Se abre la mesa de negociación a la sociedad civil en el tema agrario...

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Liliana Marcela Vargas Vásquez

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Nov 27, 2012, 9:47:21 AM11/27/12
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Editorial: Se abre la mesa de La Habana

El acuerdo parar la participación de la sociedad civil en la discusión del primer punto de la agenda, que debe tener reglas claras y amplia participación, es un importante avance.
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Una noticia significativa produjo la mesa de diálogo entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Las partes confirmaron la manera como se llevará a cabo la participación de la sociedad civil en la discusión del primer punto de la agenda: nada menos que la política de desarrollo agrario integral.
Esta tendrá lugar en un foro que se realizará en Bogotá entre el 17 y el 19 de diciembre y cuya organización les fue encomendada a la representación de la ONU en Colombia, la Universidad Nacional y su Centro de Pensamiento y Seguimiento del Diálogo de Paz. Al mismo tiempo, entrará en funcionamiento la anunciada página web, por donde se canalizarán otros aportes.
Este paso es valioso. Y reafirma que se sigue la agenda. Avanzar en dicho asunto era un compromiso pendiente, en la medida en que en el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto -la hoja de ruta de los diálogos- quedó consignado que Gobierno y Farc establecerían "un mecanismo de recepción de propuestas sobre los puntos de la agenda de ciudadanos y organizaciones".
Al respecto, es oportuno señalar, en primer lugar, que es importante que la discusión en el foro esté en sintonía no solo con los temas puntuales, sino con los alcances de lo que está en juego en la capital cubana. Lo anterior significa que, así como en la mesa de diálogo y, en particular, en lo que atañe a este primer ítem, la discusión estará acotada por el marco previo de seis puntos ya fijados, tales reglas de juego deben regir en el desarrollo del foro.
Y acá de nuevo hay que reiterar que existen inamovibles, aspectos estructurales que no están en juego. Por tal razón, discusiones en el campo de la macroeconomía, reformas maximalistas, propuestas en extremo ambiciosas deben dar paso a proposiciones que tengan relación directa con alguno de los puntos que se tratarán pronto en la mesa, como los programas de desarrollo con enfoque territorial, el desarrollo social y el estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria, entre otros.
De igual forma, surge el reto de lograr la mayor representatividad posible. La conversación no puede en ningún momento ser monopolizada por uno u otro sector. En estos días previos, los organizadores deberán concentrar sus esfuerzos en convocar voces diversas, incluso antagónicas, defensores de diferentes modelos de desarrollo para el sector agrario. Es determinante contar con puntos de vista provenientes de todas las orillas posibles. Eso sí, tendrán que hacerse presentes con argumentos en lugar de dardos, con el ánimo de contribuir a una ilusión común -el fin del conflicto- antes que con pugnacidad.
También será clave fijar reglas para que todos, sin distingo, sean escuchados, algo tan importante como la capacidad para someter a examen y optimizar los insumos, de tal forma que la mesa logre sacar el mejor provecho posible de ellos. El buen desarrollo de este primer espacio de participación de los ciudadanos es vital para que los que vengan después tengan la acogida necesaria, a fin de que dicho mecanismo no pierda credibilidad y, al contrario, avance en su poder de convocatoria.
Estamos, en suma, ante una buena noticia. Se trata de un avance que, como cualquiera que se logre, repercute favorablemente en la dinámica propia de las conversaciones. Ideas de afuera oxigenan y pueden ser claves para destrabar la negociación cuando aparezcan los puntos muertos.
Asimismo, abrirles un espacio a los diferentes sectores de la sociedad nutre y fortalece el proceso. Así se construye la legitimidad que debe tener cualquier acuerdo final.
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