Hola: el siguiente texto intenta incentivar una discusión y a la vez activar el sitio.
Un saludo para todos.
HUMANIDADES BÁRBARAS
Un estado de emergencia
I.
Humanidades, palabra escurridiza, cuenco donde conviven definiciones en conflicto. Hablar de las humanidades es pararse en el punto híbrido donde se cruzan disciplinas como la filosofía, la historia, el psicoanálisis, la antropología, la sociología, las artes y las letras. De manera que las humanidades resultan siendo un campo necesariamente interdisciplinario, y cuestionador de las fronteras entre las disciplinas. Las humanidades como el lugar de la in-disciplina. Cada lugar y momento histórico han definido cómo es su “humanista”. ¿Qué es ser humanista en el siglo XXI? ¿Qué características tiene y cómo deviene en un ser necesario? ¿Quién es la persona que puede meter en un mismo cuenco la globalización, el prózac, la poesía, las ciudades y los campos, la historia del concepto de género, el cuerpo como concepto problema, la tecnología en la época de la reproducción mecánica,
el cine francés, y el mestizaje cultural? ¿Quién es la persona capaz de tejer sentido a partir de fragmentos accesibles, cuestionando la autoridad de un discurso hegemónico? Un improvisador entrenado, un actor, un lector, un pensador, un artista. Humanista. Así pues, el humanista pasará la línea imaginaria que separa los saberes y las prácticas sociales, para encontrar al Hombre, al ser humano, más allá de la articulación social de la división del trabajo. El hombre sin vestiduras, sin máscaras sociales –o más bien con todas, pero distanciado de ellas. El humanista devendría así en el ser conciente de las máscaras prestadas por la sociedad histórica en la que vive. Y en esa medida enseñará una actitud reflexiva respecto de la forma de organización de las representaciones que de la formación social concreta se hacen los sujetos. El cine, la literatura, la poesía, la dramaturgia, la política, todas las ciencias, serán el objeto sobre el cual recaerán sus
análisis, cuyo fin último es saber –o al menos intuir- qué es el hombre (esa vieja pregunta siempre vigente), qué puede saber, qué puede esperar, y qué debe hacer.
Humanidades. Los diferentes lugares, el pasado y el presente se abren como un abanico de diversas maneras de vivir la experiencia humana y diversas maneras de registrarla. Hablar de humanidades es obligadamente hablar de pluralidad. Las definiciones monológicas de vida, cultura, identidad, desarrollo, ética, progreso, nación, se quedan cortas; se pudren en este terreno fértil, que por naturaleza es de diálogo, de pregunta abierta y de búsqueda de un método abierto
para responder.
Encontramos la siguiente definición de Humanidades recopilada por el viejo Ramón de Zubiría, intelectual católico de espíritu vanguardista: (palabras de Jacques Barzun, director de estudios de la Universidad de Columbia, Nueva York) “las ciencias de la naturaleza estudian el comportamiento, las leyes que gobiernan los fenómenos naturales; las ciencias sociales, el comportamiento de grupos humanos; en cambio, las humanidades son las ciencias del no-comportamiento (the misbehavioral sciences), ciencias de lo que no se comporta regularmente y es siempre original, es decir, la vida humana”. El des-comportamiento, -la búsqueda de una
manera de desobedecer lúcidamente a los mandatos tiránicos del Olimpo griego o del Olimpo criollo-, puede ser una de las funciones de las humanidades.
Y son muy necesitadas. Creemos que una clase de humanidades puede transformar a un estudiante más que muchas otras. Porque si bien la educación científica insiste en la objetividad, en el rigor, en la educación del “aparato racional”, las humanidades son flexibles, son ese cuenco generoso que puede ser el espacio para trabajar desde la subjetividad: las subjetividades. Aquí los discursos hegemónicos se disuelven para darle a cada persona la experiencia de trabajar su palabra, su
postura, su experiencia, su expresión frente a la realidad. Es la búsqueda de una mirada paralelamente crítica y sensible o sensibilizada, donde la diferencia no empobrezca sino que enriquezca; donde prevalezca el querer decir, antes que la imposición de decir. Como sentenciaría sesudamente Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas: la actividad de querer decir esto o lo otro es precisamente lo más importante en el uso del lenguaje.
Volvemos al concepto de límite que encontramos en Heidegger y en los Estudios Culturales
-ese nuevo campo interdisciplinario que ya existe como área de estudio en muchas universidades del mundo. El límite parece ser una las metáforas que flotan en el aire de los tiempos. Pensar en humanidades es llevarnos a pensar desde el límite, no como obstáculo, o separación, sino, volviendo a los griegos, como el lugar donde emergen cosas nuevas. Un estado de emergencia. ¿Qué, entonces es lo que puede nacer en el límite? ¿Cómo se redefinen los conceptos de conocimiento, visión, investigación, pensamiento, rigor?
II.
Humanidades son: maneras de leer y de escribir la realidad. Pero hay otras maneras de leer que leyendo; otras maneras de escribir que escribiendo. ¿Qué tipo de discurso tiene sentido para unas humanidades concebidas desde el límite? Si parte del trabajo humanístico tradicionalmente ha sido la crítica a las formas autoritarias, la búsqueda del punto en que se quiebra un discurso, ¿cómo buscar otras maneras de pensar y escribir que no reproduzcan la misma autoridad que criticamos?
¿Qué podemos ofrecer nosotros a esta discusión, desde la lingüística, desde la literatura? Suele suceder que las diferentes formas del arte dicen de manera más contundente -de otra manera- lo que largos discursos más “rigurosos” se resecan en el intento de decir. El arte es una forma de pensamiento que juega y reflexiona, juega y reflexiona. Altera las proporciones de las cosas, juega con ellas, las cambia de lugar para abrir espacios de significación donde no los había; para dejar una entrada de aire. Muchos profesores habremos sentido el poder de esto en la literatura, el cine, el teatro, el arte pictórico. Darle a un estudiante la oportunidad de tener esa experiencia artística, ese descentramiento para volver a
centrarse en sí mismo, es algo que puede ser invaluable. Las actividades normales que se hacen en una clase de Humanidades son: lectura paralela, discusión, escritura de ensayos, exposiciones. Algunos profesores se sirven del cine, la literatura y otras formas. Pero llegar a mostrarle a un estudiante la grieta que está en un discurso -cómo un discurso puede llegar a negarse a sí mismo por la sola manera como está escrito- explorar con ellos maneras de re-significar un tema, de jugar con un tema para que brote sentido de allí... Creo que esto es formar a una persona para los tiempos venideros. Hay que tener en cuenta que el camino no es recto. A menudo es necesario irse de casa antes de encontrar un centro más verdadero.
Sería interesante debatir sobre el concepto de "pensar poético" en la universidad. ¿A qué se refiere Heidegger cuando resalta la siguiente frase de Aristóteles: "el poetizar es más verdadero que el investigar los entes"?
Pasando a un plano más práctico, creemos que en la universidad hay diversidad de estudiantes y de intereses, y una manera de hacer de las humanidades (I, II y III) un espacio más significativo es ofrecer un abanico (como actualmente se está intentando) de cursos con
nombre propio como historia del arte, historia de la mujer, el sujeto en la literatura moderna europea, modernidad latinoamericana, situación del campesino colombiano en el s XX, etc.. Esto sería coordinado por el departamento de filosofía y debe ir organizado según unos ejes temáticos. De esta manera los estudiantes podrán escoger aquellos temas por los que más se inclinen y hacer de esta experiencia una mini-investigación significativa para ellos. También creemos que un eje transversal de humanidades que atraviese todas las carreras no es sólo importante sino necesario.
Por último queremos decir que normalmente trabajamos como profesores en
otras áreas en esta universidad, pero agradecemos los azares que nos han permitido ser profesores de los tres niveles de humanidades, que nos han dado algunas de las experiencias más interesantes que hemos tenido en el salón de clase. La idea de hacer un debate para pensar la enseñanza de la filosofía y las humanidades es muy acertada porque es un ejercicio esencialmente humanístico. Esperamos que como profesores nos mostremos capaces de escuchar las concepciones distintas, debatir con razones y no imponer la autoridad de la verdad tradicional.
Humanidades es hibridez – pensamiento – ruptura - creación - pluralidad - negociación.
Juliana Borrero Echeverry
Profesora de literatura de la Escuela de Idiomas
Juan Carlos Silva Salguero
Profesor catedrático de la Escuela de
Filosofía y Humanidades
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