De: Oscar Feo Istúriz <osca...@msn.com>
Fecha: 16 de abril de 2013 10:31:18 GMT-05:00
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Asunto: FW:
Para los amigos y compañeros que desde el exterior quieren informarse de la situación venezolana, aqui va un conjunto interesante de artículos de la prensa de hoy...
Es cçlave identificar los problemas que ocasionaron el descenso y rectificar, para avanzar
Saludos fraternos y seguimos en la lucha,
OscarMaduro: una victoria necesaria
Por Atilio A. Boron *
Era fundamental que ganase Nicolás Maduro, y ganó. Pero ganó a duras penas, lo cual exige desentrañar las causas del bajón sufrido por el chavismo y el notable aumento experimentado por la derecha. Fue una victoria que puso en evidencia la endeblez metodológica de las encuestas que de uno y otro lado pronosticaban una holgada victoria del candidato chavista. Sobre el veredicto de las urnas lo primero que hay que decir es que su desconocimiento por parte de Henrique Capriles no es en modo alguno sorprendente. Es lo que señala para casos como éste el manual de procedimientos de la CIA y el Departamento de Estado cuando se trata de deslegitimar un proceso electoral en un país cuyo gobierno no se somete a los dictados del imperio. Si bien la distancia entre uno y otro fue muy pequeña, no tuvo nada de excepcional a la luz de la historia venezolana: en las elecciones presidenciales de 1978 Luis Herrera Campins, candidato del Copei, obtuvo el 46,6 por ciento de los votos contra el 43,4 de su rival de Acción Democrática. Diferencia: 3,3 por ciento, y el segundo reconoció de inmediato el triunfo de su contendor. Antes, en 1968, otro candidato del Copei, Rafael Caldera, accedió a la presidencia con el 29,1 por ciento de los sufragios, imponiéndose sobre el candidato de AD, Gonzalo Barrios, quien obtuvo el 28,2 por ciento de los votos. Diferencia: 0,9 por ciento y asunto concluido. Más próximo en el tiempo, contrasta con el autoritario empecinamiento de Capriles la actitud del por entonces presidente Hugo Chávez que, en el referendo constitucional del 2007, admitió sin más trámite su derrota cuando la opción por el No obtuvo el 50,6 por ciento de los votos contra el 49,3 por ciento del Sí a la reforma que él favorecía. A pesar de que la diferencia fue de poco más del uno por ciento, Chávez reconoció de inmediato el veredicto de las urnas. Toda una lección para el ofuscado perdedor.
Resultados electorales muy ajustados son más frecuentes de lo que se piensa. En Estados Unidos, sin ir más lejos, en la elección presidencial del 7 de noviembre de 2000 el candidato demócrata Al Gore se impuso en la votación popular con el 48,4 por ciento de los votos, contra el republicano George W. Bush, quien obtuvo el 47,9 de los sufragios. Como se recordará, una fraudulenta maniobra efectuada en el Colegio Electoral del estado de Florida –cuyo gobernador era casualmente Jeb Bush, hermano de George W.– obró el milagro de “corregir los errores” en que había caído un sector del electorado de la Florida posibilitando el ascenso de Bush a la Casa Blanca. En suma, el que perdió ganó, y viceversa: todo un ejemplo de soberanía popular de la democracia estadounidense. En las elecciones presidenciales de 1960 John F. Kennedy, con el 49,7 por ciento de los sufragios, se impuso a Richard Nixon que cosechó el 49,6. La diferencia fue de apenas el 0,1 por ciento, poco más de 100.000 votos sobre un total de unos 69 millones, y el resultado fue aceptado sin chistar. Pero en Venezuela las cosas son diferentes y la derecha grita “fraude” y exige un recuento de cada uno de los votos, cuando ya Maduro accedió a efectuar una auditoría. Llama la atención, no obstante, la intolerable injerencia del inefable Barack Obama que no dijo ni una palabra cuando le robaron la elección a Al Gore pero encontró tiempo ayer por la tarde para decir, por boca de su vocero, que era “necesario” y “prudente” un recuento de los votos dado el resultado “extremadamente reñido” de las elecciones venezolanas. ¿Admitiría que un gobernante de otro país le dijera lo que tiene que hacer ante las poco transparentes elecciones estadounidenses?
Dicho lo anterior, ¿cómo explicar la fuga de votos experimentada por el chavismo? Por supuesto, no hay una sola causa. Venezuela transitó desde la aparición de la enfermedad de Chávez (8 de junio de 2011) por un período en donde las energías gubernamentales estuvieron en gran medida dirigidas a enfrentar los inéditos desafíos que tal situación planteaba para un experimento político signado por el desbordante activismo del líder bolivariano y por el hiperpresidencialismo del régimen político construido desde 1998. Esa caracterización en un primer momento molestó a Chávez, pero luego hidalgamente terminó por reconocer que era correcta. Premonitoriamente Fidel le había advertido, ya en el 2001, que debía evitar convertirse “en el alcalde de cada pueblo”. En todo caso, el desconcierto que emanaba de la forzada inactividad de Chávez impactó fuertemente en la gestión de la cosa pública, con el consecuente agravamiento de problemas ya existentes, tales como la inflación, la estampida del dólar, la paralizante burocratización y la inseguridad ciudadana, para no mencionar sino algunos. Problemas, no está de más recordarlo, a los que se había referido más de una vez el propio Chávez y para enfrentar los cuales había planteado la necesidad del “golpe de timón” anunciado en el primer Consejo de Ministros del nuevo ciclo iniciado luego de la victoria del 7 de octubre del 2012, durante el cual el líder bolivariano hizo un fuerte llamado a la crítica y la autocrítica, exigiendo a sus colaboradores mejorar radicalmente la eficiencia de ministerios y agencias, fortalecer el poder comunal y desarrollar un sistema nacional de medios públicos como ineludibles prerrequisitos de la construcción del socialismo. Señalaba en su intervención que “a veces podemos caer en la ilusión de que por llamar a todo socialista ... uno puede pensar que con eso, el que lo hace cree que ya, listo, ya cumplí, ya le puse socialista, listo; le cambié el nombre, ya está listo”. De ahí su fuerte exhortación a fortalecer los consejos comunales, la socialización de la economía, la cultura y el poder. Decía, con razón, que “no debemos seguir inaugurando fábricas que sean como una isla, rodeadas del mar del capitalismo, porque se las traga el mar”. Pero junto a estos problemas de la gestión estatal hubo otros factores que también contribuyeron a la creación de un malestar social y un malhumor público: la derecha y el imperialismo trabajaron activamente, como lo hicieran en el Chile de Salvador Allende, para sabotear el funcionamiento de la economía y exasperar el ánimo de la población mediante el metódico desabastecimiento de productos esenciales, los cortes de energía eléctrica, la sospechosa actividad de grupos de paramilitares sembrando el terror en los barrios populares y la persistente campaña de denuncias y agravios en contra de Maduro vehiculizadas y agigantadas por su enorme gravitación en el manejo de los medios de comunicación de masas, facilitando así la deserción de un numeroso contingente de votantes.
La Revolución Bolivariana enfrenta una situación delicada pero que está lejos de ser desesperante o provocar la caída en un angustioso pesimismo. El desfachatado entrometimiento de Washington refleja su urgencia para acabar con la pesadilla chavista “ahora o nunca”, consciente de que se trata de una situación pasajera. Ante esto, Maduro como presidente tiene que responder con serena firmeza, evitando caer en las previsibles provocaciones que le tiendan sus enemigos. Es innegable que tiene ante sí una sociedad partida al medio, donde la derecha por primera vez demuestra tener la capacidad para encuadrar y movilizar, al menos en el día de las elecciones, al 50 por ciento del electorado. Recuperar el predominio en ese terreno no es imposible, pero dependerá menos de la radicalidad de los discursos del oficialismo que de la profundidad y eficiencia de las políticas concretas que adopte Miraflores; dependerá, en suma, de la calidad de la gestión gubernamental para enfrentar los principales problemas que agobian a la población, tema sobre el cual Maduro insistió sensatamente en su discurso de anteanoche. No habría que subestimar, en este cuadro, el hecho de que hasta el 2016 la Asamblea Nacional tendrá una holgada mayoría chavista (95 sobre 165) y que el nuevo presidente contará con el apoyo de 20 de los 23 gobernadores de la República Bolivariana. La correlación de fuerzas, por lo tanto, sigue mostrando un claro predominio del chavismo, y la respuesta de numerosos gobiernos de la región y de fuera de ella –como China y Rusia, entre otros– agrega un importante reaseguro para la necesaria gobernabilidad y para avanzar en el impostergable cumplimiento del testamento político de Chávez, el ya aludido “golpe de timón”. Estamos seguros de que el bravo pueblo venezolano estará a la altura de las circunstancias y de los retos que plantea la actual coyuntura.
* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
“Fue una elección absolutamente normal”
CHACHO ALVAREZ, JEFE DE LA DELEGACION DE OBSERVADORES DE UNASUR PARA LAS ELECCIONES VENEZOLANAS
Chacho Alvarez señaló que los cincuenta expertos de Unasur no observaron irregularidades importantes y que se trata de un sistema que fue probado en dieciocho elecciones. “Los técnicos de la oposición saben que el resultado fue ese”.
Por Julián Bruschtein
“Los técnicos de la oposición no dudan de que los resultados son esos. No lo van a decir públicamente, pero no hay duda de que los resultados son esos”, aseguró a Página/12 Carlos Chacho Alvarez, jefe de la delegación de observadores internacionales de la Unasur en Venezuela. El cerrado resultado de la elección que consagró presidente al chavista Nicolás Maduro este domingo fue la excusa del opositor Henrique Capriles para desconocer el resultado anunciado por el Consejo Nacional Electoral (CNE). “Tienen un sistema electoral probado en 18 elecciones en las que siempre se reconoció el resultado”, destacó Alvarez, quien analizó que “Capriles apela a la movilización” y no a las vías legales “todavía”.
–El candidato de la oposición en Venezuela puso en duda el sistema electoral. ¿Qué pudo observar la Unasur?
–Hay un sistema electoral que funciona muy bien y que está garantizado por el conjunto de la sociedad y por los equipos informáticos de las dos fuerzas. Las mesas se demoraron en cerrar porque vota hasta la última persona de la fila y en general el resultado puede estar dos o tres horas después. Pero acertadamente el CNE no da los resultados hasta que no tiene una tendencia irreversible, no va dando boletines con el conteo. Es uno solo, el primero que anuncia es el resultado con una tendencia que no puede hacer variar el resultado. Como fue pareja la elección, el CNE demoró un poco más en dar el anuncio.
–¿Por qué Capriles insiste en hacer denuncias públicas?
–Si uno lo escucha a Capriles pareciera que quiere dirimir esto a través de otras vías, a través de la movilización. Si hubiese recusaciones o cuestionamientos están las vías legales, algo que planteamos desde la Unasur desde un principio. Está el tribunal constitucional, como debe hacerse en todo estado de derecho. Los técnicos de la oposición no dudan de que los resultados son esos. No lo van a decir públicamente, pero no hay ninguna duda de que los resultados son esos. Hubo 18 procesos electorales en 14 años, el sistema está absolutamente probado en cuanto a que los resultados son los que la gente votó, son el fiel reflejo de la voluntad popular.
–No sólo la Unasur tiene observadores internacionales. ¿Se sabe el contenido de los informes de las otras organizaciones?
–Está la unión de organismos electorales, hay muchos funcionarios de magistrados de organismos electorales, etc. La propia delegación de Unasur es una delegación de cincuenta personas, con magistrados y funcionarios de los organismos electorales de Sudamérica. Todos salieron a acompañar la elección en distintos Estados y nadie observó ninguna irregularidad ni situación que pudiera ser inconsistente o que pudiera gravitar en la tranquilidad del comicio, todos hechos muy menores. Hay un protocolo de actuación en el que tienen que ver por ejemplo que a menos de cien metros no puede haber nadie haciendo proselitismo. Muy pocos fueron los que reportaron estos casos menores. Hoy (por ayer) se entregaron los informes preliminares que el CNE leyó y en general todos planteaban más o menos lo mismo: una elección absolutamente normal.
–¿Cómo se vive la experiencia de ser veedor en Venezuela?
–Es paradójico, porque cuando llegás ves un clima electoral que parece que puede terminar mal. Pero yo vengo desde hace años, cuando estaba en el Mercosur, y diez días antes de la elección ya hay venezolanos preocupados porque los discursos de campaña son muy duros y frontales, y la retórica tan confrontativa a muchos les genera preocupación. Pero en realidad después, el domingo parece otro país. Parecen los cantones suizos porque ves colas normales de una ciudad tranquila por ejemplo. Y esta es una ciudad que tiene índices de violencia altos, pero que no se trasladan a la política. Con toda la dureza que existe en las campañas, no hay prácticamente hechos importantes de confrontación entre los distintos sectores. Es paradójico y llama bastante la atención de ver cómo se va encauzando institucionalmente el conflicto y cómo termina el pueblo produciendo una jornada tranquila y de gran participación cívica.
–¿Cómo queda la democracia venezolana después de esta elección?
–La democracia venezolana es de alto voltaje entre dos mitades que tienen proyectos de país que se excluyen. Como dijo Maduro en su discurso de proclamación: una mirada chavista revolucionaria que es la patria y el futuro y la otra que es la burguesía y la antipatria. Esto se expresa mucho en la dinámica previa a los comicios con actos recontra masivos, con cierres de campaña de un millón de personas o seiscientos mil. Una movilización muy fuerte, el chavismo es una fuerza concientizada, con gente que tiene una compenetración con la revolución socialista muy fuerte. En ese sentido es un proceso muy rico desde todo punto de vista.
Petróleo, religiosidad y política
Por Horacio González
Nunca es fácil describir la desazón o la pérdida de una expectativa. En estos momentos, el PSUV –el partido de Chávez en Venezuela– se halla sumido en una ardua discusión. ¿Qué pasó con los miles de votos antes chavistas que movieron su aguja hacia los caudales de Capriles? ¿Las razones son una súbita percepción ocurrida en numerosos sectores populares de que Chávez era irremplazable? ¿Maduro no representó acabadamente el “legado”? ¿O, al contrario, lo sobrerrepresentó? ¿Hay motivos económicos que corroyeron silenciosamente la vida doméstica popular como efecto de las devaluaciones, algo que apenas fue mencionado (ciertamente, mucho más por Capriles)? Hoy, pensar respuestas adecuadas para lo que no fue una derrota material, pero sí un severo desacople con la realidad que se esperaba, corresponde a un ejercicio de la imaginación política que recorre –debe recorrer– todos los procesos populares de la región.
Maduro se presenta como Hijo de Chávez, y éste es el “supremo eterno”, esto es, el Padre, que se situó en la publicidad del gobierno como un oráculo que se plasmaba en venerables imágenes de episodios del pasado. Sobre todo del golpe que en el mismo mes de abril de hace varios años habían intentado muchos de los ahora felices poseedores de casi la mitad del padrón electoral venezolano, entre ellos, Capriles. Al regresar Chávez de su prisión en un célebre helicóptero, los locutores de la televisión pública, que por cierto no están desposeídos de entusiastas chispas discursivas, rebautizaron este hecho como “la resurrección del comandante”. No ya el reintegro ni el rescate. Agréguese a esto que Maduro se refirió a aquella antigua gesta como un modo de comportamiento popular (miles y miles de personas actuaron en pos de un objeto, sin ninguna clase de coordinación), posible de definirse en términos de un “misterio popular”. “El pueblo es misterioso”, dijo. Más allá del interés intrínseco que tienen estas frases para una historia de la discursividad litúrgica en los movimientos sociales, se configuraba un triángulo de pensamiento místico basado en las figuras del Padre, del Hijo y del Misterio Popular (o Espíritu Santo), que establecía ciertas diferencias con las religiosidades populares del más diverso tipo, para estacionar la apelación política en una estructura que semejaba inconscientemente al cuerpo de Cristo, donde la sociedad entera se reflejaba.
La televisión pública ayudó a la creación de estas aureolas mítico–políticas ancladas en iconos ya fijados de un estrato de tiempo anterior, de características, en verdad, casi sacras. El efecto reiterativo de ciertos arquetipos icónicos de la televisión ayuda mucho a asimilar el presente complejo a un exorcismo o a un rezo. No es que estas teologías políticas sean desdeñables, pues son la sal y el cimiento palabreril de los movimientos sociales de todas las épocas. Aun más en esta Venezuela cuyo subsuelo cristiano tiene ensambles de todo tipo, tanto evangélicos como credos de remotos sustratos africanos u orientales, reciclados en la era de los medios de comunicación, que aportan sus propios fetichismos. Maduro se movió en esas dimensiones auráticas suponiendo, con razón, que siendo el heredero no podía dejar de superponer estrictamente su palabra a la Palabra, su voz a la Voz. No hacerlo era un riesgo para la enorme añoranza que no cesa respecto de una ausencia crucial, pero el ausente sin embargo está expuesto en la iconografía de sus ciudades como un demiurgo omnipresente. En las múltiples fachadas de las viviendas sociales construidas en todos los rincones de Caracas, sus ojos siguen contemplando la ciudad presente como una mirada paternal, suavizando las palabras de orden con la fantástica imagen postrera de su cuerpo bailando bajo la lluvia. La ausencia del hombre que marca con su nombre a los demás, se rebela frente a la muerte y no quiere saber de su impotencia. Por eso siempre se postula que esa falla, origina frente a lo ineluctable la frase más comprensible de todas. “Chávez está vivo”, “Está en nosotros”, “Somos Chávez”. Sólo quien no supiera emocionarse con estas manifestaciones de la angustia frente a la desaparición de las grandes figuras históricas –aun cuando sea el Estado el que organiza el culto–, podría arriesgarse a críticas insustanciales.
Aquí queremos decir otra cosa. El sincretismo chavista había agregado la noción de socialismo del siglo XXI y otros elementos de la teoría política contemporánea, como democracia participativa y autogestión comunitaria, dándoles muchas veces alcances que remitían no tanto a la crucifixión sino a una bibliografía que al propio Chávez le gustaba exhibir en actos públicos. No sólo mostrar el libro de la Constitución, acto con cierta reminiscencia maoísta, pero para recordar el Popol Vuh de la cultura maya, sino también exhibir en público la gran novela de Uslar Petri, Lanzas coloradas, para ejemplificar con las dificultades de los espíritus más aventurados lanzados al azar de la batalla.
Maduro se vio conminado a ejercer una efectiva mímesis. Algunas inflexiones de su discurso son las de Chávez, y además se compromete por medio de juramentos reiterados ante el jefe muerto, lo que produce un efecto de plegaria y ritual sollozante, que no lo desmerece –estremece verlo–, pero que es necesario revisar en este momento profundamente delicado de la nación venezolana. Escúchense los discursos posteriores al comicio de Capriles y de Maduro. El primero es terminante, amenazador, da la impresión de un teniente primero dando órdenes en alguna escena castrense clase B. En cambio Maduro, que sí visita cuarteles –sobre todo el de la Montaña, que tiene valor de sagrario mayor, pues allí está el cuerpo de Chávez–, y que participa de reuniones de la milicia popular donde escucha las inflexiones de la cultura disciplinaria militar, es un hombre que parece abrumado y frágil. Su responsabilidad será mucho mayor a partir de ahora. Quizá deba cambiar algunas citas (los libros de Coelho que exhibió hasta este momento tal vez reclamen un cambio por otras visiones menos trivializadas del amor individual y colectivo) y, por encima de todo, promover una nueva izquierda social que debe ser nuevamente activada, en materia de concepciones sociales que tengan gran heterogeneidad, aunque con un eje dominante democrático permanentemente autocrítico. Deberá asimismo escapar de los binarismos políticos fáciles y darle un alcance mayor a la consigna más relevante del período chavista: una nación es una gran paideia, un gran aparato pedagógico y de lenguaje. Allí descansan también sus fuerzas productivas materiales.
Uno puede apreciarlo cuando camina por la Caracas profunda un día de elección. En cada centro de votación hay ciudadanos informados, con un cierto toque de sabiduría jacobina, y los que remugan por el “poder chavista”, incluso, se saben definir bien como ciudadanos de derecha, balancean como peritos las posibilidades del golpe, la elección y la conspiración. Un recorrido le exige al visitante tomar el nuevo funicular. Los carros colgantes tienen nombre. Nos toca viajar en uno que dice “Patria socialista”. Desde el aire se ven las viviendas que aun esperan dar su salto a una mejor calidad habitacional, humana y social. Toda ciudad es un gran montículo de inscripciones. Caracas las tiene de todas sus edades históricas y son escrituras de esperanza. El petróleo mismo es pensado políticamente como una forma inmediata de renta social comunitaria. Es necesario afinar estos pensamientos.
Maduro, en su discurso de la noche, cuando los cómputos esperados habían fracasado, insinuó revisar cuestiones, buscar caminos alternativos, pensar con mayores destrezas las coyunturas enormemente difíciles que se verán de ahora en adelante. Deberá salir de su estado de gobierno acosado, aunque portador de una gran herencia, para pensar esa herencia, y pensarse él mismo de un modo que, sin abandonar lo que presupone la dificultad de ser guardador designado y electo del carisma de otro, sepa explorar lo que da la excepcionalidad de la historia, tan importante como la economía del petróleo, pero con un sentido de emancipación. Explorar también lo que da la posesión del Estado, pero para apartar las rutinas más oscuras que todo Estado defiende como si fueran su secreto más precioso; lo que da dirigir un poderoso movimiento social latinoamericano, pero recreando su excepcional mediación de un legado. Ante una derecha que habla desde un reñidero repleto de votos, deberá hallar las necesarias enunciaciones novedosas que exige la ya develada carga democrática de las urnas. El destino de las sociedades bipolarizadas exige una nueva discusión por parte de los que somos la parte de la dicotomía que se proclama más cercana a la felicidad pública, al reparto equitativo del producto social y a una eticidad política subjetivamente emancipada. Tenemos que demostrarlo con renovadas reflexiones sobre las espesuras, el espíritu popular, los grandes legados humanistas y la constante predisposición crítica.
Maduro denunció actitudes golpistas de Capriles
AUNQUE LA OPOSICION NO RECONOCE SU DERROTA, EL GANADOR DEL CHAVISMO FUE PROCLAMADO PRESIDENTE POR EL CNE
“Denuncio que en Venezuela está en camino el desconocimiento de las
instituciones democráticas. Eso se llama golpismo”, alertó Maduro al ser proclamado presidente por el Consejo Nacional Electoral.
Desde Caracas
Dos imágenes de Venezuela se pudieron ver como efecto de los comicios del domingo, los primeros sin Hugo Chávez. Mientras en el Consejo Nacional Electoral (CNE) se realizaba el acto de proclamación de Nicolás Maduro como presidente ante la plana mayor del chavismo y los acompañantes internacionales, los seguidores de Henrique Capriles Radonski golpeaban sus cacerolas y hacían sonar fuegos artificiales cumpliendo con el llamado del candidato de la derecha a no reconocer los resultados electorales y manifestarse en las calles.
“Denuncio que en Venezuela está en camino el desconocimiento de las instituciones democráticas. Eso se llama golpismo” dijo Maduro, heredero político del líder bolivariano, tras ser ungido como mandatario por la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, quien también pidió que se respeten los datos de la elección. “El proyecto de la derecha es matar la revolución y acabar con los avances revolucionarios”, alertó el delfín político del chavismo. Sosteniendo la pequeña Constitución Bolivariana, dijo Maduro que iban a proteger al pueblo de las amenazas. “Somos hombres de paz, portadores de esta Constitución, sabremos proteger la estabilidad de esta patria”.
Es que horas antes, su rival Henrique Capriles Radonski llamó a desconocer los resultados que le dieron 48,89 por ciento de los sufragios por debajo del 50,75 por ciento que obtuvo el candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela. El líder de la opositora Mesa de la Unidad Democrática convocó a un cacerolazo a las ocho de la noche –que se escuchó durante 45 minutos en Caracas sobre todo en barrios acomodados del este como Las Mercedes, el Chacao–. y anunció para hoy una marcha en todos los estados del país para exigir el conteo manual de los votos en cada una de las sedes regionales del Consejo Nacional Electoral. Y para mañana dijo que encabezará una movilización hasta la oficina del CNE de esta ciudad.
Maduro se dirigió a la oposición para decirle que no iba a realizarse ese recuento de sufragios, porque el CNE había completado una auditoría del 54 por ciento del escrutinio. Le recordó que los acompañantes de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur), entre otros, pidieron que se respeten los resultados anunciados por la justicia electoral y que, en todo caso, se utilizaran los mecanismos institucionales para presentar una queja. “Todo reclamo deberá ser canalizado y resuelto dentro del ordenamiento jurídico vigente”, decía el comunicado del bloque regional.
El heredero político de Chávez agradeció el llamado de las presidentas de Argentina y Brasil, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, respectivamente, y contó que el mandatario de Perú, Ollanta Humala, le transmitió sabios consejos. “Ya no vas a ser el mismo”, le dijo, casi como una certeza. Estos jefes de estado formaban parte de una lista de países que apoyaron el triunfo del oficialismo (ver aparte).
Después de las palabras de Maduro, Capriles volvió a hacer declaraciones ante sus seguidores que lo esperaban en el comando de campaña de nombre Simón Bolívar. Desmintió estar queriendo generar violencia en el país. “Le doy a Venezuela un mensaje de paz. Nunca podemos ponernos del lado de la violencia.” El candidato de la Mesa de la Unidad contó que tuvo una conversación con José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) –organismo que ayer emitió un comunicado apoyando el reclamo opositor, y cuyo secretario ha tenido cruces con Chávez, recuérdese que lo llamaba “señor insulzo”.
Capriles insistió en que se contara el voto de cada venezolano y calificó de “crisis política” el escenario que se abrió tras la elección presidencial y su negativa de aceptar el resultado. Con una Constitución Bolivariana en la mano, el candidato pidió que el oficialismo y la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, respeten al pueblo.
No tardó en llegar la crítica del gobierno venezolano al comunicado de la OEA de boca del canciller Elías Jaua. “Aquí hay un organismo electoral, hay unas leyes electorales, de las cuales la oposición puede hacer uso, pero no es la OEA la que va a poner en duda los resultados” dijo el ministro, quien estuvo parado en primera plana en el acto de proclamación de Maduro.
Asimismo, Jaua señaló que Venezuela llamó a consultas al embajador en Madrid, Bernardo Alvarez, para evaluar las declaraciones del canciller español José García Margallo sobre el resultado electoral, en las que desconocía la transparencia del proceso. Cabe recordar que hubo reuniones entre dirigentes de la oposición y el derechista Partido Popular español. Esta enviada constató que el día antes de la elección el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, estuvo reunido en el hotel Pestana con miembros del PP español.
A Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, se lo pudo ver vestido de traje y sentado al lado de Cilia Flores, esposa de Maduro y dirigente de peso en el Socialismo. Cabello admitió que el ajustado triunfo del domingo obliga a una autocrítica del proceso socialista. “Profunda autocrítica nos obligan estos resultados, es contradictorio que sectores del pueblo pobre voten por sus explotadores de siempre”, señaló el ex militar en la red social Twitter. “Busquemos nuestras fallas hasta debajo de las piedras pero no podemos poner en peligro a la Patria ni el legado de nuestro Comandante”, añadió.
Maduro se vio compelido a buscar nuevas formas de hacer política. “Vamos a hablar con la gente, voy a construir la legitimidad de la Revolución Bolivariana. Vamos a consolidar la dirigencia político-militar”, sostuvo y confirmó a Jorge Arreaza –alguien de su entorno– como vicepresidente. Hay quienes señalan que el liderazgo no se hereda y que Maduro tiene por delante construir una imagen distanciada de su padre político, y además, deberá cargar con el peso de ser el articulador de las distintas facciones dentro del chavismo.
A propósito de balances, el ex guerrillero y antiguo viceministro de Cultura de Chávez, Iván Padilla Bravo, señaló a Página/12 que se mantuvo el voto duro chavista, pese a la merma de sufragios en comparación de octubre, cuando el líder bolivariano le ganó a Capriles con 11 puntos de ventaja. “Los más de siete millones de electores que respaldaron a Maduro ven los logros del gobierno. Al mismo tiempo observo con preocupación que Capriles acortó la distancia, y en este sentido avanzó el gran capital”.
Padilla Bravo aclaró que no es verdad que todas las personas que votaron por el candidato opositor tengan un pensamiento burgués. “No puede haber en Venezuela siete millones de oligarcas, lo que sucede es que tenemos una cultura instalada por el pacto de Punto Fijo entre adecos y copeyanos y que aún no se supera”.
Después de 15 años de gobierno y ante la ausencia de la carismática figura de Chávez, ¿no podría haber un desgaste natural?. “No lo creo –señaló el hoy director del semanario Todosadentro–, algo tuvo que hacer la derecha para captar y sumar apoyos tan rápidamente, como ejemplo, tomar todos los símbolos del chavismo.”
Capriles logró en pocos días de campaña pasar de ser el candidato que perdería por 15 o 20 puntos –según las encuestas más serias– a hacerlo por casi dos puntos. El candidato de la derecha ya había logrado en octubre la mayor votación opositora en 15 años, pero no había querido confrontar con el líder bolivariano. Esta vez lo hizo, aconsejado por su jefe de campaña Henri Falcón, un ex chavista.
Algunos analistas destacaron que Capriles supo conectar con el electorado, a través de un buen marketing político. Padilla Bravo se inclinó por esa explicación. “La oposición usó bien la propaganda en televisión y en las redes sociales, vendió una imagen parecida a la de Chávez, pero desde la posición de un rico”.
“Hubo un cambio en la organización y el contenido de la campaña. Capriles tuvo una gran capacidad de aprendizaje, asumió una serie de críticas, incorporó la visión de otros factores de la oposición y asumió una conducta de confrontación al gobierno en esta campaña, que claramente también querían los electores”, señaló el politólogo Carlos Romero.
Para el profesor de la Universidad Central de Venezuela, el crecimiento del caudal electoral del candidato de la derecha se apoyó, además en otros dos factores. “Son las primeras elecciones sin Chávez, el principal motivador oficialista y ha habido un deterioro económico y un aumento de la violencia en el país en los últimos meses, explicó.
El país mantiene un control de cambio desde 2003 y a principios de este año el gobierno devaluó la moneda un 32 por ciento, a 6,3 bolívares por dólar. Recorriendo los centros de votación se podía constatar la queja recurrente por el aumento de precios y la escasez de algunos productos. La economía aún depende de la renta petrolera y el gobierno aspira a una etapa de diversificación productiva.
Tanto los que salen con las cacerolas, como los que apoyan a Maduro, demandan que se solucione el problema de la inseguridad. Con 16 mil homicidios en 2012, según cifras oficiales, la inseguridad persiste como preocupación en todo el país. Por estas horas, estos teman están subsumidos en otro que divide a los venezolanos: la pelea por los votos del domingo.
“El cronograma sigue su curso”
ERNESTO VILLEGAS, MINISTRO DE COMUNICACION DE VENEZUELA
El gobierno mantendrá su línea de acción porque la oposición tiene vías institucionales para expresar sus quejas, señaló Villegas. “A las fuerzas progresistas siempre se nos exige que ganemos con más de la mitad más uno.”
Por Mercedes López San Miguel
Desde Caracas
Ernesto Villegas es, desde octubre del año pasado, ministro de Comunicación e Información del gobierno venezolano. Fue director del periódico Ciudad Caracas y anteriormente se desempeñó como periodista y escritor. Es uno de hombres más requeridos por estas horas en Venezuela, en un momento en que las informaciones corren a una insólita velocidad, tanto las que provienen del oficialismo como de la oposición.
Villegas afirmó en diálogo con Página/12 que existe una autocrítica al interior del gobierno tras la ajustada elección del domingo y que el resultado es “transparente e irreversible”. Y dijo estar preocupado ante la exigencia que se les hace a las fuerzas progresistas de que ganen con un margen mayor que la mitad más uno de los votos. “Estamos demandados a la absoluta unidad y a salir del paso de la arremetida de la derecha.”
–¿Cómo evalúan este resultado electoral, teniendo en cuenta que no pudo replicar el 55 por ciento obtenido por Hugo Chávez en octubre pasado?
–Cada quien escoge la perspectiva desde donde observar los resultados. Nos habría gustado ganar por más, pero no hay ninguna duda de que este resultado es transparente, incontestable y debe ser respetado. Ha habido presidentes en este país que ganaron con el 30 o 26 por ciento de los votos y se los reconoció, como fue el caso de Caldera (N. de la R.: en 1968 Rafael Caldera se impuso a su rival por unos 30 mil votos). Maduro consiguió más del 50 por ciento de los votos y admitirlo es respetar las reglas de oro de la democracia.
–¿No es válida la crítica al interior del proceso bolivariano? Eso mismo pidió Diosdado Cabello (presidente de la Asamblea Nacional).
–Sí, claro que hay autocrítica, es la aspiración de los militantes de la revolución. Chávez nos emplazó “a la eficiencia o nada” y la revisión es apenas una de las demandas del pueblo.
–¿Y cuáles son las demandas principales que se le hacen a este gobierno?
–Problemas acumulados, que se han ido saldando, pero que llevan décadas y siglos de inequidades. El desafío que tenemos es defender lo conquistado y, al mismo tiempo, encontrar espacio para las demandas de renovación. Tenemos que leer así el resultado electoral. Es un debate que debe darse al interior del proceso
–¿Cuál es el reto para esta etapa sin Chávez?
–Estamos demandados a la absoluta unidad y a salir del paso de la arremetida de la derecha. Hay un plan internacional que apunta en la dirección de deslegitimar la revolución. El sistema electoral electrónico es incuestionable: se pretende hacerlo retroceder al voto manual. Acá se acuña la frase “acta mata votos”, porque los viejos partidos políticos Copei y Acción Democrática levantaban un acta que recogía números que no se correspondían con la votación. El sistema actual impide esos mecanismos de fraude.
–¿La auditoría del sufragio ya se hizo?
–En cada centro de votación se hace antes y después una auditoría del 54 por ciento de las máquinas con testigos y miembros de los partidos políticos.
–Pero la oposición exigió el recuento de todos los votos...
–La oposición pide el recuento de los comprobantes de los votos y temo que ellos podrían propiciar la desaparición de alguna caja con esos comprobantes. Es volver al conteo manual, como si hicieras una suma con calculadora y luego la quieras mejorar sumando con los dedos.
–Países como Francia y el Reino Unido dijeron que esperaban la revisión del escrutinio para tomar posición. ¿Cree que podría crecer la presión internacional?
–Venezuela es un país soberano. En cualquiera de esos países los gobernantes seguro que ganaron por un porcentaje menor al que obtuvo Maduro. La delegación de acompañantes de la Unasur avaló el sistema electoral. Es un sistema que sirvió para los comicios a gobernadores en diciembre pasado y que la oposición solicitó para realizar las primarias en las que se impuso Capriles. El resultado es irreversible.
–Pero la oposición no lo reconoce, habla de irregularidades.
–La verdad es que son argumentos para los desconocedores del sistema electoral. Llamo a las fuerzas progresistas del mundo a poner el ojo en esa conducta. A las fuerzas progresistas se les exige más que la mitad más uno para ganar. El margen de diferencia parece que es insuficiente, que tendría que ser del 8 por ciento o más cuando a ellos no les conviene. Los grupos acompañantes de la MUD en octubre pasado también quisieron cuestionar los resultados. La derecha arrogante se resiste a ceder el poder político, defiende el Estado de derecho burgués cuando le es favorable.
–Frente a los llamados de la oposición a la acción, ¿cómo sigue el cronograma del gobierno? ¿Que prevé la toma de juramento de Maduro, el día viernes 19?
–El cronograma sigue su curso, no hay motivo para detenerlo. La oposición puede acudir con su denuncia a las instituciones que tenemos en el país, al propio Consejo Nacional Electoral o a la sala constitucional del Tribunal Supremo.
Países que respaldaron
› BRASIL Y COLOMBIA ENTRE LOS PRIMEROS
Países de la región y del resto del mundo expresaron su respaldo al proclamado presidente Nicolás Maduro. Desde Brasil, pasando por Colombia, Perú, la Argentina, Cuba, Bolivia, Ecuador, Haití, hasta Rusia, China, Bielorrusia y Palestina, los jefes de Estado hicieron llegar su saludo para el nuevo gobierno venezolano.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se comunicó por teléfono con el candidato oficialista y lo felicitó por su triunfo y por el “clima de normalidad” de la votación. Rousseff le comentó a Maduro que está lista para comenzar a trabajar con el nuevo gobierno que tomará posesión el viernes. Antes de que se informara de la llamada, el canciller brasileño Antonio Patriota afirmó que los resultados de los comicios debían respetarse y envió felicitaciones al mandatario electo. Patriota dijo que la postura de Brasil “se asocia” al comunicado difundido por la Misión de Acompañamiento de Unasur, la cual declaró que la ajustada victoria debe ser respetada por “emanar” de la “única autoridad competente en la materia”, que es el Consejo Nacional Electoral.
“Venezuela es un socio estratégico de Brasil” y, como miembro del Mercosur, es un país con el cual el gobierno brasileño desea tener una “relación mucho más profunda e intensa” tanto en el plano bilateral como regional, agregó Patriota.
Asimismo, el gobierno de Chile destacó el trabajo realizado por el CNE y felicitó a Maduro. “El Consejo Nacional Electoral estableció el triunfo de Maduro, por lo que el gobierno de Chile lo felicita por el respaldo recibido”, señaló una nota difundida por Cancillería. A la vez, el gobierno resaltó el espíritu cívico del pueblo venezolano, que “en forma masiva concurrió a los locales de votación y expresó su opinión en un ejercicio democrático”.
El gobierno de Colombia saludó al pueblo venezolano por su participación en las elecciones presidenciales y felicitó al heredero político de Chávez por su victoria. A la vez, el gobierno de Juan Manuel Santos saludó la disposición de los representantes del oficialismo y la oposición a que se realizara una auditoría que “contribuya a dar tranquilidad y una lectura fehaciente de los resultados”, afirmó el comunicado.
Más de 90 partidos políticos, organizaciones y movimientos sociales de la izquierda mundial reunidos en el Foro de San Pablo (FSP) expresaron ayer, mediante un comunicado, sus felicitaciones al pueblo de Venezuela y al presidente electo, Nicolás Maduro.
Maduro pide a España que se ocupe del 25% de paro y de los desahucios
El presidente electo de Venezuela pide respeto al Gobierno de Rajoy y amenaza con tomar medidas "a todos los niveles". La embajada venezolana en España se une a la reclamación
EUROPA PRESS Caracas 16/04/2013 09:52 Actualizado: 16/04/2013 14:03
El presidente electo de Venezuela, Nicolás Maduro, ha advertido al Gobierno español de que tiene que tener "cuidado" con sus declaraciones, tras las últimas palabras del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, sobre los resultados de las elecciones presidenciales del domingo, y le ha instado a rectificar esas críticas a las elecciones presidenciales o Caracas "tomará medidas a todos los niveles". A dicha petición se ha unido la embajada venezolana en España, que ha llamado a que se respete la institucionalidad en el país.
"Cuidado España", ha indicado Maduro, en su primer discurso como presidente electo de Venezuela, tras ser proclamado por la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena. "El Gobierno de España se mete con el digno pueblo de Venezuela. Respeten para que lo respeten", ha subrayado. "El pueblo de Venezuela ya se liberó. Somos el pueblo de Bolívar que derrotaron a las tropas del rey hace tiempo", ha apostillado.
"Ocúpense, que tienen el 25% de desempleo, que le quitan las casas a los trabajadores, que están llevando un paquete neoliberal que esta llevando destrucción y hambre", ha dicho, en referencia a la situación en España y a la gestión del Gobierno que lidera Mariano Rajoy.
"Espero que rectifiquen a tiempo, o tomaremos medidas a todos los niveles, medidas diplomáticas, económicas y políticas ejemplares", ha añadido. Maduro ha respondido así a las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores español, horas después de que el titular de Asuntos Exteriores venezolano, Elías Jaua, anunciara la llamada a consultas del embajador en España, Bernardo Álvarez, por las palabras de Margallo.
García-Margallo ha afirmado este lunes que el resultado de las elecciones "certifica una polarización fuerte" en el país sudamericano. En declaraciones a los periodistas antes de participar en un almuerzo con empresarios organizado por la Cámara de Barcelona, ha confiado en que se confirme el resultado electoral cuanto antes y en que se mantengan las buenas relaciones bilaterales "sea quien sea el vencedor" final.
Embajada venezolana en España llama a que se respete institucionalidad en el país
1) El Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano emite su primer boletín sólo cuando los resultados son irreversibles. Según el último boletín, con 99,17% de los votos escrutados, el ciudadano Nicolás Maduro ganó la presidencia con 50,75% de los votos y el ciudadano Henrique Capriles perdió al alcanzar sólo 48,97% de los votos.2) Considerando los resultados del punto anterior sobre la totalización, la presidenta del Poder Electoral, Tibisay Lucena, cumpliendo lo establecido en el artículo 33, numeral 6, de la Ley Orgánica del Poder Electoral; artículo 7, 144, 152 y 153 de la Ley Orgánica de los Procesos Electorales; y artículos 370, 374, numeral 1, 383, 385, 387 y 392 del Reglamento General de la Ley Orgánica de los Procesos Electorales, procedió a proclamar como Presidente de la República al ciudadano Nicolás Maduro.
3) Tal como lo enfatizó ayer la presidenta del Poder Electoral, en el acto de proclamación del presidente electo, "el 54% de las cajas de resguardo ya fue auditado, pero también se llevaron a cabo 14 auditorías antes y durante el proceso, por lo que si hubiese algún elemento que para cualquiera de las partes deba ser impugnado, allí están las vías legales para hacerlo. No será el acoso, la amenaza o el amedrentamiento la vía para recurrir los actos del Poder Electoral".
4) El sistema electoral venezolano es un sistema blindado con más de 14 auditorías, en las que participan técnicos y representantes de las distintas fuerzas políticas que hacen vida en el país, así como observadores nacionales de diversas organizaciones de la sociedad civil y acompañantes internacionales.
5) El sistema electoral venezolano es automatizado e incluye la emisión de un comprobante al momento de la votación para la verificación del perfecto funcionamiento del sistema, de forma que el elector o electora verifique que el voto registrado en el sistema de votación es el mismo que se plasmó en la pantalla; este comprobante se resguarda depositándolo en una caja. De este modo los comprobantes cumplen la función de un recibo contrastable.
6) Entre las mencionadas auditorías se incluye, por Ley, la denominada auditoría de verificación ciudadana. En esta auditoría los partidos políticos y electores y electoras verifican, en sitio y aleatoriamente, 54% de las máquinas de votación comparándolas con los comprobantes depositados en las cajas de resguardo.
7) La proporción estadística (54%) que se exige en la auditoría de verificación ciudadana se considera excesiva en cualquier lugar del mundo.
8) Si el candidato de la oposición tiene elementos para considerar alguna impugnación, debe recurrir como lo establece la Ley Orgánica de Procesos Electorales a la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia.
9) El proceso electoral del 14 de abril contó con 170 acompañantes internacionales. Entre ellostres misiones de acompañamiento electoral, conformadas por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y el Centro Carter, con una delegación encabezada por el ex presidente panameño, Martín Torrijos.
10) Una representación del Congreso español, producto de una invitación institucional del Poder Electoral a los portavoces de las cinco mayores fuerzas políticas que hacen vida en este ente también acompañó el proceso. Este grupo estuvo integrado por Daniel Serrano, diputado y portavoz adjunto del Partido Popular (PP) en la Comisión de Asuntos Exteriores; Antonio Trevín, diputado del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y portavoz en la Comisión de Interior del Congreso; Antoni Pico i Azanza, diputado de Convergencia i Unió (CIU), adscrito a la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso; Aitor Esteban Bravo, diputado y portavoz del Partido Nacionalista Vasco (PNV) en el Congreso; y Enrique López, asesor del Grupo Parlamentario de la Izquierda Plural, compuesto por Izquierda Unida (IU); Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) y Chunta Aragonesista (CHA). El ex presidente del congreso español, José Bono, y el ex embajador de España en Venezuela y Portugal, Raúl Morodo, junto con los representantes del Congreso español conformaron la delegación de acompañamiento internacional de España.
11) La delegación española avaló en un informe suscrito por todos sus integrantes que "el resultado electoral es fiable por contrastable y porque asegura el ejercicio, libre, secreto y universal del voto", igualmente que "los resultados electorales deben ser los que emanen del Consejo Nacional Electoral". Todas las misiones electorales internacionales han ratificado la transparencia del proceso electoral y su resultado
Capriles, el PP y el fascismo de siempre
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Publicado el 16 abril, 2013 por Juan Carlos Monedero
La derecha cree que el poder le pertenece. Cuando salen electoralmente de los palacios de gobierno, suelen desconocer las elecciones. Primo de Rivera, Franco, Pinochet, Salazar, Videla, Carmona… Desde que desapareció la URSS, la derecha del fin de la historia creyó que ya no tenía adversarios. Chávez les descuadró las cuentas. Por eso aplicaron en Venezuela todas las tretas. Pero el proceso bolivariano las derrotó todas, incluido el golpe tradicional. Tuvieron que ponerse la máscara de demócratas. Cuando les sacas diez puntos, parece que no les queda otra que aguantarse. Eso sí, no sin intentar enturbiar los procesos electorales. Cuando las cifras son más apretadas, dan una patada a la mesa. Algo que nunca ocurre cuando el mismo caso ocurre en la dirección contraria.
Todos los grupos de observación internacional en Venezuela expresaron este 15 de abril sus conclusiones sobre las elecciones presidenciales: han sido elecciones limpias, transparentes, fiables, en conclusión, expresión veraz de la voluntad popular. Todos los grupos han coincidido. Observaciones internacionales donde están ex Presidentes de los tribunales electorales de América Latina. Incluidos los de países donde se desarrollan sistema políticos bien diferentes, como Colombia o México. Capriles quiere desconocer estas declaraciones colectivas prestigiosas, y se ha apoyado en individualidades (un eurodiputado del PP que lleva diez años haciendo las mismas declaraciones), o en un par de gobiernos que suelen pecar de los mismos excesos. Qué curioso, los de los dos países que reconocieron como Presidente al golpista Carmona en abril de 2002. El gobierno español de Aznar (hoy de su delfín, Mariano Rajoy) y los Estados Unidos de la doctrina Monroe (da igual que el inquilino de la Casa Blanca sea Bush o sea Obama).
Capriles ha desconocido la victoria de Nicolás Maduro, quien le ha sacado los votos que le sacó Aznar a Felipe González o Felipe Calderón a Andrés Manuel López Obrador. Por supuesto, más de los que le sacó Bush a Al Gore. Pero a Capriles le ha dado lo mismo y ha llamado a sus huestes a la insurrección. Y le han hecho caso: quema de Centros de Diagnóstico Integral (ambulatorios), de sedes de partidos (del Partido Socialista Unido de Venezuela), asedio a las televisiones públicas (VTV y TeleSur), persecución de médicos cubanos, quema de casas sociales y asesinato de chavistas (disparados desde vehículos). Azuzados por los que, hace apenas dos días, sonreían diciendo que para chavistas, ellos. Que iban a respetar las misiones, que iban a nacionalizar a los médicos cubanos, que iban a defender los logros de los últimos años, que estaban con el pueblo. Les sale el golpista en cuanto se juntan tres o cuatro.
Y el gobierno del Partido Popular, apoyando. Qué bochorno. Como si no nos bastara el daño que nos hacen dentro, también nos avergüenzan fuera.
Venezuela ha aprendido del golpe de 2002. También América Latina. Sabe que los que ahora desconocen el resultado, son los fascistas de siempre. Un periodista venezolano del Opus Dei, destacado por matar a Chávez diez o doce veces antes de tiempo, afirmó este lunes 15 que en un centro médico se escondían cajas con papeletas electorales. Las turbas de la oposición han tomado ese centro, destrozando todo, agrediendo a los médicos, secuestrando a pacientes. Unos atizan el odio y otros lo ejecutan. No son menos culpables.
Capriles pide el conteo del 100% de los votos. No habría problema, salvo que es mentira que les interese el resultado. Saben que han perdido. Se lo ha dicho, incluso, el rector electoral que tienen en el CNE. Todos los expertos del mundo saben que auditar el 56% de los votos es mucho más de lo necesario. Es la proporción que se audita en Venezuela. Esa auditoría ha demostrado que el recuento manual de las papeletas y el resultado de la máquina coinciden. 15 auditorías previas habían blindado previamente el procedimiento. El sistema venezolano es el más auditado del mundo. Capriles quiere ahora que se cuenten el 100% de los votos. Y lo exige desde sus medios de comunicación. Lo único que busca es desconocer al Consejo Nacional Electoral (si quiere ese conteo, debiera impugnar las elecciones, pero no lo hace porque quedaría como un imbécil después de las auditorías ya efectuadas). Quieren tiempo y ruido. Por lo mismo muestran fotos de destrucción de material electoral de otros comicios (de 2010) como si fueran actuales, para enardecer a sus ya abducidos fanáticos. ¿No es un delito incitar al odio y la violencia a través de mentiras?
En otros países, lo que ha hecho Capriles y los medios de comunicación que le apoyan les significaría cárcel. Son comportamientos insurreccionales que desconocen las leyes aplicando violencia. No es desobediencia civil pues es violenta y no busca generalizar ningún derecho. Qué hipócrita el PP que apoya estos comportamientos y quiere encarcelar a los indignados, a los desahuciados, a los estudiantes a los que se les niega el derecho a estudiar. El fascismo de siempre, que no cree en la democracia.
Hace poco Aznar estuvo en el continente organizando una derecha iberoamericana. Aquí les vemos actuando. El fascismo de siempre dándole un tiro en la cabeza a un trabajador mientras le grita: ¡Para que aprendas, fascista! Capriles, el PP y el fascismo de siempre.