







Martes 3 de mayo de 2011


Un obrero se encuentra grave tras amputarle los brazos. Acumulación de gas metano, posible causa.
Leopoldo Ramos, corresponsal
Publicado: 03/05/2011 10:28
Saltillo, Coah. Poco después de las ocho horas de este martes se registró una explosión en el interior de un pozo de carbón ubicado en el ejido Sabinas, del municipio del mismo nombre, con saldo de un obrero de 15 años de edad lesionado y 14 más atrapados, informó el alcalde Jesús María Montemayor Garza.
El minero lesionado fue identificado como Jesús Fernando Lara Ruiz, quien al momento del accidente se encontraba en la plancha de la mina, cuya profundidad no se ha precisado, pero se estima que sea de al menos 100 metros.
El Ministerio Público Federal indicó que el trabajador “fue trasladado a un nosocomio en Monterrey, donde lamentablemente le fueron amputados ambos brazos y se encuentra delicado de salud”.
El pozo de carbón pertenece a la compañía minera BINSA, y forma parte de un complejo de tres yacimientos de carbón localizado en el kilómetro 112 de la carretera federal México-Piedras Negras, a unos 350 kilómetros de Saltillo.
Las autoridades se coordinan con un representante de la empresa identificado como Jesús Espinoza Dávila.
Espinoza Dávila dio a conocer a las autoridades los nombres de los mineros atrapados: Jesús A. Sifuentes, Julio Sifuentes, Hermilo Pérez, Néstor Manuel Carmona, Eleazar López, Julio César Reséndiz Domínguez, Santos Vallejo Ríos, Rogelio Robledo, Reyes Francisco Cruz, Hugo Santos, Mario Alberto Anguiano Montes, Isaías Valero Pérez, Juan César Chávez y Eduardo Sánchez.
En el lugar se encuentran familiares de los trabajadores a la espera de información. También están concentrados, además del presidente municipal, el secretario de Gobierno, David Aguillón Rosales, y representantes de la Subsecretaría de Protección Civil.
El secretario de Trabajo, Javier Lozano Alarcón, anunció poco antes de las 13 horas en su cuenta de Twitter que viajaría al lugar del accidente para coordinar los trabajos de rescate junto al gobernador del estado, Jorge Torres López.
De acuerdo con datos de la Secretaría del Trabajo, la explosión sobrevino a una acumulación de gas metano, que no fue percibida por los trabajadores y que hasta el momento persisten altos niveles que obstaculizan las tareas de rescate.
Sin embargo, el equipo de salvamento trata de ventilar la mina "antes de intentar llegar hasta donde se encuentran los trabajadores", indicó por su parte Segismundo Doguin, subsecretario de Protección Civil de Coahuila.
Aún no ha sido posible establecer contacto con los mineros atrapados, dijo el funcionario al precisar que la explosión ocurrió alrededor de las 08:00 locales (13:00 GMT), en la misma zona donde 65 mineros murieron en un accidente similar en 2006.
En febrero de 2006, en el poblado de Nueva Rosita, cercano a Sabinas, una explosión en la mina de Pasta de Conchos dejó 65 mineros muertos de los que hasta ahora sólo han sido rescatados dos cuerpos.
Las labores de salvamento estarán a cargo de rescatistas del Grupo Acerero del Norte, que aglutina empresas como Altos Hornos de México (AHMSA), Minera Carbonífera Río Escondido (MICARE) y Minerales Monclova, SA (MIMOSA).
Ni en la Cámara Minera de México ni en la Dirección General de Minas ni en la Coordinación General de Minas tienen datos sobre la empresa que cuenta con la concesión del yacimiento de carbón en el que están atrapados 14 trabajadores.

(CNNMéxico) — La Procuraduría General de la República (PGR) inició una investigación sobre la explosión en una mina de carbón en el municipio de Sabinas, en el estado de Coahuila, a raíz de la cual 14 mineros quedaron atrapados.
A través de un comunicado, la PGR informó que la indagatoria tiene el propósito de determinar quién o quiénes fueron los responsables de que se acumulara gas en uno de los pozos del lugar, lo que derivó en el estallido.
La mina pertenece a la empresa Binsa, SA de CV, de acuerdo con la dependencia.
El estallido ocurrió la mañana de este martes, alrededor de las 7:00 horas (tiempo local), de acuerdo con el alcalde Jesús María Montemayor Garza.
Un menor que se encontraba afuera del pozo que explotó fue“gravemente herido” y fue llevado a un hospital en Monterrey, en el vecino estado de Nuevo León, donde los médicos tuvieron que amputarle los brazos.
El menor está “delicado de salud”, según la PGR.
En febrero de 2006, el estallido de la mina de Pasta de Conchos, también en Coahuila, en el norte de México, sepultó a más de 60 mineros cuyos cadáveres no fueron rescatados por las autoridades.
Tras el estallido, el presidente Felipe Calderón afirmó que el gobierno hará “todo lo posible, lo que esté a nuestro alcance” para sacar a los mineros con vida.
El secretario del Trabajo, Javier Lozano, anunció a través de su cuenta en Twitter (@JLozanoA) que llegó por la tarde a la mina y los rescatistas comenzaron labores para revisar el lugar.
Un rescatista descendió hasta 58 de los 60 metros de profundidad de la mina, de acuerdo con el funcionario.
Se prevé que Lozano dé más tarde una conferencia de prensa para informar de la situación.
No se pudo. A través de su cuenta twitter, el Secretario del Trabajo, Javier Lozano -quien ha coordinado las labores de rescate de los mineros atrapados en Sabinas, Coahuila-, confirmó la muerte de tres de los catorce mineros atrapados y adelantó que "el pronóstico no es nada esperanzador".
"Lamento informarles que se han encontrado tres cuerpos sin vida al interior de la mina siniestrada en Sabinas Coah. Ya hablé con familiares", expuso @JLozanoA.
Desde la tarde de este martes, Lozano viajó al lugar de los hechos para conocer personalmente sobre el "accidente" en la mina.
El funcionario cambió su avatar por un fondo negro en un claro mensaje de luto.
"El pronóstico no es nada esperanzador. Seguiré informando", remató y dejó de tweetear al respecto.
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El domingo murió uno de los últimos hombres universales que ha parido madre alguna. Ernesto Sabato (él escribía su nombre sin acento, a pesar de que editores y lectores esdrujulizamos su apellido, tal vez por razones fonéticas) estaba por cumplir cien años. Había nacido el 24 de junio de 1911, en la misma provincia de Buenos Aires desde la cual se marchó en su despedida. Será recordado, más que como un notable escritor, merecedor de los premios mayores de la lengua española, por su condena a la dictadura militar que asoló a su patria de 1976 a 1983. Presidió la Comisión nacional de desaparecidos instituida cuando retornó la democracia, nombrado por el presidente Alfonsin, y él mismo escribió el resumen del estremecedor informe que fue la base para procesar a los altos jefes del Ejército y la Marina, enjuiciamiento ejemplar, porque no lo ha conseguido ningún país que sobrevive a sus dictadores.
Dueño de varios talentos y pasiones, fue formado en las ciencias exactas, la física y las matemáticas, en que se desempeñó de modo sobresaliente. Fue también dibujante y pintor, y practicó el boxeo. Militó en el Partido Comunista Argentino, del que se apartó no sin denunciar al estalinismo, cuando esa práctica no era común. Su vida literaria conoció fortuna desde el comienzo. Su primer libro, Uno y el universo, mereció premios y lo instaló en la vida literaria, a la que fue reticente. Aunque el domingo por la noche se le rindió tributo en la Feria del libro bonoaerense, con cuya clausura coincidió su muerte, prefirió que se le velara en el club del barrio donde vivió sus últimos años y en que jugaba dominó, para que lo acompañaran sus vecinos. Se aproximó al grupo de la revista Sur, en que reinaban Victoria y Silvina Ocampo, así como Adolfo Bioy Caceres y Jorge Luis Borges. Esa editorial públicó El túnel, su primera novela.
A esa siguieron otras que también gozaron de reputación mundial, como Sobre héroes y tumbas, y Abbadón. Aunque Sabato abandonó pronto esa vertiente de la escritura, la de ficcionista, su prestigio alcanzó para que se le discerniera en 1984 el Premio Cervantes, que se insiste en considerar el Nobel de lengua española (y que fue también otorgado a Gonzalo Rojas, el poeta chileno muerto una semana antes que el narrador argentino).
El abandono de su militancia comunista no significó perder sus ideales políticos. Proclamaba una suerte de socialismo con libertad, o un liberalismo político con acento justiciero. Esa difícil posición lo condujo a deslices que lo convirtieron en protagonista de encendidas polémicas, o en blanco de acusaciones, alguna de las cuales lo siguió hasta hoy. Antiperonista como Borges, sirvió a la "revolución liberadora", como se llamó al golpe militar de 1955 promovido por la Iglesia y los grandes propietarios rurales. Hasta se hizo cargo, como interventor gubernamental, de alguna publicación. No demoró mucho en alejarse de ese gobierno. Todavía unos años después, sin embargo, en una carta al Che Guevara, comparó esa "revolución liberadora" con la encabezada por Fidel Castro. La equiparación ofendió al médico argentino que en ese momento era todavía ministro de industria en La Habana, antes de lanzarse a su gran empresa fallida, la de la liberación latinoamericana. Su respuesta a Sabato, sin embargo, si bien fue enérgica estaba impregnada del respeto que merecía la acrisolada ética pública del escritor.
El golpe militar de 1976 dejó a Sabato en un gran predicamento. Aceptó reunirse el 19 de mayo de 1976, junto con Borges y otros intelectuales, con el general Jorge Rafael Videla, líder del sangriento cuartelazo. Aunque después reconoció que había cometido un error, lo explicó recordando que consultó el paso con intelectuales cercanos que lo aprobaron, y que el asalto al poder de los militares parecía poner fin al funesto régimen de Isabelita Perón en que prosperó la Alianza argentina anticomunista, y a dos meses del comienzo del Proceso, como llamó la cúpula militar a su intento de transformar a la Argentina, y aun no mostraba del todo sus macabros perfiles. Sabato, además, aprovechó el almuerzo con Videla para abogar por algunos desaparecidos, lo que no dejó de hacer durante la dictadura, ya desde la trinchera de enfrente. Por eso el presidente Alfonsín le pidió encabezar la Comisión nacional de desaparecidos, que realizó la más extensa y detenida investigación sobre las víctimas del despotismo militar.
Su texto, en el prólogo al informe de la Comisión, concluye con una moderada esperanza:
"Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976, y servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que nunca más en nuestra patria se repetirán hechos que nos hicieron trágicamente famosos en el mundo civilizado".
Su prólogo generó una polémica, porque Sabato equiparó a la violencia guerrillera con el terrorismo de Estado, como causantes del dolor que vivió Argentina en aquel septenio horroroso. Su acendrado humanismo logró, sin embargo, que la discusión fuera superada y permitiera proclamar la paz con justicia -dos valores sabatianos-- en que la República argentina se empeña en vivir ahora y los próximos años

n don nadie de mediana edad, un fracasado político, rebasado por la historia –por los millones de árabes que exigen libertad y democracia en Medio Oriente–, murió en Pakistán este domingo. Y el mundo enloqueció. No bien había salido de presentarnos una copia de su certificado de nacimiento, el presidente estadunidense apareció en medio de la noche para ofrecernos en vivo un certificado de la muerte de Osama Bin Laden, abatido en una ciudad bautizada en honor de un mayor del ejército del viejo imperio británico. Un solo tiro en la cabeza, nos dicen. Pero ¿y el vuelo secreto del cuerpo a Afganistán, y el igualmente secreto sepelio en el mar?
La extraña forma en que se deshicieron del cuerpo –nada de santuarios, por favor– fue casi tan grotesca como el hombre y su perversa organización.
Los estadunidenses estaban ebrios de alegría. David Cameron lo llamó un enorme paso adelante
. India lo describió como un hito victorioso
. Un triunfo resonante
, alardeó el primer ministro israelí Netanyahu. Pero, luego de 3 mil estadunidenses asesinados el 9/11, incontables más en Medio Oriente, hasta medio millón de víctimas mortales en Irak y Afganistán y 10 años empeñados en la búsqueda de Bin Laden, oremos por no tener más triunfos resonantes
.
¿Ataques en represalia? Tal vez ocurran, de los grupúsculos en Occidente que no tienen contacto directo con Al Qaeda. A no dudarlo, alguien sueña ya con una brigada del mártir Osama Bin Laden
. Tal vez en Afganistán, entre los talibanes. Pero las revoluciones de masas de los cuatro meses pasados en el mundo árabe significan que Al Qaeda ya estaba políticamente muerta. Bin Laden dijo al mundo –de hecho me lo dijo en persona– que quería destruir los regímenes pro occidentales en el mundo árabe, las dictaduras de los Mubaraks y los Ben Alís. Quería crear un nuevo califato islámico. Pero en estos meses pasados, millones de árabes musulmanes se levantaron, dispuestos al martirio, pero no por el islam, sino por democracia y libertad. Bin Laden no echó a los tiranos: fue la gente. Y la gente no quería un califa.
Tres veces me reuní con el hombre y sólo me quedó una pregunta por hacerle: ¿qué pensaba al observar cómo se desenvolvían esas revoluciones este año, bajo las banderas de naciones, más que del islam, cristianos y musulmanes juntos, personas como a las que sus hombres de Al Qaeda les encantaba reventar?
A sus ojos, su logro fue crear Al Qaeda, institución que no tenía tarjeta de membresía. Bastaba levantarse una mañana queriendo ser de Al Qaeda, y ya lo era. Él fue el fundador, pero nunca un guerrero en batalla. No había una computadora en su cueva, ni hacía llamadas para que detonaran las bombas. Mientras los dictadores árabes gobernaban sin que nadie les hiciera frente, con nuestro apoyo, evitaron hasta donde les fue posible condenar la política de Washington; sólo Bin Laden lo hacía. Los árabes nunca quisieron estrellar aviones en altos edificios, pero admiraban al hombre que decía lo que ellos querían decir. Pero ahora, cada vez más, pueden decirlo. No necesitan a Bin Laden. Se había vuelto un don nadie.
Hablando de cuevas, la desaparición de Bin Laden arroja una luz sombría sobre Pakistán. Durante meses, el presidente Alí Zardari nos había estado diciendo que Osama vivía en una cueva en Afganistán. Ahora resulta que vivía en una mansión en Pakistán. ¿Traicionado? Claro que sí. ¿Por los militares o por los servicios de inteligencia de Pakistán? Es muy probable que por los dos. Pakistán sabía dónde estaba.
Abbottabad no sólo es hogar del colegio militar de ese país –la ciudad fue fundada por el mayor James Abbott del ejército británico en 1853–, sino también cuartel de la segunda división del cuerpo del ejército del norte. Apenas hace un año busqué una entrevista con uno de loscriminales más buscados
, el líder del grupo responsable de las masacres de Bombay. Lo encontré en la ciudad paquistaní de Lahore, resguardado por policías paquistaníes armados con ametralladoras.
Desde luego, hay una pregunta de lo más obvia sin respuesta: ¿no podrían haber capturado a Bin Laden? ¿Acaso la CIA o los Seals de la Armada o las fuerzas especiales o cualquier cuerpo estadunidense que lo haya matado no tenía los medios para arrojarle una red al tigre? Justicia
, llamó Barack Obama a esta muerte. En los viejos tiemposjusticia
significaba proceso debido, un tribunal, una audiencia, un defensor, un juicio. Como los hijos de Saddam Hussein, Bin Laden fue muerto a tiros. Claro, él jamás quiso que lo atraparan vivo... y había sangre a raudales en la habitación donde murió.
Pero un tribunal habría preocupado a muchas más personas que a Bin Laden. Después de todo habría podido hablar de sus contactos con la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán o de sus acogedoras reuniones en Islamabad con el príncipe Turki, jefe de la inteligencia de Arabia Saudita. Así como Saddam Hussein –quien fue juzgado por el asesinato de sólo 153 personas y no por los miles de kurdos gaseados– fue ahorcado antes de que tuviera oportunidad de contarnos sobre los componentes del gas llegados desde Estados Unidos, sobre su amistad con Donald Rumsfeld o la asistencia militar que recibió de Washington cuando invadió Irán, en 1980.
Resulta extraño que Bin Laden no fuera el criminal más buscado
por los crímenes internacionales de lesa humanidad del 11 de septiembre de 2001. Ganó su estatus del viejo oeste por ataques anteriores de Al Qaeda a embajadas de Estados Unidos en África y al cuartel del ejército de ese país en Durban. Siempre estaba a la espera de los misiles de crucero… también yo cuando me reuní con él. Había esperado la muerte antes, en las cuevas de Tora Bora en 2001, cuando sus guardaespaldas se negaron a dejarlo presentar resistencia y lo obligaron a cruzar a pie las montañas hacia Pakistán. De seguro pasó algún tiempo en Karachi; estaba obsesionado con esa ciudad: hasta me dio fotografías de grafitis de adhesión a su causa en los muros de la antigua capital paquistaní, y elogiaba a los imanes locales.
Sus relaciones con otros musulmanes eran un misterio. Cuando me reuní con él en Afganistán, en un principio tenía miedo del talibán y se negó a dejarme ir a Jalalabad de noche desde su campamento: me entregó a sus lugartenientes de Al Qaeda para que me protegieran en el viaje al día siguiente. Sus seguidores odiaban a los musulmanes chiítas por herejes; para ellos todos eran dictadores e infieles, aunque Bin Laden estaba dispuesto a cooperar con los ex baazistas iraquíes contra los ocupantes estadunidenses de su patria y lo dijo así en una grabación de audio que la CIA típicamente pasó por alto. Nunca elogió a Hamas y apenas si era digno de la definición de guerrero sagrado
que ese grupo le dedicó este lunes, la cual llegó, como de costumbre, directamente a manos israelíes.
En los años posteriores a 2001, tuve una débil comunicación indirecta con Bin Laden. Una vez me reuní con uno de los socios en los que confiaba en Al Qaeda, en una ubicación secreta en Pakistán. Escribí una lista de 12 preguntas, la primera de las cuales era obvia: ¿qué clase de victoria podía proclamar, cuando sus acciones condujeron a la ocupación por Washington de dos naciones musulmanas? Durante semanas no hubo respuesta. Luego, un fin de semana, cuando esperaba para dar una conferencia en San Luis Misuri, en Estados Unidos, me dijeron que Al Jazeera acababa de difundir una nueva cinta de Bin Laden. Y una a una –sin mencionarme– contestó mis 12 preguntas. Y sí, quería que los estadunidenses fueran al mundo musulmán… para así poder destruirlos.
Cuando Daniel Pearl, periodista delWall Street Journal, fue secuestrado, escribí un largo artículo en The Independent, en el que suplicaba a Bin Laden que le salvara la vida. Pearl y su esposa me cuidaron cuando fui golpeado en la frontera afgana, en 2001; él incluso me dio el contenido de su libro de contactos. Mucho tiempo después me dijeron que Bin Laden había leído mi reporte con tristeza. Pero Pearl ya había sido asesinado. O eso dijo Osama.
Las obsesiones de Bin Laden infestaron a su familia. Una esposa lo dejó, otras dos parecen haber muerto en el ataque estadunidense del domingo. Conocí a uno de sus hijos, Omar, en Afganistán, en 1994; estaba con su padre. Era un niño guapo y le pregunté si era feliz. Sí
, me respondió en inglés. Pero el año pasado publicó un libro llamado Living Bin Laden, en el que, al describir cómo su padre mató a los perros que él amaba en un experimento de guerra química, lo llamó un hombre malvado
. En ese libro también recordó nuestro encuentro, y concluyó que debió haberme dicho que no era un niño feliz.
Para el mediodía de este lunes ya había yo recibido tres llamadas telefónicas de árabes, todos seguros de que los estadunidenses mataron al doble de Bin Laden, igual que muchos iraquíes creen que los hijos de Saddam Hussein no perecieron en 2003, y que el propio Saddam tampoco fue ahorcado. A su debido tiempo, Al Qaeda nos lo dirá. Por supuesto, si todos estamos equivocados y era un doble, veremos un video más del verdadero Bin Laden… y el presidente Obama perderá la próxima elección.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
l pasado 15 de abril tuvo lugar en Mérida, Yucatán, una reunión del Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines (CUPIA), que es el cuerpo colegiado más importante de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). CUPIA agrupa a todas las universidades públicas del país, así como a otros instituciones de educación superior (ES), como el IPN, el Cinvestav, El Colegio de México, un número significativo de los llamados Centros-Conacyt y de los Tecnológicos. Con mucho, es el conjunto que se ocupa y preocupa por la educación superior de México.
El discurso que ahí pronunciara el subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán, es una propuesta que, si es recogida por el candidato oficial del PAN, pondrá una cota extraordinariamente alta al resto de los partidos en el tema de la ES, lo cual, en verdad, es para felicitarnos.
Tuirán se ha hecho eco de otras voces que han insistido en que la educación superior del país no se corresponde con el presente y menos con el futuro de México. Entre esas voces el subsecretario destacó la insistente voz del doctor José Narro, rector de la UNAM. Menos aún se corresponde con la sociedad del conocimiento de nuestros días en los países desarrollados y en los que están rumbo al desarrollo, ni en términos de formación de cuadros, ni en términos de investigación científica y tecnológica; todavía menos aún –salvo en puntos muy contados–, con una articulación profunda entre la generación de conocimiento y todos los sectores de nuestra maltrecha geografía física y social.
Tuirán refiere los avances recientes de la cobertura y hace su propuesta central: “Todos estamos de acuerdo en que la cobertura actual no es la que cabría esperar del grado de desarrollo ni de las expectativas y aspiraciones de los mexicanos. Este hecho obliga a redoblar el paso para ampliar el acceso de los jóvenes a la educación superior.
“Estamos frente a dos senderos que necesariamente se bifurcan: uno de ellos es el de la inercia y el conformismo. Si seguimos avanzando al ritmo en el que lo hemos hecho en los últimos veinte años, sumaríamos, anualmente, menos de un punto porcentual a la cobertura total (0.8 por ciento). Así, llegaríamos en 2020 a 38.5 por ciento y en 2030 a 46.5 por ciento. Por el contario, si optamos por senderos más exigentes, México podría entrar de lleno al estadio de la universalización de la educación superior en las siguientes dos décadas. Bajo estos escenarios, la cobertura podría alcanzar una cobertura de entre 48 y 60 por ciento en 2020 y de entre 66 y 83 por ciento en 2030. Este esfuerzo nos colocaría en el nivel de cobertura de los países más desarrollados.
“No tengo duda acerca de cuál es el sendero que mejor refleja las aspiraciones de México. Debemos lograr en el mediano plazo la proeza de universalizar la educación superior…; [lo que] exige realizar esfuerzos inéditos en la historia de nuestro país: lograr en diez años el equivalente a lo que nos tomó alrededor de 40 años o más. Las metas de crecimiento propuestas son razonables, considerando tanto nuestras capacidades institucionales, como las experiencias de otros países.”
Es verdad: es eso exactamente lo que tiene que hacer este país, y lo que vuelve altamente significativa la propuesta es que la haga la voz oficial institucional de mayor jerarquía en la materia en el seno del gobierno federal. Nadie, de los gobernantes de México (Ejecutivo y Legislativo) puede volver la cara hacia otro lado como para no enterarse. Gobernantes de hoy o de mañana, junto con las instituciones de educación superior deben llevar a cabo, sin descanso, esta inmensa tarea factible.
Corea aumentó 3.4 puntos cada año entre 1990 y 2008. En el mismo lapso, la cobertura en Venezuela y Finlandia aumentó 2.8 puntos, y en Australia, Nueva Zelanda, Portugal, Italia y Chile la expansión fluctuó entre 2 y 2.3 puntos. Estos países han alcanzado ya la etapa de una práctica universalización de la ES.
Enuncio las condiciones que entrevé Tuirán: 1) lograr un consenso generalizado acerca de la importancia de la educación para el desarrollo social y económico; 2) construir una visión compartida de la educación superior; 3) impulsar acuerdos entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo; 4) lograr mayor corresponsabilidad de las entidades federativas; 5) dar certidumbre jurídica a las metas deseadas.
Enuncio también las tareas centrales planteadas. Resulta necesario consolidar un sistema de educación superior integrado y flexible. Se requiere garantizar el financiamiento suficiente para las instituciones educativas; lograr los escenarios de matrícula planteados implicaría recursos adicionales anuales de entre 6 mil y 10 mil millones de pesos, sin considerar las inversiones en infraestructura. Es imprescindible el fortalecimiento de la educación media superior. Es una exigencia la formación de más y mejores profesores. Es preciso repensar la estructura de incentivos para avanzar en los propósitos de la equidad. Es imperativo fortalecer la cultura de la evaluación. Es impostergable avanzar hacia la convergencia regional en cobertura. Es una exigencia revisar los modelos de gestión y administración de las instituciones de educación superior. Se requiere ampliar la base de recursos propios de las instituciones.
México no puede esperar más.
ste 8 de mayo tomará las calles un vigoroso y naciente movimiento ciudadano contra la violencia y la militarización del país. Convocadas por el poeta Javier Sicilia, miles de personas darán vida a un movimiento inédito, genuino y vigoroso de rechazo explícito a la inseguridad pública, la impunidad y la fracasada guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón.
La marcha de este 8 de mayo no tiene nada que ver con realizada en junio de 2004. La movilización de 2004 fue promovida por los grandes medios de comunicación electrónicos y por algunos periódicos. En nombre de la seguridad se convirtió, en los hechos, en una iniciativa para construir un polo social contra Andrés Manuel López Obrador. A las protestas le siguió el desafuero del jefe de Gobierno de la ciudad de México.
Las figuras visibles de la jornada de lucha de aquel entonces fueron personajes de la iniciativa privada víctimas de la inseguridad. Más allá de su legítimo dolor, muy pronto se convirtieron en interlocutores del gobierno federal en asuntos relacionados con la inseguridad pública. Con rapidez, su visión del mundo y su red de intereses terminaron convirtiéndolos en piezas funcionales de la estrategia gubernamental de turno.
El ¡Estamos hasta la madre!
de Javier Sicilia camina en otra dirección. Sin ambigüedad, cuestiona simultáneamente a los criminales y al gobierno. Apela a la indignación, no para cabildear con el poder, sino para movilizar a la sociedad. No cuenta con el padrinazgo de los grandes medios de comunicación electrónicos. Es la expresión más acabada del hartazgo ciudadano ante la violencia criminal y la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón.
Como un río que a su paso se nutre de diversos afluentes, su ¡ya basta! confluye y retoma la trayectoria seguida en los últimos años por las kaminatas contra la muerte en Ciudad Juárez y Chihuahua; las protestas de los padres de familia de las víctimas de la guardería ABC en Sonora; la campaña No más sangre
; la acción de los seguidores de Benjamín Le Baron –la figura carismática de la comunidad mormona, asesinado en Chihuahua– y las movilizaciones del sacerdote Alejandro Solalinde en favor de inmigrantes indocumentados.
Las kaminatas contra la muerte son acciones simultáneas que se realizan en Ciudad Juárez y en Chihuahua cada viernes por la tarde. Llaman a la organización y protestan contra la militarización. No están ni con los grupos de narcotraficantes ni con el Estado. Tan sólo hasta el pasado 12 de febrero se habían efectuado 30 de ellas. Apenas el 29 de octubre, la Policía Federal reprimió en Juárez una de esas manifestaciones y le disparó por la espalda al estudiante Darío Álvarez Orrantes.
Uno de los asistentes, el profesor Willivaldo Delgadillo, contó lo sucedido: “Yo estuve en esa marcha con mi hijo de 12 años. Lo llevé porque la Kaminata es un ejercicio ciudadano pacífico y necesario ante la debacle humanitaria que se vive aquí. No quiero que mi hijo se acostumbre a la violencia ni a la impunidad. Sin embargo, al final de la marcha llegaron los federales en trespick-ups; eran aproximadamente 24 elementos. Dispararon por lo menos en cinco ocasiones, en dos tandas; el ataque fue deliberado. Unos minutos más tarde un helicóptero empezó a sobrevolar el campus universitario. Es evidente que se trata de una embestida contra la protesta social. El mundo debe saber que en Juárez la única guerra que hay es contra los jóvenes y contra los más vulnerables. La supuesta guerra contra el narcotráfico es tan sólo un buen negocio más del régimen. Aun así, hoy saldremos a marchar de nuevo”.
A raíz de esa agresión, grupos de estudiantes de educación superior de UNAM, UACM e IPN han efectuado movilizaciones en la ciudad de México para denunciar los sistemáticos crímenes contra estudiantes. Una de esas protestas, realizada en la UNAM, reunió a 7 mil estudiantes. Con veladoras encendidas dibujaron un mapa de México. De allí surgió la Coordinadora Metropolitana Contra la Militarización y la Violencia (Comecom).
El sacerdote Alejandro Solalinde Guerra es coordinador de la Pastoral de la Movilidad Humana en Zona sur-Pacífico. Ha enfrentado un permanente acoso y agresiones directas tanto de autoridades locales como de grupos ligados al crimen organizado. Su delito
es mantener abierto un albergue que ofrece techo y comida de manera temporal a los migrantes que viajan en ferrocarril rumbo al norte. En 2008, el alcalde de Ixtepec, 14 policías y tres decenas de personas amenazaron a Solalinde con prender fuego al albergue si no lo cerraba en 48 horas. En varias ocasiones ha estado preso.
En 2009, la comunidad mormona disidente de Le Baron, en Galeana, Chihuahua, se movilizó para exigir la libertad del joven Erick Le Baron, secuestrado por una banda criminal. Poco después, un comando fuertemente armado, con capuchas, cascos y chalecos, asesinó a Benjamín Le Baron y a su cuñado Luis Widmar. Bejamín era empresario, activista de su comunidad, organizador de una policía comunitaria, líder de su iglesia local y, en estos días de lucha, dirigente de la comunidad en lucha contra el crimen organizado. El gobierno nunca le dio protección.
Un parteaguas en este proceso de organización del descontento fue la campaña No más sangre
, convocada el pasado 10 de enero por un grupo de caricaturistas encabezados por Eduardo del Río, Rius. Sumándose a su convocatoria, miles de personas han tomado las calles para protestar. El objetivo de la iniciativa, según el monero, es hacerle ver al gobierno que estamos hasta la madre de vivir está situación de angustia y temor generalizado. Esperamos que la gente se una a esta campaña y deje de estar cruzada de brazos viendo a ver cuándo se le ocurre al gobierno parar esta absurda guerra que no está sirviendo para nada
.
Muchos de quienes marcharán este 8 de mayo piensan que multitud de homicidios perpetrados en los últimos años de guerra contra el narcotráfico
fueron cometidos contra personas desarmadas, sin que se hubieran provocado riñas o enfrentamientos. No fueron asesinatos acaecidos por la lucha abierta entre cárteles de las drogas, ni provocados por el enfrentamiento del Ejército y las policías contra bandas del crimen organizado. Fueron crímenes cometidos en un país que vive en muchas regiones un estado de sitio no decretado, patrulladas día y noche por miles de efectivos policiacos y militares. Por eso exigen que se detenga ya la acción de las bandas criminales y la militarización del país.
egún el viejo chiste, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial un joven en uniforme nazi se disponía a asesinar de manera rutinaria a un polaco fichado por la Gestapo. Entonces, bajó del cielo un ángel y le dijo al oído al matarife:
–No lo hagas.
–¿Por qué no? –respondió el nazi–. Es sólo un polaco.
–Ese hombre está destinado a ser Papa –explicó la aparición.
–Y eso, ¿a mí qué? –se impacientó el joven asesino.
–Que tú vas a heredar el cargo, idiota –dijo el ángel, y desapareció.
Pasada aquella conflagración, las derechas fascistas y las no tanto se unieron frente a un nuevo enemigo común y bajo las banderas del anticomunismo. Decenas de criminales de Estado del Tercer Reich encontraron refugios fáciles gracias a los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Inglaterra, a todo mundo se le olvidó la portentosa contribución de Daimler Benz en la construcción de la máquina alemana de exterminio y a Franco le fueron perdonadas sus estrechas amistades con Hitler y Mussolini a cambio de que cediera a Washington unos pedazos de territorio español para instalar allí bases militares. Esa entente discreta hizo posible, entre otras cosas, que un viejo nazi austriaco, Kurt Waldheim, ocupara la Secretaría General de la ONU y unió a los protagonistas del chiste (la situación es apócrifa, pero verosímil) en una línea sucesoria de conservadurismo extremo en el interior de la Iglesia católica. El que fuera joven nazi acabó beatificando al resistente polaco que destacó, más que como pontífice, como uno de los principales dirigentes políticos de la derecha mundial en el último cuarto del siglo XX. Y es que Joseph Ratzinger no sólo le debe la carrera al fallecido, sino que vive y vivirá bajo su sombra y seguirá medrando –no es el único– del formidable capital mediático acumulado por Karol Wojtyla.
Dicen los que saben que, como teólogo, el alemán tiene más gracia que el polaco. Pero esta beatificación exprés y aparentemente disparatada –¿alguien cree realmente en los milagros de Juan Pablo II?– no es asunto de religión, sino de posicionamiento y marketing.
La ceremonia del domingo fue una oportunidad para vender autoridad empacada de manera engañosa como santidad. La restauración mundial de la que Wojtyla fue coprotagonista –del brazo de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Augusto Pinochet– se ha quedado sin fachadas y hoy se presenta como lo que siempre fue: un proyecto de ambición mundial, corte totalitario y declinaciones criminales en guerras de saqueo colonial, mafia y narcotráfico, lavado masivo de dinero, privatizaciones corruptas, endoso de poder político al empresarial, allanamiento de las soberanías, pensamiento único. En ese contexto, el hoy beatificado se erigió en cruzado medieval contra las libertades y las soberanías individuales, la diversidad sexual, la ciencia, los derechos de las mujeres, la teología de la liberación y sus adeptos, las comunidades eclesiales de base, las campañas de prevención del sida, el Estado laico y los movimientos progresistas en general. También solapó, con plena conciencia, a delincuentes como Marcial Maciel, no necesariamente porque aprobara las prácticas pederastas, sino porque la Legión de Cristo era (y es) una mina de influencias y de dinero. Ah, pero Juan Pablo II era tan encantador...
Casualmente, tras el baño de beatitud oficiado en Roma, el domingo se vio felizmente coronado por la destrucción del Maligno, y la jornada informativa adquirió, con ello, aires de auto sacramental. La venturosa muerte de Osama Bin Laden es rumor desde el 26 de diciembre de 2001, cuando Fox News reportó que el gran terrorista había fallecido pacíficamente, a consecuencia de una complicación pulmonar, en las montañas afganas de Tora Bora. Un lustro después, en septiembre de 2006, la prensa francesa dio a conocer un memorando secreto de los servicios de inteligencia de su país en el que se informaba de la muerte del cabecilla en Pakistán. En noviembre de 2007, unos meses antes de su asesinato, la política paquistaní Benazir Bhutto se refirió, en una entrevista concedida a la BBC, a un tal Omar Sheij, el hombre que mató a Osama Bin Laden
. Anteayer, por enésima vez, el presidente de Estados Unidos lo dio por muerto. Ap difundió,urbi et orbi, una supuesta foto del cadáver que data de 2006, o antes, cuando el terrorista más buscado del mundo fue acribillado no mediante cuerpos especiales de la infantería de marina, sino por medio del photoshop. Después, Washington informó que el cadáver del saudita satánico había sidoenterrado en el mar
, en un funeral islámico
. Y ya.
Fue un domingo intenso y ameno, pero en el cielo no cambiará nada y en la Tierra tampoco.
navega...@yahoo.com -http://navegaciones.blogspot.com -http://Twitter.com/Navegaciones
A
mérica puede hacer lo que se proponga. Esa es la historia de nuestro país. Somos una nación, bajo Dios, indivisible con libertad y justicia para todos
, este fue el mensaje fundamentalista del presidente Barack Obama, al anunciar que Osama Bin Laden había sido asesinado por tropas estadounidenses, que actuaron sin previa autorización del gobierno de Pakistán, el país donde realizaron su operación ilegal.
La sigilosa operación, que demandó movilizar helicópteros y tropas, se realizó en la localidad de Abbottabad, a unos 50 km de la capital paquistaní, según explicó el presidente Obama y precisó que había durado 40 minutos y que murieron otras cuatro personas, dos correos de Bin Laden y un hijo del líder fundamentalista.
Obama también había dicho que sus tropas tenían el cadáver, que según los informes registraba un balazo en la cabeza-tiro de gracia- y además se había detenido a dos mujeres y algunos de sus hijos, que por supuesto nadie sabrá donde están, como los detenidos-desaparecidos en Guantánamo o en cualquiera de sus cárceles secretas, que conforman una de las mayores violaciones a los derechos humanos.
Pero esta “mañana medios estadounidenses anunciaron que el cadáver de Bin Laden fue arrojado al mar, señalando que
la Operación llevada a cabo por un comando especializado, fue planeada y realizada en el más alto secreto y el gobierno paquistaní no fue informado hasta después de que tuviera lugar” (Télam 3 de mayo 2011 y otras agencias).
El cuerpo del jefe de Al Qaida fue sacado de la residencia en helicóptero y sepultado luego en alta mar, siguiendo los ritos musulmanes, informaron fuentes oficiales estadounidenses
, en un final especial de novela negra.
Las cuidadosas
tropas de Estados Unidos, especializadas en todo tipo de torturas, que en su momento Bush justificó públicamente, han sepultado
en el mar a Bin Laden cumpliendo nada menos que un rito
musulmán. Cualquier simple inspector de policía sospecharía de este final.
El atropello de la legislación internacional en Pakistán es más que evidente y responde a aquel anuncio apocalíptico de George W,Bush en 2001 donde declaraba al mundo unilateralmente la guerra preventiva, sin final y sin fronteras
, anulando en su perspectiva –que hoy rescata Obama- la soberanía de todos los países del mundo.
Se dijo que Bin Laden resistió el ataque durante una hora antes de ser abatido por las fuerzas de elite estadounidenses y al respecto y según informó la cadena CNN, la misión del comando era la de matar al líder de Al Qaeda y no la de apresarle
(Télam 2-5-11)
Por su parte la Comisión Europea (CE) consideró que su posiciónfavorable
a la muerte de Osama Bin Laden por las fuerzas estadounidensesno contradice los valores y principios de la Unión Europea (UE), que aboga por la libertad, la democracia y el fin de la pena de muerte a escala mundial
.
Y continúa “no es la ejecución de una sentencia a muerte. Seguiremos estando en contra de la pena de muerte en el futuro", como declaró la portavoz comunitaria, Pia Ahrenkelde, al ser interrogada al respecto en rueda de prensa, según un cable de la agencia mexicana Notimex (2-5-11)
Pero por supuesto, alineada casi podría decirse colonizadamente con Washington, la CE remataba que "sin duda, su muerte está dentro del contexto de los esfuerzos globales para erradicar el terrorismo" y su vocera consideró que esto "hace que el mundo en el que vivimos sea más seguro aunque no implica el fin del terrorismo”.
Se le olvidó mencionar también que en otro lugar llamado Libia, se había matado a un hijo y a los nietos de un gobernante y a centenares de personas, mediante bombardeos absolutamente ilegales, porque la misión de la ONU , también ilegal porque se tomó sin esperar los informes de situación y sin analizar la presencia de extranjeros en territorio libio, era la exclusión aérea
para evitar bombardeos que dañaran a la población civil.
Me atrevería a asegurar que nadie sabe a ciencia cierta que el cadáver con un disparo en la cabeza que deforma los rasgos hasta puntos irreconocibles sea el de Bin Laden. Y si lo arrojaron al mar será imposible saberlo.
Como nos han mentido en forma constante, incluso con la verdadera génesis del derrumbe de las Torres Gemelas en septiembre de 2001, tenemos todo el derecho a ponerlo en duda aunque Washington diga que el ADN certificó que es Bin Laden.
Se mintió descaradamente para invadir y ocupar IraK, se mintió de la misma manera sobre la supuesta gran rebelión popular contra Muammar El Khadafi en Libia, ya que luego por propia confesión de Obama y de acuerdo a The New York Times, agentes de la CIA fueron desplegados a fines de 2010 en Libia para contactar a los (presuntos) rebeldes y guiar los ataques de la coalición
(30-3-11).
De acuerdo al periódico “los miembros de la central de inteligencia estadounidense habrían sido desplegados desde hace varias semanas en pequeños grupos
en tierras libias, con la misión de establecer contacto
con los rebeldes y determinar blancos
de las operaciones militares. Decenas de miembros de las fuerzas especiales británicas y de agentes de espionaje MI6 trabajan en Libia
, dice el periódico, recogiendo información sobre las posiciones y movimientos de las fuerzas leales a Gaddafi”.
Aañade que los empleados de la CIA son un número no conocido de funcionarios estadounidenses del servicio secreto que ya trabajaban en Trípoli o llegaron recientemente
cita un artículo de Patria Grande tomando la fuente de The New York Times (Socia...@yahoogroups.com, 3 de marzo de 2011)
La novela negra de la guerra antiterrorista
cuyo mando está en las manos de los mayores terroristas que conozca la humanidad, sin frenos, sin respeto a ninguno de los derechos establecidos, que acabaron con la credibilidad que alguna vez tuvieron las Naciones Unidas, a la vez que perpetraron con argumentos falsos el primer genocidio del Siglo XXI-más de un millón de muertos en condiciones atroces en Irak y Afganistán que nadie juzga- sigue creciendo cada día.
Nunca tan similar esta doctrina del imperio a las fronteras seguras
por medio de las cuáles Adolfo Hitler amenazaba a una buena parte del mundo, desconociendo soberanías y derechos internacionales.
Nuevamente estamos antes una enorme operación publicitaria de Washington en la que Estados Unidos intenta lograr que la atención pública se despegue de su brutal y reciente operación en Libia, matando niños.
Para esto nada mejor que una puesta en escena, similar a las que lograba Hitler en pleno auge del nazismo, cuando convocaba al pueblo alemán, sometido a la siniestra desinformación, planeada como un arma de dominación y paralización de esa población, por Joseph Goebbels, hoy multiplicado por miles y miles de sus imitadores que lo han superado largamente de la mano de la dictadura global de la desinformación.
Por supuesto en el anuncio con bombos y platillos de que finalmente después de 10 años mataron a Bin Laden, no recordaron que este había sido- y nadie sabe si seguía siéndolo- un hombre ligado a la CIA , quien bajo ese comando creó a los llamados talibanes
de Al Qaeda, para combatir con guerrillas apoyadas por Estados Unidos a los soviéticos en Afganistán, en tiempos de la Guerra Fría.
Bin Laden y su familia fueron socios de grandes negocios de la familia Bush, y esta historia fue magníficamente contada por el cineasta estadounidense Michael Moore.
La incógnita sobre la verdad de estos hechos nos acompañará siempre o algún tiempo, el suficiente como para que ya sea un hecho consumado la invasión de todos los países que decida ocupar el imperio bajo el mandato de queAmérica puede hacer lo que se proponga
aunque sea acabar con la humanidad.
Primera pregunta polémica sobre la muerte de Osama bin Laden: ¿se trata de una buena noticia? Yo creo que sí y explico por qué.
Sé que no es grato ni políticamente correcto decir que la muerte de un ser humano es una buena noticia. Pero hay que recordar quién era este canalla: un rufián asesino de la peor calaña. En el mundo bipolar de antes, Bin Laden comenzó su lucha contra los soviéticos en Afganistán. Estados Unidos lo apoyó. Pero cuando cayó la Unión Soviética, se fue en contra de su otrora aliado declarándole una “guerra santa”. Fundó Al-Qaeda para tal propósito. Desde entonces, dicha organización ha realizado actos terroristas que han dejado más de cuatro mil muertos.
El más sangriento y espectacular fue el perpetuado el 11 de septiembre de 2011 en Nueva York y Washington que dejó un total de tres mil muertos. Pero ha habido otros ataques muy violentos como el de Indonesia en 2002 con 202 víctimas fatales; el de Madrid en 2004 donde murieron 191 personas; el que realizaron en transportes públicos en Londres en 2005 que dejó 54 víctimas mortales; además de múltiples atentados en Irak, desde que Estados Unidos invadió ese país en 2003, con decenas de muertos civiles. El terrorismo ejercido por Bin Laden y sus acólitos, en contra de aquellos que no comparten su ideología política y convicciones religiosas, ha dejado miles de muertos y heridos.
Desde luego que, para los que creemos en los valores de la democracia liberal, lo ideal hubiera sido la detención y el juicio de Bin Laden en un tribunal imparcial. Muy probablemente lo hubieran sentenciado a la pena capital aplicando la ley que impera en diversos países donde llevó a cabo sus atentados terroristas. Repito: eso hubiera sido lo ideal. Pero no fue así. De acuerdo al gobierno estadunidense, el terrorista se resistió en el operativo de las tropas de EU y murió en el enfrentamiento.
No peco de ingenuo. Supongo que Estados Unidos no tenía muchos ánimos de llevar a juicio a Bin Laden. Tan sólo hay que imaginar los múltiples dolores de cabeza que este proceso hubiera generado. Lo más fácil y expedito era —y ha sido— matarlo y echar su cuerpo al mar.
No es lo ideal pero, aunque suene desagradable y políticamente incorrecto, la muerte de este personaje siniestro es una buena noticia para aquellos que estamos en contra del terrorismo como forma de hacer política. Lo cual me lleva a una segunda pregunta polémica: ¿es la muerte de Bin Laden un acto de justicia?
Difícil de contestar. Lo ocurrido parece más un acto de venganza que de justicia. Sin embargo, con su muerte, creo que algo de justicia han de sentir los que perdieron a algún ser querido en los atentados terroristas que llevó a cabo este hombre que desdeñaba el valor de la vida. Habría que preguntarle a familiares de los muertos y los heridos en Nueva York, Washington, Madrid, Londres, Bali, Nairobi, Dar-es-Salaam, Manila, Estambul, Amman y múltiples poblados en Irak lo que piensan: si hoy se sienten más reconfortados porque el terrorista detrás de los ataques que mataron a sus seres queridos ha sido ejecutado por un comando militar.
El concepto de justicia que aplico es, sin duda, primitivo. Está basado en el principio de “el que la hace, la paga”. Bin Laden pagó con su vida todas las vidas que él segó. ¿Es justo? En un nivel simple, creo que sí. Y acepto que esta definición rudimentaria de justicia poco tiene que ver con valores más sofisticados que hemos desarrollado en las democracias liberales de Occidente. Se trata de una justicia primaria, retributiva, de ley del talión, que ya hemos superado porque, como decía Gandhi, “ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”.
Insisto: lo ideal hubiera sido llevar a juicio a Bin Laden. Pero muchas veces lo ideal no se da en la realidad. Aquí tenemos un terrorista abatido por un comando militar y, eso, aunque no ha sido la mejor solución, es una buena noticia y un acto de justicia básico para las víctimas de este canalla.
Con la caída del líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, el narcotraficanteJoaquín El Chapo Guzmán se ha convertido en el hombre más buscado en el mundo por las autoridades estadunidenses, cuando menos eso dicen sus listas públicas. Hace diez años, El Chapo se fugó del penal de Puente Grande para convertirse en uno de los narcotraficantes más importantes del planeta. En septiembre hará diez años que Bin Laden se convirtió en el terrorista más buscado, luego de los ataques del 11-S, pero en realidad ya estaba catalogado de ese modo desde tiempo atrás, aunque se creía que no podía realizar ataques de esa magnitud.
Para comprender lo complejo que es dar un golpe así hay que reseñar rápidamente cómo se llegó a Bin Laden. En 2001 se lanzó un enorme operativo militar en las montañas y cuevas de Tora Bora, en Afganistán.Bin Laden escapó con vida y se le perdió el rastro. Hubo una hebra de información hace cuatro años, cuando un detenido en Guantánamo confesó conocer a uno de los mensajeros de Bin Laden. Tardaron más de dos años en localizar a este hombre y a su hermano en Pakistán. Siguiéndolo durante año y medio llegaron a una mansión en el residencial barrio de Abottabad, un lugar de lujo, donde los vecinos compartían con la familia Bin Laden un campo de golf, un complejo de tiendas y hasta un campo de entrenamiento del ejército pakistaní. La mansión se distinguía porque era fortificada, tenía paredes muy altas, casi no contaba con ventanas y tenía sólo dos puertas de entrada. Pero, además, no tenía conexión para internet ni teléfono.
En agosto pasado, hace ya casi diez meses, la inteligencia estadunidense supo que allí vivía Bin Laden, desde entonces comenzaron a checar la información. Apenas en marzo pasado le confirmaron al presidente Obama que tenían localizado a Bin Laden y desde entonces comenzó a planearse el operativo en el que un pequeño grupo de elementos de las tropas de élite del ejército estadunidense acabó en 40 minutos con Bin Laden, recuperaron su cadáver y lo arrojaron al mar, luego de que Arabia Saudita había rechazado recibirlo.
Si se quiere detener al Chapo Guzmán, esté escondido como dicen en el Triángulo Dorado, que es algo así como nuestras cuevas de Tora Bora, o en un complejo residencial de cualquier gran ciudad, como vivía Bin Laden, se tendrá que contar con una operación similar. Se requirieron años de trabajo de inteligencia, una paciencia que trascendió dos administraciones presidenciales y distintos mandos en el ejército y la CIA, para dar el golpe final a Bin Laden. Su caída demuestra que las instituciones y las estrategias de seguridad, cuando se habla de objetivos tan importantes, no pueden depender de cuestiones coyunturales, que un golpe de esas características no se construye del día a la noche y no depende de la buena suerte. Que la protección de la que gozan estos personajes siempre es de fuerzas locales y que se requerirán, por lo menos en nuestro caso, estrechas colaboraciones internacionales, para alcanzar el objetivo deseado.
Y eso se aplica para El Chapo Guzmán y los otros cinco o seis personajes clave del narcotráfico en México, algunos de los cuales no necesariamente están viviendo dentro del territorio nacional… comoOsama no estaba en las cuevas de Afganistán.
¿Pasarela u ocurrencia?
Se llevaron la foto y muchas notas de prensa. Fueron el primer partido en mostrar abiertamente a sus precandidatos. Pero la presentación y el seudodebate (una intervención de unos pocos minutos de cada aspirante no es un debate) de los siete precandidatos del PAN no pareció tener demasiada sustancia más que reemplazar la presencia presidencial (Felipe Calderón había viajado a Roma) en un acto partidista.
Lo cierto es que los precandidatos fueron avisados con muy poca antelación. No sabían bien a bien a qué iban, se les dijo que podían llevar a diez personas cada uno y algunos llegaron con contingentes y hasta con playeras con sus nombres. No hubo ninguna reunión previa para organizar el evento ni reglas del juego, por eso no hubo ninguna línea más que decir que iban juntos para enfrentar al PRI. Tampoco se ha planeado nada de lo que ocurrirá después, o por lo menos desde ahora hasta noviembre, cuando se emitirá la convocatoria interna para la selección de candidatos con miras a 2012.
La foto funcionó y se disiparon algunas dudas (es la primera vez que públicamente, por ejemplo, Ernesto Cordero aparece como precandidato, o que Emilio M. González se presenta como precandidato en el DF o que Heriberto Félix se dice panista aunque nunca se ha afiliado a ese partido), pero no ha sido parte de una estrategia, no parece haber nada después de ella que le dé continuidad. Y entonces el peligro puede estar en que funcione como un momento propagandístico pero que sólo genere un desgaste mayor hacia los aspirantes reales o ficticios que posaron para ella. Cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable, decía Séneca.
Osama Bin Laden ha muerto. Lo anunció así Barack Obama el domingo por la noche, lo gritaban también cientos de estadunidenses que salieron a celebrar en distintas ciudades de su país. Su cuerpo ha sido arrojado al mar. Para el resto queda la certeza dada por el gobierno de Estados Unidos que asegura que el cadáver de su enemigo público número uno fue sometido a estudios de ADN, para no dejar lugar a dudas. El autor intelectual del peor ataque terrorista de su historia fue asesinado en una operación que les hizo justicia, según las palabras deObama.
Y ante el júbilo que se vive en Estados Unidos, ¿podemos entonces decir que el episodio 9/11 ha terminado? Tristemente, no. No sólo porque la muerte del líder de Al-Qaeda ha elevado los niveles de alarma (se esperan represalias, incluso fue leído así en un cable de WikiLeaks), sino porque desempolva aquel “proyecto para el nuevo siglo americano” con que el esperan construirse y mantenerse en la cima del poder de todo el orbe y tiene que ver, muchísimo —todo, en realidad—, con la caída de los regímenes de todo Oriente Medio, empezando por el de Saddam Hussein (otro de los villanos de los que el gobierno de Estados Unidos debía deshacerse) y pasando por todos aquellos en donde “Estados Unidos tiene intereses estratégicos”, según se leía desde 1997 en los documentos escritos por aquel “think tank” concebido y concretado por los llamados “halcones” en Washington...
Permítame citar un artículo que escribí en 2002, un año después del 9/11, en Milenio Semanal, sobre tal proyecto y sus documentos, hechos públicos desde entonces:
“Fue concebido en 1997, anunciado en 98 y dado a luz en el año 2000. El plan maestro para expandir el poderío de Estados Unidos como única superpotencia global y hacerlo desde la estrategia militar, empezando por la invasión de Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein. El comienzo de la instrumentación de esas proyecciones maquinadas hace seis años, tiene ahora dos fechas históricas: el 17 de marzo de 2003, día en que Estados Unidos decide prescindir de las Naciones Unidas, y el 19 del mismo mes y el mismo año, noche en la que Estados Unidos deja caer la primera bomba en Irak. Y otra fecha, una que ronda la esquina, que acecha, que inquieta, que pertenece al mundo de las sombras: el 11 de septiembre del año 2001(…)
“El plan maestro de la pax americana, el que apunta y apuesta al despliegue definitivo de la supremacía militar y el liderazgo de Estados Unidos alrededor del globo, acaso el nacimiento de un imperio que no quiere confesar su nombre (…).”
“Acaso usted, lector, también se tope con una frase tan inquietante, que la palabra ‘absurdo’ le parezca insuficiente, que el concepto de ‘locura’ no tenga suficiente énfasis descriptivo. Se lee en el capítulo cinco: ‘El proceso de transformación, si bien traerá cambios revolucionarios, aparece como un proceso largo, sin algún evento catastrófico y catalizador; como un nuevo Pearl Harbor’…”
Ese nuevo “Pearl Harbor” al que se hacía referencia en el documento escrito entonces por los halcones de Washington, terminó siendo el atentado y el desplome de las Torres Gemelas en Nueva York (no hace falta ser conspiracionista para alzar las cejas). No en balde, tras ese trágico episodio llegó la guerra, el discurso del miedo utilizado porGeorge W. Bush como estrategia para controlar a la opinión pública y la minimización de instituciones (frenos) tan importantes como lo eran las Naciones Unidas. Tampoco fue gratuita la forma en que, el domingo por la noche, Barack Obama salió a la televisión y anunció la muerte del enemigo. Y ni hablar de la catapulta electoral que eso le significará aObama, ahora que la posibilidad de reelección se acerca.
La muerte de Bin Laden no significa en absoluto que los asuntos de Oriente Medio queden saldados. En realidad es, como se ha leído en todas partes, una victoria moral para el gobierno estadunidense, pero también el replanteamiento de aquel plan maestro de los republicanos, ahora encabezado por los demócratas en la misma Casa Blanca…
La compleja coyuntura que hoy atraviesa México va mucho más allá de un problema de seguridad que pueda resolverse exclusivamente mediante el uso de la fuerza pública. Es difícil creer que la violencia se eliminará sólo con más violencia. Los síntomas de violencia y la multiplicación de poderes fácticos, antagónicos a las instituciones legítimas, tienen hondas raíces económicas y sociales: la acumulación de más de década y media de crecimiento económico insuficiente para hacer del crecimiento demográfico un bono social, en vez de un pasivo; el incremento de un escalofriante rezago educativo, tanto cuantitativo como cualitativo; el ahondamiento de disparidades sociales y regionales ya abismales y el entrampamiento de una transición democrática que en aras de la pluralidad y la alternancia ha llevado a postergar indefinidamente las reformas estructurales indispensables para culminar el proceso de modernización emprendido y dar una respuesta eficaz a los retos globales.
La suma e interacción de éstas y otras condiciones históricas han producido la desocupación masiva, sobre todo entre los jóvenes; el empobrecimiento de comunidades y regiones enteras; la emigración forzada por el hambre y la desintegración de las familias y de las estructuras solidarias de soporte social. La ausencia persistente de dinamismo económico también es factor clave en la creciente erosión institucional y, sobre todo, la desesperanza en la que los poderes fácticos, criminales o no, encuentran el caldo de cultivo para sus actividades, que vulneran al Estado de derecho y perturban la paz social. Sin una respuesta eficaz y convincente a estas causas subyacentes, el mantenimiento de un estado de guerra interna no declarada, no sólo parece ser incapaz de restablecer la seguridad pública y la confianza de la sociedad, sino que conlleva el riesgo de ahondar más aún el deterioro institucional y el desgaste del ya frágil tejido social.
Alcanzar y mantener una economía de plena ocupación es indispensable para hacer un aprovechamiento social óptimo del acervo nacional de capital humano y para dar al crecimiento un carácter incluyente. Quienes quedan excluidos de la ocupación, quedan también excluidos de participar de manera directa en las retribuciones crecientes que el crecimiento aporta a quienes contribuyen a producirlo. Esta exclusión conlleva un deterioro creciente del capital humano acumulado por los excluidos, en tanto la desocupación trae consigo la pérdida de destrezas y la obsolescencia de las habilidades y de los conocimientos adquiridos.
De esta manera, una economía sin plena ocupación lleva implícito un perverso mecanismo de empobrecimiento e inequidad, que termina por deteriorar el tejido social y crear las condiciones en que la inseguridad y la violencia se enseñorean. Alcanzar y mantener una economía de plena ocupación significa que la política macroeconómica no sólo deberá asegurar la estabilidad, sino que deberá asegurarla de manera congruente con la meta de plena ocupación. En presencia de un mercado interno deprimido a consecuencia de muchos años de crecimiento insuficiente, las retribuciones reales al aporte productivo humano y los costos reales de los demás factores productivos deben traducirse en precios reales que permitan a los bienes y servicios mexicanos competir sin desventaja en los mercados globales. En consecuencia, es indispensable evitar los procesos inflacionarios cuidando, sobre todo, no incurrir en déficits significativos en las finanzas públicas. Sin embargo, es igualmente crucial velar por que la política monetaria sea eficaz con el fin de impedir que la acumulación de reservas, necesarias para preservar la estabilidad, y los flujos de inversión foránea, indispensables con miras a mantener el crecimiento, conduzcan a una apreciación excesiva del tipo de cambio real, lo que mermaría la dinámica exportadora e impediría la plena ocupación.
Para rescatar a México del estancamiento y el riesgo de la desintegración nacional se necesitan buenas ideas y oportunidades con el objetivo de convertirlas en innovaciones globalmente exitosas, audacia y espacios para innovar en una sociedad abierta. Para “redistribuir el ingreso” de manera eficiente y duradera, la única fórmula eficaz es redistribuir las capacidades productivas esenciales hoy por hoy: educación bilingüe, destrezas digitales, financiamiento, y acceso competitivo a internet. Hacer esto de manera rápida y eficaz es el primer paso para detonar la reactivación económica y restaurar la integración social duradera en México. Logremos la plena ocupación y la paz social se dará por añadidura.
¿Qué debe hacer el país ante los retos que le plantea el narcotráfico? Desde hace años el país ha enfrentado esta interrogante. No es nueva. Les pregunté a mis alumnos de la Universidad Iberoamericana sobre este asunto. A pesar de que su respuesta fue titubeante y con un cierto dejo de frivolidad, no dejó duda alguna: planteaban que había que negociar con los cárteles de la droga a fin de que dejen de ser violentos y que el país pueda regresar a cierta normalidad. No sé si su respuesta respondía a que eran, muchos de ellos, consumidores consuetudinarios de los productos del narco, pero me llamó la atención que considerasen factible la negociación como la salida más viable a la “situación” creada por la existencia de cárteles de la droga en México. Ya no se entró en los significados o contenidos de esa negociación. Quizá, de haberlo hecho, algunos hubieran reconsiderado su postura ante el tema. Pero, por lo pronto, me quedó claro que existen franjas de la sociedad mexicana que, sin haber logrado cuantificar su importancia numérica, consideran que esa es la opción más viable para “resolver” el narcotráfico como amenaza para el país y el Estado.
La más reciente encuesta de Mitofsky señala que la inquietud de la mayoría de la sociedad mexicana se orienta hacia el tema de la inseguridad, tanto personal como más general, por encima incluso de la situación económica que padece el país. No quiere decir que el tema económico no sea importante. Quiere decir que se matiza su importancia ante la fuerza que ha adquirido, para la población, la violencia desatada por el narcotráfico y sus secuelas: secuestros, robo, trata de personas, etcétera.
El planteamiento de negociar una “paz narcotizada” entra en contradicción con las necesidades del Estado mexicano. A nivel internacional sería virtualmente imposible justificar una posición mexicana de ese corte. Sería como estar en la antesala de un Estado fallido. Si de por sí se le acusa al sistema político de aproximarse peligrosamente a uno con fallas estructurales de tal magnitud que no funciona (hemos sido testigo del yerro histórico del Congreso de no ser capaz de aprobar nada significativo ni de resolver sus problemas internos), ahora, con una negociación con los cárteles de la droga encima, se convertiría al país en paria internacional. Una negociación entre los cárteles y el Estado mexicano no es una opción. Si lo fue alguna vez es porque la falta de rendición de cuentas era parte consustancial al sistema político. Hoy ya no es viable.
Es importante que quienes consideran posible la negociación, lo digan. Y es importante que el Estado exprese su verdad sobre el tema. Es tiempo se ser categóricos en las distintas posturas ante las posibles políticas públicas en materia de narcotráfico. Solamente siendo claros se podrá dirimir el verdadero significado de este debate en el seno de la sociedad mexicana. Y para calibrar su importancia hacia las elecciones de 2012.
*Especialista en análisis político
Estoy preocupado. Me preocupa la gran marcha que está anunciada para llegar al Zócalo de la Ciudad de México el domingo 8 de mayo. Me inquieta que su convocatoria sea tan ambigua, vergonzante.
Salgamos al paso, por si las moscas, de la confusión común entre vergonzoso y vergonzante. Vergonzoso es un acto. Un acto deleznable que provoca o debería provocar vergüenza. Vergonzante, en cambio, es una actitud. La del que no se atreve a asumir sus dichos o actos y los disimula, como si le diera vergüenza. Para que nos entendamos, la presencia este fin de semana del Presidente de una República laica, el señor Felipe Calderón Hinojosa, en El Vaticano, es un acto vergonzoso, pero no vergonzante. Al contrario, es descarado, cínico. Si su Dios es tan justo como pregonan, no se lo va a perdonar.
No existe un lema bajo el cual, tras del cual, se aglutine la gente que se dirigirá a la Plaza de la Constitución. O, lo que es lo mismo, existen varios. Y todos vergonzantes. En ellos se mezclan conceptos como, paz, justicia, violencia y sangre. Esta ambigüedad es la que permite que cualquiera arrime el ascua a su sardina.
Así, el propio Calderón quiere hacernos creer que la demanda de las primeras concentraciones convocadas por Javier Sicilia, poco después del asesinato de su hijo, en el sentido de poner un alto a la violencia y al derramamiento de sangre, no son sino muestras de apoyo a su combate al narcotráfico. “Para eso está el Ejército en las calles, para terminar con la violencia, para proteger la integridad de los mexicanos y garantizar su seguridad”. Esa viene siendo su lectura. Su falsa lectura, añadamos, pues no se la cree ni él. “Aunque nos tardemos siete años”. Esto ya no lo dijo él. El preciso cálculo artimético-logístico lo delegó en su secretario de Seguridad —precisamente— Pública.
Encuadrados por la misma marialuisa ambigua cabe todo el mundo, en masa amorfa y moldeable cual plastilina caliente: desde sindicatos, tribus urbanas diversas, grupos lúmpenes y activistas de barrio hasta congregaciones religiosas, harta gente bien y señoras emperifolladas, pasando por cuanta organización no gubernamental, partidos y asociaciones de todo tipo y vocación. Y por supuesto las inefables damas de blanco (la única gente de blanco que respeto son los médicos y las enfermeras. Y dos, tres, cocineros. De futbol ya ni hablemos).
También se adhiere el EZLN, faltaría más. La guerrilla, ejército u lo que fuere, se manifiesta contra la violencia. Cosas habremos de ver. No me extrañaría que también se apuntaran algunos narcos de incógnito. Narcos de clóset.
Uno estaría tentado a pensar que qué bien. Que cuantos más, mejor. Pero no. Porque para ser tantos es preciso diluir el mensaje hasta convertirlo en agua de borrajas. A veces, más es menos. Unos por el Ejército en las calles, otros por el Ejército a los cuarteles. Unos contra la guerra de Calderón, otros a favor. Se notan más los que están en contra, porque hacen más ruido, pero me temo que son más los otros.
Me gusta lo que dice y cómo lo dice Javier Sicilia. Me gusta la firmeza con la que se pronuncia contra la pena de muerte, me gusta que hable de la necesidad de negociar con las grandes empresas productoras y comercializadoras de enervantes. Aunque hagan muecas las señoras de blanco. Me gusta la dignidad de su dolor.
Sicilia fue un hombre de derecha y, a lo mejor, a su manera, lo sigue siendo. Pero su historia es la de un hombre pensante y comprometido, que ha sabido matizar sus convicciones. Estoy seguro de que no instrumentará ni hará redituar su desgracia, como lamentablemente han hecho otros que han pasado por el mismo trago amargo.
Quiero creer que tiene claro que la lucha contra la delincuencia es más un asunto de política que de pólvora. Como la guerra, vaya. Y que el cáncer del delito se enfrenta de otra manera: acotando la corrupción de los funcionarios, estrangulando el trasiego de capitales mal habidos, negociando lo que haya que negociar y legalizando lo que haya que legalizar.
Erradicar el pinche maniqueísmo funesto del bien que se enfrenta al mal, y que, por bueno, acabará triunfando obligatoriamente. Realizar un esfuerzo mayúsculo, sin precedentes, para llevar a los desheredados medios mínimos pero dignos de subsistencia y un acceso a la cultura tantito mejor que esa simulación miserable que practican las huestes de Elba Esther Gordillo, responsable primera de la formación de los nuevos mexicanos.
Son ellos, los condenados de la Tierra, el auténtico vivero del que se nutre la delincuencia, la mala vida. Lasciate ogni speranza: Mientras la escuela sea lo que es, y la miseria sea la que es, la delincuencia será lo que es. Aunque inunden el país de cuicos y tiras.
Sicilia sabe lo que dice y sabe lo que quiere. No estoy seguro de que sepa lo que hace. Dejó que se le treparan las arañas de todo signo, que desvirtuaran su noble y valiente iniciativa e intenten volverla inocua. Es conmovedora la denuncia que hace de los asesinos (de los asesinos sin placa ni uniforme) y tiene sentido, pero es más bien retórica. No sé cuántos criminales serán sensibles a su llamado al honor de los bandoleros.
Pero que quede claro: a los sicarios los tendrá más bien sin cuidado el reclamo de las muchedumbres, es a los órganos de gobierno que debe dirigirse la demanda ciudadana. Son ellos los que tienen la obligación de escucharla. Son ellos los responsables. La marcha debe convertirse en manifestación, y manifestar, recio y compacto, su rechazo a la política —si política fuere— de Calderón. La consigna debe ser —porque falta una consigna— algo así: “Hay otra manera de hacer las cosas” o su equivalente, más terso o más áspero.
Faltan apenas dos días para el inicio y cinco para la culminación. Ojalá y en estas pocas horas, la protesta sea como la “sopa de piedra” de la fábula, y que entre unos y otros la vayan dotando de sabor y de substancia. Ojalá.
*Matemático
En todas las fuerzas políticas del país se “tensan músculos”. En lo que podríamos llamar las izquierdas sucede lo mismo; López Obrador se encuentra en permanente recorrido por los estados de la República difundiendo lo que llama su “Proyecto Alternativo de Nación”; Marcelo Ebrard parece que —por fin— ha iniciado un esfuerzo consistente para alcanzar la candidatura a la Presidencia de la República por el PRD y otras fuerzas de izquierda.
Ambos precandidatos han dicho que se sujetarán a los procedimientos que dicten los partidos, mismos que deberán conducir a una candidatura única de las izquierdas. Y no podría ser de otra manera si de verdad ambos tuviesen la pretensión de ser actores fundamentales de los comicios y de aspirar —en serio— a asumir el Poder Ejecutivo federal.
Ir a las elecciones y enfrentarlas como un viacrucis personal, o en sentido diferente, verlas como la oportunidad y posibilidad de acceder al poder político para desde éste transformar al país, son los dos caminos que la izquierda tiene enfrente. Dice Bobbio que el problema no sólo es ver a la política como un “deber ser” personal, sino ver, con realismo, cómo funcionan los mecanismos políticos, para poder encararlos decididamente y, desde un análisis correcto, actuar sobre éstos para poder transformar la realidad. Los grandes políticos no son aquellos que se adaptan a la situación tal como es ni tampoco los que sobreponen sus fantasías a la realidad; sino aquellos que a la realidad saben sacarle jugo y transformarla en racionalidad.
El concepto de racionalidad en política es básico, porque se trata de transformar una realidad de desigualdad y de violencia, que en sí mismo es irracional; se trata de construir un nuevo entramado social, político y económico que, más allá de los deseos, reconozca una realidad. De tal naturaleza que, sobre la base de razones sociales y políticas, sea posible transformarla.
Por lo tanto, se necesita desde la izquierda mexicana una propuesta de cambios para el país, que sea entendida y asumida por las razones —argumentos— que esgrime. Pongo un ejemplo: para contener la violencia se requiere política social, pero no podrá existir ésta si no hay un cambio de modelo económico que logre crecimiento y garantice empleo e ingreso para todos o la gran mayoría de los mexicanos. La felicidad o es tangible o se queda en un deber ser inasible, espiritual.
*Integrante del PRD






El principio fundamental de cómo reducir la violencia, nos dice Eduardo Guerrero, es encarecer su uso para los criminales. (“Cómo reducir la violencia”. nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=1197808).
¿Cómo?
Concentrando los recursos escasos que se tienen en castigar los delitos violentos que se quieren evitar, los que más agravian a la gente.
Se trata de no dispersar los esfuerzos de seguridad, como hasta ahora, en un frente amplio donde se persiguen todos los delitos asociados al narcotráfico en todos los rincones de la República.
El combate al narcotráfico supone un frente demasiado amplio de prioridades: hay que perseguir a la vez el tráfico, a los traficantes y a los delitos derivados que afectan a la comunidad: homicidio, secuestro, extorsión, tráfico de personas.
Según el principio de Guerrero, por ejemplo, el Estado debería concentrar hoy todos sus recursos en limpiar y sellar Tamaulipas de todo nuevo crimen violento contra viajeros.
Un despliegue abrumador y eficaz de recursos concentrados en castigar a asesinos de viajeros, llevará a los criminales a pensar en un crimen menos caro para ellos, pues así como nada invita tanto al crimen como la impunidad, nada hay más persuasivo contra el crimen que el castigo.
Mi convicción es paralela: hay que olvidarse de la persecución del narcotráfico y concentrarse en los delitos que afectan a las personas. Para que esto no sea una propuesta cínica de hacerse de la vista gorda con los delitos del tráfico, es necesario legalizar las drogas o al menos abrir un frente de discusión del tema con quien hay que abrirlo: Estados Unidos.
Legalizar las drogas no es una solución inmediata, pero es una solución de fondo al problema del narcotráfico que gracias a sus rentas exorbitantes, propias de un mercado ilegal, tiene la capacidad de corrupción, reclutamiento y violencia de que da pruebas en todos los sitios por donde pasa, sin que su persecución haya reducido ni el mercado ni el consumo de las sustancias prohibidas. Han crecido sólo la violencia y el crimen asociados a la prohibición.
Todo esto desde luego es más fácil decirlo que hacerlo, y suena infinitamente más simple de lo que es. El verdadero problema es que no hay atajos ni soluciones fáciles para una opinión pública exacerbada y atemorizada que no quiere otra cosa que respuestas rápidas y eficaces, justo lo que no hay.
La semana pasada, cuando Barack Obama presentó su acta de nacimiento para callar a quienes habían cuestionado su identidad estadunidense, explicó que normalmente no respondía a tales despropósitos, porque “tengo otras cosas que hacer”. Ahora sabemos que esas “otras cosas” incluían la planeación meticulosa de un evento que podría transformar su presidencia, modificando tanto la manera en la que es visto como la política externa que busca.
Que Obama haya podido anunciar la muerte de Osama bin Laden tan poco después de haber acabado con la acusación absurda de que es un usurpador extranjero de la Casa Blanca pareció raramente apropiado. Porque el éxito de la operación en Abbottabad hace que los rivales de Obama se vean pequeños, liliputienses persiguiendo locas fantasías mientras Gulliver se ocupa de las cosas importantes.
Porque ningún trofeo era más importante para la opinión pública de EU que el perpetrador del ataque terrorista más letal en suelo estadunidense, Bin Laden era una figura pública de odio. Es por ello que su muerte atrajo multitudes espontáneas a Times Square y a Pennsylvania Avenue.
La muerte en Pakistán enterrará otra crítica que rara vez es articulada explícitamente: la sugerencia de que Obama era, en cierto modo, insuficientemente duro u hombre, como para ser comandante en jefe. La ridiculización por su gusto por la “rúcula”, las descripciones de él como “profesoral”. Un ex escritor de discursos para Mario Cuomo, el ex gobernador de Nueva York, me dijo una vez: “Hay un subtexto de violencia masculina que rodea la política estadunidense”. Reconoció que especialmente los hombres votantes quieren creer que el presidente podría vencer a un boxeador, que es capaz de agredir. Los estadunidenses necesitan saber que su presidente es de acero. Por muy crudo y duro que parezca, Obama acaba de pasar la prueba con brillantes colores rojos, blancos y azules.
Sin embargo, lo hizo a su manera. El tenor de su anuncio televisado fue revelador. Sí, fue cuidadoso en darse todo el crédito: hablando de su propia participación y toma de decisiones en el curso de varios meses, para que nadie piense que éste fue el trabajo de subalternos o de un avión no tripulado que tuvo suerte. Pero evitó la charla de vaqueros que fue la marca de la administración pasada: la declaración oficial de la captura de Sadam comenzó con las palabras “Lo tenemos”. En contraste, el estilo de Obama fue medido y calmado, recordando el 11-S y hablando conmovedoramente de las imágenes de “aquel día de septiembre” que el mundo no vio, comenzando por “La silla vacía en la mesa de la cena”.
A partir de ahora, Obama será visto de manera diferente, tanto en casa como en el extranjero, su tranquilidad será entendida como la de una persona inamovible y con cara de póquer, más que como fría y profesoral. Un ex ministro del exterior que ha visto de cerca al presidente cree que la muerte de Bin Laden llevará a otros líderes del mundo a concluir que, para parafrasear a Teddy Roosevelt, “Obama podrá hablar suavemente, pero porta un gran palo”. Se espera que las comparaciones con Jimmy Carter —cuya propia incursión para rescatar a rehenes estadunidenses en Teherán fracasó— se acaben con rapidez.
Todo lo anterior son buenos augurios para los prospectos de reelección de Obama en 2012, aunque 18 meses son mucho tiempo en la política para cualquiera. Si hubiese otro ataque espectacular contra un blanco estadunidense, conducido para vengar la muerte de Bin Laden, entonces la euforia desaparecerá. Además, la campaña del año que viene probablemente se centrará en la economía, más que en la seguridad. Pero por ahora la muerte del hombre más buscado del mundo representa una oportunidad importante para el presidente.
El dolor de cabeza no doméstico más grande de Obama sigue siendo la guerra en Afganistán. Una fuente bien informada dice que, hasta el domingo, Obama estaba “acorralado”, especialmente por un mando militar renuente a retirarse con algo que no sea la victoria. El argumento inmediato en Washington se centra en la cifra de tropas programadas para el retiro que inicia el 1 de julio, los militares hablan sólo de un número “simbólico y la Casa Blanca quiere más.
En esa disputa, la mano de Obama ahora está fortalecida, con una opinión pública que probablemente se incline decisivamente a su favor. Eso es porque, para muchos estadunidenses, el propósito de la guerra de EU en Afganistán sigue estando unida a su causa inicial: el 11-S. Ahora el perpetrador de ese crimen ha sido eliminado y muchos preguntarán por qué deben quedarse.
Pero Obama podría hacer más que simplemente insistir en que la cifra de tropas que vuelvan a casa sean más. Podría usar la muerte de Bin Laden para buscar una estrategia de retiro total, en pos de la única solución creíble: un acuerdo de paz que se sostenga tanto dentro de Afganistán, incluyendo al talibán, como en el exterior, incluyendo a Pakistán.
Hay riesgos para Barack Obama. Si no actúa con rapidez, podría descubrir que la opinión pública se le adelanta —cuando la impaciencia por la guerra en Afganistán de casi una década se convierta en impaciencia con el presidente por no terminar con ella.
Por ahora ha logrado una victoria valiosa que eleva su propia posición, pero que también acaba con el ánimo pesimista que se ha adueñado de muchos en su país, que estaban convencidos de que el poder estadunidense estaba decayendo. En dos años ha logrado lo que su predecesor no pudo hacer en ocho. Pero la pancarta de “Misión Cumplida” de Bush debería permanecer en el sótano de la Casa Blanca: Al Qaeda sigue en pie, la guerra en Afganistán no ha terminado y todavía queda mucho trabajo por hacer.
Traducción: Franco Cubello
© The Guardian
De acuerdo con los expertos, son diez los principales desafíos que enfrenta la libertad de expresión en el orbe. Algunos retos son viejos, otros han emergido recientemente por el desarrollo de las nuevas tecnologías de comunicación
Hace dos décadas se adoptó la declaración sobre la “promoción de la libertad de prensa en el mundo”. La Declaración de Windhoek, como se le conoce en referencia a la ciudad de Namibia en la que se redactó, fue aprobada al término de un seminario convocado por la Unesco en el que se abogaba por el “establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de una prensa independiente, pluralista, y libre”, en tanto componentes “indispensables para el desarrollo y mantenimiento de la democracia”. Dos años más tarde, la Asamblea General de la ONU declaró el 3 de mayo como el Día Mundial de la Libertad de Prensa con el objetivo de promover los valores y principios consagrados en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Por más transformaciones que han acaecido en los últimos veinte años, los cimientos de la Declaración de Windhoek se mantienen y hoy en día nadie duda de que la libertad de prensa y la democracia conforman un binomio indisoluble.
De acuerdo con los expertos independientes que a escala internacional promueven la libertad de expresión en el ámbito de la ONU, la OSCE, la OEA y la Organización para la Unidad Africana son diez los principales desafíos que enfrenta la libertad de expresión en el orbe. Si bien es cierto que algunos desafíos son viejos (y lamentablemente perduran), otros han emergido recientemente particularmente por el desarrollo de las nuevas tecnologías de información y comunicación.
Los desafíos más apremiantes son: los mecanismos ilegítimos de control gubernamental sobre los medios de comunicación; la vigencia de leyes penales que criminalizan la difamación; la violencia en contra de periodistas; las limitaciones al derecho de acceso a la información; la discriminación en el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, particularmente en agravio de los grupos históricamente menos favorecidos; las presiones comerciales que amenazan la capacidad de los medios de comunicación de difundir contenidos de interés público; los obstáculos que padecen las emisoras públicas y comunitarias; las restricciones injustificadamente amplias a la libertad de expresión con motivo de los retos que enfrenta el mundo en materia de seguridad; los esfuerzos de algunos gobiernos para controlar el potencial que ofrece internet, y la falta de acceso a las nuevas tecnologías de información y comunicación por parte de la mayoría de la población.
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Los desafíos detectados a escala mundial se manifiestan igualmente en México y, en ciertas ocasiones, en algunas de sus formas más agudas y lacerantes. El año pasado visitaron al país el relator especial para la Libertad de Expresión de la ONU, Frank La Rue, y la relatora especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Catalina Botero. Al término de su visita oficial conjunta ambas relatorías hicieron públicas sus observaciones preliminares dejando en claro que “el pleno goce de la libertad de expresión en México enfrenta graves y diversos obstáculos”.
Para ambas relatorías, los obstáculos más preocupantes son los asesinatos de periodistas y otros actos de violencia; la impunidad generalizada; la vigencia de una legislación que permite aplicar sanciones penales por el ejercicio de la libertad de expresión; las limitaciones a la diversidad y el pluralismo en el debate democrático, y una emergente tendencia a restringir el derecho de acceso a la información pública.
Las relatorías no solamente mostraron los desafíos. Adicionalmente formularon una serie de recomendaciones puntuales para solventarlos. Para superar la violencia, la impunidad y la autocensura sugirieron, entre otras cuestiones, fortalecer a los órganos de procuración y administración de justicia; adoptar las reformas necesarias para permitir el ejercicio de la jurisdicción federal sobre los delitos contra la libertad de expresión; adoptar protocolos especiales de investigación, y establecer un mecanismo nacional de protección a periodistas.
Con el objetivo de fomentar la diversidad y el pluralismo en el debate democrático, las relatorías de la ONU y la OEA propusieron adoptar un marco normativo que brinde certeza jurídica, promueva la desconcentración de la radio y la televisión y contribuya a generar un espacio mediático plural y accesible a todos los sectores de la población, especialmente a la radiodifusión comunitaria; crear un órgano público independiente del gobierno que regule la radio y la televisión, y establecer criterios en la asignación de publicidad oficial.
Ante la persecución legal de la expresión, Frank La Rue y Catalina Botero sugirieron derogar los tipos penales que criminalizan la expresión, y garantizar que las y los periodistas no sean sometidos a acoso judicial u otro tipo de hostigamiento jurídico como represalia por su trabajo.
En materia de acceso a la información, ambas relatorías recomendaron preservar los avances en la materia, garantizar que los órganos de transparencia sean autónomos y que sus resoluciones sean definitivas e inatacables, y profundizar la transparencia en el sistema de justicia.
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Los retos levantados por ambas relatorías al término de su visita oficial conjunta se mantienen en México. La propia Relatoría de la CIDH acaba de publicar su informe final de misión, mismo que con mayor profundidad y análisis desarrolla los desafíos registrados. Será en junio de este año cuando corresponda al relator de la ONU sustentar su informe de misión ante el Consejo de Derechos Humanos. Ambos informes deberán ser leídos de una forma complementaria y tomados con la seriedad debida con el objetivo de diseñar un plan de acción estratégico que permita que la libertad de prensa que el día de hoy se pregona alrededor del mundo sea susceptible no sólo de conmemorarse en México, sino también de celebrarse.
Una transformación venturosa que sin lugar a dudas potenciará el alcance y aplicación de los estándares internacionales en materia de libertad de prensa es la aprobación reciente de la reforma constitucional en materia de derechos humanos por parte del Congreso de la Unión, misma que ha sido turnada a los congresos de los estados en donde se espera mantenga el cauce festivamente aprobatorio que alcanza ya a nueve legislaturas locales. Una vez que entre en vigor, la reforma constitucional favorecerá que los postulados de Windhoek cuenten con una mejor plataforma para cristalizarse en México.
El sueño de Windhoek sigue vigente en el mundo y, particularmente, en México. La aspiración sigue siendo la misma de hace 20 años, tal y como nos lo recuerdan el secretario general de la ONU, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la directora general de la UNESCO, en su mensaje del día de hoy con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa: “Promover la libertad de expresión como fundamento de la dignidad humana y piedra angular de la democracia”.
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* Representante en México de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Parece un hecho que más temprano que tarde tendremos una reforma política que nos ofrezca la posibilidad de reelegir a los legisladores que lo merezcan y enviar de vuelta a casa a los que no. Ya era hora. Si algo nos demuestran los últimos y miserables tiempos de la retórica legislativa es la necesidad urgente de contar plenamente con uno de los mecanismos elementales de la democracia: el castigo en las urnas. Hasta ahora, sin la reelección en el Legislativo, los diputados y senadores han tenido que dedicarse exclusivamente a defender los intereses del partido o del caudillo en turno para preservar el hueso ad eternum. No más. Ahora, con la reelección como mecanismo de castigo o recompensa, nuestros legisladores tendrán que hacer algo inédito: explicar sus decisiones a los electores.
Basta ver el ejemplo de otras democracias para comprender a qué grado resulta satisfactoria y necesaria la rendición de cuentas. Sobran episodios en los que los votantes se han comportado de manera implacable con políticos que les han quedado a deber. Ahí está el ejemplo de Gordon Brown, el primer ministro británico que no pudo convencer al electorado inglés de la supuesta sensatez de sus propuestas económicas y fue despedido sin miramientos. O el castigo de los votantes españoles al Partido Popular después del pésimo manejo que hiciera José María Aznar de la crisis del 11 de marzo. Aznar intentó engañar a los votantes y los votantes propinaron una severa derrota al candidato de Aznar. Democracia en estado puro.
En Estados Unidos, donde la reelección del Legislativo es una tradición, representantes y senadores deben volver a sus distritos y estados a traducir cada una de sus decisiones. Varios han conseguido carreras longevas, a veces por las mejores razones. Hay senadores, como Ted Kennedy, que fraguaron historias ilustrísimas y enteramente productivas a lo largo de décadas en el Capitolio. Pero incluso Kennedy y otros legisladores legendarios tuvieron que regresar, al final de cada periodo, a rendir cuentas y explicar detalladamente por qué merecían, de nuevo, el favor de los electores. En muchos casos, perdieron. En una democracia real, el del político debe ser el puesto de trabajo más incierto.
Ahora, con la reelección, el peso de la responsabilidad democrática recaerá enteramente en el electorado. El votante mexicano tendrá la obligación de informarse. Deberá hacerse a la idea de que la democracia apenas empieza en el momento en que deposita su voto en la urna. Pronto, imagino a un elector acercándose a un diputado y preguntándole por qué optó por retrasar la aprobación de la reforma política o por qué tomó la tribuna como método de presión. Me figuro a ese mismo elector negándose a tragarse el tratado de retórica fatua con el que intentará embaucarlo el diputado en cuestión. Y, finalmente, imagino a ese votante decidiendo, con la razón y la información, el futuro del
legislador.
Por supuesto, este ejercicio de democracia elemental servirá, a su vez, para hacer las preguntas pertinentes a la hora de votar el único cargo sin reelección en México. Tras poner bajo la lupa a sus legisladores (y alcaldes), los electores aprenderán a exigirle al candidato presidencial panista que explique su postura, digamos, sobre política social. No lo dejará escapar cuando tenga que declarar qué piensa del aborto o los derechos de los homosexuales. Mucho menos lo dejará escabullirse cuando le pregunte su opinión sobre los resultados de la política de seguridad calderonista. Lo mismo, imagino, hará con el candidato priista, que deberá responder por la historia propia y de su partido, con todo y esa cola larga, larga que el tricolor arrastra. Y, claro, lo mismo habrá de hacer con el candidato del PRD, que deberá dejar claro qué proyecto económico defiende desde la izquierda, además de explicar, detenidamente, qué relación guarda con la propia historia, no enteramente ilustre, del perredismo. Será un ejercicio no sólo riguroso y necesario, sino delicioso: el de la recompensa o el castigo en democracia. Y México será, con ello, un mejor país.
No deja de ser paradójico, por no decir preocupante. Mientras Felpe Calderón viajaba para asistir a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II, el presidente Barack Obama se encargaba de conocer los últimos detalles de la operación que eliminaría al terrorista y fundamentalista religioso Osama bin Laden. Como el propio presidente de los Estados Unidos de América dijo a sus detractores que lo acusaban de no haber nacido en ese país, él tenía cosas más importantes que atender. Cada presidente tiene sus prioridades. Las de Obama eran acabar con el líder terrorista que ha tenido en jaque al mundo occidental e incluso a uno que otro país musulmán. Las de Felipe Calderón todavía no las alcanzo a entender.
Desde que la oficina de comunicación de la Presidencia de la República anunció la asistencia de Felipe Calderón a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II me he estado preguntando qué es lo que puede haberlo movido a desplazarse tantos miles de kilómetros para ir a una ceremonia de importancia política o religiosa muy relativa y cuestionable. Como es bien sabido, un presidente o jefe de Estado no se desplaza hacia el otro lado del mundo por algo menor o meramente protocolario; para eso están los secretarios de Relaciones Exteriores o los embajadores. Pero sabemos que en algunos casos, para demostrar la importancia que se le da a un evento los presidentes deciden asistir. Este fue el caso del Presidente de México, quien se vio acompañado, nada más y nada menos que del Presidente de… Honduras. En otras palabras, ni siquiera nos estamos latinoamericanizando. El gobierno de República Dominicana decidió, por ejemplo, enviar a la primera dama, Margarita Cedeño. Casi todos los gobiernos latinoamericanos decidieron enviar a sus ministros de Relaciones Exteriores o a sus embajadores ante la santa sede. Claro, la realeza de cinco países, cuya función primordial es precisamente la de representar, no la de gobernar, también acudió. Así tenemos a los príncipes de Asturias, a los duques de Gloucester, a los reyes de Bélgica, a los grandes duques de Luxemburgo y, por supuesto, a los muy importantes príncipes de Liechtenstein. Pero no crea usted que el presidente Calderón no se vio acompañado por otros jefes de Estado. También estuvieron (quitando al de Italia y Polonia por obvias razones) el presidente de Bosnia-Herzegovina, el de Camerún, el de Zimbabue, a quien por cierto, según la prensa internacional, la Unión Europea le tiene prohibido pisar suelo europeo por violar derechos hermanos en su país, y por supuesto al presidente de Estonia. En suma, los presidentes que cuentan en el mundo.
¿Qué pasó entonces por la cabeza del presidente Calderón cuando decidió acudir a esta ceremonia, sabiendo, pero sin importarle, que habría de recibir muchas críticas de la opinión pública? Veamos las hipótesis: 1) Calculó que el país estaba en paz y que su presencia no era importante en este momento en el territorio nacional, puesto que la mayor parte de los problemas están solucionados, desde el del empleo hasta el de la inseguridad; 2) Decidió que sus creencias personales eran más importantes que su función pública y que él se merecía esta ceremonia porque era importante para fortalecer su fe. De ser el caso, estaríamos ante el triste espectáculo de un hombre que no conoce la historia de su país y prefiere cumplir su capricho personal; 3) Pensó que viajar al Vaticano le devolvería algo de la popularidad perdida y que los mexicanos, tan cercanos a Juan Pablo II, celebrarían su presencia en la ceremonia religiosa. No podemos saber lo que pasó por la cabeza del presidente Calderón, pero en cualquiera de estos casos me parecería que está desperdiciando su tiempo y nuestros impuestos.
Regreso a las prioridades de nuestro país y las que debería en principio tener nuestro gobierno. Nuevamente me pregunto: ¿qué ganó el Presidente con la asistencia a esta ceremonia? ¿Creyó acaso que esto lo congraciaría con un pueblo al que le ha fallado? ¿Se autoengaña pensando que su presencia en el Vaticano sirve de algo? ¿Está coqueteando con el episcopado de su Iglesia para demostrarle que, después de todo, es un presidente católico, dispuesto, si pudiera, a hacer los cambios que aquél desea? ¿Cree acaso que esto le dará algunos votos a su partido? ¿Se le olvidó que hay muchos millones de no católicos, pero también de católicos que verán con desconfianza la asistencia a esta ceremonia? Finalmente: ¿no se dio cuenta o no le importó saber que con su presencia estaba avalando la veneración de un personaje por lo menos cuestionado, dado su encubrimiento de pederastas? ¿Fue acaso todo esto producto del capricho de un Presidente en el ocaso de su poder?
El espectáculo ha sido lamentable. Mientras que las verdaderas noticias ocurren en otro lado, con la captura y muerte del fundamentalista religioso que estremeció a Occidente, nuestro Presidente estaba sentado a un lado de los jefes de Estado de Honduras, Camerún, Albania y Zimbabue, rindiéndole culto a un Papa cuestionado. Pero eso sí, el Presidente aprovechó para una tarea muy importante: invitar al Papa a visitar nuestro país, por parte del pueblo mexicano. ¡Uf, qué labor tan importante! ¡Merecía la pena el viaje!
El pensamiento mágico no tiene límites; se pueden hacer conspiraciones de casi cualquier cosa. Pero en el caso del cadáver de Osama bin Laden sospecho que la aparición de la foto truqueada se debe más al intento de algún oportunista de agitar el avispero del morbo, y la desaparición del cuerpo al intento de Washington de evitarse un futuro emblema; esto último, siguiendo una constante de la política exterior estadunidense, puede ser atribuible a un profundo conocimiento de la naturaleza de las masas en general, pero también a un tremendo desconocimiento de las múltiples y heterogéneas prácticas del islam a escala local: un desconocimiento de o desinterés por el otro.
Porque Bin Laden seguía la escuela wahabí, que sus adeptos no llaman así, sino muyahidín o salafí, significando ser ellos los que regresan al origen, los integristas. Una de las más duras entre las cuatro que practican los musulmanes sunitas, nació en rebelión contra la asimilación cultural propia del viejo islam imperial, tolerante y a la vez decadente. Para ellos la muerte del infiel es una obligación; el estado teocrático es el único posible; la música es distractor prohibido; las mujeres son objetos y cualquier idolatría es anatema, incluyendo la de las tumbas de los seres queridos, quienes al morir corren el riesgo de ser divinizados en prácticas sospechosas de politeísmo. Así, la tumba de un verdadero wahabí, sin siquiera ataúdes pero siempre en tierra, es a lo más marcada por una piedra sin nombre, y no debe ser visitada ni adornada. Bin Laden mismo fue responsable de ataques violentos contra incontables santuarios y mausoleos de otras corrientes de pensamiento —los milenarios budas de Bamiyán, entre sus golpes más famosos—, infieles o musulmanas; los chiitas, la otra rama del islam aborrecida por Al Qaeda, hacen de la devoción a las tumbas de sus imanes uno de sus ejes rituales.
Bin Laden, pues, se inconformaría de ser arrojado al mar, pero nunca desearía una tumba emblemática, ni sus seguidores la necesitarían: para ellos la gloria del desaparecido se manifiesta no en la superstición del peregrino, sino en la cantidad de infieles pasados a cuchillo. ¿Significa esto que el gesto, uno que alimentará a los conspirafílicos por décadas, fue inútil? Por supuesto que no: como casi todas las estrategias de la guerra contra el terror, desaparecer a Bin Laden de la faz de la Tierra no fue algo pensado para agraviar a sus seguidores, sino como un gran acto de autocomplacencia. Yes, we can!
Hasta el anuncio hecho por el Pentágono de que su cuerpo había sido arrojado al mar, la versión de que Bin Laden y cinco miembros de su familia y de su entorno habían sido muertos por un comando especial (Seal) pudo resultar creíble, en parte por la abundancia —ciertamente inusual— de datos con que el director saliente de la CIA, Leon Panetta, saturó a la audiencia mundial. Esto pese a que la residencia-búnker del terrorista más buscado del planeta resultó estar a sólo 50 km de la hipervigilada capital de Pakistán —y de sus servicios de inteligencia.
Pero la celeridad con que distintos funcionarios en Washington anunciaron el resultado de un análisis de ADN, que permitió “confirmar prácticamente ciento por ciento” su identidad —sin precisar, como interroga Le Monde, cuándo y cómo se realizaron las pruebas—, como la inmediatez con que su cadáver fue desaparecido, le quitaron toda credibilidad a la noticia. Más aún si se repasa la ceremonia (AFP, EFE, Reuters) con que, supuestamente, a bordo de un portaviones, los mismos feroces comandos que horas antes lo habían aniquilado de un tiro en la frente, se deshicieron de su cuerpo: “Primero lo lavaron y lo envolvieron en un sudario blanco”, después “lo depositaron en una bolsa” y “un oficial de la Marina leyó un texto religioso traducido al árabe por un intérprete”. Luego de lo cual lo arrojaron sin más a los tiburones.
De inmediato, organizaciones como la Gran Mezquita de París o el Instituto sunita Al Azhar, en El Cairo, denunciaron el irrespeto a los ritos musulmanes que sólo permiten la inmersión de un cuerpo en caso de haber fallecido en altamar.
Otros analistas ponen en duda si Al Qaeda y sus filiales, muchas de ellos grupúsculos, van a radicalizar realmente su accionar tras el anuncio del presidente Obama, quien por cierto llamó ayer en Washington a los políticos a recrear “el mismo sentido de unidad que prevaleció por el 11 de septiembre. (…) “Se nos recordó una vez más que hay un orgullo en lo que esta nación defiende y en lo que puede lograr que corre más profundamente que el partido, más profundamente que la política”, arengó Obama como en los tiempos de campaña.
Con toda la atención mediática centrada en la muerte de Bin Laden, a escasos 130 días del décimo aniversario del 11-S, quién va a atreverse en Estados Unidos a poner en descrédito al presidente. Como en el filme de Barry Levinson, Escándalo en la Casa Blanca, donde un asesor anónimo, Conrad Brean (Robert De Niro), maneja la producción de un conflicto bélico para distraer la atención del público, recurriendo a un productor de Hollywood (Dustin Hoffman) para que vuelva creíble la “amenaza renovada del terrorismo” como justificación de otra guerra.


Para los creyentes el asunto es diferente. La beatificación de Juan Pablo II es un acto de justicia al alma grande que guió la Iglesia Católica por más de un cuarto de siglo. La beatificación es un acto de justicia a su labor espiritual. Si además se le atribuyen milagros, no hay mucho que cuestionarse. El primero de mayo de 2011 inició la gran fiesta que deberá conducir a la canonización. La discusión sobre si fue fast track o sobre la solidez del milagro es asunto interno de los creyentes. Que ellos lo evalúen. Para ellos las prioridades son claras: primero van sus valores religiosos, el reino de Dios, después viene el resto. El problema es que hay otras tesituras.
Por ejemplo la del presidente de México, país con una definición clara de separación entre las iglesias y el estado, en que debe imperar un estado laico. Un estado para el cual lo primero es su legalidad que nada tiene que ver con las batallas de la fe. En esa condición, la de presidente, es que Calderón acudió a la beatificación de Juan Pablo II. Pero la beatificación es un asunto que tiene que ver con las creencias, con el mundo de la fe, sin vínculo alguno con el estado mexicano. Ronda el argumento de la popularidad de Wojtyla en México que para muchos justifica la visita. La línea de razonamiento es riesgosa. Entonces el presidente tendría que seguir los goles del "Chicharito". Pero ni la Iglesia Católica ni el Manchester United, son la selección nacional. Lo de Wojtyla no es una fiesta nacional.
Que en el Vaticano lo hagan santo tiene el mismo estatuto que los rituales internos de la iglesia anglicana o del judaísmo. El problema es que Calderón acudió en su calidad de presidente, tan es así que Presidencia emitió un boletín: "El Jefe del Ejecutivo mexicano realizará una visita oficial..." que responde "...a los lazos de amistad y de cooperación existentes entre México y el Estado Vaticano" ¿Qué asuntos de estado se trataron? La beatificación no concierne al estado mexicano. Pero hay más.
Resulta que al señor Marcial Maciel, fundador y líder de una congregación católica muy activa en México, se le imputa la responsabilidad directa de múltiples delitos de pederastia, una de las grandes vergüenzas de la humanidad. México fue su escenario principal. Pero no se trató de un acto aislado, sino de la comisión sucesiva, de una serie de delitos que duró casi medio siglo. Que Maciel incumpliera con sus compromisos eclesiásticos -tener pareja y padre de familia- sin consecuencias al interior de su iglesia es un asunto, de nuevo, interno. Pero los delitos son ofensas públicas.
Las ofensas públicas del señor Maciel no ocurrieron en Angola o en Surinam. Ocurrieron en México, el mismo país que gobierna Calderón. Que su perversidad y capacidad organizativa para el mal tuvieran una proliferación deleznable y que el delito se haya multiplicado a miles de víctimas en muchos países al amparo de las sotanas católicas, tiene sus implicaciones en la beatificación y por lo tanto en las implicaciones de la presencia del presidente de México en Roma. Ofendidos hay muchos en muchos países. Además los testimonios indican que el Vaticano sabía y no sólo eso: sabía desde hace mucho. Allí está el más reciente dado a conocer por José Barba -una de las víctimas y por el padre Alberto Athié, los dos mexicanos- que remiten a casi medio siglo atrás. Suficiente tiempo para darse por enterados de las degradaciones de este delincuente disfrazado de sacerdote.
Resulta que cuando Wojtyla llegó al papado, según las pruebas documentales, las degradaciones de Maciel eran conocidas. ¿Qué hizo Wojtyla? Nada, peor aún, siguió dando cobijos públicos al degenerado, por lo menos en términos de su presencia al interior del Vaticano. O quizá Wojtyla y él intercambiaban otra mercancía: el poder. A esa fiesta fue Calderón, fue a aplaudir el silencio cómplice de la degradación humana y que el depravado se saliera con la suya y que, durante décadas, burlara al estado mexicano y sus seguidores del mundo. Supongamos que Wojtyla nunca supo nada -muy difícil de creer- no le bastaban a Calderón las dudas al respecto para abstenerse de participar en esa cuestionada fiesta.
Dejémonos de cuentos. Si Calderón hubiera ido por la bendición, es muy su asunto y yo defenderé su derecho. Pero la visita fue oficial. Calderón confundió jerarquías, primero iban las leyes, el rechazo y condena al horror y al silencio cómplice, la solidaridad con las víctimas mexicanas, con los miles de ofendidos. Los pederastas, los golpeadores de mujeres, son ralea. Independientemente de la popularidad de Wojtyla, se exigen definiciones. Calderón desperdició una espléndida oportunidad para hacer mutis, con eso bastaba. Pero ¡cómo exigir racionalidad republicana! Las obsesiones son obsesiones, primero va el 2012, los votos, la invitación al Papá para mitigar el "sufrimiento" y después los principios frente a una de las peores bajezas humanas.
Se le atribuye la fundación de la red terrorista Al Qaeda, según se dice en su biografía era responsable de haber implementado los ataques, entre otros, a las Torres Gemelas que albergaban el World Trade Center aquel 11 de septiembre de 2001.
Cómo olvidarlo. Ese maravilloso invento que es la Televisión, se encargó de traerlo en vivo hasta nuestros hogares, en un acto de violencia que no podíamos creer estuviera sucediendo. Más bien parecía un programa de ésos a los que tan afectos son nuestros vecinos, la Guerra de las Galaxias. Hacía rato que había amanecido. Entre el abundante follaje del robusto nogal se oía claramente en un cielo despejado el hermosísimo canto de un cenzontle que parado en una rama acostumbra a darnos los buenos días.
El televisor mientras tanto hacía hasta lo imposible por llamar nuestra atención. Un poderoso avión se estrellaba en los pisos de arriba de uno de los edificios. Mientras, minutos después otro avión de impactaba contra la torre vecina, este último era perseguido por un avión-caza que no pudo hacer nada por evitarlo. De repente a mis oídos regresaron los ruidos habituales. Lo vehículos enojados porque no avanzaban, allá en la calle, atronaban con el ruido de sus acelerados motores y sus cláxones, desesperados por llegar a sus trabajos.
El gobierno ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por la cabeza de Osama, a pesar de que la autoría de los atentados no está confirmada por el FBI. El primero de mayo, hace apenas unas cuantas horas, el presidente Barack Obama anunció oficialmente la muerte del líder de Al Qaeda, tras un operativo militar realizado por comandos estadounidenses en hechos ocurridos en Pakistán.
Bin Laden, se dice, siempre apoyó el uso de la violencia. En una carta escrita en 2002 condenaba al pueblo estadounidense por sus actos inmorales de fornicación, homosexualidad, drogadicción, ludopatía y usura.
Quién lo diría, en 1980 es entrenado por la C.I.A. aprendió cómo mover dinero a través de sociedades fantasmas y paraísos fiscales. Se decía en aquellos años que era socio de George Bush padre. Aprendió a preparar explosivos, a utilizar códigos cifrados, pudiendo volverse ojo de hormiga o sea se convirtió en un hombre del que nadie sabía dónde se ocultaba. El FBI no tiene evidencia convincente de la conexión de Bin Laden con los hechos acaecidos el 11 de septiembre. Lo han dado por muerto muchas veces, sin que haya pruebas de que es un zahori o que padecía una enfermedad incurable.
Ahora, se afirma, que falleció de un tiro en la cabeza, desarrollándose el operativo que había sido aprobado por Obama, en escasos 40 minutos. La cuestión es que si las informaciones dadas a conocer por el propio Presidente de Estados Unidos de América, son hechos comprobados, el hombre nació en 1947, en el seno de una familia acomodada, midiendo de estatura más de dos metros. Un grupo de élite puso fin, se dice, a la vida de quien no se había probado con certeza que hubiera participado en los actos terroristas que se le atribuyen.
Supuestamente le dieron un tiro en la cabeza con lo cual dejaron en la obscuridad a).- si pudieron atraparlo vivo, quizá no era conveniente, y b).-pudiera haber delatado sus ligas con antiguos socios, lo que tampoco convenía. Si partimos de la base de que en efecto pasó a mejor vida, lo que dados los antecedentes puede ponerse en tela de duda, se verá muy pronto. No me sorprendería verlo uno de estos días desde algún país árabe haciendo declaraciones y llamando a una Guerra Santa.
Lo que no extrañaría a nadie después de las metidas de pata que no hace mucho llevó a la horca a Saddam Hussein, cuando los servicios de Inteligencia justificaron su intervención en Irak, al darse cuenta que tenían armas de destrucción masiva que después se supo, no era verdad. Total, todo queda tras un velo de misterio que sólo los Wikileófilos podrán desentrañar algún día de éstos Entonces se sabrá si fue ejecutado con un tiro en la testa y si así fue, por qué.
Bien, murió el más odiado de los terroristas. Quizá Carlos el terrorista, actualmente preso en una cárcel de Francia, se le puede comparar. Varias decenas de años atrás, fue atrapado en Jartum, capital de Sudán, después de que su buena estrella brillara en las décadas de 1970 y 1980. Fue el terrorista más buscado, en su tiempo, al que se le dio el apodo del Chacal. En el filme que se hizo en los días en que era presidente de Francia, Charles de Gaulle, se le da el tratamiento de un frío y calculador asesino de masas al que no le importa acabar con la vida de inocentes con tal de conseguir sus objetivos. Su nombre es Ilich Ramírez Sánchez, de origen venezolano.
Aunque si he de señalar al terrorista con mayores méritos (¿?) para figurar como el más asqueroso de todos los que ha habido, tendría que nombrar a Mehmet Alí Agca, que hirió gravemente al ahora beato el Papa Juan Pablo II en la plaza del Vaticano. Esto quiere decir que con mayor o menor éxito el mundo seguirá soportando las andanzas de estos desadaptados.
En fin, lo que deja una interrogación para el futuro de la humanidad es que las autoridades americanas no hayan podido culpar, con pruebas en la mano, a Osama bin Laden del acto terrorista en que usando aviones comerciales derribaron las Torres Gemelas. Una singularidad: cuando el atentado a las torres, hubo escenas en las que se vio a cierta población árabe bailando de contento, ahora se cumple la máxima de que quien ríe al último, ríe mejor. Si es que las muertes de seres humanos puedan constituir una diversión.
Osama bin Laden era un asunto no resuelto para los estadounidenses al menos desde 1998, cuando este terrorista saudí ingresó a la lista de los hombres más buscados por el FBI. Bajo la planeación de Bin Laden, en agosto de 1998 fueron atacadas las embajadas de Estados Unidos en Kenia y en Tanzania. El entonces presidente Bill Clinton prometió capturar a Osama, pero se fue de la Presidencia en enero de 2001 sin haberlo logrado.
Bin Laden se escondió en Afganistán desde entonces y fue cobijado por el ahora desaparecido régimen talibán, con cuya ayuda planeó los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Esos ataques revolucionaron la política exterior del entonces recién electo George W. Bush y cambiaron la vida de miles de millones de personas para siempre, ya que impactaron profundamente en la manera en la que millones nos transportamos en todo el mundo y porque modificaron radicalmente la vida de millones más en países como Afganistán, Irak y, en general, en todo el Oriente Medio.
Si con Bill Clinton, la captura de Osama era un asunto no resuelto, con George W. Bush se convirtió en una obsesión personal. En torno a la figura de Osama, Bush armó todo un discurso maniqueo de los "buenos" contra "los malos"; en torno a la figura de Osama, Bush dividió al mundo en "el eje del mal" y calificó la política exterior de otros países con respecto a si estaban a favor o en contra de la nueva política de seguridad lanzada por su gobierno. Tan sólo basta con recordar que el nombre inicial de la operación militar lanzada contra el régimen Afganistán en 2001 fue el de "Justicia Infinita", para entender hasta qué grado la captura de Bin Laden era una obsesión personal de Bush Jr.
Osama se convirtió durante los ocho años de la Presidencia de Bush en un recurso discursivo para la movilización del voto electoral. Con una política del miedo que bien podría resumirse en un: "o me reeligen a mí o con John Kerry y los demócratas, Al Qaeda volverá a atacar", Bush ganó la reelección en el 2004 sin haber cumplido la promesa de capturar a Bin Laden "vivo o muerto".
Nueve años y ocho meses después de los atentados de 2001, y casi trece años después de los ataques contra las embajadas en África, el presidente Obama anunció la captura y la muerte del hombre más buscado por Estados Unidos.
La muerte de Osama bin Laden representa una enorme victoria para la Presidencia de Barack Obama. El New York Times incluso habla de una "Presidencia transformada". Y en efecto es un logro de la mayor trascendencia que ayuda a Obama a pavimentar más sólidamente el camino a la reelección en 2012, pero que especialmente significa el entierro de la política del miedo iniciada por George W. Bush.
Tan sólo basta con leer el mensaje prudente de casi diez minutos que Barack Obama dio a su pueblo y al mundo para dar a conocer la muerte de Bin Laden. En ese mensaje no hay un solo "We Got Him" o "Lo atrapamos", como seguramente hubiera hecho George W. Bush o cualquier otro halcón republicano. Por el contrario, en el mensaje de Obama hay un tono serio y calmado. Hasta el momento ni siquiera se ha mostrado el cuerpo de Bin Laden, como sí hizo Bush al mostrar imágenes y videos de la captura "como una rata" de Saddam Hussein en diciembre de 2003 y de su posterior ejecución en 2006.
La captura de Bin Laden es simbólica porque como comentan varios analistas de seguridad y expertos en terrorismo, Al Qaeda seguía activa ya sin la dirección de Bin Laden desde 2001. Osama no era más que un líder ideológico ya y las operaciones y de las células terroristas de Al Qaeda, que no han atacado con éxito ninguna ciudad occidental desde 2005, están difusas y bajo el mando del egipcio Ayman Al Zawahiri.
La captura de Osama volverá a poner el reflector por unas semanas en la seguridad. Ya el Departamento de Estado ha advertido a los estadounidenses sobre riesgos de viaje a algunos países árabes y tal vez se incremente la seguridad y la alerta terrorista en Estados Unidos para prevenir alguna represalia. Sin embargo, la muerte de Osama le quita al presidente Obama una promesa de campaña: "matar a Osama bin Laden", y le fortalece sus credenciales en política de seguridad y exterior, pero quizá lo más importante es que le quita del camino este tema para concentrar la reelección en sus temas: la economía y en los temas suaves de la política exterior, y sí, enterrando la política del miedo que Bush tanto utilizó.
Politólogo e Internacionalista
Twitter @genarolozano
Comentaristas - Martes, 03 de Mayo de 2011 (08:42 hrs)
Carlos Ramírez
PRI protege a ex de Tamaulipas
Premio por ceder estado a narco
Luego de haber fracasado en su intento por obtener la candidatura presidencial del PRI en 2012, de haber padecido el asesinato de su candidato sucesor y de haber cedido Tamaulipas al crimen organizado, el exgobernador Eugenio Hernández Flores será premiado por el PRI con el cargo de secretario técnico del consejo político nacional como paso previo para una senaduría priista en 2012.
Aunque se ha querido vender el cargo en el CEN priista como un reconocimiento a su militancia política, en realidad se trata de una maniobra del PRI de Enrique Peña Nieto para blindarlo de cualquier intento gubernamental federal por fincarle responsabilidades por el colapso institucional y de seguridad en Tamaulipas. Cuando tomó posesión de gobernador en febrero de 2005, Tamaulipas casi no aparecía en el mapa del narcotráfico; hoy es el estado fallido dominado por el poder y el terror de las bandas del crimen organizado.
El exgobernador tamaulipeco podría ser la imagen del nuevo PRI, del que quiere regresar al poder presidencial en 2012. Sin embargo, es también el ejemplo que las autoridades federales y de seguridad ponen sobre cómo ceder el poder local al crimen organizado: municipios enteros son dominados por el terror de las bandas criminales.
Pero el caso de Hernández Flores ilustra la forma de hacer política elitista en el PRI. Apenas tomó posesión del cargo, el gobernador Egidio Torre Cantú, hermano del candidato asesinado Rodolfo, envió mensajes de que su antecesor Hernández Flores estaba desterrado de la entidad. Pero antes que otra cosa, la nueva dirigencia nacional del PRI lo arropó y en breve será erigido en uno de los cargos más importantes del PRI: la coordinación del consejo político nacional, es decir, el responsable de mantener relaciones con la élite nacional priista. En términos reales, el secretario técnico del CPN es el número dos de la jerarquía política del tricolor.
Eso sí, Hernández Flores estará obligado a enfrentar las responsabilidades políticas, administrativas y hasta penales de lo ocurrido en los últimos seis años en Tamaulipas, donde el Ejército ha tenido que recuperar espacios territoriales a sangre y fuego. Lo que se está investigando por las autoridades federales es si la penetración del crimen organizado en el estado fue producto de la complicidad del poder o si se trata de un caso típico de incompetencia política del gobierno de Hernández Flores. De todos modos, el exgobernador tendrá que rendir cuentas a la sociedad, aun cuando sea protegido por el PRI nacional.
Por lo pronto, sigue estancada la investigación del asesinato de Rodolfo Torre Cantú, ocurrida en plena campaña de gobernador. En el expediente de indagación se asientan datos que revelan que el candidato se habría negado a cualquier pacto con el crimen organizado, lo que habría provocado la acción criminal. Por tanto, el gobernador Hernández Flores sólo habría podido transitar su sexenio sin problemas personales por algún entendimiento o acuerdo con los cárteles criminales.
Ahí es donde corrió la versión de que el cargo partidista a Hernández Flores sería una especie de blindaje político para evitar acusaciones que hagan sospechar acuerdos del gobernador con las mafias. El candado se cerraría el próximo año cuando el PRI designe candidato a senador priista a Hernández Flores, aunque desde ahora en ciertos niveles del PRI se habla no de un reconocimiento a su inexistente capacidad política -por el deterioro social, político y de seguridad en que dejó Tamaulipas-, sino de una garantía de impunidad ante acusaciones que tengan que ver con la inseguridad en Tamaulipas. Se trata de usar el fuero como blindaje personal.
El consejo político nacional es el cuerpo colegiado del PRI, formado por la élite priista nacional -CEN, gobernadores, legisladores, alcaldes, diputados, sectores y 15 consejeros electos por estado- como coordinador de los enlaces. Es decir, que se requiere de una capacidad de movilidad política y sobre todo con experiencia de coordinación de esfuerzos. Y ahí es donde se percibe que Hernández Flores llegaría a la posición del consejo político sólo por las complicidades del poder y no por capacidad, pues lo que falló en Tamaulipas durante su gobierno fue justamente la capacidad de coordinación: el estado se abandonó al libre juego de las fuerzas del crimen organizado y hoy Tamaulipas es un estado fallido.
La organización criminal de Los Zetas y el cártel del Golfo se asentaron sin problemas en Tamaulipas. El arresto y extradición de Osiel Cárdenas permitió que El Lazca Heriberto Lazcano quedara al frente del cártel en 2008, justamente en la administración de Hernández Flores. Ante la pasividad del gobierno estatal, Los Zetas y el cártel del Golfo entraron en una guerra criminal por la plaza, con el hecho adicional de que La Familia michoacana, diezmada por la acción del Ejército en Michoacán, llegó a Tamaulipas -también durante el gobierno de Hernández Flores- a apoyar al cártel del Golfo contra Los Zetas.
A lo largo de la gestión de Hernández Flores como gobernador, el Ejército tuvo que entrar a combatir al crimen organizado pero sin contar con la colaboración del gobierno estatal ni con el apoyo de la sociedad. A pesar de las evidencias de que Tamaulipas cayó bajo dominio criminal por la gestión de Hernández Flores, el PRI arrasó en las elecciones de gobernador. Importantes sectores de la sociedad han señalado ya que prefieren convivir con los narcos que con las fuerzas de seguridad.
Como el pasivo de haber dejado el estado de Tamaulipas en manos del crimen organizado y con el Ejército luchando palmo a palmo para recuperar la entidad, el exgobernador Eugenio Hernández Flores será premiado con el cargo de secretario técnico del consejo político nacional del PRI de Peña Nieto, del PRI enfilado ya hacia la recuperación de la Presidencia de la República en 2012.
www.grupotransicion.com.mx
carlosr...@hotmail.com
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Peña Nieto ¿llegará con Liébano? Pablo Hiriart |
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Todas las encuestas apuntan a que Enrique Peña Nieto será el próximo Presidente. Si conviene o no al país lo evaluarán los electores. Lo que aterra es que llegue a Los Pinos del brazo de Elba Esther Gordillo y Liébano Sáenz. Dicen que la maestra es buena para ganar elecciones, por el trabajo de sus operadores y la presencia de los profesores en las casillas. Puede ser. Y Liébano, ¿para qué sirve? Como encuestador resultó una nulidad junto con su socio Federico Berrueto. Beatriz Paredes les dio la exclusividad para las elecciones de gobernador del año pasado, y le dijeron que ganaba en todas. Por eso ganar nueve de doce gubernaturas se vio como una derrota priista después de anunciar “carro completo”. A Beatriz le pagan con puyas como la que le puso el socio de Liébano hace algunas semanas (para golpear a Beltrones), en un artículo en el que de paso maltrata al diario que le da tribuna. Bueno, hay cosas que, como en el cuento del alacrán y el cocodrilo, están en su naturaleza. Volvamos a la pregunta: ¿Para qué necesita Peña Nieto a Liébano? ¿Para qué es bueno? Es cierto que Peña Nieto está en la mira del gobierno de Felipe Calderón. Contra él se han unido todos los aspirantes presidenciales panistas. Liébano no le sirve de mucho en una campaña, pues sus dotes están en otro giro. Su labor destacada fue como jefe de staff en Los Pinos. Le va a servir a Peña Nieto si éste piensa mandar a hacer máscaras de Felipe Calderón cuando gane, y repartirlas entre niños de la calle. Si Peña va a instrumentar una persecución contra Felipe Calderón, o contra Beltrones, se entiende la cercanía. Tal vez Peña Nieto tenga pensado manejar desde Los Pinos al Cisen para venganzas políticas. Puede tener en mente repartir testimonios judiciales en los medios de comunicación para intimidar a sus compañeros de partido. Bueno, es posible que planee descuidar la procuración de justicia y utilizar los instrumentos del Estado para espiar adversarios personales del Presidente. El Poder Judicial no anda bien, lo sabemos, pero ¿ayudará que desde Los Pinos se vuelvan a redactar sentencias o a inducir a jueces? Se ve difícil que Peña Nieto quiera mandar cámaras de televisión a las puertas de las casas de quienes lo ayudaron, para fastidiar. O que en su sucesión, desde Los Pinos se le hable a la esposa de su adversario, a la una de la tarde del día de los comicios, para pasarte “el tip” de que va a ganar. En fin, es prematuro y falta mucho por ver. Aunque eso de “dime con quién andas y te diré quién eres”, es mejor considerarlo ahora y no lamentarlo después. p...@razon.com.mx |
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Carta dirigida al general Galván Carlos Alazraki |
Estimado General Secretario:Sin duda, le reconozco la extraordinaria labor que el Ejército está haciendo para que México mejore en el área de la seguridad. Sin embargo este fin de semana recibí una carta de un lector o de un radioescucha de Tamaulipas que me enchinó el cuerpo. Le resumo esta carta: El autobús de la línea ADO hacía su parada en San Fernando, Tamaulipas, con destino a Reynosa. Eran las 8 y media de la noche del 25 de marzo del 2011. Los 15 pasajeros no sabrían que ésa sería su última noche. El autobús iba saliendo de la ciudad cuando el chofer miró a lo lejos unas camionetas atravesadas a la mitad de la calle y a unos hombres encapuchados empuñando su AR-15. En ese instante, cuando los encapuchados lo pararon, supo que todo había terminado. Los hombres se acercaron y apuntando sus armas al chofer éste abrió la puerta y al instante subieron los hombres armados. Uno de los hombres armados le pegó con la culeta de su arma al chofer y los otros dos entraban al área de pasajeros gritando: “ya se los cargó la chingada a todos, putos”. Todos los pasajeros aterrorizados, las mujeres llorando y los niños abrazaban a sus padres. Diez kilómetros después llegaron a un lugar en medio de la nada. Ahí se encontraban unas 20 camionetas de lujo y también tres autobuses de varias líneas. Bajan a los pobres pasajeros, los atan y los llevaron a una esquina. Ahí se acerca un hombre que tenía una vestimenta de comando negro y chaleco antibalas y todos se dirigían a él como el Comandante 40. Ahí el Comandante 40 se acerca al grupo y le dice: “A ver, cabrones, el que quiera vivir que lo diga de una vez”. Un niño de 15 años aterrado por lo que estaba viviendo se hizo pipí en los pantalones. El Comandante 40 sacó su arma, corta de la fornitura y sin titubear le pega al niño un tiro en la frente. El comandante volteándose al grupo pregunta: “¿Quién más es maricón?”. Nadie respondió. “Les preguntaré por última vez: ¿Quién puta madre quiere vivir?”. Esta vez lo hizo gritando y todos los hombres levantaron la mano. “Bien, se les hará una prueba a ver qué chingones son, el que lo logre sobrevivirá y el que no… se chingó.” Al grito de traigan los marros, el Comandante 40 les explica: “se van a poner en parejas y se van a partir la madre, el que sobreviva se viene a jalar con nosotros y el que no... se chingó”. Todo en tono sarcástico mientras sus hombres reían. Los pasajeros no lo podían creer. Todos tomaron sus mazos y se pusieron en parejas y veían a su contrincante con una mirada de miedo. Lo que siguió, General Secretario, ya se lo imaginará: desde un batazo en la cabeza a un campesino por no querer pelear, y que por cierto murió, hasta todos los hombres peleando entre ellos, más violaciones a las más jóvenes sin importar que los niños menores de ocho años estuvieran viendo esa masacre. Después, a los niños se los llevaron a otra parte, donde había unos tanques con ácido. Ahí los aventaban y, mientras se oían gritos de dolor, los sicarios reían y reían diciendo que “ya va estar listo el caldo”. A los viejos amarrados, el comandante ordenó al chofer del autobús “que pase por arriba de ellos”. Al negarse, lo asesinaron a balazos. Bajaron del autobús y le prendieron fuego. Y a los ganadores del pleito con los marros, simplemente les dijo: “Bienvenidos al grupo de fuerzas especiales, el otro ejército”. Fin de la historia. Desgraciadamente, de una historia real. General Secretario: aquí las palabras sobran... Nuestro único deseo es que ojalá y capturen a este “comandante” y que pague lo que hizo. No es posible que en estos casos los malos ganen. Y a nombre de todos nosotros, le deseamos que muy pronto tengamos buenas noticias de estos depravadores mentales. Y que muy pronto el caso esté cerrado (si sabe a lo que me refiero...). Reciba un saludo muy afectuoso. |


La caída salarial se debe, en parte, a la crisis, al aumento de precios, pero también a que la economía del país no ha crecido en 20 años, señaló Gonzalo Hernández, del Coneval

México, DF. El Índice de desarrollo humano de hogares e individuos 2009 reportó que entre 2000 y 2008 cayó el ingreso de la población en 2.1 por ciento. Éste es el indicador que ha provocado mayor desigualdad entre los mexicanos, mantiene "las brechas" entre quienes tienen más recursos económicos y los que tienen menos, señaló Magdy Martínez, representante en México de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Mientras "las políticas sociales han tenido éxito y han acolchado las diferencias entre ricos y pobres, la economía, el empleo y el ingreso han mantenido las brechas", las cuales no se redujeron en la década estudiada. "Falla el mercado de trabajo, no aumenta el ingreso digno, pero la salud y la educación evitan la polarización social."
En cuanto al debate político sobre la pobreza que se ha dado en semanas recientes, consideró que es "bueno" que haya esta discusión acerca del tema, "quizá haga falta más rigor, que se hable más de cifras reales".
Explicó que la cobertura de educación y salud tuvo un incremento, y el desarrollo humano en general tuvo un avance de 2.2 por ciento en el país. "La salud es la dimensión más igualitaria en esta década, creció 7 por ciento en los más pobres y la educación creció 12 por ciento".
El desarrollo humano en los hogares tuvo un incremento de 2.2 por ciento, pero entre 2006 y 2008 se dio una caída de 0.2 por ciento, a pesar del crecimiento en índices de educación y salud. “La caída en el ingreso llevó al índice de desarrollo humano a una ‘reducción marginal’.”
El documento detalla que 30 por ciento de los hogares con menos ingreso concentra a 37 por ciento de los individuos, mientras 30 por ciento de los que tienen mayor ingreso integra tan sólo 23 por ciento.
La caída del ingreso se debe en parte a la crisis económica, al aumento en el precio de los alimentos, pero también a que la economía del país no ha crecido de manera sustancial en los pasados 20 años, dijo por su parte Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
Este organismo presentó ayer resultados en materia de cobertura de los servicios de salud, educación, calidad y servicios básicos de vivienda –cuatro de los ocho indicadores que se consideran en la medición multidimensional de la pobreza– que se evaluaron con base en los resultados del Censo de Población y Vivienda 2010, y en los cuales se observó un incremento en los índices, aunque, Hernández Licona admitió que el reto es elevar la calidad.
La población con rezago educativo hasta 2010 era de 19.4 por ciento; en 2000 fue de 22.5, y en 1990 de 26.6. Los estados con el rezago mayor en la actualidad son Chiapas, con 32 por ciento; Oaxaca, 29.9, y Michoacán, 28.5.
En cuanto a acceso a servicios de salud en 2010, 33.2 por ciento de los mexicanos carecía de ellos; 10 años antes el déficit llegaba a 58.8 por ciento, pero aún no existía el Seguro Popular. Los estados más rezagados son Puebla (50.4 por ciento de su población), Guerrero (46.1 por ciento) y Michoacán (44.3 por ciento).
La población con carencia en la calidad y espacios de la vivienda era de 17 por ciento en 2010; una década antes incidía en 28.4 por ciento, mientras en 1990 afectaba a 41.5 por ciento. Guerrero es el más rezagado: 41.8 por ciento; seguido de Chiapas, 37.1, y de Oaxaca, 35.4.
El acceso a servicios básicos también redujo el rezago, ya que mientras el año pasado 19.3 por ciento de los mexicanos careció de ellos, en 2000 el porcentaje fue de 32.3, y en 1990, de 44.3. Por estados, Guerrero es el más rezagado: 50.3 por ciento; seguido de Oaxaca, 48 por ciento, y Chiapas con 39.8.
Hernández Licona precisó que en julio se conocerán las cifras actualizadas sobre pobreza y acceso a la alimentación, el censo no reporta esta información, así que hay que esperar los resultados de la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares. Concluyó que hay avance en los indicadores presentados, pero "el ingreso, el poder adquisitivo y el acceso a la alimentación han bajado".
Algo pasa que no nos deja avanzar. Y no es precisamente la ausencia de mayorías. El cierre del periodo de sesiones del Congreso nos hizo un favor. Nos mostró que el problema no es de mayorías sino del uso que se hace de ellas y, en su ausencia, de la posibilidad de armarlas, cuando hay voluntad y liderazgo. Las mayorías pueden servir para proponer, aprobar y avanzar pero también para vetar, rechazar y paralizar.
En el Senado no hay partido que tenga mayoría y sin embargo han dado mayores muestras del arte de la negociación para formarlas. Sin mayoría alguna aprobaron reformas constitucionales importantes como la de derechos humanos y la política y varias leyes secundarias.
En la Cámara de Diputados sí hay mayoría: la conforman la alianza PRI-Verde con 258 legisladores y a la que se suma el PANAL para llegar a 267. Y qué hicieron con su mayoría: se negaron a discutir la reforma fiscal, se rehusaron a llevar al pleno la laboral y la de seguridad nacional, vetaron la reforma política e impidieron los acuerdos para nombrar a los tres consejeros del IFE.
Lo que ocurrió con las cuatro reformas demostró para qué sirven las mayorías. La reforma fiscal fue planteada por un senador de su propio partido, pero sus colegas en la Cámara de Diputados le dijeron clarito que no. Les incomodaba su denominación de origen -el senador Beltrones- y el impacto electoral sobre su más seguro candidato. La reforma laboral se negoció con el PAN, se llegó a un dictamen de consenso y al final los priistas la retiraron. Josefina Vázquez Mota acompañada de su bancada los exhibió: retiró la iniciativa del PAN y le firmaron la suya, sin modificación alguna, al PRI. No les importó. Pesó más la amenaza de parte del PRD y de AMLO de hacer movilizaciones que pudieran empañar las elecciones del Estado de México y el costo frente al sector obrero. La de seguridad nacional que recibieron del Senado tampoco les gustó a los diputados del PRI. Propusieron un dictamen alternativo liderado por el diputado mexiquense Navarrete Prida. Los votos les alcanzaban para aprobar una iniciativa con las modificaciones que ellos quisieran pero evaluaron los costos de hacerlo y se arrepintieron. Argumentaron que no se podía legislar al vapor en un tema tan importante. ¿Al vapor? ¡Pero si los senadores se las enviaron hace un año! La reforma política también fue frenada. Necesitaba una mayoría de dos tercios (330 diputados). A la bancada del PRI no le alcanzaban sus votos pero el PAN que tiene 142 diputados le ofreció los suyos. El PRI volvió a quedar exhibido en su negativa. Curiosamente esta iniciativa también llevaba la denominación de origen del presidente del Senado.
La democracia tiene entre sus ventajas la transparencia. Permite conocer la conducta de los políticos. Sabemos quién vota a favor y quién en contra de las iniciativas. Sabemos quién tiene la mayoría para aprobarlas o rechazarlas. Sabemos quién es responsable de que las cosas sucedan o dejen de suceder. Haga usted las cuentas.
La aritmética no miente: el PRI tiene la mayoría de diputados para pasar las reformas legales que hubiesen querido. Si no les parecían las del Presidente, los otros partidos o las de sus propios senadores, bien podían haber propuesto y aprobado las que fueran de su gusto o conveniencia. Pero no. Usaron su mayoría para paralizar, vetar y rechazar.
Lo que sorprende es que Peña Nieto -a quien por error político se ha presumido como el pastor de la bancada- ha planteado públicamente su posición respecto a las mayorías ("Mayorías en el Congreso para un Estado eficaz", El Universal, 16/03/2010). Él afirma que "México ha vivido más de una década sin grandes reformas porque nuestro sistema dificulta la construcción de mayorías" y que "sin mayorías se pierde la capacidad de decidir y transformar ...". Propone como alternativa para generar esas mayorías eliminar el tope de sobrerrepresentación del 8% que admite la legislación electoral mexicana o introducir la cláusula de gobernabilidad para dar al partido que obtenga el 35% de la votación una mayoría absoluta en el Congreso.
El gobernador debería replantearse el tema. Primero porque ningún país con credenciales democráticas ha optado por la cláusula de gobernabilidad en atención a que implica quitarle votos/asientos a un partido que los ganó para dárselos a otro que no lo hizo. La han tenido Camerún, Chad y Corea del Sur. Segundo porque ha quedado demostrado que la mayoría de su partido en la Cámara de Diputados no ha servido para "decidir y transformar" mientras que la no mayoría en el Senado ha demostrado mayor capacidad para hacerlo.
Hace 4 semanas, subrayé la importancia de examinar nuevas propuestas de nación de los partidos y movimientos políticos nacionales en un momento en que los antiguos y vigentes ya han mostrado su ineficacia y falta de apoyo popular y destaqué la aparición de dos opciones recientes: la de López Obrador anunciada el 21 de marzo y la de Ebrard; ambas ignoradas o comentadas escasamente por los medios y observadores políticos, demasiado ocupados con la grilla parlamentaria y la sucesión del poder.
Los limitados logros del Congreso en su sesión ordinaria muestra que ahora, más que nunca, la clase política, pero también los ciudadanos comunes y corrientes, tenemos que hacer lo posible por concentrarnos más en lo sustantivo -como la bienvenida aprobación del derecho a la alimentación y menos - de ser posible - en las batallas entre “copete y bigote” y los peregrinajes vaticanos.
Hoy cuando ya he tenido la oportunidad de leer el Nuevo Proyecto de Nación, aprovecho para hacer algunos comentarios.
1º El texto me parece una importante contribución a la discusión de una alternativa nacional. A diferencia del proyecto de hace 6 años, que critiqué por falta de consistencia, niveles muy diversos de análisis y profundidad y francos estancamientos en el pasado ideológico de la izquierda, este me parece un proyecto novedoso y profundo que merece ser discutido superando prejuicios. Por lo pronto es el más detallado y va bastante más allá de los 50 puntos enunciados por AMLO.
2º La lista de los 37 autores tiene mucho que ver con el resultado: Bartra, Córdova, Flores Olea, González Pedrero, Gutiérrez Vega, Hellmund, Linares, Marván, Meyer, JE Navarrete, Pérez Gay, Poniatowska, Ramírez de la O, Scheinbaum, Semo, C. Tello, H. Vasconcelos y otros 20 distinguidos intelectuales y experimentados ex-funcionarios públicos tienen muchas ideas brillantes que presentar en un proyecto integral.
3º El nuevo proyecto de nación consta de 10 capítulos que cubren en 339 páginas casi todos los temas cruciales para el futuro del país: la necesidad de una revolución de las consciencias; el renovado papel del estado; el acceso a los medios de comunicación; la nueva ética frente a la corrupción; una nueva economía; el combate a los monopolios; reforma fiscal y distribución de la riqueza; el sector energético; el campo y la soberanía alimentaria; el estado de bienestar y el derecho a la felicidad de los mexicanos. Aunque me hubiera gustado ver capítulos específicos sobre algunos temas, como el desarrollo industrial y la política exterior, para mí ambos importantes temas, así como la salud, la educación, la investigación y el desarrollo tecnológico, que están incluidos, aunque a veces un poco inesperadamente entre los textos de los 10 capítulos.
4º Tras de una presentación-agradecimiento de sólo 2 páginas a los autores de la obra colectiva, AMLO se compromete, como representante del Movimiento de Regeneración Nacional, a postular el proyecto y llevarlo a la práctica.
5º La introducción sitúa a México en una encrucijada, subrayando que “de lo que hoy hagamos o dejemos de hacer dependerá nuestro futuro como nación” y que vivimos una crisis múltiple que exige una vía distinta de la que ha venido imponiendo una minoría en los últimos 28 años. Hace un recuento de las elecciones del 2006, la campaña de AMLO, la crisis del 2008, y su impacto, para resaltar los miles de comités territoriales con que cuenta MORENA en el país. El proyecto, dice, no es una plataforma electoral. Es “una hoja de ruta para construir un país de iguales donde se respeten las diferencias e impere la legalidad, la justicia, la libertad y la democracia para todos.”
6º El primer capítulo es clave. México, nos dice, vive una degradación generalizada, pero lo más grave es la profunda crisis de valores. Sin una reconstrucción moral de la nación no habrá cambio verdadero. La batalla de la nación es ante todo un choque entre dos sistemas de valores: el de la minoría privilegiada, que busca mantener un status quo económicamente empobrecedor, socialmente excluyente y políticamente autoritario- dominado por los principios del libre mercado, frente a otro que promueve el amor por el trabajo, la solidaridad, el respeto por los demás y la generosidad en el marco de un estado social. Éste es el que hay que rescatar y actualizar. Para ello propone: a) recobrar el sentido de comunidad en todos los niveles, b) restaurar la ética política entre los representantes electos, infiltrada por la corrupción; c) crear instituciones de participación desde la base, que penalice a los que no cumplan; d) promover la cultura democrática, evitando la desmovilización del pueblo en los tramos entre elecciones; e) impulsar una visión integral de los derechos humanos, dando igual importancia a los sociales y a los individuales.
En mi próximo artículo haré un examen de las propuestas sustantivas más relevantes



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CUERNAVACA (CNNMéxico) — Los autores del multihomicidio de siete personas en Cuernavaca, Morelos, entre ellas Juan Francisco Sicilia Ortega, hijo del poeta Javier Sicilia pertenecen al cártel del Pacífico Sur, comandado por Julio de Jesús Radilla, por quién la PGR ofrece unarecompensa de hasta 10 millones de pesos informó Luis Cárdenas Palomino, Coordinador de Seguridad Regional de la Policía Federal.
Hasta el momento son siete las personas detenidas acusadas de participar en el homicidio anunció este lunes en Cuernavaca, Morelos, Ricardo Nájera Herrera, vocero de la Procuraduría General de la República (PGR).
Dijo que de los detenidos, cuatro están relacionados directamente con los homicidios, pero los que mayor participación tuvieron fueron los presentados por la Policía Federal, identificados como Jesús Cárdenas Pérez y César Galindo Pérez.
Por su parte, Cárdenas Palomino, informó que gracias a testigos ya se tiene identificado dónde se llevó a cabo el secuestro, que fue exactamente afuera del bar Obsession, y se ha acreditado la ubicación de la casa de seguridad donde se privó de la vida a las siete personas.
"En este momento se están llevando actividades periciales en la casa, hemos acreditado que la célula del negro Radilla es la célula que realizó el homicidio de las siete personas vinculadas con estos hechos”, expresó Cárdenas palomino.
Los cuerpos de Juan Francisco Sicilia Ortega y seis personas más fueron encontrados dentro de un vehículo la mañana del 28 de marzo en el municipio de Temixco, Morelos, crimen que detonó varias movilizaciones de la sociedad del estado para exigir justicia.
Para el cinco de mayo está programada una marcha nacional que partirá de la paloma de la paz en la entrada norte de Cuernavaca, hasta el zócalo de la Ciudad de México, en donde el periodista Javier Sicilia convocará a las autoridades a la firma de un pacto nacional para terminar con la ola de violencia que se vive en el País.
| 03 de mayo de 2011 |
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El movimiento generado por quince de péndulos se desdobla en una sublime danza sincrónica que nos recuerda la magia del traslado rítmico de una serie de cuerpos