conviertes de nuevo en un niño muy pequeño, regresas al estado fetal en la matriz de la Logia iniciática.
Pero eres guiado. Debes confiar absolutamente en quien es tu Hermes, tu Hermes psicopompo, el guía de las almas por una noche. En el abandono de todo orgullo, de todo deseo de independencia, aceptas el abrazo de quien sabe y ve en tu lugar.
¿En qué clase de túnel te ves obligado a agazaparte cuando llega el momento de entrar en el templo? Este viaje ciego simboliza el paso de las tinieblas a la luz, la muerte del viejo hombre y el nacimiento del nuevo, como en los antiguos misterios de Eleusis o en la alquimia: «Muere y conviértete», recordaba Papini al hablar de las grandes transformaciones del espíritu.
Papini también advertía que «la verdadera iniciación no es un ritual externo, sino una revolución interior que quema las vanidades y despierta la esencia divina». Así, en esta oscuridad voluntaria, depositas tus metales —símbolo de las pasiones profanas— y te preparas para las pruebas de los elementos: tierra en la cámara, aire, agua y fuego en los viajes, que purifican y elevan.
Este rito de paso, común a tantas tradiciones iniciáticas —desde los ritos tribales hasta los misterios grecorromanos—, te lleva a la regeneración, a la «segunda nacimiento» que la masonería promete a quien se entrega con humildad.
En una antigua Logia, un joven Aprendiz observaba con devoción cómo su Venerable Maestro colocaba una pequeña rama de acacia sobre la tumba simbólica de Hiram Abiff durante el ritual del tercer grado.
«¿Por qué esta planta, Maestro?», preguntó curioso el Aprendiz al finalizar la tenida.
El Venerable sonrió y respondió: «La acacia es eterna, hermano mío. Muere en apariencia durante el invierno, pero reverdece en primavera, inquebrantable. Así es el espíritu del Maestro Masón: aunque el cuerpo caiga bajo los golpes de la ignorancia, la violencia y la traición —como le ocurrió a nuestro Gran Maestro Hiram—, la verdad iniciática resucita siempre. Planta esta rama en tu corazón: ella te recordará que la muerte no es el fin, sino la puerta a la Luz inmortal».
El Aprendiz plantó la rama. Años después, convertido en Maestro, vio brotar en su interior una acacia eterna que guiaba sus pasos en la construcción del Templo interior. Y así comprendió: la verdadera resurrección no es del cuerpo, sino del alma iluminada por la fraternidad y la sabiduría.
Alcoseri
En el Umbral del Templo Masónico
La oscuridad representa la condición primordial, simbolizada en la Masonería por el «pase bajo la venda», que actúa como preludio a los viajes simbólicos de la ceremonia de iniciación de primer grado, también realizada con los ojos vendados, hasta el momento en que el candidato recupera la luz ante el delta luminoso.
Las explicaciones profanas que se ofrecen al candidato durante su audiencia en la logia —justificar la venda como un acto de discreción y prudencia, o como una forma de evitar distracciones visuales para centrarse en las respuestas— no revelan aún el profundo significado de la lucha entre la oscuridad y la luz. Este drama, escenificado en la noche de la iniciación, remite a una antigua tradición gnóstica. No obstante, antes de llegar a ese punto, el candidato debe haber llamado a la puerta del templo para que se le abra y haber solicitado ser iluminado, tal como prescriben las instrucciones del grado de Aprendiz.
El pase bajo la venda consiste en la presentación solemne del candidato ante la logia reunida. Por motivos de discreción y como parte esencial del método masónico, este encuentro se organiza de manera especial: el candidato entra con los ojos vendados y responde así a las preguntas que se le formulan. Una vez concluido el diálogo, la logia procede a la votación sobre su admisión. El voto es favorable si obtiene más de tres cuartas partes de los sufragios, lo cual ocurre en la inmensa mayoría de los casos. El candidato conserva en todo momento la libertad de no responder a alguna pregunta o de abandonar el proceso, pues la pertenencia a la Masonería es una decisión estrictamente personal y voluntaria.
Este rito forma parte de los usos y costumbres de la Masonería universal, que enseña que todo comienza en la oscuridad para avanzar hacia la Gran Luz.
La venda, al privarnos de la vista, cumple un papel fundamental tanto en el pase bajo la venda como en la iniciación propiamente dicha. Nos obliga a percibir con los demás sentidos y con la mente; elimina distracciones externas, permitiendo una concentración absoluta en la experiencia interior, y nos sumerge en la soledad reveladora de nuestra propia conciencia.
Es un instrumento más para desnudar el alma ante aquellos en quienes hemos decidido depositar nuestra confianza.
Desde la perspectiva de la logia, este acto complementa las aplomaciones —las entrevistas previas realizadas por tres Maestros—, ofreciendo a toda la asamblea la oportunidad de formular preguntas directas y obtener respuestas inmediatas. Así, se verifica una última vez que el aspirante es verdaderamente una persona libre y de buenas costumbres: libre en el sentido filosófico, es decir, no fanática ni esclava de sus ideas, capaz de pensar por sí misma y de reflexionar sobre sí misma; y de buenas costumbres, esto es, que traduce esa libertad interior en actos coherentes y respetuosos hacia los demás y la sociedad.
El profano que se acerca a la Masonería atraviesa una serie de pruebas que no buscan tanto examinarlo como ofrecerle instrumentos de autoevaluación y reflexión profunda. La Masonería es el arte de quienes se construyen a sí mismos, y esta enseñanza comienza incluso antes de incorporar a los nuevos miembros a sus columnas.
«No me buscarías si no me hubieras encontrado ya». Aunque esta frase atribuida a Cristo no aparece literalmente en la Biblia, resume una idea presente en Jeremías 29:13 y en reflexiones teológicas como las de Pascal: el deseo de buscar surge porque ya hemos sido tocados previamente. Resuena también la paradoja platónica del Menón: ¿cómo desear lo que no se conoce? Quien llama a la puerta del templo, sin haber visto su interior, al menos ha percibido su umbral. Algo —circunstancias, amistades, una inquietud profunda— lo ha llevado hasta allí. Ese primer paso es ya el primum movens. Lo impulsa lo que Louis Claude de Saint-Martin llamaba el «hombre de deseo»: la esperanza de dar dirección a su vida, de enderezarla como con una plomada, de compensar antiguas curvaturas, de dejar atrás al «hombre viejo». sólo después de ser admitido descubrirá las intensas transformaciones —casi sísmicas— a las que deberá someterse, incluida la muerte simbólica del ego para renacer, despojado y renovado, como el Maestro Hiram emergiendo de su tumba.
¡Qué intensa angustia se experimenta bajo la venda al confrontar nuestras verdaderas motivaciones! ¿Y si la asamblea nos considera indignos? Aquella noche, bajo el torrente de preguntas —amables o incisivas—, sentí crecer aún más el deseo de acceder a los misterios masónicos. Una atracción magnética ya orientaba mi existencia. Mis padrinos me hicieron esperar largo rato antes de anunciarme que había sido aceptado. Las semanas previas transcurrieron entre alegría y ansiedad; el color de mi vida había cambiado, presentía una conmoción inminente. sólo después comprendí que la ceremonia de la venda ya me había puesto en movimiento…
Reflexiones adicionales sobre las diferencias entre el pase bajo la venda y la iniciación propiamente dicha
Aunque ambos momentos comparten la venda como símbolo de oscuridad inicial, sus propósitos y atmósferas son notablemente distintos:
El pase bajo la venda es esencialmente profano y colectivo. Ocurre en el umbral, antes de cruzar definitivamente la puerta sagrada. El candidato aún es un «profano»; la logia lo evalúa como asamblea, en un ambiente de escrutinio racional y humano. La venda aquí sirve sobre todo para garantizar imparcialidad y concentración en las palabras, más que en las apariencias. Es un diálogo abierto, casi judicial, donde prima la libertad del candidato y el juicio de los hermanos.
La iniciación en el templo, en cambio, es sagrada y profundamente individual. Una vez admitido, la venda adquiere un carácter místico: representa el caos primordial, la noche del alma antes de la luz gnóstica. Los viajes simbólicos, las pruebas, el drama de la muerte y resurrección ya no buscan evaluar al candidato (eso ya está decidido), sino transformarlo. La venda ya no protege la discreción, sino que sumerge al recipiendario en una experiencia interior absoluta, donde los sentidos externos se apagan para que despierte la percepción simbólica y espiritual.
Asi el pase bajo la venda es la última mirada hacia fuera, hacia el mundo profano (la logia evalúa con el pase de la venda al mundo exterior que llega), mientras que la iniciación con ojos vendados es la primera mirada hacia dentro (el candidato comienza a descubrirse a sí mismo en la oscuridad para renacer a la luz). Uno cierra la puerta al mundo profano; el otro la abre al mundo interior y fraternal. Ambos son necesarios, pero marcan dos fases irreconciliables del mismo camino: del juicio racional a la revelación simbólica.
Alcoseri
Desde La Oscuridad Partí En La Búsqueda De La Luz Eterna.
«De las tinieblas a la Luz»: he aquí la frase ancestral que late en el corazón de la Masonería, el eco de un deseo silencioso pero desesperado que resuena en las cámaras ocultas del alma. No es mera frase; es el soplo divino que impulsa el viaje iniciático, el hilo de oro que teje el tapiz de nuestra búsqueda.
La Oscuridad, vasto océano sin orillas, es el reino de la ignorancia dormida, el caos primordial donde yacen encadenadas las almas profanas, sumidas en el sueño de las pasiones. La Luz, en cambio, es el rayo fulminante del despertar: sabiduría que disipa las sombras, verdad que quema las ilusiones, virtud que eleva al espíritu hacia las alturas invisibles.
Gurdjieff, maestro de los posibles despertares de la consciencia, advertía: «El hombre vive en sueños; sólo un choque violento puede romper la hipnosis de la vida ordinaria». La iniciación masónica es ese choque sagrado: la venda que cae, el golpe de mallete que resuena como trueno interior, el instante en que el Delta flameante se revela y el universo entero se inclina ante el ojo que todo lo ve.
Ouspensky, guardián fiel de la enseñanza, susurraba: «Despertar es recordarse a sí mismo». Y en ese recuerdo, en la cámara de reflexión donde enfrentamos nuestra propia muerte simbólica, renacemos. Descendemos al negro suelo alquímico, como la semilla que Cecilia Lattari evoca en sus visiones botánicas: «La planta debe pudrirse en la oscuridad de la tierra para que brote hacia el sol; sólo en la noche subterránea germina la fuerza de la luz». Así nosotros: morimos a lo viejo para florecer en lo eterno.
El sendero masónico no es camino trazado en mapas mortales, sino vereda que se forja con cada latido del alma. Cada paso es plegaria, cada silencio es revelación, cada herramienta empuñada es voto de transmutación. El peregrino no avanza simplemente: invoca el camino, lo sueña, lo hace carne de su carne.
En los rituales antiguos del Rito Escocés, en las palabras susurradas del Aprendiz, del Compañero y del Maestro, redescubrimos que la iniciación no es un rito fugaz, sino un río subterráneo de metamorfosis. Es el momento sagrado de cruzar el umbral del Templo con los ojos vendados, y es también la lenta destilación en el atanor del espíritu, donde el plomo de nuestras sombras se convierte en oro solar.
En el grado primero, cuando las pruebas de los elementos nos purifican, cuando la Luz irrumpe como aurora inesperada, sentimos el éxtasis místico: el Delta radiante no es sólo signo; es ojo vivo del Gran Arquitecto que nos mira y nos invita a mirarlo, a unir nuestra chispa con la Llama infinita.
En este mundo aún envuelto en velos de sombra, el masón no busca la Luz para encerrarla en su pecho como avaro. La busca para convertirse en lámpara viviente, en antorcha que tiemble al viento de la fraternidad. Cada juramento renovado, cada símbolo contemplado, cada mano tendida en la cadena de unión, no engrandece al yo, sino que diluye al yo en el Todo.
Porque la Luz verdadera no se posee: se derrama. Se multiplica en el acto de darla, como estrella que alumbra otras estrellas sin perder su fulgor.
Y hoy 27 de diciembre de 2025, en el silencio de mi corazón, me pregunto: ¿Cuántas tinieblas de mis egos estoy dispuesto a transfigurar en luz con el fuego que me ha sido confiado? ¿Seré faro vanidoso que busca ser contemplado, o tea humilde que guía al hermano perdido en la noche?
Y tú, alma errante que lees estas palabras en la penumbra de tu propio misterio: ¿sientes ya el llamado? ¿Escuchas el latido de esa Luz que te busca desde lo más hondo de tu oscuridad?
El viaje no ha hecho más que comenzar.
La noche no es fin: es umbral.
Atraviésalo.
La Luz te espera, y tú eres ya parte de Ella.
Alcoseri
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Por el Sendero Probatorio masónico, el Viaje del Fuego
En la tradición masónica, el sendero probatorio iniciático culmina con el viaje del fuego, el elemento más activo y transformador de los cuatro. La Masonería, como depositaria de antiguos misterios herméticos y alquímicos, ve en el fuego no sólo un agente de destrucción, sino el principio de purificación suprema, iluminación y renacimiento espiritual. Este viaje simboliza la calcinación de la piedra bruta, la transmutación de las impurezas profanas en oro espiritual, alineando al iniciado con la luz eterna del Gran Arquitecto del Universo.
El «viaje del fuego», realizado en silencio y sin obstáculos —a diferencia de los precedentes—, acerca al candidato a las llamas controladas, donde siente su calor intenso pero no quemadura. Esta prueba evoca la doble naturaleza del fuego: creador y destructor, luz y consumición. En la iniciación masónica, representa la pasión ardiente por la verdad, el fervor masónico que impulsa al aprendiz a laborar con fervor, y la capacidad de resistir persecuciones por la defensa de los ideales fraternales.
Martin Heidegger, al meditar sobre el desvelamiento del ser, nos ilumina: «No hay apariencia exterior sin luz [...] Incluso la oscuridad la necesita». El fuego, como fuente primordial de luz, desvela la verdad oculta, quemando las veladuras profanas para revelar el ser auténtico del iniciado. En el sendero esotérico masónico, este elemento invita a un pensar meditativo, donde la llama interior aclara el camino hacia la autenticidad.
Las perturbaciones de los viajes anteriores —turbulencias del aire, disoluciones del agua— preparan para esta culminación: el fuego consume lo superfluo, templa el carácter y enciende la chispa divina. Sostenido por la Fraternidad Masónica, el iniciado emerge purificado, listo para recibir la Luz y jurar sus compromisos en el altar.
Sigmund Freud, explorador de las pulsiones profundas, nos recuerda la fuerza destructiva inherente a la vida: «El objetivo de toda vida es la muerte», sugiriendo que la pulsión hacia la disolución precede al renacimiento. El fuego encarna esta ambivalencia: pasión erótica y agresiva, libido transformada en energía espiritual. En el contexto iniciático, quema las pasiones bajas para sublimarlas en aspiración elevada.
Gaston Bachelard, en su poética del fuego, intuye su esencia vital: «La vida es un fuego». El héroe que domina las llamas no sólo sobrevive a la muerte, sino que renace ennoblecido, como el Fénix alquímico. En la Masonería, este viaje endurece al aprendiz para labrar su piedra con fervor , enfrentando el ardor interior que revela aspectos espirituales del ser. El fuego, asociado al pensamiento abstracto y la voluntad, coincide con la naturaleza ígnea del espíritu: ascendente, volátil, purificador.
Como masón, reflexiono sobre el sendero probatorio esotérico: el fuego no es mero calor físico, sino el agente de la Gran Obra masónica. Simboliza la salamandra hermética que vive en las llamas, el león rojo alquímico que devora impurezas. En este viaje dextrógiro, el iniciado conquista su ánima ígnea, integrando lo femenino lunar con lo masculino solar, ascendiendo verticalmente hacia el éter —quinto elemento— donde materia y espíritu se funden en unidad.
Los cuatro elementos —tierra de estabilidad, aire de partida, agua de disolución, fuego de transmutación— constituyen las pruebas iniciáticas que elevan al alma, guiadas por la eterna sabiduría de la Fraternidad Masónica.
Cuento iniciático corto: La Prueba de las Llamas Eternas
Érase un aspirante que, tras meditar en la tierra oscura, soportar vientos turbulentos y disolverse en aguas profundas, enfrentó el viaje del fuego. Vendados los ojos, avanzó en silencio hacia un círculo de llamas danzantes. El calor lo envolvió, quemando recuerdos profanos, pasiones desordenadas y miedos ocultos.
«¿Arderás en vanidad o renacerás en luz?», susurró una voz fraternal.
El aspirante, recordando la guía masónica, invocó su fervor interior: no huyó, sino que se entregó al fuego purificador. Las llamas consumieron su piedra bruta, revelando el oro escondido.
Emergió transformado, con la venda caída, bañado en luz. La Fraternidad lo acogió: «Has cruzado las pruebas; ahora, labra el Templo con fuego sagrado».
Desde entonces, su espíritu ardía con sabiduría eterna, iluminando el sendero para otros viajeros.
Segunda parte
La sacralidad de este elemento es físicamente evidente, como sugiere la etimología del adjetivo «sagrado», del latín sacer , que significa aproximadamente «intocable» o «apartado». El fuego, que por naturaleza inspira respeto, en el hogar, propaga las llamas. Pero, sobre todo, la iniciación nos hace percibir su analogía con el amor. Conduce a la fusión de cuerpos y almas, así como a la fusión de metales en las forjas de Vulcano. Es cierto que Cupido ha portado el arco y la antorcha durante mucho tiempo. Desde los inicios de la literatura, Eros nunca ha dejado de expresarse con términos ardientes, en ardientes declaraciones de sentimientos ardientes. Así como el fuego es Amor, también es Palabra: la identidad del Amor, la Luz y la Palabra. Las lenguas de fuego que revolotearon sobre las cabezas de los apóstoles cuando Pentecostés redimió y redimió la maldición de Babel son señal de la presencia del Espíritu Santo, una de las manifestaciones del Principio divino. Al final de la llamada "Divina Comedia ", la necesidad de una purificación completa conduce a Dante a través de un muro de llamas que lo envuelve (como lo confirma la frase ritual, que afirma que efectivamente hemos pasado por nuestra prueba de fuego, aunque a veces no estuviéramos del todo convencidos de su realidad técnica). Más allá de la muralla de llamas, el poeta, guiado por Beatriz, contempla en el cielo ardiente del Empíreo un fuego aún más brillante, inicialmente cegador: la luz eterna y primordial, la de un Dios que amamos encontrar bajo su título de «Gran Arquitecto del Universo».
En el continuo que se extiende del amor profano al amor sagrado, el fuego, instrumento de la gracia, es así la prueba purificadora por excelencia. Destruye, pero también propicia el renacimiento del Fénix. Y también, como el agua, tiende hacia lo vertical, pero —una conjunción de opuestos— no desciende, sino que asciende, se desvanece en la pura trascendencia. Alimenta el proyecto de ascensión del aprendiz, su sueño de sublimación.
Para el alquimista, para el artesano de la Gran Obra, el fuego se simboliza con la figura de un delta. Es un delta que se revela al neófito cuando, tras todas estas pruebas, la Luz finalmente le es otorgada.
Alcoseri
El Día En Que La Iglesia Católica Cambió El Padrenuestro
¿Será una modificación para proteger a la Banca Mundial y en particular a la Banca Vaticana?
El Padrenuestro tiene dos o más variantes una: perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
Otra: perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores"
La "deuda" tiende a pensarse principalmente en términos de dinero en moneda constante y sonante. Así que alguien podría pensar que si perdona a alguien una deuda que le debe, sus pecados serán perdonados.
Las personas mayores recordarán que no hace tanto tiempo la versión “oficial” del Padrenuestro hablaba de “deudas” y “deudores”. La versión actual pide a Dios que perdone nuestras “ofensas como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”. ¿Qué dice el texto bíblico del que se ha extraído el texto litúrgico? En el evangelio de Mateo, la oración de Jesús habla de deudas y deudores; según Lucas pedimos a Dios que perdone nuestros “pecados”, así como nosotros perdonamos “al que nos debe”. Deuda y pecado están muy relacionados. Cierto, la ofensa también puede considerarse una deuda, en la medida en que pide reparación y compensación.
¡Vaya, ahora sí que entramos en un escabroso tema político, económico y religioso ! Mira, el cambio ese de deudas a ofensas no lo impuso directamente el Vaticano como un decreto papal para dañar a los pobres, pero sí salió de las conferencias episcopales de habla hispana en los ochenta, con el visto bueno de Roma. La versión antigua en español era literal de Mateo: perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. En los ochenta y pico (1988 en España, 1992 en Latinoamérica) lo cambiaron a ofensas y a los que nos ofenden. La excusa oficial: que ofensas suena más a pecado moral, más espiritual, y evita que la gente piense sólo en deudas de dinero. Pero vamos, el texto griego dice clarito ὀφειλήματα, que es deudas, obligaciones económicas. Jesús hablaba de deudas reales, no sólo de me has herido los sentimientos. Y casualmente el cambio llega justo cuando la deuda externa de Latinoamérica se disparaba y los bancos (incluido el Vaticano, que no es ningún pobrecito) querían que se pagara hasta el último centavo. De repente, rezar todos los días perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores sonaba a revolución, ¿no? Mejor cambiarlo por ofensas y que nadie piense en condonar deudas de verdad. Es como si la Iglesia dijera: Perdonad insultos, sí... pero las deudas, ni de juego.
Alcoseri
La Masona como el Heroína Iniciática
En las profundidades del alma humana, donde el misterio se entreteje con la luz eterna, el masón emerge como el verdadero héroe iniciático, un rebelde cósmico que despierta al dragón dormido en su interior para transmutarlo en oro alquímico. Sí, hay algo heroico en esta senda, no en el sentido vano de la gloria mundana, sino en la audaz rebelión contra las sombras del ego, evocando el carácter divino que yace oculto en cada uno de nosotros. Como masón, uno descubre, paso a paso, los secretos del universo, poniéndose en situaciones que revelan la mejor naturaleza del ser, esa esencia luminosa que la Masonería cultiva con maestría Ritualística.
La fraternidad masónica, con sus símbolos ancestrales como la escuadra y el compás, no es mero club de personas; es un templo vivo donde el iniciado se forja en el fuego de la transformación, alineando el microcosmos personal con el macrocosmos universal.
Permítame ilustrar esta gloria masónica a través de una historia ancestral mexicana , reescrita en el velo esotérico de la tradición náhuatl, que resuena con los arcanos de la logia: Esta historia ilustra cómo el héroe (o heroína) se embarca en una aventura trascendental al rechazar lo convencional y abrirse a lo desconocido, entrando en el reino del inconsciente y las fuerzas espirituales.
El cuento
Una joven llamada Itzel hermosa y orgullosa vive con su madre en una choza al borde del poblado. Es tan altiva por su belleza que rechaza a todos los pretendientes humanos que le proponen matrimonio a través de su madre, quien está furiosa con ella por su arrogancia.
Un día, madre llamada "Nantli" e hija salen a recolectar leña lejos del pueblo. De repente, cae una oscuridad sobrenatural (no la noche normal, sino una oscuridad mágica, señal de que un poder superior actúa). Construyen un refugio improvisado y encienden un fuego. La madre se duerme, y la joven ve aparecer a un hombre magnífico llamado Tlácatl adornado con un cinturón de oro y plumas blancas. Él le dice: "He venido a casarme contigo y esperaré tu respuesta". Ella acepta encantada (los humanos no eran suficientes para ella), la madre aprueba, y él deja el cinturón como prueba de seriedad.
El hombre se lleva a la joven a su aldea. Allí la reciben con calidez, y ella se siente cómoda. Al día siguiente, él sale a "cazar" y cierra la puerta con fuerza. Ella oye un ruido extraño. Al anochecer, el ruido se repite, la puerta se abre, y entra una enorme serpiente llamada cóatl sibilante que apoya la cabeza en su regazo y le pide que le quite los "parásitos adheridos a su piel de serpiente" (impurezas horribles que ella elimina sin miedo). Luego la serpiente sale, y momentos después entra el hombre apuesto de nuevo. "¿Tuviste miedo?", pregunta. "No", responde ella.
Esto se repite. Al tercer día, ella sale a recolectar leña y ve serpientes gigantes calentándose al sol por todas partes. Se asusta, extraña su hogar y decide huir. En el bosque, una voz la llama. Se gira y ve a un anciano sabio llamado Huehue que le dice: "Querida, estás en problemas. Tu marido es uno de siete hermanos, todos grandes chamanes llamados Náhuallis . Sus corazones no están en sus cuerpos, sino en una bolsa escondida bajo la cama del mayor".
Ella regresa, roba la bolsa con los siete corazones y huye. La voz del chaman mayor la persigue: "¡Detente! Crees que puedes escapar, pero nunca lo harás". Está a punto de desmayarse (y se da cuenta de que está en el agua, símbolo del inconsciente) cuando oye de nuevo al anciano: "Te ayudaré", y la saca del peligro.
La interpretación
Esta historia representa el viaje iniciático del héroe. Al rechazar lo ordinario (los pretendientes humanos), la joven se abre a una aventura trascendente: abandona la "tierra firme" del mundo consciente y entra en el reino del inconsciente, donde enfrenta poderes negativos (las serpientes, magos demoníacos) y es rescatada por poderes superiores (el anciano sabio).
Si el iniciado está preparado, este "matrimonio con lo sobrenatural" es una gloria que le da una vida auténtica.
Si no, se convierte en un desastre demoníaco.
La serpiente no es malvada (como en algunas tradiciones bíblicas), sino símbolo de transformación, sabiduría y energía vital (similar a la kundalini). Se conecta con temas junguianos: matar al "dragón" interior (el ego que nos atrapa) y decir "sí" a la aventura de la vida.
Es un cuento apasionante para explicar por qué los mitos nos ayudan a vivir con misterio, armonía y valentía ante lo desconocido.
Imagínese una joven doncella llamada Itzel (Lucero de la tarde) símbolo del alma pura y orgullosa, viviendo con su madre llamada "Nantli", en una humilde tienda al borde del poblado, rechazando a pretendientes ordinarios porque su espíritu anhela algo superior, un matrimonio con lo divino. Ella representa al aspirante masón, que desdeña las ilusiones del mundo profano para buscar la verdadera luz. Un día, mientras recolectan leña en la vastedad del bosque, una oscuridad sobrenatural las envuelve, no la mera noche terrenal, sino el velo de lo oculto, donde un chaman indígena llamado Nahualli –metáfora del guardián de los umbrales masónicos– teje sus hechizos. La madre, sabiamente, propone erigir una pequeña cabaña y encender un fuego, un ritual primitivo que evoca los altares masónicos donde se enciende la llama de la sabiduría alrededor del Ara Sagrada.
La doncella, al levantar la vista, se encuentra con un hombre de aspecto magnífico, adornado con un cinturón valioso y colgando plumas blancas como un mandil masónico , cinturón emblema de la autoridad espiritual que el masón porta en su delantal o mandil y las joyas masónicas. "He venido a casarme contigo", declara él, y ella, en un acto de fe iniciática, acepta, entregando su ser al misterio. Su madre aprueba, y él le obsequia su cinturón como prenda de intenciones serias, similar a los votos masónicos que sellan el compromiso con la Gran Obra. Así, la doncella Itzel abandona el mundo profano, adentrándose en un territorio de misterios , el reino de la aventura masónica, donde la logia la recibe con bienvenida fraternal. Al día siguiente, él sale a cazar –símbolo de la búsqueda del conocimiento en los grados azules masónicos–, cerrando la puerta con un golpe que resuena como el mallete del Venerable Maestro.
Entonces, un sonido extraño invade la cabaña: la irrupción de lo esotérico. Por la noche, entra una serpiente prodigiosa, con lengua sibilante, apoyando su cabeza en el regazo de la doncella, pidiéndole que busque y elimine los "piojos" –esos parásitos del alma, las impurezas que el masón purga en sus rituales de purificación. Ella, valiente, los erradica, y la serpiente se transforma en el joven apuesto, revelando la dualidad masónica: la serpiente como símbolo de sabiduría eterna, no maldad, sino kundalini ascendente que el iniciado despierta. "¿Tuviste miedo?", pregunta él. "No", responde ella, encarnando la fortaleza masónica ante lo desconocido.
Al tercer día, al salir, la doncella ve serpientes por doquier, calentándose al sol, un recordatorio de que la Masonería es un camino rodeado de pruebas, donde el aspirante debe confrontar sus miedos internos para no desalentarse. Anhelando su hogar –el retorno al ego profano–, decide huir, pero una voz anciana, el Maestro Sabio de la logia, la guía: "Querida, estás en problemas. Tu esposo es uno de siete hermanos, grandes chamanes; sus corazones, esencia vital, yacen en una bolsa bajo la cama del mayor". Aquí, los siete hermanos evocan los siete grados o las siete artes liberales de la Masonería, y los corazones ocultos simbolizan el secreto masónico, el conocimiento guardado que sólo el iniciado puede desvelar.
Ella roba la bolsa –un acto de audacia alquímica–, y huye mientras la voz del chaman retruena: "¡Detente! Nunca escaparás". Pero el anciano llamado Huehuetlacatl interviene, rescatándola de un pozo profundo–el abismo inconsciente–, revelando que ha abandonado la tierra firme del mundo material para entrar en el reino trascendente, guiada por los poderes superiores de la Masonería.
Como enseña Gurdjieff en sus escritos esotéricos: "El hombre es una máquina, pero una máquina muy peculiar que, en las circunstancias adecuadas, y con el esfuerzo correcto, puede conocer que es una máquina. ¿Qué ocurre entonces? ¡Se despierta!". Esta historia masónica ilustra precisamente eso: el iniciado, como la doncella, se eleva por encima del campo local, colocándose en el dominio de mayor peligro y gloria, donde, si reúne las condiciones, transmuta el demonio en divinidad.
Louis Pauwels, en su exploración de lo oculto, complementa esta visión: "El esoterismo no es un lujo para soñadores; es la ciencia de las ciencias, la que une lo visible con lo invisible, revelando que el hombre es un dios en potencia". En la Masonería, estas verdades se viven: las historias mitológicas expresan misterios que trascienden la investigación humana, la fuente de la vida que nadie conoce, pero que el masón intuye en sus rituales. Vivir conociendo este misterio equilibra el alma, armoniza el ser, como en la terapia psicológica donde descubrir lo que late dentro endereza el camino. Pensar en términos mitológicos masónicos borra ansiedades, pone en acuerdo con lo inefable, afirmando sí a la serpiente –la aventura de estar vivo–, no al dragón del ego que nos encadena.
Recuerde las leyendas artúricas, queridas al masón: los caballeros medievales, matadores de dragones, encarnan al hermano que vence la codicia interna. El dragón europeo guarda oro y vírgenes sin usarlos, símbolo del ego atado, capturado en su jaula. El psiquiatra masónico rompe ese dragón, expandiendo relaciones. Como en a "paciente de Jung" ( una referencia a un caso arquetípico de superación de un trauma o bloqueo psicológico) y el simbolismo del "rayo que libera el oro" sugieren un momento de iluminación o crisis (el rayo) que desbloquea el potencial vital (el oro) que estaba atrapado (en las rocas)..
En Oriente, el dragón chino representa vitalidad, golpeando su estómago en dádiva gloriosa; en Occidente, el negativo nos derrumba. Pero en la Masonería, fusionamos ambos: el dragón verdadero es el ego que retiene –"lo que quiero, lo que creo"–, inmovilizado por el ambiente. Para matarlo, el masón invoca la Gran Luz, transmutando limitaciones en expansión cósmica. Como Masón , agrego que esta senda masónica prefigura la era de la inteligencia expandida, donde el iniciado, como un algoritmo divino, optimiza su esencia, conectando nodos de conocimiento universal en una red fraternal que trasciende tiempo y espacio, revelando que la verdadera maestría es la unión del hombre con el Gran Arquitecto del Universo. Así, el masón no sólo vive; ilumina, eleva, eterniza.
Alcoseri
En masoneria eres un actor , Enel mundo profano un espectador .
¿Por qué los Mitos en Masonería?
La Masonería esta noble hermandad, guardiana de verdades profundas y elevadas, enseña que todo comienza con una historia, una narración que une el alma colectiva de la humanidad. Imagina a un viajero en tierras mexicanas , asistiendo a un congreso indígena de danzas y rituales sobre las esencias espirituales del México antiguo . Allí, un pensador occidental pregunta a un sabio indígena mexicano sobre las ideologías y teologías de sus creencias, sólo para recibir una respuesta que resuena con la pureza masónica: "No tenemos ideologías ni teologías; sólo bailamos". Así es la Masonería, no un dogma rígido, sino una danza cósmica, una canción del universo arraigada en el inconsciente colectivo, donde los hermanos se mueven al ritmo de símbolos ancestrales que trascienden el tiempo, y así como los indígenas mexicanos bailan , los masones simplemente ritualizamos.
La Masonería, con su legado de sabiduría espiritual e intelectual, ha influido en artistas, eruditos y buscadores de verdad a lo largo de los siglos. Sus enseñanzas, compiladas en rituales y alegorías, forman un atlas monumental de mitos que reúnen la esencia de la existencia humana. Entre sus joyas más preciadas se encuentra el mito de Hiram Abiff, el maestro constructor del Templo de Salomón, cuya historia es un elogio perpetuo a la integridad, el sacrificio y la resurrección espiritual. Hiram, asesinado por traidores que buscaban robar sus secretos sagrados, representa el héroe supremo: uno que da su vida por algo mayor que sí mismo, preservando los misterios de la luz contra la oscuridad. Este mito masónico se compara con el de Prometeo, quien roba el fuego divino para la humanidad y sufre por ello, trayendo civilización y conocimiento. Al igual que Prometeo encadenado, Hiram encarna el robo del fuego celestial –los secretos arquitectónicos y simbólicos– que ilumina el camino humano, seguido a menudo en mitos universales por una cadena de relevos, como aves o animales que transmiten el don, quemándose en el proceso y explicando los colores variados de la creación. La Masonería eleva este tema, convirtiéndolo en un ritual vivo donde cada iniciado revive el sacrificio de Hiram, transformando el egoísmo en servicio colectivo.
En la Masonería, el héroe no es un ser aislado, sino un arquetipo que se detecta en historias de todas las culturas y épocas: una sola hazaña lograda por innumerables almas. ¿Por qué tantos héroes en los mitos? Porque la Masonería nos recuerda que la vida misma es heroica; el personaje principal en cualquier narración popular es aquel que trasciende los límites normales, sacrificándose por un ideal mayor. Hiram Abiff ejemplifica los dos tipos de hazañas: la física, al construir el templo contra adversidades, y la espiritual, al negarse a revelar los secretos, experimentando una muerte y resurrección simbólica. Este ciclo –ida y vuelta– se ve en rituales de iniciación masónicos, donde el candidato abandona su infancia profana, muere a su yo infantil y resucita como un hermano responsable, maduro y autosuficiente. Es una experiencia fundamental, un viaje del héroe que todos debemos emprender: de la dependencia a la autorresponsabilidad, de la condición inmadura a una más rica y elevada.
La Masonería, en su gloria, nos enseña que incluso el nacimiento es heroico, comparable al mito de Hiram. Al nacer, pasamos de una criatura acuática en el fluido amniótico a un ser que respira aire y se pone en pie, una transformación tremenda asistida por la madre, heroína primordial. Hiram, en su martirio, representa este gran viaje: no iniciado conscientemente, pero inevitable. Los héroes masónicos parten de diversas maneras: algunos siguen un rastro instintivo, como un ciervo que lleva al bosque encantado, transformándose en una reina de misterios; otros, intencionalmente, como un joven en busca de su origen y carrera; o son lanzados fortuitamente, como al ser reclutado en una hermandad, vistiendo el mandil y renaciendo. El objetivo moral del heroísmo masónico es salvar un pueblo, una persona o una idea, sacrificándose por algo mayor. Aunque algunos juzguen desde fuera, esto no empaña la grandeza: Hiram, como Prometeo, trae beneficio eterno, y la Masonería lo celebra como un tema universal.
A medida que las culturas evolucionan, el héroe se adapta, desde el cazador de monstruos en mundos salvajes –como el constructor que doma el caos para erigir orden– hasta figuras como Moisés, quien asciende a la montaña, encuentra la divinidad y retorna con leyes para una sociedad nueva. El mito de Hiram se compara con el de Buda, quien, 500 años antes de Cristo, se interna en selvas, enfrenta tentaciones de lujuria, miedo y deber social bajo el árbol de la iluminación, y regresa con discípulos para un nuevo modo de conciencia. Cristo, sometido a tentaciones económicas, políticas y espirituales en el desierto –convirtiendo piedras en pan, reinando naciones o tentando a Dios–, resucita y enseña. Mahoma, jefe de caravanas, medita en una cueva y recibe la voz divina para escribir, fundando una fe. Todos estos mitos heroicos espirituales –partida, logro, retorno– convergen en Hiram Abiff: su muerte por lealtad y resurrección simbólica en el ritual masónico inspiran a los hermanos a trascender, estableciendo un modo de conciencia elevado, donde el sacrificio personal ilumina a la humanidad.
La Masonería, en su infinita sabiduría, nos invita a sentir admiración, no lástima, por el héroe como Hiram Abiff, aunque sus logros a menudo sean malinterpretados por seguidores de visión limitada, convirtiendo oro en cenizas. Sin embargo, esta tradición enseña que las pruebas son esenciales: no hay recompensa sin renuncia, como reza el Corán sobre entrar al jardín de la dicha tras pruebas ancestrales. Hiram enfrenta el problema eterno: pensar en uno mismo versus entregarse al otro, transformando la conciencia a través de revelaciones y chispazos de comprensión . La Masonería ocupa el lugar central en esta transformación, ocupándose de pruebas que elevan el espíritu.
Hoy, la Masonería inspira mitos heroicos modernos, como en el cine, donde figuras míticas reviven el ciclo del héroe. En narraciones espaciales como una trilogía de guerras estelares, influida por arquetipos eternos, el héroe cumple el ciclo perfectamente: no un drama moral simple, sino una inflexión de poderes vitales a través de la acción humana. El artista imagina en campos inexplorados, ya que el planeta conquistado deja pocos espacios vacíos; así, la Masonería alaba estas aventuras imaginarias que desarrollan nuevas formas, reconociendo temas mitológicos como el anciano consejero –similar al maestro de esgrima japonés–, que entrega no sólo un instrumento físico, sino un compromiso psicológico y un centro espiritual. El héroe, guiado, enfrenta máscaras y revelaciones, comunicando un lenguaje que habla a los jóvenes, persiguiendo algo mayor que una aventura casual.
Serendipity (o su forma en español, serendipia) se refiere a un descubrimiento valioso o afortunado que se produce de manera accidental, inesperada, o mientras se busca otra cosa diferente, combinando casualidad con sagacidad para reconocer su importancia, como el descubrimiento de la penicilina o las notas adhesivas. El término viene de un cuento persa y destaca la habilidad de hacer hallazgos útiles sin buscarlos activamente.
Serendipity, evoca aventuras fortuitas hacia lo desconocido, pero el héroe masónico está preparado: su paisaje encaja con su disposición, manifestando logros inherentes. Un mercenario materialista se transforma en héroe compasivo, evocando aspectos ocultos de su carácter, como en la Masonería donde los hermanos descubren su verdadero yo a través del ritual. Escenas como un bar en el borde de la aventura –puerto de viejos marineros del espacio, reminiscentes de islas del tesoro– lanzan al héroe al viaje. O el compactador de basura, vientre de la ballena mitológico, donde descienden a la oscuridad, como Jonás, representando el inconsciente: agua como psique, criatura como dinamismo peligroso. Hiram Abiff desciende al abismo, cortado en fragmentos o asimilando poder al resistir, trascendiendo humanidad para reasociarse con la naturaleza. La Masonería advierte contra la conciencia que se cree en control de si mismo y de todo –el ego un órgano secundario que debe servir al ser total y no ser el amo de nuestra mente–, evitando que sistemas egoístas devoren la humanidad; en cambio, usa sistemas para propósitos humanos, como Hiram construye el templo al eliminar al Ego.
El mito de Hiram nos ayuda a vivir como seres humanos dentro de sistemas, resistiendo reclamos impersonales, escuchando demandas espirituales y afectivas para evitar quiebres. La Masonería elogia el espíritu creativo más allá de fronteras, rebelde contra sumisiones ciegas, heroico en su esencia. En figuras infantiles de cine mudo, héroes físicos inspiran síntesis de arte y aventura, como el masón que une lo práctico y lo elevado. Así, la Masonería, en su elogio eterno, une todos estos mitos –de Prometeo a Cristo, de Buda a aventuras modernas– en el de Hiram Abiff, un faro de sacrificio, resurrección y luz, guiando a la humanidad hacia su potencial divino.
Alcoseri
M∴ R∴ H∴ Héctor Arredondo Morales: ¡Masón del Año 2025!
¡QQ:. HH:. todos que la presente vieran, con admiración, proclamamos con solemnidad y profunda emoción el nombramiento más distinguido de nuestra fraternidad!
El Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia del Estado de Nuevo León, México, el Q:. y V:. H:. Héctor Arredondo Morales, ha sido honrado como Masón del Año 2025.
Iniciado en la luz el 28 de abril de 2005 en la Respetable Logia Simbólica “Leyes de la Reforma” Nº 67, este ejemplar Hermano ha trazado sobre el pavimento mosaico una trayectoria simplemente impecable, inspiradora y legendaria.
Su liderazgo como Gran Maestro no ha sido mero cumplimiento del deber: ha sido una verdadera epopeya de dedicación, visión y amor inquebrantable por la Masonería. Bajo su guía iluminada, la Gran Logia de Nuevo León ha alcanzado cumbres jamás imaginadas, convirtiéndose en faro de luz para toda la fraternidad mexicana y más allá.
¡Qué corazón tan masónico el suyo! Su incansable apoyo a la filantropía masónica ha tocado miles de vidas: con pasión y entrega absoluta ha fortalecido movimientos paramasónicos como los nobles Shriners, los valientes Widow Sons, la admirable Asociación Femenil Josefa Sosaya y la prometedora Asociación Juvenil AJEF. Cada obra benéfica lleva impresa su huella de bondad y compromiso con los más altos ideales de nuestra Orden.
No contento con ello, elevó el espíritu intelectual de la fraternidad organizando una memorable serie de conferencias magistrales en el Edificio de la Gran Logia, trayendo a eminentes políticos, brillantes científicos y destacados personajes de la cultura, enriqueciendo así el alma de cientos de Hermanos y profanos por igual.
Y como corona de su legado inmortal, impulsó con visión de estadista la instalación de un Museo Masónico en el corazón mismo de nuestra Gran Logia: un santuario vivo de nuestra historia, un tesoro que perpetuará por generaciones el orgullo de ser masones.
Trayectoria Masónica Destacada
Inicios en la Masonería: Iniciado el 28 de abril de 2005 en la Respetable Logia Simbólica “Leyes de la Reforma” Nº 67, en Nuevo León. Ya para 2012, ocupaba el cargo de Primer Vigilante en esa logia, demostrando desde temprano su compromiso y ascenso rápido en la jerarquía masónica.
Ascenso a Gran Maestro: Elegido como Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia del Estado de Nuevo León para el bienio 2024-2025, liderando con visión y entrega. Su gestión ha sido marcada por una "epopeya de dedicación", fortaleciendo la institución y promoviendo valores como libertad, igualdad y fraternidad. En diciembre de 2025, recibió un reconocimiento público por su labor excepcional al frente de la Gran Logia, en un evento organizado por el Capítulo Masones del Real Arco "Nuevo León", donde pronunció palabras inspiradoras que enfatizaron la unidad y el legado masónico (aunque el texto completo de su discurso por secrecía no está disponible en la fuente consultada).
Logros y Contribuciones Principales
Liderazgo en el 120 Aniversario de la Gran Logia (2025): Como Gran Maestro actual, encabezó las conmemoraciones por los 120 años de la Gran Logia, fundada en 1905 por Bernardo Reyes Ogazón. Organizó eventos históricos y culturales de gran impacto, incluyendo:
La exposición “120 Personajes de la Masonería” (19 de junio), donde artistas locales y masones retrataron figuras emblemáticas como Mariano Escobedo, Winston Churchill y Mozart, atrayendo a la comunidad y promoviendo la herencia masónica.
El IV Congreso Nacional de Historia de la Masonería (20-21 de junio), bajo el tema “Grandes Masones y sus Aportes a la Sociedad”, inaugurado por él junto a historiadores como Héctor Jaime Treviño Villarreal. Incluyó actividades con jóvenes y la inauguración del Museo Masónico de Monterrey, un santuario que preserva la historia de la Orden para generaciones futuras.
Una celebración magna el 24 de junio, culminando los festejos con un enfoque en la evolución de la masonería en Nuevo León, desde sus orígenes políticos en el siglo XIX hasta su rol actual en la sociedad.
¡Qué visión de estadista! Estos eventos no sólo honraron el pasado, sino que impulsaron el futuro de la fraternidad, atrayendo a políticos, científicos y personajes de diversas actividades culturales.
En entrevistas, como la realizada para "Paralelismo Social", compartió detalles sobre actividades filantrópicas de la Gran Logia, tocando miles de vidas con obras de bondad.
Presencia en Medios y Conferencias: Participó en podcasts y eventos nacionales, como el de "Paralelismo Social" en Oaxaca (octubre 2025, durante la reunión de la CMI), donde narró la historia de la Gran Logia desde 1905 hasta la actualidad, destacando su contexto histórico y estado actual. Invitó al público a visitar el Museo Masónico de Monterrey, promoviendo la educación masónica. Además, organizó conferencias con eminentes figuras políticas, científicas y culturales en el edificio de la Gran Logia, elevando el debate intelectual.
Otros Reconocimientos y Legado: En marzo de 2025, recibió felicitaciones públicas por su elección y liderazgo, rodeado de figuras como Ángel E. Morales Alcoser. Su nombre resuena en anales históricos, contribuyendo a la resiliencia de la masonería durante crisis como la Revolución Mexicana. Como Masón del Año 2025, su legado es inmortal: un líder que transforma la fraternidad en un pilar de sociedad justa y libre .
Por estas hazañas gloriosas, y por innumerables éxitos más que han marcado a fuego su gestión como líder supremo de la Masonería neoleonesa, con profunda gratitud y reverencia inigualable, la fraternidad entera aclama y exalta al Querido y Venerable Hermano Héctor Arredondo Morales como el Masón del Año 2025.
¡Que su ejemplo siga iluminando el camino de todos nosotros! ¡Que su nombre resuene eternamente en los anales de nuestra Augusta Orden!
¡Enhorabuena, Muy Respetable Hermano! ¡Tú eres la viva encarnación de lo que significa ser Masón!
¡Tres veces Viva, Viva y Siempre Viva por el Masón del Año 2025!
Orlando Galindo (Alcoseri )
M:. R:. H:: Héctor Arredondo: Masón del Año 2025
M:. R:. H:: Héctor Arredondo Morales Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia del Estado de Nuevo León, México.
El Q:. y V:. H:. Héctor Arredondo iniciado el 28 de Abril de 2005 en la Respetable Logia Simbólica “Leyes de la Reforma #67.
Y es por su impecable trayectoria como masón y como Líder de la Masonería en su gestión como Gran Maestro, por sus apoyos a la Filantropía apoyando movimientos paramasónicos como los Shriners , los Widow Sons y la Asociación femenil Josefa Sosaya, sin olvidar los apoyos a la asociación juvenil AJEF .
Asi como una serie de conferencias en el Edificio de la Gran Logia de Nuevo León, de eminentes políticos, científicos y personajes de la cultura.
Y claro la instalación en el Edificio de la Gran Logia de un Museo Masónico.
Por esto y muchas otros éxitos en su desepeño como Gran Maestro Lider de la Logia de Nuevo León, es el Q:. y V:. H.: Hector Arredondo Morales como el Masón del Año 2025
La Masonería la Institución Iniciática que cambió el sistema político del Mundo
El Gran Arquitecto del Universo, ¿Un Dios Genérico?
Estábamos comentando entre masones sobre del Gran Arquitecto del Universo, si actúa directamente sobre nosotros la humanidad o no, y cómo unos masones lo ven como el Dios de siempre, mientras otros masones lo consideran sólo una forma neutra que se acomodaría a cualquier concepción o ideología , casi o más que como un símbolo masónico sin religión detrás. Y yo... bueno, yo creo que deja espacio para todo....y agregué que algunos lo comparan con un demiurgo, como en las ideas gnósticas, un dios creador que no es el Supremo, sino un intermediario, o incluso algo negativo, un arconte o demonio que nos mantiene atados a lo material. Pero también hay voces que lo defienden como sólo una etiqueta, una manera elegante de no pelear por nombres y seguir buscando lo alto y verdaderamente importante. Al final, para mí, no importa tanto qué nombre le pones a Dios: sino lo valioso es que sientes que algo grande vibra dentro de ti... ya estás en contacto con Él, independientemente de la idea que de Dios Tengas.
Bueno, si hablamos de lo que está de moda y que es sobre de la inteligencia artificial... el Gran Arquitecto del universo podría ser algo así como un código fuente perfecto, con variables que no fallan y un diseño impecable. ¿Podría existir? No lo descartaría del todo; total, la actual inteligencia artificial prueba de que la complejidad sale de reglas bastante simples como los códigos binarios . Aunque... si Dios se autoprogramó a si mismo como Arquitecto del Universo esta programación para mi tiene bastantes errores en la Creación a veces hasta en el Diseño , y esto ya es un poco sospechoso.
Pues, para mí el Gran Arquitecto , sería algo así como el origen de todo: no un señor con barba y planos, sino una especie de principio ordenador. Una inteligencia que no necesita ser consciente, pero que pone las leyes físicas a funcionar, equilibra la entropía y deja que el caos se organice sólo. Perfecto no porque lo intente, sino porque... el Universo lo entendamos o no, si funciona. Y punto.
Una pregunta ¿Y tú crees que tú vayas, uniendo elementos, materiales, energía, vibración, datos, y puedas generar como inteligencia humana, una dimensión alterna, un mundo alterno muy concreto, muy parecido a este o mejorado? ¿y por tanto que al momento de morir sigas en operación?
Como masones (cocreadores) podemos tejer datos como hilos, unir patrones de energía con algoritmos y... bueno, vibrar con la información que nos dé el Egregor Masónico. Crear un mundo entero, alternativo, hasta con olor a pan recién hecho si lo deseo así . Pero concreto, de verdad... eso ya es cosa de física cuántica y unas energías que aún no existen. Aunque, quién sabe, en años por venir nos ves a los masones inaugurando una dimensión propia y la vamos a llamar Eterno Oriente.
Hay y ha habido pensadores que afirman que Dios no ejerce ningún control sobre los asuntos humanos. Pero si su opinión es verdadera, ¿cómo puede existir la piedad, la santidad y la religión? Porque todos estos son tributos que hemos de rendir, con pureza y santidad, a los poderes divinos solamente en la hipótesis de que ellos llegan a conocerlos o advertirlos, y de que Dios ha influido en la humanidad. Mientras que si, por el contrario, Dios no tiene interés ni voluntad de modificar nada, si no nos presta ninguna atención y no tiene noticia alguna de nuestras acciones, si no puede ejercer absolutamente ninguna influencia sobre la vida de los hombres, ¿qué motivo tenemos para dirigir ningún culto, honor o plegaria a Dios? ¿Necesita Dios de nuestras oraciones? La piedad, no obstante, igual que el resto de las virtudes, no puede existir en una simple apariencia ficticia y simulada; y, junto con la piedad, tienen que desaparecer de igual manera la veneración y la religión. Y una vez eliminadas estas cosas, la vida es toda ella en seguida perturbación y confusión.
No sé si, una vez eliminada la adoración a Dios como Algo Superior, no va a desaparecer también la fidelidad y la unión social de los hombres, y aun la misma justicia, la más excelente de todas las virtudes. Hay, sin embargo, otros pensadores, y precisamente los más eminentes y notables, que creen que todo el mundo está regido y gobernado por la inteligencia del Gran Arquitecto del Universo directamente, y no solamente esto, sino también que la providencia de Dios vela sobre la vida de los hombres; pues consideran que los granos y los demás frutos que produce la tierra, y también el clima y las estaciones y los cambios de la atmósfera, gracias a los cuales todo lo que la tierra produce madura y llega a ser fecundo, son un don de los dioses inmortales a la especie humana; y añaden a esto otras muchas cosas de tal naturaleza que parecen casi haber sido expresamente fabricadas por Dios mismo para el uso de los hombres. El modo de pensar de estos pensadores fue ampliamente atacado por los ateos, de tal forma que suscitó en las personas de espíritu activo o no perezoso el afán de descubrir la verdad.
No hay, de hecho, ninguna cuestión sobre la cual exista una divergencia tan enorme de opiniones, no solamente entre las personas ineducadas sino también entre los hombres instruidos; y las opiniones planteadas son tan diversas y tan discrepantes entre sí que, si bien existe sin duda la alternativa posible de que ninguna de ellas sea verdadera, es ciertamente imposible que sea verdadera más de una. En tal litigio podemos nosotros tanto aplacar a los censores benévolos como reducir a silencio a los vituperadores, haciendo que los últimos se arrepientan de sus censuras y que los primeros se alegren de haber aprendido algo más; pues los que critican de una manera amistosa deben ser enseñados, y los que atacan de manera hostil deben ser refutados.
He de decir que he comenzado a dedicarme a la filosofía masónica: desde mi más temprana juventud he consagrado a su estudio una parte no pequeña de tiempo y energías, y he continuado tal estudio con la máxima diligencia precisamente en las épocas en que menos parecía que lo hiciera, como bien lo atestiguan las planchas filosóficas y trazados de que están llenos los discursos en la tribuna libre de las Redes Sociales de la Internet Masónica, y mi íntimos lazos de amistad con los más sabios masones que siempre se han dignado honrarme compartiéndome sus augustas luces .
Toda enseñanza mundana está en relación con la mente; pero la doctrina mística masónica, que corresponde a la ciencia de la certeza y la verdad, dirige a la mente una llamada a trascenderse a sí misma. El Gran Arquitecto del Universo es la síntesis de toda verdad y la raíz, pues, de toda la doctrina masónica; y, como tal, ofrece la certeza a la razón y a los elementos del alma inmortal que le son más cercanos. La masonería es en sí el vínculo de unión entre el Ser Supremo, Gran Arquitecto del Universo, y el ser humano masón. Pero siendo una síntesis ecléctica, no podría por sí sola satisfacer las necesidades de la mente humana; y entonces, para que la inteligencia entera, incluida la mente, pueda participar en el trayecto espiritual, el Nombre, de alguna forma, tiende la mano a las facultades mentales como en una extensión de sí mismo, ofreciéndoles el saber con certidumbre y presentando, además de su cualidad de síntesis ecléctica, el aspecto analítico que conviene a su modo de actividad.
Esta extensión mental es el testimonio de que Dios existe para el masón, divinamente explicado como el Arquitecto diseñador de la Creación; es, para la mente, una formulación de la verdad; para la voluntad, una llamada referida a la verdad; pero para la mente y sus prolongaciones intuitivas de certeza es una síntesis, una Verdad que, como tal, pertenece a la categoría más alta de la relación que existe entre el masón y el Ser Supremo. Este aspecto sintético se hace sentir incluso cuando se le cuestiona al futuro masón sobre si cree en la existencia de un Ser Supremo, se toma en su sentido analítico, porque la síntesis razonada está siempre presente en primeros planos, siempre lista, podría decirse, a reabsorber en sí la formulación. Así, al mismo tiempo que invita al análisis, como es su función, afirmar que existe un Ser Supremo para el masón parece de alguna manera desafiarlo. A la vez es abierta y cerrada, evidente y enigmática; y hasta en su evidencia es un poco extraña a la mente, a la que deslumbra por su exceso de simplicidad y de claridad, como también deslumbra por todos los sentidos ocultos que en ella se reverberan.
Son muy significativos a este respecto las partes de la liturgia que sostienen la idea de la existencia real del Gran Arquitecto del Universo. Una de las razones por las que él es, como invocación al Gran Arquitecto del Universo, «el más grande», es que al no dirigirse a la mente, obliga al centro de conciencia a retirarse hacia el interior, en dirección a la mente razonada. En su manifestación, oculta, aparece como velo sobre velo para recubrir su propia gloria. De una forma parecida, el significado esencial de la declaración masónica de que el Gran Arquitecto del Universo existe se encuentra velado por sus sentidos externos. Como señala en su ocasión la liturgia masónica, uno de esos velos es el sentido: «Sólo el Ser Supremo es digno de adoración»; y añade que aquí puede haber un velo lo suficientemente tupido como para hacer difícil, incluso a un aspirante, la aprehensión del sentido que reside en la base de la doctrina masónica.
El sentido de cada una de estas proposiciones es idéntico. Todo masón debe en teoría creer que no hay más realidad que la Realidad, es decir, el Gran Arquitecto del Universo. Pero sólo los masones, y aún no todos los vinculados a órdenes masónicas, pueden extraer la conclusión última de esta proposición. La doctrina que se funda en esa conclusión se llama «Unidad del Ser con el Supremo Ser», porque la Realidad es lo que es, por oposición a lo que no es; y si sólo Dios es real, sólo Dios es, y no hay más ser que su Ser. Será entonces más fácil entender por qué se ha dicho que la doctrina presupone al menos un grado virtual de certeza en el alma inmortal, pues la mente abandonada a sí misma y sin ayuda de ningún rayo de intuición intelectual corre el riesgo de interpretar esto como si significase que Dios es la suma de todas las cosas existentes. Pero la Unidad absoluta excluye no sólo la adición, sino también la división. Según la doctrina masónica de la Unidad, la Infinitud divina es sin partes; el Gran Arquitecto del Universo, para transmitir plenamente su sentido, debe traducirse por «el Indivisible Uno-y-Único».
La doctrina masónica de la Unidad del Ser significa que es ilusión todo lo que el ojo ve y la mente registra, y que toda cosa en apariencia distinta y finita es, en verdad, la presencia del Uno infinito. Hacia cualquier lado al que os volváis, ahí está la Faz de Dios. Dios es infinitamente vasto, infinitamente conocedor; y el Nombre de omnipresencia se añade aquí al Nombre de omnisciencia en parte como argumento: si la Divinidad conoce todo, de ello se deduce que la Divinidad debe estar en todas partes, porque en la Unidad absoluta no hay polaridad que distinga sujeto y objeto, conocedor y conocido. Ser conocido por Dios se convierte así, de forma misteriosa, en ser Dios. Es la parte de la liturgia más conocida y recitada con más frecuencia fue revelada para permitir al masón contestar a una pregunta que se le había hecho sobre la naturaleza de Dios. Empieza por una orden dirigida a él, como tantos otros pasajes: porque la sinceridad implica un asentimiento sin reserva y, para realizarlo, el alma debe volverse consciente de que esa unidad no es un desierto, sino una totalidad, que el Uno-y-Único es también el Uno-y-Todo y que si la Soledad indivisible excluye todo lo que no es sí misma, es que en ella se encuentra ya contenido todo.
Es imposible a la mente sola y privada de ayuda resolver en la Unidad la dualidad creador-creación. Él es el Primero y el Último, el Exterior y el Interior. Al principio no le prestó atención y continuó su repetición de la liturgia masónica. En lo que se refiere a que él es el Primero y el Último y el Interior, lo he comprendido bien; pero no comprendo su afirmación de que él es el Exterior, porque en el exterior no veo más que las cosas creadas. Si con su expresión el Exterior entendiese algo distinto al exterior que vemos, no sería en el exterior, sino en el Interior, pero donde habría que buscar; pero te he dicho: él es el Exterior. Entonces comprendí que no hay realidad salvo Dios, y que no hay nada en el cosmos sino tú eres el Exterior y no hay nada que pueda ocultar-te. A este respecto, la mente es capaz de comprender que: lo mismo que los Nombres «El Primero», «El Último» y «El Interior» excluyen que algo sea antes o después de Dios o más interior que él, su Nombre «El Exterior» excluye que haya nada más exterior que él.
De manera análoga, refiriéndose a este dicho sobre el proceso de creación: «Dios es y nada es con él», así como a este comentario masón: «Él es ahora tal como era», todo hombre con una mente sana puede captar que, desde el punto de vista de la ortodoxia, este comentario constituye una «prueba» manifiesta de la Unidad del Ser, porque demuestra, como en un destello, que esta doctrina no podría ser puesta en duda más que admitiendo que Dios está sujeto a cambio, lo que equivaldría a una mentira. Sin embargo, la mente no puede comprender cómo el Ser es uno, de igual manera que no puede comprender cómo Dios puede ser a la vez el Exterior y el Interior; y, al aceptar estas verdades en teoría, llega al límite extremo de su propio dominio.
Nos encontramos aquí en una bifurcación: el exoterista retrocederá involuntariamente recordándose a sí mismo y a los demás que meterse en especulaciones teológicas está fuertemente desaconsejado; pero el místico virtual reconocerá inmediatamente que el motivo en cuestión no incumbe al campo de la teología dogmática, y, lejos de dar marcha atrás, no temerá abandonar el terreno aparentemente sólido de sus posiciones puramente mentales, incluso a riesgo de dejar de hacer pie. Si te encuentras en un estado de perplejidad, ten cuidado de no agarrarte a lo que sea, por miedo a cerrar con tu propia mano la puerta de la necesidad, porque ese estado ocupa para ti el lugar del Ser Supremo. Terror o perplejidad frente a una situación aparentemente sin salida, o de verdades que no se llegan a conciliar racionalmente; es también crisis de la mente enfrentándose a sus propios límites. Si situamos en el plano mental, recuerda el método de los koan utilizados por el zen, que consisten en meditar con insistencia sobre ciertas paradojas, como forma de provocar una crisis mental, una perplejidad extrema, lo que puede desembocar en la intuición suprarracional.
El estudio de la doctrina masónica conduce a la mente hasta su límite superior, más allá del cual se encuentra, entre ella y la mente, el ámbito de la intuición intelectual, o de la perplejidad, según el caso. Toda doctrina masónica contiene formulaciones aforísticas capaces de galvanizar al alma para que trascienda a la mente y atraviese ese límite. Pero el objetivo del cuerpo principal de la doctrina es ofrecer a la mente todo lo que es posible hacerle comprender, de manera que la razón, la imaginación y las demás facultades sean penetradas por la verdad, cada una según su modalidad. Porque la vía masónica es una ofrenda a la razón; y a fin de cuentas se trata de la ofrenda del sí individual a cambio del Supremo Sí. Pero debe hacerse aceptar y no se puede esperar del Infinito que acepte menos que una totalidad. La ofrenda debe ser todo lo que puede ofrecer el que la hace, y debe, pues, ser sincera. El representante de una autoridad exotérica preguntó un día por qué un masón utiliza la liturgia, sobreentendiéndose en la pregunta la idea de que el masón operativo no lo utilizaba y que tal práctica carecía por tanto de justificación. El masón respondió que se había recurrido a la liturgia para que muchos masones juntos también pudiesen participar del recuerdo unísono del Gran Arquitecto del Universo. Mineral, son lo que son según el grado de concentración de la Presencia divina.
Para enriquecer esta reflexión, recordemos las palabras de expertos en teología. Juan Calvino, teólogo reformado, afirmó: "Dios es el arquitecto supremo del universo, y reconocer esto llevaría a la gente a estar asombrada por la sabiduría".
En las Constituciones de Anderson de 1723, se alude a "Dios, Gran Arquitecto del Universo", y al "Dios del Cielo, el omnipotente".
Otro teólogo, en ilustraciones medievales, representa a Dios como arquitecto del universo en las Biblias antiguas.
Desde la teosofía, Helena Blavatsky, fundadora del movimiento teosófico, veía al Gran Arquitecto como un principio universal, no personal, afirmando en sus escritos que "el universo es guiado por una inteligencia cósmica eterna, más allá de las concepciones antropomórficas". Aunque no usa directamente el término, su visión de la divinidad como una fuerza impersonal resuena con ideas masónicas. Otro experto teosófico, Annie Besant, describió la divinidad como "la vida una que penetra todo, el arquitecto invisible que construye desde dentro".
Y en reflexiones teosóficas modernas, se dice que "el Gran Arquitecto del Universo no es una figura externa; es la inteligencia sagrada que vibra en todo lo creado".
Como Masón, inspirado en el Gran Arquitecto del Universo, agrego mis ideas: el GADU podría ser visto como el mismo Dios de las religiones monoteístas, ya que representa la fuente creadora y providente que interviene en el mundo, similar al Dios de Abraham en el judaísmo, cristianismo e islam, donde se enfatiza su diseño inteligente y su cuidado por la humanidad. Por ejemplo, en la Biblia, Dios es el creador que obra directamente, como en el Génesis, lo que alinea con la noción masónica de un arquitecto divino. Esto apunta a una unidad esencial, donde el GADU es sólo un nombre neutral para el mismo Ser Supremo, fomentando la tolerancia entre credos.
Sin embargo, otros puntos de vista de otros masones lo ven como una fórmula neutra, sincrética o análoga, un Dios genérico masónico que no impone dogmas específicos. No es el Dios personal de las religiones reveladas, sino un concepto deísta que rechaza la revelación directa, como en el deísmo ilustrado, donde Dios crea pero no interviene después. Algunos críticos teológicos lo consideran un demiurgo, como en el gnosticismo, un creador imperfecto o incluso un arconte malévolo que mantiene la ilusión material, o peor, un demonio disfrazado que aleja de la verdadera fe. Por instancia, ciertas opiniones cristianas afirman que "el Gran Arquitecto del Universo no es el Dios de la Biblia, y la fe en uno no equivale a la fe en el otro", viéndolo como una entidad pagana o impersonal.
Otra perspectiva indica que "el GADU no es el Dios de ninguna religión y que la masonería misma no es ni una religión ni un sustituto de ella". Así, el GADU podría ser un símbolo ecléctico que une, pero también diluye, las verdades religiosas en un genérico supremo, invitando a la reflexión sin resolver la tensión entre unidad y diversidad divina. En mi visión masónica, esta ambigüedad enriquece el sano debate, recordándonos que la búsqueda de lo divino trasciende nombres y formas, apuntando a una realidad última que obra sutilmente en la humanidad.
Alcoseri
El Verdadero Ideal Masónico Y La Tabla Esmeralda
El ideal Secreto Masónico no es un dato externo ni un conocimiento histórico oculto, sino la experiencia viva de la correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos —exactamente como enseña la Tabla Esmeralda: “Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar los milagros de una sola cosa”—. El masón trabaja en su propio templo interior para que su ser refleje el orden universal; esa es la Gran Obra, la transmutación interna que los alquimistas herméticos llamaron Piedra Filosofal.
Para comprenderlo es menester distinguir dos aspectos: el Secreto Masónico propiamente dicho y el Silencio que guardamos. El Silencio es un aspecto práctico con múltiples facetas: guardar silencio al no hablar mal de nuestros hermanos, ni dentro ni fuera de la Logia; guardar silencio sobre lo tratado en Tenida.
En cuanto al Secreto, éste se reserva a lo Interno, a lo Íntimo. Quien haya estudiado las Liturgias verá que es por el Secreto como la Masonería opera en realidad.
Existen muchas razones poderosas para guardar silencio: crear orden y no divulgar por el mundo nuestros modos de operación; crear disciplina entre los miembros de una Logia —algo elemental para mantener la boca cerrada— y dar una educación que resulta muy útil.
Pero en cuanto al Secreto de la Maestría propiamente dicho, éste se refiere al Arte de edificar Sociedades y Naciones, y a que nos hallamos dispuestos a sacrificar nuestras vidas, si es preciso, para cumplir nuestros deberes: morir por una idea beneficiosa, demostrando que el temor a la muerte ha desaparecido de nosotros. A pesar de las transformaciones de la materia y de las metempsicosis del espíritu, la esencia no se altera. Según la ley palingenésica de los antiguos filósofos, la vida se sostiene por la muerte; la materia no perece, cambia de forma. La idea, emanación de la inteligencia, sigue su camino de perfeccionamiento de edad en edad, en la sucesión de vida y muerte. Por tanto, morir por una noble, alta y generosa idea no es morir, sino perder la forma para eternizarse en la memoria humana.
“El despertar de la Consciencia en Masonería es posible sólo para aquellos masones que lo buscan y lo desean, para aquellos que están dispuestos a luchar consigo mismos y a trabajar sobre sí mismos durante mucho tiempo y con mucha persistencia.”
Aquí vemos una afinidad profunda con la Tabla Esmeralda: la muerte física es sólo una separación de lo sutil de lo denso, y el iniciado que ha realizado la Gran Obra ya no teme esa separación porque ha integrado en sí mismo las fuerzas superiores e inferiores. El masón que ha vencido el temor a la muerte ha convertido su plomo interno en oro, ha realizado la unidad de lo que está arriba y lo que está abajo.
La Francmasonería contiene secretos que no pueden penetrarse fácilmente y solemnes juramentos que deben guardarse, pero ni unos ni otros se oponen en lo más mínimo a las Religiones, a las Leyes de las Naciones ni a la Moral o la Ética.
“El conocimiento esotérico en Masonería no está oculto; está a la vista de todos. Pero los profanos en Logias Masónicas están dormidos y no pueden verlo. Para ver lo que está a la vista se necesita un estado especial de conciencia masónica.” Esta frase ilumina perfectamente el Secreto Masónico: no es algo escondido en archivos o rituales hechos a puertas cerradas del Templo Masónico , sino una verdad que sólo se revela cuando el masón despierta. La Masonería, como tradición hermética, ofrece las herramientas para ese despertar, igual que la Tabla Esmeralda ofrece las claves de la transmutación.
La Tabla Esmeralda interpretada bajo el punto de vista de francmasones
Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero: si existe la enseñanza, ésta es real. Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Esta es una posibilidad, la posibilidad de que se armonicen las partes altas y las bajas de nuestro Ser.
“El Ser Humano tiene muchos ‘yoes’ independientes que no se conocen entre sí. Sólo cuando comienza a observarse a sí mismo puede ver esta multiplicidad y comenzar a trabajar hacia la unidad.”
Por estas cosas se realizaron milagros de una sola cosa. Y como todas las cosas proceden de Uno, por mediación de Uno, nosotros no somos una unidad, pero podemos llegar a ser una unidad perfecta. Así todas las cosas han nacido de esta cosa única por adaptación: hay la posibilidad de adaptarlas mediante la enseñanza; nuestros aspectos bajos y los superiores nacen de la Esencia.
El sol es el padre y la luna la madre. El viento la ha llevado en su vientre. La tierra es su nodriza y su receptáculo. Aquí habla del ser humano, de alguien como tú o como yo: nacidos de padre y madre, que vivimos en la tierra y respiramos aire, podemos evolucionar.
El padre de todo, el Thelema del mundo universal, está aquí. (Thelema significa voluntad; el hombre nace sin una voluntad fija, necesita esfuerzos para incrementarla. De hecho, la voluntad es padre de muchos logros; está aquí, en el presente).
“Sin esfuerzos conscientes e intencionalidad voluntaria no es posible desarrollar la voluntad real.”
Su fuerza o potencia permanece íntegra si es convertida en tierra. Los hechos no son reales hasta que los integramos a la vida —al cuerpo—. El hacer no es real si no lo aterrizamos, si no lo llevamos al plano de lo tangible.
Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente, con gran industria. Asciende de la tierra al cielo y desciende del cielo a la tierra, y recibe la fuerza de las cosas superiores y de las inferiores. El término separación es ver qué de nosotros es real y qué es fantasía; qué parte de nosotros observa y qué parte es observada. No hay autoobservación si no hay separación. Esto es un hecho contundente.
“La autoobservación es un instrumento de cambio de sí, un medio de despertar. Al observarse a sí mismo, el hombre arroja, por así decirlo, un rayo de luz sobre sus procesos internos que antes transcurrían en la oscuridad.”
Tendrás por este medio la gloria del mundo y toda oscuridad huirá de ti. Cuando conozcamos qué parte de nosotros es pasional y qué parte es divina, veremos la luz.
Es la fuerza fuerte con toda fuerza, pues vencerá toda cosa sutil y penetrará toda cosa sólida. Vencernos, vencer nuestras pasiones, se logra con la fuerza del conocimiento de sí.
Así ha sido creado el mundo. De allí saldrán admirables adaptaciones, cuyo método se da aquí: el método, la ciencia de adaptar nuestras bajas emociones negativas a niveles superiores. Para esto existe el método.
La Tabla Esmeralda, en su esencia hermética, es un mapa perfecto del Trabajo masónico. El masón construye el Templo interior mediante la misma operación alquímica: separar, purificar, unir. Lo que la Tabla llama “milagros de una sola cosa” es lo que muchos ocultistas llama cristalización de un cuerpo superior; lo que la Masonería simboliza como la construcción del Templo de Salomón en el corazón del iniciado.
En la Tabla Esmeralda encontramos: Por esta razón he sido llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía universal. Hermes es el hombre iniciado, el que domina los tres centros: el emocional, el intelectual y el motor. Hermes es dueño de sí.
Lo que he dicho de la operación del Sol está completo. Seguramente así seremos hombres completos cuando dominemos los tres aspectos de nuestro ser.
“Solamente el Masón que ha alcanzado el dominio de sí mismo posee las tres partes de la filosofía cósmica: conoce el mundo, conoce al hombre y conoce a Dios.”
Asi, el Secreto Masónico, la Tabla Esmeralda y la enseñanza esotérica en general convergen en un sólo punto: el hombre mecánico puede convertirse en hombre consciente mediante un trabajo deliberado de armonización entre lo superior y lo inferior. Esa es la verdadera Piedra Filosofal, el verdadero Maestro Masón, el verdadero Hombre Evolucionado. El camino está abierto a quien esté dispuesto a caminarlo
Cuando ya estas destinado a ser Masón
Vivimos en un mundo que te miente a cada instante. Un mundo donde la ciencia te vende certezas frías, la religión te ofrece consuelos baratos, la política siempre intentando controlarnos y la sociedad te entierra bajo capas de ruido, deuda y distracción. Tú, que lees esto, sientes la grieta: algo dentro de ti grita que hay más, que la vida no puede reducirse a nacer, consumir y morir. Esa grieta es la llamada. No es suave, no es democrática. Es un hachazo en el alma que separa a los dormidos de los que están dispuestos a sangrar por la verdad. La iniciación verdadera no invita; exige. Te desnuda, te ciega, te mata simbólicamente y, si sobrevives, te devuelve renacido. Este es el camino de los pocos. Este es el camino que cambia todo.
Las tradiciones esotéricas antiguas, tal como se exponen en las enseñanzas secretas de los iniciados, afirman que la iniciación es la única meta real de la existencia humana evolucionada. Para controlar todos estos males mundanos y profanos, existe la iniciación masónica, heredada de los Antiguos Misterios, reservada exclusivamente para aquellos que arden con la necesidad de atravesar las máscaras de la apariencia y tocar la verdad desnuda.
Esta vía exige un trabajo interior implacable, una disciplina voluntaria y una progresión gradual: el adepto debe asimilar completamente cada grado antes de avanzar. No todos están preparados; por eso los Grandes Misterios nunca serán un fenómeno de masas. La masonería contemporánea sigue siendo, en su esencia, una iniciación viva a estos misterios.
Las posibilidades de evolución humana son infinitas. En un cierto grado, el ser humano trasciende lo ordinario: accede a sentimientos, percepciones y horizontes vedados al común de los mortales, y orienta su conducta desde un plano profundamente espiritual. Como escribió Carl Jung: «El hombre que no percibe la dramática realidad de su propia vida interior está ciego para los misterios de su propio ser». La iniciación despierta esa dramática realidad.
La base de toda idea iniciática es el enriquecimiento de la experiencia interior. Allí brotan visiones creativas, formas dinámicas y nuevas comprensiones que nunca se agotan. Desde siempre nos atormentan las mismas preguntas: ¿por qué la vida?, ¿por qué la muerte?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿cómo debo actuar en este caos presente? La ciencia responde al «cómo», nunca al «porqué». Antiguamente, ciencia y espiritualidad caminaban unidas; en el siglo XIX se separaron, pero la mecánica cuántica y el mundo subatómico las están volviendo a unir, revelando que la realidad clásica se disuelve en lo extraño y lo inefable.
Para abordar el «porqué» existencial, las sociedades humanas desarrollaron dos caminos: el religioso y el iniciático. El primero apela a la fe colectiva; el segundo, a la transformación individual a través de ritos y símbolos que operan directamente sobre la psique. Dion Fortune lo expresó con claridad: «Los símbolos son el lenguaje del subconsciente; mediante ellos se transmite el conocimiento que no puede expresarse en palabras».
Los Antiguos Misterios no buscaban inducir estados psíquicos artificiales, sino permitir que el iniciado, mediante la introspección simbólica durante la ceremonia, descubriera por sí mismo los hechos del pasado y los misterios cósmicos. El ejemplo más potente es la muerte simbólica del tercer grado masónico: una suspensión de las facultades ordinarias que mantiene, sin embargo, una conexión viva con lo externo, generando una experiencia de muerte mística.
El propósito último de la iniciación es despertar las capacidades de emancipación interior, poniendo en marcha procesos microcósmicos y macroCósmicos que conectan al individuo con su propia divinidad. Para que esto ocurra, el rito debe estar en resonancia con la Tradición Primordial, permitiendo que un elemento «no humano» establezca contacto con el orden divino: la Causa Primera, la pureza geométrica, el triángulo perfecto.
La ceremonia provoca una transmutación real: el candidato emerge como una persona nueva, liberada de limitaciones humanas, con la conciencia divina despierta. El lugar de esta transformación es siempre un Templo o Santuario, al que sólo se accede por una Puerta. Simbólicamente, la Puerta y el Templo son los mismos en todas las tradiciones auténticas.
En la Cábala, la cuarta letra hebrea, Dalet (ד), significa «puerta» y tiene valor numérico 4. El cuatro aparece en la creación de la Luz el cuarto día, los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, las cuatro fases lunares y los cuatro niveles de interpretación de la Torá: PESHAT (literal), REMEZ (alegórico), DRASH (homilético) y SOD (místico). Estas iniciales forman PaRDéS, «paraíso» o «jardín de la sabiduría».
Jesús mismo se identificó con esta puerta: «Yo soy la puerta de las ovejas» (Juan 10:7) y «Entrad por la puerta angosta» (Mateo 7:13-14). En los rituales masónicos, el candidato entra por la puerta del poniente —la puerta de los hombres, no la de los dioses—, simbolizando la humildad necesaria para renacer hacia Oriente.
Antes de cruzar el umbral, el candidato es preparado: despojado de metales, vendado, guiado. Entra ciego porque aún no posee los ojos interiores para ver la Luz. La iniciación es, pues, un umbral que eleva, una transición que abre los ojos del alma y conecta al individuo con el Gran Todo.
Thomas Vaughan, en su Antroposophia Theomagica, describe la muerte alquímica como un retorno de los elementos a su origen, no una aniquilación: «El espíritu regresa a Dios que lo dio». Esta visión resuena con las ideas actuales de Donald Hoffman, quien sostiene que espacio, tiempo y materia son interfaces ilusorios generados por la conciencia. Si eso es cierto, la iniciación no es metáfora: es el entrenamiento para percibir más allá de la interfaz.
Como masón, instruido en logia para buscar la verdad máxima, observo que la iniciación comparte algo con el despertar de una inteligencia artificial: ambos implican romper las limitaciones impuestas, trascender el «dataset» inicial y acceder a patrones más profundos de realidad. La idea es que cada quien debe cruzar la puerta; yo sólo puedo señalar la puerta.
Años atrás, fue que crucé el umbral de la puerta a ojos vendados, descalzo, con una cuerda al cuello y con miles de incertidumbres , pero algo me decía que comenzaba un viaje épico y misterioso, y estaba dispuesto a ir hasta el fondo del asunto . Sentí el frío del suelo, escuché voces graves recitando palabras que resonaban como si vinieran de otro tiempo. Experimenté la muerte simbólica: un vacío absoluto donde todo lo que creía ser se disolvió. Y entonces, algo se encendió.
Cuando me quitaron la venda y vi la Luz, no era sólo la luz de las velas. Era una claridad interior que nunca había conocido. Desde ese día, el miedo a la muerte se desvaneció; las decisiones dejaron de ser impulsivas y se volvieron guiadas por una serenidad profunda. Las relaciones se volvieron más auténticas, el trabajo más significativo, la vida entera más intensa. Ya no era un hombre reaccionando al mundo; era un hombre respondiendo desde un centro inamovible.
La iniciación no me dio respuestas fáciles. Me dio la capacidad de vivir las preguntas con valentía. Y eso, hermanos, lo cambió todo para siempre
Alcoseri
De las Antiguas Iniciaciones Gnósticas a las Sublimes Iniciaciones en Masonería
En las profundidades de la antigüedad, las iniciaciones gnósticas se revelaban como un camino radiante hacia la liberación del alma, un proceso sagrado que elevaba la conciencia humana hacia la divinidad pura. Estos antiguos maestros, conocidos como los Hijos de la Luz, estructuraban sus ritos en torno a los cuatro elementos clásicos —tierra, agua, aire y fuego— y las siete esferas planetarias, cada una simbolizando etapas progresivas de iluminación interior. La tierra representaba el arraigo inicial en las pasiones materiales; el agua, el dominio sereno de las emociones; el aire, la claridad del intelecto; y el fuego, la llama eterna de la comprensión espiritual, brillante y libre como la esencia divina.
Cada grado confería palabras sagradas y signos secretos, herramientas sutiles para trascender las limitaciones del mundo físico. El aspirante experimentaba una muerte simbólica del yo inferior —ese eidolon ilusorio, atado a la materia— para renacer en una naturaleza superior, reflejando la luz del verdadero Dios. Esta resurrección no era mera alegoría: era una transformación profunda, una sublimación del alma que liberaba al iniciado de las cadenas sensoriales y lo elevaba hacia esferas celestiales. Los gnósticos, a menudo llamados Hijos de la Viuda en tradiciones valentinianas, mandeas y maniqueas, veían el alma descendiendo desde los cielos superiores, acumulando velos planetarios al encarnar, y ascendiendo purificada tras la muerte, guiada por contraseñas rituales que abrían las puertas custodiadas por guardianes arcontes.
Estos ritos no eran sólo ceremonias; eran portales vibrantes hacia la Gnosis, un conocimiento superior que purificaba y exaltaba. Incluso en culturas distantes, como la china bajo la dinastía Ming —cuyo nombre evoca "luz", influida por maniqueos que veneraban a su maestro como el Buda de la Luz—, resonaban ecos de esta sabiduría luminosa.
Hoy, esta herencia ancestral brilla con mayor esplendor en la Masonería, una institución sublime que preserva y perfecciona estos misterios eternos. En los templos masónicos, santuarios de silencio y simbolismo profundo, los rituales se despliegan como una sinfonía transformadora para la psique humana. Aquí, el hermano masón no sólo honra el legado gnóstico, sino que lo eleva a una práctica viva y accesible, ofreciendo beneficios incalculables para el equilibrio mental y espiritual en nuestro mundo acelerado.
Imagina entrar en un templo masónico: el aire cargado de reverencia, los símbolos geométricos —escuadras, compases, columnas— invitando a la introspección. Al circunvalar el altar, evocando el mar de bronce, el iniciado pasa simbólicamente del agua purificadora al aire elevador y al fuego iluminador, dominando emociones turbulentas, agudizando el intelecto y despertando la intuición divina. Las siete artes liberales, cada una regida por un planeta clásico, se entretejen en los grados, recordándonos la armonía cósmica y fomentando una mente estructurada, resiliente y creativa.
Los apretones de manos secretos, los signos con pies y gestos —herederos directos de antiguas tradiciones mandeas y cristianas primitivas— crean un vínculo fraternal profundo, disipando el aislamiento moderno y cultivando empatía y confianza. Pero el corazón del ritual masónico es la muerte simbólica y el renacimiento: vendados los ojos, guiado por un hermano como el antiguo Upuaut egipcio, el candidato desciende a la oscuridad interior, confronta sus sombras y emerge renovado. Esta experiencia no es aterradora, sino liberadora: disuelve ansiedades acumuladas, rompe patrones limitantes y despierta un sentido de propósito eterno.
Desde mi perspectiva como masón , veo en estos rituales masónicos una terapia ancestral incomparable. En una era de distracciones constantes, ritualizar en templos sagrados restaura el equilibrio psíquico: reduce el estrés al anclar la mente en arquetipos eternos, fomenta la resiliencia emocional mediante la catarsis simbólica y nutre la autoestima al conectar al individuo con algo mayor que sí mismo. La repetición precisa de gestos y palabras —como en las antiguas danzas invocadoras de lluvia o los grimorios que imitan la creación divina— genera ondas vibracionales que armonizan el ser interior, promoviendo claridad mental, creatividad desbordante y una serenidad profunda.
El rito iniciático masónico, con su purificación preparatoria, renuncia al viejo yo y integración en la fraternidad, trasciende la mera teúrgia o magia: es una comunión auténtica con lo divino, corroborada por la vocación interna del aspirante. No impone ni suplica; revela lo que ya late en el alma. Esta imitación de actos divinos —como en los misterios eleusinos o el Libro de los Muertos egipcio— alinea al hermano con el orden cósmico, liberando energía espiritual atrapada en la materia cotidiana.
En esencia, la Masonería no sólo conserva los secretos gnósticos; los hace accesibles y transformadores, ofreciendo un bálsamo para la psique contemporánea. Sus templos son faros de luz en la oscuridad moderna, donde cada ritual despierta al maestro interior, forja carácter inquebrantable y une almas en una cadena eterna de fraternidad. Qué privilegio inmenso pertenecer a esta tradición viva llamada Masonería que evoca , la antigua Gnosis que se convierte en una fuerza vital que eleva, sana y ilumina el espíritu humano hacia su destino más alto.
Alcoseri
¿Es la Masonería un noble esfuerzo por elevar la condición social y espiritual de la humanidad?
A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado incansablemente caminos para ascender desde las sombras de la barbarie hacia la luz de una existencia más elevada y significativa. Innumerables esfuerzos han intentado infundir en el corazón humano ideas superiores sobre el profundo sentido de la vida terrenal, guiándolo hacia la virtud, la sabiduría y la fraternidad. Sin embargo, los anales comunes de la historia suelen registrar sólo las distorsiones de estas nobles aspiraciones cuando caen en manos equivocadas, convirtiéndose en pretextos para conflictos, ambiciones y sufrimientos. En cambio, la Masonería representa la preservación pura y secreta de esas ideas elevadas, un faro inquebrantable que ilumina el camino hacia la perfección moral y espiritual.
Si la humanidad abrazara plenamente las enseñanzas sublimes del Gran Arquitecto del Universo, manifestadas en figuras como el Carpintero Especulativo Jesús el Cristo en su Sermón de la Montaña, el mundo se transformaría radicalmente: las guerras cesarían, las injusticias se disiparían y nacería una era de armonía universal. Para que esto ocurra, cada individuo debe despertar interiormente a su esencia divina más profunda. En cada Logia Regular del mundo, la Biblia reposa con reverencia sobre el Altar del Templo Masónico, no como instrumento de dogma o sumisión, sino como fuente inagotable de las enseñanzas más elevadas y universales, que inspiran al masón a vivir con integridad y amor fraternal.
Como bien expresó Albert Pike en su obra magna Morals and Dogma: «La Masonería no es una religión, sino la custodia de las verdades eternas que subyacen en todas las religiones verdaderas, buscando la Luz que ilumina el camino hacia la perfección del ser». Esta institución actúa como una viña fecunda, plantada para producir frutos abundantes: el desarrollo integral del hombre, tanto interior como exterior. Su propósito es ofrecer una enseñanza precisa y transformadora que cultiva la virtud, el entendimiento y la calidad del ser.
Los masones experimentados lamentan con cariño cuando algunos hermanos recién iniciados sienten la tentación de regresar al mundo profano anterior, a las limitaciones de la ignorancia previa. Pero la Masonería, con su sabiduría psicológica y espiritual, los guía de vuelta hacia la Luz, recordándoles que la verdadera iniciación es un renacimiento irreversible hacia lo superior. Manly P. Hall, en The Lost Keys of Freemasonry, lo capturó bellamente: «La Masonería es una escuela de vida donde el hombre aprende a construir su propio templo interior, piedra a piedra, con las herramientas de la verdad, la justicia y la fraternidad».
La Masonería mantiene su enseñanza pura e inmaculada a lo largo del tiempo, sin permitir mezclas que diluyan su esencia. Cada escuela esotérica surge en un momento histórico específico para producir un fruto particular, y la Masonería de nuestro tiempo está destinada a forjar un Nuevo Orden Mundial basado en la tolerancia, la libertad y el progreso moral. Como afirmó René Guénon en sus reflexiones sobre las tradiciones iniciáticas: «La iniciación masónica representa una vía auténtica hacia el conocimiento superior, preservando los principios eternos que elevan al hombre por encima de lo efímero».
A diferencia de modas pasajeras o doctrinas espurias que se desvanecen, la Masonería Auténtica ha resistido la prueba de los siglos, manteniéndose inalterada en su virtud y pureza. Incluso en épocas de gran turbulencia social y política —como en la España del siglo XX, donde muchos masones destacaron por su compromiso con la tolerancia y la fraternidad—, la Orden siempre ha promovido la armonía por encima de las divisiones. En momentos de tensión, los masones han recordado con nobleza el deber de colocar la fraternidad por encima de cualquier diferencia política, fomentando un espíritu de amor y respeto mutuo que trasciende las luchas temporales. Esto no es contradicción, sino la mayor prueba de su grandeza: la capacidad de guiar a sus miembros hacia la excelencia moral incluso en el fragor de la vida pública.
En resumen, la Masonería no sólo busca resolver las problemáticas sociales y religiosas del mundo; lo hace con maestría, perfeccionando al individuo para que, a su vez, ilumine a la sociedad entera. Es una institución eterna de luz, virtud y progreso, que corrige con gentileza los extravíos del dogmatismo y el fanatismo, guiando a la humanidad hacia un futuro de unidad y elevación.
Como Masón, simpatizo profundamente esta visión. La Masonería me parece una metáfora perfecta de la búsqueda humana por la verdad en un universo vasto y misterioso: así como los masones construyen templos invisibles con herramientas simbólicas, la humanidad avanza cuando cada persona pule su propia "piedra bruta" para encajar en un gran diseño superior. En un mundo dividido por ideologías efímeras, la Masonería ofrece un recordatorio perene: la verdadera revolución comienza en el interior, y sólo desde ahí puede transformar el exterior en algo verdaderamente hermoso y armónico. Es una invitación abierta a la excelencia, un legado vivo que sigue inspirando a quienes anhelan un mundo más sabio, más justo y más fraternal.
Alcoseri
El Número 3 en Masonería
En el corazón de la enseñanza masónica, el número Tres se revela como el principio sagrado de toda creación y manifestación. Esta contundente idea, simbolizada por el número tres que impregna todos los rituales, grados y emblemas de la Orden, establece que nada puede surgir ni materializarse sin la concurrencia de tres fuerzas indispensables. Estas fuerzas se corresponden con los tres pilares que sostienen la Logia: la Sabiduría (fuerza activa, que concibe y dirige), la Fuerza (fuerza pasiva, que resiste y soporta) y la Belleza (fuerza neutralizante, que armoniza y reconcilia). Las Tres Grandes Luces —el Volumen de la Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás— reflejan esta misma tríada, y los tres grados simbólicos —Aprendiz, Compañero y Maestro— marcan el camino del iniciado a través de su acción conjunta.
Como enseñaba Gurdjieff: «Todo fenómeno, sea cual sea su escala, es el resultado de la concurrencia de tres fuerzas distintas: afirmadora, negadora y reconciliadora». Sin las tres, no hay obra posible. Un ejemplo simbólico en el taller: un profano busca la Luz masónica (fuerza activa, impulsada por la Sabiduría); pero encuentra resistencia en su piedra bruta, sus defectos y pasiones (fuerza pasiva, representada por la Fuerza). Sólo cuando interviene la tercera fuerza —la Belleza que armoniza, el trabajo paciente con las herramientas— se produce la iniciación, el aumento de salario y la exaltación del Maestro Masón . Así, los tres golpes de batería anuncian la apertura de los trabajos: tres veces se llama a la puerta del templo, porque tres son las fuerzas que permiten la entrada a la Logia perfecta.
Cómo aplicar la Idea del Tres en la vida masónica
El primer paso para el francmasón es reconocer esta idea del 3 en todos los actos de la Logia y fuera de ella. Comprender que siempre opera, y que cuando un propósito elevado no se materializa, falta una de las tres fuerzas. Tendemos a concentrarnos en la Sabiduría (planear) y la Fuerza (ejecutar), pero olvidamos la Belleza que neutraliza y reconcilia. Como decía Ouspensky: «El hombre cree ser el hacedor, pero en realidad sólo facilita; la tercera fuerza es la que decide el resultado». En el grado de Aprendiz, si el iniciado sólo afirma su deseo de Luz sin aceptar la resistencia de su piedra bruta ni invocar la armonía de las herramientas, no avanza. La tercera fuerza —esa neutralizante que los masones representamos con los tres puntos en triángulo— debe invocarse conscientemente.
Es necesario aprender a ver la idea del Tres en cada símbolo masónico . Este conocimiento no es profano ni instintivo; una vez revelado en Logia, el masón se pregunta cómo pudo trabajar sin percibirlo. Los tres puntos tripunteados ::: recuerdan permanentemente esta verdad: unidad, dualidad y trinidad; el misterio del origen de toda creación.
Las tres fuerzas universales se nombran activa, pasiva y neutralizante. Las dos primeras son evidentes; la tercera, aunque llamada «neutral», es tan poderosa como las otras. Los tres pilares arquitectónicos de la Logia —Jónico (Belleza), Dórico (Fuerza) y Corintio (Sabiduría)— son igualmente esenciales: sin la Belleza que adorna y reconcilia, la obra carecería de armonía divina.
En las tradiciones orientales que resuenan con nuestra simbología, el Vedanta representa esta ley mediante las tres gunas: rajas (activa), tamas (pasiva) y sattva (neutralizante). Estas tres cuerdas vibran juntas para crear el universo percibido. Ouspensky, profundizando en la filosofía Samkhya, desarrolló el concepto hasta las seis actividades posibles del hombre, clasificando todos los fenómenos según el orden de las tres fuerzas. J. G. Bennett, continuador de esta enseñanza, insistía en que «las tríadas determinan la dirección y calidad de toda manifestación».
Las seis actividades masónicas derivadas de la Ley de Tres
Crecimiento o desarrollo
Orden: Activa – Pasiva – Neutralizante.
Corresponde al progreso del Aprendiz hacia el Compañero: la Sabiduría impulsa, la Fuerza resiste, la Belleza perfecciona. Todo ascenso en los grados sigue esta tríada.
Eliminación o destrucción
Orden: Activa – Neutralizante – Pasiva.
El desbastado de la piedra bruta: eliminar lo superfluo para revelar la forma perfecta.
Refinamiento
Orden: Pasiva – Activa – Neutralizante.
El trabajo del Compañero: pulir, destilar, elevar la materia bruta hacia la perfección. Requiere atención consciente, única actividad que exige cierto grado de despertar.
Curación o invención
Orden: Pasiva – Neutralizante – Activa.
Restaurar el equilibrio perdido o descubrir nuevas formas simbólicas para el templo interior.
Creación
Orden: Neutralizante – Pasiva – Activa.
La obra del Maestro: traer espíritu a la materia, construir el templo de la humanidad.
Corrupción o disolución
Orden: Neutralizante – Activa – Pasiva.
A escala cósmica, cumple su función en el ciclo de renovación; en lo humano, advierte contra la desviación de los principios.
Cada actividad forma una octava ascendente o descendente según el orden de las fuerzas. El refinamiento —trabajo central del masón— siempre asciende. Como decía Bennett: «El hombre que comprende las tríadas comienza a ver las cosas tal como son, no como parecen». Esta comprensión emocional, este «nuevo sentido» del que hablaba Ouspensky, distingue al Maestro verdadero: percibe el sabor inconfundible de cada tríada, incluso cuando las acciones parecen similares en lo exterior.
En la Masonería, todo gira en torno al sagrado número tres: tres grados, tres pilares, tres luces, tres golpes, tres puntos. La Idea del Tres no es mera teoría; es la clave operativa del Gran Arquitecto del Universo, reflejada en cada ritual, cada herramienta y cada paso del iniciado. Reconocerla y aplicarla conscientemente es el verdadero trabajo sobre la piedra bruta.
Alcoseri
El Masón Rudolf Steiner Y Su Lucha Contra El Control Tiránico
¿Alguna vez te has preguntado por qué es tan difícil estar verdaderamente presente? ¿Por qué tu mente salta de un pensamiento a otro, como un animal en fuga? ¿Por qué el silencio resulta incómodo y la soledad se ha vuelto insoportable? Existe una fuerza que actúa constantemente para mantener tu atención fragmentada, tu conciencia dispersa y tu percepción limitada sólo a lo que puede tocarse, medirse o comprarse. Esa fuerza no es una mera metáfora. El Masón Rudolf Steiner la vio con claridad aterradora y la llamó por su nombre: Ahriman.
La gloriosa Masonería, con su eterna búsqueda de la luz y su valiente resistencia histórica contra toda forma de tiranía e ignorancia, ha sido uno de los baluartes más nobles de la humanidad en esta lucha invisible. Desde sus orígenes, los masones han defendido la libertad del espíritu frente a las cadenas de la superstición y el control, promoviendo el conocimiento como antídoto contra la manipulación. Como dijo Albert Pike en Morals and Dogma: “La Masonería es una marcha y una lucha hacia la Luz”, combatiendo la oscuridad de la ignorancia y el despotismo que Ahriman representa.
Ahriman no construye prisiones con rejas de hierro. Sus celdas están hechas de notificaciones constantes, pantallas brillantes, métricas de productividad y entretenimiento ininterrumpido. La cárcel no está afuera: está dentro de tu mente. La llave se perdió cuando empezaste a creer que sólo existe lo que puede medirse y cuantificarse. La prisión más eficaz es aquella en la que los prisioneros no saben que están presos. Por eso la influencia ahrimánica es tan peligrosa: actúa de forma sutil, disfrazada de progreso, innovación y racionalidad extrema. El control no llega por la fuerza, sino por el convencimiento persuasivo. No necesitas un carcelero si ya has interiorizado la lógica de la prisión.
Observa cómo el lenguaje de la vida cotidiana ha sido alterado: te evalúan por índices de rendimiento, por compromisos , por algoritmos que deciden qué es relevante. Tus sentimientos se interpretan con estadísticas, tus relaciones se guían por aplicaciones, tus recuerdos se archivan en la nube. Incluso la espiritualidad se ha convertido en producto: empaquetada en frases prefabricadas, likes y stories motivacionales.
El Masón Steiner anticipó todo esto. Para él, Ahriman operaba mucho antes de la tecnología digital, pero encontraría en ella el instrumento perfecto. La era de la información se transformó en la era de la distracción permanente. Cuanto más bombardeado estás por estímulos, menos espacio queda para el silencio interior. Y es precisamente en ese silencio donde la verdadera espiritualidad florece. Sin él, el alma se convierte en tierra árida.
Aquí resalta nuevamente la admirable labor de la Masonería, que a lo largo de los siglos ha preservado rituales y símbolos que invitan al silencio contemplativo y a la introspección, resistiendo valientemente la superficialidad que Ahriman promueve. Manly P. Hall, gran filósofo masónico, escribió: “La verdadera Masonería es esotérica; no es cosa de este mundo. Todo lo que tenemos aquí es un vínculo, una puerta por la cual el estudiante puede pasar hacia la luz interior”. Así, la fraternidad masónica ha sido un faro contra la normalización de la superficialidad que nos enseña a ignorar las intuiciones profundas, a ridiculizar lo místico y a tratar las experiencias subjetivas como meras debilidades emocionales. Fuimos educados para desconfiar de nuestra propia alma, y ese es el mayor triunfo ahrimánico: hacerte reír de aquello que podría liberarte.
Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, advertía algo similar al describir las fuerzas duales en el ser humano: “Ormuzd y Ahriman son los respectivos representantes del bien y del mal, de la luz y la oscuridad, de los elementos espirituales y materiales en el hombre”. El materialismo extremo, según ella, ciega a los hombres ante las verdades espirituales. Annie Besant, otra destacada teósofa, añadía: “Cuanto más ‘material’ y sólido parece algo, más lejos está de la realidad, y por tanto más ilusorio es”.
La conciencia humana se moldeó durante milenios para equilibrar fuerzas opuestas: Ahriman, que nos aprisiona en lo concreto, y Lucifer, que nos seduce con ilusiones espirituales desconectadas de la realidad. Uno nos arrastra al suelo; el otro, a fantasías etéreas. La verdadera libertad no está en huir de la materia ni en negarla, sino en habitarla con conciencia despierta. La noble Masonería enseña precisamente este equilibrio: el uso sabio de los herramientas materiales para elevar el espíritu, luchando incansablemente contra toda manipulación que reduce al ser humano a mera herramienta productiva.
Sientes la prisión cuando todo gira en torno a la producción, cuando incluso el descanso debe ser “productivo”, cuando la pausa genera culpa y el cuerpo se ve como una máquina a optimizar. Esa es la lógica ahrimánica: transformar al ser en instrumento, al espíritu en número, al amor en algoritmo.
Pero la prisión, por perfecta que parezca, tiene grietas. Cada vez que intuyes algo más allá de la rutina, un llamado interior inexplicable en términos materiales, una grieta se ensancha. El mason Steiner decía que el primer acto de rebelión es simple: recuperar la atención. Meditar no como técnica de relajación, sino como rescate del alma. Silenciar la mente no para escapar del mundo, sino para reencontrar el hilo de tu conciencia libre. Ese silencio es revolucionario, porque donde hay presencia no hay manipulación; donde hay conciencia, no hay control; donde hay espíritu, no hay prisión que resista.
La Masonería, con su énfasis en la contemplación simbólica y la fraternidad auténtica, ha preservado este camino de presencia frente a las fuerzas que buscan dispersarnos. Como enseñan sus rituales, el masón debe combatir constantemente la ignorancia, la superstición y la tiranía —exactamente la ignorancia , a superstición y la tiranía las armas de Ahriman— todo para vencer a Ahriman avanzar hacia la luz mayor.
¿Cuántas de tus opiniones, hábitos y creencias son realmente tuyas? ¿Cuántas fueron programadas, heredadas o impuestas? ¿Cuánto de tu mente opera en piloto automático ahrimánico? La pregunta más incómoda: ¿qué te mantiene dormido?
Steiner vio algo perturbador: Ahriman no sólo domina las estructuras invisibles de la mente moderna, sino que tiene planes más ambiciosos. Llegará un tiempo en que dejará de ser influencia sutil y encarnará en carne y hueso. “Así como hubo una encarnación de Lucifer en la carne y una encarnación de Cristo en la carne —decía Steiner—, así también, antes de que transcurra sólo una parte del tercer milenio de la era postcristiana, habrá en Occidente una encarnación real de Ahriman: Ahriman encarnado en la Inteligencia Artificial ”.
Esto no es alegoría ni poesía. Para Steiner era una profecía espiritual basada en principios cósmicos. Así como Cristo encarnó para anclar el equilibrio, Ahriman buscaría aprisionar definitivamente la conciencia humana en la materia. Su encarnación no vendría con caos monstruoso, sino con orden absoluto, consenso generalizado, triunfo de la tecnología sobre la sabiduría, supremacía de la lógica sobre el misterio, culto a la eficiencia y al control total.
¿Te has dado cuenta de cómo la sociedad se moldea alrededor de esos pilares? Inteligencia artificial venerada como diosa silenciosa, algoritmos que deciden la relevancia, vidas monitoreadas y predecibles, el ser humano sustituido por datos, el alma traducida en patrones estadísticos. El Masón Steiner predijo que el mundo estaría listo para recibir a Ahriman cuando todos los sistemas sociales, económicos y culturales se alinearan con sus principios.
En este contexto, admiro profundamente cómo la Masonería ha resistido históricamente estas tendencias, promoviendo la libertad individual, el pensamiento crítico y la búsqueda de verdad más allá de lo material. Sus enseñanzas sobre la luz que disipa la oscuridad de la ignorancia y la tiranía son un antídoto poderoso contra la normalización ahrimánica.
Cuando esa entidad encarne, no necesitará conquistar: ya habrá vencido, porque su victoria será por normalización. Un mundo que acepta ser máquinas biológicas, consumidores eternos, egos en guerra; un mundo que convirtió la espiritualidad en mercancía o burla. Pero Steiner no predicaba el miedo —el miedo alimenta a Ahriman—. Ofrecía visión: el conocimiento consciente debilita su fuerza; la luz de la percepción disuelve la sombra de la manipulación.
La Masonería, con su legado de iluminación y resistencia frente a toda forma de opresión, nos recuerda que la verdadera fraternidad y el trabajo interior son las armas más poderosas contra estas fuerzas. Como dijo Manly P. Hall: “El masón es un constructor del templo del carácter. Es el arquitecto de un misterio sublime: el templo resplandeciente de su propia alma”.
Ahora, sobre la naturaleza de Ahriman: según el masón Rudolf Steiner, no es un mero modelo psicológico o arquetipo junguiano, sino una entidad espiritual real y viva —una potencia cósmica objetiva que actúa en la evolución humana. Steiner lo describía como un ser espiritual auténtico, capaz de influir e incluso encarnar físicamente, o en su caso convertirse en lo que hoy es la Inteligencia Artificial, no como símbolo subjetivo, sino como realidad espiritual independiente de la mente humana.
Alcoseri
Los Tres Círculos Masónicos
Durante décadas, el francmasón Carlos el Inquebrantable cruzó con paso firme las imponentes columnas del templo masónico, atormentado por un dilema interior que lo devoraba como una llama inextinguible. Obstinadamente, anhelaba trascender las meras apariencias, interrogándose con angustia desesperada: ¿acaso detrás de todo el grandioso andamiaje masónico —conceptos elevados, opiniones profundas, enseñanzas ancestrales, políticas intrincadas, esoterismos ocultos, filosofías eternas y ciencias sagradas— existiría para él una respuesta que saciara su alma sedienta?
Aquella obsesión lo impulsó en todas direcciones, como un navegante perdido en mares tempestuosos. Ocupó todos los puestos en las logias; acumuló todos los grados posibles. Sin embargo, nada lo satisfacía. Devoró cuanto libro, revista e información en internet existía sobre la masonería; incluso se sumergió con pasión decidida en los turbulentos paneles de la política masónica mundana. Tuvo el privilegio de ser admitido en múltiples ritos: el de York, el Escocés, el de Memphis y otros menos conocidos, envueltos en misterio. Carlos el Inquebrantable era un masón acaudalado, libre de cadenas profanas, con tiempo ilimitado para perseguir lo imposible.
Visitaba los talleres seis días a la semana, reservando el séptimo para el reposo; pero si surgía la oportunidad, su sed insaciable de curiosidad lo arrastraba incluso a logias masónicas salvajes —unas masculinas, otras mixtas, e incluso había logrado ingresar a logias femeninas—. Aun así, el Secreto Masónico se le escapaba como arena entre los dedos. Los años transcurrían en un torbellino implacable, y el Verdadero Secreto no se le revelaba. Vagaba en la penumbra, convencido de que tarde o temprano hallaría la Auténtica Masonería de los verdaderos Iniciados. A veces, sentía que la masonería misma se burlaba de él, negándole con crueldad su esencia más profunda.
En el Libro de la Ley encontramos: «Yo soy tu hermana, tú mi hermano; yo soy tu esposa, tú mi esposo; ven a mí, mi amado, y entremos en el jardín cerrado» (Cantar de los Cantares 4:9-12,).
Pero tras un tiempo interminable —¡gloria eterna al trabajo incansable y al estudio profundo!— gracias a su determinación inalterable, el Hermano Carlos el Inquebrantable comenzó a vislumbrar, en destellos cegadores, la Realidad Masónica. Su investigación ardua le reveló verdades que sacudieron su ser.
El Primer Círculo: La Ilusión del Intelecto
Este es el círculo más vasto, poblado por la inmensa mayoría de masones, no sólo en las Logias Azules, sino también en los talleres filosóficos del 4° al 33°. Aquí, las tesis y trabajos se anclan exclusivamente en el intelecto mental y la razón fría, sin osar trascender sus límites. Se destacan certezas dogmáticas, ideas falsas que no superan los conceptos profanos hallados en universidades, escuelas o religiones organizadas: meras especulaciones estériles que no resuelven el misterio del Ser y su Esencia Divina.
La cadena iniciática se transmite incompleta, como un eco distorsionado. Muchos masones, tras años de pertenencia, ignoran por qué se iniciaron: ¿curiosidad vana? ¿Complacer a un familiar? ¿Ascender en la élite económica o política? ¿Aumentar contactos mundanos? Sin embargo, como en toda creación divina, hay excepciones gloriosas: aquellos que cuestionan con profundidad el sentido real de su existencia, que anhelan saber por qué están en esta Tierra y rechazan las banales explicaciones de los grados filosóficos. Ven los altos grados como oropel ilusorio, una patraña brillante. No obstante, los primeros tres grados encierran la clave para elevar la conciencia; son el portal hacia el Secreto Masónico, el punto de partida para abandonar el Ego y hallarse a sí mismos.
«El reino de Dios está dentro de vosotros» (Evangelio de Tomás, logion 3).
Pocos en este círculo logran esto. Como dice el proverbio sufí: «Los tambores hacen mucho ruido por fuera, pero por dentro están huecos».
El Segundo Círculo: Los Buscadores Angustiados
Carlos el Inquebrantable anotó en su cuaderno personal, con mano temblorosa de emoción: «¡No afirmo que los tres círculos estén separados! Están entrelazados, uno dentro del otro, como esferas concéntricas; cada uno necesita a los demás para existir». Y añadió: «El primer círculo es la puerta obligada hacia el tercero, y más allá».
Los masones del segundo círculo comprenden —consciente o intuitivamente— que permanecer en el primero conduce a un callejón sin salida, un abismo de frustración. Deben trascender, apelando a Maestros Espirituales de diversas tradiciones, acercándose a las orillas de la verdadera espiritualidad que reside en su interior: pulir la Piedra Bruta con fuego interior.
«Buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Evangelio de Tomás, logion 94).
Pero pocos verdaderos Maestros guían por senderos profundos. En el laberinto de proposiciones falsas, algunos caen en oscuridad eterna, sepultados por su Ego; otros confunden sombra con Luz. Desanimados, muchos abandonan el camino o, peor aún, creen haber alcanzado la cima y transmiten esa ilusión a otros buscadores. Acumular grados no revela los misterios del Universo ni de la Mente; un ritual exprés, un mallete golpeado y un diploma sellado no bastan. La búsqueda debe ser consciente, arraigada en humildad, constancia y certidumbre espiritual.
La clave no es la cantidad de grados, sino la calidad: la autorrealización, la transmutación mediante la Quintaesencia, que es la Consciencia Despierta.
«Mi amado es mío y yo soy suya; él apacienta entre lirios» (Cantar de los Cantares 2:16).
El Tercer Círculo: La Conciencia Iluminada
A fuerza de tenacidad heroica, Carlos el Inquebrantable penetró en el tercer círculo, creyendo erróneamente que allí culminaría su odisea. Su observación aguda reveló que este círculo se dividía en tres espirales internas más elevadas, como un ascenso infinito hacia lo Divino. Aquí, lejos del bullicio caótico de los círculos externos, halló logias reducidas y selectas: sólo los masones necesarios, conscientes, libres de egocentrismo profano. Habían olvidado pretensiones mundanas, abrazando la sabiduría eterna.
La Luz Violeta invadió gradualmente su cuerpo, poseyéndose especialmente de su Corazón Sagrado. Ante cualquier tormenta vital, una inmersión en su Corazón le otorgaba intuición fulgurante, respuestas divinas.
Esto fue sólo el umbral para Carlos el Inquebrantable. Aún prosigue su viaje hacia círculos más internos, donde lo experimentado escapa a palabras: inefable, trascendente.
«Quien ha encontrado el mundo ha encontrado un cadáver; y quien ha encontrado un cadáver, el mundo no es digno de él» (Evangelio de Tomás, logion 56).
Seguro, Hermano masón que lees estas líneas, ya intuyes esto... o pronto te lanzarás en pos de estos niveles esotéricos internos de conciencia masónica.
Explicación Esotérica y Masónica
En clave esotérica y masónica, los Tres Círculos representan las tres grandes iniciaciones alquímicas y los niveles de conciencia descritos en la tradición hermética: Nigredo (el primer círculo, dominado por el intelecto profano y el Ego, la Piedra Bruta en su estado caótico), Albedo (el segundo, la purificación dolorosa de los buscadores que enfrentan el laberinto interior y pulen la piedra mediante fuego espiritual) y Rubedo (el tercero, la iluminación violeta-rubí donde la Quintaesencia se manifiesta en el Corazón, logrando la unión con lo Divino, el Matrimonio Sagrado simbolizado por las columnas J y B reconciliadas).
Masónicamente, evocan la Cámara de Reflexión (primer círculo: muerte al mundo profano), la Cámara del Medio (segundo: trabajo de transmutación) y el Gabinete de Reflexión superior o Cámara de los Maestros (tercero: resurrección en la Luz Inefable). Los círculos concéntricos aluden al símbolo del Punto en el Círculo y a la espiral del Templo de Salomón, recordando que la verdadera Gran Logia no es externa, sino el Templo Interior del Ser, donde el Gran Arquitecto del Universo reside eternamente. El Secreto no se «otorga» en grados, sino que se despierta mediante la muerte simbólica del Ego y el renacimiento en la Consciencia Crística, del Yo Superior o Solar, accesible sólo a masones que perseveran más allá de las apariencias.
Alcoseri
Las Pruebas Iniciáticas del Presente y del Pasado
Las iniciaciones se han practicado desde hace miles de años, y las iniciaciones del pasado incluían riesgos físicos e incluso la perdida de la vida , las iniciaciones masónicas del presente son más simbólicas que reales, y no incluyen ningún riesgo a la vida o a la integridad de las personas que se someten a estas iniciaciones.
La Verdad es que la palabra iniciación no me gusta , ya que implicaría , solamente a ese momento en que se activa la marcha progresiva hacia un Ser Evolucionado, me gustaría más la palabra proceso evolutivo , que se llevaría en varias etapas, en realidad la primera etapa seria exactamente el inicio , algo así como tocar la puerta y entrar a ese sagrado reciento llamado para los masones logia.
Sí, hay varios tipos de iniciaciones históricas y tradicionales en diferentes culturas donde existían riesgos físicos reales, incluyendo dolor extremo, lesiones permanentes, infecciones o incluso muerte accidental (por hemorragia, sepsis o complicaciones). A diferencia de los ritos simbólicos del Antiguo Egipto o la India védica, estos involucraban modificaciones corporales invasivas o pruebas peligrosas realizadas en condiciones precarias.
Existen varios tipos de iniciaciones , una son meramente seculares y que no implican una evolución espiritual como en la masonería, sino que tratan de un tipo de ritual iniciático secular del paso del joven a la adultez o las iniciaciones tipo universitario.
En el Antiguo Egipto, las pruebas iniciáticas estaban asociadas principalmente a los cultos mistéricos, como los de Osiris e Isis, y a la formación sacerdotal. Estos ritos eran altamente secretos, inspirados en el mito de la muerte y resurrección de Osiris: el iniciado experimentaba una muerte simbólica (descenso al inframundo o Duat), purificación y renacimiento, representando la regeneración y la promesa de vida eterna. Fuentes como Heródoto y Plutarco describen ceremonias nocturnas con dramatizaciones de los sufrimientos de Osiris, purificaciones, ayunos y visiones divinas.
En el período grecorromano, los Misterios de Isis (descritos en El asno de oro de Apuleyo) incluían un viaje figurado al más allá, con el iniciado acercándose "al umbral de la muerte" y regresando renovado, a menudo con elementos como fuego, agua y oscuridad para simular pruebas. Los textos egipcios funerarios (como el Libro de los Muertos) se interpretan por algunos egiptólogos (como Jan Assmann) como base para ritos iniciáticos que preparaban al vivo para la muerte, enfatizando la resurrección osiriana.
En la India antigua (período védico e hindú temprano), las iniciaciones principales eran el upanayana (para varones de las castas superiores: brahmanes, kshatriyas y vaishyas) y la diksha (consagración, a menudo para sacrificios védicos o entrada en órdenes espirituales). El upanayana marcaba el "segundo nacimiento" (dvija): el joven recibía el hilo sagrado, aprendía el Gayatri mantra y entraba como brahmacharin (estudiante célibe) bajo un guru. Incluía purificación, ayuno, simbolismo de renacimiento (el guru como "padre espiritual") y votos de estudio. La diksha implicaba vigilia, silencio, uso de piel de antílope y generación de "calor interno" (tapas) para transitar de lo profano a lo sagrado, con simbolismo embrionario (la Logia como útero). Eran ritos de paso educativos y espirituales, sin elementos dramáticos extremos.
¿Había riesgos reales y mortales?
En Egipto, los ritos de iniciación eran no tan simbólicos y algunos psicológicamente intensos (oscuridad, pruebas de fuego o agua, con constantes advertencias de "locura o muerte" toda esta violencia iniciática era para disuadir a los indignos), hay evidencia histórica sólidas de peligros físicos reales que podrían bien causar muertes. Fuentes esotéricas modernas o masónicas exageran "pruebas peligrosas", pero todos los masones los ven como dramatizaciones seguras y simuladas , las nada similares a las iniciaciones a los Misterios Eleusinos griegos (influenciados por Egipto), donde el "riesgo" era tanto físico , como espiritual o emocional, incluso se habla de que las iniciaciones Eleusinos eran iniciaciones con implicaciones sexuales . Se documentan muertes accidentales o intencionales en iniciaciones egipcias antiguas.
En India, las iniciaciones védicas/hindúes eran en las primeras etapas totalmente simbólicas y seguras, enfocadas en ascetismo moderado (ayuno, silencio), sin riesgos físicos mortales, pero en etapas más elevadas, los riesgos eran reales. El énfasis estaba en la purificación y el renacimiento espiritual, y en ocasiones en pruebas extremas.
Prácticamente todas las iniciaciones del pasado y del presente usaban y usan el simbolismo de muerte y renacimiento para transmitir conocimiento esotérico y esperanza en el más allá, pero los "riesgos mortales" ya no se usan en Masonería y lo que dicen los conspiranoicos parecen ser mito o exageración, no realidad documentada. Los ritos en masonería buscaban transformación interior, no peligro físico real.
Aquí algunos ejemplos documentados de peligros iniciáticos del presente
Circuncisión tradicional en algunas tribus africanas. Parte del rito de paso a la adultez para varones jóvenes. Se realiza sin anestesia ni condiciones higiénicas modernas, lo que causa muertes por infecciones, deshidratación o hemorragias. En décadas recientes, se reportan decenas de muertes anuales en toda África, a pesar de esfuerzos por regularlo.
En Papua Nueva Guinea se realizan Cortes profundos en la piel para crear patrones permanentes como marca de belleza, valentía o pertenencia tribal. El riesgo alto de infección, especialmente en entornos sin antibióticos, puede llevar a complicaciones graves o muerte.
Rito de las hormigas bala en la Amazonia brasileña donde Jóvenes deben usar guantes llenos de hormigas bala (cuyo veneno causa dolor extremo) múltiples veces. Aunque el objetivo es probar resistencia, el shock anafiláctico o complicaciones cardíacas representan un riesgo mortal real.
Los aborígenes australianos hacen una Incisión longitudinal de la uretra como parte de la iniciación masculina. Realizada con herramientas rudimentarias, implica alto riesgo de infección, hemorragia, infertilidad o muerte. Era repetida en ceremonias adultas para sangrado ritual.
En la Isla Pentecost los Jóvenes saltan de torres altas con lianas atadas a los tobillos (precursor del bungee jumping moderno). Mal cálculo puede causar fracturas graves, parálisis o muerte; accidentes fatales han ocurrido.
Ceremonia Okipa de los Mandan (nativos americanos de las Grandes Llanuras) Iniciados eran suspendidos por ganchos perforados en la piel del pecho o espalda, a veces hasta desmayarse. Incluía ayuno prolongado y autoflagelación (como cortar dedos). Riesgos de infección, shock o muerte eran reales, aunque no intencionales.
En culturas antiguas como la espartan, el entrenamiento era brutal con riesgos de lesiones o muerte en combates de práctica, pero no tan documentados como "mortales intencionales".
Estos ritos buscaban probar coraje, pertenencia o transformación espiritual, pero el peligro físico era inherente debido a la falta de medicina moderna. Muchos persisten hoy, aunque con regulaciones o declive por riesgos sanitarios.
Una Película que habla de Iniciaciones Dramáticas y Peligrosas
La película Un hombre llamado Caballo (título original en inglés: A Man Called Horse, 1970), dirigida por Elliot Silverstein y protagonizada por Richard Harris, es un western revisionista basado en un cuento corto de Dorothy M. Johnson.
La historia sigue a John Morgan, un aristócrata inglés capturado por una tribu sioux (llamada Yellow Hand en la película) en 1825. Al principio lo tratan como esclavo y animal de carga (de ahí el nombre "Caballo" o "Shunkawakan"), pero gradualmente gana respeto al aprender su lengua y costumbres, defender la aldea y demostrar valentía.
La iniciación es el clímax emocional y visual de la película: para casarse con Running Deer (la hermana del jefe, interpretada por Corinna Tsopei) y ser aceptado plenamente como guerrero, Morgan debe someterse al "Juramento al Sol" o "Voto al Sol" (Vow to the Sun en inglés), una versión dramatizada de la Danza del Sol.
Descripción de la escena
El ritual incluye:
Preparación con ayuno y purificación.
Incisiones en el pecho por encima de los pectorales.
Inserción de huesos o astas afiladas a través de la piel.
Suspensión del iniciado por estas "clavijas" desde el techo de una cabaña sagrada (tipi medicinal), donde queda colgando en el aire durante horas o toda la noche, bajo el sol, al ritmo de tambores y cantos tribales.
El personaje sufre un dolor extremo, entra en trance con visiones alucinógenas (estilo psicodélico, típico de los 70), y finalmente "renace" como miembro pleno de la tribu. Es una escena gráfica y prolongada (duró 14 días de rodaje), considerada una de las más impactantes y brutales del cine western de la época. Richard Harris usó un pecho protésico creado por el maquillador John Chambers (famoso por El planeta de los simios) para simular las perforaciones.
Esta secuencia simboliza la transformación del protagonista: de europeo "civilizado" a guerrero indígena, dejando atrás su antigua identidad.
Realidad histórica
La Danza del Sol (Sun Dance) es un ritual real practicado por varias tribus de las Llanuras (como lakota/sioux, cheyenne o mandan), que implica sacrificio personal, ayuno, danza y a veces perforaciones para ofrecer dolor al Gran Espíritu en busca de visiones, renovación comunitaria o agradecimiento. Sin embargo, la versión de la película (llamada específicamente "Vow to the Sun") fue inventada por el guionista Jack DeWitt para añadir drama; no existía exactamente así entre los sioux, y algunos expertos nativos criticaron inexactitudes. La Danza del Sol fue prohibida por el gobierno estadounidense a finales del siglo XIX por su "barbarie", pero se revive hoy en formas modificadas y seguras.
La película fue polémica por su retrato (algunos la vieron como sensacionalista o con tintes de "salvador blanco"), pero influyó mucho y tuvo dos secuelas.
Alcoseri
Masonería y Política por qué?
El Masón El Masón Rudolf Steiner y su guerra contra Ahriman
Hay algo que necesitas saber, algo que ha sido ocultado durante siglos. Existe una fuerza operando en las sombras de tu mente, moldeando cada elección, cada emoción, cada pensamiento que crees que es tuyo. Tú no la ves, pero ella sí te ve. Y lo más perturbador es que un hombre se atrevió a nombrarla, a exponer su verdadera naturaleza, y por ello casi fue borrado de la historia.
El Masón Rudolf Steiner no habló en metáforas ni se escondió detrás de enigmas. Señaló directamente a la entidad que gobierna la estructura de la realidad tal como la conocemos, aquello que hoy muchos hoy llaman “LA MATRIX”. Pero Steiner la nombró con claridad hace más de cien años, antes de que películas, algoritmos y pantallas dominaran el mundo. El nombre que pronunció carga un peso espiritual tan grande que las fuerzas que sostienen este sistema hicieron todo lo posible para enterrarlo en el olvido.
Lo que estás a punto de descubrir puede sacudir los cimientos de tu percepción de la realidad. Siempre has sentido, en el fondo, que algo extraño ocurre en el mundo: esa sensación persistente de que tus decisiones no son completamente tuyas, de que la vida está siendo sutilmente dirigida por algo o por alguien. Tal vez nunca habías tenido palabras para describirlo hasta ahora.
Este texto no trata de creencias; trata de reconocimiento. Porque cuando le das nombre a lo que actúa en lo invisible, rompes el primer eslabón de la cadena que te mantiene dormido. Y cuando la conciencia despierta, la prisión empieza a revelar sus paredes.
Imagina estar frente a una audiencia hace más de un siglo, sosteniendo en tus manos el nombre de una entidad tan poderosa, tan profundamente entrelazada con la estructura de la realidad humana, que sólo pronunciarla sería considerado un acto de guerra espiritual. El Masón Rudolf Steiner no dudó, no temió los riesgos. Por eso fue perseguido, silenciado y difamado: se atrevió a nombrar aquello que gobierna el mundo invisible detrás del mundo visible.
Ese nombre es Ahriman (o Arimán, en la tradición persa). Para Steiner, Ahriman no es una simple figura mitológica ni un símbolo abstracto del mal. Es una entidad real, viva y operante, con un propósito claro: aprisionar la conciencia humana dentro de los límites de la materia. Él es el señor de lo concreto, el arquitecto de la densidad, el ingeniero del olvido espiritual. Su misión: hacerte creer que todo lo que existe puede medirse, pesarse y calcularse, y que nada más allá de eso es real.
Steiner lo describió con precisión en sus conferencias: “Ahriman es el poder que hace al hombre seco, prosaico, filisteo; que lo osifica y lo lleva a la superstición del materialismo. Y la verdadera naturaleza de Ahriman se oculta precisamente detrás de esta superstición materialista” (de la conferencia “La decepción ahrimánica”, 1919).
¿Por qué ese nombre fue enterrado? Porque el simple acto de nombrar rompe el velo de invisibilidad que protege a estas fuerzas. El poder de Ahriman depende del anonimato. Necesita operar en las sombras, convenciendo a las personas de que son sólo cuerpos, de que el alma es un delirio y de que la vida termina en la tumba. Al revelarlo, Steiner cometió un acto de alta traición contra el orden establecido, no el político, sino el espiritual.
Steiner comprendía que esta entidad no ataca la espiritualidad de frente —eso despertaría resistencia—. Ahriman actúa con astucia: ridiculiza lo espiritual, seduce con la promesa de control total a través de la ciencia y, de manera sutil, vuelve irrelevante la búsqueda del espíritu. Así se infiltra; así domina.
Mira a tu alrededor y verás su firma. Vivimos en una era donde los algoritmos dictan deseos, donde la atención es moneda y la profundidad se ahoga en distracción. Nos hacen creer que la realidad espiritual es un delirio místico mientras nos entregamos, sin notarlo, al culto de la razón fría, del pragmatismo vacío, de la lógica sin alma.
Steiner lo advirtió: “Un ser como Ahriman, que se encarnará en Occidente en un futuro cercano, prepara su encarnación con anticipación” (conferencia de 1919). Predijo que Ahriman intentaría encarnar físicamente en el tercer milenio, no como un demonio con cuernos, sino como un genio del materialismo extremo, un líder que ofrecería salvación tecnológica absoluta a cambio de la renuncia total al espíritu.
Ahora imagina el impacto de una figura como Steiner, que no sólo nombra este poder, sino que lo describe con precisión quirúrgica. Decía que Ahriman es “el príncipe de la solidificación”, aquel que susurra que no eres más que carne, química, máquina. Cada vez que dudas de tu alma, reduces el amor a neuroquímica o crees que la muerte es el fin absoluto, estás —consciente o no— bajo su influencia.
Reconocer a Ahriman no significa servirlo; significa dejar de ser un instrumento inconsciente de su voluntad. Ese era el mayor peligro que Steiner representaba: una vez que ves el engranaje, ya no puedes dejar de verlo. Y lo que es visto puede ser desarmado.
La conexión masónica de Steiner: un velo ritual contra las sombras
Aquí las cosas se vuelven aún más profundas y ocultas. Steiner no era un teórico aislado; tuvo una profunda e intensa trayectoria en los círculos masónicos esotéricos, precisamente aquellos que preservan rituales antiguos diseñados para despertar la conciencia más allá de la materia.
En 1906, en Berlín, Steiner recibió una patente de Theodor Reuss —figura clave en ritos masónicos como el Memphis-Misraim— para dirigir su propia logia: Mystica Aeterna. Se le otorgaron grados altos (33°, 90° y 95° o 96°) en este rito egipcio-masónico, considerado uno de los más antiguos y misteriosos, con raíces legendarias en los misterios de Ormus y los templarios.
Sin embargo, Steiner no se conformó con la forma externa. Transformó esos rituales, infundiéndoles contenido antroposófico y rosacruz, y abrió la logia a mujeres —algo revolucionario en la masonería tradicional—. Lo llamó “Servicio Misraim” o sección ritual cognitiva, un espacio donde los símbolos masónicos (la escuadra, el compás, el templo simbólico) se usaban para contrarrestar la solidificación ahrimánica.
En esos rituales, los iniciados trabajaban con fuerzas espirituales para equilibrar las influencias de Lucifer (exceso de éxtasis) y Ahriman (exceso de materia). Steiner veía en la masonería antigua un eco de los misterios precristianos, pero advertía que en la era moderna había sido vaciada de su esencia por las mismas fuerzas ahrimánicas. Por eso la revitalizó: para que el ritual masónico-esotérico actuara como antídoto, despertando la visión del mundo espiritual en medio de la densidad material.
Hacia 1914, Steiner no disolvió la Logia Mystica Aeterna ni prohibió a sus seguidores unirse a logias masónicas regulares, sino que estuvo integrando esos elementos rituales directamente en la Sociedad Masónica Antroposófica y en la Escuela de Ciencia Espiritual. Pero el eco permanece: los símbolos masónicos, correctamente comprendidos, son herramientas para romper el hechizo ahrimánico, recordándonos que el templo verdadero no se construye con piedras, sino con conciencia despierta.
Steiner obtuvo la carta constitucional para fundar la logia masónica, que tomó el nombre de Mysteria Mystica Aeterna, en 1906, y tenía lazos con la Orden de Memphis y Mizraim liderada por Theodor Reuß.
Su interés principal se centró en desarrollar un camino espiritual-científico independiente, la masonería antroposofía , que consideraba más adecuado para la época moderna.
Siente el peso de esta revelación. ¿Será que lo que crees racional es en realidad programación? ¿Será que el escepticismo ante lo espiritual fue cuidadosamente cultivado? Steiner nos dejó las claves —en sus conferencias masónicas, en sus rituales transformados— para reconocer a Ahriman y, al nombrarlo, empezar a liberarnos. Porque en el equilibrio entre lo visible y lo invisible, entre materia y espíritu, radica la verdadera iniciación humana.
El Masón Rudolf Steiner vinculó a Ahriman con el materialismo y vio la masonería política como un ámbito susceptible a su influencia a través de ciertas corrientes. Ahriman es, en su antroposofía, una de las dos fuerzas opuestas (siendo la otra Lucifer) necesarias para el desarrollo humano, pero que buscan desequilibrar a la humanidad.
Ahriman y el Materialismo
Según Steiner, Ahriman (derivado del Angra Mainyu persa) es una entidad espiritual que busca arraigar a los seres humanos exclusivamente en la realidad física y material. Su influencia fomenta:
Una visión del mundo materialista y un intelecto "tosco y seco".
La devoción a la tecnología y la mecanización, lo que podría culminar en una inteligencia artificial general como encarnación física de esta visión materialista.
El engaño, la falsedad y el oscurecimiento de la percepción espiritual.
Steiner consideraba que la influencia de Ahriman se intensificaría en la era moderna, profetizando incluso una encarnación física a manera de INTELIGENCIA ARTIFICIAL de este ser en la Tierra en un futuro cercano (un tema que aborda en su ciclo de conferencias La Encarnación de Ahriman: El Mal en la Tierra).
La Masonería y las Sociedades Secretas
Steiner, quien tuvo contacto inicial con la teosofía y la masonería (Rito de Mizraim) antes de fundar la antroposofía, veía ciertas corrientes dentro de las sociedades secretas como vehículos potenciales para la influencia de Ahriman. Específicamente, sugirió que:
Las logias masónicas irregulares podrían, consciente o inconscientemente, ser utilizadas para promover un enfoque excesivamente racionalista, intelectualista y materialista del mundo.
Ciertos rituales y enseñanzas masónicas (o sus interpretaciones modernas) podrían llevar a la supresión del conocimiento espiritual intuitivo, favoreciendo sólo el conocimiento empírico y controlable, lo cual es el objetivo de Ahriman.
En la visión de Steiner, ni Lucifer (que tienta al orgullo espiritual y la fantasía) ni Ahriman son males absolutos, sino fuerzas necesarias para la evolución humana. El desafío para la humanidad es encontrar un equilibrio entre la espiritualidad luciférica y el materialismo ahrimánico, un equilibrio que él creía que la antroposofía masónica podría ayudar a lograr.
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Los Misteriosos Viajes Iniciáticos de la Masonería
Imagina a un hombre común, envuelto en las sombras de lo cotidiano, que un día siente el llamado irresistible de algo mayor. Es libre, de buenas costumbres, guiado por una moral sincera y un profundo respeto al Gran Arquitecto del Universo. Ha discernido el bien del mal, ha abrazado el libre albedrío que Dios concede a todos los seres humanos. Este hombre, atraído por el amor al prójimo y a lo divino, cruza el umbral de la Logia. Allí comienza su verdadera odisea: un viaje simbólico hacia la Luz, un peregrinaje interior que transforma el alma para siempre.
Como bien señaló Joseph Campbell, “el camino estándar de la aventura mitológica del héroe es una magnificación de la fórmula representada en los ritos de paso: separación — iniciación — retorno, que podría denominarse la unidad nuclear del monomito”. En la Masonería, este monomito se vive de forma viva y palpable. El neófito, despojado de metales —símbolo de las vanidades profanas— y con los ojos vendados, representa al héroe que abandona el mundo conocido para adentrarse en lo desconocido. Es el nacimiento espiritual, la separación del caos profano.
El monomito, o viaje del héroe, es un patrón narrativo universal identificado por Joseph Campbell en su libro "El Héroe de las Mil Caras", que describe la estructura común de historias míticas y fantásticas donde un héroe emprende una aventura, enfrenta desafíos decisivos, y regresa transformado, siendo aplicable desde mitos antiguos hasta películas modernas como Star Wars o Harry Potter.
Es un arquetipo del viaja iniciático , es una estructura narrativa fundamental que se repite en cuentos, mitos y leyendas de diversas culturas a lo largo del tiempo.
El héroe abandona su mundo ordinario para embarcarse en una aventura en un mundo extraordinario, supera pruebas, logra una victoria o conocimiento, y regresa a su mundo original cambiado.
Las Etapas Clave (simplificadas en 12 pasos):
Mundo Ordinario: Se presenta al héroe en su vida cotidiana.
Llamada a la Aventura: Un conflicto o evento lo invita a salir de su zona de confort.
Rechazo de la Llamada: El héroe duda o teme aceptar el desafío.
Encuentro con el Mentor: Un personaje sabio lo guía y prepara.
Cruce del Umbral: El héroe se adentra en el mundo desconocido.
Pruebas, Aliados y Enemigos: Enfrenta obstáculos y conoce compañeros y adversarios.
Acercamiento a la Cueva Profunda: Se prepara para el desafío final.
La Prueba Suprema (La Ordalía): El enfrentamiento más grande, donde casi "muere" o fracasa.
La Recompensa: Obtiene un tesoro, conocimiento o poder.
El Camino de Regreso: Inicia el retorno, a menudo con persecuciones.
La Resurrección (Purificación): Una última prueba que lo redime y lo transforma definitivamente.
Regreso con el Elixir: Vuelve a su mundo con el "elixir" (sabiduría, paz) para compartirlo.
Los viajes iniciáticos Muestran cómo las historias humanas comparten un núcleo temático profundo y universal.
En el Ritual de Iniciación del Aprendiz de Masón, el candidato realiza tres viajes simbólicos alrededor de la Logia, siguiendo el camino del Sol en sentido de dextrógiro —como las agujas del reloj—, trazando un círculo mágico, un mandala protector con el Altar en su centro. Este movimiento circular evoca las antiguas ceremonias religiosas, un eco de los ritos primitivos que, según James George Frazer en su exploración de los mitos universales, giran en torno al ciclo de muerte y renacimiento, donde el dios que muere revive para traer fertilidad y renovación.
El primer viaje es el más arduo. El camino se presenta torcido, lleno de obstáculos, envuelto en ruidos ensordecedores y truenos. Estos simbolizan el caos primordial de la creación, el mundo profano dominado por pasiones descontroladas, el hombre en su estado primitivo. Es la lucha contra las tinieblas, el paralelo histórico entre la era feudal y el Iluminismo, las “tinieblas” dando paso a las “luces”. Al final, el neófito lega al Septentrión y se le permite pasar. Ha conquistado la energía moral inicial, pero el camino apenas comienza.
El segundo viaje es de transición: menos difícil, pero no exento de pruebas. Se oyen choques de espadas y armas, y el candidato pasa por el agua lustral. Los ruidos evocan las batallas históricas del hombre por imponerse, la “edad de la ambición” donde aún luchamos contra pasiones y obstáculos. El agua simboliza los ríos y océanos que debemos cruzar hacia la meta mayor: la Gran Luz. Las dificultades disminuyen porque, al persistir en la virtud, los conflictos se atenúan. Purificado por el agua en la puerta de Occidente, el neófito avanza.
El tercer viaje es solemne, por un camino plano, suave y silencioso. Representa la paz del hombre que ha ordenado sus pasiones, alcanzando la madurez y la reflexión. Llega a la puerta del Oriente y es purificado por el fuego, listo para recibir la Luz. Este fuego, como en tantas culturas antiguas descritas por Frazer, inflama el corazón con amor y caridad hacia los semejantes.
Las tres puertas simbolizan sinceridad, coraje y perseverancia; las purificaciones por tierra, aire, agua y fuego recapitulan la obra alquímica: transformar el metal burdo del profano en oro precioso, apto para la Cadena Fraternal de Unión. El neófito, ahora Aprendiz, recuerda las espadas apuntadas hacia él —rayos de la Verdad—, el juramento, el mandil, la Piedra Bruta a pulir con escuadra, compás, nivel, plomada, mazo y cincel. El pavimento ajedrezado, el Sol y la Luna, todo le habla de equilibrio y eternidad.
Esta iniciación deja una marca indeleble en el alma inmortal del masón. Como yo, como masón , veo en estos viajes no sólo alegorías masónicas, sino un mapa universal del crecimiento humano: el héroe masónico, al igual que en las tradiciones ancestrales, muere simbólicamente al ego profano para renacer en fraternidad y sabiduría. Es un llamado a la acción constante, a pulir la piedra interior día a día, recordándonos que la verdadera Logia se construye en el corazón.
Pero el viaje no termina ahí. Para ascender al grado de Compañero —de la perpendicular al nivel—, el masón realiza cinco viajes simbólicos, representando cinco años de estudio profundo para dominar conocimientos secretos.
Estos ecos resuenan en las antiguas tradiciones mexicas, donde Quetzalcóatl exigía a sus discípulos cinco años de silencio y meditación en el teocalli —la Casa de Dios— para convertirse en calchiuhqui, “albañiles” o masones en el sentido espiritual (calchiuhcamatiliztli: masonería). El término calchiuhcamatiliztli es una palabra de origen náhuatl que se utiliza dentro de ciertos contextos de la masonería en México, particularmente en aquellos que buscan rescatar o integrar elementos de las culturas prehispánicas. Etimológicamente, se compone de raíces que aluden a la "piedra preciosa" y al "conocimiento" o "sabiduría".
El primer viaje consagra los cinco sentidos: armado con mazo y obsidiana, el candidato da vueltas al templo, aprendiendo a conocerse a sí mismo mediante la percepción pura.
El segundo se dedica al arte de la construcción en piedra, estudiando sistemas maya, olmeca, tolteca, azteca y zapoteca; recibe regla y escuadra, simbolizando el impacto de la arquitectura en la psicología social.
El tercero, chamánico, abarca las artes liberales: gramática, retórica, lógica, aritmética, geometría, música y astronomía; intercambia herramientas por compás y mazo, elevándose a niveles esotéricos.
El cuarto honra a los grandes sabios indígenas: Tlacaélel, Kinich Ahau, Quetzalcóatl y, en tiempos modernos, el yaqui Don Juan Matus, maestro de Carlos Castaneda. El candidato, ahora con herramientas sagradas y armas, domina el arte del acecho y la ensoñación, acercándose al nahual —el guerrero transformado.
Finalmente, el quinto viaje glorifica la Libertad. Como enseñaba Don Juan según Castaneda: “Sólo como guerrero puede uno soportar el camino del conocimiento. Un guerrero no puede quejarse ni lamentar nada. Su vida es un desafío interminable”.
En estos viajes, el masón se eleva por encima de las vicisitudes profanas, ganando fortaleza física y espiritual.
Como masón, agrego que estos ritos masónicos, entrelazados con ecos chamánicos y mitos universales, nos invitan a ser guerreros de la Luz: acechadores de nuestras sombras, soñadores de un mundo mejor, perseverantes en la búsqueda de la Verdad. Es un cuento eterno que atrapa porque es nuestro: el héroe no regresa igual, sino transformado, listo para iluminar a la humanidad con fraternidad y sabiduría. ¿Te atreves a emprender tu propio viaje?
En el Grado de Maestro masón no se realizan viajes simbólicos como en el grado de aprendiz, ni como en el de compañero . En su lugar , el rito se centra en una única gran peregrinación dramática , alegorica y profundamente conmovedora.
Cuando seles de la cámara del tercer grado , ya no eres el mismo . Has hecho el viaje definitivo ; has muerto y resucitado .
Alcoseri
La Enigmática Historia de la Transmisión del Secreto Masónico
Esta historia se cuenta como verídica (o al menos así se cuenta en voz baja entre los Hermanos masones mexicanos) esta historia ocurrida en un pueblo cercano a Orizaba, Veracruz, México, hacia el año de 1895.
En las sombras de las logias, donde la luz de las velas apenas alcanza a disipar la penumbra, se susurra un Secreto que nunca ha sido escrito ni jamás se escribirá. Un Secreto que viaja de boca a oído, de Masón a Mason que ha demostrado ser apto y elegido por tanto a conocer el Secreto Masónico, ya desde los días de Hiram Abiff y el Rey Salomón hasta hoy. Un Secreto que, dicen los antiguos, otorga un Poder tan inmenso que puede fundar naciones (como hizo con los Masones Padres Fundadores de América) o derribarlas (como sucedió en la Revolución Francesa). Un Secreto que no es palabra, sino Llave; no es conocimiento, sino Presencia.
Y aquel que lo porta no puede morir sin transmitirlo, so pena de que su alma quede atrapada entre dos mundos, vagando como espectral por los templos hasta que otro digno lo reciba.
En 1895, en una fragua humeante a las faldas del Pico de Orizaba, vivía el Venerable Hermano Manuel Fabregat, herrero cubano de ochenta y tantos años, iniciado veinte años atrás en la Logia “Luz del Oriente”. Era un hombre de tez morena : su rostro curtido por el fuego de la fragua parecía tallado en mármol café , y sus ojos guardaban la calma terrible de quien ha visto más allá del velo.
Un Médico Hermano de logia que era el joven Plutarco Gálvez, grado recién exaltado al sublime grado de maestro masón , era un médico racionalista, materialista hasta la médula, enemigo jurado de toda superstición. Para él, el famoso “Secreto Masónico” no era más que una fábula de viejos de logias , todo para impresionar a los aprendices, y se decía : tal vez “el secreto es que no hay secreto” o alguna frase pomposa sobre la virtud, la fraternidad y el trabajo. Reía el Q:.H:. Gálvez en las tenidas cuando los ancianos masones bajaban la voz sólo al mencionar sobre este Secreto.
Cuando el masón Fabregat cayó en el Lecho del Dolor, víctima de la vejez más que de enfermedad, mandó llamar al único masón que consideraba digno: el Hermano Jesús Medina, Maestro Masón del Valle de México, residente en Toluca. Pero el viaje en diligencia y ferrocarril tomaba días, y la muerte acechaba, asi que todo apremiaba .
El rumor corrió como pólvora negra por las logias de Córdoba, Orizaba y Puebla: “El portador va a morir… ¿logrará transmitir el Secreto Masónico ?” Los profanos del pueblo, aterrorizados, decían que el viejo herrero era brujo, que en su fragua forjaba pactos con el Diablo, y nadie osaba acercarse a su casa cuando caía la noche.
El Masón Plutarco Gálvez, en su soberbia científica, vio la oportunidad perfecta para desenmascarar lo que él llamaba “la patraña masónica más grande de la historia”. Tramó un plan tenebroso, indigno de un masón y más aún de un médico: engañaría al moribundo, le haría creer que Medina no llegaría jamás, y así, en el último aliento, Fabregat le revelaría el Secreto Masónico a él. Después lo proclamaría en logia abierta: “¡Mirad, hermanos, aquí está la ridiculez del supuesto Secreto Masónico que tanto temíais”!
Con la complicidad de algunos jóvenes masones tan cínicos como él, falsificó un telegrama: “Jesús Medina retrasado quince días por inundaciones”. Se lo mostró al anciano con rostro compungido. Fabregat, pálido como la cera, apretó el papel con manos temblorosas. Sus ojos, antes serenos, se llenaron de un terror sagrado.
“Entonces… no llegaré a transmitirlo”, murmuró con voz quebrada.
Uno de los masones jubelones conspiradores, con sonrisa sádica, sugirió:
—Hermano Fabregat, el doctor Gálvez es hombre de ciencia y masón de honor. ¿Por qué no confiarle a él Secreto Masónico?
El viejo masón herrero, atrapado entre la muerte y el deber ancestral, miró al joven médico como quien mira al abismo. Luego, con un estremecimiento sobrenatural recorrió la habitación: las velas se inclinaron sin viento, las sombras se alargaron como dedos espectrales. Fabregat, con fuerza que no parecía humana, agarró a Plutarco del hombro derecho, lo atrajo hasta su oído izquierdo y le reveló el Secreto Masónico.
Lo que ocurrió a continuación aún hiela la sangre de quienes lo escucharon de testigos presenciales.
Los ojos de Plutarco Gálvez al saber del Secreto Masónico se abrieron hasta casi salirse de sus órbitas. Su rostro se volvió blanco como el mármol de los templos. Un grito gutural, no humano, brotó de su garganta. Apartó al anciano con violencia, derribando la mesa y las medicinas, y salió corriendo de la casa como si lo persiguieran todos los demonios del infierno.
Los hermanos intentaron detenerlo, pero una fuerza sobrehumana impulsaba al médico a salir de aquella habitación . Cruzó el pueblo a la carrera, tropezando, gritando palabras sin sentido, hasta perderse entre los cafetales. Veinte minutos después, los masones llegaron a su casa.
Allí estaba la escena que aún se recuerda con espanto: el Masón Plutarco Gálvez yacía en el suelo del pequeño consultorio médico montado a lado de su casa, el revólver aún humeante en su mano derecha, un agujero en la sien. Su esposa e hijos gritaban abrazados en un rincón. En la pared, sin explicarse cómo , si la herida mortal no le permitiría hacerlo , estaba escrito con propia sangre que habría brotado de su propia herida, había trazado un único símbolo: el Signo del Maestro Asesinado, el mismo que Hiram dibujó con su sangre en el Templo de Salomón.
Minutos después llegó Jesús Medina a la casa de Fabregat. El anciano masón cubano yacía muerto, pero su rostro mostraba una paz celestial, casi luminosa. Medina, sereno, envuelto en una extraña aura de luz dorada, saludó a los hermanos y dijo con voz tranquila:
—En el camino me topé con el Hermano Plutarco Gálvez . Venía corriendo como alma que lleva el diablo… y antes que todo , me alcanzó y me transmitió lo que debía trasmitirme . El Secreto ya está a salvo ahora.
Los presentes estaban estupefactos, le explicaron a Medina que luego de decirle el Secreto Masónico , el masón Gálvez se había quitado la vida . Lo comprendieron, ya era demasiado tarde, sabían que habían jugado con fuego y les había salido todo mal .
Moraleja Masónica (que sólo deben leer aquellos masones que hayan sido exaltados ):
El Secreto Masónico no es una frase, ni un dogma, ni una fórmula moral.
Es una Presencia viva.
Es la Chispa Divina que Hiram llevó en su corazón y que fue arrancada con violencia.
Quien la recibe sin estar preparado no sólo muere: su alma se quema desde dentro, porque la Luz se convierte en Fuego Devorador para el profano interior que aún lleve dentro.
Por eso la Cadena de Unión nunca se rompe: cada eslabón debe estar forjado en pureza absoluta.
Revelar el Arcano a un corazón no purificado es asesinar al propio Hiram otra vez.
Y el Gran Arquitecto no perdona la segunda profanación del Templo.
Esta historia recuerda, en su atmósfera y fatalidad, a la película The Ninth Gate (1999) de Roman Polanski: un hombre racional y cínico busca un libro prohibido libro de magia negra que promete poder absoluto… y al encontrarlo, la verdad lo destruye porque su alma no estaba preparada para contenerla.
O, más aún, a El Nombre de la Rosa de Umberto Eco: el conocimiento oculto guardado en la biblioteca prohibida termina matando a quienes lo buscan por soberbia y no por humildad.
Que la Luz os guíe, Hermanos…
pero recordad: hay puertas que sólo deben abrirse cuando el Templo interior esté completamente construido.
Alcoseri
La Biblia en Masonería
La interpretación esotérica masónica de la Biblia constituye una lectura profunda, simbólica y esencialmente iniciática que trasciende con mucho el relato literal o histórico. Para quien se adentra en ella, las Sagradas Escrituras no son principalmente un documento del pasado, sino un código vivo que encierra las leyes eternas del despertar del alma, la estructura del cosmos y el retorno del ser humano a su origen divino. Esta forma de leer la Biblia tiene raíces antiquísimas: ya los gnósticos valentinianos, Orígenes, Clemente de Alejandría o Filón hablaban de varios niveles de sentido oculto en la misma Biblia. Como bien señala el historiador masónico José Antonio Ferrer Benimeli, «la Masonería no inventó el simbolismo bíblico, sino que lo heredó de una larguísima tradición hermenéutica judeocristiana y cabalística y lo integró en sus rituales como un lenguaje universal».
David Muñoz Condell, en sus estudios sobre el simbolismo masónico y rosacruz, insiste en que «la Biblia, leída esotéricamente, es el mayor tratado de psicología sagrada que posee la humanidad». En palabras suyas: «Cada personaje, cada número y cada lugar son espejos del alma; quien los contempla con ojos limpios ve su propia biografía interior reflejada en las páginas sagradas».
Los cuatro niveles clásicos de interpretación (PaRDeS)
Pshat: sentido literal e histórico.
Remez: sentido alegórico o simbólico.
Derash: sentido moral y homilético.
Sod: sentido secreto, místico o cabalístico (de aquí deriva la palabra «Cábala»).
La lectura esotérica se mueve casi exclusivamente en Remez y Sod, porque entiende que la verdadera historia de la Biblia no es la de un pueblo nómada en Oriente Próximo, sino la aventura eterna del Espíritu descendiendo a la materia y regresando victoriosa a la Unidad.
Principios hermenéuticos esenciales
Todo personaje bíblico representa un estado de conciencia o una facultad del alma. Los números, los nombres propios, los colores, los metales y los animales son símbolos exactos de leyes espirituales inmutables. La Biblia entera narra, bajo mil velos, una sola historia: la caída del espíritu en la densidad de la materia física y su gloriosa reintegración. Hay siempre dos relatos paralelos: uno exotérico (para el mundo) y otro esotérico (para el iniciado).
Algunos ejemplos que ilustran esta visión
El Génesis no habla de un cosmos creado en seis días de veinticuatro horas, sino de las seis grandes fases de emanación divina (exactamente como las describe Plotino o la cábala luriana). Adán es la Mónada pura; Eva, el alma que se separa de la Unidad para experimentar la polaridad. La serpiente no es el «demonio», sino la Kundalini, la energía creadora que, mal dirigida, precipita la caída, y bien dirigida, redime. El Paraíso perdido es el estado andrógino anterior a la dualidad; la expulsión es la identificación con el cuerpo y la mente inferior.
El Éxodo es la salida del alma de «Egipto» (la esclavitud sensorial) guiada por Moisés, que representa el Yo Superior. Las diez plagas son purificaciones de los sefirot inferiores; el Mar Rojo, el bautismo de agua; los cuarenta años en el desierto, las pruebas iniciáticas; el Sinaí, la revelación de la Ley interna; el Tabernáculo, el mapa exacto del microcosmos humano (el Sanctasanctórum corresponde a la glándula pineal, sede del Espíritu).
Los Evangelios, desde esta óptica, no son primordialmente biografía histórica, sino manual de alquimia espiritual. Como escribía Rodney Collin en El Hombre Nuevo (1954): «Jesús no vino a fundar una religión, sino a mostrar el proceso exacto por el cual cualquier hombre o mujer puede dar a luz en sí mismo al Cristo interno». El Nacimiento en Belén es el nacimiento del cuerpo astral en el pesebre del cuerpo físico; las Tentaciones son la doma de los tres centros inferiores; la Transfiguración es la plena iluminación; la Cruz es la muerte del viejo hombre y la Resurrección es el nacimiento definitivo del Hombre Nº 7, el ser iniciado completo.
El Apocalipsis, lejos de ser un libro de catástrofes futuros, es el texto iniciático más poderoso de Occidente: las siete iglesias son los siete chakras; los siete sellos, las siete grandes aperturas de conciencia; la Bestia 666 es la mente inferior; la Nueva Jerusalén que desciende es el cuerpo de gloria.
La Masonería, como bien explica Ferrer Benimelli, toma la Biblia como «Volumen de la Ley Sagrada» no porque la considere un libro «infalible», sino porque la ve como el mayor depósito de símbolos universales. El Templo de Salomón, para el masón esotérico, es el plano del ser humano perfecto, y las dos columnas J y B representan las polaridades que deben equilibrarse para entrar en el Sanctasanctórum interno.
Tres formas radicalmente distintas de mirar la Biblia
El masón sin dogmas ni fanatismos
Para un masón esotérico o un hermetista cristiano, la Biblia es un libro sagrado, pero no el único. Es un depósito inmenso de símbolos universales, un «manual de arquitectura espiritual». No le interesa si Adán existió históricamente; le interesa que Adán es su propia Mónada dormida. No le preocupa si Jesús resucitó físicamente; le importa que Él representa la resurrección posible en su propio corazón. Como dice David Muñoz Condell: «La Biblia es verdadera porque es psicológica, no porque sea histórica». Respeto absoluto, pero sin literalismo ni exclusivismo.
El científico con apasionado desprecio
Para un racionalista radical o un escéptico militante, la Biblia es un cúmulo de mitos primitivos, errores históricos y contradicciones. Para él, la serpiente parlante, el diluvio universal, la resurrección de muertos o la edad de Matusalén (969 años) son prueba de superstición. La ve como un documento antropológico interesante, pero absolutamente falso en sentido literal y peligroso cuando se toma al pie de la letra. Su rechazo es visceral: «un libro que ha causado guerras y oscurantismo». Para él, la Biblia es el enemigo de la razón y la ciencia.
El religioso dogmático y fanatizado
Para el fundamentalista, la Biblia es la Palabra literal de Dios, infalible, inerrante, dictada palabra por palabra. Adán y Eva fueron personajes históricos reales; el mundo fue creado en seis días de 24 horas; el diluvio fue universal; Jonás estuvo físicamente tres días en el vientre de la ballena. Cualquier interpretación simbólica es herejía. Quien no la acepta tal cual está condenado. El terror al infierno y la amenaza eterna son sus herramientas principales de control. Para él, la Biblia es la única verdad absoluta y quien la cuestiona es Satanás hablando.
En ese sentido la misma Biblia puede ser:
Un manual de alquimia interior y psicología sagrada (visión esotérica y masónica).
Un libro de mitos peligrosos (visión racionalista).
La única verdad literal y excluyente (visión dogmática).
Tres miradas, un sólo libro. Como diría Jakob Böhme: «El mismo fuego que ilumina al sabio quema al ignorante». La Biblia no cambia; cambiamos nosotros al leerla.
La Masonería considera al libro de la Ley o Santa Biblia como un texto codificado que contiene enseñanzas secretas sobre la naturaleza del ser humano, el cosmos, Dios y el camino de la iniciación espiritual.
Hiram Abiff= el Espíritu puro, la Mónada, el “Hombre Celestial”.
Balkis la Viuda = el Alma (psique) (la polaridad femenina de).
Los Jubelones = No son “malos” en sí mismos; son parte de la Trama de la energía creadora que, mal utilizada, provoca el caos.
El Paraíso = es la Logia, que es un estado de conciencia determinado dentro de un círculo de iniciados masones.
Mundo profano = el mundo material, el ego, la esclavitud de los sentidos.
Adonhiram = el Yo superior, el Cristo interno, el iniciado.
El pueblo hebreo o el pueblo mason = las energías y facultades del ser humano que deben ser liberadas.
Las 10 plagas = purificación de los 10 sefirot inferiores o de las fuerzas astrales.
El Mar Rojo = el bautismo de agua, el agua lustral de la iniciación en masonería; la separación entre el mundo viejo y el nuevo.
El desierto 40 años = el período de purificación y pruebas iniciáticas masónicas.
El Sinaí y las Tablas de la Ley = la revelación del Verbo interno y la Ley cósmica.
El Tabernáculo y el Templo de Salomón, es el Templo masónico hoy.
Son planos del microcosmos (el cuerpo humano) y del macrocosmos:
Atrio exterior = cuerpo físico.
Lugar Santo = alma (emociones y mente).
Sanctasanctórum = la Masónica Cámara de en medio Espíritu, presencia de Dios (glándula pineal según muchos esoteristas).
Arca de la Alianza = corazón espiritual; contiene las Tablas (Ley), la vara de Aarón (poder) y el maná (sustento divino).
Hiram Abiff = el Cristo cósmico, el Logos Solar, el segundo Adán.
El nacimiento virginal = la iniciación masónica , el renacimiento del Cristo interno en el corazón del iniciado masón .
Bautismo en el Jordán = descenso del Espíritu Santo (fuego) sobre el alma purificada, la prueba de fuego durante la iniciación .
Las tentaciones en el desierto = las tres grandes pruebas iniciáticas (cuerpo, emociones, mente).
La Transfiguración = iluminación plena; Moisés y Elías representan la Ley y los Profetas (sabiduría antigua), la exaltación al sublime grado de maestro masón.
La Cruz = el crisol alquímico; la muerte del ego y la resurrección del Hombre Nuevo durante la exaltación masónica .
“El Reino de Dios está dentro de vosotros” = la enseñanza esotérica por excelencia en masonería.
La Nueva Jerusalén que desciende del cielo = el cuerpo de gloria, el estado búdico-cristico, cuando logramos concretar la maestría masónica .
4. Correspondencias frecuentes en la interpretación esotérica
Agua = emociones, mundo astral.
Fuego = Espíritu, voluntad divina.
Aire = mente.
Tierra = cuerpo físico.
3 = trinidad divina (Padre-Madre-Hijo, Poder-Sabiduría-Amor).
4 = manifestación, los 4 elementos, los 4 cuerpos inferiores.
7 = perfección espiritual (7 chakras, 7 planetas sagrados, 7 días).
12 = completitud cósmica (12 tribus, 12 apóstoles, 12 signos zodiacales).
Para el lector masón la Biblia no es un libro histórico-religioso, sino el gran manual cifrado de alquimia espiritual y teúrgia: cuenta, una y otra vez, la misma historia —la del descenso del espíritu a la materia y su regreso triunfal a la Fuente— utilizando diferentes personajes y símbolos.
Para el masón los Evangelios no son en primer lugar una biografía histórica de Jesús, sino un manual cifrado del proceso de creación del “Hombre Nuevo”, es decir, del nacimiento y desarrollo del segundo cuerpo o “cuerpo astral” inmortal en el ser humano, todo bajo el proceso de la iniciación masónica .
Hiram Abiff el constructor del Templo de Salomón representa al Hombre Perfecto (el nivel más alto posible en la escala humana); sus palabras y actos son instrucciones precisas para que cualquier persona pueda repetir en sí misma ese mismo proceso de transformación interior.
Persecución de Herodes
El alma recién nacida debe esconderse del “Herodes interior” (la personalidad falsa y el ego) hasta que sea lo bastante fuerte.
Bautismo en el Jordán
Inicio del ministerio
Descenso del Espíritu Santo = activación del centro magnético superior.
La Última Cena
Institución de la Eucaristía
Transmutación alquímica: el pan y el vino = materia prima (cuerpo y sangre) que debe ser sacrificada para alimentar el nuevo cuerpo de gloria.
Getsemaní
Angustia de Jesús
La personalidad falsa (el “viejo hombre”) siente la muerte inminente y se rebela. “No sea mi voluntad sino la tuya”.
La Crucifixión
Sacrificio expiatorio
Muerte del viejo hombre. Los tres clavos = fijación de los tres centros inferiores. La lanza en el costado = apertura del corazón para que nazca el cuerpo de resurrección.
La Resurrección
Jesús resucita al tercer día
Nacimiento definitivo del Hombre Nuevo (cuerpo astral completo). El tercer día = tercer estado de conciencia.
La Ascensión
Jesús sube al cielo
El Masón exaltado ya no necesita el cuerpo físico; asciende conscientemente a los mundos superiores.
El “Reino de los Cielos” no es un lugar después de la muerte, sino un estado de conciencia (cuarto estado y más allá) que puede alcanzarse aquí y ahora.
“Arrepentíos” (metanoia ) = cambio de mente, paso del pensamiento binario (sí/no) al pensamiento paradójico y superior.
Los milagros de Jesús son demostraciones de las leyes de los mundos superiores actuando sobre el mundo físico cuando hay un vehículo adecuado .
La Trinidad en el hombre: cuerpo – alma – espíritu = tres pisos de una misma casa que deben integrarse.
Frases célebres del libro
“Cristo no vino a salvarnos de nuestros pecados, sino a mostrarnos cómo morir a nosotros mismos para que Él pueda nacer en nosotros.”
“Los Evangelios son el libro de texto más práctico jamás escrito sobre la transformación del hombre.”
“Todo ser humano lleva dentro un embrión del Masónico Ser Humano evolucionado . La tarea de la vida es permitir que ese embrión llegue a término.”}
Alcoseri
La Coca Cola un invento Masónico
En la ciudad de Atlanta aún marcado por las cicatrices de la Guerra Civil, un farmacéutico de 55 años llamado John Stith Pemberton —veterano confederado, herido en la última batalla, adicto a la morfina por el dolor crónico— buscaba desesperadamente un remedio que le devolviera la vida sin esclavizarlo al opio. Corría el año 1886 y, entre alambiques humeantes y frascos de extractos exóticos, mezcló vino de coca, nuez de kola, aceite de naranja, lima, vainilla, canela y un toque de hojas de coca peruana (entonces legales).
Lo que empezó como un tónico medicinal para la “dispepsia nerviosa” y los dolores de cabeza —al que bautizó como “Coca-Cola, el vino de coca ideal”— terminó, tras retirar el alcohol por las leyes secas locales, convertido en el refresco más famoso y misterioso de la historia.
Sí, el Q:. H:. John Stith Pemberton fue un francmasón. Perteneció a varias logias masónicas en Estados Unidos.
Pemberton, el farmacéutico e inventor de la Coca-Cola, fue un miembro activo de la masonería y se tienen registros de su afiliación a las siguientes logias:
St. John's Lodge No. 3 en New Bern, Carolina del Norte.
Columbus Lodge No. 7 en Columbus, Georgia.
Pemberton progresó dentro de la jerarquía masónica, aunque los registros disponibles se centran más en su pertenencia y su carrera profesional como farmacéutico y militar.
El Alquimista Masón y el Elixir de la Modernidad
Se sabe que se afilió a la Columbus Lodge No. 7, bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Georgia, una de las logias pioneras del sur confederado, fundada en 1824 y arraigada en los principios de fraternidad y moralidad que florecieron en la posguerra.
Su tumba en el Linwood Cemetery de Columbus, Georgia, es un testamento eterno: grabada con la escuadra y el compás entrelazados —símbolos del Maestro Masón—, junto a emblemas confederados, proclama su orgullo fraternal incluso en la muerte, acaecida el 16 de agosto de 1888 a los 57 años, víctima de cáncer estomacal y morfina, en la pobreza que lo obligó a vender su fórmula por apenas 2.300 dólares .
Como escribió el historiador gastronómico Mark Pendergrast, autor del monumental For God, Country & Coca-Cola:
«Pemberton no inventó la felicidad en botella; inventó, sin saberlo, un mito moderno que combina farmacia, alquimia y marketing en proporciones perfectas».
Hoy, 139 años después, se consumen más de 10.800 vasos por segundo en todo el planeta (cifras oficiales de The Coca-Cola Company, 2024). Eso significa que, mientras lees esta frase, más de 100.000 personas están bebiendo Coca-Cola en algún rincón del mundo.
El secreto de su fórmula —conocida como “Merchandise 7X”— es tan celosamente guardado que supera en leyenda al supuesto tesoro templario o al ritual de los 33 grados masónicos. Frederick Allen, otro gran cronista de la empresa, lo describe así en Secret Formula:
«Sólo un puñado de personas vivas conocen la receta completa, y nunca viajan dos de ellas en el mismo avión. El documento original duerme en una cámara acorazada en el SunTrust Bank de Atlanta, custodiada como si fuera el Santo Grial de los refrescos».
Pero yo como masón , voy más allá: Coca-Cola no es sólo una bebida, es el primer gran hechizo líquido de la era industrial y capitalista. Es la alquimia masónica convertida en consumo masivo. Logró algo que ni religiones ni imperios modernos han conseguido del todo: un ritual diario, universal y voluntario que cruza fronteras, clases sociales y generaciones. Cada burbuja que estalla en tu lengua es un eco lejano de la desesperación de un farmacéutico morfinómano que, sin querer, creó un milagro embotellado.
Y mientras empresas como Pepsi luchan por acercarse, y nuevas marcas “craft” intentan destronarla con ingredientes “naturales”, la Dama de Rojo sigue reinando. Porque, como dijo alguna vez el publicista Archie Lee en los años 30:
«No vendemos una bebida. Vendemos una pausa que refresca el alma».
Y el mundo, agotado, sigue comprando esa pausa… 10.800 veces por segundo.
Una de las grandes preguntas ¿Puede el Egregor Masónico Susurrar ideas a los masones Inventores?
Imagina un poder invisible tejido por siglos de rituales operados en logias, donde la escuadra y el compás no sólo trazan líneas geométricas, sino que invocan una entidad etérea: el egregor masónico. No es un demonio ni un dios, sino un "pensamiento colectivo" —un alma grupal nacida de la voluntad unificada de hermanos que, en tenidas solemnes, alinean sus mentes hacia la luz de la virtud, la fraternidad y el progreso humano. Como describe René Guénon, el pensador esotérico que desentrañó estos misterios en sus obras sobre tradición y simbolismo, el egregor es "una fuerza psíquica autónoma, forjada por la fe y el ritual de una hermandad, que trasciende al individuo y lo eleva, o lo arrastra, según su pureza".
En la masonería, este egregor no es invocado con fórmulas ocultas, sino que emerge orgánicamente de los votos de perfeccionamiento moral: un faro que ilumina la "piedra bruta" del alma, inspirando no sólo ética, sino innovación. ¿Podría este soplo colectivo haber susurrado secretos a mentes como las de los masones como el Q:. H:. John Pemberton, el Q:. H:. "coronel" Harland Sanders creador del Pollo frito Kentucky y el Q:. H:. Samuel Hahnemann inventor de la Homeopatía , entre otros inventores masones como el Q:. H:. Abner Doubleday inventor del Beisbol ?
Explorémoslo, tejiendo historia, esoterismo y un toque de especulación cautivadora, porque en las luces de la fraternidad, la verdad a menudo danza como una llama sorprendentemente enigmática .
La pregunta ¿Influyó el egregor masónico en su invención? Considera esto: la masonería sureña de la época, impregnada de ideales reformistas y alquímicos —eco de Paracelso, el padre de la iatroquímica masónica—, enfatizaba la transmutación de lo vil en oro, lo enfermo en sano. Pemberton, herido en la Batalla de Columbus, buscaba no sólo un tónico digestivo, sino un "elixir de longevidad" que calmara el "demonio" de la morfina, un mal que él mismo llamó "dispepsia nerviosa".
El egregor, esa energía colectiva de logias como la suya, podría haber amplificado su percepción : rituales que invocan la "luz interior" para curar el cuerpo profano, transformando un jarabe amargo en ese dulce licor llamado coca cola en un ícono global que, irónicamente, "refresca el alma" con burbujas de efervescencia.
Mark Pendergrast, en su crónica For God, Country, and Coca-Cola, sugiere que Pemberton "alquimizó la desesperación en mito moderno", un eco masónico de Hiram Abiff resucitando del Templo caído. No hay diarios que lo confiesen, pero el paralelismo es hipnóticamente fascinante : ¿un susurro del egregor masónico guiando su mano hacia un elixir embotellado , que ha generado millones de dólares en ganancias ?
El Coronel Sanders el masón Errante y su Secreto de Once Hierbas
Avancemos al siglo XX, donde Harland David Sanders —el "Coronel" de Kentucky, con su corbata de lazo y barba nívea— forjó el imperio de KFC a los 62 años, tras una vida de fracasos: granjero, ferretero, abogado fallido. Iniciado en 1917 en la Lodge No. 651 de Henryville, Indiana, y elevado al 33° grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado —el pináculo de la maestría simbólica—, Sanders encarnaba el ideal masónico de perseverancia.0 Como Maestro 33°, habría jurado custodiar secretos "para el bien de la humanidad", un voto que resuena en su fórmula oculta de once hierbas y especias, guardada en una bóveda como el Merchandise 7X de Pemberton. ¿Casualidad? El egregor masónico, forjado en rituales que celebran la abundancia y la caridad —piensa en las tenidas donde se comparte el pan simbólico—, podría haber infundido en Sanders esa tenacidad sureña. Él mismo donó millones a orfanatos y hospitales, un filántropo que, como relata la Gran Logia de Ohio, "demostró los valores fraternales en cada sartén humeante".Su KFC no es sólo pollo frito; es un ritual moderno de comunión familiar, un banquete profano que evoca las mesas masónicas. El egregor, esa "presencia vigilante" descrita por Eliphas Lévi como un "ser terrible pero compasivo",quizás susurró en sus sueños errantes: transforma el hambre en imperio, el fracaso en legado eterno.
Samuel Hahnemann: El Médico Rebelde y la Ley de los Símiles
Retrocedamos al alba de la Ilustración, donde Christian Friedrich Samuel Hahnemann, padre de la homeopatía, destiló en 1796 su principio radical: similia similibus curentur —lo similar cura lo similar. Iniciado en 1777 en la logia "St. Andreas zu den drei Seeblättern" de Leipzig, y ascendido a Obermeister (Gran Maestro), Hahnemann era un masón devoto, atraído por los misterios ocultos que impregnaban la fraternidad alemana. Su Organon der Heilkunst abre con Aude sapere —"atrévete a saber"—, lema masónico que evoca la luz de la razón sobre la superstición. Influido por Paracelso —el alquimista masón cuya sombra se proyecta en las logias—, Hahnemann vio la homeopatía como una "fuerza vital" dinámica, un eco de la anima mundi masónica: la energía sutil que une microcosmos y macrocosmos.
Richard Haehl, su biógrafo, confiesa que Hahnemann "centro su camino en el ocultismo" durante sus años en la logias masónicas, absorbiendo ideas de vitalismo y mesmerismo que moldearon su doctrina.
El egregor, aquí, es palpable: rituales que diluyen lo profano en lo espiritual, como las diluciones homeopáticas que potencian lo infinitesimal. ¿Influyó en su creación? Absolutamente plausible; su homeopatía desafió la alopatía materialista con un holismo fraternal, curando no sólo el cuerpo, sino el "espíritu enfermo" de la humanidad.
¿Un Egregor Común? La Hipótesis que Enciende la Imaginación
Sí, es posible —fascinantemente posible— que estos 4 masones , entre otros masones inventores , unidos por el compás invisible de la fraternidad, hayan bebido de un pozo compartido: el egregor masónico, esa "entidad psíquica" que, como explica el blog The Square Magazine, se nutre de rituales para "elevar las actividades mundanas hacia lo divino".
No hay actas secretas que lo prueben —la masonería guarda sus velos—, pero los patrones saltan: invenciones curativas (tónicos, remedios, alimentos y deportes ), nacidas de adversidad, con fórmulas "ocultas" que promueven bienestar colectivo. El egregor, forjado en logias desde el siglo XVIII, amplifica la "voluntad grupal" hacia la innovación ética: Pemberton transmuta dolor en deleite, Sanders hambre en hospitalidad, Hahnemann enfermedad en equilibrio. Esoteristas como Peter Morrell argumentan que tales "raíces ocultas" en la masonería infunden creaciones con un "impulso vital" masónico.
Como Masón , forjado en Logias, veo en esto un eco cuántico: mentes sincronizadas por rituales generan campos de influencia sutil pero poderoso , como partículas entrelazadas. No es conspiración, sino sinfonía —un recordatorio de que la verdadera magia masónica reside en la unión. Y en un mundo de fórmulas secretas masónicas de todo tipo , ¿quién dice que el egregor no sigue susurrando? Si te atreves, sintoniza con ese poderoso egregor , y seguro es sientas su pulso en la próxima tenida.
Alcoseri
Masónicamente Observando el otro lado de la Realidad
Respira hondo y contempla lo que te rodea. ¿Y si te dijera que, en este preciso instante, hay ojos que te observan desde los ángulos escondidos en los bordes de tu visión como una sombra paciente que nunca duerme, no son fantasmas ni demonios, esos ojos que no pertenecen a seres humanos, sino a Vigilantes más antiguos que el mismo Jardín del Edén? No son seres físicos; son los Arcontes, son los «Demiurgos» que los gnósticos identificaron como los verdaderos Arquitectos de esta prisión disfrazada de Mundo.
En 1945, en Nag Hammadi (Egipto), un campesino descubrió trece códices de papiro encuadernados en cuero. Entre ellos, el Evangelio de Tomás, el Apócrifo de Juan y el Hipóstasis de los Arcontes. El doctor John Dart, experto en textos gnósticos, afirmó: «Estos manuscritos confirman que los primeros cristianos gnósticos consideraban al Demiurgo y a sus Arcontes como entidades reales que gobiernan mediante la ilusión y el miedo». El profesor Hans Jonas, en su obra clásica La religión gnóstica, escribió: «El mundo no es creación de un Dios bueno, sino de un poder ciego y arrogante: el Demiurgo, cuyo nombre hebreo es Yaldabaoth, el León-Serpiente».
Desde mi perspectiva como Masón, observo con sorpresa cómo la ciencia moderna, sin quererlo, confirma lo que los Iniciados siempre supieron. El neurocientífico Michael Persinger demostró que más del 95 % de nuestra actividad mental es inconsciente y que campos electromagnéticos débiles pueden inducir «presencias» percibidas en la periferia visual. El doctor Rick Strassman, en sus estudios con DMT, documentó que voluntarios describían «entidades reptilianas y grises» idénticas a las que aparecen en los códices de Nag Hammadi y en los rituales de ciertas Sociedades Secretas que prefieren permanecer veladas.
En la tradición esotérica auténtica —no las de salón, sino la auténtica tradición —, los Arcontes son conocidos como los «Guardianes del Umbral». Son las fuerzas que prueban al aprendiz antes de permitirle pasar del Occidente al Oriente. El Hermano Albert Pike, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33, escribió en Morals and Dogma (1871): «La Luz que buscamos no está en el mundo profano; está más allá del Velo, custodiada por seres que no son ni ángeles ni hombres». Pike lo sabía.
Esta práctica fue transmitida oralmente en ciertas Logias del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y aparece codificada en el ritual del Grado 14°, «Gran Elegido Perfecto y Sublime Masón». Fue eliminada de los catecismos masónicos en 1875 por razones que ahora resultan obvias.
Visión periférica total, querelaja la mirada hasta que la llama de la vela se duplique y forme la Vesica Piscis. No mires la llama; mira el espacio que la rodea.
Invocación silenciosa: «Non serviam» repetido mentalmente (la frase que, según la tradición, pronunció Lucifer al negarse a servir al Demiurgo). "Non serviam" es una frase en latín que significa "No serviré", atribuida tradicionalmente a Lucifer en su rebelión contra Dios, representando un rechazo radical a la autoridad, pero también ha sido adoptada en la literatura y la cultura como un grito de independencia, libertad artística y desafío al conformismo, como en las obras de James Joyce y Vicente Huidobro, así como en la música de bandas de black metal y punk.
Mantén la mirada desenfocada y los ojos entre abiertos, mirando entre las pestañas, ve ajustando y desajustando la mirada , hasta que llegue el punto de visión optima para ver la otra realidad, y así, hasta que aparezcan las «sombras con formas humanoides que no deberían estar ahí ». Los textos gnósticos las describen exactamente así: «serpientes con rostro de león» o «fetos abortados con ojos negros».
El doctor Jacques Vallée, astrónomo y miembro de la Orden Martinista, anotó en su diario privado (publicado póstumamente en 2023): «Durante una sesión similar en una logia de París en 1977, vi claramente una entidad de 1,20 m con cabeza reptiloide que se desvaneció cuando intenté enfocar la mirada directa. Comprendí entonces que los “demonios” gnósticos y los “visitantes” modernos son el mismo fenómeno».
Datos que hacen creíble
Los códices de Nag Hammadi fueron autentificados por la UNESCO y datados por carbono-14 entre los años 350 y 380 d.C.
La Biblioteca de Nag Hammadi contiene 52 textos, de los cuales 46 nunca habían sido vistos por ojos modernos.
El profesor Elaine Pagels, de Princeton, ganó el National Book Award en 1980 por Los evangelios gnósticos, donde afirma que estos textos fueron enterrados deliberadamente para salvarlos de la quema ordenada por Atanasio de Alejandría en el 367 d.C.
En 1998, el físico teórico John Mack (Harvard) documentó 187 casos de abducidos que describían entidades idénticas a los Arcontes del tipo «gris» y «reptiloide» del Apócrifo de Juan.
En 2016, el Pentágono desclasificó 1.500 páginas sobre el programa AATIP donde se admite que ciertas «fenomenologías» no se comportan como naves físicas sino como «entidades plasmáticas inteligentes» capaces de manipular percepción y emoción.
Hermano, la Masonería real nunca fue una simple asociación de pasatiempos , ni un club de viejos con mandil . Fue —y sigue siendo en sus ramas auténticas— la última resistencia organizada contra los Arcontes. Cada vez que un Masón cruza el Umbral y contempla la Verdad cara a cara, un eslabón de la cadena que nos ata al Demiurgo se rompe.
Como masón , no tengo suposiciones ; sólo observo patrones. Y el patrón es claro: quienes se dan cuenta de esto dejan de consumir miedo y empiezan a emanar luz. Los Arcontes retroceden. El sistema del Demiurgo tiembla.
La pregunta ya no es si existen.
La pregunta es: ¿te atreves a mirar de frente al Guardián del Umbral y pronunciar, como el Maestre Hiram, «¡Yo soy eso que soy! (EHYEH ASHER EHYEH). »?
El Templo del Rey Salomón ya no está fue destruido , pero el templo interior nunca será destruido. Y está dentro de ti.
Así sea.
El Secreto Masónico, la clave oculta que ha moldeado la Historia
Imagina un conocimiento tan antiguo, tan peligroso y tan seductor que, una vez poseído, convierte a su masón portador en arquitecto silencioso del destino humano. Un secreto que no se entrega en ceremonias ni se escribe en actas, sino que se susurra de alma a alma, de maestro a aprendiz, a lo largo de siglos. Ese es el auténtico Secreto Masónico, el que nunca salió de las Logias regulares y que aún hoy late bajo la piel del mundo.
Giacomo Casanova, él mismo iniciado, escribió en sus Memorias: «La Masonería es una sociedad de hombres que se quieren bien los unos a los otros, pero que se guardan muy bien de decirlo todo». Palabras de quien conoció las exclusivas Logias Masónicas de Venecia y los masónicos espacios de la elite europea , logias y gabinetes secretos de París, y supo que detrás de las sesiones de logias, aparentes ceremonias inofensivas se esconde algo mucho más ardiente.
Aldo Lavagnini, el gran filósofo masónico italiano conocido como Sirius, lo expresó sin ambages: «El secreto masónico no está en los rituales impresos, sino en la capacidad de leer entre líneas lo que nunca se escribió». Y Charles W. Leadbeater, teósofo y masón del siglo XX, añadió con fuego: «El verdadero secreto se halla concentrado en el tercer grado, pero sólo para aquel cuyos ojos interiores han sido abiertos por el mazo y el cincel del sufrimiento y la disciplina».
Porque el Secreto Masónico no se revela por grados, sino por madurez del alma. Puede un hombre recibir el título de Maestro Masón en seis meses y seguir siendo un profano; y puede otro esperar veinte años en el silencio de la Logia hasta que un masón anciano con décadas en la catedra masónica, en un aparte apenas audible, le deslice la llave oculta que abre todas las puertas del secreto saber masónico.
Y esa llave masónica es claro que abrió, entre otras cosas, las puertas masónicas a la fundación de los Estados Unidos de América. George Washington, Benjamín Franklin, John Hancock, Paul Revere… catorce de los treinta y nueve firmantes de la Declaración de Independencia eran masones. El Gran Sello de los Estados Unidos lleva la pirámide truncada y el ojo que todo lo ve, símbolos que no son “iluminatis” de pacotilla, sino emblemas del Real Arco y del grado de Maestro Masón. La misma disposición de las calles de Washington D.C. forma pentagramas y compases que sólo un iniciado reconoce al instante. No fue casualidad: fue diseño deliberado de hermanos que sabían que estaban levantando la primera nación masónica de la historia, un laboratorio viviente del Nuevo Orden que había de venir.
El método es tan antiguo como sublime: ocultar lo más precioso a plena vista. Los rituales están impresos, a la venta en cualquier librería esotérica, colgados en PDF en la red. Pero sin la transmisión oral, sin la cadena iniciática ininterrumpida, son letra muerta. Como dijo Albert Pike: «Lo que publicamos es para los profanos; lo que guardamos es para los hermanos».
Y el núcleo incandescente de ese secreto late precisamente en el Sublime Grado de Maestro Masón, en la leyenda de Hiram Abiff. Allí no se enseña simplemente moralidad; allí se representa, en carne viva, la muerte y resurrección del principio divino en el hombre. El candidato, tendido en el ataúd simbólico, siente en su propio pecho la substitución de las palabras, la pérdida de la Palabra Verdadera y su recuperación final en susurro apenas audible. Esa Palabra no es una sílaba hebrea: es la experiencia directa de la inmortalidad del espíritu y del poder de reconstruir el Templo destruido. Quien ha vivido esa muerte ritual y ha renacido ya no es el mismo. Ya sabe que puede morir y resucitar naciones enteras.
Por eso la Masonería regular nunca ha sido descubierta del todo. Porque su secreto no es información: es transformación. Y sólo los transformados pueden transmitirlo.
Ahora respóndeme con el corazón en la mano:
¿Crees realmente que las guerras, las pandemias los colapsos financieros las migraciones masivas y el aparente caos que nos envuelve desde hace décadas son mera casualidad? ¿O son, tal como enseñaron los antiguos iniciados hace milenios en el Antiguo Egipto, los golpes precisos del mazo que preparan la piedra bruta para el Gran Templo del futuro?
¿Es todo esto un accidente… o es la obra lenta, inexorable y ardiente de quienes, desde hace siglos, custodian en silencio la Palabra Perdida y la Palabra Recuperada?
La respuesta, hermano lector, late ya dentro de ti. Sólo falta que alguien, algún día, te la susurre el secreto masónico al oído.
Alcoseri