EDITORIAL Y OPPINION II ( SEGUNDA PARTE) POR LO IMPORTANTE DEL ANÀLISIS.

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MANUEL G. RODRÍGUEZ SÁENZ

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Aug 14, 2009, 11:14:22 PM8/14/09
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Mateo Lejarza Leo - El embajador Pascual nos desafía
El Universal, 14-08-09


Finalmente la Cumbre de Líderes de América de Norte la salvó el nuevo
embajador de Estados Unidos, Carlos Pascual, que afirmó, según la nota
de EL UNIVERSAL, que “se está frente a una nueva etapa en la relación
bilateral, en la que se comparten objetivos, como lograr una
competitividad que les permita a ambas naciones estar a la par de
bloques como la Unión Europea”.
Lúcida percepción aunque no haya precisado cómo hacerlo, pero sin duda
es desafiante el planteamiento porque ya no es EU y sus socios, sino
una región “como la Unión Europea”, cosa que no se pensó cuando la
firma del TLCAN. La elaboración de un nuevo paradigma para rediseñar
la región norteamericana es un objetivo viable, ya que cuando menos
hay dos elementos de peso que lo confirman: la profunda crisis
bancaria y financiera global que ratifica la caída de un modelo de
capitalismo imperial y el arribo de Barack Obama a la Presidencia de
EU con su impulso reformador.

El embajador —politólogo experto— consideró que México y Estados
Unidos comparten “retos comunes pero sobre todo objetivos” y agregó
que “la visión que existe de México hoy es que puede ser parte del
liderazgo en materia económica y política en el mundo”, afirmaciones
que nos obligan a pensar, entre otras cosas, si la crisis es sólo un
asunto meramente económico o si tiene vertientes que nos dan indicios
de que se está produciendo un cambio en la correlación de fuerzas
globales en el que México no puede ser sólo un observador pasivo y
puede tomar la iniciativa para ser actor en este proceso, lo que no le
vendría mal.

Habría que hacer un ejercicio en ese sentido y plantear la necesidad
de repensar la región y no sólo el TLC, proponer que se dé inicio a la
tarea de generar un modelo postcrisis de integración regional que
produzca como resultado una posición hegemónica frente a otras
regiones, dando paso a un espacio geográfico comunitario que asocie
estructuralmente el crecimiento económico y el desarrollo social a la
competitividad y al diálogo social, que asuma la reducción de las
asimetrías como parte de las metas comunes disponiendo de fondos de
cooperación para potenciar sinergias productivas, comerciales y en los
servicios para apoyo de los sectores o del país que los requiera.

Compartir investigación científica, desarrollo tecnológico y su
comercialización en ámbitos como el de las energías alternativas y
medicina genómica, alentar el uso de trenes de alta velocidad,
promover la expansión de redes satelitales de uso común, diseñar
proyectos conjuntos de banda ancha, producción de contenidos en tres
idiomas, homologar sistemas de salud, etcétera, todo ello está a
nuestro alcance; tenemos jugadores globales, talento, raíces
culturales sólidas, recursos humanos suficientes como para iniciar una
nueva etapa siendo más protagónicos.

A 15 años del TLC, agregar al intercambio comercial el tema de los
servicios no parece descabellado. La suma de estos cambios y el
rediseño del proyecto regional representan una opción para dar un
nuevo impulso a la relación trinacional, generan nuevas expectativas,
asignan un papel relevante a lo social y aprovechan los resultados que
se han dado en los últimos tres lustros. Nos encontramos en la
posibilidad de superar el estancamiento actual, y en conjunto se
podría replantear el papel de la región en la nueva gobernanza mundial
formulando incluso los cambios necesarios en la OMC e ir más allá de
la Ronda de Doha.

Ver en Norteamérica la parte esencial de nuestro futuro no quiere
decir que debemos abandonar la relación con Sudamérica, en especial
con Brasil y Argentina y nuestra presencia en el Grupo de Río; tampoco
supone dejar la relación con la Unión Europea, que es vital para
impulsar un nuevo multilateralismo y con ello una profunda reforma de
la Organización de las Naciones Unidas y una más decidida
participación en el Consejo Económico y Social de ONU. La política
exterior es hoy más que nunca un espacio para abrir oportunidades que
impacten en lo interno, para promover acciones que permitan resolver
nuestras expectativas y necesidades internas, pero es indispensable
establecer las alianzas necesarias y las agendas que nos conduzcan a
ocupar un papel diferente en el reacomodo internacional.

Lo lamentable es que el embajador haya hablado después de terminada la
Cumbre de Líderes de Norteamérica, pero es un buen inicio de su tarea
diplomática, provocativa y no despreciable; ojalá se le tome en cuenta
y contemos con suficiente imaginación para diseñar juntos la nueva
etapa y con ello establecer una nueva propuesta en común a Canadá.

Consejo Ciudadano de la Reforma del Estado


Héctor Aguilar Camín - La afición
Milenio Diario, 14-08-09


La televisión que transmitió antier el partido de futbol de México con
Estados Unidos suprimió del sonido la rechifla de la afición al Himno
Nacional de los visitantes. Lo mismo había sucedido hace unas semanas
durante la final de la Copa Oro, en un estadio lleno de mexicanos, ¡en
Estados Unidos!

Me pregunto lo que estaríamos diciendo los mexicanos si el asunto
hubiera sido al revés: si un estadio lleno de estadunidenses chiflara
en México el Himno Nacional mexicano, e hiciera lo mismo cada vez que
la selección juega en Estados Unidos.

Antier un grupo estuvo a punto de agredir a los escasos aficionados
estadunidenses que tuvieron la temeridad de ir al juego, los cuales,
para garantizar su seguridad, debieron ser escoltados por granaderos.
Entre los nacionalistas que los asediaban, hubo algunos descerebrados
que gritaron: “Osama, Osama”, y “Viva Bin Laden” (¿recordarán que en
las Torres Gemelas también murieron mexicanos?).

Hace unas semanas, durante las celebraciones por la victoria sobre
Estados Unidos en la Copa Oro, unos turistas de Holanda, tomados por
estadunidenses, fueron cercados y hostilizados por otros vándalos de
la gradería nacionalista, hasta que los detuvo la policía.

No sé cómo se ha llegado a esto, ni creo que nadie lo haya planeado,
pero no es cosa de grupos locos o “seudoaficionados” que equivocan las
cosas.

Es la expresión final del patrioterismo de baja ley sembrado por los
medios a propósito de la rivalidad futbolera con Estados Unidos. La
mala vibra brota con vigor de los bajos fondos de ese nacionalismo
barato en la ofensa y peligroso en la conducta.

Toda multitud enervada es un riesgo de estupidez colectiva. La masa
iguala a la baja, se rige por las pasiones más simples. Lo demuestran
los estadios llenos de mexicanos abusando de su número para ofender al
adversario, como una forma de “hacerse sentir”.

Pocos le señalan y le reprochan al público su majadería patriotera,
los medios deberían ser más activos y claros en la condena de los
fuegos que ayudan a encender. Deberían, para empezar, no encenderlos.

He gozado mucho el triunfo de México, y su buen futbol, superior al
resultado. Es el futbol que queremos pero no es la afición que
queremos. No al menos en sus desahogos nacionalistas, tan inciviles
como degradantes precisamente de eso que quieren exaltar: la
superioridad o la grandeza de México.

Ahora sí que como dicen los gringos: bullshit!
La masacre revivida

14 Agosto 2009 in Carmen en el periódico Reforma

Carmen Aristegui F.

14 Ago. 09

Fallas en los procedimientos judiciales cometidas por negligencia,
ignorancia o abierta maquinación de la autoridad son pan de todos los
días en la justicia mexicana. Imposible imaginar siquiera las miles o
millones de personas, inocentes o culpables, que se han visto
afectadas en sus derechos más elementales por procesos judiciales
indebidos. Testimonios falsos, fabricación de pruebas, desaparición de
documentos, firmas falsificadas, diligencias no cumplidas, siembra de
evidencias, fechas que se dejan expirar, confesiones a la fuerza. La
galería es interminable. Famosos casos como el de la finca El Encanto
del caso Ruiz Massieu o, más recientemente, el caso de Florence
Cassez, con el delirante montaje organizado por la SSP para hacerla
aparecer como culpable, independientemente de que lo sea o no en
realidad.


Casos para ilustrar el incumplimiento del “debido proceso” como un
problema agudo, profundo, añejo y sistémico se toman a puños. ¿Por qué
la Clínica de Interés Público del CIDE decidió tomar el caso de la
matanza de Acteal para revisar lo que puede ocurrir en México en esta
materia y tomar, para ello, la defensa de los indígenas que fueron
sentenciados por asesinato de hombres, mujeres y niños? La respuesta a
esto es ya parte del debate. Desde La Jornada se ha planteado que “El
revisionismo histórico de la matanza de Acteal, promovido desde las
instituciones de Estado y los medios de comunicación afines al poder,
por los asesores y apologistas de los regímenes del PRI y del PAN,
condujo a la Suprema Corte de Justicia a tomar una controvertida
decisión: ordenar la puesta en libertad de los autores materiales de
la muerte de 45 niños, mujeres y hombres indefensos”. Diversas voces
ahora, desde que ocurrió la masacre, y aún antes de ésta, han señalado
que desde el gobierno de Ernesto Zedillo se patrocinó una política
contrainsurgente con grupos de paramilitares formados con indígenas de
las mismas comunidades. Se creó una espiral de violencia fratricida
que desembocó en una masacre inaudita como la de Acteal. Es por ello
un crimen de Estado. La existencia y actuación de paramilitares en
Chiapas a partir de la insurrección zapatista es un hecho inocultable.
Los miles de desplazados en las comunidades fueron producto de ese
hostigamiento oficial. La masacre de Acteal no puede entenderse fuera
de ese contexto.
Quienes dudan de las buenas intenciones de quienes promovieron la
defensa de los asesinos y la reapertura del caso encuentran que en el
trasfondo de todo existe la decisión de reescribir la historia para
sostener la tesis de que lo ocurrido en Acteal fue un enfrentamiento y
no un crimen de Estado, cuyas responsabilidades mayores siguen en la
impunidad y que apuntan al ex presidente de México. La mayor
suspicacia sostiene que la liberación de los primeros 20 indígenas
presos por asesinato -iniciada en la madrugada de este jueves gracias
a los amparos otorgados por la Corte- permitirá de mejor manera
sostener la tesis del enfrentamiento entre indígenas por encima de la
del crimen de Estado con responsabilidades históricas y penales
gravísimas. Los del CIDE han respondido frente a las sospechas que
eligieron el caso por tratarse de “… un asunto en el que se pone de
relieve un alto número de irregularidades y violaciones de derechos” y
que serviría para alimentar el modelo de educación clínica que se
desarrolla en el CIDE, mediante el cual los alumnos, bajo la guía de
sus profesores, participan en litigios. José Antonio Caballero, del
CIDE, escribió en El Universal que decidieron investigar el caso
porque “… las afectaciones sufridas por los indígenas que defendemos
no son excepcionales. Por el contrario, son muy frecuentes en los
procesos penales que se desarrollan en nuestro país”. Sin dudar de la
buena fe de estudiantes e investigadores de la Clínica de Interés
Público, tampoco se puede descartar la posibilidad de que alguien,
interesado por las razones ya escritas, pudiera servirse de su
trabajo. ¿Sería descabellado que alguien estuviera intentando, a
través de esta revisión judicial, modificar la historia que se
sostiene con víctimas, pobladores y sobrevivientes a 11 años de
distancia sobre un crimen de Estado? ¿Alguien está usando al CIDE para
buscarse otro lugar en la historia? Gran tema para la academia. Los
estudiantes de la Clínica deberían investigarlo.

Fuente: Diario Reforma


El verdadero enigma de Acteal
Hermann Bellinghausen
Y
a que se hablaba del enigma, del jeroglífico de la masacre, cabe
preguntarse si lo hay, y cuál sería. ¿La Clínica de Interés Público
del CIDE y su división de estudios jurídicos? No creo. Ya ven cómo son
los abogados. Independientemente de si el defendido es o no culpable,
incluso de crímenes horrendos, sus defensores se plantean el reto
intelectual y jurídico de sacarlo de la estacada aprovechándose de los
recovecos de las leyes, las alianzas de clase (alta) y, si se puede,
la coyuntura política.

El abogado Javier Cruz Angulo, sus antecesores, colaboradores,
asesores y pupilos de la bien llamada clínica lograron un éxito
profesional equivalente al que sacó de la cárcel a Raúl Salinas de
Gortari o al asesino intelectual de Manuel Buendía, José Antonio
Zorrilla Pérez. No hay enigma, sólo un logro con valor curricular y
que, presumen, sentará precedente, lo que para un litigante es una
medalla de oro.

Claro, suele ocurrirles a los abogados: a fuerza de atenuar los filos
en apego a las formas, terminan por convencerse de la inocencia de sus
defendidos. Más cuando comparten una filiación religiosa, como en este
caso. Los defensores que embarcaron al CIDE en la aventura comparten
la religión de un buen número de los paramilitares, y ha sido un
elemento explícito en su trabajo. Eso tampoco plantea enigma.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, subordinada al Poder
Ejecutivo y a los intereses de las clases dominantes, puede ser una
vergüenza, pero su determinación del miércoles pasado no encarna
ningún enigma. A los jueces les presentaron un cold case del pasado
(pero el quid era su malhechura), y en acatamiento de las normas,
dictaminó la libertad de los paramilitares, sin por ello eximirlos de
culpabilidad.

El PRI, que a la sazón de la matanza los tenía en sus filas y los
protegía, ha nadado de muertito todos estos años. Nunca será un
enigma. Como anunciaba un diputado suyo apenas una semana después de
la masacre: no nos vamos a suicidar. No olvidar que era el partido del
entonces presidente de la República. Ya hoy podrán recogerlos.

Manuel Anzaldo Meneses y Juana García Palomares (otrora
frentecardenistas), quienes asesoraban política y productivamente en
los tiempos de la guerra a los paramilitares de Chenalhó, los
recibieron ahora a las puertas de la cárcel. Los quieren acoger,
recuperar, alivianar, como un botín político. De entonces a hoy, estos
dos personajes no representan un enigma; antes bien, un eslabón
estable de la cadena contrainsurgente.

En cambio, sí resulta un enigma que un escritor, historiador y
periodista como Héctor Aguilar Camín se embarcara, en esa triple
condición, en la defensa decidida de un grupo de personas, indígenas
de Chiapas, involucrados en una guerra encubierta de manual contra sus
iguales, llamándolos contrarios. Intenta rescribir la historia, que
según él está mal contada, y se ofrece para mejorarla. Le parece un
enigma.

Sus únicas fuentes directas para tan objetiva empresa son los propios
asesinos confesos (¿no serán una parte interesada?) y su entorno.
Luego, testigos de lujo como los mencionados Anzaldo y García
Palomares, o bien conocedores de la zona como su desinteresado colega
Juan Pedro Viqueira, especialistas en guerrilla como Gustavo Hirales,
y por supuesto los abogados de los presos. Se permite ignorar la
montaña de evidencias testimoniales y documentales sobre la ofensiva
paramilitar (nunca la acepta como tal) que condujo a la masacre del 22
de diciembre de 1997 y además causó el despojo permanente de casas,
cultivos y tierras de miles de contrarios a sus defendidos.

El investigador nunca consultó a las víctimas, ni a Las Abejas como
organización, ni a los organismos civiles que acompañaron y acompañan
a la fecha a Las Abejas y a las comunidades autónomas zapatistas.
Mucho menos a los zapatistas. Eso sí, se sumergió en los expedientes
de la PGR y usó como materia prima el desprestigiado Libro blanco de
dicha dependencia (1998); ambos, producto de una diligencia
ministerial pobre, confusa, atenida a fuentes discutibles, y a partir
de una destrucción de la escena del crimen definitivo.

Con esos elementos, elabora una versión de los hechos donde le faltan
piezas, hay cosas que no entiende, y en bien de la verdad, y nada más,
quisiera dilucidar. Será imposible que con esos elementos, ordeñados
sólo del lado que él llama antizapatista, logre desentrañar un enigma
que no existe. No, en todo caso, allí donde él rasca para encontrarlo.

En una respuesta publicada en este diario, Aguilar Camín dice que el
autor de estas líneas le atribuye, de una entrevista que sólo él (yo)
ha visto, el dicho de que el grupo de Las Abejas eran abejas de día y
alimañas de noche. Y añade: “No es un dicho mío, era un dicho común de
los antizapatistas de la zona que yo he citado para mostrar que no
todos creían en la neutralidad política de Las Abejas. El dicho
correcto es ‘Abejas de día, zapatos (zapatistas) de noche’” (La
Jornada, 11 de agosto).

Le atribuyo la expresión que ha citado (aunque en el texto al cual
responde se leía textualmente que él cita con regocijo). Pero no la
niega. Y va más lejos (y más abajo): admite que él tradujo zapatos por
alimañas. Esa es su aportación pues. Lo dicho: el lenguaje no perdona;
el inconciente tampoco.

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Indígenas: ¿objetos o sujetos?
Jaime Martínez Veloz
A
ocho años de aprobadas las modificaciones constitucionales en materia
indígena que desnaturalizaron los acuerdos de San Andrés Larráinzar,
los resultados están a la vista.

La oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos expone que la brecha entre el índice de
desarrollo humano indígena y no indígena es de 15 por ciento, en tanto
que 50 ayuntamientos de población original, en Oaxaca, Guerrero,
Chiapas, Puebla y Tabasco registran las tasas más bajas de desarrollo
humano municipal. Así, pues, los datos no mienten; quienes
pontificaron acerca de que la nueva legislación era más avanzada que
la elaborada por la Cocopa, pueden revisar los indicadores para
confirmar que el atraso, la pobreza y la marginación mayor en este
país radica en las zonas indígenas.

El antizapatismo, anidado en estamentos gubernamentales,
empresariales, partidarios y militares, debe a la sociedad una
explicación de su fracaso en materia de atención a las comunidades
indígenas del país.

En paralelo, la justicia mexicana expresa en materia indígena las
insuficiencias y la incompetencia que la caracterizan. El fallo de la
Suprema Corte con respecto a Acteal desnuda el sistema de impartición
y procuración de justicia: se fabrican culpables por encargo, pero el
crimen sigue impune. Se elude la contextualización y se inventan
conjeturas a modo.

La nueva formulación de los tinterillos gubernamentales habla de que
hubo un enfrentamiento y después los muertos fueron apilados y
macheteados, ahí mismo. Si es cierto que hubo enfrentamiento, ¿por qué
los muertos sólo fueron de un lado? Los camaradas de ruta e intereses
de Aguilar Camín le alaban su supuesto rigor para hacer la
investigación de Acteal. ¿Será el mismo rigor que utilizó para plagiar
los argumentos y la metodología utilizada por Pedro Ochoa Palacios en
su libro sobre Colosio, Los días contados, que luego aparecieron en La
tragedia de Colosio? Si es así, ¡qué jodidos estamos!

Se pretende que se olvide que las políticas de contrainsurgencia y
paramilitarización –financiadas y apoyadas desde oficinas públicas y
militares– tienen una responsabilidad directa en los hechos
criminales. Tengo en mi poder una fotografía, donde en la comunidad de
Limar, en el norte de Chiapas, el grupo Paz y Justicia era
transportado en un camión militar a una reunión con la Cocopa, en
abril de 1997. Esto podría ser un dato menor, si no existiera la
prueba documental de que el grupo paramilitar firmó un acuerdo
mediante el cual el general de la zona militar se comprometió a
entregarle varios millones de pesos para sus actividades.

Acteal es y será una huella imborrable en el país, y sobrevino después
que el gobierno rechazó cumplir los acuerdos en materia de derechos y
cultura indígenas. En lugar de cumplir lo pactado, el gobierno armó
indígenas y campesinos contrarios a los insurgentes para
confrontarlos. Utilizando los instrumentos del Estado, convirtió a
indígenas sin tierra en ejidatarios en el mismo sitio donde se
encontraban los zapatistas para enfrentar a unos contra otros. Estos
hechos no son el objeto de estudio de los intelectuales del poder, ya
que sus patrones están preocupados porque esa parte de la historia
pudiera ser borrada de todos lados.

La deuda en materia indígena debe empezar a saldarse con la
construcción de un nuevo marco institucional y constitucional que
permita la reconstrucción de las relaciones entre el Estado y los
pueblos indios de México, donde éstos dejen de ser objeto de las
políticas públicas y se conviertan en sujetos y constructores. Se
trata del reconocimiento constitucional a una realidad social. Los
pueblos indígenas persisten, han practicado y practican formas de
organización social y política, y cuentan con culturas diferentes que
por lo demás están en nuestras raíces como nación.

El concepto de pueblo indígena constituye una apuesta a su paulatina
reconstitución, que no obliga a sus comunidades de manera mecánica a
romper su unidad interna o transformarse y abrirse si no lo deciden,
pero permite abrir un horizonte de futuro para aquellas que así lo
definan. La propuesta, incluida en los acuerdos de San Andrés es
reconocer la autonomía como garantía constitucional para los pueblos
indígenas, con el fin de dotarlos de derechos específicos en torno a
los aspectos sustantivos que constituyen su razón de ser como pueblos.

Reconocer a las comunidades indígenas como entidades de derecho
público en atención a su origen histórico, les permitiría manejar
recursos públicos, las dotaría de personalidad jurídica para ser
sujetos de derechos en los asuntos que les atañen como realizar la
planeación comunitaria de sus proyectos de desarrollo, asociarse
libremente con otras comunidades o municipios para promover proyectos
comunes que fortalezcan a los pueblos indígenas, otorgar presunción de
legalidad y legitimidad a sus actos, definir representantes para la
integración de los ayuntamientos y, entre otras funciones, establecer
y aplicar las disposiciones relativas a su gobierno interno.

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La impunidad
Luis Javier Garrido
L
a liberación de los criminales materiales de Acteal es consecuencia de
las componendas del PAN y de Felipe Calderón con Ernesto Zedillo,
principal responsable del crimen que horrorizó al mundo en 1997.

1. La decisión de la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación de erigirse por vez primera desde las reformas de 2005 en
tribunal de legalidad y poner en libertad a 20 de los paramilitares
sentenciados por la ejecución de 45 campesinos tzotziles, miembros de
la organización Las Abejas, en su mayoría mujeres y niños, en Acteal,
municipio de Chenalhó (Chiapas), el 22 de diciembre de 1997, en el
contexto del plan de contrainsurgencia paramilitar urdido por el
entonces presidente Ernesto Zedillo y sus colaboradores militares y
civiles, confirma que se trató de un crimen de Estado y que el régimen
político de entonces es el mismo de hoy.

2. El fallo de la Corte pone de manifiesto, además de su sumisión a
Los Pinos, y ello debería ser una alerta para todos los mexicanos, que
las mafias que controlan el poder en México y que han integrado no
sólo los intereses de financieros y seudo empresarios salinistas y
filopanistas con miembros de la clase política del PRI y el PAN,
militares e intelectuales de la derecha oficialista, particularmente
activos en la preparación del fallo vergonzoso, están dispuestas a
todo con tal de seguir controlando el poder económico y político en
México.

3. La chicana judicial que utiliza el gobierno de Felipe Calderón para
exonerar a los responsables de Acteal es la misma que usó de manera
reiterada Carlos Salinas de Gortari a lo largo de su sexenio en
diversos crímenes de Estado y que parte de una falacia: si la
acusación en un caso es deficiente y se sustenta en imputaciones mal
fundadas, entonces los indiciados son inocentes, lo que supone una
patraña: basta en los crímenes de Estado que el Ministerio Público no
integre ex profeso de manera correcta el expediente acusatorio o
incluya en él pruebas falsas para que años después se libere al
probable responsable como víctima de una arbitrariedad o de un error
judicial. Como la osamenta sembrada en una propiedad suya y por sus
propios cómplices no era la de Manuel Muñoz Rocha, uno de sus
instrumentos en el homicidio de José Francisco Ruiz Massieu, Raúl
Salinas de Gortari era supuestamente inocente del crimen, y se le
liberó. Y ahora en el caso de Acteal es lo mismo.

4. El expediente acusatorio de Acteal no fue mal integrado, sin
embargo, como consecuencia de las deficiencias de nuestro sistema de
justicia, como muchos creen, sino deficientemente elaborado y de
manera expresa para proteger a los principales responsables de ese
crimen de lesa humanidad: el presidente Zedillo y su secretario de
Gobernación, Emilio Chuayffet Chemor, y para abrir la vía a la
liberación de los autores materiales. Ésa, y no otra, es la
responsabilidad que deberá enfrentar el entonces procurador Jorge
Madrazo, responsable de la averiguación.

5. La impunidad es el rasgo fundamental de los crímenes de Estado,
pues quienes los cometen obran no sólo por móviles personales (que
pudieran o no tenerlos), sino que actúan en nombre de los intereses de
la clase dominante y del grupo que encabeza el Estado y lo utiliza
para fines facciosos, y por esa razón se les promete una inmunidad de
facto ante la justicia, como aconteció con los responsables de Acteal,
a los que ahora se les cumple. La movilización nacional y el escándalo
internacional impidieron que en su momento se liberara a ese grupo de
presuntos, pero evidentes responsables materiales del crimen, lo que
ahora se está haciendo por motivos estrictamente políticos, suponiendo
de manera errónea el grupo calderonista que las condiciones en el país
han cambiado.

6. La derechización del aparato estatal, que se ha acentuado en México
durante el gobierno de facto, ha entrañado como consecuencia que los
grupos mafiosos en el poder actúen con mayor prepotencia y desprecio
hacia el pueblo y que sin reparo utilicen a las instituciones para
satisfacer sus objetivos, sin importarles el desprestigio al que las
han arrastrado. El caso más grave no deja de ser el de la Suprema
Corte, que en los últimos años convalidó el fraude electoral de 2006,
ha solapado las acciones anticonstitucionales y delictivas de las
fuerzas armadas, encubrió los actos criminales de los gobernadores
Ulises Ruiz, de Oaxaca, y Mario Marín, de Puebla; avaló la represión
política en Atenco, y ahora pone en libertad a autores materiales del
crimen de Acteal.

7. El fallo político y no jurídico de la primera sala no hace más que
confirmar que en México no se produjo un cambio de régimen político en
2000, como pretenden los panistas y la derecha intelectual, y que sólo
hay una pasmosa continuidad del mismo régimen autoritario definido por
la tecnocracia priísta en las dos últimas décadas del siglo XX, que
sigue estando controlado por unas cuantas mafias, y del cual los dos
gobiernos del PAN no han sido otra cosa que un triste episodio, pues
quienes se benefician de él pretendían recuperar con los panistas la
legitimidad política perdida con el PRI y lo único que han alcanzado
ha sido un mayor desastre en todos los órdenes.

8. En uno de sus últimos textos sobre Acteal (La Jornada del 10 de
agosto), Hermann Bellinghausen cita con ironía involuntaria la
afirmación que hacen los analistas del oficialismo considerando al de
Zedillo como “el último gobierno del viejo régimen” cuando lo cierto
es que el país ha estado inmerso en los últimos decenios en el mismo
régimen, que no ha hecho otra cosa que tratar de reconvertirse
haciendo nulos los derechos de la nación mexicana, cancelando derechos
individuales y sociales a los mexicanos y creando mecanismos de
control cada vez más autoritarios en un marco de impunidad.

9. Los responsables materiales de Acteal han sido puestos en libertad,
pero en el momento actual no debe olvidarse que los culpables
intelectuales que urdieron el crimen en su desesperación por
amedrentar a las comunidades zapatistas de Chiapas siguen siendo
intocables: Zedillo y Chuayffet, su entonces titular de Bucareli, y
buen número de militares.

10. Lo más sorprendente en el nuevo vuelco que dio el caso Acteal es
que puso de relieve que todo el cúmulo de intereses oscuros que
dominaban hace 12 años en el país prevalecen, y eso es algo que el
pueblo de México no puede, no debe permitir más.

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UNAM: un alto en el camino
Gabriela Rodríguez
E
s un hecho que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es el
núcleo de inteligencia más importante del país y probablemente de la
región. No es solamente la más antigua y la universidad más grande de
América Latina, sino, y sobre todo, la de de más alto rango.

Atiende actualmente a 305 mil 969 estudiantes de nivel bachillerato y
licenciatura, a 23 mil 875 en estudios de posgrado y a 303 becarios de
posdoctorado. Cuenta con 2 mil 360 investigadores, 5 mil 391
profesores de carrera (58 por ciento son hombres y 42 por ciento
mujeres; en igualdad de género no es campeona).

La UNAM publica 32.9 por ciento del total de artículos mexicanos
registrados en los indicadores científicos internacionales (ISI, por
sus siglas en inglés); agrupa al 22 por ciento de quienes pertenecen
al Sistema Nacional de Investigadores y a 48 por ciento del nivel
tres.

Ningún otro centro de estudios superiores del país cuenta con tres
premios Nobel y se trata de la única universidad de la región
latinoamericana clasificada entre las 100 mejores del mundo, llegando
a ocupar el lugar 95 en 2005, aunque ahora que vienen cortándole los
recursos ha descendido al 150; la siguiente de la región es la
Universidad de Sao Paulo, que se ubica en el sitio 196. Pero en el
rubro de ciencias de la vida y biomedicina, la UNAM se mantiene en el
lugar 64, mientras en artes y humanidades se ha colocado en el 97. En
tecnología es la número 107, por encima del Instituto Tecnológico de
Estudios Superiores de Monterrey, el cual se ubica en el sitio 158
(Times Higher Education/2008).

De ahí que la UNAM constituya uno de los más prestigiados lugares para
opinar sobre la realidad nacional, colocar el conocimiento al servicio
de la gente y ejercer la crítica en el sentido más elevado del
término.

El rector José Narro Robles dio el martes 11 de agosto una opinión de
gran trascendencia tras la declaración de Agustín Carstens relativa a
que México vive el shock financiero más grave de los últimos 30 años.

Frente a representantes del gobierno, del sector privado, la academia
y el Congreso de la Unión Narro propuso hacer un alto en el camino y
buscar los consensos necesarios para corregir el rumbo económico: “las
medidas para superar la crisis no deben reiterar la puesta en práctica
de acciones encuadradas en la lógica del modelo que nos ha conducido a
la situación actual. No es aplicando disposiciones similares a las que
nos llevaron a este trance como saldremos adelante. No se puede
solventar un problema repitiendo las causas que lo originan. Las
iniciativas para superar la emergencia tampoco deben trasladar los
costos a los más afectados por una crisis, cuyo origen no tiene que
ver con ellos y sí con la codicia de unos cuantos, al igual que con la
obstinación de seguir un modelo que a todas luces hoy no es el
adecuado para nuestra realidad. Cuando sostengo que debemos redefinir
nuestro proyecto de desarrollo, lo hago con la convicción de que no se
debe dar continuidad a esquemas económicos que no producen bienestar
para la mayoría, que no se ocupan de la desigualdad, que no combaten
debidamente la marginación, la enfermedad, la ignorancia o el hambre
de muchas personas. Para complicar aún más el panorama, nos aferramos
a pautas que han trastocado profundamente el sistema de valores
laicos. A las dificultades señaladas, se suman graves problemas éticos
y de expectativas para las nuevas generaciones. Los millones de
jóvenes que ni estudian ni trabajan tampoco tienen confianza ni
esperanza. […] La educación en general, pero sobre todo la de nivel
superior, así como la ciencia y la tecnología, deben jugar un papel
central para replantear nuestro rumbo”.

Ojalá que esas palabras fueran tomadas con la seriedad que el momento
de México exige: corregir el modelo económico. Por lo pronto aclamo
ese importantísimo discurso y también celebro la inauguración, el
pasado 12 de agosto, de la sala de Población: Una mirada demográfica
de México, en el Museo de las Ciencias Universum.

Con esa sala el Consejo Nacional de Población y la UNAM buscan ampliar
y consolidar la cultura demográfica de la sociedad a través de un
conjunto de dispositivos multimedia que llevan a comprender de manera
interactiva, lúdica y atractiva aspectos como el crecimiento
poblacional, la distribución territorial de las personas en el país y
la estructura por edad, así como sus implicaciones personales y
sociales.

Su director general, el doctor René Drucker Colín, anunció que esta
sala es parte del proyecto de remodelación del museo y que, entre
otras cosas, se planea actualizar próximamente la sala de la
sexualidad, que es un área del conocimiento que en la UNAM debe llevar
a concretar la lucha contra la ignorancia y los prejuicios religiosos,
así como al fortalecimiento de los valores laicos que tanto se han
venido debilitando en los años recientes. Yo me pregunto: ¿qué sería
hoy de México sin la UNAM?

gabriela_...@prodigy.net.mx

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Economía Moral
Crisis en el cuento foxista de la baja en la pobreza 2000-2006
Descenso de la pobreza rural: espejismo muestral
Julio Boltvinik

D
e la clasificación de un pueblo, un rancho o una ciudad como localidad
rural o urbana depende que en el método foxista de medición de la
pobreza (que sigue usando indebidamente el Coneval), se use una línea
de pobreza (LP) más o menos baja: por ejemplo, en el caso de la
pobreza de patrimonio, la LP por persona al día fue en 2008 de 63.50
pesos en localidades urbanas (que el Coneval define como las de 15 mil
o más habitantes) y de sólo 42.70 pesos en las rurales (menos de 15
mil habitantes). Todos creemos saber en qué pueblo o ciudad (es decir
en qué localidad) vivimos. Sin embargo, el habitante de Cholula,
Naucalpan o Tlaquepaque nos miraría perplejo si le decimos que vive en
el área urbana o en la zona metropolitana de Puebla, México o
Guadalajara. El área urbanizada (calles, viviendas, otras
edificaciones) de muchas ciudades se va expandiendo y envolviendo
antiguos pueblos, convirtiéndolos (de hecho pero no necesariamente de
derecho) en parte de aquéllas, en cuyo caso sus habitantes, de
rurales, debieran reclasificarse a urbanos y, en el método foxista,
habría que aplicarles ahora la LP más alta. Esto bastaría para que
aumentara la pobreza medida.

La única base de información de cobertura universal para estos fines
son los censos y conteos de población, cuya definición de localidad es
puramente administrativa: Todo lugar ocupado por una o más viviendas
habitadas... reconocido por un nombre dado por ley o la costumbre
(Censo 2000). En el censo de 2000 se cuantifican 480 localidades en el
Distrito Federal: 31 mayores de 15 mil (urbanas bajo cualquier
criterio) cuando en realidad se trata de una sola área urbana de más
de 8 millones de habitantes). En el país había, en 2000, 199 mil
localidades, de las cuales la inmensa mayoría eran muy pequeñas. Sobre
muchas de ellas cabe la duda de si siguen siendo, funcionalmente,
localidades independientes o se han fusionado con una mayor y, por
tanto, han cambiado su lógica de funcionamiento (por ejemplo se han
vuelto áreas puramente residenciales sin actividad económica propia).
Sin mayores correcciones, la ENIGH adopta este criterio de localidad
y, con base en ello, sin mayores correcciones, el Coneval clasifica la
población en urbana y rural (con el límite de 15 mil habitantes) y, en
función de ello les aplica la LP alta (urbana) o la baja (rural). En
mi experiencia de medición de la pobreza he observado que el cambio
importante en los niveles de vida se produce en 2 mil 500 habitantes,
y no en 15 mil, por lo cual en lo que sigue adopto este límite
urbano-rural.

De lo dicho se desprende que, en el universo así identificado de
localidades rurales hay dos categorías: las que funcionan de modo
independiente o localidades rurales verdaderas; y las localidades
rurales falsas, que forman parte integral de un área urbana. Entre
ambas categorías puede haber diferencias dramáticas: las rurales
falsas, a las que se llega por una calle o una carretera principal, la
densidad poblacional es mayor y tienen altas probabilidades de acceso
a servicios como agua entubada, recolección de basura, gas LP y
teléfono doméstico. En las verdaderas, tanto la densidad de población
como la probabilidad de acceso a estos servicios es más baja. Sólo un
trabajo muy minucioso de delimitación, con tecnología satelital y de
fotos aéreas, permitiría discernir unas de otras y mantener la
distinción actualizada. Nadie lo hace, al parecer.

La ENIGH no distingue entre ambos tipos de localidad y, por tanto,
considera ambos como si fueran rurales verdaderas. Por tanto, no puede
controlar, al diseñar la muestra, la inclusión de una u otra. Sin
embargo, las presiones de no elevar los costos del levantamiento
(recuérdese que el Inegi fue sometido durante el gobierno de Fox a
muchas restricciones económicas, tantas que estuvo a punto de no
levantar el Conteo 2005 y tuvo que eliminar el cuestionario ampliado
del mismo y para levantar las ENIGH estuvo obligado a pasar la
charola) pueden sesgar el diseño muestral hacia localidades más
cercanas, más accesibles, lo que llevaría a aumentar el peso de las
localidades rurales falsas en la muestra total. Este sesgo también
puede resultar de una intención de minimizar la pobreza rural. La
evidencia que enseguida muestro me lleva a sostener que esto fue lo
que pasó en las ENIGH 2002, 2004 y 2006, y que dicho sesgo fue
corregido parcialmente en la ENIGH2008.

1) El tamaño promedio del hogar rural descendió de 4.61 personas en
2000 a 4.13 en 2006 (casi media persona menos) para repuntar en 2008 a
4.33. 2) El ingreso promedio de los hogares rurales, que había
aumentado en 0.8 por ciento de 2002 a 2004 y en 20.2 de 2004 a 2006,
cayó 16.3 por ciento entre 2006 y 2008. 3) Algunas condiciones de vida
que mejoraron con rapidez entre 2000 y 2006 cambiaron de tendencia y
empeoraron entre 2006 y 2008: a) los hogares que tienen lavadora
doméstica habían aumentado de 23.9 por ciento en 2000 a 43.9 en 2006 y
cayeron a 27.7 por ciento, perdiendo 16 de 20 puntos ganados; b) el
porcentaje de las viviendas que cuentan con agua entubada al interior,
que se había más que duplicado (de 20.2 por ciento a 42.3) entre 2000
y 2006, cayó a 31.1 por ciento, perdiendo la mitad de lo ganado; c)
las que cuentan con excusado con conexión de agua, que también se
había más que duplicado (de 17.6 por ciento a 39.9) cayeron a 28.5 por
ciento, perdiendo la mitad de lo ganado; d) las que utilizan gas para
cocinar, como puede verse en la gráfica, que habían crecido de 46.2
por ciento a 76.9 (ganancia de más de 30 punto porcentuales) entre
2000 y 2006, regresaron casi al nivel de 2000 (48.1 por ciento),
perdiendo 28.8 de 30.7 puntos que habían ganado. Es decir, en dos de
cuatro casos se perdió casi todo lo ganado, y en los otros dos se
perdió la mitad. 5) La llamada pobreza patrimonial (de ingresos) del
Coneval (con una delimitación en 15 mil habitantes), había disminuido
de 69.2 por ciento a 54.7 entre 2000 y 2006 y repuntó a 60.8 por
ciento, perdiendo 6.1 punto porcentuales (no muy lejos de la mitad) de
los 14.5 ganados.

Ni las instalaciones de agua entubada en el interior de la vivienda,
ni la conexión de agua del excusado fueron arrancadas de las viviendas
rurales, ni vendieron las lavadoras, ni las estufas de gas; ni el
ingreso subió como la espuma y luego cayó; los procesos de
mejoramiento y deterioro son ilusiones estadísticas (un juego de
sesgos muestrales) como se aprecia visualmente en la gráfica,
resultado del aumento desproporcionado (intencional o no) en la
muestra clasificada como rural, de las falsas localidades rurales y su
posterior, y probablemente parcial, corrección. Dado que en la
evolución de la pobreza nacional tuvo un fuerte peso la baja de la
rural (14.5 puntos porcentuales), mientras la urbana lo hacía sólo en
3.9 puntos porcentuales, el develamiento de la ilusión estadística
sobre la pobreza rural, pone fin al mito del espectacular descenso de
la pobreza durante el reinado de foxilandia.

jb...@colmex.mx

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Seguramente, un tal Gómez Mont
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva

2009-08-14•Al Frente

En las últimas semanas escuché de gente que se mueve en los palacios y
las tuberías del gobierno la especie de que la nueva refinería
terminaría, inexorablemente, en Guanajuato. Variaban las rutas, pero
la conclusión era la misma: Hidalgo no hizo la tarea, Guanajuato sí y
Calderón ya decidió por Salamanca. Adiós, Tula.

Profesionales cercanos al gobierno de Guanajuato se acercaron para
decirme más o menos lo mismo. Y para darme razones de por qué ellos sí
la merecían y lo sucio que sería el que se la dieran a los “priistas”
hidalguenses.

Olía a colisión. Ayer, 24 horas después de que el director de Pemex,
Jesús Reyes Heroles, cerrara el caso a favor de Hidalgo, hablé con el
gobernador de Guanajuato, José Manuel Oliva.

Sin perder tiempo, expresó que reconocían la decisión del gobierno
federal, “porque es resultado del análisis y de un consenso técnico”.
Luego habló con entusiasmo de la “reconfiguración de la actual
refinería de Salamanca, con un valor de más de 3 mil millones de
dólares”.

—¿Nada de malos sentimientos, gobernador?

—Estoy tranquilo. Creo que trabajamos de manera profesional, puntual y
que cumplimos con las normas que propusieron y, bueno, ya está dado el
veredicto. Respetamos la decisión.

Acto seguido, Oliva trazó un boceto de lo que hará su gobierno con las
900 hectáreas que se compraron para la nueva refinería que ya no será.

Alguien hizo su chamba y conminó al gobernador a que aceptara la
decisión, porque en “política nadie gana ni pierde todo”, y porque “es
lo mejor para el país”. Alguien le habló, pues, como secretario de
Gobernación.

Seguramente, el propio secretario de Gobernación. Un tal Gómez Mont.

•••

La historia en breve se toma un respiro veraniego. Nos vemos por aquí
el lunes 31.

gomez...@milenio.com


A soltar puras barbaridades
Interludio
Román Revueltas Retes

2009-08-14•Al Frente

Esta podría ser una auténtica columna de complacencias. La receta es
muy sencilla: le pegas a Calderón, le zumbas a Manlio Fabio, le
sueltas algunos leñazos a los asoleados aztecas y le conectas
repetidos ganchos a los panistas persignados pero, eso sí, a Rayito ni
lo tocas porque el hombre come en plato aparte, digo, tiene ideales y
es honrado y milita en la izquierda mexicana y su causa —la de los
pobres, evidentemente— es justa de necesidad, aunque le haya aparecido
por ahí un secretario de Finanzas, cuando era mandamás del supremo
Gobierno del DeFectuoso, que tenía aficiones burguesas y que se
largaba a Las Vegas a apostar una plata que no sabemos de dónde la
sacaba. Y así, con este cuidadoso reparto de denuestos y lindezas,
navegas muy comodonamente entre dos aguas y te la vas pasando de lo
mejor, con un porcentaje de correos hostiles muy reducido y con
niveles de aceptación muy aceptables.

Pero no. A uno le gusta provocar al respetable y proferir
barbaridades. Por ejemplo, cuando giraba yo en la misma órbita que
Federico Arreola, ocurrió que él y Carlos Mota y yo defendimos la
intervención de Estados Unidos (de América) en Iraq. Se los juro por
Dios que sí. Escribimos artículos aprobatorios en estas mismísimas
páginas. No era una postura muy popular que digamos, pero teníamos
nuestras ideas y las decíamos alto y fuerte. Hoy mismo, esa guerra ha
resultado un fiasco monumental aunque, si me preguntan, el propósito
era, entre otras cosas, instaurar la democracia en una nación
avasallada por un tirano odioso. Y, con perdón, los miles de civiles
iraquíes que han muerto en los últimos tiempos fueron asesinados por
los terroristas islamistas, no por las fuerzas de la Coalición.

Otra cosa que no se puede decir es que don Zelaya es un perfecto
candidato a tirano populista —de la calaña de Chávez y sus amigos— y
que es preferible que lo hayan puesto de patitas en la calle a que él
mismo hubiera instaurado un régimen opresor. Se rompió la legalidad,
es cierto, y no se guardaron las formas. Pero ¿qué prefieren? ¿Qué el
tipo comience a cerrar estaciones de radio y periódicos y que se ponga
a perseguir a sus opositores? El Congreso de Honduras, la Corte y el
propio partido político del presidente decidieron que no debía seguir
en el cargo luego de haber violado la Constitución. ¿Esto es un golpe
de Estado? Formalmente sí, pero se trata de una versión light,
patentada por los hondureños, y algún día les daremos las gracias.

Bueno, eso es todo por hoy. Buen fin de semana, lectores.

revu...@mac.com


Moral y política
Carta de París
Carlos Tello Díaz

2009-08-14•Política

El crimen sucedió hace doscientos años, en 1799. Napoleón era muy
joven. Lo recuerdo hoy porque mañana, 15 de agosto, los franceses
habrán de celebrar el 240 aniversario de su nacimiento. A continuación
la historia:

En 1798, al concluir la campaña de Italia, el general Napoleón
Bonaparte recibió instrucciones del Directorio de invadir Egipto,
entonces un protectorado del Sultán de Turquía. Ese verano, Napoleón
derrotó a los mamelucos, subordinados al Sultán, en la batalla de las
Pirámides. Poco después de la victoria, sin embargo, recibió la
noticia de que el almirante inglés Horatio Nelson acababa de hundir a
casi todos sus navíos en la batalla de Abukir. Con ese golpe, sus
hombres fueron aislados del resto de Europa en un momento sumamente
delicado, cuando avanzaban hacia ellos los ejércitos del Sultán.

Rodeado por el enemigo, con un ejército de 13 mil hombres, Napoleón
salió al encuentro de los turcos: atravesó Egipto y cruzó el desierto
del Sinaí. Conquistó Gaza y, después, tomó por asalto Jaffa. Ahí,
enloquecidos por la sed y el hambre, sus hombres robaron, violaron y
mataron a hombres, mujeres y niños, y al final del saqueo hicieron
prisioneros a cuatro mil turcos.

Napoleón debió tomar entonces una decisión. No podía mantener con él a
cuatro mil prisioneros, pues no tenía víveres para alimentarlos ni
guardias para custodiarlos. No podía mandarlos a Francia, pues el
Mediterráneo estaba bajo el control de Nelson. Tampoco podía dejarlos
en libertad, pues los turcos regresarían a las filas del ejército de
Ahmed Bahá, que estaba ya en la Tierra Santa.

El general Napoleón Bonaparte no quiso tomar él solo la decisión. Hizo
algo que jamás había hecho: reunió en consejo de guerra a todos sus
oficiales para discutir el curso que debían seguir. El consejo duró
dos días enteros, al cabo de los cuales los franceses tomaron la
decisión de matar a los prisioneros turcos. A todos. El 10 de marzo de
1799 cuatro mil prisioneros fueron ejecutados por órdenes del hombre
que admiraban —pues era admirable— personajes como Goethe, Hegel,
Beethoven y Stendhal.

Conozco dos biografías de Napoleón, la de Vincent Cronin (Harper,
Londres, 1971) y la de Emil Ludwig (Editorial Juventud, Barcelona,
1956). Ambos refieren el episodio. Cronin comenta que los turcos
“fueron fusilados” (p.160); Ludwig afirma que fueron “pasados a
cuchillo” (p.117). La lectura de otras fuentes me hace pensar que
Ludwig está más cerca de la verdad: los turcos fueron amenazados por
las balas y las bayonetas de los franceses, que los empujaron hacia el
mar, donde murieron ahogados, aplastados o acuchillados.

Poco después, Napoleón regresó a Francia en una fragata que logró
burlar el cerco de Nelson. A fines de 1799, el 18 Brumario, fue electo
Primer Cónsul. Más tarde, en 1804, fue coronado Emperador. La historia
recuerda de su campaña de Egipto dos cosas: la frase célebre a sus
hombres frente a las Pirámides (“¡Soldados! Cuarenta siglos os
contemplan”) y el esfuerzo científico que culminó en la obra
Déscription de l’Egypte (la más grande apropiación de una cultura por
otra cultura, dice con tino Edward Said en su libro Orientalismo).
Pero el episodio clave es el asesinato de cuatro mil prisioneros. Una
monstruosidad moral, pero también una necesidad militar y política. Me
pregunto: ¿qué va primero?

cte...@milenio.com

Cambiar el modelo/I
Acentos
Marco Provencio

2009-08-14•Acentos

En menos de un tercio de segundo, el buscador de Google dice haber
encontrado en el universo de internet 23 millones 600 mil entradas con
el término “cambiar el modelo”. La primera de ellas se refiere a un
informe de la FIFA que dice que “el futbol español necesita cambiar el
modelo”; la segunda entrada es una nota del año pasado de un periódico
paraguayo que habla de cambiar el modelo económico para que en vez de
administrar la pobreza distribuya la riqueza; la tercera habla sobre
un ex diputado del PSOE que practicó el ciclismo profesional y era un
genio para cambiar el modelo de bicicleta sobre la carrera. Surge muy
arriba en esa lista interminable de entradas un artículo de Ricardo
Monreal de Julio pasado en un periódico de Zacatecas con ese mismo
título, cambiar el modelo, y se encuentran también notas que tienen
que ver con la industria automotriz, con las nuevas cámaras
fotográficas, con el estilo de la moda en Londres o con las nuevas
prácticas arquitectónicas en Australia. Cambiar el modelo parece
haberse vuelto un término políticamente correcto en cualquier ámbito
de la vida.

En ningún ámbito, sin embargo, cambiar el modelo tiene el sentido de
urgencia que se le da en lo económico. Y no podría ser de otra manera
dada la profundidad de la crisis, las perspectivas nada halagüeñas
para el futuro cercano y el impacto en los niveles de bienestar que
todo ello está teniendo en la sociedad mexicana, de por sí atribulada
casi al extremo por problemas tan diversos como de difícil solución.
La explosión del ánimo nacional por el 2 a 1 del día 12 (y eso que no
fue de diciembre) refleja toda esa tensión acumulada por largo tiempo.

Pero cambiar el modelo económico, por sí solo, es un término que no
llega muy lejos. No dice mucho tampoco, por más que esté algo de moda,
pues se basa en supuestos entendimientos compartidos que con
frecuencia pueden no ser ni lo uno ni lo otro (ni entendimientos ni
mucho menos compartidos). Esto no quiere decir que detrás de esta
discusión no haya un aspecto verdaderamente relevante, que lo hay.
Cambiar el modelo económico debe dejar de ser sólo un modismo
políticamente correcto para pasar a ser una vía para entender nuestra
realidad y sobre todo ayudar a corregirla, incorporando criterios
tanto de equidad social como de eficiencia económica en el camino.
Para ello hay que intentar aterrizar algunas ideas concretas sobre el
tema. Nuestra discusión pública, tan dada a las grandes frases y más
grandes señalamientos todavía, se beneficiaría de una discusión amplia
sobre aspectos específicos, aspectos que no son ni ciencia oculta ni
nada del otro mundo: qué entendemos por un modelo económico; cuáles
son los rasgos principales del nuestro; cuáles rasgos y por qué habría
que cambiar y de qué forma (la posición incremental) o por qué habría
que sustituirlo por otro modelo y cuál (la posición radical).

En la pragmática literatura académica anglosajona, un modelo económico
es simplemente una construcción simplificada y teórica de cómo se
desarrollan diversos procesos económicos complejos, basándose en
evidencia estadística y racionamientos lógicos. Por qué bajan las
tasas de interés y los salarios reales, o por qué suben los precios y
el desempleo. Qué grandes fuerzas hay detrás de todo este conjunto de
resultados sociales y cómo influenciarlas y con qué instrumentos en un
sentido u en otro. En este contexto, el modelo económico no involucra
aspectos normativos ni ideológicos, por lo que es probable que nuestra
discusión de changing the economic model para un londinense o un
neoyorquino suene a algo así como querer cambiar los parámetros de
difusión de la luz o de la velocidad del sonido o de la fuerza de
gravedad.

En nuestro contexto, sin embargo, el término cambiar el modelo
económico no es una cosa menor, pues se alude con él no a una cuestión
teórica de cómo es que el mundo funciona como funciona, sino por qué
es que debe de funcionar de otra manera y no de ésta. Así, en cierto
sentido, el término equivale a pretender modificar una parte
fundamental del máximo pacto social que tenemos los mexicanos, la
Constitución Política, que es la que establece el régimen de economía
mixta que rige en nuestro país desde décadas atrás, régimen que con
todo y sus insuficiencias y deficiencias ha permitido la coexistencia
más o menos armónica de dos paradigmas en otra era incompatibles:
planeación y responsabilidad del Estado, libertad y fomento del
mercado. Para cualquiera que quiera leer la Carta Magna, el modelo
económico está ahí, lo que no quiere decir que no se requieran
múltiples ajustes a su funcionamiento.

m...@proa.structura.com.mx


Sumar para multiplicar: AMLO y Ebrard (segunda y última parte)
Epigmenio Carlos Ibarra
Epigmenio Carlos Ibarra

2009-08-14•Acentos

De los liderazgos visibles de la izquierda mexicana hay al menos dos,
el de Andrés Manuel López Obrador y el de Marcelo Ebrard, que pueden,
sumados, acelerar y conducir el urgente proceso de recuperación de la
misma, pero que, si se dividen y se enfrentan, si sucumben a las
seducciones del poder, harán la debacle irreversible. Si eso sucede,
perderán ellos y sus partidarios, pero también perderá el país.
Reconstruir a la izquierda es una responsabilidad histórica que no
debe eludirse y que no puede, tampoco, hacerse sin una dirigencia
unida en torno a principios firmes y claros y no por conveniencia. Que
tenga prestigio, solvencia moral y capacidad de comunicarse con la
gente. Atrás han de quedar, si quiere la izquierda recuperar la
confianza y el voto de la gente, las intrigas palaciegas, las
ambiciones personales, la mezquindad que con tanta frecuencia
acompañan su quehacer político.

En este país urge un cambio; más de veinticinco años de neoliberalismo
nos tienen al borde del colapso. A riesgo de repetirme, insisto en la
imprescindible letanía; es preciso construir ya una opción real y
posible de transformación que devuelva la esperanza de bienestar a las
mayorías empobrecidas, de contendido real a la democracia y abra los
cauces de un desarrollo con justicia y libertad. López Obrador o
Ebrard pueden conducir ese barco a buen puerto o hacerlo naufragar.

Es temprano para decir quién, de ellos dos, debería ser —por sus
merecimientos y capacidades, por la confianza que inspira a la gente,
por sus posibilidades reales de obtener la victoria— el candidato a la
Presidencia en 2012 o bien si a ninguno de los dos corresponde esa
tarea y les toca más bien a ambos apoyar a un tercero. Lo que está
claro ya, sin embargo, es que son piezas clave en el proceso de
reconstrucción de la izquierda y que sólo sumados pueden ser capaces
de multiplicar.

Sus adversarios, ése es el pan de cada día, al tiempo que alimentan
las ambiciones de cada uno, manejan la tesis de la confrontación entre
ellos y aspiran, con su obsesiva reiteración, a hacerla realidad.
Abundan las informaciones y los dichos que los colocan en posiciones
antagónicas y hablan ya de una ruptura inminente. Goebbels era un
criminal, pero no un imbécil. Si cualquiera de ellos se equivoca. Si
la ambición personal, los engaños de sus enemigos, la presión de sus
partidarios —ansiosos de beneficiarse con el ascenso de sus jefes— los
hace aferrarse a la posibilidad de sentarse en la silla presidencial y
chocar contra aquel junto al que debieran luchar hombro con hombro; si
de nuevo se instala la división entre la izquierda electoral mexicana,
no cargará ésta sólo con la vergüenza de un segunda derrota
consecutiva. Qué va. Eso es lo de menos. Sobre su espalda llevará la
fractura de la paz social en el país, porque la alternancia real de
proyectos económicos y de gobierno es, a estas alturas, la única
garantía de que ésta se mantenga.

Atenerse a los principios y no a los dogmas tradicionales de la
izquierda, entender que al pueblo se sube y que, por tanto, hay que
hablarle con dignidad, inteligencia y decoro. Desechar por antiguo,
improcedente y probadamente ineficiente el vacuo discurso populachero,
agitador, que funciona por teatral —y a veces— al calor del mitin,
pero del que los medios se sirven para golpear. Evitar por otro lado
la vana aspiración de presentarse como una “izquierda decente” y
cancelar con ese propósito la defensa de los intereses de las mayorías
empobrecidas. Sumarse a un debate de ideas y rechazar la típica
tendencia de izquierdistas de viejo cuño, ex priistas y aventureros, a
sustituirlo por la conspiración y la grilla. Abandonar la complacencia
ante el espejo y abrirse al mundo y al conocimiento. Acercarse a los
jóvenes —que nunca habían estado tan lejos y con tanta razón de la
izquierda— y aprender a hablar, sin el auxilio de mercadólogos y
charlatanes que terminan por hacer que sus asesorados actúen como
payasos, su mismo lenguaje. Sentir en carne propia la frustración que
los embarga; el vacío en el que se mueven y aprender a tocar, de
nuevo, ese diapasón que en el 68, en el 88, en el 97 los hizo
movilizarse, luchar, vencer. Ser por eso y para eso flexibles,
imaginativos, audaces, tolerantes frente a aquellos que piensan
diferente, intransigentes ante la impunidad y la injusticia,
constantes en el señalamiento de las fallas del adversario,
inclementes en el reconocimiento de las propias. En fin; rehacerse,
reinventarse, darse cuenta de que, de alguna manera, si no todo está
perdido de seguir, así las cosas muy pronto lo estará.

López Obrador y Ebrard han de emprender esta transformación bajo la
lupa de la sociedad —descreída y distante— y el asedio de muchos y muy
poderosos enemigos decididos a destruirlos y a sembrar entre ellos la
discordia. Uno, López Obrador, carga sobre la espalda el enorme
desgaste sufrido tras tres años de lucha contra el gobierno
calderonista y resultado también de su empecinamiento. Otro, Ebrard,
el desgaste producto —y que habrá de profundizarse— de estar al frente
de una ciudad ingobernable a la que el país, que entró en barrena,
arrastra en su caída. Pero más allá de enemigos y circunstancias
adversas están sus propios demonios y la posibilidad de que no sean,
por tanto, capaces de repetir ese acto de inteligencia, generosidad y
congruencia moral de Heberto Castillo en 1988, cuando el ingeniero,
pensando en el país y no en sus aspiraciones personales, detonó el
proceso que llevó a la izquierda a las puertas del poder.

http://elcancerberodeulises.blogspot.com


¡Aguas!
El efecto Frankenstein
Alejandro González

2009-08-14•Tendencias

Ni el más ingenioso de los literatos surrealistas imaginó una ciudad
que cuando llueve se inunda, en algunos lugares hasta el cuello de sus
habitantes, y que en sus casas no cuentan con agua potable.

El recorte de 30 por ciento en el suministro de agua en la Ciudad de
México es el arranque de una serie de medidas que intentarán
recomponer el abastecimiento; como la mayor parte del agua se escapa
en fugas, el recorte impide que se derrame por las calles o en las
coladeras.

El resto de las medidas, cambiar regaderas e inodoros, son cosas
técnicas y las que faltan, las culturales, vendrán como agregado de la
inevitable escasez de agua.

Esta crisis que crece silenciosa, no es exclusiva de México o de la
región, es un problema mundial muy grande, tanto, que el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales otorga a
todos los seres humanos el derecho a contar con agua suficiente, a
precio asequible, físicamente accesible, segura y de calidad aceptable
para usos personales y domésticos; “El derecho humano al agua es
indispensable para llevar una vida en dignidad humana” y señala que
“es un prerrequisito para la realización de otros derechos humanos”.

En la clasificación mundial, México es considerado como un país con
baja disponibilidad de agua, tenemos un territorio semiárido, el 56
por ciento y el 67 por ciento de las lluvias caen de junio a
septiembre.

¿Cómo es posible que nadie previera la crisis que está llegando? La
mitad del problema es político porque las obras de agua y drenaje o de
captación de lluvia no son tan lucidas y visibles como el segundo piso
del periférico.

La otra mitad es por que no hay cultura de pagar por el servicio; casi
160 mil capitalinos adeudan mil millones de pesos por uso del servicio
de agua potable.

Y ahora que las estimaciones dicen que el 2010 será “un año negro” en
el abastecimiento de agua, lo que viene es quién levantará la mano
para arreglar el problema.

Lo más delicado es que se politice el problema entre las tres fuerzas
involucradas; el centro del problema está en un terreno donde entran
en conflicto tres fuerzas políticas: el gobierno federal que
representa al PAN, el gobierno del Estado de México en manos del PRI y
el gobierno del Distrito Federal donde el PRD establece las
prioridades.

De manera que todos se culpan de no haber invertido a tiempo.

alejandro...@milenio.com


Sequía
Elitismo para todos
Fernando Solana Olivares

2009-08-14•Cultura

Ora sí se puso cabrón. No sé los demás, no soy nadie para brindar
consejos, pero creo que debo seguir una nueva secuencia con la
intención de estar en los momentos colectivos que corren: crisis de la
representación política, crisis de la gestión política, crisis de los
políticos; crisis de seguridad; crisis económica; pandemia de
influenza; crisis de agua. Me gana la tentación lírica y quiero decir:
nuestras cinco plagas bíblicas. Yo tengo una veta casándrica,
neoapocalítica y hasta hoy, ojalá, integrada. Pero en serio la veo
difícil. Si me estupidizo, sin querer ofender a nadie, me pongo
optimista: échale ganas, me digo, tú vales mil. Neurotizándome, me
pongo pesimista. Las dos, actitudes emocionales.

Sobra decir que no les creo nada a los políticos y a sus
instituciones, como tampoco le creo nada a quien declara que al diablo
con las instituciones en tanto éstas no se subordinen a su voluntad de
poder. Así que quedan cuatro plagas a encarar, aunque lo y los
políticos sean un quinto flagelo mexicano irremediable. Pienso que hay
dos formas para soportar, y al fin vencer, a la casta criminal que
mediante la violencia y el miedo intenta sojuzgarnos. La primera es
doble: encomendarse a la Divina Providencia y descubrir que el miedo
es mental. La segunda es la reciente acción de los mormones de
Chihuahua: manifestarse valientemente y con claridad en grupos civiles
cada vez más grandes frente a ella.

La segunda plaga, la crisis económica, tendrá que llevarme a la
austeridad, o para que suene mejor, al contentamiento. Dos, también,
son las operaciones que me recomiendo a mí mismo. A) Entender que la
posesión material es un no-significado, que se sostiene en la
compulsión del deseo. O sea, a la mixe: la restricción drástica de la
necesidad de tener. B) Ahorrar en todo lo que se pueda: dinero,
energía emocional, actos inútiles. Así entonces como enseñaría un
escritor tutelar: la inteligencia es una facultad que se abstiene.

Para la pandemia de influenza que regresa (ese extraño mecanismo
biológico que los políticos de todo el mundo administran y los medios
fagocitan) haré lo que ya hice en la anterior: ingerir miel, tomar
entre dos y tres litros diarios de agua, lavarme las manos con agua y
jabón frecuentemente, comer frutas y verduras, administrarme dosis de
vitamina C, hacer ejercicio y meditar; en suma, fortalecer mi sistema
inmunológico, pues al científico Pasteur sí le creo: el punto vital
del asunto no es el virus sino el receptor. Por lo demás, como le he
pedido a los míos que ni me entuben ni me martirizen ni me dopen con
el pretexto de curarme cuando enferme, tengo que hacerme cargo de mi
salud. Prefiero ejercer ese derecho personal e histórico antes que
otorgárselo al biopoder actual. Para tener la fuerza cuando llegue el
momento cuento con un ejemplo cercano: mi hermano mayor, declarado
loco, cuya divisa fielmente observada hasta un final impecable fue “al
pie del cañón”.

En cuanto al agua, confieso que es por estos días mi principal
preocupación. Mis visiones apocalípticas y terminales no son debidas a
su exceso sino sobre todo a su escasez. Y luego vivo en Rulfiana, una
zona ya seca de por sí. Me bañaré con poca agua, seguirán regándose
los árboles de la abadía y cuando menos el cultivo de maíz de abajo
por gravedad, como se viene haciendo. Lo mismo que recolectar las
aguas grises, jabonosas, para dárselas a unos pirules que ahora están
grandes y agradecidos. La cisterna de piedra en escarpio recibe el
agua del noble pozo que hace vivir al sitio y desde ahí se reparte
para nuestro bien.

El año próximo, si la fortuna se muestra propicia, podrán hacerse un
tanque a cielo abierto adamado de piedra y conectado a una pequeña
cañada con dos esclusas para retener agua de lluvia que desemboque en
la pequeña presa del lugar, la cual hoy, a despecho del verano y
alarma de los patos migrantes, las cigüeñas y las blancas garzas que
hasta el verano anterior venían a poblarla, desovando y criando aquí,
está seca, aunque todavía con la tierra verdecida pues días atrás
cayeron tres gotas de lluvia.

Voy apurándome en sintetizar. Entre las cosas que me digo, una me
parece cada vez más esencial: debo romper con el pasado, no desde
luego a la manera de este momento histórico que consagra lo nuevo y lo
efímero en una búsqueda frenética y sin rumbo, sino al modo de la
mujer de Lot: no mirar nostálgicamente para atrás. Y sin embargo,
conservar lo mejor de lo humano: el misterio de la melodía, la
maravilla de las imágenes, las revelaciones del lenguaje. Hoy entiendo
que yo no tenía que conocer mi destino para que se cumpliera.

O sea que por más cabrón que se ponga siempre hay algo que uno puede
hacer. Y me digo, diciéndome alguna cita citable: cúrate del
re-sentimiento, primera regla de la salud mental. Recuerdo:
resentimiento. Para mirar lo nuevo que aparece bien puede no haber
referente alguno almacenado en la memoria. Entonces calculo que debo,
por ejemplo, inscribir lo siguiente en un muro: “Sequere Deum”. Será
como un conjuro: no pasa nada, no somos de aquí, nos vamos mañana.

Seguimos la voluntad divina que juega con nosotros. No nos pregunta,
no le preguntamos. La sequía puede ser un santo desierto o una noche
oscura del alma. A escoger. No hay mal que por bien no venga, afirma
la lógica superior. Ciento cincuenta años atrás se lo dijo a los
blancos el jefe Seattle: se acabó la vida, empezó la sobrevivencia.
Voy a hacer algunas planas con letra Palmer de la palabra “empezó”.

fmso...@yahoo.com.mx


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Siempre se podrá vislumbrar el mañana, cuando se ilumina el pensamiento
Sociólogo Manuel G. Rodríguez Sáenz

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