nager
unread,Dec 25, 2008, 12:20:17 AM12/25/08Sign in to reply to author
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to curne
KENNY trabajaba en una próspera agencia de corredores de bolsa,
conducía un lujoso automóvil importado y poseía un elegante
apartamento en un barrio rico de una gran ciudad. Además, era un
experto paracaidista acrobático y le encantaba lanzarse al vacío desde
miles de metros de altura. ¿Se sentía realizado? Según el periódico
The Wall Street Journal, él confesó: “Tengo 45 años y mi vida carece
de rumbo [...], está vacía”.
Elyn entrenó con empeño hasta convertirse en una magnífica patinadora.
Por fin llegó a lo más alto y obtuvo la fama que tanto deseaba. “Pero
¿dónde estaba toda esa felicidad que en teoría debía sentir? —se
lamentó—. Me encontraba terriblemente sola. Con el tiempo envejecería
y, aunque mi situación económica era muy buena, la vida sería muy vana
si no tenía nada más que ofrecerme.”
Conocido por su hábil empleo de los colores, Hideo vivía para el arte.
No vendía sus creaciones porque pensaba que el arte no tiene precio.
Hacia el final de su vida, con 98 años de edad, donó la mayoría de sus
obras a un museo. Aunque dedicó toda su vida al arte, no se sentía
satisfecho, pues consideraba que nunca terminaría de perfeccionar su
técnica.
Algunas personas emplean mucho de su tiempo, esfuerzo y recursos en
ayudar al prójimo. Sirva de ejemplo el caso de un ejecutivo de
Hollywood. Como vicepresidente de una de las compañías
cinematográficas más importantes de Estados Unidos, se codeaba con
famosos y vivía en una zona exclusiva. En una ocasión fue a Camboya de
vacaciones, y mientras cenaba en un café de Phnom Penh se le acercó
una niña a pedir dinero. Él le dio un dólar y un refresco. La niña se
puso muy contenta, pero a la noche siguiente estaba allí, mendigando
de nuevo. El hombre comprendió que se necesitaba algo más que una
solución provisional.
Un año después, este ejecutivo decidió cambiar de profesión. Pasó de
trabajar en la industria del entretenimiento a socorrer a los
necesitados de Camboya, y fundó una escuela que ofrece alojamiento,
comidas y educación. A pesar de todo, él experimenta un conflicto
permanente de emociones: por un lado, alegría y satisfacción por lo
que está logrando; por otro, desesperanza y frustración debido a los
problemas cada vez mayores que afronta.
Las cuatro personas mencionadas en este artículo creían saber qué
esperaban de la vida. Aun así, cuando por fin alcanzaron la meta por
la que tanto habían luchado, se sintieron vacías. Y usted, ¿para qué
vive? ¿Qué es lo más importante en su vida? ¿Está seguro de que más
adelante no lamentará haber vivido como lo está haciendo ahora?