ALGO ACERCA DE LAS IYAMI OSORONGA

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yemay...@correodecuba.cu

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Jul 29, 2009, 11:11:13 AM7/29/09
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Ìyámi Òsòròngá


La virtud de poder traer hijos al mundo que tienen las mujeres, ese hecho
casi mágico, maravilloso que las acerca a lo divino, es y fue también motivo
de temor en muchos pueblos antiguos, algo que antaño era inexplicable, por
lo cual las mujeres siempre fueron vistas como poseedoras de cierto poder
especial.

Se habla de la famosa "intuición femenina", pero más que nada, en todas las
culturas hay una tendencia a transformarla en "bruja", en el sentido de
creer que tiene poderes innatos para comunicarse con fuerzas más allá del
alcance del entendimiento del hombre. El mito de la "bruja" que vuela en la
escoba acompañada por pájaros macabros es casi mundial, con pequeñas
diferencias según el lugar del mundo del cual hablemos.

También se relaciona la fecundidad con la misteriosa sangre menstrual, que
es la marca que pauta la conversión de la niña en una mujer, de ahí en más
será considerada también una "iyami", aquella que en cualquier momento
dejará de tener la regla, hinchándosele el vientre, revelando que tenía en
su interior la "calabaza de la existencia", el camino por el cual todos
vienen desde Orun para Aiye. Más para confirmar dicha transformación en
"mujer", se llevan a cabo los "ritos de pasaje" en los que las niñas-mujeres
estarán aisladas durante varios días, alimentadas y vestidas de un modo
especial, donde conocerán todos los secretos relacionados con las mujeres,
los que serán debidamente impartidos por las ancianas de su comunidad.

Los ritos asegurarán entre otras cosas que sea poseedora de una "calabaza"
fértil y la alineación de su lado espiritual femenino con su cuerpo,
convirtiéndola en una mujer en todo sentido. Hay al final una presentación
en público de las chicas que dejaron atrás la etapa de la niñez, para que
los hombres les tengan en cuenta al momento de querer escoger una esposa.

La palabra Iyami por sí sola, en realidad no identifica a la mujer con el
lado oscuro de su poder, muy por el contrario es un modo de exaltar y
homenajear su capacidad de engendrar apelando a su lado protector maternal,
pues significa: "Mi madre". Esta forma de referirse a cualquier mujer
expresa un sentido de reverencia a aquella que sirve de puente entre los
antepasados y los vivos, así como también refleja su importante papel
maternal. De ese modo todas las divinidades femeninas son llamadas también
IYAMI, más no en el sentido de "brujas" sino por tratarse de un homenaje
verbal a las grandes MADRES ESPIRITUALES.

En tanto la mujer sea fértil (al menos en teoría por tener la regla), no se
le considera apta para encargarse de ciertos aspectos importantes dentro de
las religiones africanistas, por muchos motivos, los principales no pueden
revelarse aquí por tratarse de un conocimiento que sólo deben poseer
sacerdotes que han adquirido cierto status en la comunidad. Más algunas
razones prácticas tienen que ver con la atención constante que requiere el
culto y una mujer no puede dedicarse por entero al mismo en tanto siga
teniendo la regla, pues debe abstenerse del contacto con las deidades
durante ese período y en el caso que quedara embarazada, durante los últimos
meses, el parto y la posterior cuarentena (sin contar que luego por varios
meses toda su atención debe ser para el bebé).

Cuando se habla de "Iyami Òsòròngá" cambia bastante el concepto antes
expuesto, pues se refiere al mito sobre el poder femenino asociado a las
AVES a partir de ciertas especies que han atrapado la mente del hombre por
su rareza o comportamientos macabros. Aunque tampoco aislado de las mujeres
o los òrìsà, el mito Ìyámi Òsòròngá se relaciona con éstas por sus
estómagos, más precisamente con su útero, al cual siempre nos referimos como
"igbá-ìwà" (la calabaza de la existencia). Se trata de la comparación
metafórica entre un huevo fecundado y la barriga de la mujer embarazada, de
allí proviene decir que la mujer tiene el "poder del pájaro encerrado en la
calabaza".

En el útero de la mujer no se ve a simple vista al bebé, pero sí se sienten
sus movimientos, en tanto que en el huevo (de una gallina por ejemplo) no se
aprecia el movimiento, pero se puede ver a tras luz al pichón, en ambos
casos se puede palpar la fecundidad y el sorprendente poder "mágico" que
esto implica.

El mito Ìyámi Òsòròngá entonces, no es el culto a las mujeres brujas ni a
las aves macabras, sino que es la asociación mágica y metafórica entre el
poder femenino de la fecundación y el poder místico de algunas aves
nocturnas (principalmente) que sumado a ciertos temores y sentimientos
negativos de los seres humanos crea en el espacio etéreo los Espíritus
Colectivos (egrégoras) de las Eléye (dueños de las aves) o Ìyámi Àjé (Mi
madre hechicera) o Ìyámi Òsòròngá, todas éstas denominaciones que aluden a
lo mismo.

Estos espíritus son impersonales, nunca tuvieron cuerpo humano ni lo
tendrán, forman parte del hombre y la naturaleza al mismo tiempo, especie de
"parásitos" que aparecen junto con el hombre en el mundo a causa de su
existencia, no tienen consciencia, son alimentados por la ideas malignas y
los temores, por eso se tornan considerablemente peligrosos en el plano
astral. Pueden tener sexo masculino o femenino y siempre vienen en pareja,
representando el equilibrio, la dualidad existente en todos los planos,
incluso en el de nuestros propios temores más oscuros.

En la imaginería popular yoruba se cree que tienen forma humanoide con
plumas, más nunca se representan en imágenes o grabados, sólo se intuye su
poder a través de los pájaros, los que mayoritariamente son usados como
símbolos en bastones metálicos (osun) de los babaláwò o en las coronas de
los oba, representando que el poseedor tiene la autoridad como para
calmarles y que para ganar dicha distinción primero tuvo que rendir homenaje
al Poder Femenino. Las Ìyámi Àjé actúan bajo la supervisión de Èsù y tienen
estrecha relación con otros òrìsà como Ògún, que es el dueño de los
sacrificios y quien provee del sagrado líquido perteneciente a Eléye, la
sangre; Yemoja Odùa (también conocida como Yemowo; Yembo; Arugba; Mawu;
Òòsà-nlá hembra o simplemente Odù) por haber sido la primera mujer en el
mundo, transmisora de la calabaza material a las demás mujeres dentro de sus
cuerpos y al resto de los Órìsà obìnrin (femeninos).

Cuando hay una influencia negativa por parte de los Eléye masculinos se
dice que son los Òsó (brujos) quienes están trabajando en contra de la
persona, aunque nunca hay un culpable externo responsable de estos ataques,
pues en verdad siempre es la propia persona la que se gana "el castigo" a
través de su comportamiento. Las Eléye son ejecutoras de la ley en un
sentido inverso, es decir, buscar el bien a partir del mal. Toda persona que
tenga cierta malignidad hacia los demás está alimentando estas fuerzas y al
mismo tiempo atrayéndo el mal peligrosamente, lo que a la larga hace que la
propia energía negativa de la persona se convierta en su propio juez, Ìyámi
Òsòròngá posará sus patas encima de su cabeza.

No hay ningún ebo capaz de vencer el trabajo de estos Espíritus, lo único
que se puede a lo sumo es apaciguarles y eso es porque "viven" en nuestras
entrañas, en estado latente. Su función se torna importante, pues a pesar de
ser "enemigas" de las personas tienden a regular el comportamiento en el Ser
Humano a través de sus miedos. Quien desee que Ìyámi Òsòròngá no se torne un
obstáculo en su vida debe refrenar los sentimientos de envidia, celos,
rencor, así como cualquier pensamiento negativo hacia sus semejantes. Se
cree que las Ìyámi se reúnen en asamblea en una mesa presidida por Èsù
Ebítá, que allí se conspiraría y especularía sobre las maldades a realizar
enviando a los ajógun buburú luego de saber quienes hicieron o no los ebo
marcados por Òrúnmìlà a través de Ifá, de este modo sirven de reguladores
del comportamiento frente a las deudas generadas ante las deidades, a causa
de haber roto el equilibrio existente en de alguna manera, ya sea en una
vida anterior o en la presente.

A Ìyámi Òsòròngá le pertenece toda sangre derramada en la tierra y también
son quienes controlan la sangre menstrual, la que cuando aparece revela la
presencia cercana de estas criaturas, lo que explicaría los dolores típicos
y el comportamiento histérico que suele tener las mujeres en esa etapa. Esto
también es otra razón por la cual en los sacrificios para òrìsà la sangre no
debe tocar la tierra - existiendo un método ritual que evita eso - y porqué
la mujeres con su regla deben mantenerse apartadas del culto. De suceder
cualquiera de las dos cosas o ambas, sería un tabú y la ceremonia estaría
quebrada, debiendo consultar al oráculo por alguna solución.

A las Ìyámi Àjé se las identifica en la naturaleza con determinadas aves en
las que se transformarían, siendo 9 (nueve) las principales: Òwìwì; òsòròngá
cuyo nombre proviene del sonido que emite; èhúrù; èlúlú; eráwo; àgbìgbì;
àtiòrò; àgbògbò y àràgamágò.
Se acostumbra darles preferentemente vísceras, pues se considera que son su
comida favorita, las que se preparan siempre luego de cualquier sacrificio
para los òrìsà de un modo especial y son presentadas en platos de barro
forrados con ewé-lara. Dicho ebo para Ìyámi se denomina Ìyàlá, que significa
"que el mal desaparezca". Se les ofrece también, durante cualquier
sacrificio, un ekó que sirve para protección, pues las calma cuando es
despejado en la tierra, éste representa el poder femenino, pues entre otros
ingredientes lleva: plumas - simbolizan muchos hijos y protección; sangre -
representa la menstruación y la vida.

Se presume que la palabra Àjé utilizada como "bruja" proviene de la
contracción de "Ìyá jé " (la madre que come) aludiendo a su voraz apetito,
siempre atraída por el olor a sangre y vísceras ella puede venir bajo la
forma de mosca, pájaro, mono o incluso otros animales.

La Sociedad Gèlèdè no es otra cosa que un culto organizado para calmar las
fuerzas de la hechicería, esto es, las representaciones impersonales de
Ìyámi Òsòròngá, Ìyámi Àjé , Eléye u Òsó apelando al propio poder femenino
como restaurador de la vida.

El culto Gèlèdè se originó en la zona de Ketu en el siglo XIV, centrándose
en la deificación del poder femenino intrínseco (igbá ìwà) como centro
generador de vida o de destrucción. Son los miembros masculinos de la
comunidad, quienes reconocen el poder femenino a través de mascaradas
anuales en su homenaje. De Ketu, las mascaradas se extendieron entre los
pueblos yorubas Egba; Anago; Saki; Ohero-Ijo; Ifonyin; Annori.

La Sociedad entera está consagrada a Yemoja, quien es reverenciada por los
Kétu como la Madre de todos los òrìsà, dueña de las aguas, la hechicería, la
sexualidad, la familia y la nutrición. En sí Yemoja expresa a todos sus
hijos el sentido de protección maternal ante el poder femenino destructivo
de Ìyámi Àjé. La función principal que tiene en la comunidad esta Sociedad
es garantizar la paz entre los humanos y las Ìyámi Àjé.

Las mascaradas son la parte pública del culto y se hacen en el mercado por
ser el lugar donde preferentemente trabaja la mujer y tiene poder social en
la comunidad, pero además porque otra de las finalidades es pedir
abundancia. La mascarada es anual, siendo organizada entre los meses de
marzo y mayo, que marcan la estación agrícola, su cometido entonces es
asegurar la fertilidad de la siembra, que las Eléye no envíen a sus
pájaros a arruinar la granja, que Yemoja influya sobre el poder femenino
para que haya de donde nutrirse siempre y que la descendencia sea mucha.
Existen dos etapas en las mascaradas en homenajes a Ìyámi:

a) Gèlèdè - Que se hace durante el día, hay un ofrecimiento de animales,
granos, huevos, epo, miel, etc. a las Madres Ancestrales para que ejecuten
su poder favorablemente hacia la comunidad, se invoca el poder de los òrìsà
femeninos y su protección. Las danzas entonces comienzan en los sembrados y
van en procesión hasta el mercado principal del pueblo, donde bailan casi
todo el día, pues se van congregando allí mascaradas de distintos lugares.
Quienes danzan son los hombres, los cuales se disfrazan de mujeres con
amplias telas, se colocan rellenos para aparentar senos, portan máscaras
femeninas e imitan a Yemoja, en un intento de equilibrar su masculinidad con
el poder femenino. Cabe señalar que las máscaras usadas durante esta
ceremonia que es de día, difieren de las que se usan de noche.

b) Èfè - Que se hace durante la noche, comenzando con la caída del sol. Aquí
se usan máscaras que representan tanto a hombres como mujeres, pero en su
aspecto más tétrico y hechicero, en una evocación al poder de la brujería
rindiéndole homenaje para aplacarle. Las danzas son ejecutadas de a dos y
las parejas representan un hombre y una mujer, creando un equilibrio
especial, donde la representación de hombre danza para evitar el mal de Òsó
(brujo) y la de mujer para contrarrestar a Àjé (bruja). Hay también una
evocación al poder inexplicable de que una mujer tenga dos niños o más al
mismo tiempo, siendo representado Òrò Ìbejì por algunas parejas que portan
idénticas máscaras. En todos los casos, los bailarines son siempre hombres
jóvenes y con mucha agilidad. Las máscaras que representan a hombres se
denominan akogi y las que representan a mujeres son llamadas abogi.

Contra la supuesta creencia de que al tratarse de un homenaje al poder
femenino este culto sea potestad de la mujer, cabe resaltar que los
participantes más activos son los hombres, puesto que ellos, bajo su
condición de hombres tienen que inclinar su cabeza ante la MADRE.


Organización de Egbé Gèlèdè

Dentro de las jerarquías sacerdotales en esta sociedad, quien tiene primacía
es la mujer, a diferencia con el resto de otras sociedades o cultos de òrìsà
donde la primacía es para el hombre, de aquí es de donde proviene la
influencia en la organización de los candomblé ketu del Brasil, donde prima
el matriarcado. De acuerdo con esto tenemos entonces:

La IYALÁSÈ , que es la sacerdotisa principal y el título más alto en la
Sociedad Gelede. Ella se encarga de los asentamientos correspondientes a
Yemoja y demás Ìyánlá (madres ancestrales), es la conexión entre la
comunidad y el poder femenino que representan las Ìyánlá, la poseedora del
àse. La Iyalase es una mujer que ya hace rato entró en la menopausia y que
además tiene amplios conocimientos sobre hierbas, animales y ritos
relacionados con las Ìyánlá.

El BABALÁSÈ, que es el sacerdote masculino con funciones parecidas a la
iyalashe, que participa de algunos rituales, principalmente auxiliando a la
Iyalase, pues es el encargado de los sacrificios, pero su incumbencia está
más volcada a la parte del culto relacionada con la manutención de las
máscaras, los trajes, la organización de los bailes y su dirección. Tiene
también un amplio conocimiento sobre hierbas, rituales y otros ítems
relacionados con las deidades.

ABORE, otro sacerdote masculino cuya incumbencia es actuar de intermediario
entre las distintas comunidades y los favores de las Ìyámi Àjé. Su cargo es
hereditario y requiere amplios conocimientos litúrgicos.

ELEFE, es el encargado de hacer los versos que se usan para cantar u orar.
Es también el responsable por satirizar aspectos negativos relativos a la
vida social del pueblo que serán parodiados en la noche. Es un cargo
bastante difícil, pues el dice con sus versos lo que la mayoría no se
atreve, pudiendo ser víctima de la venganza de otros.

ANGI se denomina a cualquier portador de máscara, es decir al bailarín. Son
elegidos por su habilidad para interpretar los toques de los tambores con
movimientos y por su agilidad. Siempre deben ser muchachos mayores de 18
años.

AGBEJI son los talladores de máscaras Gelede.

ONILÙ es el conjunto de tocadores de tambor ( ìlù ). Se especializan en los
tipos de toques para acompañar las mascaradas. Tradicionalmente se usa un
conjunto de 4 tambores para las danzas que sirven de fondo musical para las
canciones de homenaje ejecutadas durante las mascaradas.


Orin Gèlèdè fun Yemoja

Bómi ìyámi
Sómi tómi
Bomi t'òkun
Wè isé àjé mogbé jinà
Fi bun mi omodé
Fi bun mi aláàfíà
Má kò àjé je mi
Má kò enia buburú pa mi
Yemoja ìyá gbogbo
Bómi ìyámi

Yemoja, madre de los peces,
La madre de las aguas en la tierra.
Nútrame, mi madre,
Protéjame y guíeme.
Como las olas del océano,
limpie la brujería que yo la llevo lejos.
Concédame niños.
Concédame paz.
No permita a las brujas devorarme.
No permita a las personas malas destruirme.
Yemoja, madre de todos,
Nútrame mi madre.


O fun Ìyámi Àjé

Mo júbà ènyin Ìyámí Òsòròngá

O Tònà Èjè enu
O Tò okónèjè èdò
Mo júbà ènyin Ìyámí
Òsòròngá
O Tònà Èjè enu
O Tò okónèjè èdò
È jè ó yè ní Kálèo
Ó yíyè, yíyè, yèyé kòkò
È jè ó yè ní Kálèo
Ó yíyè, yíyè, yèyé kòkò

Mis respetos a usted, mi madre Osoronga
Usted que sigue el rastro de la sangre
Usted que sigue el rastro de la sangre de la boca y el hígado.
Mis respetos a usted, mi madre Osoronga.
Usted que sigue el rastro de la sangre interna.
Usted que sigue los rastros de la sangre interna,
de la boca y del hígado.
La sangre viva que es recogida por la tierra
y que se cubre de hongos
y ellos sobreviven, sobrevive, oh madre muy vieja.

Orin adúrà fun Ìyámi

Eléye epo 're o!
Eléye epo 're o!
Eléye èkùrù 're o!
Eléye mo gbédè o!

¡Oh bendice el aceite Dueña del pájaro!
¡Oh bendice el tamal de porotos molidos!
¡Oh Dueña del pájaro, yo actúo con inteligencia!


Oriki fun Ìyámi

Ibà Ìyámì o !
Ìyámì Òsòròngá mo ki o !

E má pa mi
E má pa mi
E má pa mi
Ibi éri o
E ki gbe mi lo ibi éri o
E ki gbe mi lo
Oriki ifá un
Èdò ki, ri gbìn
O tútù ki máà m'éja lálé odò
Ibi éri o è ki gbe mi lo
Àse o !

¡Oh reverencio a Iyami!
¡A Iyami Osorongá saludo!
Usted no me mate
Usted no me mate
Usted no me mate
¡Oh Río malvado!
¡Oh Usted visíteme, levánteme
y váyase Río malvado!
Usted visíteme, levánteme y váyase
Hasta Ifá le saluda con alabanzas
Al hígado visitas, percibes el sembradío
Visitas y te refrescas siempre en el río,
donde atrapas peces al atardecer
¡Oh río malvado,
Usted visíteme, levánteme y váyase!
Que así sea!





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