Las instalaciones deportivas de los años 60-70 eran muy escasas y el que quería practicar deporte tenía que buscar lugares para ello.
Los aficionados al Fútbol tenían localizado en el "cerro del pimiento" un campo muy peculiar que lo administraba la Federación Castellana.
Se trataba de un descampado (en años anteriores de dedicaba a cultivar pimientos y otras hortalizas) que con unas porterías sin redes era suficiente para desarrollar las habilidades futbolísticas. Este descampado estaba detrás del Colegio Mayor San Pablo y desde el mismo se divisaba medio Madrid.

En la fotografía se puede ver a la derecha el CM San Pablo y detrás el descampado con la casa utilizada para vestuario. Lindando por el lado izquierdo de la explanada se aprecia el cortado que daba a la calle Julián Romea.
Puedes ver la foto original pinchando sobre la misma.
Los futbolistas de la Escuela de Caminos conocían bien este campo y en él celebraban sus competiciones universitarias.
Uno de ellos, Alfonso González Finat, nos envia unas fotografías y el siguiente relato:
El campo de fútbol del cerro del Pimiento -hoy desaparecido y
sustituido por edificios del CEU-, se encontraba detrás del CM San
Pablo.Tenía la peculiaridad de que estaba elevado y uno de
los lados estaba unos tres a cuatro metros por encima de la calle
circundante ( Julián Romea), cayendo a plomo.
Una de las
bandas del campo distaba a un metro o menos del “precipicio”, por lo que
tenía cierto riesgo correr a lo largo de la misma, sobre todo si el
delantero se enfrentaba a un defensa lateral aguerrido.
Era
frecuente por tanto que el balón cayera a la calle y había que pedirlo
por favor a algún viandante que nos lo tirara desde abajo.
En
la foto se ve a los jugadores esperando la devolución del balón (con
barba Jesús Izarzugaza; también se distingue -entre otros- a Gregorio
Medina y a mí de espalda). Si el viandante era una chica, la petición se
hacía numerosa y los jugadores acudían al borde del campo (la foto debe
ser del caso).
Al final del campo (lado opuesto al CM San
Pablo) había una casilla, en la que una señora ya anciana nos permitía
beber de un botijo. Las porterías carecían de redes.
Eran tiempos algo “épicos”.


Informamos que Alberto Martinez Moreno falleció el 6 de febrero del año pasado