REBELION
10-03-2012
Política y cooperativismo
Igual que casi 3 millones
y medio de personas en este país, soy socio de una cooperativa de
ahorro y crédito. Las cooperativas se definen como sociedades de
personas, no de capitales, donde la gente se asocia para resolver sus
necesidades de manera colectiva y solidaria. Esto quiere decir que
una cooperativa es una institución que actúa bajo profundas
convicciones éticas, no están sostenidas por el ánimo de lucro
sino por el ánimo de la ayuda y la cooperación. Y aunque para
algunos parezca sorprendente, se trata de organizaciones sumamente
exitosas e importantes para la economía del país, a pesar de que no
tienen el reconocimiento que deberían. Tan solo para graficar esto
último, solo los activos de las cooperativas de ahorro y crédito
controladas por la Superintendencia en el 2011 crecieron en 28,8%,
sus depósitos un 37% su patrimonio creció a 470.480.000 de
dólares, aunque lo más importante de esta cuenta está en las
reservas y en el capital social.
La mayor parte de los créditos
están dirigidos al consumo, que entendido desde la perspectiva
cooperativista contribuyen no solo a la reproducción del aparato
productivo sino esencialmente al mejoramiento de las condiciones para
la reproducción de la vida, con lo cual se estaría abonando a los
procesos de consolidación para el Buen Vivir. Las cooperativas son
actores fundamentales en el desarrollo de los pueblos, operando desde
el sector de la economía social y solidaria. Su acción
tiende
a reivindicar el componente social frente al capital, y probablemente
de aquí se desprende su éxito, pues permiten la participación
activa de sus socios en el control de su gestión social y
financiera, es decir fomentan el buen gobierno a través de procesos
de educación cooperativa (suponiendo que todas las cooperativas
tienen procesos de educación permanentes).
Desde que nacieron, los
cooperativistas decidieron estar lejanos a los procesos políticos
partidistas, estando sin embargo presentes, con su organización, en
los aspectos de la política social para beneficio de las personas.
Pero ello ha significado tener que sortear de manera casi
sistemática, las trabas que el sistema capitalista opone para la
concreción de su visión de servicio, que evidentemente alteraría
el sistema.
Por todo ello decimos que quizá haya que reconsiderar
con seriedad y en base a los objetivos mencionados, la no
intervención en la vida política. Quizá sea tiempo de pasar de la
politica social a la política pública, pero de manera alternativa y
sin caer en las prácticas corruptas y deshonestas, que permitan el
reforzamiento del movimiento cooperativo y la generación de las
condiciones para una sociedad cooperativa. Una participación
política que no persiga el poder, pero que posibilite la visibilidad
ante el poder. Una participación que democratice el poder.
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