Paradigmas
Calidad educativa
Dr. Leonardo Díaz
Director de la Escuela de Filosofía
Luego de los deprimentes resultados de nuestro sistema
educativo, según el Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE)
aplicada por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la UNESCO,
la opinión pública dominicana ha vuelto a reflexionar sobre el problema de
nuestras deficiencias educativas, un mal extensivo a la mayor parte de las
naciones del mundo.
La situación nos hace mirar hacia aquellos países que
son hoy la referencia de la educación a escala global: Finlandia y Corea del
Sur.
En una reseña del periódico español El Mundo se destacan las similitudes y
diferencias de los sistemas educativos de ambos países. Me detendré en las
similitudes.
En primer lugar, ambas naciones poseen
una educación básicamente pública y gratuita. Son ejemplos que refutan a
quienes defienden la tesis de que el Estado es ineficiente por naturaleza, que
la calidad educativa solo puede ser
garantizada por el sector privado. Un
sistema educativo regulado por el Estado es más deseable si el mismo posee una
política educativa definida y acorde con los intereses de la sociedad, siendo
menos probable que la educación se perciba como un negocio entregado a las
dinámicas del mercado.
En segundo lugar, el profesorado de ambos países
disfruta de altos niveles salariales y sobre todo, de un alto prestigio social.
En muchas sociedades, incluyendo la nuestra, no se ha interiorizado la
importancia de estos logros. En una comunidad donde la profesión de educador no
conlleva reconocimiento social es más probable que los ciudadanos más
talentosos escojan otras profesiones más valoradas, mientras los menos capacitados
opten por ser profesores debido a su incapacidad para dedicarse a otra
profesión.
El mencionado prejuicio justifica los bajos salarios,
la precarias condiciones de enseñanza y el bajo prestigio social que
caracterizan a nuestros profesores, quienes deben seguir trabajando bajo estas
condiciones por “vocación”. El resultado, por supuesto, acentúa el círculo de
la baja calidad educativa para todos.
Las escuelas de educación deben establecer estrictos
criterios de selección en función del historial, la evaluación y la supervisión
permanente del aspirante a docente. Si los más talentosos acceden al oficio
docente y disfrutan de buenos salarios, otros se sentirán atraídos
fortaleciendo el círculo de la calidad docente.
Otra característica común a los países referentes en materia
educativa es el compromiso de los padres o tutores con la formación de los
educandos. Los estudios indican que en estas sociedades los padres dedican
mucho tiempo a realizar las tareas con los hijos. Para ello, en el caso de
Finlandia, el Estado promueve ayudas a los trabajadores. En el caso de Corea
del Sur, los padres invierten una gran cantidad de dinero para la enseñanza
privada complementando así la educación estatal.
La educación familiar es fundamental a la hora de
crear una cultura de lectura, otra característica común a los países modelo en
educación. El hogar y su entorno es condición necesaria para crear las
estructuras y los hábitos de lectura que hacen posible la creación de
verdaderos “entornos de aprendizaje”.
En este sentido, la verdadera “revolución educativa”
no radica en la creación de nuevas infraestructuras o en la extensión del
horario de clases. Estos logros son parte de una reforma, pero no estructuran
la transformación significativa que necesitamos. La misma pasa por modificar
los criterios de ingreso de nuestros aspirantes a docentes, la inversión en su
capacitación y futuro salario, su promoción social y la creación de mecanismos
de ayuda social e integración a los tutores más comprometidos con la educación
de sus hijos. Solo entonces, podremos decir que: “la revolución educativa está
en marcha”.