Castigado y repudiado por ser gay un príncipe de la India lucha contra la discriminación
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Es el hijo de una familia de marajás que vivió entre privilegios y hasta se casó forzado. El reveló su condición y fue sancionado porque en su país ser homosexual es delito.
Clarín-.
Como
hijo de marajá, Manvendra Singh Gohil se crió en una burbuja de
prestigio y privilegios, rodeado de gente que lo trataba con tanta
reverencia que recién a los 15 años cruzó la calle solo.
Así, la burla pública y el rechazo de estos nueve últimos meses han
sido una experiencia nueva. Gohil, sin embargo, no podría estar más
contento.
Por fin lleva una vida honesta, pese a haber desatado un escándalo
en la casa real de Rajpipla, uno de los ex estados principescos de
India. En marzo, reveló un secreto que había guardado siempre a un
diario local, que enseguida lo sacó en primera plana. El titular
fue: "El príncipe de Rajpipla declara que es homosexual." "Y
el diario se vendió como pan caliente", dijo Gohil con una mueca
triste.
En el alboroto que se produjo a continuación, habitantes de la
ciudad natal de Gohil arrojaron su foto a una fogata. Sus padres
renegaron de su único hijo varón, publicando avisos en la prensa y
haciendo saber que lo desheredaban por su participación en
"actividades inaceptables para la sociedad". La madre amenazó con
demandar a cualquiera que se refiera a él como hijo suyo.
Para los amantes del escándalo, el cuento del príncipe indio gay es
un asunto irresistiblemente jugoso: un romance en la adolescencia
con un sirviente, un matrimonio sin sexo con una princesa menor de
edad, una depresión nerviosa. Para Gohil, quitarse la máscara
significó poder hablar contra una ley que lo convierte no sólo en
paria de la nobleza sino en un delincuente.
Aquí, en la democracia más grande del mundo, con 1.100 millones de
habitantes, el sexo entre dos personas del mismo género sigue
siendo un delito. A décadas de que India se liberó del yugo del
régimen británico, el país todavía sigue aferrado a un estatuto de
la era victoriana establecido hace casi 150 años, que exige prisión
vitalicia para quien "mantenga relaciones carnales contrarias al
orden de la naturaleza".
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En
la práctica, son pocos los casos que van a la Justicia. Pero abundan
los informes de que la policía usa la ley para acosar y chantajear a
homosexuales y transexuales.
Los defensores de derechos humanos y grupos de abogados están
haciendo lobby para derogar o enmendar la ley. En setiembre,
numerosas personalidades de la India, entre otros el economista
ganador del Premio Nobel Amartya Sen, sumaron sus voces a la
campaña. Los activistas tienen las esperanzas puestas en una
objeción legal pendiente en este momento ante el Alto Tribunal de
Nueva Delhi. Una audiencia está prevista para este mes.
De todos modos, cambiar las actitudes resultará una tarea mucho más
difícil. Pese a la prosperidad de la India, sigue siendo una
sociedad sumamente conformista y conservadora donde la mayoría de
los matrimonios son arreglados y la presión para tener hijos es
enorme.
Los que son distintos aprenden a guardar reserva y a sentirse
culpables. Gohil, que en la actualidad tiene 41 años, no parece el
vocero más apropiado para enfrentar al sistema, del que se ha
beneficiado profusamente. Las familias reales fueron apartadas del
poder político formal después de la independencia del país en 1947,
pero muchos conservan grandes riquezas. Los padres de Gohil, el
maharajah y la maharani de Rajpipla, una localidad eminentemente
agrícola en el estado occidental de Gujarat, son los principales
terratenientes de la comunidad y poseen varios palacios a su nombre.
Gohil vivió en su ciudad natal y en la residencia de la familia en
Mumbai, absorbiendo durante su infancia todo el refinamiento del
protocolo y la etiqueta reales, asistió a las mejores escuelas y fue
atendido a cuerpo de rey.
Al graduarse en la universidad, creció la presión de sus padres para
que se casara, prolongando así el linaje en Rajpipla, y asumiera sus
obligaciones como custodio de la herencia real de la familia, que se
remonta 600 años atrás. Gohil, que en ese entonces tenía 25 años,
aceptó y el matrimonio resultó un desastre. No obstante, le llevó
años ponerse en contacto con un famoso activista gay en Mumbai,
antiguamente Bombay. Lentamente, comenzó a sincerarse y a participar
cada vez más en la comunidad gay, donde pasó a ser asesor en temas
relacionados con el VIH.
"Mis padres creían que estaba en la escuela de yoga, pero salía a
distribuir preservativos", contó.
De todos modos, la tensión creciente de fingir tuvo sus
consecuencias. En 2002, sufrió una crisis nerviosa y pasó 15 días
internado. Al final, su psiquiatra organizó un encuentro con sus
padres, su hermana y el marido de ésta para informar a su familia
acerca de su orientación sexual. Desde entonces, Gohil está
sumergido en el trabajo sobre VIH/SIDA a través de la organización
Lakshya que fundó en 2000. Y dice que "no lamenta" para nada sus
decisiones ni las consecuencias públicas que las siguieron.