CAPITULO 6 - LAS CONSECUENCIAS DE LA DESOBEDIENCIA II (Bajo el abrigo)

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Fernando Alvarez Hurtado

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Jan 25, 2013, 12:23:48 AM1/25/13
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CAPITULO 6 - LAS CONSECUENCIAS DE LA DESOBEDIENCIA II

 

La obediencia parcial no es obediencia ante los ojos de Dios.

 

La vida de Saúl, el primer rey de Israel, nos da un cuadro vivo de lo que ocurre cuando una persona coquetea con la desobediencia. La suya es una historia trágica que contiene muchas lecciones relevantes para nosotros como creyentes. Hay puntos clave para el entendimiento que están ocultos en las palabras correctivas que el Señor le habló. Una mirada a su vida nos da un entendimiento aún más claro de las consecuencias espirituales de no obedecer totalmente a la autoridad divina. Si lo permitimos, este entendimiento nos fortalecerá y su fracaso será nuestra advertencia. Se nos dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Romanos 15:4); y “Estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11).

 

OBEDIENCIA PARCIAL

 

Comencemos con el profeta principal de Israel, Samuel, yendo a Saúl con un mandamiento de la boca de Dios. Él le advirtió a Saúl que escuchara cuidadosamente las instrucciones: “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 Samuel 15:3). El mandamiento fue directo y muy específico. Nada de lo que Amalec poseía —con vida humana o animal— debía quedar vivo. Todo lo que tenía aliento debía ser destruido.

 

Observe la respuesta de Saúl. Él no dijo: “No lo haré... ¡Es demasiado difícil!” Con demasiada frecuencia limitamos nuestro entendimiento acerca de la rebelión a simplemente lo más obvio: la desobediencia descarada. Pero pronto descubriremos que esto no es correcto. Saúl no asintió y luego cambió de parecer. La mayoría de nosotros entiende esta forma de desobediencia también. Saúl fue negligente en no hacerlo una prioridad y al fin y al cabo desobedeció siendo olvidadizo. La mayoría de las personas admiten que ese comportamiento no es obediencia, pero lo excusan debido a las buenas intenciones. Muy probablemente, todos están de acuerdo en que esos escenarios representan un patrón de comportamiento desobediente, pero volvamos nuestra atención de nuevo a Saúl.

 

Inmediatamente reunió su ejército y se alistó para atacar a Amalec. Todo se veía muy bien. Atacó y mató a cada hombre, mujer, infante y niño de pecho. Miles fueron pasados a espada por Saúl y su gran ejército.

 

Sin embargo, le perdonó la vida al rey de Amalec. ¿Por qué? Posiblemente se estaba conformando a la cultura de ese tiempo. Si alguien conquistaba una nación y capturaba a su líder vivo, era traído de regreso como esclavo, como un tipo de trofeo viviente.

Saúl también mató a miles de animales. Sin embargo, perdonó lo mejor de las ovejas, bueyes, corderos y todo lo que era bueno y se lo dio a su gente para que sacrificaran a Dios e hicieran algo “legal”. Imagínese cómo vio la gente sus acciones. Mientras sacrificaban los animales al Señor, pensaban: Qué rey tan piadoso tenemos, siempre poniendo al Señor de primero.

 

Pero Dios tenía una perspectiva muy diferente. Él se lamentó ante Samuel: “Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras” (1 Samuel 15:11). Saúl mató a miles y dejó vivo a uno. Hizo el noventa y nueve por ciento de lo que se le ordenó. La mayoría de nosotros puede ver obediencia en su campaña, pero Dios vio desobediencia. De hecho, mediante el profeta unos versículos después, lo llamó rebelión. De manera que, aprendemos que la obediencia parcial no es obediencia ante los ojos de Dios. En efecto, una obediencia casi completa, aun de noventa y nueve por ciento, no es considerada obediencia; es rebelión.

 

Con cuánta frecuencia escuchamos este comentario: “¿Por qué no ves todo lo que he hecho? ¡Te estás enfocando en lo poco que no hice!” Saúl pudo haber dicho eso con seguridad. Y aunque concuerda con el razonamiento humano, ¡no concuerda con el divino!

 

Samuel salió para encontrar a Saúl y, cuando lo halló, Saúl lo saludó entusiasmado: “Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová” (1 Samuel 15:13). Se puede captar el gozo y la confianza en su voz. Creo completamente que Saúl era sincero. Realmente creyó hacer lo que se le había ordenado, sin embargo Dios dijo que se había revelado.

 

¿Cómo podemos reconciliar la vasta diferencia de opinión entre lo que Dios dijo la noche anterior y lo que Saúl creía en su corazón? La respuesta se halla en estas palabras: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). El momento en que una persona desobedece la Palabra de Dios claramente revelada, un velo viene sobre su corazón; ese velo distorsiona y obstruye su vista. Es un engaño. Saúl fue engañado en su razonamiento y aunque estaba confiado en que había hecho lo correcto, en realidad, estaba errado. Su creencia estaba en conflicto con la realidad divina, aunque concordara con el razonamiento humano.

 

Esa no fue la primera vez que Saúl fracasó en obedecer completamente la palabra del Señor. Samuel previamente lo había reprendido por la desobediencia (1 Samuel 13:1-13 Saúl tenía treinta  años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta  y dos años sobre Israel. Saúl escogió para sí tres mil hombres de Israel, de los cuales dos mil estaban con Saúl en Micmas y en la región montañosa de Betel, y mil estaban con Jonatán en Geba de Benjamín. Y al resto del pueblo lo despidió cada uno a su tienda. Y Jonatán hirió la guarnición de los filisteos que estaba en Geba, y lo supieron los filisteos. Entonces Saúl tocó la trompeta por toda la tierra diciendo: Oigan los hebreos. Y todo Israel oyó decir que Saúl había herido la guarnición de los filisteos, y también que Israel se había hecho odioso a los filisteos. Entonces el pueblo se reunió con Saúl en Gilgal. Y los filisteos se reunieron para pelear contra Israel: treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo y gente tan numerosa como la arena a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en un apuro (pues el pueblo estaba en gran aprieto), el pueblo se escondió en cuevas, en matorrales, en peñascos, en sótanos y en fosos. También algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad. Pero Saúl estaba todavía en Gilgal, y todo el pueblo le seguía tembloroso. El esperó siete días, conforme al tiempo que Samuel había señalado, pero Samuel no llegaba a Gilgal, y el pueblo se le dispersaba. Entonces Saúl dijo: Traedme el holocausto y las ofrendas de paz. Y él ofreció el holocausto. Y sucedió que tan pronto como terminó de ofrecer el holocausto, he aquí que Samuel vino; y Saúl salió a su encuentro para saludarle. Pero Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Como vi que el pueblo se me dispersaba, que tú no llegabas dentro de los días señalados y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: "Ahora los filisteos descenderán contra mí en Gilgal, y no he implorado el favor del SEÑOR." Así que me vi forzado, y ofrecí el holocausto. Y Samuel dijo a Saúl: Has obrado neciamente; no has guardado el mandamiento que el SEÑOR tu Dios te ordenó, pues ahora el SEÑOR hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre). Pudo haber también otros incidentes que no fueron registrados. Saúl tenía un patrón de desobediencia. Una vez que este es formado, llega a ser cada vez más difícil discernir la verdad del error.

 

EL VELO DEL ENGAÑO

 

¿Recuerda la primera vez que pecó después de su salvación? Yo sí. Sentí como que un puñal había atravesado mi corazón. Como hijos de Dios, estamos familiarizados con este sentimiento. Es la convicción del Espíritu Santo y nuestros corazones trayéndonos remordimiento. Pero ¿qué pasa cuando justificamos lo que hemos hecho, volviendo de esta forma nuestras espaldas al verdadero arrepentimiento? Dos cosas. Primero, nos colocamos en una posición de repetir el mismo acto de desobediencia. Segundo, el velo del engaño cubre nuestros corazones, minimizando de esta forma el sentido de convicción y reemplazándolo con razonamiento.

 

En la siguiente infracción, no sentimos el puñal tan fuerte porque un velo lo cubre; en vez de eso, experimentamos un poco de incomodidad. De nuevo nos justificamos, y otro velo cubre nuestros corazones, acallando aún más el llamado de la verdad. La próxima vez que transgredimos tenemos sólo una leve sensación de convicción. Si nos justificamos de nuevo, otro velo de muerte cubre nuestros corazones. Si pecamos otra vez, el velo se hace más grueso, no hay convicción alguna, sólo justificación. El engaño ha ocultado la verdad de nosotros, y la conciencia se cauteriza.

 

En este punto la persona puede caer de cualquier apariencia de piedad o continuar con un estilo de impiedad y vivir religiosamente bajo la maldición del conocimiento del bien y el mal.

Este conocimiento proviene de una fuente que no es la Palabra de Dios viviente, inspirada por el Espíritu Santo, en su corazón. Esta persona vive en los designios engañosos de su corazón. Puede ser la letra de la Escritura, la cual mata (2 Corintios 3:6 el cual también nos hizo suficientes como ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida), o lo que la sociedad estima como bueno o malo. De cualquier forma, está desconectado del Dios viviente. Ahora la única forma en que puede ser alcanzado es mediante un mensajero profético enviado por Dios.

 

PROCESO DE TRES PASOS

 

El Señor lleva a la persona a través de un proceso progresivo para alcanzarla en su desobediencia. Primero, intenta alcanzar a la persona a través de la convicción. Pero si la persona ha desobedecido repetidamente, está en un punto en que ha perdido el contacto con el corazón y la dirección divina debido al velo del engaño, Dios entonces envía un mensajero profético, tal como envió a Samuel ante Saúl. El verdadero ministerio de un profeta abre los ojos para ver los caminos de Dios. Dios puede enviar a cualquier persona en una misión profética. No tiene que ser necesariamente profeta; el mensaje puede venir a través de un pastor, padre, jefe, hijo o amigo. Santiago explica: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:19-20). Note que el mensaje fue dirigido a los creyentes que están en pecado. Observe también la frase “multitud de pecados”. El desvío que resulta de la desobediencia repetida.

 

Una vez que el mensajero profético (o mensajero), es enviado, si aún no prestamos atención, Dios intenta alcanzarnos mediante el juicio. Pablo escribió: “Sí, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados” (1 Corintios 11:31, énfasis del autor). La raíz de la palabra juicio aparece dos veces en este versículo. Sin embargo, cada una es una palabra griega diferente. La primera: “Sí, pues, nos examinásemos a nosotros mismos”, es el vocablo griego diakrino, que significa “separar extensivamente”. (Esto ocurre cuando nos examinamos a nosotros mismos a fondo para quitar lo vil de lo precioso.) Esto lo hacemos mediante la confesión y el arrepentimiento de nuestra desobediencia. La segunda palabra, “no seríamos juzgados”, es el término griego krino, que significa “castigar o condenar”. Pablo continuó: “Mas siendo juzgados [krino], somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (v. 32). Dios anhela separarnos de nuestra desobediencia para que no seamos castigados con el mundo (Mateo 7:20-23; Lucas 12:45-48).

 

De manera que la pregunta es la siguiente: ¿Cómo juzga o castiga Dios a su pueblo cuando ignora o rehúsa la advertencia profética? La respuesta casi siempre viene en forma de dificultades, enfermedad u otro tipo de aflicción. El salmista declaró:

 

“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra. Conozco, oh Jehová que tus juicios son justos y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Salmo 119:67, 75).

 

Si observamos lo que Pablo expresó en una traducción diferente, lo vemos más claro: “Por eso, muchos de ustedes están enfermos y débiles, y también algunos han muerto. Si nos examináramos bien a nosotros mismos, el Señor no tendría que castigarlos” (1 Corintios 11:30, 31, Dios Habla Hoy).

 

UN EJEMPLO GRÁFICO

 

He visto muchos casos de personas que han recibido juicio por no responder a los primeros dos métodos del proceso correctivo de Dios. Una ilustración gráfica ocurrió a principios de los noventa cuando estaba predicando en un campamento de jóvenes en Texas. Al principio, la semana fue de mucha confrontación porque muchos jóvenes habían perdido su ternura hacia el Señor por efecto del pecado. Varios de ellos pasaron adelante en cada servicio y se arrepintieron de sus pecados, la mayoría de los cuales eran de naturaleza sexual, y fueron limpiados gloriosamente por la sangre de Cristo. Yo estaba esperando con anticipación la gran noche final de Dios, debido al arrepentimiento que se sembró toda esa semana.

 

Cuando entré a ese servicio final, me di cuenta que no comenzaría en la forma en que lo había anticipado. De nuevo, sentí la necesidad de traer corrección y llamar al arrepentimiento. Cuando llegó el momento para comenzar a hablar, tomé el micrófono y comencé a orar. El Espíritu Santo me mostró: Hay aún una persona en este auditorio que está en rebelión. Dale a esta persona otra oportunidad de pasar adelante. (Ya yo había predicado sobre la rebelión en un servicio previo.) Hice el llamado, algunos jóvenes pasaron adelante, pero yo sabía en mi corazón que ninguno de ellos era aquel a quien el Espíritu Santo tenía como objetivo. Estos eran jóvenes muy sensibles, probablemente deseando tratar otros asuntos.

 

El Espíritu Santo me habló de nuevo al corazón: Dile a esta persona que si no responde hoy, le vendrá juicio sobre su vida. Y dije exactamente lo que Él me dijo al corazón; más jóvenes pasaron adelante, pero de nuevo sentí que la persona a quien el Espíritu Santo se dirigía no estaba allí.

 

El Espíritu Santo me habló de nuevo al corazón: Dile a esta persona cuál será el juicio si no responde. Lo grabó dentro de mí y escuché su voz de nuevo: Dile a la persona que estará involucrada en un accidente automovilístico frontal en tres semanas si no responde esta noche.

 

Con temor y temblor repetí firmemente las palabras que Él me había hablado al corazón. Más jóvenes vinieron adelante, pero aún sabía que ninguno era aquel a quien el Señor se estaba dirigiendo. El Señor me dio libertad para ministrar y orar con aquellos que pasaron adelante. Así que lo hice y, luego de esto, tuvimos el servicio poderoso que había anticipado. Muchos jóvenes recibieron dones del Señor; otros recibieron el llamado al ministerio. Algunos fueron sanados y recibieron dirección para su vida. Fue una noche que ninguno de nosotros olvidaría pronto o tal vez nunca.

 

Después de unos meses el pastor de jóvenes y yo hablamos por teléfono. Me dio un reporte de seguimiento del campamento de jóvenes. Y me contó lo siguiente: “John, hay una joven de preparatoria en nuestro grupo de jóvenes que nos ha dado más problemas que nadie. Siempre nos desobedecía y nos causaba problemas. Yo sabía en mi corazón que ella era la persona a la cual el Espíritu Santo estaba hablando aquella noche final. Quedé muy desanimado cuando ella no respondió”. (Yo no tenía ni idea de quien era la joven.)

 

Él continuó: “Tres semanas después del campamento, tuvo un accidente automovilístico frontal, tal como lo advertiste. El carro quedó completamente destruido”.

 

Yo temblé; quería saber qué le había pasado. Sabía que había hablado por el Espíritu de Dios, pero esperaba que esa persona escuchara su llamado antes de que le viniera una tragedia.

 

Él continuó: “¡Dios le perdonó la vida! Estuvo en condición seria, pero ya se ha recuperado. Ahora es una de las personas más dedicadas en nuestra iglesia. Es totalmente diferente. ¡Su vida ha sido completamente transformada!” Me sentí aliviado y emocionado por ella. Escuche las palabras de David de nuevo: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra”.

 

Permítame dejar algo en claro. No es Dios quien trae esas cosas sobre nosotros. Más bien, Él quita su mano de protección y permite que el enemigo traiga sobre nosotros aquello de lo cual la obediencia nos habría protegido. El salmista declara:

 

“Hiciste cabalgar al hombre sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia” (Salmo 66:12).

 

Otra traducción lo dice de esta forma: “Pero al fin nos has dado respiro” (Dios Habla Hoy). Dios captó la atención de esta joven en el accidente. Ella se arrepintió en el hospital y Dios le dio respiro. Esa no fue la primera opción de Dios para su corrección, pero cuando la otra falló, esta fue eficaz.

 

Me gustaría decir que todos los incidentes similares terminan de esta forma, pero no es así. Otro caso viene a mi mente. Un joven, también en rebelión, fue advertido por un ministro que conozco. Él no escuchó y poco tiempo después tuvo un accidente automovilístico frontal y murió instantáneamente. Podría dar un número incontable de testimonios, muchos que se arrepintieron y fueron bendecidos y otros que terminaron con un final parecido al del rey Saúl.

 

LA OBEDIENCIA Y EL SACRIFICIO

 

Volvamos a la historia de Saúl. Samuel vio el engaño de Saúl e inmediatamente fue a la raíz del asunto como un verdadero mensajero profético. Samuel preguntó: “¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?” Saúl respondió rápidamente: “De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos” (1 Samuel 14:15).

Él transfirió la culpa de sí mismo a la gente cuando fue confrontado con la verdad. “Yo quería obedecer”, implicó él, “pero la gente me forzó”. Un hombre con un corazón no arrepentido le echa la culpa a otros cuando es sorprendido en desobediencia, no tomando responsabilidad por sus propias acciones.

 

Adán le echó la culpa a Dios y a Eva. Eva culpó a la serpiente. Adán estaba en lo correcto; Dios le había dado la mujer, y esta le había dado a él del fruto. Nadie lo forzó a él a comer. Él comió por su propia voluntad. Sí, Eva fue engañada, pero aun así tomó la decisión de desobedecer.

Saúl guio al pueblo; ellos no lo guiaban a él. Él era responsable no sólo por su desobediencia sino por la de ellos también. Él era la persona en autoridad para guiar e instruir. Líderes, escuchen cuidadosamente: Usted será responsable por la desobediencia que permite en las vidas de las personas encargadas a su cuidado.

 

Elí, el líder de Israel y mentor de Samuel, sabía que sus hijos despreciaban las ordenanzas de Dios, pero sin embargo no hizo nada al respecto. Les dio un regaño poco serio, pero no ejerció su autoridad para castigarlos o restringirlos. Por tanto, Dios decretó: “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13). No simplemente fueron sus hijos juzgados, sino que Elí también.

 

Luego Saúl justificó su desobediencia porque las ovejas y los toros fueron preservados para ofrecerlos al Señor. Uno sabe que fue engañado si pensó que desobedeciendo podría traer un sacrificio aceptable o servir a Dios. Esta era una forma de rebelión sutil y engañosa.

 

Jesús hizo la siguiente declaración: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). Algunas personas toman la cruz y se concentran en su imagen de sufrimiento como representando una vida de sacrificio. Sin embargo, en estas palabras de Jesús la cruz no es el enfoque único o completo. ¡Usted puede vivir una vida de negación y sacrificio y no cumplir con el propósito o voluntad de Dios! ¡Es más, puede escoger negarse a sí mismo y sacrificarse y aún estar en rebelión contra Dios!

 

El enfoque que Jesús indicaba es la obediencia. La única forma en que podemos obedecer es tomar nuestra cruz. Porque si no morimos a nuestros propios planes y deseos, en uno u otro momento ocurrirá un encuentro entre la voluntad de Dios y el deseo del hombre. Si no entregamos nuestras vidas, hallaremos una forma de cumplir con esos deseos contrarios a los de Él y aun usar las Escrituras para apoyarlo, tal como lo hizo Saúl. Debemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Incluye la desobediencia el servicio a Dios?” Si es así, Satanás recibiría gloria de nuestras prácticas o sacrificios religiosos “bíblicos” pues es el originador y señor de la rebelión.

 

En ese momento Samuel silenció el razonamiento de Saúl:

 

“Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di. Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?” (1 Samuel 15:16-19).

 

Samuel dijo: “Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel?” En otras palabras: “Saúl, cuando llegaste a ser rey eras modesto, humilde y manso. Vimos esos años anteriores cuando Samuel le dijo a Saúl que sería rey. Saúl respondió en incredulidad: “¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?” (1 Samuel 9:21).

 

Saúl no se vio a sí mismo como rey. Quedó perplejo al pensar por qué Dios escogería a un hombre insignificante como él.

 

Más tarde, cuando el Señor decidió revelarle ante todo Israel, cada tribu fue llamada a echar suertes. De entre ellos, la tribu de Benjamín, fue escogida. De esta, la familia de Saúl fue seleccionada. Luego Saúl mismo. “Y le buscaron, pero no fue hallado. Preguntaron, pues, otra vez a Jehová si aún no había venido allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje” (1 Samuel 10:21-22).

 

Saúl quedó abrumado al pensar que gobernaría al pueblo de Dios. Él era pequeño a sus propios ojos. Samuel le recordó eso, luego prosiguió: “Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye. ¿Por qué piensas ahora que tú sabes más que Dios? ¿Cuándo superó tu sabiduría a la de Dios? ¿Has tomado ahora su lugar? ¿Por qué buscas lo correcto y lo incorrecto en una fuente fuera de Dios? ¿Qué le pasó al hombre humilde y modesto?”

 

¿Sabe alguno de nosotros más que Dios? ¡Por supuesto que no! Pero cuando desobedecemos, ese es el mensaje que les comunicamos a Dios y a las personas a nuestro derredor. Qué necio es pensar que somos más sabios que Él, que se sienta en el trono de la gloria. Él mismo que no solo creó el universo sino que también lo contiene. El creador que puso las estrellas en los cielos con sus dedos. ¡Sin embargo, exaltamos la sabiduría de los hombres sobre la suya cuando ignoramos su consejo!

 

REBELIÓN Y BRUJERÍA

 

Samuel fijó su mirada en Saúl y, con la valentía de su oficio profético, declaró:

 

 “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación” (1 Samuel 15:22-23).

 

Samuel vinculó directamente la rebelión con la brujería: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión”. Note la palabra como en este versículo. Esta no aparece en el texto original. Fue añadida más tarde por los traductores para dar claridad. Una traducción mejor usaría sólo la palabra es (Interlinear Bible, Vol. 2. p. 750).

 

Este texto debe leer: “Porque pecado de adivinación es la rebelión”. Esto clarifica el contexto de esta Escritura. Una cosa es asemejar la rebelión a la brujería, y otra completamente diferente es decir que la rebelión es brujería. Obviamente un cristiano verdadero nunca practicaría la brujería a sabiendas. Pero ¿cuántos están bajo su influencia sin saberlo debido al engaño de la rebelión?

 

La palabra brujería evoca la imagen de una mujer vestida de negro, recitando encantamientos, volando en una escoba o mirando el futuro en una bola de cristal mientras que un caldero se calienta sobre las llamas. O tal vez la versión más moderna es una que hace hechizos y maldiciones sobre otros para influirles. Dejemos estos conceptos y descubramos la verdadera identidad de la brujería, sin importar qué forma tome.

 

La palabra hebrea usada aquí para “brujería” es qesem. Sus contrapartes en castellano son: adivinación, hechicería y brujería. Sin embargo, los expertos nos dicen que el significado exacto de esta palabra en referencia al ocultismo no es conocido, lo cual da pie a la variedad de traducciones para ella (Theological Wordbook of the Old Testament, Vol. 3., p. 805). La importancia de esto no radica en la forma o el método sino en el resultado o la meta de la brujería.

 

La brujería abre a la persona directamente al campo demoníaco. Su meta es controlar las circunstancias, situaciones o personas a través de varias opciones, con frecuencia sin el entendimiento del participante de lo que está ocurriendo en el ámbito espiritual. Esto varía desde la ignorancia total de lo que uno está haciendo al entendimiento y conciencia completa de los poderes de las tinieblas involucrados. En esencia la brujería puede ser practicada con una ignorancia total o con conocimiento completo. Su meta es controlar, pero inevitablemente la persona que controla llega a ser controlada debido a su involucramiento en el campo demoníaco.

 

ESCLAVITUD MEDIANTE LA DESOBEDIENCIA

 

Como ex pastor de jóvenes, tuve la oportunidad de entrar en contacto con lo oculto. Las escuelas secundarias del área estaban llenas de jóvenes que se interesaban en el espiritualismo. Mis líderes del grupo de jóvenes regularmente me hablaban de encuentros con compañeros de clase involucrados en la brujería o el satanismo.

 

Uno de los principios más interesantes que aprendí sobre las prácticas ocultas fue el siguiente: al iniciar a una persona en su grupo (un grupo de personas practicando la brujería), los líderes le animaban a consumir drogas, alcohol, practicar sexo ilegal, robar y llevar a cabo otros actos que desafiaban las leyes de Dios o del país. Yo no entendía por qué hasta que Dios me reveló esta verdad: “La rebelión es brujería”.

 

A ellos se les enseña que cuanto más se rebelen, mayor poder obtendrán, y eso es lo que buscan: poder. Esto es cierto porque la rebelión es brujería. En la misma medida en que se revelan dan acceso legal a los poderes demoníaco para influir, controlar y darle poder a sus vidas. Mediante la rebelión consciente contra otros, las leyes de Dios y su autoridad delegada, le dan acceso legal al mundo controlador demoníaco.

 

Esta idea se refleja en lo que los brujos llaman su biblia satánica. Hace algunos años, cambiando de canal de televisión en un cuarto de hotel después de un servicio, mi esposa y yo encontramos un canal especial sobre satanismo y brujería. Estaba a punto de cambiar de canal, lo cual regularmente hago, porque creo que todo lo que necesitamos saber sobre guerra espiritual debe venir del Espíritu de Dios. Sin embargo, sentí que debía mirarlo por un momento. El programa era sobre la biblia satánica. El reportero habló sobre el primer mandamiento: “Harás lo que desees”.

 

Eso llamó mi atención. Las Escrituras comenzaron a venir a mi mente de inmediato. El salmista proclama:

 

“He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:7-8).

 

Jesús dijo de sí mismo: “Porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30). Yo sabía por años de estudio, que el Señor es atraído a las personas que viven en obediencia a Él. Ahora caí en cuenta que lo opuesto también es verdad: los espíritus de las tinieblas son atraídos hacia las personas que viven en rebelión. Este mandamiento, “Harás lo que desees”, es una perversión directa de la Palabra de Dios, y cuadra perfectamente con lo que Dios afirma sobre la rebelión.

 

Las personas que se comprometen voluntariamente al servicio de Satanás entienden este principio, pero otros son engañados. Los ignorantes confunden la iniquidad con la libertad. Pero no hay libertad en la rebelión. El Nuevo Testamento revela un cuadro claro de lo que en realidad ocurre. Ellos llegan a ser esclavos de sus propias depravaciones. Pedro expuso su error de esta forma: “Les prometen [los líderes que animan la insubordinación] libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció” (2 Pedro 2:19).

 

La verdad es evidente. No hay libertad; en vez de eso hay esclavitud y control, lo cual abre el alma a la opresión y al control demoníaco. Pablo enfatizó este punto: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16).

 

Jesús enfatizó este principio: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34). ¿Recuerda la desobediencia de Caín al seleccionar las ofrendas para el Señor? Luego de eso el Señor le aclaró que sus decisiones determinarían su destino. Él podía honrar la voluntad de Dios y cerrarle la puerta al control del pecado (brujería) o podía revelarse y enfrentar sin protección o poder divino el ataque del pecado que buscaba enseñorearse de él o controlarlo.

 

Samuel le hizo una advertencia a Saúl, tal como Dios mismo se la hizo a Caín. La rebelión abrió su alma a la influencia de un espíritu controlador que le hizo comportarse en una manera que nunca hubiera adoptado estando en su sano juicio. Saúl no se arrepintió verdaderamente, y la Biblia indica en el primer libro de Samuel 16:14 que poco después de su rebelión, un espíritu malo atormentador vino sobre su vida y lo atormentó. El espíritu malo tuvo acceso legal a su vida desde ese punto en adelante. No hubo descanso para Saúl porque no se arrepintió en verdad. Saúl llegó a ser un hombre muy diferente al que habíamos conocido primero.

 

Pasó de ser un joven humilde que obedecía a la autoridad, tal como su padre y el profeta Samuel, y que respetaba las cosas de Dios, a alguien que violaba todo lo que había respetado antes. Si usted le hubiera hablado en sus años tempranos y le hubiera dicho: “Saúl, el día vendrá en que matarás a ochenta y cinco sacerdotes inocentes, sus esposas y sus hijos en un arranque de rabia”, le habría dicho que estaba loco. “¡Imposible! ¡Nunca podría hacer eso!” Habría razonado. La triste verdad es que lo hizo (1 Samuel 22 Pero el rey dijo: Ciertamente morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre. Y el rey dijo a los guardias que le asistían: Volveos y dad muerte a los sacerdotes del SEÑOR, porque la mano de ellos también está con David, y porque sabían que él estaba huyendo y no me lo revelaron. Pero los siervos del rey no quisieron levantar la mano para atacar a los sacerdotes del SEÑOR. Entonces el rey dijo a Doeg: Vuélvete y ataca a los sacerdotes. Y Doeg edomita, se volvió y atacó a los sacerdotes, y mató aquel día a ochenta y cinco hombres que vestían el efod de lino. Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, la hirió a filo de espada, tanto a hombres como a mujeres, tanto a niños como a niños de pecho; también hirió a filo de espada bueyes, asnos y ovejas. Pero un hijo de Ahimelec, hijo de Ahitob, llamado Abiatar, escapó y huyó tras David. Y Abiatar avisó a David que Saúl había matado a los sacerdotes del SEÑOR. 1 Samuel 22:16-21).

 

El espíritu malo lo llevó a una vida de celos, ira, odio, contiendas, asesinato y engaño. Y lo controló mediante su desobediencia y falta de arrepentimiento. Él persiguió y trató de matar a David, uno de los siervos de Dios y uno de sus siervos más fieles. Creyó que David era un traidor, cuando en realidad era un hombre según el corazón de Dios. Como resultado del control demoníaco, Saúl vio sólo medias verdades a través de una nube expresa de engaño. La verdad se convirtió en mentira y la mentira en verdad.

 

¡Cuántas veces he visto esto pasar! No solamente con otros sino conmigo mismo. Recuerdo etapas de mi vida cuando coqueteaba con la desobediencia y me dan ganas de llorar del engaño en el que andaba. En aquellos tiempos, veía a las autoridades piadosas como legalistas o en error y a mis amigos piadosos como mis adversarios. Me hice amigo de otros rebeldes y eso añadió más leña al gran fuego que ya ardía de desobediencia. Pensábamos que estábamos más cerca del Señor y estábamos convencidos de que éramos una nueva generación de ministros que Dios estaba levantando. ¡El Señor ha sido muy misericordioso conmigo! Ojalá que sus ojos sean abiertos a este engaño, para que no sea engañado como yo.

CAPITULO 6 - LAS CONSECUENCIAS DE LA DESOBEDIENCIA II.doc
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