El acuerdo parar la participación de la
sociedad civil en la discusión del primer punto de la agenda, que debe
tener reglas claras y amplia participación, es un importante avance.
Una noticia significativa produjo
la mesa de diálogo entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Las
partes confirmaron la manera como se llevará a cabo la participación de
la sociedad civil en la discusión del primer punto de la agenda: nada
menos que la política de desarrollo agrario integral.
Esta tendrá lugar en un foro que se realizará en Bogotá entre el 17 y
el 19 de diciembre y cuya organización les fue encomendada a la
representación de la ONU en Colombia, la Universidad Nacional y su
Centro de Pensamiento y Seguimiento del Diálogo de Paz. Al mismo tiempo,
entrará en funcionamiento la anunciada página web, por donde se
canalizarán otros aportes.
Este paso es valioso. Y reafirma que se sigue la agenda. Avanzar en
dicho asunto era un compromiso pendiente, en la medida en que en el
Acuerdo General para la Terminación del Conflicto -la hoja de ruta de
los diálogos- quedó consignado que Gobierno y Farc establecerían "un
mecanismo de recepción de propuestas sobre los puntos de la agenda de
ciudadanos y organizaciones".
Al respecto, es oportuno señalar, en primer lugar, que es importante
que la discusión en el foro esté en sintonía no solo con los temas
puntuales, sino con los alcances de lo que está en juego en la capital
cubana. Lo anterior significa que, así como en la mesa de diálogo y, en
particular, en lo que atañe a este primer ítem, la discusión estará
acotada por el marco previo de seis puntos ya fijados, tales reglas de
juego deben regir en el desarrollo del foro.
Y acá de nuevo hay que
reiterar que existen inamovibles, aspectos estructurales que no están en
juego. Por tal razón, discusiones en el campo de la macroeconomía,
reformas maximalistas, propuestas en extremo ambiciosas deben dar paso a
proposiciones que tengan relación directa con alguno de los puntos que
se tratarán pronto en la mesa, como los programas de desarrollo con
enfoque territorial, el desarrollo social y el estímulo a la producción
agropecuaria y a la economía solidaria, entre otros.
De igual forma,
surge el reto de lograr la mayor representatividad posible. La
conversación no puede en ningún momento ser monopolizada por uno u otro
sector. En estos días previos, los organizadores deberán concentrar sus
esfuerzos en convocar voces diversas, incluso antagónicas, defensores de
diferentes modelos de desarrollo para el sector agrario. Es
determinante contar con puntos de vista provenientes de todas las
orillas posibles. Eso sí, tendrán que hacerse presentes con argumentos
en lugar de dardos, con el ánimo de contribuir a una ilusión común -el
fin del conflicto- antes que con pugnacidad.
También será clave fijar reglas para que todos, sin distingo, sean
escuchados, algo tan importante como la capacidad para someter a examen y
optimizar los insumos, de tal forma que la mesa logre sacar el mejor
provecho posible de ellos. El buen desarrollo de este primer espacio de
participación de los ciudadanos es vital para que los que vengan después
tengan la acogida necesaria, a fin de que dicho mecanismo no pierda
credibilidad y, al contrario, avance en su poder de convocatoria.
Estamos, en suma, ante una buena noticia. Se trata de un avance que,
como cualquiera que se logre, repercute favorablemente en la dinámica
propia de las conversaciones. Ideas de afuera oxigenan y pueden ser
claves para destrabar la negociación cuando aparezcan los puntos
muertos.
Asimismo, abrirles un espacio a los diferentes sectores de la
sociedad nutre y fortalece el proceso. Así se construye la legitimidad
que debe tener cualquier acuerdo final.