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Este es el material
El sistema Stanislavski en Estados Unidos: Lee
Strasberg
El caso norteamericano reviste una importancia singular, a la luz de la
influencia que tuvo posteriormente en nuestro país. Sin duda, el desarrollo de
las propuestas de Stanislavski en los Estados Unidos está asociado con el nombre
de Lee Strasberg y su Método.
Strasberg nació en la ciudad de Budanov (hoy
Polonia, en aquella época, Imperio Austro Húngaro), en 1901. Cuando tenía ocho
años su familia se trasladó al país del Norte, radicándose en la ciudad de Nueva
York. Tuvo algunas experiencias juveniles en el teatro judío que se representaba
en idish, pero es en 1923 que decide iniciar sus estudios en el American
Laboratory Theatre, dirigido por
Richard Boleslavsky
y
Maria
Ouspenskaya. Ambos habían sido actores del Teatro de Arte de Moscú y
decidieron quedarse en los Estados Unidos luego de una gira. Strasberg había
sido espectador de dichas funciones, por lo que también tuvo la oportunidad de
ver actuar al propio Stanislavski. En el American Laboratory Theatre, Strasberg
tomó contacto con el sistema del pedagogo ruso, según la lectura de sus dos
discípulos. Si se observa el período en el que realizó sus estudios (entre 1923
y 1925), se notará que las enseñanzas que recibió corresponden a la primera
parte del mismo, que se centraba fundamentalmente en el trabajo con la
relajación, la concentración y la memoria afectiva.
En 1931, Strasberg
comenzó a aplicar lo que había adquirido con el elenco del Group Theatre, del
que fue cofundador junto con
Harold
Clurman y
Cheryl
Crawford y en el que también participaron el director de cine
Elia Kazan y
Robert
Lewis. El grupo presentó varias obras hasta su disolución, por razones
ideológicas, económicas y artísticas, en 1941. Siete años más tarde, algunos de
sus antiguos integrantes (Kazan, Lewis y Crawford) decidieron retomar el
proyecto, ahora denominado Actor´s Studio, nombre que seguramente le resultará
algo más familiar al lector. Strasberg pasó de ser invitado a dar algunas
clases, a convertirse en el único profesor y en 1951 fue nombrado Director
Artístico, hasta su fallecimiento en 1982. Y aun después de acaecido éste, su
legado continuó resguardado por su segunda mujer, Anna Strasberg, quien continuó
dando clases allí y en el Lee Strasberg Theater and Film Insitute. Además, en
1974, Strasberg había dictado el contenido del libro
Un sueño de
pasión, en el que resume todos sus descubrimientos.
Fue allí, en el
Actor´s Studio, donde el austro-americano desarrolló y aplicó su Método y
alcanzó fama mundial. La misma se cimentó a partir de la notoriedad obtenida por
los actores allí formados, quienes se desempeñaron en puestas del realismo
norteamericano en Broadway (en obras de Tennessee Williams, Arthur Miller y
compañía), pero fundamentalmente, en el cine de Hollywood. El paradigma es
Marlon Brando y sus interpretaciones en las películas de Elia Kazan.
Un
tranvía llamado deseo, film basado en la obra homónima de Tennessee
Williams es quizá, la apoteosis del Método. Pero también han pasado por el
Actor's las megaestrellas James Dean, Montgomery Clift, Paul Newman, Steve
McQueen, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Al Pacino, Harvey Keitel, Martin
Landeau, Jack Nicholson, Sissy Spacek, Christopher Walken, Anne Bancroft y
siguen las firmas... Si se presta atención a los repartos de películas clásicas
entre los ‘50 y los ‘80 y a las listas de ganadores de Oscar's del mismo
período, se comprenderá la dimensión de estos nombres. Nótese también que la
mayoría desarrolló su carrera preponderantemente en el cine, industria a la que
el éxito del Método estuvo profundamente ligado. De hecho, a Strasberg le fue
encomendada la tarea poco sencilla de adiestrar a Marilyn Monroe y cuenta la
leyenda que el severo entrenamiento y la exigencia de bucear en sus dolorosas
vivencias, produjeron un desequilibrio emocional en la actriz, que pusiera fin a
su vida años después. Sin embargo, esto es sólo una leyenda, ya que Monroe le
testamentó una interesante herencia en dinero y en bienes a su maestro, en señal
de agradecimiento.
¿En qué consiste el Método?
Constituye una exacerbación de las ideas del primer Stanislavski, ahondando
en su línea psicologista ingenua. Strasberg estimaba que muchos problemas de la
actuación, especialmente los vinculados con la expresividad, que no habían sido
desentrañados por el Sistema, habían hallado resolución en su Método. Las
premisas fundamentales del mismo son la relajación y la concentración, dado que
él creía que la clave del proceso creativo estaba en la memoria.
Es así como
se dedicó a profundizar el desarrollo de la memoria emotiva, dándole una
importancia inusitada al control conciente y a la recreación voluntaria de
vivencias del pasado. No en vano, Strasberg exterioriza varias veces en su
libro, la admiración que siente por las ideas de
Gordon
Craig acerca del actor, cuya precisión lo asemejaría con una
"supermarioneta". El creador del Método reelabora el concepto de memoria
afectiva recibido de su maestro Boleslavsky, dividiéndolo en memoria sensorial
(relacionada con los sentidos) y memoria emotiva (relacionada con las vivencias
experimentadas). Parte de la idea de que el entrenamiento de estas memorias
conduce al dominio del actor sobre los contenidos inconscientes de su psiquis,
mostrando una curiosa reinterpretación de conceptos tomados de la psicología.
Dichos contenidos son el motor de la actuación, por lo que la acción es pensada
como resultado y no como causa y debe ser constantemente vigilada por los
sentidos y la concentración. Según las propias palabras de Strasberg, la acción
sólo debe entrar en juego cuando el actor ha aprendido a reaccionar o a sentir.
Es así como una larga parte del proceso de aprendizaje del alumno o de la
preparación del rol por parte del actor profesional, es destinada a realizar
ejercicios de relajación y de entrenamiento sensorio-emotivo. Supuestamente,
cuando un actor reproduce una emoción en un ejercicio, la misma ha pasado del
inconsciente a la conciencia y está lista para ser evocada nuevamente a voluntad
(cabe aclarar que esta idea no tiene fundamentación alguna, por lo menos en
términos psicoanalíticos). El objetivo es que el actor obtenga un compendio
personal de vivencias, listas para usar a voluntad. Se recomienda, que las
mismas alcancen un número mayor a siete y menor a trece, por motivos que
ignoramos.
Para lograr la libertad creativa en escena (lo cual en estos
términos significa experimentar emociones) es necesario que el actor se libere
de toda tensión. Con este fin se desarrollan una serie de ejercicios que buscan
detectar y eliminar toda rigidez corporal. El más importante es el conocido como
"la silla". El actor se sienta en una silla y comienza a vigilar mentalmente
cada parte del cuerpo, buscando la tensión e intentando eliminarla. Puede contar
con la ayuda de un compañero o el mismo docente, quien toma cada parte del
cuerpo y chequea si está realmente relajada. Para ello puede realizar masajes o
movimientos en la zona afectada (como por ejemplo, dejar caer un brazo para
verificar si hay tensión). Este ejercicio abarca desde los pies hasta la cabeza
y puede durar una hora. La tesis en la que se sostiene es que una vez relajado
el cuerpo del actor, la emoción fluye sin trabas. Para lo cual, hacia el final
del ejercicio, el alumno debe verbalizar y exteriorizar sus emociones mediante
sonidos.
La concentración es considerada la base de la imaginación, por lo
que se busca su desarrollo a través de los ejercicios con objetos. En primer
lugar, se trabaja con un objeto que se halle asociado a una vivencia personal,
para que el contacto con el mismo provoque la emoción. En segundo término, se
utilizan objetos evocados, para aprender a recrearlos sin su presencia y para
registrar cada sensación asociada con estos. Se comienza evocando un objeto,
hasta que se llega al momento de mezclar varias evocaciones en un mismo
ejercicio (por ejemplo, tomar un café imaginario mientras se lee una carta
imaginaria). Cabe preguntarse por qué el actor debería trabajar con objetos
imaginarios si, al tener objetos reales en escena, podría ocuparse de otra cosa.
Asimismo se busca recrear sensaciones, como el calor del sol o un dolor agudo.
Esto también va de lo más sencillo a lo más complejo, hasta llegar a evocar una
sensación total, como las experimentadas al tomar una ducha.
Por otra parte,
se realizan ejercicios para eliminar las inhibiciones, como el denominado
"momento íntimo" o "momento privado". El mismo consiste en realizar delante de
los demás, actos que sólo se realizan cuando se está a solas. Este ejercicio
también puede durar una hora y puede mezclarse con la evocación de objetos o
sensaciones, etc. Más allá de las procacidades y escatologías que puedan venir a
la mente como primera ocurrencia (de las que no han estado exentas varias clases
de teatro, ya sea siguiendo ésta u otras técnicas), el dilema se presenta al
considerar si es posible, frente a la mirada del otro, actuar como si la misma
no existiera. Si la respuesta es no, no vale la pena realizar el ejercicio. El
momento íntimo, no lo será, ni podrá serlo nunca, por una imposibilidad lógica.
Si la respuesta es sí, el aspirante a actor está frente a un problema serio. Y
el mismo ya no deberá resolverse en una clase de teatro...
Strasberg
desestima la importancia del "sí creativo", por considerar que promueve a la
imitación de conductas. Incluso reelabora el concepto de circunstancias dadas,
cambiándolo por el de "ajustes" para modificar la conducta. Si las
circunstancias tenían que ver con la situación del personaje en la obra, los
ajustes se desentendían de la misma y eran pensados exclusivamente en función de
producir la vivencia del actor. Por ejemplo, un actor acostumbrado a hacer
papeles cómicos tenía que interpretar a un personaje sobrio y presentaba
dificultades para hacerlo. Entonces, Strasberg le propuso realizar el "ajuste al
FBI" que consistía en creerse un agente secreto. Cabe destacar que la obra
trataba de un grupo de médicos, por lo que el pensamiento del actor, que según
esta pedagogía debe regir sus acciones en todo momento, se hallaba desconectado
de la realidad de la escena.
El Método eleva la improvisación como
metodología actoral por excelencia, aspecto que diversas técnicas, hasta las que
se hallan en las antípodas, han adoptado. Pero no todas las improvisaciones son
iguales. La que propone Strasberg tiene que ver con sustituir el texto original
por lo que el actor tenga ganas de decir, hasta tanto se llegue a las réplicas
de la obra por una necesidad emocional. Como resultado, y al estar regida por el
control racional exigido constantemente por esta técnica, la improvisación es
mantenida casi exclusivamente en los carriles de lo verbal. Es decir, el actor
improvisa lo que tiene que decir (que al final será lo que diga la obra) en
lugar de indagar en todo aquello que no es verbal y que el texto no le
aporta.
Es preciso consignar que el Método tiene una postura retardataria
respecto del trabajo con improvisaciones de escenas, ya sea pertenecientes a
obras o creadas por los actores, dado que privilegia la realización de
ejercicios individuales para la formación del alumno. El trabajo con textos
comienza por el análisis intelectual de cuentos, generalmente infantiles, con el
objeto de indagar en el subtexto. Por último, la caracterización física,
considerada el aspecto exterior de la actuación, se trabaja a partir de la
imitación de animales.
Strasberg reconoce que este trabajo, basado
sustancialmente en la rememoración de vivencias personales para reproducir la
emoción ligada a las mismas, puede generar resultados ajenos a la esfera de la
interpretación. Es decir, reconoce que muchas personas se han visto afectadas
personalmente en su pasaje por el Método. Esto también tiene mucho de leyenda,
pero reconozcamos que una clase de actuación quizá no sea el ámbito adecuado
para manipular estos materiales. Pero ése no es el problema. No se puede
criticar una técnica por esto, si es que funciona en escena. El problema es:
¿funciona en escena? O mejor, ¿cuáles son los resultados que el Método produce
en la esfera propia de la interpretación?
Pueden y se han realizado numerosas
críticas al Método. Cuentan las malas lenguas que, cuando en los ‘30
Stanislavski se enteró de lo que sucedía en los Estados Unidos, el ruso se
sorprendió, dado que él había descartado esa metodología varios años atrás.
También cuentan que cuando en 1976, el prestigioso actor inglés Lawrence Olivier
compartió el rodaje de
Marathon Man con Dustin Hoffman, actor del
Método, el británico, perdiendo los estribos al ver que su compañero americano
no dormía desde hacía varias noches con el objeto de vivenciar el cansancio, le
espetó un: "Joven, ¿por qué no prueba simplemente con actuar?". Hoffman niega la
veracidad de esta anécdota, por supuesto.
En términos teóricos, la crítica
fundamental tiene que ver con que es notablemente inoperante en las condiciones
de la escena, en la que es imposible detenerse a rememorar una vivencia o a
verificar la relajación muscular (por otro lado, no se explica de qué forma la
laxitud corporal puede beneficiar al actor). Esto no tiene que ver con la falta
de un mayor entrenamiento, que permitiría reducir los tiempos requeridos para
conseguir estos fines (Strasberg afirma que se puede llegar a hacerlo en un
minuto), sino con la justificación de que dichos resultados beneficien a la
actuación. ¿Rememorar un hecho doloroso del pasado puede ayudar para actuar una
escena que poco tiene que ver con el mismo? Y si tuviera algo que ver, ¿serviría
de todos modos? Es entendible que el Método haya funcionado tan bien en el cine,
debido a las condiciones de producción de dicho medio. Recordemos que entre toma
y toma hay largas esperas y que el actor rara vez actúa frente a su compañero.
Por el contrario, muchas veces el actor de cine debe abstraerse de la realidad
que lo rodea, dado que la misma está conformada por cámaras, técnicos, luces y
todo tipo de artefactos. Pero no es posible abstraerse de la realidad de la
escena en el teatro. Fundamentalmente, porque hay otro actor enfrente, con el
que hay que intercambiar acciones para construir presente. Sin embargo, eso no
es todo. Queda por explicar de qué manera la emoción, una vez rememorada, puede
transponerse en acción. Se supone que esta colección de ejercicios ayuda a
desarrollar la sensibilidad del actor. Pero nada dicen acerca de cómo debe
proceder el actor, con su sensibilidad desarrollada a cuestas, cuando se
enfrenta con una escena. Sin duda, la realización de todos estos ejercicios no
resuelve este problema.
Su influencia en la Argentina
Lo cierto es que quizá en Argentina, particularmente, la versión
strasbergiana se confundió con el sistema de Stanislavski, cristalizándose como
su única o verdadera lectura. Cuando Lee Strasberg visitó Buenos Aires, corría
julio de 1970. Contaba ya con la fama mundial que le había dado el cine
hollywoodense y con un campo teatral dominado por el realismo reflexivo y por lo
tanto, ávido de más stanislavskianismo y psicologismo. Sin duda, el nombre
Strasberg estaba asociado al del maestro ruso, al punto que las noticias acerca
de ambos se habían masificado en nuestro país casi al mismo tiempo (en 1965, el
número 3 / 4 de la Revista "Máscara", publicación de la Asociación Argentina de
Actores, llevó por título "El desconocido Stanislavski" e incluía una entrevista
a Lee Strasberg, titulada "El trabajo con material vivo").
Strasberg dictó un
seminario de un mes de duración en el Teatro Municipal General San Martín, al
que concurrió toda la crema del teatro porteño. Todavía se cuentan anécdotas
acerca de lo sucedido allí, y los espectáculos acontecidos cuando algún
argentino aceptaba probar un ejercicio delante de sus colegas. Los actores,
directores y pedagogos más reconocidos y famosos, muchos de los cuales ya
aplicaban a Stanislavski, participaron del mismo y salieron convertidos al
strasbergianismo más acérrimo, que comenzaron a aplicar con ávido dogmatismo en
sus clases.
El caso de
Augusto
Fernándes, por ejemplo, merece algunas líneas, dado que su escuela sigue aún
hoy todos los lineamientos strasbergianos, desde el ejercicio de la silla hasta
el "momento íntimo". Por otra parte, el director aplica otros ejercicios que se
inscriben en la misma senda, como el caso del "yo afectado". El mismo sostiene
que la subjetividad de cada individuo está conformada por diversas facetas, que
se denominan "yoes". Hay sucesos que pueden afectar de alguna manera a alguno de
estos "yoes", pero las convenciones sociales, el respeto por el otro y las
prohibiciones, no permiten que esto se exprese totalmente. El ejercicio propone
indagar en estos hechos con el objeto de que esta parte afectada del yo pueda
hallar expresión, dando lugar a emociones (muchas veces, desbordadas).
Este
panorama dominó los ‘70 los ‘80 y su hegemonía comenzó a ser discutida por el
teatro
under a mediados de ésta última y disputada en las escuelas de
actuación recién hacia su final, cuando se impusieron otras metodologías más
ligadas al Teatro de Estados y al clown. El eclecticismo técnico ganó en la
formación de los alumnos, generando nuevas dramaturgias, alejadas del realismo
reflexivo. De todo ello nos ocuparemos próximamente.
Pero lo cierto es que
esto no ha implicado la desaparición del Método en nuestro país. Más allá de las
permanentes visitas de pedagogos que se han adentrado aún más en la línea
psicologista, que promueve la ejercitación conciente de la memoria como base
para la emoción (el caso emblemático es el de la norteamericana
Joy
Morris, quien incluye también una teoría de las "subpersonalidades"), la
corriente stanislavskiana/strasbergiana goza de buena salud y muestra exponentes
en los elencos oficiales, en las tiras televisivas y en ciertas producciones
cinematográficas. Ya hemos mencionado que, hasta cierto punto, se trata de una
cuestión generacional, por lo que un alto porcentaje de los actores que superan
los cincuenta años fueron formados mayoritariamente por
Agustín
Alezzo,
Augusto
Fernándes,
Carlos
Gandolfo, y algunos menores de esa edad, concurrieron y concurren a las
clases de
Lito
Cruz,
Julio
Chávez o
Luciano
Suardi, formados en el Método. Cabe destacar que varios discípulos de todos
ellos, además de actuar, dirigen y dan clases, por lo que su número se
multiplica ampliamente.
Bibliografía:AAVV, Osvaldo Pellettieri, dir., 2003.
Historia del teatro argentino en Buenos Aires, Tomo IV, La segunda
modernidad (1949- 1976), Buenos Aires: Galerna.
Strasberg, Lee, 1989.
Un sueño de pasión, Buenos Aires: Emecé.