El cooperativismo avanza en la cárcel entre internos y familiares
En la granja de la UP Nº 1 trabajan 36
presos que aprenden distintas tareas, pero además a través del Pro
Huerta del INTA reciben semillas sus familias. Cerca de 300 personas
realizan chacras externas.
La huerta provee de verduras a la cárcel y el excedente se vende en el puesto de la penitenciaría.
Javier Aragón / Redacción de UNO
De 300 presos que se encuentran en la cárcel de Paraná 200 participan
intensamente de los distintos talleres que les permitirán aprender un
oficio una vez que cumplan las tareas. Lo que se desarrolla en los
últimos meses es un programa de cooperación entre internos, sus
familiares, el Servicio Penitenciario y el INTA que les permite cumplir
con una tarea rentada en huertas y que lleva a ejecutar chacras en más
de 300 casas de la capital provincial.
La Unidad Penal Nº I de Paraná cada tanto es noticia por situaciones
de violencia o ilegales entre los presos, pero también de modo
permanente se amplían los 31 talleres para capacitar a los detenidos.
Uno de los sectores más dinámicos es el sector de la granja, donde en
las áreas de gallinero, cunicultura, huerta, lombricultura y la cría de
peces hay 36 presos trabajando que reciben una paga de 300 pesos
mensuales. Además de estar varias horas tratando de resocializarse y
aprender un oficio, les da la oportunidad de que sus propios familiares
sean capacitados y se les provea de semillas para que sean sembradas en
sus casas.
El director del Penal, Marcelo Sánchez, destacó el apoyo del Servicio
Penitenciario y del gobierno en las inversiones emprendidas en la
cárcel, en tanto que la granja, que se encuentra a cargo del sargento
Julio Velázquez, es difundida orgullosamente por las autoridades que
observan que la gran mayoría de los presos que acuden voluntariamente a
ese sector cumplen satisfactoriamente las tareas aprendidas.
En Paraná a través de este programa de cooperación, permite que 300
familias tengan sus huertas en las viviendas, que son supervisadas de
modo regular.
Velázquez explicó a UNO: “A los internos les hago
hincapié en que formen emprendimientos. Ellos pueden ser sus propios
patrones y tener su propia forma de ganarse la vida sin tener que andar
delinquiendo. Trabajo existe, hay que enseñarle a los internos que
tengan ideas y que las pongan en práctica”.
Esta cooperación se expande a las familias que están en la sociedad y
que son tenidas en cuenta en las acciones de tratamiento llevadas
adelante por el Servicio Penitenciario. En cooperación con el programa
del Pro Huerta del INTA Paraná, la institución trabaja para darle
semillas a las familias de los internos. Este es el modo de contener y
de reinsertar no sólo al interno, sino también al núcleo familiar.
Faena de conejos
En pocos días más se piensa habilitar en la cárcel un establecimiento para faenar conejos.
Desde el organismo ya cuentan con la habilitación sanitaria, por lo
que se está esperando cumplimentar la parte administrativa que permita
comercializar la carne en la región. Para ello, las autoridades de la UP
Nº 1 se contactaron con productores cunicultores de Paraná y Valle
María para asociar el emprendimiento y conformar la cadena productiva
que permita imponer una actividad no muy difundida en la provincia, que
logrará para la unidad penal nuevos ingresos económicos que serán
destinados a los presos, como también a la inversión en más obras.