CAPÍTULO 4 - EMPODERADOS POR EL ESPÍRITU SANTO (El Espiritu Santo)

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Fernando Alvarez Hurtado

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Apr 24, 2014, 6:12:45 PM4/24/14
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CAPÍTULO 4 - EMPODERADOS POR EL ESPÍRITU SANTO

 

DIA 1

 

Tome un momento para imaginarse un rey de la Edad Media. Trate de visualizar su medio ambiente: el castillo y las torres, los caballeros y las mujeres, las batallas, el reino y su gloria. El linaje y la posición de un rey eran consideradas como algo ordenado por Dios, así que lo reyes eran reverenciados por sus súbitos y vivían en riqueza. La palabra del rey era ley y sus veredictos no se cambiaban. Un buen rey entendía que era su responsabilidad proteger a aquellos que vivían dentro de los límites de su reino; él estaba a cargo de buscar los intereses del reino extendiendo sus fronteras y asegurando los recursos del mismo.

 

La responsabilidad que traía esta posición era increíble y a consecuencia de esto, se le daba al rey un poder extraordinario - en muchas ocasiones hasta poder absoluto. Tenga en mente que no estoy describiendo un representante (típico de nuestra era, donde las formas más comunes de gobierno son la democracia y las repúblicas). Estoy describiendo una monarquía en todo el sentido de la palabra. Ahora, imagínese a un rey como este, rechazando o simplemente ignorando todo el poder que conlleva esta posición.

 

¿Qué le pasaría a este reino? Se vería en muy poco tiempo conquistado, sus habitantes esclavizados y sus recursos confiscados. No es suficiente para el rey el simple hecho de tener la posición (me refiero a que simplemente disfrute los lujos de un estilo de vida de mucho dinero y en el palacio). El necesita ejercer sus funciones de rey, las cuales están hechas para que se lleven a cabo a través del poder que trae su posición. La posición de autoridad no tiene efecto alguno si él no hace uso del poder que trae la misma.

 

Como hijos de Dios, hemos venido a ser co-herederos con Cristo. En Romanos leemos, “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios... para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17). Esta posición se nos vuelve a hacer clara en Efesios 2:6 “[Dios] juntamente con él [Jesús] nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.” En y a través de Cristo hemos sido re-posicionados. Ya no somos como si fuésemos hijos del mundo, todo lo contrario, somos realeza (herederos) en el Reino del Cielo. Como herederos en este Reino, se nos ha encargado el avance de la misión de nuestro Señor. Su Reino y conquista han venido a ser parte de nosotros también, porque hemos sido adoptados y por lo tanto somos parte de Su linaje. ¡Qué verdad impresionante! Pero, como en la ilustración de un rey terrenal, si vamos a ser efectivos en nuestra posición en Cristo, necesitamos descubrir y ejercer el poder que viene con esta posición.

 

Dios, al resucitar a Jesucristo, nos resucitó y nos dio un lugar en el cielo, junto a Él. En este capítulo vamos a inquirir como se nos ha conferido u otorgado este poder para llevar a cabo nuestro rol en el avance de Su Reino. Pablo declara:

 

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable. (1 Pedro 2:9 NBHL)

 

Antes de continuar es importante notar lo siguiente: La posición siempre precede al poder. Necesitamos posicionarnos en Cristo antes de que podamos hacer cualquier cosa para Su Reino.

 

El Poder Que Necesitamos

 

“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” (Hechos 1:4-5)

 

Jesús no le sugirió a los apóstoles que deberían esperar por la Promesa, tampoco les recomendó que prestaran atención a Sus instrucciones. Él les “mandó que no se fueran de Jerusalén” hasta que la Promesa hubiera venido. Jesús estaba comprometido a poner un sentido de urgencia e importancia en esto porque el ser empoderados por el Espíritu es esencial para cualquier trabajo en el Reino. Él sabía que Sus discípulos estaban ansiosos de compartir las buenas nuevas de su resurrección y se podían cansar mientras esperaban esta promesa del Espíritu Santo. En Hechos 1:3 aprendemos que ellos habían pasado unos días con Jesús, escuchándolo enseñar acerca del Reino de Dios. La Biblia declara que los apóstoles habían recibido “pruebas infalibles (irrefutables)” de Su resurrección. Ellos no necesitaban ser persuadidos de Su causa porque habían recibido antes que nadie la evidencia de la victoria de Cristo sobre la muerte. En otras palabras, ellos estaban listos para ir.

 

Pero Jesús los mira y les dice, “No comiencen sus ministerios. No empiecen a predicar el evangelio por todo el mundo y no pongan ninguna iglesia hasta que no hayan sido investidos con poder del Espíritu” (Lucas 24:49, parafraseo del autor). Yo creo que Jesús le dio esta instrucción a aproximadamente 500 personas (vea 1 Corintios 15:6  luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen). Pero en Hechos 1:15, encontramos que el número de personas que estaban en el aposento alto había disminuido a 120. ¿Qué sucedió con los otros 380? Personalmente creo que con cada día que pasaba, más y más de los 500 se iban hasta que quedaron solo 120. Tal vez los 380 que se fueron pensaron, vámonos a las sinagogas, abramos iglesias y vamos a compartir las buenas nuevas de la resurrección de Jesús. Después de todo, no sería bueno que perdiéramos un día más sin que se compartan estas noticias. Solo 120 estuvieron dispuestos a esperar el mandato del Maestro.

 

A este punto usted estará pensando, bueno John, claro que los discípulos necesitaban esperar por el Espíritu Santo. No lo habían recibido todavía. Es diferente en este tiempo, porque nosotros recibimos al Espíritu Santo cuando somos salvos.

 

Vea Juan 20:21-22 “Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.” Jesús sopló a los discípulos y les dijo, “Recibid el Espíritu Santo.” La palabra griega “recibe” significa “inmediatamente o ahorita mismo.”[7] Esto no era una suposición de lo que iba a pasar. Los discípulos recibieron el Espíritu Santo antes de que Jesús ascendiera al cielo. Pero ellos no habían sido investidos del poder hasta que no fueran llenos con el Espíritu en el Día de Pentecostés.

 

El Día de Pentecostés

 

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y               de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:1-4)

 

Yo sé que muchos de nosotros hemos sido testigos de este evento en las clases dominicales con dibujos y láminas en el pizarrón. Lo típico es ver un dibujo de una reunión de creyentes con las lengüitas en fuego o fuego sobre sus cabezas. Esta tal vez no sea la mejor manera de representar lo sucedido. En el Antiguo Testamento el fuego con frecuencia simboliza la presencia de Dios. Lo que el autor de Hechos describe como “lenguas, como de fuego” es la manifestación de la presencia de Dios. Estos seguidores de Jesús, ambos hombres y mujeres, fueron envueltos - bautizados en la presencia de Dios - y se manifestó como fuego. Esta presencia revelada, se puede ver también cuando se hace referencia a “un viento recio.” Como establecimos en el capítulo 1, el Espíritu Santo no es “un viento recio.” Él es una Persona. Sin embargo, la manifestación de Su llegada en el aposento alto tomó forma de un viento recio.

 

La palabra griega “llenos” en Hechos 2:4 significa literalmente “saciado.”  Saciar significa “estar lleno en exceso.” Aquellos que estuvieron en el aposento alto fueron llenos en exceso con el Espíritu Santo. Todos experimentaron la presencia manifestada de Dios a un grado mayor en sus vidas. En adición a las manifestaciones de fuego y viento, otra señal de la llenura del Espíritu fue el hecho de que los creyentes comenzaron a hablar en otras lenguas.

 

DÍA 2

 

¿Por qué Lenguas?

 

Lengua se conoce también como un idioma. Si yo estuviera en España y conozco a alguien que no estuviera hablando español le pudiera preguntar una de dos, “¿Cuál es su lengua natal?” o ¿Cuál es su lengua materna? Tienen el mismo significado. De la misma forma yo no le preguntaría a alguien que habla inglés cuál es su lengua, porque ese es mi lenguaje y yo lo reconozco. Por lo tanto, para mí el inglés es una lengua “conocida”, como puedo considerar otro lenguaje como una lengua “desconocida”. Más tarde abundaré en este tema.

 

En el Día de Pentecostés, habían judíos de muchas naciones reunidos en Jerusalén para una celebración religiosa. Como residentes de varios países y regiones, estos judíos tenían diferentes “lenguas maternas o natales.”

 

Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? (Hechos 2:5-8)

 

Note que la Biblia establece “hecho este estruendo, se juntó la multitud.” Esta manifestación atrajo a muchos a los que estaban hablando en lenguas. La multitud estaba atónita de que los galileos (muchos de los cuales eran considerados analfabetas e incultos) estuvieran hablando en tantas lenguas diferentes. Esta manifestación del Espíritu de Dios fue una señal para aquellos que todavía no eran seguidores de Jesús.

 

“les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? (Hechos 2:11-12)

 

Este derramamiento del Espíritu creó la oportunidad para que Pedro respondiera con uno de los sermones más famosos en la Biblia, en el cual dijo, “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen” (Hechos 2:32-33). Note que todos habían visto y escuchado la evidencia del poder del Espíritu Santo.

 

Unos versos más adelante, la multitud respondió:

Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer? (Hechos 2:37)

 

Pedro les dijo:

 

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa [El Espíritu Santo], y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:38-39)

 

Así como Pedro declaró las buenas nuevas de salvación que estaban disponibles para todo aquel que llamara al nombre del Señor (vea Romanos 10:13  porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA SALVO.), también hizo bastante claro que el regalo del Espíritu Santo está disponible para todo el que cree. ¡Maravilloso! La promesa está a la disposición para todo creyente - pasado, presente y futuro.

 

Cuatro Acontecimientos

 

En el libro de los hechos, hay cuatro acontecimientos adicionales donde personas fueron llenas del Espíritu Santo después del Día de Pentecostés. Mientras los revisamos quisiera darle atención especial a dos cosas. Primero, en todos menos uno de estos sucesos, la investidura o llenura del Espíritu Santo es algo separado a la experiencia de la salvación. Segundo, que aquellos que fueron testigos de estas llenuras o investiduras del Espíritu, vieron y oyeron la evidencia de la presencia del Espíritu Santo en los nuevos creyentes.

 

Felipe y los Samaritanos

 

Nosotros encontramos el primero de estos cuatro acontecimientos en Hechos 8. Felipe ha sido enviado a la ciudad de Samaria a compartir el evangelio de Jesucristo. Mientras se compartía el evangelio, toda la ciudad experimentó avivamiento. Los cojos fueron sanados, los espíritus inmundos fueron reprendidos y muchos recibieron las buenas nuevas de salvación de nuestro Dios.

 

Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, tanto hombres como mujeres se bautizaron. Simón mismo creyó y, después de bautizarse, seguía a Felipe por todas partes, asombrado de los grandes milagros y señales que veía. (Hechos 8:12-13, NVI)

 

¿Nacieron de nuevo los samaritanos cuando creyeron las buenas nuevas de Jesucristo? Absolutamente. Cuando una persona cree el evangelio, él o ella reciben a Jesucristo y viene a ser un hijo de Dios. Estos nuevos creyentes fueron luego bautizados en agua como muestra de su fe en Cristo. Aun así vemos en los versículos que siguen, que los líderes de la primera iglesia sabían que tenía que haber algo más. - además de la conversión y el bautismo en agua, los nuevos creyentes necesitaban el bautismo del Espíritu Santo.

 

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que los samaritanos habían aceptado la palabra de Dios [salvación], les enviaron a Pedro y a Juan. Éstos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, porque el Espíritu aún no había descendido sobre ninguno de ellos; solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús [bautismo en agua]. (Hechos 8:14-16, NVI)

 

Cuando escucharon que Samaria había recibido el evangelio, los apóstoles decidieron enviar a Pedro y a Juan a Samaria. ¿Por qué los apóstoles enviaron a uno de sus miembros más respetados a orar con los samaritanos? Después de todo, los samaritanos ya habían recibido salvación y habían sido bautizados en agua. Pedro y Juan fueron enviados específicamente para orar “que recibieran el Espíritu Santo” (verso 15). Recuerde que Jerusalén quedaba a más de treinta y cinco millas de Samaria.  Esta distancia no parece ser mucho hoy, pero los apóstoles no tenían autos ni acceso a los medios de transporte público que tenemos hoy. Ellos tenían que viajar estas treinta y cinco millas a pie o en la espalda de un animal, era un viaje que tomaba alrededor de dos días. No era uno de aquí a la vuelta de la esquina.

 

Otra vez, es importante notar que los nuevos creyentes “habían sido bautizados en el nombre de Jesús.” Ellos eran ahora hijos de Dios. Sin embargo, había un elemento del regalo de la salvación que no habían experimentado todavía. Usted estará pensando, espere un momento John, yo pensaba que el Espíritu de Jesucristo hace morada en nuestros corazones tan pronto recibimos el regalo de la salvación. Y así es. Primera de Corintios 12:3 establece claramente, “nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” No podemos confesar el señorío de Jesús fuera de la influencia del Espíritu Santo, aun así esto es diferente al ser llenos con el Espíritu Santo.

 

La Biblia hace claro que todos los que están en Cristo son santificados y sellados por el Espíritu Santo (vea 1 Pedro 1:2  según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Que la gracia y la paz os sean multiplicadas; Efesios 1:13  En El también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa). Así, que no hay duda que recibir la presencia del Espíritu Santo es parte de la experiencia de la salvación. Cuando Dios lo mira, lo que ve es el Espíritu de su Hijo. Recuerde, al recibir la salvación, usted es reposicionado en Cristo - en ese momento usted es parte de Su herencia y Reino. Sin embargo, usted no es lleno con el poder del Espíritu hasta que se lo pida al Padre. Jesús dijo:

 

Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (Lucas 11:13)

 

Jesús llamó a Dios “el Padre celestial;” por lo tanto, es evidente que le está hablando a los creyentes. Nosotros sabemos esto porque en Juan, Jesús hace mención de “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce” (Juan 14:17 RV). El mundo representa aquellos que existen fuera del Reino de Dios. Claramente, nadie que no se haya sometido al señorío de Jesús puede recibir el Espíritu Santo. Así que esta instrucción de pedir “al Padre” por el Espíritu no es una referencia a la salvación. Esto pertenece a la llenura que solo pueden recibir los que son salvos.

 

Ahora, regresemos a Hechos 8:

 

Entonces Pedro y Juan pusieron sus manos sobre la cabeza de cada uno, y todos ellos recibieron el Espíritu Santo. Al ver Simón que la gente recibía el Espíritu Santo cuando los apóstoles les ponían las manos sobre la cabeza, les ofreció dinero a los apóstoles y les dijo: —Denme ese mismo poder que tienen ustedes. Así yo también podré darle el Espíritu Santo a quien le imponga las manos. (Hechos 8:17¬19, TLA)

 

Pedro y Juan pusieron sus manos sobre los creyentes, y ellos recibieron el Espíritu Santo. Esta llenura del Espíritu fue claramente evidente en lo físico porque la Biblia dice “Al ver Simón que la gente recibía el Espíritu.” Simón el cual era creyente, estaba maravillado por la manifestación del poder del Espíritu Santo en los creyentes que hasta ofreció pagarle a los apóstoles para que le enseñaran como impartir este poder. (Esto fue muy inapropiado por lo cual Pedro lo reprendió.)

 

A través del libro de los Hechos, la llenura del Espíritu era típicamente seguida por una manifestación exterior que se podía ver y escuchar - la forma más común eran las lenguas y la profecía. Esta es la razón por la cual los apóstoles decían con frecuencia que el Espíritu Santo “venía sobre” los creyentes. Este acontecimiento en Samaria es uno en donde la Biblia no dice específicamente que las lenguas y la profecía eran parte de la llenura del Espíritu. Sin embargo, podemos deducir que esta demostración si ocurrió, porque de otra manera Simón, el que fue brujo, no hubiera visto la evidencia de la presencia del Espíritu en los creyentes.

 

DÍA 3

 

Saulo de Tarso

 

La historia sobre la conversión de Saulo es una de las más notables en la Escritura. Quiero enfocarme en lo que posiblemente sea uno de los aspectos menos destacados en este maravilloso encuentro. En Hechos 9, encontramos a Saulo persiguiendo a los creyentes en Damasco:

 

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. (Hechos 9: 3-6)

 

Note que Saulo llama a Jesús “Señor.” Cuando Jesucristo viene a ser Señor de nuestras vidas, nacemos de nuevo inmediatamente. Yo creo que Saulo se convirtió en un creyente en el momento que reconoció el señorío de Jesús.

 

Después de este encuentro con el Señor, Saulo pasa los próximos tres días en una ciudad en espera de más instrucción. Luego el Señor le pide a un discípulo llamado Ananías que fuera donde estaba Saulo. Ananías estaba preocupado con estas directrices porque había escuchado muchas historias de como Saulo perseguía a los creyentes despiadadamente. Así que Dios le dijo, “Pero el Señor le dijo: “Ve, porque él [Saulo] es Mi instrumento escogido, para llevar Mi nombre” (Hechos 9:15). Cuando llegó a la casa donde se estaba quedando Saulo, Ananías pone sus manos sobre él y dice, “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9:17). Obviamente Ananías sabía que Saulo había recibido salvación, porque lo llamó “Hermano Saulo.” Aun siendo Saulo un creyente, Dios envió a Ananías para que orara específicamente para que Saulo recibiera la llenura del Espíritu Santo.

 

Nuevamente, en este instante, vemos que la llenura del Espíritu Santo ocurrió después que el regalo de la salvación había sido recibido. En Hechos 9, usted no encontrará ninguna mención de Saulo hablando en lenguas. Sin embargo, sí sabemos que Saulo habló en lenguas porque más tarde el escribió, “Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes” (1 Corintios 14:18). Personalmente, creo que Saulo comenzó a hablar en lenguas cuando Ananías oró por él. Pablo tuvo que recibir esta llenura aunque ya era salvo, porque el empoderamiento del Espíritu Santo era vital en los esfuerzos de Pablo para declarar a Jesús ante los gentiles, reyes y los hijos de Israel (vea Hechos 9:15 Pero el Señor le dijo: Ve, porque él me es un instrumento escogido, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel).

 

Pedro y Cornelio

 

En Hechos 10 recibimos un pequeño vislumbre de lo que es el sentido de humor de nuestro Dios. En el verso uno nos introduce a Cornelio un oficial romano. La Biblia dice que Cornelio era un hombre devoto, con temor de Dios, amable con el pobre y que oraba frecuentemente a Dios. A este punto el evangelio de salvación no había sido comunicado a los gentiles, así que Dios envío a un ángel a visitar a Cornelio. Sin embargo, el ángel no le reveló a Cornelio el plan de salvación que Dios tenía para él; sino que el ángel le dice que mande a buscar a Pedro. En su entusiasmo, Cornelio envía a unos hombres inmediatamente a que encuentren a Pedro en el lugar que el ángel le había dicho.

 

Luego aprendemos que Pedro estaba residiendo en Jope cuando recibe una visión del cielo. En esta visión, Dios usa varias formas imaginarias para comunicarle que no debía llamar inmundo lo que Dios ya había limpiado (vea Hechos 10:8-15  y después de explicarles todo, los envió a Jope. Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar como a la hora sexta. Tuvo hambre y deseaba comer; pero mientras le preparaban algo de comer, le sobrevino un éxtasis; y vio* el cielo abierto y un objeto semejante a un gran lienzo que descendía, bajado a la tierra por las cuatro puntas; había en él toda clase de cuadrúpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo. Y oyó una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Mas Pedro dijo: De ninguna manera, Señor, porque yo jamás he comido nada impuro o inmundo. De nuevo, por segunda vez, llegó a él una voz: Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro). Obviamente, Dios sabía que Pedro iba a pasar trabajo para entender el significado de esta visión porque se la dio tres veces. Mientras Pedro reflexionaba sobre el significado de la misma los hombres de Cornelio llegan a la casa. El Espíritu Santo le da instrucciones a Pedro de que fuera con ellos a ver a Cornelio. Dios no le dijo a Pedro porqué estaba siendo enviado a casa de Cornelio, aun cuando era en contra de la costumbre de aquel tiempo, que un judío devoto se asociara con un gentil. Cuando llegó a casa de Cornelio, Pedro dijo:

 

“Ustedes saben que no es lícito para un Judío asociarse con un extranjero o visitarlo, pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre debo llamar impuro o inmundo. Por eso, cuando mandaron a buscarme, vine sin poner ninguna objeción. Pregunto, pues, ¿por qué causa me han llamado?” (Hechos 10:28-29)

 

Pedro comenzó a atar cabos y a ver la conexión entre la visión y su encuentro con este devoto gentil, así que comenzó a predicarle el evangelio a Cornelio. De repente, en medio del mensaje de Pedro, el Espíritu de Dios se manifiesta, y los gentiles comenzaron a hablar en lenguas. Pedro se quedó pasmado porque esto no había sucedido antes.

 

Dios sabía que a Pedro y sus acompañantes judíos se les iba a hacer difícil entender el hecho, de que el regalo de la salvación era también para los gentiles. Así, que Dios derramó su Espíritu sobre los gentiles antes de que Pedro tuviera la oportunidad de orar por ellos o bautizarlos en agua como prueba de que los que están fuera de la nación de Israel están incluidos en el plan de salvación también.

 

Todos los creyentes que eran de la circuncisión (Judíos Cristianos), que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los Gentiles, pues los oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. Entonces Pedro dijo: “¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?” Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. (Hechos 10:45-48 NBLH)

 

Los judíos no podían negar la evidencia de la salvación de Dios entre los gentiles porque ellos vieron y escucharon la manifestación del poder de Dios entre ellos (la llenura del Espíritu Santo). Los creyentes judíos estaban impresionados. No solo porque Dios había puesto la salvación a la disponibilidad de los gentiles, sino porque también envió la llenura del Espíritu antes de lo acostumbrado, que era la confesión pública y el bautismo en agua. Esta es la única ocasión en la Escritura donde usted encontrará a Dios operando de esta manera. En todas las demás ocasiones el derramamiento del Espíritu Santo ocurre después de la conversión. Yo creo que Dios hizo esto porque él sabía que los judíos requerían una señal que les mostrara que el regalo de la salvación había sido extendido para los gentiles también.

 

Los Efesios

 

El cuarto acontecimiento que quiero examinar lo vemos en Hechos 19. Pablo se encuentra en medio de uno de sus tantos viajes cuando vino a Éfeso. Con su llegada, la Biblia dice que se encontró con algunos discípulos de Juan el Bautista. La primera pregunta que les hizo fue, “¿Recibieron el Espíritu Santo cuando creyeron?” (Hechos 19:2) ¡Que increíble! Si esto fue lo primero que Pablo le preguntó a los efesios, debería ser una de las primeras preguntas para hacerle a cualquier recién convertido.

 

Nuevamente, ¿por qué era este asunto tan importante para los líderes de la iglesia primitiva? Porque el investimento del Espíritu Santo es esencial para nuestra misión en Cristo. ¿Por qué cualquiera de nosotros no quisiera vivir ni una hora sin el poder que aviva la misión (vea Hechos 1:8 pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra)? Para ser efectivos en el Reino del Padre, necesitamos posicionarnos en Cristo (salvación) y ser empoderados por el Espíritu Santo (llenura del Espíritu).

 

Pablo descubre que aunque estos efesios fueron discípulos de Juan el Bautista, no tenían idea de las buenas nuevas de salvación a través de Jesús, así que comenzó a compartir el evangelio con ellos.

 

Como mencioné anteriormente, recibir nuestra posición en Cristo siempre precede a la llenura de Su Espíritu. Aun cuando en el caso de Cornelio, la manifestación externa del poder (la llenura del Espíritu) precede a la confesión externa de salvación (en la forma del bautismo en agua), la salvación siempre viene antes de la llenura.

 

Por lo tanto, después de escuchar las palabras de Pablo, los efesios fueron primeramente “bautizados en el nombre de Jesús” (Hechos 19:5). En otras palabras, ellos recibieron la salvación que es solamente a través de Jesucristo. Pero el encuentro no terminó allí: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:6).

 

La llenura del Espíritu Santo tomó lugar después que los nuevos creyentes fueron bautizados en el nombre de Jesús. Antes del encuentro con Pablo, estos hombres conocían muy poco acerca de Jesús. Pero una vez que fueron llenos del Espíritu, profetizaron, lo que significa que declaraban el mensaje de Jesucristo. La llenura para profetizar lo que ellos no conocían minutos antes, fue posible solamente a través del Espíritu. Es imposible para un creyente el declarar con autoridad los misterios de Dios sin conocer primero Su Espíritu (vea 1 Corintios 2).

 

Estoy tan agradecido que nunca he tenido que predicar sin el poder del Espíritu. En mis propias fuerzas, no soy un buen orador en público. De la misma forma, no soy un buen escritor. Era tan malo en mi clase de inglés que reprobé unos exámenes importantes para mi educación. Nadie sabe mejor que yo, que soy lo que soy, por la gracia de Dios y el investimento de su Espíritu. Sin la llenura de Su Espíritu, yo no pudiera escribir este libro. Él es la fuente de mi fuerza y habilidad. Sin Él mi tarea en el Reino sería imposible. Para mí, el Espíritu Santo es el “Manifestador” de la gracia de Dios.

 

DÍA 4

 

¿Han Cesado Las Lenguas?

 

El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. (1 Corintios 13:8-10, RV)

 

Ahora que hemos examinado los acontecimientos sobre la llenura del Espíritu Santo del libro de los Hechos, quiero tratar una pregunta que muchos tal vez tengan. Con frecuencia escucho a personas decir que las lenguas han cesado. Estas personas se refieren generalmente al pasaje anterior de 1 Corintios 13. Los individuos que sostienen esta idea creen que Pablo se refería a la Biblia como “lo perfecto” cuando menciona, “más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.” La idea detrás de este razonamiento es, ahora que lo perfecto (la Biblia) ha llegado, las lenguas han cesado.

 

Es importante que examinemos este pasaje cuidadosamente para determinar lo que Pablo está diciendo. Cuando consideramos este verso en su contexto, podemos ver con claridad que esta noción es imposible. Si las lenguas han cesado, entonces el conocimiento y la profecía también. ¿Han cesado el conocimiento y la profecía? Definitivamente no. Entonces, ¿a qué es lo que se refiere Pablo con “lo perfecto”? La respuesta la encontramos en el verso doce:

 

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces [cuando venga lo perfecto] veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. (1 Corintios 13:12 RV)

 

Pablo está describiendo un encuentro cara a cara con Jesús. Eso es lo que él quiere decir con “lo perfecto” - conociendo a Jesús completamente en Su gloria. ¿Estamos experimentando este tipo de encuentro con Jesús? ¿Lo estamos contemplando en Su gloria? Mientras vivimos en la tierra, nuestras experiencias con Jesús son como un reflejo en el espejo. Pero en lo que viene, lo conoceremos como Él nos conoce a nosotros. Esta experiencia de profunda intimidad con Jesús es una señal de que “lo perfecto” ha llegado. Mientras que nuestra jornada comienza aquí en la tierra, no estará completa hasta que podamos contemplarlo cara a cara en la eternidad.

 

Los Cuatro Tipos de Lenguas

 

Otra pregunta que recibo con frecuencia es, “John ¿por qué es que 1 Corintios 12:30 dice, ‘hablan todos lenguas?’ ¿No significa esto que todos hablan en lenguas? Sí, eso mismo. Sin embargo, en este pasaje Pablo está haciendo referencia a una clase de lengua específica; no todos los creyentes operan en este tipo de lengua. Para entender esto, necesitamos examinar los cuatro diferentes tipos de lenguas que se discuten en el Nuevo Testamento.

 

Por el bien de nuestra discusión, me voy a referir a como se deben usar estas lenguas, si en público o en privado. Dos de este tipo son para ministrar en público. Cuando digo “público” quiero decir que envuelve a un individuo ministrando a una persona o a un grupo en el Espíritu. Por el contrario, las lenguas en “privado” nos conectan como individuos directamente con Dios - ya sea aumentando nuestra intimidad con Él o activando el que podamos interceder de acuerdo a Su perfecto entendimiento. Vamos a ver cada una de ellas.

 

Uno: Lenguas como Señal a los No Creyentes

 

Este primer tipo de lenguas es para demostración pública.

 

Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos. (1 Corintios 14:22)

 

Estas lenguas ocurren cuando el Espíritu Santo transciende nuestro intelecto y nos da la habilidad de hablar otro lenguaje en esta tierra, específicamente un lenguaje que no podemos atribuirlo a nuestra experiencia o educación. Este fue el tipo de lengua que operó a través de los discípulos en el Día de Pentecostés.

 

Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. Desconcertados y maravillados, decían: « ¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!» (Hechos 2:5-11, NVI)

 

Estos judíos internacionales escucharon a los creyentes hablar en sus propias lenguas natales. Esta demostración fue una señal de que Dios estaba trabajando entre aquellos que habían creído el evangelio de Jesús, porque no había manera de que con la falta de educación de estos galileos ellos pudieran declarar las maravillas de Dios en tantos lenguajes. Muchos vinieron a conocer a Jesús por la expresión del poder del Espíritu.

 

Varios años atrás estaba predicando en una iglesia de Colorado Springs. Durante el servicio una de las mujeres de mi equipo de trabajo estaba sentada en la parte de atrás de la iglesia. Durante todo el tiempo que estuve predicando, ella sintió la urgencia de orar en lenguas en voz baja. Cuando el servicio terminó, se le acercó un caballero que estaba sentado frente a ella y le dijo, “Usted habla un francés perfecto. Hasta habló uno de nuestros dialectos con un acento perfecto. Yo soy un maestro francés, y en todos mis años, nunca me he encontrado con alguien que lo hable tan bien como usted lo hace.”

 

Ella le respondió, “Yo no hablo francés.” ¡El hombre se quedó anonadado!

 

Él dijo, “No solo estaba usted hablando un francés perfecto, pero también estaba citando la Escritura en francés. Luego John le decía a la congregación que fuera a esas mismas escrituras. Usted las citó aún antes de que él las dijera.” Esta experiencia fue una señal para este hombre de que Dios estaba confirmando el mensaje que estaba comunicando a través de mí. El propósito primordial de las lenguas como señal es llamar la atención del que no es un creyente todavía.

 

Dos: Lenguas Para la Interpretación

 

El segundo tipo de lengua es también para el ministerio en público. A diferencia de las lenguas como señal, estas lenguas son celestiales las cuales no se hablan en ningún lugar en la tierra. La lenguas para interpretación son el tipo de lenguas a las que Pablo se refería como un don espiritual cuando dijo, “A otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas” (1 Corintios 12:10). Como estas lenguas no son lenguajes de esta tierra necesitan ser interpretadas.

 

Años atrás me estaba preparando para predicar en una iglesia de Singapur. Cuando de repente, un hombre en el servicio comenzó a hablar en una lengua desconocida. Inmediatamente yo supe que no era una lengua de la tierra; era una lengua celestial. Todo el mundo en el salón estaba maravillado con esta manifestación del Espíritu. Después que terminó de hablar en esta lengua divina, el hombre comenzó a dar la interpretación. Su interpretación estaba en completo acorde con el mensaje que Dios me había dado para la iglesia. Yo pensé, Dios, muchas gracias por esta maravillosa confirmación. Dios usó el don de interpretación de lenguas para confirmar la palabra que Él había puesto en el corazón. Fue una señal para mí y para todos los presentes.

 

Note que estoy usando la palabra interpretar, no traducir, con este tipo de lengua. Las lenguas celestiales, de las cuales vemos tres de los cuatro tipos en el Nuevo Testamento, no pueden ser traducidas. Ellas transcienden nuestro entendimiento humano.

 

Cualquier expresión de lenguas que esté bajo lenguas para interpretación deben estar siempre acompañadas de una interpretación. Sin esta interpretación la iglesia no puede ser edificada, y esta lengua es dada exclusivamente para la edificación de la iglesia (vea 1 Corintios 14).

 

Este es el tipo de lengua a la que Pablo se refería cuando preguntó, “¿hablan todos lenguas?” Ahora vamos a ver este verso en su contexto:

 

Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos? (1 Corintios 12:28-30)

 

Pablo está hablando de los dones públicos los cuales Dios había ordenado para el ministerio en la iglesia. ¿Son todos apóstoles? No. ¿Son todos profetas? No. ¿Son todos maestros? No. De la misma forma, ¿hablan todos en lenguas o las interpretan como un ministerio público? No. El punto de Pablo es que debemos florecer en el don específico que Él ha depositado en nuestras vidas. No todo el mundo en la iglesia va a operar en lenguas como un ministerio en público.

 

La Diferencia entre La Dos Lenguas Públicas

 

Más adelante en su carta a los Corintios, Pablo explica la diferencia entre los dos tipos de lenguas públicas:

 

Así que, las lenguas [para señal] son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes. Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas [lenguas para interpretación], y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? (1 Corintios 14:22-23)

 

Si usted no entiende que hay diferentes tipos de lenguas, usted puede pensar que Pablo se estaba contradiciendo cuando escribió esto. Primero dice, “Las lenguas son para los incrédulos.” Luego, en el próximo verso, leemos, “Si usted habla en lenguas los incrédulos van a pensar que ha perdido la mente.” Sin embargo, con un mejor entendimiento de los cuatro diferentes tipos de lenguas, podemos ver que Pablo está escribiendo acerca de dos diferente tipos de lenguas.

 

El primer tipo de lengua que Pablo menciona (lenguas para una señal) es el tipo de lengua que atrae a los incrédulos y les sirve como señal. El segundo tipo de lengua (lenguas para interpretación) es solo para la edificación de la iglesia; estas lenguas no son señales para el incrédulo. De hecho, Pablo menciona que sin interpretación, el hecho de que los creyentes estén hablando en la segunda clase de lenguas pudiera causarle a los incrédulos pensar que estamos locos.

 

¿Se puede usted imaginar un servicio dominical donde todo el mundo estuviera predicando, enseñando o profetizando al mismo tiempo? Esto sería rarísimo e inefectivo. De la misma forma, Pablo le estaba enseñando a la iglesia a que no crearan un ambiente de confusión a través del mal uso de las lenguas para la interpretación. En el ambiente equivocado, esta expresión de lenguas es caótico y no tiene propósito o fin. Previamente en este mismo capítulo Pablo hace claro que las lenguas no son para traer confusión, sino para traer entendimiento y revelación.

 

Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes. Sin embargo, en la iglesia prefiero emplear cinco palabras comprensibles y que me sirvan para instruir a los demás, que diez mil palabras en lenguas. (1 Corintios 14:18-19)

 

Es bastante simple, si se usa una lengua pública, tiene que ser interpretada para el beneficio de los presentes. De otra manera, lo que se está haciendo es, comunicando simplemente un lenguaje desconocido.

 

DÍA 5

 

Tres: Lenguas para el Tiempo de Oración Personal

 

Porque si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no se beneficia en nada. ¿Qué debo hacer entonces? Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento; cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento. (1 Corintios 14:14-15)

 

Los primeros dos tipos de lenguas discutidos son para la expresión pública y para comunicar un mensaje de Dios a los hombres. Las lenguas como señal son para alcanzar y ministrar al incrédulo; lenguas para interpretación son para ministrar al creyente. Aquí Pablo introduce el tercer tipo de lenguas: lenguas para el tiempo de oración personal. Ya no está hablando acerca del ministerio en público sino que está enseñando acerca de las lenguas usadas para propósitos privados. Esta forma de lengua es para la edificación personal y para la oración. Pablo establece específicamente que “podemos orar con el entendimiento,” que para mí significaría orar en inglés, o podemos “orar con el espíritu,” lo que significa orar en un lenguaje desconocido - un lenguaje celestial. También declara que podemos cantar (adorar) en cualquiera de las dos formas.

 

Anteriormente en 1 Corintios 14 leemos, “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios” (1 Corintios 14:2). Nosotros conocemos que esta manifestación del Espíritu no se puede estar refiriendo a las lenguas como señal, porque en el Día de Pentecostés, los discípulos les estaban hablando a los hombres - declarando las maravillosas obras de Dios en lenguajes extranjeros. Pablo tampoco podía estar hablando de lenguas para interpretación, porque este don se refiere a un creyente hablando a la iglesia en un lenguaje celestial desconocido (el cual necesita ser interpretado). Aquí Pablo se está dirigiendo específicamente a una persona que “no está hablando al hombre sino a Dios” en el espíritu.

 

 

Hablar en lenguas en la oración personal es una interacción privada entre Dios y la persona que está orando. El propósito es fortalecer al que está orando. “Pero ustedes, amados, edificándose en su santísima fe, orando en el Espíritu Santo, consérvense en el amor de Dios” (Judas 20-21). Note que Judas menciona que cuando oramos en el Espíritu Santo (lenguas) nos edificamos a nosotros mismos; sin embargo, cuando hablamos en lenguas para interpretación de los creyentes en la iglesia, edificamos la iglesia (vea 1 Corintios 14:5  Yo quisiera que todos hablarais en lenguas, pero aún más, que profetizarais; pues el que profetiza es superior al que habla en lenguas, a menos de que las interprete para que la iglesia reciba edificación). Dios desea ambas edificaciones la personal y la colectiva, cada una es importante.

 

Muchos creyentes se preguntan, ¿Será posible que esté lleno del Espíritu Santo y no ore en lenguas? Sí, creo que una persona puede estar llena del Espíritu Santo y no orar en lenguas. Pero también tengo que añadir que cada persona que ha sido llena del Espíritu tiene la habilidad de orar en lenguas. Muchos creyentes no operan en este don porque no se han rendido al mismo por fe. Todo don de Dios es recibido y activado por la fe.

 

Piénselo de esta manera: Dos hombres se meten a un río. Uno escoge pararse y dejar que la corriente pase por él; el otro escoge relajarse y dejarse llevar por la corriente del río. Ambos el que está parado en el río y el que se dejó llevar están en el agua, pero solo el último puede seguir hacia donde la corriente lo lleva. El que ora en lenguas se puede comparar al que deja llevar por la corriente del río; el creyente que todavía no ora en lenguas es como el que estaba en el río pero no se había dejado llevar por la corriente del mismo. (Si usted quiere saber cómo dejarse llevar por el Espíritu, los discutiremos en el próximo capítulo)

 

La comunión con el Espíritu Santo es una de las muchas bendiciones disponibles para nosotros a través de la muerte y resurrección de Jesús. Pero experimentar completamente la medida de esta comunión no sucede automáticamente con la salvación. Tristemente, muchos creyentes hoy en día no están disfrutando ciertos aspectos de su salvación. Es vital que busquemos y añoremos todo lo que Dios tiene para nosotros. Descubrir todo lo que Jesús nos dio al morir es una gran parte de nuestra jornada en Cristo. Como discutimos anteriormente, el Espíritu Santo es el que nos empodera y equipa para nuestra función y asignación en el Reino.

 

Cuatro: Lenguas para la Intercesión

 

De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y Aquél que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. (Romanos 8:26-27)

 

Pablo comienza este pasaje diciendo que “el Espíritu también nos ayuda en nuestras debilidades.” ¿A qué debilidades se estaba refiriendo Pablo? La respuesta: “Porque no sabemos orar como debiéramos... pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Simplemente, nuestra debilidad es que tenemos un entendimiento limitado de lo que está pasando en nuestro mundo. Por lo tanto, hay momentos en los que no sabemos cómo orar. Pero cuando dependemos e intercedemos en el Espíritu (el cual sabe todas las cosas), Él ora la perfecta voluntad de Dios a través de nosotros.

 

Cuando estaba en la universidad dirigí un estudio bíblico que alcanzó fraternidades y sororidades en las instalaciones de Purdue. Llegaban alrededor de sesenta estudiantes, algunos con ningún trasfondo eclesiástico y otros de varias denominaciones cristianas. Había una joven que asistía el estudio la cual había crecido en una denominación que creía que las lenguas ya no existían. Después que me escuchó enseñar una de las noches acerca del Espíritu Santo, realizó, ¡las lenguas son para hoy! ¡Está en la Biblia! Esa misma noche recibió la llenura Espíritu Santo.

 

El próximo día me despertó una llamada a las 6:30 AM - mucho antes de lo que yo como estudiante de la universidad me hubiera querido despertar. Estaba siendo citado a encontrarme con la joven del estudio bíblico. Me tuve que esforzar para salir de la cama y caminé hacia donde ella me estaba esperando.

 

Estaba medio dormido todavía y un poco irritado porque me habían interrumpido el sueño. Ahora, ella por el contrario estaba emocionadísima. Le dije, “¿qué está pasando?” Ella me respondió, “Dios me despertó a la cinco de la mañana. Sentí la necesidad de orar en lenguas, así que lo hice. Realmente me sentí como que estaba intercediendo. Le pedí a Dios que mostrara porque estaba orando tan fervientemente en lenguas. Dios me dijo, “estás intercediendo por la vida de un anciano.” Así que continué orando en lenguas.

 

“Luego a las seis de la mañana mi compañera de habitación recibió una llamada de emergencia. Le dijeron que su abuelo estaba en el hospital a causa de un ataque al corazón, pero que no se preocupara porque se había salvado.”

 

Continuó diciéndome, “el Espíritu Santo me habló y me dijo, 'tú estabas orando por él.'” Este es un ejemplo perfecto de las lenguas para la intercesión. Ella no tenía la más mínima idea de que la vida del abuelo de su compañera de habitación estaba en peligro, pero el Espíritu Santo sí lo sabía. Si ella solamente hubiera podido orar en su entendimiento le hubiera sido imposible interceder por él.

 

Mi madre vive en la Florida, así que no tengo conocimiento de lo que está sucediendo en su vida ahora mismo. No sé lo que está pasando con mi hermana que vive en California tampoco. Pero el Espíritu Santo conoce la perfecta voluntad de Dios para ambas, y Él intercederá a través de mí mientras yo me rindo para asociarme con Él en oración. El Espíritu discierne y conoce todas las cosas. El conocer que le estamos permitiendo al Espíritu Santo que ore a través de nosotros trae una paz increíble.

 

Clarificación acerca de las Lenguas Privadas

 

Es importante notar una excepción acerca de los dos tipos de lenguas a las cuales nos hemos referido como “privadas.” Hay ocasiones donde los creyentes que son o han sido llenos del Espíritu Santo oran juntos en lenguas. En este caso, no es inapropiado el que oren todos juntos en lenguas. Hay otras ocasiones donde los creyentes se deben abstener de orar públicamente en su lenguaje de oración. Pablo hizo esta declaración.

 

Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? (1 Corintios 14:23)

 

Dos grupos son identificados en este pasaje. Primero, Pablo menciona a los incrédulos. Esto se refiere a los que no han recibido a Jesucristo como su Señor - los que están fuera de la fe. El segundo grupo es el de los indoctos. Estas personas son creyentes o sea creen en Jesús pero no han sido educados acerca del lenguaje del Espíritu. Una persona que pertenezca a cualquiera de los dos se sentiría incómodo en una atmósfera donde otros oren en lenguas. Fácilmente pudiera pensar que los que están hablando en lenguas están fuera de su juicio cabal.

 

Tristemente, en una o dos ocasiones he sido testigo donde muchas personas a la misma vez han estado orando en voz alta en lenguas durante un servicio dominical - y eran animados por el liderazgo. De hecho, en el pasado, hasta yo lo hice también por falta de entendimiento. En estos servicios, como en un típico servicio dominical, habían visitantes presentes, muchos que pudieran ser categorizados como incrédulos o indoctos. Ellos probablemente pensaron entre sí, ¿estarán esta gente fuera de su juicio cabal? He observado que estas iglesias batallan con el crecimiento y el poder alcanzar a sus comunidades. ¿Podrá ser que no están siguiendo la sabiduría dada en el versículo anterior? Creo que si continúan esta práctica, los indoctos e incrédulos no regresarán.

 

Por el contario, hay veces donde la iglesia hace un llamado a la oración (digamos un sábado por la mañana o un lunes en la tarde). En estas reuniones hay de todos, creyentes e instruidos. Es completamente correcto para todos el orar juntos en lenguas al Señor intercediendo como grupo o ministrándose unos a otros.

 

Pablo lo puso claramente, no está diciendo que nunca hay un lugar o momento apropiado para que un grupo de creyentes se reúnan juntos y hablen en lo que podemos llamar “lenguas privadas.” Lo que él está haciendo es la distinción de que en “público,” cuando los incrédulos o los indoctos están presente, nuestra expresión en lenguas debe ser apropiada de acuerdo a nuestro medio ambiente.

 

El Deseo de Dios para Usted

 

Por tanto, hermanos míos, anhelen el profetizar, y no prohíban hablar en lenguas. Pero que todo se haga decentemente y con orden. (1 Corintios 14:39-40)

 

Pablo sabía que la iglesia haría mal uso del maravilloso don de lenguas. Así que él nos enfatiza, “Usen el tipo correcto de lengua en el lugar apropiado, y no prohíban el hablar en lenguas porque ciertos creyentes han hecho mal uso de este don extraordinario del Espíritu.” Desafortunadamente, la iglesia ignora muchas cosas acerca del Espíritu. Esto es trágico, porque el Espíritu Santo es, el que ha sido enviado para empoderar la iglesia. Dios ha escogido a Su iglesia para ser el vehículo que Él usará para avanzar Su Reino. Si no despertamos al poder que viene con nuestra posición en Cristo, no seremos diferente a un rey que se rehúsa a ejercer el poder de su trono.

 

¿Cuántos creyentes se están perdiendo el disfrutar de estos dones maravillosos del Espíritu porque creen que las lenguas han pasado? El corazón de Dios es claro: Yo quisiera que todos hablaran en lenguas” (1 Corintios 14:5). “Algunos argumentarán eso fue Pablo escribiendo, no fue Dios.” Toda la Escritura es inspirada por Dios y este verso no es la excepción (vea 2 Timoteo 3:16  Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia).

 

Nunca olvide que el don de lenguas es un aspecto vital de la llenura del Espíritu Santo - y también una parte preciosa de nuestra relación íntima con Él. Así, que mi deseo para usted es el mismo de Pablo: oro que usted abrace este don extraordinario y crezca en el poder y la presencia del Espíritu cada día.



[7] Rick Renner, The DynamicDúo: The HolySpiritandYou, 105 (Lake Mary, FL: Charisma House, 1994).

CAPÍTULO 4 - EMPODERADOS POR EL ESPÍRITU SANTO.doc
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