EL PODER SECRETO DE LA MALDAD

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Fernando Alvarez Hurtado

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Sep 13, 2014, 9:35:45 AM9/13/14
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EL PODER SECRETO DE LA MALDAD

 

El conocimiento revelado, no comunicado, es nuestra mejor protección contra el engaño.

 

La frase “los últimos días” es mencionada con frecuencia en las Escrituras. Es muy posible que estos días sean los más emocionantes así como los más aterradores en la historia de la humanidad. Emocionantes porque presenciaremos la mayor revelación de la gloria de Dios que ninguna generación experimentó, la cual será acompañada de una cosecha de almas inimaginable. Será un tiempo de gloria y gozo, juicio y temor.

 

Será un tiempo de temor porque el apóstol Pablo nos dijo explícitamente: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1). Antes de esta declaración dijo: “También debes saber esto”. En otras palabras, ¡Toma nota cuidadosa de lo que estoy por escribir, grábalo y destácalo en tu mente! Luego explicó ese tiempo en detalle, en el tercer capítulo. La razón de ese tiempo terrible no será la persecución del gobierno o de los ateos. Ese tiempo peligroso se deriva del engaño generalizado dentro de la iglesia. Esta advertencia es hecha repetidamente en todo el Nuevo Testamento.

 

El engaño es algo de temer. ¿Por qué? ¡Porque confunde! Una persona engañada cree con todo su corazón que está correcta cuando, en realidad, está errada. Jesús advirtió repetidamente contra el engaño en los evangelios. Sólo en Mateo 24, nos advirtió cuatro veces a tener cuidado del engaño.

 

De hecho, cuando sus discípulos le preguntaron acerca de su regreso, las primeras palabras que salieron de su boca describiendo nuestros días fueron: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4). No es difícil percibir la urgencia de su advertencia. Tiene un tono serio y solemne. Él deseaba que ellos imprimieran estas palabras en sus almas y que las mismas siempre estuvieran delante de ellos. Sus palabras han permanecido por miles de años y seremos sabios si no descuidamos su consejo.

 

DOS PREGUNTAS IMPORTANTES

 

Debemos hacernos dos preguntas importantes. Primero, ¿cuál es la raíz del engaño? Segundo, ¿por qué el engaño puede seguir su curso sin ser detenido? En respuesta a la primera, la raíz del engaño no es más que lo que discutimos en el capítulo anterior: la desobediencia a la autoridad divina o la maldad. Somos exhortados a,

 

“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).

 

¡Esto es algo serio! La Escritura nos dice que cuando una persona oye la Palabra de Dios pero no la obedece, el engaño entra en su corazón y su mente. Esa persona vive ahora bajo la convicción de que está en lo correcto cuando en realidad está errada. Cuando no hay verdadera sumisión a la autoridad de Dios, lo cual implica la autoridad de su Palabra, hay una puerta abierta para un engaño grande y sutil.

 

¿Por qué habrá un engaño galopante en los últimos días? Pablo nos dijo que muchos serán engañados “por cuanto no recibieron el amor de la verdad” (2 Tesalonicenses 2:10). Amar la verdad no es simplemente disfrutar con escucharla, si no el amar obedecerla. Dios le dijo a un profeta:

 

“Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová. Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia” (Ezequiel 33:30-31, énfasis del autor).

 

Muchas personas en nuestras iglesias aman la buena predicación y la enseñanza, pero en realidad, aman más sus propias vidas que la voluntad de Dios (2 Timoteo 3:1-4 Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios). Debemos amar la verdad más que nada y nadie. Debemos desear con pasión su voluntad más que nuestra comodidad. Entonces nos deleitaremos en poner nuestros deseos personales a un lado por los deseos de Dios. Tomaremos nuestra cruz y negaremos nuestros derechos y privilegios para cumplir su voluntad. ¿Por qué? Porque Él es Dios nuestro creador, nuestro redentor, y su amor para con nosotros es perfecto. Eso basta para cuidarnos del engaño.

 

¿Pero es este el tipo de devoción que vemos en la iglesia? La realidad es mucho más diferente. Es asombroso ver cómo estos escritores de la Biblia anticiparon nuestro día con una mayor precisión que la que tenemos nosotros mismos.

 

EL PODER SECRETO DE LA MALDAD

 

Hay otro factor a considerar al tratar de entender por qué la maldad está tan generalizada en nuestro día. Se nos ha advertido: “porque ya está en acción el misterio de la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2:7). Esta palabra traducida “iniquidad” es el mismo vocablo griego anomia que estudiamos en el capítulo anterior. Note que hay una fuerza o poder secreto tras ella. La versión Reina Valera se refiere a ello como el “misterio de la iniquidad”. El misterio está escondido en su poder secreto. Con los creyentes la iniquidad no sería efectiva si es abierta, sólo si es sutil y engañosa. Ese es su misterio. Como Dios no desea que seamos ignorantes de este misterio o poder secreto, nos advierte al respecto (ver 2 Corintios 2:11 para que Satanás no tome ventaja sobre nosotros, pues no ignoramos sus ardides).

 

Satanás es el maestro del engaño. Piense en esto: Él guio a un tercio de los ángeles a levantarse contra Dios (ver Apocalipsis 12:3-4 Entonces apareció otra señal en el cielo: he aquí, un gran dragón rojo que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas había siete diademas. Su cola arrastró* la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo cuando ella diera a luz). Eso ocurrió en un ambiente perfecto, ¡en la misma presencia de nuestro glorioso Señor! Jesús nos advirtió que Satanás no solo era un engañador si no el mismo padre de la mentira (Juan 8:44 Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira). También nos advirtió que los engaños de Satanás serían tan fuertes en los últimos días que si fuera posible aun los elegidos caerían presa de él (Mateo 24:24 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos).

 

¿Por qué debemos sorprendernos? Si puede engañar a millones de ángeles en el cielo, ¿por qué le sería difícil engañar a multitudes en este ambiente terrenal, del cual él es llamado el “príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2)? Vivimos en los días de los cuales Jesús habló, así que examine cuidadosamente el llamado urgente de Pablo a la iglesia en Corinto:

 

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados” (2 Corintios 11:13).

 

Pablo comparó la vulnerabilidad de los creyentes con el engaño de Eva. Sin duda una de las hazañas más espectaculares de Satanás fue ese. Ella vivía en un ambiente perfecto, libre del dominio y la influencia demoníaca. Caminaba en la propia presencia de Dios, libre de los estorbos de la carne. Hacer que se revelara, sin duda fue una de las estratagemas más astutas de Satanás. Él recurrió a tácticas sutiles y astutas para corromper la pureza de su mente. Entender sus tácticas con Eva nos ayuda a poner al descubierto su mejor arma; recibimos entendimiento en cuanto a cómo trata de engañarnos y de por qué tantas personas caen en la desobediencia hoy día.

 

Recuerde que Eva fue engañada para desobedecer, pero Adán sabía exactamente lo que estaba haciendo. He visto personas en la iglesia transgredir los mandamientos de Dios con sus ojos bien abiertos, completamente conscientes de lo que hacen. Ellos no están engañados. Pisan territorio peligroso y avanzan hacia la muerte espiritual (Romanos 8:13 porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis). Estos son los duros de corazón y difíciles de alcanzar. Luego hay otros —que constituyen la mayoría de los desobedientes en la iglesia—: los engañados. Como con Eva, la ignorancia los expone al engaño, el poder secreto de la iniquidad.

 

La ignorancia es el caldo de cultivo para el engaño. Dios dice: “Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento” (Isaías 5:13). El conocimiento revelado de los caminos de Dios y sus leyes espirituales nos guardan de los engaños del enemigo. La luz de su verdad lo pone al descubierto y nos protege de cualquier mentira.

 

CONOCIMIENTO REVELADO Y CONOCIMIENTO COMUNICADO

 

Dios colocó al hombre en el huerto y dijo: “De todo árbol del huerto podrás comer, más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).

 

Luego de esto, el Señor formó a la mujer del hombre. Podemos asumir que eso ocurrió un poco después, porque el hombre le había dado nombres a todo animal y ave del cielo antes de que la mujer fuera formada de sus costillas.

 

A diferencia de Adán, la mujer no escuchó el mandamiento directamente de la boca de Dios. Adán tal vez se lo comunicó mientras disfrutaban del jardín de Dios. Podemos suponer esta situación por su respuesta a la serpiente. Lea con cuidado los siguientes versículos:

 

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (Génesis 3:1-3).

 

Primero observe cuando la serpiente cuestiona el mandamiento de Dios, que la mujer responde: “Podemos comer...”, en vez de responder: “Dios ha dicho...” Esta es la respuesta clásica de alguien que ha escuchado órdenes o reglas de segunda mano. Esta no es la respuesta de una persona que ha escuchado el latido y la motivación de Aquel de quien se originó el mandamiento.

 

Segundo, note que su respuesta difiere del mandamiento divino original. Ella añadió: “Dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”. Dios nunca dijo nada en cuanto a tocar el fruto.

 

Aquí tenemos otro ejemplo de lo que pasa cuando uno escucha de otro lo que Dios ha dicho en vez de recibir la revelación directa del Señor.

 

Cuando Dios revela su Palabra por su Espíritu, esta llega a ser parte de nosotros. Esto puede ocurrir cuando leemos un libro, al escuchar a otra persona enseñar, al leer la Biblia a solas o en comunión con el Espíritu de Dios. Para Adán, el mandamiento de Dios fue tan real como toda la creación alrededor de él; fue parte de él. Por el contrario, cuando escuchamos el mandamiento de Dios, pero no nos es revelado a nosotros por su Espíritu, no es parte nosotros. Es simplemente una ley para nosotros, y “el poder del pecado es la ley” (1 Corintios 15:56).

 

Como dije, creo que Adán le repitió el mandamiento de Dios a Eva. Es muy probable que ella no buscara a Dios personalmente respecto al mandamiento. Simplemente aceptó la información de Adán como diciendo: “Así son las cosas”. Para ella esto no era conocimiento revelado, sino conocimiento comunicado. Escucharlo de segunda mano la hizo más vulnerable al engaño. Por esa razón la serpiente la atacó a ella en vez de a Adán.

 

El conocimiento revelado, no comunicado, es nuestra mejor protección contra el engaño. Muchos están atados por el legalismo porque han escuchado solamente el conocimiento, instrucción o los confines de las Escrituras. Sea que venga de los padres, predicadores, casetes o libros todavía no han buscado conocer el corazón de Dios en el asunto, lo cual les daría el entendimiento que les guardaría del engaño. Tienen letra sin corazón. Puede aún repetir capítulos y versículos correctamente, pero han perdido el aliento de vida que hay en las Escrituras.

 

Pueden aun tener entusiasmo al compartir una nueva enseñanza que acaban de oír en un seminario o conferencia. Sin embargo, parecen no poder vivir lo que comparten con tanto entusiasmo. No es parte de ellos. Tienen las palabras, pero permanecen estériles e incapaces de producir la vida de Dios. Cuando eso ocurre, son fácilmente tentados a añadir o quitar a lo que Dios afirma. Pueden ser engañados con facilidad porque les falta entendimiento en los caminos de Dios.

 

El siguiente es un ejemplo que he escuchado muchas veces: “Bueno, usted sabe, hermano, el dinero es la raíz de todos los males”. Eso no es lo que Dios declara. Él dice: “raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10, énfasis del autor).

 

Si el dinero fuera la raíz de todos los males, ¡entonces Jesús estaba en desorden porque tenía un tesorero y una bolsa de dinero! En una ocasión una mujer rompió una botella de perfume cuyo valor era el salario de un año entero y lo vertió sobre Él. Judas, que amaba el dinero, se enojó por eso, sin embargo el Señor lo reprendió y la alabó a ella (ver Juan 12:3-7 Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro que costaba mucho, ungió los pies de Jesús, y se los secó con los cabellos, y la casa se llenó con la fragancia del perfume. Y Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que le iba a entregar, dijo*: ¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres? Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dinero, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala, para que lo guarde para el día de mi sepultura).

 

No, no es el dinero en sí mismo, sino el amor al dinero, lo que es la raíz de todos los males. Es un deseo no saludable y una dependencia del dinero. Este concepto legalista hace que la gente tenga una actitud no saludable hacia el dinero que Dios nunca deseó. Él nos advierte contra ese deseo insano y esa dependencia del dinero. Por tanto, esas personas nunca pueden operar en el área de las finanzas en forma verdaderamente piadosa. Esta ignorancia confirma que la Palabra de Dios no le ha sido revelada a sus corazones. Sólo tienen un conocimiento comunicado de su Palabra y son candidatos al engaño.

 

¿Cómo recibimos entonces el conocimiento revelado? Andando en humildad delante de Dios con el temor y el amor de Dios ardiendo en nuestros corazones. Dios dijo:

 

“Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2).

 

El que tiembla ante su Palabra le obedecerá de inmediato, sea o no que vea la ventaja de hacerlo. Este es el que verdaderamente teme a Dios. Y la Escritura claramente dice: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen y a ellos hará conocer su pacto” (Salmo 25:14).

 

Ahora entendemos mejor la declaración de Salomón al final de su vida: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos: porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13). Dios revela sus caminos a los que le temen y Juan le dice a este grupo de personas:

 

Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira [engaño], según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Juan 2:26-27, énfasis del autor).

 

Esto nos muestra cómo la palabra revelada de Dios nos guarda del engaño. Eva fue engañada con la desobediencia porque le faltaba el conocimiento revelado de Dios. Por tanto, no detectó el engaño y la perversión en las palabras de la serpiente.

 

¿CÓMO LO HIZO LA SERPIENTE?

 

Sigamos adelante y respondamos las siguientes preguntas: ¿Cómo engañó la serpiente a la mujer? ¿Cuál fue su estrategia sutil de ataque? Conocer las respuestas es vital. Piense en esto: ¿Cómo la manipuló para engañarla? Eva vivía en un ambiente completamente perfecto. Nunca fue maltratada por nadie con autoridad. Ella no tenía ninguna mala experiencia con su padre jefe o ministro. Vivía en un jardín floreciente, libre de opresión demoníaca. Todo lo que conoció era la bondad y la provisión de Dios. Caminaba y hablaba en su presencia. ¿Cómo entonces hizo la serpiente para engañarla?

 

Recuerde el mandamiento de Dios: “De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás porque el día que de él comieres ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).

 

La bondad de Dios dijo: “... podrás comer”, mientras que su autoridad ordenó la restricción: “más del árbol de la ciencia del bien y del mal”. Dios enfatizó su libertad de comer de cualquier árbol con la excepción de uno.

 

La esencia misma de Dios es amar y dar. Él desea compañeros en su jardín que le amen y le obedezcan. Él no quería un robot sin libertad de escoger. Deseaba hijos, hechos a su imagen, con voluntad propia. Cuando restringió su acceso al árbol, les dio una opción que los protegería de la muerte. Esto involucraba su voluntad. ¿Confiarían y obedecerían ellos? Sin el mandamiento no hubiera existido opción.

 

Examine de cerca las palabras de la serpiente: “Pero la serpiente era astuta más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1). Poniendo esta pregunta en términos más contemporáneos la serpiente dijo: “He escuchado que Dios dijo que no pueden comer de todos los árboles. ¿Es eso correcto?”

 

La serpiente comenzó su estrategia distorsionando primero el énfasis del mandamiento divino. Tergiversando su significado, la serpiente cuestionó los motivos de Dios. Quería guiar a Eva por el camino del razonamiento, en el que en cierto punto cuestionara la bondad y la integridad de Dios. Una vez que lo lograra, sería demasiado fácil volverla contra su autoridad.

 

La serpiente ignoró la generosidad de Dios y se enfocó en la restricción. Su implicación fue que algo bueno les estaba negado. Con una sola pregunta la serpiente distorsionó el único mandamiento, dado para protección, y lo convirtió en una negación injusta de algo bueno. ¿Puede escuchar el desprecio en su voz al decir: “Así que Dios dijo que no pueden comer de todos los árboles”? A pesar de su acceso a todo un jardín del cual comer, la serpiente llamó la atención de Eva al único árbol negado a ellos. Presentó a Dios como un tacaño más que cual “dador”, como lo es en realidad.

 

Al hacer parecer injusto al Señor, la serpiente pudo atacar el dominio de Dios. Satanás no es tonto; atacó el fundamento mismo de la autoridad divina; “justicia y juicio son el cimiento de su trono” (Salmo 97:2). Su trono representa su autoridad. Si Satanás pervirtiera el carácter justo de Dios a través del engaño y la distorsión, entonces el fundamento mismo de su autoridad sería cuestionado ante los ojos de su creación.

 

En respuesta a la pregunta de la serpiente, la mujer le corrigió: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: no comeréis de él, ni le tocareis, para que no muráis” (Génesis 3:2-3).

 

Es muy posible, aun mientras respondía, que dudara de la razón del mandamiento. Ella estaba cuestionando la bondad de Dios. ¿Puede escuchar sus pensamientos? Se ve bien... No sé por qué no podemos comer de ese árbol. ¿Qué puede haber de malo con él? ¿Qué tiene ese árbol que es tan malo para nosotros? Con nuevas dudas en cuanto a la motivación de Dios, ella estaba receptiva al cuestiona-miento de la autoridad divina.

 

La serpiente aprovechó la oportunidad para socavar la autoridad, verdad e integridad de Dios contradiciendo descaradamente su Palabra: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4-5).

 

El maestro del engaño intentó destruir el fundamento de su lealtad contradiciendo con descaro a Dios y asegurándole que no moriría. Rápidamente continuó su razonamiento diciendo: “En vez de morir, serás más como Dios. Podrás escoger por ti misma entre el bien y el mal porque serás sabia. No tendrás que escucharlo todo de segunda mano o estar sujeta a ningún mandamiento injusto”.

 

PECADO CONCEBIDO, ESCLAVITUD SEGURA

 

Eva quedó conmocionada y confundida. Se preguntaba: ¿Por qué me negaría Dios este fruto? Vio al árbol de nuevo para examinar su fruto, aunque ahora con ojos diferentes. Juzgó al fruto como bueno y agradable, no malo ni perjudicial. Y pensó: Se ve bueno para comer, y lo mejor de todo es que nos hará sabios.

 

Ese razonamiento la cegó a todo lo demás a su derredor. Olvidó la abundante bondad provista al enfocarse en un solo árbol. Pensó: Este árbol tiene algo bueno para nosotros, y Dios nos lo negó. Su fruto pudo haber sido nuestro todo este tiempo. ¿Por qué nos hizo esto? Si nos está negando algo que necesitamos de este árbol, ¿qué más nos habrá negado?

 

Con el carácter, la integridad y la bondad de Dios siendo cuestionados y la seguridad de que nada malo les pasaría, ya no había ninguna razón para someterse a su autoridad en el asunto. Su voluntad propia se sobre impuso a la del Padre. Eva extendió su mano al fruto y lo tomó en su mano... nada ocurrió. La serpiente debió haber tenido razón. Ella entonces comió y le dio a su esposo.

 

Después que comieron sus ojos fueron abiertos repentinamente y sintieron una sensación de vergüenza y temor al darse cuenta que estaban desnudos. Con su desobediencia vino la muerte espiritual. La carne se había convertido ahora en el amo fuerte que les dominaría. Cuestionando la Palabra de Dios y tomando el camino del razonamiento al engaño, abrieron sus vidas al amo de la desobediencia. Él llegó a ser su amo siniestro. Como lo confirma la Escritura: “¿no sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16). Se le otorgó al señor de la muerte no sólo acceso a sus vidas sino también entrada legal al mundo. Pablo lo explicó de esta forma: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todo los hombres” (Romanos 5:12).

 

Antes de su desobediencia no existía odio, ira, falta de perdón, riñas, chismes, corrupción, fraudes, amargura o extorsión. No había perversión sexual, abuso de drogas, borracheras, asesinatos o robos. No había maltrato de esposas o de hijos. La enfermedad y la pobreza no existían. Los desastres naturales, pestes y plagas no eran conocidos para la humanidad. El reino animal vivía en completa armonía. La atmósfera era tranquila con la voluntad de Dios presidiendo sobre toda la creación.

 

La desobediencia trajo estos horribles problemas de comportamiento que plagan a la humanidad, y la lista se multiplica y se empeora con cada generación que pasa. Su acto de insubordinación marcó el comienzo del secreto del poder de la iniquidad. Con este engaño el hombre perdió su provisión y protección divina. La rebelión similar a la de Satanás abrió la puerta a su dominio y destrucción. Él se aprovechó por completo de esta oportunidad para ser como Dios, pero sin sujetarse a Él. Esclavizando a la creación divina, él se entronó a sí mismo (Isaías 14:12-14 Pero tú dijiste en tu corazón: "Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo norte. "Subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo.")

 

LA ESTRATEGIA NO ES DIFERENTE HOY

 

El método operativo de Satanás no difiere mucho hoy día. Él aún desea pervertir el carácter de Dios para tornarnos en contra de su autoridad. El libro de Santiago deja esto absolutamente claro: “Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:16-17).

 

El escritor quería asegurarse de que los creyentes no cayéramos debido al mismo poder secreto de la iniquidad por el que cayó Eva. Él nos hizo una advertencia para protegernos, como hiciera Pablo. Debemos escuchar sus palabras cuidadosamente y establecerlas en nuestros corazones; no hay nada bueno fuera de la voluntad de Dios. Puede que algo parezca bueno, pero si no se alinea con su voluntad, no tenga duda, no hay nada bueno en ello para nosotros.

 

Santiago reiteró que si usted cree que hay algo bueno fuera de la provisión de Dios, entonces puede ser engañado, tal como lo fue Eva. Considere cuidadosamente lo que hemos discutido. No importa cuán bueno parezca, sepa o se sienta; no importa cuán rico, abundante, sabio o exitoso pueda hacerle, si no es de Dios, en algún momento le guiará por un camino de intenso dolor, pesar y, al final, muerte. La provisión y protección divinas se comprometen por el engaño. Todo don perfecto y bueno es de Dios; Él es la fuente. Adopte esta verdad y establézcala en su corazón, ¡entonces las apariencias no le engañaran! Si Eva hubiera hecho eso, no habría sido persuadida. Ella miró fuera de la provisión de Dios para satisfacer sus deseos.

 

¿Cuántos se casan con la persona equivocada por razones incorrectas? Dios pudo haberles advertido mediante padres o pastores, pudo haberles hablado directamente a sus corazones, pero ellos permitieron que el razonamiento ahogara esas voces. Tal vez estaban solos y deseaban compañía. Quizás la persona era agradable a la vista y parecía de ayuda en la toma de decisiones. E inevitablemente escogieron su voluntad por sobre la de Dios, y con demasiada frecuencia sufrieron en gran manera.

 

Desde luego, Dios puede redimir nuestro mal juicio. El pecado de David al tomar a Betsabé fue redimido luego en el nacimiento de Salomón. Sin embargo, acumuló mucho dolor por su desobediencia, pues la espada nunca dejó su hogar. Perdió tres hijos en el pináculo de sus vidas. Cuánto mejor es escoger la obediencia.

 

Con demasiada frecuencia las personas dejan los lugares —trabajos, iglesias, ciudades— donde Dios les ha plantado porque no están de acuerdo con las autoridades establecidas sobre ellos. O tal vez ven que sus vidas se están estancando o creen que no hay futuro para ellos donde están. Pronto una oportunidad les llega y aunque no hay ningún testimonio del Espíritu Santo para irse, se van. No sólo eso, sino que a veces su partida compromete la pureza a la cual Dios les ha llamado. Ellos razonan: He estado inactivo por demasiado tiempo; debo hacer algo. Entonces terminan yendo en contra de la voluntad de Dios y persiguiendo lo que creen que es bueno para ellos. Puede que resulten en una buena condición financiera, pero sus corazones desde hace mucho se han apartado de una relación íntima y apasionada con el Señor.

 

En términos más generales, ¿cuántas personas desobedecen la voluntad de Dios? Son atraídos por lo bueno y lo agradable. Tal vez hallan una forma de prosperar o tener éxito fuera del consejo de la Palabra de Dios. Se dedican a eso y encuentran diversión, felicidad o emoción, por un tiempo. Hallan “bueno” a lo que Dios le dice “no”. ¡Temen que Dios les niegue las cosas atractivas o divertidas! Piensan que no entiende sus necesidades y que ignora la importancia de sus deseos. Creen que Dios es infiel si sus oraciones no son respondidas dentro de un lapso predeterminado. Y razonan: “¿Por qué esperar?, ¡tomaré lo bueno y lo agradable ya!”

 

CONSIDERE A JESÚS

 

Él estuvo en el desierto por cuarenta días y cuarenta noches sin agua, comida ni comodidades. Los dolores punzaban su estómago a medida que el hambre hacía su trabajo. Si no comía y tomaba agua pronto, podría morir. Pero ¿qué vino primero, la provisión o la tentación?

 

En ese momento Satanás llegó a cuestionarlo: “Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:3). El enemigo de nuevo estaba cuestionando lo que Dios acababa de decir con claridad. El Padre declaró abiertamente que Jesús era su Hijo en el río Jordán. Satanás estaba de nuevo intentando distorsionar el carácter de Dios: “Si tú eres el Hijo de Dios ¿por qué te ha guiado Él aquí a morir de hambre? ¿Por qué no provee para ti? Tal vez sea tiempo de que proveas para ti mismo. Si no recibes nutrición pronto, morirás y si la recibes muy tarde, terminarás con problemas físicos severos. Usa tu autoridad para servirte a ti mismo. Convierte estas piedras en pan”.

 

Jesús resistió y esperó la provisión de Dios. Él no permitiría que el enemigo pervirtiera el carácter de Dios en su mente. Él sabía que su Padre había provisto para sus necesidades. Así que permaneció sujeto a la autoridad de Dios, sin importar cuán desagradable fuera al momento.

 

Luego de resistir la tentación satánica de tomar las cosas en sus propias manos, “el diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían” (Mateo 4:11). ¿Por qué? El escritor a los hebreos describe a Jesús de esta forma: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padecido aprendió la obediencia” (Hebreos 5:7-8). Dios lo escuchó debido a su temor reverente. Él no dudó de la bondad del Padre. Aun enfrentando una gran tentación y un sufrimiento intenso, más de lo que nadie había jamás sufrido, eligió la obediencia, aunque significara dificultades severas.

 

A diferencia a la respuesta de Adán y Eva, este tipo de obediencia y sumisión bloqueó todas las entradas del enemigo en su vida. Él testificó: “Viene el príncipe de este mundo y él nada tiene en mí. Más para que el mundo conozca que amo al Padre y como el Padre me mandó, así hago” (Juan 14:30-31).

 

A diferencia de Adán, Jesús, el último Adán, anduvo en obediencia perfecta a su Padre y pudo testificar que Satanás no halló nada en Él. Por esta misma razón, se nos exhorta: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6). Él es nuestro ejemplo y precursor. Es quien pagó el precio e iluminó el camino para que nosotros caminemos en Él. Ya no estamos destinados al camino del primer Adán y su iniquidad, sino que somos llamados y capacitados para andar en los caminos de obediencia del postrer Adán.

 

La paráfrasis de la Biblia en inglés llamada The Message [El Mensaje] proclama con pasión:

 

¡Desvístanse, y comiencen a correr, y nunca paren [en obediencia a Dios]! Sin grasa espiritual extra, sin pecados parásitos. Mantengan sus ojos en Jesús, quien comenzó y terminó esta carrera en la cual estamos. Estudien cómo Él. Que nunca perdió de vista hacia dónde iba —ese final emocionante en y con Dios—, y pudo soportarlo todo por el camino: la cruz, la vergüenza, todo lo demás. Y ahora está allá en el lugar de honor, junto a Dios. Cuando ustedes flaqueen en su fe [obediencia], repasen esa historia de nuevo, punto por punto, esa larga letanía de hostilidad por la cual tuvo que atravesar. Eso les inyectará adrenalina en sus almas (Hebreos 12:1-3).

 

Eso lo resume todo. Aprenda de la caída del primer Adán, siga decididamente la obediencia del último Adán.


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