Paradigmas
Apología de las humanidades
Dr. Leonardo Díaz
Publicado en el periódico Acento
En un articulo publicado por The New York Times, titulado “Among the Disrupted”, el editor cultural de la revista The Atlantic, Leon Wieseltier, ha llevado a cabo una crítica sobre el rumbo de la cultura contemporánea. Sus planteamientos forman parte de una atmósfera intelectual de la que somos partícipes muchos de los cultivadores de las disciplinas humanísticas que cuestionamos el peligroso derrotero tomado por nuestra civilización al apostar exclusivamente por los saberes científico-tecnológicos en detrimento de las humanidades.
Wieseltier subraya algunos de los principales signos conocidos de nuestra época: la cuantificación de todas las esferas de la vida, la confusion entre información y conocimiento, el culto a la economía y a la competitividad.
Todo debe ser medido, cuantificado o expresado en indicadores económicos. A partir de ellos se evalúan las actividades y los agentes de las mismas. La educación no es sustraida de esta dinámica donde el fundamento es la economía de mercado.
Dentro de este paradigma los saberes humanísticos quedan marginados, porque no sirven a los propósitos de la rentabilidad y el aumento de los ingresos. La concepción sobre la naturaleza de la universidad también se modifica, pues ahora ella también debe responder a los intereses del mercado. Ella no se concibe -de acuerdo con este modelo- para formar, para ser la mediadora de la tradición esclarecedora de la humanidad. Está para ofrecer licencias de trabajo. Y de acuerdo con esta lógica, las carreras deben ser valoradas en función del empleo que proporcionan.
Los gestores de las unidades académicas sufren las consecuencias de esta situación. Los departamentos de Filosofía, Historia, Antropología o Literatura, que deberían ser valorados en función de su contribución a la difusión del pensamiento crítico, son evaluados como unidades de rentabilidad, forzándolos a ser partícipes del sistema cultural del que deben ser contestarios.
Los saberes humanísticos están llamados a ayudarnos en nuestra autocomprensión, en interpretar nuestro mundo y el modo de como construimos nuestras relaciones sociales. Este es el aspecto más importante del problema. La historia nos enseña que la economía de mercado es compatible con diversas formas de regimenes politicos, aún con aquellos que destruyen la integridad física y psicológica de las personas. Por igual, sabemos que la ciencia y la tecnología pueden ser usadas para acrecentar la barbarie.
Es esta “neutralidad” constitutiva del mercado y de los saberes científico-tecnológicos lo que impone con mayor fuerza la necesidad de pensar en sus fundamentos, orientaciones y consecuencias y por tanto, exige el cultivo de las humanidades.
El artículo de Wiesieltier se suma a quienes hemos llamando la atención en numerosas ocasiones sobre el hecho de que las sociedades democráticas no pueden sostenerse marginando el cultivo de las humanidades, porque hacerlo abre las puertas a la construcción de una colectividad de expertos, tecnócratas y consumidores irreflexivos. O lo que es lo mismo, abre las puertas al totalitarismo y a la barbarie.