







a ruptura de Elba Esther Gordillo con Felipe Calderón es cada día más evidente. Aliada a Enrique Peña Nieto y con la mira puesta en 2012, la maestraradicalizó
su discurso. Después de casi tres años de no realizar eventos sindicales estatutarios, convocó a un consejo nacional. Un año después del golpe gubernamental al SME se solidarizó con los electricistas.
Viendo las barbas de su vecino cortar, la profesora Gordillo objetó que el gobierno otorgue la toma de nota a los sindicatos. El miedo no anda en burro. Su situación como líder vitalicia del SNTE es absolutamente ilegal, pues viola los numerales 43, 44 y 49 de los estatutos del sindicato. Elba Esther fue nombrada presidenta del comité ejecutivo nacional el 17 de marzo de 2004. Los estatutos señalan que el puesto durará cuatro años y no se podrá ocupar el mismo cargo ni otro ni en el mismo comité
. Ella debió haber abandonado la presidencia del sindicato en 2008, hace más de tres años. Si la autoridad laboral quisiera hacerlo podría desconocerla legalmente.
Por si las moscas, Gordillo vela armas. Y se prepara, con todo, a ganar las elecciones en el estado de México el 3 de julio. Tiene a su disposición un impresionante ejército de maestros que no trabajan frente a grupo y funcionan de operadores electorales.
Según cifras oficiales, las dos secciones del SNTE en el estado de México (la 36 y la 17) cuentan con 556 comisionados sindicales. La cifra en la realidad es mucho mayor. Sólo en la sección 36 hay más de 3 mil profesores que no trabajan y se dedican de tiempo completo a actividades electorales. Formalmente están adscritos como personal de apoyo en supervisiones, jefaturas de sector y jefaturas de departamento. En los hechos cuentan con el permiso verbal de sus jefes para no laborar.
Elba Esther cuenta con puestos claves en la administración de los Servicios Educativos Integrados al Estado de México. Valdemar Molina Grajeda, secretario general sustituto de la sección 36 en el periodo 1985-88, es director de Educación Básica y Normal. Héctor Ánimas Vargas, tesorero y secretario de Vivienda de distintos comités seccionales, es director de Educación Secundaria y Servicios de Apoyo.
Parte del ejército electoral del Panal está integrado por maestros que aspiran a ser directores, personal de nuevo ingreso que necesita una plaza definitiva y profesores que requieren favores sindicales. A cambio de obtenerlos están obligados a asistir a eventos electorales, ubicar posibles votantes casa por casa, convencerlos y obtener fotocopia de su credencial de elector.
En las escuelas, las huestes de Elba Esther trabajan bajo las órdenes de los directores. Los maestros distribuyen en los salones de clase millares de volantes con el objetivo de que los niños los entreguen a sus padres, promocionando la compra de una despensa de frutas, legumbres, abarrotes y verduras
. Al día siguiente, las madres deben llevar el dinero y su bolsa de mandado. Afuera de la escuela está el camión de Nueva Alianza donde se adquieren los productos. En el volante se establecen tres tipos de precios: el paquete de legumbres y de verduras cuesta 10 pesos cada uno, el de frutas, 15, y los abarrotes 30. Se advierte que en la compra de cualquier paquete, presentando el volante y la bolsa de mandado, obsequian un producto más.
En las aulas Panal y SNTE entregan cuadernos con la leyenda Mamá, sácate un 10. Vota por Nueva Alianza
, así como reglas que dicen Nueva Alianza, una propuesta que marca tu vida
.
La alianza Elba Esther Gordillo-Enrique Peña Nieto tiene una larga historia tras de sí. En los comicios de 2009, la maestra se coaligó para la elección de presidencias municipales con PRI, PVEM, PSD y Futuro Democrático. Compitió en alianza parcial con PVEM, PRI y PSD en 40 distritos. El Panal obtuvo seis diputados locales de un total de 75, aunque sólo uno de mayoría relativa. Pese a ello, la ex secretaria general de la sección 36 Lucila Garfias Gutiérrez fue nombrada presidenta de la 57 legislatura del estado.
En abril de 2010, la sección 36 del SNTE solicitó un espacio para la construcción de oficinas regionales y un centro de capacitación. El gobierno de Ecatepec, presidido por Eruviel Ávila, donó al sindicato un predio de más de 3 mil metros cuadrados, ubicado en la sierra de Guadalupe.
El 19 de noviembre de ese año Peña Nieto inauguró las flamantes oficinas. Acompañado por Elba Esther Gordillo Morales, develó una placa inaugural, recorrió las instalaciones y descubrió el mural Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución. El gobernador reconoció la presencia de la maestra Elba Esther, y le reiteró que el estado de México es su casa. El alcalde fue el encargado y anfitrión del acto. La maestra agradeció al gobernador la construcción de una nueva sede para su sindicato.
En octubre de 2010, el Panal apoyó la aprobación de la ley Peña, a través de la cual el gobernador pudo conjurar la posibilidad de una candidatura común de PAN y PRD. Elba Esther negoció ese voto a cambio de que se eliminara del paquete de reformas electorales la cláusula de gobernabilidad para evitar que su partido se quedara sin sus diputados plurinominales.
Para el proceso electoral local 2011, el Panal firmó el convenio de coalición con PRI y PVEM. Con base en éste, a Gordillo le corresponderán 14 puntos de la votación obtenida. Antonio Hernández, dirigente estatal del Panal, reconoció que la fuerza de su partido se debe a la participación activa de los afiliados al SNTE. La dirigencia nacional del PRI designó como delegado del CEN para ese estado a Miguel Ángel Osorio Chong, ex gobernador de Hidalgo, uno de los políticos más cercanos a Elba Esther.
El 13 de abril de 2011, en un acto masivo en el Salón Rojo del Club Toluca, el Panal refrendo su apoyo como candidato a gobernador a Eruviel Ávila. El abanderado tricolor dijo que necesitaba del apoyo de Elba Esther Gordillo y del magisterio del estado de México para ganar la elección.
Simultáneamente envalentonada y temerosa, Elba Esther se prepara para formalizar su ruptura con el PAN y avanzar con Peña Nieto. Por lo pronto ha echado a andar su maquinaria electoral invisible.
l país vive la emoción que ha desencadenado la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad a que convocó el poeta Javier Sicilia. Es verdad: México entero coincide en que no es posible soportar más la atmósfera de crimen, corrupción, incapacidad e irresponsabilidad oficial que vivimos, maniatados y como esperando siempre a que se combinen las malas fortunas para hacernos pagar lo impensable.
Pero resulta casi cómico, si no fuera trágico, que a este sentimiento masivamente expresado, a esta demanda multitudinaria que rebota de pantalla en pantalla y de altavoz en altavoz, sólo se responde con sordera y necio empecinamiento, que llevan al Presidente y a sus subordinados a repetir incansablemente que no se corregirá la ruta (no hay más ruta que la nuestra
). Mostrándose otra vez que en nuestra historia reciente resulta habitual que losdirigentes
no vean ni escuchen las exigencias de la sociedad, y confirmándose que el pueblo tiene la mirada, el corazón y la capacidad de análisis más abiertos y certeros, más inteligentes, que los titulares de los poderes de la Unión, en sus distintos ramos y niveles. Demostrándose una vez más que la sociedad está muy por arriba del Estado.
Con plena razón sostuvieron hace unos días Diego Valadés y Jorge Carpizo que Felipe Calderón debe reconocerseria y prudentemente
que no funcionó su estrategia de combate al crimen organizado. Esto no significa, como lo han interpretado neciamente Calderón y sus ayudantes, que sus críticos simplemente exijan el regreso del Ejército a sus cuarteles.
No, lo que se dice es que el combate ha de ser múltiple y multidimensional: la contención policiaca y militar, pero el combate con la misma fuerza y decisión al lavado de dinero y a las finanzas de los grupos criminales, contar con información suficiente y actuar eficazmente para acorralarlos, atacar con inteligencia sus ligas internacionales y, desde luego, emprender una gran revolución cultural
que se proponga alejar de la drogadicción a la niñez y a la juventud. Y que se proponga dinamizar todos los aspectos de la recuperación anímica y física de quienes han caído en el pozo. Sin hablar de planes consistentes y amplios para crear empleos y escuelas para cambiar la vida de los jóvenes, de esos famosos ninis que son carne de cañón y que se sienten abandonados no sólo de la mano de Dios, sino de la mano de un gobierno y un Estado de verdad responsables.
Pero todo esto, que se ha dicho hasta la saciedad, no ha penetrado un ápice en su mentalidad, empezando por Felipe Calderón, lo que significa el abandono y la desatención de los reales problemas del narcotráfico, y el necio empeño de seguir tratando sólo de manera unilateral y simplista un grave problema que es de suyo complejo y multidimensional.
Tal es el corazón de la crítica al gobierno. El reclamo no se reduce a pedir el regreso del Ejército a los cuarteles, sino la exigencia al gobierno de que trate la cuestión en sus variadas dimensiones, que parecen olvidadas y reducidas sólo a su aspecto militar. Es este reduccionismo sordo a otras opiniones lo que hace tan vulnerable la posición del gobierno de Calderón en su combate al crimen organizado
.
Como muestra, otro reciente botón: la peregrina idea de la Secretaría de Gobernación de que los jóvenes debieran enrolarse en una llamada Policía Estatal Acreditable, convirtiendo en estúpida caricatura un problema de gran seriedad.
Otro silencio que se escucha estruendosamente es el de los pretendientes a 2012, mutismo sobre la cuestión más urgente que vive la sociedad mexicana (salvo la alusión de AMLO en la presentación de su Nuevo Proyecto de Nación, en que afirmó que el Ejército debía regresar a sus cuarteles, sin prisa y con gran cautela). Todo indica que sobre éste y otros temas fundamentales la discreción
y lasecrecía
siguen siendo el estilo
de nuestra política, es decir, la sustracción de los temas fundamentales a la discusión pública.
Es entonces lamentable que entre losrecursos
humanos de Felipe Calderón no haya quien pueda centrarse en un enfoque multidimensional del problema, prefiriendo el silencio a causar un disgusto al jefe o a los jefes. Pero en el fondo se cae pronto en la cuenta de que hay aspectos de ese combate, sobre todo contra las finanzas de los mafiosos, de la droga o de cuello blanco (banqueros, financieros, políticos, etcétera), que evitan los oficiales
de todo rango y que para nosotros resulta confirmatorio de que la corrupción es generalizada y alcanza también a los sectores de altos vuelos
, incluidos los financieros, que en esta maraña delictiva se llevan la tajada del león.
Se ha dicho ya que esta guerra contra el narcotráfico
es sobre todo un negocio, negocio de las drogas y del tráfico de armas, lo cual multiplica los intereses de los involucrados y su oposición a que finalicen ambos delitos. Ésta es una de las raíces de la cuestión, y uno de los muros de piedra a que se enfrentan Javier Sicilia y sus seguidores.
Es decir, nos enfrentamos no sólo a la cerrazón de quienes tienen en sus manos esta guerra, sino a los intereses multimillonarios que los hacen tan poderosos. Pero por tales razones un saludo también redoblado a la aventura de Javier Sicilia y de quienes con él se han solidarizado.
l 5 de mayo, en un encendido discurso, como son sus alocuciones recientes, Felipe Calderón dijo que hay quienes quisieran ver a nuestras tropas retroceder, a las instituciones bajar la guardia, para dar paso a las gavillas de criminales; dijo también, al llamar a la unidad, que los mexicanos de bien estamos en el mismo bando
.
Que no me cuente de ningún modo en su bando
; quien llegó a la Presidencia mediante un proceso amañado y con apoyos ilegales, quien se negó a contar los votos como se lo pedía el pueblo de México; no puede decirnos a los mexicanos que nos sumemos a subando
; no puede tampoco pedirles a quienes se han manifestado en estos días por la paz y por la justicia, al poeta cristiano Javier Sicilia y a otros muchos que protestan contra la violencia y la sangre derramada, que se cuenten en subando
; ellos y nosotros no somos delincuentes, pero tampoco podemos estar del lado del clima de terror impuesto, del atropello cotidiano a garantías individuales y de la guerra sin sentido; no queremos cambiar seguridad por libertad.
El martes 3 de mayo, en la avenida Constituyentes de la ciudad de Monterrey fui testigo de cómo un par de pelotones de soldados que viajaban en tres vehículos artillados, detenían y ponían con las manos contra la pared, mientras con insolencia y total falta de respeto, revisaban cuerpo y ropas a un joven solitario, que transitaba a pie, tranquilamente en plena mañana y sin agredir ni molestar a nadie. No iba, ciertamente, armado, ni en una gran camioneta de vidrios polarizados ni en algún otro vehículo blindado.
Ese mismo día, leí en El Porvenir, entre otras informaciones truculentas, dos preocupantes; la primera explica cómo elementos del Grupo de Reacción Inmediata (GRI) mataron a dos supuestos o reales sicarios.
La nota del colega regiomontano dice que en las calles de Afganistán (nombre peligroso) y Cartagena, los del GRI se percataron de diversos vehículos sospechosos, que huyeron ante su presencia
; que pudieron solamente interceptar un Jetta gris, donde al parecer
viajaban cuatro hombres, unidad que pararon luego de impactarla varias veces para que se detuviera, hasta que finalmente se estrelló contra la barda de una casa por la calle de las Américas, registrándose un tiroteo”. En el auto murió un desconocido y en la banqueta otro. ¿Esas personas calificadas como sicarios no eran mexicanos de bien y, por tanto, podían ser asesinadas, así no más y en plena calle?
La otra nota se refiere a un joven, una foto nos lo muestra sin camisa y rostro moreno, quien fue arrestado, por haber sido visto en forma sospechosa
por efectivos de la policía.
¿De que se trata?, ¿las fuerzas armadas tienen orden de impactar
los vehículos que les parecen sospechosos? ¿Quién nos asegura, si no hay más información que la de quienes abren fuego, que los ocupantes del Jetta eransicarios
o sólo ciudadanos aterrados? ¿Se puede detener a alguien por parecerle sospechoso a un policía?
La verdad es que nadie pide, como interpreta Calderón, airado y desesperado, que nos rindamos ante los delincuentes; lo que las marchas iniciadas el 5 de mayo están exigiendo es que se cambie la absurda estrategia de militarizar al país y de crear un estado de sitio no declarado, en el que las instituciones que el mismo Calderón dice defender se borran y diluyen ante los crudos hechos violentos en los que están presentes soldados, marinos y policías, juguetes ellos mismos de una estrategia errática y mal pensada.
Hechos como los relatados suceden en Monterrey, donde a dos estudiantes del Tecnológico, víctimas colaterales de la violencia, se les colocaron, ya muertos, armas en las manos para justificar el error de quienes los abatieron y donde un joven médico fue asesinado al ser confundido con un malo
.
No está bien clasificar a mexicanos de bien y a mexicanos malos o perversos, o los malitos
, como se les dice de manera coloquial en el norte del país; lo que se ha dicho a este gobierno y al anterior es qué se debe hacer para combatir la delincuencia y la violencia desatada: combatir las causas que la provocan y no sólo perseguir los efectos dolorosos a la vista.
La exigencia de las marchas convocadas por Javier Sicilia coincide con una política diferente de enfrentar a la delincuencia; en vez de más armas, más soldados y más cárceles, ampliar el empleo, de abrir escuelas, de proporcionar salud y seguridad social y principalmente, abatir la desigualdad y la discriminación que van en crecimiento. Pareciera que Calderón, al referirse alos mexicanos de bien
, piensa en los suyos
, los privilegiados de la fortuna, y pretende excluir a todos los mexicanos que no coinciden con sus puntos de vista autoritarios y con sus compromisos con el neoliberalismo.
n el reciente periodo de sesiones del Congreso, el PRI y el PAN han vuelto a hacer el ridículo como los eternos parlanchines irresponsables que siempre han sido, acostumbrados a engañar y a embaucar con sus propuestas que siempre presentan como si de ellas dependiera el futuro de la patria, pero que, luego, ellos son los primeros en traicionar o echar al basurero. Es normal que cada iniciativa legislativa se presente con un tono de suma urgencia y, con ello, se pretenda legitimarla de antemano. Se dice, por ejemplo, de esta propuesta dependerá nuestro futuro como economía competitiva
; o bien, si esto no se aprueba, el estancamiento nos espera
; o también, de ello depende el futuro de México como país
.
Eso es normal, pero pasársela haciendo suertes de torero en lugar de legislar con responsabilidad es una farsa. En todo proceso legislativo no hay iniciativa de ley que no se apruebe por consenso; ese consenso debe preceder, en todos los casos, a la aprobación de la propuesta. En este caso, lo más desconcertante es el comportamiento de los priístas. Los panistas se han atenido a los proyectos reaccionarios que han presentado, como el de la reforma laboral. Los priístas un día presentan una propuesta en esa materia que es lo contrario de la propuesta panista y, otro día, reculan y presentan una propuesta tan reaccionaria como la del PAN.
Eso suele suceder también, pues todo mundo puede rectificar sus posturas. Pero en el caso del PRI no se trató, precisamente, de eso, sino de una marcha atrás vergonzosa que acabó indignando a los mismos grupos de poder del PRI. Ya se sabe todo el tejemaneje que hubo al respecto. Su propuesta de diciembre atendía a demandas de los mismos grupos priístas y a un deseo abierto de ganarse un consenso social que repudiaba la propuesta panista. Rojas y los líderes priístas que siguen a Peña Nieto fueron a consensar su propuesta con los abogados patronales y éstos les rehicieron su iniciativa. Apechugaron y presentaron otra que no hacía diferencia con la del PAN.
A final de cuentas, sobre todo por las protestas de inconformidad de los mismos sectores de masas (cada vez más reducidos) del PRI, los mismos promotores de esa estúpida iniciativa echaron marcha atrás y decidieron no discutirla ni aprobarla en el periodo que acaba de terminar. Típico de los priístas. No tienen ninguna seriedad. Los más disgustados con ese proceder, por supuesto, fueron los panistas. Y, en verdad, uno no acaba de entender en qué consiste la alianza histórica entre el PRI y el PAN si ninguno de ellos es capaz de la más mínima lealtad a sus enjuagues.
Otros dos casos que vale la pena analizar son los de la llamada reforma del Estado y la de seguridad nacional. Para esto, es necesario referirse a la influencia, que se ha dado por cierta, de Enrique Peña Nieto en la actual Cámara de Diputados. Se dice que, mientras Manlio Fabio Beltrones domina en el Senado, Peña lo hace en la Cámara baja. Se trata de un simple rumor. No creo que el gobernador mexiquense sea ajeno a lo que se decide en la bancada priísta de los diputados. La enorme representación del estado de México no es todo lo que tiene y es muy probable que una buena mayoría de los diputados priístas le sigan. Pero no hay elementos para probar que él decidió algo sobre la malhadada reforma laboral.
En todo caso, la reforma del Estado fue sacada de una propuesta suya que presentó su mentor Chuayffet y la de seguridad nacional fue elaboración del ya antes procurador del Edomex, Alfonso Navarrete Prida. En éstas está claro que él intervino directamente y el que se hayan aplazado en su aprobación también resulta cierto que se debe a él. En la primera, hubo propuestas concretas de Peña Nieto que no fueron incluidas y él mismo lo ha señalado con cierto rencor. Le duele, por ejemplo, que no se haya aprobado en el dictamen el tema de la mayoría automática para el partido ganador de las elecciones, pero sin mayoría absoluta. Él se siente ya Presidente de la República y quiere gobernar con un Congreso en el cual él pueda decidir por sí.
Corre la versión de que a Peña la reforma del Estado que se aprobó en comisiones no le satisfizo y exigió que no fuera llevada al pleno. Los priístas, agachones como son frente a sus liderazgos, pararon el proceso. De ello se pueden sacar dos conclusiones concomitantes: Peña es tan reaccionario como cualquier panista y el PRI se ha vuelto tan derechista como lo es el PAN.
En los grupos parlamentarios de ambos partidos hay representantes directos de los grupos patronales de derecha; pero en el PAN no los hay tantos como en el PRI. Las televisoras tienen sus diputados y senadores y casi no hay grupo patronal que no los tenga. Eso solo debería indicarnos lo que son y significan esos aparentes cambios de rumbo de ese partido y sus posiciones derechistas y retrógradas.
Nada hay como el trabajo legislativo para descubrir la verdadera naturaleza política de cualquier partido. En las propuestas que se hacen se ve el lado al que pertenecen y, también, a quién sirven. Eso se puede observar en lo que respecta a la iniciativa de seguridad nacional. Los gobernadores, lo mismo priístas y panis- tas que perredistas son los primeros interesados en el empleo de las fuerzas armadas en la lucha contra el crimen organizado, porque, con sus endebles y muchas veces corruptos cuerpos de seguridad locales, se saben impotentes ante esa calamidad. Son los priístas, empero, los que más pujan porque en sus entidades actúe el Ejército, como en Nuevo León y Tamaulipas.
Navarrete Prida presentó su estúpida iniciativa como necesaria para darle legalidad a los actos de los militares, sin que ofreciera control alguno de las acciones que realizan. Con ello estaba obsequiando los deseos de los jefes de las fuerzas armadas que quieren respaldo legal para que sus hechos no puedan luego ser juzgados como violaciones abiertas a las leyes penales y a la Constitución. Los mismos priístas aclararon que no deseaban que los militares fueran juzgados por los tribunales civiles por los actos delictivos que pudieran cometer y que el llamado fuero militar continuaría vigente.
Al proponer que los soldados realicen detenciones sin orden de juez civil y, además, hagan interrogatorios y usen de los medios que juzguen necesarios para esclarecer los hechos, como si fueran autoridades judiciales, Navarrete Prida presenta su propuesta comoindispensable
para darles armas
a los militares en su ilegal y anticonstitucionalcoadyuvancia
en la guerra
contra el crimen organizado. Sólo a un ignorante de las normas esenciales de nuestro orden constitucional se le podía ocurrir. ¿En qué estaba pensando? Pues en los intereses muy particulares de su señor al que, por lo visto, le encantaría que los soldados fueran, como para Calderón, su sostén más seguro cuando él sea
Presidente de la República.
¡Qué diferencias puede haber entre el PRI y el PAN! Sí, es verdad, hay algunas, pero ninguna de fondo. Enrique Peña Nieto es el candidato de la oligarquía patronal, de Televisa, en primer lugar, y de todos los sectores que se identifican con esa empresa. El PAN siempre ha sido un partido patronal. El PRI lo es hoy de una mayor diversidad de grupos de poder y de dinero. Son lo mismo.
l desánimo imperante, acompañado hoy por la ira y el reclamo de paz y justicia, no es nuevo ni debería sorprendernos demasiado. En los últimos lustros del siglo pasado se vivieron los últimos brotes del real y fingido entusiasmo con los cambios de estrategia y forma de crecer, pero se trató de momentos de poca duración. Los severos golpes de las crisis financieras de los años 80 no pudieron superarse del todo y el gran final del presidente Zedillo, quien presumía de una reforma política definitiva y de una política económica de Estado a su imagen y semejanza, encontró en la alternancia de Fox y la vicepresidencia de Gil Díaz una poco amable solución de continuidad.
Del crecimiento como hipótesis de trabajo, cuan entusiasta como frustránea de los profetas del cambio estructural, el país pasó sin trámite alguno alestancamiento estabilizador
que el profesor del ITAM, convertido en zar de la estabilidad a toda costa, le impuso al país no como pausa obligada por alguna desventura inesperada, sino como destino manifiesto. La dinámica presumida al final del milenio como gran promesa
de la apertura externa y el rigor neoliberal zedillista, pasó así, en todo caso, al crecimiento lánguido y nada sensual. El gobierno de empresarios para empresarios
se disolvió en oportunidad concentrada de negocio para muy pocos, y el voto útil optó por hacer mutis y apostar a la inveterada desmemoria que caracteriza a las democracias light, como la que se nos otorgó después de las tormentas y la sangre del 94.
En sociedades como la nuestra, con demografías briosas y mutantes, dominadas por los jóvenes y una urbanización salvaje que no da respiro, sólo interrumpida simbólicamente por la multitud de caseríos donde se refugian los millones de náufragos de un desarrollo rural hecho harapos, el crecimiento económico más o menos sostenido es el sostén de un mínimo técnico
para la cohesión social y la estabilidad política. Sin ello, el horizonte se achata y los espacios y nichos donde puede tejerse el futuro devienen pronto territorios de nadie, donde la ambición de muchos y la avidez de los pocos desembocan en una lucha implacable de todos contra todos, en una voracidad destructiva del tejido básico que alimenta el sentido de interdependencia, sin el cual no puede haber ni comunidad ni sociedad. Más que el desierto, el pantano en el que se retroalimenta una vida parasitaria que parece no tener fin ni prolongación a otras formas de vida, más diversificadas y susceptibles de dar lugar al desarrollo propiamente dicho.
En estas estamos, a pesar de que las formas del intercambio político y económico se han sostenido comoaldeas Potemkin
, detrás de cuyas casas sólo hay mamparas. Los avances en el nivel de vida sobre todo son inerciales, y es claro que si se les aplicara la prueba de ácido de la calidad o la consistencia, dejarían mucho que desear. La evolución del índice de desarrollo hsumano, anunciada hace unos días gracias a los logros en salud y educación, no pueden contrarrestar los descensos en los índices del ingreso monetario, ni superar el estado de indefensión y desprotección de los derechos sociales que caracterizan la vida de millones de familias y personas a lo largo y ancho de México.
El factor humano, su perseverante disposición a la esperanza y a la espera, se ve hoy distorsionado por la desigualdad aguda que la ciudad hace visible y que distorsiona la más elemental convención cívica, no digamos republicana. En la desigualdad no puede sino pensarse en la injusticia que se apodera de mentes y sensibilidades, sin distingo de ingreso, cultura o valores.
Gana la política social, falla el mercado
, dijo Magdy Martínez Solimán, representante del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en México; en realidad, habría que decir que esasfallas
no han impedido que la política toda, la que podría generarse desde el Estado, los partidos o la sociedad civil organizada, haya sido doblegada por el mercado y obligada a asumir sus criterios simplificadores que desnaturalizan la existencia en común. Desde el foro o el salón de debates, la sala de redacción o el púlpito electrónico, dichos criterios son vistos como si fueran los únicos; más que eso, como los factores o los caminos de salvación de una trama colectiva desgarrada y desangrada por la violencia criminal y la impunidad que la acompaña.
Sólo faltaba que el presidente Calderón buscara enmendar la plana a un poeta adolorido hasta el tuétano, para poder sentir que el fondo existe, aunque guardemos en reserva la imagen de un pozo sin fondo. Por lo pronto, mientras tocamos algún peldaño, los pozos del miedo se abren en Coahuila para revelar la orfandad ética del Estado y ofrecer al patetismo gubernamental la posibilidad de enredarse más y más, en su estolidez institucional y miseria humana.
Con las minas y los mineros no debería jugarse, porque ahí hay dinamita, virtual y real… y mucho valor y coraje como para pretender encasillarlos en leguleyadas y fantasías teológicas. Esos pozos, hay que asomarse apenas, nos hablan sin más de lo bajo que se ha caído y de lo duro que va a ser dejar sus profundidades.
No sobra insistir: no lo haremos renegando de la política y de la democracia, a pesar de las muchas malas pasadas que nos han jugado. Lo que falta es encontrar la manera de defenderlas, sin soslayar la simulación atroz que las ha aherrojado.

Mayo de 1911 marcó el final de la dictadura de Porfirio Díaz, que se había extendido por 34 años. Un día como hoy, hace exactamente un siglo, las fuerzas revolucionarias comandadas por Francisco Villa y Pascual Orozco se aprestaban a lanzar el asalto sobre Ciudad Juárez (ver el trabajo especial que sobre ese centenario se publica en esta misma edición).
La toma de Juárez, entonces la principal aduana terrestre del país, precipitó la caída del régimen, que había intentado mantenerse en el poder mediante una negociación infructuosa con Francisco I. Madero.
Luego de su exilio en San Antonio, Nueva Orleans y Dallas, el jefe de la Revolución regresó definitivamente a México el 14 de febrero de 1911, cuando vadeó las aguas del río Bravo y alcanzó territorio nacional en un paraje cercano a Guadalupe, al sureste de Ciudad Juárez.
De ahí Madero cabalgó 20 días, al frente de un pequeño contingente, hasta alcanzar Casas Grandes, uno de los puntos más importantes del Ferrocarril de Noroeste. Atacó la población en la madrugada del 6 de marzo, pero fue derrotado y tuvo que replegarse.
En los días siguientes, las fuerzas de Madero fintaron un avance sobre la ciudad de Chihuahua, lo que movilizó a los soldados federales que resguardaban Juárez. Esto fue aprovechado por los revolucionarios para sitiar la ciudad fronteriza y exigir, el 19 de abril, la rendición del general sonorense Juan Navarro, quien estaba a cargo de la plaza.
Las negociaciones celebradas hasta ese momento entre las partes habían fracasado. Díaz ofreció el reemplazo de su gabinete, pero Madero no aceptaba menos que la renuncia del dictador. En el campo de batalla, Madero era más dubitativo: No quería tomar Ciudad Juárez, a pesar de estar ya en superioridad numérica, por temor a un incidente con Estados Unidos, como el que se había dado el 13 de abril en Agua Prieta, Sonora.
En su cuartel general, conocido como La Casa Gris, Madero recibió la visita de dos enviados del régimen, Óscar Braniff y Toribio Esquivel, quienes habían participado en las negociaciones, celebradas en Nueva York. Su objetivo era firmar un armisticio con los revolucionarios. Madero reiteró su exigencia de que Díaz renunciara y propuso que Francisco León de la Barra, el ministro de Relaciones Exteriores, asumiera la Presidencia de la República de manera interina.
Porfirio Díaz, aquejado de una infección de muelas que lo tenía postrado y medio sordo, se negó a renunciar. Nombró como su negociador en jefe a Francisco Carvajal y Gual, ministro de la Suprema Corte, quien se trasladó a Juárez para comunicar a Madero que “la renuncia del señor Presidente no puede ser materia de pacto”.
La negociación se entrampó cuando el gobierno ofreció ceder ministerios y gubernaturas a los rebeldes, pero no la renuncia de Díaz. Fue ahí que surgió la famosa frase de Venustiano Carranza, entonces lugarteniente de Madero: “Revolución que transa, se suicida”.
El calor, la falta de víveres y la espera —había un incesante ir y venir de comunicaciones entre los negociadores—, ya irritaban a los revolucionarios. Preocupado por las consecuencias que pudiera producir en El Paso, Texas, una toma violenta de Juárez, Madero decidió dar por concluido el asedio y cambiar de estrategia: marchar hacia el sur.
Sin embargo, cuando sus fuerzas se retiraban, el 7 de mayo, el jefe revolucionario supo, mediante una nota publicada en un periódico de El Paso, que Díaz había dado a conocer en la Ciudad de México un manifiesto en que decía que estaría dispuesto a renunciar al poder pero sólo “cuando su conciencia le diga que al retirarse no entrega el país a la anarquía”.
Era la primera vez que el dictador, quien no sólo enfrentaba una rebelión en el norte sino también en el sur, aceptaba la posibilidad de retirarse. Eso hizo que Madero diera media vuelta y volviera a colocar a sus hombres enfrente de Ciudad Juárez.
Aun así, continuaba indeciso respecto del ataque. Pero Orozco —quien odiaba a Navarro—y Villa no estaban dispuestos a esperar más. El segundo envió a dos muchachos a disparar sobre la primera línea de soldados federales. Cuando éstos respondieron el fuego, Madero se alarmó y pidió retirar a sus hombres, pero Orozco y Villa le mintieron sobre quiénes habían comenzado el ataque y le respondieron que era demasiado tarde para detener el enfrentamiento.
La respuesta de Madero es un registro del espíritu bien intencionado —o la ingenuidad, dirán algunos—del caudillo, quien no dudaba de las motivaciones de los demás: “Pues si es así, ¡qué le vamos a hacer! (Alberto Calzadíaz Barrera, Hechos reales de la Revolución).
La toma de Ciudad Juárez duró tres días. El 10 de mayo, el general Navarro, entregó su espada a Raúl Madero, hermano menor de Francisco, con lo que se selló la capitulación de la plaza. Fue, sin duda, el hecho de armas más significativo de la primera etapa de la Revolución.
A partir de ahí, el régimen de Porfirio Díaz se derrumbó. El 17 de mayo, el diario católico El Tiempo daba como su nota principal que Díaz y su vicepresidente Ramón Corral renunciarían “antes de que termine el mes de mayo”.
Los Tratados de Ciudad Juárez se formalizaron el día 21. Se firmaron en las escaleras del edificio de la Aduana, a la 11 de la noche, a la luz de los faroles de tres automóviles. Entre sus puntos estuvo la renuncia de Díaz y Corral, la asunción de De la Barra a la Presidencia, la reparación de daños causados por el conflicto y el cese de hostilidades. El dictador dejó el poder el 25 de mayo de 1911 y seis días después se embarcó en el Ipiranga rumbo a Francia, donde moriría.
Entretanto, Madero tuvo que decidir qué hacer con Navarro, el general derrotado al que Orozco y Villa querían fusilar, y que había combatido en la Guerra de Reforma, en el bando de los Liberales, así como en la lucha contra la intervención francesa. En sus Apuntes para la historia de la Revolución Mexicana, Juan Sánchez Azcona relata lo que hizo Madero, testimonio tomado de las palabras de éste:
“Como supe que algunos soldados, mal aconsejados, trataban de infligir alguna ofensa al general Navarro, lo tomé bajo mi custodia, desde un principio, en mi propia casa; pero como no podía estar siempre a su lado… lo conduje en persona a un lugar apropiado para que pudiera cruzar el río y refugiarse en el lado americano, en donde continúa siendo mi prisionero de guerra, bajo su palabra de honor”.
Nuevamente salió a relucir el espíritu magnánimo de Madero, quien aceptaba el principio de que había que hacer algunas concesiones para lograr un objetivo mayor.
En su manifiesto del 26 de mayo, redactado en Ciudad Juárez, aceptó que no había logrado todo lo exigido en el Plan de San Luis, en el que convocó a la Revolución, pero alegó que “las pérdidas… serán muy inferiores a las que hubiera ocasionado la prolongación de la guerra”. También llamó a los mexicanos a hacer uso de “la nueva arma que habéis conquistado: el voto”, pues “ella os proporciona victorias más importantes y duraderas que el rifle”.
Epílogo
México está cumpliendo un siglo de haber salido de su última dictadura, pero aún está intentando ser plenamente democrático. A pesar de algunos éxitos importantes en la obtención de este objetivo, cabe preguntarnos si los mexicanos somos realmente demócratas o estamos dispuestos a serlo.
¿Creemos que quienes no piensan como nosotros tienen pleno derecho de expresarse? ¿Buscamos convencer con razones o por la fuerza? ¿Nos preocupamos por saber qué lleva a otros discrepar de nuestras opiniones? ¿Pensamos que los argumentos del otro en muchas ocasiones pueden enriquecer nuestro punto de vista? ¿Reconocemos cuando nuestra posición es minoritaria? ¿Somos magnánimos en la victoria? ¿Entendemos que la vida en una sociedad democrática implica una participación activa, informada y continua en los asuntos de nuestra comunidad? ¿Comprendemos que la negociación siempre es necesaria y que ésta implica ceder? ¿Procuramos el bien superior del país y buscamos logros de largo plazo aun por encima de nuestras visiones particulares?
La Marcha por la Paz que encabezó Javier Sicilia trajo a mi mente una casta de mexicanos que me merece el mayor de los respetos. Me refiero a los católicos de izquierda, a aquellos que encuentran en su fe el sustento de su afán justiciero. Su origen es el Concilio Vaticano II y la CELAM de Medellín y de Puebla, y su espectro abarca desde las posturas radicales hasta las moderadas, lo mismo la Teología de la Liberación que el Movimiento Familiar Cristiano. Por sus filas han pasado obispos como don Sergio Méndez Arceo, don Samuel Ruiz o don Manuel Talamás, y sacerdotes como José Llaguno y los jesuitas Enrique Gutiérrez Martín del Campo, Porfirio Miranda, Luis del Valle y Ricardo Robles. A riesgo de incurrir en graves omisiones y a sabiendas de que hay muchos más, cito sólo a algunos de los más notables que —en su caso la frase sí es certera— ya han pasado a mejor vida. Huelga agregar a don Arturo Lona y a don Raúl Vera, quienes simbolizan el relevo generacional dentro de esa tendencia de la jerarquía eclesiástica.
Pero son los laicos a quienes quiero referirme en esta ocasión. Pienso en José Álvarez de Icaza, desde luego, y en los discípulos o lectores de Iván Illich, entre los que está precisamente Sicilia. CENCOS, CIDOC, Ixtus, en torno a éstas y otras instituciones ha girado en buena medida la izquierda católica seglar en México. Hubo profesionistas tan estimables como Jaime González Graf y hay escritores y periodistas de fuste como Vicente Leñero y Froylán López Narváez. Tengo para mí que Gabriel Zaid y Miguel Ángel Granados Chapa, si bien son frutos distintos, vienen de esa simiente. Y en organizaciones defensoras de los derechos humanos de inspiración y dirección religiosa como el Centro Vitoria de Miguel Concha, el Centro Pro de Luis Arriaga o el Centro Carrasco de Alejandro Solalinde, trabajan hoy muchos voluntarios de la sociedad civil cuyos nombres desconozco pero cuyo valioso trabajo reconozco.
Yo comulgo con la vertiente más centrista de esa tradición que se ha abierto paso en nuestro México jacobino. Quiero decir, me identifico con quienes rechazan la violencia como medio de reivindicación pero saben que ser católico implica comprometerse con los que menos tienen. Ahí se sitúan varios de los mexicanos más admirables que he conocido. Esa simbiosis de caridad cristiana y justicia social es, a mi juicio, sumamente venturosa: lleva a luchar por un país y un mundo más justos con una inmunidad al rencor a cuestas. Se trata de una brega de amor y dignidad, una indignación impregnada de misericordia y perdón. Hay valentía, nunca claudicación, pero la guía no es el odio sino la generosidad. Los mejores representantes de esa escuela son una suerte de misioneros de la esperanza. Tienen la fortaleza espiritual que les permite resistir todas las tentaciones, lo mismo la de la rendición que la de la venganza. Por eso no son cooptados por el poder ni por la ira.
El viernes fui a Topilejo a darle un abrazo solidario a Javier Sicilia. Por unos instantes vi en sus ojos el dolor y el cansancio, escuché en sus palabras la convicción y la incertidumbre. Con todas las dudas propias de quien se aleja de la soberbia, percibí una certeza: si la sociedad no asume su compromiso no habrá salvación. No tiene por qué proponer una estrategia específica para combatir al crimen organizado: impulsa a la acción ciudadana para demandarla. No es poca cosa. Nada cambiará mientras los mexicanos no nos demos cuenta de que somos nosotros los que nos estamos corrompiendo cada vez más, y que la inefable guerra contra el narco amenaza con destruir las fibras mismas de la nación.
Sicilia habla de refundar a México. Tiene razón: de ese tamaño es nuestra crisis moral. Justamente por eso, porque nuestro país está moralmente dañado, porque antes que otra cosa necesitamos un renacimiento axiológico, recuerdo ahora al catolicismo progresista. Por supuesto que también requerimos planes y proyectos específicos contra la delincuencia y que ésos deben hacerlos los expertos, pero el más sofisticado de esos planes y el más sesudo de esos proyectos fracasarán si los mexicanos seguimos sucumbiendo a la corrupción. Por lo demás, no veo contradicción entre tirios y troyanos: hay que culpar a los hijos de puta que matan y secuestran y extorsionan —sean los criminales o sus cómplices en las policías o en los aparatos de seguridad— y hay que asumir nuestra parte en la depuración ética de la sociedad. Lo que no tenemos por qué hacer es reclamarles a los delincuentes que nos cuiden, ni siquiera que nos dejen de hostigar, porque no son ellos nuestros interlocutores. Ésa es la responsabilidad de los gobernantes, a los que les pagamos para que cumplan con su principal función que es proteger la vida de los gobernados. En fin. Después de la marcha del silencio elevemos la voz todos, católicos y no católicos, para exigir piedad por la patria.
POSDATA: Vaya con estas líneas mi agradecimiento a Enrique Beascoechea, distinguido católico de izquierda, por los datos que me proporcionó para escribir este artículo.
*Director de Posgrado de la Universidad Iberoamericana
Twitter: @abasave
Hay un abismo entre la sociedad y el poder público, entre ciudadanos y gobernantes, entre los reclamos de la gente y la agenda de los partidos políticos. Es el abismo que nos separa de la democracia, cuando hace menos de quince años parecía que habíamos encontrado la fórmula para arribar a ella mediante el diálogo y los acuerdos. A partir de 1996, en efecto, con la plena autonomía del IFE y las condiciones necesarias para una genuina competencia electoral, fueron abiertos los cauces para la pluralidad y la alternancia. Quienes tuvimos la oportunidad de formar parte de los órganos de dirección del IFE encabezado por José Woldenberg vivimos entonces la alentadora experiencia de trabajar con una sociedad activa, crítica, responsable y participativa que, con la determinación serena de la convicción democrática, dejaba atrás un largo y profundo letargo donde las libertades y los derechos ciudadanos habían sido gradual y eficazmente cercenados. Hoy, en contraste con esos años de aliento, el desencanto, la frustración y la impotencia son los signos dominantes en el ánimo social.
¿Cuesta mucho trabajo entender que, por encima de una minoría oportunista, movida por sus intereses particulares, la inmensa mayoría ciudadana le dice ¡ya basta! a toda la clase política? ¿Es mucho pedir que los actores políticos comprendan que el hartazgo y el repudio ante la violencia en todas sus manifestaciones son también una protesta y una exigencia frente a la mezquindad y la incompetencia para hacer avanzar al país, y que la violencia es sólo su fatal corolario? ¿No es suficiente todo lo que estamos viviendo para que el gobierno y los partidos políticos muestren responsabilidad, generosidad y altura de miras para acordar los términos básicos de las reformas que permitan sacar a México de una crisis estructural con tantos frentes abiertos?
Unas élites políticas ensimismadas, encerradas en sus intereses más inmediatos, cegadas por la adulación de sus séquitos, ensoberbecidas por el poder, fascinadas con sus imágenes en el espejo, no son capaces de gobernar en la pluralidad, ni funcionales, por tanto, para la vida democrática. Sus prioridades, es evidente, están en otra parte. El gobierno federal y el PAN las tienen en la obsesión de evitar el regreso del PRI a Los Pinos. El PRI y sus gobernadores en el rechazo a cualquier reforma que pueda afectar sus arreglos para volver a Los Pinos. El PRD en su eterna lucha de facciones y en la búsqueda de un atajo para colarse en la carrera hacia Los Pinos. Y los demás partidos en sus cálculos para hacer la mejor apuesta que, con suerte, les permita obtener algunas migajas de quien llegue a Los Pinos. Lo cierto, sin embargo, es que en estas condiciones cada vez será más irrelevante para la ciudadanía quién llegue a Los Pinos.
*Socio consultor de Consultiva



Un sector de la sociedad civil marcha de nuevo. Expresión de agravio y descontento, carga de dolor, modo de resistencia. Minoría activa que aglutina ciudadanos y organizaciones inconformes con la violencia imperante y en escalada indecible.

1.- Un sector de la sociedad civil marcha de nuevo. Expresión de agravio y descontento, carga de dolor, modo de resistencia. Minoría activa que aglutina ciudadanos y organizaciones inconformes con la violencia imperante y en escalada indecible. Lanarcoviolencia mexicana y su bidimensionalidad inherente: los criminales y su sevicia activa, y, el Estado, sus errores (diagnóstico y estrategia), complicidades, omisiones y corruptelas.
Grupo social heterogéneo; su liderazgo tiene como mejor diferencia su ilustración, consciencia de valores morales cuya trascendencia hace sentido sólo en la inmanencia de la historia; y, con más énfasis, en el lado de los pobres y frágiles; los más agraviados, que aportan el número mayor de los más de 40 mil muertos (jóvenes su mayoría) en sólo 5 años.
Cuarta gran oleada de indignación social contra la violencia; escepticismo obligado con base en esas experiencias (97, 2004, 2008…), en buena medida fallidas. Manifestaciones impresionantes y el ¿qué sigue? como horizonte oscuro, ahíto de desánimo. Todos al acecho: las autoridades entre el disgusto y la obsecuencia formal; la Iglesia católica y su juego de impostura, reivindicando lealtades; los partidos petulantes y cómplices, apostando al río revuelto. Afirmación de autonomía política e independencia partidista; obligada (y esperada) afinación ideológica en una apuesta por la convivencia dialogante y en paz, su matriz el comunitarismo horizontal del catolicismo latinoamericano.
¿Qué sigue? No se puede saber. Acaso, en el comienzo la clave final: testimonio del peregrinar, el país asolado como espacio de ruta (¿Cd. Juárez?). Madurar inclusiones y demandas, domesticar resabios y recelos, repensar mensajes y esculpir palabras.
La movilización, liderada por Javier Sicilia —poeta silenciado— no abandona las palabras; reivindica un nombre para los muertos sin nombre, los sin previa ni posterior averiguación, culpables por la voraz propaganda del a priori; criminales o no, víctimas primeras de una violencia estructural que los despoja de oportunidades, los hunde en la pobreza y lacera su dignidad en inicua e insultante desigualdad. El final es el principio del cuento: impunidad (98%), chance para miles de jóvenes en la rueda de la fortuna del crimen, aún si la vida se va.
La insurrección indígena como referencia. “Paz con justicia y dignidad”, justicia poética que retribuye a EZLN (y a Marcos, otro ilustrado) espacio y condiciones de renovada presencia. Indicación a una amalgama de autonomías diferenciadas: movimientos, organizaciones, grupos e individuos en búsqueda de convivencia pacífica; regulada por el diálogo y la negociación; reglas justas, plural y mayoritariamente aceptadas.
No suena fácil. Pesimismo de la inteligencia que prevé imposibilidades, expectativas escasas y a la baja; la sociedad está dañada, su complejidad exuda entropía no vigor de cambio. Sicilia y sus muchos amigos quieren “aprender la esperanza” (E Bloch), asumir su enamoramiento del triunfo, vencer el miedo. A saber…
2. El presidente Calderón (¿congoja impostada?, ¿iracundia?) afirma la continuidad de la guerra al narcotráfico y/o lucha contra la inseguridad. Se niega a aceptar que su estrategia, centrada unilateralmente en la fuerza y el ejercicio belicista del poder, articulada en términos de seguridad pública —justicia punitiva—, tenga algo que ver en el incremento extremo de violencia. No asume las consecuencias que derivan en excesos de la fuerza armada contra la población civil, no valora el incremento de denuncias y advertencias de violación creciente de derechos humanos, ni las implicaciones perversas de control social y criminalización de opositores activos, distantes de la institucionalidad partidista.
Dijo que su perseverancia radica en que tiene la razón, la fuerza y la ley (con intimidada rebeldía antimetafísica me resisto a las mayúsculas). Las especulaciones y deducciones responden al delirio de monstruos creados por esa razón sustantiva en la que el presidente Calderón dice creer. Asistimos a un desvarío de cultura autoritaria (pre-moderna) que domina el comportamiento presidencial. La razón no funda la política, ni guía al Estado; la política no se justifica ni por ser verdadera ni buena; la política moderna cumple con ser eficaz y elegir la conducta de menores costos para la sociedad; ética de la responsabilidad (la denominó Weber) no de convicciones morales. Es la política la que construye sus propias razones, el Estado democrático moderno el obligado a producir sus razones —socialmente razonables— para legitimar su autoridad. Las leyes se entienden hoy a partir de la socialidad del fenómeno jurídico (autolegislación incluida) y no de la “naturalidad” de las leyes. El debate moderno lleva siglos. Ya tendrá tiempo Calderón de ponerse al corriente. En fin…
FCPyS-UNAM. Cenadeh.
En los últimos meses, en la revista Nexos se han publicado textos, en particular de Eduardo Guerrero, sugiriendo con datos y estadísticas que la captura o ejecución de grandes capos del narco multiplica la violencia.
Los argumentos numéricos, siempre cautelosos y matizados en sus conclusiones, pasan muy rápidamente a los medios como que hay un error en capturar o matar a los grandes capos porque esto dispara la violencia y daña más a la sociedad de lo que la dañaba el capo en vida.
El vocero de Seguridad Pública, Alejandro Poiré, ha hecho un ejemplar esfuerzo analítico para probar que, al menos en un caso clave, la captura y muerte de Ignacio Coronel, gran capo del cártel de Sinaloa en Guadalajara, las muertes derivadas del hecho no crecieron, sino descendieron. (nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2099273
No puedo poner aquí las gráficas, de extraordinaria precisión y refinamiento analítico que Poiré y su coautora, María Teresa Martínez, construyeron en defensa de su tesis. A saber: que las muertes de los grandes capos no aceleran sino detienen la violencia.
Una falla de la edición impresa de Nexos hace que no sean consultables en ella las gráficas, elocuentes, de Poiré y Martínez, pero en la edición digital de la revista están muy claros.
El artículo de Poiré y Fernández tiene por título: “La caída de los capos no multiplica la violencia. El caso deNacho Coronel”. Hay que decir que la generalización de la cabeza del artículo no es de los autores, sino de la redacción de Nexos.
Coronel fue un gran capo del cártel de Sinaloa en Jalisco, “donde controlaba el tráfico de cocaína”, explican Poiré y Martínez, “así como la producción y venta de anfetaminas y metanfetaminas a Estados Unidos a través de la denominada ruta del Pacífico. El FBI lo consideraba el ‘rey del cristal’ debido a la gran cantidad de drogas sintéticas que colocaba en EU. El 27 de octubre de 2004 la justicia estadunidense ordenó su arresto por los cargos de conspiración para importar y distribuir sustancias prohibidas. En México fue incluido en la lista de los 37 delincuentes más buscados por la PGR, en la que se ofrecían hasta 30 millones de pesos por información que condujera a su captura”.
El 29 de julio de 2010, durante un operativo en Zapopan, Jalisco, Nacho Coronel se enfrentó al Ejército y fue muerto.
El artículo de Poiré y Fernández prueba, hasta donde es posible probar estas cosas, que su eliminación no trajo más, sino menos violencia. Es un esfuerzo serio, académico, de analizar estadísticamente un hecho y explicarlo.
Lo menos que se le debe es una cuidadosa lectura.
Le hice a Javier Sicilia una entrevista hace unos días. Esto es parte de lo que quedó en el tintero. Él y los políticos…
—Javier, tú hablas con la inteligencia, con el corazón, pero los políticos mexicanos por lo general son bastante egoístas: ¿cómo plantearles que en 2012 se abstengan de presentar candidatos y le den espacio a un candidato de unidad ciudadano (eso propuso Sicilia en MILENIO)?
—Es un buen momento para que guarden silencio, porque el silencio es el lugar de la palabra profunda, es el lugar donde se puede escuchar el otro, recibir el mensaje de otro, digerirlo, y emitir una palabra verdadera. Una palabra que no da miedo en la boca, no es una demagogia, complementa el ser de una persona, complementa una nación. ¿Cómo convencerlos? Con el corazón. Diciéndoles que no se puede vivir en los privilegios, que los privilegios y el poder terminan por corromper todo; que cuando las instituciones y los partidos hacen eso, terminan por prostituir y degenerar una nación. Hay que decirles que si están dispuestos a seguirla prostituyendo y degenerando, es una forma de prostituirse ellos mismos y de degenerarse. Creo que hay que tocar el corazón, y el primer momento para tocar el corazón es hacer silencio y ser humilde para escucharse y para escuchar a los otros. Falta mucha humildad, necesitamos una cura de humildad…
—¿No es utópico esto que dices?
—Yo creo que no es utópico, es verdadero. La utopía es el lugar del no lugar. Es el no lugar, más bien. Pero esto es un lugar, un espacio político, es una verdad, y tenemos que hacerlo si se quiere salvar realmente al país. Lo otro es simplemente negación de la verdad y destrucción y afán de destruirse.
—¿Y si no quieren aprobar un reforma con candidatos ciudadanos, voto blanco, revocación de mandato?
—Si no quieren habrá muchas formas de resistencia civil. Tendríamos que volver a articular una resistencia civil. Tenemos que volver a obligar a que oigan nuestro corazón si no quieren oírlo, y que oigan el clamor del dolor de la nación. Nos faltan grandes estadistas y una gran conciencia ciudadana para poder, si no formarlos como estadistas, por lo menos hacer que se conduzcan como estadistas. Y si quieren ir como están al 2012, si no han sabido defender a los hijos y las hijas de esta nación, pues que vayan, pero que nos den instrumentos, la revocación de mandato. Demostrarían que verdaderamente no quieren trabajar por la nación sino por sus intereses, y que quede evidenciado ante el mundo y ante nosotros, los ciudadanos, que no son dignos de representarnos, pues lo que quieren nada más es eso: su dinero, su poder. Y pues allá ellos, sus conciencias, su dolor. Su nada…
Lo que nos cantan como las mayores glorias de nuestra Constitución resultan ser sus peores debilidades y, aún más, establecen que el no cumplimiento de la ley es natural. A eso nos acostumbra su acumulable listado de derechos. Veamos: los mexicanos, tenemos derechos desde antes de nacer: atención médica a la madre, luego viene el derecho a la alimentación sana y suficiente durante toda la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educación y a la cultura (sea eso lo que sea), el derecho al trabajo bien remunerado y la jubilación adecuada con funeral decente, el derecho a la no discriminación por color de piel, aspecto, religión, orientación sexual y demás. ¿Quién podría estar en contra?
Esos derechos son incuestionables. Lo cuestionable es si deben estar en la Constitución como si inscribirlos allí los volviera hechos reales. Todo desacato a la Ley Suprema (cursi expresión del viejo PRI) es un delito. ¿A quién acusa el que no tiene trabajo, el que no tiene alimento para hoy?
Como todo eso queda en mera grandilocuencia, en fárrago de oratoria ampulosa de políticos bien pagados, nos acostumbra a seguir el conocido subterfugio que dice: “Se acata pero no se cumple”. ¿Quién puede estar en contra de una alimentación suficiente y sana para todos y cada uno de los mexicanos? Nadie. Pero la Constitución, que menciona esa garantía, no dice el cómo. O bien, medio lo dice pues hay también, faltaba más, el derecho constitucional al empleo, aunque tampoco nos dice cómo cumplir ese justiciero postulado que así queda en generoso anhelo. Y su obvio no cumplimiento induce cinismo ante la ley.
La gran contrarreforma electoral del 2007 padece el mismo vicio: es constitucional, pero
incumplible.
Querido Pepe Woldenberg: Una sola súplica: no nos trates como a tontos. Comparto punto por punto tu artículo del jueves pasado en Reforma… Pero no sé a quién va dirigido. Como no tengo la anuencia de los otros amparados contra la reforma que impide las candidaturas independientes, hablo sólo por mí. Has repetido el argumento de que es ridículo hablar de candidatos ciudadanos como si los lanzados por partidos políticos no lo fueran. Dime dónde firmo: estoy en absoluto acuerdo contigo. También has vuelto a seguir esa vía que, para abreviar, llamaré ontológica (gran palabra, diría nuestro común amigo Gil Gamés) para demostrar que todo candidato sin partido va a crear una base logística para su campaña… salvo un loco que sale a gritar por las calles su programa político. De acuerdo. Tengo una sola observación: ¿Y?
Tienes razón. ¿Y luego? Queremos que sea posible esa vía, la de candidaturas sin apoyo de un partido ya existente y con millonarios fondos que todos pagamos. Si luego don Candidato Independiente teje una red que no llama partido, pero es un partido y hace lo que todo partido, sólo habremos encontrado otra vía para fundar un partido. Que eso sea una maldición nada más lo piensa una caterva de pajarracos que inundan los comentarios en línea. Al menos en lo que mí respecta, no veo “impureza” alguna en fundar así otro partido.
Estoy contra la prohibición de candidaturas independientes porque me parece lesiva al Artículo Primero de la Constitución: todos los ciudadanos somos iguales. Lesiona ese derecho porque los no inscritos en partidos hoy-realmente-existentes tenemos un derecho menos que los miembros de partidos. Lesiona la libertad de asociación porque obliga a asociarse a un partido para ser candidato, y así hemos visto aberraciones como un Muñoz Ledo candidato de aquel PARM que se esfumó para bien del país. Y todos vimos al mismo personaje saltar de ese agujero a la campaña exitosa de Fox. ¡Y hoy es de izquierda!, (carcajadas grabadas).
Soy sincero: me parece más grave la prohibición de contratar tiempos para denunciar a un candidato antisemita o anti-homosexual; y más grave aún que los contendientes no puedan denunciar al que fue corrupto en otro puesto, al acusado de un crimen, etcétera, porque está prohibido “denigrar” en campaña. Y ese verbo (racista: hacer negro) cubre todo aquello que sea “ofender la fama de alguien”. Y la ofendemos al denunciar ineptitudes, corrupciones y hasta encubrimiento de crímenes.
Eres un hombre que ha dado a México su mejor IFE, como amigo eres gran amigo. Como analista político estás siempre bien informado. No sigas el camino fácil de hacer enemigos de paja para luego madrearlos a gusto. A ti y a mí nos han aplicado el método.
Ideología mata amor: El sol de la tarde (Quimera 2010).
Nuestra cultura política tiene profundas raíces autoritarias. Desde siempre. Nadie podría negarlo hoy, en pleno 2011, pese a los ligeros avances democráticos que se han logrado con el transcurrir del tiempo. No ha sido posible modificar esa forma de gobernar. Ésta no proviene necesariamente del PRI, aunque este partido (PNR, PRM, PRI) contribuyó, de manera significativa, a fortalecer la cultura que hoy tenemos y padecemos. ¿Qué decir de nuestro sistema político? No ha cambiado en su estructura básica. Pese a que la institución presidencial ha sido acotada por el Poder Legislativo, la estructura política conserva su diseño piramidal. Calderón piensa y decide desde la cúspide, sin mirar abajo. Pregúntenle a Javier Sicilia: “Oye, pero no escucha”. O se está con él o en su contra.
La alternancia que el sistema político mexicano experimentó en el año 2000 no permite afirmar que se haya dado un paso a la democracia. La transición democrática sigue pendiente. Falta desarrollar un enorme trabajo político si, en verdad, se plantea la meta de alcanzar la democracia plena. Valga decir que priistas, perredistas y panistas están cortados con la misma tijera: unos y otros son autoritarios, aunque por distintas razones. Lo que los diferencia son las circunstancias y sus intereses respectivos, no el apetito del poder; éste es común para todos: están hambrientos de ese “manjar”. El PRI, avejentado por ejercerlo tanto tiempo, fue sustituido por el PAN en el año 2000. Este partido prometía algo nuevo con la alternancia: la democracia. Una pareja, sin embargo, se adueñó del poder (2000-2006) y por razones estrictamente personales, falta de talento y una desmedida ambición política no impulsaron esa anhelada transición hacia la democracia, sino que consolidaron y perfeccionaron, en pareja, las prácticas del antiguo régimen: el desdén, la falta de escrúpulos, la impunidad, la corrupción, la negligencia y el cinismo. En pocas palabras: renovaron el autoritarismo con rasgos adicionales y frívolos pero en un supuesto “marco democrático”. Usaron, además, al Estado para empañar la elección presidencial de 2006, cuyo desenlace provoca todavía dudas.
Hace unos días, Joaquín López- Dóriga le hizo una entrevista televisiva al presidente Calderón (reproducida enMILENIO Diario, 3 y 4/V/11). Durante la misma, el Presidente afirmó que no le preocupa que nuestro país experimente otra alternancia política. La ciudadanía es la que, al final de cuentas, decidirá con su voto a aquel o aquella que rija el destino nacional entre 2012 y 2018. Sin embargo, es plausible sostener que regresarle el poder al PRI sería ignominioso para él y para su partido. Difícil de creer.
Para Calderón, “lo preocupante es que regrese el autoritarismo que el PRI practicó por tanto tiempo”. Pero, ¿acaso el jefe del Ejecutivo consultó a la ciudadanía para lanzar la fuerza pública contra la delincuencia organizada? Según Calderón, fueron los omisos los que dejaron crecer, sin ambages, a los cárteles y a los criminales, y son ellos los que generan la violencia, no el gobierno, que tiene que luchar contra la negligencia del pasado y del presente. De ser así, ¿por qué se está gestando un movimiento social de gran calado encabezado por Javier Sicilia, que trasciende nuestras fronteras y cuya bandera es “estamos hasta la madre”? Porque la autoridad ha sido incapaz de definir una estrategia razonable que disminuya el baño de sangre en que se encuentra el país ¿Por qué Calderón tiene tan escaso contacto con los distintos sectores de la sociedad? Porque no ha sabido ejercer ni legitimar su liderazgo ni ha escuchado las alternativas que desde diversos puntos de la sociedad se le han hecho. En la democracia la relación con la sociedad es estrecha y, al menos, en la coyuntura actual del país no es el caso. ¿Es democrático que un país pobre y desigual como es México tenga una burocracia llena de privilegios y, a la par, incompetente? En el gobierno federal hay 31 mil empleados del gabinete legal que ganan entre 1 y 3.3 millones de pesos anuales. Una ofensa para millones de mexicanos que apenas comen: la “lógica del botín” (El Universal, 4/V/11). ¿Es democrática la posibilidad expresada por Calderón a López-Dóriga de declarar el estado de excepción en algunas zonas del país? No, porque cuando las instituciones son débiles, la única alternativa que queda es el uso de la fuerza. ¿Es democrático lanzar a siete connotados panistas, empleados todos del Presidente, para infamar al PRI y a su presunto y gris aspirante presidencial Peña Nieto? No, no es democrático. No es democrático tampoco que el jefe del Ejecutivo crea tener la razón y la verdad absoluta: de ser así estaríamos ante un sultán, no un Presidente democráticamente electo.
Es innegable que México ha avanzado en la zona de la democracia, aunque no con la velocidad ni la profundidad deseada. Es innegable también que el Estado tiene que preservar nuestra seguridad, como sociedad. Sin embargo, no sólo no se ha podido, sino que el miedo invade todos los rincones de nuestra estructura social. No puede pasarse por alto que México sea evaluado como un país sin libertad de prensa junto con países como Cuba, Venezuela y Honduras. El ataque a tantos periodistas hace vulnerables a quienes ejercen esa profesión. La mayoría de los casos no han sido resueltos por la autoridad correspondiente: la impunidad se mueve sin restricción alguna.
Es necesario que Calderón tenga una posición más autocrítica respecto a su visión de la política mexicana. Que son pocos los logros. Lejos de demeritarlo podría ser un ingrediente para sumarle puntos y acercarlo a una ciudadanía que, al día de hoy, se encuentra muy distante de su Presidente. Que la sociedad necesita de un Estado cimentado. Por eso las preguntas: ¿Son demócratas los panistas? ¿Es demócrata Calderón? Contestémonos las preguntas como podamos.
La verdad, me gustaría escribir un texto contra el Día de las Madres, el día de la demagogia y el sentimentalismo, que vuelve mercancía y melcocha el vínculo más radical o la raíz más vinculatoria de nuestra vida.
Me gustaría borrar ese día del calendario, despoblar los restoranes de familias celebrando a su cabecita blanca y las tiendas de apresurados o devotos parientes escogiendo un regalo para el día señalado.
Me gustaría decir que nunca he celebrado realmente ese día, que he pasado por él a través de los años sintiéndolo y sabiéndolo un simulacro, una celebración mutilada, despojada de su última riqueza, que es la ambigüedad, su arcano estricto, intransferible, verdaderamente umbilical.
Me gustaría inventar una escena de diálogos entre estrategas de ventas de grandes almacenes que segmentan el mercado con todos los lugares comunes, culpas, hipocresías y sentimientos huecos de los maternos compradores, con el único fin de hacer timbrar la caja.
Quisiera diseñar una campaña de publicidad diciendo cosas como que madre sólo hay una porque nadie resistiría la existencia de dos.
Y proceder a la parodia de los discursos de amor que se pronunciarán este día en las sobremesas repitiendo exactamente, sin quitar ni poner una coma, lo que esos discursos dirán cuando sean pronunciados.
Me gustaría hacer el relato de unas madres maduras que abominan la celebración que les hacen sus hijos, pues les recuerdan su edad, ellas que no quieren sino recordar sus aventuras prematernas, la cara de hombres con los que hubieran querido tener hijos que no tuvieron.
Quisiera poder reunir en un ramillete de voces la intimidad de madres que han ejercido todos los trucos de la manipulación sobre sus hijos, con eficacia añadida sobre sus hijas, ellas, las madres que han sabido siempre, como nadie, de qué lugar cojea lo que han parido.
Quisiera poder inventar un chiste sobre las madres tan bueno como el de la madre judía que regala de cumpleaños a su hijo dos corbatas y al verlo aparecer con una, le reprocha: “No te gustó la otra. Lo sabía”.
Me gustaría hacer todo esto, pero no puedo hacerlo porque hoy es el Día de las Madres y mis lectores pueden malentender del todo mi desahogo, creer que se debe sólo a que soy un huérfano reciente, aunque incurable, pues hace seis años menos diez días murió mi madre y es la hora en que no puedo contar ni descontar su muerte.
Es imposible no sentir la más profunda solidaridad con el propósito de la reciente marcha: el derecho a vivir en paz, en absoluta libertad y seguridad. Es la premisa fundamental de cualquier sociedad civilizada. Y es un derecho que el Estado está obligado a proveer antes que ningún otro. Porque lo cierto es que, más allá de la retórica gubernamental, el Estado (los distintos gobiernos, en este caso) ha fallado. En México no se vive en paz. Basta preguntarle a la gente en Monterrey, en Torreón, en Saltillo, en Michoacán, en Nayarit o en las calles de Durango. La gente vive aterrada en Chihuahua y en Juárez, en Reynosa y la fantasma Ciudad Mier. Y mucho peor en la hermosa sierra duranguense, que de paisaje de innumerables películas se ha vuelto protagonista de su propia tragedia. Javier Sicilia tiene razón: México se nos está yendo de las manos y recuperarlo debe ser el objetivo de una generación. Todos merecemos la paz y exigirla es nuestro derecho y nuestro deber.
Pero este ferviente anhelo de paz por parte de la sociedad debería implicar una obligación no menos fundamental: razonar con claridad y actuar con sensatez y realismo. Al escuchar las consignas que gritaba la multitud durante y al final de la marcha, no pude evitar pensar que, a veces, el dolor obnubila la razón. No podemos permitir que predominen, en este momento crucial, el esquematismo fácil y la ignorancia sobre las verdaderas circunstancias en las que nos encontramos todos.
En los últimos meses he escuchado voces sugerir, por ejemplo, que lo que se necesita es un pacifismo gandhiano, una suerte de resistencia civil que transforme, desde la “no violencia”, nuestro predicamento. Suena lindo, sin duda. Pero la recomendación me parece ingenua. La lucha de Gandhi era —y esto es clave— contra un Estado (el británico) que podrá haber incurrido en los más terribles pecados colonialistas, pero que era —y sigue siendo— democrático y libre. No es cosa menor. ¿Cómo exactamente se “resiste pacíficamente” contra los narcotraficantes? ¿En qué habría consistido la resistencia civil de las mujeres violadas en San Fernando? ¿Y la de los muchachos de Salvarcar?
El estado real de esta coyuntura trágica lo he escuchado en la voz de Julián Le Baron, un hombre valiente y lúcido que ha tratado de encontrar un camino para proteger a los suyos después del horroroso asesinato de su hermano Benjamín (quien, por cierto, fue asesinado precisamente por negarse a pagar un rescate; ejemplo de resistencia admirable pero fútil). A Julián lo he escuchado despotricar contra el gobierno estatal y federal y abogar porque se le permita armarse a los mexicanos. Lo he escuchado describir cómo ha organizado a su comunidad para defenderse de los delincuentes. Y lo he escuchado recordar a Benjamín con la voz entrecortada. Pero jamás lo he escuchado decir que hay que resistir pacíficamente a quienes se llevaron a su hermano e intentaron violar a su cuñada. Para Julián, el pacifismo se ha topado con la realidad de un enemigo que encarna el mal. Un mal, me temo, irreductible.
¿Cómo lidiar de la mejor manera con ese monstruo de mil cabezas? No lo sé. Estoy convencido de que la estrategia del gobierno debe ser debatida y modificada. También estoy seguro de que los candidatos presidenciales tendrán la obligación de explicar detalladamente qué harán con el desastre. Pero también me queda claro que la respuesta no es el pacifismo en su versión más ramplona, así se inspire en casos históricos venerables pero inaplicables a nuestra circunstancia. La respuesta tampoco está, creo, en llamados a renuncias simbólicas. Mucho menos en un Zócalo que, de pronto, comienza a vocear la muerte del Presidente. Eso es estridencia irracional. En la desesperación se comprende, pero hasta ahí. Tras el valiente llamado de Sicilia a mover la conciencia de los mexicanos, la acción que sigue por parte de la sociedad debe fincarse en el realismo, la información y la sensatez. El resto, me temo, suma a la zozobra.
Para cambiar a la clase política normalmente se requiere una revolución: violenta o pacífica. También hay casos de grandes sacudidas de las formas de gobierno que generan transformaciones importantes y, sobre todo, cambios generacionales en los sistemas políticos. Es lo que está sucediendo de alguna manera en los países árabes que han conocido las recientes rebeliones ciudadanas, como Egipto, Túnez, Libia, Yemen, Bahréin o Siria, éstas con resultados todavía imprevisibles, pero que de alguna manera habrán impactado las formas de gobernar. También es lo que pasó en forma distinta en el caso de Italia, a principio de la década de los 90, cuando la Democracia Cristiana, con el caso mani pulite se desmoronó para dar paso a otras fuerzas que terminaron por constituir nuevas alternativas políticas, aunadas a la recomposición de las antiguas. O en Argentina, donde la crisis de 2001 llevó a la exigencia indignada de “que se vayan todos” y que condujo a una regeneración de buena parte de la clase política y al surgimiento de nuevos liderazgos menos comprometidos con el pasado.
La Marcha Nacional por la Paz y la Justicia, encabezada por Javier Sicilia, es, de alguna manera, un grito similar que manifiesta el hartazgo de la gente y que podría anunciar una rebelión pacífica pero de proporciones nacionales. El “estamos hasta la madre” no es más que la traducción mexicana del “que se vayan todos”. Y así, como sucedió en otros países, lo que expresa es el cansancio de una población ante la indiferencia y la impunidad de una clase política corrupta o, en el mejor de los casos, autista. Mal harían los partidos políticos y los funcionarios públicos mexicanos en no tomar nota de lo que está sucediendo: esto, más allá de los pocos o muchos que acompañaron físicamente a los marchistas, es una muestra del sentimiento y razones que muchos compartimos. No estoy seguro y no tengo los elementos para saber si la renuncia del secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, servirá para resolver el gravísimo problema de la inseguridad en nuestras calles y en nuestras vidas. Pero sí sé y me queda claro que en una democracia los funcionarios públicos ineficientes deben ser sujetos a escrutinio y a rendición de cuentas. Por lo tanto, alguien tiene que hacerse responsable o ser responsabilizado por lo que está sucediendo. No importa si hizo todo lo posible o fue negligente: en política lo único que cuenta son los resultados. Y los resultados de esta política de seguridad es que cada vez hay más crimen y violencia.
La gente en la plaza pedía la cabeza de Calderón y la muerte de García Luna. Javier Sicilia, moderado y ecuánime, a pesar de su tremendo dolor personal, sólo pidió lo que cualquier ciudadano normal en un país democrático debe pedir: la renuncia del servidor público ineficiente. El primer responsable, en última instancia es, en efecto, el Presidente de la República. Y la situación ha llegado a un punto que se antoja exigirla, independientemente de su viabilidad o dificultad para ejecutarse. Pero Sicilia sólo pidió, insisto, la renuncia del responsable durante estos últimos años de la seguridad pública. Que si no ha logrado cumplir con su función porque en otros sexenios esto se dejó crecer, porque Estados Unidos no detiene el tráfico de armas o porque hubo una crisis financiera internacional, a los ciudadanos les importa poco, con justa razón. Lo que queremos es que haga bien su trabajo, que cumpla con lo que es su tarea o que renuncie, como ya lo había pedido hace muchos meses Alejandro Martí. En cualquier país democrático esta es la forma natural de comenzar a resolver los problemas: haciendo renunciar al servidor público ineficiente. Lo que Calderón no sabe, o no quiere pensar, es que si no hace renunciar a García Luna entonces la gente va a pedir que renuncie él mismo. Es lo más lógico y normal. Porque el problema es que si el Presidente no hace renunciar a su secretario de Seguridad Pública es porque piensa que está haciendo bien su trabajo, es decir, que no ve por qué las cosas tienen que cambiar. Y esta obstinación de Calderón muestra una peligrosa incapacidad de cambiar o simplemente de recibir críticas.
Mal haría, sin embargo, el resto de la clase política en alegrarse del infortunio presidencial y no poner sus barbas a remojar. En realidad el hartazgo, el “ya estamos hasta la madre”, se traduce prácticamente en la petición de “que se vayan todos”. La ciudadanía está en efecto harta de ver a estos políticos (todos los políticos) preocupados únicamente por su suerte personal, por su acomodo en el poder o por ganar la próxima elección. Si creen que han logrado poner candados al sistema para permanecer en el poder gubernamental o partidista no conocen el tamaño del desprecio popular o del desprestigio de un sistema que lleva al desmoronamiento en el momento menos esperado. Los políticos pueden estar inaugurando grandes obras, como Porfirio Díaz lo hizo en el centenario de la Independencia, mientras la gente está a punto de estallar. Así que, finalmente, la renuncia de Genaro García Luna no me parece una petición insensata. Creo que está bien para comenzar, con la clara consigna de que si no funcionan se pueden ir todos.



El 24 de junio, Ernesto Sabato habría cumplido cien años y su novela Sobre héroes y tumbascincuenta de su publicación. El siguiente es un recorrido por la geografía y los personajes de esa historia trágica e inolvidable, sin duda la obra más ambiciosa y lograda del escritor argentino muerto el pasado 30 de abril.
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La mejor manera de vengarse de un enemigo es no parecérsele.- Marco Aurelio
Obama festeja. Los Estados Unidos festejan. No son los únicos. Las heridas dejadas por el fanatismo encabezado por Bin Laden van de Madrid o Londres a Filipinas. Familiares y amigos de las miles de víctimas, nada más de las Torres Gemelas, festejan. La muerte del terrorista se mira hoy como justa reivindicación y triunfo sobre el mal. Su organización criminal se debilita. Difícil encontrar de nuevo la letal combinación de inteligencia, perversidad y recursos.
Pero hay algo en el episodio que amarga. Comencemos por el vergonzoso fracaso.
Una de las características esenciales del "proceso civilizatorio" -expresión de Norbert Elías- es la eliminación de la acción directa, imponer intermediación. Desde un incidente de tránsito o un conflicto conyugal hasta la relación entre los estados nación. Para eso se crearon Naciones Unidas, para eso existe la Corte Internacional de Justicia y ahora la Corte Penal Internacional, grandes creaciones civilizatorias. Durante una década el mundo fue incapaz de detener al autor intelectual confeso de múltiples atentados terroristas responsables de miles de víctimas. Todas las instituciones mostraron su brutal impotencia para lograr la detección, captura y la aplicación de un debido proceso a Bin Laden de acuerdo con las normas internacionales. Sólo a partir de ese estrepitoso fracaso es que se puede entender -que no aceptar- la acción en solitario de los Estados Unidos que viola múltiples ordenamientos.
La fallida cooperación entre los estados, incluido Paquistán, para arrinconar a Bin Laden desnuda la dificultad interna para imponer las acciones persecutorias. Pero también refleja la aceptación y casi popularidad entre algunos sectores -minoritarios pero activos- de su movimiento. Si atrapar a Bin Laden y a la dirigencia de Al Qaeda hubiera sido buen negocio político los gobiernos se hubieran aplicado. No fue así.
La primera potencia militar se tardó diez años en dar con su objetivo: un hombre. Estuvo acompañada de una alianza de los mejores ejércitos y sistemas de inteligencia. Los mejores equipos del mundo fueron impotentes frente al enemigo número uno de Occidente. Que bueno que dieron con él, más vale tarde que nunca. Pero el capítulo también registra la terrible vulnerabilidad del mundo contemporáneo. Un individuo, una sola organización ha sido capaz de mantener en jaque al mundo. Esa es una mala noticia que está detrás de la fiesta. Pensemos en guerras pasadas. Para romper un equilibrio mundial se necesitaba un gran poderío bélico.
En las Guerras Mundiales del siglo XX fueron grandes ejércitos los que sacudieron a la humanidad. Eso ya es pasado. El mundo contemporáneo es de una fragilidad espeluznante. Un litro de un arma bacteriológica puede matar a decenas de millones.
Pero hay más, las consecuencias del terrorismo están instaladas en nuestra vida cotidiana. En eso Bin Laden sigue vivo. Imaginemos todas las horas de vida y recursos que se pierden por los sistemas de seguridad en, por ejemplo, los transportes aéreos. Bin Laden está muerto, pero el ejemplo del uso de los instrumentos de la modernidad para generar terror y muerte sigue allí. Para un fanático convencido de dar su vida por una causa, la modernidad es un excelente escenario. Un avión se convierte en una bomba, un barco en una trampa, un celular en un detonador. Hoy grupúsculos que hace un siglo no hubieran sido una amenaza lo son. Aparece una correlación entre el sorprendente desarrollo de las tecnologías y la potencialización del peligro en manos de cualquiera. Esa cara de la modernidad no es esperanzadora.
¿Qué hacer? ¿Inhibir el uso de las tecnologías? Imposible e indeseable. Además la aparición de mentes perversas escapa a cualquier control. Un Hitler o un Bin Laden siempre existirán en potencia. Nada que hacer. Pero sobre lo que si se puede trabajar es sobre el odio. Bin Laden era una inteligencia perversa, eso se lo dio la naturaleza. Pero el odio hacia Occidente no: "Es vuestro castigo por Irak y Afganistán..., la manera de devolveros vuestra mercancía", esa fue su sentencia sobre septiembre 11.
La cultura del odio existe y es un excelente caldo de cultivo para las mentes perversas que siempre las habrá. La ejecución de Bin Laden no ayuda a disminuir el odio, por el contrario. Ahora estamos a la espera de la venganza sobre la venganza.
Entiendo las limitaciones del caso, pero hubiera preferido ver a Bin Laden vivo, tras las rejas, sujeto a un proceso -como en Nuremberg o en el caso Hussein- escuchando razones, condenado, ejecutado si se quiere. Pero una ejecución sin proceso no es una buena noticia para el proceso civilizatorio. El ojo por ojo es un retroceso. Los rostros festivos de Nueva York de mayo del 11 recuerdan la imagen de los rostros festivos de muchos musulmanes el 11 de septiembre del 2001. Seguimos siendo prisioneros del odio. Esa es la derrota colectiva.- México, Distrito Federal
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La minoría extrema de la derecha en EE.UU., el Tea Party, quiere enjuiciarlo y expulsarlo de la presidencia. La mayoría del Partido Republicano busca mil maneras de dificultarle elejercicio del poder. Donald Trump, peinado por la ley de la gravedad, duda de que Obama sea ciudadano de los EE.UU.
Las reformas del presidente a las leyes de salud son disputadas por los intereses favorables a una medicina des-regulada, que sirva a compañías de seguros, negándoles seguridad a los ancianos y a los enfermos irremediables. Las leyes que han salvado a la industria automotriz ni se discuten. Pero las leyes para la banca son burladas por los salarios estratosféricos que los banqueros se atribuyen a sí mismos.
La derecha critica sistemáticamente a Barack Obama y algunos lo consideran "comunista". La extrema izquierda, asimismo, siente que sus políticas son demasiado tímidas. Y un periodista, hace un par se semanas, le espetó en la reunión del presidente con la prensa: "¿Por qué tolera usted el terrorismo y no hace nada al respecto?"
Como es su costumbre, Obama mantiene la calma, sonríe y luego actúa. Tiene que vérselas con un Congreso que no le da todo lo que quiere. Debe negociar, sin ceder ante el Tea Party pero arrebatándole a esa facción legisladores republicanos por gracia del acuerdo moderado.
Todo ello sitúa a Obama en el centro del espectro político, a veces más a la derecha pero sólo en virtud de negociaciones que inevitablemente conceden, a veces más a la izquierda donde está el corazón del profesor de Harvard que prefirió ser consejero de causas sociales y combatir a la pobreza en Chicago, que abogado de grandes compañías en Nueva York.
Pero en el centro-centro, en el corazón de corazones, está un hombre tranquilo, lejano a la "gracia" exigida al político del norte, reservado y dispuesto, llegado el caso, a actuar con todo el poder a su alcance para obtener resultados precisos, aunque peligrosos y a veces hasta imprevisibles.
Este es el Barack Obama que ordenó el asalto a la fortaleza invisible por su visibilidad, del terrorista Osama Bin Laden en Paquistán. Operación unilateral y silenciosa: el gobierno de Paquistán no es confiable y hace fortuna con su duplicidad. Operación encargada a los Seals, equipo sin compasión o dilación que en cuarenta minutos descabezó a Al-Qaeda diez años después de los ataques suicidas del 9/11 a Nueva York, Pennsylvania y Washington y los veintidós -veintidós- ataques de Al-Qaeda a hoteles, sinagogas, consulados, automóviles, trenes, refinerías, embajadas, de Túnez a Madrid, de Londres a Riyadh, de Filipinas a Marruecos, con más de ochocientos muertos, aparte de los tres mil asesinados en los ataques a las Torres Gemelas en septiembre de 2001.
¿Merecía compasión este asesino en serie, Osama Bin Laden? ¿Merecía llegar vivo a un tribunal para ser juzgado y sentenciado por sus crímenes? Esto se debate hoy. Lo indebatible es la vida perdida por tantos inocentes en todo el mundo por la saña ideológica de Bin Laden. No lo excusa su fe, como no excusó la fe a la Santa Inquisición ni la falta de fe al emperador romano Nerón. La creencia -en el nazismo, el comunismo, el nacionalismo, el imperialismo- no excusa una sola muerte inocente. Invocando a Alá, Osama Bin Laden actuaba en nombre del Diablo, un diablo, es cierto, que muchos seres humanos llevamos dentro pero al que no le damos rienda suelta por una sola y profunda razón: el respeto a las vidas ajenas.
Osama Bin Laden carecía de ese respeto a los demás. Todos eran carne de su cañón ideológico-religioso. Osama tiñó a la religión de Mahoma de un color -el de la muerte- que no es el de Islam. Muchos ciudadanos de su cultura religiosa se dieron cuenta de la falsedad y lo abandonaron. Al morir Bin Laden, el Yihadismo era ya una bandera rasgada, casi el cruel capricho de un árabe multimillonario decidido a seguir jugando a la guerra.
Destaco, con alegría, que la muerte de Bin Laden, por más que su cadáver siga provocando sobresaltos, coincide con el despertar democrático del norte de África, de Siria y Yemen. Una gran fortuna: estos movimientos de libertad no han sido auspiciados por el Occidente. No podían serlo: Europa y los EE.UU., en proporciones distintas, apoyaron a los dictadores de Túnez y Egipto y aún al lunático Kadhafi en Libia. Mubarak, en Egipto, aceptó esta anomalía para negarle vida a la Palestina libre que, ahora, la Asamblea General de la ONU proclamará el venidero septiembre, dándole serios dolores de cabeza a Benjamin Netanyahu y proponiendo dos grandes cambios: que el centro-izquierda vuelva al poder en Israel y que la facción palestina Hamas reconozca al estado judío.
El Occidente tiene graves culpas que purgar en el área mediterránea. Ahora, le toca reconocer y apoyar a los movimientos democráticos de Egipto y Túnez, de Marruecos y Yemen, de Siria y Argelia. Apoyarlos más no encabezarlos. La singularidad de lo ocurrido en calles y plazas de El Cairo y Damasco y Túnez y Marrakech es que ocurre sin manipulación externa, europea o norteamericana. Son movimientos locales, propios de cada sociedad y a cada sociedad le corresponde trazarse su propio porvenir y saldar su propio pasado. Jóvenes, estudiantes, clase media, trabajadores, amas de casa: son visibles, allí están. Con ellos está la esperanza de países norafricanos libres, de un Mediterráneo sur sin ninguna obligación con el Mediterráneo norte que la de la relación normal en democracia.
Faltan muchas batallas. Habrá muchos retrocesos. Pero la realidad está clara y está allí.- México, D.F.
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Es difícil que en el PRD haya otros precandidatos presidenciales que los obvios: Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard. Siendo aspirantes con poder propio, influirán de manera determinante en la fijación de las reglas para la selección de candidato en el proceso que desemboca en el 2012.
Ambos aspirantes han repetido una y otra vez que no habrá choque de trenes, porque acordaron hace tiempo que a la hora en que el partido escoja se atendrán a una regla aceptada por los dos: quien esté "mejor colocado en las encuestas" será el candidato. Ignoro si suscribieron un pacto, si hay una constancia escrita del acuerdo aunque no aparezcan en ella sus firmas, o si se trata de un arreglo "entre caballeros", en que se confía que cada parte haga honor a su palabra.
Es difícil determinar el significado de la expresión clave. ¿Qué quiere decir "el que esté mejor ubicado en las encuestas"? Puede tener tantos sentidos como elementos entran en la definición.
Es preciso establecer quién realiza las encuestas. Varias firmas levantan periódicamente sondeos en torno de la sucesión presidencial. ¿Se acudirá a esos resultados, o se encargará a esas u otras empresasel levantamiento de una medición especial?
Esos ejercicios suelen preguntar sobre preferencias y rechazos, lo que en demoscopía electoral se llaman voto positivo y negativo.
¿Cómo se armonizan esos últimos factores? ¿Se concede el mismo valor a uno y otro?. Por otro lado: ¿a quién se aplican las encuestas? ¿al público en general, a los miembros del PRD con credencial e inscripción en el padrón, a quienes se presenten como simpatizantes?
Al parecer nadie se ha ocupado de especificar esas características ni de ahondar en ellas. A lo mejor se trata sólo de una fórmula dilatoria, una promesa vaga de que no habrá distanciamiento y ruptura hasta llegar al momento en que sea preciso, para cumplir los plazos legales, tomar decisiones impostergables. La fórmula no ha impedido que se achaque a López Obrador la anticipada e inexorable decisión de ser candidato, aunque las encuestas no lo favorecieran.
Sorprendió por eso que Ebrard aprovechara el aniversario del PRD para dejar al margen ese presunto mecanismo ya acordado y proponer nuevas normas para la selección del candidato. De manera unilateral quiere que haya dos debates entre los aspirantes, en octubre, y al mes siguiente una consulta pública.
Aquellos servirían, en su concepto, "para que la gente sepa qué propone cada cuál, qué significada cada cuál". Por su lado, en la consulta se preguntaría "a la opinión pública quién debería ser el candidato (de la izquierda) a la Presidencia de la república".
Como todo el mundo sabe, son distintas una encuesta (lo que presuntamente estaba acordado) y una consulta (lo que el jefe del gobierno del D.F. propone ahora). Tal vez el propuesto cambio de método indique el que se ha llegado al punto en que las precandidaturas puedan coexistir sin evidenciar sus diferencias, sus aspiraciones y sus intereses.
Independientemente de la respuesta que López Obrador dé a la propuesta de Ebrard (que no se conoce a la hora de escribir estas líneas), la pugna entre seguidores de uno y otro, las sospechas que expresan recíprocamente, los aprestos que en cada trinchera se adoptan ya, señalan que se ha entrado en la contienda interna, que durará medio año y puede ser muy intensa, fragorosa.
Aunque Ebrard habló de la candidatura de la izquierda, el foro en que lo hizo y su propia posición en ese espacio político indican que requiere aprovechar la coyuntura para ser el candidato perredista. Como se evidenció en el lugar preponderante que ha tenido a últimas fechas en reuniones partidarias, y fue muy ostensible el jueves pasado, está actuando como el líder mayor del perredismo, mientras que su oponente ni siquiera hace presencia en sus celebraciones.
Es, según él mismo se ha definido, un militante con licencia, y no se produjo con nitidez el hecho a que condicionó su retorno al seno del partido que presidió de 1996 a 1999. Nueva Izquierda, la corriente que más abiertamente le es adversa, no perdió del todo su papel hegemónico en la dirección del partido. Pero las corrientes que simpatizan con el ex jefe de gobierno recuperaron en parte ese control. Llegado el caso, esa victoria parcial le permitiría volver al PRD sin perder cara, y para estar formalmente en posibilidad de contender con Ebard, con las reglas que presuntamente pactaron, con las que propone Ebrard, con las que sugiera el propio López Obrador o con las que atinen a establecer los órganos del partido.
El ex candidato presidencial no puede prescindir de ser lanzado por su partido, pues el apoyo incondicional del PT y Convergencia sería insuficiente en la contienda presidencial. Como a Ebrard no le bastaría el del PRD solo.
Por ahora lo previsible es que de aquí a que se resuelva quién sea el candidato perredista, el partido continuará su ruta de deterioro, salvo en el caso del Estado de México. En Nayarit y Coahuila la ruptura de la coalición con el PAN lo deja librado a sus propias, exiguas fuerzas. En el primero de esos estados vive una circunstancia peculiarísima de la que podría obtener ventajas salvo porque se afectan los intereses de los chuchos: una diputada federal perredista es la candidata del PAN, y lo que el PRD tendría que hacer es reconstruir en beneficio de ella la alianza que se había concertado para provecho de Guadalupe Acosta Naranjo, cuarto lugar en la jerarquía de Nueva Izquierda.- México, Distrito Federal
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Un domingo como hoy, hace cinco semanas, Javier Sicilia se hallaba en Manila, la capitalde Filipinas, invitado por el Instituto Cervantes, que promueve la lengua española por todo el mundo y convoca a hacerlo a notables escritores. Sicilia lo es. Hace apenas dos años recibió el premio nacional de poesía, una presea muy valiosa, que antes fue para Juan Bañuelos, José Emilio Pacheco, Eduardo Lizalde, Coral Bracho, Hugo Gutiérrez Vega, entre otros.
El lunes 28 de marzo una noticia negra arrancó a Sicilia de la constructiva y placentera labor a que había sido llamado a aquel archipiélago del Pacífico. Su hijo Juan Francisco, Juanelo, había sido asesinado. Cuando pudo llegar, el poeta conoció los pormenores de la situación. Su hijo y tres de sus amigos y vecinos, a los que Javier Sicilia conocía de cerca, habían sido levantados en un bar de Cuernavaca en que terminaban su asueto dominical y junto con tres personas más fueron asesinados. Sus cadáveres se amontonaron en un vehículo que fue abandonado en el colindante municipio de Temixco.
Sicilia, que no ha sido hombre de silencios, ni como poeta se ha recogido en su constante diálogo con Dios, gritó en demanda de justicia. Y encontró que al conjuro de su voz resonaban innumerables ecos, no sólo de quienes se solidarizaron con él y los familiares de las otras víctimas, sino de los deudos de muchas otras personas asesinadas, desaparecidas, vejadas, abandonadas, desoídas en todo el país. La condensación de esos pesares, de esa indignación dio lugar a la Marcha nacional por la paz con justicia y dignidad que hoy concluye en la ciudad de México, tras su inicio en Cuernavaca el jueves pasado.
Se unieron de inmediato a Sicilia, en su reclamo de justicia, los protagonistas de movimientos y acciones con los que se ha identificado. Como una nota singular en su ejercicio periodístico, invariablemente sus textos terminan con un alegato por demandas civiles antiguas o vigentes en su hora. En un ejemplo tomado al azar, cuando en junio de 2009 anunció que anularía su voto, como parte de un movimiento de reproche a los partidos políticos, en el párrafo final de su texto se leía como era y es usual: "Además, opino que hay que respetar los acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca". Aludidos en esas líneas, los zapatistas se manifestaron ayer en San Cristóbal de las Casas. Su demanda y la de Sicilia no se ha satisfecho: los acuerdos de San Andrés Larráinzar, que debieron ser la base para la reforma constitucional en materia indígena a que se comprometió el presidente Fox en el primer momento de la alternancia, siguen sin cumplirse. En cambio, los presos de Atenco y de la Appo fueron liberados y muchos de los integrantes de esos movimientos están en la Marcha o en las marchas locales que se multiplican en este domingo. Ulises Ruiz sólo salió del gobierno de Oaxaca al concluir su espurio mandato, pero lo hizo a golpe de votos, derrotado su autoritarismo por el empuje de la sociedad civil. En torno de Sicilia y la Marcha que encabeza se ha reunido un abigarrado conjunto de personas y agrupamientos. Se expresa así una suma de agravios, algunos de los cuales fueron conocidos y otros que brotaron a partir de la convocatoria misma. Surgieron de este modo a la luz pública madres llorosas cuyos hijos desaparecieron o fueron asesinados sin que nadie prestara atención a sus denuncias. Resumen en su quebranto el de las familias de los desaparecidos en San Fernando y en Durango cuyos cadáveres aparecen en fosas clandestinas.
Antes de su asesinato, habían sido privados de su libertad, en cualquiera de sus modalidades: los levantaron delincuentes que después los ultimaron, los secuestraron otros bandoleros en demanda de una recompensa por un rescate imposible de pagar, los capturaron al margen de la ley agentes de la autoridad que no los consignaron a jueces que los procesaran. Nadie averiguó que pasaba con esas personas cuyo destino se volvió incierto, ignorado su paradero por los suyos. Muchos de esos deudos se acercan hoy tímidos y temerosos a los servicios médicos forenses para identificar entre despojos congelados los que correspondan a sus familiares. El número de los reclamantes es mayor que el de los cadáveres hallados hasta ahora.
Esa vasta representación del dolor nacional protesta contra la violencia criminal, cualquiera que sea su origen, que los ha crucificado. Vienen de Sonora algunas madres, algunos padres de familia de los 49 niños que murieron quemados o asfixiados en la Guardería ABC en Hermosillo. Dentro de un mes, cuando se cumplan dos años de ese crimen imperdonable, esos deudos enjuiciarán a las autoridades que con sus omisiones y abusos construyeron el escenario en que sus hijos murieron. Comparten con Sicilia el supremo dolor que ni siquiera puede expresarse: Ha recordado el poeta que quien pierde a sus padres padece orfandad, y viudez quien se queda sin su compañero de vida. Pero no hay palabra que designe a quien pierde un hijo, así de contraria a la naturaleza es la muerte de quien debió en su momento enterrar a sus padres.
Están asimismo en la marcha, procedentes todos de Chihuahua, las familias Le Barón, Reyes Salazar, Escobedo. Sus casos son, si cabe, más graves que otros cualesquiera. Porque los muertos que lloran hoy, por cuya suerte protestan, pidieron justicia ante agravios previos, ante intentos por impedir que la impunidad fuera el desenlace de sus exigencias. Por añadidura, una operación canalla, que para difundirse requiere de plumas podridas, insiste en decir que los Reyes Salazar no defendían derechos humanos sino que son voceros de narcotraficantes. De la misma mano ha brotado la infamia que reduce el asesinato de Juan Francisco Sicilia y las seis personas con las que murió a un mero pleito de cantina.
Marchan al lado de Sicilia, o se unirán a su caravana la tarde de hoy en la Plaza de la Constitución, hombres de la Iglesia a que pertenece el poeta pero cuyas miserias ha denunciado. El padre Alejandro Solalinde trae, con su presencia, la de los migrantes centro y sudamericanos que antes de llegar a la tierra prometida tienen que cruzar el infierno mexicano. Indefensos y marginados, pueden desaparecer a miriadas, como de hecho ha ocurrido sin que la acción estatal sea eficaz para rescatarlos o castigar a sus captores. El obispo de Saltillo, don Raúl Vera, representa a su vez a otro género de asesinados, los que mueren por la negligencia combinada por la avaricia o la búsqueda del lucro a cualquier precio.
Había expresado su solidaridad con Sicilia ya antes del tres de mayo, en que el estallido de un pocito en la región carbonífera de Coahuila mató a 14 personas. Aunque esa comarca no pertenece ya a la diócesis de la capital coahuilense, don Raúl no ha dejado de prestar su patrocinio a los deudos de otra explosión, la de Pasta de Conchos el 19 de febrero de 2006, que cobró la vida de 65 personas, cuyos cadáveres insepultos yacen bajo los escombros de una mina que trabajaba al margen de la ley no obstante pertenecer a un poderosos grupo económico.
La tragedia de Pasta de Conchos debió significar el límite de una situación insostenible, la de la explotación de carbón mineral en Sabinas y otros municipios coahuilenses. Es verdad que se trata de una las operaciones industriales de mayor riesgo (por la asociación del gas metano al carbón) que, sin embargo, puede ser controlado con adecuadas medidas de seguridad. Pero la impunidad que siguió al homicidio sirvió de aliciente a quienes explotan las minas al mismo tiempo que a los mineros. Decenas de personas han muerto desde aquel infausto suceso. Ya eran infortunados por tener que aceptar condiciones laborales infames, en tiros abandonados, conocidos como pocitos de los que se puede arrancar mineral sólo a bajo costo. La inspección del trabajo, rala y casi ausente, finge no percatarse de lo que ocurre en esas horadaciones, todas tumbas en potencia. Por eso repugna la hipocresía del secretario Javier Lozano, colocado en primera fila ante las cámaras como si deplorara muertes que, entre otros factores, el cumplimiento de funciones de su secretaría pudo haber impedido. El pasado presente.- El cinco de mayo de 1989 -hace 22 años, que se cumplieron el jueves-fue fundado el Partido de la revolución democrática (Prd). Su principal impulsor, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, presentado tres veces como candidato presidencial y llevado al triunfo en la contienda por gobernar el Distrito Federal en 1997, no estuvo presente en la celebración del vigésimo segundo aniversario de esa organización. Por un lado, porque no hay mucho que celebrar después de dos décadas y poco más que se resumen en mezquinas pugnas interiores, agravadas a partir de 1996 por el rico financiamiento público de que dispone al partido, que dejó atrás la práctica de la abnegación política que caracterizó a la izquierda durante largo tiempo. Por otro lado, porque Cárdenas se ha distanciado a partir de su oposición que Andrés Manuel López Obrador fuera candidato presidencial y por su aceptación, relacionada con esa actitud, de un nombramiento del presidente Fox, en vísperas de la elección de 2006, que no sirvió para nada, salvo para disminuir el apoyo a López Obrador. En Sobre mis pasos, su reciente autobiografía, Cárdenas rememora asi la fundación del PRD: "El acuerdo que finalmente se tomó fue buscar el registro del PRD por las dos vías, esto es, llevando a cabo las asambleas distritales en el número exigido por la ley y presentando a la autoridad los documentos necesarios para efectuar el cambio de PMS a PRD. Se determinó seguir esos dos caminos. Por una parte, para provocar una movilización nacional como parte del proceso de reorganización; por la otra, para evitar que, sobre todo en el caso de la realización de las asambleas, la autoridad pudiera argumentar que algún requisito menor no se hubiera cumplido y se echara abajo el trabajo realizado, y para participar como PRD en las elecciones que ya estaban encima. Había entusiasmo para realizar las asambleas aunque no faltaron, de repente, algunas dificultades. Principalmente, que no se presentaban los notarios que se habían comprometido a estar presentes para dar fe de la celebración de las reuniones o que había muchos más de los 300 asistentes que pedía la ley, pero no todos llegaban o contaban con su credencial de elector. Otra dificultad que se presentó desde un principio fue la de las prácticas sectarias de la propia gente que promovía la organización del partido, principalmente en el manejo de las hojas de afiliación. Para organizar el nuevo partido era necesario afiliar individualmente a sus miembros. Dada la escasez de recursos, que dificultaba que centralmente se imprimieran y distribuyeran por todo el país las hojas de afiliación, se convino que los grupos promotores, en sus lugares de residencia reprodujeran esas formas y las distribuyeran, multiplicando así iniciativas y recursos. Resultó en muchos que los responsables de afiliar, por lo general miembros de organizaciones ya existentes, centralizaron y no faltaron quienes individualizaran las tareas de afiliación, excluyendo a aquellos con los que en el pasado habían tenido diferencias, roces y confrontaciones. Más grave aún que esas dificultades organizativas, fue enfrentar y sufrir la agresividad del Estado. Después de los asesinatos de Francisco Xavier Ovando y Román Gil, y de los cuatro jóvenes activistas de la Corriente, siguió una larga cadena de crímenes que costaron la vida a más de 600 miembros del Prd durante las administraciones de Carlos Salinas y de Ernesto Zedillo, que al igual que aquellos primeros casos nunca fueron esclarecidos. Entre los meses de diciembre de 1988 y enero de 1989 fueron asesinados o desaparecidos más de 40 compañeros que impulsaban el proyecto de organización del PRD en Chiapas, Chihuahua, Michoacán, Oaxaca. Morelos, Veracruz y Guerrero. Entre esos casos se cuentan la desaparición de cuatro jóvenes en Morelos, parientes o personas cercanas a los promotores del ORD en ese estado: Alejandro Velásquez Casales, Jesús Cosío Rodríguez, Jaime Gutiérrez Nájera y Carlos Aranda Castillo. Dentro de los tiempos previstos se entregó a la Comisión federal electoral la documentación requerida para obtener el registro de nuevos partidos y al mismo tiempo se le comunicó que se llevaría a cabo el proceso necesario para transformarse en PRD. Por las dos vías se cumplió con los requisitos de ley. El cinco de mayo de 1989, frente a unos 80,000 asistentes, se hizo el anuncio, en el Zócalo de que se habían satisfecho los requisitos para que el Partido de la revolución democrática obtuviera su registro legal; se habían celebrado 242 asambleas distritales y la afiliación rebasaba por mucho el número de militantes establecido por la ley para reconocer a un partido político. Los días siguientes, seis y siete, en la sala de armas de la Magdalena Mixhuca. tuvo lugar la asamblea nacional constitutiva del nuevo partido, con la asistencia de más d 2000 delegados". .- México, Distrito Federal
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El accidente ocurrido en una mina de carbón de la región carbonífera de Coahuila, el pasado martes 3 de mayo, donde 14 mineros perdieron la vida y un menor de 15 años de edad, perdió el antebrazo derecho, evidencia que las minas y pocitos son las otras fosas donde anualmente mueren en promedio aproximadamente 80 mineros, sin que sus familias reciban indemnización y, en muchos casos, ni siquiera pensión, porque sus patrones ni siquiera cumplen con sus obligaciones legales.
De acuerdo con datos dados a conocer por el senador panista Ricardo García Cervantes, en la tribuna de la Comisión Permanente, de 1989 a la fecha (22 años) han fallecido, cuando menos, 1,712 mineros en diversos siniestros ocurridos en la región carbonífera de Coahuila; de éstas 135 ocurrieron en los últimos diez años.
Por su parte, la diputada petista Laura Itzel Castillo expresó en la misma tribuna, según consigna el periódico capitalino La Jornada en su edición del 5 de mayo, que en esa zona de Coahuila hay 10 mil pocitos, con características similares a las que presenta la mina en la que ocurrió el referido siniestro. Los pocitos son viles boquetes, con tiros de un metro y veinte centímetros de altura, en los que los trabajadores tienen que trabajar jornadas de más de 12 horas agachados. Además de que no cuentan con las mínimas prestaciones legales.
El Obispo de Saltillo, Raúl Vera López, en una entrevista con La Jornada, hizo un llamado a las autoridades "para que dejen de ignorar los hechos y pongan alto a la situación de esclavitud moderna que padecen los mineros. Puntualizó que los pocitos son sepulcros tolerados, "son fuentes de explotación y muerte". Precisó que si no se actúa en contra de los "empresarios poceros" es porque no existe voluntad para hacerlo, pues los pocitos "se ven".
Lo que hoy se sabe con plena certeza es que de los 15 mineros afectados en el estallido del martes, únicamente 7 estaban inscritos en el IMSS; que Jesús Fernando Lara Ruiz, el menor de 15 años que resultó lesionado, obtenía 700 pesos por semana; que los mineros que carecían de seguridad social, recibían a cambio de su silencio, $300 semanales más que sus compañeros que sí contaban con las prestaciones de ley, con lo cual los primeros ganaban $1,200 semanales.
También se estableció que la explotación de la mina se hacía de manera irregular, pues aunque el 3 de noviembre de 2005 la Secretaría de Economía expidió la concesión por 50 años a favor de Luis González Garza y Minera El Sabino, no reportaron que la explotación de la mina la realizaría la empresa Beneficios Industriales del Norte, S.A. (Binsa) propiedad de un hijo del primero, Melchor González Vélez. La mina inició operaciones apenas hace 25 días.
Por si estas evidencias fueran insuficiente, desde febrero de 2006, cuando ocurrió la tragedia en la mina Pasta de Conchos, donde perdieron la vida 65 mineros, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, ha emitido cuatro recomendaciones a las autoridades responsables de la seguridad de los trabajadores (Secretaría de Economía y Secretaría del Trabajo y Previsión Social) por sus "conductas tolerantes y omisas" para hacer cumplir los "reglamentos en materia de seguridad e higiene" en las minas de la región carbonífera de Coahuila. Dos de las recomendaciones fueron en relación al accidente de Pasta de Conchos; y las otras dos, con accidente que ocasionaron la muerte de otros 3 trabajadores, en otras dos minas.
De acuerdo a las recomendaciones formuladas las minas carecen, entre otros requerimientos mínimos, del equipo de protección adecuado para el desempeño de su labor, para evitar daños a su salud; equipo de iluminación, limpieza y señalización, así como extractores de humo, y metanómetros para medir la cantidad de ese gas en el ambiente y alertar sobre el riesgo.
Los accidentes mineros ocurren en todas partes del mundo, sin embargo, lo condenable es que en la región carbonífera persistan formas de explotación inhumanas con la complacencia de las autoridades, federales y estatales, y la omisión de los legisladores, que como señaló el mismo senador García Cervantes, según da cuenta el diario La Jornada, "desde 1989 a la fecha quedan pendientes de aprobación acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo y de la Organización de Naciones Unidas, que no han sido ratificados por el Senado, que han sido retirados por la cancillería, que no cuentan con la aprobación de la Secretaría del Trabajo."La aprobación de estos instrumentos internacionales y la incorporación de las disposiciones correspondientes en las leyes reglamentarias, permitiría a México desarrollar la minería de conformidad con los estándares internacionales, en materia de seguridad, higiene y protección a los trabajadores.La muerte de cualquier ser humano es lamentable y, cuando ésta sucede como consecuencia de la irresponsabilidad o -peor aún- de una actuación al margen de la ley de una empresa o persona física, deben fincarse las respectivas responsabilidades civiles y penales. Pero lo más preocupante y condenable es que las muertes evidencien que lo común en las minas de la región carbonífera de Coahuila es precisamente la irregularidad y la ilegalidad, sin que las autoridades hagan nada para solucionarlo.
También en estas fosas se encuentran periódicamente cientos de cadáveres de personas inocentes que fallecen a consecuencia de la actuación criminal de quiénes presuntamente les otorgan un empleo, para que sobrevivan ellos y sus familias, pero en realidad los someten a condiciones inhumanas de explotación, con la tolerancia y/o complicidad de las autoridades. Tampoco la estrategia de combate a la explotación funciona.- México, Distrito Federal
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La marcha contra el gobierno Pablo Hiriart |
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Seguramente muchos marcharon por la paz, pero fue una marcha contra el gobierno. Javier Sicilia interpretó el silencio de los peregrinos que salieron desde Cuernavaca, y dijo en el Zócalo que “si Calderón nos escuchó debe cesar a García Luna”. En la plancha del Zócalo el grito era ¡Fuera Calderón! Poco antes la demanda era aún más belicosa: “¡Muera Calderón!”. Sí, una marcha por la paz exigía la muerte de una persona. Y esa persona es el Presidente de la República. La exaltación se calmó a petición de Sicilia y quedó en un “¡Fuera Calderón!”. No hubo un reclamo contra los narcotraficantes y asesinos. Ni una señal de que los repudiamos. Al contrario, hubo dispensas sociológicas para los narcos de parte de Javier Sicilia, pues según él no deben ser vistos como un problema criminal, sino como un asunto de salud pública. Cuando en España se han organizado marchas por la paz, son en repudio a los criminales de ETA y contra los violentos. No ha habido una sola marcha para demandar la salida de funcionarios o del Presidente del gobierno español por la violencia de ETA. Aquí sí, porque la intención no es marchar contra los violentos. Se marchó contra el gobierno, y concretamente contra Felipe Calderón y Genaro García Luna. El grito de “¡Fuera Calderón!” será cambiado, en menos de dos años, por otro que pida “juicio a Calderón”. Eso está más anunciado que las lluvias del verano. Lo malo para los actuales gobernantes es que quienes van a pedir su enjuiciamiento son los que ellos han buscado como aliados políticos. Allá ellos y sus errores reiterados por la obsesión que los anima. Lo verdaderamente preocupante es el tufillo sedicioso que tuvieron los mensajes de la marcha. Fuera Calderón. Las del 2012 serán “las elecciones de la ignominia”. Abajo el Congreso, que no sirve para nada. Abajo los partidos, que son filiales del narco. Y el Ejército a sus cuarteles, porque ya van 40 mil muertos. A eso le llamaron “marcha por la paz”. Entre los pacíficos estaban el SME, que golpea trabajadores de CFE, sabotea el servicio de luz, ataca físicamente a periodistas, quema vehículos de particulares, apedrea autobuses. Ahí iban los macheteros de Atenco, que impusieron su voluntad minoritaria a través de la violencia, al bloquear la construcción del aeropuerto metropolitano. También marchó el EZLN, que atacó por la vía armada al Ejército para derrocar al gobierno en 1994. Su pacifismo no es creíble. Se vistieron con piel de oveja para ser aceptados por una sociedad que, con razón, está harta de la violencia. La del domingo fue una marcha contra las instituciones y contra el gobierno. Pretenden que sea el inicio de una desobediencia civil a nivel nacional. p...@razon.com.mx |
Al comenzar su discurso ante la multitud reunida en la Plaza de la Constitución al cabo de la Marcha nacional por la paz con justicia y dignidad, el poeta Javier Sicilia demandó al presidente Calderón el despido de Genaro García Luna como señal de que había escuchado el mensaje de los ciudadanos que quieren vivir tranquilos.
No sorprende que se exigiera la renuncia del secretario de Seguridad Pública. En una larga jornada pletórica de símbolos, la mención a García Luna tuvo esa calidad. Es el prototípico funcionario que por acción y omisión ha contribuido al deterioro de la convivencia social y a la disminución (desaparición plena en no pocas comarcas del país) de una vida segura, es decir, a que falle la estrategia nacional contra el crimen organizado.
García Luna no ha servido a la sociedad, antes al contrario la agrede. La colosal fuerza armada que se le ha permitido reclutar -treinta y cinco mil agentes-, la Policía Federal, es en la mayor parte de los lugares donde actúa, parte del problema y no de la solución. Y el propio secretario García Luna lejos de garantizar con su desempeño el alcance de metas necesarias para la nación, mantiene bajo amenaza a una periodista que ha reunido vasta información sobre su conducta y su patrimonio, difícilmente conciliable con sus ingresos como servidor público.
Apenas el miércoles pasado Anabel Hernández, la periodista autora de los libros Los cómplices del Presidente y Los señores del narco -donde García Luna figura en forma prominente reiteró una denuncia que había hecho pública en diciembre pasado, en la presentación de Los señores...en la feria del libro de Guadalajara. Esta vez lo hizo en el patio del exdomicilio principal del Senado, durante un foro en que se habló de la impunidad como aliciente de la delincuencia en perjuicio de la libertad de expresión.
Puesto que ha presentado quejas ante las comisiones de derechos humanos nacional y del Distrito Federal, cuenta con resguardo ofrecido por el gobierno capitalino, pues la CNDH incurrió en la ingenuidad de demandar medidas cautelares a la autoridad federal, que sólo podría aplicarlas desde la secretaría de Seguridad Pública. Haber aceptado esa aberración hubiera significado poner a la periodista a merced de su enemigo -García Luna la considera una suerte de vocera del crimen organizado. Con el mismo tino y la misma diligencia que ha obtenido información sobre el dinero de García Luna y sus vinculaciones con delincuentes, Hernández ha logrado saber que el secretario urde cómo dañarla e impedir que siga trabajando en torno de ese tema. Se ha llegado a ese extremo una vez que fallaron las insinuaciones de que la periodista eligiera un exilio dorado.
Expresiones recientes de la actuación de la Policía Federal ocurrieron también la semana pasada. Por un lado, un comando de esa corporación entró en conflicto con la guardia del alcalde de Ciudad Juárez, Héctor Murguía, en que éste tuvo que intervenir en un áspero diálogo con el jefe de los agentes federales, que desdeñaba la autoridad del edil.
Ya antes, en enero, un suceso con los mismos protagonistas había tenido un grave desenlace: un miembro de la escolta de Murguía fue asesinado por un agente de la Policía Federal.
En Cuernavaca, esa corporación detuvo a varios presuntos responsables del asesinato de Juan Francisco Sicilia y seis personas más. No son tan sólidos los indicios que aportó esa Policía, que el ministerio público pudiera consignarlos ante un juez, para que se les procese. A lo más que llegó con los elementos aportados por la PF fue a solicitar el arraigo. Y lo hizo sin reparar que ya se han girado otras órdenes de aprehensión por el mismo delito contra otras personas.
Por su parte, y a fin de asegurar su preponderancia en ese caso de trascendencia nacional e internacional, la secretaría de Seguridad Pública actuó como supervisora del Ejército y calificó de maniobra de contrainformación de la delincuencia el haber puesto en manos de militares a otro presunto responsable de aquel crimen colectivo, capturado a su vez por delincuentes.
Es decir, el Ejército quedó en ridículo para privilegiar una versión que nadie garantiza corresponda con la verdad. Y todavía hay quien acusa de ingratitud a Sicilia al demandar la renuncia de García Luna, no obstante que su gente avanza en el esclarecimiento del crimen que más le importa ahora. No puede haber ingratitud donde no hay favores, y menos cuando puede tratarse de encubrir a los verdaderos autores del homicidio múltiple.
Los motivos para demandar la separación de García Luna de su cargo llenarían un volumen completo. Desde antes de ser miembro del gabinete de Calderón fue señalado por cometer o encubrir actos delictuosos. Como funcionario medio de la Policía Federal Preventiva fue objeto de un señalamiento formal por gastos indebidos, y al convertirse en director de la Agencia Federal de Investigación se multiplicaron los casos en que solapó a agentes bajo su mando metidos en problemas serios, como el asesinato de Enrique Salinas de Gortari.
Ya como secretario de Seguridad Pública, rodeado de un círculo de antiguos compañeros, ha sido errático en la organización de las oficinas a su cargo. Una razón de ese descontrol es el amiguismo, que ha derivado en mal fario en la jefatura de la Policía Federal, pues sus comisionados han sido asesinados o están presos. También lo está el comandante Javier Herrera Valles, que cometió el grave delito de denunciar a García Luna ante su jefe Calderón y por eso se le procesa.
"Queremos oír el mensaje del presidente con esa renuncia, un mensaje del presidente de la república diciendo que sí nos oyó."
Javier Sicilia
Uizá era inevitable: la marcha por la paz terminó por politizarse. Lo que en un principio era una expresión de tristeza e insatisfacción con la violencia, y en particular con el asesinato de Juan Francisco Sicilia y otros, se transformó en una demanda de renuncia de un funcionario público federal. Lo paradójico es que el funcionario cuya renuncia se exige, el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, es el responsable máximo de la Policía Federal que hace apenas unos días detuvo a los asesinos de las personas cuya muerte ocasionó la movilización.
La destitución de García Luna no fue la única demanda política de la marcha. Se exigió a los partidos limpiar sus filas de corruptos porque de lo contrario habrá un boicot a la elección presidencial de 2012. Se pidió a la autoridad que actúe contra los gobernadores o políticos que sean "señalados públicamente". Dijo Javier Sicilia: "¿Por qué nuestras autoridades y los partidos han aceptado que en Morelos y en muchos estados, gobernadores señalados públicamente como cómplices del crimen organizado permanezcan impunes?"
Además, debe crearse un pacto ciudadano para fiscalizar a los gobernantes, establecer un calendario para el retorno del Ejército a los cuarteles, detener a autores materiales e intelectuales de los crímenes, mejorar la democracia representativa, establecer la revocación de mandato, romper el monopolio de las telecomunicaciones y aprobar la reforma política.
¿Son buenas o malas estas demandas? Hay de todo. Nadie puede estar en desacuerdo con la exigencia de combatir la violencia o detener a los responsables de los crímenes. Pero quedan dudas: ¿Quiénes son los corruptos o los criminales que deben eliminar los partidos para que pueda haber elecciones? ¿Quién va a definir que lo son? ¿Tendrán derecho a audiencia? Y si es necesario retirar al Ejército de esta lucha, ¿por qué los comuneros de Cherán, Michoacán, y otros grupos exigen su presencia en las comunidades y las calles para liberarlos de los abusos de los criminales?
Es obvio que hay que detener a los autores materiales e intelectuales de los crímenes, pero ¿cómo identificarlos? Por otra parte, ¿de verdad queremos que un simple señalamiento público sea suficiente para destituir y encarcelar a gobernadores y otros funcionarios? ¿Queremos convertir los michoacanazos en una forma habitual de operación del Estado mexicano? Y ¿qué tienen que ver la democracia representativa, la revocación de mandato, la industria de las telecomunicaciones y la reforma política con la lucha contra la violencia?
Es triste usar a los muertos para hacer política. Pedir renuncias de funcionaros no tiene ningún sentido. Que los distintos órdenes de gobierno y los políticos se acusen de ser los responsables de la violencia es macabro. Si hay algún tema que debería unificarnos es precisamente el combate al crimen.
Deberíamos estar diseñando políticas más eficaces: decidir qué esfuerzos hay que conservar y cuáles nuevos promover. Necesitamos saber si el problema son las leyes o la eficiencia de la Policía. Los especialistas deben discutir y hacer propuestas de fondo.
Pero pedir la renuncia de un político para saber si el presidente escuchó o no, o si quiso obedecer o no a un activista, me parece una macabra manera de aprovechar políticamente la muerte de tantas personas.
PIRRURRIS En el 2004 hubo otra gran manifestación en la ciudad de México en contra de la violencia. El entonces jefe de gobierno, Andrés Manuel López Obrador, la descalificó diciendo que era una marcha de "pirrurris". Hoy es la izquierda la que organiza una manifestación sobre este tema y centra la protesta en el Gobierno Federal panista. Al final, sin embargo, ninguna marcha, ni de la izquierda ni de los pirrurris, logrará resultados concretos en un tema como la violencia.
Hoy domingo culmina la marcha que el viernes comenzó en Cuernavaca para protestar contra la sangre derramada. Felipe Calderón salió al paso de la protesta señalando el peligro de "detener la acción del gobierno".
¿Qué significa el grito de "¡Ya basta!"? Algunos consideran que un pacifismo inmoderado beneficiaría al crimen, otros juzgan que el gobierno es corresponsable del caos en la medida en que encendió un polvorín que no sabía cómo enfrentar. Los políticos de todos los partidos han sido incapaces de llegar a acuerdos parciales en nombre de un interés superior. El país se desgaja; surgen recelos y crispaciones. Mientras, la violencia afecta a todos.
Javier Sicilia se ha situado en la encrucijada por la que antes pasó el empresario Alejandro Martí. Ambos perdieron familiares y sobrellevan un dolor contra natura. En su primer comunicado luego del fallecimiento de su hijo Juan Francisco, Sicilia recordó que hay palabras para nombrar al viudo o al huérfano, pero no a quien se queda sin hijos. Esa tragedia desafía al lenguaje y al entendimiento.
En su condición de poeta, activista, cristiano y deudo, Sicilia ha señalado que lo indecible sólo se puede enfrentar con el silencio. Por ello ha convocado a que la marcha carezca de otra consigna que el callado estupor de los presentes. Se trata de una iniciativa ética, un momento de comunión y reflexión colectivas. "De lo que no se puede hablar, hay que callar", escribió Wittgenstein.
Y sin embargo, el mutismo tiene significado. Durante el movimiento estudiantil de 1968 la Manifestación del Silencio tuvo mayor peso que otras marchas. El caricaturista Abel Quezada resumió el acto con una frase: "El silencio es más fuerte".
En La significación del silencio, mi padre, Luis Villoro, recuerda que al definir al hombre, los griegos hablaron del zoon lógon éjon. Para ellos, el rasgo distintivo de la condición humana no era la razón, sino la palabra.
El silencio puede ser el contrapunto de la poesía y de la música, una manera de estar de acuerdo sin decirlo, una forma de la perplejidad ("no tengo palabras para esto"), un gesto de respeto.
La marcha del domingo remite a algo más profundo, abordado en La significación del silencio: "La muerte y el sufrimiento exigen silencio, y la actitud callada de quienes los presencian no sólo señala respeto o simpatía, también significa el misterio injustificable y la vanidad de toda palabra. [.] Porque el hombre es 'un animal provisto de palabra' puede guardar un silencio significativo. En la medida en que el silencio signifique es, pues, un elemento del lenguaje". Al callarse, quien puede hablar marca un límite. ¿Hasta dónde llega ese lenguaje negativo, hecho de palabras que no suenan?
Aunque el alcance de una marcha es limitado, algo queda claro en este caso: guardar silencio es una forma de no mentir. Estamos inmersos en actos de violencia contra la verdad. El Presidente contravino el espíritu de la Constitución al ir al Vaticano a la beatificación de un Papa que silenció los crímenes de Marcial Maciel. A su regreso, pidió apoyo para una lucha de la que no habló en su campaña y para la que no buscó respaldo.
Nadie puede oponerse a acabar con el crimen. El problema es la debilidad y el desorden de un combate que se prolonga sin final a la vista y que ha dejado más de 40 mil muertos. Sabemos que éste es nuestro país, no podemos decir que ésa sea nuestra guerra.
El Presidente pide comprensión. No tendría que hacerlo si mejorara su estrategia. Los flujos financieros del narco no han sido tocados en lo sustancial y la investigación de cómplices en los tres poderes no ha dado resultados decisivos; la legalización de ciertas drogas eliminaría parte del negocio ilícito, pero el gobierno no es partidario de esa idea; el combate sólo se puede hacer en complicidad con Estados Unidos, principal consumidor de drogas, sin embargo, en su política bilateral Calderón pidió que removieran al embajador: ese "logro" debilitó la relación.
Todo lo anterior pertenece a la logística a corto plazo. Lo más preocupante es que se ha hecho muy poco para restaurar el tejido social. Más decisivo que capturar a un narco es impedir que alguien lo sea.
Calderón no ha podido mejorar la educación, clave de una política de seguridad duradera. Para miles de mexicanos ser sicario no es sólo la alternativa equivocada: es la única. Ahí está el problema.
En el 94% de los municipios no hay librerías. Formar ciudadanos conscientes es más lento y costoso que comprar armamento, pero es más seguro y ético.
Mientras el Presidente solicitaba no confundir la paz con la rendición, Alejandro Martí preguntaba: "¿Qué le puede esperar a un país cuya clase política no es sensible al reclamo de los ciudadanos?".
El poder no oye. Juan Rulfo le tiene un mensaje:
"-¿Qué es? -me dijo.
-¿Qué es qué? -le pregunté.
-Eso. El ruido ése.
-Es el silencio".
Según Lord Byron, "Se necesita un siglo para formar un Estado y una sola hora para convertirlo en polvo". Nuestro problema es que, a pesar de lo que siempre creyeron los priistas -y todos los demás-, en México nunca se consolidó un sistema institucional. Todo mundo hablaba (y habla) de las instituciones, pero lo que la derrota del PRI reveló es que el país había vivido bajo un sistema de rasgos autoritarios que imponía el control, pero que nunca consolidó un sistema institucional que administrara el poder y acotara a los gobernantes. En este sentido, nuestro dilema hacia el futuro no es distinto que antes de la alternancia y esa es una verdadera tragedia.
El fin de la era priista no vino acompañado del fin de sus principales características y formas, excepto que muchas de ellas dejaron de ser funcionales, cuando no francamente disfuncionales. Con sus virtudes y defectos, aquel sistema mantenía el control y la estabilidad y, por algunas décadas, pero no siempre, hizo posible tasas de crecimiento económico relativamente elevadas. Los gobiernos panistas no modificaron la estructura básica del sistema, pero ésta dejó de ser operativa no (sólo) porque los nuevos gobiernos fuesen incompetentes, sino porque el "divorcio" del PRI y la Presidencia entrañó una migración del poder político hacia los gobernadores, los partidos y lo que hoy llamamos "poderes fácticos". La realidad política cambió no por la alternancia de partidos en la Presidencia sino por la profunda transformación que experimentaron las relaciones de poder en la sociedad. La pretensión de muchos priistas de retornar al statu quo en nada se diferencia de aquellos que intentan meter al genio de regreso a su lámpara mítica.
En retrospectiva, la gran sorpresa de la elección de 2000 fue que una de las "verdades" retóricas más importantes y ubicuas del sistema priista emanado del callismo resultó ser falsa: México nunca fue un país de instituciones. Resulta que era un sistema autoritario que empleaba la disciplina para mantener el control y lo hacía con diligencia y cuidado, de tal forma que la represión era empleada sólo excepcionalmente: el sistema logró una amplia legitimidad por muchas décadas y eso llevó a que los distintos actores, y la población en general, aceptaran la disciplina no por la amenaza de un castigo como ocurría en las dictaduras, sino por un cálculo racional, pero implícito. En cierta forma, como lo acusó Vargas Llosa con tanta claridad, la "dictadura perfecta" tenía su atractivo porque disfrazaba muy bien su naturaleza real. Más que la democracia y sus complicaciones, el verdadero descubrimiento de la alternancia fue que el país no tiene instituciones consolidadas y quizá de ahí emanen muchos de sus retos actuales.
¿Importa esto? Muchos de quienes más activamente promovieron el cambio democrático afirman que se trata de un proceso inevitable de cambio y transformación y que lo excepcional es una transición pactada en la que las otrora instituciones autoritarias se transforman en democráticas: que lo típico es que la situación sea compleja y exija que los actores políticos tarde o temprano acaben reconociendo que sólo colaborando y llegando a establecer acuerdos y puentes será posible la consolidación democrática. Del otro lado del espectro, sobre todo del lado priista y entre los expriistas del PRD, la conclusión es mucho más taciturna: para ellos el experimento democrático resultó fallido y debe corregirse el rumbo. Por supuesto, en un mundo de corrección política, nadie se atrevería a expresar esa concepción de manera tan clara, pero no es necesario escudriñar demasiado para entender su lectura. Un candidato pretende modificar la llamada "cláusula de gobernabilidad" de tal suerte que se reduzca el umbral para lograr una mayoría legislativa artificial, o sea, intentar revitalizar al viejo sistema por la puerta de atrás. Otros son más claros cuando afirman que Putin restauró el orden y la viabilidad de su país luego de una década de caos supuestamente democrático.
Reflexionando sobre los avatares de nuestra realidad, recuperé un artículo que había leído en 1980 y que me parece extraordinariamente clarividente. Susan Kaufman Purcell y John F. H. Purcell* analizaron al sistema político mexicano y llegaron a una serie de conclusiones que son útiles para explicarnos el origen de nuestra realidad y, con suerte, darnos luz sobre lo que hay que cambiar. Algunas de sus apreciaciones en aquel insigne artículo son:
- "El Estado mexicano es un malabarismo permanente porque se fundamenta en una negociación continua entre los grupos gobernantes y los intereses que representan a un amplio espectro de tendencias ideológicas y bases sociales".
- "El Estado mexicano es excepcional... en cuanto a que nunca ha evolucionado de su origen transaccional hacia una entidad institucionalizada".
- "El sistema se mantiene funcionando no por instituciones sino por una rígida disciplina que impide que las élites se salgan de límites impuestos por acuerdos implícitos. Por ello, no es un conjunto de estructuras institucionales... sino un conjunto complejo de estrategias y tácticas bien establecidas, ritualmente consolidadas, que hacen posible el funcionamiento político, burocrático y la interacción privada a través del sistema".
- "La estabilidad política reside principalmente... en la interacción de dos principios de actuación política: la disciplina y la negociación".
- "Las entidades del sistema que reciben la mayor atención -el partido dominante, la Presidencia y la burocracia- son meramente marcos formales convenientes dentro de los cuales se lleva a cabo la interacción política, que es fundamental para la sobrevivencia del heterogéneo sistema político".
-En consecuencia, "México es menos institucionalizado de lo que podría parecer... es posible el conflicto descontrolado y colapso político en un momento de crisis".
El pasado no se puede cambiar, pero sí se puede aprender de él. Venimos de una era autoritaria y no de una era de instituciones. Esa diferencia explica en buena medida la complejidad que entrañan los procesos de decisión en la actualidad y su frecuente parálisis. También invita a pensar que sólo la interacción entre líderes clarividentes y visionarios podría hacer posible la construcción de acuerdos y, eventualmente, de instituciones que sean susceptibles de darle dirección y estabilidad al sistema y, con ello, viabilidad al desarrollo económico. En otras palabras: no tenemos instituciones funcionales, razón por la cual sólo la interacción de personas capaces y dispuestas a remontar las rencillas cotidianas podría permitir salir del hoyo en que nos encontramos.
* State and Society in Mexico: Must a Stable Polity be Institutionalized?, World Politics, Vol. 32, No. 2 (Jan., 1980), pp. 194-227.




PABLO ORDAZ | México 08/05/2011
Siguiendo los pasos de un poeta que perdió a su hijo, de una madre que busca justicia para su bebé abrasado hace dos años entre las llamas de una guardería o de un abuelo que no entiende por qué los militares ametrallaron la semana pasada a su nieto en un cruce de carreteras, México clamó este domingo en silencio contra la guerra, contra la impunidad y contra la corrupción política. Desde que, a finales de 2006, Felipe Calderón llegó a la presidencia de la República, más de 40.000 personas han muerto víctimas de la violencia, pero no ha sido hasta ahora que las calles del país se han llenado de gente que, al modo mexicano, han expresado su hartazgo: "No más sangre. Estamos hasta la madre".
Ha sido el poeta Javier Sicilia quien ha logrado canalizar todo ese dolor acumulado. Hace 40 días, en la hasta ahora pacífica ciudad de Cuernavaca y en circunstancias todavía por aclarar, unos criminales mataron a un hijo de Sicilia y a seis de sus amigos. El poeta, que se encontraba de viaje en Filipinas, escribió un poema dedicado a su hijo en el avión de regreso y, al llegar a México, anunció: "Es mi último poema. No puedo escribir más poesía. La poesía ya no existe para mí". Al tiempo, emplazó a las autoridades a que el crimen múltiple no quedara impune -como más del 90% de los delitos que ocurren en México- ni que fueran detenidos falsos culpables. De paso, Sicilia quiso aprovechar la repercusión mediática de su pérdida para ponerle rostro a todas las víctimas sin nombre. Desde el jueves hasta el domingo, una marcha silenciosa recorrió los 80 kilómetros que separan Cuernavaca del Distrito Federal y, ya en el Zócalo de la capital de México, fueron miles y miles de personas -muchas de ellas víctimas directas de la violencia- las que clamaron por el fin de la violencia. "Nos ha rebasado la corrupción", denunció Sicilia alto y claro, "las instituciones están podridas, desde los partidos hasta el Gobierno Federal. Por eso el crimen está campeando, por eso nos está envileciendo. No es este el México que queremos. No es esta nuestra guerra. Pero estos sí son nuestros muertos".
No era una frase retórica. Junto a Sicilia han marchado madres y padres a los que la violencia ha arrebatado a sus hijos y que se esfuerzan por mantenerlos presentes en pancartas y camisetas. Después de escuchar sus historias, cada vez queda más claro que la versión oficial de que son sicarios los que se matan entre sí en las calles de México es cada vez menos exacta. Las llamadas "víctimas colaterales" son cada vez más frecuentes y, gracias al movimiento que acaba de surgir, cada vez más visibles. Eso sí, la protesta de Sicilia, en contra de lo que pudiera parecer, no solo critica la política -que considera equivocada- del presidente Calderón, sino a toda la clase política. De hecho, los líderes de la oposición que han intentado sacar rédito político, adular a los manifestantes, han salido trasquilados. El mejor ejemplo es el de Manlio Fabio Beltrones. El jefe de los senadores del PRI pidió a Calderón que escuchara a los manifestantes, pero Sicilia lo animó a que no se confundiera: "No, senador Beltrones, no solo pedimos que salga Calderón a escucharnos y a recibirnos, también se lo pedimos a las bancadas de los partidos, a las presidencias de los partidos, ellos también han sido omisos. Calderón tiene 40.000 muertos, una mala estrategia de guerra, pero la mierda la crearon ellos, la destrucción de las instituciones la empezaron ellos y siguen haciendo omisiones, siguen comportándose como delincuentes. Esto va para todos los partidos, no se equivoque".
La marcha que desembocó en el Zócalo del Distrito Federal tuvo sus réplicas en varias ciudades de México y aun del extranjero. También movimientos sociales de todo tipo. Desde asociaciones de migrantes hasta los zapatistas del subcomandante Marcos. Todos han querido adherirse al clamor contra una guerra que, sin ir más lejos, el sábado se cobró más de 40 víctimas en distintas ciudades del país. "México", concluyó Sicilia expresando lo que muchos mexicanos sienten, "siempre fue el amor y la solidaridad, nunca el crimen y la guerra. No es este el México que queremos".
La Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad llegó el domingo 8 de mayo al Zócalo de la Ciudad de México tras tres días de caminata desde Cuernavaca, Morelos. La movilización fue una respuesta ciudadana ante un rosario de agravios. En Ámsterdam, capital de Holanda, decenas de personas se unieron a la causa y pideron el fin de la violencia.
A decir de los organizadores de la Marcha por la Paz, es una manera pacífica de decir ‘Ya Basta’ a tanta sangre, a tanta violencia, a tanta muerte. La exigencia es para los criminales y para las autoridades por igual. La gente marchó en 31 ciudades de México y también hubo concentraciones en diversas ciudades del mundo, como la capital holandesa, Ámsterdam.
“Yo quiero antes de empezar mi discurso, exigir la renuncia del Secretario de Seguridad Pública (Genaro García Luna)”, dijo el poeta Javier Sicilia frente a 30 mil personas que de inmediato lo ovacionaron. “Ese sería un mensaje del presidente de la República diciendo que sí nos oyó”. Los gritos de apoyo a la propuesta retumbaron y la multitud enardecida gritó: ¡Muera García Luna!
Sicilia respondió: “Que no muera, que lo despidan. No más muerte, no más odio”.
Genaro García Luna ha sido acusado de enriquecimiento ilícito, y de nexos con el crimen organizado. Hay expedientes abiertos en contra del funcionario y de sus colaboradores más cercanos en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada a los que no se les ha dado seguimiento, según ha documentado la revista electrónica Reporte Índigo y muy en especial Anabel Hernández en los libros “Los cómplices del presidente” y “Los señores del narco”.
El 28 de marzo del 2011 fueron encontrados los cadáveres de siete jóvenes en Temixco, Morelos; presentaban huellas de tortura. Uno de los cuerpos era de Juan Francisco Sicilia, hijo de Javier Sicilia, el escritor y periodista.
“Me han amputado un hijo”
Con un dolor inimaginable, el siempre pacifista Javier Sicilia exigió a las autoridades el esclarecimiento del crimen. El activista social fue acompañado por muchas personas y organizaciones que conocen su trabajo en defensa de los derechos humanos, de los pueblos indios, de la justicia y de la ecología.
El pasado 7 de abril hubo una marcha en decenas de ciudades mexicanas en repudio a la violencia. Sicilia junto con amigos, familiares y activistas sociales, acampó a las puertas de Palacio Municipal en Cuernavaca, para exigir el esclarecimiento del crimen.
En estos casos, los asesinatos se quedan en un expediente y son olvidados por las autoridades. El poeta demandó a las autoridades resultados. La Procuraduría de Morelos presentó a la opinión pública a varios detenidos acusados de ser los responsables de los asesinatos; sin embargo, las declaraciones no coincidían y la conclusión, no solo del poeta sino de los lectores cuidadosos de la prensa, fue que se trataba de chivos expiatorios.
Sicilia convocó a una marcha del nacional del 5 al 8 de mayo, de Cuernavaca al corazón político del país, para exigir cuentas a los funcionarios públicos. El objetivo es presionar a los políticos, a las autoridades para que cumplan sus funciones, sus responsabilidades y actúen. En caso de que no lo hagan, que el costo político les sea muy caro.
Se rompió el silencio en la marcha silenciosa
La gente de manera espontánea se acercó al poeta a denunciar la desaparición de un hijo, de una hija, del hermano, del padre. Los familiares de las víctimas no se atrevieron a levantar una denuncia jurídica ante la policía o el ministerio público, para no convertirse en blanco de venganzas u hostigamientos.
¿Por qué los sobrevivientes deben temer a la policía?
¿Por qué la población está ante la indefensión total?
¿Por qué las policías están coludidas con el crimen organizado?
¿Por qué el gobierno tiene miedo a escuchar al pueblo?
¿Cómo llegamos a esto?, preguntó el sacerdote Ramón Vera defensor de los familiares de los mineros de Pasta de Conchos que murieron en un accidente que se pudo haber evitado si los dueños de la mina hubieran invertido dinero en equipos y medidas de seguridad
La marcha por la paz fue pensada como una marcha en silencio. No se gritarían consignas, solo se platicaría con el compañero. Sin embargo, los contingentes que literalmente fueron creciendo sobre la marcha, al llegar al centro de la Ciudad de México, no cesaron de exigir a grito pelón la renuncia del presidente Calderón.
En su discurso en el Zócalo, Javier Sicilia lanzó una advertencia a los partidos políticos en mira a las elecciones presidenciales del 2012:
“Queremos afirmar que no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas, esos que enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos (...) ¿Por qué nuestras autoridades y los partidos han aceptado que en Morelos y en muchos estados de la República gobernadores señalados públicamente como cómplices del crimen organizado permanezcan impunes y continúen en las filas de los partidos y a veces en puesto de gobierno? ¿Por qué se permitió al presidente de la República y por qué decidió éste lanzar al ejército a las calles en una guerra absurda que nos ha costado 40 mil víctimas y millones de mexicanos abandonados al miedo y a la incertidumbre? ¿Por qué se trató de hacer pasar a espaldas de la ciudadanía una ley de seguridad que exige hoy más que nunca una amplia reflexión, discusión y consenso ciudadano?”.
En el documento titulado ‘Por un México en Paz con justicia y dignidad’ publicado por Javier Sicilia en el semanario Proceso, donde es colaborador, se hace un llamado a poner fin a la militarización del país para enfrentar al crimen organizado y a la protesta social.
En el documento redactado tras la consulta a varias organizaciones de la sociedad civil, se exige a las autoridades poner fin a la impunidad. En México, el 93% de los delitos (de los que se sabe) quedan impunes. Se convoca a la ciudadanía a rescatar la memoria de las víctimas (en los cuatro años del presidente Felipe Calderón se han contabilizado más de cuarenta mil muertos) a no olvidar, a exigir justicia colocando en cada plaza o espacio público, una placa con los nombres de las víctimas. Se llama a asumir una nueva estrategia de seguridad ciudadana con enfoque en los derechos humanos.
En el texto se exige que antes de dos meses, los congresos locales aprueben la reforma constitucional en derechos humanos, así como un mecanismo de protección a los periodistas y defensores de los derechos humanos. Asimismo, se exige que no se aprueben leyes o normas que minen los derechos humanos y las garantías individuales como la muy controvertida Ley de Seguridad Nacional que se discute en las Cámaras y que daría manga ancha al ejército de establecer estados de excepción donde aquel considerara necesario.
La marcha que tal vez se convierta en un movimiento social de alcance nacional exigió un combate frontal a la corrupción y a la impunidad; también una reforma en la procuración y administración de justicia que dote de verdadera autonomía al Ministerio Público y al Poder Judicial, que establezca un control ciudadano sobre las policías. Por supuesto se exigió un combate a fondo al lavado del dinero y unidades autónomas de investigación patrimonial, no solo de los delincuentes, sino de empresarios y funcionarios públicos.
En esta convocatoria a la firma de un Pacto Nacional hacia la Construcción de un México ‘Verdaderamente Justo, Digno y Seguro’, también las organizaciones exigen la democratización de los medios de comunicación, es decir, poner freno a los monopolios de los medios electrónicos y un fortalecimiento de los medios públicos.
El pacto ciudadano para reconstruir México
El 10 de junio, una fecha simbólica que rememora la matanza de estudiantes en 1971 (por órdenes del entonces presidente Luis Echeverría Álvarez) en Ciudad Juárez, Chihuahua, se firmará un pacto ciudadano para reconstruir el país.
¿Por qué en Ciudad Juárez? Porque es la cara más clara de la destrucción nacional y del infierno que vive México. “Aún creemos que es posible que la nación vuelva a renacer y a salir de sus ruinas”, dijo el poeta emocionado.
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Solidaridad internacional con México La Marcha por la Paz se reprodujo también en varias ciudades europeas, como París, Frankfurt, Oslo o Ámsterdam. En la plaza del Dam de la capital holandesa, decenas de mexicanos se concentraron de forma silenciosa y pacífica para unirse a ese ‘Basta ya’ que ha recorrido las calles de México. La elección del lugar está cargada de significado, por cuanto en dicha plaza se encuentra el monumento de homenaje a los caídos durante la Segunda Guerra Mundial. Vestidos con ropas blancas, los mexicanos y personas de muchas otras nacionalidades que se congregaron en el centro de Ámsterdam, exigieron a las autoridades mexicanas que se ponga fin a la impunidad y la violencia que está desangrando México. Emilio Sánchez, artista mexicano radicado en Holanda y promotor de la iniciativa, dijo a Radio Nederland: “Hoy es un día histórico para los mexicanos, para una sociedad civil que está hasta la madre de las instituciones que no han dado el ancho en este país. Es horroroso pensar que en el anonimato queden 40 mil personas, es demasiada gente, tenemos que decir ‘basta’, y con esta actitud de nosotros aquí queremos aportar nuestro granito de arena a ese gran movimiento que se está iniciando en el día de hoy en la Ciudad de México y que va a culminar en el Zócalo de la capital”. Por su parte, Patricia Bol, presente también en la plaza del Dam en Ámsterdam, asegura tener confianza en que la fuerza de la sociedad civil pueda ayudar a revertir esta situación de violencia que se está cebando con la juventud mexicana y subraya que no se plantea plazos. "El dolor de perder familiares, amigos, no tiene margen, no lo puedes medir", dice. |

Casi 30 meses después de asumir la presidencia, Barack Obama hoy de repente recordará su promesa de campaña a un grupo que fue fundamental para elegirlo en noviembre del 2008: los hispanos.
En unas horas más, el Presidente estadounidense dará un discurso en El Paso, Texas, a pocos kilómetros de la frontera con México. De tal forma, Obama intentará revivir el debate en torno a la reforma migratoria, pero lo hace tarde y en la antesala de su campaña por la reelección.
Durante la campaña, Obama había prometido que durante los primeros 12 meses de su gobierno presentaría al Congreso una reforma migratoria integral y no cumplió. No cumplió porque en el camino se le atravesó la crisis financiera global, la reforma al sistema de salud y el fortalecimiento del Tea Party movement. No cumplió porque Obama hizo un cálculo estratégico y pensó que no podría sacar dos reformas de un Congreso cada vez más opositor al mismo tiempo. No cumplió y, por el contrario, su gobierno endureció el trato a los migrantes indocumentados.
De hecho, las cifras hablan por sí solas. Desde que Obama asumió la presidencia, casi un millón de personas han sido deportadas de Estados Unidos por no tener documentos legales. Esto representa un aumento de hasta el 19% con respecto a las deportaciones durante el gobierno de George W. Bush y varias organizaciones no gubernamentales de apoyo a los migrantes han denunciado esta situación.
De igual manera, durante el gobierno de Obama se ha incrementado el presupuesto para la seguridad fronteriza y el mismo presidente ordenó la movilización de efectivos de la Guardia Nacional ante el incremento de la violencia en la frontera con México.
Tal endurecimiento en las deportaciones y en la seguridad en la frontera no ha ido acompañado del empuje de una reforma migratoria, ni del apoyo real del Presidente Obama a leyes como la Dream Act, una propuesta que le daría a más de 65 mil jóvenes que cada año terminan la preparatoria la posibilidad de obtener la ciudadanía estadounidense si continúan sus estudios y se titulan de una Universidad o si ingresan al Ejército y cumplen dos años de servicio. La Dream Act fue aprobada por la Cámara de Representantes el año pasado, pero se quedó atorada en el Senado en diciembre pasado.
La crisis económica, el sentimiento anti inmigrante que persiste en grandes sectores de la población estadounidense, pero también el endurecimiento de Obama con respecto a la política migratoria y su ausencia notable en el discurso por una reforma migratoria a nivel nacional han ocasionado que los estados tomen la iniciativa y que sus congresos presenten propuestas locales en torno a la inmigración. Como resultado, Arizona presentó la SB1070 y el debate en torno a la reforma migratoria se radicalizó.
Hoy entonces Obama recupera el interés por la reforma migratoria, pero lo hace tarde y mal y sólo cuando nuevamente vuelve a necesitar el apoyo de los grupos hispanos y latinos que en el 2008 le dieron su voto hasta en un 67%. Sin el apoyo de los votantes hispanos a Obama se le dificultaría la reelección.
Lamentablemente el discurso de hoy es más un acto de campaña que el interés genuino por impulsar el debate en torno a la reforma migratoria. En materia de inmigrantes, Obama ha demostrado mucha más dureza que los republicanos y un verdadero desinterés. La reforma migratoria murió en el Senado en diciembre del 2007 y el discurso de Obama de hoy viene casi 4 años después y en un mal momento. La reforma migratoria es el pendiente de Obama, un pendiente que ocupará los esfuerzos de su siguiente mandato si es que logra la reelecció


(CNNMéxico) — El Distrito Federal continúa como la entidad con más corrupción de México, y los sobornos para evitar infracciones de tránsito son la principal razón por la que los mexicanos ofrecen dinero a servidores públicos, de acuerdo con un reporte de la organizaciónTransparencia Mexicana, publicado este martes.
Según el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobiero (INCBG), de cada 100 trámites o servicios públicos realizados en 2010 se registraron actos corruptos en 10.3.
La cifra es la más alta desde 2001, cuando Transparencia Mexicana comenzó a elaborar el INCBG y éste se situó en 10.6.
El índice se levanta cada dos años a través de evaluaciones a lostrámites y servicios públicos de las 32 entidades federativas de México. El estudio destaca los estados y servicios que han ido mejorando y empeorando en la materia.
Para este año, aunque 16 estados del país disminuyeron sus cifras en términos de corrupción, el nivel nacional aumentó tres décimas.
La elaboración del INCBG implicó entrevistas en 15,300 hogares y contabilizó 200 millones de transacciones en las que se tuvo que otorgar un soborno para acelerar trámites o evitar multas, conocido en México como mordida.
El peor servicio es la atención en casos de urgencia en hospitales o clínicas, que de 4.3 casos por cada 100 en 2001 subió a 8.7 por cada 100 en 2010. El que registró la mayor cantidad de mejoras es la recepción de correspondencia, de 3.8 a 0.8 por cada 100.
El año pasado, Transparencia Internacional (a la que pertenece Transparencia Mexicana) dio a conocer que México bajó nueve lugares en el Índice de Percepción de Corrupción 2010, ocupando el sitio 98, junto a Egipto y Burkina Faso.
Los menos corruptos
- Baja California Sur
- Durango
- Nayarit
- Pago de predial
- Solicitar beca para pagar algún estudio
- Recibir correspondencia
Los más corruptos
- Distrito Federal
- Estado de México
- Guerrero
- Evitar que el auto sea llevado al corralón o sacarlo de los dépositos
- Estacionarse en vía pública en lugares controlados por otras personas
- Evitar ser infraccionado o detenido por un agente de tránsito
Para conocer el informe completo, haz clic aquí.
Preguntémonos seriamente si nos gusta este México.
Hagámoslo desde la objetividad, evitando la comodidad del sillón o el estomago lleno. Comencemos pensando en nuestra frágil institucionalidad –por ejemplo– o en la percepción extendida de que en esta enclenque democracia todo puede arreglarse con dinero. Pensemos en la ausencia de rendición de cuentas y en las complicidades históricas de los grupos de poder. Visualicemos las ataduras asociadas a nuestras carencias estructurales: el desequilibrio y la descoordinación de nuestros poderes constitucionales, los intereses de grupo que inmovilizan procesos legislativos, los niveles educativos deficientes, un gobierno omnipresente que desparrama símbolos, los procedimientos electorales desaseados y controvertidos, y para colmo el absurdo y medieval comportarse de las iglesias.
Preguntémonos entonces seriamente si nos gusta México.
Hagámoslo desde la fría objetividad: devastado, aniquilado nuestro campo, sangrando. Sangrando también nuestras zonas petroleras, sólo para ver regresar nuestro oro negro en forma de derivados que no hemos sabido producir. Sangrando nuestras calles ante asesinatos diarios, desaparecidos, y el miedo de aquella oaxaqueña –que trabaja en una maquiladora de Ciudad Juárez— que regresa a casa entre un desprotegido paramo de calles obscuras. Sangrando en carencias y sangrando en pobrezas: atados a una economía con productos poco competitivos a nivel mundial, ninguna computadora, ninguna aeronave, la industria nacional mermada por nuestros problemas, las crisis recurrentes, la deficiente planeación estratégica.
Probablemente de ese desolador panorama surgiría el debate sobre nuestra identidad nacional. Seguramente saldrían a relucir comunes denominadores: algún despistado hablará de esas piedras prehispánicas que amamos, alguien alzaría la voz sobre nuestra innata capacidad inventiva, seguramente algunos murmurarían sobre creaciones musicales exquisitas, nuestra comida, nuestra historia, nuestra tierra profunda y desquebrajada, donde la realidad es al fin de cuentas el abandono de millones de mexicanos con escasas oportunidades.
Asi la realidad se presenta tajante y filosa como escupitajo frio. Si. Un escupitajo frio que demuestras fallas al ordenar este país. Que lo hemos hecho terriblemente injusto. Con un grupito de encopetados que todas las pueden. Con una multitud de ciudadanos invisibles. Reguero de desesperanza, desigualdad, violencia, droga…. y la certeza extendida de que cualquier problema se arreglará con billetes, con la impunidad como pan de todos los días.
La resquebrajada realidad se desborda: la sensación de peligro al cruzar nuestras montañas nocturnas, el temor de ser asaltado por el reten en turno, los taladores clandestinos que hemos visto, el hospital del pequeño pueblo y sus medicinas caducas, el autobús impuntual que ha arrollado algunos peatones. Y seguir encabronandonos aun más con el pan de todos los días: los semáforos descoordinados, los policías corruptos, los fraudes fiscales, la venta indiscriminada de alcohol a nuestros menores y el éxtasis en el día de nuestra independencia, donde con el rostro tricolor salimos a la calle a gritar a una plaza dividida. Lla lista interminable de nuestras miserias: la deserción escolar ante la falta de plata, la multitud de sueños resquebrajados, los servicios públicos ineficientes, el servicio doméstico esclavizado, el uso de suelo obtenido con aquel alcalde corrupto y los malabares del cartero, porque la calle Bravo tiene múltiples posibilidades de ser, y todas ellas embachadas, y todas ellas con bares que seguramente siguen vendiendo a deshoras sin importar las quejas de los vecinos.
Y ademas nos saturan de fútbol el mediocre domingo.
O con muy bellos anuncios de tradiciones nos hinchan el pecho.
Y alguien sale a levantar la voz, hablar de una raza profunda y sensible. De una identidad entrañable, de risa fácil y de fiesta improvisada.
Oimos sobre la riqueza de nuestra multiplicidad étnica y el arte infinito de nuestros artesanos. Incluso justificaríamos nuestro retraso desde las teorías del parto sangriento de nuestro México mestizo, la brutal colonización donde instituciones y grosso poblacional sufrieron, y siguen sufriendo, y de allí la dificultad de encontrar consensos en este complicado mosaico… Buscaríamos justificantes de todo tipo para paliar nuestro atraso, desde la silla del teórico, y las respuestas serían múltiples, más un dato duro flotaría por encima de todo: sesenta millones de pobres es precisamente sesenta por ciento de la población nacional.
Un número brutal como para seguir allí sentados, divagando, nadando, en piscinas de EGOs y DESCONFIANZA.

(CNNMéxico) — Los dos principales incendios forestales que aquejaban al territorio de Coahuila, al norte del país, están prácticamente controlados, informaron este martes autoridades federales.
El 95% del fuego fue controlado después de un mes y con la ayuda de cerca de 1,000 brigadistas, 22 aeronaves y 38 vehículos en tierra, informó la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).
Los mayores incendios eran conocidos como Sabina, en el municipio de Ocampo, y El Bonito, en Múzquiz, los cuales afectaron un área de 252,515 hectáreas de pastizales, arbustos, matorrales y árboles.
Esta superficie equivale a la tercera parte del territorio consumido en 1998, el peor año de incendios forestales en México, según la Conafor. También supera el tamaño de la Ciudad de México.
El total de hectáreas afectadas en Coahuila aumenta a 288,000 si se consideran los incendios de Santa Clara, la Sierra de la Martha así como los de Santa Rosa y Acuña; estos dos últimos permanecen activos.
Funcionarios evaluarán los daños de los incendios, como el impacto en la vegetación, el suelo y los animales y después harán recomendaciones sobre cómo restaurar y proteger la zona.
Conafor advirtió que mayo es el mes con más riesgos de que se desaten incendios forestales.

(CNN) — Northrop Grumman Corp presentó el lunes un avión que puede ser usado a control remoto o con un piloto a bordo.
La compañía dice que el sistema de recopilación de inteligencia Firebird permitirá a los usuarios recopilar y transmitir video de alta definición, video infrarrojo, radar y escuchar comunicaciones al mismo tiempo.
"Firebird es un sistema adaptable muy costeable gracias al número de misiones diferentes que puede lograr durante un mismo vuelo. Realmente cambia el juego", dijo en un comunicado de prensa Rick Crooks, gestor del programa Firebird de Nortrop Grumman.
Northrop diseñó los sistemas de recopilación de inteligencia de Firebird mientras que Scaled Composites, fundado por un pionero de aviación experimental, Burt Rutan, diseñó y creó la aeronave. Northron dijo que la aeronave pasó de ser un concepto a un modelo de prueba de vuelo en un año.
El avión de impulsión puede volar a más de 9 kilómetros de altura,con una resistencia de vuelo de hasta 40 horas, dijo Northrop.
La compañía demostrará el Firebird ante el Comando de Fuerzas Conjuntas de la milicia durante el ejercicio Empire Challenge 2011, que comienza el 23 de mayo, informó la compañía.

| May 9, 2011 |
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El pueblo Wixárika emite un comunicado dirigido al Presidente de México para proteger la Sierra de Catorce; el gobierno mexicano otorgó 22 concesiones para la explotación minera de las tierras sagradas de Wirikuta.
En Pijama Surf sentimos una profunda empatía por la causa de nuestros hermanos Wixárika, que están luchando por proteger sus tierras sagradas de Catorce antes la tentativa de transnacionales mineras que buscan explotar esta región. Invitamos a todos nuestros lectores a enterarse de lo que esta sucediendo y a participar activamente (con difusión, apoyo digital a la causa, o simplemente bendiciendo la lucha).
Al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos Felipe Calderón Hinojosa
A los pueblos y gobiernos del mundo
P R E S E N T E
Venimos personalmente de la Sierra Madre Occidental a entregarle esta carta urgente para que haga valer su palabra que públicamente emitió donde se comprometió a respetar y proteger nuestros lugares sagrados en el pacto de Hauxa Manaká en el año 2008 y como le corresponde hacerlo según las leyes máximas de nuestro país y los acuerdos, decretos, pactos y convenios nacionales e internacionales que el Estado Mexicano ha suscrito para garantizar el respeto a nuestra cultura viva y de raíz milenaria.
Somos una comisión de autoridades agrarias y tradicionales del pueblo wixárika, que juntos somos el Consejo Regional Wixárika en la Defensa de Wirikuta y traemos la palabra que reúne el sentimiento de los consejos de ancianos, de los sabios cantadores, de los jicareros encargados de sostener el arduo trabajo de más de 500 centros ceremoniales comunitarios y familiares, traemos la palabra que junta en una misma firmeza el sentimiento de las familias enteras de todas las comunidades en Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas donde habitamos los Wixaritari y queremos que nos responda respetando nuestro derecho como usted se comprometió.
El gobierno federal de nuestro país otorgó 22 concesiones que abarcan más de 6 mil hectáreas en la sierra de Catorce a la empresa minera First Majestic Silver Corp.- Real Bonanza, S.A de C.V.. Pero la sierra de Catorce toda y Wirikuta entera, señor presidente, es uno de los altares de mayor importancia donde nuestros peregrinos acuerdan la fertilidad y el equilibrio del mundo y de todas sus criaturas y tenemos evidencia de que la operación minera afectaría de forma profunda la ecología de la zona contaminando y desecando nuestros manantiales sagrados.
En estos tiempos de violencia extrema en nuestro país, que están acabando con los tejidos sociales, con este megaproyecto están secuestrando y quieren asesinar a nuestra madre, La Tierra a la que tienen amagada, y buscan la desaparición forzada de todo un pueblo, el Pueblo Wixárika.
Por eso le exigimos que cancele inmediatamente esas concesiones y cualquier otra que tenga como fin sacar minerales o destruir Wirikuta de cualquier otra manera, pues si el objeto de toda esta tragedia es el dinero, con firmeza le informamos que será infinitamente más barato sacar a esta empresa que lamentar la tragedia ecológica, espiritual y social que puede provocar escarbar y sacar las entrañas de Wirikuta.
Wirikuta es el corazón de nuestra esencia. Si se acaba, nos morimos como pueblo. Tenemos miles de años peregrinando a Wirikuta y conocemos por sus nombres a los antepasados que viven en cada loma, pedregal, peñasco, en cada flor, tenemos por ello según los estándares internacionales el derecho de posesión tradicional ancestral. Respetamos sin embargo, a las comunidades y ejidos campesinos que viven en la zona y rezamos también para que ellos siembren y cosechen su alimento, para que vivan bien, cuiden y sean protegidos por esa tierra sagrada cuya vocación no es la minería sino el alumbramiento y la renovación del corazón del mundo.
Vemos con mucha preocupación que a pesar del referido Pacto de Hauxa Manaká y de la pública oposición de nuestro pueblo a la operación minera en Wirikuta, usted ha guardado un silencio inexplicable ante nuestro reclamo, han sido violados nuestros derechos territoriales, también el que tenemos al consentimiento previo, libre e informado, además de que de llevarse a cabo dicho proyecto minero se violentarán las leyes ambientales de nuestro país porque la zona es un Área Natural Protegida por Decreto Gubernamental con su plan de manejo.
Los fundamentos legales de nuestro reclamo son en primer término el convenio 169 de la OIT, en sus artículos 2, 6, 7, 14 y 15; de igual forma en el artículo 2 apartado b fracción IX, artículo 27 fracción VII, segundo párrafo de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos y demás leyes relativas.
Nos preocupa más aún, que algunos operadores del gobierno federal y la propia compañía minera están tratando de convencernos de que aceptemos a la mina a cambio de que nos otorguen uno de los lugares sagrados que conforman el extenso de Wirikuta, el Cerro Quemado o Raunaxi. Ya explicamos que la sierra de Catorce es una unidad donde viven desde el suelo hasta la cima y en todo su interior la fuerza energética espiritual de nuestros ancestros que permiten nuestra vida ahora y en lo porvenir y la extensión que más coincide son las más de 144,000 hectáreas del área natural protegida. No aceptaremos por ningún motivo que se desarrollen este tipo de actividades en la zona pues es un agravio demasiado grande para nuestro pueblo, para México y para toda la humanidad, además de las ilegalidades evidentes que significan estas concesiones.
Señor presidente, somos originarios de este país, somos la raíz antigua y reiteramos: No nos destruyan la cultura wixárika, no se destruyan ustedes mismos por ignorancia de no saber lo que contienen esos valles de Wirikuta y esa sierra donde se ilumina el mundo.
Por eso venimos hasta acá en comisión a entregarle este escrito. Le damos a usted a tiempo nuestra palabra urgente. Somos cantadores peregrinos, sembradores, somos autoridades legítimas de nuestro pueblo de maíz venado y sol. Somos mexicanos y nos vestimos de flor porque cantamos la paz.
Cancele usted la minería en Wirikuta, eleve a rango federal su protección ambiental y cultural y todas las descendencias se lo agradecerán, de lo contrario, las generaciones presentes caminaremos un camino difícil pero firme en la convicción de detener esta amenaza, quedamos al pendiente de su respuesta formal en su carácter de Jefe del Ejecutivo Federal y responsable principal de la política económica, ambiental y social del país.
Pampariyutsi.
A T E N T A M E N T E
México, D.F. a 9 de mayo del 2011
“CONSEJO REGIONAL WIXARIKA POR LA DEFENSA DE WIRIKUTA ”
Por Waut+a y Kuruxi Manuka- San Sebastián Teponahuaxtlán y Tuxpan de Bolaños, Jalisco
Octaviano Díaz Chema
Presidente del Comisariado
José Guadalupe Serio de la Cruz
Gobernador Tradicional
Por Tuapurie- Santa Catarina Cuexcomatilán, Jalisco
Juan Torres González
Presidente del Comisariado
Julio de la Cruz Carrillo
Gobernador Tradicional
Alejandro Carrillo Enrique
Presidente del Consejo de Vigilancia
Por Uweni Muyewe- Bancos de San Hipólito, Durango
Santos de la Cruz Carrillo
Presidente del Comisariado
Angelita Aguilar de la Cruz
Gobernador Tradicional
Por la Unión Wixárika de Centros Ceremoniales de Jalisco, Nayarit y Durango
Felipe Serio Chino
Secretario
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