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Martín Santivánez Vivanco
EL VIEJO REINO
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Señora de rojo sobre fondo gris
16 de Setiembre del 2010
LIMA | Debe sentirse, Susana Villarán, como Lenin en la estación de Finlandia. Ante las encuestas que favorecen su destino, la lideresa de nuestra progresía se frota las manos imaginando que pronto ha de gobernarnos. De ser así, tendremos una dictadura del proletariado light, con Nilver de comisario supremo y el cura Arana como presidente de los sóviets. Alberto Moreno, siempre tan intelectual, se ocupará, por supuesto, de la formación académica de nuestros hijos. Después de todo, se trata de una autoridad mundial en educación de calidad.
Pero la Villarán no debe cantar victoria. Sus cuitas con los diplodocus de Patria Roja, sus locos amores sutepistas y esa defensa coqueta e ideológica de un modelo corrupto y anacrónico poco tienen que ver con las necesidades reales de una ciudad de millones de habitantes. Cuando baja a la cancha y se olvida de la tercera persona, cuando finalmente tiene que enfrentarse a preguntas concretas sobre gestión y gerencia municipal, la candidata de los ricos patina, se traba, enmudece, farfulla. Se refugia en la digresión. Apela, como buena camarada, a la subversión de las palabras, a las promesas melodramáticas, a la utopía solidaria y multicultural que nos espera a la vuelta de la esquina. La Villarán, como gerente, sólo sabe gastar.
Por eso no duraría ni cinco minutos en la empresa privada. Y por eso rehúye la confrontación directa con su Némesis, el director de este periódico. Como el señor Aldo Mariátegui es un liberal convicto y confeso, sospecha de la conversión democrática de los diplodocus de Patria Roja y señala, atrevido, las profundas contradicciones estatistas de los aliados de la Villarán. Lástima que él no tenga, como el liberal Bayly, un programa nocturno de poderosa repercusión. Hoy por hoy, la señora de rojo cabalga sobre las críticas porque es la protegida de un caballero de brillante armadura. ¡Menuda causa ha escogido el Wolfram de la capital! El fondo gris, sin embargo, es esta puñetera ciudad. Lima "la horrible" estará condenada, si Villarán gana, a un lustro de burocracia, subvenciones y populismo estéril. Algunos consideran que la Villarán, por linaje y pensamiento, es una especie de Duquesa roja. Para mí, en esta justa cortesana, también movió sus fichas un gran príncipe elector. Jaime Bayly ha demostrado el enorme poder que detenta en el viejo solar de los Virreyes. Es un periodista formidable, un demiurgo superior, un predestinado capaz de modelar la opinión pública, sicut lutum in manu figuli. Por eso, si su engendro triunfa, si el Golem que su verbo ha creado se alza con la victoria, varios, muchos, algunos, marcharemos a reclamarle. Y partiremos en bicicleta, por las grises ciclovías que la señora de rojo, impune, nos pretende clavar. Faltaba más.